domingo, 30 de octubre de 2011

Noche trágica





Las filas estaban cerradas y perfectamente colocadas, los años de entrenamiento habían servido para algo y por ellos el instructor daría la vida así como ellos la vida por el instructor. Ese hombre que los había entrenado estaba en un lateral de la primera linea de fuego, perfectamente visible, al igual que el resto de sus hombres, todos ellos a su izquierda. Se sienten confiados porque son campesinos el enemigo al que nos enfrentamos, pensó el capitán, no saben de lo que es capaz una turba enfurecida con hachas, hoces y miles de aparejos de campo cuya función desconozco. Su cara estaba tensa pero la noche le ocultaba un poco los rasgos y la estricta orden de mirar siempre para delante le daría ventaja a la hora de ocultar su temor. Eran buenos chicos los que estaban a su servicio y sería ideal que pasaran su vida de taberna en taberna después de los entrenamientos o con sus familia, pero los tiempos que corrían no permitían eso ya que al que no sabía ocultar su rango y caía en malas manos podía terminar degollado ´´en pro de la revolución´´. El motivo de tal agitación se encontraba a sus espaldas. 


Se dio el lujo de una mirada ya que el como rango mas alto ahí presente podía permitirse esas libertades. A las espaldas de todos esos jóvenes soldados confiados en la fuerza de sus fusiles y lo afilado de sus bayonetas, se encontraba una gran casa, de las mas grandes que el capitán había visto en su vida. Aún se podía ver los reflejos de las velas, de la cientos o miles de velas que estaban destinadas a iluminar la fiesta que en su interior se estaba celebrando. Alguna ostentorea risa femenina salía de entre los ventanales que se abrían y cerraban para que la seguridad interior intercambiara alguna instrucción rápida con el exterior. Tras pensar un poco hizo avanzar a la linea unos cuantos pasos, previo aviso al coronel. Este dio su consentimiento y avanzaron hasta los límites de los jardines, tan grandes como cinco granjas de campesinos grandes. Tanto terreno malgastado en flores cuando el pueblo pasa hambre, pensó, y yo defendiéndolos. Pero sabía en toda su totalidad cual era el problema principal de todo aquello. 


Al momento un grito sonó a lo lejos y muchas voces que se fueron alzando poco a poco. La tensión se apoderó de los cuerpos de los jóvenes combatientes. Miles de voces parecían, el capitán esperaba estar equivocado. Miró a un par de sargentos que estaban en las cercanías. Estaban pálidos como la cera aunque tenía por seguro que mantendrían su puesto hasta el final, así les fuera la vida en ello. El coro de voces fue aumentando y todo indicaba, en derivación a como crecía en fuerza ese canto a la libertad del pueblo, que la muchedumbre se dirigía hacia ellos. Un grito de orden llevo a la primera fila a hincar una rodilla en tierra. A pesar de lo fría que estaba la noche, una gota de sudor corría por su mejilla y otra por su frente. Tengo amigos que son del vulgo, me relaciono muchas veces con esos padres que están pendientes de que un pez caiga en las redes para alimentar a sus hijos, pensó temeroso el capitán, dios me libre de ver algún rostro conocido. Una rápida mirada tranquilizó su alma de soldado al ver que cada hombre estaba dispuesto, que ningún cañón de fusilero estaba temblando de miedo ante lo que se iban a encontrar. Estaban bien entrenados y estaba orgulloso de ellos y de sí mismo. 


-Recordad todo lo que habéis aprendido, se os ha dado un arma e instrucciones, sabéis seguir esas instrucciones y sabéis usar ese fusil que tenéis en vuestras manos. habéis disparado ese fusil que ya es como parte de vuestro cuerpo y está unido a vuestra alma. No confiéis ciegamente en el fusil confiad en vuestros instintos y criterios. Estamos aquí por órdenes de alguien superior a mi, si por este pobre capitán fuera, estaríamos todos aprovechándonos de las damas presentes con alguna sonrisa para disfrutar de un buen banquete de comida y de carne. Tengo hambre y de seguro ustedes también pero pronto todo terminará. - El silencio se hizo cuando asomaron los primeros rostros


Esos rostros doblaron la esquina de la calle que tenían a sus pies y parecían una analogía de el propio grupo del capitán, armados con picas algunos, otros con azadas pero la gran mayoría con armas de fuego, ya fuera cañón corto o largo. El capitán no cabía en si de la sorpresa. Los campesinos iban ahora gritando de forma caótica, para que los improperios contra el poder llegaran a los oídos de las damas y caballeros que residían en esa casa que debían de proteger a toda costa. No quería pensarlo pero cada vez era mas patente que eso iba a ser una masacre en cuando se disparara el primer tiro, ya fuera por parte de ellos mismos o de los otros. Una señal hizo que los rifles de sus soldados apuntaran a la turba enfurecida con el aumento de los impuestos y con la escasez de comida. Tomó aire lentamente y lo soltó con fuerza antes de dar la primera orden de disparar cuando vio que la gente se lanzaba salvajemente contra sus hombres. Lo que no se esperó fue la explosión que le dio de lleno casi en la cara y lo dejó inconsciente. 


Un pitido le sacudía los oídos de una forma cruel y la vista la tenia nublada, pero no sentía el duro pavimento de la carretera que salía de la mansión, sino un mullido lecho de plumas. Algo desconcertado sacudió la cabeza pero eso fue peor y un quejido de dolor se extendió a través de sus labios por toda la habitación ricamente decorada que él aún no podía percibir en toda su totalidad. A medida que los sentido se iban aclarando mas voces llegaban a sus oídos, pero muchas conocidas y por desgracia muchas exponían gemidos y gritos de dolor. Dolor, lo olía en el ambiente, dolor y muerte entre sus hombres. Quien diría que los campesinos atacaron un arsenal y un polvorín logrando hacerse con con cañones y demás armas. Un médico atendió su brazo roto, sus cinco costillas y un oreja que por desgracia había desaparecido con la explosión. Le dijeron que comandancia había hecho usar la mansión de la gente rica como hospital improvisado, que la defensa de la casa fue satisfactoria que la gente del vulgo se retiró. 


-Esos malditos traidores, desagraciados nos han jodido bien y para colmo las señoritingas están lo mas ricamente enclaustradas en sus habitaciones haciéndose la manicura o que mierdas se yo.-Se quejaba un hombre que era de los mas expertos tiradores que había conocido. También el mas sincero y mas abierto a la hora de expresar su opinión.- Las muy zorras no quieren ver ni en sus propias casas la desgracia que hay entre sus parientes o entre los que viven por debajo de ellas. Nunca experimentarán el dolor de una pérdida. Yo pedí ahora mismo a mi mejor amigo.-Dijo mientras una lágrima se perdía entre sus cabellos ya que miraba casi mas al techo que a otro lado. se giró y el horror se apoderó de la mente del capitán. Le faltaba prácticamente toda una mejilla y se veía hasta la mandíbula.- Y a mi nunca mas me alagaran las mujeres. 


