domingo, 30 de diciembre de 2012

Vuelo corto de felicidad.

Vuela alto dejando un glorioso haz
siente el calor del buen sol
y mueve la alas al mismo son
sonríe ante la calma,  la paz


En una mirada transparente

mostrando una vida, un sentido
bueno y semper perenne
como el soldado que es aguerrido


Lo sustenta la cálida brisa

También fresca por su juventud
Alegre como su alta risa
El recuerdo de ella le da plenitud



martes, 25 de diciembre de 2012

Carta a la Musa V


Bella Musa de mi inspiración:

Mis labios susurran de vez en cuando tu nombre para afianzar mi cordura. Esto es en sí una locura, lo se, pero es la única forma en medio de todo este frío de evocar la idea del calor que llegue con la suficiente fuerza como para poder seguir adelante. No paro de pensar en ti para tener un objetivo por el que luchar, un indicio de algo bueno que me ayude a seguir adelante. La imagen de tu sonrisa me devuelve la esperanza y me ayuda a tener una fe casi inquebrantable, que echa fuera de mi corazón a la desesperanza y las tristezas de los malos resultados. Te preguntarás porque no pienso en cosas mas cercanas, en gente que puedo tocar y cosas similares. Eso tiene una sencilla respuesta.

Porque yo te quiero. Porque sonrío al pensar en tus ojos mostrándome un mundo tierno, delicado, dulce, salvaje, seductor. Porque no puedo evitar preguntarme que se sentirá al rozar tu piel, sentir tu aliento o acariciar tu rostro cuando la luna sale a dar su paseo por los cielos. Por tonto que parezca me mata la curiosidad de querer saber como es el sabor de tus labios, morderlos y darles muchos mimos mañaneros. Quiero sentir el vaivén de esas caderas en medio de tus bailes llenos de sensualidad y pasión, de amor por la danza o buscando la evasión total. Quiero saber y saborear todo de ti, Exaltar nuestros ánimos juntos, donde la pasión funda incluso los metales mas resistentes al calor de los amantes. Me estremezco de la idea de poder acariciar ese cabello y girar contigo en algún momento para sentir todas tus formas sobre mi piel, deleitando a mis manos en caricias, a mis labios con besos, a mis oídos con susurros.

Quiero que tu sonrisa muera solamente cuando mis labios se amolden a los tuyos en el mas dulce y entregado de los besos, que nos haga olvidar toda la tristeza que rodea y cubre al mundo. Creo que será lo mas delicioso que haya saboreado en mi vida y no querré separarme de esos labios dulces, que cuando sean catados por mi propia alma me hagan soñar despierto, sentir que alcancé el punto mas alto de mi vida. No habría nada que me diera miedo si en cada mañana fueran tus labios mi desayuno y tu cuerpo el altar de una misa blanca, pura, con una santidad que residiera en la blancura de tu sonrisa al mirarnos a los ojos, esos ojos que echo tanto de menos. Tanto que te echo de menos que el otro día te vi.

Estaba yo en medio de mis pensamientos cuando de pronto veo a un lado y ahí estabas tu. Te acercabas, no eras real, yo eso ya lo suponía, pero te acercabas y me tomabas del brazo con suma delicadeza haciéndome sentir vulnerable, como si el viento me fuera a romper a mi en vez de a ti, antes de colocar tu cabeza sobre mi hombro. Susurré tu nombre y tu me mirabas, acariciabas mi rostro con una mano que dejaba grabada mi piel con tu ternura como el fuego puede hacerlo sobre la madera y el acero pero sin rastro de dolor, solo paz. Te decía que tenías el nombre mas bonito del mundo, que tus ojos eran mi luz en la mañana, la tarde y en la noche de estos tiempos tan aciagos. Tus labios se movían para decirme que yo era el caballero mas lindo del mundo y yo sonreía con mucha timidez, me sonrojaba levemente y entonces desaparecías, dejando en mi un recuerdo maravilloso.

Mi mente es así, te recrea cuando me faltas y no es una buena forma de sustituir tu ausencia. Esa ausencia negra y al mismo tiempo que supone prueba de fortaleza para mi subconsciente y a mi cordura. Hasta ese punto te quiero. Hasta el punto de que tu eres mi rosario, el aire que da sustento a mis alas y que me hace volar ante estas y otras muchas lineas. Rezar para mi es susurrar tu nombre y acompañarlo de un "te quiero" entre otras muchas palabras es la perfecta letanía. Ni yo mismo me hago a la idea de hasta que punto eres una especie de religión para mi, la sacrosanta forma de una divinidad que ha bajado a la tierra para darme algo de luz, de veracidad y pureza a mi mundo. Mi mundo, el cual consideraba muy lejos de la perfección pero que me brindaba ciertos placeres prohibidos, se vio mucho mas bello al chocar tu luz contra mi oscuridad, siempre latente pero ahora mucho mas vistosa.

No Tengo claro que decir ahora. No es el orden mi fuerte, ni las palabras elaboradas pero espero que quede lo suficientemente claro que para mi eres una de las personas mas importantes que me pueda encontrar. A ángeles, demonios y espíritus naturales que se han cruzado en mi camino les dejé clara una cosa. Que de tanto que te quiero, solo una noche sería suficiente para que me hicieras feliz toda una vida. Ni la carne tendría que mezclare ni los placeres de la pasión recrearse y hacernos estallar. Solo quiero una noche... a tu lado y con nada ni nadie mas. Mirar tus ojos, leer un cuento, cantarte con mi voz o sencillamente estar juntos. Solo eso pido.

Tu caballero de grandes y opalinas alas te manda una lluvia de pétalos azules y los mas blancos y transparentes sentimientos que pueda expresar alguien de mi condición.

Siempre tuyo, queriéndote hasta la locura:

tu caballero alado.


sábado, 22 de diciembre de 2012

La caída.

Ese hombre se encontraba para el incauto y poco observador en la gloria de los cielos pero las bellas formas de esas mujeres engañaban como nadie se pudiera hacer a la idea. Las lenguas paseaban por los puntos mas sensibles de su anatomía dejando un rastro de intenciones ocultas pero de seguro nada buenas. Cada una de sus curvas estaba diseñada para confundir los sentidos de cada incauto. Aquellas cazadoras no cesaban en halagar el oído y el cuerpo de ese hombre que, tumbado como estaba, encontraba sus ojos empañados por la visión de perfectas actrices que cautivaban de forma peligrosa a todo aquel que cayera en sus garras. Entre los placeres sentidos a lo largo del cuerpo, era difícil darse cuenta de que alguna uña era demasiado afilada y la sangre alimentaba bocas ajenas, de que alguna lengua era bífida y de que los clamores de mas placer algo exagerados incluso para la mas deseosa de las amantes. Las sombras ocultaban ese espectáculo, como un improvisado escondite en medio de una nada relativa, producto de a saber que pesadilla o bello sueño. 

La debilidad estaba atenazando al hombre que había caído en la trampa hace mucho tiempo pero que para el no había sido mas de un instante. Las finas manos de afiladas uñas dejaban placer y dolor por igual cuando era necesario aplicarlo para inmovilizar a su presa en una espiral de confusión y desconcierto. Él acariciaba cuanto podía y cuando podía o se lo permitían sus captoras en caso de que ellas no demandaran sangre de sus brazos o de algunas otras partes en las que el palpitar era silencioso pero una gloriosa melodía para ellas. Se mostraban complacientes pero al mismo tiempo demandaban la posesión total con respecto a su alma, a su tiempo, a su mente. Aquel corazón latía cada vez de forma mas lenta por la falta de vida, la cual se iba resbalando por la garganta de una ninfa de ojos claros que ahora sonreía con la inocencia de una niña mientras deleitaba con lúbricas caricias a su invitado. Otra se mostraba totalmente entregada en reclamar la intimidad de ese joven, moviendo con la energía del mismo sol. ondeando sus caderas como si ese fuera un fin de los tiempos que nada mas sucediera a partir de ese momento. La sensualidad de una voz llenaba su mente infundiéndole ánimos de placer y ansias de mas de aquello que ahora recorría su cuerpo de arriba abajo. Las jugosas carnes no daban tiempo a ser devoradas porque antes de cualquier iniciativa el pensamiento mismo de dos ojos oscuros frenaban sus acciones. Había algo ahí, dentro de si que le hacía vivir aun mas. 

Las bocas parecieron volverse mas ávidas de los placeres. mil preguntas se fueron formando en su mente mientras esas lujuriosas criaturas trataban de exprimir cada una de las gotas de vida sin importar la forma o sabor que tuviera esta. Un largo y quejumbroso sonido llegó hasta lo mas profundo de su mente cuando una llamarada de fuego blanco se liberó y una de aquellas mujeres sonrió victoriosa, segura de haber logrado algo que nadie mas había logrado. Un solo susurro y de nuevo el cuerpo estaba tenso como una viga del mas templado acero. Templanza que ahora mismo no tenía. La mente se encontraba reblandecida por las sensaciones y los estímulos, por los violentos movimientos de cadera, por los cortes acompañados de complacientes recorridos de varias lenguas ahí por donde mas de uno podría imaginar, haciendo formas, dibujos que invitaban a pedir mas. Pero aquellos labios ni tiempo tenían de pedir mas en caso de quererlo. Cuando tenía el suficiente aire para poder respirar dentro de los pulmones, entonces otra lengua exploraba su boca buscando llegar hasta lo mas profundo y ahogarlo en un mar de sensaciones. Una lengua experta tras otra, que no permitían juzgar maestría alguna, invadían con deleite y deseo su propia boca, como si quisieran absorber el alma de aquel hombre a través de esa boca que ni hablar podía. 

Lejos de ahí unos ojos se abrieron. La luz que emanaban empujó a la luz de la Luna que en ese momento contemplaba el sueño de una dama, expulsando un intenso brillo a través de una cristalera bastante particular. Todos los tonos de azul fueron lanzados al mundo tras pasar esos cristales, envolviendo en una suave y tranquila manta luminosa al mundo entero. Los mismos ángeles cantaron, inspirados por aquella pureza que salía de todos los roncones del mundo. Aquel despertar fue un nuevo día para un ser extraño que ahora se encontraba mas que dispuesto a todo ya que la luz se había encendido en el mundo y al fin amanecía para él. Con una sola nota salida de mil bocas celestiales dos alas se abrieron de par en par, El azul se instaló en aquellas plumas y fueron mezclándose con muchos mas colores para dejar en claro que la luz era su esencia, que por muchos infiernos que pasara, él siempre sería fiel a la sonrisa de la dama que lo necesitara a su lado. La luz de aquella mirada rasgó las sombras de la confusión a su alrededor e incluso dentro de su mente. Un vuelo furioso fue emprendido acompañado de los coros de los ángeles que ahora bajaban del cielo para celebrar ese despertar cálido y la salida de un sol especial. 

La debilidad por la falta de sangre y energía no lo amilanaron en momento alguno, ni siquiera descubrirse siendo perseguido por las cazadoras que ahora se mostraban fieras en su determinación de lograr consumir ese alma que tanto había padecido, al igual que todos los seres humanos en la tierra. Pero él no se rendiría, sería mas fuerte, mas rápido, mas bondadoso en sus acciones. Las alas lo llevaban con el viento a favor hasta el destino, atravesando por el camino cielos, castillos, puentes, batallas, cielos e infiernos. Sus ojos, en plena huida alcanzaros a ver lo imposible: mares verdes, montes hechos totalmente de miles de cristales que destellaban como nada en este mundo, Pequeños lagos en los que criaturas de gran porte se bañaban desnudas como el día de su nacimiento, héroes caer por un sencillo error y tiranos caer por el mismo amor que los había ensalzado en lo mas alto. En su huida de esas siete damas fatales para cualquier mortal había visto el vuelo del águila, del hipogrifo y de las etéreas hojas y pétalos de flores regaladas por amantes entre promesas de un amor eterno. Vio nadar por los mares mas extraños a las mas extrañas criaturas dotadas de grandes cuerpos y grandes bocas que podrían tragarse islas enteras. Esquivó las garras de dragones y sus llamaradas no fueron impedimento para acudir hasta donde le reclamaba esa mujer especial para él y su pensamiento. Los pecados fueron comiéndole terreno y herido como estaba poco pudo durar hasta que finalmente quebraron una de sus alas y cayó, cayó y siguió cayendo. 

