domingo, 29 de enero de 2012

El núcleo del mundo

Las laderas de las montañas dejaban fluir con la mas cristalina fluidez los manantiales de agua pura que en el seno y la cima de la madre montaña se creaban. Este agua era pura, muy buena para dar algo de beber al que pasara cerca de ahí y se encontrara acuciado por la sed. Las pequeñas aves que vivían en las inmediaciones de esos pequeños riachuelos no estaban pendientes en momento alguno de lo que pasaba mas allá de sus necesidades mas básicas, a lo sumo sospechar de cualquier sombra con aspecto de zorro o halcón. La bella serenata de los cantos y los chillidos de algún polluelo era un bello aliciente para que la escena resultara relajante. Los roedores con sus ojos pequeños y negros vigilaban a su vez que nadie rompiera la calma de sus refugios y que no se robaran los alimentos mas preciados que les servirían de sustento en el frío invierno. Huidizos por naturaleza, los ratones iban de aquí para allá, algunos incluso a saltos largos para que nada les pudiera importunar el camino de regreso a casa. Los abejarucos estaban apoyados encima de las ramas, cerca de las colmenas y alrededor de las flores mas bellas jamás rociadas por ese agua de manantial mágico a la espera de algún insecto que llevarse al buche. Algún ciervo saltaba entre los árboles lejanos de un bosque habitado por criaturas de semejante, mejor y peor fama. Lobos, zorros, ardillas, cuervos, grajos, urracas, todos ellos y mas habitaban en ese bello bosque.


Sentada en una roca, disfrutando con la mas cálida de las fascinaciones, una criatura permanecía sentada o mas bien recostada en un árbol tan antiguo como su creadora. Su tronco, grueso y milenario, había resistido miles de tormentas que superaban la imaginación humana e incluso la escasa memoria animal en fuerza y destrucción. Ese árbol, que algunos llamaban tejo y otros rey de los árboles, estaba perfectamente firme, como si declarara al mundo su predisposición a sostener el delicado peso de esa criatura viva, quizás la mas bella del mundo, o asó lo juzgaba el sabio rey de los árboles junto a todos sus discípulos. Los animales se acercaban con curiosidad a ver cuan bella era esa mujer, esa dama de nobles maneras y delicadas formas, con una armonía en el rostro que solamente era posible si un ser humano escuchaba toda una vida y parte de la siguiente los sonidos del bosque. Las flores estaban ligeramente inclinadas en la dirección de esa dama que tenía el color moreno mas dulce del mundo, una porción de esa tierra de la que provenía, fértil y bella como solo esa misma tierra podría serlo. Las canciones de los pájaros eran un regalo de estos para los oídos de esa mujer que siempre tenía a bien de escuchar aquello que mantenía lleno de preocupación los corazones de los demás.


Y lo que sus ojos tocaban no volvía a ser lo mismo. La hierba se volvía mas verde, fresca, sabrosa para los herbívoros, las ansias de matar y comer carne se olvidaba por parte de aquellos que buscaran la carne arrancada del hueso de las presas para rendir compañía y protección a esa doncella salida de un cuento de hadas. El propio rey de los árboles se embebía de fortaleza cuando ella elevaba su vista con esa admiración y fascinación que  su vez impulsaba a todo aquello que tocaban sus ojos a mejorar. Las delicadas manos de ella eran suaves como la seda y se paseaban por el pelaje de algún que otro lobo y zorro, quizás una comadreja oportunista o algún lirón que despertara en ese momento o supiera de la presencia de esa entidad mas que divina y revitalizante del alma. El mismo bosque se movía a su alrededor, desde los mas altos árboles hasta las mas delicadas flores querían admirar de cerca esa muestra de perfección en cada uno de sus movimientos para regalarle manzanas los manzanos y peras los perales. Los mas dulces frutos escogidos cuidadosamente para saciar el hambre que pudiera sentir el cuerpo de ella. El bosque cuidaría de ella así como los propios cielos y la tierra. Los ruiseñores le regalaban sus mas estilizadas notas y los pájaros carpintero se afanaba en picotear un pequeño refugio, un balcón privilegiado en el que poder acomodarse y deleitar su vista y búsqueda de esa tranquilidad y paz que ella transmitía. Sin embargo todas esas atenciones no causaban la aparición de la vanidad y la soberbia, al contrario, pues ella en su afán de generosidad y de buena voluntad compartía los banquetes que la naturaleza le ofrecía, saciando su hambre y sed con los manjares mas exquisitos y el agua mas pura así como la miel mas dulce, que compartía sistemáticamente con los poderosos plantígrados.


A la caída del sol, sus hermosos ojos, resucitadores de la vida en cualquier trozo de carne o tierra muerta, se centraron en esa lenta caída del día, en el astro rey que regalaba sus último rayos a esa piel delicada y suave, morena como la tierra de la que venía esa inspiración divinamente humana y a la vez extraterrenal. El poderoso Sol, temido por los mas afamados conquistadores y adorado por las tribus mas antiguas, se tornó mas rojo cuando esa mirada, hechizante, poderosa mirada, ojos oscuros y a la vez brillantes, refulgentes,  perfectos, se sonrojó al saber que una Musa, una auténtica musa había centrado su vista en él. Esos ojos nunca lo habían contemplado y ante tal sorpresa el Sol se sonrojó. El sol, enamorado de esa dama, le regaló el último rayo de ese día, que fue directo a deslizarse por su piel para darle calor en la consiguiente noche. Con esa educación y saber estar y a la vez con la mas viva de las alegrías la dama recibió ese rayo, valorando la importancia de tal gesto pues en ocasiones mas de una regalo similar le había llegado por parte de mas de un pretendiente humano, capaces de llegar a límites insospechados con tal de arrancar una sonrisa a ese bello rostro.


Llegó así la noche y los lobos dedicaron un concierto de aullidos para el deleite de la dama. Era el momento de los cuentos y los lobos, en afán de ser superiores, amos de la noche, no se molestaban en ahorrar detalles de sus cacerías de cuan poderosos eran, de lo que hacían cuando peleaban los unos con los otros. Cada aullido era una pincelada a un cuadro que mostraba el salvajismo y la fuerza justas y necesarias para que la presa sucumbiera y los cachorros, algunos de los cuales valientemente se habían acercado a través de los árboles a contemplar a la dama, se posaban perezosos sobre su regazo en ese momento bajo la atenta mirada de alguna madre protectora pero confiada en que ella solamente los cuidaría y mimaría. Las luciérnagas bailaban a su alrededor y se posaban de vez en cuando en su cabello y ropajes negros con pequeñas lineas azules que asimilaban a un fuego color azul rey. Los búhos, sabios de todo el bosque, conocedores de las mas antiguas artes e historias, se hacían escuchar también recitando consejos casi deforma maquinal y a la vez entregada para que ese conocimiento tan profundo de la cultura que poseía la causante de todo ese espectáculo aumentara mas allá del limite humanamente posible. En cada ulular contaban una historia de alguna batalla entre especies, de las miserias que pasan por causa del ser humano, conmoviendo el corazón de esa criatura tan apegada a la vida y a todo lo que suponga la magia y mas el mundo de los elfos que confeccionaron el vestido que ahora tenía puesto sobre su cuerpo, lleno de curvas y deseado por muchos.


La brisa finalmente llenó sus oídos con las mas delicadas y relajantes nanas, canciones de cuna que la madre naturaleza cantaba a sus criaturas cuando era tiempo de dormir. Dejaba fluir a su espíritu, brillante como un diamante que reflejara el sol, las mas diversas historias acompañadas de unas notas discordantes y a la vez eternamente bellas, que nunca nadie podría cansarse de oír. La brisa nocturna acarició su cabello, fascinando al propio aire en movimiento de la belleza de este, negro como la misma noche que la envolvía. Con la máxima delicadeza el rey de los árboles tomó el cuerpo de esa musa, de esa ninfa brillante, de esa criatura que no era humana pues nadie era capaz de mover un mundo como aquel de una forma tan sencilla y mas de forma involuntaria. Los aullidos cesaron poco a poco, el ulular de los búhos también y solamente permaneció la brisa que acariciaba el cabello y la poca piel descubierta por ese vestido finamente tejido de la Musa, de la Bella Doncella Querida Por Todos. Las estrellas aumentaron su brillo para que los miedos no la alcanzaran y las pesadillas no la rozaran o pensaran siquiera en acercarse a perturbar su sueño. Contemplándola estaba la noche, el rey de los árboles, la madre Gaia.


Unas plumas azules caían suavemente sobre el cuerpo de ella entretejiéndose para que su cuerpo permaneciera en la temperatura perfecta. Los ojos tristes del sueño de esas alas sonrieron cuando vio su obra terminada y suavemente descendió con ayuda de la brisa hasta posarse a su lado inclinarse y dejar un beso en su frente un ´´Dulces sueños Bella Doncella´´ en su oído y una rosa azul a su lado antes de marchar y seguir contemplándola en la oscuridad.

jueves, 26 de enero de 2012

Para la Musa

Lejano y silbante se hacía escuchar el vuelo de un pájaro, henchido el pecho del orgullo de su viveza que poco a poco se fue desinflando en medio de agitadas respiraciones destinadas a mantener el vuelo rápido. las marañas de matojos dejaban entrever apenas un par de detalles de un sueño rico en los nutrientes necesarios para que la tierra fuera fértil. El verdor de todo ese paraje era una verdadera maravilla, como si lo que regaba esas tierras no fuera agua de lluvia sino el agua bendita de algún ángel que vertiera desde sus alas, pero mas increíble era aquello que sucedía en lo alto de una verde colina, con una humilde casa, que dominaba todo el paraje de una forma honrosa, carente de toda la grandilocuencia. En esos pequeños tablones apilados y con un tejado lleno de agujeros se postraba ante un hombre de humilde condición y aspecto algo animal un papel blanco. Un sencillo papel blanco que estaba inexpresivo ante el paso del tiempo al igual que el rostro de ese inspirado y humilde hombre de condición extremadamente ignorante. Miraba el papel como en un duelo de resistencia de las mas extrañas y sobrenaturales voluntades. Siendo blandida por una mano temblorosa víctima de recuerdos que iban mas allá de su calma y tranquilidad, un pico entintado hizo esa primera herida en el lecho blanco del papel. 


Pero antes de la primera letra, esa mano se detuvo y miró al pájaro que se había posado en el marco de la ventana, con vivos colores, los mas bellos rojos, verdes, amarillos, azules, lilas, morados. Y el negro y blanco tenían lugar ahí, mezclándose en delicados grises, elegantes a la forma de ver de la gente que pose sus ojos en esa extraña ave. Miraban sus ojos marrones de ave despierta la mano y los ojos del humilde villano que estaba posando toda su concentración en esa amalgama de colores imposible. nadie mas podría presenciar ese encuentro entre ave y hombre pues así el destino no lo quería. La mañana era fresca en ese delicado día de enero y el frío no se hacía sentir mas allá de los límites establecidos por la autoritaria calefacción, un humilde horno de leña que estaba expresando con crepitaciones los últimos intentos de aportar calor. Pero aunque el frío estuviera presente poco a poco en esa casa de una sola habitación, ya nada hacía temer al improvisado escritor de sucumbir ante un frío adormecedor y mortífero de necesidad. Esa ave estaba en el momento justo en su vida. Al igual que muchas otras cosas y una en especial. Por lo que son mas con el único recuerdo del color del café se dispuso a escribir. 


