martes, 28 de febrero de 2012

Reposo

Las nubes se agolpaban en medio de aquel cielo bajo el que se encontraban las grises edificaciones carentes de vida, tristes, frías, solitarias aun en la compañía que suponía la ciudad. Las personas seguían aquel tránsito reiterativo en el que siempre se hacía el mismo camino y se llevaba a cabo la misma triste tradición de levantarse de la cama, tomar un café y mil cosas mas, un ritual que no deja mas que la indiferencia y el automatismo como única señal de haber hecho las cosas de forma correcta. Las miradas perdidas se dirigían las una a las otras con la carencia propia de la emoción y nadie prestaba atención a las luces prendidas en otros habitáculos de hogares o casas de convivencia familiar. Los abrigos grises o negros protegían escasamente de esa lluvia fina que se colaba a través de la tela y que calaba hasta los huesos. La rutina era aquel demonio en el que cada momento que pasa se devoraba el alma de aquellos que alguna vez en su vida habían sido soñadores. Lentamente el tiempo pasaba y muchos perdían toda la convicción de seguir viviendo de forma libre, estaban completamente seguros de que no sabrían que hacer con tanta libertad. Aquella libertad era sentida solamente por los poderosos que en las plantas mas altas mandaban dentro de todo aquel laberinto de hormigas obreras carentes de voluntad y esclavas del capitalismo así como del todopoderoso papel con valor económico.


La ciudad estaba al lado de la costa mas brava de todo el continente. Era una un límite marítimo desangelado que únicamente recuperaba el animo cuando las corrientes mas furibundas golpeaban en los acantilados tratando de derribar el único obstáculo con el que inundar el mundo. En las inmediaciones de aquella costa se podía apreciar un faro, el mas antiguo del mundo que en funcionamiento se encontrara. Lo cierto es que nunca había fallado en una sola de esas noches o mañanas invernales en las que el sol a veces tardaba demasiado en salir e incluso no suponía una gran diferencia la temperatura cuando lanzaba los rayos de luz sobre esos rostros grises e impasibles, como de muertos pertenecientes a alguna película sobre los no-muertos. Las maravillas de aquel paraje verde y esplendoroso en tiempos antiguos había sido desolado hacía siglos por un progreso que resultó ciego ante la idea de mostrar misericordia con la madre naturaleza. En los espacios verdes no tardaba en verse toda una mole de edificaciones en las que nada podía apreciarse mas allá de aquellos muros regulares y eso ángulos rectos. Las calles estaban atestadas de alcantarillas por donde ratas e indigentes, deshechos de la sociedad se arrastraban en la búsqueda desesperada de algún trozo de comida. Con la mas inmunda ruindad a aquellos que padecían de pobreza se les apartaba para que no supusieran una incomodidad a aquellos buenos ciudadano con los que jugaban constantemente. Nadie escapaba al poder del dinero ni de la fría tecnología que tantos problemas solucionaba.


Sin embargo en una de esas cientos de miles de habitaciones había una excepción a esta norma y a este mundo, donde la libertad era total y la inmundicia no tocaba esa puerta humilde pero de prominente presencia. En la habitación se encontraban dos personas muy dispares y a la vez similares en algunos aspectos. Una pareja como otra cualquiera diría un observador casual y desconocedor de las circunstancias y las conversaciones o de los hechos y demás aspectos a tener en cuenta. Esos dos seres humanos (o eso parecía) se miraban mutuamente. Eran una pareja mixta, un hombre con los ojos impregnados en la ternura mas absoluta que aquella mujer que reposaba sobre su pecho inspiraba además de otras miles de cosas mas y el calor mas humano no cesaba de manar hacia esa criatura de femeninas formas que le correspondía a esa mirada con amabilidad, ternura y atención. Los finos dedos de ella paseaban distraídamente por el pecho desnudo de él. Ninguna otra prenda faltaba salvo su camiseta, dejada a un lado y abandonada en un rincón en sombras junto a su máscara de impasibilidad. Ella se acomodó y el roce de su cabello contra la piel desnuda hicieron estremecer a ese ser de buenas intenciones que solo tenía ojos para aquella deidad cuando estaba presente frente a él. Pareció detectarlo y la miradas se cruzaron de nuevo. El negro cabello de la dama estaba desparramado cuan cascada incontrolada sobre parte del torso de ese caballero que la respetaba y adoraba con todo su corazón. aquellos ojos tiernos y dulces que invitaban a confesar cada cosa que se le pasaba por la cabeza al caballero le miraban sin cesar. Y él adoraba sentirse observado por esos ojos felinos que podían expresar mil maravillosas ideas y emociones. 


la pregunta esencial radicaba en un ¿que eran ellos? Todo y a la vez nada. La dama podía ver la bestia salvaje que latía por salir del interior de esa alma solitaria que a su vez irradiaba la luz de la inocencia y la ternura según el buen criterio de aquella mujer que reposaba sobre su pecho y le susurraba palabras tranquilizadoras cada vez que los tormentos acudían a la existencia de él. La sinceridad era total entre ellos al igual que al comprensión, No se imponían uno por encima del otro, la libertad los amparaba y no había ambición ni planes ni segundas intenciones ni promesas que se pudieran quebrar. ¿que eran ellos? amigos desde luego, el apoyo en la noche por parte de él y en el día por parte de ella. La oscuridad no daba tanto miedo cuando ambos estaban juntos y se dedicaban alguna palabra de ternura o quizás alguna confesión o algún chiste. Y entonces se hacían escuchar las risas. La risa de ella era como los coros de ángeles, cristalinos y potentes, llenos de gracia y nunca se cansaría el caballero de escuchar aquello. Otra nueva broma y los ojos de ella se entrecierran y él la abraza mas fuerte cuando hace gesto de irse sin dejar de reír. Aquellas viejas bromas sin duda nunca se cansaría de hacerlas. Gimoteante él se esconde en su cuello y mas enternecida la dama le dedica las atenciones mas maternales del mundo. Con ternura se abrazan y permanecen en silencio. 


La iluminación es escasa en aquella habitación pero todo lo que aquel hombre quiere ver es a ella, el remedio a sus males y a sus tormentos interiores, en la que deposita secretos y confianza, delicadas caricias y alguna palabra tierna o algún comentario pícaro. Pero ante todo la paz. Esa paz que no ha sentido con nadie en mucho tiempo o incluso nunca. Esa paz en la que no teme un giro brusco de los acontecimientos, ni una discusión ni una lágrima. Suavemente los dedos de ella se acercan de nuevo a su pecho y le acarician con ternura y delicadeza, con una sonrisa en los labios que irradia la luz necesaria para que los ojos de un ciego puedan ver incluso en la mas oscura de las noches. Un suspiro de tranquilidad sale de entre los labios impíos de aquel ser extraño y de malignas intenciones que nunca lleva a cabo sus planes pues ella saca lo mejor de él y no lo peor. Al volver a acomodarse, ella descubre por accidente un hombro que con toda la ternura del mundo besa ese hombre, pues eso se siente cuando está a su lado, un verdadero hombre, racional, capaz de todo, sencillo y complejo. Delicadamente los dedos del caballero apartaron un mechón del sedoso cabello de ella y miró sus ojos mientras acariciaba ese precioso rostro que adoraba mirar. Le parecía la cara mas bonita que había visto nunca en toda su existencia.


A los pocos minutos ambos estaban durmiendo apaciblemente, sedados por la mutua compañía y la tranquilidad que se transmitían. No necesitaban nada mas y sus cuerpos y almas estaban arropados con los brazos del otro. Entre ambos una rosa azul reposaba y sus pétalos brillaban con luz propia. símbolo de que las cosas marchaban bien y todo estaba en la mas absoluta paz. 



domingo, 26 de febrero de 2012

Batalla de serie B

Suaves y cálidos vientos del oeste llegaban al valle de Los Diablos, esa región maldita en la que ejércitos enteros habían sucumbido a la miseria y la muerte por manos de sus enemigos y mas tarde de los carroñeros que se daba el festín del día de la semana del mes o del año en vista a los cruenta y la cantidad de muertos que hubiera de por medio. nadie se atrevía a pisar aquello salvo que los mapas les dieran la obligación de encaminarse a lo mas hondo de ese prado en apariencia tranquilo pero que era cementerio en una mínima área de muertos y mas muertos. Todos eran siempre pasto del terror cuando siquiera debían pasar cerca de esa extensión de tierra baldía que nada mas que servia para ser calentada por el sol o mojada por la lluvia, que acompañaba ese día al despertar de los soldados que se empezaban a desperezar o a poner nerviosos para los que ya llevaban horas despiertos. Las lenguas y las gargantas se secaban por la larga espera de las trompetas y los tambores que daban inicio a la formación de regimientos que se agrupaban en batallones y así todo el rato hasta las extensas legiones de infantería caballería y arqueros. 

Todos preparados para una batalla mas en medio de ese mal agüerado lugar, mítico en las historias de terror que a esos buenos hombres les contaban cuando eran pequeños críos en medio de una aldea que soñaban con servir a las ordenes de un gran general y llegar a ser grandes caballeros. Ninguna sabia el futuro de su vida , y ese futuro volaba por encima de sus cabezas con alas de cuervo y buitre. nadie aventuraba mas de dos escasas palabras: -no falta mucho, estamos cerca- era lo que atinaba a decir como frase mas larga antes de sumirse de nuevo en el mas profundo silencio. Mientras seguían siendo mas y mas los regimientos dispuestos al otro lado se encontraba lo mas terrorífico de todo: nada , y eso en esas situaciones era peor que el mas repulsivo de los demonios. 

Silencio, maldito silencio cargado de esa tensión que hace enloquecer con su simple presencia a los hombres mas aguerridos pero no se les podía negar que tenían el mejor de los entrenamientos, ya que con su voluntad soñaban con erigirse el mejor de los caballeros. Toda esta serie d pensamientos que también paseaban por las mentes de soldados arqueros y caballeros errantes se vio interrumpido por un retumbo bastante sonoro que no acertaron a descubrir en origen y distancia. Otro retumbo y ya había murmullos de conspiración contra lo que seria y como iban a derrotarlo y así sucesivamente. los capitanes y tenientes mantenían a voz en grito mediante ordenes y enseñas de animo lo que se supone debería definirse como moral alta y calma ante lo desconocido. Lo que salio de detrás de la ladera fue lo peor que se podrían haber imaginado 

Cuando el primer minotauro asomo seguido de sus camaradas de a tribu de las montañas del norte, toda la pericia psicológica cayó en los mariscales que tuvieron que mover a sus coroneles que a su vez tuvieron que impulsar la moral de sus capitanes y estos a los tenientes. nada mas que una carga de minotauros les basto para que medio ejercito se rindiera de puro miedo pero antes de estos llegaran y teniendo todo previsto los piqueros, expertos en el ataque a caballerías y demás fueron los responsables de contener la carga minotaurica. 

