Quiero darte un beso
Que sea un suspiro al viento
amor en lento movimiento
y mi alma temblará si te siento
En tu piel de Musa perderme
desde este segundo hasta siempre
Danzar juntos hasta el alba
en una danza digna de Arabia.
Pero ninguna de aquellas puertas captaba tanto la atención como la que tenía justo enfrente a una buena distancia. A los laterales había ocho puertas cada una de un color distinto. pasando por las primeras dos puertas una se abrió y una mano lo aferró y lo arrastró al interior de una habitación rojiza con muchas sedas y cojines cómodos, Una gran cama redonda era el motivo central y ahí fue a parar el amante. Con os ojos desorbitados fue casi desnudado al momento pero un segundo ser se abalanzó sobre la secuestradora de prominentes caderas, generoso busto y mirada prendida en la lujuria mas absoluta. La tercera persona presente, de cuerpo perfecto y pecador de mente, mirada y profesión susurró un "Feliz San Valentín querida" antes de devorar aquellos labios valuptuosos como el resto de su cuerpo. El secuestrado pudo salir colocándose la ropa y no haciendo mucho ruido.
Reanudando su camino, otra de las puertas se abrió y unos ojos somnolientos miraron al caballero secuestrado y ahora liberado. Vestida con un precioso y morado pijama, la señorita murmuró algo sobre criaturas ancestrales y milenarias con palabras mucho mas simples y tiernas que encandilaron el corazón del caminante por unos momentos. Al parecer la pequeña dama no podía dormir pues se sentía sola. El caminante se entristeció por un momento pero al momento se le ocurrió la gran idea; de sus manos salieron hebras de una negrura impenetrable que fueron formando una forma animal de buen tamaño. Al momento un gran lobo de peluche, del tamaño de la señorita aproximadamente con un "Feliz San Valentín locuela encantadora" decorando su cuello y con el hocico en forma de corazón morado, a casi imagen y semejanza de un amigo que tenían en común. La pequeña y encantadora criatura se emocionó, agarró el peluche y durmió feliz soñando con piyotesaurios.
Contento y reanudado el camino no pudo continuar mucho mas pues se abrió la tercera puerta. De ella salió una gran pantera negra acompañada de los sonidos de lo que parecía un gran e intenso reencuentro amoroso. Se podía detectar en el aire el aroma del agua salada y el sonido de las olas del mar. Con toda la mirada antipática del mundo la pantera ignoró de forma reiterada al pequeño e insignificante humano, no merecedor en lo mas absoluto de su atención mientras su gran y encantadora amiga se distraía y celebraba ese día por todo lo alto: sencillamente se tumbó a la entrada mientras pensaba en sus cosas. el humano la observó con una pequeña sonrisa en lo que la pantera sequía obviando su presencia, su mera existencia. la puerta se cerró mágicamente y el humano continuó. Pocos minutos después la pantera se metía en su propia habitación con una cama muy grande y cosas que tirar al suelo, un regalo reciente de cierto caballero.
Se abrió la cuarta puerta y asomaron unas orejas puntiagudas en medio de una oscuridad impenetrable. Unas palabras en un idioma muy antiguo (aunque no mas antiguo que el amor) se fueron arremolinando en forma de sombras alrededor del joven de piel extremadamente blanca. Un montón de cuchillos, dagas, flechas, concretamente doce, se clavaron alrededor de aquel ser formando un corazón bastante macabro en el suelo. Sorprendido y algo atemorizado fue recogiendo los extraños obsequios o amenazas de muerte veladas. Cuando hubieron estado todas bien apretadas entre sus manos e ignorando un par de cortes, estas se convirtieron para seguramente fascinación y horror de la dama de las sombras en una docena de rosas violetas que le entregó con una elegancia reverencia. La tarjeta rezaba "Para una de las damas mas elegantes y mortíferas de este universo. Porque a veces quiero matarte pero sería matar una parte muy importante de este mundo". Dos ojos brillaron en la oscuridad con unos tonos violetas preciosos y desaparecieron.