Cuanto escribió nadie lo sabe pero escribió sobre el universo, plano para unos y curvo para otros, sobre la belleza, sobre la belleza mas ancestral de los planetas y sobre la belleza mas milenaria del hombre. Esa idea le hizo montar a lomos de la mas bella criatura habida y por haber en su imaginación y toda esa ciencia, esa poesía, esa necesidad de enumerar saberes a cientos se disolvió de forma instantánea dejando lugar únicamente a las alas de la mas basta imaginación y entonces desde cero empezó a escribir un mundo lleno de las perfumadas flores, esas flores símbolo de la calma que inspiraba en e´la criatura que tenía en mente. La mencionó mil veces en mil matices distintos, con mil adjetivos y verbos que enunciaban la necesidad de interactuar algún día de mil maneras distintas con ella. A su mente acudían todas esas bestias míticas que estaban a la disposición de quien las precisara. 


La fuerza del dragón junto a su fuego hizo que esa tinta pobre se tornara naranja como el brillo del sol que tantos buenos niños dibujaban cuando eran felices. Los trazos se hicieron firmes como el paso de ese poderoso y majestuoso símbolo de mas caótico y sencillo esplendor de quien lo pudiera cazar. Era la punta de esa inesperada pluma de metal que inesperadamente adquirió la capacidad de fluidez que una garra de dragón posee cuando desgarra el metal del enemigo pero solamente dejaba las extremadamente afiladas palabras de un alma exaltada por el recuerdo de esos ojos que eran portal a otro lugar entre la realidad y la fantasía mas desbordante y luminosa como mil soles y un millón de estrellas. 


Al término de ese párrafo las brisas de los bosques que paseaban entre las ramas de los árboles empezaron a danzar, primero en delicados retazos alrededor de ese pájaro testigo de una locura dedicada a la mas bella de las locuras. Las hadas de los bosques, ninfas, náyades, los rápidos centauros, los sutiles y milenarios elfos y el crecimiento de las plantas mismo se hicieron presentes en esa historia, creando la naturaleza en un mundo lleno de pequeño matices, el alegre gorjeo de los pájaros que saludan a la mañana así como la sonrisa de ese poeta saludaba al amanecer cuando los ojos de esa musa se posaban en su mente y no lo habían abandonado desde entonces. Se unieron por tanto a ese naranja la tinta mas verde, brillante como la clorofila de las plantas con tintes oscuros como la tierra mas fértil. La sutileza de los susurros en las brisas se hicieron presentes en letras mas delicadamente labradas, como si la calma se hicieras presentes en el estilo de escritora de ese hombre que estaba poseído por la inspiradora magia. Yacían en ese párrafo las palabras de los elfos que habían creado para poder comunicarse con el seno de Gaia. 


Al amparo de la colina se encontraba el mar que poco a poco hizo soplar a las nubes su brisa de sal y algas para dejar claro cuan poderoso y constante era el poder de aquello que escribía, mas fuerte que cualquier muralla y que cualquier construcción imaginada. Escribió sobre el vaivén de esa pluma que se mecía derramando tinta azul sobre ese papel que ya estaba siendo terminado pero que la diminuta letra del autor podría tener que ver a la hora de lograr expresar todo lo que quería decir. Diminuto como esos pequeños seres que alimentaban a las poderosas ballenas, tan elegantes como majestuosas en su canto milenario a lo largo de toda la evolución, el sonido único de estas era lo que el autor comparaba con la cadencia armoniosa de la voz de la esencia a la que iba dirigida. Las corrientes guiaron su mano de forma tranquila e imperturbable a lo largo de ese papel antes tan tristemente blanco y ahora teñido de color. 


Escribió sobre un mundo donde, además de todo lo anterior también se encontraba el color mas bello de todos, un color que esa pluma no podría reproducir. Fusionaba esa pluma el color de esa piel suave y aterciopelada con el blanco de su sonrisa y el brillo de su mirada. Quería el escritor con esa carta, con esa historia, dar fuerzas a la persona a quien iba dedicada. Nada mas que esa fuerzas necesarias para que no hubiera temor en su alma, mente.corazón espíritu y cuerpo. Con cadente precisión escribió esas última palabras y dobló la carta esperando que cuando llegar ay terminara de leer la fuerza se hiciera dentro de ella con el fuego del dragón, la brisa de los bosques y el amar y los colores imposibles y mágicos que ella poseía en si misma. 


Al final de la carta, dibujado con torpes trazos, una rosa azul yacía mostrando todo su esplendor pues abierta se encontraba para recibir la luz de la sonrisa de ella. Con un susurro dijo este escritor. 


-Para la musa. 



miércoles, 25 de enero de 2012

Lamento y Luz.

Las luces del atardecer llegaban a su final dando paso a una noche aterciopelada en la que todos los seres salían a buscar su alimento y a refrescarse con la brisa nocturna de la luna y las estrellas. Estaban esas luces celestes en lo mas alto, bellas como ellas solo saben serlo. Las pequeñas criaturas que contemplaban desde lo alto miraban a su vez a esos pequeños animales, que correteaban desde sus escondites buscando alimento y llenar sus reservas para un duro invierno, cruel y sin misericordia. En ese bosque todo era paz y armonía, todo estaba en su justa medida y nada se podría quebrantar. Las pequeñas mariposas iban de flor en flor, sacando el néctar de las coloridas rosas, lirios, lilas, crisantemos, azucenas e incluso alguna planta de azafrán. Lo mismo hacían las abejas que iban de aquí para allá zumbando. Los saltamontes se hacían escuchar pero no ver, ya que estaban perfectamente camuflados en el suelo, fresco y rebosante de una hierba verde, un perfecto manto del color de la esperanza que era acariciando por esa brisa que llegaba desde las ramas de los árboles en su danza eterna y delicada. Cada soplo paseaba alegre por entre las briznas, perfumándose de ese aroma fresco del pasto, que algunos animales usaban para esconderse o para comer. 


la luna contemplaba apacible toda esa escena. Muchos disfrutaban de la crianza de sus cachorros o de la puestas y cuidado de sus huevos. Gorriones, grajos, jilgueros, petirrojos, colibrís, alguna grulla, garza y martín pescador estaban en medio de una duermevela que a su ve trataban de no tener muy interiorizada pues la protección de los huevos era vital. Los astutos zorros, padres envidiables, trataban de hacerse con algún desprevenido roedor que alimentara posteriormente a sus cachorros. La savia rezumaba a través de los troncos de los avellanos y de los abedules. Pero la temperatura poco a poco comenzó a bajar y la oscuridad fue mayor cuando unas nubes empezaron a eclipsar el brillo de la luna y de las estrellas. Poco a poco un manto de oscuridad hizo que todo se volviera frío, casi cruel ante lo que la escarcha poco a poco destrozaba a su paso. Las criaturas sintieron en sus corazones la tristeza mas avasalladora, el temor mas atroz a perder todo. Esa sombra maligna poco a poco lo fue cubriendo todo precediendo a un caballero pálido, cuyos ojos ahogaban dentro de si mismos toda una maldición, un tormento eterno, la necesidad de alguien que busca desesperado la luz que guíe sus pasos. 


Miró a las estrellas, impotente por no hacerlas salir, condenando su propia maldición que se extendía a todo lo que el miraba y le rodeaba. Contempló con horror los animales que huían o morían en el intento y la mas fatídica amargura se impregnó en su corazón, tiñéndolo de un gris apagado con tintes de hielo. No quería mas destrucción a su alrededor y quería hacer un alto en el camino, un alto definitivo, descansar su cuerpo y corazón, alma y mente dentro de algún bonito ataúd que le permitiera saciar su apetito de reposo eterno. Sus ojos estaban ennegrecidos y el blanco de estos no era posible ser visto pues un mar rojo de tanto llorar lo cubría. Sus ropas desgastadas por la vida se movían con el gélido viento que se despertó después de que la suave brisa se viera subyugada por la fuerza inconmensurable de una melancolía mas allá de toda comprensión humana. lamentos de un dolor profundo se hacían oír entre los árboles, cuyas hojas se marchitaban al sonido de su voz. Cúmulos de malas hierbas estaban brotando a su paso, negros lamentos en forma de espino se arraigaban con fuerza y abuso de autoridad sobre las demás plantas, destrozándolas por el camino y a medida que avanzaban. A su paso todo lo que sus ojos miraban era oscuridad en medio de esa noche fría. Su corazón, latiendo hielo a través de las venas dolía en medio de ese pecho hundido por unos fuertes estertores de agonía que no eran motivo para impedir que sus pies caminaran. Almas en pena lamentaban su existencia a su lado y elevaban sus súplicas de redención a las estrellas, que se refugiaban detrás de la madre luna cuando un grito especialmente fuerte les llegaba a través del manto de nubes negras que lloraban como sinfonía natural, acompañamiento macabro al paseo de ese ser miserable y despreciado.


Hasta que vino ella y su sonrisa apareció, sus ojos, sus manos, la forma de caminar, la de sostener su alma con palabras de ánimo y apoyo, firme en la batalla de aguantar los golpes, valiente. Nada podría derribar y no eran rival para ella las lágrimas de aquella criatura sin futuro. Un mortal vería a una dama de extraordinaria belleza surgir de un sueño y sostener ese cuerpo vivo con un moribundo mendigo del alma dentro. Ante los ojos de él ella era el sueño que salia de la realidad en forma de dama, una salvación, una gota de oro que cae en medio del plomo mas pobre y siniestro, cegador y pesado Ella sabía que hacer y sencillamente tomando su rostro miró a través de esas cortinas de tristeza, de pena, de melancolía, de sensación de vacío y la luz viajó directamente a lo mas hondo de su ser, inundando de una esperanza ciega y de una fe inextinguible el corazón de ese noble caballero a ojos de la dama. Nada se comparaba a ella, cálida rosa de mil pétalos multicolor. 


Antes de lo pensado salieron ángeles de todas partes y tocaron para ellos una pieza clásica, magistralmente llevada por la batuta del mismo Dios, armoniosamente hilada con los sonidos de la propia naturaleza, que resurgía a medida que ella consolaba a esa alma con su simple presencia. La brisa surgía de entre las ramas y los animales se unieron a esa celebración por la redención de un alma que no tenía mas que la opción de mirar aquellos ojos, esferas de mayor brillo que la mas brillante estrella. Y de ella admiraba todo y sentía que su cuerpo y mente sanaban. Los mas insignes inventos de las leyendas fueron apareciéndose y los dragones y serpientes aladas danzaban en medio de un refulgir de luz y color, las sirenas dedicaban sus cantos esta vez a participar en la mas bella celebración de toda aquella tierra creada por un perfecto loco, que buscaba desesperadamente un elemento que incorporar a una historia de final feliz. Algo que hiciera suspirar y estallar el alma de esa dama que tanto bien había hecho al caballero de triste figura y corazón, 


Con lentitud y al son de esa canción esas esencias tan llenas de una materia indefinible por humano alguno, se mecían suavemente con la brisa, en las alturas, sostenidos por dos poderosas alas negras y azul rey. Las dulces baladas de los ángeles los elevaron mas y mas mientras con delicadeza unos dedos fríos y pálidos rozaban una cálida mejilla, suave, aterciopelada, con un infinito y respetuoso cuidado de no apartar los ojos de ella, mas brillantes que la mas brillante de las estrellas. 


