sábado, 31 de marzo de 2012

Volando

Se miraban aquellos seres mas allá de cualquier mundo que pudiera contener la belleza y la bondad de ella y el tormento interior subsanado con esa luminosa presencia de él. Una suave sábana de seda era aquello que cubría sus cuerpos. La blanca piel de ese pálido y delgado ser, pálida como el mismo mármol estaba gozosamente pegada a la de aquella maravillosa criatura, de un moreno suave que invitaba a ser besada por donde quiera que se recorriera ese cuerpo celestial y tan bien proporcionado con besos y caricias, con cualquier muestra de ternura que invitara a sonreír a esa majestuosa dama que había llegado a su vida en alas de fascinación por aquellas alas que ahora la cubrían a ella junto a la sábana de seda de un azul rey que a ella le remarcaba las curvas con inconsciente provocación por parte de aquel exquisito tejido. El cabello largo, lacio y negro de ella se encontraba desparramado por su pecho y tiernamente paseaba un dedo fino y delicado por su torso igual de pálido que el resto del cuerpo. La ternura de la mirada que aquel ser abyecto dirigía a su acompañante no había sido dirigida a ninguna otra persona. La luz del sol entraba por esa gran ventana que permitía a la brisa acariciar lo poco de aquellos cuerpos que se quedaba al descubierto. La entrega en cada detalle era máximo. Ella de vez en cuando jugueteaba con los pétalos de una rosa azul de zafiro que él le había regalado o mas bien creado en exclusiva para su sonrisa, para que esta no desapareciera ante algún al recuerdo.


El sol había salido y los primeros rayos sacaron brillos hipnóticos a los ojos de esa dama cuyo mirar era algo que ese hombre que tendía tanto a la imaginación no había logrado elucubrar en esa larga vida de ideas, inventos literarios y letras escritas en papel o tecla. Y aquella piel, tierna semejanza de aquello que elaboraba la mente de ese hombre en constante cambio de humor y emociones dejaba de ser rozada por el sol de vez en cuando para ser acariciada, adorada por unas manos torpes que quisieran ir mas allá del cuerpo para acariciar el alma de esa criatura maravillosa, dadora de tan buenos momentos en los que la tranquilidad, el sosiego y lo mas parecido a la felicidad que nunca haya sentido le entregaba con su simple presencia. Aquella sonrisa (la de él) no se perdía en ningún momento cuando ella estaba cerca, cuando miraba esos ojos fijamente y nadie podía hacerle perder la atención de aquellos orbes, de aquellas estrellas en las que residía la esencia de toda la inteligencia y la belleza, la de la astucia y la calidez casi maternal, la perspicacia y un sin fin de virtudes mas en las que confiar alma y vida y por las que dar ambas si así se mantenía ese bello sonreír. Apenas se dirigían unas pocas palabras pues aquel momento perfecto era digno de no ser roto por palabra alguna. Las alas poco a poco se fueron abriendo para dejar pasar un poco de ese aire que refrescara sus cuerpos y las anatomías de ambos se revelaron por un instante. 


Cuando de nuevo se taparon la pierna lentamente subió hasta posar ese torneado muslo sobre el vientre de él, atrapándolo de forma sutil. Los dedos lentamente acariciaban su torso en todo momento y con esos sencillos gestos el corazón de ese caballero pegó un gran aceleraron en el que era difícil controlar los pensamientos de besos apasionados o de tiernas confesiones a la luz de la luna. Los cantos de los pájaros se hicieron escuchar mientras los rayos se hacían un poco mas intensos, al igual que los latidos de ese corazón forrado en mármol blanco y en cuyo interior dos puertas de oro flanqueaban el recuerdo de una dama que le seducía y le hipnotizaba, que le hechizaba y le conmovía de mil formas su interior revuelto en tinieblas, tinieblas que habían sido relegadas a un rincón y solo tenían oportunidad de aparecer de nuevo cuando ella no estaba. Y aun así el recuerdo de su sonrisa era el perfecto talismán para que la mala suerte pareciera solo una prueba mas de resistencia, detrás de la cual se ocultaba la recompensa de su mirada, de sus palabras, susurros, suspiros y un ciento de detalles mas que la componían, que a ese hombre le hacía creer en la posibilidad de que había aun gente buena en el mundo. Con unas pocas palabras y una mirada intensa como mil soles, aquellos labios le hicieron sonrojar a él y casi al resto del cuerpo. 


Ante los ojos de aquel hombre, de aquel caballero,de aquel niño asustado aquello no eran dos cuerpo abrazándose, eran dos almas que habían visto en el otro un bello sentido de la existencia, algo único que nadie mas compartía. Sus miradas eran transparentes, nadase ocultaban el uno al otro. Y no era la relación de ese tipo de relaciones de compromiso, nada les unía y a la vez todo. Ella le había dado sosiego, calma en los momentos de mayor tensión, le había escuchado atentamente, había sentido cada caricia como si fuera en exclusiva cara roce para su persona. Toda una amalgama de emociones llenaba la mente de él con respecto a ella. Sentía un profundo respeto y admiración por ella, una gran tranquilidad cuando ella estaba cerca y en buen estado de humor y salud. Por ella sentía un cariño, una adoración mas allá de los límites de cualquier realidad observable y medible por la ciencia y la poesía. A ella le había contado mil cosas que habían pintado la preocupación en su rostro pero también otras diez mil que le habían hecho sonreír. Sentía una profunda fascinación por su sonrisa. Por ella sentía ternura. Cuando ese rostro en forma de corazón aparece frente a él, ya nada mas existe que al necesidad de acariciar aquel reflejo de un alma luminosa, de hacerle ver que al calidez de su corazón se transmite a través de sus manos y que con ello pretende que esa sonrisa nunca muera. Y en aquella sonrisa depositaría el único regalo que solamente se le ocurre ofrendar a esa deidad de la danza: besos, caricias, miradas, versos, abrazos. Lo que sea necesario porque esa sonrisa nunca muera pues desde que la hizo sonreír pro primera vez es uno de sus mayores vicios y adicciones. 


Con delicadeza, ese caballero alado la envolvió y las pieles y almas se unieron un poco mas. Con ternura se fue elevando en los cielos en un cálido y suave aleteo de aquellas iridiscentes alas hasta salir poco a poco por la ventana, aún mirándose. Ella mostraba sorpresa en la mirada y se aferró mas a él, algo que le hizo sentir la anatomía perfecta de ella contra su piel desnuda y pálida, a esa piel tan sedienta de los roces de su piel en algunas noches cuando se despertaba con el deseo a flor de piel y la idea de yacer con ella como única idea en la mente. Pero en ese momento estaba tranquilo aunque también ansioso por decirle mil cosas en las que había pensado durante mucho tiempo y con las que había soñado no hacía mucho. Con ternura le depositó una caricia a ese rostro y ella hizo otro tanto mientras lentamente las alas los guiaba por los cielos entre las nubes, dejando alguna caricia de la brisa a sus espaldas en medio de esa travesía aérea en la que todo aquel paisaje creado por una mente desquiciada y algunos ignorantes decían que enamorada en la que habitaban animales peligrosos, mortíferos de necesidad y las mas nobles y bellas criaturas. Pero nadie se comparaba a ella ante los ojos de ese viajero que ahora tenía a la mas bella criatura entre sus brazos. El sol les regalaba sus mejores rayos de sol pero que aquellas pieles permanecieran cálidas y confortadas, como si una cobertura de luz les rodeara.


Se internaron en un bosque y los animales los miraban con curiosidad pues raro era ver a dos personas desvestidas abrazados, una de ellas con dos alas y mirando con infinita adoración a esa dama que se encontraba junto a él. Los tiernos roces de los labios en su frente pretendían hacerle ver cuanta ternura inspiraba en su corazón esos grandes ojos que ya había visto y nunca olvidaría. Con un poco mas de brío volaron entre las ramas de ciudades antiguas como el propio hombre y mucho mas, pues aquellas estaban habitadas por los milenarios elfos que tanta admiración sentían por la dama que estaba entre lo brazos de aquella criatura llena de malos pensamientos que se volvían luz cuando ella le regalaba esa sonrisa amable que lo derretía a veces literalmente. Estos alzaron sus manos y poco a poco unas vestiduras livianas pero mas pudorosas cubrieron el cuerpo de ella. A él que le dieran viento fresco, el cual se presentó y los alzó entre las nubes. La noche llegaba y poco a poco fueron apareciendo los primeros destellos de aquellas estrellas que echaban de menos a las hermana emplazadas en el rostro de la Musa, de aquella que había desterrado las espinas de un mundo teñido en sombras y tinieblas por un largo tiempo. Poco a poco se fue creando un nuevo fondo: la luna salía despidiendo los primeros rayos del rey sol y les dedicaba su mas blanca sonrisa y sus mas estruendosos aullidos los lobos ahí abajo, los que rendían culto a la pálida dama de los cielos. Desde una zona mas elevada una cachorro soñaba con volar mientras un gran lobo con alas los contemplaba con dos brillantes ojos rojos. 


La noche contempló a aquel siervo suyo que empleaba este tiempo en observar a la Musa dormir, a consolarla cuando estaba triste y a veces, cuando las tornas se volvían en su favor, a poderse permitir una caricia a ese rostro apaciblemente descansado. Aquella noche que tanto quería a su siervo también cayó en la cuenta de la desnudez de este y lentamente las tinieblas crearon a su alrededor un elegante traje que le hizo parecer incluso atractivo si la luminosidad no aumentaba mucho dejando ver aquellos rasgos tan poco agraciados. Ya vestidos ambos y sin dejar de mirarse en ningún momento, los labios de él dejaron de nuevo un beso pero esta vez cerca de la comisura de sus labios. Lo invadía el deseo en las noches pero también las ganas de contenerse eran mayores ya que daría la vida por no perderla nunca de su lado. Desvió la mirada y siguieron volando mientras el sonrojo cubría la máscara de piedra que solo ella rompía y que precisamente ella rompió cuando unos labios cálidos, tiernos, de delicada textura se posaron en el cuello de él, quizás sin mala intención de enloquecerlo en una espiral de placer, pero fue mas que suficiente para que una caída brusca se llevara a cabo, finalizada con el vuelo remontado a base de mucho aletear. Un chillido se había liberado de los labios de ella y un grito jadeante de los labios de él. A continuación estallaron las risas, no se sabe si por la perspectiva de morir o por lo gracioso de la situación y ella apoyó el oído en su corazón. Los latidos eran fuertes aun cuando estaba tranquilo aquel bombeador de sangre que tantas cicatrices tenía. 