El apoyo de los arqueros fue esencial pero tuvieron que desviarse de su misión de ayuda a distancia para protegerse de los ataques de arpías que se sincronizaban mejor que nunca con las banshees. Todos le cuerpo de mando estaba medio loco ya por los chillidos cuando aun añadido a todo eso se encontraron a los enanos oscuros de las Minas Horror. Optaron por la retirada pero no era posible porque las mantícoras les habían cerrado el paso y estaban hostigando a la caballería del flanco derecho y central mientras que la del flanco izquierdo era seriamente castigada por los mercenarios de la tierras mas meridionales al Mar del Caos. 

Entonces la situación era desdichadamente oscura, ningún soldado seria capaz de sobrevivir a no ser que... 

En este pensamiento se hallaba uno de los capitanes jóvenes que aun estaban en materia de aprender a ser un buen general y mandar regimientos y batallones enteros. Tomó así como decidido estaba un arco y una flecha y se decidió a plantar cara a los enemigos pero de una forma que nunca se imaginaria nadie que ande en sus cabales y que llevó a cabo un acto incongruente. Lanzó una flecha al sol ... y haciendo caso a los cuentos de las viejas madres y abuelas que tanto hablaban de los guerreros del cielo, estos aparecieron en ayuda del desvalido capitán y sus hombres 

mil jinetes elfos montados en hipogrifos dorados de alas rojas luminosamente candentes, pues las alas solares eran de fuego obviamente, bajaban en picado de la mas bella y poeticamente loca de las alturas tesando mil arcos en un solo movimiento. Este capitán sin duda no creía que fuera verdad la leyenda pero nada mas sentir las ráfagas y rastros de fuego de los hipogrifos ígneos, este supo que con la fe nada ni nadie podría ser detenido si su empresa era sincera y por el bien de todo aquello que nos rodeaba 

Todo era un caos. Los jinetes de los hipogrifos proferían sus cánticos mientras 5 dragones dorados se afanaban en liberar a los arqueros de las garras de arpías y lamentos de banshees, dejando a su paso cortinas de fuego y llamas que no paraban de quemarlo todo a su paso. Los enanos, que sabían que podrían morir se retiraron cobardemente pero sucumbieron ante las flechas que llovían del cielo. Los mercenarios también siguieron ese lema de todo hombre que se vende ´´lucharé por ti pero no moriré por ti´´. Aun así y al igual que los enanos anteriormente citados estos perecieron por los dragones, que pronto se darían un banquete de regreso a su hogar el sol. Nadie sobreviviría a los representantes del sol eterno. 

Y así concluyó una batalla mas, en ese paraje que por una vez durante unos días perteneció al Bien antes de que las tropas se retiraran, el capitán que desde entonces seria llamado como coronel Luz de Sol y donde la maleza y la naturaleza se erigiera como señora suprema de ese banquete de cuervos

Magia

Se encauza el camino al escenario. Nervios a flor de piel, ganas de hacer de todo, desde gritar hasta llorar pasando por reír o abrazarse a un ser querido que pase por tu lado. Se prepara y ahí aparece ante el publico que mira curioso a un solitario hombre de traje que los mira a su vez con seguridad en la mirada y una pequeña sonrisa en los labios. Pocas palabras y aparece de la nada un rubí que por una magnífica obra y gracia se convierte en un ratón de un color perfectamente similar al objeto anteriormente mencionado .Una sonrisa un poco mas amplia se dibuja en el mago que deja que su cuerpo se acerque un poco mas al publico desconcertado ante el prodigio.

Se concentra nuevamente nuestro joven protagonista y saca una pluma negra que por arte de una bella y simple magia que todos poseen se convierte en un cuervo que cubierto a previa muestra a espectadores que podrían ser de numero variable entre uno y un millón de personas en ese curioso escenario, un bosque en medio de una montaña dejada de la mano de Dios que nadie conoce que y que solo el buen hombre invoca para sus números. Bésale el buen hechicero al cuervo cubierto y este desparece para aparecer en su lugar una bella ave fénix que vuela asta la eternidad de los tiempos de no ser porque los servicios de esta criatura inspiradora de mitos en miles de civilizaciones son requeridos para convertir en rápida sucesión en una dama con una bella túnica roja que se podría poner a bailar y mataría de envidia a grades personalidades del ballet.Le dedica una sonrisa a tan magnifico publico que no cabe en sí de asombro y aun asimilando la presencia de tan bella criatura desaparece en una larga y desenfrenada carrera a los bosques para no ser vista nunca mas

Siguen los milagros . Agua que se convierte en oro amoldado a la copa que la contenía. Una verdadera muestra de transmutación de materia que podría aperplejar a mas de un mravilloso alquimista. Quiérase pensar que no hay trampa y efectivamente no la hay pues es pura magia lo que se usa como ya se cita, una magia que todos conocen . Vibran de emoción las gradas y desea todo ser de los alrededores tener el poder de tan magnifico hombre de aspecto simple. 

Y pregunta el mago ´´¿podría decírseme un color?´´ y alguien dice ´´el púrpura´´ y el mago ni corto ni perezoso en el simple gesto que supone un solo, único y conciso batir de palmas crea en su traje .antes negro el majestuoso y real color púrpura que podría vestir rey cualquiera. Exclamaciones de asombro que se convierten en gritos de emoción cuando el mago quitándose la chaqueta que de todos es sospecha que está trucada y la camisa perfectamente abotonada quedando torso al aire despliega en un elegante batir dos alas color purpura con bellas exquisitas y únicas plumas .Solicita el mago una segunda vez ´´que se me diga una piedra preciosa´´ y una voz femenina sale del público para solicitar el diamante, duro, transparente, lo mas fuerte que quizás la naturaleza pueda dar. Acaece entonces venida de la nada una lluvia fina que resultante del agua vertida desde los cielos pero que en contacto a las plumas de las alas resultan transformadas en diamantes puros que quedan ahí por siempre en eterno testimonio de lo que la magia puede hacer. Acaricia el mago una de sus alas perfectamente funcionales. Ni cables, ni cuerdas, ni artefactos de clase alguna agitan tales apéndices voladores

Tórnase seria la cara del protagonista de la función, que mira con gravedad al público y susurra aun audiblemente pues desea que aunque el gesto de su cara sea para atemorizar sus palabras sean escuchadas. Solicita el mago ´´que alguien del publico me haga el honor de decir un numero comprendido de forma entera y exacta entre el 1 y el 762347624´´. Desconcierto total del público que se queda dubitativo pensando cual será el objetivo de esa pregunta . Se atrevió una voz que sale en bella procesión a los oídos del mago sacándole una sonrisa. Observa un rostro que dubitativo dice ´´el 30000´´ , Se torna seria la cara del mago creando duda de peligrosidad en lo que suceda en el rostro del público. 


....Y se hace el silencio y las nubes llegan oscureciendo el cielo y extiende los brazos el mago en cruz para caer en un rugido prácticamente ensordecedor dos rayos que parecen impactar en las manos de nuestro quizás pronto difunto compañero de obras mágicas. Pero se asombra el público pues está vivo y en donde los rayos estaban, estos ya no están y por sustitutas dos acerosas espadas de bello acero damasquinado, cuyas hondas características reflejan un inesperado sol que resucita o mas bien regresa tras la efímera tormenta anterior. Mira serio de nuevo el mago al público que, que a su vez no cabe en sí de la belleza de las espadas y de la aparición de estas y sin mas preámbulos y lanzando las espadas al aire en mortal trayectoria caen precipitándose sobre las alas de nuestro quizás pronto ´´desplumado´´ protagonista


Pero milagro de esta vida las espadas se clavan al suelo en un sonido metálico que le dejaría los pelos de punta a mas de uno .Nada se mueve salvo que en el roce con las alas una de las espadas logra cortar una única pluma que el mago ni corto ni perezoso recoge del suelo y en elegante caminar entrega una pluma de color purpura con diamantes incrustados y un pequeño numero inscrito... Un 30000 en dorado en dorado inscrito en la guía de los filamentos de esta a una dama para a continuación ser objetivo de los aplausos y vitoreos del público presente

Encuentro con la musa

Unos pasos rápidos devoraron la distancia de aquel conocido pasillo lleno de puertas de todos los colores y materiales que escapaban en ocasiones a la imaginación del ser humano o de cualquier trovador. Con un sencillo empujón las puertas de oro macizo se abrieron y ante el pudo ver que no había nadie en esa habitación salvo una poderosa criatura a la que temía y adoraba por igual. Ella le dirigió una sonrisa lasciva que habría helado la sangre mas que excitado y de no tener tanta prisa habría dedicado mil atenciones a esa dama de gran porte que podría tener la voluntad de un hombre o diez mil a sus pies con una mirada y unas pocas palabras. La fría piedra llena de tapices con todo tipo de escenas los contemplaban de forma impasible o curiosa pues mágicamente algunos se movían y las figuras de batallas y escenas forestales mostraban sus acciones de la mas fluida de las maneras. Las miradas se encontraron. En los ojos de él había inquisitivas preguntas sobre el paradero de la dueña suprema de esa habitación y prácticamente de todo el castillo. Miró a la derecha la dama y señaló la ventana. Con alarma el caballero se precipitó a la ventana y no vio nada. Una risotada se escuchó a su espalda. los metros que separaban a caballero y ser oscuro con la belleza de los ángeles mas oscuros se hizo presente en su oído. De un respingo se giró y se encontró de lleno con su mirada. Con fluidas palabras se encontró que la dueña de la habitación había salido, algo mas que evidente dado que la presencia de esta no era ahora notable en la habitación. Cuando ella no estaba no se podía presenciar la luz que ella destilaba con su natural elegancia y su luminosa sonrisa. Los finos y fríos dedos de la mortífera dama se pasearon por su mejilla y un delicado sonido que aseguraba placeres infinitos se estrelló contra su oído pero no contra su voluntad. perores pruebas había pasado por lo que sencillamente se dejó caer por la ventana y desplegó dos poderosas alas con las que echó a volar. Se quedó a unos cuantos metros mirando a la dama a cierta distancia y esta señaló un bosque. 