Y en ese mundo, ese mundo loco y desquiciado, comenzó a llover, por capricho de un creador falto de originalidad rosas azules con poemas impresos en cada pétalo. 

martes, 24 de enero de 2012

Intervención

Cadencioso era ese paso, esos pequeño toques con los pies sobre la madera del escenario. Las palmas batían una y otra vez y los ojos no quitaban su mirada de la bella criatura que les deleitaba la vista y amenizaba su noche con ese espectáculo de movimiento de caderas y notas que trascendían mas allá del espacio y el tiempo. Su cintura fina, de delicado talle se movía a un ritmo que nublaba la vista en medio de un hipnótico baile lleno de una sensualidad y dedicación pocas veces vista. Y es que era tal su amor al baile que no solamente había atrapado la atención de sencillos hombres deseosos de ver a una buena bailarina sino que a su alrededor se concentraban las energías mas puras del mundo, buenas y malas. Las buenas danzaban a su alrededor girando y moviéndose como si fueran inesperadas compañeras de baile. La luz emitida por los ángeles y las ninfas estaba desbordando las cuencas oculares de todos esos espectadores a través de esa veleidosa figura central que solamente ponían la vista en ella, vestida con los ropajes mas bellos de las tierras de Arabia, una tierra de fuego y pasión. El color azul de su atuendo era como si la noche y el día estuvieran retornando, fusionándose el uno con el otro y los brillantes eran las estrellas, que se desparramaban a lo largo de su cuerpo, cubriendo con el nocturno manto las curvas y esa figura que las malas mujeres miraban con envidia. Las risas y el ánimo estaba a la orden del día hasta que el manto de la mas desesperante oscuridad se hizo presente. 

Vinieron demonios, seductores e informes, con intenciones carnales, malvadas, envidiosas, detestables y deleznables de llevar por el camino de la perdición a esa criatura que disfrutaba de una merecida noche de baile tras haber conquistado toda una temporada de esfuerzo a lograr lo mas importante, aquello por lo que ahora podría ayudar a otros, a los seres que sufrieran tormento dentro de su mente. Sus ojos eran la herramienta perfecta para dar la paz a los que la rodeaban y estaban inmersos en sus curvas unos y en su mirada otros. Ángeles y demonios se miraban unos a otros, pendientes, en medio de sutiles movimientos de que ese centro del universo no cayera en las manos incorrectas para sus planes. Cuan grande era la batalla que se iba a librar en medio de todo ese bello espectáculo de música, baile y fiesta. Los ojos de ella, cerrados para sentir mejor la música eran ignorantes de todo lo que se cernía sobre el mundo conocido y sobre tan delicada y sencilla pero a la vez deseada criatura. El movimiento de sus caderas y las manos, el agitar de su cabello, la sonrisa que se ponía en su rostro. Luz era todo ello, incluso cuando su cuerpo permanecía quieto. Que no era el caso pero era la verdad mas pura. Cuantas veces estáticamente, solamente mirando, había causado mas de una sensación de gloria en el fuero interno de muchos caballeros y nobles, de pobres y ricos. 

Las batallas mas terribles las libraban en los cielos los serafines y las dominaciones. Las seis alas blancas de los mas cercanos a Dios contra los siervos de Oiellet y de Rosier, reina de los súcubos, tentadoras criaturas que también tenían envidia de la belleza de aquella que estaba agitando al cielo, la tierra y el infierno por la sencilla posesión de su alma. Las alas se rompían y los lamentos de los ángeles caídos calaban mas allá del corazón de los hombres que nada tenían en mente mas que el poder contemplar a esa dama mientras almas y torturas se sucedían a la hora de hacerse presente en el cielo y el averno. Las mentes mas débiles se estaban nublando en los vapores de deseos oscuros que terminarían con el asesinato de algún inocente. Cuanto podría durar toda esa escena era algo que pronto se resolvería. Hicieron aparición las rosas azules, precedentes de la llegada de una entidad que muchos tachaban de ángel y otros de un ser débil y miserable. Sus alas negras hacían referencia a su querencia de oscuridad en su alma pero cierto era que muchas historias decían que a pesar de pretender resultar malo y oscuro no podría hacer mas que doblar la rodilla ante la criatura que causaba todo ese revuelo, la dama mas bella de ese y otros mundos, mas allá de las capacidades creadora de Dios, de la Virgen y de todo aquello capaz de crear algo bello, ni siquiera los poetas podrían imaginarse semejante gloria con cuerpo humano frente a sus rostros. Las alas eran acariciadas por todos los seres con los que se cruzaba, con una u otra intención pero él tenía su objetivo fijo. Nadie apartaría su mirada de ella y mucho menos él, que protegería a esa doncella divina de las garras de sus captores. 

Aterrizó detrás de ella y la danza llegó a su fin. Lentamente ella se giró y miró a los ojos tristes y oscuros de ese ser indigno de mirar los ojos de ella pero al que llamaban blasfemo. Las mirada se cruzaron y los demonios y ángeles del mundo contuvieron la respiración. Lentamente una rosa azul surgió de la nada ante los ojos de la dama, de esa dama que había inspirado una batalla entre demonios y ángeles, que a su vez debían de pelear contra todas las fuerzas de la naturaleza. El caos se había desenvuelto de una forma mas que repentina. Las marañas de gente y de dolor se sucedían en el mundo mientras dos entidades de otros mundos se miraban a los ojos y lentamente ella, embozada en sus ropajes que despertarían el deseo de mas de uno, se acercó a él y se abrazó fuerte. Él, aun siendo hostigado por pensamientos impuros, apartó estos de forma brusca, miró a todas esas criaturas hechas para tentar con la mas notable indiferencia, no temió a la muerte, la cual le miraba desde las sombras ni a la desilusión a la cual conocía muy bien. Pero esta vez todo saldría bien. Sencilla tomó su cintura y volaron hasta donde la guerra y nada los pudiera alcanzar. 

En ese mismo día la conversación y el descanso se sucederían y las alas negras con irisaciones azul rey serían manto de sueño para ella, y ella manto de sueño para él. 

domingo, 22 de enero de 2012

La súplica del siervo.

Cuanto echaba de menos la luz a esa su representante en la tierra. Esa dama de luminoso mirar que había atrapado corazones sin par. necesitaba uno de sus seguidores de la fuerza de su mirada, de la belleza de sus ojos sobre los suyos. Desesperado fue ese siervo al borde de un acantilado a hablar con el mar. 


-Mar, mar de medianoche y de día salvaje, pienso en ella a todas horas y me falta a veces de la fuerza que supone su amistad para que mis fuerzas no flaqueen. Su personalidad es como tu, extensa, indómita y a la vez desconocida y familiar como quienes hemos crecido a tu vera. Puede de dos sencillas palabras causar en mi el efecto que mil de tus olas y en la profundidad de su mirada está el misterio de tus profundidades, tan llenas de cosas maravillosas. Tus mareas han inspirado muchos bonitos poemas, como su mirada y a la caída de la noche la luna que se refleja en tus aguas se refleja también en su piel y sus labios, en los ojos mas que nada y sobretodo con una luminosidad que le da a es pálida dama el aspecto de lumínica majestad que solamente ella podría lograr. Y tu hipnotismo? Conoces de sobra las miradas de aquellos que te ven por primera vez. Se que de ser yo alguien de esos que menciono no podría pronunciar una sola palabra, como no la podría pronunciar de estar ella entre mis brazos. Y su amistad sería eterna como el cantar de tus olas y el rugido, el subir y bajar de la espuma, la lentitud y rapidez con la que arrasas todo a tu paso cuando te enfureces. No se que mas decir... -Dijo este humilde siervo al mar que miró a ese ser que tan pocas veces vio pero al que conocía desde que jugaba en playa y evitaba el agua. Con una gran onda de agua dejó a sus pies una perla en la que yacía la esencia y el aroma así como el sonido del mar si uno se la ponía cerca del corazón. El buen hombre partió empapado pero contento a su siguiente confesor. 


Encontró por un largo camino un bosque y no dudó en entrar en él. Uno de los peligros principales se encontraba bajo la forma de unos bandidos que no tenían mas ambición que la de las riquezas ajenas. Sus armas afiladas y sedientas de sangre también gozaban del sufrimiento ajeno y miraron a ese indefenso siervo de esa mujer, de esa criatura maravillosa y tan llena de matices como un diamante pulido en la perfecta mano de un dios orfebre. Sin dudarlo asaltaron al joven el acero se posó en su cuello amenazando con desgarrar su garganta si aquel ser informe hacía el mínimo movimiento. Se mantuvo firme en su decisión de mantenerse quieto y no dijo e hizo nada mientras trasegaban que hacer y que robarle. Lo cierto es que poco pudieron hacer cuando el bosque fue a la ayuda de uno de sus aliados mandando a una manada de lobos contra los asaltantes. y es que una cosa era asaltar a un hombre y otra muy distinta asaltar a alguien que caminaba por la vida respetando a la madre naturaleza. Las carnes fueron desgarradas y arrancadas del cuerpo con la mas fría carencia de vacilación en cada acción. Sin mas palabras y ya llenos los estómagos los lobos guiaron al señor de cierto castillo hasta un claro en donde un sauce, un olivo y un ciento de árboles mas, como milenario consejo. 


-Madre Gaia, tierra que nos das sustento y alimento, que haces de nuestras vidas el paraíso de la abundancia cuando se te adora y el mas apocalíptico infierno cuando se te ofende, no soy capaz de buscar regalo alguno para ella, algo digno de ser entregado a sus manos finas, que tanto trabajan materiales de tu vientre y de las fábricas de los hombres. Sus manos son suaves y me apuesto el cuello que acaba de ser salvado por tus lobos que dan caricias capaces de derretir almas malignas en estado puro. necesito llevarme algo que tu me puedas dar para hacer una ofrenda a su persona, para que su sonrisa sea mas bella que las nevadas cumbres de tus montañas, guardianas y gigantes custodias de los tesoros de tus cavernas. Quiero entregarle algo que no ea capaz de atrapar mas que la esencia de todo lo que la compone y la relaciona contigo. De tu fuerza avasalladora cuando eres terremoto, de la suavidad de la seda, fuerte como el rugido de los leones de tus sabanas, que se oiga en todo el mundo aquello que yo le quiera traer, que tu me puedas dar. Quiero algo sutil como la brisa del viento pasando entre las ramas de tus árboles. Necesito quizás el gesto que lleve a cabo una mariposa antes de emprender el vuelo o quizás el ensordecedor bramido de los elefantes, las furiosas alas de las abejas, la elegancia de los ciervos. Quiero entregarle algo de tu seno que me represente y que sea la esencia misma de la naturaleza de su persona relejada a través de las cuatro fuerzas elementales. Que el mar, el viento, el fuego y tu entreguéis a este humilde siervo, señor de un castillo que ella ha iluminado, aquello que deje la huella mas imborrable en la vida de cualquiera de los dos. 


Antes de terminar el monologo, ese siervo fiel a la causa de la verdad fue acallada por la brisa que traían susurros lejanos de una dama. Era la voz de la misma naturaleza susurrando el nombre de esa dama que había sido causa de que mar y tierra se agitaran tanto. Las ramas de los sauces, olivos, castaños, abedules, chopos, manzanos, naranjos, melocotoneros, cada árbol en el mundo fue acariciado por una brisa que trajo una sola palabra. En todo el mundo se escuchaba el nombre de la persona que había inspirado tal aventura. El siervo cayó de rodillas ante la mención de su nombre y los bosques que tenía frente a él se abrieron y se tornaron para captar algo de la esencia de la criatura que se acercaba hacia él. Caminando entre esos árboles se encontraba una alta mujer de bello aspecto que en su rostro tenía implantada la máxima expresión de la bondad y la dulzura. En su mano portaba una luz y con paso lento se acercó a ese humano sencillo que imploraba el regalo para esa persona que ocupaba su pensamiento. con una sonrisa y sin decir nada lo puso en pié con delicadeza y alzó las manos al aire. Los vientos aparecieron. 