Con ternura, los labios del caballero, en medio de una noche estrellada, con la luna dando de lleno en sus cuerpos ya vestidos, con los aullidos y los ululatos de fondo, las ramas siendo acariciadas por la brisa creando una excelente sinfonía y las cristalinas aguas de las montañas corriendo como manantiales por el mundo, venas de vida, se movieron formando una única frase en la que depositó una gran verdad. 




jueves, 29 de marzo de 2012

Carta sorpresa





Las primera luces del amanecer entraban por la ventana vivamente, despertando por necesidad y obligación a todo cuando ser se encontrara en la estancia. Una bella cascada de cabello negro se desparramaba por la almohada de un lecho de sábanas de la mas alta factura, dignas de ser las que cubrieran aquel cuerpo que tanto deseo despertaba entre los caballeros de las mas altas cortes. Su rostro era un remanso de paz en el que se adivinaba una tranquila noche de descanso. La luna ya desaparecía por el otro lado de una verde colina llena de fresca hierba en el que unas cuantas ovejas pastaban tranquilamente. Los rayos de aquel sol redoblaron su esfuerzos y la dama finalmente se levantó. Aquella mujer, ejemplo de tantos admirables halagos y creación máxima de las artes escultóricas de algún dios olvidados se estiró de forma ostentosamente sonora. Algo digno de admirar también. Miró a todos lados para asegurarse de estar en el lugar correcto y reparó en que un sobre de papel estaba posado en la mesita de noche de caras maderas de ébano. Con curiosidad en el rostro la bella dama abrió el sobre lacrado con un sello en forma de dos alas. Era una carta que decía, con palabras humildes sacadas de un corazón humilde y acompañadas de una rosa azul lo siguiente:


Adorada Doncella Divina:


El resplandeciente amanecer guía las decisiones de mi camino, ahí donde el sol habita el ilumina es a donde me dirijo pues aquella luz, esa señal de Dios, es aquello que yo veía en tu mirada antes de mi partida. La esencia y el frescor del rocío en la mañana es un calco de la esencia que desprende tu piel, vivificante perfume natural. La caricia de la brisa es la de tus manos cuando cálidamente en las noches nos dedicamos el uno al otro. Cada hoja que cae de los árboles es un segundo menos que tardaré en verte y cada paso acorta el camino hasta nuestro reencuentro. Tu luminosa sonrisa es la caricia de los rayos del sol a lo largo del día. Tu ternura es la seda de una capa que me da sustento y alas para volar rápido y veloz hasta donde sea que te encuentres, así sea el cielo o el infierno, un palacio o una madriguera de osos. Al fin, en el reencuentro soñado, podremos mirarnos a los ojos y entregarnos a un momento eterno en el que sentir al fin tu presencia, tu alma rebosando esa felicidad que tanto alegra a mi espíritu, mi ansiedad de escuchar tu voz, reflejada cuando estoy lejos de ti en el susurro del viento entre las hojas de aquellos árboles, fuertes y sabios, ejército de Gaia que siempre  te protegerán cada vez que tu presencia asegure mas luz para cada planta, que crecerá bajo el manto de tu sonrisa, fuente fresca de blanco resplandor incluso en la mas oscura existencia.


Tu eres la eterna verdad que subyace en cada palabra que acabas de leer. 


Y a ello le acompañaba un improvisado poema:


Cálida eres, Rosa Morena
rebosante de tierna esencia
carente de maladad
pobre de soledad
siervo tuyo soy, en la noche
en la noche baldía
de ese tiempo infinito,reclamo
y posesión de la eternidad
cálida caricia en la infinidad
Mares embravecidos
bálsamo apasionado
de aquel beso dado
Pulcritud de la naturaleza
Moreno amanecer de
un día negro, que convertido
en luz me da en un gesto suyo
lo que mas quiero


lunes, 26 de marzo de 2012

La carta inacabada



La pluma viajaba a toda velocidad por el papel y un sonido producto de la angustia existencial por su horrible letra surgió de lo mas profundo de su garganta, como un extraño quejido que pretendió en todo momento ser de máxima discreción para no levantar sonidos que alteraran la quietud de aquel lugar. Los ojos iluminados del escritor se posaron en las estrellas, que brillaban por encima de sus cabezas, la de él y la de su acompañante. La noche era cálida pero no sofocante y algunas hojas de cerezo caían sobre ambos llenándolos de pequeñas pintas rosadas. Aquella bella acompañante no se podría desprender de su cuerpo, pues un apéndice volador la tenía firmemente sujeta contra su cuerpo además del propio abrazo que esa criatura de otro mundo le estaba propiciando. Ese hombre afortunado podía sentir la respiración en el subir y bajar de ese pecho firme y de buen tamaño que encendía su deseo además de miles de sensaciones y deseos mas, anhelos que llegarían con el tiempo. Su aliento era cálido y se desparramaba por su pecho haciéndolo estremecer. Pero aquel hombre trató de enfocarse en los que estaba escribiendo. Era una carta que estaba siendo escrita con una sonrisa pero a la vez un nada apreciable gesto de concentración. La carta decía así:

Bella Doncella Divina:


En este momento descansas casi encima de mi pecho y no puedo albergar una emoción mayor combinada con el mas profundo deseo de contemplarte. Duermes apaciblemente y me encanta  sentir como respiras tranquila y te metes en un mundo de sueños en el que con seguridad has de encontrarte muy a gusto pues yo los protejo desde las lineas que te estoy dedicando en este preciso momento. El dulce aroma de tu piel asciende por el aire y llena mi nariz, escanciando la mas dulce de las esencias en mi alma y haciéndome sentir que puedo con el mundo entero, que nada me puede derribar en un vuelo rápido hacia alguna batalla o lento en medio de un baile entre las estrellas contigo. Y no te preocupes, no partiré a ninguna batalla teniéndote a mi lado, pues de tu lado no me quiero marchar. Aportas demasiadas cosas buenas para dejarte partir o para abandonarte y que despiertes sola y desamparada. Es algo que nunca me perdonaría, ver como de tu rostro surge una cara de desconcierto, confusión y decepción. Pero mis pensamientos no se centran solo en eso. Se centran en muchas cosas mas, algunas muy banales como lo bella que está la luna cuando se refleja en tu rostro o las sabias historias que me pueden contar hasta una brizna de hierba. Y veo a través de unos ojos alegres lo que me muestras con tu presencia cada día.


Con tu presencia puedo ver lo bueno de la vida, como si me trajeras lo mejor de la vida, como esta tiene siempre una salida que no tiene que ser fácil para que sea llevada a cabo. Me has enseñado a ver todo aquello que me corrompe y me hace estallar en ira cada vez que algo me sale mal o la frustración se adueña de mi aportando calma y solución a mis problemas. Me das una calma profunda pero que no adormece, constante pero no demasiado insistente en la que puedo reposar la mente y el cuerpo cuando tus sabios consejos se hacen presentes en mi vida. Tienes la decisión y determinación de alguien que ha logrado siempre sus objetivos y que logrará otros tantos según avance esta y otras bellas historias. Con esa humilde pero a la vez elegante y divina presencia siento que tengo acceso a una de las personas mas bellas que se puedan conocer en este mundo habitado por monstruos tanto propios como extraños. Me has iluminado el camino a través de innumerables peligros en los que pude haber caído realmente bajo pero me has contenido, pues eres la calma en la tormenta, la paz entre las guerras, eres lo que hay detrás de una honda, núcleo de la realidad que me lleva a mundos de fantasía en los que siempre me siento a salvo pero no apartado ni marginado.


Estas lineas pretenden hacerte ver la visión que tengo de ti. De lo buena persona que eres, de todo el bien que me haces a mi y a los que te rodean, que son muchos y casi todos con intenciones de algo mas que de ser amigos pero que te respetan pues te valoran demasiado como para cometer el error que los aparte de tu vida. Me siento bien cuando estoy a tu lado y cuando veo esa sonrisa que es un faro, guía de todo aquello que me llena de felicidad para que entre bien profundo en mi ser, desterrando las tinieblas de mi alma a lo mas profundo del olvido. Puedes con un sencillo gesto hacerme encumbrar en lo mas alto y de seguro también derribarme hasta los mismos infiernos pero se que eso no lo harás pues no pretendo mal alguno hacia ti ni aquellos que quieres. Envidio tu fuerza en la que te apoyas cada día para superar muchos desafíos que te tratan de hacer caer pero ahí estaré yo para que mis alas te protejan, te den el sustento que necesites cuando tu resistencia sea insuficiente, porque siempre voy a estar ahí, a tu lado. Cuando otros se vayan yo permaneceré a tu lado. No te pienso abandonar, eres una dama de la mas alta alcurnia que se reduce al nivel del vulgo porque su humildad le hace compartir la riqueza de su inteligencia y cultura con los mas desfavorecidos desde la superficie y el fondo de su corazón. Una vez me preguntaste si tanto te quería y te respondí que sí, que no había visto nada igual en toda mi vida y que mujeres y bellezas había visto muchas pero lo cierto es que ninguna me ha calado tan hondo como la tuya. Eres majestuosa sin caer en lo vanidoso y elegante sin caer en lo pretencioso. No quepo en mi de gozo al descubrir a una persona tan virtuosa en el arte de la palabra y de pensamientos tan rápidos y acertados.


Y tus ojos. Esos poderosos e hipnóticos ojos que me dan la luz que necesito para seguir adelante en esta miserable vida, guía que nunca falla a la hora de llevarme por el buen sendero, soles que podría mirar fijamente en la noche y el día, la felicidad y la tristeza. Para ti podría sacar una infinidad de metáforas en la que tu mirada sea aquella señal divina, ese mensaje a la humanidad de que hay algo que la raza humana aun no ha imaginado y nunca podrá imaginar: esa luz especial que veo en tus ojos cuando me miras, cuando te miro. Los bellos sonrojos que enmarcan tus mejillas y la sonrisa tan bella que tienes. Y todo aderezado con la belleza de tus ojos. Esos ojos no pueden llorar nunca, no deben, es pecado hacerlos llorar y me parece que soy el mayor de los pecadores pero haré todo lo posible por redimir mi alma para que se consuman en un cielo en el que habiten tus ojos cerca de los míos y, en un afortunado giro del destino... 

Ahí concluía esa carta pues en tanto que el sol comenzaba a salir, él se fue quedando dormido tras guardar el sueño de esa dama toda una noche. En los labios del escritor se perfilaba una sonrisa, símbolo del final de esa carta que quizás nunca fuera escrito pero que guardaba desde luego un secreto que llenaba de dicha ese corazón solitario que hasta hace muy poco había comenzado a latir de verdad. 







sábado, 24 de marzo de 2012

El baile


La noche despejada dejaba entrever todo un manto de oscuridad que sería total de no ser por la luna y sus hijas las estrellas que robaban los suspiros incluso del mas frío ser, inculcándole la sensación de pequeñez que solo algo tan poderoso como el universo puede incrustar en el subconsciente. En aquel paraje abierto de par en par a quien gustara de contemplarlo y a la vez restringido para muchos y permitido para pocos la brisa se hacía notar con leves caricias en las que se trasladaban los mas perfumados aromas de la naturaleza, proveniente de miles de flores instaladas en aquellos lares tan bellamente dispuestos. Los árboles creaban sus propias sinfonías a través de la caricia mutua entre viento y hojas, las cuales eran la banda sonora mas bellamente enhebrada desde las mismísimas raíces de la creación del mundo hasta aquel momento. El agua de los manantiales, el cristal líquido y puro de la naturaleza, fluía con libertad por unos trechos frondosos de follaje. De aquel agua bebían un grupo de ciervos y lobos que se miraban sintiendo la tensión, como esperando a que alguien hiciera el primer movimiento para empezar la cacería. Un búho ululaba con hastío y predicaba algún conocimiento perdido o alguna historia a la que nadie, por desgracia, prestaba atención a la par que las bestias sanguinarias rondaban entre troncos y promontorios al acecho de aquellos que no fueran invitados a la fiesta. Ni una sola nube se atisbaba en la distancia y la única luz que podía verse desde el suelo era el de las ventanas a través de las cuales salía la iluminación de la sala de baile. 


