miércoles, 26 de octubre de 2016

La compañía de la niña.

Los fieles caballeros juraron rendir cuentas ante aquel que hiciera padecer algún sufrimiento a los inocentes. Todos ellos, con sus armaduras relucientes, dejaron tras de sí un rastro de fervorosa virtud ante lo que pudiera llamarse su Reina. Ella los despidió con languidez, en vista a una enfermedad recientemente contraída, que tenía preocupados a todos sus consejeros y al reino por igual. La princesa, una damita de apenas 10 años, miraba por su madre y por el bien de cada habitante tanto como cualquier consejero, ministro,  reina, soldado o caballero adulto. Ella era una belleza en ciernes, dotada del color del Otoño en sus cabellos y unos bonitos ojos verdes que recordaban a las praderas en primavera. Así pues, ella también despidió a los caballero que fueron a viajar a por el remedio de su Majestad que la pudiera curar.

Durante el viaje, pasaron por cientos de pueblos y decenas de grandes ciudades, de su propio reino y de otros reinos, en los que tuvieron que permanecer ocultos dada la enemistad y las envidias que por ahí bullían. Pero fue una casa en medio de una colina la protagonista de esta extraña historia.

Los caballeros pararon ante lo que parecía una especie de granja, más bien una casa con unos campos en la que sus dueños trabajaban la tierra lo justo y necesario para alimentarse lo mejor posible, sacar algo de dinero en el mercado y nada más. Uno de los caballeros, guapo, alto, aguerrido, dotado del don del liderazgo y las buenas maneras, todo un suspiro constante para las damas de todos los reinos por los que pasaba, de cabellos negros, mirada dulce y gentil y elegante caminar, se acercó a la puerta y llamó tres veces.

Les recibió un hombre bastante mayor que, al reconocer al caballero abrió del todo la puerta
-Oh caballero, por favor pase, somos unos humildes anfitriones para su graciosa presencia.-Dijo el anciano mientras limpiaba un poco la casa.-¡Mujer, hija, bajad que tenemos visita!
Ante el caballero y el resto de la compañía se caballeros se presentaron una anciana de bonitos ojos castaños que había contemplado mejores tiempos y una dama en la flor de la vida que tenía a su lado a una niña de unos ocho años. También, aunque no había sido mencionado, estaba presente un hombre que perfectamente podría ser el padre o tío de la niña. Todas las damas junto al anciano vestía con colores pardos, indicativos de una estación que se acercaba inexorablemente. El otro hombre vestía mucho más elegante, como si fuera explorador del mundo o un dandi.

-No deseamos importunar en sus quehaceres diarios.- dijo el caballero elegante mientras hacía una reverencia a las damas.-Solamente venimos a descansar ya que seguramente se acerca la tormenta y no deseamos mojarnos mucho. Espero no les moleste que abusemos un poco de su hospitalidad.
-En lo más absoluto, nada nos honraría tanto como la presencia de tan aguerridos héroes que forman parte, aun en vida, de muchas canciones épicas. Por favor, pasad.-Dijo el anciano con toda humildad.
-Ojalá nuestros caballos corrieran tan rápido como nuestra fama.-Dijo el caballero, líder de aquella compañía.

Eran un grupo pequeño para lo que otras compañías de caballeros comprendían normalmente, que poco a poco se instalaron en la casa, no muy grande, aunque la presencia de otros pisos ayudaban un poco. Un par de ellos se quedaron fuera. Aun el sol estaba en lo alto y la niña, nieta del anfitrión principal, miró a los dos caballeros que estaban fuera, mirando el cielo y dando una especie de casual paseo alrededor de la casa. Uno de ellos iba todo de negro, apenas con unas pocas piezas de armadura. El otro no era otro, sino otra y se cubría con una capa blanca con capucha del mismo color. Cuando el caballero de negro sintió la mirada de la niña se giró rápidamente y sonrió de forma siniestra. La niña se escondió.
Otro caballero vio el gesto de la niña y se echó a reír y su risa era como un trueno aunque cálida y afable.
-¡JA! no te asustes, niña, es todo un personajillo pero no tienes que temer de él.-Quien hablaba necesitó agacharse un poco para pasar por el dintel de la puerta cuando entraba en la casa. Era enorme, y un gran mandoble le cruzaba por la espalda. Su armadura era roja y parecía toda teñida de sangre. Un bigote muy poblado le decoraba la cara de gesto duros y mandíbula cuadrada.
-Me recuerda a los lobos que un día se comieron a Cindy.-Dijo la niña, que al recordar el fatídico destino de su oveja preferida estuvo a punto de echarse a llorar.
Pero antes de que una sola lágrima pudiera correr por su rostro, otra dama, esta de ojos grises y una armadura completa de tonos plateados, clavó su mirada en ella, como estudiándola. De pronto, de detrás de la cabeza de aquella mujer de rostro casi imperturbable, asomaron dos orejas. La niña observó aquel acto de aparente transformación hasta que luego terminó de asomar, una cola por un lateral, y unos ojos verdes cargados de arrogancia y curiosidad. Con un maullido, el gato saltó a los brazos de la niña esperando ser atendido debidamente acorde a su posición
-¡Oh! qué maravilla de gato, ¿Es suyo, mi lady?.-Dijo el padre de la niña, acercándose a su hija.
-Más bien yo soy suya. Un gato nunca es propiedad de un humano. Pero nos ha sido de ayuda en misiones diplomáticas varias.-Dijo la mujer de mirada gris, mientras sonreía escasamente al ver a la niña jugar con quien resultaba ser toda una experta en la diplomacia, que no esperaba unas referencias menores con respecto a su hoja de servicios.
-Disculpen la tardanza.-Dijo el hombre anciano cuando llegó con unos cuantos cuencos de caldo.-Y también disculpen la falta de medios. Es todo lo que hemos podido cocinar mi esposa y yo.
-No pasa nada buen hombre, ya es mucho más de lo que merecemos en vista al progreso de nuestra misión.
-¿Se puede saber a qué misión os referís, mi señor?.-Preguntó la mujer anciana, la esposa de aquel humilde labriego que les había brindado su casa y su comida a los caballeros y damas ahí presentes.
-Buscamos algo que cure las dolencias de Su Majestad.-Dijo el caballero del mandoble con voz grave, con un poco de temblor en dicha voz que retumbaría como el trueno si se diera un grito con ella.-Admitimos que nuestra desesperanza empieza a hacerse notar.
-En su momento dije que éramos caballeros y damas guerreras, no médicos, pero sin duda haremos todo lo posible por defender la paz del reino.-Dijo la dama que había prestado a su mejor diplomática a la niña, que ahora abrazaba al gato mientras este, toda una dama, se dejaba hacer a pesar de la baja ralea de quien ahora le demostraba todo su cariño.
Entonces fue la propia niña la que dio un salto y se puso en pie.
-¿La reina está enferma?.-El caballero guapo de cabello negro asintió.-Entonces esperen que se como curarla.-Y sin más abrió la puerta y salió corriendo, dejando a la gata debidamente en los brazos de su compañera original aunque un tanto indignada ante el repentino abandono.
-!Espera!.-Digo el abuelo a lo que ya era un espacio vacío pues la niña ya había atravesado la puerta y corría campo a través.
El líder del grupo sonrió sin poder evitarlo
-Tiene más empuje que un ariete.
-O que mi puño.-Dijo el hombre de la armadura roja.
-O que tu puño.-Entonces el caballero se asomó a la ventana y se encontró que las miradas de la dama de blanco y el caballero de negro de siniestra sonrisa.-Seguidla y cuando encuentre lo que busca escoltadla aquí.-Ordenó.
El caballero de negro sonrió y se puso a correr detrás de la niña con paso de gato y determinación de lobo.
La dama de blanco sencillamente se puso andar, sabedora de que nadie iba hacer daño a esa niña si su amado la protegía y ella, obviamente, también.
-Lamento la sobresaliente energía de mi nieta. Siempre ha sido así de ocurrente e imaginativa. No sé qué planta del bosque pueda curar a su majestad pero si mi nieta piensa que puede ser de utilidad, por algo será. Siempre le ha gustado leer y desde que cayó en sus manos una guía de plantas curativas, no para de salir al bosque a encontrarlas. Aunque recuerdo cuando quiso curar a una vaca dándole chocolate que habíamos comprado a un mercader.
Otro caballero, sentado a la lumbre, hasta el momento callado, sonrió levemente.
-No ocurre nada, mi buen hombre, ella estará bien protegida en su búsqueda.
-Son algo extraños, pero el hombre y la mujer que acompañan a su nieta no podrían ser mejor compañía para este tipo de misiones, y más en un bosque.
-¿Son buenos corredores de campo a través? la dama de blanco no parecía muy vestida para ello.
-Es todo lo que necesita para desempeñar su labor y otras tantas.-Dijo el caballero de cabellos negros y ojos más negros aun.

