domingo, 30 de diciembre de 2012

Vuelo corto de felicidad.

Vuela alto dejando un glorioso haz
siente el calor del buen sol
y mueve la alas al mismo son
sonríe ante la calma,  la paz


En una mirada transparente

mostrando una vida, un sentido
bueno y semper perenne
como el soldado que es aguerrido


Lo sustenta la cálida brisa

También fresca por su juventud
Alegre como su alta risa
El recuerdo de ella le da plenitud



martes, 25 de diciembre de 2012

Carta a la Musa V


Bella Musa de mi inspiración:

Mis labios susurran de vez en cuando tu nombre para afianzar mi cordura. Esto es en sí una locura, lo se, pero es la única forma en medio de todo este frío de evocar la idea del calor que llegue con la suficiente fuerza como para poder seguir adelante. No paro de pensar en ti para tener un objetivo por el que luchar, un indicio de algo bueno que me ayude a seguir adelante. La imagen de tu sonrisa me devuelve la esperanza y me ayuda a tener una fe casi inquebrantable, que echa fuera de mi corazón a la desesperanza y las tristezas de los malos resultados. Te preguntarás porque no pienso en cosas mas cercanas, en gente que puedo tocar y cosas similares. Eso tiene una sencilla respuesta.

Porque yo te quiero. Porque sonrío al pensar en tus ojos mostrándome un mundo tierno, delicado, dulce, salvaje, seductor. Porque no puedo evitar preguntarme que se sentirá al rozar tu piel, sentir tu aliento o acariciar tu rostro cuando la luna sale a dar su paseo por los cielos. Por tonto que parezca me mata la curiosidad de querer saber como es el sabor de tus labios, morderlos y darles muchos mimos mañaneros. Quiero sentir el vaivén de esas caderas en medio de tus bailes llenos de sensualidad y pasión, de amor por la danza o buscando la evasión total. Quiero saber y saborear todo de ti, Exaltar nuestros ánimos juntos, donde la pasión funda incluso los metales mas resistentes al calor de los amantes. Me estremezco de la idea de poder acariciar ese cabello y girar contigo en algún momento para sentir todas tus formas sobre mi piel, deleitando a mis manos en caricias, a mis labios con besos, a mis oídos con susurros.

Quiero que tu sonrisa muera solamente cuando mis labios se amolden a los tuyos en el mas dulce y entregado de los besos, que nos haga olvidar toda la tristeza que rodea y cubre al mundo. Creo que será lo mas delicioso que haya saboreado en mi vida y no querré separarme de esos labios dulces, que cuando sean catados por mi propia alma me hagan soñar despierto, sentir que alcancé el punto mas alto de mi vida. No habría nada que me diera miedo si en cada mañana fueran tus labios mi desayuno y tu cuerpo el altar de una misa blanca, pura, con una santidad que residiera en la blancura de tu sonrisa al mirarnos a los ojos, esos ojos que echo tanto de menos. Tanto que te echo de menos que el otro día te vi.

Estaba yo en medio de mis pensamientos cuando de pronto veo a un lado y ahí estabas tu. Te acercabas, no eras real, yo eso ya lo suponía, pero te acercabas y me tomabas del brazo con suma delicadeza haciéndome sentir vulnerable, como si el viento me fuera a romper a mi en vez de a ti, antes de colocar tu cabeza sobre mi hombro. Susurré tu nombre y tu me mirabas, acariciabas mi rostro con una mano que dejaba grabada mi piel con tu ternura como el fuego puede hacerlo sobre la madera y el acero pero sin rastro de dolor, solo paz. Te decía que tenías el nombre mas bonito del mundo, que tus ojos eran mi luz en la mañana, la tarde y en la noche de estos tiempos tan aciagos. Tus labios se movían para decirme que yo era el caballero mas lindo del mundo y yo sonreía con mucha timidez, me sonrojaba levemente y entonces desaparecías, dejando en mi un recuerdo maravilloso.

