martes, 26 de junio de 2012

Carta a la Musa IV

Querida Musa:


Mis recuerdos vuelan aun alrededor del último momento en el que vi tu rostro, tu sonrisa y todo aquello que creo te hace buena para mi persona. Es ya lejano ese momento pero confío en podernos encontrar de nuevo bajo el brillo de esa bella luz que regalas al mundo y a este humilde siervo de ti con tu sencilla presencia. En mi mirada ha quedado grabado la última imagen que tuve de ti, de aquella vez en que tu sonrisa y esa bonita confianza, eso que nos une, se hizo mas fuerte con el sencillo encuentro entre nosotros dos. Me siento plenamente satisfecho de haber sido causa de bien, de haber visto aquella sonrisa por última vez antes de nuestro reencuentro. Porque nos vamos a reencontrar, de eso estoy seguro y con todo lo que nos depare la vida seguramente mas de un reencuentro seguido al que nos espera también lo vamos a tener. Y te estaré esperando cada día que pase hasta que nos volvamos a ver. Desde entonces mantendré tu recuerdo acariciando mi memoria con esa ternura que solo he sentido contigo. En esta carta plasmaré de nuevo todo aquello que me surge del alma ante tu pensamiento, de cada una de las emociones que tus palabras y actos causan en mi con todas sus consecuencias benignas.


El recuerdo de tu mirada se me clava en la memoria con el delicioso dolor de la extrañeza, sabedor de que voy a sonreír como no tienes una idea y a alegrarme sobremanera cuando me vea bañado por aquella luz divina de tus labios curvándose tan deliciosamente. Aquella mirada tan limpia que a mi me proporciona unas sensaciones tan contrarias y bellas como la tranquilidad o el estremecimiento que remueve en la intimidad de mi espíritu pensamientos no muy aptos para aquellos que gustan de la moral y aun así teñidos de una belleza indescriptible. No olvidaré el primer recuerdo que tengo de tu mirada, en el que pode sumergirme en un mundo del que desee no salir, es mas, del que quise formar parte, dejar algún recuerdo imborrable. Con una agradable sensación rememoro tu mirada intensa, que puede hacerme perder la cabeza, hechizarme y cortar el hilo de mis pensamientos, de las ideas que no sirvan para nada dejando a un lado todo eso para dejar paso a las palabras que te impulsen irrefrenablemente a sonreír en cada una de mis frases, de mis poemas sacados de la improvisación, en cada verso que se me ocurra decirte al oído. Aquellos ojos tienen la luz del destino mismo de la humanidad si toda tu te propusieras decidir sobre esta. Veo un poder enorme al que no temo pero al que presto la debida reverencia. De tus ojos haré las constelaciones que sean necesarias para poder guiarme a través del mundo que hay detrás de ellos para no perderme por siempre. Y aun así no temo ese destino.


Abogo por la luz en el mundo representada por tu gran sonrisa, esa sonrisa que cada vez que veo aparecer pienso que las estrellas en conjunto de estos y otros cielos me sonríen y me auguran un bello destino. Y es a su vez un templo que cierra sus puertas ante los males del mundo. Y esos son mis enemigos pero yo los desterraré de tu vida para que no pierdas nunca las ganas de sonreír. Su blancura es infinita y la luz que desprende cura todos los males que pueda habitar en el interior de alguna persona. Toada mi apatía desaparecerá cuando vea de nuevo esa sonrisa que tanto encandila a cuanto ser humano te sale al paso. Aquella sonrisa que vi por primera vez me hizo pensar ´´tengo que hacer que siempre sonría´´ porque siento tu luz muy dentro de mi cuando sonríes. Tu sonrisa es el aleteo de un ave en libertad, la alegría de un niño que siente que es querido, la sensación de bienestar cuando algo sale realmente bien. Tu sonrisa puede tener los mas beneficiosos efectos, como si fuera el remedio a los males del mundo, del cuerpo e incluso del alma. Tengo toda la fe del mundo en que si ha de existir para algo la eternidad, sea la luminosidad de tu sonrisa, la cual me has regalado en mas de una ocasión, la cual ha exterminado mis tristezas de una sola vez. Me impulsa también a sonreír para que tu sigas sonriendo, dándote apoyo hasta el final de esta vida y el comienzo de la siguiente, en la que tu luz guíe mis pasos una vez mas.


Recuerdo cada uno de esos pequeños gestos en los que está impresa tu huella dentro de mi. Cada uno de ellos que es rememorado, en cada palabra que escuchó de esos dulces labios puedo crear un soldado en forma de historia que luche por el bien del mundo. De este mundo que es el viento entre los árboles para igualar a tu voz, las cristalinas notas de los riachuelos para que representen a tu risa y el estallido de las estrellas para esa alegría demoledora que todo lo arrasa en forma de luz y color. Siento la bella sensación de haber creado una de las maravillas que nunca serán contempladas por mas que nosotros. No hay comparación a todo aquello que mi mente crea cuando aparece tu estampa entre mis pensamientos mundanos, logrando que estos adquieran un matiz irrepetible, único en todas sus diamantinas facetas. Cada uno de esos pequeños gestos es una gota de ambrosía de los dioses que me concedes a mi, este humilde siervo al servicio de tu persona, ante la cual ofrezco mi espada, alas y un sin fin de cosas banales para que las tomes a tu antojo y les des la utilidad que gustes. En la gran batalla de al vida me sirven a día de hoy pero quisiera compartirlas contigo para que juntos podamos derrotar todos los males interiores y exteriores a nosotros. Dejo a tus requerimientos estas tus alas a partir de ahora que nunca se van a despegar de mi pero que desde la primera caricia a tus plumas te han pertenecido de alguna forma y solo van a rodear tu cuerpo con esa tonalidad azulada y brillante que tantas motivadoras sonrisas te han arrancado.


Son esas mis armas y muchas mas que tengo en mi haber dulce Musa de mis versos. En cada noche digo alguna bella poesía, buena o mala pero salida desde lo mas profundo de mi ser para que el viento la lleve hasta ti y te acompañe en los sueños o te acaricie el rostro y el alma cuando estés triste. Podría navegar, volar o excavar a través de mares y tierras para sentir de nuevo aquella luz que me regalas con tu presencia, por la que pienso luchar hasta las última fuerzas en defensa de su eterno brillo, sin temor al error que me separe de ti porque bien sabes que todo aquello que hago lo hago de corazón y con la intención de hacerte el mas notable de los bienes. Una sola lágrima tuya es un puñal que asesina un bello motivo por el que existir en este mundo. Y yo secaré todas tus lágrimas cuando estén mi mano poder hacerlo. Te cuidaré con estas alas que esperan para abrazar tu cuerpo y estos brazos que pretenden envolver tu alma en una especie de capa de seguridad eterna. Mis labios ya están deseando acercarse a tu oído y susurrar el mas secreto y obvio de los ´´te extraño´´ con una suavidad que no iguale ni el terciopelo. Y si cuando nos encontremos buscas el reposo entre mis brazos, sobre mi pecho, donde dormir a gusto, entonces eso es lo que tendrás. Ofrezco este cuerpo y alma a la voluntad de tu descanso para que sea tu refugio mas seguro y así pienso repetirlo cuantas veces haga falta oh poderosa Musa.


Y aunque la batalla sea dura yo resistiré a la espera de que tu llegues a mi. O de que el destino me ponga cerca de ti y podamos separarnos solo tras el mas largo de los abrazos. Miraré tus ojos, besaré tus dedos y sentiré que al fin todo tiene un sentido especial en esta vida, que cada acierto y error confluyen en la delicada fragancia de tu piel, en la suavidad de tus gestos y la elegancia de tus pasos y movimientos. Todo eso será la confluencia de una corriente que llenará cada una de mis células de una energía rica en bondad, en buenos pensamientos. Quien sabe si regado por una negra cascada que es tu cabello sobre mi pecho y nuestras miradas dedicándose inconfesables palabras que no pueden ser dichas en idioma alguno. Partirán todas las razones por las que sonrío del castillo de blancas paredes de mi corazón hasta el puerto seguro de tu mirada.  Y volaré libre hasta que pueda verte en el horizonte y sienta esa poderosa sensación de querer abrazarte.