Entretanto la niña se había adentrado bastante en el bosque y parecía sumida en su búsqueda, ignorando la presencia del hombre de sonrisa animal y la dama de de vestiduras de color puro, con una capucha bien calada y que ocultaba su rostro, mas lo poco que se veía era una piel blanca como la porcelana mejor creada y unos labios que invitaban a ser besados. El hombre de negro miró a la dama y esta, notando su mirada, pero sin apartar los ojos de la niña, sonrió con la dulzura de la miel que alimenta al oso goloso y sus blancos dientes parecieron iluminarlo todo un poco más.
-¡La encontré!-Dijo la niña y se giró hacia los dos escoltas que tenía detrás de ella en todo momento.-Esto curará a la reina. Tienen que esperar a la luna llena y mezclarlo con agua tibia y un poco de avellana. No me gusta la avellana pero es para que la reina se cure, así que lo siento por ella pero es obligatorio que se lo tome con avellana.-Dijo con toda resolución.
No podía irradiar tanto encanto. Pareciera irreal.
Entonces la mujer, en silencio, se acercó y de entre los pliegues de sus vestiduras sacó un frasco y, una vez hubo llenado el frasco con la planta, echó la capucha hacia atrás, revelando su rostro. La niña no cabía en sí de asombro. Era la dama mas bella que había visto jamás. Parecía que su piel relucía, que despedía luz propia, como la luna en la medianoche. Sus ojos eran como el cielo vivo en un día de primavera. Sus facciones sencillamente eran perfectas, sin un solo defecto, exceso o impureza; la envidia de cientos de mujeres de la alta corte de cualquier reino. Sonrió y el bosque pareció inundarse de luz, haciendo que los animales se acercaran a comprobar que era aquello tan puro y mágico.
-Muchas gracias.-Dijo con un voz que acariciaba el alma.-Esperamos de corazón que nuestra Reina se cure con esta valiosa aportación.-Y dio una suave caricia al rostro de esa niña.- Sin duda serás tan bella como un bosque de otoño y alegre como la vida brotando en la primavera.-Y echándose al capucha, la dama tendió una mano a la niña.-¿Regresamos?
Todo esto era contemplado por el hombre de negro, que reflejaba en su mirada visos de locura, de contenida y fiera bravura, tensión animal y un amor infinito hacia esa mujer.
La niña tomó la mano de la dama. Sentía que sus manos estaban sucias y que era como un pecado tocar con las manos sucias esa piel tan perfecta, que haría llorar a mas de una recatada niña noble. La niña se dio cuenta de otra cosa; la dama no parecía caminar. Su elegancia era tal que parecía flotar por encima de los obstáculos naturales y típicos de un bosque. Cuando saltó un tronco lo hizo con la gracia de una gacela. Entonces la niña reparó que al otro lado de la dama estaba el caballero de negro moviéndose con la misma gracia pero en permanente alerta.
-Tengo hambre, mi amor.-Dijo entonces el hombre. Su voz era decidida, fría, con cierto tono de demanda pero también podría ser una buena voz para el canto. Y mucho mas bajo, sin que la niña lo escuchara susurró.-Hambre de ti.
La dama sonrió de forma que solo él pudiera ver. La niña seguía maravillada ante la belleza de esa mujer y la pureza y bondadosa inocencia de su rostro.
Cuando llegaron a casa, la niña contó al abuelo sobre la mujer y el hombre que la habían acompañado. Estos de nuevo se habían quedado fuera.
-Has sido afortunada, niña.-Dijo el caballero junto a la chimenea. Parecía el mas mayor del grupo, con la experiencia reflejada en unos ojos cansados pero aun determinados a todo por el Reino- Es muy tímida y solo muestra su rostro a la gente de corazón puro.
-¿Por que no entran en casa?.-dijo, mirándolos de nuevo pasear, al hombre de negro y la dama de blanco, por el campo. Ella estaba quieta, observando de vez en cuando al caballero de negro, que se movía a su vez mas inquieto, como si esperara algo.
Se escuchó entonces el preámbulo de la tormenta. La niña estaba mirando a los dos extraños personajes cuando escuchó eso tan aterrador y que le daba tanto miedo y echándose hacia atrás se escuchó como chocaba contra algo duro que no debía de estar ahí. Era el caballero de la chimenea, que puso un mano muy cálida y fuerte sobre el hombro de la niña.
-Tranquila niña, no pasará nada.
-Me dan miedo los rayos y los truenos.-Dijo la niña.
-Solo es electricidad.-Dijo la mujer de ojos grises.
La niña miró a la mujer, escuchando esa palabra tan extraña que también pareció desconcertar a los habitantes de la casa, menos al padre, un hombre amable de mundo y ciencia.
-Eletcri...eclec...elec...-La niña trató de repetirlo.-Me da miedo.-Resolvió de forma muy correcta la pequeña criatura.
-¿Es usted una dama de ciencia?.-Preguntó entonces el padre de la niña. Hasta el momento había estado poniéndose al corriente de las novedades en los territorios circundantes junto al líder de la compañía y preguntando al caballero mas mayor por sus aventuras del pasado. Resultó que, aunque en años diferentes, habían servido en el mismo regimiento cuando a los hombres y mujeres más jóvenes se les obligaba alistarse en el ejército por un año entero.
-Algo parecido.-Dijo la mujer de ojos grises con una pequeña y discreta sonrisa
La gata blanca saltó al regazo de la niña cuando se sentó en la chimenea.
-Ahora ya no me da tanto miedo.-Dijo la niña, maravillándose con la suavidad del pelaje de la dama mas peluda de la casa. Esta ronroneaba muy coquetamente mientras se dejaba mimar.
El caballero de negro miraba las nubes y atinó a ver el sol ocultándose antes de ser de nuevo tapado por grandes nubarrones grises.
-Compañía, a dormir.-Dijo con voz tajante el caballero líder.
Todos buscaron un rincón donde reposar entre los diversos pisos dela casa. El anciano, junto a su mujer y su hija, se deshizo en disculpas por no poder ofrecer mantas a todos o una buena cama.
-No pasa nada, buen hombre, traemos pertrechos varios.-Dijo el caballero del mandoble cubriéndose con su propia capa, haciendo lo mismo la dama de ojos grises y el caballero mas mayor, que estaba junto a la chimenea.
La niña se abrazó a su oso de peluche mientras aquel al que en su interior bautizó como el "Caballero Lobo" y la "Dama Luna" habían desaparecido, sin mas, en medio de la tormenta. Lo poco que pudo observar cuando caía la lluvia sobre ellos, es que el parecía mucho mas animal y ella mucho mas vaporosa, como si la forma física, su corporeidad, no existiera, pues juró haber visto que la lluvia la atravesaba limpiamente sin mojarla.

Llegó el día de la marcha.

Los buenos caballeros y damas se despidieron de la familia que les había acogido con tan buen corazón, generosidad y entrega. Antes de marchar la "dama Luna" se acercó a la niña y desde debajo de su capucha le pidió algo curioso: un cabello. La niña estaba dispuesta a darle un mechón entero pero la dama la contuvo con una cristalina risa que hizo florecer todo el campo en un área de varios metros a pesar del Otoño recién llegado. Por otro lado el "Caballero Lobo" le entregó lo que parecía una sencilla piedra, muy negra, como el carbón, pero muy suave al tacto.
-Cuando necesites algo, cuando tengas un problema muy grande, tienes que tirar la piedra al suelo con todas tus fuerzas.-Dijo con una voz profunda y teñida de cierta ansiedad. En ese momento la niña se dio cuenta de que los ojos de aquel hombre eran como los de un lobo de verdad. La niña se guardó la piedra-Un placer, señorita.

Se despidieron y poco a poco se fueron perdiendo por el camino que llevaba a las montañas.

Pasaron así las semanas y los meses. Se recogió una pequeña cosecha bastante precaria, no habría mercado ese año y lo más probable es que pasaran hambre. Pero podría sobrevivir con lo que el bosque les diera en primavera. La niña creció durante dos  años, uno malo y otro bueno, en el que la cosecha fue mucho mas abundante. Entre su madre, su padre y ella se encargaban de todo. A veces algún que otro vecino o un caballero andante les ayudaba a cambio de nada o un poco de sopa caliente y muchas veces incluso de menos. Era maravillosa la generosidad de aquellas gentes que pasaban por el camino. Hasta que un día pasó algo, cuanto menos, interesante de mencionar.

Unos bandidos se habían hecho una buena fama a base de robar y extorsionar en los caminos a todos los que pasaran entre aldeas o se dirigieran a la gran ciudad. Hasta tal punto llegó su fama que un par de compañías de caballeros había tratado de combatirlos sin mucho resultado. Hubo muertos por ambas partes pero sin un resultado claro.

Un día la niña cantaba mientras tejía una corona de flores cuando escuchó algo en la distancia y vio a una figura solitaria saliendo de entre los árboles. Era un hombre calvo, lleno de cicatrices, que estaba rodeado de otros tantos hombres de aspectos variados y diversas complexiones, mirándola con impuras intenciones. La niña no dudó y corrió, pues sabía que se trataba de los bandidos, mas cuando estaba a punto de llegar a la casa la atraparon. El grito de la niña alertó a su abuelo, la abuela y la madre de la niña, junto a su padre, que por fortuna o desgracia no había recibido ninguna petición para aplicar sus conocimientos en algún lugar lejano.
-No le hagan nada a mi hija, señores,  por favor. Es todo lo que nos queda en el mundo.-dijo la madre, que apenas podía contener las lágrimas ante la idea de que le hicieran todo tipo de  crueldades.
Los hombres malvados rodearon la casa mientras soltaban a la niña, que corrió para abrazarse a su padre. Este la protegió en un paternal abrazo.
-¡Registradlo todo! a ver que podemos sacar de estos pobretones.-Dijo esta última palabra con claro desprecio,- Espero salir contento porque de lo contrario tendremos que venderos como esclavos.
El abuelo de la niña trato de impedir que entraran, pero fue apartado sin muchas dificultades, ante la mirada impotente y cada vez más escasa de vista de la abuela, que corrió a socorrer a su marido.

Entonces la niña recordó algo y de pronto subió a la habitación que tenía en la parte más alta de la casa. Su caja de tesoros debía de estar escondida siempre, pero necesitaba algo de ahí. Tomó una piedra, negra como el carbón y salió de nuevo afuera.
-Contemplad la ira de los caballeros de la Reina.-Y la niña tiró la piedra con todas sus fuerzas al suelo.
No pasó nada.
-!JA! se piensa que es bruja o algo así. Que puede invocar caballeros de la Reina como si fuera ella la duquesa de la tierra maravillosa.-Comenzó a reír pero la risa se le congeló en la cara cuando de pronto escucharon un estruendo en la lejanía- ¿Que diablos...?
De pronto se escucharon gritos al otro lado de la casa, donde se encontraba parte de la banda de criminales, que ya habían rodeado la granja y se disponían a entrar en el granero o almacén de atrás a robar parte de la cosecha de ese año.
En aquel lado, desde los bosques, una figura solitaria provista de lo que parecía armadura roja y un gran mandoble en una mano, de unas dimensiones monstruosas, corría gritando atronadoramente hacia la casa y, por ende, hacia los criminales. Llevaba una carrera tan contundente, que el suelo temblaba y de un salto se puso frente a varios de los bandidos que cayeron al suelo con el movimiento de tierra que produjo la caída. En su rostro se veía fiera determinación así como un poblado bigote, el cual le daba aire señorial a su cara. Cargó el caballero, cortando todo lo que se encontraba mientras por el este, dos hombres más, con armadura negra y otro con armadura algo avejentada pero sin duda resistente, bajaban las lanzas para llevarse por delante a una docena o mas de bandidos. Tal era el ímpetu de sus cabalgaduras y la estampa que presentaban que pareciera una carga de cien caballeros en vez de dos.
Durante el temblor, una dama de ojos grises cuidó de que ninguno de la familia se cayera. La niña reconoció enseguida a la mujer y a la dama de pelaje blanco, que se encontraba en su hombro y se lamía una pata despreocupadamente. Tras terminar con sus labores higiénicas, saltó al regazo de la niña y siguió a lo suyo, con la otra pata, indiferente del mundo, a gusto, como una reina blanca y bella, en su palanquín humano.
-Vayan dentro, nosotros nos encargamos.-Dijo la mujer de ojos grises mientras desenvainaba una espada de plata pura, de hoja muy fina y guardamanos con muchas florituras, y salía al encuentro de los bandidos. Cuando dio con ellos sus movimientos eran de excelsa precisión, parando estocadas mientras susurraba.
-Es poco decoroso enfrentarse a una niña pequeña y un humilde granjero de forma tan cobarde, caballeros.-Su frialdad helaba la sangre con la misma rapidez con que se movía entre los enemigos y los iba desarmando o hiriendo.
El líder de los bandidos se encontraba confuso, tratando de aguantar todos los ataques que le venían de frente, de detrás, de los lados. La batalla se había reducido a un frente único en el que cuatro caballeros de la Reina se enfrentaban a más de cincuenta bandidos ellos solos. Con todo, los asaltantes parecían poder mantener a duras penas el frente.
Se escuchó entonces un aullido. La niña vio por la ventaba como entre los árboles asomaba la figura de una bestia enorme, toda cubierta de metal, como una especie de siniestra armadura. Sobre ella ,montada como una emperatriz sobre su divina cabalgadura regalo de algún dios guerrero, hecha para ella y nadie mas, una dama toda de blanco, armaba con lo que parecía un arco de cristal, se inclinó sobre la oreja de su bestia y le susurró:
-¿Bailamos, mi amor?.-dijo mientras  sacaba una flecha fabricada en una extraña madera blanca y una punta también similar al cristal.
Claramente la bestia dijo:
-Bailemos, luna de mis noches.
Y con un aullido seguido de un potente rugido, el enorme lobo se lanzó directamente contra la escolta del líder de bandidos mientras la mujer, con agilidad y elegancia sin par, aterrizaba en medio de los malhechores, descargando flechazo tras flechazo.
Así pues entre tajos plateados, flechas de cristal, dentelladas, golpes de mandoble, lanzas, cargas de caballero y limpieza de blanco pelaje en los brazos de una niña encantadora, los bandidos, con todas sus fuerzas mermadas, se retiraron a los bosques, donde fueron detenidos por una patrulla de caballeros a sueldo, los cuales no dudaron en llevarlos ante un juez justo.
-No... no se como agradecerles esto.-Dijo el anciano, junto a su yerno.
-Hemos sido llamados para ayudar y nuestro deber el proteger a la gente que tenga problemas, y con razón si son buenas gentes como ustedes.-Dijo el líder de aquella compañía de caballeros, el hombre guapo de cabello negro y ojos mas negros aun.- Ahora, si no les importa haremos recuento de daños.
-Perdón por dejar todo esto destrozado.-Dijo el caballero de armadura roja. Su casco tenía astas de muflón- Les pagaremos los desperfectos.
-No no, por favor.-Dijo el padre de la niña. Esta se encontraba mimando a la gata blanca mientras se acercaba al lobo, probablemente el único herido de aquella compañía de valientes.
Estaba tendido en el suelo. Un par de hombres del líder bandido le habían logrado meter una saeta entre dos de las placas metálicas.
-Mi amor...-Susurró la dama. Su voz estaba teñido de un infinito amor.-Ya sabes lo que va a suceder ahora.-Poco a poco fue llevando la mano hacia la saeta clavada en el costado de la bestia, mientras recitaba una especie de cancioncilla en un extraño idioma.
El lobo gruñó mientras miraba a la niña con un brillo especial en la mirada. La gata blanca saltó de los brazos de la niña al hocico del gran lobo, donde podrían sentarse fácilmente dos o tres hombres. En el momento en que la mujer, con todo el hondo dolor de su corazón, arrancó la flecha, la bestia se tensó clavando las grandes zarpas en la tierra, emitió un gruñido de dolor que luego fue sustituido por un remedo de suspiro de alivio.
La gata blanca ni se inmutó y se quedó dormida sobre el hocico del lobo.
La dama Luna se acercó entonces a la niña tras atender y prometerle muchos besos y abrazos a su amado. Portaba una gran noticia.
-Gracias a esas hierbas que nos diste hace tanto tiempo, Nuestra Reina se curó. No podríamos agradecerte en mil vidas la bella acción que realizaste. Todo un reino está en deuda contigo. Gracias a mis artes ahora, junto a la estatua de su Majestad en la plaza central de la capital, se ha construido una estatua a imagen y semejanza de tu bondadosa y bella persona. Aunque nos falta ponerle un nombre.
-No quiero que mi nombre esté en ninguna estatua, señora.-Dijo la niña.-Pero sí que quiero que dicha estatua inspire a todos los demás hombres y mujeres para que sean bondadosos y pongan todo lo que está de su parte para que sus seres queridos sean felices.
La mujer que parecía tocada por la bendición de la Luna miró a la niña y no pudo evitar sonreír de nuevo.
-Parece que ya sabemos que poner en la placa.-Dijo el caballero de ojos negros.