-No todas están en la gloria, mi buen Serafín- Dijo el capitán al soldado que se llamaba serafín y señaló a la puerta pues escuchaba gritos desde el exterior. Al momento una dama de grandes ojos y de muy muy bello rostro, a la que había visto antes de salir a dar las instrucciones a sus hombres, había entrado en el lugar donde todos los hombres, muertos y vivos estaban tendidos. Esa dama era de gran belleza y había llamado la atención entre todas las mujeres presentes en esa fiesta. Cuando la vio pensó que tenía mas dulzura en una sola mejilla que la misma virgen María en todo su cuerpo pero también que era de esas a las que nada le importaba mas que su propio bienestar. Ella entró y se lanzó sobre el cuerpo de un difunto. Lloró y lloró, la histeria se adueñó de ella y las lágrimas caían. prontamente, la tensión y el dolor provocaron su desmayo.-Así que esa es la hermana de Bastian...tenía razón él, es muy bella.-Dijo entristecido el capitán mientras contemplaba como unos cuantos sirvientes que encargaban de llevar a la bella dama a sus aposentos. Cerró los ojos el capitán y tratando de ignorar el dolor que lo llenaba por dentro y por fuera se quedó rápidamente dormido. 


Pero a pesar de lograr dormir, las pesadillas de esa noche trágica no cesaron de atormentarlo durante el reto de su vida. 

miércoles, 26 de octubre de 2011

La princesa, el lobo y el manzano





Acariciadas por el viento, en medio de una soledad abrumadora, se encontraban danzando, las ramas de un manzano. No eran ramas especialmente fuertes y no era un manzano especialmente sobresaliente entre sus otros compañeros de bosque, que habían adquirido buena tonalidad por la captación mas que suficiente de los rayos del sol, que aportaban una especial dosis de vitalidad a sus hojas impregnadas en clorofila. Aún así, las manzanas de ese manzano iban a ser especiales ese día, ibas a tener un privilegio que pocos árboles podían tener. Nada parecía que fuera a perturbar la aburrida quietud del bosque, mas de pronto unos cantos amortiguados se fueron haciendo mas audibles. El bosque entero pareció quedarse en silencio para escuchar los cantos que prometían algo de compañía, compañía menos acostumbrada que la de las ardillas y los ratones, o los zorros y las comadrejas.


Por un sendero transitado por algún que otro comerciante en busca de aventuras mas que se negocio o por algún prometedor y venerado caballero, se acercaba una curiosa pareja que despertaría mas de una mirada curiosa a los ojos de quien se cruzara en su camino. La criatura que cantaba era una dama de mas o menos unos 5 años que tenía por costumbre ser bastante alegre y expresiva en lo referente a sus opiniones con respecto a diversos matices de al vida como los nombres de las personas si estos eran especialmente complejos o bien sobre la naturaleza de algunas criaturas de nombres un tanto exóticos que no serán narrados en esta historia. La pequeña dama resultaba tener unos ojos enormes que aportaban ya de por si gran belleza a su precoz y recién adquirida faz por obra y gracia del nacimiento. No era pues de sorprenderse que en un futuro muy lejano miles de pretendientes quisieran poseer el derecho exclusivo de sus ojos, de sus miradas de ternura y ensoñación. Alegremente iba la dama correteando por el camino y de vez en cuando tratando de subirse a su acompañante, no menos extraño que la criatura de 5 años. Cabe destacar antes de nada que la joven dama era en ese momento una mezcla perfecta de ternura y alegría pues con sus canciones podía llevar la felicidad a los corazones mas oscuros siendo catalizador de esto unas prendas muy bien escogidas destacándose un pequeño abrigo ni muy ceñido ni muy suelto, ya que empezaba a refrescar el tiempo. 


La visión ya de por si extraña de una niña tan pequeña en la soledad de un camino era aun mas enrarecida por la presencia de su acompañante y escolta, Un lobo de color negro que sinceramente no tenía mucho de normal, pues hembra no era y así se perdía el motivo por el que pudiera estar al lado de esa niña sin comérsela. Macho era pues, y ante él nadie podía estar en desacuerdo con los mandatos de la pequeña criatura que estaba acompañando a lo largo de ese sendero como parte de un paseo que por objetivo tenía el despejar la mente y buscar la inspiración para quien sabe que composiciones poéticas o literarias. El negro pelaje hondeaba acariciado por el aire frío que empezaba a venir de las tierras heladas del norte. Un cierto tinte de algo oscuro venía con ese aire pero nada iba a desviar la atención que solicitaba la bella dama cada vez que se abrazaba a una pata o al cuello del gran lobo (cuando se daba la rara vez de que lograra alcanzar este último). Los grandes ojos de ella impregnaban de un abierto sentimiento de ternura el corazón del lobo aunque este tantas veces lo había tenido que disimular que ya era casi costumbre en él. Por las demás ocasiones que la dama no estaba envuelta en una lucha contra el pelaje del lobo, el rostro de este acompañante animal se volvía circunspecto, taciturno, pensativo, reflexivo en miles de temas que circulaban por su cabeza y unas veces eran motivos de tormento o bien motivos de otros asuntos mas sugerentes. En esas últimas ocasiones era mas abierta la sonrisa y en su mirada se instalaba un sentimiento que o era ni por asomo la ternura que desprendían sus rojos ojos cuando posaba estos en la efigie de la pequeña niña. 


Los pasos de ambos eran tranquilos salvo algún ocasional correteo de la princesa que exhibía su corona de princesa y que cierto caballero de negra armadura le había regalado en una ocasión ante el asombro mágico de los presentes en la corte. En cuando el sendero se adentró en el bosque el lobo frenó en seco sus pasos y evaluó la situación que ante el se presentaba. Era un bosque desconocido, lleno de quizás mas de los suyos pero no tan civilizados ni tan grandes como él. Quizás hubiera ladrones o quizás alguna criatura maligna que le deseara mal a su protegida. Se sentó pes el lobo sobre las patas traseras pensando arduamente hasta que interrumpió su quietud física pero inquietud mental la joven dama. Venía corriendo con sus cortas piernecitas. Siempre le hizo gracia lo rápido que movía sus bípedas patas para enseñarle algo que había encontrado y de seguro podía ser la oportunidad de expandirse en amplias disertaciones. Pues era esta con seguridad tal ocasión cuando se presentó respirando agitadamente y dando saltos. 


-Obitoooooooooooooooo- Decía ella en un tono y acentos que robarían mas de un suspiro a algún joven principito de los que el sinceramente se desharía son la mas mínima muestra de piedad cada vez que se acercaban a jugar con su querida protegida. Sin embargo estas ideas no fueron mostradas en ningún momento y el gesto de abierta tranquilidad y disponibilidad a la explicación se hacían patentes.- Mira que me cayó en la cabeza.-Con enérgico gesto puso delante de él un hoja de árbol. Largos años entre bosques y midiendo cantidades precisas de estas para asuntos de alquimia y de pociones o ungüentos le hicieron examinar con ojos crítico lo que le mostraban y no fue erróneo en su juicio. 


-Una hoja de malus domestica mas conocido como manzano desde luego, lo cual me hace pensar con seguridad que si levantamos la vista encontraremos a dicho árbol amenazándonos con sus manzanas tan llenas de dulzura y conocimiento. -Efectivamente, un manzano sobre sus cabezas y amenazando con sus manzanas llenas de dulzura y conocimiento.-De buena calidad según juzgo. Maduras y de muy buena calidad sí -decía tranquilamente el buen lobo de negro pelaje y no tan oscuro corazón. Un pensamiento cruzaba su mente en ese instante aunque parece ser que la joven dama, ya sea de casualidad o por una oculta capacidad de lectura de mente, se adelantó a los pensamientos o mas bien pudiérase decir las palabras que iba a pronunciar el lobo de tranquila faz y elocuentes palabras. 


