jueves, 13 de febrero de 2014

Los múltiples rostros del amor.

Las estatuas miraban con sonrisas serenas y miradas bondadosas, astutas y maliciosas el rápido caminar del amante. Nervioso y apresurado, miraba de vez en cuando a través de las grandes ventanas que decoraban el pasillo y a través de las cuales la luz del sol se filtraba con toda libertad, sacando reflejos al mármol azulado que embaldosaba todo el largo pasillo. A los lagos las mencionadas estatuas portaban, arcos, espadas, bolsas de tela o garras muy afiladas, mostraban rostro dulces, tiernos, maternales, algo desquiciados, radiantes de placer o genuinamente maliciosos; Se encontraban vestidas con ropas de metales preciosos de colores verdosos, morados, azule verdosos, rosas rojizos muy escasos en esa extraña tela, blancos, grises, violetas o bien luciendo unas bonitas garras de ónice negro. Portaran libros, espadas o incluso nada todas esas estatuas guardaban algo vivo en la expresión pétrea, un perfecto calco de esas ocho personalidades tan misteriosas, fascinantes, benditas, malditas, elocuentes, silenciosas, dulces, agrias, saladas, ácidas, sarcásticas, crueles, generosas. Esas ocho damas ahora estaban cada una en una realidad distinta, enterradas u ocultas en el interior de un corazón tan bueno como profundo, herido, fascinante, cálido, seductor. 

Sus ojos iban de un rostro a otro pues varias veces se repetían esas estatuas realizando diversas actividades o mostrando diferentes actitudes, a veces reposando con un libro en las piernas, mirando a quien la contemplara de frente con intenciones tan oscuras como adictivas o incluso en pleno salto antes de asestar una certera y mortífera puñalada. Iba estudiando sus rostros, haciendo auto-análisis de cada experiencia con ellas, de cada una de las formas en que lo habían enternecido y provocado emociones tan fuertes a pesar de no tener una presencia física en el mundo real. Y eran parte de ella. Cuantas veces los habían enternecido, lo habían fascinado y hasta enamorado; cuantas veces lo habían deprimido y hasta atemorizado ante la posibilidad de tantas acciones que no tendrían repercusiones reales pero que aun así... aunque todo eso, desde luego no le quitó la sonrisa. 

Siguió caminando por el pasillo, por ese largo pasillo que llevaba  aun sinfín de puertas en diversos estados y hechas de muchos materiales. De una salían gritos de dolor, de otras sollozos y de otras sonidos propios de noches de pasión, de perversiones reprimidas que afloraban en cuerpos dispuestos a sentirlo todo y sin importar las consecuencias. De otras puertas salían olores nauseabundos, aromas deliciosos, chispas de colores o aromas exóticos y de lo mas mundanos. 

Pero ninguna de aquellas puertas captaba tanto la atención como la que tenía justo enfrente a una buena distancia. A los laterales había ocho puertas cada una de un color distinto. pasando por las primeras dos puertas una se abrió y una mano lo aferró y lo arrastró al interior de una habitación rojiza con muchas sedas y cojines cómodos, Una gran cama redonda era el motivo central y ahí fue a parar el amante. Con os ojos desorbitados fue casi desnudado al momento pero un segundo ser se abalanzó sobre la secuestradora de prominentes caderas, generoso busto y mirada prendida en la lujuria mas absoluta. La tercera persona presente, de cuerpo perfecto y pecador de mente, mirada y profesión susurró un "Feliz San Valentín querida" antes de devorar aquellos labios valuptuosos como el resto de su cuerpo. El secuestrado pudo salir colocándose la ropa y no haciendo mucho ruido.

Reanudando su camino, otra de las puertas se abrió y unos ojos somnolientos miraron al caballero secuestrado y ahora liberado. Vestida con un precioso y morado pijama, la señorita murmuró algo sobre criaturas ancestrales y milenarias con palabras mucho mas simples y tiernas que encandilaron el corazón del caminante por unos momentos. Al parecer la pequeña dama no podía dormir pues se sentía sola. El caminante se entristeció por un momento pero al momento se le ocurrió la gran idea; de sus manos salieron hebras de una negrura impenetrable que fueron formando una forma animal de buen tamaño. Al momento un gran lobo de peluche, del tamaño de la señorita aproximadamente  con un "Feliz San Valentín locuela encantadora" decorando su cuello y con el hocico en forma de corazón morado, a casi imagen y semejanza de un amigo que tenían en común. La pequeña y encantadora criatura se emocionó, agarró el peluche y durmió feliz soñando con piyotesaurios. 

