sábado, 5 de enero de 2013

El guardián fiel.

La luna traspasaba aquellos cristales azules en forma de una rosa azul que dejaba brillar todo el interior de esa curiosa habitación con una luz que invitaba a la tranquilidad. Los libros de poesía, cuentos, historia, descansaban sobre las estanterías y no lejos de ahí se encontraban unas cuantas joyas a medio hacer esperando a ser robadas por una ágiles manos capaces también de provocar las mas delirantes sensaciones en todo cuanto hombre se depositaban. Seguramente algún brillante de todo el total faltara en aquella mesa de trabajo de orfebrería. Los vientos soplaban y las sombras se convertían en refugio de todo tipo de oscuras criaturas en las que dar un poco de confianza podría convertirse en la peor de las pesadillas o el mas bello de los sueños. No había rincón de aquella habitación que no estuviera impregnada en algún rastro de personalidad mágica y atrayente, como el rasgo de un rostro que lo hace único sin necesidad de ser una cícatriz o una mancha. La luz de una lámpara de bellos cristales se encontraba apagada. 

En la chimenea crepitaba las llamas danzantes, como los pasos de baile aprendidos de la pasional danza entre Terpsícore y algún afortunado acompañante en sus paseos llenos de expresión y vida. Por aquí y por allá se podía percibir un leve olor de vida salvaje, alguna marca de zarpas en el suelo o cerca de las paredes. Mas allá, como si esperaran pacientemente, los dulces derramados en una bolsa, dulces como los ojos de la dueña a la que pertenecían, alegre y a veces depresiva pero sin duda capaz de conquistar el corazón mas duro. Lejos de todo aquello, en un solitario jarrón, descansaba una rosa gris plenamente abierta de pétalos. Un curioso contraste para las armas cuyas formas causaban fascinación y temor por igual, hacían desear usarlas y al mismo tiempo respetar su quizás centenaria estancia en aquel lugar sin tiempo y sin espacio definido, un refugio vacío y a la vez lleno de mil experiencias y pensamientos, emociones y sentimientos. Una leve neblina de ternura se mezclaba con un deseo palpitante de lujuria incontenible. Sin duda un extraño lugar, lleno de lágrimas y al mismo tiempo de mucha diversión y alegría. 

Dormida en una cama e iluminaba por aquellos rayos de la luna, uno de los seres mas bellos de la creación dormía placenteramente. Su respiración se acompasaba casi al ralentizado tic tac de un reloj que midiera el pasar del tiempo inexistente en ese lugar. Su respiración era sumamente silenciosa, no alterando en nada a los vientos o las llamas de alguna que otra vela puesta a su alrededor acompañando a la flagrante chimenea. Los labios de ella, cerrados a cal y canto, al igual que el resto de su rostro, era un bello detalle para una expresión de paz profunda, tanto interior como exterior. Todo lo que la rodeaba se circunscribía a las pequeñas y delicadas caídas de pétalos que se producían a su alrededor. No había ventanal en aquel lugar que no dejara pasa un rayo que luz que besara aquel rostro maravillosamente armonizado con la naturaleza y el arte de los hombres y los dioses. La imaginación del que contemplara esos finos rasgos lo llevaría hasta los as profundo de un bosque o a lo mas alto de una montaña. Quien viera ese rostro juraría protegerlo por siempre, hacer sonreír a ese rostro sería la máxima de las recompensas dadas por esa criatura de los cielos. No era necesario en ese momento nada mas que pudiera ser de ayuda a ese rostro para tranquilizarse. Todo era equilibrado y claro, transparente y a un mismo tiempo lleno de mil detalles que explorar o tener en cuenta para entrar en sintonía con el lugar. 

Las formas de su cuerpo se adivinaban suaves y tentadoras, también proporcionadas en exceso. En exceso de perfección. Las caderas, la cintura, los hombros perfectamente alineados. las piernas perfectamente rectas y dispuestas a ponerse a bailar en cualquier momento. Cada uno de los dedos mostraba unas uñas limpias e impecables que si bien podrían ser usadas en los arrebatos de pasión o en defensa propia ante algún atacante. Su cuerpo estaba envuelto en la gracia de una suave tela que usaba para dormir y dejar cubierta toda la intimidad que muchos deseaban mancillar de alguna forma. De todas formas nadie la podría mancillar en aquel lugar, porque en ese mismo lugar ella era la adoración de quien la cobijaba entre sus alas cada vez que la tristeza acudía a su corazón o a su rostro, ahora tranquilamente dormido. Toda la fuerza de un gran sentimiento la cubría ante el mal del mundo y ella podría dormir siempre tranquila en aquella habitación sin espacio y sin tiempo definido, donde mil años podrían pasar y parecer un segundo y viceversa. Los vientos que soplaban ahí fuera no la enfriarían, le darían la fuerza necesaria para que pudiera ser mas resistente ante los temporales que la aguardaban. Aquellos vientos creaban un ojo del huracán que era en sí la calma de lo que producía en la conciencia de ese ser atormentado por miles de problemas hasta que ella llegaba con su sonrisa y todo se tranquilizada. Pudiera decirse, para mayor precisión, que el rincón en calma donde dormitaba la dama era el único remanso de paz en la conciencia de quien ahora la protegía desde la distancia, observándola entre las sombras aun sabedor del destino fatídico que supone estar en estas. 