La música sonaba en cada rincón de aquel majestuoso lugar, diseñado exclusivamente para promover aquello que evoque en el alma la mas vitalista sensación de bienestar llevado al máximo exponente, decorado con la mas exquisita muestra de buen gusto y elegancia. Las siete paredes de aquel gran salón de baile estaba decorado con siete grandes estatuas que representaban divinidades cuya fuerza y poder residía en cosas tan dispares como la castidad o la cantidad de martillos que se fabrican al año. La luz de la gran lámpara de araña que colgaba a varias decenas de metros desprendía una luminosidad que no era propia de las velas y tampoco de aquellos novedosos inventos llamados bombillas. Cada rayo de luz impactaba a su vez en alguno de los miles de pequeños detalles en forma de hoja que resbalaban en miles de enredaderas a cierta altura desde el techo, como si la misma naturaleza reclamara con oro ese espacio dedicado al baile y la música.  La exquisitez de la mencionada decoración exhortaba a quien penetrara a la magnificencia de aquel lugar a ir vestido acorde a todo aquello. Y ni paredes había como tal a excepción (y aun así de forma muy discreta) las que comunicaban con el resto del edificio, ya que una gruesas ramas en alternancia de plateados y bronces con pequeños frutos rojos de rubí incrustados no era sino una versión rica de todo aquello que la naturaleza ofrecía en dulzura al mundo. Las propias estatuas estatuas mostraban alhajas de aquello que suponía el tema central de todo aquello. Una oda a la naturaleza y la unión del ser humano con esta. Las fuentes alimentos ofrecían todo tipo de alimentos con los que engañar o deleitar al estomago de forma plena y gratuita. Los invitados se repartían entre las mesas, lo mas cerca de las paredes-ramas hablando de todo tipo de temas. 


Eran toda una suerte de colores en movimiento los vestidos de las elegantes damas y los distinguidos caballeros. Y toda clase de actitudes. Los dueños de comercios y grandes viajantes se empeñaban en el uso de las pieles mas suaves y caras para hacer gala de su poder, sin perder de vista aquellos posibles negocios que pudieran hacer en sociedad o en solitario a través de todo el basto mundo. Apestaban a dinero y la avaricia les consumía de una forma ostentosa y poco prohibitiva. Al lado de estos había caballeros de todo tipo, algunos pocos recién graduados en la academia o quizás unos cuantos veteranos de guerra que con pasión narraban sus aventuras y causaban el interés mas desmedido por parte de lo mas jóvenes que esperaban con ansias el día de entrar en guerra hasta que alguno de aquellos curtidos guerreros derramaba secretamente una lágrima en tributo a un compañero caído. Pero la tristeza no podía estar presente, en seguida una copa del mejor vino animaba el espíritu y las risas volvían a hacer presentes en el grupo sobre el que momentos antes se abatía la tristeza. Y las grandes damas de la corte y otras esferas de poder. Por donde se mirara todas iban elegantemente vestidas, con sus cuellos, orejas, manos, muñecas y en ocasiones tobillos decorados con las mas exquisitas joyas. Los perfumes mas caros salían de las pieles de aquellas que iban a la búsqueda de algún millonario y lo cazaran. Una dama de gran belleza, de orejas extrañamente puntiagudas, regalaba el sonido de una campana al reír. Era un sonido cristalino que hipnotizaba a los que se encontraran cerca y a traía mas de una mirada. Su vestido, en claro contraste con su blanca y tersa piel, era del color que se conocía como rojo sangre de toro, pero en su mirada se podía apreciar que de ser capricho suyo lo teñiría de la misma sangre de aquellos insignificantes humanos. Al otro lado de la sala una mujer portaba un vestido que dejaba poco a la imaginación y desprendía un aroma que provocaba estremecimientos en todos aquellos que disfrutaran de la contemplación y apreciaran los placeres que residían en un cuerpo de mujer. Las miradas de muchas de las mujeres presentes eran de una abierta y poderosa envidia. Cerca de la estatua de una dama que portaba una balanza se encontraba una mujer de aspecto poderoso que con su mirada y sus palabras disfrutaba de un sorbo de su copa antes de lanzar algún cuchillo traidor contra la memoria de alguien que no se encontrara en aquella fiesta. Los colores de los vestidos eran variados, desde los azules hasta los rosas, verdes, lilas, morados, al igual que variadas era la forma en la que se lucía, haciendo uso de sedas, linos, paños de cara factura. Algunas mujeres del norte llevaban pieles que disimulaban de su salvaje belleza mediante un excelente uso de los servicios de la cara costurería del sur. Y viceversa, pues las elegantes damas del sur y algunas zonas mas cálidas, pretendían parecer mas pasionales en sus actos para con los caballeros jóvenes o no tan jóvenes que las rodeaban. 


No faltaban por supuesto los rumores y las especulaciones sobre la naturaleza de aquella festa, sobre el motivo que impulsó a aquel ser de tan negra fama a celebrar una fiesta por todo lo alto que al momento de ver el salón de baile dejó impresionados a los mas afamados diseñadores y decoradores de interiores que también fueron invitados. La creatividad de muchos se vio retada por tan bellos detalles en los que la unión de la naturaleza y el universo era armoniosa y perfecta. Y la música parecía ser el nexo de unión perfecto, fluída como los manantiales de afuera, saliendo de no se sabe que punto exacto de la estancia. Muchos lanzaban miradas a todos lados de vez en cuando, en la búsqueda desesperada de tan experta orquesta, cuyos integrantes parecían fantasmas, pues la música era en si una esencia que se desparramaba por todo el salón como el cabello de una amante que descansara sobre el pecho de un amado que viviera por y para ese momento. Aquella música era una entidad viva, intangible que desprendía sus propios sentimientos y se mezclaba con el ambiente de forma sutil, sin modificar para nada el comportamiento de sus asistentes pero al mismo tiempo encauzándolos hacia el buen camino. La misma luz parecía desprender algún sonido cuando de aquellas hojas doradas que también te intercalaban en un verde demasiado vivo para ser metálico. Los presentes en aquella fiesta no creían posible tal espectáculo a excepción de ciertos invitados cuya naturaleza y forma de ser se había visto inmersa en una continua pérdida de apreciación de los detalles, pues se encontraban embebidos en un poder demasiado grande como para rebajar sus rostros a una expresión de sorpresa y asombro por los denodados esfuerzos del anfitrión en alegrar todos los rostros de los presentes. Los mas variados acentos, desde los fuertes acentos de las tierras del este hasta los suaves y melodiosos acentos de las tierras mas interiores y selváticas se entremezclaban en una agradable algarabía que sencillamente incitaba a interesarse por mil temas en los que todo era posible de escuchar y totalmente imbuido en la verdad y la diversión. 


Todo parecía perfecto y no faltaban, como ya se dijo aquellos rumores sobre el anfitrión, sobre su pasado y sus planes de futuro. De él se decían mil cosas, todas fundamentadas en rumores que no tenían un origen fijo. Se especulaba sobre sus tormentos y sobre sus llantos así como sus diversiones basadas en prácticas de lo mas oscuras. De él decían que tenía fobia al color negro, de ahí que no se permitiera vestir tal color en residencia. Se decía de los mil pasillos y de que en uno de ellos había una habitación con puertas de oro pero también otras tantas llenas de horrores y de hijos bastardos. Muchas mas cosas se decía de aquella criatura que habitaba en ese castillo y que terminantemente había prohibido vestir e incluso mencionar el color amarillo. Unas peticiones extrañas de un ser extraño. Aunque los invitados no eran mucho menos extraños pues los pálidos rostros y las altas siluetas de los que venían de los bosques eran mas que evidentes así como algún remedo de canto de sirena proveniente de las profundidades oceánicas. Una señorita de aspecto vivaz y muy activo estaba degustando de vez en cuando los apetecibles manjares pero insistía en preguntar por alguna bandeja de dulces. portaba un vestido morado que le hacía parecer una joven dama de la corte y algo así podría decirse pues su educación y encanto superaban con mucho a mas de una condesa de vanidosas tendencias. Aun a pesar del cielo nocturno, en sus ojos se podía apreciar el cielo a plena luz del día y algún joven se fijaba en ella, ya fuera por sus extrañas formas de comportamiento o bien por su bonita sonrisa, ante la cual mas de uno caía en secreto y pensaba los primeros versos de un poema. 


Un balcón daba al exterior y al cielo bellamente iluminado por las estrellas que guiñaban sus ojos a la dama que se encontraba solitaria en aquel momento. Sus grandes ojos oscuros habían atrapado mas de una mirada a lo largo de la fiesta y su sonrisa siempre fue la tarjeta de presentación en medio de las conversaciones que mantuvo con grandes y galantes caballeros que al momento quedaron fascinados por su belleza. El recelo que mostraban algunas damas era el que después dejaban de mostrar con hipócritas sonrisas, reduciéndolas a lo mas mínimo. Su cuerpo estaba cubierto por un bello vestido que desprendía tonos azulados de todo tipo. Su mirada poseía una luz fascinante que atrapaba la mirada y la envolvía hasta someterla a una voluntad inconscientemente superior a la de cualquier otro ser ahí presente. La brisa acariciaba su piel morena, muestra de su procedencia de una tierra llena de fuego y leyenda, suave y natural vestido de unas curvas que poseían un toque hipnótico a agitarse en medio de algún baile que cualquier caballero le ofreciera. Una sonrisa cubría su rostro. Su peinado era un elegante trabajo de artesanía de los mejores peluqueros que, con la mayor de las exquisiteces, lo hicieron caer a un lado dejando al descubierto buena parte de al espalda, el hombro izquierdo y los brazos. Desde que ella había llegado se había notado un cambio en el ambiente. La que era considerada la mujer mas bella de ese mundo parecía tener algo que hacía que los demás no lo notaran pero muchos grandes astrólogos que se encontraban departiendo sobre teorías de las estrellas a la vez que las observaban vieron que estas parecían juntarse para concentrar su luz sobre ella. Los grandes caballeros la observaban tanto o mas que a la bella dama del vestido color rojo sangre de toro,algo que no hacía mucha gracia. 


