jueves, 13 de febrero de 2014

Los múltiples rostros del amor.

Las estatuas miraban con sonrisas serenas y miradas bondadosas, astutas y maliciosas el rápido caminar del amante. Nervioso y apresurado, miraba de vez en cuando a través de las grandes ventanas que decoraban el pasillo y a través de las cuales la luz del sol se filtraba con toda libertad, sacando reflejos al mármol azulado que embaldosaba todo el largo pasillo. A los lagos las mencionadas estatuas portaban, arcos, espadas, bolsas de tela o garras muy afiladas, mostraban rostro dulces, tiernos, maternales, algo desquiciados, radiantes de placer o genuinamente maliciosos; Se encontraban vestidas con ropas de metales preciosos de colores verdosos, morados, azule verdosos, rosas rojizos muy escasos en esa extraña tela, blancos, grises, violetas o bien luciendo unas bonitas garras de ónice negro. Portaran libros, espadas o incluso nada todas esas estatuas guardaban algo vivo en la expresión pétrea, un perfecto calco de esas ocho personalidades tan misteriosas, fascinantes, benditas, malditas, elocuentes, silenciosas, dulces, agrias, saladas, ácidas, sarcásticas, crueles, generosas. Esas ocho damas ahora estaban cada una en una realidad distinta, enterradas u ocultas en el interior de un corazón tan bueno como profundo, herido, fascinante, cálido, seductor. 

Sus ojos iban de un rostro a otro pues varias veces se repetían esas estatuas realizando diversas actividades o mostrando diferentes actitudes, a veces reposando con un libro en las piernas, mirando a quien la contemplara de frente con intenciones tan oscuras como adictivas o incluso en pleno salto antes de asestar una certera y mortífera puñalada. Iba estudiando sus rostros, haciendo auto-análisis de cada experiencia con ellas, de cada una de las formas en que lo habían enternecido y provocado emociones tan fuertes a pesar de no tener una presencia física en el mundo real. Y eran parte de ella. Cuantas veces los habían enternecido, lo habían fascinado y hasta enamorado; cuantas veces lo habían deprimido y hasta atemorizado ante la posibilidad de tantas acciones que no tendrían repercusiones reales pero que aun así... aunque todo eso, desde luego no le quitó la sonrisa. 

Siguió caminando por el pasillo, por ese largo pasillo que llevaba  aun sinfín de puertas en diversos estados y hechas de muchos materiales. De una salían gritos de dolor, de otras sollozos y de otras sonidos propios de noches de pasión, de perversiones reprimidas que afloraban en cuerpos dispuestos a sentirlo todo y sin importar las consecuencias. De otras puertas salían olores nauseabundos, aromas deliciosos, chispas de colores o aromas exóticos y de lo mas mundanos. 

Pero ninguna de aquellas puertas captaba tanto la atención como la que tenía justo enfrente a una buena distancia. A los laterales había ocho puertas cada una de un color distinto. pasando por las primeras dos puertas una se abrió y una mano lo aferró y lo arrastró al interior de una habitación rojiza con muchas sedas y cojines cómodos, Una gran cama redonda era el motivo central y ahí fue a parar el amante. Con os ojos desorbitados fue casi desnudado al momento pero un segundo ser se abalanzó sobre la secuestradora de prominentes caderas, generoso busto y mirada prendida en la lujuria mas absoluta. La tercera persona presente, de cuerpo perfecto y pecador de mente, mirada y profesión susurró un "Feliz San Valentín querida" antes de devorar aquellos labios valuptuosos como el resto de su cuerpo. El secuestrado pudo salir colocándose la ropa y no haciendo mucho ruido.

Reanudando su camino, otra de las puertas se abrió y unos ojos somnolientos miraron al caballero secuestrado y ahora liberado. Vestida con un precioso y morado pijama, la señorita murmuró algo sobre criaturas ancestrales y milenarias con palabras mucho mas simples y tiernas que encandilaron el corazón del caminante por unos momentos. Al parecer la pequeña dama no podía dormir pues se sentía sola. El caminante se entristeció por un momento pero al momento se le ocurrió la gran idea; de sus manos salieron hebras de una negrura impenetrable que fueron formando una forma animal de buen tamaño. Al momento un gran lobo de peluche, del tamaño de la señorita aproximadamente  con un "Feliz San Valentín locuela encantadora" decorando su cuello y con el hocico en forma de corazón morado, a casi imagen y semejanza de un amigo que tenían en común. La pequeña y encantadora criatura se emocionó, agarró el peluche y durmió feliz soñando con piyotesaurios. 

