Los parques infantiles son como un pequeño mundo aparte, y mas en invierno. Son la esencia mismo de la imaginación, apenas unos cuantos elementos apilados unos encima de otros donde los niños pueden evadirse de su mundo real y convertirse por unos minutos u horas en caballeros, princesas o lo que se les antoje. En medio de aquella abarrotada ciudad, los niños dejaban detrás de sí pisadas por la nieve del invierno. Los risotadas le sucedían, extendiéndose por todo el lugar hasta los oídos de las madres y alguna que otra doncella. Estas últimas, mucho mas cerca y pendientes de los hijos de sus superiores, parecían perros cancerberos de sonrisa mas o menos fácil. Los columpios no paraban de tener visitas y el tobogán era perfecto, ni largo ni corto, ni bajo ni alto. Había algunos padres que miraban con orgullo e infinito amor a sus retoños, y unas cuantas abuelas se quejaban de los nuevos tiempos hasta que el nieto se desabrochaba el abrigo y corrían a abrochárselo de nuevo.
Y obviamente no faltaba la diversión con el elemento que mas abundaba en ese momento: la nieve. Por todos lados había muñecos de nieve, castillos de nieve, ángeles de nieve que aparecían y desaparecían. Niños y niñas, y algún padre marchoso, estaban entretenidos en la nieve. Justo en ese día a los cielos se les dio por regar las jóvenes caras infantiles con unos cuantos centímetros mas del líquido elemento convertido en fantasía e ilusión. Ningún copo se libraba de ser pisoteado o ser convertido en una gran muralla, o la cabeza de un rey de las nieves, con su semblante de zanahoria, sonrisa amplia y ojos llenos de ilusión.
Alrededor de aquel parque, como bien se dijo, las madres, padres, doncellas y abuelos o abuelas se encontraban vigilando a sus hijos, nietos, sobrinos e incluso algún hermano. Se sentaban en bancos de madera que había sido dispuestos para el reposo de los cuidadores. Sentada en uno de aquellos bancos una belleza de otro mundo miraba a los niños mientras leía. Era la encargada de cuidar a algunos niños del orfanato, con el que colaboraba habitualmente. Sus grandes ojos claros estaban siempre llenos de vida, sus finas manos sostenían un libro que leía cuando los niños no se acercaban con alguna herida o algo que enseñarle. Su rostro de porcelana siempre reflejaba tranquilidad, apacibilidad absoluta, una amabilidad casi redentora de pecados.
En vistas al invierno, el sol se puso relativamente temprano, pronto el cielo quedó cubierto de tonos anaranjados. La buena mujer fue llamando uno a uno a todos aquellos que tenía a su cuidado. Era el momento de los cuentos. Habitualmente se lo contaba a los niños cuanto estos estaban ya en su casa, pero aquel día estaría ocupada en otros asuntos, por lo que la hora del cuento se adelantaría. Lo contaría ahí, en el frío invierno, con una nevada suave, que acompañaba al momento. La dama de encantadora sonrisa reparó entonces en que a los huérfanos se les había unido una invitada especial.
Era una niña, en apariencia normal, con la diferencia del color de su piel y de sus ojos. La mujer había visto ese color antes. En seguida se puso alerta y miró a todos lados, pensando en el progenitor de la criatura, mas con toda seguridad había venido sola. La volvió a mirar, se había sentado junto a los demás niños, disfrutaba de su compañía. Si bien es verdad que no todos ellos pudieran ser considerados comunes, aquella niña de ojos rojos y piel blanca como el mármol destacaba en especial. Uno de los niños, un precioso querubín de los bosques, un angelito de orejas puntiagudas la abrazó. Ella no reaccionó hasta dos segundos después. La mujer, bello destello de realidad y ficción ante los ojos de cualquier poeta, se tensó. No sucedió nada.
Entonces ella siguió leyendo el cuento hasta que, al alzar la vista para mirar el estado de sus protegidos estos no la miraban a ella. Miraban detrás de ella. La buena mujer se fue girando hasta que encontró su mirada perdida en unos ojos azules intensos como el agua de un mar tropical. Destellaban fríos y muertos en un rostro que hasta guardaba cierta similitud con el rostro de aquel aquel ángel caído que se sentaba entre los niños fantásticos que tenía a su cuidado la mujer mas bella de aquella ciudad.