Mi mente es así, te recrea cuando me faltas y no es una buena forma de sustituir tu ausencia. Esa ausencia negra y al mismo tiempo que supone prueba de fortaleza para mi subconsciente y a mi cordura. Hasta ese punto te quiero. Hasta el punto de que tu eres mi rosario, el aire que da sustento a mis alas y que me hace volar ante estas y otras muchas lineas. Rezar para mi es susurrar tu nombre y acompañarlo de un "te quiero" entre otras muchas palabras es la perfecta letanía. Ni yo mismo me hago a la idea de hasta que punto eres una especie de religión para mi, la sacrosanta forma de una divinidad que ha bajado a la tierra para darme algo de luz, de veracidad y pureza a mi mundo. Mi mundo, el cual consideraba muy lejos de la perfección pero que me brindaba ciertos placeres prohibidos, se vio mucho mas bello al chocar tu luz contra mi oscuridad, siempre latente pero ahora mucho mas vistosa.

No Tengo claro que decir ahora. No es el orden mi fuerte, ni las palabras elaboradas pero espero que quede lo suficientemente claro que para mi eres una de las personas mas importantes que me pueda encontrar. A ángeles, demonios y espíritus naturales que se han cruzado en mi camino les dejé clara una cosa. Que de tanto que te quiero, solo una noche sería suficiente para que me hicieras feliz toda una vida. Ni la carne tendría que mezclare ni los placeres de la pasión recrearse y hacernos estallar. Solo quiero una noche... a tu lado y con nada ni nadie mas. Mirar tus ojos, leer un cuento, cantarte con mi voz o sencillamente estar juntos. Solo eso pido.

Tu caballero de grandes y opalinas alas te manda una lluvia de pétalos azules y los mas blancos y transparentes sentimientos que pueda expresar alguien de mi condición.

Siempre tuyo, queriéndote hasta la locura:

tu caballero alado.


sábado, 22 de diciembre de 2012

La caída.

Ese hombre se encontraba para el incauto y poco observador en la gloria de los cielos pero las bellas formas de esas mujeres engañaban como nadie se pudiera hacer a la idea. Las lenguas paseaban por los puntos mas sensibles de su anatomía dejando un rastro de intenciones ocultas pero de seguro nada buenas. Cada una de sus curvas estaba diseñada para confundir los sentidos de cada incauto. Aquellas cazadoras no cesaban en halagar el oído y el cuerpo de ese hombre que, tumbado como estaba, encontraba sus ojos empañados por la visión de perfectas actrices que cautivaban de forma peligrosa a todo aquel que cayera en sus garras. Entre los placeres sentidos a lo largo del cuerpo, era difícil darse cuenta de que alguna uña era demasiado afilada y la sangre alimentaba bocas ajenas, de que alguna lengua era bífida y de que los clamores de mas placer algo exagerados incluso para la mas deseosa de las amantes. Las sombras ocultaban ese espectáculo, como un improvisado escondite en medio de una nada relativa, producto de a saber que pesadilla o bello sueño. 

La debilidad estaba atenazando al hombre que había caído en la trampa hace mucho tiempo pero que para el no había sido mas de un instante. Las finas manos de afiladas uñas dejaban placer y dolor por igual cuando era necesario aplicarlo para inmovilizar a su presa en una espiral de confusión y desconcierto. Él acariciaba cuanto podía y cuando podía o se lo permitían sus captoras en caso de que ellas no demandaran sangre de sus brazos o de algunas otras partes en las que el palpitar era silencioso pero una gloriosa melodía para ellas. Se mostraban complacientes pero al mismo tiempo demandaban la posesión total con respecto a su alma, a su tiempo, a su mente. Aquel corazón latía cada vez de forma mas lenta por la falta de vida, la cual se iba resbalando por la garganta de una ninfa de ojos claros que ahora sonreía con la inocencia de una niña mientras deleitaba con lúbricas caricias a su invitado. Otra se mostraba totalmente entregada en reclamar la intimidad de ese joven, moviendo con la energía del mismo sol. ondeando sus caderas como si ese fuera un fin de los tiempos que nada mas sucediera a partir de ese momento. La sensualidad de una voz llenaba su mente infundiéndole ánimos de placer y ansias de mas de aquello que ahora recorría su cuerpo de arriba abajo. Las jugosas carnes no daban tiempo a ser devoradas porque antes de cualquier iniciativa el pensamiento mismo de dos ojos oscuros frenaban sus acciones. Había algo ahí, dentro de si que le hacía vivir aun mas. 