Contento y reanudado el camino no pudo continuar mucho mas pues se abrió la tercera puerta. De ella salió una gran pantera negra acompañada de los sonidos de lo que parecía un gran e intenso reencuentro amoroso. Se podía detectar en el aire el aroma del agua salada y el sonido de las olas del mar. Con toda la mirada antipática del mundo la pantera ignoró de forma reiterada al pequeño e insignificante humano, no merecedor en lo mas absoluto de su atención mientras su gran y encantadora amiga se distraía y celebraba ese día por todo lo alto: sencillamente se tumbó a la entrada mientras pensaba en sus cosas. el humano la observó con una pequeña sonrisa en lo que la pantera sequía obviando su presencia, su mera existencia. la puerta se cerró mágicamente y el humano continuó. Pocos minutos después la pantera se metía en su propia habitación con una cama muy grande y cosas que tirar al suelo, un regalo reciente de cierto caballero. 

Se abrió la cuarta puerta y asomaron unas orejas puntiagudas en medio de una oscuridad impenetrable. Unas palabras en un idioma muy antiguo (aunque no mas antiguo que el amor) se fueron arremolinando en forma de sombras alrededor del joven de piel extremadamente blanca. Un montón de cuchillos, dagas, flechas, concretamente doce, se clavaron alrededor de aquel ser formando un corazón bastante macabro en el suelo. Sorprendido y algo atemorizado fue recogiendo los extraños obsequios o amenazas de muerte veladas. Cuando hubieron estado todas bien apretadas entre sus manos e ignorando un par de cortes, estas se convirtieron para seguramente fascinación y horror de la dama de las sombras en una docena de rosas violetas que le entregó con una elegancia reverencia. La tarjeta rezaba "Para una de las damas mas elegantes y mortíferas de este universo. Porque a veces quiero matarte pero sería matar una parte muy importante de este mundo". Dos ojos brillaron en la oscuridad con unos tonos violetas preciosos y desaparecieron. 

Se abrió la quinta puerta. Un rostro inexpresivo lo observaba con unos ojos preciosos pero que se encontraban enrojecidos por las lágrimas. El joven se sintió repentinamente triste, acongojado y no dudó en tomar las manos de esa mujer y acompañarla al interior de aquel lugar. Las paredes estaba decoradas con escenas de bailes y ricas fiestas, donde damas y caballeros elegantemente vestidos ejecutaban danzas que antiguamente tenían un gran prestigio. Escuchó aquellas palabras que ella le decía, sobre lo triste que se encontraba y susurró un nombre que el joven no llegó a escuchar. Tomando sus manos el joven la trató de consolar lo mejor que pudo hasta que unos brazos la rodearon por detrás y unos labios susurraron su nombre con un mimo, una ternura, un amor tan puros. Era mas que amor, era la devoción del creyente de Dios, era la fascinación del científico por sus experimentos, era la inspiración del poeta recitando. Solo fue una palabra, un abrazo pero pareció surtir un gran efecto. La Ominosa Dama Gris y el caballero sensiblero se miraron mientras una puerta se cerraba para dar intimidad. 

El amante fervoroso continuó su camino hasta que se abrió la sexta puerta. Salió de ella otro caballero bastante fornido, de porte galante y mirada marrón y muy limpia, con una luz soñadora en los ojos y torso al aire. Le contó su problema al caballero fervoroso: que la dama mas bella del mundo (para el caballero de rizos rubios), motivo de su sueños y suspiros, se encontraba ahora dormida como el mas puro e inocente de los ángeles y quería sorprenderla en tan maravillosas fechas. Sin dudarlo un momento el caballero fervoroso le dijo que fuera al invernadero y tomara una rosa blanca y un libro que le entregó con toda sencillez. El caballero inocente leyó por encima y el sonrojo acudió a sus mejillas. Con una sonrisa le dijo unas cuantas ideas de como presentar la escena con respecto a la ubicación de la rosa la que llamaron "el guardíán blanco" le llamó especialmente la atención. Sonrojado y contento el caballero fue a cumplir la misión de darle a la dama mas buena y bella del mundo un merecido regalo de San Valentín que no olvidaría en una buena temporada. Con una sonrisa pícara el caballero fervoroso siguió su camino. 