La figura de ojos fríos como el hielo era un hombre alto, de estilizado cuerpo hecho para bailar, seducir, luchar o matar. Se acercó a ella con un distinguido paso que no se dejaba afectar por la vegetación, la cual parecía apartarse a su paso, como movida por un secreto y milenario temor. Sus ropajes eran de altísimo nivel pero sin resultar chocantes a la vista, como muchos grandes duques o marqueses solían hacer. Los rasgos de su cara eran finos pero al mismo tiempo marcados, dándole un aire de atemporalidad. Podría tener treinta o cincuenta años. Y de pronto, antes de que la mujer lo percibiera, el hombre estaba frente a ella, como si se hubiera teleportado a su lado, mirándola fijamente, Por extraño que parezca, en las situaciones de máximo temor de aquella dama, se había encontrado con cosas peores, y el tiempo le había permitido afrontar la aparición de gente como aquel hombre con algo mas de naturalidad.
Entonces el difunto habló, con una voz aterciopelada, que acariciaba los sentidos, pero al mismo tiempo autoritaria, sin atisbo de duda:
-Disculpe que me entrometa en su historia pero venía a buscar a la pequeña dama de ojos rojos de ahí.-Dijo aquel ser lleno de una fría pero educada oscuridad.
-Papi, no le hice daño a nadie -aquello fue un dato de lo mas tranquilizador- y quiero que la señorita termine de contar la historia.-Dijo la niña con un puchero en el rostro, un gesto enternecedor,que diluiría en un mar de debilidad al mismísimo Satanás.
-Señor -dijo la mujer con una sonrisa cálida, contraste perfecto para ese rostro que tenía enfrente- Me falta poco para acabar la historia. A los niños y a mi no nos importa que su hija comparta este momento con nosotros. Los cuentos ayudan a la imaginación y al desarrollo del niño.-Ante una posible evasiva la mujer sonrió de nuevo.
Aquel caballero de la noche se permitió lo que parecía una sonrisa:
-Muy bien.-Dijo el hombre, dejando salir un inesperado y algo teatral suspiro, sentándose en el banco, a un lado de la bella dama, que también tomó asiento, a una distancia del caballero, que si cabe se alejó un poco mas, para no incomodar.
La dama siguió contando la historia de piratas en la que una buena y valiente mujer se disponía a luchar contra unos cuantos piratas rivales por el tesoro de una isla. La mujer de los mares siempre iba acompañada de su fiel amiga, una gran pantera dotada de gran fuerza que la ayudaba a darles un buen castigo a los malos. Los niños disfrutaban enormemente con las historias de aquella mujer fuerte, que no depende de ningún hombre para triunfar. Era una fuente de inspiración para algunas de aquellas niñas nacidas del vientre de la madre tierra, o creadas entre corrientes de vientos, o venidas de países lejanos en guerra.
-Y finalmente- Contaba la buena mujer- con todos los piratas rivales capturados o en franca retirada, la dama de los mares se quedó con el tesoro, dándole una pequeña parte a cierto orfanato de cierta ciudad.-Dijo con una sonrisa, recordando aquel acontecimiento tan maravilloso de hace unos años. A día de hoy aun quedaba algo en la reserva de fondos.
Los niños se maravillaron ante el dato. Quizás fuera verdad, quizás fuera mentira, pero ver aquellas expresiones normalmente algo tristes ante la ausencia de un padre o una madre, era un regalo que ni un milagro de muchos dioses podría superar. Terminó narrando algo del pequeño amor lleno de sal que hubo entre aquella mujer tan fuerte e independiente y un pirata de gran belleza y valor. Los detalles estaban censurados. Durante el relato el padre de aquel ángel caído se mantuvo en un silencio mortal. La niña por su parte era eso, una niña que se asombraba por igual. Parece que le tomó afecto al niño de los bosques que la había abrazado al principio.
-Y fueron felices y comieron perdices.-Dijo la maravillosa dama, terminando así el relato, cerrando el libro y levantándose- Bueno niños, vámonos a casa que hay que dormir y el frío y la quietud no es buena para el cuerpo.-Se giró entonces hacia el caballero que había estado escuchando la historia sin intervenir en momento alguno. Se lo encontró en pie. La niña se había acercado al que parecía su padre y le agarraba la mano mirando a la mujer con toda curiosidad, como si fuera la primera vez que la veía.