Las bocas parecieron volverse mas ávidas de los placeres. mil preguntas se fueron formando en su mente mientras esas lujuriosas criaturas trataban de exprimir cada una de las gotas de vida sin importar la forma o sabor que tuviera esta. Un largo y quejumbroso sonido llegó hasta lo mas profundo de su mente cuando una llamarada de fuego blanco se liberó y una de aquellas mujeres sonrió victoriosa, segura de haber logrado algo que nadie mas había logrado. Un solo susurro y de nuevo el cuerpo estaba tenso como una viga del mas templado acero. Templanza que ahora mismo no tenía. La mente se encontraba reblandecida por las sensaciones y los estímulos, por los violentos movimientos de cadera, por los cortes acompañados de complacientes recorridos de varias lenguas ahí por donde mas de uno podría imaginar, haciendo formas, dibujos que invitaban a pedir mas. Pero aquellos labios ni tiempo tenían de pedir mas en caso de quererlo. Cuando tenía el suficiente aire para poder respirar dentro de los pulmones, entonces otra lengua exploraba su boca buscando llegar hasta lo mas profundo y ahogarlo en un mar de sensaciones. Una lengua experta tras otra, que no permitían juzgar maestría alguna, invadían con deleite y deseo su propia boca, como si quisieran absorber el alma de aquel hombre a través de esa boca que ni hablar podía. 

Lejos de ahí unos ojos se abrieron. La luz que emanaban empujó a la luz de la Luna que en ese momento contemplaba el sueño de una dama, expulsando un intenso brillo a través de una cristalera bastante particular. Todos los tonos de azul fueron lanzados al mundo tras pasar esos cristales, envolviendo en una suave y tranquila manta luminosa al mundo entero. Los mismos ángeles cantaron, inspirados por aquella pureza que salía de todos los roncones del mundo. Aquel despertar fue un nuevo día para un ser extraño que ahora se encontraba mas que dispuesto a todo ya que la luz se había encendido en el mundo y al fin amanecía para él. Con una sola nota salida de mil bocas celestiales dos alas se abrieron de par en par, El azul se instaló en aquellas plumas y fueron mezclándose con muchos mas colores para dejar en claro que la luz era su esencia, que por muchos infiernos que pasara, él siempre sería fiel a la sonrisa de la dama que lo necesitara a su lado. La luz de aquella mirada rasgó las sombras de la confusión a su alrededor e incluso dentro de su mente. Un vuelo furioso fue emprendido acompañado de los coros de los ángeles que ahora bajaban del cielo para celebrar ese despertar cálido y la salida de un sol especial. 

La debilidad por la falta de sangre y energía no lo amilanaron en momento alguno, ni siquiera descubrirse siendo perseguido por las cazadoras que ahora se mostraban fieras en su determinación de lograr consumir ese alma que tanto había padecido, al igual que todos los seres humanos en la tierra. Pero él no se rendiría, sería mas fuerte, mas rápido, mas bondadoso en sus acciones. Las alas lo llevaban con el viento a favor hasta el destino, atravesando por el camino cielos, castillos, puentes, batallas, cielos e infiernos. Sus ojos, en plena huida alcanzaros a ver lo imposible: mares verdes, montes hechos totalmente de miles de cristales que destellaban como nada en este mundo, Pequeños lagos en los que criaturas de gran porte se bañaban desnudas como el día de su nacimiento, héroes caer por un sencillo error y tiranos caer por el mismo amor que los había ensalzado en lo mas alto. En su huida de esas siete damas fatales para cualquier mortal había visto el vuelo del águila, del hipogrifo y de las etéreas hojas y pétalos de flores regaladas por amantes entre promesas de un amor eterno. Vio nadar por los mares mas extraños a las mas extrañas criaturas dotadas de grandes cuerpos y grandes bocas que podrían tragarse islas enteras. Esquivó las garras de dragones y sus llamaradas no fueron impedimento para acudir hasta donde le reclamaba esa mujer especial para él y su pensamiento. Los pecados fueron comiéndole terreno y herido como estaba poco pudo durar hasta que finalmente quebraron una de sus alas y cayó, cayó y siguió cayendo. 