martes, 4 de octubre de 2016

Baikal

El caballero llegó a su destino. Tras el largo camino, los árboles del bosque se fueron apartando, dejando atrás la vida y el verdor para dar paso a la muerte y la historia. A los pies de aquel hombre se extendía un lago rojo, adornado con los recuerdos de los caídos en desgracia, en guerras y en diversas matanzas. Cualquier otra persona, cualquier ser con un poco de razón habría escapado, habría sentido asco, se abría apartado de aquel lugar en cuanto oliera el férreo gusto de la sangre. Pero él no, él no se apartó y dejó detrás de si a su montura, la cual salió despavorida por el miedo y el aroma del peligro. Una sonrisa colmó sus labios y miró a su alrededor, buscando el lugar idóneo en el que zambullirse.

Bordeando el lado, rodeado de abedules muertos o moribundos el terreno se elevaba poco a poco, entre coágulos desangre y flores tan bellas como el trifolio, la campánula o flores de manzanilla, extrañamente vivas a pesar de las condiciones del terreno. Con toda parsimonia, como si el tiempo no importara, el hombre fue elevando sus pasos hasta donde se encontraba esa zona mas alta del terreno, donde la orografia ofrecía una mejor vista del pavoroso espectáculo que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Todo lo que se veía era rojo y mas rojo, como si el agua ofreciera un eterno atardecer por un sol ficticio. Con todo, el viento soplaba pero la superficie no se inmutaba lo mas mínimo, como una siniestra pesadez atemporal que se hiciera cargo de la quietud del lago. Y una vez en lo alto, el caballero de negra sombra se tiró a sus profundidades escarlatas.

Al principio no pasó nada, todo era rojo y según se sumergía venía la oscuridad. Luego una luz y un paisaje nevado. Hombres ataviados con pieles de gesto adusto, con hachas y palos afilados avanzaban por el bosque hasta donde se encontraba una aldea, la cual no tardaron en aniquilar. Otro fogonazo y vislumbró cascos de caballos que corrían por verdes praderas. Una escena le sucedió a esta, de dos figuras ataviadas con túnicas y unas Escrituras en sus manos, con una multitud arrodillada y rezando. Cuando la multitud se levanta, en sus ojos brilla una luz: la luz del fanatismo. En su visión, las escrituras con las que predicaban la religión pasaban mas tarde a convertirse en símbolos propios de aquella tierra, mucho mas complejos.

Los hombres que predicaban dieron paso a otros hombres de piel algo mas morena, ojos oscuros y algún que otro turbante. Su lengua era rápida así como sus dedos a la hora de disparar una interminable ristra de saetas contra el pueblo autóctono, liderado por un hombre poderoso que los expulsaría de ahí y llegaría a ciudades bordeadas por el mar para luego fundar lo que todos nombrarían como a uno de sus cuatro fundadores legendarios, Kiy.

A esta ciudad le llegó un ocaso, y entonces, desde el norte, un pueblo adusto, de costumbres marítimas intachables y comerciantes avezados, llegó hasta los dominios del sur y proclamó como suyo todo aquel territorio. la fuerza de aquel pueblo, el poder, toda su cultura, se extendió mas allá de lo pensado. Por doquier sucedían batallas que estaba dejando el reguero de sangre consabido, formando un riachuelo del que bebían los cuervos y aquellos que deseaban fortalecerse con la sangre de sus rivales. Su lengua era única, junto a una identidad que trascendería mas allá de los siglos hasta los días de aquel caballero que observaba, entre regueros de tinta roja, como se escribía la historia frente a sus ojos. Entonces llegaron las traiciones, las familias rotas y un príncipe, Vladimir, fue testigo de la última de sus generaciones gobernantes.

Una oleada de caballeros de piel amarillenta llegó desde tierras verdes para conquistar todo aquel basto territorio, saliendo incluso de la vista de aquel hombre hasta territorios magiares. Dos veces, los que habitaban aquellas tierras fueron masacrados, arrasados sus hogares y mas tarde volvieron a por mas aquellos jinetes amarillos vestidos con pieles y vistosos colores. Entre ellos se alzaba la figura de un rey, de un emperador montado a caballo que miraba aquellas como si fueran suyas, y es que así eran. las riquezas llovían mientras desde el oeste, pueblos rudos y de hablar tosco y otros pueblos de grandes mentes futuras trataban de recuperar lo que la horda dorada les había arrebatado con flechas y caballos furibundos.

Llegó entonces al que conocieron como "El Grande", de talante tímido pero astuto entre las sombras de la diplomacia, y aun así la sangre corrió contra los enemigos del norte, que mas tarde serían sus hermanos de sangre a raíz de cruentas batallas que volvieron a teñir la nieve de aquel paraíso blanco del rojo de los muertos y moribundos. Los invasores del este, tras una larga contienda interna, cedieron antes este Grande, que dejó tras de sí un reinado próspero, dándole mas tierras, Su hijo enfrentó aquello que su padre había criado, llegando además mas problemas desde el Sur pero una carta, un sencillo papel escrito, dejó claro el destino de aquel reino para siempre.

Así sería unos años después, tras una tormenta en la que las espadas y los fusiles se enarbolaron en nombre de familias ricas que ansiaban el poder, pasando todo ello por las manos de un hombre terrible que se grabó el estigma del asesinato para siempre, quedando así en la historia con el apodo de"El terrible". La sangre corrió de nuevo por la nieve. Los hombres poderosos comenzaron a traficar con la mercancía mas valiosa de ese momento. El caballero vio grandes filas de hombres, mujeres y niños desfilando por un paraje helado, como el de aquel lago de sangre, siendo vendidos como esclavos. Que tan extraño era el ser humano, que vendía a sus propios congéneres por unas pocas monedas, nunca por nada tan valioso como el alma humana.

Llegó otro Grande, un hombre determinado a darle a su pueblo lo que consideraba suyo desde hace siglos, pero con terribles consecuencias para los que estaban en lo mas bajo del poder. Los hombres marcharon hacia el sur y los enemigos hacia el norte, siendo imposible evitar la confrontación. Los heraldos de la muerte fueron los sonidos delos mosquetes, que gritaban brevemente para dar su mensaje de bienvenida al enemigo, ataviado con ropas vistosas, mostrando una fiereza hasta el momento nunca vista. Los dos imperios se enfrentaron el uno con el otro como lobos por un hueso en medio del invierno. Prevalecieron la Patria y Dios.

Entonces el caballero vio llegar a una mujer, en un carruaje, desde el Oeste. Era una mujer de maneras suaves pero en sus ojos brillaba una ambición desmedida. Al poco de posar los pies sobre esa tierra, las conspiraciones llegaron a buen puerto mientras un pueblo tan recio como aquel le gritaba al mundo "¡Miradnos, somos grandes, poderosos y venimos a por mas!".Mas desde los campos, el verdadero pueblo clamaba por una libertad que nunca habían sentido como suya. Todos ellos se fueron a filas, a combatir contra el enemigo del Oeste, un poderoso hombre de baja estatura que comandaba un millón de hombres y montaba sobre la ambición y el genio militar. Sus manos llegaron hasta la capital de aquel imperio pero no avanzaron mas allá pues el general Invierno se hizo con los hombres que, desesperados, buscaban el calor hasta en las heladas piedras del camino.

Mas aunque la victoria contra el enemigo extranjero causó una cierta unión, los extractos mas bajos se vieron con el tiempo a vivir en chozas, hacinados los unos con los otros, matándose a veces entre ellos mientras reyes y generales comían y bebían en platos y copas de oro. Parecía norma de aquella tierra, y de otras tantas, que cuando un reino se libraba,cuando un imperio lograba eludir la caída de sus señores y mandatarios, el pueblo de nuevo sangraba. Y el pueblo no lo permitió, y abandonó las tierras, dejando de lado los grandes campos para fundirse entre las grisáceas urbes, de las que nacieron gigantes que escupían humo y veneno al cielo. La desgracia quiso que los engaños, las bombas y todos los actos inhumanos terminasen en un pueblo harto de la ignorante clase superior y uno pocos plantaran cara violentamente al imperio.