-Ha sido un placer escuchar esa historia. Es la primera vez que la escucho y eso no me sucede desde hace muchos años.-Con suavidad dio un beso a la mano de aquella dama, un beso suave, apenas un roce que hizo recorrer un escalofrío a esa mujer acostumbrada a todo tipo de seres en sus sueños y realidades.
-Siempre pueden visitar la biblioteca, es donde trabajo habitualmente y donde suelo contar también cuentos a estos preciosos ángeles.-Dijo ella, tras recomponerse de aquellas fascinantes sensaciones.-Y por supuesto esta damita será bien recibida cuando guste.
-Gracias por la historia, señora.-Dijo la niña, con voz dulce y cálida, haciendo una reverencia muy educadamente.
Y como si el viento los acuchillara un millar de veces, ese padre y esa hija, pertenecientes al reino de la noche pero por un día observadores del día a día de otros criaturas, desparecieron.
domingo, 3 de abril de 2016
martes, 29 de marzo de 2016
Pensamiento de escritor 21: "¿Por que te levantas tan temprano?"
Hace no mucho tiempo, una gran amiga me preguntó porque me levanto por las mañanas si no estoy obligado a hacerlo. Así pues creo que escribiré esto para dar una respuesta que pueda satisfacer todos los puntos de vista posibles y de paso hacer una descripción breve de las personas que me rodean matutinamente de forma habitual, sobre su forma de ser o la visión que tengo de ellos y ellas. O elles, que dirían los nuevos miembros de las últimas oleadas del feminismo, que espero que no se enfaden mucho. Aquí les presento, pues, mis motivos para levantarme por las mañanas. Trataré de que mi subconsciente no se deje llevar por preferencias personales o sentimentales (eso último no me lo creo ni yo). Mucha gente no se verá reflejada en la descripción o en los hechos pero bueno... es la mera visión subjetiva de alguien con una percepción levemente distorsionada de la realidad así que bueno, allá vamos.
Me levanto por Nina y Carolina, por un deseo irracional de arriesgar la vida, pues no hay mayor riesgo que el de sus chistes malos. Es un primor, créanme, ver por las mañanas la cara de "sobada" de Carolina, como poco a poco se va despertando, recuerda algo que haya visto y lo cuenta con esa cara iluminada por la felicidad, que si una anécdota sobre su gato, el puf llamado Celso, que si una película, que si alguna torpeza, que si algo que dijo Ángel, profesor de historia del instituto. A veces me deleita los oídos con algún aleccionamiento en historia del arte, contado con ese brillo que se le pone en los ojos. De Nina podríamos hablar de ese aura tan personal y especial que tiene, que "enamora" hasta al mas frío, de como aparece siempre precedida de su carpeta dando esa imagen de chica dulce e inocente, sin olvidar todo el reguero de hombres que hay detrás de su ansiada belleza. También de sendas criaturas destacaríamos como se complementan la una a la otra en las conversaciones, esa dualidad extrema que les podría llevar a una de las amistades mas completas que el instituto de Adormideras haya visto jamás. De ambas podría hablar largo y tendido pero aun no quiero sacar un best seller, Ver a una sin la otra es de las escenas mas extrañas, rozando lo preocupante, que yo pueda presenciar en mi día a día.
Me levanto cada mañana por la alta y bondadosa Iria, para saludarle con ese clásico "hola querida Iria" y recibir su ya también tradicional "Hola querido David" con esa sonrisa de medio lado que, lejos de resultar irónica o sarcástica o venenosa como en otras personas, forma parte de la rúbrica personal de una dama que se ha convertido en una buena amiga con la que poder compartir chismes de todo tipo o bien a la que escuchar, o por la que ser escuchado, en los momentos difíciles. También debo admitir que es todo un bálsamo tonificador para el espíritu cuando desea aprender algo sobre el LoL, que yo encantado le explico con toda dedicación y alegría. Y su fervor hacia la gente que quiere, no olvidemos esa capacidad para entregarse tan ciegamente a la defensa de sus seres queridos, bajo la circunstancia que sea.