-Quiero una quiero una- Decía dando saltos la pequeña infanta mientras miraba casi como si del Santo Grial se tratara las manzanas pendurantes por endima de sus cabezas.- Esa -Señaló y sin mas preámbulo se dio una escena digna de epopeya y de legendaria narración por trovadores y juglares de todos los reinos y castas, razas y sexos. En un arranque de energía La dama se precipitó al tronco del manzano y se esforzó con su máxima fuerza en trepar a ese nudoso tronco para alcanzar alguna de las mas bajas ramas. Este espectáculo era admirado con cierta diversión por parte del lobo que e esforzaba en no reír y mantener una dignidad comparable a la de los caballeros de aquella Isla que llamaban Inglaterra o esa gran planicie que llamaban Francia. Tranquilamente el lobo fue admirando la determinación de la princesa que poco a poco fue resbalando por el tronco y se quedó ahí un rato con la frustración en el rostro. Antes de cualquier otra reacción el lobo puso en pie a la dama con la ayuda de una de sus fuertes patas. 


-Tranquila pequeña criatura, Yo me encargo de ello.-Exponiendo su mas lobuna sonrisa se acercó al manzano, se aclaró la garganta y con voz de lo mas dulce y aterciopelada le dijo al manzano.-Disculpa, oh venerable y antiguo manzano de este venerable y respetuoso bosque, somos viajeros cansados y fatigados por las millas recorridas y como escolta de la princesa que aquí puedes ver ante estos tus jugosos dulces y magníficos frutos, me preguntaba si ayudaría al menester de saciar el hambre de esta mi protegida por la que daría la vida gustoso si en peligro su vida se encontrara. Por favor os ruego la donación voluntaria de una de vuestras dulces y mas que apetecibles manzanas.-Y el lobo quedó callado como un muerto cuando en medio de un rebumbio de ramas el tronco empezó a encorvarse, señal de que la petición había dado sus frutos y nunca mejor dicho. 


Ese manzano que no era ni el mas fuerte o antiguo, alagado por las palabras del caballero de negro pelaje inclino sus ramas para que la propia princesa tomara a manzana que mas deseara. Sin duda todo un ejemplo de retórica por parte de uno y de honrada humilde y mas que agradecida generosidad por parte de otro. El estómago de la dama fue deleitado con una gran y tierna manzana que fue devorada tras ser lavada en un arroyo cercano. El rumor de los árboles hizo pensar al lobo que esa dama abría corazones tanto humanos como vegetales pues al paso que iban ni un solo bandido y ni un solo depredador les salió al paso. Y así siguió tranquilo y sin problemas mayores que un poco de hambre el paseo de la dama y el lobo. 

domingo, 23 de octubre de 2011

La dulce y negra noche

Noche perfecta, calma, estrellada, rodeaba su cuerpo en medio de la penumbra de esa habitación poco importante para ellos. Delicadas y sutiles caderas que se contoneaban al compás de una canción avanzaban peligrosas, malignas y dominantes, devorando en cada paso el terreno de lo que era ese corto recorrido hasta los labios del afortunado aventurero. En los ojos de ella deseo y dominación en los de él decisión y lujuria, también como en los de ella, en las que habitaban fervientes ganas de entrega para con su amante. Era la noche su ropa, ajustada a su cuerpo, lencería le decían los mortales, tejido enloquecedor pensaba el buen hombre que iba a ser atrapado por ese cuerpo hecho para el placer.


Dulce y poderoso era su perfume, que fue el mensajero que lo despertó cuando momentos antes esa oscura habitación solo se encontraba ocupada por un guerrero cansado que no pretendía mas que el de dejarse envolver en los brazos de la muerte o del sueño, quien antes acudiera. Su cuerpo estaba febril y el sudor corría por su frente, producto de una enfermedad que lo había postrado en esa cama. Pero nada mas lejos de sus intenciones de letargo temporal, ella suavemente hizo sonar unos tacones que eran sencillamente extranjeros de esa época y de ese lugar. Tacones malditos cuya única misión era hacer que los demás rostros que se había cruzado a lo largo del camino se giraran y compusieran una cara de alterado deseo. Una sonrisa arrogante se extendía por sus labios pero nada presagiaba que su víctima había de estar débil para que su juego resultara mas divertido. El perfume despertaba los mas viejos y antiguos instintos y nada se podía comparar a la idea de ser depositario de caricias y besos en ese cuerpo de pecado que avanzaba por las escaleras. Subiendo las escaleras trató de ser sigilosa sin lograrlo pero fue, como ya se dijo, ese perfume maldito el que despertó a esa víctima nocturna. 


Y así llega el momento inicial en el que la puerta, sin que nadie la toque, se abre poco a poco, sin chirriar como habitualmente lo hace, como si esta fuera cómplice de un secreto encuentro entre dos entidades que se van a consumir, o que al menos una de ellas se consumirá para siempre en medio de los vapores del placer y la lubricidad. Los ojos desencajados de la sorpresa hacen que ella suelte una pequeña risa pícara que haría estremecer al mismísimo Dios y lo haría tentarse de la redondez de sus pechos, cubiertos por ese corsé que parece a la vez tan elegante y sencillo de arrancar en desgarros de brutal deseo. Sus caderas bailan al son del taconeo de lentos pasos que se acercan a él. Solamente el perfil derecho de su cuerpo se puede ver pues únicamente desde la ventana que se encuentra a ese lado de su cuerpo entra la luna llena dando de lleno en su escultural figura, que enloquecidamente  lo va atrapando. Primero atrapó su olfato, lleno por ese perfume que fue llenando su mente de embotadores pensamientos, de oscuras fantasías que no hacían por mas que lo intentara que llenar sus pantalones de un abultamiento prominente. Su cuerpo estaba siendo periódicamente quemado por su cercanía que en un instante se había reducido al limite de la ropa de ambos. El torso desnudo de él reflejaba no solamente el asfixiante calor sino el deseo que estaba consumiendose en su interior y que no lo dejaría dormir. 


Esa criatura pérfida y malvada no era ignorante de ello y poco a poco fue arrinconando a ese caballero desdichado contra la cama y sentándose sobre su vientre fue poco a poco arañando esa piel. Los labios llenos y delicados de ella se paseaban lentamente por su cuello, saboreando la piel. el sudor, la lujuria que desprendía el cuerpo de ese afortunado desgraciado. Las medias negras y el liguero estaban perfectamente colocados y las piernas estilizadas por el calzado de cazadora no hacía por mas que acrecentar unas sensaciones que deberían de estar prohibidas para los sencillos humanos como él. Un suave y malintencionado gemido se estrelló preciso y mortal para la cordura contra el oído de ese guerrero que sencillamente cedió al deseo y de un solo tirón deshizo las lazadas que ese corsé mas que odioso para poder deleitarse con la suavidad y el calor de su piel. Era tan sedoso su cabello y la piel de su espalda, todo en ella era perfecto. ´´Que estoy haciendo?´´, pensaba el hombre, ´´que hago aquí siendo cazado por esta criatura infame y deliciosa?´´.Pero nada mas que acertó a pensar eso pues los labios de ella recorrían su debil y delicado cuello, dejando pequeños mordiscos y en seguida ambos se unieron en un solo ser. 