De pronto las puertas se abrieron de par en par y todos fijaron sus ojos ante el ser que caminaba vestido de negro desafiando a aquella norma sobre la prohibición del color negro. ´´Es el anfitrión´´ dijo alguien muy bajito, cuando aquel recién llegado pasaba cerca, lo que le valió una mirada que reflejaba la tristeza y al congoja mas absolutas mezclados con una ira salvaje que valió la palidez y casi desmayo de aquel que susurraba la hipotética identidad del que en efecto era el anfitrión de aquella fiesta. La música seguía sonando mientras un murmullo se extendía por todo el salón. la mujer del vestido que dejaba poco a la imaginación soltó lo que parecía el mas sensual ronroneo cuando pasó a su lado, algo que hizo sonreír levemente pero con desdén a aquel ser callado que no había dicho palabra pues algo recorría su mente y nada diría hasta que no lo soltara en el oído correcto. De nuevo se detuvo cerca de la dama de aspecto tan elegante que portaba ese sencillo pero elegante vestido morado, la cual le miró a él. Con una sonrisa mas amplia tomó su rostro y besó su frente sin meditarlo ni medio segundo para continuar su camino hacia el punto exacto: aquel balcón. No sin antes detenerse delante de la dama del vestido rojo sangre de todo que conversaba con otra dama bien conocida por el anfitrión una de las pocas capaz de hacerlo estremecer con solo su pensamiento. Si esas dos criaturas oscuras se aliaban el mundo estaría perdido pero confiaba que su castillo permanecería intacto a excepción de la desaparición progresiva de unas cuantas joyas y quien sabe que retorcida guerra. Con paciencia y la vanidad en la mirada así como un cierto gesto indiferente que el anfitrión se tragó lo mejor que pudo con la mejor se sus sonrisas, la elfa alzó su mano hasta colocarla frente al rostro del caballero de negro mostrando unos estilizados dedos, unas perfectas y cuidadas uñas y por supuesto unos lustrosos anillos a juego con el vestido sanguino. Este agarró la mano con la mas suma delicadeza y la elfa le compensó el esfuerzo y el beso posterior con una delicada y casi amigable sonrisa que habría derretido la mas férrea voluntad. El mismo gesto repitió con la dama de pálido rostro que tenía a su lado, cuya poderosa mirada sobrecogía el alma. Aun a pesar de los privilegios que suponía tener el sabor de aquellas pieles en los labios al anfitrión lo movía la urgencia y dio una banal excusa para continuar su camino y dejar a las parejas bailando alegremente. 


La encontró en ese bello balcón. un pequeño destello reflejaba una cadena en la que colgaba un colgante que representaba la cabeza de un lobo con un ojo de esmeralda y otro de rubí. Aunque este detalle no estaba a plena vista del anfitrión, él sabía que lo llevaba. la contempló en un silencio casi de cadáver recién postrado en el ataúd. No se podía creer que ella hubiera venido a la fiesta. Mágicamente unos extraños sonidos parecían flotar junto a la bella y exquisita música que hacia mover los cuerpos de las parejas de baile. Unos pasos seguros pero en los que se adivinaban miedos e inseguridades poco a poco fueron aproximando a aquel ser atormentando y que cada vez sentía menos dolor al motivo por el que se había conmemorado ese bello día. Una capa negra de pronto fue elevada por la brisa y esta pareció abrirse en dos grandes alas por un momento antes de caer lánguidamente hasta rozar el suelo con una lenta y tierna caricia, pues así había que tratar todo aquello que se relacionara con ella, con esa criatura de nombre tan apropiado a su persona. Contuvo en todo momento las ganas de correr y abrazarla de decirle mil tonterías propias de niño pequeño que se encuentra bajo el hechizo de la primera vez y la primera sensación de eso que llaman amor. Con suavidad rodeó su cintura, la fue rodeando, notó el respingo de ella al sentir aquella presencia y volvió el rostro encontrando ambos a escasos centímetros el uno del otro. La miraba con la mas entregada ternura, con la adoración que siempre se instalaba en su mirada cuando su persona cruzaba aquel pensamiento tan lleno habitualmente de sombras. Cuanto la quería por dios y por todos los dioses. Cuanto daría por su felicidad y por todo aquello que la hiciera sonreír a ella y a los que tenía a su alrededor. Aquellas dos estrellas que faltaban en el cielo se encontraban en un rostro suave, de piel tersa, carente de arrugas, con un precioso color moreno que a su vez tenía una forma de corazón que no podía por menos que añadir el mas dulce encanto a sus facciones. El talle de su cintura era perfecto y tan delicado y tentador de abrazar en el mas protector y suave de los gestos. Se miraron. El sonido que se confundía con la música se hizo mas fuerte, casi entrecortando las notas mas sutiles. Eran como los latidos del corazón, Era como si el castillo entero latiera de vida al sentirse su anfitrión tan cerca de aquella dama que había desbancado poderes milenarios dones divinos magias antiguas y riquezas sin par, placeres inigualables. 


Con ternura un suave beso fue depositado en su hombro izquierdo,apenas un roce que pretendía inculcar a esa piel la muestra de que por ella se demostraría en ese roce la muestra mas colosal de deseo y en la suave caricia de unas manos ni muy bellas ni muy feas el mas amplio gesto de ternura. las miradas no se separaban, no debían de separarse o ese corazón moriría. Tanto era lo que la quería que la dejaría marchar libremente, pero al menos no en esa noche dedicada a ella de una forma tan ostentosa. Al respirar ese anfitrión desposeído ahora de toda tristeza y anhelo pudo llenar su mente con el aroma de su piel que desprendía un perfume sutil pero poderosamente atrayente, como lo era en ese momento su mirada, su voz, su figura. Con cadencia y suavidad susurró muy cerca de sus labios:


-Tu haces latir el castillo que es mi corazón... donde todos los sueños comienzan y embellecen sus paredes cuando estás cerca de mi -Sin mas la llevó hasta el centro de aquella lustrosa pista de baile decorada con un bello ajedrezado de mármol blanco y morado. los invitados miraban a esa pareja tan dispar. Él bastante poco agraciado y ella colmada de toda la gracia divina propia de los dioses del continente del sur del que provenía. Posó una mano en su cintura y la música se volvió a imponer una vez el anfitrión estuvo mas relajado con esa fascinante dama tan cerca de él, la causa de su ternura, pensamientos, proteccionismo, suspiros, gestos y sonrisas. 


Se posicionaron correctamente y la música sonó en medio de una lluvia de pétalos y rosas azules. 


jueves, 22 de marzo de 2012

La pluma rubí

Desprendida de una ala volaba una suave pluma ligera, liviana, una caricia desprendida de ala noble, gentil en sus honores y servicios para el vuelo. Esta pluma portaba toda la esencia de sus abandonadas compañeras que siguieron un vuelo arriesgado en alguna batalla. Aquella pluma estaba solitaria en medio de las corrientes de viento. Portaba como honrado colores el negro mas nocturno, siniestro y seductor y el azul mas bonito que se pueda lograr acompañado de un sin fin de colores que eran producto de las luminiscencias arrancadas tanto a sus barbas plumáceas como a su estandarte. El viento parecía encaprichado de su color así como brillo pues mucho tiempo estuvo volando en lo alto pasando ignorante por encima de civilizaciones enteras durante mucho tiempo, muchísimo mas tiempo del que cualquiera pueda imaginar. Aquel sordo testigo, ciego e inerte, carente de movimiento de no ser por el viento, no era sino un objeto lleno de magia en la que su principal poder era embeberse de aquello por lo que pasaba. Así es que adoptó la ligereza del viento, mas que la de las propias plumas a las que acompañaba en aquel ala que destellaba. La furia de los huracanes se hizo con ella mas de una vez, con aquel imperio ventoso que parecía tener una fuerza imparable cuando tocaba alguna tierra sometida a mil cambios imposibles de narrar en una sola crónica del mundo. 

Conoció la propia tierra y paseó por encima de grandes ciudades, solitarios y humildes pueblos, por encima de montañas enormes y por debajo de puentes milenarios extintos ya hacía siglos a los que había visto crearse y dar sus primeros pasos cuando la fortuna del viento lo permitía. Voló mas allá de lo imaginable, mas allá de cualquier distancia capaz de ser entendida en aquel mundo en constante cambio que pasó bajo tu raquis, guía inconfundible y recta de cada bella y luminosa hebra que lo recorría. Dio vueltas y bailó con el viento hasta que se encontró lo suficientemente bajo para volver a contemplar el mundo. De la ligereza del viento extrajo también cada susurro cuando este pasaba entre las hojas de los árboles mas altos y mas bajos. También escuchó el aullido de los lobos y el balido de las ovejas antes de ser cazadas, pudo impregnarse del sonido de las armas y los gritos de la guerra. En alguna ventana reposó a través de la cual se filtraban los sonidos de los amantes que se entregaban mutuamente con suaves y sugerentes suspiros, enredados los cuerpos y perlados de un sudo en el que se respiraba la esencia de mas intenso gozo. Pudo teñirse mil veces de alguna peregrina gota de la sangre derramada en asesinatos y en viles acciones a cambio de un placer oscuro y sádico en el que la mejor esencia jamás respirada era los sollozo consentidos de la víctima que finalmente sonreía en medio del éxtasis. Pudo casi arder al ascender a lo mas cercano del sol y contemplar desde muy cerca los ingenios de aquellos humanos a los que siempre sobrevivía.

Atravesó las montañas de fuego mas intenso, se impregno de la pasión de las entrañas de la tierra, de su fuerza y sus fuertes aromas, como los fluidos del placer de un amante insaciable que abraza a sus hijos una y mil veces con rugidos furiosos. Se coló aquella inocente pluma entre los agrietamientos de los volcanes y descendió al infierno en el que satanás se sorprendió de tal ejemplo de supervivencia. Contempló aquella pluma y la decidió modificar. instaló en la punta de esa pluma una pequeña plumilla de hierro que desprendía la tinta mas roja del mundo, imitando a la sangre aunque ciertamente era sangre aquello que desprendía. Él y sus métodos de crueldad y diversión basados en el sufrimiento humano y no tan humano. Maldecida, aquella pluma fue interceptada por escritores que con sangre escribieron poemas y narraciones de todo tipo que siempre infundían a un terrible resultado y la terrible consecuencia de todo aquel que los leyera de encontrar una muerte pronta y segura. Mil aspectos diabólico de la mente humana era capaz de reproducir aquella pluma que podría ilustrar mil historias de terrible resultado. La sutileza de la brisa siempre estaba presente en cada trazo pero aquella brisa narrativa siempre podía impregnar cada linea de la oscuridad mas evidente en la que el tormento y la agonía se hacía con el autor hasta consumirlo en la mas desdichada desgracia. Cuando aquella pluma se aprovechaba de toda esa sangre que circulaba por las venas del autor y lo hacía suicidar o a saber que destino, se dejaba llevar por el viento hasta las siguientes manos. pero el viento no es cosa del diablo, sino de Gaia. 

Un día la pluma vio a su siguiente víctima pero el viento, imbuido por la fuerza de la Madre naturaleza, la hizo ascender y la llevó hasta donde se encontraba el ser del que procedía, en cuya ala se encontraban el resto de hermanas plumáceas que había abandonado hacía tanto tiempo. Con trazos de escritora suave narró todas su aventuras y esto hizo sonreír y a la vez sobrecoger al portador de aquella pluma que había perdido hace tanto tiempo,. También hizo saber de aquella maldición que le aquejaba y de la que en parte disfrutaba mas ciertamente ya le empezaba a cansar ir de mano en mano. A aquellas palabras, el portador de la pluma agarró a dicho objeto y con rapidez comenzó a volar a los largo del mundo atravesando los cielos de muchos países delimitados por las ambiciones humanas. Una sonrisa cruzaba el rostro de aquel que había portado esa pluma junto a tantas otras para envolver el cuerpo de una dama a la que tenía en mente muchas veces y que le había ayudado en tantas ocasiones, por la que sentía algo que no se podía describir mas allá de ningún concepto operacional de algún tipo. Voló y voló, a travesó ríos mares y montañas, de fuego y de hielo estas últimas. lagos y lagunas también le vieron pasar como un rayo cegador que desprende brillos desde sus grandes y dedicadas alas a la presencia de aquella criatura que era parte fundamental de ese plan de purificación. Atravesó palacios en la tierra pero de pronto ascendió al cielo, a lo mas alto que cualquier invento humano pueda alcanzar y salió de aquel mundo incluso de aquel universo a una velocidad inimaginable en la que la propia luz era una tortuga o incluso casi una piedra. Una gran explosión fue lo que precipitó el aviso de que ya no estaban en ningún lado conocido, estaban en una nada absoluta donde solamente se podría divisar un punto lejano al que dieron alcance rápidamente. El olor de la hierba y la suave brisa los sorprendió de lleno al ángel y la pluma. 