Durante ese instante vio claro todo aquello que deseaba, sobre lo pequeño que era en comparación al universo y lo grandes que podían ser los sentimientos de un hombre, su capacidad de cambiar las cosas en menos de un solo segundo para bien o para mal. Durante aquella caída que quizás supusiera su muerte tuvo un segundo para dedicarle a aquellos dos bonitos ojos, a esa sonrisa que había hecho amanecer todo un mundo. Pensó en todas las estrellas que había bajado de los cielos, en todas aquellas palabras que como soldados estaban dispuestas a luchar por la verdad ante cualquier juez para demostrar lo que decía una certeza tras otra, que no era un farsante mendigo de sentimientos ni inventor de historias que deleitaran oídos ajenos por amor al arte o al mal querer. Su cuerpo se relajó poco a poco aceptando aquello que era inevitable. Quizás fuera incluso mas interesante la muerte que la misma vida, una aventura con cosas nuevas que conocer o experimentar. Pero apartó aquel pensamiento para centrarse en aquello por lo que iba a morir entre los cantos de los ángeles, entre las risas que él mismo había provocado en amigos y gente que fuera mas allá de la amistad. Cayó, cayó y cayó. 

Un impacto, un sonido de cristales rotos y muchas gotas de algo muy frío que le daba de pleno en la cara y el cuerpo. El suelo estaba mas blando de lo que había esperado y pronto el dolor se hizo sentir. El ala rota, herida, casi abierta por la mitad y todos los cortes, rastros de saliva que poco a poco se iba filtrando en la piel para no dejar mayor huella de aquellas cazadoras que ya habían dado por perdida a su presa.. Sin saber si estaba dormido o a las puertas de la muerte, poco a poco fue abriendo los ojos cuando escuchó unos pasos. Giró el rostro, tratando de aclarar el juicio, la propia mente e incluso de dar algo de sustento a su cordura sobre el hecho de haber escuchado y sentido que su cuerpo rompía un cristal y no sentir los cortes. Se encontró entonces mirando dos grandes ojos azules y seguidamente otros pasos que se acercaban presurosamente. Una de las dos miradas era inocente, de dos lagos azules que no podían mas que producir deseos de proteger hasta la muerte. La preocupación se reflejaba en ese rostro que no podía tener malas intenciones ni aunque lo deseara. Pasó a la otra mirada, a las palabras nerviosas que soltaban unos finos labios. Se intercalaban con algo que parecía estar masticando. Los sonidos llegaron de la mano de un "quizás tenga un dulce para las caídas altas". No podía ser cierto... 

De nuevo la oscuridad en lo que parpadeaba y lo último que veía era un gran círculo en el techo. No era la clásica silueta de su cuerpo como tanto se veía en algunas representaciones cómicas. Era un círculo perfecto en un alto techo y de los lados, donde antes había cristal poco a poco caían unos pétalos azules seguidos de gotas., como si el cristal se fundiera antes de caer. Volvió abrir los ojos y una mirada poderosa lo observaba con curiosidad al mismo tiempo que una sonrisa sutil se extendía por su rostro. La dama de ojos azules le dijo a la de poderoso mirar que se retirara, que estaba herido aquel ser lleno de vagas sombras en su corazón y su mente. Antes de irse un dedo frío paseó por su torso, admirando la blancura de la piel casi cadavérica y la debilidad que esta transmitía ahora mismo al casi no poder respirar. la mujer de poderosa mirada se dispuso a retirarse y desapareció de la vista de todos como si nunca hubiera estado ahí. Las preguntas de la dama de los dulces eran constantes, al igual que el sonrojo producto de ver un cuerpo desnudo tendido en una cama que pronto fue tapado por un ala menos maltrecha. 

-Oh querida...-Dijo de forma trabajosa- tengo algo que pedirte.- Acto seguido extrajo la pluma menos manchada de sangre que tenía, impoluta a decir verdad y carente de toda mancha. Se la entregó a esa criatura de preciosos ojos y piel pálida.- Entrégale esto...- El caballero creyó que no eran necesarias mas palabras, de quien se refería, como debía de entregarla y que debía de decir para no preocuparla.-dile que estoy bien y que la quiero.-Se quedó en silencio medio inconsciente por todo aquel esfuerzo y la dama de los primeros ojos que vio le pidió que guardara silencio. Convencido y con toda la fe puesta en su corazón de que el mensaje llegaría. Volvió a quedar sumido en las sombras de la inconsciencia, siempre mas acogedoras que otras sombras bien conocidas por él y frecuentadas por una criatura bastante peculiar a su parecer. 

Pasaron los días entre sueños y pesadillas, entre juicios de conciencia y todo aquello que era capaz de procesar una mente casi enferma y al borde del delirio irreversible, entre profundos dolores de sus alas, huesos, músculos y alma. No había ruidos casi nunca que pudieran alterarlo. A veces venía esa cuidadora improvisada, otras veces una mujer de aspecto feroz y al mismo tiempo liviano. Incluso se presentaba en su lecho de descanso una criatura maravillosa llena de imparcialidad ante el estado de salud que parecía mostrar interés por sus alas y por su cama, de la cual a veces trataba de echarlo. Una bella dama silenciosa se lo quedaba mirando en muchas ocasiones sin decir una sola palabra. Vestía de gris y lejos de causarle temor o preguntas sobre si ese sería su último momento de vida, trataba de hacer el mas mínimo gesto que pudiera semejar a una reverencia de tanto respeto que le guardaba. Entre largas noches nada mas sucedía, muchas veces suspiraba, recitaba algún verso improvisado sin saber si le escuchaban o no. Sonreía ante cierta frase y repetía en alto siempre la parte final entre risotadas. Le encantaba. 

Despertando en una noche el golpe que recibió fue tan fuerte como agradable. Ahí estaba ella. Radiante pero con gesto preocupado por sus heridas, ya mas curadas que antes. sus dedos se deslizaron con una suavidad que dejaba estremecida toda la piel que tocaba y esto se extendía al cuerpo, profundizando en el corazón y llegando al alma. Aquellos ojos oscuros estaba observando los suyos y no se despegaron en momento alguno. No se dijeron nada, no eran necesarias las palabras. Una de sus manos deslizó los dedos por su cabello largo y negro, por los rasgos finos y dulces de su rostro que podía adoptar mil facetas, a cada cual mas fascinante. Sus ojos no se separaban de sus ojos y no supo cuanto tiempo pasó hasta que por fin pudo hablarle 

-Llevo esperándote esto tanto tiempo. Todo lo que hice ha merecido la pena y cada error del que aprendí también.-No supo que mas decir ya que las lágrimas caían silenciosas por su rostro y sencillamente la abrazó con todas las fuerzas que le permitían los maltrechos brazos.- Eres lo mas bello de mi vida y nunca podré pagarte todo aquello que...- se quedó callado al sentir el dedo de ella en sus labios, La sonrisa de ella se hizo mas notoria cuando el sonrojo en esas pálidas mejillas se hizo presente por un momento. Se acostó a su lado y le dedicó una caricia a su rostro lleno de pequeños cortes. Se miraron a los ojos hasta que se quedaron ambos dormidos en los brazos del otro, en paz, en medio del cómplice guiño de las estrellas y vigilados por la luna que se filtraba con su puro color blanco a través de ese rosetón destrozado. Con todo, aquella obra de arte tenía arreglo. Caer en las sombras y no encontrar la voluntad de luchar contra ellas por la gloria de esa sonrisa, despreciando todo lo bueno que ella le había dado, no. 


domingo, 9 de diciembre de 2012

El campo de rosas.

La luna desvelaba sus ojos como dos bellos faros en medio de la oscuridad. Los hacía brillar hasta el punto de parecer la aparición de un ser casi astral que ha descendido de los cielos para dejar una huella indeleble en aquel que ahora la tenía entre sus brazos. Las miradas que se dirigían estaban teñidas del sentimiento profundo que podía unir a esas dos personas y llamaban amor pero ellos o al menos él no quería usar esa palabra por motivos totalmente estúpidos, irracionales, infantiles y contaminados por muchas cosas oscuras. No había mas esencia que la de la magia flotando en el ambiente donde cada uno de los presentes (que eran dos) se dedicaban por entero el uno al otro. Tan inesperado había sido todo aquello, tan sorpresivo y sí, reiteradamente mágico, que aun la cabeza a ese hombre sencillo le estaba dando vueltas. Tanta había sido la espera y a la vez había pasado el tiempo como un relámpago. La ternura llenaba sus ojos, casi al punto de llorar de emoción. Los dedos repasaban ese fino rostro que a él le sobrecogía de tan bello que era, de tan proporcionado y exquisitamente esculpido que estaba. Esa diosa correspondía a su mirada mostrando la calidez de un día sin nubes en un eterno verano.

Los dedos continuaba su tarea de repasar cada rasgo, cada pequeña curva que definía a sus ojos la esencia misma de la belleza interior y exterior. No cabía en sí de la alegría misma de tenerla entre sus brazos, acompañándolo esa noche con su miada, su sonrisa, quien sabe si algún sonrojo por parte de él o de ella. A pesar de la quietud presente, de la calma del ambiente, no había señal de aburrimiento. Se miraban mutuamente en los que los dos se fueron quedando dormidos poco a poco. Acercándose inconscientemente para abrazarse, protegiéndose de los peligros que acechaban la noche. Aunque esa noche era muy tranquila nunca se sabía cuando las cosas se podían torcer. las estrellas destellaban enviando pequeños guiños de esperanza que podían dar algo de paz al corazón de los arrepentidos y mucha mas fe a los corazones nobles y libres de culpa. En aquel momento no necesitaba nada mas que su compañía y al tenerla se sentía completo.

No había mas necesidad de nada. Ni siquiera de respirar el aroma de las flores que los rodeaban en ese momento, todas ellas, unas bellas rosas azules que los ocultaban del mundo y solo los dejaría visibles antes esos brillos titilantes de las estrellas. No se esparcía en el ambiente otra cosa que no fuera la quietud mas absoluta entre aquellos dos seres durmientes, que compartían tantas cosas y al mismo tiempo eran tan diferentes. Los árboles de alrededor de ese campo de flores susurraban mas discretamente de lo habitual para no perturbar la paz de los durmientes, los animales habían callado para el mismo propósito. Todo era de una pureza antinatural, falto de pecados o de tragedia. Algo realmente bello. Todo desprendía un brillo propio, desde la hierba hasta los troncos de los árboles. Las dulces manzanas, naranjas y otros tantos deliciosos frutos de la naturaleza también emitían un brillo propio. Miraba la luna a tales criaturas y de su blanco rostro emergió una lágrima sola. Tanto que se había luchado por lo que ahora se desenvolvía frente a sus narices. Tanto sacrifico y algunas veces tantas lágrimas

Pero al fin estaban juntos, entrelazados las piernas y los brazos en un gesto de entrega mutua, frente sobre frente y momentos antes mirada sobre mirada. Y profundamente dormidos, soñando con a saber que cosas. O quizás soñando con nada. El tiempo pasaba con una lentitud pasmosa, casi la mas tortuosa de las condenas para el que va a ser ajusticiado o el que espera algo con muchas ansias. Los vientos no estaban presentes pero si la brisa que acariciaba el cabello de ella y de él. Una pequeña sonrisa se fue extendiendo en sus rostros como si compartieran sus sueños en ese segundo, dejando a los observadores celestiales toda cuanta hipótesis se pasara por su cabeza. Se acercaron un poco mas e inconscientemente él la envolvió mas entre sus brazos, protegiéndola de todo ese mal que los pudiera separar. Un dulce ´´te quiero´´ se escapó de los labios de ambos y al momento los ojos se fueron abriendo, encontrándose sus miradas en lo profundo de aquel lugar. Se miraron en silencio, con una sonrisa en los labios y compartiendo cada pensamiento sin una sola palabra, sin necesitar del habla para poder expresar con claridad los deseos mutuamente compartidos. La timidez los envolvía y sin embargo se sentían capaces de todo en ese instante. 