Me despido recordándote que eres la mas luminosa de las presencias en mi vida, que puedo respirar tranquilo sabiendo que algún día volveremos a vernos por mucho tiempo que pase. Aun así espero verte pronto y que me cuentes todo aquello que te tuvo ausente y yo pueda susurrarte algún versos suelto a tus lindos ojos a través de mi mirada.


Atte: Tu caballero alado que te quiere como no se hace ni el mismo a la idea. 


lunes, 18 de junio de 2012

Cuatro elementos

Esa noche siempre espléndida por su presencia lo era mas por un motivo muy especial. Su elegante persona estaba radiante, vestida con aquellas ropas que la hacían embellecer mas de lo que ya estaba, algo realmente imposible de concebir cuando se trata de mirar aquellos ojos. Sus labios estaban ligeramente curvados en esa pequeña sonrisa que lo enloquecía y por la que había luchado durante tanto tiempo hasta lograr verla y a la vez sin habérselo propuesto. Las estrellas brillaban en lo alto y las pequeñas luces flotantes se movían a su alrededor. No eran luciérnagas, sencillamente eran motas de magia luminosa que flotaban a su alrededor haciendo de esa noche aun una experiencia mucho mas bella. Sus labios estaban perfectos al igual que la bella sintonía de emociones que hacía con su mirada, que también sonreía. Él no pudo por menos que suspirar y alargar una mano a su rostro, repasando con un solitario dedo la linea de su suave mandíbula que no era ni ausente ni muy pronunciada. A ese camino se unieron unos cuantos dedos mas que se dedicaron a repasar y apreciar la suavidad de la piel en sus mejillas. Las miradas no se separaban en momento alguno.


Acercó su rostro al de ella y las sonrisas se volvieron algo nerviosas pero la prisa no era buena consejera por lo que sencillamente se quedaron así, mirándose mas de cerca y él tratando de asimilar ese bello y perfecto momento en el que con una de sus manos comenzó a propiciar caricias a aquella figura que tan sedcutora encontraba en sus momentos y en su quietud. poco a poco deslizó los dedos por su vientre en una subida constante y lenta, pasando por entre sus senos, como una caricia larga y lenta que trata de apreciar en esa pincelada toda la belleza y la suavidad d su piel. Sus dedos estaban vibrantes de emoción por querer hacer muchas otras cosas pero las ansias fueron reprimidas, no tenía que precipitarse, mirarla era ya todo un regalo de los dioses o de un solo dios, eso nunca lo sabría ni le daría excesiva importancia. Una profunda respiración culminó sobre aquellos labios ni finos ni gruesos pero de una suave y delicada textura en un suspiro de placer anticipado. Los dedos llegaron al cuello y suavemente pasearon de nuevo por la mandíbula y la mejilla con extrema delicadeza. A su forma de verla a ella, a aquel ser lleno de oscuridad le resultaba doloroso la idea de cuasarle daño con solo pensar con excesiva presión sobre su piel, como su de un solo roce de sus dedos se pudiera partir ese bello lienzo que se repartía a lo largo de todo su cuerpo. Los dedos de ella se posaron sobre su mano, cubriendo con una exquisita calidez aquel pincel frío y pálido que estaba en su rostro. Suavemente los dedos guiaron a esa mano de forma lenta a través de un viaje por el resto de su cuerpo.


Se conocían lo suficiente como para saber que puntos tocar o dejarse tocar. Ella lo guió a lo largo de su cuerpo tornando esa mirada tierna en unos ojos depredadores, penetrantes y terriblemente seductores que atraparon toda su atención, que lo pusieron nervios, en el papel de la presa que sucumbe ante el puma. La punta de su lengua se acercó decidida y repasó una de sus comisuras dando a continuación y tras una sonrisa una serie de siete besos lentos y muy suaves. Un suspiro, primer tanto a favor de aquella exquisita criatura, salió de los labios de aquel caballero que temía como nadie caer en desgracia pero olvidaba todo cuando se encontraba en su presencia, tranquilo o quizás excitado, alegre o pensativo, pero bien a fin de cuentas. Ella sonrió radiante, deslumbrando los ojos de aquella que era su mas clara señal de bien, estandarte de al cordura aun a pesar de los malos momentos. La mirada no cesaba de taladrar sus ojos con muchas pretensiones y los dedos guiaron aquella mano sobre su corazón, el cual se encontraba acelerado, algo mutuo entre ambos cada vez que las distancias eran mas y mas cortas. Un suave roce dado con curiosidad y divertimento supuso un primer beso de esa bella noche que los contemplaba con el brillo de las estrellas como un millar de ojos y las rosas azules creciendo a su alrededor a medida que aumentaban las sensaciones. Un segundo roce, algo mas notorio se hizo sentir en los labios de ambos, que se habían lanzado al ataque para saborear el aliento, el perfume interior que sale de entre aquellos labios tan deseados. Se llevaron los oídos el susurro de un nombre dicho contra esos labios tan tiernos y de sabor tan dulce.


Los ojos no se separaban los unos de los otros mientras poco a poco ella tomaba por un momento el control de esa mano y la guiaba a su corazón, dejando que se deleitara con los latidos de este. En su pretensión de que bajara los blancos dedos remolonearon pues aquel sencillo sonido era el mas maravilloso que se pudiera sentir en el oído o bajo los dedos, aquella piel subiendo y bajando constantemente sería algo de lo que nunca se cansaría, como aquellos ojos que tornaban la seducción en ternura al denotar como los ojos de aquel exiguo protector estaban ahora enternecidos por aquel sentimiento que le rodeaba cada vez que tales sonidos, esas notas perfectas y constantes se hacían mas y mas rápidas en su ejecución. Con sutileza, la piel morena condujo a la piel blanca a un lateral de su perfecto cuerpo, dejando sentir la textura de tan suaves y mullidas colinas en las que cualquier guerrero exhausto estaría encantado de poyar su cabeza para reposar por una eternidad. Aquel acto, aquella cata de manjares mediante un tacto que trataba de demostrar toda la seguridad del amante experimentado fue aderezado con un profundo beso que no dejó lugar a dudas de todo aquello que se acumulaba en lo profundo del mismo ser. Las lenguas, blandas y cálidas, en lo mas absoluto tensas por la situación se encontraron y con delicadeza comenzaron a reconocerse como iguales, a bailar una lenta danza que también tenía por participantes a los labios unidos en un sello sagrado de entrega y generosas acumulaciones de un placer incipiente.


Las pieles se rozaron un instante en toda la extensión de sus cuerpo. Las sábanas cubrían parte de los cuerpo en tanto que estaban a la vista aquellas bocas que lentamente se movían. Los ojos esta vez cerrados se entregaban al placer. Aquel viaje por el cuerpo de ella se reanudó de nuevo cuando en su recorrido aquella lenta, solitaria caricia ascendente se volvía descendente en compañía de esa delicada mano que tanto gustaba de besar en sus dedos cuando se veían a los ojos, cuando se tenían no tan cerca como en esa ocasión. A su memoria acudía el olor de su piel, la suavidad y el erizamiento que experimentaba cuando su nariz y labios aspiraban y saboreaban aquel delicioso manjar que no debía desprenderse del cuerpo, algo difícil de contener cuando se tiene el sabor de la sangre y la carne constantemente en los labios. Se sentía preso de sus ojos cuando los veía, de su aroma cuando lo olía, de su piel cuando la tocaba, de su mente cuando la pensaba o la imaginaba a su lado en las noches de soledad, incapaz de consumar otros actos que no fueran el de sonreír y soñar despierto, alzando la mano al aire y acariciando una imaginaria faz que tuviera sus perfectos rasgos. Pero ahí estaba, sintiendo el baile de los alientos, de las bocas que se separaban para tomar aire y volver de nuevo a la acción de aquellos movimientos mágicos sin cesar de mostrarse el cuerpo a través de esa caricia guiada por la sutileza de ella.


