martes, 27 de noviembre de 2012

El maestro cuentacuentos.

En medio de un bosque de gran frondosidad, lleno de esa vida tan característica de tales lugares, unos caminaban por una linde que poco a poco fueron sobrepasando para llegar hasta lo profundo del bosque. No había otra cosa que no fuera emoción en sus rostros, los cuales mostraban el ansia por la aventura del tipo que fuera y estuviera dentro del abanico de cosas que un niño pudiera desear. El sentimiento de grupo los mantenía juntos en lo que el camino era recorrido metro a metro, dejando entrever nuevos secretos y formas por cada árbol que dejaban atrás. El tiempo era excelente: la luz del sol se colaba entre las ramas dejando una cálida caricia en el manto verde que se encontraba por encima de las cabezas de los pequeños aventureros. Entre niños y niñas eran un buen número que no es importante precisar y aun así eran buenos y obedientes y parecieran ser la mitad de los que realmente eran. no faltaban los emprendedores, los pioneros y los aventureros, los exploradores y los que se quedaban rezagados porque le tomaron especial cariño a una rama particularmente larga o un matorral especialmente florido de cuyas flores hacer una bonita corona de reina de los elfos.

Pero para eso tenían a su cuidador. Este cuidador era extraño entre los suyos pero por lo visto querido entre los pequeños. Se lo solía ver rodeado de plantas y muchos conocimientos que no le importaba compartir con habituales y extraños del lugar, viajeros, otros aventureros que antes fueron niños o bien sencillamente a quien tenga a bien de escucharlo. No era un hombre de grandes ambiciones y se desvivía por mantener limpio todo ese gran bosque que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Para el era suficiente con tener algo de las plantas que le permitieran comer y poco mas. Lejos de parecer un vagabundo se lo veía ataviado acorde a su tiempo y a un estatus ni alto ni bajo, aunque se diferenciaba de los feligreses de las tabernas cercanas en todos los papeles que portaba siempre o trataba de comprimir en pequeños cuadernos de notas. Naturalista decían que era y otros un tipo extraño que se quedaba tonto escuchando el viento o los grillos. Aquel hombre irradiaba felicidad cuando todo lo relativo a los campos que manejaba salía a la luz y se metía de lleno en la conversación, algo poco frecuente dado que los intereses de la mayoría eran otros. 

Y escribía. O al menos tenía una gran capacidad de sacar historias de lo mas increíbles que parecía vivir dentro de sus propias carnes cuando las contaba a la luz de una hoguera. Y ese día el bosque parecía ofrecer mil detalles para elaborar grandes historias y detalles sobre lo que realmente sucedía delante de los ojos ciegos de los adultos. Aquellas historias mas de una vez habían sido escuchadas por las madres de los niños que ahora le acompañaban y siempre habían visto en él un dejo de melancolía. Los rumores hablaban de un amor perdido, de una dama muerta a causa de una desgracia, de un corazón roto que con el pesar mas intenso se afanaba en seguir latiendo aunque fuera llenándose del amor a la naturaleza. Mas de una ama de casa generosa le había tratado de sacar alguna información pero él sencillamente miraba al cielo estrellado, dejaba salir un suspiro, le sonreía a la dama y dejaba la casa con un quedo ´´la cena muy buena señora, gracias´´

Pero volviendo a ese momento de la historia, el atardecer se hacía presente en el horizonte de un alto risco por el que los niños pasaban con la debida precaución. Serpenteando, se encontraba un camino que llegaba hasta un claro que aun a buena altura les permitía ver el atardecer. El cuidador (o en este caso maestro o profesor), generalmente callado con otras personas mas adultas y quizás mas sabias, no dejaba de dar pequeños datos como que tipo de seta tenían a medio metro frente a sus narices o si lo que oían era una upupa epops (abubilla) o una carraca (ambos del mismo orden). A menudo no era necesario sacar provisiones de los almacenes de las casas pues el bosque les proveía de todo aquello que necesitaban. Desde setas convenientemente conocidas y cocinadas hasta lo que pudiera comerse y no resultara muy desagradable. A medida que avanzaban decía que árboles estaban en mejor estado y cuales serían aptos para ser cortados o cuales eran muy jóvenes, algo no siempre apreciable con el ojo. Muchos pájaros que pasaban desapercibidos no escapaban al dedo aleccionador de ese hombre.