Ascendió todo lo alto que le permitió el oxígeno que poco a poco se disolvía con la altura. Las nubes se metían en medio de su camino y le impedía la visión por lo que debía de bajar considerablemente. En lo mas bajo la divisó. se podían distinguir sus movimientos llenos de gracia sobre el manto verde de la pradera. La contempló desde el aire durante un buen rato. Ella bailaba con la alegría natural que le caracterizaba. Con toda la elegancia de las bailarinas mas deseadas por anfiteatros enteros fluía como los arroyos mas puros y los manantiales mas cristalinos. Sus manos parecían acariciar al viento que circulaba a su alrededor y sin darse cuenta el ser alado miró a aquella dama con los ojos de quien admira la mayor obra de arte del mundo, contemplando y deleitándose con su compleja forma de ser, con su figura, con todo lo que la componía en su mínimo aspecto. Las nubes se despejaron y el sol dio de lleno en aquel paraje de donde empezaron a surgir las formas de vida mas extrañas  y fantásticas, las cuales querían contemplar aquella danza en la que la libertad mas absoluta se hacia presente. Su corazón estaba bombeando sangre de forma apresurada y desquiciada pues no podía contener a veces el impulso de acercarse, de tomarla de al cintura de susurrarle cosas, de ver aquel sonrojo. Sin embargo estaba mas que embelesado con los sutiles y a la vez enérgicos movimientos de ella. Así era como le gustaba verla. Adoraba verla moverse, sonreír ante algún compás que disfrutara especialmente de interpretar con el movimiento de sus caderas o la entereza de su cuerpo. Dos ojos llenos de melancolía y tristeza en esos momentos estaban inundados en la ternura y al timidez con la que un niño mira a la niña que le gusta. Disfrutaba mirándola desde aquella altura, aun sabedor de que de acercarse quizá no habría advertido su presencia. 


Le encantaba eso de ella, como se aislaba del mundo cuando bailaba, como parecía sentir la música en su cuerpo poseerla como un amante activo y salvaje que no le permitía ni recordar su propio nombre. únicamente el viento podría amoldarse a aquellos pasos que invitaban a unirse de forma adictiva. Pero la timidez y la vergüenza del caballero alado eran tales que ni por todo el oro del mundo se atrevería a sumir el riesgo de pisar un pie a la señorita que tenía ante sus ojos unos cuantos metros por debajo de su posición. Reparó aquel caballero de buena y educadas maneras pero con los pensamientos mas básicos del mundo que no se escuchaba ninguna canción. le pareció oportuno camuflarse entre las caricias del viento y deslizarse a través del espacio mas no del tiempo para poder alcanzar la posición y el lugar abierto y despejado en el que se encontraba aquella dama de elegantes formas y proceder. Raudo extendió un mensaje que sutilmente no pudo captar la atención de la dama danzante pues este mensaje se transmitió a través de las raíces de lo árboles. Quería darle una sorpresa y ver que tan bien era recibida por ciertos seres que conocía de hace tiempo. Las brisas llevaron su mensaje lejos, muy lejos. No importaba la distancia siempre llegarían muy rápido mas que el propio viento. El mensaje fue llevado a través de la tierra de los mares y de los vientos. El mismo viento llevó ese mensaje en el aleteo de los pájaros o en el de los murciélagos por la noche, acarició las hojas de los árboles y silbó a través de algunos acantilados cuando llegó a la costa y la sobrepasó. Atravesó los mares con la velocidad de un pez vela, el mas rápido jamás conocido y fue escuchado por sirenas y tritones que cantaron a la estatua de Poseídón para que una ola de información llegar a a los destinatarios. El dios marino se sorprendió poderosamente sobre aquello que estaba bailando en la tierra. Aquel mensaje también fue transmitido en las violentas cataratas y saltos de agua en los que el líquido elemento caía con la mas vertical de las libertades. Las náyades rieron ante la gracia de aquel mensaje y después se pusieron verdes de envidia. 


El mensaje llegó a todos los oídos que podría escuchar el canto de la tierra, que sintieron el crecer de las plantas minutos a minutos. hombres y mujeres sabios alzaron el rostro al cielo y miraron las estrellas que anunciaban la llegada de una nueva maravilla al mundo. El nombramiento de los que fueron caídos en batalla se cortaron de pronto en medio de las danzas rituales por pare de las antiguas tribus de los mas milenarios continentes. Los ojos de la sabiduría de distintos pueblos que estaban en comunión con la tierra miraron en la dirección en la que una dama danzaba libremente con una sonrisa en los labios y era observada por todas aquellas criaturas del bosque desde la distancia o bien demasiado cerca. las danzas de cortejo de los mas habilidosos guerreros que volvieron triunfantes de la batalla se interrumpieron también y el ritmo del mundo e centró en hacer llegar aquel mensaje a su destinatario. O mas bien destinataria. Aquella llamada de alegría, aquel deseo de que se celebrara algo bello en un mundo imaginado por un loco melancólico que veía la luz con la sonrisa de aquella dama, fluyó lento pero a la vez intenso, rápido pero a la vez sutil. Los volcanes estallaron creando la pirotecnia de la naturaleza, Los tornados que asolaban el mundo se extinguieron por ese día para poder dejar transmitir ese mensaje de forma eficiente. Entonces el mensaje llegó a los oídos de quien debía de llegar. Todo esto sucedía mientras solamente una persona, aquella dama danzante permanecía ajena a todo pues bailaba y bailaba. hasta que una nota de arpa se hizo escuchar por todo el lugar en el que la dama se encontraba. una nota pura y cristalina, sencilla pero magistral que llenaba la mente y los oídos. A esta la siguió otra nota mas y otra. Se encontraron los oídos de todo aquel que pudiera escuchar con el sonido de una flauta dulce. 


Entonces apareció ella. Una mujer de aspecto galante que fluía mas que caminaba, parecía flotar en la inmensidad de aquel lugar llenando toda la escena con una belleza y unos ropajes sencillos que a la vez no quitaban la comodidad en momento alguno. Al sonidos de esa canción de los elfos tocaban desde las rama de sus adorados árboles, la dama se acercó a ella, que había cesado sus movimientos al advertir que todo el bosque y aun sin saberlo el mundo entero estaba pendiente de aquel encuentro en el que el poder la danza y la belleza estaban a punto de tomar un rumbo nuevo. Con una sonrisa la dama que había llegado recientemente a aquel paraje lleno de esplendor miró al suelo y tomó una rosa azul de otras tantas que comenzaban a crecer de forma estrepitosamente rápida. Se la tendió a la dama que balaba momentos antes y acaricia suavemente sus pétalos por un momento con un dedo. En el rostro en forma de corazón de la criatura mas joven se encontraban miles de interrogantes a los que la mujer sencillamente respondió mirando hacia los cielos en los que dos alas de ópalo lanzaban reflejos y se encontraban unidas a una espalda bastante estrecha, la espalda de un joven que sonreía desde las alturas y el cual dirigió una sonrisa a la mujer mas bella del mundo. De aquel su mundo creado con la ayuda de su mirada, Ese mundo de dos soles que eran sus ojos. Ya descubierto por esas dos musas descendió y tomó la mano de aquella que llevaba de pensamientos de todo tipo su mente para a continuación depositar con la mas suave de las delicadezas sus dedos. Sin mas ceremonias la mujer recien llegada dijo. 


-Bailas de una forma que no tiene parangón musa de este alado caballero que nos escucha y que me ha hecho venir transmitiendo un mensaje a nivel mundial a través de la tierra, el viento y los mares. Ahora y sin ningún tipo de duda saben tanto animales como elfos el nombre de aquella que ha inspirado la creación de todo un mundo en el cual no tengo razón de ser, pues ante sus ojos no hay diosa que valga la pena mencionar si no tiene tu aspecto, tu nombre y tu forma de bailar. Baila, cuando tengas miedo o estés alegre y feliz, sencillamente baila, y si el cansancio físico te puede ya sabes a quien recurrir. Él te adora y estará dispuesto a arrasar nuestro Olimpo si algo te ocurriera. -Y con una dulce nota de la lira comenzó un baile lleno de gracia, el cual dirigió al bosque, entre cuyas ramas desapreció sin dejar rastro. 


Todo quedó en silencio mientras el mundo contemplaba a aquel caballero de alas grandes y oscuras que ahora brillaban con los mil y un tonos de ópalo negro abrazar aquella cintura y elevarse juntos por los cielos para bailar lentamente entre las nubes. Él sonreía porque ella sonreía. Aquella luminosa sonrisa que hacía brillar mas de un mundo interior. Los miedos eran olvidados, las angustias desterradas, las dudas asesinadas. Aquella dama, representante de la mismísima Terpícore en ese mundo donde solo podían verse dos estrellas estaba a su lado y así sería hasta que el destino lo decidiera. Entonces él hablaría seriamente con el destino para conocer el problema y llegar a una solución común. No quería que se alejara. Nunca. 


miércoles, 22 de febrero de 2012

El sueño





Recuerdo aquel sueño o mas bien aquella noche como si la hubiera vivido al igual que todas las noches desde que tengo uso de razón. El detalle mas mínimo no era capaz de escapar ante mis recuerdos, ante el análisis concienzudo de cada paso dado a lo largo de esa aventura. Pero ese sueño había sido solo una vez y aun así inolvidable. Aquel sueño era la conjunción perfecta entre fantasía, miedo, lucha contra el propio interior humano y enfrentamiento directo a la realidad y la locura entre otras muchas cosas. Todo ello rodeado de una atmósfera llena de matices que invadían los sentidos y hacían temer por la propia vida y a la vez desarraigarse de todo miedo o instinto de supervivencia que pudiera coaccionar carrera alguna por conservar la propia vida. Aquel sueño era algo que sin duda espero no volver a tener pero a la vez deseo con toda mi fuerza que se repita pues aun sin ser hombre de emociones fuertes, el sabor de la adrenalina se me torna una poderosa droga cuando las imágenes de esa ensoñación me invaden. Nunca me sentí tan vivo y a la vez temeroso de perder la propia vida y cosas mas preciadas por mi y despreciadas por la sociedad como la cordura e incluso mi alma. Sí, mi alma.