Se abrió la séptima puerta y apareció la que quizás sea una de las damas mas indescriptibles sobre la faz de la tierra o de ese mundo. Con su sonrisa siempre tan sutil, con esas intenciones tan abiertamente oscuras y al mismo tiempo indoloras reflejas en sus poderosos ojos, observó con fijeza, con todo lo que la compone, al servicial y encantador joven que siempre le hacía tan bello regalos. El se acercó y tendió su mano tras una gran reverencia. Ella acentuó apenas un milímetro la sonrisa y posó con toda delicadeza y elegancia su fría, fría y experta mano sobre la blanca mano del pequeño caballero. Con suavidad el caballero posó los labios en sus dedos y comentó lo radiantemente bella que se veía en ese día maravilloso. Comentó con total libertad aunque siempre con la mayor elegancia y educación todos los aspectos que la componían. Ella agradeció con esa voz fina como una campana de plata hecha por el mejor orfebre. Los ojos, llenos de poder, pasearon por sus facciones hasta que se encontró con la curva de su cuello, algo que el caballero fingió ignorar. Con toda teatralidad, en sus manos, tras unos movimientos de pluma fluida y firme espada, apareció un collar de esmeraldas presididas o representadas por un discreto pero sobresaliente corazón verde del mismo material que brillaba con prestancia. La dama contempló su regalo con una sonrisa discreta y alabó la exquisitez con la que había sido realizado. Se acercó a él y deslizó los dedos por su mejilla hasta su cuello, dejando un beso tan suave con seductor muy cerca de este antes de retirarse al interior de su espacio privado. 

Una vez recuperado tras las sensaciones de tan magistral y hechizante gesto, el caballero, amante, fervoroso creyente, joven y poeta se plantó frente a una puerta que formaba una bella rosa azul en cuyos pétalos había reflejadas multitud de escenas como bailes o batallas, miradas perdidas y encontradas. A su vez se preciaba un marco hecho de filigranas de plata que formaban volutas o motivos silvestres como flores primaverales o invernales. La forma de dos ojos se encontraban en ambas hojas de las dos puertas que había que abrir para que mostraran lo que había detrás. Se quedó observando aquella obra, reconociendo a los seres que le habían salido al camino, en actitudes tan características de ellas. Sonrió antes de entrar y encontrarse el espectáculo mas bello del mundo. 

Ella lo observaba con una mirada soñolienta. Era recién entrada la mañana y sus brazos cubría el cuerpo con las sábanas  negro.azuladas de satén que habían acariciado su cuerpo toda la noche. Los murales, cuadros, libros, poemas desperdigados y pétalos de ocho colores distintos hacían parecer aquel lugar como si hubiera pasado una ventisca, pero nada mas lejos de la realidad. Ella lo miró atentamente con una sonrisa radiante que provocaba serias dificultades a la hora de respirar. Sus grandes ojos oscuros reflejaban los trazos de un sueño reparador pero también algo de vergüenza dada su situación e intensa y apasionada seducción. Era un contraste inalcanzable y casi inimaginable hasta para los mas imaginativos, pero así era. Él se acercó con pasos lentos pero seguros, asimilando aquello que le ofrecían sus ojos, que no le engañaban. El brillo de su caballo color negro, la curvatura de sus caderas ocultadas por las sábanas y del resto de su insinuada figura desequilibraban los sentidos, la noción de realidad. Sin darse cuenta ya estaba muy cerca de ella. Le llegaba el aroma de su piel, el latir de su corazón, la luz de sus ojos. Ella era el ser mas preciado que había aparecido en su vida. Con una sonrisa a observó 

Una rosa azul se deslizó por una mejilla, rozó unos labios y siguió la curvatura de su cuello. Los ojos no se apartaban de ambos en lo que la rosa desfilaba sumisa entre dos colinas y pasaba una planicie con un pequeño oasis en el que podría descansar el peregrino. Finalmente, en medio de el mas dulce y apasionado beso, el guardián azul llegó al lugar indicado, a un lugar tan secreto y tan íntimo como un "te amo" susurrado en una noche de luna llena. Tan secreta e íntima como esa noche de luna llena en el día de San valentín. 


sábado, 8 de febrero de 2014

El gran día.


