lunes, 10 de abril de 2017

Las ondinas.

   Los vapores llenaban la estancia con aromas exquisitos, finamente elegidos para que alguien de la nobleza no se sintiera molesto o contrariado por el gusto de su anfitrión a la hora de prodigar la higiene personal en aquel lugar lleno de mil detalles, habitaciones y pasillos. Aquel lugar de relajación estaba decorado con las estatuas de las ondinas que habían inspirado a los poetas a hablar maravillas del mar. Algunas vertían cántaros de agua eterna sobre la superficie. las pareces estaban recubiertas de mosaicos que reproducían escenas de lo mas cotidianas en las antiguas sociedades griegas. En el centro, Dominando la mayor parte de la extensión, había una bañera. Aunque bañera era quedarse realmente corto. Era mas bien un depósito de aguas termales que habían sido conducidas a aquel lugar para ser motivo de relajación de los invitados. Aunque ahora no estaba realmente concurrido. Solamente una persona se encontraba relajándose después de un día duro. O no tan duro.
   La bella dama estaba totalmente hechizada por los aromas. las esencias y sales de baño la habían llevado a lugares lejanos. Se había perdido entre sus pensamientos, mirando el crecimiento de una flor o viviendo grandes aventuras y experiencias repentinas de cambio y muchos dulces. Su cuerpo parecía hecho para ser expuesto como una estatua similar a las que decoraban aquel ambiente tan sumamente relajante. largas piernas, cintura fina acompañada de unas caderas acostumbradas a bailar. busto firme y digno, rostro de facciones dulces como la miel y ojos azules como el cielo despejado. Su mente estaba llena de planes, ideas y pensamientos de todo tipo, pues no solamente viajaba por el mundo sino que visitaba otras realidades diariamente, acompañada de grandes amigos de mucha confianza.
   Habría que hacer una corrección. No estaba sola. Un gato de estambre, recientemente conocido, había sido nombrado como encargado de velar por su seguridad. Sus ojos aparentemente vacíos no perdían detalle del entorno. había sido orientado hacia la única puerta de entrada para poder tener un buen punto de partida en caso de que se produjera algún tipo de problema. Aquella estancia también contaba con una ventana alta por la que se colaba la luz de la luna. La iluminación eléctrica brillaba por su ausencia pero muchas velas se encargaban de darle un ambiente mucho mas íntimo, recogido y tranquilizador. Las esencias del ambiente relajaban los músculos y las tensiones que pudieran agobiar a la encantadora criatura.
   -Me encantaría visitar la tienda que me dijeron que hay en la ciudad de ese caballero. Dicen que hay muchos dulces.-La felicidad y la ilusión se reflejaba en su voz.-Y me gustaría visitar su ciudad y conocer a su gente. Me pregunto si habrá morados en aquel lugar. ¿Que? No, no creo que sea tan adinerado como para comprarme toda la tienda. Pero mira.-Le dijo a su amigo de estambre.
   La encantadora criatura se inclinó para alcanzar una caja que le habían traído hace poco. En ella había muchísimos dulces distintos: desde caramelos duros sin relleno hasta bombones con rellenos de todo tipo.
   -Mira este bombón.-Dijo, sacando un pedazo de chocolate con la forma de castillo mas bella que haya visto nunca cualquier artesano o ser humano.-No me lo comí aun porque es precioso ¿no crees? Y aquí hay dulces de todo tipo mira.-saco un dulce de sonreír mucho.-¿Quieres?.-le ofreció al guardián de estambre, que rechazo cortesmente lo que le ofrecían.-Oh vamos...vas a quedarte en los huesos si no comes algo.-Ante la insistente negativa la señorita decidió comerse ella el dulce y al momento estaba sonriendo.-¡Soy feliiiiiiiiiz!-Volvió a darle la espalda al guardián para desplazarse un poco por el lugar, mirando de cerca los detalles de las estatuas de mujeres y hombres que vertían el líquido caliente en aquellas aguas termales. Algunas de las ninfas estaban desnudas y otras se cubrían tímidamente ante la mirada pétrea pero lasciva de unos silfos de piedra que echaban agua por los cuernos. En el centro había un grupo de silfos y ninfas que descansaban apoyados los unos contra los otros. Uno de ellos miraba hacia la entrada, la que estaba vigilando justamente en ese momento el gato de estambre, unos metros mas allá. Entonces a la señorita se le ocurrió una gran idea y decidió presentar al amigo de estambre y al de piedra para que los dos vigilaran la puerta. hacían una pareja excelente.