Furiosos y letales, capaces de destrozarlo todo, atacaron por la espalda a ese siervo de la tierra que se quedó quieto sabedor de que acontecería. Fue muy doloroso pero mereció la pena tal obsequio por parte de la tierra y los cielos, del mar y el rayo. La tormenta mandó dos rayos y estos fueron suficientes para avivar dos poderosas alas que se alzaron con la ventisca y lo elevaron a lo mas alto del firmamento. Allí miró fijamente a las estrellas y corroboró que faltaban dos. Con la perla del mar, la brisa de sus alas y el susurro de las ramas de los arboles partió al vuelo raudo y veloz el ángel de gaia, fiel a la causa de la sonrisa de la bella Valyawen. 


A su vuelo , los pétalos caían y dejaban el mundo lleno de ese color que era de ella, nada mas que de ella, solo por y para ella. El azul rey, glorioso, eterno, inalcanzable y solamente superado por sus ojos... 

Pétalos de luz

Criatura sin par, bella sin igual, inspiración de los suspiros de cualquiera, era una de esas damas en las que uno podía confiar. Dotada con la inteligencia mas aguda y la belleza mas imposible, caminaba la musa por ese castillo. Las ingente cantidades de cuadros miraban su caminar, seguían el movimiento de sus caderas y pretendían atrapar su mirada, que lograban unas veces sí y otras también. La curiosidad la sacudía de arriba abajo y no encontraba momento de estarse moviendo hacia su destino, el que fuera. Recorría ese pasillo iluminado de un castillo oscuro como boca de lobo. Tantos que se habían perdido en tales condiciones y ella caminaba libremente por donde quisiera y se le antojara la gana. Libertad absoluta le daba ese anfitrión atormentado por mil ideas que esa dama le había ofrecido desterrar de su mente pero tercamente el rechazaba tal invitación. No quería interferir en la sonrisa de ella. Las ventanas estaban abiertas para airear el cabello de esa dama de vestimentas tan ricas en las que el anfitrión la embozó. Cómodas y sueltas como la de los elfos, de igual o superior precio, impregnada en todos los colores que ella deseara. Riquezas textiles y joyas inigualables estaban prendidas a su cuerpo, que se movía con total libertad, revelando unos días una figura envidiable y otras veces holgándose toda esa ropa para que el misterio fuera mayor.


Dos ojos la observaban, atentos a cada movimiento, escondiendo de forma evidente una deseo y a la vez un anhelo, cálido anhelo de cernirse sobre ella, arrebatar su libertad de movimiento en un abrazo que con el viento fuera llevado mas allá de una eternidad. Pero eso arruinaría la belleza de verla, contemplarla caminar, seguir el balanceo sutil de esas caderas que tan bien se movían al bailar. El deseo se producía por ello pero también sabía que no era el pretendiente adecuado para un baile. Un salto y de nuevo en la perpendicular de esa figura. mirándola desde las vigas que poco a poco se desgastaban con el paso del tiempo y que pocas batallas podrían aguantar ya. Siguió a esa figura atentamente pensando en aspectos mínimos como el revuelo de sus ropas o detalles tan importantes para él como el brillo de su sonrisa. Increpado por la curiosidad dio otro salto mas y la miró de frente desde las sombras, acariciando la posibilidad de un susto o una pequeña broma pero lo cierto era que no gustaba de intervenir en esa forma en la vida de ella, de su musa, tan fuerte y a la vez tan delicada, fascinante, hipnótica, dulce, sensible. Los credos de las religiones debían de tenerla en cuenta para todos sus dogmas de fe y esas miles de mentiras que pretendían buscar la atención de los creyentes. Ella podría ser su religión. Ella la deidad y la rosa azul su símbolo. Los ojos de ella se elevaron al techo. Oscuridad y nada mas.


Sin mostrar mas interés por el techo siguió su camino la musa, ignorante de un fenómeno que ocurría a su alrededor, mas exactamente a sus espaldas. Cada paso dejaba un rastro de luz en el que una semilla creada por generación espontanea mostraba al mundo una rosa, a veces un pétalo que caía o quizás sencillamente una señal indeleble de su paso. nada era posible de ignorar cuando las piedras se llenaban de esas flores que ya eran suyas, que debían de tener su nombre, mágico nombre, suave y aterciopelado como el mar calmo y la superficie de un lago cuando no hay brisa. Las estatuas reverenciaban casi al momento su paso, causando la sorpresa de esa criatura que no podía ser repetida ni en mil vidas. En cada paso la rosas se multiplicaban y en cada respiración la luz inundaba el corredor con una magia imposible de valorar. Que rápido había cambiado ese castillo desde la llegada de la nueva inquilina y como había sido aceptada por el mismo castillo, sin rechazo, sin desconfianza digna de las tierras del noroeste de un país de infausta historia. Que dichosos eran sus ojos, los de ese anfitrión amparado por la oscuridad, que se iluminaban cuando ella aparecía en esa obra de teatro que era la vida. Nada mas que un secreto dicho a voces era lo único que ocultaba este para ella. Y el anfitrión sonrió y la luz se hizo.


Apareció ante ella una puerta, no tan bella como aquella que custodiaba su habitación pero el ébano era considerado de excelente factura y los clavos de hierro y oro que la reforzaban eran mas que brillantes. Antes de que ella dijera nada unos brazos la sostuvieron abrazándola por detrás y susurrando en su oído unas cuantas palabras que provocaron un sonrojo que provocaban el deseo inevitable de abrazarla y no soltarla por una eternidad. Son delicadeza giró su cuerpo para que viera el maravilloso espectáculo que causaba el simple paseo de ella por ese castillo. Los pétalos emitían un brillo azulado así como las rosas que se colgaban algunas del alto techo. Y ahí a donde no llegaba la luz había la mas fría de las oscuridades, temible y agobiante, claustrofóbica oscuridad. Angustias a cientos para quien se internara en ella, pero la salvación se hacía sentir en el corazón cuando se llegaba a la luz y se permanecía en ella, gracias a esa presencia, la de ella, invencible y a la vez frágil, una rosa azul, valiosa, delicada, bella. única. Suavemente tomó su mano mientras las dos grandes puertas negras se abrían y daban lugar a una sala de baile en la que sus invitados solamente serían dos esa noche. nadie mas podría pisar tal lugar. Solo ella cuando lo deseara.


Antes de entrar él la miró a los ojos y ella lo miró a él. Se miraban mutuamente de una forma distinta y a la vez igual. Mil ideas pasaban por la mente de ese ser negro, oscurecido por las malas experiencias, sabedor de cuanta confianza podría depositar en esa mirada que ahora se encontraba clavada en sus ojos, rindiendo sus ganas de tristeza y oscuridad, exaltando el poder de una mirada que no podía compararse a ninguna otra. Sus ojos no irradiaban la ambición, ni la envidia, no eran malos y siniestros, eran confiables, quizás hasta llegarían a ser seductores y sensuales. No se le comparaba nada a esos ojos oscuros que daban luz en su alma cuando se presentaban en sus sueños, o cuando despertaban al día siguiente en su recuerdo. la luz azul brillaba, y no era una luz fría sino que era una luz casi salvadora de pensamientos que no tendría jamás. Miraba sus ojos, en la eternidad que le gustaría que fuera dos segundos. Un silencio se hizo presente mientras el salón de baile, vacío pues aun no habían entrado en él, esperaba a sus invitados de esa noche de luna bella, ni llena ni nueva, sino bella, pues esta entraba desde los ventanales y daban en sus ojos y no había imagen mas bella en este mundo ni en los demás mundos. universos muchos había. Miradas como la suyas...


...ninguna... 



viernes, 20 de enero de 2012

Su mirada

El velo de ternura cubría sus ojos, que lentamente se fue corriendo para dejar paso a la realidad. Y esa realidad no cambió nada pues sus ojos eran ciegos. En la medianía de esa aciaga noche nada era mas bello que el contemplar como el tiempo lenta y rápidamente pasaba ante sus ojos, entre ellos, que poco a poco se fueron desperezando. O mas bien ella que le regaló un bostezo. Sus cabello se encontraban desparramados a lo largo de toda su espalda y parte de su pecho como si quisieran cubrir el cuerpo de esa musa con el máximo pudor posible. No miraría su cuerpo con deseo, no era momento de ello y lo cierto es que cuando sus ojos se abrieron poco importaba ya el resto de la humanidad, con sus defectos y sus problemas, con virtudes y bendiciones. Dos milagros ante sus ojos, mirándolo fijamente como una pequeña infanta curiosa por saber o querer descubrir porque él la miraba de ese modo. Cuan maravillosa era la visión de su mirada, reflejos de una realidad que parecía ir mas allá de cualquier imaginación desquiciada de un buscador de miradas que fueran perfectas y maravillosas. Las pestañas perfectas, sus ojos oscuros que eran sinónimo de sinceridad. La luz de ese interior, de esos ojos que buscaba en sueños cada noche cuando dormía y en los rostros de otras personas cuanto salía al mundo exterior. 


Sencillamente se miraban en medio de una quietud pasmosa. Una magia imposible relajaba sus musculos, los problemas se olvidaban y nada mas importaba salvo el causar que esa sonrisa continuara viviendo. Esa sonrisa que ascendía de sus labios a su mirada. Cuan bella su mirada cuando sus labios sonreían, una visión imposible de plasmar con palabras y pinturas, mármoles y cerámicas. Nada existía en la noche cuando ella permanecía despierta, ni luna ni estrellas, a excepción de dos en su rostro perfiladamente perfecto, de piel suave y necesariamente coloreada por un leve sonrojo que causó un suspiro interior. Los ojos de ella eran el cuadro perfecto para ese marco carmesí en el que poco a poco se fue celebrando una nueva fiesta en la que unos finos y casi cadavéricos dedos rozaron suavemente su mejilla. Nada mas existía en ese momento, a esa hora tardía que el tiempo hacía pasar rápido por obligación mas que por querencia o deseo. Las suaves caricias se extendieron a su cabello y esa sonrisa se hizo mas grande. No podía ser posible su presencia ante la de él, ser abyecto de la naturaleza, lleno de deseos y frustraciones, traumas, malos recuerdos, demonios, fantasmas. Aunque todo eso era asesinado sin la mas mínima piedad por la mas bella musa que halla tenido el placer de conocer. Suavemente su mechón quedó oculto tras su oreja y la sonrisa se hizo un poco mas grande. 


En un repentino gesto ella se acercó mas y mas y se ocultó en su pecho a raíz de una timidez que surgió de pronto de su interior. Los dedos entonces se dedicaron a peinar suavemente su cabello, con paciencia, con la delicadeza mas extrema con la que la brisa acaricia la espuma del mar. Un mar negro como su cabello que suavemente se había apartado para dejar ver entre medias unos ojos que aun, mirando ligeramente hacia arriba le miraban y se volvían a esconder. Su fina mano ascendió por su pecho y la posó en la parte que el progenitor de ese miserable había definido como corazón de caballo. Con el suave gesto de ella ese corazón pasó a pararse un instante cuando de nuevo sus ojos reaparecieron tras esconderse en su huesudo cuerpo. Las formas de ella eran sencillamente armónicas, no existía ningún prejuicio a no ser que a los mismos ángeles ahora se les prohibiera estar en compañía de cadáveres andantes que tenían la capacidad de sentir emociones en demasía. Un brazo se deslizó suavemente por su cabello, negro como la noche que eran los tiempos en los que ella no se encontraba cerca de él. Con lentitud se fue acercando y dejó un sacrílego beso en su cabello. Ella de nuevo se escondió pero después miró de nuevo sus ojos y el mundo se paró por un momento para él. Esa musa de sus sueños, la que salía de sus labios incluso cuando el menos lo esperaba miraba sus ojos, no con asco sino con aceptación, timidez, curiosidad y la luminosidad de la inteligencia en ellos. 