El general se alzó sobre el pequeño montículo de rocas que le permitía poder ver y ser visto por el resto de sus hombres, espada en mano y con la armadura puesta, observando todos los rostros hasta donde le alcanzaba la vista. El cielo era una alegoría de lo que quizás pasaría en breves instantes, pues estaba teñido de rojo como el mar de sangre que habían dejado todos aquellos hombres a su paso, el rojo mas oscuro de la sangre de los demonios mezclado con negros profundos carentes de la belleza que tiene habitualmente dicho pigmento. Los ojos de aquel hombre de extraño origen miraron a todos los hombres y mujeres que estuvieran dispuestos a luchar en nombre de lo sagrado. Habían recorrido miles de leguas persiguiendo lo soñado durante tantos años. Era el instante final de aquel largo camino de pérdidas y sufrimiento; habían construido puentes por donde pasaban los caballos blancos y negros, de crin rojiza como el atardecer y brunas como las noches mas oscuras y carentes de luna. El sol había contemplado el alzamiento y la caída de las flechas y los versos sobre los enemigos de aquella poderosa comunidad constituida por seres extraños, siempre soñadores, siempre trabajadores de la retórica, el saber, la lírica y la música, ahora armados contra su peor enemigo: el mal, la tristeza y la desesperación.

Se callaron los murmullos cuando la espada se alzó para dejar ver un brilló que inundó toda aquella planicie, todos esas caras esperanzadas. Un baño de luz que llenó los ojos y cada poro de la piel de cada hombre y mujer, tiñendo en blanco inmaculado su rostro y haciéndolos parecer dioses por un breve instante. Sonaron las primeras ovaciones que no tuvieron tiempo de extenderse, pues de pronto un silencio que fue impuesto por un trueno lejano. Se acercaba de frente una de las mas violentas oleadas de malévolos demonios que jamás hubiera contemplado hombre, mujer, niño o anciano alguno. El general observó lo que se acercaba y no dudó en dirigirse con voz clara, alzando de nuevo la espada con la que esa noche, igual que otras tantas, haría la justicia del bien:

-Esta es su sonrisa.- Dijo con voz potente, llena de una razón inmisericorde hacia cualquier cuestionamiento. Todo el mundo sabía que se refería a su espada, apodada con el nombre de la mujer que lo había traído hasta ese momento, hasta ese lugar.- Y esa sonrisa voy a verla esta noche porque al otro lado de esa colina se encuentra el motivo por el que tanto tiempo hemos luchado todos nosotros. Cada uno de vosotros tiene un sueño al otro lado de esa colina: la memoria de los muertos, la dulce caricia de vuestra amada, el abrazo de vuestros hijos, y esos malvados han secuestrado a las alegrías de nuestras vidas para no dejarlas escapar, para que se pudran en sus propios excrementos; pero les vamos a sacar de ahí. No dejaremos que les toquen o siquiera les miren. Yo lucho por la sonrisa de la mujer mas bella de mi mundo y hoy es el día en que la luna y las estrellas, el sol, los planetas, los grandes sabios celestes y Dios la enviaron a este mundo para rescatarlo de la oscuridad y que recuperará toda la gloria pasada, presente y futura de la creación poética. Nos atacarán con todo lo que tienen y nosotros le enviaremos todos y cada uno de los nombres de nuestros corazones en forma de fuego, hielo, acero, sangre, lágrimas de cristal bendecido, notas musicales, versos, historias, sonrisas, flores... en forma de cada uno de nuestros sueños cumplidos transformados en una forma nueva de alejar la oscuridad. Hoy es ese día.-Dijo con un grito potente.

Todo un bosque de armas extrañas se alzaron. Había espadas de metales extraños, de exóticas formas y materiales como tierra, madera o papel; lanzas ensortijadas en todo tipo de inscripciones en lenguas olvidadas con hojas temibles o aparentemente poco amenazantes, tridentes descomunales en cuyas tres puntas había otras tres puntas y afinando la vista se encontraban otras tres. Había arcos de maderas claras y oscuras, uno totalmente rojo que nunca fue pintado, otro naranja que estaba siempre candente al tacto empuñado por una mujer de piel rojiza. Había puñales de doble hoja o lo que en apariencia eran sencillos cuchillos de cocina. sin embargo había también libros, instrumentos musicales, astrolabios, cartabones. Las antorchas se alzaban dejando ver llamas de todos los colores y de algunas de color verdoso parecían salir ramas de árbol; de las azules podría decirse que estaban incendiadas en agua. Las miradas de todos aquellos y aquellas combatientes estaban puestos en el hombre que los había guiado hasta ahí, el cual en ese momento alzó el vuelo con dos grandes alas impregnadas en destellos multicolor, lanzando cientos de luces hacia la gran nube que se les aproximaba la cual se abrió y dejó ver lo que ocultaba.