Se abrió la quinta puerta. Un rostro inexpresivo lo observaba con unos ojos preciosos pero que se encontraban enrojecidos por las lágrimas. El joven se sintió repentinamente triste, acongojado y no dudó en tomar las manos de esa mujer y acompañarla al interior de aquel lugar. Las paredes estaba decoradas con escenas de bailes y ricas fiestas, donde damas y caballeros elegantemente vestidos ejecutaban danzas que antiguamente tenían un gran prestigio. Escuchó aquellas palabras que ella le decía, sobre lo triste que se encontraba y susurró un nombre que el joven no llegó a escuchar. Tomando sus manos el joven la trató de consolar lo mejor que pudo hasta que unos brazos la rodearon por detrás y unos labios susurraron su nombre con un mimo, una ternura, un amor tan puros. Era mas que amor, era la devoción del creyente de Dios, era la fascinación del científico por sus experimentos, era la inspiración del poeta recitando. Solo fue una palabra, un abrazo pero pareció surtir un gran efecto. La Ominosa Dama Gris y el caballero sensiblero se miraron mientras una puerta se cerraba para dar intimidad.
El amante fervoroso continuó su camino hasta que se abrió la sexta puerta. Salió de ella otro caballero bastante fornido, de porte galante y mirada marrón y muy limpia, con una luz soñadora en los ojos y torso al aire. Le contó su problema al caballero fervoroso: que la dama mas bella del mundo (para el caballero de rizos rubios), motivo de su sueños y suspiros, se encontraba ahora dormida como el mas puro e inocente de los ángeles y quería sorprenderla en tan maravillosas fechas. Sin dudarlo un momento el caballero fervoroso le dijo que fuera al invernadero y tomara una rosa blanca y un libro que le entregó con toda sencillez. El caballero inocente leyó por encima y el sonrojo acudió a sus mejillas. Con una sonrisa le dijo unas cuantas ideas de como presentar la escena con respecto a la ubicación de la rosa la que llamaron "el guardíán blanco" le llamó especialmente la atención. Sonrojado y contento el caballero fue a cumplir la misión de darle a la dama mas buena y bella del mundo un merecido regalo de San Valentín que no olvidaría en una buena temporada. Con una sonrisa pícara el caballero fervoroso siguió su camino.
Se abrió la séptima puerta y apareció la que quizás sea una de las damas mas indescriptibles sobre la faz de la tierra o de ese mundo. Con su sonrisa siempre tan sutil, con esas intenciones tan abiertamente oscuras y al mismo tiempo indoloras reflejas en sus poderosos ojos, observó con fijeza, con todo lo que la compone, al servicial y encantador joven que siempre le hacía tan bello regalos. El se acercó y tendió su mano tras una gran reverencia. Ella acentuó apenas un milímetro la sonrisa y posó con toda delicadeza y elegancia su fría, fría y experta mano sobre la blanca mano del pequeño caballero. Con suavidad el caballero posó los labios en sus dedos y comentó lo radiantemente bella que se veía en ese día maravilloso. Comentó con total libertad aunque siempre con la mayor elegancia y educación todos los aspectos que la componían. Ella agradeció con esa voz fina como una campana de plata hecha por el mejor orfebre. Los ojos, llenos de poder, pasearon por sus facciones hasta que se encontró con la curva de su cuello, algo que el caballero fingió ignorar. Con toda teatralidad, en sus manos, tras unos movimientos de pluma fluida y firme espada, apareció un collar de esmeraldas presididas o representadas por un discreto pero sobresaliente corazón verde del mismo material que brillaba con prestancia. La dama contempló su regalo con una sonrisa discreta y alabó la exquisitez con la que había sido realizado. Se acercó a él y deslizó los dedos por su mejilla hasta su cuello, dejando un beso tan suave con seductor muy cerca de este antes de retirarse al interior de su espacio privado.