No importaban ya tiempos ni espacios, ángeles o demonios, dioses y miserables, solamente importaba el querer que su sonrisa no desapareciera. Las luminosas esferas de su rostro se tornaron mas vívidas a medida que ese sueño se iba afianzando y ella con delicadeza movió sus labios, un susurro apenas audible que nadie mas alcanzó a comprender. Las mano que acariciaba su cabello seguía lentamente su rumbo de arriba abajo. No pudo evitar que los labios de un ser atormentado se posaran en su frente y con la delicadeza mas infinita fuera recorriendo esta rumbo a su sien, en donde yacía la esencia del pensamiento y bajaran, rozando apenas una de sus perfectas orejas, a veces decorada con joyas innecesarias para acentuar su alta belleza, para finalizar ese corto viaje hasta su mejilla, donde esos labios se deleitaron por un segundo con la suavidad de su piel. La noche era cada vez mas clara, símbolo de que el día debía de llegar en cualquier momento y lentamente se fue creando esa nueva atmósfera de renacimiento de la vida en el exterior. Sin embargo, en esa iluminada habitación, un hombre buscaba los ojos de una musa. Los ojos qu encontró cuando ella susurró de nuevo y besó sus párpados. El hombre abrió los ojos y vio sus ojos, y en ellos había luz, mucha luz, una luz que entraba por la mirada y bajaba hasta el mismo infierno interior, dejando que al guerra contra el bien y el mal finalizara dentro de él. Nada importaba, solo ella, y cuando ella aparecía entonces solo el tiempo era único invitado, pesado lastre para hacer eso perfecto. Una perfección basada en la eternidad. 


Una eternidad que gustaría de pasar en su mirada. Mirando sus ojos él quedó dormido. Fue lo último antes de despertar en su cama, en su habitación, con el tiempo corriendo...


...Y el deseo de ver sus ojos una vez mas... 

miércoles, 18 de enero de 2012

El segundo amanecer

Caía una suave llovizna en esa pradera suave y lisa como el mas exquisito suelo de un mármol verde, tela de una lenta evolución natural. Las pequeñas gotas se arremolinaban en la verdosa alfombra y nada mas yacía en ese lecho del color de la esperanza. Con la salvedad de que en medio de esa llanura verde, rica en vida y con el revoloteo de las mariposas, las nubes cubrían el cielo y nada mas que un hombre se encontraba ahí en medio de la pradera. Pecados muchos recorrían sus venas y pensamientos a millones en los que no hacían mas que entrelazarse la idea de dos bellos ojos. pensaba en esos ojos como principio y fin de todo y sonreía ante el recuerdo de su silenciosa sonrisa y de sus ojos, bellas esferas en las que adivinar mil matices y mil detalles que le invitaban a seguir pensando. Miró toda la extensión y la luz que poco a poco se iba apagando en el mundo para que la oscuridad se instalara en corazones y en las mentes de todos aquellos que habitaban el mundo que poco a poco las tinieblas iban devorando. Nada parecía tener ya solución y se necesitaba de aquello que fuera mas allá de lo imaginado por cualquier hombre o mujer, niños o anciano. 


Guardando su sonrisa y cambiando su rostro por una máscara de mármol blanco, salió de esa pradera. En su apariencia todo era destacable y a la vez rechazado por los grupos humanos de su gente. Los animales le acompañaban y su primer reto fue un bosque donde las miradas de ojos desconocidos y siniestros eran lo que mas abundaba. mas incluso que los propios árboles . la llovizna no llegaba a través de las copas de los árboles pero si que era la oscuridad y las ramas algo que podían perturbar el pensamiento con la ilusión de atacantes y de depredadores que le pudieran destrozar. Gruñidos lejanos, chillidos, algún grito de socorro lanzado por alimañas e incluso personas no lograron perturbar ni medio milímetro su rostro. mensajes de desesperanza susurrados por aire que se colaba entre las ramas eran lanzados, vertidos como el mas sibelino veneno a su determinación. Las serpientes y los insectos se afanaban en desviar su atención pero él continuaba su camino impasible. Era su propia esencia a lo que se enfrentaba. Las caricias de las ramas tenían el regusto amargo y dejaban heridas en su blanca piel, que como un moribundo, se enfrentaba pasiva a todas las inclemencias que le presentaban. 


Se encontró con el final del bosque y ahí podía verse un río en el que las corrientes eran tan poderosas que a lo lejos se vio como un caballero era arrastrado. La llovizna, de nuevo presente, había dejado el suelo lleno de barro y era todo resbaladizo y muy dificultoso en el trayecto. Pero ese gesto de piedra se seguía presentando en su rostro y a una sola mirada de poderosa ira y determinación el suelo se secó y el río se congelo al momento en que sus pies tocaron el agua. Las gritas que abría a su paso no sirvieron para amedrentarle, nada le haría rendirse a aquello que tenía dentro de su cabeza y que hacía latir el corazón. Los tenía grabados a fuego, el fuego de la voluntad humana de encontrar lo que se deseaba, caiga quien caiga. Nada lo haría detenerse. Ni el frío que encrespaba su largo cabello ni los lamentos de los muertos del cementerio que atravesó. Espíritus malignos que tenían por única meta en esa existencia entre dos mundos el de llevar a cabo las peores pesadillas de aquellos que se cruzaban en el camino de sus sádicas intenciones. Mas susurros de agobio, de agonía, una desesperación pútrida que se hacía presente desde dentro de las propias entrañas y las desgarraba en toda clase de formas y figuras, como si mil cuchillos de hielo tatuaran en su piel las mas grotescas e inspiradas pesadillas, ya fuere con palabras o con imágenes. 


Llego a la ciudad de los secretos muertos. Mas miradas, de sospecha esta vez, susurros a sus espaldas, al lado, miradas indiscretas. Ahí todo se sabía pero nada se decía. La duda se instalaba en los corazones de cualquiera que consultara a esas gentes, tergiversadoras de la verdad, envenenadoras de las palabras y creadoras de las discordias mas insalvables en las que diplomacia y educación perdían su significado mas banal. No fue suficiente para detenerlo, y los jóvenes rostros de algunas, adoptadas por la hipocresía no fueron suficiente para hacerle dudar en su empeño. Ellas no tenían aquello que él buscaba. No los miró aun escuchando las calamidades mayores del reino. No se dejó enturbiar la mente por muchas palabras contra la idea que hacía que se moviera a su destino que se recitaran.  Pero no mirarlos ni escucharlos no significaba dejarlos vivos. Con dos poderosas alas de fuego, bestias ígneas que salían de su espalda, arrasó todo el lugar, sin la mas mínima piedad, ni siquiera de ancianos y niños que estaban destinados a ser tan miserables como los que habían tratado de detenerle en esa ciudad de nombre borrado con dolor y llamas. Ni un músculo de agrado o diversión, tristeza o arrepentimientos movió el ser alado, que desvaneció sus alas con el próximo viento que se le acercó. 


Lentamente caminó pero con decisión, sin mostrar cansancio. Divisó la luna, la cual se mostraba pasiva ante la envidia que sentía porque nadie jamás lucharía así por una de sus miradas. siguió mirando al cielo, a las nubes, que lentamente se fueron espesando mas y mas y la lluvia comenzó a caer. Seguía la luna los pasos de uno de sus fieles servidores que largamente había luchado por el favor de la dama mas pálida y bella del mundo, exceptuando la misma muerte. Con delicadeza se fue la luna, de forma discreta y en medio de la nada surgía el nuevo amanecer que con prestancia, se empeñaba en lanzar los nuevos rayos al mundo. Con elegancia se siguió moviendo el caballero no prestando nunca mas la atención debida a esos acontecimientos. Sabía que estaba cerca de su destino. Y entonces surgió el segundo amanecer. 


Alcanzando ya la tarde, casi noche, cuando el sol, con un calor abrasador no le hizo abandonar tan peligrosa misión, vio a ese segundo sol salir de la nada, como si de una visión se tratara, de esos espíritus que fascinana  los viajeros y los llevan a la perdición y salvación por igual. Ahí estaba ella, con esa sonrisa que hizo resquebrajar en toda la máscara de mármol del caballero oscuro, de esa criatura que no necesitaba de mas que de su presencia. Se acercó a ella y miró sus ojos. Y descubrió la terrible verdad, la mas inmutable de todas. Suavemente sus manos tomaron las de él, el corazón se aceleró, las miradas no se separaban no aunque estallaran mil soles entre ellos. Con discreción la lluvia se marchó dejando paso al día mas maravilloso de la existencia de un ser atormentado que al fin había encontrado la luz. La mujer mas bella que un amanecer se encontraba ante él. Una flor decoraba su cabello. La sonrisa de él se hizo mas grande 






domingo, 15 de enero de 2012

La señora y el espejo

Acrecentado en virtud de su belleza y nada mas lejos de una realidad que se pueda exponer con palabras, tras finalizar un recorrido que se ha llevado vidas por delante en medio de numerosos peligros, se elevaba un castillo sobre un acantilado en el que las gaviotas daban rienda suelta a sus gritos incesantes y a toda clase de actos animales: la puesta de los huevos, la caza de pequeños peces, el rechazo de ataques de zorros y demás. Nada fuera de lo normal en ese exterior fresco, marítimo, innecesario de describir pues en todo ese esplendor algo le robaba el protagonismo a la escena. 


En lo alto de la torre de un castillo, los fieles siervos estaban acarreando un pesado de cuerpo entero que posaron frente a una bella dama. En esa habitación las ventanas estaban abiertas de par en par y la luz se colaba a chorros por entre los espacios que no tapaban las danzantes cortinas, que se agitaban hacia el lugar en el centro de la estancia donde esa mujer se exponía totalmente al descubierto a miradas y pensamientos lascivos. El aire que entraba llevaba el aroma de su piel a lo largo y ancho de todo ese castillo que era de su propiedad y solo era necesario medio gesto suyo para que se cumplieran sus caprichos. La manufactura de la decoración era esplendida, impuesta por los mas ingeniosos y afamados decoradores pero nada mas que en el resto del castillo tal gala se hacía presente, ya que esa habitación contenía a esos dos elementos: la mujer y el espejo. Hasta que entró el tercero en discordia. 