Durante ese instante vio claro todo aquello que deseaba, sobre lo pequeño que era en comparación al universo y lo grandes que podían ser los sentimientos de un hombre, su capacidad de cambiar las cosas en menos de un solo segundo para bien o para mal. Durante aquella caída que quizás supusiera su muerte tuvo un segundo para dedicarle a aquellos dos bonitos ojos, a esa sonrisa que había hecho amanecer todo un mundo. Pensó en todas las estrellas que había bajado de los cielos, en todas aquellas palabras que como soldados estaban dispuestas a luchar por la verdad ante cualquier juez para demostrar lo que decía una certeza tras otra, que no era un farsante mendigo de sentimientos ni inventor de historias que deleitaran oídos ajenos por amor al arte o al mal querer. Su cuerpo se relajó poco a poco aceptando aquello que era inevitable. Quizás fuera incluso mas interesante la muerte que la misma vida, una aventura con cosas nuevas que conocer o experimentar. Pero apartó aquel pensamiento para centrarse en aquello por lo que iba a morir entre los cantos de los ángeles, entre las risas que él mismo había provocado en amigos y gente que fuera mas allá de la amistad. Cayó, cayó y cayó. 

Un impacto, un sonido de cristales rotos y muchas gotas de algo muy frío que le daba de pleno en la cara y el cuerpo. El suelo estaba mas blando de lo que había esperado y pronto el dolor se hizo sentir. El ala rota, herida, casi abierta por la mitad y todos los cortes, rastros de saliva que poco a poco se iba filtrando en la piel para no dejar mayor huella de aquellas cazadoras que ya habían dado por perdida a su presa.. Sin saber si estaba dormido o a las puertas de la muerte, poco a poco fue abriendo los ojos cuando escuchó unos pasos. Giró el rostro, tratando de aclarar el juicio, la propia mente e incluso de dar algo de sustento a su cordura sobre el hecho de haber escuchado y sentido que su cuerpo rompía un cristal y no sentir los cortes. Se encontró entonces mirando dos grandes ojos azules y seguidamente otros pasos que se acercaban presurosamente. Una de las dos miradas era inocente, de dos lagos azules que no podían mas que producir deseos de proteger hasta la muerte. La preocupación se reflejaba en ese rostro que no podía tener malas intenciones ni aunque lo deseara. Pasó a la otra mirada, a las palabras nerviosas que soltaban unos finos labios. Se intercalaban con algo que parecía estar masticando. Los sonidos llegaron de la mano de un "quizás tenga un dulce para las caídas altas". No podía ser cierto... 

De nuevo la oscuridad en lo que parpadeaba y lo último que veía era un gran círculo en el techo. No era la clásica silueta de su cuerpo como tanto se veía en algunas representaciones cómicas. Era un círculo perfecto en un alto techo y de los lados, donde antes había cristal poco a poco caían unos pétalos azules seguidos de gotas., como si el cristal se fundiera antes de caer. Volvió abrir los ojos y una mirada poderosa lo observaba con curiosidad al mismo tiempo que una sonrisa sutil se extendía por su rostro. La dama de ojos azules le dijo a la de poderoso mirar que se retirara, que estaba herido aquel ser lleno de vagas sombras en su corazón y su mente. Antes de irse un dedo frío paseó por su torso, admirando la blancura de la piel casi cadavérica y la debilidad que esta transmitía ahora mismo al casi no poder respirar. la mujer de poderosa mirada se dispuso a retirarse y desapareció de la vista de todos como si nunca hubiera estado ahí. Las preguntas de la dama de los dulces eran constantes, al igual que el sonrojo producto de ver un cuerpo desnudo tendido en una cama que pronto fue tapado por un ala menos maltrecha. 

-Oh querida...-Dijo de forma trabajosa- tengo algo que pedirte.- Acto seguido extrajo la pluma menos manchada de sangre que tenía, impoluta a decir verdad y carente de toda mancha. Se la entregó a esa criatura de preciosos ojos y piel pálida.- Entrégale esto...- El caballero creyó que no eran necesarias mas palabras, de quien se refería, como debía de entregarla y que debía de decir para no preocuparla.-dile que estoy bien y que la quiero.-Se quedó en silencio medio inconsciente por todo aquel esfuerzo y la dama de los primeros ojos que vio le pidió que guardara silencio. Convencido y con toda la fe puesta en su corazón de que el mensaje llegaría. Volvió a quedar sumido en las sombras de la inconsciencia, siempre mas acogedoras que otras sombras bien conocidas por él y frecuentadas por una criatura bastante peculiar a su parecer. 

Pasaron los días entre sueños y pesadillas, entre juicios de conciencia y todo aquello que era capaz de procesar una mente casi enferma y al borde del delirio irreversible, entre profundos dolores de sus alas, huesos, músculos y alma. No había ruidos casi nunca que pudieran alterarlo. A veces venía esa cuidadora improvisada, otras veces una mujer de aspecto feroz y al mismo tiempo liviano. Incluso se presentaba en su lecho de descanso una criatura maravillosa llena de imparcialidad ante el estado de salud que parecía mostrar interés por sus alas y por su cama, de la cual a veces trataba de echarlo. Una bella dama silenciosa se lo quedaba mirando en muchas ocasiones sin decir una sola palabra. Vestía de gris y lejos de causarle temor o preguntas sobre si ese sería su último momento de vida, trataba de hacer el mas mínimo gesto que pudiera semejar a una reverencia de tanto respeto que le guardaba. Entre largas noches nada mas sucedía, muchas veces suspiraba, recitaba algún verso improvisado sin saber si le escuchaban o no. Sonreía ante cierta frase y repetía en alto siempre la parte final entre risotadas. Le encantaba. 

Despertando en una noche el golpe que recibió fue tan fuerte como agradable. Ahí estaba ella. Radiante pero con gesto preocupado por sus heridas, ya mas curadas que antes. sus dedos se deslizaron con una suavidad que dejaba estremecida toda la piel que tocaba y esto se extendía al cuerpo, profundizando en el corazón y llegando al alma. Aquellos ojos oscuros estaba observando los suyos y no se despegaron en momento alguno. No se dijeron nada, no eran necesarias las palabras. Una de sus manos deslizó los dedos por su cabello largo y negro, por los rasgos finos y dulces de su rostro que podía adoptar mil facetas, a cada cual mas fascinante. Sus ojos no se separaban de sus ojos y no supo cuanto tiempo pasó hasta que por fin pudo hablarle 

-Llevo esperándote esto tanto tiempo. Todo lo que hice ha merecido la pena y cada error del que aprendí también.-No supo que mas decir ya que las lágrimas caían silenciosas por su rostro y sencillamente la abrazó con todas las fuerzas que le permitían los maltrechos brazos.- Eres lo mas bello de mi vida y nunca podré pagarte todo aquello que...- se quedó callado al sentir el dedo de ella en sus labios, La sonrisa de ella se hizo mas notoria cuando el sonrojo en esas pálidas mejillas se hizo presente por un momento. Se acostó a su lado y le dedicó una caricia a su rostro lleno de pequeños cortes. Se miraron a los ojos hasta que se quedaron ambos dormidos en los brazos del otro, en paz, en medio del cómplice guiño de las estrellas y vigilados por la luna que se filtraba con su puro color blanco a través de ese rosetón destrozado. Con todo, aquella obra de arte tenía arreglo. Caer en las sombras y no encontrar la voluntad de luchar contra ellas por la gloria de esa sonrisa, despreciando todo lo bueno que ella le había dado, no. 


domingo, 9 de diciembre de 2012

El campo de rosas.

La luna desvelaba sus ojos como dos bellos faros en medio de la oscuridad. Los hacía brillar hasta el punto de parecer la aparición de un ser casi astral que ha descendido de los cielos para dejar una huella indeleble en aquel que ahora la tenía entre sus brazos. Las miradas que se dirigían estaban teñidas del sentimiento profundo que podía unir a esas dos personas y llamaban amor pero ellos o al menos él no quería usar esa palabra por motivos totalmente estúpidos, irracionales, infantiles y contaminados por muchas cosas oscuras. No había mas esencia que la de la magia flotando en el ambiente donde cada uno de los presentes (que eran dos) se dedicaban por entero el uno al otro. Tan inesperado había sido todo aquello, tan sorpresivo y sí, reiteradamente mágico, que aun la cabeza a ese hombre sencillo le estaba dando vueltas. Tanta había sido la espera y a la vez había pasado el tiempo como un relámpago. La ternura llenaba sus ojos, casi al punto de llorar de emoción. Los dedos repasaban ese fino rostro que a él le sobrecogía de tan bello que era, de tan proporcionado y exquisitamente esculpido que estaba. Esa diosa correspondía a su mirada mostrando la calidez de un día sin nubes en un eterno verano.