Los grandes horrores se estaba abriendo paso a través de un pequeño bosque el cual quedó sumido en la mas completa desesperación. Criaturas deformes con varias manos, piernas, ojos u orejas avanzaban torpemente a través de la poca vegetación que quedaba viva. Todo lo que tocaban quedaba para siempre muerto en las manos de quienes desean el mal en este mundo y eso era para lo que venían el ejército de los caballeros poetas, de los músicos mercenarios, de los legionarios cantores. La nube se fue abriendo, mostrando los mas dantescos horrores, rodeando a todos aquellos buenos hombres y mujeres que parecían estar siendo devorados por el eterno abismo de la sempiterna oscuridad. Le acompañaba a todo aquel desastre los lamentos de las mujeres, niños, hombres, amores, que habían suplicado día y noche y llamaban a gritos a sus rescatadores, que en ese momento libraban una batalla contra la locura.No sucumbirían y no sucumbieron.

Dos alas se debatían furiosamente junto a otros camaradas alados, contra los pequeños y grandes dragones de fiero rugido que se lanzaban contra ellos, mientras un coro estaba afinando las voces y lanzaban una solitaria nota desde lo profundo de sus gargantas para ahuyentar la niebla tóxica de Desesperación. Donde antes se encontraba el general ahora un sencillo hombre de largo cabello movía la batuta llevando el compás de una melodía suave, concentrado pero al mismo tiempo consciente de todo lo que le estaba rodeando. Los poetas tenía sus libros abiertos y con una sonrisa elocuente, vivaz, unas veces pedante y otras humilde, recitaban los mas dulces versos que estaba dedicados a las mujeres de sus vidas. Al otro lado de aquella colina mujeres y niños parecían escuchar de fondo el murmullo y un dudoso "ese es mi marido" "ese es mi papá""suena como la flauta de mi amado" fue de celda en celda, causando la duda pero encendiendo las primeras llamas de la esperanza. Los niños estaban subidos a los hombros de sus hermanos o de sus amigos, contemplando el furioso batir de alas de un extraño ser de larga cabellera que portaba una espada con un nombre inscrito y que repartía mandobles y versos a partes iguales entre aquellas legiones oscuras:
Oh poderoso nombre de verdad
de luz esperanza, dulce beldad
no caeré en vuestra negra danza
Pues a Ella debo alcanzar

 Una mujer alzó su canto a las nubes que pronto empezaron a soltar una leve llovizna de tintes esmeraldas, un color muy esmerado, que hacía crecer la vida por donde quiera que esta hubiera estado.

Los tigres, bisontes, zorros, lobos, pájaros, perros, gatos, salamandras brillantes, topos cegatos se unieron a la batalla desde los bosques. Los enanos, con sus lenguaje tan poco elegante, empezaron a invocar sus propios hechizos protectores, llenando todo de una cacofonía de voces que daba un curioso sentido a todo aquello. El fuego caía de los cielos mientras el general de aquellas tropas, de aquellos hombres fieros, recibía un par de heridas de criaturas malvadas y bebedoras de sangre, libadoras de vida, enloquecidas por la ira, la desidia y de rostros tan bellos como fueron sus anhelos. Sus garras venenosas no llegaron a tocarle pero cayó y cayó hasta casi dar contra el suelo, siendo levantado por un trovador y un anciano cuentacuentos que depositaron en él una confianza ciega de cara a la victoria, al que hicieron alzar el vuelo con una canción sobre los ríos y un cuento sobre el mar y la luna. El Sol prestó su fuerza para que en cada una de aquella hojas de acero y de papel con tinta hubiera un nuevo brillo de esperanza. Sonaban por todas partes los instrumentos mas variados jamás vistos, unas veces tocando la misma canción y otras veces ramificándose en la fuerza mas devastadora del bien: la cultura y el folclore. Una dama de rostro salvaje e indómito enviaba con sus danzas bellos escarabajos de miles de colores y los gusanos y topos llevaron a cabo la mas excelente labor de zapador, devolviendo a varias de esas criaturas al abismo del que habían venido. Una sombra atrapó a un hombre que estaba a punto de ser aplastado por un ogro maloliente y horrendo, salvándolo de una muerte segura al aparecer unos metros mas allá, entre un tabernero y sus hijos los cuales querían rescatar a su esposa y madre. Los asistentes de campo se afanaban en atender a los heridos, que con unas vendas y la mirada de dos ojos azules volvían enardecidos al campo de batalla, enarbolando sus armas, instrumentos, papeles o voces; a veces, incluso solo una sonrisa.