Un hombre sobre un estrado, hablando de nuevas ideas, el pueblo le escucha y entonces se levantan todos los hombres, mujeres y niños en nombre de aquello que llamaron "Socialismo y comunismo". Los emperadores tiemblan, arden las iglesias, se queman a los santos, se matan a los ricos hombres que los oprimían con impuestos sangrantes. Las clases se alzan, se clama por un poder auténtico para el pueblo. El mundo está a punto de cambiar para siempre y será desde las multitudes, desde los ideales que hombres sabios y poderosos a través del don de la dialéctica lograron inculcar en miles de obreros, granjeros, mineros, seres humanos. Un poder enorme, fruto del potencial liberado de cada hombres, mujer y niño se prepara entonces para convertir aquella nación, antes tierra de nadie, y ahora dominio de los pueblos unidos, de las etnias mas variopintas por el objetivo común del crecimiento y el progreso. 

Entonces el caballero vio un páramo devastado por las bombas. Hombres, con fusil en ristre, avanzaban a través delos compañeros caídos mientras otros cargaban sus bayonetas, dispuestos a cargar contra el enemigo que en otro momento les volvería a visitar en invierno. Ante el se alzaba la figura de un hombre ataviado con un uniforme marrón totalmente desgastado por el tiempo, la enfermedad y el miedo a morir, pero en sus ojos había determinación. 

Ese mismo soldado hablaba a todos los camaradas mientras bombas grises y negras caían sobre casas, dejando claro que la Madre Patria sería defendida hasta el último paso. "No retroceder ni para tomar impulso", escuchó el caballero que decía, mientras a su alrededor escuchaba el sonido de los disparos, de la nieve cayéndose, amontonándose sobre los cadáveres de soldados, jóvenes y mayores. Grandes carros blindados pasaban por encima de todo lo que se pudiera entre sus camino y la magnífica ciudad representativa de aquel soldado solitario que entonces fue líder, hermano camarada de todos los rusos en la Unión Soviética. 

Todo se convirtió en un torbellino. 

Secretos, traiciones, genocidios, campos de concentración, espionaje, progreso.maquinaria. columnas de tanques, risas, fiesta, vodka, gloria, separatismo, guerra, energías desconocidas, hongos de fuego que se alzaban al cielo, desconfianzas, un caballero en un tablero de ajedrez que se movía, unas manos estrechándose, un gran cuadrado donde bellas mujeres asombraban al mundo con la escuela de una mujer lejana en el espacio y el tiempo que dejó su marca en la historia.Elcaballero vio saltos, aviones, cintas, pelotas, mazas, cuerdas, aros. Sonrió ante todo esto y ante un vertiginoso revuelo de imágenes entonces el lago decidió que no era suficientemente digno de ver el final deaquella historia 

El caballero salió volando y fue a aterrizar al lado de una dama que ahí lo contemplab, con rostro blanco, ojos azules, piel de porcelana y elegancia felina a la par que fuerte y sólida. Se quedaron mirando el uno al otro y sonriendo el caballero, dijo: 

-Pero que bella eres, querida Rusia. 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Pensamiento de Escritor 24.

Me habría gustado besarte. Poder decirte todo lo que siento. Desahogar de una vez con alguien este remolino emocional y sentimental que me invade cuando te veo. Pero claro, por la timidez, o el horror del rechazo que se ilustra en mis mas nebulosas pesadillas, nunca digo una palabra. Podríamos hasta hacer un enfoque social mediante la declaración de la opresión al hombre en materia de expresión de sentimientos, pero sabes que eso me es indiferente. Al menos en parte. Pero sí, cuando termino de abrazarte me gustaría darte un beso largo, cálido y que te haga sentir lo mismo que siento en tu presencia.

Este es un pensamiento breve, solo por liberar un poco de todo lo que tengo dentro cada vez que te veo marchar. Dejando a un lado todo lo bueno o lo malo que me rodea, tú eres como alguien realmente especial, que está ahí, con su sonrisa, con su cuerpo fino,estilizado, tan ligero y elegante y un alma proporcional, desprendiendo una luz única que se contagia a todo lo que te rodea y que parece emanar pura y absoluta felicidad. Que es aparecer tú y parece que los problemas se esfuman,que las preocupaciones no están ahí, que se han ido a tomar por saco. Y abrazarte, que tu aroma invada mis enormes y titánicas fosas nasales, que tu cuerpo se amolde al mio, tú tan fina y yo tan esquelético, me hace sentir en conjunción con todo el universo, del cual me siento a veces apartado.

El tiempo en el que te haya conocido es indiferente, eres de esas personas que parece que siempre han estado ahí, aunque hubiera aparecido hace tan solo una semana o hace cuatro años. Y el tiempo como tal, se pasa volando, lo que me hace sentir eterno y que dicho recurso tan efímero no se marcha en vano, pues cada segundo a tu lado importa. Siempre que te marchas deseo que llegue de nuevo ese primer momento en que te vuelvo a ver y nos volvemos abrazar, y repetimos el proceso; nos abrazamos largo rato, hablamos, reímos. Estés lejos o cerca muchas veces rondas mi cabeza y eso es algo que por un lado me preocupa pero por otro me hace pensar "bueno, no todo son tripas y muerte, también está ella, que es esencialmente luz y ternura"

Lo bueno de todo esto es que no sabes si me estoy refiriendo a tí o a otra persona, a otra dama, porque a todas las mujeres especiales de mi vida les hablo de otras mujeres especiales de mi vida, dejando claras sus maravillosas virtudes. También probablemente te importe poco pero que sepas que estás dentro de mi cabeza y tienes parte de mi corazón. Ciertamente te lo has ganado.

Creo que iré terminando esto, lo publicaré muy públicamente publicado y luego seguramente carios de mis amigos o me preguntarán por tí o bien me vacilarán ante tanto sentimentalismo. Sobretodo los colegas del LoL.

Cierro con un dato curioso a la par que triste: hace unas semanas, una señorita que sigo por Twitter y que tiene bastantes seguidores, preguntó, a modo de encuesta, cuales eran las palabras que mas se habían callado, que siempre deseaban decir pero se callaban por miedo o por timidez. Y el resultado fue que lo que mas se callaron todos sus seguidores, a la hora de dirigirse a una persona, es "te quiero". Y ahí estoy yo,siendo parte de las estadísticas.

martes, 30 de agosto de 2016

Por la noche, entre sedas.

Su cabello estaba delicadamente posado entre las mantas y las sábanas de seda, descansando entre pensamientos oscuros, recuerdos tristes y algo extraños. Su cuerpo, pálido como la leche, reposaba en aquel lecho que parecía hecho para ella, para contener entre sus almohadillados límites la belleza mas delicada que se pudiera figurar cualquier poeta. Sus ojos miraban con toda languidez una luna con la que había dado interminables paseos, que la había visto consumir con ahínco los días mas aciagos y celebrar de forma sosegada los momentos mas alegres. Su desnudez no era sino el sinónimo de cruel muerte que se cierne sobre el cuerpo joven de una dama eterna y le da una segunda oportunidad. Pocos testigos habían contemplado el privilegio de aquel físico de aparente porcelana, hecha de blancura nívea y con dos ojos llenos de poder enmarcado por un rostro tan digno como frío. 

El lugar manaba de misterio, de atemporalidad. Aún viéndose las estrellas y la luna, parecía que todo estaba sumido en una majestuosa quietud que no presagiaba para nada lo que podría suceder en cualquier momento, o quizás nunca. La habitación estaba diseñada para gustos y preferencias por el arte, la joyería, la cultura en general. A cada rincón que se observara se podía distinguir algún pequeño detalle de lo que era la historia de aquella mujer. Su belleza y elegancia había robado el corazón de muchos hombres, los cuales aseguraban haber conocido a un ángel del cielo hasta que sus frías manos les había arrebatado la vida con inusitada facilidad. Su cuerpo era un templo de la prohibición, una tentación gélida y suave, mas que las plumas de un pájaro, pero entre sus intenciones había verdades tan desgarradoras como las afiladas uñas de un tigre que se cierne sobre su presa.

Entonces surgió de la oscuridad una figura grande, enorme. Nadie podría figurarse la facilidad con la que tan magnífico espécimen de hombre y bestia había llegado hasta ese lugar sin hacer un solo ruido. La mujer seguía mirando la luna, pero esta vez con una pequeña sonrisa en los labios, mas no en los ojos, al detectar aquel aroma tan conocido, tan inolvidable. Unos labios en el punto exacto entre lo fino y lo carnoso se curvaron en esa pequeña sonrisa, algo ladeada. No necesitaba mirarle, ambos seres ahora se miraban con algo que iba mas allá de los simples y defectuosos sentidos biológicos. Susurraba el viento, justo en ese momento, fuera, mientras unas nubes negras se formaban en los cielos, ocultando a la luna, la que ya no sería testigo delo que aconteciera, aunque sí lo serían los primeros rayos y truenos, la lluvia que caería a peso de plomo sobre las ventanas. 

Un destello de los cielos y el hombre, o bestia, estaba al otro lado de la habitación, mirando a la dama pálida con una sonrisa por momentos carnívora, depredadora, y en otros tantos segundos tierna e incluso diriase que feliz. Otro rayo mas y la figura estaba a los pies de la cama, inclinándose sobre los pies de la dama, los cuales comenzó a besar. Aquellos labios,ardientes, apasionados pero contenido, recorrían la desnudez fría y delicada de la mujer, desde abajo y ascendiendo poco a poco. Aquellos pequeños gestos, con las manos deslizándose por tan acentuada y angelical anatomía, despertaban las primeras sensaciones entre ambos, rememorando sabores, olores y sentidos casi nuevos pero sin duda perfectamente recordados. 

Ella finalmente suspiró cuando la boca voraz, uno de aquellos instrumentos de dador de placer, se afincó entre las dos columnas perfectamente separadas, comenzando el baile una columna de fuego húmeda y delicada que poco a poco avanzaba unos pasos pero conquistaba grandes llanuras con rojizos y pasionales interiores. Las manos blancas de la mujer se afianzaron en el cabello corto pero sustentable, arqueando a un mismo tiempo la espalda, presa de las percepciones, que despertaban con la misma ansiedad con las que un titán podría liberarse de sus cadenas tras la larga espera y el interminable cautiverio. Todo en ella se agitaba mas de lo que pudiera parecer, entregándose paulatinamente a viejos recuerdos y perversas ideas. Sonaban los truenos cada vez mas cerca, acompañando con estruendo el delicioso acto de pasión que unía de nuevo a los amantes.

Las ansias, el deseo, la pasión, hicieron mella en ambos y el hombre, la bestia o lo que fuere aquel espécimen, siguió su camino, dejando tras de sí aquel lugar de sagrada feminidad , prosiguiendo el viaje, a besos, hasta aquellas colinas algo menudas, humildes, pero que igualmente despertaron los mas consabidos y primitivos instintos de su acompañante nocturno, de aquel curioso pero experto amante que pronto estaba dejando ese segundo destino para precipitarse con ansias por el río sin causal que era su cuello, aromatizado con una selecta mezcla de esencias antiguas e irresistibles para los hombres, con las cuales nublaba el juicio de todas sus presas. las manos abrazaron entonces aquel cuerpo delgado, de marcada figura femenina y divina, el cual sinuosamente se deslizaba, produciendo todo tipo de contactos y exigiendo aun mas tributos de pasión al templo del placer que tan entregado amante estaba adorando.