Los labios se unieron en un lento beso que no dejaba lugar a dudas sobre una adoración largo tiempo callada. Un aliento cálido se mezclaba con otro dejando notar en el interior de las bocas los hálitos de una respiración que se entrecortaba a medida que las pieles iban friccionando la una con la otra. Un brazo rodeó esa cintura que se movía a veces al son de la música con una sensualidad hipnótica como la serpiente que envuelve a su víctima y la devora antes de que el pobre animal se de cuenta de su fatal destino. Mas cerca, mucho mas cerca. Se necesitaba mas calor, mas oxígeno de esa boca que ahora se adaptaba como el hierro fundido al molde de una espada forjada entre los cuerpos de los amantes. Dejaba la calma y la quietud paso al deseo y el frenetismo de un reencuentro entre lenguas, entre manos con las pieles como campos de batalla sembrados de llamas infernales. Se consumía la cordura entre estertores de muerte y ahora era l pasión la que reinaba poco a poco. Todo alrededor de aquellos dos seres antinaturales, una por su belleza y otro por su deseo de ella, se movía como si el lugar hiciera el amor consigo mismo. 

Dos bailarines encarnados en la forma de unos extasiados labios, de vez en cuando uno junto al otro y otras separados, exploraban el fino cuello que hacía notar la alteración en al sangre. Paralelamente dos bellas piernas hechas para un baile de mil danzas rodean una delgada cintura encimándola poco mas allá de las caderas del amante, atrapando a ese ser inmerso en el mas absoluto de los deseos, rozando la pecaminosa lujuria que ahora se tornaba una prohibición vana. El susurro de un nombre se expandió por todo ese mundo como un grito que clama y reclama una y mil veces lo innegable. Las pieles se acercan mucho mas, al borde de fusionarse uno con otro, un hecho no del todo imposible de seguir ese peregrinaje de besos que adelantan la coronación suprema de la devoción a la amante. Mil palabras incoherentes son susurradas en ese discurso inicial de pequeños sonidos, dos nombres solo escuchados por oídos de ambos no cesan de repetirse en todo ese claro, susurrados de igual modo por la brisa entre las flores prendidas en llamas de concupiscencia exótica. 

En la confluencia de una mirada mutua, el beso que sigue es la señal inequívoca del maravilloso acto ahí desarrollado. Dos universos se fusionan en medio de suaves y tentadores movimientos de cadera en los que nada es mas puro que ese acto de entrega total. Los dedos de aquel hombre pasean por el fino rostro de una diosa que ardía a su misma temperatura, consumando un acto de lento frenesí. las miradas no se separaban la una de la otra. Solo eran parte de aquello dos la ternura, la delicadeza, el respeto, el fervor, la adoración, el deseo. Los pasos no eran una tonta y sencilla rutina, se sucedían unos a otros entre pequeños jadeos y gemidos ahogados a veces por un lento y suave beso, seguido de una sonrisa prendida en el calor de esa pacífica batalla, como una antorcha que iluminara ese espacio sin tiempo aparente que pasara ni lento ni rápido. No los retenía la obligación, nada les ordenaba separarse. No era nada mas que aquello lo que corroía la apatía, la tristeza, haciéndola desaparecer en lo que el ritmo de ese baile aumentaba con el tiempo. 

La danza era un peregrinaje, y ese peregrinaje sin ruta era quizás el acto mas bello de entrega entre dos personas que se quieren, lo mas puro que puedan llegar a alcanzar dos amantes que largamente se han buscado entre uno y otro mundo, dentro y fuera de sus propios límites de realidad. Aquella mujer bendecida con el don de la confianza, la amistad y la pasión le regalaba un momento inolvidable que siempre quedaría grabado en la mente de ese guerrero dispuesto a morir por aquella sonrisa. El éxtasis súbito de todo aquello fue tensando los cuerpos incluyendo al templo de devoción de ese caballero que adornaba la perfección de su amante con extasiados besos y susurros, entregando versos llenos de verdad a sus oídos. Con una delicadeza y firmeza antinaturales entremezcladas, un beso apasionado fue la culminación de algo realmente bello en una explosión de placer que los hizo volar entre las nubes, llegando al sentimiento mas puro e indescriptible. Los alientos entrecortados se buscaron al igual que las miradas, que deseaban expresar lo mágico de esa sensación. 

Tumbados entre  las rosas azules, vigilados por las estrellas, dos amantes se prodigaban el mas puro sentimiento ente miradas y las mas agradable de las duermevela.



martes, 27 de noviembre de 2012

El maestro cuentacuentos.

En medio de un bosque de gran frondosidad, lleno de esa vida tan característica de tales lugares, unos caminaban por una linde que poco a poco fueron sobrepasando para llegar hasta lo profundo del bosque. No había otra cosa que no fuera emoción en sus rostros, los cuales mostraban el ansia por la aventura del tipo que fuera y estuviera dentro del abanico de cosas que un niño pudiera desear. El sentimiento de grupo los mantenía juntos en lo que el camino era recorrido metro a metro, dejando entrever nuevos secretos y formas por cada árbol que dejaban atrás. El tiempo era excelente: la luz del sol se colaba entre las ramas dejando una cálida caricia en el manto verde que se encontraba por encima de las cabezas de los pequeños aventureros. Entre niños y niñas eran un buen número que no es importante precisar y aun así eran buenos y obedientes y parecieran ser la mitad de los que realmente eran. no faltaban los emprendedores, los pioneros y los aventureros, los exploradores y los que se quedaban rezagados porque le tomaron especial cariño a una rama particularmente larga o un matorral especialmente florido de cuyas flores hacer una bonita corona de reina de los elfos.

Pero para eso tenían a su cuidador. Este cuidador era extraño entre los suyos pero por lo visto querido entre los pequeños. Se lo solía ver rodeado de plantas y muchos conocimientos que no le importaba compartir con habituales y extraños del lugar, viajeros, otros aventureros que antes fueron niños o bien sencillamente a quien tenga a bien de escucharlo. No era un hombre de grandes ambiciones y se desvivía por mantener limpio todo ese gran bosque que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Para el era suficiente con tener algo de las plantas que le permitieran comer y poco mas. Lejos de parecer un vagabundo se lo veía ataviado acorde a su tiempo y a un estatus ni alto ni bajo, aunque se diferenciaba de los feligreses de las tabernas cercanas en todos los papeles que portaba siempre o trataba de comprimir en pequeños cuadernos de notas. Naturalista decían que era y otros un tipo extraño que se quedaba tonto escuchando el viento o los grillos. Aquel hombre irradiaba felicidad cuando todo lo relativo a los campos que manejaba salía a la luz y se metía de lleno en la conversación, algo poco frecuente dado que los intereses de la mayoría eran otros. 

Y escribía. O al menos tenía una gran capacidad de sacar historias de lo mas increíbles que parecía vivir dentro de sus propias carnes cuando las contaba a la luz de una hoguera. Y ese día el bosque parecía ofrecer mil detalles para elaborar grandes historias y detalles sobre lo que realmente sucedía delante de los ojos ciegos de los adultos. Aquellas historias mas de una vez habían sido escuchadas por las madres de los niños que ahora le acompañaban y siempre habían visto en él un dejo de melancolía. Los rumores hablaban de un amor perdido, de una dama muerta a causa de una desgracia, de un corazón roto que con el pesar mas intenso se afanaba en seguir latiendo aunque fuera llenándose del amor a la naturaleza. Mas de una ama de casa generosa le había tratado de sacar alguna información pero él sencillamente miraba al cielo estrellado, dejaba salir un suspiro, le sonreía a la dama y dejaba la casa con un quedo ´´la cena muy buena señora, gracias´´

Pero volviendo a ese momento de la historia, el atardecer se hacía presente en el horizonte de un alto risco por el que los niños pasaban con la debida precaución. Serpenteando, se encontraba un camino que llegaba hasta un claro que aun a buena altura les permitía ver el atardecer. El cuidador (o en este caso maestro o profesor), generalmente callado con otras personas mas adultas y quizás mas sabias, no dejaba de dar pequeños datos como que tipo de seta tenían a medio metro frente a sus narices o si lo que oían era una upupa epops (abubilla) o una carraca (ambos del mismo orden). A menudo no era necesario sacar provisiones de los almacenes de las casas pues el bosque les proveía de todo aquello que necesitaban. Desde setas convenientemente conocidas y cocinadas hasta lo que pudiera comerse y no resultara muy desagradable. A medida que avanzaban decía que árboles estaban en mejor estado y cuales serían aptos para ser cortados o cuales eran muy jóvenes, algo no siempre apreciable con el ojo. Muchos pájaros que pasaban desapercibidos no escapaban al dedo aleccionador de ese hombre.

Por el camino encontraron muchas cosas pero momentos después la noche les impidió apreciar toda la magnificencia del bosque. Los niños cenaron tranquilamente muchas plantas que aunque de sabor extraño les llenaron la barriga rápidamente. La cocina no era el fuerte de aquel hombre pero ciertamente se esmeraba a la hora de dejarlos bien alimentados y con energías suficientes para despertar al día siguiente y seguir el camino.

-Mirad chicos. o mas bien escuchad lo que la naturaleza nos regala. Un búho cuenta su vida. No. Nos está contando una historia sobre sabios que debaten los orígenes de la vida.- Y con eso comenzó a narrar- Dos sabios se peleaban mucho ya que cada uno tenía la respuesta al origen de la vida pero diferente a la de su compañero...- Así estuvo minutos y minutos comentando los argumentos que cada sabio, entre caras extrañas y acentos exóticos, causando las risas de los niños, exponía acerca del origen de la vida según el testimonio del búho.- y todas las tonterías que decían se ceñía a que para uno la vida surgió del agua y para otros de cosas mas pequeñas que el mas pequeño de los insectos. ¿Que opinan ustedes, buenos caballeros y bellas señoritas?

Los niños se quedaron pensando. Aquello le gustaba a ese instructor. Contarles cosas que vayan mas allá del arado y de los animales de granja. Seguramente muchos de ellos estarían pensando en como sería el mas pequeño de los insectos o hasta que punto podría cambiar lo material. Quizás estuvieran pensando en como cambiar a su hermana por alguna buena cosecha de la temporada o en como cambiar la col de bruselas en muchas cosas dulces. y sin duda vinieron los torrentes de descabellados y fantásticos argumentos, ideas simples, no defendidas apenas de como había llegado la vida hasta los niveles que hoy en día tenía. Esto causaba una gran sonrisa en aquel hombre sencillo. De todos los niños unos estaba callado, como esperando a que todos callaran. Pero dado que no había quien callara entre tanto ajetreo y descabelladas ideas dijo

-Puede que venga de cosas muy pequeñas que estaba sobre el agua señor.- Dijo con toda sencillez y los demás se quedaron callados esperando la respuesta de su profesor, maestro y cuentacuentos. Este sonrió y asintió levemente. A continuación mostró su mano totalmente vacía, la cerró y al abrirla en la palma tenía una especie de colgante con una cabeza de búho que portaba por otro dos pequeños cristales verdes. Con gran ceremonia se lo puso al chico y esa cabeza quedó colgando cerca de su corazón. Los demás no salían de su asombro al ver el truco de magia y lo bonito de aquel detalle de cara a su pensativo amigo. No era la primera vez que tales detalles caían en manos de los niños y tales actos repetían una y otra vez el gesto de asombro de os niños. El cuentacuentos era también un mago.- Nunca esperé que yo fuera a...- pero antes de cualquier madura afirmación se lanzó a los brazos del mago y lo abrazó con fuerza.

Muchos de los niños tenían su colgante para unos, amuleto para otros u ofrenda para otros mas ambiciosos. Había un burro, símbolo de fuerza. Una ardilla, símbolo de su gran habilidad para trepar árboles. Había un halcón peregrino de ojos amarillentos hecho en una madera muy ligera que simbolizaba una gran vista para ese niño que podía ver los peces a altas profundidades. había una grulla para el que podía pescar sin caña con una facilidad que asombraría al mas experto pescador de caña. Muchos regalos daba el mago, el cuentacuentos, el profesor, maestro e instructor. Generalmente a ello seguía una conversación con los padres y les decía cosas que pocas veces pillaba desprevenidos a estos. Hablaba de la inteligencia, de la sagacidad, de la fuerza, de los dones cualesquiera que fueran de los niños y aportaba consejos y conocimientos, escuelas y lugares en donde podrían sacar un gran provecho. Y salieron de ese pueblo grandes científicos, médicos, biólogos, escultores, pintores, escritores, imitadores de animales, exploradores, nadadores, pescadores, gente de negocios, soldados, generales. Todos ellos unidos por un amuleto, una enseña única que guardaban como un tesoro.