En aquel oscuro episodio de mi mente en su estado de mayor actividad siempre caminaba como el mas solitario de los humanos, indiferente ante todo aquello que me rodeaba y a la vez llamaba poderosamente la atención. En medio de la multitud solamente se veían sombras. La propia muchedumbre era una sombra en sí misma que se regia por sus propias leyes de movimiento y reacción ante mi presencia aunque para esto último siempre era la misma reacción: indiferencia. O ignorancia, como si yo me moviera en un plano de la realidad en el que no podían verme pero yo a ellos si. Si añadiéramos otra rareza mas sería que esas personas, o sombras o lo que fuere tenían todas un aspecto diferente pero a la vez bien definido aunque con matices que daba lugar a tratar de recomponer con la mente aquello que les faltaba. Si bien un detalle en común tenían todos. Sangraban. Sangraban sombras de su cuello. Se movían con total naturalidad pero esa sangre que no caía sino que se quedaba flotando en el aire se desprendía de su seguramente perforada vena yugular, pues surgía siempre de ese punto mortal en caso de cortarse o herirse de alguna manera. En los rostro medio ocultos por las sombras se apreciaba todo tipo de expresiones físicas pero la realidad era que muchos de aquellos rostros parecían lamentar su existencia, como si sobre ellos se abatiera una maldición peor que la propia rutina. Y aquellas edificaciones grises parecía avalar toda esa desdicha en la que se encontraban, como si toda posibilidad de alegría se hubiera esfumado.


Las sensaciones que en ese momento de mi peregrinaje entre los grandes gigantes de hormigón y esas pequeñas hormigas de sombras me invadían era como la de toda normalidad existencial. Sentía que eso estaba así porque tenía que estar, mi contemplación de la situación acaecida era pasiva. No había alegría ni pena, curiosidad o temor. Todo aquello formaba parte de una realidad en la que había nacido y justamente en ese momento todo se desarrollaba con total normalidad. La congoja de la soledad no me afectaba y nada parecía tener sentido pero tampoco se lo pretendía buscar. En ese tipo de sueños prontamente se lleva a cabo un cambio notable, ya sea a otro paraje y otras sensaciones o quizás sencillamente despertamos y nos volvemos a dormir. Pero en esa ocasión todo era bastante diferente. Nada cambiaba y a pesar de que mi mente, despierta y perfectamente lúcida en aquel sueño me decía que ya era momento de despertar, a la propia ensoñación parecía que no se le antojaba que yo despertara y volviera al mundo real. En ese preciso momento es cuando me dí cuenta de que este no iba a ser un sueño normal y en mi fuero interno deseé que todo terminara siendo tal deseo mi primera manifestación de consciencia en una realidad que no era la correspondiente o la habitual. Era como esas aventuras digitales en las que el protagonista podría estar dando vueltas alrededor de un mismo punto hasta encontrar el pasadizo. Así que entre sangre sombría y rostros atormentados comencé a moverme. Mis pasos no aceleraban ni se ralentizaban, no se notaba el cansancio, el hambre o el discurrir del tiempo eso era verdad pero cada segundo que pasaba me comenzaba a pesar como una gran carga moral sobre los hombros de un general que ha perdido a muchos hombres en la batalla. El primer cambio de esa rutina se produce cuando me doy cuenta de que mis pasos me llevan solos a un lugar muy especial.


Una iglesia en medio de esa urbe desolada y carente de alegría. Cierto es que esa iglesia era el punto que mas destacaba por encima de la oscuridad. Y mas cierto aún que destacaba por encima de los edificios mas altos. Mis conocimientos sobre arquitectura no son muy amplios pero aquella construcción religiosa sobrepasaba todo lo visto por los ojos del hombre en el mundo real. No había un rosetón ni dos ni tres sino cientos de ellos, de diferentes formas, a los largo de siete paredes altas como cualquier rascacielos moderno. En su exterior había toda una suerte de figuras, estatuas y representaciones en mármol blanco con alguna incrustación dorada de ángeles, demonios, seres fantásticos, gárgolas y mil sueños y pesadillas mas. Impidiendo la entrada con brillos de ambición y vanidad se podían apreciar unas puertas de oro de aspecto macizo, grueso y como todo aquello fabricado en oro, pesado. Todo se nubló por un instante y unas risas acudieron a mi mente. Eran risas cristalinas y estruendosas pero una sensación de bienestar se apoderó de mi por unos momentos en los que aquella risotada tan efímera se perdía en medio del hasta entonces inquebrantable silencio. En mi interior se produjo una sensación de extrañeza y desasosiego que no logré descifrar en todo aquel bello paraje que rodeaba el exterior del castillo. Una ansiedad y deseo de refugio latente se hizo con el control de mis pensamientos mas lógicos en su mínima expresión y me acerqué a las puertas de oro, algo deslustradas por la falta de agua y mantenimiento. Estas se abrieron mientras sonaba una música de arpa y flauta que evocaba la paz mas absoluta. Penetré al interior de esa gran edificación y me quedé sin aliento si es que en algún momento del sueño había respirado.


Ante mi se extendía algo que no se puede describir con sencillas palabras. las paredes estaban gastadas, ennegrecidas eso era verdad pero la antigua gloria de ese edificio parecía perdurar mas allá de la podredumbre y de los años que despiadadamente pasaban para todo. El gris de aquella ciudad era algo perfectamente comprensible. El interior de esa catedral contenía todo el color que pudiera albergar la paleta de colores con la que Dios pintaba el mundo. Mis ojos tardaron en acostumbrarse a tanta luz y lo cierto es que así fue durante un buen rato. Estos ojos, de ciego pues no observaban solamente miraban no dieron advertencia alguna de que faltara algún color. Las cuatro estaciones del años, los cuatro elementos, los siete pecados capitales y sus siete virtudes. Todo estaba representado en aquella enciclopedia ilustrada e iluminada. las luces se colaban por las cristaleras de los rosetones y en los contraluces así como en mil detalles mas. No había cúpula pero en lo alto caía un gran chorro de luz que daba en todo el centro sin desviarse. Si se usaba un metro para medir la distancia entre los vértices heptagonales se podría medir perfectamente cuando medía aquella cristalera emplazada a muchos metros de altura. Avancé unos cuantos pasos entre las bancas armoniosamente decoradas con motivos vegetales. Aquel sueño se estaba volviendo eso: un sueño de verdad donde solamente se podría encontrar calma y paz prometiendo que nunca despertaría y me quedaría ahí para siempre. La luz que se colaba a través de los cristales no podría ser mas nítida., se podía adivinar cada detalle de las cristaleras colocando la mano a la altura correcta y dejando que el reflejo de la luz revelara formas impresionantes, tan temibles como bellas. Se apreciaba la presencia de santos, caballeros, ángeles, demonios, gente con orejas puntiagudas, unicornios, Un gran dragón que me recorría de punta a punta de los dedos cuando ponía los brazos en cruz. Fascinando y movido por una intuición muy extraña me acerqué al cuadrado de luz que había en el centro para ver cual era el motivo principal de esa gran obra que se emplazaba ahí en lo mas alto, que era aquello que debía de filtrar la luz y derramarla sobre el suelo. Lo que me encontré fue tan maravilloso como desconcertante.


El color predominante era el azul. Un azul que a mi se me hizo en exceso familiar. Agradablemente familiar. Una sonrisa se instaló en mis labios al recordar aquello que motivaba a que ese color empezara a ser de mis favoritos, incluso mas que el rojo o el negro que yo tanto gustaba de vestir. Extendí una mano como había hecho con otros tantos dibujos y mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí en la palma de mi mano una bella rosa que se desbordaba ligeramente pues el radio de su corola era mas grande que la anchura de mi propia extremidad. No podía apartar los ojos de aquella bella creación y fui moviendo lentamente la mano dejando que esa rosa cayera eternamente al suelo para seguir descubriendo los detalles que tenían esa cristalera. No pude caber en mi de emoción cuando encontré otra rosa al lado de al primera sobre la que se habían posado mis ojos. y otra mas a su lado y otra enfrente o mas arriba según la perspectiva). Me encontraba maravillado ante aquella visión. Era como si esa iglesia tuviera impreso un mensaje para mi alma. El de que todo saldría bien, que todo sería paz y tranquilidad mientras me encontrara entre esas siete paredes. Miré entre mis dedos, contemplando como la luz se desparramaba entre los dedos y me centré uno de los detalles mas bellos de ese lugar. El suelo, quebrado por algún extraño incidente, estaba infestado de rosas azules. Pero no de luz sino auténticas plantas. No podía ser, me dije a mi mismo, es imposible ya que seguramente no han recibido agua en mucho tiempo o seguramente no podrían sobrevivir con la escasa humedad. No tenía ya lógica nada de lo que pudiera haberlo tenido en algún momento. De todas formas sentía mi alma en paz, mas que nunca, ante la presencia de aquellas plantas. Entonces cuando me dispuse a a seguir contemplando las rosas y extendí mi mano una sorpresa desagradable cayó sobre mi palma.


Una gota de sangre. No me asusté, no reaccioné de ninguna de las maneras. De todas formas no tuve tiempo pues cuando dirigí la mirada al techo sobre mí cayó algo que acerté a ver por unas décimas de segundo. Sin embargo cuando caí al suelo lo que se abalanzaba sobre mi no cayó sobre mi persona de forma inmediata sino que al abrir los ojos me encontré que ella estaba como flotando hacia mí. Terrible y a la vez divina, una mujer de sonrisa astuta y con cierto punto de lascivia se acercaba en medio de una suave brisa que me trajo el olor de las rosas. Lentamente se depositó encima de mi cuerpo y me sentí paralizado por un momento y el siguiente. No tuve escapatoria mientras sus ojos se clavaban en los míos y pude adivinar formas perfectas bajo sus vestiduras a medida que mis manos acariciaban de forma inconsciente su cintura y caderas, rodeando estas y ascendiendo por su espalda, aceptando aquella deidad que se había posado sobre mi. Ella parecía leer mis pensamientos pues su sonrisa se acentuó de forma estremecedora, hambrienta, catando la carne que parecía desear por encima de todas las cosas. Su cabello no se aposentó sobre su espalda y hombros sino que mas bien se quedó flotando como si una corriente de aire ascendente lo elevara de forma constante. En su mirada se encontraba el brillo del depredador que triunfalmente atrapa a su presa y la somete a su voluntad, la conquistadora que somete a todo un pueblo, y aquello me hizo sentir un miedo atroz. La debilidad debía de reflejarse en cada gesto que yo hacía, de escaso éxito a la hora de resistirme. Unos finos dedos se deslizaron por mi rostro, deleitándose con las formas de mi faz, como disfrutando la escasa humanidad que reinaba en esos lares llenos de sombras en su exterior. Me sentía paralizado por su mirada y lentamente ella fue acercándose mas y mas. Vi sus labios pintados en rojo y negro con gran maestría acercarse mas, mucho mas. Las pulsaciones de mi corazón estaban demasiado aceleradas, sentía que en breve me estallaría el bombeador de sangre que tenía instalado en el pecho. Sus labios susurraron unas cuantas palabras. Algo de un caballero y unas alas. Su voz era las campanadas de las iglesias, el rugir de los cañones , el sutil ronronear de los felinos mas salvajes y la suavidad del terciopelo. 


Una sensación de éxtasis se extendió por mi cuerpo cuando de pronto esos labios, que en mi fuero interno pensé que serían fríos como el hielo resultaron ser cálidos como el mismo Sol. Aquellos rayos negros y escarlata se posaron lentamente en mi cuello y lo empezaron a acariciar mientras sus finos dedos me atrapaban con las mas suaves de las caricias. Mi mente atrapada en aquel sueño solamente podía corresponder a sus movimientos. Sentía su aliento golpear mi cuello de forma constante, respirando una y otra vez sobre mi piel, neutralizando la poca cordura que me quedaba. En mi voluntad se estaba formando una súplica de que todo terminara y otra de que no se detuviera. Me tenía totalmente atrapado y no había orgullo de hombre o caballero que valiera en ese momento. Sencillamente me dejé hacer por aquellas manos y esos labios, a veces mirando sus ojos, que se aseguraban de que mi voluntad no se revelara contra su deseos de tentarme poderosamente. Los reflejos de la cristalera que lanzaba sobre ella rosas y mas rosas azules le arrancaba unos brillos de ángel bendito con movimientos de la mas tentadora diablesa. Con un suave movimiento de caderas hizo ver un deseo que iba mas allá de cualquier ensoñación de loco o de obseso. Mis labios se abrieron y no salió ningún sonido cuando aquella criatura divina comenzó a bailar lentamente, tentando a mi cuerpo a unirse a esa danza. Pero ante la reticencia de mi cuerpo paralizado por una fuerza misteriosa, de nuevo volví a sentir sus labios, los cuales no advertí que se abrían y dejaban asomar dos colmillos que se clavaron con saña en mi cuello. 


Desperté sudoroso, incorporándome al momento y respirando de forma agitada. Mis ojos contemplaron a todos lados,. asegurándome de que estaba en aquella habitación que me había visto crecer y mas tranquilo me dejé de nuevo caer con la cabeza en la almohada. Lentamente dejé caer la cabeza a un lado y el asombró se hizo en mi mirada. 


Sobre el lado de la almohada que no ocupaba mi cabeza en ese momento yacía, solitaria como una dama de otra época del reino vegetal, espléndida y decorosa, sencilla pero a la vez luminosa, una rosa azul. 



domingo, 19 de febrero de 2012

La Dulce Flor

Un poderoso anhelo es lo que el caballero sentía en lo mas profundo de su alma  pues corazón, a sus ojos, no tenía, malherido por miles de batallas pasadas en las que había perdido vida y sentimiento a manos llenas. Sus ojos estaban colmados de aquella desesperación y aquella necesidad, un ansia viva en la que todo era inútil a la hora de desviar su atención para lograr algo de distracción. Aunque, todo sea dicho en aras de la verdad, lo conseguía los viejos vicios en los que se veía inmerso cuando menos lo esperaba. Acaecía una tarde solitaria en la mas profunda selva del amazonas. Nada mas se podría ver a partir de unos pocos palmos de densa vegetación verde, viva, salvaje e indómita. la búsqueda de aquello, fuese lo que fuese, no se podría hacer esperar mucho mas. La mente se encontraba desquiciada por esa fiebre amarilla que le invadía la mente de forma delirante. Las pocas pruebas de que alguna vez ese caballero había pertenecido a la civilización se esfumaron hace ya mucho tiempo y ahora se encontraba ahí, entre salvajes avances dados a marchas forzadas por una promesa de un supuesto y maldito hombre que le riquezas. Aquel rostro que veía mas allá del tiempo y el espacio, mas allá de la piel de uno de los conquistadores mas temibles de la tierra recién descubierta de casualidad. Recordaba aquellos ojos impregnados en un poder que ni los cañones mas atronadores podrían comparar, pues los cañones mataban el cuerpo pero esos ojos podrían doblegar el alma y fue la sencilla misericordia y bondad de aquel anciano lo que le salvó de ser quemado por esos ojos.


Como ya se había dicho ya no le quedaba nada de ese caballero noble y de nobles intenciones que estaba a la búsqueda de enriquecer a su patria y tener un nombre de gran fama entre sus semejantes, propios y extraños. No había ya pólvora en la que confiar para cazar un pequeño trozo de metal que abatiera a un pájaro o que asegurara una victoria contra un felino de gran tamaño. Nada quedaba de esa cantimplora ni de los bien cocinados víveres de principio de viaje. ya no había casco que cubriera del sofocante calor y la humedad infernal estaba destrozando poco a poco su mente haciéndole ver de vez en cuando cosas que quizás no estaban ahí, o que al menos él no desearía volver a ver nunca mas. Sus botas tampoco estaban como era lógico, perdidas en medio de un ataque de unos nativos salvajes que posteriormente le postraron ante los pies de aquel temible hombre de mirada sin par. En medio de danzas que él no comprendía le había gritado sus destino en una lengua que nunca había escuchado. En su fuero interno un mensaje se instaló dentro de él, Entre las retumbantes palabras de castigo de aquella entidad ´´humana´´ hubo cierto momento en el que pudo detectar, quizás en medio de delirios, como tregua a ese castigo para su cuerpo y espíritu, una pequeña nota de esperanza. Nada le sorprendería mas como lo que venía a continuación. Tomó sus manos y le dijo, cuando los delirios no podían ser soportados, algo que le hizo ver aquel momento como una ensoñación en momentos futuros:


-Has de encontrar en un largo camino al norte, pasando peligros inimaginables en los que dejes todas tus pertenencias por el camino, algo mas bello que el sol y mas valioso que todo el oro del mundo. Debes partir ahora mismo para poder llegar a tiempo de ver eso que te espera detrás de estos bosques y las montañas que siguen a esos bosques. Debes encontrarte con peligros, nunca los esquives ni retrocedas, aprenderás de esos peligros. Encontrarás lecciones en la brisa y en el rugido del viento, en el repiqueteo de la lluvia en las horas y sabrás que hacer cada vez que el silencio se haga en la selva, pero si este se prolonga mucho tiempo corre siguiendo la estrella polar. Corre, corre mas rápido que tus propios pensamientos hijo de la civilización sorda y muda y realiza todo esto que te digo hasta que el sol oscurezca en la noche que siga a otras tantas noches- Nada mas escuchar aquellas palabras en el idioma de la civilización y lo moderno, ese hombre que venía en busca de riquezas sencillamente se puso en pie y alabado por las multitudes de esa pequeña aldea dejada de la mano de Dios partió raudo y veloz, a una carrera feroz, llevado por fuerzas en las que nada podría explicar como esos pies se movían tan rápido, atravesó la espesura.


La carrera fue a través de aquel bosque y de las montañas, Se encontró con tribus temibles que comían a sus propios muertos y a los vivos también. Cruzó lagos llenos de sulfuro en cuya orilla había animales muertos. Temió por su propia vida tantas veces que no le llegarían ni los disparos de diez salvas de cien cañones para contarlos. Pero hizo caso al pie de la letra, no sabía el porqué de aquellas acciones tan descabelladas pero cuando la noche llegaba se tumbaba, cansado de correr y de caminar, nadar, trepar y cazar con sus propias manos y sencillamente escuchaba aquello que tuviera que escuchar. Escuchó tanto que ya distinguía si el mosquito era hembra o macho y por tanto si le iba a picar o no. Escuchó todos los sonidos de aquellas aves de brillantes colores que provocaron mas de una fantasía de querer hacerse un abrigo con sus plumas y mas tarde, desechando aquel pensamiento tan monstruoso, el de querer volar. Escuchó el siseo de la serpiente y el gruñir del puma así como su rugido a dos palmos de la cara. Escuchó el desgarrar de sus ropas cuando las zarpas de ese puma le arrancaron casi un costado entero. Escucho como la sangre salía a chorros de su interior y también escucho como la espesura le susurraba consejos de acerca de desinfectantes. Cayó. Muchas veces cayó para levantarse o ser levantado. Sus ojos siempre buscaban las estrellas en las que guiarse. Y a veces miraba esas estrellas sin pretensión de guía alguna, sencillamente soñaba. Como sería ver las estrellas mas de cerca. pensó en aquellos que en la moderna Europa observaban al cielo con los grandes telescopios. soñaba con ver esas estrellas de cerca e incluso tener dos guías estelares por si una se apagaba de pronto. Cuando el día llegaba se levantaba de golpe y comenzaba a correr o caminar, ya enloquecido por delirios y pesadillas. Desesperado llegó a caminar por el borde de un barranco casi enloquecido y entre risas histéricas. La locura se hizo con él hasta que apareció el último día de su travesía. 


Tras atravesar miles de kilómetros de selva, bosque, montaña, lagos que se encontraban a alturas imposibles, estar en territorios aliados y enemigos pasando desapercibido como una sombra tuvo aquella señal que llegó a su mente una buena noche de intenso frío. Primeramente pensó que había sido un sueño mas, una ilusión producida por alguna planta tóxica que se comiera por error pero la belleza que había ahí plasmada era algo que no podría pertenecer a ese mundo. Aquel hombre de esa tribu cuyos ojos nunca olvidaría le dijo que cuando despertara encontraría aquel tesoro que tanto buscaba. Que el color que debía de buscar era el de los cielos y los mares. Aquel tesoro tenía algo del color de la tierra mas pura y fértil y como última nota aquel hombre de ancestral sabiduría dejó en su mente un sencilla frase.


-Cuando veas aquello a lo que te he guiado olvidarás mis ojos y todas tus pesadillas dejarán de existir.Nada mas se dijo y cuando despertó se dispuso a correr con todas sus fuerzas. travesó una llanura en la que crecían unas flores de brillantes colores, vio sombras que le acechaban por todas partes. Las ignoró. No le temía a nada, estaba totalmente enloquecido por aquella persecución en la que un sentimiento de desesperanza y otra de gran fuerza interior luchaban por hacerse con el control de su mente. Los pies se movían como llevados por el viento y las alas se desplegaron en el último momento ante el grito salvaje que surgió de sus labios, ronco ya que no había hablado con nadie desde aquella última vez en ese pueblo que ya le parecía mas lejano que su propio nacimiento. Voló rápido como una flecha, como un disparo de cañón. Voló con y como el viento, desesperado. Entonces todo un muro de espinas le atrapó. No se esperaba encontrarse tal impedimento aun pudiendo volar pero ya no existía el dolor ni la preservación física. Ya nada existía mas que el poder lograr ver aunque fuera por un solo instante eso que tan valioso era, mas que el oro que los diamantes que el platino que la misma armada británica al completo. Ver. Solo quería ver aquello aunque fuera una vez sola vez en la vida. las espinas comenzaron a desgarrar a momento los pocos harapos que tenía y ese muro parecía infinito. Las lágrimas luchaban por salir pero no les dejaría salir. Entonces la luz se hizo y logró llegar al otro lado de aquel castigo que se le hacía eterno a sus ojos. Se puso en pié y no pudo creer lo que tenía ante sí. 