Volando mas lento, para deleitarse con los mil matices y colores que ofrecía aquel paisaje, En un suave planeo fue descendiendo hasta tocar con unos pies desnudos una hierba fresca y llena de verdor. Los sonidos de la naturaleza parecía estar mas que modificados para que se pudieran escuchar a toda su gloria pero sin perder en ningún momento la genuina naturalidad con los que cualquier hombre del común los hubiera identificado. Cantos extraños de pájaros aun mas extraños pero definitivamente mas bellos que aquellos conocidos en el planeta del que venían salían de entre las ramas de los árboles para convocar una sinfonía de sonidos en los que cualquier nota y acode era posible como si imitaran en algunos casos a los instrumentos de viento mejor afinados o quizás la percusión mas acorde que nadie pueda imaginar. Pareciera que cada canto y cada sonido estuviera destinado a mantener todo aquello en armonía. La hierba acariciaba los pies algo humedecidos a causa del rocío pero dejaba un agradable sensación y se podía caminar por ella sin miedo alguno pues los depredadores ahí no existían. Acercándose a la única edificación del castillo. El ser alado expuso una sonrisa a la puerta y sintió como poco a poco el rocío y unas pocas briznas de hierba se iban secando y desprendiendo de sus pies dejándolos impolutos. Seguidamente las puertas se abrieron dejando salir un aroma a rosas y otras esencias deliciosas. Con suaves pasos, la propia atmósfera parecía nublar los poderes maléficos de aquella pluma imbuida por el poder de todo lo maligno. Una sutil melodía salía de una parte indefinida, como si entre los muros de ese castillo una música fuera encarcelada ahí. Sin embargo un giro inesperado de los acontecimientos hizo frenar el camino cuando se cruzó de frente con una dama de aspecto algo alocado que desprendía luces azules a través de sus ojos., como si un lago se reflejara en su mirada. Esta le devolvió la mirada sonrojándose levemente. Le dio recuerdos de parte de cierto lobo que tenían en común conocimiento y prosiguió su camino dedicándole antes una sonrisa y un guiño de ojo. Recorrió los últimos pasos y entró en aquella magnífica habitación. 

En ese lugar la música era mas fuerte pero sin resultar molestamente alta. Una figura dormía tranquilamente entre sábanas de satén en la que se apreciaban unas corvas que quitaban el aliento e inspiraban mas de un pensamiento de alta temperatura a muchos seres inferiores así como a dioses y héroes. Pero él no la miraba con ese deseo carnal, la miraba con el anhelo de quien se reencuentra con al persona que mas adora, con la ternura del guardián que se siente poderosamente atraído por su protegida, con la sinceridad dela migo que desea ahorrarle males y no ocultarle nada a esa amiga bella por dentro y por fuera que reposaba entre tales sábanas en ese día que estaba plagado de oscuridad y sombras incipientes pues la noche caía y la luna comenzaba a peinar su cabello con un peine de la mas pura plata. Alguna estrella se acercaba para poder contemplar mas de cerca aquel bello rostro que podría iluminar mas de una idea y una mente inspirar a crear la mas tierna y bella poesía. Con sutileza y el mas imperceptible silencio avanzó con seriedad en el rostro pero con sentimiento en la mirada. Una pequeña sonrisa se fue asomando a esa máscara de piedra de forma inevitable, la cual se fue rompiendo poco poco dejando entrever una expresión de entregada adoración cuando pudo vislumbrar el perfil de aquella dama, de aquel ser fantástico en el que depositaría alma y vida, sentimientos, pasión y mil emociones positivas que ella era capaz de inspirarle con una sonrisa. 

La siguió contemplando mientras la noche avanzaba y se decidió a tumbarse a su lado. Su rostro estaba orientado hacia la cristalera del techo que de vez en cuando de forma mágica dejaba caer algún que otro pétalo como si de lágrimas de Gaia se tratara. Con una sonrisa mas amplia se acercó otro poco y dejó un suave beso en su frente. El aroma de su cabello recién peinado por la luna desprendía un olor embriagador, al igual que el sabor de aquella piel que adoraba de saborear de forma tan sutil con esas muestras de afecto y sentimientos inconfesables que resultaban secretos a voces. Sus labios sonrieron en medio de una ensoñación que permanecería en incógnita para siempre y con suavidad susurró algo ininteligible. El caballero de opalinas alas se decidió a pillar el papel mas cercano que de un mágico movimiento transformó, en medio de una llamarada en una bella rosa azul y miró a la pluma con decisión. Como si de un demente se tratara acercó la pluma a la rosa y murmuró. 

-Ahora vemos a escribir esta bella aventura, para que la lea y sonría, porque su sonrisa es lo mas bonito que se pueda contemplar en este y otros mundos. Parafraseando a mi amigo el lobo feroz de los tres cerditos leerá y leerá y entonces sonreirá.- 

Y con la rosa cerca de él y la pluma en la mano, agarró otro papel y se dispuso a escribir y escribir hasta que la historia terminó mientras ella dormía plácidamente, agarrada en a él en medio de un giro inesperado que le hizo sentir su figura. nunca se sintió aquel ser atormentado tan feliz. 



sábado, 17 de marzo de 2012

La creación

La silenciosa quietud de aquel lugar era, al contrario que en cualquier otro sitio invadido por el silencio, un remanso de paz en el que ningún sonido subyacía. Las única trazas de sonido era el de una respiración tranquila que aseguraba una paz interior mas que evidente. En esa basta área que asemejaba el infinito nada parecía fuera de lugar o proclive a crear problemas. Dos ojos se abrieron poco a poco y exploraron el lugar en el que se encontraba un hombre o joven de aspecto descuidado que quizás suponía el único elemento de caos que podría reinar en ese emplazamiento lleno de tranquilidad y paz. La confusión se hacía en su rostro y no sabía como era posible que él estuviera en aquel lugar que pocos merecerían de pisar o habitar pues parecía que no había suelo, la sensación que se transmitía. Aquello parecía el cielo. Mas incluso que el cielo parecía el comienzo de una historia que tuviera pendiente la presencia de un escritor que hiciera de poderoso creador. Pero no porque en sí aquello que su mente imaginara o pudiera tratar de imaginar no se hacía realidad como en aquella historia que había leído en cierta ocasión.


La sensación de estabilidad era algo verdaderamente ambiguo en ese lugar. Se sentía una especie de necesidad de tocar el suelo pero no se podía distinguir en medio de aquella nada. En todo momento algo rozaba la espalda o los pies del recién llegado como si una superficie basta y muy amplia quisiera ayudarle a aposentar el cuerpo en aquel lugar lleno de nada. Que lugar era aquel nadie lo sabía pero aun así transmitía una calma en la que se podía llevar a cabo una verdadera expansión de la mente. Sin necesidad de casi ordenarlo a la mente, dos ojos se cerraron y se dejaron llevar por los pensamientos a través de una realidad paralela en la que esa blancura virgen comenzaba a llenar los sentidos y a multiplicar las capacidades de imaginación junto a mil virtudes mas de todo ese lugar. Una extraña seguridad se hizo en la mente de aquel ser solitario que había sido traído a ese lugar con algún pretexto mas allá de lo que pudiera imaginar una mente mortal como la suya. Los ojos se abrieron y miraron las manos. En su piel se desprendía una especie de claridad mas allá de la palidez ya habitual, una especie de energía que parecía fluir desde su cuerpo hasta ese basto espacio confundiéndose en la distancia con la blancura restante sin embargo el color era algo diferente, como cuando se mezcla un blanco con otro tono de blanco o cualquier color con un tono de ese color ligeramente mas claro u oscuro. Cualquiera que no estuviera ahí y fuera un espectador casual pensaría que esa entidad de extensión infinita estaba fundiéndose con las energías de aquel visitante, un inquilino que quizás no llegaba muy tarde o muy temprano.


El miedo no llenaba el pensamiento de aquel creador de mundos que tantas batallas y hechos luctuosos o eróticos había retratado con palabras desquiciadas o sutilmente medidas en tantas ocasiones. La energía que se desprendía de sus dedos fue poco a poco volviéndose de un tono mas oscuro para después volverse claro, algo que causó verdadera sorpresa en la mirada de ese caballero. Aquellos colores le hicieron pensar en algo y de pronto su espalda chocó contra algo. Aunque la palabra correcta no es chocar, pues ello incluye pensar en hacerse daño, sino que mas bien pareciera que poco a poco lo habían posado sobre una superficie después de trasladar su ya de por si liviano cuerpo en un suelo o algo similar a un suelo, pues no era completamente sólido pero al mismo tiempo afianzaba el peso, fuera el que fuera, y lo sostenía de forma bastante eficiente. Con mucho menos esfuerzo del empleado en ponerse en pie en el mundo ´´real´´ del que fue desterrado sin juicio previo se puso en pie y miró a su alrededor. Algo sostenía sus pies pero resultaba invisible en un blanco sobre blanco que no tenía forma alguna de ser distinguido para hallar quizás un posible relieve. Un paso vacilante fue dado y esa extraña superficie sostuvo su pie con la seguridad de su corazón y la firmeza de los juicios de aquel Dios del que renegó hacía mucho tiempo. Otro paso mas y el mismo resultado y otro. Lo que se había supuesto por una especie de energía que fluía de su cuerpo ahora parecía volver a este en cantidades mayores de las que había cedido, como si aquel lugar quisiera entrar dentro de ese cuerpo débil por enfermedades a lo largo de los años. Una idea furtiva se coló en la mente de aquel que algunos denominaban monstruo y otros escritor prometedor. Parecía que su mente deseaba reflexionar. In mas esperanza de salvación o al menos una idea de que hacer o sospecha de posible futuro fuñe caminando y reflexionando al mismo tiempo.


Observándose las manos de vez en cuando trataba de pensar en temas banales directamente relacionados con ese lugar. pensaba en quizás el motivo que lo había traído ahí. Pero nada se le venía a la cabeza con respecto a eso por lo que intuyó que había muerto de alguna forma que ahora mismo no recordaba, quizás de una forma terrible que su mente se negaba a rememorar como norma interna de esa nada absoluta en la que se encontraba. Quizás ese cambio del que tanto se hablaba. aquello que sucedería en un lejano pero a la vez cercano diciembre de ese año en el que recordaba vagamente haber vivido. En su mente se movían escenas sueltas que le causaban una gran y vívida sensación de extrañeza. El no recordaba nada mas bello que todo lo que pasaba por su mente y una intuición cruzó su pensamiento. Fue rápida, como quien cambia el escondite en el que se oculta por otro lo mas rápidamente posible. Buscó dentro de si mismo y esa sensación volvió a hacerse presente esta vez acompañada de algo que rozó su brazo y le hizo girarse en la dirección asignada por su instinto de conocimiento. Nada mas que la Nada. Otra nueva intuición y esta si que fue agarrada por una fuerza con la que obligó a cantar alguna verdad, pero esa intuición era muda por lo que tuvo que mirarla a los ojos y leer en su mente, sintiendo que algo le invadía su intimidad de forma progresiva, una conciencia extraña que parecía moverse por instinto y a la vez pánico. Entonces cayó en la cuenta de todo. 