Los dedos continuaba su tarea de repasar cada rasgo, cada pequeña curva que definía a sus ojos la esencia misma de la belleza interior y exterior. No cabía en sí de la alegría misma de tenerla entre sus brazos, acompañándolo esa noche con su miada, su sonrisa, quien sabe si algún sonrojo por parte de él o de ella. A pesar de la quietud presente, de la calma del ambiente, no había señal de aburrimiento. Se miraban mutuamente en los que los dos se fueron quedando dormidos poco a poco. Acercándose inconscientemente para abrazarse, protegiéndose de los peligros que acechaban la noche. Aunque esa noche era muy tranquila nunca se sabía cuando las cosas se podían torcer. las estrellas destellaban enviando pequeños guiños de esperanza que podían dar algo de paz al corazón de los arrepentidos y mucha mas fe a los corazones nobles y libres de culpa. En aquel momento no necesitaba nada mas que su compañía y al tenerla se sentía completo.

No había mas necesidad de nada. Ni siquiera de respirar el aroma de las flores que los rodeaban en ese momento, todas ellas, unas bellas rosas azules que los ocultaban del mundo y solo los dejaría visibles antes esos brillos titilantes de las estrellas. No se esparcía en el ambiente otra cosa que no fuera la quietud mas absoluta entre aquellos dos seres durmientes, que compartían tantas cosas y al mismo tiempo eran tan diferentes. Los árboles de alrededor de ese campo de flores susurraban mas discretamente de lo habitual para no perturbar la paz de los durmientes, los animales habían callado para el mismo propósito. Todo era de una pureza antinatural, falto de pecados o de tragedia. Algo realmente bello. Todo desprendía un brillo propio, desde la hierba hasta los troncos de los árboles. Las dulces manzanas, naranjas y otros tantos deliciosos frutos de la naturaleza también emitían un brillo propio. Miraba la luna a tales criaturas y de su blanco rostro emergió una lágrima sola. Tanto que se había luchado por lo que ahora se desenvolvía frente a sus narices. Tanto sacrifico y algunas veces tantas lágrimas

Pero al fin estaban juntos, entrelazados las piernas y los brazos en un gesto de entrega mutua, frente sobre frente y momentos antes mirada sobre mirada. Y profundamente dormidos, soñando con a saber que cosas. O quizás soñando con nada. El tiempo pasaba con una lentitud pasmosa, casi la mas tortuosa de las condenas para el que va a ser ajusticiado o el que espera algo con muchas ansias. Los vientos no estaban presentes pero si la brisa que acariciaba el cabello de ella y de él. Una pequeña sonrisa se fue extendiendo en sus rostros como si compartieran sus sueños en ese segundo, dejando a los observadores celestiales toda cuanta hipótesis se pasara por su cabeza. Se acercaron un poco mas e inconscientemente él la envolvió mas entre sus brazos, protegiéndola de todo ese mal que los pudiera separar. Un dulce ´´te quiero´´ se escapó de los labios de ambos y al momento los ojos se fueron abriendo, encontrándose sus miradas en lo profundo de aquel lugar. Se miraron en silencio, con una sonrisa en los labios y compartiendo cada pensamiento sin una sola palabra, sin necesitar del habla para poder expresar con claridad los deseos mutuamente compartidos. La timidez los envolvía y sin embargo se sentían capaces de todo en ese instante. 