Me levanto por Chechu y su particular estilo de aparecer en escena, con ese rostro de absoluta e inalterable tranquilidad junto alguna frase estilo "Eyyyy, que pasa con vuestro flow". Muy años 2000 pero aparte de ser todo un conquistador de corazones femeninos es una de las personas con las que mas disfruto hablando de Harry Potter o de historia. Me encanta sus visiones alternativas de las situaciones que se le plantean. Llegará lejos en la vida, probablemente como técnico de sonido de su grupo favorito, Amon Amarth. Podríamos comparar su calma con el Mar Mediterráneo, que parece casi inamovible en la superficie pero resulta enérgicamente inquieto en sus profundas corrientes. Ah y disfruto mucho de su capacidad para sorprenderse a veces de las cosas aparentemente mas banales. Esa cualidad es la que hace muchas veces a los seres humanos criaturas maravillosas.
Me levanto por la ingeniosa Inés, alias "gitana". No solo es toda una belleza, sino que unos minutos de conversación es todo un estímulo para cada parte del cerebro y un enriquecimiento casi espiritual. Quizás una de las mujeres mas intelectualmente atractivas que alguien como yo tenga la fortuna de cruzarse por la vida. Voy a conocer a pocas personas como ella, tan sincera, transparente, educada, sensible a la par que racional, apasionada de la cultura en ciertos campos e insaciable amante de todo aquello que deba ser sabido, ya sea para solucionar cualquier duda existencial que se plantea o sencillamente por incrementar sus conocimientos. Daría lo que fuera por una mujer con la centésima parte de su ácido humor plagado de referencias a la neurología, la sociedad o la vida. Y encima canta bien.
Me levanto por otra dama que también se llama Inés, Alías "Seni" o "la rubia". Al margen de un físico envidiable para algunas modelos de pasarela (aquí ella diría su clásico "No, mira, tengo chichita" pero ignoraremos eso último), es una persona con mucho carácter, una gran cantidad de energía y deseos de ver el mundo, de probar todos los deportes y demás experiencias físicas y emocionales así como quizás algún nuevo tipo de chupito. Es amante de la fiesta y de la noche. Tiene uno de los espíritus mas jóvenes que he visto, siempre tendiendo a la alegría y una visión desenfadada de la vida, que no se corta a la hora de expresar opiniones o ideas, sin ápice de vergüenza o miedo. Sus conocimientos en historia del arte son asombrosos y todos queríamos tener una profesora de dicha asignatura como ella.
Por supuesto, siempre al lado de una loca por la vida tiene que haber una loca de la vida y esa es Sara "la rubia". La conocí el mismo día que a Inés "gitana", en plena conferencia de terraza de un humilde servidor sobre física cuántica, sociedades secretas e historia de Europa. Es encantadora, educada y atenta, Admite sus defectos clásicos de una rubia con toda naturalidad, riéndose de sí misma, lo cual es un claro acto de sabiduría, y siempre se puede tener buenas conversaciones con ella. Aunque parezca que está loca también hay una persona llena de grandes sentimientos y un complejo mundo interior que desea adquirir datos para su propio enriquecimiento cultural, algo que casi nadie hoy en día desea o se ve impulsado a realizar.
Me levanto también por entablar alguna conversación o compartir algún momento con el ingenioso humor de Brais, "Kaly" para los amigos y allegados. Creo que es de esas personas que no dudan a la hora de tomar una decisión, tiene los pies en la tierra aunque evadirse en una buena fiesta es algo que también le pega bastante. En opinión es una persona que tiene las cosas bastante claras y aun mas claro es su humor, el cual siempre llega en el momento mas inesperado y hace reír a toda la mesa. Su aura de carisma le podría llevar lejos en algún momento de su vida. Guardo una gran y sincera admiración por él.
Salgo de la cama para encontrarme con la bella Bianca, con su particular estilo para echarme en cara que un día no le dije "hola querida Bianca", para conversar con ella a solas en algunas ocasiones y conocer un poco mas de su pasado, de lo que le ha hecho ser tan madura. Sus pensamientos llanos y sin cortapisas, sin puntas o recovecos que den lugar a confusión, facilitan mucho los intercambios verbales varios que podamos llegar a tener. Es una persona maravillosa y afortunado el hombre que tenga la suerte de compartir la vida a su lado.