Por el camino encontraron muchas cosas pero momentos después la noche les impidió apreciar toda la magnificencia del bosque. Los niños cenaron tranquilamente muchas plantas que aunque de sabor extraño les llenaron la barriga rápidamente. La cocina no era el fuerte de aquel hombre pero ciertamente se esmeraba a la hora de dejarlos bien alimentados y con energías suficientes para despertar al día siguiente y seguir el camino.

-Mirad chicos. o mas bien escuchad lo que la naturaleza nos regala. Un búho cuenta su vida. No. Nos está contando una historia sobre sabios que debaten los orígenes de la vida.- Y con eso comenzó a narrar- Dos sabios se peleaban mucho ya que cada uno tenía la respuesta al origen de la vida pero diferente a la de su compañero...- Así estuvo minutos y minutos comentando los argumentos que cada sabio, entre caras extrañas y acentos exóticos, causando las risas de los niños, exponía acerca del origen de la vida según el testimonio del búho.- y todas las tonterías que decían se ceñía a que para uno la vida surgió del agua y para otros de cosas mas pequeñas que el mas pequeño de los insectos. ¿Que opinan ustedes, buenos caballeros y bellas señoritas?

Los niños se quedaron pensando. Aquello le gustaba a ese instructor. Contarles cosas que vayan mas allá del arado y de los animales de granja. Seguramente muchos de ellos estarían pensando en como sería el mas pequeño de los insectos o hasta que punto podría cambiar lo material. Quizás estuvieran pensando en como cambiar a su hermana por alguna buena cosecha de la temporada o en como cambiar la col de bruselas en muchas cosas dulces. y sin duda vinieron los torrentes de descabellados y fantásticos argumentos, ideas simples, no defendidas apenas de como había llegado la vida hasta los niveles que hoy en día tenía. Esto causaba una gran sonrisa en aquel hombre sencillo. De todos los niños unos estaba callado, como esperando a que todos callaran. Pero dado que no había quien callara entre tanto ajetreo y descabelladas ideas dijo

-Puede que venga de cosas muy pequeñas que estaba sobre el agua señor.- Dijo con toda sencillez y los demás se quedaron callados esperando la respuesta de su profesor, maestro y cuentacuentos. Este sonrió y asintió levemente. A continuación mostró su mano totalmente vacía, la cerró y al abrirla en la palma tenía una especie de colgante con una cabeza de búho que portaba por otro dos pequeños cristales verdes. Con gran ceremonia se lo puso al chico y esa cabeza quedó colgando cerca de su corazón. Los demás no salían de su asombro al ver el truco de magia y lo bonito de aquel detalle de cara a su pensativo amigo. No era la primera vez que tales detalles caían en manos de los niños y tales actos repetían una y otra vez el gesto de asombro de os niños. El cuentacuentos era también un mago.- Nunca esperé que yo fuera a...- pero antes de cualquier madura afirmación se lanzó a los brazos del mago y lo abrazó con fuerza.

Muchos de los niños tenían su colgante para unos, amuleto para otros u ofrenda para otros mas ambiciosos. Había un burro, símbolo de fuerza. Una ardilla, símbolo de su gran habilidad para trepar árboles. Había un halcón peregrino de ojos amarillentos hecho en una madera muy ligera que simbolizaba una gran vista para ese niño que podía ver los peces a altas profundidades. había una grulla para el que podía pescar sin caña con una facilidad que asombraría al mas experto pescador de caña. Muchos regalos daba el mago, el cuentacuentos, el profesor, maestro e instructor. Generalmente a ello seguía una conversación con los padres y les decía cosas que pocas veces pillaba desprevenidos a estos. Hablaba de la inteligencia, de la sagacidad, de la fuerza, de los dones cualesquiera que fueran de los niños y aportaba consejos y conocimientos, escuelas y lugares en donde podrían sacar un gran provecho. Y salieron de ese pueblo grandes científicos, médicos, biólogos, escultores, pintores, escritores, imitadores de animales, exploradores, nadadores, pescadores, gente de negocios, soldados, generales. Todos ellos unidos por un amuleto, una enseña única que guardaban como un tesoro.