Fue caminando, ella lo vio al momento ya que ese espejo daba a la entrada pero se quedó quieta, sabedora de un delicado y sutil juego que debía de comenzar con un hechizo, el de unas palabras que serían solamente escuchadas por ella. Pudo ver en su rostro una sonrisa que pronto se borró por pura teatralidad. Sus pasos lentos se fueron acercando mas y mas hasta que el aroma de la piel de ella se hacía insoportablemente irresistible, y muchos ya estarían suplicando la mínima caricia. Pero solo lo harían los seres inferiores, y ellos estaban en el mismo nivel de superioridad en esos momentos. Lentamente unos dedos blancos se hicieron notar en la espalda de la dama que sonrió preparándose para lo que seguía mientras esos mismos y delicados, finos dedos se deslizaban por sus hombros lentamente y unos labios se acercaban a su oído para empezar una de las acciones que el mas disfrutaba:


-¿Que ven mis ojos? Una diosa mirándose en un espejo?- Suavemente los dedos se deslizaban por sus brazos recorriendo y sintiendo cada poro de su piel- Ese vulgar trozo de metal de aspecto tan caro no puede ni reflejar la milésima parte de lo que llena nuestros ojos con la sencilla visión de tu cuerpo, bella señora de este castillo y de las voluntades de tus siervos. Ese espejo es un pecado, una broma de mal gusto, una ofensa para los que son como tu y como yo. Solamente unos ojos que sepan observar serán capaces de vislumbrar toda la esencia de tu belleza.- Tranquilamente sus manos se acercaron al final de sus brazos, llegando a sus dedos y entrelazándose con estos un instante antes de seguir tu recorrido. Unas plumas sueltas acariciaron su piel de forma lenta, sutil, queriendo probar la veracidad de sus palabras. Continuó el ser alado:


- Eres señora indiscutible de este mundo y las señoras, las reinas, emperatrices de otros mundos te deben homenaje y bendecir el día que llegaron a rozar una pequeña gota de la gloria y la majestuosidad que te envuelve. Tu eres poder en estado puro, bendecida con la virtud del dinero, la fama, todo. Señores y reyes se disputan una sola de tus miradas, los he visto con desprecio desde las alturas discutir sobre la mejor forma de llamar tu atención. No saben que con una sola orden besarán lo que tu les ordenes. Miserable. Alimañas miserables llenas de pecado y tentaciones banales. Tu y yo somos mas que eso. Tientas con un solo gesto y yo bendigo las tierras y los corazones... Pero es bonito caer en la tentación contigo reina de reinas. Piensan tener el poder de convencerte alguna vez para que les entregues tu favor, y me río de los que peiensan que pueden someterte a ti, pero no saben que ellos todos están a tu servicio, te pertenecen, son lo que tu quieras, desde esclavos hasta juguetes. Eres poderosa... -dijo esto último en un susurro suave y sibelino, como una serpiente que acecha a un ratón. Solo que la serpiente acechaba quizás a una cobra.


Unos labios se arrastraron suavemente por la curva de se cuello fino y delicado que palpitaba en una sangre que escasamente había rozado los labios de ese ser abyecto y alado que buscaba uno de sus mayores placeres: llenar de vanidades inamovibles pero ciertas los oídos de esa reina aislada en esa torre que tenía el poder sobre todo y todos. El aroma de ella se colaba por las fosas nasales en torrentes tan arrolladores que podrían enloquecer a cualquier hombre o mujer. Un aliento ardiente se desparramó por su cuello antes de depositar en este un beso lento y suave a la par que dos manos finas y delicadas se deslizaban con libertad absoluta por su cuerpo. Sabía que podría tocar cuanto quisiera siempre que él lo deseara. O así lo deseaba él. 


-Tu cuerpo, querida, no es algo que se pueda representar con facilidad ni siquiera en el reflejo de un espejo como el que ahora mismo tenemos delante. Tu cuerpo debe reflejarse en la mirada de un amante que, sudoroso por el mas entregado de los encuentros sexuales, te mire con la devoción que mereces, que sacrifique la propia vida por complacerte hasta en el mas mísero de tus caprichos. Es una ley universal que la naturaleza debe de tener su equilibrio, pero es otra que tu puedes romper ese equilibrio a voluntad y hacer lo que tu mente demande. O quizás aquello que llaman corazón. Pero ese tema es peligroso y no lo tocaremos mucho...o tal vez zonas cercanas...  -Una mano se cerró suavemente en torno a un seno suave, blanco al tacto, que llamaba ser masajeado y adorado con manos y labios.- Tu cuerpo cada día es una aventura nueva, en él se descubren miles de cosas, hasta que restallan los gritos de un placer que pocos tienen derecho a probar salvo que los honres con esa esencia llena de calor de tu placer. 


Instantes después los cuerpos de ambos, en medio de los vapores del placer y al lujuria, se entremezclaban, dejando a su paso alguna gota de sangre, heridas leves y miradas que se cruzaban como animales a punto de desgarrarse. Reflejando esa realidad en una falsa ilusión causante de muchas depresivas visiones del mundo, un espejo. Y nada mas. 

sábado, 14 de enero de 2012

El sacrificio

Dejado de la mano de Dios, un pueblo estaba en la constante agonía y el acecho de una criatura que se encontraba en las pesadillas del pueblo llano desde hace siglos, ya que era un lobo que se aparecía en los sueños de las jóvenes del lugar. Siempre se despertaban con algún arañazo al despertar y eso causaba la preocupación de todo el pueblo. Los sabios del lugar estaban contrariados, no sabían que hacer y no recurrían a la iglesia pero sí que ofrecían ganado y ofrendas al lobo, desde algunas plantas los mas inocentes hasta algunos animales los mas inteligente, basándose en el hecho de que los lobos comen carne pero la carne de esos animales estaba entera a la noche siguiente, y a la siguiente, y a la siguiente. El lobo no quería animales por lo visto y encontraba mucho disfrute en perturbar la mente de las jóvenes del lugar con imágenes aterradoras, en las que se llevaban a cabo asesinatos y todo tipo de actos contrarios a la naturaleza de la Biblia. Con cada día que pasaba la preocupación aumentaba y temían que todas las mujeres del lugar enloquecieran. La inquisición también estaba metida en medio de todo esto, haciendo juicios por brujería. Nada parecía funcionar. 

Llegó al lugar un buen día una bella mujer que decía tener la solución. De bello rostro y ojos negros como la noche, decía tener pleno conocimiento del problema y ser una experta conocedora de la bestia que agriaba las jornadas de trabajo a los buenos habitantes del lugar. Decía ser una especie de cazadora de bestias en alguna pedestre definición. Las personas que se encargaban de cazar animales eran sin duda denominados cazadores y si eran bestias sádicas serían cazadores de monstruos. Tras muchos debates dieron su consentimiento de obra y en una reunión con el alcalde del lugar, hombre de aspecto cruel que no merecía favor alguno, la mujer dijo lo siguiente. 

-Esta bestia es un ser bastante interesante según me habéis contado. Se aparece en los sueños de las jóvenes y seguramente no toque a vuestro ganado porque lo que disfruta, ya que es un ser prácticamente humano en su discurrir, es a una mujer. Por tanto, uniendo varios cabos que son de obvia lógica, lo que se debe hacer si queréis frenar a la bestia es un sacrificio humano.- Dijo resueltamente la mujer. El revuelo fue inimaginable. Le llamaron desde bruja a palabras en su extraño dialecto que mejor no entender. Cuando las cosas se tranquilizaron la mujer de gran belleza y generoso busto continuó- Por supuesto cuando el sacrificio sea ofrecido y esa mujer se encuentre indefensa, yo en todo momento andaré al acecho de la bestia. Y por supuesto le daré caza. Morirá prácticamente al momento. 

Tras unos cuanto insultos y despropósitos mas que la buena de la mujer encaró con la mejor de sus caras sabiendo que cualquier contestación daría pié a un enfrentamiento, los campesinos y el alcalde accedieron. Preguntaron por el sacrificio, si debería de tener alguna característica en especial y la mujer señaló que sí pero que de eso se encargaría ella. Así que fue deambulando entre las mujeres del pueblo que la miraban con escepticismo unas y con curiosidad otras. llegó pues el día que se decidió por una joven de aspecto humilde (como todas las del lugar) que tenía fama de ser una mala influencia para todas. Con sus formas y maneras era un contagio de mala influencia, su mirada estaba llena de rebeldía contra lo establecido y era una de las personas mas detestadas y a la vez de las mas deseadas por los jóvenes y mujeres del lugar (y no respectivamente). Con su cuerpo gustaba de seducir a los hombres y un par de rumores sobre alguna joven que había caído ante sus artes de seducción. Con muchos argumentos destinados a seducir sus oídos y unos cuantos gestos de persuasión la criatura humana accedió. 

Horas después la cazadora y el sacrificio estaban andando a través de los árboles para alejarse del pueblo en el que se llevaría a cabo el sacrificio. se escogió una explanada en la que había buena visión del terreno y en la cual se podría intervenir nada mas apareciera la bestia dispuesta a comerse a su presa. Sobre el suelo había un improvisado lecho en el que tumbó a la joven y ató sus muñecas. Ante esto la rebelde se revolvió ligeramente y la cazadora le explicó de la forma mas educada sentándose a su lado y mirando alrededor. 

-El monstruo en cuestión se aprovecha de la debilidad del sueño para poder atacar cómodamente a sus víctimas. Al ver que estás ´´dormida´´ fuera de casa, se acercará por curiosidad. Por supuesto sé lo que le gusta a base de investigar: le gustan las mujeres, y se siente identificado con el plano de los animales, a lo que se suma su odio hacia los humanos. Y tu eres una mujer bella - no tuvo ni que mirarla para saber que la víctima estaba sonriendo con arrogancia creyendo y sabiendo que son ciertas tales palabras.- Sin duda enloquecerá cuando te vea, disfrutará de la idea de hacerte sufrir incontables torturas dentro de tu mente. Aunque aun falta añadir un par de cosas para que el señuelo sea realmente efectivo.

Antes de que el sacrificio pudiera decir algo, la cazadora sacó una daga. La mujer ya atada tras acceder a ser ´´sacrificada´´, se revolvió de forma evidente pero la cazadora sencillamente dejó un pequeño corte en su cuello que provocó un delicado gemido de dolor. La cazadora le tapó la boca al momento y dijo a escasos centímetros de su rostro. 

-No grites, no gimas, el dolor es su alimento también. Es casi insaciable en eso, por eso los cortes mañaneros, por eso las pesadillas que saquen lágrimas de dolor y miedo a sus víctima. Solo son tres cortes para hacerte mas apetecible a él y que no sea nadie mas que a ti a quien recurra la bestia, que no tenga otra coa en mente que hacerte suya. Créeme que la bestia mas temible del lugar estará prácticamente a a tus pies, se obsesionará con tu dolor. Le conozco bien aunque falta añadir algo mas.

-¿Y que es?- dijo al fin el sacrificio, ya que había estado callada todo el rato hasta que la curiosidad le mató. 

La cazadora sonrió y sin mas unió sus labios a los de la mujer sacrificada .Fue un beso lento, apenas un roce pero los rumores sobre sus tendencias se confirmaron cuando las miradas se encontraron, En los ojos del sacrificio había deseo, necesitaba mas de los labios carnosos de esa mujer tan peligrosa como ella, que conocía los mundos de los hombres y las mujeres por igual. Un roce mas notable se hizo presente en la mujer maniatada que poco a poco se fue sintiendo mas relajada y tensa a medida que los besos se sucedían. la impotencia de no poder moverse, de ser dominada por esa otra mujer era algo que le hacía sentir mas que deseosa de poder ser satisfecha. Con terror y a la vez deseo sintiendo como poco a poco una mano desgarraba sus ropas y otro corte se hizo por encima de su senos. Cada vez que peligraba un gemido en salir una de las manos de la cazadora le tapaba la boca no fuera que la bestia viniera prematuramente aunque no era fácil aguantar las ganas de expresar cuanto placer causaba ese cuerpo y esas manos que recorrían su piel, vestida hace solo unos momentos y que se habían desprendido de los ropajes que cubrían escasamente el cuerpo de esa mala influencia para las jóvenes del lugar. Su cuerpo desnudo era desde luego una mala influencia incluso para Dios. Poco a poco la hoja de la daga se fue deslizando hacia el sur y se llevó a cabo un tercer corte en la parte baja del vientre. Al trabajo de la daga le siguió el de una mano que lentamente extendió un poco la sangre hasta llegar a la zona mas intima de esa oscura criatura. Suavemente se fue derritiendo ella entre los brazos de esa mujer que la tenía completamente dominada. Dos lengua se encontraron y bailaron lentamente, profundizándose las caricias en el sur de esa perdición humana incluso para los mas castos y puros del lugar. Entonces se detuvo la cazadora y miró a su improvisada amante con cara de sorpresa.