Un rápido movimiento y entre risas y miradas intensas ella lo miraba desde su posición dominante, hostigándolo con deseo y movimientos de cadera que no eran suplicantes, que no eran llamados urgentes al placer, solamente eran movimientos en los que se reflejaba el disfrute de aquellos dos seres que cruzaban sus caminos. Los pequeños movimientos, suaves y lentos hacían crecer mas y mas las ansias de consumarse en aquella danza apasionada. Ella tomó sus manos y suavemente las paseaba por su cuerpo, saltando oportunamente las zonas que mas demandaban el sentido del tacto de él. Un suave suspiro salió de sus pálidos y delgado s dedos y una sonrisa los colmó finalmente cuando sintió libertad y recorrió su cuerpo lentamente, acariciando cada detalle con una ternura que se aseguraría de que no sintiera con nadie mas, pues la adoraba en lo mas profundo, esas caricias eran prueba de ello, cada pincelada era una súplica de que se quedara solo un poco mas, algo que él nunca había hecho con nadie. Suplicar era de tontos y débiles pero sin las palabras siempre era mucho mas directo, mas sincero y tierno. Las miradas no se separaban y los movimientos de cadera no cesaban hasta que suavemente, aun en ese baile circular de su cuerpo, ella se inclinó y regaló un suave suspiro a los labios de su amante, que poco a poco se fueron uniendo en un profundo beso que desencadenó otro giro.


En los rincones mas secretos, las suaves caricias habían despertado ambos cuerpos, ambas almas que ahora se manifestaban en sus formas mas ancestrales como así había sido desde hacia tantos miles de años. Se encontraron las miradas y compartieron el inicio mas suave de ese momento íntimo comprendiendo cuanto les rodeaba y al mismo tiempo ignorando todo aquello que no fuera estrictamente relacionado con los ojos que tenían delante. Un suave movimiento y un suspiro, la intensidad de las miradas aumentadas por las sensaciones que ambos experimentaban. Otro pequeño paso de baile en esa pista rectangular que ni con toda extensión que se le pudiera dar alcanzaría a contener las pasiones desatadas en medio de sutiles movimientos, de caricias que no eran presurosas por el hecho de mantener encendida la llama de una pasión creciente que en ningún momento llegaba a quemar, a hacer perder el control o tal vez sí pero de una forma tan maravillosa que por nada del mundo se querría convertir esa bella celebración en algo mundano. Otra nueva nota se clavó en las mentes de ambos, dejando una huella indeleble en su vida. Y esa caricia sonora era acompañada de caricias de manos y labios que se paseaban libremente por la piel, prodigándose sensaciones prohibidas que trascendían la belleza de cualquier verso hecho nombre o canción.


Era todo un mundo el que ahí nacía en cada gesto, en cada tributo de placer y ese algo mas indescriptible. El lecho era el sustento menos importante y la tierra que sostenía la cordura del caballero era todo aquello de lo que se componía su compañera nocturna. Se sentía en perfecto equilibrio con el mundo En aquel cuerpo donde se hacían crecer las mas bellas sensaciones, donde los ríos buscaban un sendero seguro en forma de pequeñas pinceladas y las lluvias de besos lentos y suaves dejaban su flor con pétalos de sensación en la piel. Aquellos cuerpos eran arados para dejar una buena siembra, como en toda buena tierra, de frutos que saldrían a flor de piel con aspecto de suaves suspiros a través de los labios hechos desde un primer momento para besar, suspirar, susurrar y seducir. La cordura de aquel caballero, toda la razón de su mente se había reducido a dejar cada una de esas pinceladas siendo verso, a saborear la esencia de aquel cuello en forma de besos lentos. 


El aire ya no era mas que el de los alientos danzando en el aire cuando las bocas se encontraban y se devoraban con toda la avidez del mundo, como si respirar fuera una nueva y adictiva sensación entre los lentos y fluidos movimientos de los cuerpo. En sus bocas se intercambiaban aquellas esencias que ardían por salir presurosas. Los suspiros y susurros estaban presentes en cada paso de aquel baile ya mencionado que lentamente se tornaba mas rápido y enloquecido pero al mismo tiempo mas emocionante, mas único, mas sincero y expresivo desde lo profundo del corazón. No había una sola brisa que pudiera pasar entre los cuerpos de tan juntos que estaban y se sentía realmente bien que en cada roce una llamarada se desprendiera de aquellas entidades que se encontraban tras tanto tiempo. A las caricias de los labios seguía el aire del aliento que erizaba la piel y levantaba las sensaciones, ablandaba la resistencia y permitía la liberación de suaves notas de placer. El aire cálido los rodeaba, un aroma se desprendía de las pieles que se rendían a las sensaciones, a las caricias, tiernas demostraciones y suaves tributos en forma de aliento.


El  fuego se tornaba un elemento mas de todo aquello, que se repartía por igual en ambos cuerpos. Cada  lento paso de baile en aquellos dos elementos era una chispa que no parecía tener intención de apagarse, que se acumulaba a un excitante montón de llamas las cuales iban devorando lentamente el tiempo, lo consumían todo y a su vez lo hacían deliciosamente eterno. Aquel ser sentía sus alas arder ante ese cuerpo que estaba debajo de él. Las formas de su ardiente amante, una criatura que ahora desprendía ese mismo fuego por la mirada cuando pudo ver, de casualidad, aquellos ojos llenos de un poder inconmensurable. Se sintió inferior, pequeño pero al mismo tiempo fuerte y resistente al ser él causante de todas las emociones que reflejaba en su mirada de fuego aquella bella dama que había trascendido mas allá de su humanidad. Ahora no era una sencilla dama era un ser de fuego, de la tierra ardiente con piel morena de la que procedía. Ambos sonrieron al verse en aquella situación, en aquella igualdad de condiciones en la que los sudores, los suspiros eran ríos de azufre y alientos de fuego en la piel del otro. Eran dos dragones bailando una danza que se eternizaría hasta quedarse ambos satisfechos, desprendiendo las llamaradas de sus latidos acelerados hasta la saciedad absoluta. 


Y ambos fluían en perfecta sintonía como un sonido líquido que se iba desparramando por los sentidos, Un nuevo giro y esta vez ella estaba encima de él, mirándolo con sus grandes ojos oscuros, que lo hacían estremecer unas veces. Los labios fueron a desparramar su río de  fuego contra su corazón como una tierna daga ígnea que se clava en el pecho de la bestia a la que derrotar. Aquel líquido desprendido de la boca dejó un rastro frío en su piel morena y ascendíó hasta los labios que fueron besados tras incorporarse para luchar lentamente entre movimientos de cadera y suspiros de placer. Los ríos eran definidos con caricias en su espalda, en las espaldas de ambos se sentían la presión de los dedos, las caricias entregadas y el sentimiento de alunas uñas que apasionadas querían marcar su propiedad. Una mano en la baja espalda y otra en la nuca, acercándola mas a su boca, deseando mas de su fuego, de ese lugar que ella le ofrecía entre movimientos sensuales y ondeantes de cadera. Ellos bailaban como el agua en los remolinos, como el viento entre las hojas, como el lodo en las pendientes y la lava en los volcanes. Se mezclaban en todo, cuerpo, alma, esencia, raza, sangre, emociones, todo se mezclaba para formar algo infinitamente mas bello. Se desprendían las notas y seguía aquella danza acumulando una explosión final que los alcanzó con gran acierto y oportunidad. 


Las miradas se desviaron cuando se produjo aquel punto final, esa última nota que era símbolo de unión, de el final de una etapa y el comienzo de otra. Ambos miraron al cielo que les regalaba a una Luna completamente sonrojada y lentamente se volvieron a cruzar las bellas estrellas de ella y los ojos humildes y ansiosos de él. Se miraron mientras poco a poco los labios se rozaban de nuevo y se besaban en aquel tierno gesto, en aquellos pequeños detalles en forma de caricias, de confesiones, de lentos tributos. Unos cuantos movimientos, un par de estremecimientos. No había nada mas bello que aquellas noches a su lado. Extenuados y en la cama se miraron largo rato, abrazados los cuerpos y las almas en aquella bella noche. Él desconocía que pensaría ella pero no podía por menos que desear mucho mas de lo que había probado. Se sintió en equilibrio con aquel bello mundo que tenía delante. deslizó con delicadeza sus dedos por aquella suave mejilla y se unieron los labios en un tierno beso, apenas una caricia tímida, un precioso contrapunto a toda la acción experimentada. Permanecieron abrazados hasta dormirse al amparo de las estrellas y la noche ...


...tras haberse dicho con el cuerpo todo aquello en donde las palabras no eran suficiente. 



jueves, 14 de junio de 2012

La batalla del miedo

Como una macabra imitación de lo que en mil formas de placer se pudiera expulsar, un suspiro salió de entre dos labios que acostumbrados estaban a la soledad y el frío de las noches. Un ser miraba en la distancia, esperando ávido aquello que fuera que tuviera que pasar. Aunque con seguridad cualquiera que le conociera sabría que estaba esperando a una criatura que no tenía comparación con las demás. Sus ojos iban de la oscuridad a la noche estrellada, de esta a la luna y de aquella redondeada dama a la estancia en la que estaba esperándola. En sus ojos se adivinaban una emoción opacada por la preocupación de no ser lo suficientemente bueno para ella. Pero apresuradamente desterró aquellos pensamientos de su cabeza que lentamente se sumía en un bucle de pensamientos que anulaba la percepción del tiempo en aquella mente desquiciada por pensamientos macabros. Todos aquellos pensamientos tortuosos quedaron fuera y una pequeña sonrisa asomó a los labios que estaban ansiosos por recorrer de nuevo la piel. Los ojos vivos desprendían la luz de un nerviosismo casi infantil al saber de su presencia en las cercanías. Pequeños destellos dorados eran arrancados de su cabello mientras los ojos se clavaban en la luna. La piel expuesta de su torso dejaba entrever una blancura casi mortal, uno de sus mayores orgullos y vergüenzas.


Se despachaban historias en medio de la naturaleza salvaje con los aullidos de los lobos, el corretear de los ratones, el ululato de los búhos, el cri cri de los grillos y el constantes y agudo sonido de las cigarras. El batir de las alas era de vez en cuando una nota discordante. Antes de que aquella larga cabellera finalizara dos grandes alas formaban una capa de unas plumas muy llamativas no por la variedad en el color sino por la forma en que la luna, mas bella que nunca aquella noche, arrancaba los reflejos. Unos sonidos de cristal entrechocando con la máxima y armoniosa delicadeza se producía en cada rayo de luz de luna que impactaba contra aquellas curiosas alas. Los ojos, despiertos en la adormecedora noche, escudriñaron la oscuridad, aquella basta extensión de hierba que podía albergar a muchos ejércitos uno al lado del otro, enfrente y detrás del primero que formara. Sin duda una visión magnífica de la gloria y el poder de un reino el de un ejército que fuera leal a la corona o al poder al que sirviera en ese momento. La mente de aquel pensante y extraño ser repasó unas pocas batallas con infantería de linea y mamelucos por igual solo por distraerse de la larga espera en la que se veía atrapado. Otro nuevo suspiro al recordar aquella mirada seguido de una fuerte explosión. La tierra mostró su herida cruel por un gran boquete producto del proyectil.


Una larga sombra se extendió a todo lo largo de aquella llanura mientras el gran dragón negro daba vueltas alrededor de las torres mas altas y poco a poco, por una extraña magia, reducía su tamaño y cambiaba su forma para poderse convertir en un aparentemente normal y sencillo hombre de buenas proporciones. Aquellos ojos denotaban la fortaleza y la crueldad, la lascivia y la ira mas abrumadoras. El ser alado, poseedor de una mirada contraria con solo unas pocas similitudes miró el perfil que le mostraba el visitante. Lo que antes eran escamas ahora era una piel descubierta que se encontraba en las mismas condiciones d desnudez que la de el primer habitante de ese balcón. Lo miró fijamente y contempló aquella sonrisa que no parecía prometer nada bueno. Entre las ramas de los árboles de un frondoso bosque se podía contemplar a la brisa con los ojos del observador y escuchar con los oídos del músico aquella bella melodía que regalaba a los sentidos. Pero había algo mas. Había gritos y angustia entre las ramas e ira, mucha ira. Un nuevo suspiro pero este de resignación. Su mirada se alzó hasta aquel rostro que se había formado en el aire, aquellas facciones conocidas que no se cansaba de ver en sus mejores sueños. la miró con anhelo, sabedor de que era una ilusión, producto de su mente, de que ella en ese momento no estaba ahí pero para él era real, la suavidad de su piel, el repaso constante que daba un pulgar a sus labios mientras la barbilla imaginada era sostenida delicadamente. La presencia oscura lo miraba con evidente ironía, sarcasmo, hipocresía, mostrando todo lo malo de la esencia humana. Su sonrisa se fue haciendo mas pronunciada en tanto que las hordas de demonios avanzaban. Los ojos de asediado se estrecharon en una leve rendija y las manos se crisparon en torno al mármol blanco que al contacto con sus pálidos dedos fue tornándose en un azul bastante notorio. Una última mirada a aquellos ojos que su mente recreaba para su locura le permitió ver casi el atisbo de aquella luz que no podía por menos que...


La nobleza misma se vio reflejada en cada uno de los movimientos de sus alas cuando lentamente, desplegándolas, alcanzó el máximo punto de extensión, suponiendo una destacable  coronación de la torre mas alta. Aquella torre que albergaba las dependencias de su merecedora dueña que poco a poco se fue adueñando del resto del castillo. Un castillo que antes era una verdadera ruina, que estaba prácticamente muerto, inservible incluso para las criaturas que moraran en las ruinas y esperaran a los viajeros para hacerse con sus cuerpos y almas de las que alimentarse. El silencio sobrecogedor se llenaba de la música y las risas de aquella que moraba entre sus paredes, que ahora podría estar en cualquier parte, afortunadamente ignorante de tal desastre que se avecinaba sobre las murallas del castillo. la criatura maligna seguía sonriendo sabedor de aquello a lo que se enfrentaría el anfitrión de aquellas murallas pero no se esperó la siguiente acción. Con las grandes alas desplegadas de par en par el viento recogió a su aliado para darle sustento en un vuelo casi mortífero para su propia persona que se dirigió directamente contra las hordas de demonios. En plena caída aquel ser lleno de maldad soltó un par de frases hirientes pero no cejó en su empeño de caer con toda la fuerza sobre sus enemigos, con toda la ira de los cielos a su espalda en forma de alas de color azul rey. En sus plumas el filo mas mortífero se desplegaba en cada batir de alas por todas partes cayendo en forma de acero sobre sus enemigos. 


No tardó en ser atrapado por pezuñas, garras, zarpas, manos humanas o inhumanas que lo apresaron firmemente. La Tristeza entró en lo mas profundo de su piel derramando con su frío aliento por debajo de esta, mezclándose en la sangre. la angustia poco a poco fue devorando su esperanza, la luz de la ternura se extinguió por la inmisericorde ira, que no respetaba al enemigo que se rendía. Desgarrando su alma estaba la Desesperación mas profunda, que le hacía ver ahora un vaso que jamás se llenaría. Aquella fatiga de seguir adelante se hizo mas pronunciada por la pereza y los ojos se fueron cerrando cayendo en un mar negro como el propio infierno cuando se apagara. A sus oídos acudían los lamentos de los moribundos y sus ojos habían quedado ciegos por lágrimas que se tornaron negra y después rojas. Finalmente los ojos se secaron. En su mente plagaba con toda su oscura intención la rendición, la claudicación de toda resistencia que pudiera elevar las alas de nuevo para volar. Su corazón poco a poco se fue apagando. Trató de recordar en que punto de su vida su corazón había dejado de latir una vez para volver a hacerlo mas acelerado. Recordó entonces algo... 