Tras las felicitaciones habituales los niños se fueron a dormir. El cuentacuentos se quedó como siempre haciendo guardia. Nunca sobrevenía ningún peligro pero era una costumbre suya quedarse despierto en las noches para saber mas sobre el bosque y reunir detalles e historias. Los niños no tardaron en quedarse dormidos y el profesor en dedicarse a dar pequeños paseos alrededor del campamento observando que todos estuvieran bien, los que necesitaban poso de peluche con su oso de peluche y los que necesitaban demostrar su fuerza cerca de un roble para alimentarse de este. Una sonrisa surcó sus labios y pronto se borró cuando vio que una de las camas estaba vacía. Miró a todas partes, vio las pisadas y las siguió seguido de un zorro que se unió a la búsqueda. Los pájaros señalaron el camino entre vuelos rápidos y no lejos, a la orilla de un lago, la niña perdida fue descubierta. La Luna había salido en su plenitud y en aquella orilla a una prudente distancia la niña bailaba.

Aquella niña era la mas reciente y a la vez antigua miembro del grupo. Siempre sonreía y estaba dispuesta a ayudar a quien fuera. Tenía la habilidad particular de causar fascinación en sus compañeros que a su manera demostraban el afecto que sentían por ella. unos de una forma mas sutil que otros. Pero nunca aquel hombre la había visto hacer algo especial. ya que todo lo especial lo hacía con una normalidad pasmosa. Tantas cosas se le podría regalar y ninguna la definiría completamente. Su cabello negro y liso era de una suavidad exquisita y hasta muchas personas adultas la miraban con cierta envidia cuando pasaba por delante ondeando su largo cabello frente a sus ojos. Otras veces despertaba la admiración de sus iguales por la bondad que desprendía en los casos mas extremos donde hasta el propio profesor habría perdido los estribos. Incluso los árboles desprendían un aroma particular cuando ella pasaba cerca de ellos, dato que no revelaba a nadie pues había fuerzas oscuras que siempre acechaban.

La observó largo tiempo, con la admiración en los ojos por la forma en la que se movía. El zorro y los pájaros dejaron de hacer sus actividades, e incluso un par de lobos y otro mucho mas grande que los demás observaba a la niña bailando con total alegría, entregada a la música del bosque que este interpretaba para ella. Muchos pájaros en las ramas piaban aun no siendo la noche su horario de trabajo y los búhos dejaban a los roedores posarse bajo las ramas que ellos ocupaban para ver mejor el espectáculo que ofrecía. la única persona con aparente raciocinio era el cuentacuentos, que no salía de su asombro a pesar de su amplio repertorio de trucos, ilusiones y hechizos en toda su definición. El zorro que lo ayudó a buscar al aniña le dio un tirón a sus holgados pantalones marrón tierra y señaló el suelo que rodeaba a la niña. De la tierra crecían las flores ahí por donde se posaban los pies de la niña, dejaban crecer los tallos y abrirse los abanicos de colores mas brillantes que haya podido contemplar ojo humano alguno sin quedar cegado o loco. Y tan pronto como todo pareció comenzar, terminó cuando la niña tras un elegante giro se dio la vuelta y vio al cuentacuentos. Sus ojos se clavaron en los de él y este sencillamente no dijo ni hizo nada por un instante. A continuación el sonrojo se hizo presente en las mejillas tiernas y suaves de la niña y este cuentacuentos aplaudió.