Su vigilante se acercó con tranquilidad pasando cerca de la puerta de acceso a ese lugar, la cual de pronto se abrió y apareció ante él una criatura de dulce mirada llena de alegría y sonrojo al contemplar las brillantes alas del caballero. Pareciera que se quedó helada y seguidamente el caballero hizo un innecesario gesto de que guardara silencio, otro señalando a la dama durmiente y seguidamente una pregunta de que requería de esa habitación. Con total sonrojo, la bella dama que se mostraba nerviosa en exceso señaló los dulces antes descrito s en la mesa. Sin mediar mas palabras el buen guardían se acercó a la mesa y tomó los dulces entregándoselos a la pequeña dama que se comió uno y salió corriendo atravesando al momento el dintel de la muerta y desapareciendo en la curva del pasillo. Con un leve suspiro de alivio al observar que aquella dama durmiente no se despertó ni se removía lo mas mínimo o alteraba su respiración en algo, se siguió acercando hasta que se produjo la siguiente interrupción. Aun a pesar de ser tn solo la segunda le pareció algo irritable cuanto mas que se le molestara en medio de sus labores. Aunque todo se solventó tras haber recibido una lenta y pausada caricia por su pecho, un beso en el cuello y una mirada acompañadas de una sutil sonrisa que dejo turbadoras sensaciones a su paso. Una vez recuperado de ello y aparecido un amante para esa tentadora criatura, se acercó a la dama que llenaba muchas veces su pensamiento y tomó una rosa azul. 

Paseó la rosa por su rostro unos instantes antes de que este hiciera un leve gesto. El amanecer ya llegaba a esos lares y pronto se haría de día. Acostado a su lado, estuvo contemplando su rostro con detenimiento, aprendiendo cada rasgo de su rostro, como le gustaba hacer de forma continua, con una sonrisa en los labios y luchando contra la deliciosa tentación de despertarla con un beso y susurrarle tantas cosas desde el fondo de su corazón. Aquellos labios eran una auténtica llamada de "abrígame caballero" combinada con un "respétame y serás libre". Esta última frase se debía a que todos aquellos que besaran esos labios serían esclavos de estos en caso de hacerlo sin su permiso y rogarían de forma constante por otro beso. Sus ojos se posaron entonces en los ojos cerrados de ella. La luna ya no estaba alumbrando y los primeros rayos del día impactaron en su rostro. La luminosidad de su piel, tan suave y natural, cálida y acogedora en el calor que desprendía se fue haciendo cada vez mas evidente. El nuevo día obsequió a todos con una calma total y repentina en el exterior, sin viento alguno que aullara con furia. 

Poco a poco ella fue dando señales de estar despertando y los ojos de esa mujer, de esa dama, de esa Musa, se abrieron lentamente. Entonces el mundo pareció irradiar mucha mas luz de la que ya era dada por un sol benevolente. Los labios de aquel guardíán se fueron curvando poco a poco y de nuevo paseó la rosa por su mejilla, susurrando en su oído un tierno "buenos días Musa de mi inspiración" para acto seguido besar suavemente su mejilla. Una sonrisa de ella era lo mas bello que podían contemplar sus ojos y por un momento el brillo de esos dientes iluminó el mundo entero. Dejando la rosa sobre el pecho de ella unos dedos fríos y pálidos acariciaron su mejilla con infinita ternura a la vez que los ojos mostraban claramente el sobrecogimiento que experimentaba su corazón, todo su ser por entero al apreciar ese terciopelo que recubría aquella alma luminosa y grácil como el vuelo de una mariposa. Sin mas se acercó a sus labios y los besó con delicadeza, apenas rozándolos mientras dos mantos de mil colores los rodeaba y les daba intimidad en aquel lecho plagado de pétalos azules. 


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