La bella y dulce Tania es una de esas personas que llegan a engañar mucho. Puede parecer la típica niña rubia, ingenua y tonta pero doy fe de que no es así. Es mas, ni siquiera es rubia de verdad, creo. Cuando se le dirige un halago y contesta ese "gracias" con tan dulce voz seguido de esa bella sonrisa no puedo evitar sonreír en respuesta para mis adentros. Infunde a las personas con mis desequilibrios a concluir que aun queda bondad en el mundo, concretamente de esa bondad soñadora pero que tiene gran capacidad para la toma de decisiones importantes. Y que decir, es encantadora, con muchas ganas de vivir la vida, de experimentar nuevas sensaciones en cualquier apartado de la existencia. Todo un primor de niña que me alegro de ver por las mañanas.
Me levanto para contarle mis gilipolleces sentimentales y demás chorradas a Carlos, que tiene a veces algo de capullo, pero se ha mostrado fiel al concepto de amistad que yo tengo desde que le conozco. Su devoción por el anime y en especial los oppais y las pantsus no le ha restado tiempo para dedicarse a escucharme en los buenos y malos momentos. Se que gusta de contarme las cosas así como yo de contarle las mías y que no va a decir nada al respecto. Tiene una personalidad calmada, rayano en lo afable y eso resulta tranquilizador en medio de las crisis existenciales que me acucian muchas veces. Al igual que con todas las personas anteriores, agradezco su presencia.
Y detrás de un gran hombre hay una gran dama "kawaii", y esa es Sara, la actual novia de Carlos, una de las damas mas bellas y aleatorias que se pueda conocer. Y no solo eso. Permanecer en constante lucha contra los propios demonios es algo que poca gente ha logrado resistir, por lo general cayendo a lo mas profundo del pozo de la decadencia interior, de la tristeza y la auto compasión. Ella, sin embargo, con toda su aparente fragilidad, no solo posee una gran fuerza interior, sino también una capacidad casi sobrehumana para escuchar y aconsejar a las personas que necesitan de su madurez. Algún día prueben a conversar a solas con ella, es una experiencia enriquecedora.
Me levanto por la expresividad facial de la bella Alba y de sus ocasionales y raros pero siempre cálidos abrazos. Ya le dije un par de veces que si dicha cualidad fuera una persona, le pediría matrimonio una y otra vez hasta que aceptara, con todo el sarcasmo e ironía incluidos. Su amor por la música, como habla de las piezas clásicas, como si fueran personas a las que quiere con toda su alma, resulta un alivio para los tormentos interiores producto de tanto reguetón y pachangueo destroza-tímpanos. Me encanta su capacidad para sorprenderse, la claridad con la que habla y como da a entender, haciendo de nuevo referencia a su expresivo y bello rostro, cuando algo le gusta y cuando no. Recuerdo el día que prácticamente le leí la mente, algo que volvió a suceder no hace mucho. Tengo la esperanza de algún día escucharla tocar el violín.
Me levanto para, algún día, encontrarme de nuevo con una de las mejores amigas de Alba, Sara (para mi conocida como "Sara la de Alba"), y persona mas alegre y risueña que he visto en mi vida. La considero el ejemplo perfecto de como en la vida hay que quedarse con la lección que te da esta y seguir adelante. Nunca la vi ofenderse por absolutamente nada. En mi humilde opinión es de esas personas que cuando exploten hay que estar lejos, pero mientras tanto uno puede empaparse en su sonrisa fácil y vital determinación. Espero volver a verla pronto.
Me levanto para tener alguna ocasión de aprender un poco mas sobre las nuevas tendencias del feminismo actual, con el cual no comparto muchos puntos de vista, pero que Sergio hace de lo mas amenos y entretenidos tanto en la terraza como en su canal de youtube (Queer Avengers). Antes se me hacía una persona algo orgullosa y egocéntrica pero con el tiempo descubrí que tiene mucha conversación y siempre le saca una sonrisa a este encantador y risueño querubín que a ustedes, damas y caballeros, se dirige. Le espera un gran futuro como director, o coreógrafo o cualquier cosa que el se proponga, tiene de sobra los medios y el talento para conseguirlo.
Rebeca, con la cual no he hablado mucho, lo admito, me parece no solo una de las grandes bellezas de la terraza, sino también alguien con los pies en la tierra. Creo que su positivismo realista (contradictorio, lo se, pero plausible, créanme) es uno de los mejores ingredientes para darle algo de buen "feeling" a los recreos. Siempre alejada de malas vibraciones y con el baile presente en su vida, puede llegar a resultar toda una inspiración para muchas personas en un futuro seguramente no muy lejano.