Sin la mas mínima duda ni tiempo de reflexión extendió sus manos y apuntó a un punto indistintamente escogido. de entre sus dedos comenzó a flotar aquella extraña y blanquecina esencia que a medida que avanzaba creaba una gama de colores inimaginable. Como el artista loco que tira cubos de pintura dentro de una gran cubeta y lo vierte sobre el lienzo en blanco, aquello se asemejaba bastante pero como si de los dedos surgieran chorros. Y cara chorro parecía tener un caprichoso destino, todo acorde a los pensamientos de aquel creador que de mundo en mundo había viajado para poder encontrar algo que fuera calificado de perfecto para él. la sensación al derramar todo aquello sobre ese basto lienzo en blanco era algo que no se podría describir de ninguna otra manera. Las sensaciones de poder se acrecentaban y una gran mancha marrón con la forma desdibujada de un legendario dragón se hizo presente, rugiendo para estrellarse mas allá en una distancia no muy fácil de precisar creando un cúmulo de pintura. De otro de los dedos no paraba de salir un color verde césped que poco a poco se derramaba desde su falange hasta el suelo extendiéndose rápidamente por el lugar. Aquello parecía destinado a ser una verde pradera, o eso pensó el escritor, que narraba la historia de la creación de ese mundo en su mente. Aquel pensamiento, acompañado de metáforas y cultas palabras se hizo una palpable realidad cuando de aquel manto de informe verdor se fueron elevando unas hebras llenas de frescura que derramaron el olor de la hierba fresca por sus fosas nasales. Cerrando los ojos y hablando lentamente el narrador de aquella historia, presente en todo momento y consciente de su poder fue creando un mundo.


A aquella fresca hierba le surgieron los árboles y las montañas mas altas que cualquiera pudiera imaginar. En las cumbres de esas, la nieve de las partes mas bajas se fundía para poder correr a través de la tierra y a lo largo de ella en toda una suerte de ríos y manantiales que podían saciar y limpiar la sed y el cuerpo así como restaurar las fuerzas de cualquier viajero casual. La tierra respiraba en oxígeno y gracias a las obras de aireo que suponía estar recién creada. En donde el dragón se había estrellado se encontraba una colina de tierra y roca bastante solida que daba una de las primeras notas de relieve junto a las montañas. Lo que parecían dos alas no formadas del todo estaban alzadas al cielo en un último reclamo ye intento por emprender el vuelo que nunca mas se llevaría a cabo o quizás sí, pero eso ya es otra historia. En aquella colina se fue creando mas y mas detalles en los que poco a poco se iba definiendo lo que hacia único a cada elemento. una montaña de fuego a lo lejos, una de hielo en el otro extremo, un tremendo arco iris que iba derramando flores por todos lados llenando aquel mundo con la variedad de mil colores, o quizás de diez mil. Las primeras criaturas definidas aparecieron y se hicieron presentes los cantos de los pájaros que daban su recital entre las ramas de los grandes árboles los cuales departían sobre aquello que les causaba mas molestia o lo que gozaban de hacer cada vez que nadie miraba o los escuchaba. Lo hierba ya formada alcanzaba a la altura de las rodillas y de los tobillos, todo ello a depender del sector de aquel campo en el que se pusiera uno a explorar. Las rosas fueron cayendo a lo largo de todo un reguero de esplendor en el que nada parecía dar un solo matiz de oscuridad pero tampoco de luz. Todo seguía apagado. En aquella nada había color sí, colores de luz pero no había la luz necesaria. 


Los zorros y las ardillas estaban correteando por ahí ya. Las marmotas y los lirones estaban agazapados en sus refugios de invierno, despertando a la nueva vida que se les había concedido con la imaginación de aquel ser triste que ahora se encontraba pletórico y ocupado. los aullidos de los lobos se fueron escuchando como si vinieran de muy lejos para después hacerse mas cercanos. Con suavidad las primeras risotadas de las ninfas y sus bailes se hicieron sentir sobre la fresca hierba y las dríades estaban al corriente de que nadie perturbara la tranquilidad de los bosques que protegían. una explosión se hizo escuchar, primer aviso de que se estaba cerca de una veta de diamantes, algo que los enanos celebrarían. Lejos, ya imposible de escuchar hasta que uno no arriesgara la vida para poder deleitarse con el espectáculo, los elfos celebraban su nacimiento. Una gran sonrisa cruzaba el rostro de ese ser abyecto que estaba esforzándose al máximo. los ejércitos de hipogrifos pasaron sobre su cabeza para dar protección aérea en alguna batalla lejana en países que no alcanzaba a ver si ojos pero sii su poderío creador. En las profundidades de los mares los delfines jugaban entre ellos y por encima o debajo las ballenas hacían que los cantos de estas se escucharan por donde quiera que uno metiera la cabeza. los peces se escondían de los peces mas grandes para no ser devorados. Alguno aun dejaba escapar una mancha de color señal de su reciente creación. los pájaros de la costa se lanzaban a por las presas mas cercanas con sus largos picos. Aquel creador se sentía pletórico y entonces, apuntando a la colina del dragón se centró en todo su esfuerzo por crear la obra humana mas bella del mundo. 


El flujo se frenó por un momento y los ojos se cerraron visualizando aquello que quería. Y entonces abrió los ojos y apuntó directamente a aquella colina extendiendo sus dedos y narrando la caída de unas piedras desde el cielo que efectivamente fueron a dar en el lugar justo en forma de grandes manchas de una especie de esencia ni liquida ni vaporosa. El cúmulo de colores se fue haciendo mas y mas denso hasta que aparecieron las primeras definiciones de las murallas. en las que se encontraban grandes detalles de flores y escenas donde seres fantásticos llevaban a cabo todo tipo de actividades. caídas en un pétreo baile, las rocas fueron avanzando al interior de ese cerco en el que se fue formando un suelo totalmente plano de losas de un mármol blanco así como poco a poco se fueron acumulando formando la estructura del castillo que pretendía aquel escritor fuera el único edificio de todo aquel bello lugar. Y es que nada había mas bonito que la naturaleza a los ojos de aquel creador, de ese caído en las garras de miles de sentimientos y emociones. Aquel castillo brillante y majestuoso poco a poco fue tomando la forma de la mas basta fortaleza que no dejaba de conservar a su vez una discreción natural con matices engañosos. la sonrisa cubría el rostro del escritor que poco a poco movía los dedos como si estuviera escribiendo aquella historia llena de esplendor y de luz. En el aire los colores se mezclaban para caer como cuervos sobre la carne putrefacta fusionándose con el resto de la estructura como i fueran injertos de piel. Por las ventanas recién formadas se colaban las mas diversas tonalidades que poco a poco iban tomando la forma en su interior de muebles y de todo tipo de cómodos asientos así como armarios y mil detalles mas. Armas, laboratorios una gran biblioteca para albergar mucho conocimiento, todo eso y mas comenzaba a habitar el lugar. En una de las ya formadas torres. Todo tubo el mas bello de los sentidos. 


Aquello fue creador desde otro lejano lugar a las manos e ideas de muchos amigos y enemigos de aquel que había ´´muerto´´. Su corazón latía fuertemente pues en cada pensamiento se enhebraba una historia digna de ser escuchada o que pretendía serlo para provocar la sonrisa y la emoción de aquel que le quisiera escuchar. Con una última pincelada una bandera en la que lucia un aterciopelado fondo negro hacía destacar con mas fuerza una solitaria rosa azul en lo alto de la torre y en las esquinas de las murallas tan bellamente decoradas con múltiples escenas de caza y de la vida cotidiana de otras especies inteligentes. Pero todo seguía sin oscuridad ni luz. Por lo que fue hora de crear el día y la noche. Con determinación aquel fallecido apuntó al cielo y suavemente susurró las palabras con la que definía el sol en su mundo. Fue solo una palabra y no era el nombre del astro rey en ninguna de las otras religiones ni culturas que habían precedido a la suya. Una gran voluta impregnada en colores de gran brillo y luminosidad hizo que se elevara un sol a los cielos y este desprendió y desparramó su luz a lo largo de todo aquel mundo con una luz especial que él tenía como foco y faro guía en los momentos de mayor y menor dificultad. Visualizando una sonrisa se hizo la noche y en el cielo desparramo mas color, pequeñas pintas blancas que fueron tomando forma para ser las estrellas en el cielo nocturno, ne medio de las noches de pasión y suaves confesiones. Un leve  pero notable estremecimiento y el sonrojo acudieron al cuerpo de aquel creador al imaginar algunas cosas. Sacudiendo un poco la cabeza se centró en todo aquello y final mente el último detalle se llevó a cabo. Unas grandes alas fueron creadas saliendo desde sus dedos hasta posarse en su espalda, apegándose con firmeza y perfectamente adaptadas a vuelos altos, largos y rápidos. 


Entonces miró las puertas y esperó largo rato a que ella saliera para que contemplara ese mundo. Nada pasó. poco a poco la sonrisa se fue borrando de su rostro ¿que iba mal?. Miró a todos lados recontando árboles, bosques, montañas, tropas, criaturas inteligente y no inteligente, las hojas de cada árbol, cada grano de arena de cada playa y cada desierto. Las puertas seguían sin abrirse y el horror se hizo en su pecho. Aquello no era un mundo ni un sueño, era la mas vil y cruel pesadilla que pudiera vivir alguien como él, tan acostumbrado al dolor emocional pero que ni por asomo podría resistir un mundo sin aquello. Cruel tortura era aquello tan bonito que veía hasta que despertó. 


Despertó empapado en sudor, con la respiración alterada y una fuerte angustia en su corazón. Abrió las cortinas negras con pequeños detalles que daban cabida a muchas historias de alta intensidad y miró al exterior. Too tal y como lo había soñado. no podía ser tan terrible sus destino. De un salto se levantó y ni la puerta usó, sencillamente saltó por la ventana y el viento lo elevó por los aires en un rápido vuelo a la búsqueda de aquello que había causado tal horror. No lo encontró. Miró a todos lados a la búsqueda de aquello que le tenía tan acongojado y trató de pensar con lógica. Se dejó llevar por la Brisa hasta que dio con el paradero de ella. se encontraba feliz, bailando con unos cuantos elfos, luciendo su vestido regalo de los mismos para que su sonrisa nunca muriera. En su cabeza una corona de rosas azules intercaladas con rojas y amarillas. Respiró tranquilo y se hizo ver ante los ojos penetrantes de aquellos seres milenarios y de leyenda. hizo una reverencia a la que correspondieron. Él no era nadie aun siendo creador de mundos para faltar al respeto a tan nobles (y a veces algo altivas) criaturas. Sin dudarlo por un momento se acercó a la musa y susurró suavemente muy cerca de sus labios. 