¿En que momento se había deshecho el caballero de oscuro pasado de sus ropajes? nadie, ni él siquiera, lo sabía, pero poco le importaba, entre los sonidos de los truenos, que ahogaban las expresiones mas íntimas de aquel encuentro casi legendario, que podría ser narrado durante mil años entre las mejores cortes del mundo. Pero nadie estaba para recoger la anécdota o la historia mas que aquella sábanas de seda, que se removían con cada cambio, con cada beso, con cada caricia, abrazo y mordisco. Unas manos blancas recorrían una espalda, dejando mas tarde, en sentido lateral, muestras desenfrenada pasión, despertando pequeños sonidos de dolor que pronto se convertían en risotadas y susurros secretos. El poderoso físico del amante comenzó a mostrar una gran fuerza así como la quebradiza dama mostró una resistencia y deseo sin parangón, capaz de ser la envidia de muchas expertas cortesanas. Un calor sofocante de pasión contra la belleza y delicadeza de un copo de nieve, que en sí mismo era pasión y deseo en estado puro. 

Las fronteras habían caído, los reinos, conquistados por ambos, eran pasado, presente y futuro transcrito al lenguaje de algo que no era amor, de algo que no era simple y mortal deseo. pareciera como una ley escrita de antemano por los dioses, previo a la creación del propio ser humano, que condenaba a esos dos siervos de la oscuridad a encontrarse y entregarse mutuamente el uno con el otro a las mas bajas pasiones. Cada pequeño paso de aquel baile tan antiguo como el amor los acercaba mas al éxtasis, que elevaría sus pecaminosas almas al cielo. En ese momento el pudor y las creencias estaban obsoletas, sustituidas por una de las grandes y eternas diosas que dominaba el corazón de hombres y mujeres desde hace milenios, llevándolos a estallar en perfecta armonía tras un último y solitario rayo que pareció despedir la tormenta para dar pasó aun nuevo amanecer.

Por fin las miradas coincidieron, justo al final de ese momento, en el que todo era perfecto, no existía el mal o el bien, solo ellos dos. La luna ya se había marchado, las estrellas abandonaban una a una el firmamento, dejando tras de si un cielo anaranjado que pronto se iba volviendo mas azul, aunque para eso aun quedaba tiempo. Entonces él, suavemente, se separó, sin perder de vista esos ojos que podían conquistar mundos entero con la ayuda de unas pocas palabras. Su espalda estaba algo marcada, tenía moratones en los laterales,donde las aparentemente frágiles piernas de la dama lo habían asido con gran fuerza. 

Unos segundos después, una gran bestia negra, mitad lobo, mitad demonio, abandonaba aquel lugar, quien sabe si para siempre o esperando tener una nueva oportunidad.



miércoles, 17 de agosto de 2016

Un favor por un favor.

En medio de la ajetreada ciudad, se levantaba un lugar hecho para las grandes familias de inmigrantes que llegaban desde la bota europea. Dicho lugar se encontraba a los pies de una iglesia. Después de la misa, muchos creyentes temerosos de Dios iban aquel lugar para poder comer algo, tomar un refrigerio, descansar de la misa que daba el cura de la iglesia, un hombre bondadoso pero demasiado técnico y algo pesado en su insistencia por el amor a Dios. Eso al menos pensaba la niña que había llegado acompañada de dos adultos, presumiblemente sus padres. Estaba dotada de dos dones: el de la futura y arrebatadora belleza del norte de Europa y el de la mirada algo desconfiada hacia todo el entorno, por no mencionar una pequeña chispa de lo que parecía resentimiento o enfado. Sus acompañantes se habían sentado en una mesa, esperando a que les atendieran. Tras unos minutos llegó el dueño del establecimiento, un caballero atento y sonriente, entrado en carnes, de experimentado gusto para vinos, pastas, pescados, carnes y todo lo que se pudiera comer. Decían de aquel hombre que podía cocinar a una persona y sería el mejor plato caníbal que pudiera tomarse nadie en su vida.

   La escolta de la niña resultaba ser su tía y su padre, un hombre dado a las conversaciones cortas aunque cargadas de expresividad, genio de la medicina pero en absoluto arrogante, como mas de un compañero. Miraba a su hija con infinita adoración, observándola comer aquel enorme y generoso plato de pasta con la misma facilidad y rapidez con que se come unas pocas lonchas de queso. El hombre del grupo estaba también dando cuenta de su plato a la par que el local se iba vaciando y quedaba la clientela habitual, dejando todo regado de una maravillosa y discreta cacofonía de acentos italianos de diversas partes de aquel maravilloso país. Desde luego el acento de Lombardía no era igual que el acento del sur igual que el acento irlandés era distinto del escocés o el gallego del andaluz.

   Entonces entraron un grupo de cinco hombres, liderados por un sexto, el cual iba con un abrigo blanco. Contrastaba con las ropas mas discretas de sus acompañantes, en tonos marrones, grises o azul oscuro. La niña clavó sus ojos en las figuras. Todos eran altos, y a las claras mas fuertes que su padre, el cual nunca había destacado por un físico como el de aquellos señores. Todos estaban algo serios pero distendidos, menos el líder, que se mostraba ufano en todo momento, saludando a algunos clientes y siendo saludados con alegría por parte del dueño del local. la niña los miraba atentamente de vez en cuando, esperando ver que era lo que resultaba tan especial en aquellos hombres mas allá del aspecto amenazador de cinco de los seis invitados.

   Se sentaron a la mesa, en el rincón mas sombrío del lugar y aun así con una señal y un par de susurros junto a un "por supuesto, por supuesto", del bondadoso cocinero, camarero y dueño de ese lugar, retiraron un par de velas de los alrededores y la mesa se quedó un poco mas a oscuras. Al poco rato todos los comensales de esa mesa estaban degustando los exquisitos espaguetis, macarrones y raviolis con diversas salsas y bebidas para acompañar. Lo que la niña no vio es que el último en ser atendido parecía el líder de aquella curiosa panda de personas que parecían tener algo que ocultar.

   -Cariño.-Dijo entonces su tía, hasta ese momento callada, pues es de mala educación hablar cuando se está comiendo-Los vas a desgastar con la mirada. Además no son gente tan buena como puedan parecer.

   Su tía, aun con su edad, era una de las mujeres mas bella y elegantes de la ciudad, probablemente del país. Lo que ella decía siempre lo decía con toda educación, cuidado, respeto, sabiduría y sentido común. Cualquier prenda que se pusiera parecía hecha por uno de esos caros modistas europeos que vestían a reinas y reyes, e incluso a gente mas importante, si es que dicha gente existía. Su mirada siempre era serena, dulce, con una luz especial que había enamorado a mas de un hombre en los tiempos mozos y en los actuales.

   -¿Quienes son tía?.-Preguntó la niña, perfectamente enclavada en esa edad en la que se pregunta por todo. Su interés se acentuó mas y los volvió a mirar, dándose cuenta entonces de algo sorprendente. Uno de los hombres de la mesa le devolvió la mirada. La niña miró de nuevo a su tía.-Me gustaría saber quienes son. Por favor.-Dijo con un tono de voz de lo mas modesto y encantador.

   -Podría decirse que son unos señores que hacen favores a cambio de otros favores. No puedo decirte el tipo de favores que piden a cambio pero sí que hacen cosas no muy buenas. Al menos a corto, medio y largo plazo, hija.-Dijo su padre, mientras comía.- Es mejor que no te acerques a ellos.

Entonces de pronto se escuchó la voz del que parecía el jefe de aquella panda de criminales a los ojos del resto del mundo. Era una voz suave, pero igualmente poseía una gran proyección, como los buenos actores de teatro. El local, ya antes silencioso pareció callarse un poco mas mientras los hombres de aquel señor dirigían sus miradas hacia el dueño del establecimiento.

   -Luigi.-Dijo el hombre de blanco al dueño. Parecía algo contrariado-Me siento particularmente sorprendido en este día.
   -Signore, no entiendo que puede haber pasado.-Se disculpaba Luigi, sin siquiera saber cual era exactamente el problema, o si había incluso un problema en particular.
   -¡No! no quiero explicaciones-Le cortó el hombre, que al segundo estaba sonriendo- Bueno en realidad si quiero explicaciones de como es que no se me ha informado de tu mejoría en la cocina. Para empezar, ya me parecía la mejor pasta de la ciudad pero ahora me encuentro en estado de afirmar que podría ser la mejor pasta del país.

   El buen hombre, Luigi, suspiró de alivio. Aquel tipo de bromas por parte de los poderosos un día le iban a terminar pasando factura, así que sencillamente se dedicó a recibir el cumplido con toda modestia.

   -Signore Graziani, un día me va a dar usted un infarto.-Dijo entre risas y se retiró respetuosamente a la cocina.

   La niña se había quedado impresionada por aquella manera en la que aquel hombre estaba controlando toda la situación, como si el local fuera mas suyo que otra cosa. Tanto poder debía de provenir de algún tipo de fuente de origen. La preciosa damita era una asidua lectora de todo tipo de libros y entre ellos la fantasía era una de sus predilecciones. No era muy amiga de las delicadas princesas metidas en castillos protegidos por dragones, mas bien el gustaban las brujas, los hombres lobo y las grandes batallas entre el bien y el mal.

   Aun así la niña siguió comiendo, dejando a un lado sus pesquisas mentales. Los comensales seguían a lo suyo cuando de pronto otro estruendo en la mesa de los hombres peligrosos. Esta vez el hombre de blanco se llevaba las manos a la garganta y se estaba poniendo morado. Antes de que pudiera girarse a su padre para preguntarle que le estaba pasando, una sombra pasó por su lado, revolviéndole todo el cabello ante la velocidad a la que iba atender el caso de urgencia: su padre. Los siervos del hombre de blanco estaba mirando impotentes como su jefe moría.

   Y llegó el ángel salvador. El padre de la niña, aquel médico respetado entre los suyos, incluidos los arrogantes altos mandos de la medicina del país, tomó por la espalda al hombre que se ahogaba y practicaba una sencilla maniobra que había salvado miles, o cientos de miles de vidas a o largo de la historia. Al fin salió casi disparado, como en aquellas comedias del cine, la aceituna que estaba impidiendo respirar al hombre mas importante de la ciudad, y al mas temido. Todo el revuelo que se causó provocó que los hombres que acompañaban al de blanco se levantaran y que atendieran a su jefe en todo lo posterior a ser salvada su vida. Ya mas recuperado, tras beber un poco de buen vino, el hombre se dirigió al padre, ya con su hija y su cuñada al lado.