La Bella Gente se unió bajo el estandarte triangular con una pantera de mirada algo antipática. La portadora de dicha enseña se lanzaba con dos mortíferas espadas para repartir elegantes, aceradas y mortíferas caricias entre los enemigos de la luz. Al lado de esa mujer iba otra dama, blanca como el mármol y vestida con tonos verdosos que hacían pensar un origen equivocada al que se le podría achacar. Pasando rauda y veloz entre un grupo de violinistas que mantenían a raya a unas cuantas harpías, la pálida dama iba montada sobre un gran lobo negro de mirada feroz y ojos anaranjados, que son total falta de cuidado y completamente lleno de seguridad se metió en el altercado entre varios poetas y espeluznantes híbridos entre hombres y arañas u otros insectos. Los furibundos rugidos y zarpazos barrían áreas enteras junto a los sutiles pero mortales golpes de la mujer que enarbolaba una espada y una daga de cristal verdoso, fino como el papel y cortante como el despecho de una dama. Los arqueros dispararon una lluvia de flechas para cubrir el cielo que tenían inmediatamente encima de ellos mientras terminaban dejando un reguero de patas y de cientos de ojos y cabezas, las cuales pronto eran convertidas en calabazas o en gruesos troncos de árbol que cubrían el cielo con sus frondosas y coloridas hojas. La dama blanca sonreía, exultante y gloriosa, ante los exabruptos de su lupino compañero en una lengua tan vasta como extensa a la hora de ofender verbalmente.

La batalla era dura, mas dura de lo que nadie habría podido imaginar, pero era realmente bella pues no existían los cadáveres, la sangre ni nada similar. Todo se convertía en vegetación, en rosas de todos los colores, en claveles, crisantemos, rododendros, orquídeos, tulipanes rojos y negros, violetas, amapola. El líquido de la vida seguía cayendo a finas gotas, terminando también con las nubes de oscuridad que trataban de alzarse por encima y hacer su devastadora voluntad de truenos y rayos. Un diablillo retorcido y cruel se lanzó, lleno de malignas intenciones, hacia un anciano sentado en un tocón. Cuando este anciano abrió los ojos azules, invidentes y sonrió con toda bondad, el demonio salió espantado de terror, dejando al anciano disfrutar de aquel sonido extraño junto a una bolsa de dulces que en ese momento estaba degustando en compañía de una dama que se mostraba encantada por el bonito gato que le devolvía la mirada de color morado. El lobo negro saltaba en ese momento para abrir en canal a un dragón (mas tarde un intrincado laberinto de ramas y claveles) que se había llevado la pata perteneciente a la señorita del gato.

El portador de aquel maravilloso verso estaba sumido en pleno vuelo cuando una flecha dio justo en el centro de su pecho, provocando una herida casi mortal que lo hizo caer y caer a través de una densa oscuridad. Movía las alas con energía pero seguía cayendo hasta lo mas profundo mientras la vista se le nublaba. Un golpe y de pronto la oscuridad. Desesperación sonrió con malicia pero se le congeló el gesto en el momento en que dos dagas atravesaban su pecho y destrozaban su cuerpo haciéndola soltar un último grito digno de su nombre, convirtiendose a posteriori en cientos de mariposas veloces. Tras una opinión rápida sobre los humanos y sus torpezas dos brazos delgados pero realmente fuertes arrastraron a aquel hombre hasta donde se encontraban los ojos azules que todo lo curaban junto a un anciano que antes había ahuyentado a un demonio con solo una sonrisa. Le extrajeron la flecha y como por arte de magia (o quizás realmente sí era magia) los pequeños sollozos cesaron, las alas resplandecieron de nuevo y de una explosión de felicidad y color la espada se transformó en una rosa azul que guió a los cielos junto al resto de su cuerpo, subiendo y subiendo hasta llegar a traspasar las mas altas nubes. Y sencillamente se dejó caer como quien se deja llevar por el mas abrumador sentimiento de alegría y bienestar al encontrarse frente a la mujer a la que iba dedicado ese regalo. Las alas quedaron pegadas al cuerpo como las del halcón que se abalanza sobre su presa y cayendo sobre su objetivo, una cristalera se rompió en mil pedazos que se fueron convirtiendo en granos de azucar para aterrizar en un camastro, ahora convertido en cama de plumas y una habitación con tapices majestuosos que ilustraban todo tipo de escenas.