No se demoró mas y acercándose con grandes y amplios pasos se arrodilló quedando frente por frente con esa bailarina excelente y tan habilidosa. Una de sus manos se posó en el corazón de ella y de la palma de la mano surgió una luz brillante que iluminó todo el área que los rodeaba. Poco a poco una tierras de luz fueron saliendo por dos lados y ascendiendo, rodeando el cuello de la niña que no salía en si de asombro. Una música hecha de notas del mas fino cristal ocultaba cualquier otro sonido, opacando con sutileza y fluidez cualquier otra tonalidad que no fuera la de esa sinfonía de ángeles cantando a coro por el gran momento que se estaba llevando a cabo. Tras lo que pareció una eternidad concentrada en un segundo el cuentacuentos retiró las manos y la niña vio su regalo.

Entre sus manos, colgando de su cuello, se encontraba una rosa azul sostenida por dos pájaros de oro. Debajo de esta rosa se encontraba una segunda rosa a modo de detalle secundario que era eclipsado por la primera. Con el silencio de por medio y las notas aun deshaciéndose en la lejanía, allá hasta donde pudieran alcanzar, el cuentacuentos al fin puso hablar tras haber controlado todo el torrente de emociones y palabras que se le habían formado tras aquel primer espectáculo de danza y magia.

-Tu destino es ser la Musa de poetas, pintores, escritores y bribones. Tu destino es llegar a hacer las grandes cosas que siempre haces con solo sonreír. Eres la rosa de la inspiración que crece poco a poco en el alma y el corazón de aquel que te contempla y se lanza a la aventura de conocerte. Eres la caricia y el abrazo maternal de una niña que protege y es protegida por los vientos, escuchada por los bosques, respetada por los lobos y zorros. Tu destino es hacer feliz a la gente, ser un escudo ante la tormenta de las desgracias sostenido por la amistad mas fuerte que puedan crear las personas entre si, la mayoría muy diferentes de ti.

Sin mas que decir (o sin mas que poder decir sin echarse a llorar de la emoción), el hombre se puso en pie y acompaño a la niña, que se encontraba feliz de su nuevo amuleto y haber recibido una descripción tan detalla y a la vez enigmática de su futuro a su cama. Entre las mantas los niños descansaron felices, custodiados por sombras y sutiles sonrisas, algún murmullo y quien sabe que placeres recurrentes en aquellos parajes. El cuentacuentos escuchó cada sonido con atención, sabedor de que muchos eran peligros pero por esos niños habría de dar la vida.

Y por la niña el alma.



miércoles, 7 de noviembre de 2012

Ganas de ti es lo que tengo.

Ganas de ti es lo que tengo
ganas de ti, de tu cuerpo fiero,
dejar los claveles, las rosas
los grandes banquetes 
La fiesta de tu cuerpo deseo. 

Soy un fiel caballero, ilusionado
Apasionado buscador de tu calor,
mi laguna de placeres eres tu, 
la bella, tierna, Dulce Flor,

Mis sentidos están atrapados,
Abandonados a los recuerdos
Que inventados por Afrodita
me llevan a la lucha de los cuerpos

Llora mi angustia por su reino perdido
Porque me miras y sonríe mi alma
Mi cuerpo en fuego cae aturdido
vuela mi corazón al reposo, la calma. 

Mis pasiones son humildes, claman tu luz
Majestuosa reina de mis delirios
Dulce amante de las danzas y mis suspiros

viernes, 2 de noviembre de 2012

Consejo divino

En la tranquilidad de la noche, un extraño sueño asaltaba el descanso de un hombre entregado a la fe y el amor por Dios. No tenía nada mas especial que el hecho de tener un par de cicatrices en el rostro y otras tantas en el cuerpo producto de una vida anterior y muy diferente al recogimiento al que se vio inmerso tras las carnicerías de una guerra sin nombre en la que reyes y condestables explotaban y extendían el oprobio en su pueblo. A lo lejos un búho decía al mundo de su alrededor que aun era de noche y las alimañas se aventuraban en la noche con todo el riesgo de sus diminutos corazón llenando su ser, sabedores de que quizás no lleguen a traer el alimento a sus crías recién nacidas. La noche despejada deja ver las estrellas y la luna que se alza majestuosa en aquel entorno idílico, totalmente lleno de todo el colorido y lo salvaje de la naturaleza. Las aves rapaces y alguna otra criatura lanzaban aullidos, ladridos, rebuznos y todo tipo de sonidos que no supusieron final alguno de aquel extraño sueño que ese hombre de Dios estaba teniendo. 