   -Usted...- Dijo el hombre de blanco, el señor Graziani, a su padre.-Usted me ha salvado la vida. Ha conservado el honor de la historia de mi familia al salvarme de una muerte tan vergonzosa. No puedo por menos que devolverle el favor así que le insto a que me pida lo que sea y haré todo lo que esté en mi mano para cumplirlo. No, no diga nada.-Dijo el hombre, recolocándose el abrigo que se le había caído al tenerlo suelto, únicamente colgando de los hombros al momento de sentarse.- ¿Hoy tienen algo que hacer?

   -No ha sido nada de verdad.-Dijo su padre, siempre tan modesto.-Es verdad que no todos los días se salva a un hombre de su porte, pero sin duda solo hacía lo que un médico debe hacer: salvar vídas o al menos hacerlas menos pesarosas.
   -Permítame que insista,buen hombre.-dijo el hombre vestido de blanco en aquel momento ya mas pálido, pues antes estaba azul.-Les invito a comer con la mia mamma.
   La niña miró a su padre, como recapacitaba sobre el hecho de ir a cenar con una persona algo peligrosa, por no decir mucho. Parecía bastante dudoso. Pero antes de que el buen hombre pudiera contestar de pronto la niña tiró del abrigo del hombre, del señor Graziani.
   -Señor. Hay algo que puede hacer por mi.-Dijo la niña, con sus grandes ojos. 
   En las caras de los súbditos de aquel hombre tan temido se formó una pequeña sonrisa. A muchos de ellos aquella niña probablemente les recordaba a su hija, o a alguna sobrina o quien sabe a que infante tan querida como temida ante sus relaciones. Uno de los hombres, quizás la mano derecha de aquel líder del crimen, hincó una rodilla en tierra y la miró largamente a los ojos. 
   -No creo que sea una agente encubierta jefe.-Dijo con una sonrisa algo mas acentuada.-Solamente quiere algo de venganza. 
   La niña miró desconfiadamente al hombre que había adivinado sus intenciones. 
   -Giorgio, no asuste a la pequeña dama con tus poderes psíquicos.-Dijo uno de los hombres mas grandes que la niña pudiera haber visto nunca, calvo, con un tatuaje que empezaba en el cuello y se perdía bajo la camisa arremangada de color pardo, continuando por los brazos hasta las dos manos.
   -¿Venganza?.-Dijo la mujer que era la tía de aquella pequeña criatura.-Cariño, no me digas que aun piensas en ese chico. 
   El hombre chasqueo los dedos y se dispuso a sentarse en el aire cuando de pronto había aparecido una silla que sus hombres habían corrido a poner debajo de sus poderosas posaderas. Colocó el tobillo de la pierna derecha sobre la rodilla izquierda, en una pose de lo mas distendida y se permitió de nuevo una sonrisa. 
  -Cuéntame tus desavenencias con ese...-El capo miró a la tía de la niña- chico
  -El muy estúpido...
  -Hija.-Se escuchó el tono de voz de su padre, muy inquisitivo.-Ese vocabulario
 -Perdón.-Dijo la niña rechinando los dientes ante la divertida vista de aquellos hombres tan grandes.-Un chico de mi colegio, con procederes muy poco educados, sustrajo de forma no muy educada mi bicicleta de donde se encontraba estacionada para a continuación perpetrar un acto de vandalismo tal que tirarla por un barranco cerca de donde nos encontramos.-La niña seguidamente suspiró tras el discurso. 
   -Caramba, tus padres te han dado una magnífica educación por lo que veo, pequeña ragazza.-Dijo el hombre de blanco. ¿Como se llama el pequeño vándalo que te ha hecho eso?
   -George Carlini.-Dijo la niña con algo de rabia en la voz. 
   -Le conozco.-Dijo el que supuestamente se llamaba Giorgio.

   A unas pocas calles, varios minutos después, el timbre sonaba en la casa de los Carlini. La señora Carlini, ama de casa de los pies a la cabeza, con una extraña tendencia a tontear con todo cuanto hombre se cruzaba sin que su marido se diera cuenta, abrió la puerta con su clásica sonrisa para recibir a quien fuera que viniera a su acogedora casa. la sonrisa se le borró cuando de pronto varios hombres, uno de ellos vestido de blanco y una niña agarrada de la mano del de blanco, se presentaron ante ella con toda educación y cortesía. 
   -¿Señora Carlini? ¿está su hijo George en casa? la bella Isabella dice que George ha hecho algo malo y querríamos aclararlo con él en unos pocos minutos. 

sábado, 23 de julio de 2016

En lo alto de la barricada.

La podredumbre cubría las calles, una crítica sutil de la propia naturaleza del hombre causada por el propio hombre. La ciudad se había visto castigada un día tras otro, una semana tras otra, un mes tras otro, por el sonido y el impacto de balas, el grito de los afligidos y los moribundos que invocaban a sus madres y a Dios para encontrar algo de consuelo. El tiempo, representado por nubes grises, parecía hacer justo homenaje a aquel enfrentamiento entre dos fuerzas tan iguales como diferentes en sus propósitos. En cada recoveco de la ciudad se sembraba la semilla de la conspiración, de la revolución o de la traición. En los grandes palacios, entre copas de plata y abrigos de vison, lo mismo pero dicho todo de forma mas pomposa y aderezado por antiguos rencores y envidias. Entre copas de caros alcoholes las sonrisas afiladas y las dagas se afilaban para echarle posteriormente la culpa a los de abajo, a la pobreza social e intelectual de los bajos fondos de la ciudad, de esa ciudad que hasta hace poco había vivido en paz y armonía.

Todo aquello no le pasaba desapercibido al encargado de placar a las masas, de darles el mas justo castigo a aquellos que contradecían la palabra del emperador. Era un hombre de rasgos duros, de corazón frío pero de cabeza clara y juicio justo. Ningún hombre lo contradecía, ninguna mujer se entrometía en su camino con guiños de ojo o trucos variados de seducción. Su claro objetivo era encontrar de nuevo la paz para el reino, para el hombre que estaba inmediatamente por encima de él e inmediatamente por debajo de Dios. El general encargado de aquella revolución armada por parte de las clases bajas, instigada por algunos interesados de las clases altas lo daría todo por la paz del reino, incluso la propia vida si era necesario.

Todo comenzó como comienzan las revoluciones, con hambre, con oídos sordos por parte de la nobleza y con los jactanciosos comentarios de un merecido destino para los pobres por parte de estos últimos. Entonces sucede lo inevitable, y un ciudadano anónimo de alta cuna que luego se descubre que es hijo de algún conde, marqués o duque, es apuñalado por la desesperación y el hambre de unos pocos "delincuentes" que lo encontraron en el momento y lugar equivocados para su vida. A los pocos días todo era un hervidero de riñas, trifulcas y los primeros disturbios comenzaron. Aquello al general no le gustó desde el primer día. Se encontraba conversando con una duquesa famosa por su ingenio e inteligencia así como por una curiosa tendencia a teñirse algunos mechones de algún color impropio de los tonos naturales, cuando un oficial entró para interrumpirlos. Una mirada fría taladró al pobre enviado, de apenas unos 20 años aunque con trazas de llegar a general con menos de treinta

-Señor.-Dijo el oficial mientras saludaba con una inclinación a la dama presente.-Se le requiere en la misa de esta tarde por la muerte del hijo de Marqués.
-Dile a los interesados que ahí estaré.-Dijo sin mas y siguió su conversación.
Una vez el subalterno se había marchado, la duquesa que hablaba antes con el general lo miró fijamente.
-No te gusta lo que estás haciendo.-No era una pregunta, era una afirmación.
-Es obvio que no, maldita sea- Le dijo a la que era una de sus mejores amigas.-Cada mañana, después de los enfrentamientos nocturnos, si con suerte hemos logrado echarlos de su posición, paseo entre los cadáveres. Los cuento uno a uno y me paro a ver sus rostros. ¿Sabes cuantos hombres hay entre esos cadáveres?
-No,- Dijo la Duquesa, acercándose un poco, prestándole algo mas de apoyo presencial.
-Tantos como mujeres, y del total una décima parte apenas pasa de los veinte años. Soy un asesino de niños.
-No eres ningún asesino de niños, No los aguantas, pero no llegarías al punto de matarlos-Le dijo la dama.- Por Dios dime que después de dos descargas con esos fusiles, por muy de chispa que sean, acertáis distinguir un hombre de un caballo a mas de quince metros entre todo el humo y te llamaré mentiroso con todas las de la ley.

El general no respondió nada, la duquesa en parte tenía razón. Muchas veces, después de los disparos se escuchaba los gritos de los rebeldes: "ese era mi hermano, malditos cabrones, me vengaré" o "Mi hijo no os hizo nada, solo era un niño".
-¿Como está la moral de tus hombres?
-Cada día un poco peor, no todos son hijos de gente rica, algunos son gente humilde que han llegado a la academia y han completado decentemente el entrenamiento. El otro día uno de mis consejeros tuvo el valor de enterrar a un familiar suyo que había muerto al otro lado de la barricada. me sorprendió que no lo capturaran.
-Eso quiere decir una cosa.-Dijo la mujer mientras tomaba un sorbo de una copa de bourbon.
-¿Que quiere decir?.-Preguntó con todo el interés del mundo.
-Que su líder tiene tanto respeto hacia el enemigo y los muertos como tú. No es una mala persona. Seguramente sea alguien carismático, con mucha cultura y don de gentes. Aunar a toda una ciudad es algo difícil pero aunar a los gremios bajos así como a los indigentes es algo casi de epopeya o leyenda.
-¿Como deduces todo eso?.-pregunto el general, entrecerrando levemente los ojos. No es que desconfiara de su amiga, pero tanta agudeza intelectual hacia que los hombres se le pusieran a la defensiva, algo que hasta hace poco le hacía cierta gracia.
-Intuición femenina y quizás algunos contactos.-dijo ella con una sonrisa a medias.
El general la miró durante largo rato. No le gustaba implicar a sus amistades no castrenses en la vida castrense y mas en los asuntos de Estado, y aquello no sería una excepción.
-Entiendo,-Dijo el general.-Es una pena que tenga que retirarme en estos momentos, tengo que sistir a una misa.
-Pero si es por la tarde, general.-Dijo la mujer.
-Necesito mucho tiempo para mentalizarme para estas cosas. la guerra es fácil, los rituales religiosos, una pesadilla. Creo en Dios pero se demasiadas cosas de la Iglesia para cumplir tales actos de hipocresía con entereza.

El acto fue como siempre, entre pan de oro, hilos de oro, altares dorados, todo lleno de humildad, se celebró el acto por la muerte de ese joven que había sido el inicio de todo aquello a lo que el general se tuvo que enfrentar. El general no fue precisamente al acto totalmente desinformado. Sabía que el pobre chaval era hijo de alguien realmente rico,acostumbrado a la riqueza, culto y trataba bien a los sirvientes del palacete que tenían cerca de la capital. Su apuesta estampa le había facilitado muchos encuentros de una o dos noches con mujeres de alta y baja cuna. Lo peor fue enterarse de cierta anécdota. Su espía, cuando se lo contaba se tomó un rato para decirlo.

-El chico quería pertenecer al ejército, general.- dijo la informante, una de las doncellas pertenecientes a familia afectada por la pérdida.- Aseguraba que tenía en alta estima a su persona, que deseaba entrar a sus órdenes e imitar todos sus actos y gestos de carácter histórico, aquello que le había dado la fama. Y también dijo que, en caso de morir...-la buena mujer tenía lágrimas en los ojos.-lo haría por el Emperador y usted estaría orgulloso.-Y acto seguido se echó a llorar.