Al momento Estaban desnudos y ella de vez en cuando se hacía con el control de sus sensaciones dejando arañazos en su pecho, riendo de malicia y de lujuria, con depravación y descaro contra el cuerpo de ese humilde caballero que se reponía de una herida. La debilidad se había acrecentado y ella lo domaba poco a poco hasta que en un arrebato de placer ese suicida se rebelo contra su improvisada ama y quedando él encima de ella fue embistiendo, consumiéndose lentamente entre los muslos de la muer que lo había estado acosando hasta en sueños muchas noches antes. Sus miradas se encontraron muchas veces si pero esa era la batalla definitiva, Ambos estaban destinados a destruirse y a ser diferentes pero tan iguales. Tan segura de su victoria estaba la diablesa que se dejaba hacer tranquilamente pensando que en cualquier momento desfallecería su presa pero nada mas lejos de la verdad. 


A medida que pasaba el tiempo la fuerza de este aumentaba y alguna que otra acción de lo mas inhumana y algo cruel se dejaba hacer el cuerpo de esa enviada de los infiernos. La mirada de él se había vuelto menos enfermiza hasta que al vitalidad y la actividad cubrió la luz de su mirada y de esta luz pasó a una oscuridad casi total que pilló por sorpresa a esa criatura malvada que iba a ser castigada por su atrevimiento. Los dientes de él paseaban y mordía por el cuerpo de la dama oscura, que gritaba y gemía repetidamente, desconcertada sorprendida y complacida por encontrarse algo que se salga de lo normal en esos tiempos tan llenos de entes débiles y desquiciados. Este tipo de razonamientos se fueron haciendo mas dificultosos en tanto que el ser que la estaba poseyendo ahora a ella iba tomando mas y mas fuerza en su interior y ahora era ella la que comenzaba a sudar. Era inaudito que un ser tan poderoso como ella se cansara de algo o que se sintiera abrumada o a congojada pero así era. No estaba acongojada pero si muy abrumada por las fuertes embestidas que le daba esa bestia que la miraba como un verdadero maníaco, como un cazador, y así fue ne los últimos instantes. 


Nada mas golpearles a ambos un clímax que no por asomo lo dejó a el muerto entre los muslos de ella, do alas negras como la noche se desplegaron ante los ojos de la diablesa que tragando saliva contempló a su señor con una sonrisa en el rostro de este que solo presagiaba que ese juego había recién comenzado. 

sábado, 15 de octubre de 2011

La alcoba

Unos ansiados labios de perdición, tentación y la devoción mas infinita Se encontraban perfectamente curvados en una sonrisa y susurraban una necesidad palpitante de saciar una sed milenaria en los de ese caballero que había llegado a sus aposentos y había colocado la armadura a un lado para poderse entregara esa dama, dueña de unos labios llenos y rojos como si la sangre acabara de teñirlos hace escasos momentos. De las comisuras de estos no salían ni arrugas ni nada que se le pareciera y pudiera arruinar ese rostro casi perfecto. Sus ojos estaban cerrados pero no dormía la dueña de ellos sino que sencillamente se estaba rindiendo como por una especie de juego ya conocido pero que nunca aburría a esos labios mas duros y mas severos, que acostumbraban a impartir ordenes en los campos de batalla. Pero en ese momento la rudeza y toda la brusquedad en las batallas se tornaba en susurrantes frases dichas contra los labios de terciopelo de esa amante que lo esperaba cada poco tiempo en la habitación mas ricamente decorada, entre sedas, terciopelos que no tenían nada que comprarse o envidiar a esos labios de la que habitaba en esa estancia y muebles exquisitamente decorados, pinturas de escenas que motivaban la imaginación mas ardiente de cualquier hombre y el sonrojo de cualquier mujer. 


Habían desaparecido las ropas de ambos pero no había pasión, esta quedaba relegada a un según plano pues ese día la ternura los invadía a pesar de que alguna frase lasciva cargada en aliento de sulfuro se estrellaba contra esos labios prohibidos de la dama. Una mano poco a poco estaba acariciando su cabello y lentamente fue descendiendo para que así se pudiera llevar a cabo un peregrinaje secreto de fin cierto y sabido pero que siempre tenia unos resultados sorprendentes. Las palabras eran susurradas, solamente las podía oír ella de los labios de él, que estaba rendido al placer que ya deseaba experimentar cuando las llamas los envolvieran en medio de un apocalipsis de besos y de caricias. El vientre de ella se contrae al paso de esos cinco dedos que dejan caricias y sensaciones d cosquilleo en su cuerpo de diosa. Y su cuerpo ...


Su cuerpo es una perfecta conjunción de proporciones que fue no mas que el capricho de los dioses antes que una sencilla casualidad. Sus curvas estaban preparadas para contonearse en un paso decidido que atrapaba las miradas de hombres y mujeres por igual, que siempre tenían que sonrojarse por la fuerza y desviar la mirada turbadas en la envidia que sentían por no poder poseer el atractivo de esa dama que estaba por encima de las posibilidades de todos ellos, a los que muy pocos podían acceder. La voz que llegaba a sus oídos rendían su mente y poco a poco eran esclavizados por esa dama que podía tener a sus pies a cualquier ser o ente superior e inferior a al condición de ella. Sus largas piernas se movían juguetonas atrapando el cuerpo de su amante en ese instante y las miradas se encontraban. Los ojos d ella eran enormes, capaces de irradiar la ternura que mas cercana estaría a las de una madre, o la lujuria mas atrayente y excitante. Poco a apoco la cintura de él estaba atrapado por sus largas piernas y una sonrisa picara con mucha inocencia impregnada fue quemando la voluntad del caballero. Este se trató de vengar y susurrando suavemente el nombre secreto de ella quedó lentamente atrapado por el sensual abrazo de esa reina de sus suspiros de placer. Toda sus tentadora figura estaba atrapándolo de una forma inexorable e inevitablemente dulce, con ternura y a la vez decisión. El roce de las pieles despertaba chispas que prendían a veces las sábanas y que eran apagadas por el giro y el movimiento de los cuerpos. 


Sus labios se unieron finalmente y los alientos se entremezclaron, dulces, cálidos y sedosos, entre los labios del otro que tenían frente a sí. Todas las caricias estaban siendo dispersadas a lo largo de la piel que ella que poco a poco dejaba algún arañazo en la espalda de él , señal inequívoca de que esa ternura poco a poco convertía en una pasión desmedida que podría quemar toda la habitación. El calor estaba siendo repartido entre esas dos entidades que se entregaban y los cuerpos no dejaban de lanzar esas señales imposibles de ocultar. Una mirada de necesidad en ella, un susurro suave pero lascivo de él, que había sido abandonado por su educación elitista y todos sus conocimientos sobre la guerra para ser poseído por un animal que solamente quería beber en la llanura de ese cuerpo, cuya hierba es una piel morena, suave, cálida, que gusta de hacer estremecer con suaves besos en su cuello y a lo largo del cuerpo cuando las ansias lo devoran por dentro. Lo besos fueron deslizándose por su piel, por esa piel tan tentadora que conocía bien y sus manos empezaron a extender las caricias por sus costados para que las sensaciones fueran mas y mas notorias. 