Lo que le despertó fue un sonido, demasiado cercano y con una resonancia extraña que le hizo incorporarse y, como si aun se encontrara en aquello tiempos, llevar una mano hacia la espada que ya mucho tiempo atrás había tirado en señal de negación a la violencia y entrega a los divinos deberes. Aquel buen hombre, porque eso era, un buen hombre contempló aquella mano que había sido teñida en el rojo de la sangre árabe. Su mente regresó a aquellos tiempos por un momento pero con unas cuantas sacudidas de cabeza se centró. La avanzada edad de sus huesos y mente ya le jugaban alguna mala pasada. Sus cansados ojos miraron por el pequeño ventanuco que le permitía ver la luna y algo le hizo sonreír un poco. Recuerdos de un romance del pasado. El dolor se había esfumado hace mucho, producto de una fuerte convicción pero aun en aquellos días de su vida sentía la necesidad de decir todo lo que no había dicho a ese rostro moreno, de ojos oscuros  y vivos, llenos de una luz especial. 

Esta vez se escuchó el sonido de nuevo, como dos telas que se doblan siendo estas muy pesadas, como el abito que llevaba desde hacía muchos años. Ese sonido confirmaba que no era parte de su sueño y que en efecto eso era los que le despertó. Se agarró la cruz de madera que colgaba del cuello y miró una pequeña representación de cristo que él y cada uno de sus hermanos tenían en sus habitaciones por si necesitaban formular alguna oración de emergencia. la observó como si esperara que ese Cristo le confirmara que se acercaba una prueba de hasta que punto estaba dispuesto a actuar con toda la fe del corazón. Se santiguó, miró a las estrellas entregando una oración a Dios y otra a aquella persona que había dejado ese mundo sumido en la oscuridad tras su muerte. Con paso firme salió de su celda de descanso, de esas cuatro paredes con un camastro y la sempiterna figura del hijo de Dios para adentrarse en la oscuridad de los pasillos. 

El corazón le palpitaba con mucha fuerza y temía que se le fuera a salir del pecho en cualquier momento. Sus ojos escrutaban cada sombra, buscaban un indicio de otro sonido como los dos anteriores que había escuchado. Mantenía como podía su respiración tranquila hasta que sus oídos registraron de nuevo el sonido y algo que que caía con un eco sordo en toda la abadía. No se pudo encoger mas sobre si mismo pero descifró el origen de aquel sonido y con precaución se dirigió a donde se daban las misas comunitarias, donde se rezaba por muertos y vivos, donde se deseaba y se pedía a Dios todo tipo de obras y milagros que unas veces se cumplían y otras veces no. Poco a poco abrió la puerta y asomó la cabeza. Lo que vio era extraño en demasía para no dar una breve descripción. 

La sala estaba vacía. a excepción de un extraño personaje, de pie y ante las dos hileras de bancos en los que se sentaba la gente a rezar. En pie y derecho como un general aquel personaje tenía orientado el rostro hacia el cristo crucificado. Siguiendo su mirada ese hombre de Dios miró en la dirección del ser, al cual veía desde su lado derecho con toda una fila de bancos en medio y no pudo sentirse mas sobrecogido. Porque aquel cristo en su construcción miraba al cielo suplicando a su Padre y ahora le devolvía la mirada al extraño. Las piernas le flojearon por un momento y se tuvo que sujetar al dintel de la puerta que daba acceso a la sala. Con el pequeño resbalón la cruz de madera dio sobre la madera de al puerta y esto provocó un leve sonido que no paso desapercibido para el extraño ser, aunque no movió ni un músculo para girar el rostro en busca del origen. 