-Eres virgen... enloquecerá con eso- Sonría y le susurra en el oído- Virgen y excitada por una mujer, una de sus perdiciones. Quien sabe...quizás ya te esté observando en algún lugar,- y sin mas se levantó y se alejó de ahí para que la víctima, ese sacrificio aparentara vulnerabilidad. Con lentos pasos se alejó sin mirar atrás para que la ofrenda humana no viera la sonrisa en su rostro . 

Horas después los gritos se sucedían, lejos de ese pueblo que nunca volvería a saber de al bestia mientras una mujer de gran busto y ojos negros como la noche descansaba tranquilamente a la espera de la llegada de su hermano. Ese pueblo ya podía dormir tranquilo. Sin duda el oro no se lo darían por la muerte de una de sus mujeres pero de todas maneras el lobo no volvería a atacar esos lares. Un grito especialmente fuerte despertó a la cazadora y dos ojos se cruzaron con los de ella. había sido una pesadilla aquello último, una crónica de lo que había sucedido en ese claro. Sintió esa nariz recorrer su cuello, aspirar u aroma, sintió el olor de las hojas y de al sangre, de la virginidad rota, del dolor y el miedo. Ella tranquilamente acarició el cabello de ese lobo, humano en todo momento que recorría suavemente la cintura y caderas de la cazadora de bestias. 

-Gracias por el regalo hermana... tengo que contarte todo lo que hice con ella... 

viernes, 13 de enero de 2012

La habitación del castillo.

A lo largo del sendero se accedía a un castillo de aspecto tenebroso. Rodeando ese castillo, una sencilla llanura estaba extendiéndose una buena distancia. Su única señal de la mano del hombre era ese sinuoso camino, que como una seductora serpiente, seducía ese recorrido suave hasta llegar a las puertas del castillo, casi fortaleza, que en medio de ese paraje se encontraba. Pocos habían sabido de la existencia de ese lugar, ni siquiera la gente humilde los pueblos cercanos. Se decía que si ese castillo no quería aparecerse ante los ojos de los demás entonces no lo hacía. Pero era imposible que tal creación no se apareciera ante los ojos de su creador. En ese preciso momento iba la persona responsable de cada pared y cada mota de polvo recorriendo ese camino. Un largo camino que ciertamente le costaba recorrer a él, lleno de escombros, de baches e incluso algún cadáver humano. 


Con total impunidad fue recorriendo las curvas de ese trayecto tan accidentado. Los ojos miraban inquietos a todos lados pensando que quizás debería de haberlo llevado a cabo otro día, no por miedo pero sí por seguridad de uno mismo. La noche no había ni asomado, era pleno día, e incluso hacía calor, pero le decía la voluntad que debía de seguir porque si no ella se marcharía y eso no podía ocurrir bajo ninguna circunstancia.  Las curvas se fueron suavizando para después volver a ser de nuevo realmente cerradas ye incluso peligrosas, pues un tropezón podría arrojar a la gente por la colina y causarle contusiones como era el caso de alguno de los cadáveres que ahí se encontraban. En medio de su andadura vio a un par de agonizantes humanos que eran similares a él pero a los que no prestó atención, ni siquiera se molestó en pensar en que extraños sonidos llegaban a sus oídos. Nada mas importaba que el impedir que ella se marchara. Poco a poco fue avanzando cuando se debía de tener cuidado o el camino era accidentado pero con sencillez trató de enfrentar cada piedra, cada hundimiento, cada posible caída a la mas absoluta fatalidad. 


Con pasos algo mas inseguros recorrió los últimos metros que le pusieron delante de una gran puerta, negra, como el castillo entero. No dudó y empujó las dos inusitadamente pequeñas hojas de la entrada para poder pasar a una sala mas iluminada en comparación al austero exterior que ofrecía el edificio. Unas pocas velas estaban estratégicamente situadas para que la guía por ese lugar fuera correcta y nadie se accidentara con los pocos muebles que decoraban el lugar. Sin prestar atención a detalle alguno tomó las escaleras de la izquierda y empezó a ascender. Subió y subió hasta encontrarse con un oscuro pasillo. Un frío invernal le golpeó en la cara pero ante eso se le empezó a extender una sonrisa, todo lo contrario que habría causado semejante situación de frío y oscuridad en otra persona. Con lentitud se fue enfrentando a un viento que parecía empeñado en no darle tregua al siguiente paso que daba, incluso hubo peligro de ser derribado por la corriente que poco a poco le traía susurros y gemidos llenos de terror, que helaban la sangre. La sonrisa pasó a ser una cara de feroz determinación. 


Poco a poco se fueron apaciguando las ganas del propio castillo de revelarse contra él, su creador, El pasillo era largo y aunque las oleadas de aire eran cada vez menos intensas el frío estaba terminando con su voluntad. Aparecieron a los lados del pasillo puertas y mas puertas, todas diferentes: una de maderas nobles, otra de hierro, una que parecía maciza pero en la que se apreciaba que había fragmentos de esta, producto de la carcoma. Una de aspecto bastante bello, pintado con el color de la esperanza que transmitía la poderosa envidia a través de las bisagras excesivamente engrasadas. Miles de puertas prácticamente, unas tras otra se seguían las unas a las otras, guardando los secretos mas inconfesables, a las criaturas mas bellas y a las mas horribles, a las mas divinas y a las mas malditas que cualquier personas en el mundo se pueda encontrar. El frío seguía aumentando y eso ya era preocupante. El corazón se aceleró ante la idea de no lograr alcanzar el objetivo. Entonces pensó en el momento por el que venía ahí. El castillo lo supo y la ventisca regresó a ese pasillo, tratando de acabar con la creciente voluntad que estaba reuniendo. No sería suficiente ni toda el viento del mundo para hacerlo cejar en su empeño. 


Y llegó frente a la puerta, justo al final del pasillo. Lentamente fue avanzando pasando muchas dificultades pero la había alcanzado. El cruel viento y el frío mas mortífero no lo habían matado en el intento así que ya tenía el camino libre. Las puertas eran de oro, pesadas y macizas, mas grandes que las que daban paso al castillo mismo, fundidas y creadas en el mismo interior des castillo. La decoración de las puertas era sencillamente esplendida, con toda la gama de piedras preciosas, semipreciosas y minerales mas valiosos del mundo, Con metales de brillos que retan a cualquier escultor y orfebre a darles buen uso dándoles mas que merecida forma sin que pierdan la belleza. Era una puerta que al igual que todas las demás, era diferente pero con la salvedad de que esta puerta estaba ahí, que nunca se iba a corroer, ni oxidar, ni a manchar ni a ensuciar. Abrió con inusitada fuerza, como si el castillo se rindiera, y entró en la habitación mas bella que pueda uno imaginar. 


Era una habitación grande, mas grande que cualquier otra estancia de ese castillo lleno de rincones dignos de admirar y de temer según los pocos que habían caminado entre sus muros. En medio de esa estancia estaba un lecho, custodiado por miles de cosas: velas, armarios con ropa, estanterías de libros, había instrumentos musicales, dos grandes ventanas abiertas, que dejaban pasar una agradable brisa, Una chimenea apagada para el frío invernal. Todo un conjunto de objetos y maravillas: joyas, estatuas, cuadros, algún libro de poemas, de historias, algún libro lleno de dibujos que representaban escenas de todo tipo. Una sencilla maravilla para los sentidos era el hilo de oro, las paredes color azul, las vidrieras que en el techo lanzaban chorros de luz sobre el rostro de la dueña de ese lugar, que era de su propiedad a pesar de ser el castillo creado por otro. Sus ojos estaban cerrados en ese momento, dormía profundamente y parecía tener el rostro en una paz inamovible. Dormía plácidamente y como por arte de magia,, pétalos de rosa azul caían desde las vidrieras, que representaban todo tipo de cosas pero solamente (o al menos por el momento) era en los rosales ahí mostrados, en donde la pintura, los pigmentos daban paso a ese pétalo que caía suavemente sobre el cuerpo tapado en sábanas de lino de un blanco brillante, lienzo de los chorros de luz multicolor que bañaban su cuerpo. 


El ente se quedó mirándola largo rato sin saber que hacer, hasta que recordó. Las palpitaciones de su corazón se hicieron mas fuertes a medida que avanzaba lentamente, tratando de no hacer ningún ruido. Con delicadeza rozó un mechón de su cabello, que apenas se movió unos centímetros y se dispuso a hacer lo que quería hacer desde hace tiempo, lo que merecía toda la andanza y la aventura que ella leería. Con delicadeza dejó sobre ese cuerpo yaciente, profundamente dormido, una rosa azul, como la de los pétalos que se desparramaban a lo largo de su cuerpo de forma tan discreta. Una rosa azul en la que previamente dejó un beso, sobre su pecho para que fuera lo primero que viera al despertar. 

martes, 10 de enero de 2012

Carta sádica V

Querida amiga:


En aras de una oleada de inspiración, metido entre ideas de aquí y de allá, en medio de la pérdida de una de mis mas entregadas amantes, no he podido evitar acumular las sensaciones de temor, y quizás podríamos decir que tristeza, ante la perspectiva de que un buen día decidas decir basta a esta bella relación nuestra en la que me entrego fervoroso a las tareas del dolor y la tortura a tu cuerpo. Navegando por el recuerdo no puedo evitar ver tu sonrisa y tus lágrimas de dolor cuando los primeros cortes se realizan. Decir que esta carta está de nuevo inspirada total y exclusivamente en ti, una de mis mas preciadas musas, de las mas deseadas quizás porque no he consumido tu cuerpo en vapores de placer y lujuria, quizás porque la hermandad da un halo especial a todo esto. Pero vamos al núcleo y no nos frenemos en los sentimentalismos producto de un deseo de incesto o quizás de algo mas que gritos de dolor, ya de por su placenteros en extremo.


Hoy recordaré todos esos pequeños detalles que hacen de nuestros encuentros algo muy especial. Podría decirse que todo lo que conlleva nuestras sesiones de dolor extremo son pequeñas cosas muy especiales. Aunque rectificando un poco quiero recordar esos pequeños detalles que a mi me parecen de una belleza solo superable por cierta dama y a la cual nunca pienso hacer tales cosas. Tu eres única para eso. No se por donde empezar, si por esas palabra inocentes, casuales, amistosas que preceden a todo. Tu cuerpo sentado en mis piernas o tu abrazándome. Mis manos paseando por tus cicatrices, mis oídos escuchando tus siseos y suaves gemidos de dolor, capaces de excitar al mismísimo marques de Sade. Son cosas como esas las que me hacen valorarte cada día que pasa. En cada segundo me siento mas seguro de poder decir que estaría dispuesto a luchar por esos pequeño detalles iniciales. Ver en tus ojos ese pequeño brillo en el que asoma posteriormente las lágrimas que después correrán como ríos, sentir tu piel bajo mis manos cuando recorro cada pequeño sendero creado por mí y bautizado sin ser tocado por la sal de esas lágrimas me da fuerzas para ver algo bello en la vida.