Las dos alas y los dos brazos, ya libres de la armadura por arte de magia se cernieron sobre ese cuerpo tan magnífico, tan atrayente, tan equilibrado en sus divinas proporciones. Los ojos se acercaron aun mas a los de ella y la miró mientras con la rosa azul acariciaba su mejilla y susurraba suavemente contra esos labios que lo habían hecho suspirar y recitar cientos de poesías a la noche estrellada un dulce y tierno:


Sincero y calmado 
hoy me siento.
Cantando y riendo
mi corazón recuerdo.

Dulce tu risa de ensueño.
Aniquiladora de males,
da caza como sabueso
a las tristes banalidades

Eres la Musa de mis días,
de mis torpes pasos ;
de una letra sin bridas
que hace lo salvaje manso.

Por favor, toma mi mano
mira mis ojos humanos
volaremos muy lejos, muy alto 
hasta el sol con su reclamo.




sábado, 1 de febrero de 2014

Instante estático.

Nervioso. Su estado anímico era de nerviosismo puro al estar tan cerca de ella, mirando sus ojos negros, profundos, hipnóticos, que dejaban una huella en el alma. Contenía todos los arrebatos posibles y dejaba que el aliento entrara y saliera por su nariz y boca lo mas relajadamente posible. el sol empezaba a salir en ese mismo momento y desparramaba su larga cabellera de rayos dorados sobre la superficie del gran lago, en cuyas aguas tranquilas se reflejaban las montañas rodeadas por un bosque. Los árboles se mecían, unos acercándose a los ojos como si fueran personas murmurando entre sí, cuestionando que tan correcto sea el desarrollo de la escena que se llevaba a cabo. Algún pájaro en la lejanía estaba comenzando a afinar las cuerdas vocales mientras el ser observaba los ojos de la dama mas bella del mundo. Eran unos ojos especiales, realmente poderosos, que dejaban el corazón y el alma vulnerables, los sentimientos expuestos, las emociones se agolpaban en la garganta; en algunos casos hasta corrían las lágrimas por la emoción de tenerla frente a frente. 

Sus bonitos ojos fueron los supervisores desde cierta distancia de una sonrisa que se fue mostrando poco a poco en los rostros de ambos. El reflejo del agua que llegaba alcanzar los árboles mas cercanos, inclinados como si estuvieran atentos al movimiento de las profundidades acuáticas, también alcanzaba la superficie de dos grandes alas, arrancando aun mas reflejos que daban a la escena una lluvia de brillos visible desde muchos pasos de distancias. Los animales no sabían si acercarse o alejarse de aquella escena, pues se sentían fascinados ante el brillo de las alas de aquella extraña ave que tenía cuerpo humano, alas de pájaro y mirada de niño, de fiero guerrero, de hombre sensible en extremo que podría quebrarse en cualquier momento, de taimado pensador pero ante todo de mortal. No era mas especial que muchos otros hombres buenos y malos, viles y honrados , hubieran pisado la tierra que ahora pisaban ambos. Su mirada era el motivo de miles de líneas, de cientos de versos, de caricias infinitas dadas en la oscuridad a un rostro invisible con el cual soñaba hasta bien entrada la mañana. Pero sus ojos...

Su mirada era el todo y la nada mas absolutos. Todo lo reflejaba y nada quedaba indiferente ante ella. Dos espejos de obsidiana que devorarían al mas pintado, que acobardarían al mas fanfarrón de los hombres o a la mas mentirosa de las mujeres. Dos lunas llenas de color oscuro que no ocultan nada a la vista de los que saben leer la mirada pero prometen todo un océano de secretos para quienes ignoran el misticismo ascético que promueve la luz de aquellos ojos. No eran baldíos de emoción y no despreciaban la mínima mota de conocimiento que pudieran leer. Enmarcados en aquel rostro jugaban el papel fundamental en el juego de la armonía mas perfecta; eran capaces de mezclarse sin desentonar con los colores de la sutil seducción, de la maternal ternura o de la mas elocuente verdad; colores que no son colores, igual que la perfección imperfecta de la dueña de aquellos ojos mágicos. 