Y el corazón volvió a latir. Fue un latido fuerte, el mas potente jamas llevado a cabo por ese corazón que había caminado tantas leguas a lo largo de un camino que no tendría fin hasta que hallara el motivo de aquella señal de vida que parecía haberse detenida hace tanto tiempo. Los ojos se abrieron y los miedos temienron su fin al ver aquella luz que emanaba de unos ojos que en humildad podían destacar pero mas en algo que su sonrisa reflejaba. La luz se hizo mas brillante y la luna, en fiero asedio contra la oscuridad pudo penetrar hasta los mas profundo de las hordas y darle a su mas fiel siervo una bella armadura que lo envolvió. las alas batieron una sola vez desplegando ante los aterrorizados ojos de la oscuridad un gran manto de luz que se fue expandiendo por todo el territorio ocupado. Otro latido mas y esta vez el tiempo se congeló, como cuando dos amantes se miran a los ojos y no temen a nada de lo que pueda pasar entre las pieles que se entregan en suaves roces y susurros. Lentamente se fue poniendo en pie aquella criatura que había sido atrapada por la oscuridad, Aun aferraban sus piernas, pero no las iba a necesitar. Sin mas la Luna le dio mas y mas fuerza. Batió las alas una y otra vez hasta que los miedos se cayeron por si mismo,  voló alto, muy alto mientras las estrellas caían a su alrededor para dejar un rastro de destrucción por parte de un Dios que tenía que proteger a su manera la sonrisa de su mas bella enviada para salvar el alma de aquel que ahora volaba hasta lo mas alto de los cielos, como si buscara el rostro de Dios pero nada mas lejos de su interior. 


Las puertas del castillo se abrieron y salieron cabalgando como si los llevara el mismo Diablo una inmensa cantidad de jinetes que al grito de ´´por la Musa´´ se estrellaron contra las filas de los demonios, de los miedos y los anhelos profundos, de las desesperaciones y los defectos. Unos ojos se abrieron en el rostro de aquel ser alado encontrándose con la criatura maldita del principio. Sin mas se dejó caer de nuevo para prestar una bella batalla desde los cielos en la que desplegar la mas fiera lluvia de acero que los ojos de hombres y poetas hubieran visto nunca. A los mas rudos de aquellos caballeros se les veía pletóricos en lo mas profundo de la batalla, destrozando los miedos con la fuerza de sus espadas y de palabras de aliento, de poesías que clamaban al viento. Todos ellos entrenados para luchar por aquella sonrisa de la mejor de las maneras, espada y rosa en ristre. En sus monturas se podía adivinar los galones de altos tenientes pero también las procedencias mas humildes que luchaban por aquello que hacía bello a su pueblo, a su mundo. Así llovió acero y luz, escupida por la Luna que dio una espada reluciente a su siervo y una lanza. Una larga lanza que había sido cubierta con el mas puro cristal. No se sabe como pero ahí estaban las armas en las manos de aquel caballero que lo daría todo por la sucesora de la bella Terpsícore. 


Dura batalla fue aquella. Algunos aliados cayeron pero muchos mas cayeron por el apoyo de los mismos bosques de los que salieron en su momento. Los demonios poco a poco retrocedieron hasta las ramas y el linde de aquella espesa vegetación que fue decorada por los profundos aullidos, anuncios de búsqueda insaciable de gloria. las sombras mas viles provistas de afilados colmillos acudieron moviendo las cuatro patas con la misma velocidad del viento para presentar la batalla fiera en la que la carne de demonio regiría como ama y señora de aquella llanura, aquella planicie en la que ahora se desarrollaba la mas fiera batalla de todos los tiempos. Los gritos y las consignas eran recogidas por el viento que las expandía hasta mas allá de los límites de aquel mundo creado por y para ella, que tenía la sonrisa mas bella que jamás hubiera visto aquel primer caído y renacido con la sencilla visión de su rostro en la mente. En la lucha lo acompañaba la idea de ella, su imagen sonriente, aquella sonrisa que adoraba. Lanzó la lanza y cuatro demonios cayeron. y la volvió a lanzar y cayeron siete. La espada repartía senderos cortantes de luz en los que nada podía caminar sin que fuera puro de corazón. Sus alas se replegaban cuando tomaba tierra y se lanzaba acompañando en una carga a sus aliados o bien se desplegaban de nuevo para atacar desde los cielos. Heridas a cientos se llevó en la lucha. Los gritos pronto se fueron haciendo mas leves, poco a poco se dieron cuenta de que habían ganado cuando daban espadazos al aire. 


El ser alado contempló la tierra manchada de la sangre de demonio y sintió asco pero alegría a un mismo tiempo. habían ganado y habría que comunicarle la buena nueva. Cansado ante la batalla y mas aun ante la extenuación interior que sentía al enfrentar miedos, angustias y todo en un mismo punto de su día, se encaminó tambaleante con su gran armadura hasta donde se encontraba la dama de sus sueños. Voló dando una palmada en el hombro para consolar la llorosa alma que antes estaba tan segura con su sonrisa llena de malas intenciones murmurando en el camino ´´otra vez será´´. La luz pasaba a través de los cristales del techo derramando una cascada de color en los bellos rasgos de aquella a la que estaba profundamente agradecido de su presencia en su vida Se acercó secando la sangre de su mano en un trozo de tela que sobresalía por debajo de su armadura hecha por la bella Luna, reina celeste de los cielos. Y mas lunas que podría haber en el cielo y los ojos de ella serían los mas bellos del mundo. Una rodilla se rindió al peso de la armadura y la sangre brotaba desde unas cuantas heridas pero aquel rostro se pudo apreciar en toda su magnitud. Extendió los dedos hasta poder dejar un suave trazo invisible de poderosa ternura y adoración en aquel rostro tan bello. 


La observó fijamente por un momento, la miró hasta lo mas profundo del alma, de todo aquello que le permitieran las sábanas y las fuerzas. la miró dormir, sumergirse en los sueños mas bellos que él supiera inspirarle a través de las narraciones que llevaba a cabo. Como aquella que estaba finalizando que pronto ella leería, sabría de sus heridas y seguramente se preocupara pero él la tranquilizaría en un abrazo y con una sonrisa que solo ella podía hacer nacer desde lo mas profundo y atormentado de su alma, traspasadno las barreras de la tristeza para tornarlas en la mas sincera alegría al verla. 


Sin mas se dirigió a una pequeña mesa y metiendo una mano debajo de la armadura extrajo un trozo de flecha, sonrió y la tiró por la ventana que mas cerca tenía. Lo siguiente fue una rosa azul, impoluta y bellamente tallada en zafiro. 


Vigilando de no haber dejado rastros de sangre en aquella estancia y en sus armas, depositó estas en la mesa. Esa habitación necesitaba armas y esas serían las primeras. Un último vistazo y feliz de que ella estuviera bien desapareció. 


miércoles, 6 de junio de 2012

Un merecido tributo


Es bella, ahí donde no llega la luz imaginativa de mortal alguno llega la suya a lomos de Wagner o de una sinfonía similar de calidez y atenciones, pequeños detalles que quizás ella entiende pero ante los demás no deja de ser un bello espectáculo de aquella inspiración dada por las musas en las que depositan todos los artistas, pintores, escultores, escritores y poetas cuerpo y corazón para lograr ese paso mas que los lleve a la perfección en cualquier tipo de práctica. Mira a las estrellas en medio de una noche que alumbra el nacimiento de ese bello espectáculo celeste lleno de una fuerza imperiosa y milenaria. Cuanto gusta de sonreír en todo momento y dejarse llevar por la música y la visión de imágenes a miles que reproducir en lienzos a miles o escribiendo. 


Los vientos de la imaginación recogen su cuerpo, no debe estar en la tierra o de lo contrario no se rendirá oportuno homenaje a su persona, aquella cálida persona que puede hacer del canto de los pájaros un manantial de aguas puras que purifiquen el alma. Existe en toda su totalidad siendo signo de aquel que es conocido por su comunicación, sensibilidad, imaginación y genialidad a la hora de plasmar todas aquellas aventuras o escenas que pasan por su mente historias a miles que ella podría crear de un solo retazo de tranquilidad. Los vientos la llevan como su mente, volando, hasta donde se albergan todo aquello grandes gestos que ha logrado. Un gran castillo blanco estaba esperándola. Los vientos la depositan en la entrada y esas grandes puertas que tiene frente a ella le permiten penetrar al edificio dando la espalda a la gran cabellera verde que es la pradera que se extiende alrededor de todo el lugar tan bellamente decorado. Son la mas destacada de las humildades traspasa los dinteles de aquellas grandes puertas hechas para dejar pasar con facilidad a tres gigantes uno al lado del otro. Las luces entran por las ventanas sin apenas cortinas que arrancan miles de brillos a través de los cristales de colores que poseen las ventanas imitando escenas de todo tipo. 