-Estoy aquí para decirte que hoy morí y en el lugar donde me encontraba no estabas tu, así que decidí volver para seguir a tu lado. ni en otra vida te puedo olvidar, ya sea en la mas eterna gloria o la nada mas vacía y miserable... 



jueves, 15 de marzo de 2012

La Bella durmiente

Su dulce rostro estaba apaciblemente tranquilo. En la cara de ángel se perfilaba una pequeña sonrisa que daban ganas de ensanchar mas y mas. Dos ojos se impregnaban en la mas irresistible ternura cuando se posaban sobre aquel rostro en el que había visto tantos cambios que nunca le harían cambiar, una bella paradoja digna de mención en cualquier tributo a la eternidad de su belleza. El cabello se extendía todo hacia una única dirección, extendido cuan largo era y mostrando perfectos reflejos de la luz y la estrellas. La piel ofrecía un perfecto y cálido contraste ante la frialdad de esa noche en la que la luz lunar se filtraba, entre nube y nube, como única señal para que los lobos de vez en cuando aullaran sus tonadillas de guerra. En ese cómodo dormitorio propiedad de la beldad yaciente que ahora tenía sus ojos cerrados en profundo y tranquilo descansa todo era la mas absoluta quietud con una pequeña salvedad. Un invitado inesperado pero con buenas intenciones se había colado en aquel sitio tan apacible y mágico, lleno de elementos de gran riqueza y fantásticos. Dos ojos animales que irradiaban un anhelo eterno se posaban sobre aquel apacible rostro, ese tranquilo espejo del alma que revelaba y ocultaba muchas cosas, unas mas pequeñas que otras, unas mas terribles y maravillosas que otras, pero a fon de cuentas y todo bien unido era un universo entero que explorar y en el cual dejarse atrapar.


La respiración del inquilino era tranquila, reposaba aunque por su mente pasaban escenas, ideas, frases, palabras y gestos que revelaban una intensa actividad que dejaba agitado. En su interior calculaba el momento y el tono en el que decir algo, en el que ella sonreiría y se sonrojaría. Aquellos ojos llenos de una extrañeza total, como si fuera el reencuentro mas bello del mundo con la misma Astarté, no paraban de mirarla y lo cierto era que no dejarían de mirarla de no ser porque siempre alguna batalla surgía, o algún problema, o algún llanto en la mas clara de las mañanas u oscura de las noches. Esos ojos teñidos en las llamas del deseo y la lujuria sencillamente guardaban unas ansias enormes de despertarla con un beso profundo y largo, hasta que uno de los dos se quedara sin respiración. Con suavidad susurró ese nombre y una sonrisa se formó en sus labios como un hechizo de felicidad que pueda ser invocado sin ningún coste ni entrenamiento en alguna cara escuela de hechicería. Con suma delicadeza y sigilo una ala negra que desprendía pequeños brillos al roce de la luz de la Luna con las plumas se cercó a su rostro y dejó una pequeña caricia en esa mejilla ni muy abultada ni muy hundida, perfecta para ser agarrada por una abuela muy cariñosa o para acariciarla por toda una noche de la vida sin notar al hueso de la mandíbula. Un suave suspiro se hizo notar en el movimiento de sus perfectos labios, los cuales observaba con un sentimiento producto de mezclar la avidez, el deseo y la mas entregada ternura y mimo. Esos labios suaves y tan atractivos que podían hacerlo tranquilizar o estremecer de deseo, hacer que deseara comerlos con voraz depredación. En su mente se formaban escenas que lo turbaban y hacían que sus ojos se abrieran para tener el pretexto perfecto y así culminar un acto de pasión sin precedentes. Pero ella debía de reposar ya que en su rostro se reflejaba el cansancio.


Los ojos voraces y anhelantes se pasearon por su rostro y bajaron por suave curva de su cuello y hombros pasando por esa clavícula descubierta revelando la piel de un hombro tentador y sutilmente mostrado que llamaba a ser besado y a ser depositario de susurros y enfervorecidos suspiros. Las sábanas se había deslizado dejando revelar esa parte tan seductora de su anatomía. Como buen caballero poseedor de una inmerecidas alas pues a su juicio había gente como ese ser maravilloso que dormía que las merecían mas, subió ligeramente la manta y la arropó con delicadeza, vigilando de  no ser causa de un despertar prematuro. Un pequeño suspiro salio de esos labios tan acostumbrado s pronunciar el nombre de Dios en vano y de mancillar su nombre una y mil veces. Que ironías tenía la vida, pues él estaba convencido de que ante si tenía a ese poderos ángel, fuerte, correcto, sutil. perfecto, que había caído del cielo quizás por causar la envidia del resto de ángeles del cielo. Un ángel tentador que era capaz de hacerle estremecer en un lento roce de esos labios que momentos antes estaba mirando. Sus ojos siguieron paseándose por las curvas que se perfilaban debajo de mantas y sábanas en esa fría noche. Aquellas curvas mostraban un busto firme y unas caderas y cintura bien formadas. Con todo nadie podría adivinar si estaba vestida o se mostraría como Dios la trajo al mundo en caso de que sus tapaduras azuladas desaparecieran de pronto. Aquello le atraía poderosamente de ella, junto a ese primer momento en el que mostró que aquellas alas que paseaban un par de plumas en leves roces por su rostro tenían la verdadera utilidad de hacerla sonreír. Aquellas alas eran de pertenencia de ambos. Como el ya clásico anillo de bodas en el dedo de aquel que se ´´ama´´, esas alas eran símbolo de ella pero en el cuerpo de él, nadie mas tocaría esas alas hechas con el mas bello mineral jamás encontrado en la tierra. Él haría lo que fuese por aquella sonrisa y no olvidará el día que presentó ante esa Musa unas bellas alas que poseían el brillo de miles de estrellas multicolor.


Con suavidad cubrió su cuerpo con el otro ala y cálidamente se fue acercando a ella. Su acercamiento se vio interrumpido por un movimiento de sus bellas piernas con las que tan bellas danzas podía llevar a cabo en el cual quedaron al descubierto sus pies, a los cuales rendiría mil países si ella así lo demandara con todo un ejército de demonios, ángeles, lobos o lo que gustase en usar como tropas invasoras. Con suave gesto tapó sus pies no fuera que se enfriaran y miró a la luna que asomaba por la ventana y las estrellas que parecían guiñar su fortuna al precioso rostro de esa criatura magnífica, admirable, seductora, comprensiva, intuitiva, tierna, inspiradora. No había palabras suficientes en ese y otros mundos para definir todas las excelsas virtudes que basaban la personalidad de semejante maravilla andante, una bendición que llegó un lejano día ya hace mucho tiempo, ese día que no se sabe con precisión pero que él impondría como fiesta nacional. Los tapices de las paredes también mostraban ahora escenas en las que el sueño y el abrazo de Morfeo era el núcleo escenográfico. Tanto los grandes sabios como científicos estaban en sus escritorios durmiendo tranquilamente, las ninfas dormitaban mientras algún búho iba de cuadro en cuadro dejando un desagradable regalo sobre papeles teñidos de conocimientos. Por capricho de la luna esta se irguió en el firmamento traspasando con sus rayos el cristal en lo alto y dio con su suave y fría luz en ese rostro moreno que se vio mas embellecido que nunca. Un suspiro no pudo evitar echara volar entre los labios y al siguiente momento un grito de susto casi ahogado al descubrir el caballero dos ojos que le miraban de frente. Ese grito fue acallado por un frío y gélido dedo perfecto que se posó sobre sus labios, dando a probar el sabor de una piel recubierta en la seducción y la cercanía de la muerte. Por supuesto ese tipo de detalles pasaron desapercibidos pues el caballero de grandes y protectoras alas se encontraba ocupado conteniendo los latidos acelerados del corazón.


La poderosa mirada que hostigaba a la suya propia no podía ser mas turbadora, capaz de sonrojar al mismísimo diablo y hacerle mirar para otro lado. Pero el diablo no estaba imbuido por la locura y ese caballero sí. En su mente se formaba todo un remolino de preguntas sin respuesta, de hipótesis sobre el siguiente movimiento de aquel ser que estaba diseñado para atraer y doblegar las voluntades de toda la humanidad si así se le viniera en gana. Su silueta estaba perfectamente delineada por la luz de la luna que se colaba a raudales desde la cristalera del techo y al hacía parecer mas temible a la par que atrayente. En sus labios una sonrisa dejaba entrever dos afilados colmillos que no habían probado sangre humana desde hacía mucho tiempo. Ella era capaz de destrozar la mas férrea de las intenciones asesinas de cualquier conquistador o hacerse con el control absoluto de todo aquello que le viniera en gana. Loa imperios y las normas no tendrían sentido el día que esa dama abrazada por la muerte y de aspecto tan majestuoso decidía entrar en la acción de esa obra de teatro que era la vida en su papel protagonista. Suavemente ese dedo fue bajando lentamente pasando por el centro de la garganta y una leve caricia se hizo sentir en el cuello, donde una palpitante y nerviosa yugular regaba sangre a un cerebro que estaba rogando a los dioses por ver un amanecer mas de los ojos que estaban cerrados en ese momento y por otro lado deleitándose con la sencilla pero irresistible seducción. Esos dedos lentamente pasaron a un hombro huesudo y parecieron deleitarse unos instantes en la bajada por el torso bañado en luz azul de la cristalera. Se frenaron en el corazón y las miradas se cruzaron. El corazón latía tranquilo con la imposición de toda la voluntad del mundo. Ese corazón latía firme y a la vez nervioso como deseando estallar dentro del pecho cuando los ojos se posaron en ese ser durmiente que murmuró un par de palabras casi ininteligibles.


Aquello rompió el hechizo y sin posponer ni por un momento lo que el deber le dictaba tomó la mano de esa seductora criatura, fascinante, oscura y besó con delicadeza sus dedos dedicándole una sonrisa entre cómplice y pícara, como quien deja algo pendiente en el aire. Susurró una disculpa y dejó en uno de sus dedos un anillo en el que relucía una reluciente y rosa negra de ónice. Con ternura se acercó a la Bella durmiente y le susurró suavemente en el oído palabras que tranquilizaran sus sentidos todo aquello que le pudiera alterar en ese mundo de los sueños. Le contó un cuento de caballeros y tesoros que resultan ser lo que menos se espera. Le dijo mil cosas que ella respondió con dos o tres palabras que le hacían sonreír al escuchar esas lindas locuras tan llenas de sentido. Con delicadeza rodeó su vientre y le besó el cabello envolviéndola en dos poderosas alas que pretendían protegerla incluso en los sueños de todo aquello que la pudiera asustar. Sin pensarlo le susurró tiernas palabras impregnadas en otras verbas a las que los humanos no podrían  poner significado ni en un millón de años. Cada susurro era un soldado enviado al frente a desempeñar un cargo de suma importancia: que aquella sonrisa, luz de la libertad, esclavizadora de voluntad, foco y guía del errante desesperado nunca dejara de brillar. Le llevó por mundos maravillosos en los que nada era malo y todo era un constante bien para el espíritu y el alma. Aquellos ojos antes salvajes y voraces ahora estaban llenos de un cariño que nadie mas inspiraba dentro de su corazón. Ella había hecho tantas grandes cosas por él y él nunca sabría como agradecerle. Retiró un pétalo azul que cayó en el cabello de ella y otro en su mejilla optando al final por hacer un improvisado dosel con una de sus alas, la cual se extendió como el día a lo largo del mundo y dejó caer suaves reflejos en la dulce cara de aquella que inspiraba esta historia.