Me levanto para escuchar o ser escuchado por Emma en mis divagaciones frikis a la vez que ella narra sus aventuranzas nocturnas del fin de semana anterior, o deleitarme con el agreste pero buen corazón de Eva, cuya defensa sobre mi presencia en clase de historia no tiene que envidiar a los mejores bufetes de abogados, aunque aquí tengo que hacer una acotación: la vez que dijo ese "y seguramente él prodría dar la clase mejor que muchos profesores" fue venirse muy arriba pero créanme que mi yo interior se sonrojó y todo. No se les puede discutir que su empuje y carácter, transparencia y sinceridad a la hora de hacer ver su conformidad o disconformidad con respecto a algo queda perfectamente reflejado en sus palabras, siempre directas, carentes de florituras pedantes como las de quien suscribe en este blogg.
También podemos decir que la presencia de la encantadora Paula es de agradecer. El sentido común y su risa tan sumamente explosiva son muchas veces un bálsamo de energía para comenzar la mañana. He podido escucharla un par de veces tocar el fagot y desde luego aquellos que digan que no tiene talento merece la mas horrenda de todas las muertes así, de buen rollo. Sus pensamientos bien estructurados acerca de lo bueno y lo malo, esa predisposición constante a la risa, su educación, la bella Paula tiene grandes virtudes que no deberían ser despreciadas y que agradezco poder contemplar cuando se presenta en el bien querido Amarante.
Me levanto para ver llegar a la parlanchina Andrea. Su maestría en el arte del maquillaje seguramente la podría llevar por las altas esferas de Hollywood. El bueno de Antonio, su novio, tiene a su lado a una mujer también dotada de buenas virtudes como la sinceridad, algo que cada vez escasea mas. Le deseo lo mejor del mundo en el futuro y se que lo logrará. Tiene una de las mejores fundas de móvil del instituto.
Me levanto para deleitarme con la elegancia de la bella Alejandra, una de las personas que mas ha escuchado las locuras de este arrogante y egocéntrico capullo. Si bien al principio hacía falta un sacacorchos para hacerle hablar, finalmente fue abriendo su cabecita de dorado cabello rubio (el cual me jodió una metáfora en cierta ocasión) para comenzar a brillar con luz propia ante mis ojos y ante los ojos de cualquiera que tenga algo de sentido de la realidad y la fantasía. Su paciencia para con este humilde servidor roza la santidad, Créanme que ver esos preciosos ojos suyos por la mañana es uno de los mejores "buenos días" no verbales que uno pueda experimentar.
Aquí también debemos de hacer una mención especial a Manuel, JJ y Sabrina, cuyo cálido acento de tierras venezolanas de esta última podría derretir en ternura hasta al mas pintado. Por otro lado Manuel se muestra muy comprometido con la defensa de la naturaleza y sus posibles dificultades actuales pronto serán superadas para dar pie a una persona firme y que no se corta a la hora de decir las cosas. Y JJ obviamente es un chaval muy majo, con el que no hablo mucho pero que sin duda tiene buen corazón... su glamour le llevará lejos.
No me levanto por él pero aparece muchas veces durante el día y bueno... tampoco es plan de ignorarle. Kassel, de nombre Dalmacio (que bellas son las tradiciones familiares) es una mezcla de ingenio, indiferencia, decadencia y risotadas casi histéricas a las 10:25 de la mañana. Si bien no destaca por su cultura política y sus bromas a veces me resultan un tanto incómodas, no tiene malas intenciones para con nadie a pesar de los hechos recientes. Todos los grandes hombres tuvieron momentos de luz y de sombra. Espero que Kassel venza pronto a esas sombras que tanto lo atormentan.
Me levanto para hablar con la bella Sara "Suchipuchi" (no se si lo he escrito bien) de temas con los que nadie hablo. Con ella intercambio diversos pareceres sobre el mundo de la música pop, del cual poco se, pero cuyas opiniones de ella me dan una idea de como puede ser ese mundo. aparte de que así no estoy tan desinformado sobre la juvenil modernidad musical que nos rodea en estos tiempos. Sensible, afectuosa, empática y siempre dispuesta a ayudar en la medida de lo posible a las personas que quiere, la tierna y mimosa Sara es un cúmulo de pasión, romanticismo y conversaciones enteras en inglés que me han enseñado mucho.