El general en esos momentos no pudo sentir mas tristeza, mas pena por una vida que se desechaba por el acto cobarde de unos miserables. Siempre tuvo algunas discrepancias con la clase noble a pesar de ser un general, el mejor de su tiempo. Nunca entendió sus juegos de estrategias con palabras y control de otras personas a través de cartas, rumores o sencillamente veneno, no era honorable mas allá de un par de excepciones que manejaran la dialéctica y la oratoria de forma sublime en los debates sobre el Imperio. había visto cosas terribles en el campo de batalla, pero el campo de batalla siempre era sincero, demostraba quien estaba cualificado para seguir adelante en la escala de mando y quien no.
-Mi jefe dice que lamenta mucho el acto cobarde que sufrió el chico.-Dijo un hombre vestido con elegantes galas a su lado.
El general lo miró atentamente, justo cuando se disponían todos a rezar durante un minuto en completo silencio, justo antes de decretarse ese minuto. Miró su rostro, duro, con ojeras, como el hombre que debe esforzarse al máximo por alimentar a una familia. El resto de hombres en la sala eran gente que dormía sabiendo que la servidumbre le haría todo el trabajo. Y sus manos no tenían callos de espada, tenían callos de trabajar, de trabajar a la luz del sol mas inmisericorde y con el frío mas cruel delos inviernos en la región de la que fuera que viniera. Y su piel era morena por ese mismo sol. El hombre a su lado sonrió un poco. Le faltaban un par de dientes, algo inconcebible en aquella clase acomodada.

Mas tarde, en un lugar a solas, el supuesto noble le habló con todo respeto y confianza, tratándolo como si fuera una figura de máximo respeto y no un enemigo odioso.
-Quien me envía le asegura que los responsables han recibido su justo castigo, pero que lamenta que todo se haya desproporcionado tanto en sus consecuencias.
-Celebro la noticia pero no puedo evitar preguntarme como es posible que... -No sabía como seguir hablando.
-¿Como es posible que alguien de la baja ralea de mi persona vista así y se presente ante usted pasando toda la seguridad del perímetro? ¿De donde vienen todas las doncellas y algunas damas de compañía de los nobles que ahora nos rodean? Exacto, de las bajas calles mas allá del río, cuyos puentes son el paso entre el mundo de los vivos.-Dijo, señalándose así mismo.- y el de los muertos.-Afirmó haciendo un gesto a todos los presentes, pero sin incluir al general.-Usted es distinto.-Y sin mas dio media vuelta y se fue, despareciendo antes de que pudiera decir nada aquel hombre que servía al emperador y siempre tenía la última palabra, salvo en aquella ocasión.

Los meses pasaron con pequeñas escaramuzas por parte de ciudadanos y mercenarios o soldados del Imperio. El general se movía de una humilde cama a la sala de mando y de ahí de nuevo a la cama hasta que entraba algún despechado o mensaje urgente y tenía que volver a la acción. Todo era una lluvia de violencia que luego se veía reflejado en informes con números fríos que hablaban de caídos y desparecidos. hasta que llegó el día que el general conocería a su enemigo.

Fue durante unos disturbios en los que todo apuntaba a una alta concentración de tropas por parte de ambos bandos. El campo de batalla como siempre fueron las calles aledañas a los puentes de acceso entre ambos sectores de la ciudad. El Emperador en persona había pedido al general que acabara con ello de una vez por todas. O al menos eso es lo que la versión oficial aseguraba. 

Las calles habían sido vaciada s y cada uno de los residentes de la ciudad capital se habían metido en sus casas. Las filas del ejército avanzaban poco a poco en lo que se supone que era la calle principal donde los rebeldes se habían atrincherado con varias barricadas. Ya se habían producido escaramuzas y los primeros cadáveres de soldados y civiles se empezaban a amontonar a los lados de las calles.  De pronto un disparo, luego otro y seguidamente una ciento de ellos mas. Por todas partes estaban saliendo cañones de fusil, desde las ventanas o desde sótanos escondidos por toda al ciudad. Aquella encerrona no amilanó al general, que sacando su pistola y espada, se dispuso a luchar. Por todos lados salían enemigos, personas que podrían ser trabajadores de una panadería o encargados de la limpieza de algún castillo. ricos comerciantes (dudosamente) o sencillos granjeros (probablemente). Finalmente lograron repeler a la primera oleada, que se refugió detrás de una de las barricadas.

El general mandó hacer recuento de tropas aunque estaba haciendo ya su propia cuenta de toda la gente que había muerto. Aproximadamente mas de 40 personas en menos de cinco minutos. Y no discriminaban, pues uno delos fallecidos era un anciano de quizás sesenta años y mas alla un niño de catorce. la guerra era cruel, pero el general no se ablandaría, mas tampoco perdería lacabeza por vengar a sus hombres. Entonces lo vió. 

Su amiga tenía razón, a medias. Desde aquella distancia podría haber visto perfectamente de quien se trataba, haber distinguido sus rasgos para tener un rostro que perseguir y eliminar en nombre del Emperador, pero el humo y ese día una espesa niebla lo rodeaban todo. Aquella figura había sido quizás la responsable de todo aquello junto con él mismo, el líder que había guiado a toda aquella gente hasta la muerte por un sueño quizás imposible, pero con el suficiente carisma para empujarlos hasta la muerte sin dudar. Y el valor que demostraba subiéndose a lo alto de aquella barricada, alzando su rudimentaria arma en alto, la agitaba un poco por encima de la cabeza, como en señal de saludo. Aquel era quizás el mayor rival que jamás había tenido, y eso un caballero como él debía respetarlo, por lo que alzó la mano a la antigua usanza de los caballeros de hace siglos y ambos contendientes se retiraron a sus refugios hasta la próxima batalla.

sábado, 18 de junio de 2016

El caballero, la Reina y el hombre feliz.

En un reino muy lejano vivía una princesa con toda su correspondiente corte de doncellas y caballeros a su servicio. La princesa, si bien será la protagonista de esta historia, tenía a su madre, la Reina, en gran estima. Y la Reina veía todo el bien del mundo en su hija. Los grandes salones de aquel castillo había visto crecer a ambas en su momento. Los grandes tapices de aquel lugar había sido testigos de todos los encuentros y reuniones de clubes secretos infantiles con consignas como "No se admiten niñas" o "Los chicos son tontos y apestan". Obviamente,aquellos niños, amigos de la princesa, eran hijos de nobles mas o menos bien avenidos y que guardaban gran devoción por la Reina. Esta no solamente era sabia sino que además era muy bella, de humor ingenioso y a veces, cuando se daba la ocasión, con tintes picantes o ácidos. la princesa era todo inocencia, la pureza misma hecha persona en un cuerpo de una niña que ese día cumplía diez años.

Como en todo castillo o reino se establecía una jerarquía y todos tenían a la Reina y su hija por los dos eslabones mas altos de la cadena de mando político, económico, social y militar. En lo tocante a esto último el reino contaba con un muy eficiente ejército que podría entrar en combate en cualquier momento. En sus filas había estrategas, generales avezados y de gran fama y nobles caballeros que montarían sus caballos solo para ir hasta la otra punta del mundo a asistir a los aliados de la Reina si era necesario. Entre dichos caballeros había de todo: caballeros buenos, no tan bueno, ricos, "pobres", altos, bajos, listos,no tan listos, ingeniosos, galantes y un largo etcétera. Todos estos hombres se repartían a lo largo del reino aunque siempre procuraban estar lo mas cerca de la sala del trono geográficamente hablando. Además todos aquellos caballeros había tenido en frente de ellos a la Reina o a la princesa en alguna ocasión de sus vidas y todos mostraban sus mejores galas y sonrisas para poder ganarse el favor de aquellas dos damas. A excepción de una sola persona.

Aquella excepción ese día se había puesto una armadura mas ligera para poderse mover con libertad entre los invitados de la fiesta. No era ni mas ni menos que el día del cumpleaños de la princesa. Le habían confeccionado entre todas las grandes modistas del barrio mas lujoso de la ciudad capital uno de los vestidos mas bonitos, de color verde y dorado. Aquella excepción fue una de las primeras personas, junto a la madre de la princesa, en verla con ese vestido. Se la veía realmente feliz de tener uno de los vestidos mas bellos de todo el reino, si no seguramente el mas bello de todos en varias generaciones del futuro de aquel reino. Algunos hasta decían que seres mágicos habían participado junto a las costureras para darle un toque de inefable elegancia. La excepción no estaba de acuerdo. Aquella excepción sabía demasiado bien como iban las cosas. Cuando eres un caballero tan cercano a la Reina sabes muchas cosas.

El caballero era un hombre que había servido a unos cuantos reyes antes de llegar a aquel lugar y a aquel momento. Todo obedeció a dos sucesiones muy rápidas; primero murió el Viejo Rey, con mas de ciento veinte años. Todos le querían pero ciertamente sus últimas decisiones habían sumido al reino en un caos. El caballero en aquella época solo era escudero al servicio de un Lord que había apoltronado su culo y era amigo de mujeres licenciosas y los grandes ríos de alcohol delas fiestas. Murió aquejado de una enfermedad cuyos síntomas eran una mujer celosa y además adicta a la riqueza. Nadie se hizo cargo de él y no le quedó mas remedio que ingresar en la Academia de Caballeros Militares.

Al poco tiempo subió al trono el Rey Padre, de corazón bondadoso. En aquel momento el caballero, siempre serio, poco dado a la conversación salvo con sus camaradas de armas y poco mas, ya se encontraba en todos los eventos importantes con el Rey Padre, querido por su pueblo, pero rodeado de enemigos no tan interesados en el bienestar de la "plebe". La primera vez que el caballero lloró (algo que solo vieron unos pocos afortunados) fue por obra y desgracia de la muerte de ese buen hombre, tras solo seis años de reinado. Unos dicen que de muerte natural aunque las conspìraciones manaban por todos lados desde hacía meses. Entonces la Princesa fue Reina, se casó con un gran hombre, este murió en batalla y ahora la situación era la que se desarrollaba en esos momentos.

Todos los pensamientos del caballero se cortaron cuando la Princesa se presentó ante el,vestido dorado y verde en ristre y se puso a girar a su alrededor, riendo y bailando junto a unas cuantas amigas mas. Todos la adoraban y,aunque el caballero no movía un solo músculo de su rostro, miraba siempre hacia la Princesa cuando no hacia la Reina para asegurarse de que estaba cómoda. En ese momento, la máxima mandataria del reino se encontraba acompañada de un par de hombres, probablemente comerciantes por la forma de vestir, que trataban de agasajar a la Reina para que esta cediera su mano a uno de los dos. Siempre que presenciaba aquella escena el caballero llevaba una mano a la espada deforma muy sutil. Era perfectamente consciente de la incomodidad que pasaba a veces la Reina en compañía de gente tan interesada pero en absoluto interesante.