Como una caricia un susurro se hizo escuchar desde una dirección indefinida. No era de su derecha, no de su izquierda. Todo era confuso y el miedo la empezaba atenazar por la profunda voz, cavernosa, grave pero con el terciopelo impregnado. Decía su propio nombre una y otra vez a intervalos regulares en los que había una especie de familiaridad. Algo la impulsó a mirar a su derecha y pudo apreciar como la chimenea se encendía al fondo de aquella habitación donde le esperaba una extraña comitiva. Sentados todos ellos, unos cuantos pares de ojos la miraron durante un rato con una sonrisa en los labios. El susurro seguía persistente pero esta vez la voz no dijo su nombre sino que la exhortó a acercarse y ella obedeció dado el claro reconocimiento mutuo que guardaban anfitriones y visitante. Se advertían varios lugares y en especial uno que no fue ocupado en momento alguno. Un trono de oro con figuras de demonios estaba casi llenando toda la estancia con su brillo y ostentación, testigo de la estadía de un ser poderoso que había sentidos ansias toda la eternidad de poseer almas. Sin dar tiempo a mas la voz de nuevo habló esta vez a su oído, ateciopeladamente, pretendiendo lograr las máxima sensaciones biológicas posibles. 


-Querido sierva del infierno...-Comenzó el dueño de aquel trono- Fuiste una de las siervas mas leales y entregadas a la causa de un placer que no tenía mas fundamento que el placer mismo. Fuiste constante y obediente, promotora de que la llama de la pasión y la lujuria no se apagaran en aquellas largas noches de cama. Fuiste realmente valiosa para sustentar imaginaciones y pervertir con ideas de lo mas lascivas las mentes inocentes de todos aquellos que te encontraran en brazos de tu señor que aquí te habla. Tus hechizos, llenos de poder, invocaban a las criaturas mas temibles y la magia te rodeaba en todo momento, algo a tener en cuenta por parte de Dios pero mas de este servidor de las sombras, que las doma a placer cuando place de hacerlo. Las ansias de tu cuerpo nunca se despejaban ni se marchaban cuando tus provocaciones surtian tanto efecto en mi como las mias en ti. Fuiste bruja y sierva, entregada esclava de placeres que nunca podrñan ser igualados. Lucha por ello...-Los brazos soltaron el cuerpo de la invitada dejando ver por primera vez a un ser lleno de belleza que desprendia un aura de oscuridad implacablemente seductora. Una mirada perforante llena de astucia y malicia, deseo profundo y avaricia por el tener mas y mas en este miserable mundo se posó en los ojos de aquella que había sido encantada mil veces con caricias. El señor de los demonios se sentó en aquel trono de oro y calló. 


El siguiente en acercarse fue un joven de aspecto galante que no era ni por asomo la sombra del primero. En su mirada se destilaba la inocencia mas pura aunque también la ambición de la aventura y la emoción del viaje a caballo. Los rubios cabellos estaba sueltos como a él le gustaba y su armadura impecable. Como la de cualquier caballero que se precie, la espada se encontraba a un costado, dispuesta a ser desenvainada cuando fuera oportuno y el peligro o la aventura se presentaran. Una blanca sonrisa fue lo primero que relució, incluso antes que e blanco y brillante recubrimiento metálico que hacía ver escasamente su cuerpo bien proporcionado. Avanzando con un ligero tintineo hincó una rodilla en tierra y bajó la vista al suelo en señal de un profundo respeto y reverencial tributo a tan magna persona. Luego levantó la mirada y tomó su mano con suavidad mientras los grandes ojos casi de soñador y aventurero que podrían poseer los grandes pioneros de las tierras de procedencia de aquella dama se encontraban con los de ella. Entonces el caballero comenzó a hablar: 


-Eres un ser magnífico, que puede despertar muchas buenas sensaciones de tranquilidad aun en medio del caos, que sabe escuchar a todos aquellos que lo necesitan. Siempre guardas un abrazo para quienes lo necesitan y para quienes no lo necesitan también, al igual que para quien lo merece y para quien no. Eres valiente al enfrentar tantos problemas que podrían hacer retroceder a mas de uno. En mi espada pongo toda  la fe y el honor de la espada que me he forjado yo mismo para que estas sean verdades y que se prediquen por todo ese bello mundo que ha sido creado con la ayuda de tu imaginación. Tu creatividad me ha dado una casa en un paraje tranquilo que me ha permitido crecer, aprender y madurar entre niños y risas. Y ahora me ofreces ese mundo que recorrer con mi espada y unas cuantas pertenencias. Y poco camino he recorrido pero mucho he de recorrer y mil peligros me acechan lo se y con mil maneras los enfrentaré, ya sea con una sonrisa o con esto- y desenvainó la espada- Esto es la fuerza que da vida a mi brazo, es parte de mi cuerpo así como eres parte de una existencia, ya sea de una forma mas o menos sutil pero que nunca se va a diluir. Estás en la memoria de todos nosotros poderosa dama de grandes artes que aportan luz a todos aquellos que se encuentran faltos de inspiración, que desparramas tus artes con gracia y elegancia en mundos que me son ignotos. Estoy pues a tu servicio y espero ser de utilidad a la causa de tu sonrisa. Nunca pierdas esa energía que a muchos les falta. -Sin nada mas que añadir el caballero se puso en pie y se dirigió a su puesto inicial. 


El penúltimo de los seres avanzó. Ondeante el pelaje y amplia una sonrisa que denotaba las ansias de arrancar carne humana y a la vez la familiaridad de quien recibe a un ser querido en su hogar. La bestia avanzó lentamente y a medida que lo hacía sus formas se iban volviendo mas humanoides hasta que un hombre (o al menos eso parecía) embozado en unos pantalones y nada mas se acercó a ella y tomó con suavidad su mano dejando un pequeño beso en esta. Los rasgos fuertes enmarcaban unos ojos de un intenso color rojo que la miraba con una especie de demencia incipiente y también con calidez y ternura. Una voz con acento no se hizo tardar mucho mientras aquella mano permanecía sostenida por dos fuertes manos que podían acariciar las pieles mas delicadas con extrema ligereza sin causar daño alguno mas que la pérdida del control. La sonrisa estaba a pie y a caballo entre la del señor de los demonios y la del caballero de blanca armadura y motivaciones en la vida. No hincó una rodilla en tierra, gustaba mas de imponerse con su altura a aquella dama que despertaba en él todo el interés del mundo cada vez que la veía aparecer. Entonces aquel lobo con forma humana comenzó a hablar: 


-Querida, tu presencia en mi larga existencia siempre ha supuesto una chispa de diversión y de originalidad. Has dado grandes sorpresas a todos aquellos que te rodean y nos hemos esforzado al máximo por igualarte en tu genialidad, algo que nos ha sido del todo imposible. Mis zarpas están en deuda contigo y mis labios también por ciertas clases con cierta dama irlandesa de como besar. Has sido una excelente y bella pantera negra que ha hecho las delicias de todos aquellos que buscaban variedad en medio de la normalidad e incluso el aburrimiento incipiente. Siempre has tenido esos pequeños detalles en los que has depositado una sonrisa e incluso parte de un alma maravillosa con los que ni en mil vidas podríamos corresponder adecuadamente. Pero a cambio te prestamos nuestros servicios como caballeros, aventureros y muchas cosas mas que pueda obtenerse de los cielos mas tormentosos o del mas calmado de los mares, del mas profundo bosque y toda una amalgama de colores y materiales disponibles para hacer realidad sueños increíbles, emociones intensas y un sin fon de retos que cumplir. Tu presencia ha aportado energía y verte caer no es nuestro sueño por lo que estaremos cuando mas oportunidad tengamos de destruir aquello que te impide estar alegre en todo momento, sin piedad alguna, sea hombre, mujer, niño o barrera física, ya sea psicológica o física. Sabes que nos movemos por impulsos así que no dudaremos en actuar. -Una sonrisa surcaba aquellos labios que tantas pieles había lamido y besado a lo largo de una larguísima edad. El hombre semidesnudo se fue a su puesto no sin antes dirigir una última mirada a aquella dama y moviendo la cola contempló al último de aquellos extraños seres. 