   Los minutos pasaron. La mente de la dama se ponía a viajar de aquí para allá, pensando en cosas varias. Los vapores de aquellas aguas termales reproducían frente a ella todo tipo de visiones. Juraría que en mas de una ocasión había escuchado risas cristalinas y dulces o flautas e instrumentos extraños sonar. Cuando abría los ojos no había nadie pero esos sonidos no le daban miedo. Sabía que era un lugar seguro y se le había advertido de las propiedades de aquel lugar, pero siempre era bueno tener a un protector tan eficiente como aquel gato de estambre. Apoyó la espalda contra las piernas de una ninfa que parecía a punto de ponerse a bailar. Su expresión era tan viva, su cuerpo tan absolutamente detallado, que parecía real. Tal vez lo fuera. Quizás había sido o es una persona de verdad, pero no tenía tanta conversación como su amigo gatuno.
   -Hola.-Le dijo igualmente a la ninfa.-¿le importa que me apoye aquí para que pueda tener otra perspectiva?.-
   Se escuchó entonces que la puerta se abría. La dama llegó a ver el momento justo en que el picaporte se giraba para abrir la puerta. Los efectos del dulce de sonreír mucho se le pasó de pronto y se dio cuenta de que la caja de dulces estaba fuera de su alcance. Se fue nadando hasta donde estaba su amigo de estambre, el cual agarró. No sabía quien entraría pero era bueno prevenir. Los vapores se fueron condenando a su alrededor creando una niebla espesa que apenas le dejaba ver quien estaba al otro lado cuando la puerta se abrió.
   Lo que la señorita no vio fue que un caballero de negro pelaje había entrado en aquel lugar. Con paso seguro y sigiloso se dejó llevar por los aromas. Había estado durmiendo hasta hace un momento pero los vapores lo habían atraído hasta aquel lugar. Y algo mas que no tardó en detectar pues los dulces le encantaban, al igual que a la señorita que en ese momento tenía un poco de nervios por saber de quien se trataba. El gato de estambre protegía a la bella y dulce dama con ahínco mientras el visitante daba cuenta de lo que había en la caja. Finalmente hizo saber su presencia con un maullido.
   -Me suena ese mullido.-Dijo la encantadora señorita. Se fue acercando, con su amigo de estambre entre los brazos.
   Los vapores se fueron despejando y entonces la señorita vio al gato negro comiéndose un bombón en forma de barco, magníficamente detallado. 
   -Hola señor nekito.-Dijo ella. Para los poco instruidos en japonés, "nekito" era una forma inventada de diminutivo de la palabra "neko",que en japonés significa "gato".
   El caballero de negro pelaje miró a la dama con dos grandes ojos castaños que pasaron a naranja al momento. Aquella capacidad la dejó fascinada durante unos segundos. Sus ojos cambiaban el tono constantemente; de rojo a verde, de verde a amarillo y luego a morado. Se acercó a aquella mujer, reconociéndola como una prodigadora de cariño y ella, con unos dedos humedecidos y algo arrugados por el agua le acarició suavemente el lomo. La bola de pelo negro se acercó a la señorita y frotó su cabeza contra esas firmes colinas que serían el descanso ideal para muchos guerreros. La dama sonrió mientras sentía el suave pelaje contra su pecho y siguió dándole mimos:
   -¿No te quieres bañar? el agua está templada y hay muchas sales y aromas en el ambiente.-Dijo con una sonrisa la mujer, que había acomodado al gato en el regazo. 
   Este la miró unos instantes con unos ojos que fueron pasando del color azul claro mas intenso de los violetas. Y sin pensarlo dos veces, saltó al agua, salpicando a la alocada criatura divina, que se asombraba de lo bien que nadaba el señor gato. Este se dirigió hacia donde se encontraba el grupo de estatuas de elfos y silfos junto a las ninfas y se aposentó encima de la cabeza de uno de aquellos seres maravillosos, convirtiéndose en un vigilante mas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario