miércoles, 15 de enero de 2014

Confesión.

Las paredes de la catedral estaban decoradas con las imágenes de los santos piadosos que inspiraban a la orden que la custodiaba desde hacía tanto tiempo. La luz entraba habitualmente por sus cristaleras de siglos de antigüedad y sin una sola mota de polvo que pudiera adherirse a todo aquello que había contemplado la caída de reyes o el casamiento de amantes y enamorados. Aunque ahora dicho edificio se encontraba vacío por ser la noche cerrada. Los creyentes se encontraban en sus camas, durmiendo con sus familias y la bendición de Dios. Sin embargo, un sacerdote se encontraba aun a esas horas rezando por la erradicación de los males del mundo. Aquel hombre fue apuesto en su momento pero la llamada divina le pudo mas que muchas tentaciones de la carne en la juventud, consagrando su vida a la obra de Dios, a sus palabras, a las enseñanzas de Jesucristo y sobretodo al amor al prójimo. La rectitud se mezclaba con la flexibilidad a la hora de impartir la justicia o padrenuestros. De sus manos colgaba el rosario que fue regalo de un gran hombre al que admiró por siempre y que ahora se encontraba a un lado del Señor.

Sus rezos se dirigían a los niños afectados por todos los males biológicos del mundo cuando un aleteo lo sacó de su pensamiento, de aquel mantra de cristiandad pura. Abrió los ojos y se encontró a Jesucristo, que lo observaba desde su cruz con expresión tierna. Sobre él, donde la luz no alcanzaba algo se movía y de pronto desapareció con ese aleteo que había escuchado inicialmente. Poniéndose en pie y aferrándose a la cruz de su pecho el buen hombre de Dios contempló las alturas de aquel templo dedicado al culto del Señor, con sus naves cruzadas y sus dos altas torres provistas ambas de campanas con las que llamar a los feligreses. Se quedó en silencio unos instantes pensando que el cansancio quizás le podía pero la reverberación de los sonidos le advirtieron que el característico sonido de las bisagras levemente oxidadas del confesionario se habían abierto y cerrado. Sus ojos se pasearon de nuevo por toda la estancia y sin mas se dirigió a donde el sonido de alas y de bisagras continuaba, como una especie de luz entre cerrar la puerta y no poder. 

El sacerdote pensó en mil cosas antes de hacer lo que hizo: pensó en un hombre borracho, en un desamparado, en un arrepentido. El arrepentimiento es algo que llega en el momento menos esperado y presiona el corazón, llevando al hombre a cometer cualquier acto a cualquier hora con tal de buscar la redención... o terminar con su sufrimiento. Aquella era una noche fría sin duda y seguramente fuera un vagabundo que buscaba un lugar caliente. Aunque cabía esperar algo mas dado que las puertas estaban cerradas desde hacía horas; como bien se dijo, era una noche demasiado cerrada y una noche muy tardía para que alguien pudiera entrar en la casa del Altísimo. Sin embargo el sacerdote miró el rosetón, recordando algo que había pasado hace tiempo, algo que le habían contado sobre otra catedral. No pudo evitar ese pensamiento, esa idea, por un fantasioso momento. Pero debía de encarar el hecho de que alguien se había colado, de alguna forma misteriosa, en la catedral y debía averiguar quien era. 

Sin mas dilación se dirigió a la otra puerta, donde el sacerdote se introducía para confesar a todos aquellos que desearan desahogar sus dolores espirituales y mentales en la medida de lo posible, personas a las que ayudaba de forma constante y desinteresada para poderles facilitar el camino y la senda de la luz. Abrió la pequeña puerta que daba a una rejilla en la que era posible escuchar aquellas voces a veces dulces, otras veces agrías, sufridas o frías. calmadas o enérgicas y alteradas, mas no podía ver su rostro de forma alguna salvo unos pocos trazos que permitían los cientos de pequeños agujeros. Encomendándose a las manos del señor el cura iba a comenzar a confesar a ese hombre desamparado cuandoeste , sorpresivamente, comenzó primero. 

-Lamento interrumpirlo en esta fría y oscura noche sin luna pero debo confesar aquello que remuerde mi conciencia, enloqueciendo mis sentidos, devorando mis ansias de bien para el mundo. No es un pecado estrictamente dicho, padre, pero debo confesarme ante todo aquello que me ha hecho dudar sobre mi naturaleza. Soy un hombre consagrado a una idea de bien que usted no compartiría en muchos puntos conmigo, pero se que es usted un hombre de justicia. Todos aquellos que a los que ha confesado lo dicen en susurros. Así que encomiendo aquello que me corrompe a sus manos y a su espíritu padre. Prometo ser lo mas breve posible.-Dijo el confesado con una voz que era apenas un susurro, el cual se escuchaba claramente, como si se lo estuviera diciendo a la oreja sin ningún tipo de barrera. 

-Te escucho hijo.-Dijo el sacerdote con toda tranquilidad y piedad en su voz. A lo largo de toda su vida había escuchado grandísimas atrocidades y a gente algo susceptible de lo que era un pecado así como a mucha otra que pensaba que la vida misma es un pecado si no se vive dentro de una iglesia.-Deja que tus palabras sean producto de la expresividad de tu alma, te ayudaré y aconsejaré en todo lo que me sea posi...-Se interrumpió el padre al ver que algo asomaba a través de los pequeños agujeros pero solo fue un segundo, mas juraría que era las trazas de una pluma. "La noche me afecta... o no. Sí, sí me afecta" pensó.-En todo lo que me sea posible.- dijo con un leve temblor de voz ante lo que pensaba que acababa de ver. 

-Soy algo parecido a lo que antes se llamaba caballero y ahora se llama persona educada y gentil. Así me gustaría considerarme a mi mismo. Soy fiel siervo de una religión que no es la suya pero guarda los mismos principios proteger al prójimo, de ayudarle, aconsejarle, como usted hace, y sobretodo desvivirse por esos bonitos ojos negros. Las oraciones no son largas cuando se le quiere rezar ya que solo consta en decir su nombre cada noche antes de dormir. Al menos en mi caso. Las ofrendas no son oro o dinero, son las noches y los días dedicando un latido del corazón a su sonrisa. Se llama...-Dijo su nombre con un calor, una ternura, una felicidad tal que muchas ordalías rebosantes de devoción habrían quedado opacadas por esa sencilla palabra, que pareció aumentar la luminosidad de aquel recinto a pesar de todas las velas apagadas.-... y yo por ella haría lo que fuera necesario siempre que no entraran en conflicto con la mayoría de mis principios.-Dijo y dejó una pausa para que el padre contestara.

-Todos debemos guardar una pequeña parte de nuestra fidelidad a nosotros mismos hijo mio... el fanatismo es algo que a muchos les parece la demostración correcta de orar y ofrendar, en caso de mis creencias, a un Dios que destruye pueblos enteros cuando, a mi parecer, lo mas correcto es predicar el amor y el respeto mutuo así como el aprendizaje de todo lo que nuestros hermanos de otras tierras, religiones y culturas nos puedan enseñar. Pero por favor continua hijo, el que se confiesa eres tú.-Dijo con toda amabilidad y simpatía aquel hombre extraño para todos aquellos que no eran fanáticos pues era comprensivo, flexible y abierto.

-Mi arma son las letras escritas y habladas, susurradas a su oído para que me honre con aquello que mas desea ver en ella; su sonrisa y a veces hasta escucho su voz que es la de los ángeles de vuestro cielo. Canta maravillosamente, ella es todo un canto de felicidad para los corazones que se permiten conocerla. Sin embargo cometí una falta ya que mis palabras, espada inmaterial ungida con ternura y todo aquello que pueda hacer a un hombre un siervo del bien, se clavaron sádicas y oscuramente en las tripas de un hombre que la daño profundamente. Soy amante de su sonrisa pero mas aun de aquella luz que desprende su mirada cuando se encuentra en un estado de gran felicidad. Mis palabras fueran hechas para dar esperanza, consuelo y consejo a su alma, y sin embargo yo fui infiel a ese voto de caballero...- por un momento parecía que iba a decir algo mas pero nada mas salió de su boca.

El sacerdote se quedó por unos momentos en silencio también mientras reflexionaba. Era una confesión extraña, desde luego, pero comprendía que muchas veces los hombres de la tierra y algunos hombres que viven en los cielos sentían el temor de haber hecho algún mal. Peor, a su parecer, era terminar con una vida humana que tuviera una larga vida por delante o acortarla mas de lo que era necesario para los deseos de Dios. Aquel confeso estaba claramente preocupado por haber matado en su cabeza a un hombre que había dañado a una mujer excelente que había provocado unos sentimientos tan inquebrantables como su juramento mismo, el cual el confeso veía roto pero él le haría ver que no había sido así. 

-Hijo, la venganza es un plato que se sirve frío pero también acompañado de sabores amargos y dolencias posteriores en el alma y sobretodo del vacío que supone haber cumplido dicho cometido y no saber que seguir haciendo. Pero tu cuentas con una fortuna con la que pocos hombres y mujeres vengativos han contado: el motivo de tu venganza está vivo. Has querido darle a esa mujer algo que necesitaba, le has ayudado a cortar los lazos que lo unían con aquel ser impío. Admito que consagrar las palabras a la luz de otra persona es algo que a veces resulta arriesgado pero por como hablas de ella, por lo poco que deduzco es una buena mujer. Pero sin pretender desviarme hijo, una muerte simbólica es mil veces mas fácil de expiar que una muerte física o espiritual. Las venganzas y el asesinato no llevan mas que al dolor y la culpa. Algo me hace deducir que ella sufrió pero tu sufriste igual o mas que ella al ver que el motivo de tus devotos rezos nocturnos fue mancillada con manos de arrogante pecador, malvado y poco deseoso a ser sacado de esa senda de oscuridad.-Dijo el sacerdote sin pretender nada mas que completar la imagen que poseía en su cabeza toda la situación. Sabía de eso, a fin de cuentas vio morir a todos aquellos ángeles de menos de diez años cuando el orfanato se quemó en el momento de la gran guerra. 

-Ella trato de ayudarle mil veces padre...trató de aportarle un poco de su luz pero ella se entristecía a cada momento que pasaba. La hizo soñar, ilusionarse para romper todo aquello en mil pedazos que a mi me llenaron de dolor con cada lágrima que derramaba sin ser estas de su mas excelsa felicidad. Cada cosa que me contó, y ni imagino tantas que guardó y algún día me cuente para desahogar mas su dolor y estar plena de forma espiritual, es una llamada a terminar con la vida de ese maldito. Pero como vos dijisteis, padre, la venganza solamente entraña dolor. ¿Que creéis que debo hacer con mi alma y mis juramentos?.-preguntó y por un momento la voz se tornó angustiada pero al mismo tiempo aceptaba todo aquello que se le encomendara. 

-No hagas nada que no quieras hacer hijo. Eres un ser que deja claras las intenciones para con ella, que se siente entregado a todo lo que compone a la mujer de sus sueños. La has visto sufrir, la has escuchado llorar y si ella es celosa de sus lágrimas, entonces estás haciendo correctamente tu trabajo, cumples con tu deber primero de amigo y luego de todo aquello que ella te permita. la respetas, la deseas, la amas. Pero ante todo la respetas, la admiras, la contemplas con los ojos del corazón y del espíritu antes que con los de la cara. Le has brindado algo fuera de lo normal pero se los has concedido para dar un motivo de calma a las tormentas de su espíritu. Creo que estás limpio de toda culpa pues nadie ha padecido sufrimiento, nadie ha extinguido su vida. Has actuado de forma sabia, consecuente. Tu parte oscura vio la luz por unos momentos, pero la puedes combatir practicando el bien, orando cada noche con su nombre en tus labios y en tu corazón, escribiendo para su sonrisa, para su luz. Si uno de cada diez hombre fueran como tú, quizás el mundo sería un lugar mejor. Te arrepientes y admites tus errores; y deseas corregirte y hacer feliz a alguien que no eres tu. Puedes ir en paz hijo, si bien tus creencias son otras yo te deseo que el Señor te guíe por su senda mas luminosa para que alcancéis ambos la iluminación. Todo aquellos que la haga feliz que te haga feliz a ti... y que Dios y todos sus ángeles os protejan. Puedes ir en paz hijo...

-Gracias padre. Haré una donación privada ahora mismo solamente para agradecer estos servicios que me ha prestado el mas fiel siervo de Dios.-Y sin mas se escuchó la puerta abriéndose y segundos después el silencio precedido de un aleteo. 

El sacerdote se puso en pie y no pudo evitar la prisa al salir y mirar a todas partes. Nadie estaba presente mas que él y Jesucristo en su cruz, que observaba los bancos vacíos y ya no tan llenos de feligreses cuando tocaba la misa. Se dirigió a él y se arrodilló para para preguntar si había obrado bien cuando reparó en que los ojos de este se dirigían, sorpresivamente, a un punto concreto y en su rostro había una pequeña sonrisa. Santiguándose siguió aquella mirada hasta donde se encontraba el rosetón. Este estaba perenne, sin rotura alguna pero justo en su centro, debajo de la cruz de Cristo, se encontraban una pluma y una rosa azul cruzadas. 

Justo en ese momento, lejos de ahí, la Luna hacía su aparición pues había terminado de peinar una larga cabellera hecha de noche y luz, perfilándose en su liz un ser alado que volaba para desear as buenas noches al motivo de sus oraciones. 



lunes, 6 de enero de 2014

El caballero feliz.

Del alba de su sonrisa destellaban mil colores en su alma. Las notas de una guitarra fantasmal dejaban en el ambiente Los sentimientos de un alma sensible que daba a entender todo aquello que anhelaba de una mujer con formas divinas como ella. Tomando sus manos y mirando aquellos grandes ojos se dejó llevar por la música mientras bailaban a la luz de la luna en aquella pradera alejada de otros hombres y mujeres, e incluso de mundos donde hubieran otros hombres o mujeres tan o mas unidos que ellos, sumidos en su propio interés de tener a la persona soñada frente por frente. Cerrando por un momento los ojos dejó que sus sentidos fueran invadidos por aquella risa de plata, por ese aroma dulce mezclado en esencia con la tierra del fuego, la inesperada flexibilidad del bambú y la alegría de los violines de Irlanda. 

El uno contemplaba los ojos de la otra con ternura dulce como si fuera miel de la incipiente primavera. Sentía aquella cercanía tan cálida que sentía que podría quemarse de un momento a otro tal como aquella cintura se amoldaba en el aire mismo antes de ser ocupado por una mano blanca de muerto pero viva de compañero de baile. Ella sonrió por un momento de una forma mas notable y guió la mano hasta la parte baja de su espalda, haciendo la corrección con infinita delicadeza. Lo volvió a mirar con esa luz y el aliento se le paralizó por un momento en los pulmones al ver las estrellas reflejarse en sus ojos de gacela delicada y firme, grácil y fugaz en sus sueños. Así la contemplaba en sus fantasías desveladas cada mañana, cuando despertaba de soñar con esa luz intensa de su ser reflejándose en tan bellos ojos. Se comenzaron a balancear suavemente, mágicamente ascendiendo por los cielos hasta llegar a las nubes mas blancas y mas altas de todo ese cielo. 

Todas las estrellas se habían congregado para darle un espectáculos de millones de colores a la protagonista de aquel sueño, a aquella bailarina. El magenta se alternaba con los anaranjados una veces y luego con los violáceos, dando paso después quizás a los rojos, azules o verdes. Era quizás lo único dejado al azar en aquella sinfonía de tonos suaves o fuertes, cálidos o fríos, tranquilos o temperamentales. Muchas estrellas explotaban, dejando supernovas con formas maravillosas, fascinantes, que leer durante siglos para desentrañar sus milenarios secretos. Anticipaba todo eso el sonido de campanas de cristal y luego de metales preciosos como la plata o el oro. Lucían sus cuerpos las vas bellas galas, cambiantes en su personalidad, en su colorido, en su divinidad. El vestido de ella era muchas veces multicolor, como su personalidad, capaz de ir de un lado a otro de su mente con la facilidad con la que era capaz de impresionar a su compañero. Lo miraba atentamente, de vez en cuando guiándolo con esa maravillosa voz en el camino por las estrellas que tenían encima y debajo de ellos, las cuales sostenían sus cuerpos en el aire. 

Él no daba crédito a tan radiante estampa. Ella, que era la culminación máxima de sus emociones, de sus sentimientos, de su inspiración, se encontraba entre sus brazos aleccionándolo sobre como moverse en aquel mundo mágico que había sido creado para ella a raíz de los versos recitados cada noche en su honor. La forma del compás, el dulce y armonioso violín que se unía o quizás la lenta y trémula flauta que al mismo tiempo aportaba una sincera alegría eran la orquesta. parecían venir de todos los rincones de otros mundos las canciones y melodías de grandes compositores que querían amenizar aquel baile con su propia aportación. De la misma madre Gaia llegaban ciervos, zorros, búhos, ardillas, perros, gatos, gallinas, liebres, búfalos, cigüeñas, estorninos, jilgueros, pájaros carpintero, garzas, faisanes, cisnes, peces, bellas mariposas y un sinfín de bellas criaturas mas para contemplar como público de honor aquel bello espectáculo de luz y de color que se desarrollaba ante sus ojos. 

Frente a ella se sentía tan grande y a la vez tan indefenso, fuerte y débil, luminoso y oscuro, apenas una sombra insinuada en medio de todo aquel mar de luz que era ella para él. Ella parecía apreciarlo en aquellos ojos marrones de lo mas mundanos y quizás el sonrojo acudió a aquellos rostros por un momento al ser conscientes de todas aquellas colosales emociones. En la solapa de un bonito chaquet totalmente negro lucía una rosa azul que a veces era observada por esos ojos negros y parecía adquirir la viveza de la juventud como si estuviera recién cortada de los jardines del Edén. La luna quiso atraparla como precio a peinar aquel cabello negro cada noche con su peine de plata pero en un brusco y a la vez gentil movimiento se apartaron de sus dedos argénteos. Ella lo observó, acercándose un poco mas, dejándose sentir en todas sus formas bajo aquella tela de excelente calidad que cubría su cuerpo. Con suavidad y elegancia dejó caer su cabeza sobre el pecho de él, escuchando los latidos acelerados de aquel corazón. A continuación la mano de ella se posó sobre una de las mejillas de tan volador poeta que llenaba sus noches de versos cada vez que podía. Este se acercó a su oído y susurró:

-En noches como esta tu eres lo que mueve mi mundo, lo que me hace brillar, sentir, amar cada segundo de mi existencia. En este velo de oscuridad que tu iluminas es donde escribo muchas veces en susurros como estos aquello que mas anhelo, y son tantas las ocasiones en las que la brisa lleva tu nombre...-Dijo suavemente, henchido en ternura, en deseo, amor, sencillez, el humilde caballero.- Cada día un trozo de mi vuela hacia ti deseando refugiarse en tu cálido corazón, trayendo consigo una nueva razón de seguir viviendo. Y llegará el día, no muy lejano, en que todo mi ser esté dentro de ti, protegiéndote, aconsejándote, brindándote todos los motivos que estén en su mano para que sonrías por toda la eternidad.- Concluyó el caballero susurrante en el oído de la dama danzante. 

Ella sonrió y todas las luces de aquel cielo se apagaron un poco, asombradas por tal belleza, por esa luminosidad que embargaba el alma. No era solo la luz de una sonrisa, de una esperanza, de una bendición divina; era la luz de aquella persona que llenaba la vida con mas vida, pues pocas cosas dan mas fuerza o mas ganas de vivir que la sonrisa del ser que se adora por encima de todo lo habido y por haber. La delicada mano de ella seguía en su mejilla y con suavidad acercó el rostro para dar un beso dulce, lento, cálido, suave, tierno sobre los labios del caballero que cada noche estaba rezando por aquel momento con toda la fuerza de su corazón. Una vez pasado ese momento mágico la luz de ella brillaba en los ojos de él... era un hombre feliz. 


viernes, 3 de enero de 2014

Para mi eres...

Para mi eres el aliento de mis sueños, 
las caricias de mis noches, 
los susurros de mi calma,
las confesiones asomadas, 
la dulce esencia del rocío en la mañana. 

Eres el atardecer liviano
que me toma de la mano. 
Das fuerza de guerrero al que te contempla,
alma de poeta a quien te piensa, 
artes de amante a quien te descubre 
en tu bella esencia...

Lo se...no es perfecto, como la inspiración de mis versos lo es con sus imperfecciones, pero aun con todo sueño con ella en mis sueños de caballero y poeta.