Ese cura solitario pensó rápidamente y decidió enfrentar el problema de cara. Se acercó lentamente a ese ser pasando entre los bancos pero un segundo elemento detuvo su paso cuando tuvo ante si toda al figura de aquel ser. El cuerpo de este ser estaba cubierto por una capa pero a los pies de este se escurría una especie de neblina que en su origen se tornaba homogéneamente de azul a negro para perderse y desaparecer entre los resquicios de las sombras. El anfitrión no salía de su asombro y se preguntó por la naturaleza de aquel fenómeno. No se pudo negar el valor de ese hombre al cargo de la santa sede cuando en vez de salir corriendo decidió acercarse y tratar de vislumbrar, con ayuda de al experiencia en combate, las intenciones de aquel ser en lo que sería la lectura de su rostro. 

No era el rostro mas agraciado que se pueda uno imaginar desde luego, La piel estaba dotada de una exagerada palidez, los pómulos ligeramente hundidos, cejas regulares, ni muy faltas ni sobradas de pelo, El cabello de la cabeza era largo, muy largo. Quien viera su rostro se preguntaría si padecería alguna enfermedad o es que esa era su naturaleza física de por sí. Pero lo sobrecogedor eran los ojos. Su expresión denotaba un dolor y una preocupación mas allá de lo imaginado. Desolado, aquel ser estaba sinceramente desolado o lleno al menos de una gran cantidad de dudas. El cura conocía esa expresión, aquellos bucles en los que la mente se cernía en espiral hacia un abismo de impotencia, dolor, tristeza, miedo y a veces ira y locura. Vio ese rostro reflejado en un espejo el día en que ella había... 

Recordó las palabras de un sabio que conoció en Ankara, cuando regresaba de la cruzada y trató de seguir su estrategia con un leve acercamiento. No perdía la vista de su rostro y las sombras que, como si fueran movidas por una inteligencia propia, se cernieron lentamente sobre sus pies, como serpientes que van a devorar a su presa. el pánico se hizo en su rostro pero mantuvo la tranquilidad. No era ni frío ni calor lo que desprendían esas sombras pero lo que fuera, dejaba una sensación extraña, ni agradable ni desagradable pero que evocaba muchos pensamientos del pasado en la mente de aquel hombre. Sin dejar de mirarlo se acercó al ser que finalmente lo observó con esa expresión llena de dudas y consternación. El cura tomó sus manos y quizás la fuerza divina u otro tipo de fuerza le inspiro, lleno su alma de afecto, de ansias de ayudar y sencillamente permitió que las palabras de consuelo salieran de su boca. 

-Hijo, no debes estar triste por aquello que te aflige. La lucha es algo constante entre los hombres, ya sea por un territorio o una compensación efímera.- Tendió sus manos en gesto de que el hiciera lo mismo. Con algo parecido a una lenta reflexión finalmente aquel demonio, ángel o ser atormentado accedió. Tomó las manos de aquel ser apretándolas para infundir algo mas de firmeza a sus palabras. -Que es lo que te aflige hijo mio?

El ser lo observó largo rato. Pensando que sería mudo, que quizás fuera extranjero y no comprendiera su idioma el cura sencillamente esperó a que el ser hablara pues en su forma de expresión corporal había dado a entender su predisposición a ayudarle. Pasó casi el minuto entre miradas al cura y al cristo que los miraba, como si intercambiara comentarios con él. Aquello fue de cierto alivio dado que si mantenía una comunicación con el Señor supondría que algo así solo está reservado para la gente de buen corazón o que al menos sabe escuchar. Finalmente la voz de aquel se hizo oír. Era un cúmulo de tonos que extrañaban y desconcertaban. Unas veces hablaba de forma grave y otras veces con tonos algo mas agudos. 