Los labios se unieron en un lento beso que no dejaba lugar a dudas sobre una adoración largo tiempo callada. Un aliento cálido se mezclaba con otro dejando notar en el interior de las bocas los hálitos de una respiración que se entrecortaba a medida que las pieles iban friccionando la una con la otra. Un brazo rodeó esa cintura que se movía a veces al son de la música con una sensualidad hipnótica como la serpiente que envuelve a su víctima y la devora antes de que el pobre animal se de cuenta de su fatal destino. Mas cerca, mucho mas cerca. Se necesitaba mas calor, mas oxígeno de esa boca que ahora se adaptaba como el hierro fundido al molde de una espada forjada entre los cuerpos de los amantes. Dejaba la calma y la quietud paso al deseo y el frenetismo de un reencuentro entre lenguas, entre manos con las pieles como campos de batalla sembrados de llamas infernales. Se consumía la cordura entre estertores de muerte y ahora era l pasión la que reinaba poco a poco. Todo alrededor de aquellos dos seres antinaturales, una por su belleza y otro por su deseo de ella, se movía como si el lugar hiciera el amor consigo mismo. 

Dos bailarines encarnados en la forma de unos extasiados labios, de vez en cuando uno junto al otro y otras separados, exploraban el fino cuello que hacía notar la alteración en al sangre. Paralelamente dos bellas piernas hechas para un baile de mil danzas rodean una delgada cintura encimándola poco mas allá de las caderas del amante, atrapando a ese ser inmerso en el mas absoluto de los deseos, rozando la pecaminosa lujuria que ahora se tornaba una prohibición vana. El susurro de un nombre se expandió por todo ese mundo como un grito que clama y reclama una y mil veces lo innegable. Las pieles se acercan mucho mas, al borde de fusionarse uno con otro, un hecho no del todo imposible de seguir ese peregrinaje de besos que adelantan la coronación suprema de la devoción a la amante. Mil palabras incoherentes son susurradas en ese discurso inicial de pequeños sonidos, dos nombres solo escuchados por oídos de ambos no cesan de repetirse en todo ese claro, susurrados de igual modo por la brisa entre las flores prendidas en llamas de concupiscencia exótica. 

En la confluencia de una mirada mutua, el beso que sigue es la señal inequívoca del maravilloso acto ahí desarrollado. Dos universos se fusionan en medio de suaves y tentadores movimientos de cadera en los que nada es mas puro que ese acto de entrega total. Los dedos de aquel hombre pasean por el fino rostro de una diosa que ardía a su misma temperatura, consumando un acto de lento frenesí. las miradas no se separaban la una de la otra. Solo eran parte de aquello dos la ternura, la delicadeza, el respeto, el fervor, la adoración, el deseo. Los pasos no eran una tonta y sencilla rutina, se sucedían unos a otros entre pequeños jadeos y gemidos ahogados a veces por un lento y suave beso, seguido de una sonrisa prendida en el calor de esa pacífica batalla, como una antorcha que iluminara ese espacio sin tiempo aparente que pasara ni lento ni rápido. No los retenía la obligación, nada les ordenaba separarse. No era nada mas que aquello lo que corroía la apatía, la tristeza, haciéndola desaparecer en lo que el ritmo de ese baile aumentaba con el tiempo. 

La danza era un peregrinaje, y ese peregrinaje sin ruta era quizás el acto mas bello de entrega entre dos personas que se quieren, lo mas puro que puedan llegar a alcanzar dos amantes que largamente se han buscado entre uno y otro mundo, dentro y fuera de sus propios límites de realidad. Aquella mujer bendecida con el don de la confianza, la amistad y la pasión le regalaba un momento inolvidable que siempre quedaría grabado en la mente de ese guerrero dispuesto a morir por aquella sonrisa. El éxtasis súbito de todo aquello fue tensando los cuerpos incluyendo al templo de devoción de ese caballero que adornaba la perfección de su amante con extasiados besos y susurros, entregando versos llenos de verdad a sus oídos. Con una delicadeza y firmeza antinaturales entremezcladas, un beso apasionado fue la culminación de algo realmente bello en una explosión de placer que los hizo volar entre las nubes, llegando al sentimiento mas puro e indescriptible. Los alientos entrecortados se buscaron al igual que las miradas, que deseaban expresar lo mágico de esa sensación. 

Tumbados entre  las rosas azules, vigilados por las estrellas, dos amantes se prodigaban el mas puro sentimiento ente miradas y las mas agradable de las duermevela.