El último de aquellos seres la mirada serio pero a la vez sonriente, como quien recibe en su casa a un allegado muy querido pero que pretende dar formalidad al asunto. Su cuerpo estaba cubierto En la cabeza por una larga cabellera que había despertado admiración y repulsión por igual. El resto de su cuerpo no se podía adivinar dado que se encontraba trajeado con la mas excelente de las telas. Su porte de galante caballero se hizo presente confirmando las habladurías de los barrios bajos y los altos castillos. Se acercó a ella y sin mas la abrazó con todas las fuerzas que sus delgados y blancos brazos le permitían. Entonces la sonrisa se hizo mas amplia. Tomó ambas manos de ella mirando sus ojos con todo el cariño del mundo, mirando aquella chispa de luz mortecina que luchaba por salir al exterior para impresionar al mundo. La observaba atentamente como si esperara lo que hacer pero al no recibir señal tan solo se puso a hablar como las otras variopintas criaturas anteriores con aquella voz que tanta admiración parecía causar: 


-Querida Fon, como bien has podido escuchar hemos dado el testimonio al mundo en estos precisos momentos de todo aquello que te compone y de seguro no es la mínima parte de todo lo que te compone en su totalidad. Eres una ser imaginativo que ha dado grandes ideas y aportaciones al mundo, que unas veces no ha sido escuchado y otras muchas veces fue escuchado y ha sido iluminado el mundo que ha tenido la gracia de tu presencia. Y yo te debo muchas cosas, demasiadas para ser enumeradas. Me has aconsejado sabiamente, me has aguantado el peor de mis estados de ánimo como una valiente luchadora que no se deja vencer ante nada. Tienes la capacidad de la innovación pues todos los mundos de los que vienen estos- señaló al grupo al completo- en su momento brillaron con luz propia por tus aportaciones, por tus donaciones de trocitos de alma. Me has mostrado pequeños detalles en cada palabra que me han asombrado o hecho gracia en su momento. Eres toda una bendición para aquellos que te tienen en alta estima. A tu lado tienes a gente que te quiere aunque algunos de nosotros no sepamos demostrarlo debidamente. Has dado grandes puntos de vista y nos hemos reído mucho solos o en compañía de otros que han tenido la fortuna de conocerte. Porque conocerte es una fortuna mas grande que todo el dinero del mundo, mas grande que cualquier estrella. Tengo una gran deuda contigo por ese pasado difícil en el que siempre estabas ahí hasta decir basta, en el que te pusiste seria conmigo y en el que pudimos llorar a gusto cuando era necesario, cuando el agotamiento o la angustia ya no nos dejaba respirar. Y ahí estaré con toda la efectividad y afectividad que me es posible sin que piensen que estoy loco. Eres especial querida Fon, parte de esa élite que se ha ganado un puesto propio entre mis afamadas alas.-Dicho esto Dos poderosas alas salieron de su espalda y la envolvieron en un manto de morado y oscura negrura que flotaban y se entremezclaban en volutas y finas tiras de algo que no era ni sólido ni líquido ni gaseoso. 


Así abrazados permanecieron antes de correr a la aventura del vivir y el batallar en la vida. 

sábado, 2 de junio de 2012

Poesía de otro mundo

Con la voluntad cada vez mas débil, un día llegaba a su fin tras toda aquella bella exhibición de luces arrancadas a las flores, a los diamantes o bien a las cristaleras repletas de adornos. Todo tenía ese tono tan particular cuando aquel brillante sol daba con sus lanzas ígneas sobre aquellas grandes extensiones de tierra, decorada con mil y un elementos, desde coloridas flores hasta extraños animales con un cuerno en la cabeza y de crines brillantes en extremo. Las aves parecían emitir la misma alegría en sus vuelos y el viento no se hacía presente, parecía refugiado en alguna profunda cueva o contemplando desde un rincón en el cual no molestara toda la belleza expresada por los colores que fueron lentamente abandonando su brillo con la desaparición nocturna del sol. Los lobos elevarían sus coros llenos de advertencias y anuncios de disponibilidad o de nacimientos de los cachorros, los manantiales cantarán junto al graznido del cuervo, las grandes aves de presa que tenían a la noche como su hogar saldrían para dar caza a rápidos y desafortunados roedores, . Pero aquel destino no era el que sufriría ella.


Aquella bella criatura estaba contemplando el atardecer, quizás esperando a la aparición de las primeras estrellas. Eso solo ella podía afirmarlo. Sus ojos miraban al cielo y en su rostro se dibujaba la sonrisa mas brillante que jamás mortal alguno pudiera ver. Su piel morena estaba perfectamente contrastada con el blanco de la balaustrada desde la cual contemplaba aquel bello cambio entre el día y la noche, ese cambio de relevo en el reinado de aquel y de otros tantos mundos. Una suave brisa comenzaba a soplar y acariciaba con suavidad el rostro de aquella que estaba ahí quizás de por vida, que deleitaba con movimientos de danza o con sencillos gestos llenos de profundo significado el corazón latente de la propia Gaia. Las últimas luces de ese día que moría arrancaba brillo de su largo cabello que caía por el frente de los hombros y la espalda a partes iguales, aportando una sencillez y al mismo tiempo encanto que podría ser rival de cualquier otra que pensara ser digna de competir con ella. Aquel tejido con el que se hacen los sueños pareciera un marco para el retrato de una dama de las altas cortes.


La túnica que aportaba algo de intimidad a su cuerpo daba imprecisión a las auténticas y tentadoras formas de la vasija de aquella alma que había encandilado a mas de un corazón con su luz mágica. No parecía alterada en lo mas absoluto y su postura era distendida, no tenía los músculos en tensión, dejando entrever familiaridad, costumbre en aquella práctica que llevaba a cabo. Los cabellos se agitaban ligeramente por el soplo del suave aire que trae tintes salados a ea nariz armonizada con el resto de su bello rostro, toda una efigie de reina que podría hechizar al mas duro de los hombres o convencer a quien se sintiera condenado por Dios de que siempre había una posible ruta alternativa para la salvación. En aquel rostro cualquiera vería un remanso de paz aun siendo un condenado del infierno, toda una fuente de inspiración aunque no pudiera hacer un solo verso o quizás una auténtica aliada en la vida aunque cada detalle supusiera, por mala suerte, la mas profunda de las traiciones.


El silencio trajo unos pasos hasta donde ella se encontraba. Ese lento caminar estaba tras las sombras que se iban apoderando de todo el paraje únicamente amparado por el luminoso peregrinar de la luna y el titilante muestrario de luces de las estrellas, que guiaban los pasos de navegantes o daban entretenimiento a los amantes que contemplaban el estrellado cielo. Lo único que podía delatar a ese improvisado y recién aparecido personaje era una respiración profunda que no tardó en encontrar un lugar de descanso en la suave curva de un cuello y hombro elegante, capaz de lucir las mas imperiosas e impresionantes alhajas. Un suspiro, aire liberado como un presuroso ángel expulsado de las gloriosas dependencias de los cielos, condenado a vivir en la soledad por el resto de la eternidad, se estrelló como Lucifer contra la tierra, sutil y fuertemente. Unos brazos decididos fueron rodeando aquella delicada y perfecta figura atrapándola, envolviéndola, deseándola como tanto tiempo atrás lo había soñado mas nunca había esperado sentirse tan completamente a la merced de su cercanía y a un mismo tiempo sentirse tan poderoso. Los labios manchados en pecados y muchas esencias sanguinolentas ahora estaban limpios, purificados de los pecados al entrar en contacto con ese terso manto. Un nuevo suspiro se liberó casi al instante de ambas bocas, una emplazada en el cuello y la otra siendo acariciada por la brisa de aquella noche que parecía sentir el calor que los propios cuerpos desprendían a través de las vestiduras.