- Una dama tiene mi pensamientos, el poder y la fuerza de crear y destruir lo que es mi mundo. Un mundo hecho para ella donde ella pueda sonreír y en cada gesto suyo se crea una historia, un poema. Mi origen me hace imaginar mil cosas que alegren su vida, su alma, que me ayuden a ser fiel a la causa de su felicidad. Mi fidelidad en ello es absoluta pero mi humanidad me lleva por caminos, me seduce en actos que a veces temo que la puedan apartar de mi... usted ha vivido algo parecido padre...-dijo en un tono extrañamente gutural aquel ser.- Un siervo de la causa que usted defendió en su juventud busca consejo para seguir el correcto camino. 

El hombre no salía de su asombro. Aquel detalle muy poca gente lo conocía y de seguro estarían muy obnubilados, confusos y temerosos para confiar cualquier información a ese ser que tomaba sus manos con extraña delicadeza, como conteniéndose en la fuerza que pudiera usar. pensó por un momento en que el mismo Señor que todo lo ve le pudiera confiar esa información pero aquel camino de pensamiento era sencillamente imposible de corroborar en esa vida antes de pasar el umbral de la muerte. No se pudo permitir mas distracción y con tranquilidad y paternalidad en la voz dijo. 

-Hijo, si tu corazón de verdad late por cada respiración de ella, de esa mujer a la que veneras por encima de todas las mujeres. Si tu única religión es su felicidad, su bondad, la luz del conocimiento y la salvación es su sonrisa, agárrate a la fe de su persona. Cree cada día en hacerla feliz sin importar los peligros o desgracias que acechen. Veo en ti la humildad del hombre que sabe labrar las palabras para extender el bien. Veo el temor al mal, un mal presente en todos nosotros y en ti también. Temes que ese mal te la arrebate pero si tienes fe y tu alma se entrega libre y recta a los caminos de su felicidad, no habrás de temer nada pues será quizás Dios el que decida separaros. Piensa en los días en que la verás, que hablarás con ella, que serás rico sin tener dinero y pobre con su ausencia rodeado de riquezas. Este mundo oscuro está lleno de peligros pero si muestras tu alma sin temor, ni toda la astucia de satanás servirá para atraparte y encarcelarte en el infierno eterno. 

Una fenómeno extraño se dio en aquel rostro. Los ojos cambiaron a un tono azulado con vetas moradas para finalmente volverse del color original. El dolor, la apatía y sobretodo el miedo habían desaparecido para dejar paso a los ojos de un hombre sencillo pero que lejos de cualquier vanidad, envidia, ira, celos o lo que fuere mostraban lo radiante de aquel sentimiento solo comparable en grandeza al amor de los ojos que una madre derrama en su hijo recién nacido, al descubrimiento de ese sentimiento mas que puro entre dos amantes. El acto final de aquella obra fue una palabra sincera, con emoción contenida de aquel ser. 

-Gracias...-esta vez fue casi un susurro tembloroso. 

Con asombro de aquel hombre la oscuridad a su alrededor se comenzó a disipar y los tonos opalinos de dos grandes alas fueron lanzados en todas direcciones. Los ojos del cura no salían de su asombro cuando en un gesto de emprender el vuelo el cuerpo del hombre alado se proyectó hacia un pequeño rosetón, desapareciendo en un espectáculo de color de apenas uno segundos, sumiendo el lugar en tinieblas. Una vez la vista se hubo acostumbrado el cura buscó el rostro del Cristo. De nuevo estaba mirando suplicando a los cielos. El cura se quedó sentado en uno de los bancos unos instantes reflexionando todo lo que había sucedido. Cundo se hubo recompuesto de aquel asombro miró de nuevo al rosetón y la sorpresa final de la noche se produjo. 

El pantocrator que suponía el núcleo escénico del rosetón estaba cambiado. Bajo la figura de Cristo bendiciendo al mundo entero, se adivinaba una nueva escena, extraña cuanto mas de un hombre santo tomando las manos en actitud consoladora de un ser envuelto por una mitad en sombras y por la otra en una luz esperanzadora donde se mezclaban todo tipo de colores formando a espaldas de ambos personajes una rosa multicolor.