Dejaba mucho que desear todo aquello que pretendiera parecerse a aquellos ojos tan llenos de luz, tan cálidos, tan aterciopelados en su mirar. No se podría perder aquel ser tan encandilado con ella en un lugar tan maravilloso como sus ojos. Quizás en el resto de su cuerpo, un templo de secretos placeres. Todo lo contado hasta el momento era nada para él, un poeta para unos y sencillo amigo para otros, que ahora olvidaba todo lo malo del pasado para centrarse en su belleza, en ese momento preciso donde sus manos rodeaban su cintura y se fundía con ella en un abrazo que ojalá durara toda la eternidad en la que poder susurrarle palabra a palabra, gesto a gesto, cada una de las ideas que había tenido sobre ese momento, sobre ese preciso instante en le que por fin tendría la oportunidad de apoyar la mejilla sobre lo alto de su cabeza gracias a su baja estatura, poder sentir el aroma de su cabello sedoso y negro, de su piel suave y tersa, cálida. No pudo evitar un estremecimiento de emoción, de incredulidad por lo perfecto de esos segundos que quizás se convirtieran en minutos. 

Entonces todo se quedó congelado en un sentido casi literal de la palabra. Todos los acontecimientos alegres y tristes de su existencia dejaron de tener sentido en su continua lucha por reinar en el alma de aquel supuesto poeta. Las mariposas y las aves de vivos colores se quedaron paralizadas en pleno aleteo o en el mismo momento en que observaban algo desde sus ramas y nidos; los vientos, siempre tan impredecibles adoptaron la mas sosegada de las calmas dejando cada brizna de hierba y cada flor completamente inmóviles. Al mismo tiempo cada uno de los elementos que les rodeaban, cada hijo de esos cuatro elementales básicos, parecían contener el aliento, como si esperaran algo tras ese instante que podría ver nacer y caer imperios sin perder siquiera un poco de todo su elegante y romántico lustre. Solamente se movían los corazones, siempre al mismo son y tocándose a través de las pieles y de as ropas o la distancia. 

Solo podría describirse el corazón de ese supuesto poeta en unos pocos trazos. Sus emociones eran complejas, un cúmulo de ideas, de planes, de deseos, de sueños que no casan los unos con los otros pero tenían el sentido necesario como para no sumirlo en la mas absoluta locura. Cada latido antes de aquel instante fue una plegaria y un paso para llegar y ahora era un tributo, un pago para poder quedarse por siempre abrazado a ella, que nada los separara en esa vida o en las que siguieran. Su corazón se estremecía una y otra vez ante su cercanía, dechado de virtuosas sensaciones que cumplían todas las expectativas. Era un corazón difícil de perturbar en su constancia pero que la mujer que se encontraba entre sus brazos podía matar a voluntad si ella así lo deseara, ya fuere por exceso de estímulos o por exceso de alegría. Aquel corazón estaba llameando por dentro, convirtiendo la sangre en la va que recorría todo el cuerpo, quitando el frío de la oscura soledad para llenarlo de su luminosa compañía. La adoraba por encima de casi todas las cosas, la alababa de la mejor de las maneras recitando su nombre en bellos poemas. Cada palabra que ella pronunciaba era una campanada de victoria, un sueño cumplido, la ausencia de una derrota, la marcha de una tristeza que abandonaba el lánguido caudal de la existencia. 

Cuando ambos se volvieron a mirar a los ojos mil noches y mil días habían pasado; los imperios habían nacido y muerto hacía siglos y los hombres habían engendrado generaciones y generaciones. Los primeros árboles desaparecieron o se hicieron mas altos y fuertes, la hierba dio paso a las flores mas bellas de los materiales y colores mas fascinantes. La Luna preparaba el peine de plata y el sol se ocultaba entre dos colinas como las que subían y bajaban en medio de aquella cálida y femenina respiración, No reparaban en nada mas que no fuera los ojos del otro. Ella observó a su acompañante dejando una mano elegantemente sobre ese corazón incendiado, devoto hasta la última gota de sangre y creyente sin duda alguna sobre el cielo en la tierra. fue subiendo la mano hasta acariciar suavemente su rostro, sin perder de vista esos ojos que la adoraban, que la necesitaban, que bebían de su mirada. 

Y ese instante se volvió a congelar.