Sentir la sangre corriendo a veces entre mis dedos cuando quiero catalizar mas y mas ese dolor intensificado por la fina cuchilla de la lanceta, casi escuchando la carne abrirse y liberar ese delicioso néctar que a mi me enloquece, que resulta afrodisíaco a mis sentidos. No sabes como he de contener a la bestia que me grita posteriormente miles de ideas, de órdenes, pero esa bestia no saldrá, o quizás sí, pero no hoy y seguramente no mañana. Esa suavidad de tu piel que yo mancillo de forma sistemática, las cicatrices que dejo tras de mí en tu cuerpo. Cuando tus gritos son contenidos por esa férrea voluntad que no puede aguantar mas el dolor y se abre en gemidos y alaridos de dolor. Y mi mente ya delira, si supieras lo que he llegado a fantasear. Pero el cuerpo humano no soporta tener la sangre a mas de cien grados centígrados. He fantaseado con oleadas de dolor cada vez que tu corazón latiera, que tus pulmones se llenaran de aire, verter venenos en tu cuerpo que lleven a este a planos de dolor imposibles de lograr por mi mano a la par que esa mano mía desgarraba tu piel, se alimentaba de tu carne, se nutría del mas delicioso manjar que me pudieras ofrecer en esos momentos.


Otro pequeño detalle. Como se extiende el aroma de tu dolor por toda la habitación, casi pudiendo llenar todas las estancias de una fortaleza con esa exquisitez que los mortales solamente tienen en cuenta cuando los gritos salen al exterior. Pero yo me deleito como no tienes idea. Todo ese dolor, toda esa agonía y el sufrimiento es algo que no puedo describir en todas las lineas del mundo. Nunca podré expresarte lo que siento cuando se como estás sufrimiento al igual que quizás tu nunca puedas expresar como disfrutas del sufrimiento, aunque agradecería que lo intentaras algún día, después de que leas esta carta y dejes con el viento algún recuerdo bonito que te halla parecido destacable de nuestras sesiones. Me ayudará a hacer todo mas ameno y entretenido. Disfruto enormemente al reabrir un poco las heridas por el placer de hacerte sufrir y de que sangres, de que se escape esa deliciosa sangre por entre los pliegues de tu piel cortada. Es algo que de pensar ya me llena de ansias de placeres mas terrenales. Ver mis manos manchadas de tu sangre y lamerme los dedos como un niño que disfruta los últimos bocados de una comida deliciosa o de un pobre diablo sediento y agonizante que experimenta el éxtasis de saborear unas pocas gotas de agua. Ese delicioso dolor, llamada a los mas bajos instintos que solamente otra cosa puede superar.


La debilidad, tu deliciosa debilidad posterior. Cuando la sangre ya ha caído y se ha derramado lo suficiente tu debilidad y vulnerabilidad aparece. Es algo que late en mi, un impulso, una especie de necesidad que reprimo hasta límites que sin querer resultar narcisista, merece una medalla o algo. Adoro contemplar tu cuerpo, como un muñeco sin vida, sobre la cama, con las sábanas llenas de sangre y tu palidez cadavérica flotando en tu rostro como el fantasma mas bello del mundo. Tus ojos que apenas se pueden mantener abiertos por l peligro de desmayo hinchados por los ríos de lágrimas que dejó a su paso mi tratamiento a tu cuerpo, tratamiento que unos consideran monstruosidad, yo lo considero arte pero solo cuando ambas partes acceden. Adoró mira tu rostro, contemplar en este el resultado de mi obra, saber que hice un buen trabajo, que aunque no he inyectado plomo líquido en tu sangre si que he causado oleadas de sufrimiento. Me declaro abiertamente enamorado de tu dolor, de tu sangre y de tu debilidad. De tu dolor porque ofrece miles de sabores y matices mas intensos que muchas emociones. De tu sangre, porque verla derramarse por tu cuerpo, saborearla de miles de maneras con total libertad de movimiento y expresión, es algo que solo se compararía a ciertas ideas relativas a cierta dama de la que ya te hablé. Y de tu debilidad, porque en ese momento encuentro una parte de mi desconocida, que desea liberarse, porque me produce un inquietante morbo contemplar como apenas podrías oponer resistencia. Aunque si algo me impide abusar de ti no es la amistad, que también pero en un segundo plano, sino un instinto de contradictoria protección. Me gusta verte débil, no dependiente de mis pero si saber que hay mucho loco por el mundo que te podría dañar como a ti menos te guste. 


La inspiración para esta carta por desgracia se ha agotado y seguramente no sea lo mejor que hallas recibido pero seguro que te da ánimos para seguir creyendo que lo que hago en ti es una buena obra para este genio, este poeta y artista al que la sociedad no comprende. 


Atte: tu sádico amigo. 

jueves, 5 de enero de 2012

Musa...

El largo paseo había dado sus frutos y en medio de una densa neblina se fueron perfilando las torres de un inmenso castillo que poco a poco revelaba una historia entre los ladrillos y piedras que sus murallas teñidas en sangre, seducción. poder y dolor. Mucho dolor, pero también esperanza. La dama que caminaba rumbo a lo desconocido estaba vestida elegantemente, aunque cualquiera juzgaría que esa dama ya podría ser vestida con una tela de saco de patatas que seguramente le daría un toque campestre e igualmente bello. Pero ya no habría ocasión ese día para probar tal afirmación y el vestido que llevaba puesto era de la mas excelente factura. La noche, las estrellas y la luna, todo ese conglomerado de damas celestes e intangibles, que se movían en el tiempo como fugaces destellos de una estrella fugaz, miraban con envidia y celos a esa criatura tan insignificante a sus ojos, que estaban cegados por la celopatia y los airados gestos y comentarios inaudibles. Un lobo reía ante los comentarios llenos de envidia y celos. Ella continuaba caminando,


La brisa acariciaba su rostro y revolvía apenas su cabello, el manto de cabello mas suave y brillante, de un negro que la misma noche contemplaba con celo máximo. Un negro como el corazón que pronto se tornaría en luz cuando el anfitrión del castillo la viera. Las luciérnagas se acercaban para contemplar mas de cerca a toda esa elegancia que caminaba por el camino lleno de pétalos de rosa que se habían dispuesto para ella. Pétalos de rosa azul. Los grandes y bellos ojos de ella contemplaban con la mas exquisita y divertida curiosidad, sintiendo el pequeño revoloteo de la retaguardia del vestido que se levantaba ligeramente ante una corriente ascendente que hacía que los pétalos en ocasiones acariciaran su fino y bello rostro. la cara mas dulce y confiable del mundo, capaz de llenar de ternura y compasión al mas malvado de los seres. Sus pasos, testigos de la dedicación a algún tipo de baile, fueron acortando una distancia que su futuro anfitrión hasta el momento de ese encuentro creería imposible. Una sombra observaba cada uno de sus movimientos. Unos ojos ambiguamente tristes y a la vez esperanzados. esos ojos, en la lejanía de una torre que dominaba todo el paraje susurraron su nombre y una orden. Otra sombra y un gran lobo apareció a su lado. Temor pero momentos después el reconocimiento se asomó a su mirada.


Volvió a retomar el camino, escoltada por ese fiel compañero de aventuras de su anfitrión, creador de esa bestia negra que se había dedicado todo el rato a observarla como guardián. Una nueva sombra y un rey, elegantemente vestido a pesar de la humildad de sus ropas se apareció al otro lado de la dama. Sus ojos y su mirada devoraban en crueldad y malignidad cada centímetro de su estampa pero un gruñido del lobo relajó los humos de la criatura que estaba destinada a ser el rey de los demonios en un pasado y un presente. La luna contemplaba a la comitiva de tres miembros que se dirigía al castillo, una ser abyecto, oscuro, lleno de sentimientos contradictorios de deseo, de paz y a la vez de guerra, de luz y a la vez de oscuridad, de sueño y a la vez de despertar, mirada a esos tres acercarse, y por el este se acercó el sol y el cuerpo integrante de la escolta de esa dama. En medio de la luz que inundaba el lugar se acercó y desmontó de su caballo un jinete pertrechado con espada y una sonrisa llena de bondad y buenas intenciones. Miradas de escepticismo y de desdén se le dirigieron a este por parte del lobo y el demonio pero no dijeron nada. Con una leve inclinación un beso fue posado en la mano de la dama, cuyo vestido de factura fantástica le daba un toque mágico.


  -Mas mágica que la propia palabra ´´amor´´ o ´´esperanza´´- Dijo esa sombra que contemplaba a los cuatro dirigirse hacia su castillo, a su morada repleta de secretos oscuros y a la vez de maravillas que jamás serían conocidas por mortal alguno. Miró a sus creaciones. -No le hagáis daño...no la asustéis  no la tratéis de seducir... ella merece algo mas grande que vosotros, incluso mas que yo. -Sus ojos la seguían y pronto vio que la distancia entre ella y la puerta era cada vez mas y mas escasa por lo que esperó a escuchar desde ahí, con su agudo oído el sonido de los goznes chirriar ligeramente cuando el caballero, el lobo y el demonio se esforzaron en abrir para ella esa pesada puerta de ébano negro.


Quedando en el otro lado de esa puerta los tres despidieron con un gesto de cabeza a la dama y volvieron a sus quehaceres: seducir, matar, robar y sembrar la esperanza y la caballerosidad en el mundo. La dama contempló con evidente curiosidad y quizás hasta fascinación todo ese hilo de oro, todos los grandes cuadros de héroes de épocas pasadas, desde Napoleon hasta Emilio Zapata, Rommel , Julio Cesar e incluso grandes pensadores, poetas, dramaturgos, escritores, escultores, inventores, ingenieros, duques, condes, marqueses, reyes, reinas y asesinos. Debajo de cada cuadro el nombre y debajo de cada nombre el oficio, cargo y hazañas u obras. la oscuridad se cernió de nuevo sobre la habitación de pronto y en lugar de esperar un cuadro de algún genio mas, apareció ante ella el de una dama de gran belleza y porte, aspecto elegante, y para sorpresa de la dama, con un vestido igual al suyo, al igual que el rosto, era ella. sin duda. Al amparo de las velas que pronto se encendieron al igual que la gran chimenea que presidía la estancia junto a ese cuadro, de esa dama de vestido único en el mundo. producto de los elfos...


Unos brazos rodearon sorpresivamente su talle, esa cintura fina, moldeada a la perfección por a saber que capricho de que escultor procedente del Valhalla o del Olimpo. Una rosa apareció ante ella, de un azul muy caracterísitco, igual que el azul de su vestido, que el azul de las alas que pronto la envolvieron y le hicieron sentir un calor producto de una sensación que solo ella despertaba en el anfitrión de ese castillo tétrico por dentro pero tan fanáticamente decorado por dentro.Esa rosa sostenida por unos dedos delgados y alargados, casi de cadáver acariciaron suavemente su cintura. Unos labios impíos y llenos de cosas que susurrar se acercaron a su oído dejando un efímero roce en la curva de ese cuello fino decorado con un colgante de un lobo que custodiaba su pecho. Susurraron su nombre y dijeron en un suave tono de voz el motivo por el cual estaba plasmad con esa gracia y esa belleza en medio de un paisaje de ensueño.


Una sola palabra salió de sus labios. Un título para él mas importante que el de rey o empezarod de occidente.


-Musa...