Ella suspiraba y sus manos acariciaban el cabello de ese hombre atormentado en algunas ocasiones por sus propios conflictos mentales y su pasado cruel y y que lo había marcado pero en ese momento también ella era su bálsamo de salvación para que los problemas se marcharan. Los besos se fueron marchando poco a poco hacia el sur y los cuerpos desnudos se rozaban dejando salir llamaradas, aumentando la temperatura de esa estancia ricamente decorada para el disfrute de su dueña, Una sonrisa de complacida diversión se extendía por los labios de ella hasta que esta dama de cuerpo perfecto se mordió uno de forma picara y lasciva, mirando a ese hombre que poco a poco hundía los besos en un infierno poderoso de irresistible atracción, sediento por el placer que estaba empapando el cuerpo de ella. El cuerpo de la dama estaba dispuesto a todo y lo estaba disponiendo todo para enloquecer los sentidos de ese ser oscuro que tenía adicción a los fuegos que despertaban juntos cuando una sola mirada se cruzaba entre ellos. 


Con paseos lentos y tortuosos de sus caricias y de una lengua sedienta, poco a poco se fue consumando un acto apasionado que terminó en una explosión de mil matices de sabor y de sonidos. Saciada la sed de uno y los deseos de otra, poco a poco y regresando con besos de adoración a lo largo del cuerpo de la dama hasta los labios de terciopelo de esta, se besaron y al ternura volvió a sus gestos y miradas. 

viernes, 7 de octubre de 2011

Lejos de ahí...

En la noche, cobijada por finas sábanas de seda, una mujer dormía apaciblemente, su rostro tranquilo y la respiración pausada de una dama durmiente. Las estrellas y la luna la contemplaban a través de una ventana por la que circulaba la brisa en esa noche inesperadamente calurosa. Su sueño era profundo, muy profundo, plagado de ensoñaciones de todo todo tipo de realidades contrapuestas y de sensaciones, unas mas bellas y mas descriptibles que otras, que a veces la atenazaban con un nudo en la garganta. Su cuerpo reposaba en un lecho y sus formas se adivinaban a través de las fina cobertura. Sus labios estaban ligeramente entreabiertos por los que pasaba el fresco aire nocturno. De nada le servían como advertencia advertencia alguna cuando, contra la luna, se recortó la figura de un ser de negras alas con unas plumas negras que podían hacer que la propia oscuridad pareciera brillar a su lado que venía esa noche en calidad de invitado inesperado a la habitación de esa mujer bella como un día soleado. La luna se tornó roja al paso de uno de sus mas fieles siervos que prontamente fue a parar al marco de la ventana lo que hizo mezclarse a la brisa con un aroma fuerte, entre infecto y dulce y apoyándose en el marco de la ventana una sonrisa coronaba el marco de dos filas de cientes que estaban claramente destacado por la presencia de dos colmillos. Con un lento deslizar de las alas, como si de un fantasma se tratara su cuerpo se posó cual pluma que cae por si sola a la espalda de la dama y un brazo rodeó su cintura. Inclinándose en su oído las palabras salían suaves susurrantes. Declaraciones de todo tipo cuyo único objetivo era tentar a esa preciosa mujer, que ya con los ojos abiertos se estremecía víctima de su alado amante nocturno.


Lejos de ahí, el águila relumbraba en la gorra de un oficial de la mas alta graduación que sentía los disparos enemigos silbar por encima de su cabeza. Su mirada decidida y fiera, sus facciones contorsionadas en un gesto de duro rechazo a la rendición le hacían gritar mas y mas cada consigna que en su bando se gritaba para que los soldados no retrocedieran. El grueso abrigo de paño de las tierras del este hondeaba mientras el tanque avanzaba imparable junto a otros tanques. Antes de ser alcanzado por una bala el oficial se despierta y se engalana en la mañana para recibir a la persona que mas desea ver. Con descaro luce una sonrisa arrogante que le hace parecer mas creído, mas odioso quizás pero también mas elegante, y con se uniforme verde oscuro y el abrigo negro de paño grueso que tan bien viene para las noches frías. Mas esa noche fría no sería pues a la zaga iba de prisioneros y a su prisionera la encontró donde siempre. Ahí estaba ella tan informal y a la vez seductora, mirándolo con una sonrisa traviesa en los labios y una mirada dulce y pasional en los ojos. Se acercó él a ella y ella inmediatamente se apresuró a posar sus labios en los de él susurrándole unas cuantas afirmaciones sobre lo que suponía para ella esa cruz gamada, esa planta y ese uniforme. Y las palabras abandonaron el sentido y prontamente los suspiros estaba siendo lanzados a lo mas alto de la noche a lo mas profundo de esa oscuridad asesinada únicamente por el brillo de la luna que se teñía en rojo poco a poco. La noche fría ya no sería fría para ninguno de los dos. 


Lejos de ahí un hombre se hacía con el control del cuerpo de una mujer. La había asaltado en un callejón y con descaro y sadismo arrancaba la ropa de su cuerpo para poder exponer mas y mas piel que acariciaba ávidamente en medio de la noche. Su lengua se paseaba por el cuello de ella, por esa yugular fina, azulada, dulce, apetecible y tentadora. Su piel pálida Destacaba contra la morena de ella y su delgadez no le impedían acumular una fuerte ansia por poderla agarrar mas firmemente y explorar con impunidad su cuerpo ya casi carente de toda prenda. Ella se dejaba hacer, no por el shock, sino por seguir el juego de ese su atacante que la deseaba a ella y solamente a ella esa noche por encima de todo cuando se la encontraba en un camino solitario, cuando la veía ´´vulnerable´´. Y la acechaba para llegar hasta ese punto en el que se encontraban ahora mismo, excitados, deseosos de consumarse en un acto cien por cien carnal que no conocería las barreras de la misericordia hasta que ese atacante violento y carnívoro consumara todo su deseo en el interior de ella. Contra la pared fue empotrada y lanzando un agudo gemido el acto de la violación comenzó y el deseo entre los dos se acrecentó a lo largo de toda una noche.


Lejos de ahí un joven yacía en una cama cómoda aunque no muy ricamente decorada, sin embargo el detalle no radicaba en la cama sino en lo que tenía a ese joven desnudo, con los ojos como platos y una expresión de felicidad enorme en el rostro, en ese momento transformada por la expresión de placer que transfiguraba sus rasgos por causa de la diosa que ese día venía a cobrar su ofrenda de placer. Su voluptuoso cuerpo se dejaba explorar con libertad por esas manos sedientas de la piel de ella, las palabras salían arrastradas entre los quedos sonidos de placer que poco a poco aumentaban de tono a medida que el ritmo de ese sensual baile de caderas sobre su centro de poder se acrecentaba a una progresión que rozaba la tortura. Fielmente el afortunado mortal fue siendo consumido en el placer que ese cuerpo le estaba haciendo sentir. El nombre de ella era invocado una y otra vez de forma lenta, entrecortada aunque por ser un nombre corto no sería menos dificultoso de pronunciar por esas oleadas de placer casi infinito que ese cuerpo le proponía y el aceptaba, hechizado, en experimentar. la diosa lo miraba ardiente, sensual y provocadoramente, le daba lentos movimientos para obtener la mas notoria suplica de mas y mas placer. En esa noche la diosa se consumó lentamente con ese mortal afortunado hasta el alba.