Dos finas y blancas manos fueron explorando el perfil de aquellas curvas ocultadas por el bello y azulado tejido alrededor de ese cuerpo que al depredador, a ese cazador insaciable de placeres le parecía perfecto y en algunas ocasiones un remanso de paz. Fueron acercándose mas los cuerpos por muchos puntos a un mismo tiempo y lentamente los labios dejaban su impronta en aquella piel, en ese campo en el que depositar deudas de besos y poemas hechos suspiros. Ella podía sentir el latido de un corazón que se aceleraba, que emitía los mas lacerantes rugidos de dolor cuando ella no estaba cerca y que encontraba motivos mas que suficientes para latir cuando en aquel ser magnífico se encontraba próxima, muy próxima a él. Con lento movimiento como si de las hojas de un árbol arrastradas por una suave brisa se trataran, sus manos fueron describiendo y definiendo un recorrido carente de pausa pero tranquilo, como si el tiempo no tuviera importancia. Y es que el tiempo realmente no tenía importancia en ese momento ya que ella estaba en su corazón y muy cerca de su cuerpo. Un lento y cálido caminar con destino a su corazón fue el objetivo de una de sus manos que se deleitó por unos momentos con el sentir de ese poderoso elemento. La tela era tan fina que apenas se entorpecían esas divinas señales de vida. 


La otra mano era sibelina, atrevida y completamente irrespetuosa con los impedimentos que salían a su paso. Los dedos hábiles de aquel amante insaciable se deshicieron con educada delicadeza de ese nudo tan flojo que aun así ceñía la cintura con mucho celo, abrigando su cuerpo. Las dos largas tiras de ese mismo y  sugerente material que anudaban la prenda se dejaron caer sin remedio de revertir el efecto consecuente. Libre de impedimentos aquella mano ambiciosa poco a poco se fue colando y mitigando el frío que recorría la piel con suaves caricias que se unían en una larga pincelada que tomara distintos rumbos de manera constante. El aire contenido al contacto con aquella piel sin obstáculos se liberó lentamente y todo ello los hizo estremecer, suspirar y abandonarse a las sensaciones. Nada importaba ahora mismo, solamente la entrega incondicional a sentir aquellos dedos y aquella piel bajo las yemas, deleitando el sentido del tacto, asesinando con ignorancia el paso del tiempo, desterrando con suspiros las preocupaciones mundanas. 


Los labios ansiosos pero tiernos en su proceder fueron lentamente expandiendo su reinado de ternura y pasión sobre el suave, fino y elegante nexo entre cuerpo y mente de aquella dama. Toda una dama que le hacía sentir afortunado de solamente tener su presencia y mucho mas acariciar con una respetuosa libertad aquella piel, aquel manto de su alma. Sentía cada poro alzarse, levantarse en un estremecimiento general al paso de los pálidos dedos en los que se desprendía un deseo casi incontenible. En ese trayecto por su vientre la tela se fue apartando al inquebrantable avance de esos cinco soldados deseosos de victoria y explorar nuevos territorios. La luna bañó aquel otro suave tejido que marcaba unas formas deseables y tentadoras, resucitadoras del deseo dormido tras mucha meditación que ahora afloraba. Los límites que se estaban rompiendo eran disfrutados al máximo. Él se sentía pletórico en tanto que ella rendía su cuello y lo dejaba a gusto y placer de los actos suaves y delicados de manos y labios. Un susurro se dejaba escuchar en la noche. Promesas de mucho gozo y demostraciones de un cariño profundo en forma de nombre propio que era verso y consuelo ante la intranquilidad de él. Los cuerpos se acercaron mas y mas. A los movimientos de esas enloquecedoras caderas se unieron una suave caricia en su mandíbula que fue posando con mas confianza en una zona la cual presionó para incitarle a besar y depositar aliento y pasión en cada roce de labios. Una sonrisa de placer estampada en sus labios era todo lo  que necesitaba para que las manos, mas confiadas, fueran poco a poco deslizándose a puntos mucho mas secretos. Un suspiro suave llegó a sus oídos al notarse las pieles pegadas y los puntos mas sensibles constantemente adorados por caricias. Entre dos largas y ágiles columnas que eran sus piernas una mano encontró un lugar muy cálido donde refugiarse de la fresca noche. Como agradecimiento a su estancia la mano fue derramando caricias lentas impregnadas en una curiosidad y deseo que no conocían una frontera exacta. En aquellas profundidades la calidez aumentó y las caricias se hicieron apremiantes, señal inconfundible de aquel gusto que se desarrollaba por invadir aquel íntimo lugar, al cual daba trato delicado, pretendiendo dar el máximo agradecimiento posible. En el norte una mano sembraba masajes, caricias, estímulos a unas colinas bien formadas. Los dedos pasaban de un lugar a otro deleitándose de vez en cuando con el constante latir de su corazón, mutuamente alterado y acompañando al de ese deseoso ser que ansiaba cada centímetro de su piel, suspiro de sus labios y estremecimiento de su alma. Aquella era una de sus múltiples formas de demostrarlo


La quería y deseaba profundamente, era el motivo de la adoración que sentía por las pieles, por las miradas intensas e hipnóticas, por aquel cabello moreno que gustaba de acariciar cuando los cuerpos yacían exhaustos en el lecho donde habían consumado profundos y entregados actos. Y ahí sería el campo de batalla, conquistado por las piernas y los brazos en movimiento, rodeándose y cazándose los unos a los otros. Los alientos cálidos comenzaron aquella campaña de ataque contra la boca amiga que deseaban conquistar. Como auténticas, sádicas y lentas bestias reptadoras las lenguas lentamente avanzaron hasta encontrarse y acariciarse largo rato. Ningún otro movimiento se efectuó a excepción de ocasionales caricias, susurros apresurados por la sed del aliento contrario. No existía la necesidad de precipitar nada mas: el deseo era apremiante y la avaricia por causar mas y mas placer se hacía presente en caricias y suspiros con alguna que otra nota de poderoso deleite que era mutuamente respondido y se estrellaba contra las cristaleras por las que la blanca luna penetraba lanzando a través de pétalos azules de vidrio pequeñas caricias, creando una sensación divina. Los labios exploraban el cuello e incluso se atrevían a saciar el hambre de piel en aquellos senos tan bien formados, atrapando el punto mas alto con los labios y deleitándolo con suaves caricias de una lengua que lentamente degustaba el intenso sabor de esa parte tan sensible de aquella dama divina, celestial. Las manos exploraban aquella piel deliciosa en sus flancos, acariciando, haciendo notar un deseo, una necesidad que no tenía cabida en cuerpo y mente humana alguna y que solo ella era capaz de despertar en él de esa manera. 


Deseoso. Así se encontraba cuando ella estaba cerca, el ánimo de su alma. Deseoso de que las pieles se mezclaran y los alientos se reencontraran. En la extensión de un cuerpo de mujer una lengua exploraba con lentitud la tersa piel que exponía un tono moreno a lo largo de sus formas femeninas. De cada poro se podía saborear la esencia de un placer incipiente que va despertando a medida que la luna reinaba en aquella antes fría pero ahora cada vez mas cálida noche. Aquel sabor intenso fue cobrando mas fuerza, causando una obsesión por mas, por mucho mas de lo que se pueda ya saciar en sed y hambre de piel. Las sábanas apenas cubren una espalda que revela dos poderosas alas mientras unos movimientos lentos dejan entrever el baile constante entre esos seres únicos, el encuentro y choque de los amantes que poco a poco se unen de nuevo, en esa noche. Las bocas unidas de nuevo se prodigaban suspiros y susurros de emociones y sentimientos que retaban a lógica y poesía, a la propia lengua que se veía impotente en buscar una palabra que definiera aquello. Los actos se sucedían en un camino que solamente tenía un único destino. Un éxtasis profundo que hizo encender mas de la cuenta a las estrellas y ruborizar a la luna, que sacudió la tierra y despertó la naturaleza cuando un sencillos suspiró salió de dos bocas apasionadas. 


Las alas desplegadas y las miradas encontradas fueron aquello que solamente se podía describir con las palabras. 


Lo demás sencillamente era poesía de otro mundo.