Tras las felicitaciones habituales los niños se fueron a dormir. El cuentacuentos se quedó como siempre haciendo guardia. Nunca sobrevenía ningún peligro pero era una costumbre suya quedarse despierto en las noches para saber mas sobre el bosque y reunir detalles e historias. Los niños no tardaron en quedarse dormidos y el profesor en dedicarse a dar pequeños paseos alrededor del campamento observando que todos estuvieran bien, los que necesitaban poso de peluche con su oso de peluche y los que necesitaban demostrar su fuerza cerca de un roble para alimentarse de este. Una sonrisa surcó sus labios y pronto se borró cuando vio que una de las camas estaba vacía. Miró a todas partes, vio las pisadas y las siguió seguido de un zorro que se unió a la búsqueda. Los pájaros señalaron el camino entre vuelos rápidos y no lejos, a la orilla de un lago, la niña perdida fue descubierta. La Luna había salido en su plenitud y en aquella orilla a una prudente distancia la niña bailaba.

Aquella niña era la mas reciente y a la vez antigua miembro del grupo. Siempre sonreía y estaba dispuesta a ayudar a quien fuera. Tenía la habilidad particular de causar fascinación en sus compañeros que a su manera demostraban el afecto que sentían por ella. unos de una forma mas sutil que otros. Pero nunca aquel hombre la había visto hacer algo especial. ya que todo lo especial lo hacía con una normalidad pasmosa. Tantas cosas se le podría regalar y ninguna la definiría completamente. Su cabello negro y liso era de una suavidad exquisita y hasta muchas personas adultas la miraban con cierta envidia cuando pasaba por delante ondeando su largo cabello frente a sus ojos. Otras veces despertaba la admiración de sus iguales por la bondad que desprendía en los casos mas extremos donde hasta el propio profesor habría perdido los estribos. Incluso los árboles desprendían un aroma particular cuando ella pasaba cerca de ellos, dato que no revelaba a nadie pues había fuerzas oscuras que siempre acechaban.

La observó largo tiempo, con la admiración en los ojos por la forma en la que se movía. El zorro y los pájaros dejaron de hacer sus actividades, e incluso un par de lobos y otro mucho mas grande que los demás observaba a la niña bailando con total alegría, entregada a la música del bosque que este interpretaba para ella. Muchos pájaros en las ramas piaban aun no siendo la noche su horario de trabajo y los búhos dejaban a los roedores posarse bajo las ramas que ellos ocupaban para ver mejor el espectáculo que ofrecía. la única persona con aparente raciocinio era el cuentacuentos, que no salía de su asombro a pesar de su amplio repertorio de trucos, ilusiones y hechizos en toda su definición. El zorro que lo ayudó a buscar al aniña le dio un tirón a sus holgados pantalones marrón tierra y señaló el suelo que rodeaba a la niña. De la tierra crecían las flores ahí por donde se posaban los pies de la niña, dejaban crecer los tallos y abrirse los abanicos de colores mas brillantes que haya podido contemplar ojo humano alguno sin quedar cegado o loco. Y tan pronto como todo pareció comenzar, terminó cuando la niña tras un elegante giro se dio la vuelta y vio al cuentacuentos. Sus ojos se clavaron en los de él y este sencillamente no dijo ni hizo nada por un instante. A continuación el sonrojo se hizo presente en las mejillas tiernas y suaves de la niña y este cuentacuentos aplaudió.

No se demoró mas y acercándose con grandes y amplios pasos se arrodilló quedando frente por frente con esa bailarina excelente y tan habilidosa. Una de sus manos se posó en el corazón de ella y de la palma de la mano surgió una luz brillante que iluminó todo el área que los rodeaba. Poco a poco una tierras de luz fueron saliendo por dos lados y ascendiendo, rodeando el cuello de la niña que no salía en si de asombro. Una música hecha de notas del mas fino cristal ocultaba cualquier otro sonido, opacando con sutileza y fluidez cualquier otra tonalidad que no fuera la de esa sinfonía de ángeles cantando a coro por el gran momento que se estaba llevando a cabo. Tras lo que pareció una eternidad concentrada en un segundo el cuentacuentos retiró las manos y la niña vio su regalo.

Entre sus manos, colgando de su cuello, se encontraba una rosa azul sostenida por dos pájaros de oro. Debajo de esta rosa se encontraba una segunda rosa a modo de detalle secundario que era eclipsado por la primera. Con el silencio de por medio y las notas aun deshaciéndose en la lejanía, allá hasta donde pudieran alcanzar, el cuentacuentos al fin puso hablar tras haber controlado todo el torrente de emociones y palabras que se le habían formado tras aquel primer espectáculo de danza y magia.

-Tu destino es ser la Musa de poetas, pintores, escritores y bribones. Tu destino es llegar a hacer las grandes cosas que siempre haces con solo sonreír. Eres la rosa de la inspiración que crece poco a poco en el alma y el corazón de aquel que te contempla y se lanza a la aventura de conocerte. Eres la caricia y el abrazo maternal de una niña que protege y es protegida por los vientos, escuchada por los bosques, respetada por los lobos y zorros. Tu destino es hacer feliz a la gente, ser un escudo ante la tormenta de las desgracias sostenido por la amistad mas fuerte que puedan crear las personas entre si, la mayoría muy diferentes de ti.

Sin mas que decir (o sin mas que poder decir sin echarse a llorar de la emoción), el hombre se puso en pie y acompaño a la niña, que se encontraba feliz de su nuevo amuleto y haber recibido una descripción tan detalla y a la vez enigmática de su futuro a su cama. Entre las mantas los niños descansaron felices, custodiados por sombras y sutiles sonrisas, algún murmullo y quien sabe que placeres recurrentes en aquellos parajes. El cuentacuentos escuchó cada sonido con atención, sabedor de que muchos eran peligros pero por esos niños habría de dar la vida.

Y por la niña el alma.



miércoles, 7 de noviembre de 2012

Ganas de ti es lo que tengo.

Ganas de ti es lo que tengo
ganas de ti, de tu cuerpo fiero,
dejar los claveles, las rosas
los grandes banquetes 
La fiesta de tu cuerpo deseo. 

Soy un fiel caballero, ilusionado
Apasionado buscador de tu calor,
mi laguna de placeres eres tu, 
la bella, tierna, Dulce Flor,

Mis sentidos están atrapados,
Abandonados a los recuerdos
Que inventados por Afrodita
me llevan a la lucha de los cuerpos

Llora mi angustia por su reino perdido
Porque me miras y sonríe mi alma
Mi cuerpo en fuego cae aturdido
vuela mi corazón al reposo, la calma. 

Mis pasiones son humildes, claman tu luz
Majestuosa reina de mis delirios
Dulce amante de las danzas y mis suspiros

viernes, 2 de noviembre de 2012

Consejo divino

En la tranquilidad de la noche, un extraño sueño asaltaba el descanso de un hombre entregado a la fe y el amor por Dios. No tenía nada mas especial que el hecho de tener un par de cicatrices en el rostro y otras tantas en el cuerpo producto de una vida anterior y muy diferente al recogimiento al que se vio inmerso tras las carnicerías de una guerra sin nombre en la que reyes y condestables explotaban y extendían el oprobio en su pueblo. A lo lejos un búho decía al mundo de su alrededor que aun era de noche y las alimañas se aventuraban en la noche con todo el riesgo de sus diminutos corazón llenando su ser, sabedores de que quizás no lleguen a traer el alimento a sus crías recién nacidas. La noche despejada deja ver las estrellas y la luna que se alza majestuosa en aquel entorno idílico, totalmente lleno de todo el colorido y lo salvaje de la naturaleza. Las aves rapaces y alguna otra criatura lanzaban aullidos, ladridos, rebuznos y todo tipo de sonidos que no supusieron final alguno de aquel extraño sueño que ese hombre de Dios estaba teniendo. 

Lo que le despertó fue un sonido, demasiado cercano y con una resonancia extraña que le hizo incorporarse y, como si aun se encontrara en aquello tiempos, llevar una mano hacia la espada que ya mucho tiempo atrás había tirado en señal de negación a la violencia y entrega a los divinos deberes. Aquel buen hombre, porque eso era, un buen hombre contempló aquella mano que había sido teñida en el rojo de la sangre árabe. Su mente regresó a aquellos tiempos por un momento pero con unas cuantas sacudidas de cabeza se centró. La avanzada edad de sus huesos y mente ya le jugaban alguna mala pasada. Sus cansados ojos miraron por el pequeño ventanuco que le permitía ver la luna y algo le hizo sonreír un poco. Recuerdos de un romance del pasado. El dolor se había esfumado hace mucho, producto de una fuerte convicción pero aun en aquellos días de su vida sentía la necesidad de decir todo lo que no había dicho a ese rostro moreno, de ojos oscuros  y vivos, llenos de una luz especial. 

Esta vez se escuchó el sonido de nuevo, como dos telas que se doblan siendo estas muy pesadas, como el abito que llevaba desde hacía muchos años. Ese sonido confirmaba que no era parte de su sueño y que en efecto eso era los que le despertó. Se agarró la cruz de madera que colgaba del cuello y miró una pequeña representación de cristo que él y cada uno de sus hermanos tenían en sus habitaciones por si necesitaban formular alguna oración de emergencia. la observó como si esperara que ese Cristo le confirmara que se acercaba una prueba de hasta que punto estaba dispuesto a actuar con toda la fe del corazón. Se santiguó, miró a las estrellas entregando una oración a Dios y otra a aquella persona que había dejado ese mundo sumido en la oscuridad tras su muerte. Con paso firme salió de su celda de descanso, de esas cuatro paredes con un camastro y la sempiterna figura del hijo de Dios para adentrarse en la oscuridad de los pasillos. 

El corazón le palpitaba con mucha fuerza y temía que se le fuera a salir del pecho en cualquier momento. Sus ojos escrutaban cada sombra, buscaban un indicio de otro sonido como los dos anteriores que había escuchado. Mantenía como podía su respiración tranquila hasta que sus oídos registraron de nuevo el sonido y algo que que caía con un eco sordo en toda la abadía. No se pudo encoger mas sobre si mismo pero descifró el origen de aquel sonido y con precaución se dirigió a donde se daban las misas comunitarias, donde se rezaba por muertos y vivos, donde se deseaba y se pedía a Dios todo tipo de obras y milagros que unas veces se cumplían y otras veces no. Poco a poco abrió la puerta y asomó la cabeza. Lo que vio era extraño en demasía para no dar una breve descripción. 

La sala estaba vacía. a excepción de un extraño personaje, de pie y ante las dos hileras de bancos en los que se sentaba la gente a rezar. En pie y derecho como un general aquel personaje tenía orientado el rostro hacia el cristo crucificado. Siguiendo su mirada ese hombre de Dios miró en la dirección del ser, al cual veía desde su lado derecho con toda una fila de bancos en medio y no pudo sentirse mas sobrecogido. Porque aquel cristo en su construcción miraba al cielo suplicando a su Padre y ahora le devolvía la mirada al extraño. Las piernas le flojearon por un momento y se tuvo que sujetar al dintel de la puerta que daba acceso a la sala. Con el pequeño resbalón la cruz de madera dio sobre la madera de al puerta y esto provocó un leve sonido que no paso desapercibido para el extraño ser, aunque no movió ni un músculo para girar el rostro en busca del origen. 

Ese cura solitario pensó rápidamente y decidió enfrentar el problema de cara. Se acercó lentamente a ese ser pasando entre los bancos pero un segundo elemento detuvo su paso cuando tuvo ante si toda al figura de aquel ser. El cuerpo de este ser estaba cubierto por una capa pero a los pies de este se escurría una especie de neblina que en su origen se tornaba homogéneamente de azul a negro para perderse y desaparecer entre los resquicios de las sombras. El anfitrión no salía de su asombro y se preguntó por la naturaleza de aquel fenómeno. No se pudo negar el valor de ese hombre al cargo de la santa sede cuando en vez de salir corriendo decidió acercarse y tratar de vislumbrar, con ayuda de al experiencia en combate, las intenciones de aquel ser en lo que sería la lectura de su rostro. 