Lejos de ahí, en el mismo infierno, lucifer pasea intranquilo entre los rincones mas malditos de su morada, contemplando con indiferencia a todas las esclavas y diablesas que pretenden seducirlo, mas él está harto siempre de los mismos y lujuriosos entes que se dedican a propagar la lujuria por el mundo, el pecado de la carne que a él tantos bueno momentos le ha hecho sentir. Sentándose en su trono las criaturas del mal y la avaricia se acercan a él en busca de favores pero pronto se detienen ante su mirada y ante la presencia de alguien que esa noche bajaba a su hogar, a su refugio de miserias y de pecados, de todo tipo de atrocidades. Lucía esa diosa de la discordia y e placer finos ropajes que parecían de lo mas sencillos de quitar y sin mediar palabra sus miradas, encontrándose en una décima de segundo antes que sus labios se dijeron todo lo que había que decirse cuando con agilidad y ligereza Eris se posó en las piernas de Lucifer y le miró a los ojos acariciándole el rostro a la par que sus labios danzaban extasiados por el sabor y detección de esencias atávicamente antiguos pero irresistibles para el resto de sentidos. Al momento estaban ambos destrozándose en la cama, destrozando la cama, llenando de sangre las paredes, el techo, las sábanas y que decir del resto de inmobiliario de una habitación bellamente iluminada ante la mirada lasciva de todas las criaturas del infierno que consumaban sus esencias en miles de pecados antes de morir de un orgasmo en la sola contemplacion de esas cuerpos desnudos dedicándose tanto placer que la mas equilibrada mente se desharía en gemidos antes de enloquecer. Eris susurraba el nombre de Lucifer, Lucifer susurraba el nombre de Eris y poco a poco, durante esa noche y otras muchas mas se consumaban y se volvían a pelear las esencias, repudiándose y a la vez aceptándose de tanto placer, removiéndose por las oleadas de intensa lujuria que se hacían sentir el uno al otro con los cuerpos que tan expertamente se movían. Cuando la tranquilidad parecía adueñarse del lugar, el mas mínimo roce provocaba de nuevo la explosión de besos y suspiros, de jadeos y gemidos, de suplicas y  afirmaciones lascivas y obscenas sobre objetivos donde el único logro era lograr el placer propio y ajeno en explosiones continuas de placer. Esa noche estuvieron la diosa y el demonio dándose placer... y la siguiente.... y la siguiente... 


Lejos de ahí los dos amantes se miran a los ojos. yacen uno al lado del otro, abrazados, muy cerca, muy pegados los cuerpos para sentir toda la anatomía del otro. Las sonrisas de alegría y de tranquilidad así como los suspiros de esa misma tranquilidad salen de sus labios y las miradas encontradas se transmiten todo lo íntimo que acaban de compartir. El dedo de la bella dama pasea inocentemente por el contorno del rostro de él, que e estremece imperceptiblemente, aun sensible al placer en el que se sumergieron hace unos momentos.   Los dedos a continuación pasean por el cabello largo y el rostro femenino, dulce, de grandes ojos y bella sonrisa se acerca con sus labios a posarse sobre los de su amante. Un beso lento, suave, confidencial, secreto, misterio sabido a voces por los habitantes de los alrededores, va expandiendo una sensación aún mayor de tranquilidad en el cuerpo de ambos. 


Un único susurro de ella:


-Lucifer... 


Un único susurro de él:


-Eris... 


Para mi bella y dulce amante, que siempre ha sabido escucharme, consolarme, que nunca ha tenido reparos en hacerme sentir un dios arrogante y a la vez un siervo fiel y humilde, sexy e inteligente, bueno pero no malo,  señor y esclavo de ese cuerpo que tanto me tienta a besar y tocar cada día. Espero que este pequeño regalo te halla hecho sonreír un poco, que sea quizás no lo mejor que se ha hecho nunca por alguien de tu gran calidad como persona pero que sea un aliciente para que seamos mas y mas amigos, mas amantes o aunque sea pues mas nosotros mismo. La comodidad de tu presencia en mi vida es algo que agradezco cada día mas. Mil gracias por hacerme sentir tan bien y tan querido ya que yo también te quiero y lo sabes.

sábado, 1 de octubre de 2011

Los caballeros de Gaia

El sol daba brillo a su plateada armadura con filigranas en dorado y los diamantes incrustados al final de estas daban mas brillo y fulgor a esa impecable protección para el pecho y el vientre que lucia tan elegantemente a la vista de todos los presentes. En las piernas las musleras y las espinilleras de acero forjado en la forja estaba igualmente decorado para hacer alarde de poder y orgullo así como de posición social pero también para mostrar al mundo quien era el mas grande de todos los caballeros pues en cada diamante se veía la sonrisa de una dama que había logrado salvar de la desgracia. La armadura no tenía ni un solo golpe, estaba nueva y ese era el inconveniente quizás para que algo saliera mal pero la fortuna estaba siempre de parte de los ganadores. Con decisión sus pasos le llevaron junto al salón en el que se encontraban los demás aliados en la batalla que librarían. A su entrada todos los presentes se pusieron en pie en gesto de respeto y una sonrisa leve se apoderó de su rostro. No era arrogancia ni ego crecido solamente la idea de juntar con todos sus aliados para poder disfrutar de unos instantes de discusión y de estrategia antes de la batalla que se avecinaba en unos pocos momentos. Los rostros eran serios, clásicos de cualquier caballero que se encuentre espectante ante la posibilidades de perder al vida o de obtener la gloria en una mitad perfecta de posibilidades. A lo largo de la mesa estaban los demás caballeros. 


De los bosques del norte estaba un caballero de armadura verde, completamente verde aunque con filigranas un poco ams oscuras fingiendo ser escamas, que podría pasar perfectamente desapercibido si se ponían cuidadosamente entre los arboles de sus tierras. En su yelmo se encontraba tallada la cabeza de una serpiente. Se lo veía de mirada profunda pero a la vez serena, como si supiera mejor que nadie lo que se acercaba de antemano y estuviera seguro de esa victoria que alcanzarían en la batalla. Terribles eran las serpientes pero a la vez sabias pues observan lo que es necesario observar y estudian mejor que nunca como hacer los pasos adecuados para hacerse con sus presas. Era consciente el caballo recién llegado que de sus artes dependía mucho el resultado de esa batalla. Sobre la mesa descansaban dos dagas de factura sencilla pero que eran mas que letales en las manos de ese buen y sabio hombre.


Estaba también un caballero de armadura con tonos marrones y filigranas en un marrón mas oscuro de un metal desconocido por el diamantino luchador. Este bien hombre llegaba de las montañas y era robusto como un oso, algo mas que obvio dado que en su yelmo se veía un oso en pleno rugido. Sobre la mesa había depositado una espada de mandoble que según se vio a lo largo de los años de lucha a su lado era capaz de manejar con tan solo una mano. Una fuerza de titan como la suya era mas que necesaria y de mucha utilidad cuando había que hacer una carga especialmente fuerte. Verle venir de frente era motivo de temor y miedo para con muchos de esos enemigos indignos  los que habían machacado juntos. Sus ojos eran quizás un rasgo curioso en el ya que irradiaban la sencillez y la bondad de una mama oso a pesar de su destacada y probada hombría. Si algo no aguantaba era ver sufrir a los que son mas pequeños que él. y pocos eran mas grandes que él. 