Contento y reanudado el camino no pudo continuar mucho mas pues se abrió la tercera puerta. De ella salió una gran pantera negra acompañada de los sonidos de lo que parecía un gran e intenso reencuentro amoroso. Se podía detectar en el aire el aroma del agua salada y el sonido de las olas del mar. Con toda la mirada antipática del mundo la pantera ignoró de forma reiterada al pequeño e insignificante humano, no merecedor en lo mas absoluto de su atención mientras su gran y encantadora amiga se distraía y celebraba ese día por todo lo alto: sencillamente se tumbó a la entrada mientras pensaba en sus cosas. el humano la observó con una pequeña sonrisa en lo que la pantera sequía obviando su presencia, su mera existencia. la puerta se cerró mágicamente y el humano continuó. Pocos minutos después la pantera se metía en su propia habitación con una cama muy grande y cosas que tirar al suelo, un regalo reciente de cierto caballero. 

Se abrió la cuarta puerta y asomaron unas orejas puntiagudas en medio de una oscuridad impenetrable. Unas palabras en un idioma muy antiguo (aunque no mas antiguo que el amor) se fueron arremolinando en forma de sombras alrededor del joven de piel extremadamente blanca. Un montón de cuchillos, dagas, flechas, concretamente doce, se clavaron alrededor de aquel ser formando un corazón bastante macabro en el suelo. Sorprendido y algo atemorizado fue recogiendo los extraños obsequios o amenazas de muerte veladas. Cuando hubieron estado todas bien apretadas entre sus manos e ignorando un par de cortes, estas se convirtieron para seguramente fascinación y horror de la dama de las sombras en una docena de rosas violetas que le entregó con una elegancia reverencia. La tarjeta rezaba "Para una de las damas mas elegantes y mortíferas de este universo. Porque a veces quiero matarte pero sería matar una parte muy importante de este mundo". Dos ojos brillaron en la oscuridad con unos tonos violetas preciosos y desaparecieron. 

Se abrió la quinta puerta. Un rostro inexpresivo lo observaba con unos ojos preciosos pero que se encontraban enrojecidos por las lágrimas. El joven se sintió repentinamente triste, acongojado y no dudó en tomar las manos de esa mujer y acompañarla al interior de aquel lugar. Las paredes estaba decoradas con escenas de bailes y ricas fiestas, donde damas y caballeros elegantemente vestidos ejecutaban danzas que antiguamente tenían un gran prestigio. Escuchó aquellas palabras que ella le decía, sobre lo triste que se encontraba y susurró un nombre que el joven no llegó a escuchar. Tomando sus manos el joven la trató de consolar lo mejor que pudo hasta que unos brazos la rodearon por detrás y unos labios susurraron su nombre con un mimo, una ternura, un amor tan puros. Era mas que amor, era la devoción del creyente de Dios, era la fascinación del científico por sus experimentos, era la inspiración del poeta recitando. Solo fue una palabra, un abrazo pero pareció surtir un gran efecto. La Ominosa Dama Gris y el caballero sensiblero se miraron mientras una puerta se cerraba para dar intimidad. 

El amante fervoroso continuó su camino hasta que se abrió la sexta puerta. Salió de ella otro caballero bastante fornido, de porte galante y mirada marrón y muy limpia, con una luz soñadora en los ojos y torso al aire. Le contó su problema al caballero fervoroso: que la dama mas bella del mundo (para el caballero de rizos rubios), motivo de su sueños y suspiros, se encontraba ahora dormida como el mas puro e inocente de los ángeles y quería sorprenderla en tan maravillosas fechas. Sin dudarlo un momento el caballero fervoroso le dijo que fuera al invernadero y tomara una rosa blanca y un libro que le entregó con toda sencillez. El caballero inocente leyó por encima y el sonrojo acudió a sus mejillas. Con una sonrisa le dijo unas cuantas ideas de como presentar la escena con respecto a la ubicación de la rosa la que llamaron "el guardíán blanco" le llamó especialmente la atención. Sonrojado y contento el caballero fue a cumplir la misión de darle a la dama mas buena y bella del mundo un merecido regalo de San Valentín que no olvidaría en una buena temporada. Con una sonrisa pícara el caballero fervoroso siguió su camino. 