Su rostro en forma de corazón se volvió hacia el con la mas abierta curiosidad de quien ve una interesante pintura en uno de los múltiples museos de su ciudad natal. Se acercó con la cautela de un gato y a la vez con las ansias de hacer mas acciones que quizás sustentaran auxilio a ese pobre diablo que no podría levantarse en un buen rato. Su mente estaba agotada, débil, vulnerable. Totalmente entumecido por el frío se encontraba su cuerpo. Sencillamente miró sus ojos cuando estos se encontraron cerca, ignorando todo lo demás en el mundo. Ya no había mas mirada que aquella. Al susurro del viento llegó rápidamente el sonido de una risotada cristalina. Era Gaia que parecía divertirse con el castigo y a la vez con esa aventura sufrida por ese joven escritor que lo había dado todo por un tesoro mas valioso que el oro en el mundo entero. Y lo había encontrado sin duda. Apenas pudo limpiarse una mano sucia en la hierba verde y conducirla a esa delicada mejilla, palparla discretamente antes de deslizar sus dedos por esa piel morena besada por el fuego de una de las tierras mas bellas que se pudiera pisar con pies de humano. Le resultaba casi imposible aquello. Cuantas veces había pensado en mujeres bellas, cuantas veces había inventado a tales mujeres para recrear escenas de todo tipo. Cuantas veces había sentido fascinación por una mujer. Y ella le daba mil vueltas a todas. La inteligencia mas aguda brillaba en sus ojos, aquellos ojos. Dos estrellas faltaban esa noche en el cielo. Lo comprobaría en cuanto tuviera la oportunidad, pero de seguro en el firmamento faltaban las dos estrellas mas brillantes que pudieran contemplar los ojos del hombre. Contuvo la respiración mientras deslizaba los dedos por su mejilla y seguía inmerso en su mirada. Y esa sonrisa que surgió mas tarde. Creyó volverse ciego. No había duda de que era aquel el tesoro que buscaba desde hacía tanto tiempo. Y los sentimientos que afloraban en ese corazón resucitado no eran los clásicos ´´encaprichamiento´´ ni ´´amor´´. Iba mas allá. No necesitó señal alguna para saber que ella era mas valiosa que el oro y el diamante, el platino, la plata o el rubí.


Sus dedos delicadamente pasearon una vez por la rosa azul que esa criatura casi imposible de imaginar tenía prendida en el cabello de una forma perfecta. Volvieron a su rostro el cual quedó algo sucio por la tierra que había en sus dedos tras una travesía en la que nadie mas podría haber resistido de no ser por la mas fuerte convicción. Se quedó en silencio y poco a poco fue sonriendo. era imposible no sonreír ante su presencia. Era imposible no doblegarse ante el sonido de su voz o de su mirada, que no irradiaba el mal en ningún momento. Era imposible toda ella, debía de ser un delirio pero la estaba tocando. Con sus propios dedos. No era una pesadilla, el dolor que sentía era físico y no emocional, Ambos dolores fueron remitiendo. Le estaba invadiendo una sensación de felicidad que no era normal. Sencillamente miró sus ojos y dijo:


viernes, 17 de febrero de 2012

La recompensa

Bella noche aquella, en la que con parsimonia el tiempo pasaba de forma lenta, sin apenas dejar huella a su destructor avance. Con la mas absoluta quietud reposaba, contemplando la noche aciaga de esa tristeza incomparable por ser estación de muerte y peligro, una bestia de grandes dientes y pálido rostro. En sus ojos la melancolía mas absoluta y la necesidad de expresar en llantos y lamentos toda su desdicha. Únicamente el consuelo de la soledad estaba a su alcance, que le hería con garras de hielo su mas ínfimo fortín personal de resistencia ante los quehaceres de la vida y sus cambios. Un triste suspiro salió de sus labios manchados en sangre enemiga cuando un sonido bien conocido llegó a sus finos oídos. En medio de aquel absoluto silencio en el que ni los pájaros tenían fuerzas para cantar. Una gota de agua llorada por las nubes, ejércitos de nubes que se concentraban en lo alto del firmamento estrellado, invisible en ese momento ante aquella legión pluviosa. Al sonido de esa gota le siguió otro y prontamente se encontró aquel ser de amplios colmillos deseando tener algo con lo que resguardarse pues sus ensangrentados ropajes se estaban mojando. A sus pies, como fríos y mutados testigos de lo que había acontecido momentos antes, los cadáveres guardaban y mostraban a tiempos iguales aquello que había transformado en terror absoluto sus rostro horas antes fieramente deformados para intimidar. El riachuelo de agua roja que se fue deslizando a un manantial de aguas cristalinas era quizás aquel último ritual funerario que expresara el deshonor con el que esos valientes dieron la vida. Aquella criatura llena de tormentos a miles pensó en el motivo de tal matanza. 


Pensó mucho sobre sus acciones, ante sus ojos todas ellas correctas. Debían morir, era la única opción por deshonrar el nombre mas bello que sus oídos jamás habían escuchado. Y no era el nombre de una de sus flores favoritas. Era el nombre de la Dulce Flor, de la Musa, de la Bella entre bellas. Dijeron cosas terribles y no debía de quedar así la cosa. Las sutilezas femeninas no le parecían correctas de llevar a cabo. Ese era momento para jugar a su juego favorito. Las batallas. Así es que llamó a todos aquellos que le eran leales y por tanto las primera en acudir fueron sus locuras. Siempre inquebrantables y volátiles en exceso. Abrazaron su cuerpo y le causaron mas de una herida antes de la batalla pero lo cierto es que una vez los objetivos quedaron entre ceja y ceja, nada las desvió de su camino para que los enemigos y los difamadores sufrieran una gran agonía. Eran locuras diestras en el arte de no contener los impulsos ni por un solo momento y a ellas se unió en aquel ataque contra los maleantes, contra los indignos de pronunciar su nombre. Le desquiciaba que dijeran su nombre aquellos que no lo merecían. Era un nombre demasiado bello, demasiado perfecto para que sus bocas llenas de pecado y blasfemias lo pronunciaran con tanta ligereza. La demencia se hizo con el en medio de aquel recuerdo y una risa maníaca se apoderó de sus labios de su mente, de aquella poca cordura que le quedaba. Innobles, innobles todos aquellos que dijeron su nombre maldiciendo su belleza y todo aquello que la hacía poseedora de grandes virtudes. 


Entonces vinieron todas las invocaciones que su mente tenía dentro de si misma. Vinieron los ángeles mas bellos y los demonios mas horrendos y seductores que marcharon a los hogares de mujeres, esposas, hermanas, y seres queridos para sembrar caos y destrucción. La colina de aquel castillo se pobló de pesadillas de cuatro patas y de dos, incluso quizás de tres o de nueve piernas. El caballero serpiente y todos sus oscuros compañeros aprovecharon su permiso para ofender mas allá de las lineas enemigas y sembrar destrucción y muerte en forma de pestes y arrancamiento de ojos. Nadie cantaba mas que con gritos su propia desgracia y los bardos que estaban presentes en medio de aquella contiendo, esos bardos lamentables que sencillamente querían seducir, fornicar y dejar tirada a las damas de castas maneras también debieron caer. La criatura de rostro ensangrentado miró por un momento a uno de esos lascivos e indignos miserables. De una patada le arrancó su mísera cabeza. Contuvo el impulso de emprenderla a patadas con el resto de los cuerpos y pasó por encima de estos impulsado por la seductora brisa que esa noche olía a gloria y muerte, dolor y sufrimiento. Esas esencias le hicieron pensar en aquella vieja amiga pero el núcleo de todo aquel enfrentamiento era otra persona. La sonrisa de lobo nadie se la quitaba mientras se elevaba por los cielos y dejaba en el suelo la melancolía para volar alto. Hasta las puertas de ese castillo algo derruido pero en reconstrucción. En tanto que el viaje se realizaba no pudo evitar mirar al suelo y recordar aquella carga de caballería gloriosa con sus jinetes mejor preparados y el caballero Lobo a la cabeza de la carga, arrasando con todo y siendo flanqueado por los arqueros ingleses y élficos, cuya tregua era por la sencilla razón de terminar con los difamadores y los miserables. Había sido una excelente batalla en la que se habían abierto hueco a través de las defensas enemigas al grito de ´´Por Gaia y la Musa´´, Sencillamente una epopeya. 


Llegó a esa entrada tan bien iluminada y decorada con cuadros de todos los grandes genios y artistas actuales y pasados, conocidos y desconocidos, productos de la imaginación y reales. Aquel cuadro de ella, con ese sencillo título honorífico que le daba la libertad mas absoluta en aquel mundo, no pudo evitar dirigir una sonrisa y una reverencia aun sabedor que ella dormía unos cuantos pisos mas arriba en la torre mas alta y bella, para que estuviera muy cerca de ese cielo del que había caído. Que bella estaba con su vestido confeccionado exclusivamente para ella por los mas habilidosos sastres de los bosques élficos. A ella le gustaban los elfos. A él le gustaban las elfas. Gustos en común. Las escaleras como siempre se le hicieron eternas y cuando recorría el iluminado pasillo en el que las flechas habían roto unos cuantos jarrones sin valor se encontró, frente a las puertas de oro con una figura inesperada. Los últimos metros los recorrió antes de quedar frente a esa entidad superior a muchas otras que había conocido y con las que se había relacionado. La procedencia de aquella figura era directamente de las capacidades creadoras de la Musa, que estaba al otro lado, reposando seguramente su cuerpo cansado e ignorante de todo aquello que se había desarrollado mientras ella descansaba. Con tranquilidad y sin temor que pudiera expresar su rostro siendo su interior otra cuestión a debatir se quitó lentamente la armadura, Aquel peto que se encontraba medio aboyado cayó al suelo produciendo un estrépito ensordecedor, permitiendo a las alas desplegarse mucho mas de lo que ya estaban, arrancando el amanecer brillos multicolor a sus alas. El silencio y la quietud se hizo. Sin mas ella miró sus labios y una sonrisa se hizo en su rostro. Esa sonrisa no denotaba nada bueno. Entonces se dio cuenta con la manga de la camisa se limpió los restos de sangre. Como agradecimiento, el sanguinario caballero le dio a la mortífera dama un anillo de diamantes que había encontrado en la mano de un conde al que había dado muerte. Un pago vacuo y banal pero sirvió de distracción como para que sutilmente se pudiera colar al interior de la habitación recitando el nombre de ella dos veces tras limpiarse las manos de sangre enemiga. 