No era el rostro mas agraciado que se pueda uno imaginar desde luego, La piel estaba dotada de una exagerada palidez, los pómulos ligeramente hundidos, cejas regulares, ni muy faltas ni sobradas de pelo, El cabello de la cabeza era largo, muy largo. Quien viera su rostro se preguntaría si padecería alguna enfermedad o es que esa era su naturaleza física de por sí. Pero lo sobrecogedor eran los ojos. Su expresión denotaba un dolor y una preocupación mas allá de lo imaginado. Desolado, aquel ser estaba sinceramente desolado o lleno al menos de una gran cantidad de dudas. El cura conocía esa expresión, aquellos bucles en los que la mente se cernía en espiral hacia un abismo de impotencia, dolor, tristeza, miedo y a veces ira y locura. Vio ese rostro reflejado en un espejo el día en que ella había... 

Recordó las palabras de un sabio que conoció en Ankara, cuando regresaba de la cruzada y trató de seguir su estrategia con un leve acercamiento. No perdía la vista de su rostro y las sombras que, como si fueran movidas por una inteligencia propia, se cernieron lentamente sobre sus pies, como serpientes que van a devorar a su presa. el pánico se hizo en su rostro pero mantuvo la tranquilidad. No era ni frío ni calor lo que desprendían esas sombras pero lo que fuera, dejaba una sensación extraña, ni agradable ni desagradable pero que evocaba muchos pensamientos del pasado en la mente de aquel hombre. Sin dejar de mirarlo se acercó al ser que finalmente lo observó con esa expresión llena de dudas y consternación. El cura tomó sus manos y quizás la fuerza divina u otro tipo de fuerza le inspiro, lleno su alma de afecto, de ansias de ayudar y sencillamente permitió que las palabras de consuelo salieran de su boca. 

-Hijo, no debes estar triste por aquello que te aflige. La lucha es algo constante entre los hombres, ya sea por un territorio o una compensación efímera.- Tendió sus manos en gesto de que el hiciera lo mismo. Con algo parecido a una lenta reflexión finalmente aquel demonio, ángel o ser atormentado accedió. Tomó las manos de aquel ser apretándolas para infundir algo mas de firmeza a sus palabras. -Que es lo que te aflige hijo mio?

El ser lo observó largo rato. Pensando que sería mudo, que quizás fuera extranjero y no comprendiera su idioma el cura sencillamente esperó a que el ser hablara pues en su forma de expresión corporal había dado a entender su predisposición a ayudarle. Pasó casi el minuto entre miradas al cura y al cristo que los miraba, como si intercambiara comentarios con él. Aquello fue de cierto alivio dado que si mantenía una comunicación con el Señor supondría que algo así solo está reservado para la gente de buen corazón o que al menos sabe escuchar. Finalmente la voz de aquel se hizo oír. Era un cúmulo de tonos que extrañaban y desconcertaban. Unas veces hablaba de forma grave y otras veces con tonos algo mas agudos. 

- Una dama tiene mi pensamientos, el poder y la fuerza de crear y destruir lo que es mi mundo. Un mundo hecho para ella donde ella pueda sonreír y en cada gesto suyo se crea una historia, un poema. Mi origen me hace imaginar mil cosas que alegren su vida, su alma, que me ayuden a ser fiel a la causa de su felicidad. Mi fidelidad en ello es absoluta pero mi humanidad me lleva por caminos, me seduce en actos que a veces temo que la puedan apartar de mi... usted ha vivido algo parecido padre...-dijo en un tono extrañamente gutural aquel ser.- Un siervo de la causa que usted defendió en su juventud busca consejo para seguir el correcto camino. 

El hombre no salía de su asombro. Aquel detalle muy poca gente lo conocía y de seguro estarían muy obnubilados, confusos y temerosos para confiar cualquier información a ese ser que tomaba sus manos con extraña delicadeza, como conteniéndose en la fuerza que pudiera usar. pensó por un momento en que el mismo Señor que todo lo ve le pudiera confiar esa información pero aquel camino de pensamiento era sencillamente imposible de corroborar en esa vida antes de pasar el umbral de la muerte. No se pudo permitir mas distracción y con tranquilidad y paternalidad en la voz dijo. 

-Hijo, si tu corazón de verdad late por cada respiración de ella, de esa mujer a la que veneras por encima de todas las mujeres. Si tu única religión es su felicidad, su bondad, la luz del conocimiento y la salvación es su sonrisa, agárrate a la fe de su persona. Cree cada día en hacerla feliz sin importar los peligros o desgracias que acechen. Veo en ti la humildad del hombre que sabe labrar las palabras para extender el bien. Veo el temor al mal, un mal presente en todos nosotros y en ti también. Temes que ese mal te la arrebate pero si tienes fe y tu alma se entrega libre y recta a los caminos de su felicidad, no habrás de temer nada pues será quizás Dios el que decida separaros. Piensa en los días en que la verás, que hablarás con ella, que serás rico sin tener dinero y pobre con su ausencia rodeado de riquezas. Este mundo oscuro está lleno de peligros pero si muestras tu alma sin temor, ni toda la astucia de satanás servirá para atraparte y encarcelarte en el infierno eterno. 

Una fenómeno extraño se dio en aquel rostro. Los ojos cambiaron a un tono azulado con vetas moradas para finalmente volverse del color original. El dolor, la apatía y sobretodo el miedo habían desaparecido para dejar paso a los ojos de un hombre sencillo pero que lejos de cualquier vanidad, envidia, ira, celos o lo que fuere mostraban lo radiante de aquel sentimiento solo comparable en grandeza al amor de los ojos que una madre derrama en su hijo recién nacido, al descubrimiento de ese sentimiento mas que puro entre dos amantes. El acto final de aquella obra fue una palabra sincera, con emoción contenida de aquel ser. 

-Gracias...-esta vez fue casi un susurro tembloroso. 

Con asombro de aquel hombre la oscuridad a su alrededor se comenzó a disipar y los tonos opalinos de dos grandes alas fueron lanzados en todas direcciones. Los ojos del cura no salían de su asombro cuando en un gesto de emprender el vuelo el cuerpo del hombre alado se proyectó hacia un pequeño rosetón, desapareciendo en un espectáculo de color de apenas uno segundos, sumiendo el lugar en tinieblas. Una vez la vista se hubo acostumbrado el cura buscó el rostro del Cristo. De nuevo estaba mirando suplicando a los cielos. El cura se quedó sentado en uno de los bancos unos instantes reflexionando todo lo que había sucedido. Cundo se hubo recompuesto de aquel asombro miró de nuevo al rosetón y la sorpresa final de la noche se produjo. 

El pantocrator que suponía el núcleo escénico del rosetón estaba cambiado. Bajo la figura de Cristo bendiciendo al mundo entero, se adivinaba una nueva escena, extraña cuanto mas de un hombre santo tomando las manos en actitud consoladora de un ser envuelto por una mitad en sombras y por la otra en una luz esperanzadora donde se mezclaban todo tipo de colores formando a espaldas de ambos personajes una rosa multicolor. 


martes, 30 de octubre de 2012

Rosas de pasión


Con lentitud envolvió su cuerpo entre dos alas de un color que iba desde el mas claro de los azules hasta el violeta digno de la realeza. El contorno de su cuerpo quedó marcado por las alas que hacía ya mucho tiempo que habían sido creadas para ella, por su sonrisa y aquellos ojos que resucitarían a un muerto si hiciera falta. Aquel abrazo duró solo un momento para después mostrar al mundo el cuerpo mas bello y deseado. Tras las alas vinieron dos manos blancas que fueron repasando la cintura, los costados a la par que iban tomando posiciones en el frontal de ese cuerpo de diosa, deslizándose con calma como si el tiempo no existiera. Una boca ávida del delicioso sabor de una piel que se encontraba bajo ese vestido besó con intenciones mas allá de una sencilla presentación el cuello de la dama, el hombro y de nuevo el cuello, mostrando un deseo sin ninguna posibilidad de ser frenado.

La luna y las estrellas miraban aquel espectáculo y la brisa parecía volverse mas cálida según las manos avanzaban arriba y abajo por un cuerpo que era todo un mundo en si, un templo de placeres que quizás pocos habían podido sentir tan de cerca. Los dedos de ese supuesto caballero ahora convertidos en pinceles y él en una bestia sedienta de nuevos sabores y sensaciones bajaron poco a poco, repasando el contorno que aquella mujer, esa diosa, esa dama que despertaba pecaminosos pensamientos en su devoto y entregado paladín. Una de sus manos ascendíó a sus labios y los acarició antes de descender al corazón y la otra viajó mas atrevidamente hasta el límite inferior de aquel vestido, a la altura del muslo. Unos dedos blancos y decididos se posaron y comenzaron a tirar de la tela lentamente antes de que una mano, la de ella, que respiraba agitadamente se posara en aquel blanco instrumento de acariciar y proporcional placer. Giró su rostro y se miraron largo tiempo, él mostrando el deseo, la calma y la lujuria y ella con visibles muestras de estar disfrutando aquellas sensaciones,. Entre los cuerpos, las miradas y los alientos que se acariciaban levemente, el aire comenzaba a calentarse y las corduras a nublarse hasta caer desmayadas por la perspectiva del placer.

No se sabe en que momento los labios  se habían unido en un profundo beso y las lenguas jugueteaban lentamente, bailaban con urgencia y calma a un mismo tiempo. Un poco mas y parte del muslo, perfectamente contorneado por unos zapatos de tacón, quedó algo mas al descubierto hasta que ella volvió a tratar de frenar aquella mano descarada que poco a poco desistió y dejó una larga caricia desde ese punto hasta su corazón, aquel corazón que latía con fuerza, excitado y nervioso. Un rápido giro y quedaron frente por frente, devorándose los labios y saboreando las esencias que se daban a catar el uno al otro. La dulzura de los labios de ella eran una droga, una adicción que pocas cosas podrían igualar. Con trabajo se separaron y se miraron a los ojos. Unas manos delicadas se posaron en un torso aun vestido por caras ropas para que ese hombre que estaría dispuesto a todo no se percatara del acelerado ritmo de su corazón. Antes de cualquier palabras un nuevo y profundo beso se presentó en aquel escenario. Sus brazos la rodearon y las alas los llevaron por un corto trecho hasta un lecho de rosas de varios colores. Su cuerpo quedó bajo el de ella y las miradas se encontraron.

El deseo estaba a flor de piel, las manos de el se paseaban por las caderas y cintura de esa diosa, imposibles de frenar de tanto que pensaba esa cabeza llena de imágenes, fantasías y un sin fin de secretos lúbricos. Ella pareció disfrutar con esa posición porque enseguida sus manos paseaban por su pecho y bajaban hasta lugares que provocaban la tensión súbita y momentánea de ese lujurioso ente. Con lentitud se fueron deshaciendo de las ropas y ella se acercó al cuello para deslizar por este los labios en una peregrinación a su oído en el cual depositó e mas provocador sonido que pueda salir de una deidad como ella. Las manos de él se volvieron garras por un momento y no quiso qe nada los separara a ambos. Un confesión en forma de susurro salió de los labios de él y pronto estuvieron los labios tratando de alcanzar todo aquello que pudieran devorar con besos y algún espontáneo roce de lengua.