Al lado de este, dando a entender que eran parte del mismo hogar en común se encontraba un caballero de aspecto desde luego mas menudo que el de el enorme caballero Oso. También ataviado con colores pardos pero alguna que otra mancha rojiza, miraba a los presentes con una sonrisa que embargaba de temor por los pensamientos propios a cualquiera y lo hacía comedirse a la hora de hablar pues era la agilidad y al astucia su fuerte. Efectivamente, su yelmo tenía la forma de una cabeza de zorro y su versatilidad le permitían tener en presta disposición dos espadas de empuñadura color marrón rojizo como el de su armadura. Era de los mas inteligentes y a su alcance tenía una buena cadena de consejeros que le decían los movimientos ocasionales del enemigo antes de enfrentarse a ellos. De inestimable ayuda si podías pasar por alto cierta arrogancia e intenciones aparentemente oscuras pero al final siempre nobles en su mirada. Cuando él y su amigo de la espada de mandoble que era capaz de manejar con una mano coincidían en el campo de batalla o cargaban al lado uno del otro entonces eran imparables. Sus comentarios con segundas e incluso terceras intenciones eran tomados a broma muchas veces salvo si se encontraba a su compañero cornudo que aparece a continuación


Otro caballero destacaba y provenía de las montañas mas escarpadas que uno pueda recorrer con el mas alto riego de despeñarse. En su yelmo lucía una cabeza de carnero o de cabra con unos cuernos bien retorcidos como los pensamientos de una mujer y temibles como las palabras de una mujer retorcida y despechada con los que a veces embestía si el combate se llevaba a cabo no a caballo sino en el suelo a la altura de sus oponentes de a pie. Su arma era una gran hacha que estaba bien afilada y sus movimientos eran lentos cando atacaba con ella pero a la hora de dar cabezazos no tenía rival y muchos enemigos tenían en cuenta mas los cuernos y los insultos que salían de su boca antes que el arma que portaba. Su armadura era pesada pero le permitía bastante libertad de movimiento. Su color en las placas de metal eran de un gris bastante claro. Su tozudez era legendaria y pocas tabernas aguantaban su paso. El caballero diamantino se alegraba de tenerlo de aliado y no de enemigo. 


Frente al caballero serpentino había otra serpiente pero esta era negra y sus ojos fríos miraban los del caballero de la serpiente verde. La serpiente negra y verde tenían un pasado bastante oscuro a sus espaldas, cada uno con respecto unos pecados u otros. Los ojos de uno pretendían derribar las barreras mentales y psicológicas del otro. En la mesa tenía este caballero de oscurecida armadura y con detalles de escamas de reptil dos dagas que nunca dudaba en usar y cuyo veneno le aseguró que cada vez que desenfundaba sus armas las víctimas no salían vivas. El contemplar a ambas serpientes combatiendo con sus dos dagas cada uno(ya sean contra enemigos o entre si cuando ´´entrenaban´´) era un espectáculo tan comparable en admiración como la fluida retórica del zorro o de su mejor amigo el búho. Y así en las largas sesiones de estrategia y demás las miradas no se separaban la una de la otra y ni siquiera las bromas del caballero del zorro eran capaces de demudar sus rostros o desviar la atención. 


Al lado estaba un anciano caballero de armadura azulada como el cielo pero en tonos mucho mas metálicos por obra y gracia de una serie de aleaciones que solamente el conocía pues eran grandes sus conocimientos. Sus ojos irradiaban una sabiduría casi ancestral y todos los demás caballeros le tenían mas respeto a su persona que incluso a sus propias armas. En ese mismo momento, ignorando aparentemente a los demás caballero se encontraba leyendo un libro de lo mas interesante sobre como cocinar con diversas especias. Siempre leía y parecía que pocos libros le quedaban para ser el hombre mas sabio del mundo conocido. Una espada bastante mellada reposaba en la mesa y siempre estaba dispuesto a escuchar y a dar consejo de todos los que para él eran sus discípulos. El búho gozaba de la admiración no solo de los caballero ahí presentes sino también del pueblo llano. En su discreto señoría reinaba con justicia y con magnanimidad, sin impuestos asfixiantes. En combate el viento estaba siempre de su lado. 


En un reposo sempiterno pero que mostraba solo para el mas experimentado observador se encontraba el caballero pantera, que tranquilamente miraba a los demás mientras estos esperaban las palabras de su líder el caballero diamantino. Su armadura poseía unas placas tan lisas que algunas damas incluso las confundían con el verdadero pelaje de una pantera de las selvas mas lejanas a ese campo de batalla. Era su arma un arco de doble curva, muy largo y con el que alcanzaba siempre al primer enemigo antes de que él y de que sus aliados se pudieran lanzar sobre los demás contrincantes. Era reposado, paciente pero bastante territorial en cuanto a sus cosas. De su mirada traslucía una impenetrable oscuridad que solamente desaparecía ante la presencia de buenas compañías como la de sus camaradas ahí presentes. El caballero pantera desaparecía siempre en la noche cuando su armadura rodeaba su cuerpo ágil y de rápidos movimientos. El yelmo felino que cargaba consigo era de gran respeto entre sus enemigos y siempre que la noche caía sabían que sucumbirían ante las flechas de ese cazador consumado de seres despreciables. 


Con su puntiagudo yelmo en forma de cuervo se encontraba este caballero de impenetrable mirada que al igual que el caballero pantera parecerá estar relajado y a la vez alerta de algo, mirando nerviosamente a todos los presentes y en especial mirando sus ojos. Era amigo de la pantera y ambos eran excelentes tiradores aunque el cuervo, sin saberse los motivos portaba una ballestea de lo mas potente, capaz de perforar armaduras a mas de 200 pasos. En la noche la pantera y él se iban a celebrar sus particulares ´´fiestas´´ al campamento enemigo. Su armadura era también de gran ligereza y en el campo de batalla era fiero y siempre predispuesto a arrancar los ojos de sus enemigos, algo que se le advirtió de que no hiciera,. Una costumbre que trata de dejar mas a veces es muy fuerte la tentación. Debe de pagar cada ojo de alguna forma justa que generalmente impone el búho cuando el juicio es grave. Nadie le comprende. 


Muchos mas caballeros estaban presentes. El caballero mantis, tan místico y concentrado en su interior el caballero araña, hábil a la hora de lleva a cabo varias cosas a la vez como matar y rematar. la grulla, de extrañas maneras y costumbres pero de graciosa forma de luchar (graciosa no de que haga gracia sino de que  posee una elegancia anormalmente pronunciada) el sapo, bajito de ojos saltones, haciéndole justicia a su puesto la rata, el perro, fiel a principios dignos de ser proclamados por mas de un edicto real con todas sus proyecciones hacia el pueblo llano, el gorrión, con su humildad y su honradez. Y muchos, muchos mas. 


-Hermanos- anuncio el caballero diamantino a la parque refulgía uno tras otro esos diamantes que tan cuidados y finamente tratados habían sido por los mejores orfebres de la capital del país. - Hoy es un gran día. Juntos haremos las gran proeza de cargar contra el enemigo y derrotarlo y cada uno de vosotros es un eslabón de vital importancia, una púa de gran filo en ese alambre de espino, un filo mas que hay que temer. Todos nosotros dominamos la luz y la oscuridad así como recibimos la bendición de la tierra y el agua, del viento y del fuego. Que de esto último de fe nuestro hermano escorpión. -El caballero escorpión hizo una inclinación en señal de afirmación ante tal indudable hecho.-Vamos a montar en nuestros corceles y a hacer la carga de caballera mas prodigiosa de la historia de este mundo que aun tiene mucho por ver. Todos seremos hermanos unidos en sangre y espíritu para hacer frente a esas miserables criaturas que se hacen llamar a si mismo los herederos de esta tierra, pues esta es nuestra tierra y así se lo vamos a demostrar. Y miran a los que son como nosotros con arrogancia y se creen superiores a nosotros. Pero hoy seremos mas fuertes aun de lo que siempre fuimos pues vamos a contar con la presencia de un hermano que largo tiempo estuvo perdido peo ha decidido unirse de nuevo a nosotros. 


Las puertas se abrieron y en la sala penetró un caballero embutido en una densa y negra armadura sin detalle alguno que diera a entender el animal que habitaba dentro del alma de ese hombre que había pasado por duras pruebas para ganarse las espuelas. Con paso decidido se puso en su lugar y desenvainó una espada sencilla pero ligera aunque no por ello menos afilada y resistente. La empuñadura y el pomo eran negros y representaba a un lobo con la boca cerrada en pose de estar cavilando su siguiente movimiento, algo muy contrario a su yelmo que era una cabeza de lobo rugiente, fiera, dispuesta a matar por el bien de ese objetivo que tenía en común con todos esos hermanos que le recibieran con un saludo marcial. Ni un murmullo en toda la sala pues esos caballeros eran amantes del silencio y de las buenas maneras así como de gran educación (enseñada por el búho que era una experto en protocolo y en moral así como ética y filosofía entre muchas otras ciencias). Se quitó el casco y dejó al descubierto dos ojos marrones cargados de dolor, de ira, de furia, de ansias de algo que provocó una gran sonrisa en el cuervo. a serpiente negra y la pantera y de preocupación en el oso y el búho. Este último miró miró a su alumno y conociendo a ese joven muchacho con esa mirada tan llena de dolor supo que después de la batalla tendría que hablar con él. 


Miró el caballero lobo al caballero diamantino y asintió en gesto de saludo y sin mas ni mas el caballero diamantino con un gesto disolvió la reunión. 


Se fueron todos a montar en sus respectivos caballos que estaban engalanados con los colores y los motivos de decoración de sus respectivos animales interiores, de cada espíritu que habitaba en las montañas´los ríos y los bosques. Se colocaron uno al lado del otro hermanados por esa causa que era la supervivencia del mundo que conocían y por el darían la vida en salvar a su madre Gaia y a sus hermanos. Con la experiencia como capa, las batallas como lecciones de madurez y sus hermanos como aliados, los caballero de Gaia cargaron con la fuerza de la naturaleza en las lanzas y en cada paso que daban sus monturas encarándose a un ejército mas numeroso que ellos y que les temían como si los mismo dioses fueran los que se cernieran sobre ellos. A los aullidos del lobo siguió el golpe de las lanzas y los gritos de dolor y guerra.



Pensamiento de escritor 18

Ya no puedo confiar en la gente nueva que llega a mi vida. Solamente a aquellos que toco o miro a los ojos son los que me merecen quizás una sonrisa. Pero en este mundo que es Internet ya no hay cabida para la confianza y la amistad salvo con las personas que ya conozco de hace tiempo. De hace mucho tiempo. Como amistades solamente puedo considerar tres nombres de toda la larga lista de gente que he conocido en la red y la verdad es que me resulta algo desesperante que tras tanto tiempo en foros y demás solo me queden buenos recuerdos de tres personas. Esas tres personas creo que se muestran tal cuales son y las otras pues o están ocupadas en temas mas importantes (los cuales respeto) o sencillamente no se puede confiar en ellos. Y ahora me encuentro aquí escribiendo sobre lo mierda que es la vida por estos lares y que no se la recomiendo a nadie porque si es tan desconfiado como yo entonces pues lo lleva claro. Y aun con esas tres personas a veces me pregunto hasta que punto en algunas cosas me están diciendo la verdad. Muchas personas de las que he sabido me han dicho primero una cosa y después otra haciéndome sentir un tonto por no saberlo antes, quedándome yo con toda la culpa y ellas con toda la idea de que yo soy el tonto y ellos los listos. Y eso siembra la desconfianza entre los amigos porque no debería de haber secretos entre amigos al menos no en lo referente a las ideas sobre algún tema en particular.

Y lo peor de todo es que como ya dije no puedo confiaren esas personas nuevas que llegan a mi vida porque no las conozco de nada y casualmente tienen los mismos gustos que yo. Uno lo interpretaría como una señal pero cuando se ha visto y descubierto o sospechado al menos lo que yo he llegado a descubrir y sospechar entonces esas señales luminosas le hacen a uno recordar aquel pasaje de la biblia en la que decía que el anticristo o lucifer o alguno de estos se vestiría y disfrazaría de ángel de luz y todos le adorarían. He tenido que dejar el cha del foro de turno por la obra y gracia de no poder decirle a una persona una cosa que le quiero decir a otra. Se que suena raro pero es así y por no arriesgarme al ridículo del siglo y siendo victima de un malestar de espíritu cuanto menos enervante así como desmoralizador, me vi obligado a retirarme de ahí quizás hasta mañana o puede que mas tiempo. Me siento realmente estúpido y cobarde por no poder decir algunas cosas que quizás me hagan hundir la moral y la imagen pública ante un reducido número de testigos pero ya he tenido suficientes problemas en otros sectores como mi familia como para que vengan ahora una persona que parece la salvación y al final quizás no lo sea.

Estoy bajoneado como no lo estoy desde hace mucho pero no quiero mostrar esa cara triste mía mas de lo que ya la mostré en su momento. La gente que me quiere me escucha y la gente que me estima me apoya y esas cosas o quizás aunque sea me dirigen un gesto de ´´te comprendo´´. No se que mas decir salvo que ya no confío en mucha gente y que hay otra tanta que me cabrea con solamente su presencia pero he de callarme e incluso a veces mentir. Quiero lanzar insulto tras insulto a una ´´dama´´ que ha iluminado mi vida durante mucho tiempo pero que ahora supone para mi un dolor enorme así como una ira infinita el verla aparecer por mi msn o por los foros o donde sea y que se porte tan festivamente como siempre ha sido.

Un consejo final para la gente que lea esto: Internet es muy peligroso, si conocéis a alguien pedidle la cam y si os pregunta ´´es que acaso no confías en mi?´´ les respondes que no, y si te hace una escenita o te pone excusas entonces es que miente de una forma descarada. Sigue tu camino sabiendo que no has caído en la trampa y conoce a gente que si merezcan la pena.