Penetró aquel ser atormentado por mil pensamientos oscuros olvidando de pronto todo el dolor que le afligía. la contempló tan bella como siempre, con esas sábanas incorruptibles cubrir su cuerpo, únicamente impregnadas en su delicado aroma, tan natural y bello, agradable y dulce, tentador y tranquilizante al mismo tiempo. Quiso aquel día el destino que de nuevo ese hombro quedara al descubierto y deshaciéndose silenciosamente de su armadura y quedando cubierto por ropajes oscuros de mas humilde campesino, agitando las alas se concentró en sus ojos, cerrados, que seguramente ahora contemplaban el mundo de los sueños. A tiempo estuvo el caballero de atrapar un pétalo de rosa que caía justo en ese momento sobre su rostro. Con delicadeza apartó uno de los mechones de su oscuro cabello y aquello fue mas que suficiente para que amaneciera de nuevo en su mundo. La lluvia cesó de pronto y nada mas pudo alegrar el el día. servirle de recompensa, que sus ojos, mas allá de cualquier batalla imaginada, mas allá de la locura máxima en la que sumirse cuando la soledad muerte el corazón. Miró sus ojos con intensidad y el corazón comenzó a bombear sangre a sus mejillas de una manera indescriptible. Con mimo, con la ternura de un protector a su protegida, cernió su ala sobre su cuerpo y la delicadeza de sus dedos empezó a acariciar como la brisa aquellas plumas destinadas tan solo a su cuerpo. No se dijeron nada, tan solo se miraban mutuamente de una forma tierna, destinada a paralizar el tiempo y todos los acontecimientos de la historia. En aquel momento eterno donde se hizo una paz absoluta en aquel mundo mientras sus ojos permanecían en contacto visual. Una rosa azul fue invocada por un solo pensamiento en sus manos delante de sus ojos y con esta acarició sus labios delicadamente. 


-Buenos días dulce flor... -Acertó a decir el caballero ensangrentado y agotado por la batalla antes de quedarse dormido protegiendo al motivo de aquella guerra. La Musa. Lejos de ahí los cuervos y los bandidos daban buena cuenta del botín de los cadáveres, los necrófagos se daban el gran festín y las órdenes de no dejar un solo rastro de la batalla se repartían por doquier para que el paraje quedara impoluto cuando a ella se le antojara dar un paseo.


Y la recompensa a todo eso fue su mirada. Mas que justa y necesaria. 



lunes, 13 de febrero de 2012

San Valentín alado



En una noche de una estación indeterminada que bañaba todo el mundo creado para una dama, un alma errante estaba caminando apresuradamente por un reguero de luces que se posaban a sus pies. Las estrellas fabricaban para él, sumisas a sus mandatos, un puente sostenido por las constelaciones de luz que iluminaba el trayecto mas corto y cómodo hacia aquel castillo en el que habitaban todas sus inspiradoras ideas. Secretos y aspectos resultantes en un enigma para el mundo exterior. Con paso ligero aderezado por dos alas de color negri-azul a la vista de la escasa luz que daba en ellas y era absorbida por sus espesas plumas, fue caminando rápidamente hasta llegar a las puertas del castillo. Los nervios se hacían presentes, como cuando un niño esperaba ansioso el día de la sagrada Navidad y a través de las ventanas en medio de esa subida veía a la luna apremiarlo par que ascendiera mas rápido. El corazón latía en su interior como un tambor que sonara antes de un gran espectáculo en aquel sempiterno redoble que mantenía a lo largo de una vida cuando se trataba de ella. La distancia en ese gran castillo se le hizo eterna, al igual que el tiempo que no se contrajo sino que se expandió, ralentizando el momento de una forma tortuosa. Las brisas rozaban sus alas mientras las piernas empezaban a cansarse y la mente a perturbar con pensamientos de lo mas oscuros de derrota y cansancio, rendición e incluso muerte. Pero no. Esta vez no.

A su lado surgió la figura de una dama de gran belleza que le sonrió de la forma mas tranquilizadora del mundo. En esa carrera mantenía su ritmo y no había arrogancia ni burla por sus infaustos intentos que acelerar la carrera en su gesto teñido de digna, regia pero cálida bondad. Sencillamente dijo ´´te queda poco noble caballero de ardiente corazón´´. Con el corazón en un puño aquel caballero despidió a la Hija de la Luna, la pariente y sierva mas bella de todas no sin antes pedirle un regalo que pudiera impresionarla, pues ello buscaba. Causar una buena impresión y hacer que se acordara de ese día por mucho tiempo. El rayo de luna, con sus blancos ropajes, toda su elegancia y rectitud le dijo que mandaría a peinar con peine de plata pura su cabello cada noche a partir de ahora cuando ella durmiera. Con esa promesa y una sonrisa se marchó en la siguiente ventana regresando con su madre La luna. Pensó en su cabello, aquel tejido de los sueños que se enhebraba de la forma mas grácil cuando era ligeramente colocado por sus finas manos de hada, de ninfa, náyade, dríade. Cuanto gustaría de peinar él mismo su cabello con delicadeza mientras duerme entorpeciendo el trabajo de los peines de plata mas fina que la luna empleara en dar mas brillo del que ya tenía a su sedoso cabello. Contuvo un suspiro ante la escena que se recreaba en su mente. Su plácido rostro durmiente y ella entre sus brazos con una sonrisa, siendo protegida por dos mortales alas que podían pasar de la mas delicada pluma al mas fiero metal si algo la perturbaba para mal. Aprovechando la altura del techo de aquel lóbrego pasillo por el que se colaba otras hijas de la luna, extendió las alas y se puso a volar pero su vuelo no duró demasiado tiempo pues una figura se abalanzó sobre él, una entidad que resultaba seductora como el aroma de las flores mas aromáticas que siempre arrastraba. La Brisa, desnuda a sus ojos susurró con la mas aterciopelada voz acusaciones de infidelidad, de que siempre sería ella la que alzara sus alas, que nadie mas lo haría. Con su desnudez acarició el cuerpo cubierto de negros ropajes del caballero alado que se vio tentado, mas esta vez no sucumbió. Con sencillez le dijo a la Brisa ´´Lo siento pero brisas como tu hay muchas en verano y primavera. Musas como ella solo una en la vida´´. La brisa a pesar de la ofensa dejó una última caricia en su rostro antes de desaprecer y susurró a su oído ´´Cuando abras las alas se escuchará mi canción bajo la forma de su canción. Ese es mi regalo para ella de parte de esa rival derrotada que acepta perder´´. La curiosidad lo embargó. 

Y pensó en su voz. La primera vez que había escuchado su voz había sido un momento inolvidable. Tenía la cadencia y armonía de las campanas que suenan cuando los ángeles recuperan sus alas. Como él las recuperó cuando ella le ayudó, aquella dama que había estado a su lado en lo bueno y lo malo para todo aquellos momentos en los que no se veía con fuerzas. Aquella voz le gustaba hechizaba, era tan dulce y a la vez firme y clara. Llenaba sus sentidos y los relajaba al igual que aquella cercanía que a pocas personas le permitía. No cercanía física sino cercanía espiritual. Era el oasis en el desierto, el silencio de la tregua en medio de esa guerra que es la vida, el ojo en medio del huracán. Y su risa. Oh deliciosa risa, que viajaba a través del tiempo y el espacio a sus oídos llenando su mente de luminosas escenas de esa dentadura blanca que era capaz de reflejar la luz en todos los colores del arco iris antes sus ojos de adorador de cada rasgo de ella. Podría decir mil cosas de su sonrisa. La escandalosa cadencia de esa risa era la primera en el mundo que no le molestaba, al contrario, la estaría escuchando por toda la eternidad. Ella era motivo de sus gracias y bromas solo por escuchar aquella risa deliciosa, señal de que algo en el mundo iba como debía de ir. Con una sonrisa en los labios el caballero esta vez sí tomó impulso y echó a volar. Fue mas rápido que nunca en su carrera aérea a través de aquel largo pasillo que de pronto se oscureció. La Noche había llenado el pasillo. Pero no cesó de volar a través de la oscuridad. Ciego y todo, nadie le haría retroceder con miedos y pesadillas. 

Pero estas atacaron sin contemplaciones. por todos lados. Los miedos que estaban mas adentró de aquel ser abyecto desgarraron sus entrañas. Empezaron a susurrar sus desesperantes tonadillas y diatribas con el objetivo de desesperar su mente y desquiciar hasta los límites mas insospechados. Atacaron sus puntos mas débiles sistemáticamente. Con ira y rugidos de lobo, los ojos inyectados en la mas fiera rabia, se deshizo de unos cuantos atacantes pero fueron la Tristeza y la Melancolía mas fuertes y le arrancaron con extrema y lenta crueldad esas alas que le pertenecían. Un ser humano cualquiera se habría tirado desde la torre mas alta. Él hizo algo mas aguerrido. Miró a sus miedos a la cara con los ojos de ella en la mente y les hizo ver todo aquel que bien que día a día aquella mujer depositaba en su alma. Sin mas, conteniendo rabia y todo lo necesario se dio media vuelta no sin antes dedicarles una sonrisa y la visión completa de su espalda sangrante. Sin embargo, mientras recorría el pasillo dos figuras, la de un caballero de rubios cabellos y la de un hombre proveniente de las mas oscuras tinieblas lo interceptaron pero no interactuáron con él, le pasaron de largo mientras se desenfundaba una espada y se extendían dos alas negras como la misma noche. La batalla en el pasillo fue terrible pero esa es otra historia. Entonces apareció Gaia. 