Quedando las pieles de las espaldas al descubierto, las manos navegaron sin rumbo fijo por los cuales anhelados tanto tiempo. Una sensación de alivio y otra sin nombre que tan solo impulsaba a buscar mas se entremezclaban como los esporádico suspiros. Giraban y bailaban entre las rosas, siendo acariciados por los pétalos que se desprendían para ablandar un poco mas el camino que tomaban los cuerpos. Una veces se conquistaba una colina entre besos y algún involuntario mordisco, en otras una sonrisa pícara acompañaba a que un beso profundo como un bosque arrancara el aliento como quien bebe un trago de agua tras un largo tiempo sin beber. Las piernas entrelazadas se daban calor con roces continuos y las muestras de ternura se alternaban con las de profundo e inenarrable deseo

El silencio de la noche se quebró con una fina y aguda nota en cuanto los cuerpos se unieron. Suavemente hicieron de ese bello acto una demostración del mas profundo de los cariños, de los sentimientos que unos corazones palpitantes de vida estaban deseando expresar y a falta de palabras exactas recurrían a las mas tiernas acciones. La lentitud de los movimientos se contraponían a una lucha entre las lenguas, los dedos, algún que otro arañazo, la violencia y sensualidad de un gemido quizás demasiado alto. Se dominaban el uno al otro de una forma apasionada, candente, sensual ella, tierno él. Se buscaban, se cazaban y se volvían a buscar sin parar una danza lenta que se fue acelerando en cada roce de las pieles. Eran fuego en aquella noche de sinceras y directas acciones. Se susurraron palabras que conducían por los caminos de la provocación y eran producto del éxtasis, las emociones liberadas bajo lúbricas formas y gestos.

Las finas manos rozaban la espalda pálida, que se arqueaba y a continuación podía quedar cubierta en las hojas en lo que ella reclamaba otro territorio, el de su torso, como suyo. Sus movimientos dejaban ver la profundidad de sus ojos como dos grandes pozos que demandaban placeres y sensaciones. Los pinceles blancos dibujaban aquel lienzo, narraban la historia de su corazón en el cuerpo de ella y la boca besó aquel corazón, dando un sorpresivo mordisco de depredador, causando la sorpresa generalizada en aquel romántico lugar. Las miradas se encontraron junto a los labios cuando el frenesí los llevó a contactar con el mas intenso de los éxtasis. Aquella fuerte, intensa y perfecta sensación se apoderó y ascendieron a los cielos sin moverse de la tierra.

Con el mas tierno de los besos, dama y caballero volvieron a ser los mismos. Una sonrisa cubría los labios de ella y lo mismo ocurría en el rostro de ese hombre que tenía al producto de sus sueños entre sus brazos, feliz, completamente entregado a ese sentimiento de estar entero en esta vida, de no faltar nada. Las rosas fueron haciendo un lecho y tal como estaban se durmieron continuando aquello en el mundo de los sueños. 


jueves, 25 de octubre de 2012

Fiesta de Gala


La Luna destellaba una blancura infinitamente pura. Esa noche era espléndida a la luz de esa dama pálida y redondeada de bondadoso rostro y adorada por los sonidos inspirados en medio de aquel negro manto que cubría el mundo. Aunque en esa noche, a diferencia de muchas otras que pudieran ser maravillosas, guardaba el rasgo de que no era tan posible como era habitual el ver las estrellas. Las luces de aquel lugar, donde se celebraba una fiesta, estaban opacando el baile de los astros y las sabias estrellas. La iluminación de las velas no permitía a sombra alguna entorpecer la admiración que casaba todo lo que los ojos pudieran contemplar.

En la sala de fiestas de tan lujosa casa, los invitados conversaban. Los murmullos eran constantes al igual que las señales y los actos de completa y descarada hipocresía. El pecado de la falsedad campaba a sus anchas por todos lados. El dinero era el dios de los presentes en esa sala heptagonal con guirnaldas doradas y plateadas, decorada en el centro con una fuente de la que manaba por un lado vino, por otra agua y por otra chocolate. No podía la gente asombrarse mas con la salvedad de la orquesta. A pesar del tamaño de la fuente, había un considerable espacio para que las parejas bailaran. La música acompañaba en cada movimiento a los mas torpes y a los mas habilidosos. Silenciosas o llenas de veneno, las damas bailaban y reían. Si bien una bella excepción era aquella que paseaba por encima de las bellas baldosas de mármol engalanadas con 8 rosas de distintos colores como si volara o, en caso de bailar, lo hiciera con un acompañante hecho de brisa mas que de carne y hueso. 

Un vestido gris calcaba sus movimientos cuando ella ya no estaba ahí. Había atrapado la mirada de mas de un galante caballero cuando ella, como si se tratara de la mas ominosa de las criaturas celestiales, se había presentado en la sala. Sin embargo se habían abstenido al ver aquella completa pasividad a frases ingeniosas o chistes para romper el hielo. Su rostro era de piedra y mas de una envidiosa diría que no tenía corazón, ignorando que eso último era tan falso como mas de un diamante que alguna dama se atrevía a lucir con todo el descaro. Desoyendo a su vez cualquier susurro, fluyendo con la música misma como si esta tomara las formas deseadas por tan galante dama, la bella mujer de gris bailaba y bailaba alrededor de la fuente, con mayor o menor proximidad pero sin dejar de moverse en momento alguno. Solo en momentos que a ella le parecieran de especial exquisitez se atrevía a mostrar una pequeña sonrisa. 

En un bello contrapunto, incluso en su vestuario y maneras (siempre educadas hasta decir basta) otra bella dama miraba con la mas completa de las fascinaciones el chorro de chocolate que salía de la fuente central, preguntándose quizás cual sería el origen de tan divino manjar, el cual no paraba de salir y la estaba volviendo mas deliciosamente loca de lo que ya estaba en sus delirios. Su joven y atractiva anatomía, de piel pálida como si un baño de leche similar al que se daban las grandes faraonas la hubiera cubierto entera, estaba envuelta a su vez en un vestido morado que no paraba de ser centro de su atención a intervalos. Parecía debatirse entre que le gustaba mas, si aquella fuente o su propio vestido aun a pesar de las distintas naturalezas y finalidades de estos elementos. De vez en cuando miraba a todos lados como si buscara con la mirada a alguien que le confirmara una y otra vez que sus ojos veían lo correcto. Que grande fue su sonrisa cuando con un inocente dedo se impregno este de chocolate y saboreo. El mas delicioso jamás probado.

La contención misma de expresar sus emociones estaba en los ojos de una tercera dama que se encontraba ocupada apreciando el brillo de un collar que una rica aristócrata llevaba puesto. Aquellos ojos eran poderosos en demasía. Su vestido era reflejo de los campos verdes en los que se asentaba su lugar actual de servicio, hasta que alguna joya le desviara de sus deberes para hacerla rendirse a su placer por lo brillante. Su pálida piel era de una blancura antinatural y pocos de los que habían entrado en contacto con esta se habían estremecido por el recuerdo de su frialdad y los momentos posteriores en los que un solo gesto era capaz de enloquecer y hacer dudar de su fidelidad a mas de un conde o marqués. Una pequeña sonrisa se formaba en su rostro cuando algún valiente se atrevía a dirigir una sola palabra en la pretensión de llevar a cabo actos del tipo que fueran. Aquella dama iba engalanada no solo con una exquisita tela verde que mostraba el perfecto talle de su cuerpo, sino que algunas joyas atrajeron miradas de rivales femeninas y muchos orfebres. Los ojos de aquella poderosa mujer pasearon por la sala y fueron a dar con la siguiente dama en ser descrita.

Bailando con un caballero que presumía ampliamente de las riquezas que poseía, esta bella dama de orejas cubiertas por su elaborado peinado, el cual se podía mover con libertad, escuchaba a su acompañante mostrando en todo momento una sonrisa que de vez en cuando entrecortaba la voz de tan distinguido y adinerado heredero de algún condado lejano. La iluminación de las gran lámpara de araña a veces arrancaba algún reflejo del color mas fronterizo entre el verde y el azul, una bella combinación del mar y los profundos bosques en los que solía habitar. En contados momentos, sus movimientos eran de una fluida maestría, como los de la guerrera que era en el fondo, esa cazadora hábil que había cruzado mares y tierras lejanas. Su involuntario contendiente fue grácilmente despachado para ponerse la bella dama a observar a los contertulios de disquisiciones sobre finanzas y grandes suma de dinero que marearían a mas de una entidad bancaria de bajo nivel. 

En representación de la cultura, la fantasía, la ilusión, la inocencia y (a diferencia de la encantadora señorita de la fuente) la cordura, una bella dama de cabello rubio y brillante como los dos trozos de cielo de sus ojos, se desenvolvía con gran soltura entre gente llena de amplios conocimientos. Su vestido blanco era de sencillo diseño pero así resaltaba mas la sencillez y al mismo tiempo complejidad de su personalidad. Era una dama que, lejos de lo alocada de las personas de su edad, mostraba una gran estabilidad y disposición muy sabía de sus decisiones y palabras, respetando el protocolo hasta el mas mínimo detalle. Su sonrisa cautivaba a pesar de que las envidiosas del lugar le inventaban mil y un defectos o adjudicaban a su persona los mismos por los que aquellas mujeres amargadas se habían enganchado a gente adinerada que no amaban en lo mas absoluto. La humildad y bondad de aquella mirada eran prueba fehaciente de todo lo contrario.

Entre los invitados, un grupo de jóvenes se encontraban entretenidos en lo que parecía una animada conversación carente de palabras. Medio ocultos por cortinajes y similares, una de las invitadas parecía estar ocupada en medio de lo que parecía la zona mas cálida del salón de fiestas. El vestido, el cual mostraba una exquisita combinación de rosa y rojo, llamó la atención de mas de uno cuando en una alocada carrera, se había presentado ella, lanzando una mirada de profundo odio a la dama de vestido verde citada anteriormente, que en esos momentos le dedicó su mas irónica y fría sonrisa, algo que alteró a la festiva señorita roji-rosa. Su apasionada afición por la anatomía masculina le había granjeado las atenciones de los mas jóvenes del lugar que dejaron de ver aquel evento social como algo lleno de un insufrible tedio. Aunque curiosamente un fugaz apagón ayudó a la apasionada comitiva a trasladarse a un lugar mas discreto.

-Atención.- Dijo el encargado de anunciar a los invitados que horas antes habían llegado y conformaban ahora todo el compendio de rostros, personalidades, pecados, mentiras, estafas y crímenes entre los que se movían las bellas damas de vestidos coloridos y que destacaban como 6 brillantes y nuevos planetas en todo aquel mar de oscuridad, en la cual también se sumergían dos de ellas.- Tengo el honor de presentar a su anfitrión, el eminente Lord...-Las miradas ya estaban observando la entrada cuando de pronto las luces de nuevo se apagaron. Un desconcierto general se apoderó de toda la sala. A lo lejos pareció escucharse lo que parecía una serie de gemidos discordantes, pero sutiles gracias a la lejanía.

La luz volvió y flanqueando la puerta entró... nadie. La gente ignoraba el hecho de que la silueta que lograron entrever se había desvanecido entre un remolino de sombras procedentes de los alrededores de una bella figura enfundada en un vestido violeta sugerente pero no escandaloso. Los ojos a juego no se presentarían en aquella ocasión gracias a los dioses aunque si que dejaría a deber ese favor para no presentarse ante toda aquella sociedad elitista. Nunca aquel anfitrión habría sorteado todo aquello sin la inestimable ayuda de aquella dama de orejas puntiagudas que dejó aletear su vestido al aire antes de desvanecerse. 

Aquel ser misterioso para unos y prescindible para otros se acercó a la última de las damas de esta historia, El cabello negro de aquella a la que contemplaron con fascinación durante toda la fiesta era ligeramente agitado por el viento. El corazón estaba asombrosamente tranquilo pero quien aguzara el oído sentiría las ganas de este de saltar del pecho para postrarse ante aquella ensoñación hecha realidad. El anfitrión de aquel lugar se acercó lentamente y con suavidad rodeó aquella tentadora figura. El aire arrastraba el aroma de su piel mostrada en hombros y cuello por aquel vestido negro que parecía hecho en sombras como la noche que los rodeaba. Su abrazo fue firme pero lleno de una ternura y deseo que no tenían cabida en soneto erótico o romántico alguno. Los labios buscaron su oído y susurraron con cadencia y un cariño infinitos. 

 -Las joyas mas bellas del mundo son tus ojos , tu sonrisa y el poema perfecto tiene un verso...Tu nombre...- y susurró ese maravilloso verso abrazando a aquella que inspiraba los mas delicados detalles en aquel entorno lleno de luz en medio de las sombras.