-Caballero.-Dijo de pronto la princesa. Al obtener su atención ella y todas sus amigas hicieron una reverencia y se marcharon corriendo entre risotadas.
El caballero la siguió con la mirada, observando como se relacionaba con los otros hijos de nobles y algunos hijos de gentes mas humildes.El caballero nose había opuesto a aquella idea pero cuando se le consultó le dijo a la Reina:

-Majestad, sin duda vuestro acto de generosidad se hablará mas allá de las fronteras de este reino.-Dijo el caballero, rodilla en tierra tras entrar en la sala de reuniones.
La reina lo miró con una pequeña sonrisa.
-¿Pero...? y no tenéis que arrodillaros, milord.-Dijo la reina en ese momento, hace unas pocas semanas, mientras bebía su té junto a su hija.
-Pero he estado en otras fiestas de la alta sociedad, majestad.-Dijo el caballero.-He visto a mas de un niño noble pegar a otro porque se creía en la capacidad de hacerlo al ampararle el poder de su padre. Invitar a niños de otros extractos sociales podría causar muchos problemas. Apoyo plenamente la propuesta pero como dijo una vez un hombre muy sabio: fuerza de la naturaleza mas destructiva que un niño noble consentido.
-Caballero.-Dijo la Reina tras tomar otro sorbo de té.-Estoy segura de que todos esos niños nobles vendrán de buena voluntad y dispuestos a compartir buenas experiencias con la gente de menor ralea.

Y ahí estaban, los hijos de muchos aldeanos y comerciantes. Los herederos de grandes fortunas o de una  simple casita en medio de la nada con unos pocos campos. Y asombrosamente se estaban comportando con una cierta decencia excluyendo algunos tonos de voz demasiado agudos, fruto de la infancia o prepubertad. El caballero iba paseando la mirada de rostro en rostro. A los pocos minutos de comenzar la fiesta ya había un par de ellos que no le hacían mucha gracia pero de momento no había causado un altercado mayor. Nunca tuvo facilidad para leer las caras, o para recolectar información importante. Él solo era una armadura, una espada y muchos buenos reflejos que le permitían interceptar ataques de otras armaduras con otras espadas.

Se abrió la puerta y entró todo lo que el caballero nunca sería. Aquel hombre que pasó por la puerta iba vestido elegantemente con las ropas mas oscuras de todo el salón de fiesta, algo totalmente necesario para su profesión. Se dirigió directamente hacia la Reina, a la cual dedicó una sonrisa afilada, ladina hasta decir basta; pareciera que estaba a punto de echarse sobre ella ey devorarla como un lobo se lanza sobre un carnero. Aunque seguramente sabría que podría dar el primer mordisco pero no el segundo. La Reina correspondió al saludo y ofreció su mano. El recién llegado se la besó. El caballero se ponía muy nervioso cuando veía ese tipo de actos. Algo que a la Reina no le pasó desapercibido.

-Milord.-Dijo la Reina con una reverencia.-Que honor teneros en la fiesta de cumpleaños de mi hija.Os había mandado a una misión lejos de aquí.
-Y la he completado, Majestad. El Reino puede descansar tranquilamente con respecto a las amenazas del este.
-Y tan poético como siempre. me complace que....¿Que ocurre, noble caballero?
-Muy bonito el halago majestad pero...-El hombre encargado de las misiones mas oscuras de la Corona se quedó en silencio.-Ahhh no, no es nada,solamente dos mujeres de avanzada edad criticando su vestido, Reina de los sueños de todos nosotros.
-Y tan halagador.-La Reina hizo una reverencia y su mirada se desvió hacia una damita que rápidamente se agarró a una de las piernas del caballero de negro.

El caballero compuso su mas pedante gesto y miró a la damita. Era la Princesa. Entonces el rostro cambió completamente.
-Mi dulce, encantadora y veleidosa princesa.-Dijo el encargado de las informaciones secretas. Al momento estaba arrodillado abrazándola y sacándose de una de sus mangas un pequeño bote de cristal con una sustancia que parecía cambiar de color constantemente.-Os he traído un regalo.
-¿Otro de vuestros mejunjes para causar diarreas?.-Dijo una voz a su espalda.
El espía se giró y se encontró con un hombre de armadura y espada enfundada, el caballero, que lo miraba con desconfianza.
-Vaya vaya, veo que tienes la habitual cara de estar divirtiéndote. No, no es un laxante, como se diría en términos mas científicos. Es mucho mejor. Prncesa.-Dijo el hombre de negro.-Confíeme su dedo.

La Princesa le confió el dedo y este hombre extraño metió el dedo de la princesa en el bote.
-Es viscoso.-Acercó un poco la nariz.-Aunque huele bien.
-Ahora piense en el color que quiera, concéntrese mucho en ese color y toque su vestido, Excelencia.-Dijo el que era considerado una especie de ángel dela muerte del Reino.

La Princesa hizo como el espía el enviado le ordenó, pensando mucho en el color de las hojas del otoño cuando estas caen al suelo.A la Princesa le encantaba pisarlas cuando se amontonaban a cientos o miles en el suelo de los parques del palacio. Entonces una mancha marrón tiño el vestido dorado y verde y se fue extendiendo por toda la tela hasta convertirlo en un vestido marrón y dorado,hasta dándole el aspecto quebradizo de las hojas del otoño.

-¡Me encanta gracias gracias gracias!.-Dijo la Princesa, abrazándose al considerado como encargado de los asuntos secretos del Reino.
-Todo por la felicidad de la Familia Real, Excelencia, con o sin laxantes.-Dijo el hombre vestido de negro, mirando de reojo al caballero. Aquella historia aun perduraba entre algunos integrantes de la Corte Real. El caballero había tenido que luchar mucho y había necesitado de las artes del hombre que en ese momento abrazaba a la Princesa para mantener la reputación intacta.
-Es sin duda un regalo acorde a las artes y capacidades de uno de mis mas fieles sirvientes, sin duda.-Dijo la Reina mientras acariciaba el cabello de su hija.- Para mi sería un placer poder...
-Majestad.-le cortó el hombre de negro.-Un paso a la derecha.

Su majestad hizo caso y dio un paso a la derecha mientras el caballero miraba desconcertado al tipo de extrañas maneras, que justo en ese momento sacaba un objeto redondo y lo colocaba justo a la altura de donde momentos antes estaba el corazón de la Reina. al segundo una flecha se clavaba en el corazón exacto de la manzana Un atentado:
El vestido de negro se giró levemente y miró justo detrásde uno de los pendones que colgaba en lo alto:
-Te encontré pequeño pequeño hijo de...

El caballero no dudó un solo segundo en gritar un poderoso "¡Guardia a mi, Su Majestad está en peligro!" y al momento mas de cincuenta escudos y espadas estaban rodeando a la Reina y sacándola del lugar junto con su hija. Cuando se giró el caballero para localizar al tirador su otro interlocutor anterior ya estaba volando a través del sistema de poleas que sostenía una de las lámparas del salón del trono, en la cual se celebraba la fiesta y mientras la bella obra de arte descendía el cuerpo del otro "caballero" ascendía justo frente al asesino, o proyecto de asesino. En un abrir y cerrar de ojos otros quince hombres rodearon al que pretendía cometer regicidio y se le echaron encima como cuervos.

Mientras tanto el caballero acompañaba a la Reina y a la Princesa a lugar seguro. Todos los soldados ya estaban asegurando el perímetro y estableciendo las guardias.

-¿Que ha pasado, caballero? Todo ha sucedido demasiado rápido.-Dijo la Princesa mientras corría pasillo a través hacia las habitaciones de la torre mas alta, sencilla de defender y de proteger.
-Han intentado atentar contra la vida de vuestra madre, Excelencia, y contra la vuestra, dicho sea de paso- Dijo el caballero mientras abría la puerta de la habitación y se refugiaban dentro.-Iré a ver como están las cosas.
Una pequeña mano detuvo al caballero en ese momento.
-No, quédate, me siento mas segura contigo.-Dijo la Princesa, con esos grandes ojos mirándole desde abajo.
El caballero sentía que debía de ir,siempre le había llamado la batalla pero pocas cosas sepodían resistir a esos ojos,clavados a los de su madre, y su corazón no era una de ellas.

En el sitio donde transcurría la fiesta todos los invitados ya habían sido desalojados entre airados aspavientos y críticas a la seguridad de aquel castillo. Algunos señores juzgaban intolerable que se colara un truhán de semejante estofa entre la mas alta nobleza, que ellos lo habría hecho mucho mejor en sus castillos mucho mas defendibles. entre todos aquellos hombres también había gestos de preocupación, palabras de esperanza de que todo saliera bien. Los guardias que no habían escoltado a la Reina y su hija estaban coordinando la evacuación completa de todo el castillo. Entretanto, desde la sombra todos los informadores habían comenzado a moverse. No se les veía venir nunca, no eran un encantador caballero vestido de oscuro que portaba dos grandes dagas envenenadas y tenía aires de grandeza, como lo era su jefe. Ellos estaban bien entrenados, como su jefe, solo que eran mas discretos. Aunque ciertamente carecían del sentido del honor del que estaban provistos los caballeros que habitualmente rodeaban a la Reina. Lo cierto es que se decía, contaba la leyenda,que el jefe del servicio de inteligencia de aquel reino era un antiguo caballero caído en desgracia que había descubierto su verdadera vocación de servir de otra manera a Su Majestad.

En aquel mismo momento ese mismo caballero oscuro estaba ocupado hablando animadamente con unos cuantos de sus hombres.
-Chicos, se que sois muy responsables y os gusta aseguraros de que nadie salga herido.-Dijo el hombre señalando el maltrecho cuerpo del agresor de la Reina.-Le habéis desgarrado una mejilla, roto las dos piernas, tres costillas y cuatro o cinco dedos, ya ni yo lo se.
-Señor, usted nos dijo que mas vale un prisionero maltrecho que la Reina con una flecha en el pecho.
-Y eso es cierto.-Dijo el hombre sonriendo con unas maneras poco cómodas para mas de un sospechoso.-Comenzad la búsqueda por toda la ciudad de rumores, informaciones y demás. Yo me encargo de él..-Dijo, ya mucho mas serio, el encargado de los informadores.

Durante varias horas, las respuestas que proporcionaba el capturado eran de apenas una palabra a frases completas y luego discursos perfectamente declamados. Cada uno de sus músculos fue sometido a un tratamiento de belleza que mejoraría su aspecto con mucha fuerza expresada en cada facción de su rostro. 
-Todo el mundo piensa que este es el reino mas feliz del mundo.Y lo es. Gracias a mi, amigo mio. Por obra y gracias de mis amigas todos vosotros, tú y tus amigos, vais a morir de forma dolorosa, porque tocáis lo que no hay que tocar y tratáis de asesinar ya quien no hay que asesinar.-Decía mientras taladraba poco a poco una parte de su pierna, creando un agujero perfecto. Los gritos serían inconfundiblemente altos, demasiado dolorosos para ocultarlos a algunas personas de alrededor. de no ser por la mordaza que le tañaba la boca cuando se iniciaba una  nueva sesión de belleza.- Tratar de matar a la Reina y su hija, con lo dulces y buenas que son. Lo tuyo no tiene perdón.-Continuó mientras agarraba un par de pinzas. 

Y mientras todo esto se producía, el caballero se encontraba rodeado de niños ydamas de lacorte, escuchando alguna de sus anécdotas, con la Reina en su trono, mientras lafiesta, mucho mas calmada y tensa pero aun en marcha, seguía su curso.