Vio a su mas fiel siervo y acogió su cuerpo con la espalda sangrante y desgarrada entre sus brazos. Cantó una canción de cuna en su oído. Una canción dulce como la miel y de extrema fluidez como los manantiales mas cristalinos y con la petición a todas las criaturas vivas curó sus heridas. Entonces, recuperando las fuerzas por la pérdida de sangre le habló de ella. De como ella era el movimiento de las mareas y los vientos, como era el latir de su corazón con cada día que pasaba. Le habló de sentimientos diversos sin tocar en ningún momento el del amor, el cual era un sentimiento y emoción demasiado pequeño. Se permitió el narcisismo de decir que con ella él iba mas allá del bien y del mal pero mantenía la humildad, que ella era el ente superior de sus pensamientos, de sus planes, de todo. La madre Gaia pensó y le preguntó una cosa. Su vástago le contesto con simpleza. Le dio unas nuevas alas y fortalecido momentos después echó a volar con la rapidez del rayo, luciendo dos bonitas alas. Totalmente diferentes a las anteriores con las que pidió encarecidamente a su mas fiel siervo que abrigara pues se merecía el abrigo de esas alas procedentes del seno de la misma tierra. No era la lava de los volcanes ni el marrón terroso de los suelos mas fértiles, sino algo mas bello. Mucho mas bello. Una esencia que se desprendía de la luz reflejada en uno de los materiales mas bello jamás vistos por el hombre y los ojos del propio universo se posaron en esas alas, regalo para una dama... 

Los últimos metros fueron recorridos mientras la Noche, herida y rendida cubrió con el mas excelente traje negro a su ofendido, ganador de aquella batalla contra sus miedos como premio por tan ardua resistencia. La tela, de excelente factura, podría superar a cualquiera jamás habida y por haber en aquel mundo. Se acercó a la puerta de oro y apoyó las manos en ella. Recitó su nombre, el de la veleidosa mujer que había inspirado cada rosa azul en los últimos tiempos, que le había hecho fortalecerse mas que cualquier bastión inexpugnable. Esas puertas se abrieron suavemente, dejando salir el aroma de las rosas y el brillo de las cristaleras en el techo.Por el rabillo del ojo vio a una elegante figura de pálido rostro así como a su lado una bella mujer que portaba una bolsa llena de dulces. Temió por su vida solo un instante cuando se cruzó con la mirada de la pálida dama pero aquel día sería perfecto. Tomando una rosa azul entre sus manos formada a través de los pétalos que caían desde aquel techo bellamente acristalado la contempló dormir durante un buen rato. Miró su cabello que la luna peinaba con peine de plata. Vio aquel rostro en forma de corazón que le encantaba con esa frente tan besable como sus mejillas o su nariz y ya no se hable de su inalcanzable alma. Ella se merecía mas esas alas que él, humilde siervo pobre de bolsillo y proletario de corazón. Él solo había luchado. Ella había sobrevivido a cosas terribles. La admiración que sentía por ella y mil cosas mas bombeaban en forma de cálida sangre por su corazón, que ardía y se enfriaba por momentos cuando ella estaba cerca. Rememoró mil momentos, mil frases, pensó mil ideas mas para hacer perfecto ese momento. Sin que se le ocurriera nada sencillamente abrió las alas y aquella canción sonó. Mientras susurraba en su oído a la par que los pétalos de la rosa rozaban su mejilla:



Ambas imágenes (Creadas por la bella Trisha) me parecieron esplendidas y no me pude decidir... así que aquí ambas. 




sábado, 11 de febrero de 2012

La danza de la alegría

Era de fuego su cuerpo y de agua sus movimientos. Cálidas y sensuales caricias se extendían por su piel, que era abrazada por los mas livianos ropajes en medio de aquella luminosidad mágica que siempre había sido un fuego encendido en una buena chimenea. Sus formas se revelaban pero nunca se mostraban de forma sutil, sutilmente insinuadas en cada paso, algo que sin duda hacía de aquella escena un verdadero regalo de los dioses. Con cadenciosa y virtuosa sensualidad iba siguiendo aquel camino que las notas marcaban a un ritmo capaz de embotar sin reversión alguna los sentidos y la guardia del mas aguerrido guerrero. Con delicadeza se movía pero a la vez con decisión y rapidez, como movida por los constantes cambios de las corrientes de aire que se provocaban al batir de unas poderosas alas extendidas a los costados de su único espectador. Unos ojos hambrientos la miraban  y a la vez no podían evitar contemplarla con la adoración del mas humilde siervo que recibía ese obsequio de las deidades mas generosas. Aquella seductora bailarina regalaba sus mas fieros y a la vez sutiles movimientos a los ojos de ese afortunado que cambiaría los restos de sus días por ver esa danza mucho mas de cerca de lo que ya la estaba viendo. Su cuerpo se mantenía relajado ahí donde otros muchos habrían perdido el concepto de moral o ética por no decir de respeto al sexo femenino e intimidad. Sus ojos a veces se encontraban cuando pasaba muy cerca y la participación de su cuerpo cerca del suyo era algo que con seguridad ponía a prueba la templanza de ese gratificado caballero que miraba con engañosa pasividad a ese deleite personificado de la diosa de la danza, no importaba nombre ni cultura asociada, ella era la diosa y lo sería ante los ojos de cualquiera que tuviera el sentido de la vista en buen estado. 

Se movía de un lado para otro con su cuerpo, pieza maestra de la arquitectura genética humana, o al menos eso parecía a simple vista, humana. Pero no era tal como se la podría representar en fríos papeles que constataran su nacimiento y logros, pues en ella estaba el poder que fluir como la música, como una gota de agua lo hace en un río a través de su curso mas rápido. Su cuerpo era en ese momento la música misma que bailaba, la interpretación de cada idea de las lejanas tierras de Arabia que ella glosaba para él, la ayuda a comprender mediante golpes rápidos de cadera, lentos movimientos de unos brazos que acariciaban el aire y a veces su propio cuerpo en la búsqueda de la mas ansiosa provocación a ese improvisado espectador toda la fuerza y magia de los dominios orientales de los que procedía cada nota. E incluso en los preliminares de la primera pieza nunca dejaba de moverse, sus caderas y su cintura se cimbreaban de una manera que no era normal, de ese mundo lleno de seres inferiores a la condición humana pero que compartían las mismas características físicas que estos. Ella era superior a la condición humana y divina de cualquier dios que quisiera retarla a un concurso de baile. Su figura estaba siendo visto bajo una luz totalmente distinta por esos ojos comunes y tristes que a ella tanto parecían gustarle. Detrás de esa máscara de piedra asomó una sonrisa tímida y a la vez que unas mejillas se sonrojaban los pensamientos de deseo empezaron a fluir de una forma rápida pero no descontrolada. Podría estar mirándola bailar toda una vida sin cansarse. Incluso quizás participar en algún baile de esos tan lentos que las parejas en ciertos eventos sociales llevaban a cabo. Aquellos ojos le miraban y a veces eran observados por la bailarina que desde luego lograba captar toda la atención con su cuerpo y en cada movimiento. 

Una nueva pieza musical sonaba, esta mas lenta incluso que la anterior, sin tanto cambio de ritmo. Era envolvente, como una serpiente que apresa a su víctima para lentamente dejarla a su merced. Los ojos del caballero no daban crédito y sabía que cualquier hombre ya estaría ardiendo por hacerla suya pero él iba mas allá de eso y no caería en los viejos,miserables, perdedores, bajos instintos. Una serpiente no se movería con mas sensualidad que ella, no atraparía la mirada con sus ojos como ella lo hacía con los de ese ser alado que miraba aquel cuerpo fluir como unas llamas que devoran el control sobre si mismo pero a la vez lo mantienen pegado a su asiento por no interrumpir esa demostración de divinidad danzante que se ejecutaba ante sus ojos. Lentamente se movía. muy lentamente, como si el propio tiempo dejara de transcurrir a ratos para centrarse en poner sus ojos de inamovible cristal en aquellas curvas peligrosas para cualquiera que la observara. Era extraño que el suelo que pisaba no se derritiera totalmente enamorado de sostener sus pies ligeros como las alas de una mariposa en un mundo creado para que ella fuera la estrella central del espectáculo. En su rostro se dibujaba una sonrisa y en ese juego de locura y placer en forma de movimientos de danza se tornaba su mirada salvaje, depredadora de almas, como si quisiera quemar hasta el último nervio con sus ojos, ahí a donde no pudieran llegar las caricias que daba al espacio y al tiempo con su cuerpo. En ese lugar secreto, compartiendo aquello tan bello y a la vez intenso se encontraban esas dos almas. Aquella aportación por parte de la bailarina de exóticos rasgos había borrado todos los lamentos y la tristeza o rabia de un plumazo mas salvaje que el viento mas huracanado. 

El fuego del infierno mismo vino en forma de mujeres, compañeras que se unieron a la danza, o quizás eran alucinaciones provocadas por la sensualidad y la cadencia de esas caderas que hipnotizaban, que moldeaban su voluntad a la voluntad de ella, provocando los mas impuros pensamientos. Con deleite de sus deseos ella se acercó mas y mas mirándole en todo momento como una pantera que se va a lanzar sobre su presa, paseando sus manos por el cuerpo, incitando a su débil determinación de quedarse quieto. Como gustaría de explorar aquella figura con sus manos y disfrutar con la suavidad de su piel, de no perder en medio de la pasión los papeles, de hacerlo todo lentamente, con esa sempiterna ternura que, sea la situación que sea, ella siempre despierta en él. Una bocanada de aire mas. Llevaba un buen rato sin respirar y hasta el corazón agradeció un poco de oxígeno en la sangre a la que hacer circular para que al consciencia no se perdiera. Ya con la mente mas despejada vio el fuego bailar alrededor de ese cuerpo prohibido para muchos hombres. La gracia con la que se movía podía acelerar y frenar el ritmo de la vida a su gusto ya que todas las estrellas tenían sus lascivos ojos puestos en ella. Se había roto en el interior de su luminoso ego la idea de que ya lo habían visto todo hasta que ella apareció. Y a medida que se iba acercando al objetivo de sus movimientos la luna se ponía verde de envidia y miles de gritos de rabia se extendían por los hogares de amantes propios y ajenos. 

Con sutileza y en un medio giro de cadera ella se cernió de espaldas sobre él de una forma lenta y suave como si unos brazos la fueran depositando sobre el cuerpo de su invitado a esa noche fría que se había tornado cálida, alegre, sensual. El cuerpo del caballero por fin reaccionó justo en el último compás de esa última pieza de música y rodearon esa cintura y acariciaron esas cadera que ahora iban a ser objeto de muchas mas ideas cuando al idea de escribir se le viniera a la mente. Su nariz se posó en el cuello mientras el cabello negro como el manto de la noche se desparramaba por encima de sus senos convenientemente cubiertos por esas prendas de seductor tejido. Sin soltarla dejó un suave beso en ese fino y delicado cuello de cisne, sintiendo el reposo de esa bella criatura sobre su cuerpo, en absoluto molesto por ser su lecho de descanso ante tanto baile por esa noche.