FINAL ALTERNATIVO

La luz volvió de nuevo y en lugar de un figura humana, con el mas elegante y arrogante de los andares, entró en aquel majestuoso lugar un gato negro. todo se frenó en ese mismo momento en el que aquel sigiloso y silencioso invitado comenzó a atravesar la sala. Todos los ojos estaban posados en la pequeña sombra y esta a su vez los tenía clavados en el final de la sala. Sin embargo dedicó un maullido a la dama de la fuente de chocolate, una larga mirada a las damas de rostro impasible y mirada poderosa, un frotamiento de cabeza a la señorita de peligroso bailar y fiero aspecto, se dejó acariciar unos momentos por la dama de vestido blanco y gran cultura y siguió su camino hasta que un muro de sombras y posteriormente unas manos lo elevaron en el aire y dos grandes ojos violetas con vestido a juego llenaron todo su campo visual. Las sombras a su alrededor se fundieron con el propio gato y la bella dama de orejas puntiagudas le sonrió antes de que aquel felino invitado se deshiciera de esa gran muestra de cariño y alegría y se acercara a la bella dama que, asomada al balcón, contemplaba las estrellas. 

Como un caballero bien educado dio un par de toques mínimos en uno de aquellos elegantes zapatos y la dama observó a este caballero de negro pelaje, ante el cual sonrió exultante. Sus manos volaron hasta el y lo colocaron en el regazo mientras la rosa azul que había portado este detallista anfitrión era depositada en las cercanías. En ese momento el cielo fue contemplado con dos ojos preciosos, los mas lindos que pudiera lucir una dama como aquella y otros dos ojos que cambiaban a voluntad de una conciencia que solo moriría en forma y esencia por proteger a la dueña de los brazos que ahora lo sostenían. Así se quedaron toda la noche, conversando la dama y el gato mientras en el interior se desarrollaba una interesante, bella y placentera fiesta. 



domingo, 7 de octubre de 2012

Danza eterna

Un gemido quebró la noche como la sensatez que se rompe en los primeros roces de las pieles. Las ansias y el hambre de placer eran imposibles ya de controlar en medio de aquel cúmulo de sensaciones que estaba cada ve subyugando y coaccionando a esa inestable cordura a mantener la calma. Solo tenía ojos, manos y labios dispuestos a sembrar el calor mas intenso en el cuerpo de esa mujer que se encontraba entre su brazos. El cabello negro de ella resbalaba por la espalda desnuda y los labios de un voraz amante estaban perdidos entre esas hebras de fina noche, fuerte y al mismo tiempo suave como la seda. Sus pensamientos solo circulaban en torno a esas formas tan palpables ahora que la ropa había desaparecido. En ella tenía puesta toda la atención, todos sus intereses ya no eran comer los alimentos mortales o respirar oxígeno. Sus sentidos y la supervivencia de su cordura y alma residían en el sabor de su piel, el dulzor de sus palabras y el baile de los alientos, unos bailarines invisibles que daban en cada pequeña pirueta una confirmación clara de aquella fijación espontanea por su cuerpo. 

Las manos se paseaba primero por esas caderas que al movimiento de la música lo habían seducido, entrando desde los ojos hasta los mas bajos rincones de su ser, incendiando cada fibra de los músculos, impregnando con el mas abierto e irrefrenable deseo todo su ser hasta que finalmente ella se había acercado entre acordes y sonrisas que no ocultaban las intenciones en lo mas absoluto. Ya la música había parado para ser sustituida por las frases que se susurran en el oído y poseen su máxima potencia mediante las intercaladas confesiones que entre jadeos se hacían a veces difíciles de entender. Los labios extendían una campaña de constante pasión por aquel cuello que finalmente se había inclinado, que había cedido a las constantes presiones de dos finas lineas carmesíes, compañeras de un aliento cálido el cual se desparramaba por la piel deseada durante tantas noches en un reciente pasado. Los ojos de ambos estaban cerrados, ocultos tras los párpados que contenían a un fuego capaz de quemar el mismo Sol, entregados a las imágenes de todo lo que le susurró hace escasos momentos. Con la voz prendida en la lujuria, en un deseo que luchaba por salir a la luz de todas las formas posibles había susurrado en su oído. 

-Quiero que tu cuerpo sepa cuanto lo deseo, que en tu mente se clave esa afirmación, que mis manos necesitan tus manos y tu piel cada día de su existencia, que mi aliento busca volar por cada rincón de tu cuerpo serpenteando y fluyendo, necesitando reposar y encenderse contra tu hálito perfumado de gloria. Me embarga la sed de tus labios y de tu cuerpo, de cada regalo que me puedas hacer cuando la pasión te invada como lo está haciendo conmigo. Quiero mas de ti, cada una de las notas del placer que me puedas dar serán una sinfonía que recordaré por siempre.- Estas palabras, dichas entre ansias apenas contenidas, se reprodujeron con cada uno de los gestos, de las acciones que llevó a cabo en aquel cuerpo de piel morena, un exquisito contraste a la palidez mortal de quien había confesado tantas veces eso que deseaba llevar a cabo con ella, con la Luna sonrojada como testigo. Ella no respondía, estaba perdida entre las caricias deseosas de su acompañante, que estaba mas que predispuesto a lo que fuera por tenerla a su lado una noche mas. 

Sin mas los cuerpos se enfrentaron el uno al otro, la pieles desnudas dejaron entrever las vergüenzas transformadas en las armas de esa batalla. Las sábanas los envolvieron y casi echaban humo entre los lentos movimientos de las bocas que buscaban el juego y el reposado bailar de las lenguas, unas culebras color bermellón que con sutileza se iban rozando, tanteando un terreno desconocido pero soñado durante largo tiempo hasta que los ataques se volvían mas violentos, mas represivos y al mismo tiempo liberales. Los alientos se buscaban también para abrazarse en el aire vació y frío si este no estaba acompañando de los escasos sonidos que acertaban a escapar de la voraz unión, un fuerte pulso entre voluntades en el que los cuerpos reaccionaban acorde a esa naturaleza totalmente desatada en todas sus formas. Una mano tanteo zonas sensibles y delicadas que arrancó la súplica de una voz suave como la brisa de verano, una súplica que estaba henchida de un placer nunca antes escuchado por oídos mortales, capaz de enloquecer a los mas templados. 

Un arqueamiento de espalda hizo parecer a uno de esos amantes una bestia a punto de atacar, sedienta de placer, incapaz de expresar en palabras aquello que consumía las ansias de dar y recibir mucho mas. Sentía esas manos recorrer su espalda que pronto hicieron notar las uñas que las culminaban. El rasguño quedaría como un grato recuerdo por días o semanas en la piel encendida del apasionado ser que despierto y dormido seguiría una y otra vez al lado de esa mujer, de esa dama que inspiraba sus bajas y altas pasiones. La lengua se paseó por su cuello, catando la esencia de la tierra que la vio nacer, de embriagadores perfumes que la rodeaban de aquella alma que latía ahora intensa, roja como fuego del infierno, como lava incandescente, como hierro al rojo vivo. Remontó el fino río azulado, sintiendo el palpitar acelerado de su corazón que si cabe prendió mas aun sus querencias de aquella pie. Solo esa piel y ese cuerpo, el de nadie mas. Susurró unas pocas palabra en las que expresaba los deseos de ir mas allá de los propios cuerpos, de consumirse el uno en el otro, en medio de la locura total y los instintos desatados. 

Un leve giró conecto de nuevo las bocas y en una pequeña filigrana los bailarines se unieron de nuevo por un nuevo punto, entre la tensión de los cuerpos que se apreciaban ahora desde lo mas hondo de sus seres en forma de lento vaivén de cadera que comenzaban el mas lento y maravilloso de los ritmos. El producto de los movimientos era acallado de la mejor de las maneras, refugiándose en el cuello del otro, mordiendo el hombro de aquel amante que ahora se entregaba mas que antes si cabe a ella, a esa mujer, a esa y ninguna otra mas en otras. Miró sus ojos, desvelando todos los secretos que le quería decir en palabras, pero que en semejante momento las miradas podían expresar con mayor claridad. Se susurraron los nombres, boca contra boca antes de continuar igualmente lento pero mas profundo, mucho mas profundo y fuerte, en un acto de posesión y entrega mutuas. Firmemente ella se sostuvo en la espalda de él, siguiendo aquel compás serpenteante, dejando los finos dedos agarrados a la piel blanca de los hombros con seguridad. La espalda se contorsionó ligeramente, amoldándose a la curvatura que su fiero amante presentaba, situación que aprovechó este entregado soldado por la causa del placer para desliza la punta de una lengua pecaminosa por el centro de su elegante garganta, antes amparada por joyas y todo tipo de alhajas. Un jadeo volvió a romper el precario silencio, inundando la habitación de un sonido que era evidencia de los actos que se estaban librando en aquel lugar. 

El frenetismo se hizo presente y probado por las temperaturas que los cuerpos llegaban a adquirir de una forma espontanea, cuando las manos rozaban alguna zona sensible, las lenguas se enredaban o se cautivaba con una mirada henchida e deseo al que tenían enfrente. Las caricias se sucedían por el cuerpo de él y de ella, y esta última bailaba con sus caderas fundidas con las de él en todo momento, mirándolo desde arriba o desde abajo, invitando y al mismo tiempo siendo invitada a que eso no terminara jamás a que ese caballero que volaba con alas e imaginación hiciera de su cuerpo un lienzo donde pintar con caricias lo que las palabras no podían describir. Les era ajeno todo lo que no se relacionara con ese momento, como el tiempo que transcurriera desde que ella miró sus ojos y efectuó el primer paso de aquella sensual y seductora danza de áridos orígenes. 

En uno de los besos ambos cuerpos giraron y una boca atrapó el punto mas alto de dos bellos promontorios donde la sensibilidad estaba a la orden del día. El sabor del banquete que inconscientemente le ofreció ella entre las delirantes sensaciones era exquisito, inimitable y devoró aquello que le era dado entre suaves caricias en su cabello, sintiendo unos dedos enredados en su cabello, jugando con este y buscando algo de cordura a la que aferrarse, Sus caderas se movían rápidamente, dejando entrever un éxtasis que los estaba llenando. Los corazones acelerados estaban por salirse de sus lugares, una lengua lujuriosa paseaba entre esas dos colinas hasta enfilar una garganta que se replegó para dejar accesibles unos labios que lo devoraron en esa irresistible trampa, las expresiones de placer. La única separación posible se hizo presente cuando les golpeó como una lúbrica sentencia del mismo dios Eros un clímax que era resultado de cada verba expresada con el cuerpo. 

Cayeron exhaustos en la cama, ella sobre el pecho de él, quedando dormidos casi al instante tras aquella danza de fuego que, de ser eterna, hubiera sido perfecta.



lunes, 24 de septiembre de 2012

Susurros cristalinos



En lo alto de una colina descansaba una dama ataviada con sus ropajes de diario. Arduo trabajo le esperaba en el campo cuidando a todas aquellas ovejas que tenía a su cargo. La humildad estaba presente en su mirada y sus movimientos eran los de toda habitante de un pueblo cualquiera en medio de una inmensa llanura con hierba verde y fresca que alimentara a todo ese rebaño. El frío había marchado hacía ya mucho tiempo para dar paso a la radiante primavera que tanto alborotaba a las almas mas jóvenes de aquel lugar. Ella no era una excepción y su mente volaba hasta los brazos de aquel joven caballero que por lo visto había ignorado el estatus y la trataba con la igualdad con la que trataba a reinas y princesas auténticas, de gran poder económico y aun mas grande ego. Todo parecía que estaba bien, todo en su lugar. Quizás él ahora estuviera en algún torneo o debatiendo con sus amigos de las altas esferas de la nobleza sobre algún importante tema. Y pronto quizás lo vería en sus múltiples viajes a aquella aldea que formaba parte de un feudo como otro cualquiera. Todo era magnífico. 

La noche caía lentamente. Las estrellas se fueron reuniendo poco a poco en torno a ese mundo tan falto de problemas, en aquella llanura se podía ver sin ningún tipo de contaminación luminosa que impidiera ver aquel magno espectáculo de la naturaleza, una recreación de mil historias en forma de pequeños brillos parpadeantes. La sencilla aldeana decidió entonces encaminarse hacia otro lugar para poder dejar a la hierba crecer libremente hasta su regreso a las pocas semanas de esa primera parada. A lo lejos se podía ver las luces de las demás pastoras y pastores que estaban dejando pastar a sus ovejas y tomarían uno u otro rumbo, en busca de buenos alimentos y de una futura y buena obtención de lana y leche en caso de los que tuvieran cabras. Aquello era muy duro, como seguramente sería el trabajo de aquel joven caballero que había mirado sus ojos y se había prendado de ella. Se deshizo de la pereza que la empezaba a envolver y llevó el rebaño hasta una nueva área de esa gran llanura que podía aprovisionar a miles y miles de animales. Sus pasos la llevaron al linde de un bosque del que muchos cuentos se contaban valga la redundancia. 

Era un conjunto de especies forestales sueltas que poco a poco se juntaban las unas con las otras para formar, en ocasiones, murallas fortificadas y naturales e las que se encontraban, según leyendas, todas las grandes dependencias de reinas y reyes élficos. Aquella pastora y seguramente aquel caballero habían escuchado muchas veces cuentos de ancianos y trovadores que decían sobre aquellos lugares en los que la maravilla y la belleza eran el plato de cada día. Ellos, los elfos, eran fuertes y bellos así como ellas eran inteligente, ágiles e igualmente dignas de alabanza por su belleza física. Siempre congelados en el tiempo por una inmortalidad ya ni se sabe si perseguida o innata, permanecían en sus lujosos refugios naturales. El pueblo élfico de los cuentos era un pueblo que dominaba todas las artes, desde la caza hasta la orfebrería, la guerra y la paz. Se basaban en todo lo que tenían a su disposición, respetando siempre los equilibrios de la vida y la naturaleza (estas dos ya de por si conectadas desde el inicio de los tiempos) y agradeciendo cada uno de los dones y bendiciones con las consabidas oraciones en su extraña y mágica lengua. 

Todas aquellas fantasías habían llenado siempre la cabeza de aquella joven que poco a poco había crecido lejos de los peligros de comerciantes avariciosos o esclavistas que secuestraran y violaran gratuitamente antes de vender a las mujeres como si fueran ganado. Los ojos de ella siempre buscaban mas alguna evidencia de magia que de chicos atractivos como era el caso de sus otras amigas de humilde procedencia. Ella gustaba de leer y era una inteligente y prometedora jovencita que quizás terminara casada con algún hombre de bien. Pero de momento tenía que esperar y rezar porque el hombre que no le tocara fuera algún lobo con piel de cordero, que mostrara un corazón puro y afable, que la tratara como lo que ella ignoraba que era, algo realmente grande. Aquella pequeña don nadie ante los ojos de muchos poderosos podría llegar a convertirse en la gran figura. Ella podía suponer un reto a los grandes estadistas, a los generales, reyes y emperadores. Aquellas fantasías la devoraron lentamente y el balido de una oveja la despertó. En su haber tenía una pequeña oveja a su cargo que siempre la acompañaba, era muy inteligente y parecía que entendía mas que sus desmemoriadas compañeras. Quizás un buen carnero le diera una buena familia algún día. 

Mirando a su lanuda acompañante se quedó abstraída un momento en algo que vio por el rabillo del ojo, algo que parecía que estaba ahí y al momento había desaparecido entre sombras. Se centró y su amiga de lana se había internado en el bosque, algo que la alarmó pues no eran solamente elfos lo que ahí habitaba, en aquella frondosa espesura. Con paso apresurado fue a perseguirla para que no se perdiera entre los misteriosos lindes de aquel misterioso monte. Sus pasos trataban de ir lo mas apresurados posibles pero las piedras la hacían trastabillar unas cuantas veces. La carrera le obligaba a esquivar algún fino árbol que fue cobrando en grosor y tenebrosidad. Se escuchaban lo sonidos de los animales de aquel bosque y su experiencia le hacían pensar en jilgueros y algún abejaruco, pero muchos de los sonidos eran como de otros tantos animales que emitían ritmos y cadencias extrañas para ella, para esa pequeña e indefensa pastorcilla que ahora estaba en medio de una nada boscosa, lo cual era algo, pero ciertamente poco esperanzador. Los sonidos la llevaron hasta lo que pareció un susurro y se quedó congelada dando que había sonado cerca de ella y algo la paralizó. El miedo latente en sus venas, en cada latido de aquel acelerado corazón la tenía completamente estática pero reuniendo un valor que no supo de donde salió giró hacia donde estaba el origen de aquel susurro. En la lejanía se perfilaba un brillo verde, como si alguien hubiera encendido un fuego de ese color en la lejanía. Sus pasos la llevaron inmediatamente hasta ahí. 

Atravesó los grandes y apretados conjuntos de altos habitante silvestres que se interponían en su camino, acercándola cada vez mas hasta lo profundo de aquellos bosques que no parecían tener mas fin que aquel linde abandonado hace mucho tiempo. Temía por muchas cosas, por su rebaño, por su familia. Si no volvía y nadie cuidaba las ovejas su familia estaría en problemas. No tenían mucho dinero y su humildad y honradez les impedía abandonarse al asalto y el robo, mas aun con un padre viejo y enfermo que guardaba dentro de si un buen corazón y que el había enseñado que el árbol de la honradez, aunque tardaba en florecer, siempre daba unos frutos abundantes y duraderos, dulces como el primer beso de un amante e intenso en su sabor como la pasión de este durante la noche y el día. Pero tenía que saber que había junto a aquel fuego verde que parecía hondear. En cuanto lo descubriera daría media vuelta para contarlo a sus amigas y familia y olvidaría el asunto. Se dio prisa pues estaba en esa doble batalla contra la curiosidad y al mismo tiempo siendo hostigada por las obligaciones familiares. 

Cada vez aquello se hacía mas brillante e imagino a los altos elfos y elfas, con sus vestidos hechos de hojas dedicándose a danzar en honor a las estrellas, los elementos, haciendo algún ritual de magia que propiciara la crecida abundante de frutos en todos los árboles de la redonda, usando sus voces que sonaban como los arroyos de cristal. O tal vez fuera alguna fábrica descubierta de metales preciosos donde trataban extraños materiales para hacer sus armas del color de las nubes o de los cielos claros y tormentosos las cuales imitaban hasta su vasto poder. Lo dudaba pero aquel brillo no era normal. Esta salió corriendo hacia la luz y al grito de ´´espera´´ la pastorcilla corrió tras ella, centrándose de nuevo en esa blanca mata de lana y no en otra cosa, sin darse cuenta de donde entró de pronto. Alzo la vista y la visión que le esperaba la perseguiría agradablemente todas las noches durante un largo tiempo. 

En lo alto estaban las ramas de los árboles, pero sus hojas no eran esas clásicas hojas que los pobres mortales como ella estaban acostumbrados a ver. En su entrechocar emitían un sonido cristalino, como si estas fueran de un material rígido que emitía una armoniosa melodía en todo momento con el movimiento de la brisa. No se podía creer esto que estaba viendo con sus propios ojos. En lo alto las ramas no eran tampoco normales, se movían con una fluidez al mas puro estilo de las ondas acuáticas. El color que destellaban era similar al de las hojas pero algo mas apagado, sin embargo igualmente bonito, reluciente y flamante. Y ahí no acababa el espectáculo ya que a medida que se acercaban a la tierra, los troncos de aquellos extraños pilares de la naturaleza se transformaban hasta adquirir el aspecto de algo similar a columnas de algún templo dedicado a la oración. Por los troncos serpenteaban enredaderas de distintos colores que iban hasta lo mas alto, cuyas hojas eran de un color plateado. A eso se unía la entrada en masa de la luz de la luna a través de una cristalera sostenida por un marco de nudosos brazos, fuertes, de los propios árboles, que custodiaban aquello celosa e inquebrantablemente. Era una luz filtrada en miles de colores que no parecía echar en falta ninguna tonalidad. El rostro de la pastorcilla er toda una epopeya sobre los sentimientos de sobrecogimiento y éxtasis que le afligían en ese momento. 

La luz se intensificó y el recinto, impregnado de una esencia sagrada, se inundó de un sonido mudo pero al mismo tiempo evidente. Algo tapaba la visión de esa cristalera y descendía lentamente hasta donde la pastorcilla se encontraba. La verdad se reveló ante ella. El sonido había sido el de dos alas que se despliegan de golpe y por su inmenso tamaño habían ocupado casi todo el ancho de la cristalera. Ante ella tenía a un ser alargado de cuerpo y algo de rostro que la miraba con una sonrisa y unos ojos que parecían sacados de la paleta de colores de un pintor loco que buscara un nuevo color. Las alas que lo hicieron descender frente a ella con el mas suave de los aterrizajes acusado de cierta elegancia eran de cun color azulado que según los reflejos que arrancara la luz parecía volverse de otros muchos colores, desde un apagado gris hasta un verde vivo como el de la hierba que pastaban las ovejas. Si piel blanca era lo que podía llegar a asustar pues se asemejaba a la de los muertos pero por lo demás y quitando el detalle de las alas no poseía una característica de belleza extrema. Las miradas se encontraron durante un buen rato entre los tintineos de las hijas de cristal. El ser alado se acercó finalmente e hizo una pronunciada reverencia antes de hablar. 

-Seas bienvenida a este remanso de paz... -Dijo con la mas aterciopelada de las voces.- Veo que tienes asuntos mas urgentes que atender-Dijo dirigiendo una sonrisa a la pequeña y lanuda acompañante que daba vueltas por el lugar, expresando las ansias de exploración que la dueña sentía en esos momentos pero había menguado al iniciar la conversación con su interlocutor.- Seré breve. Soy alguien que no conoces, llevo alas pero eso no me hace mas extraño que vosotros los habitantes de este mundo. Tengo debilidades y fortalezas. Y una de esas fortalezas se parece a ti. -Una mano blanca se extendió hasta alcanzar aquella mejilla e internarse por unos momentos en su cabello negro y liso, muy largo y brillante.- No te entretendré mucho bella habitante de los verdes prados. Has de mantener tu calma en las duras pruebas que te esperan. Y él vendrá o tu irás a él. Aquel caballero en el que tanto confías te quiere como no tienes idea. El va a darte todo aquello que creas que te falta, se esforzará por mejorar cada día mediante el ejercicio de tu compañía. Confía en mi. -Dijo con una pequeña sonrisa.- Tienes mucha gente a tu alrededor que te quiere. Confía en ellos y saldrás victoriosa. Apóyate en tus virtudes y no en tus defectos. Si la tristeza te invade recuerda todas aquellas palabras que te susurró, que siempre se repiten en este lugar. Si no me crees afina bien el oído pequeña criatura. 

Y eso hizo hasta que de pronto entre los cristalinos sonidos escuchó su nombre como a él le gustaba pronunciarlo. Escuchó esas primeras palabras, su risa cuando estaba feliz, todas aquellas tiernas formas que tenía de llamarle, los versos que había improvisado y no había escrito, las grandes y eternas horas, las miradas, los gestos de ternura en formas variadas, tantas como estrellas había en el cielo. La pastorcilla no se podía creer lo que escuchaban sus oídos en ese momento y miró de nuevo a esa criatura que de un momento a otro se había alejado de ella, como si le diera intimidad a ella y a su galante caballero que en ese momento se encontraba lejos de ella. Sonreía con una mezcla de ternura y afecto. Quizás por los recuerdos que despertaba en aquella extraña criatura la visión de su persona o a lo mejor pensamientos mas allá de su comprensión. Con un fluido movimiento el ángel hizo una reverencia y elevó sus ojos a esa cristalera, a esa gran rosa compuesta por infinidad de pequeños cristales que desparramaban su luz y alegría en el lugar. En sus ojos había luz, emoción, ternura, felicidad, cariño, anhelo 

Tras un ´´ te quiero´´ en aquellos finos labios una dama despertaba rodeada de riquezas, de tapices en movimiento y con un hombre abrazado a ella, que la observaba prendado de su belleza y aun medio dormido tras las plumas de unas alas azules que desplegaban muchos destellos a la luz de aquel rosetón azulado también que los protegía de la fría noche. Mientras se miraban se decían mil cosas sin usar las palabras. Las sábanas y las alas los protegían del insistente frío y la piel contra la piel aseguraba que se dieran calor las almas. Aquella dama de negro cabello y grandes ojos sonrió, acarició aquel rostro una sola vez y juntos se durmieron de nuevo, abrazados, queriéndose hasta el final.