Como por invocación a la misma luz en forma de collar de perlas que se abre a través de dos rayos que eran sus labios, una sonrisa majestuosa y casi imposible de imaginar en un mundo real se hizo presente. Entonces aquel caballero y sus alas sabían que habían vencido aun sin haber despertado a la Bella Durmiente


Y así termina esta historia, o mas bien continuará en otro momento la sucesión de locuras y la dedicatorias a los seres fascinantes, seductores, terribles y bellos que habitan los mundos de una mente loca como la del escritor de estas lineas y la de la Musa creadora e inspiradora de sueños y fantasías. 


domingo, 11 de marzo de 2012

El niño asustado

Un niño solitario se agarra a un libro de poesía. Sus dedos se aferran a las malgastadas cubiertas en las que se puede leer un desastrado título de nombre sencillo pero incógnito. En sus ojos miedo y tristeza pero no lágrimas, pues la sombra se alimenta de estas y no le quiere dar el gusto de ser alimento de aquella que habita entre lo oscuro. Se encontraba su pequeño y delgado cuerpo tendido en un camastro pobre con unas pobres sábanas con dibujos de animales escasamente detallados. Su mirada se clavaba en un techo desvencijado de madera por obra de la inclemencia de un tiempo que a veces era caluroso como el mismo infierno o frío como uno de los dos extremos del mundo. Una sencilla vela era lo único que se encargaba de presentar resistencia contra la inminente noche que se acercaba en ese momento. Y aun así las primeras voces de la sobra pues tenía muchos aspectos y comportamientos se hacía escuchar entre los rincones en sombras de su pequeña habitación en la que unos pocos muebles representaban potenciales refugios de pesadillas y monstruos. Con ansias se aferró a ese pequeño libro que no solamente tenía rimas o versos blancos sino que entre sus lineas se podían advertir consejos, profecías y mil cosas mas. Mil veces habían leído esos ojos impregnados en miedos e inocencia esas palabras y siempre se dedicaba a mirar la portada del libro, a la chica de oscuro cabello y mirada tan profunda y especial. No se interrogó a si mismo y en ningún momento si existiría en la realidad esa chica, sencillamente lo dio por sentado y dijo que algún día la buscaría. 

Con la mirada llena en dolor y tristeza caminó por la vida de pequeña aventura en pequeña aventura, tratando de observar en todo momento las miradas de toda cuanta chica se cruzaba en su camino a la búsqueda de la que estaba retratada en ese libro. Fue a muchos lugares en los que pasó miedos cuando llegaba la noche. Pero también lo dedicaba a inventar, a imaginar mundos y aventuras en los que salvaba a esa chica que con el paso del tiempo, influido por miles de buenos poetas y caballeros, se convirtió en una dama. Con cada paso que daba su cuerpo y mente se desarrollaban, se dejaban envolver en las palabras de otros libros y de otras historias impregnadas en mil detalles. Pero no había detalle o frase mas bella que la que rondaba su cabeza, bajo la forma de un suave y sedoso susurro, unas palabras cuya fecha de llegada a su mente desconocía. A sus ojos tristes se les sumó la frustración y el sentimiento de rechazo cuando descubrió aquello que podían causar las curvas de una mujer así como las crueles palabras que salían de sus bocas, solamente de cara a todas las damas de la corte y del mundo entero y nunca hacia aquella que estaba retratada en la portada de ese viejo libro de páginas teñidas en muchas cosas bellas y llenas de romanticismo. Cada noche, ya mas mayor, los miedos le seguían acechando, desde el miedo a la soledad hasta el miedo a la muerte en la misma soledad, miedo a los enemigos que se burlaban de él, de ese caballero con ojos de niño triste y asustado. Solamente le tranquilizaba los ojos de aquel ser que portaba un elegante vestido de un tejido mas pesado que el aire pero menos que el agua, que se encontraba en pie en medio de una grácil y tranquila postura que podía ser el inicio de una danza o de un combate. 

Fue aprendiendo muchas cosas e imaginando otras tantas. Se cruzó con entidades que parecían pertenecer a un mundo exclusivamente dedicado a placeres ilimitados y llenos de aspavientos así como a pérfidas serpientes cuya lengua era venenosa en extremo. Vio una pradera llena de trampas ocultas y en la que lo bello era sencillamente la oscuridad que subyacía y engañaba a la mente y los sentidos. Viajando por otros mundos fue dueño indiscutible de castillos y corazones, ganador de batallas impensables, luchó junto a todos aquellos valerosos guerreros que servían fieles por siempre a la madre Gaia. Pero ante sí siempre había daño o tristeza, siempre una herida en el corazón, una palabra negra que escondía mensaje de muerte o desesperanza para ese alma frágil que gemía en dolor por las noches cuando la sombra le acechaba y le devoraba. Se dejó seducir por esa alma y se volvió lascivo y sádico. Sin embargo la sombra no le podía arrebatar dos cosas: el respeto a la mujer y aquella mirada que en su mente dejaba retazos de paz cuando los límites eran sobrepasados. Conoció los placeres del dolor ajeno siempre consentido y los de la sangre siempre cedida de forma voluntaria. Y en todo momento había miedos y tristezas en su corazón salvo cuando veía aquellos ojos en los que se desvanecía como la sangre de un pez en medio del mar todo aquello que le volvía un ser oscuro. Se hizo dueño de mujeres de gran belleza y fue seducido por esas mismas mujeres en algún momento. Lo pudo haber tenido todo pero en ese momento, ya armado caballero, solo quería aquello en lo que había soñado en encontrar un día. Fue dueño de los cuatro elementos y levantó teatros enteros con un espectáculo de magia que nadie mas podría imaginar. 

Sus viajes algunas veces le hacían detenerse en detalles especiales que podrían ayudarle a mejorar ante los ojos de aquella dama que tanto estaba buscando. Ya le veían como un obsesionado y un demente pero quizás aquello era l único a lo que no hacía caso en absoluto. Muchas veces la brisa acariciaba su rostro a través de los agujeros dejados en las paredes de aquella habitación que le había visto crecer. Los suspiros salían de sus labios y sus ojos repasaron de nuevo las lineas que hablaban sobre el color del cielo y sobre pequeños detalles, metáforas que el quizás nunca alcanzaría. frases sencillas cargadas de la fuerza de la mas brutal arma jamás creada por el hombre. Aquellos ojos, desesperados en momentos por encontrar una pequeña pista dieron entonces un buen día con una pequeña pista en uno de los poemas que estaban impresos en medio de aquella magna obra que parecía no tener mas ejemplares. 

La luna la peina a ella 
Sonríe, reposa tranquila
donde el cielo se impone
mediante pétalos en la tierra

No podía ser. Tan obvio y delante de sus narices como otra tantas cosas que se le ocultaban y sus ojos de ciego no habían visto. Trató de recordar con toda la fuerza del mundo el destino que debía de tomar y entonces con la mas fiera decisión abrió las ventanas y miró en dirección al este, al oeste y después hacia arriba buscando en medio de aquella noche y desterrando a la sombra de sus preocupaciones por un momento. Con decisión se dirigió al primer bosque que encontró y trato de preguntar a los árboles pero estos lo le dieron mas que un eterno saludo en el que no había mas indicación que la de crecer a un ritmo tedioso y lento. Aun así se sentía en paz mas su viaje continuó hasta que dio con un pequeño retazo de esa pequeña verdad que se ocultaba entre los versos de aquel libro del que en ningún momento se desprendió y se acercó al mar. Al mar le pidió indicaciones pero este, furioso por un motivo incomprensible trató con todas sus fuerzas de arruinar el bello contenido de aquellas página con aguas frías en las que la sal se mezclaba con la ira y la fiereza de la mismísima naturaleza. Aquel confesor de secretos parecía revelarse cuando se hacía referencia a todo aquello que tenia que ver con ella. Los miedos se hicieron de nuevo con él y una lágrima salió de sus ojos permitiendo a la sombra de nuevo hacerse con el control de su interior. Con rabia y los rugidos de fondo, entristecido y sumido en la mas profundamente melancolía, ese niño asustado y lleno de miedo y tristeza emprendió un camino en solitario a la búsqueda de lo que parecía ya un imposible. La desesperación se hizo al no ser escuchado ni siquiera por aquello que consideraba transparente y sin la mas mínima muestra de trampa en los rugidos del mar.

Mucho tiempo después, en medio de un lento vuelo por obra y gracia de dos alas que poseía desde que tenía memoria, de nuevo le asaltó todo aquello que había vivido y un pequeño sollozo se liberó de su cuerpo, de su alma entristecida. Que tonto había sido de creer que alguien de su escaso nivel podría encontrar en esa vida o en ese mundo algo tan magnífico, que desprendía tanta bondad, poder, misterio y fascinación. Ni el sol mas brillante, el cual arrancaba reflejos multicolor a unas alas que hace tiempo que poseía en su haber de imaginación lograba infundir algo de calor a su cuerpo y mucho menos a su corazón y alma. Sin poder mas aterrizó y se mantuvo en aparente calma con un torbellino de sufrimiento recorriéndolo por completo hasta que de nuevo, como una medicina, sus ojos se posaron en los de aquella dama que tenía la capacidad de dar mas paz que la mismísima observación del espacio y sencilla todo se calmó, todo se cerró y las lágrimas no brotaron. Se levantó y siguió caminando. Aquella dama reflejada en la portada tenía una serie de virtudes casi milagrosas con su sencilla visión. Seguramente no hubiera en la tierra mas excelsa y bella criatura. Sus pulmones se llenaron con el aire de los campos y la esencia de las flores entre las que paseaba hasta que... 

La vio a lo lejos, y pensó estar enloqueciendo por la sencilla idea de encontrarse algo mínimamente parecido a la dama que protagonizaba la escena de aquella portada desgastada por los años y las aventuras así como las lecturas constantes. La mujer de la portada de aquel pequeño manuscrito encuadernado tenía una mirada que creyó ese recientemente armado caballero como una leyenda y sueño imposible  hasta que en ese día, caminando por un extraño campo de rosas azules que crecía a los costados del camino vio a lo lejos una figura causante de toda la fascinación del mundo, una dama que estaba siendo peinada por la Luna con peine de plata pura. Comprendiendo todo, sintiendo el corazón acelerarse, se acercó a la dama que parecía en si misma hasta que una rama rota le alertó y se giró hacia ese ser atormentado, ese niño asustado con la tristeza y la inocencia en los ojos, la ilusión y a la vez la desesperación ante la idea de que fuera precisamente eso, una ilusión. Pero ya no le quedaba cordura y como si esa situación fuera la mas normal del mundo se acercó a esa dama, la que colmaba sus pensamientos muchas veces en las noches y la cual era el único remedio ante la tristeza y la desesperación de la sombra. La miraba fijamente, con la fascinación pintada en el rostro y Se extrañó de ver aquella mirada reflejada en los ojos de la criatura mas bella que haya existido en ese y otros mundos. Sin mas se acercó a ella y le tendió la flor, rodea su cintura y susurró suavemente muy cerca de su oído unas palabras, aquella frase que luchaba por soltar desde hacía tanto tiempo...