Se abrió la séptima puerta y apareció la que quizás sea una de las damas mas indescriptibles sobre la faz de la tierra o de ese mundo. Con su sonrisa siempre tan sutil, con esas intenciones tan abiertamente oscuras y al mismo tiempo indoloras reflejas en sus poderosos ojos, observó con fijeza, con todo lo que la compone, al servicial y encantador joven que siempre le hacía tan bello regalos. El se acercó y tendió su mano tras una gran reverencia. Ella acentuó apenas un milímetro la sonrisa y posó con toda delicadeza y elegancia su fría, fría y experta mano sobre la blanca mano del pequeño caballero. Con suavidad el caballero posó los labios en sus dedos y comentó lo radiantemente bella que se veía en ese día maravilloso. Comentó con total libertad aunque siempre con la mayor elegancia y educación todos los aspectos que la componían. Ella agradeció con esa voz fina como una campana de plata hecha por el mejor orfebre. Los ojos, llenos de poder, pasearon por sus facciones hasta que se encontró con la curva de su cuello, algo que el caballero fingió ignorar. Con toda teatralidad, en sus manos, tras unos movimientos de pluma fluida y firme espada, apareció un collar de esmeraldas presididas o representadas por un discreto pero sobresaliente corazón verde del mismo material que brillaba con prestancia. La dama contempló su regalo con una sonrisa discreta y alabó la exquisitez con la que había sido realizado. Se acercó a él y deslizó los dedos por su mejilla hasta su cuello, dejando un beso tan suave con seductor muy cerca de este antes de retirarse al interior de su espacio privado. 

Una vez recuperado tras las sensaciones de tan magistral y hechizante gesto, el caballero, amante, fervoroso creyente, joven y poeta se plantó frente a una puerta que formaba una bella rosa azul en cuyos pétalos había reflejadas multitud de escenas como bailes o batallas, miradas perdidas y encontradas. A su vez se preciaba un marco hecho de filigranas de plata que formaban volutas o motivos silvestres como flores primaverales o invernales. La forma de dos ojos se encontraban en ambas hojas de las dos puertas que había que abrir para que mostraran lo que había detrás. Se quedó observando aquella obra, reconociendo a los seres que le habían salido al camino, en actitudes tan características de ellas. Sonrió antes de entrar y encontrarse el espectáculo mas bello del mundo. 

Ella lo observaba con una mirada soñolienta. Era recién entrada la mañana y sus brazos cubría el cuerpo con las sábanas  negro.azuladas de satén que habían acariciado su cuerpo toda la noche. Los murales, cuadros, libros, poemas desperdigados y pétalos de ocho colores distintos hacían parecer aquel lugar como si hubiera pasado una ventisca, pero nada mas lejos de la realidad. Ella lo miró atentamente con una sonrisa radiante que provocaba serias dificultades a la hora de respirar. Sus grandes ojos oscuros reflejaban los trazos de un sueño reparador pero también algo de vergüenza dada su situación e intensa y apasionada seducción. Era un contraste inalcanzable y casi inimaginable hasta para los mas imaginativos, pero así era. Él se acercó con pasos lentos pero seguros, asimilando aquello que le ofrecían sus ojos, que no le engañaban. El brillo de su caballo color negro, la curvatura de sus caderas ocultadas por las sábanas y del resto de su insinuada figura desequilibraban los sentidos, la noción de realidad. Sin darse cuenta ya estaba muy cerca de ella. Le llegaba el aroma de su piel, el latir de su corazón, la luz de sus ojos. Ella era el ser mas preciado que había aparecido en su vida. Con una sonrisa a observó 

Una rosa azul se deslizó por una mejilla, rozó unos labios y siguió la curvatura de su cuello. Los ojos no se apartaban de ambos en lo que la rosa desfilaba sumisa entre dos colinas y pasaba una planicie con un pequeño oasis en el que podría descansar el peregrino. Finalmente, en medio de el mas dulce y apasionado beso, el guardián azul llegó al lugar indicado, a un lugar tan secreto y tan íntimo como un "te amo" susurrado en una noche de luna llena. Tan secreta e íntima como esa noche de luna llena en el día de San valentín. 


2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias con mucho retraso querida Esteer, no se cuando activé la moderación de comentarios... tus palabras son una bonita recompensa al esfuerzo. espero que tu hayas tenido también un feliz san Valentín.

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