También es de agradecer la ocasional visita de nuestra querida Eva, con sus rastas, su risa un tanto influenciada por las experiencias con sustancias estupefacientes, Siempre estuvo ahí para escucharme y darle "Me gusta" a muchos de mis estados de Facebook. No, ahora en serio, su disposición siempre a sacrificarse por el bienestar de los demás junto a sus últimos consejos sobre como conquistar a una dama supusieron también una gran motivación, un pequeño empujón para para mantener la fe en la humanidad, y ella quizás es una de las personas mas humanas que conozco.
(La parte que viene ahora, correspondiente a Teresa, ha sido reconsiderada por mi parte en vista que no merece en lo más absoluto un juicio tan escaso de sus virtudes y tan amplio de sus defectos. He causado bastante revuelo y silencios incómodos en mi vida como para generar mas malos momentos. Como ya me han dicho, el daño esta hecho pero siempre se puede prevenir una nueva herida.)
Y obviamente no puede haber luz sin oscuridad, y ante la cálida presencia de Sara tenemos a la fría y teatral Teresa. Las mañanas con ella están llenas canciones que va desde "Anaconda" de Nicki minaj (o como se escriba) hasta temas musicales de los años 40 y 50. Su afán de protagonismo y ansias de destacar, así como la determinacion que desprenden sus bonitos ojos azules, la presentan como una persona educada y refinada, mas también ocultan muchas sombras, con amplios conocimientos en temas diversos de por medio. Con todas sus dotes interpretativas ha seguido mis desvaríos con absoluta naturalida. Es una de las mejores conversadoras con las que me he cruzado y me resultan de lo mas entretenidas y didácticas todas sus explicaciones e interpretaciones de su propio mundo y lo que ve en las demás personas.
Me levanto muchas veces para encontrarme a Jacob, nuestro estimado Jascha Heifetz gallego, una de las pocas personas con las que puedo hablar apasionadamente de política internacional, especial mención a la política española y estadounidense. Su pasión por al música lo va a llevar a los mas grandes escenarios de todo el mundo, con todas las buenas y magníficas orquestas y sinfónicas que por ahí pululan. Sus gracias e ingeniosas interpretaciones no tienen nada que envidiar a todos los años de teatro de la bella Teresa. Su imitación de Bill Clinton es calcada a la de Kevin Spacey.
Luego está Roca. Es majo. Las Ray-ban me quedan mejor a mi que a él pero bueno... se esfuerza. Seguramente le espere un futuro muy prometedor en las apuestas y con todos los millones podrá pagar de forma decente (y sin tantas palizas) a su equipo personal de arquitectos que cada mañana, antes de salir de casa, se encargan de que su tupé esté correctamente asentado sobre su cabecita. ¿Se acuerdan de la mención sobre el reguetón y pachangueo que hice cuando hablaba de la bella Alba? Roca es uno de los principales culpables. Es el perfecto híbrido entre Cristiano Ronaldo y un tipo muy majo al que le tengo bastante aprecio.
Estas son solo unas de las pocas personas que cada mañana me saludan, a las que saludo, estimo y hasta quiero, que me inspiran de una u otra forma. Lamento si me olvido de alguien. Unos tienen mas virtudes que defectos y otros mas defectos que virtudes y los escucho y me escuchan, me sorprenden y deleitan con sus anécdotas del pasado o con sus dulces voces y alguna canción sobre temas varios. Algunos crecen espiritualmente, otros aumentan su cultura, o se quedan donde están. Se quieren y se odian entre ellos, o se desean y lo callan, pero las miradas siempre hablan.
Me levanto por verlos, por escucharlos, abrazarlos, por la ciencia, el arte, las letras, las humanidades, la cultura, el amor, la fascinación, la elegancia, la empatía, la ternura, la energía, la juventud pero sobretodo por disfrutar de su amistad.
Me levanto por Nina y Carolina, por un deseo irracional de arriesgar la vida, pues no hay mayor riesgo que el de sus chistes malos. Es un primor, créanme, ver por las mañanas la cara de "sobada" de Carolina, como poco a poco se va despertando, recuerda algo que haya visto y lo cuenta con esa cara iluminada por la felicidad, que si una anécdota sobre su gato, el puf llamado Celso, que si una película, que si alguna torpeza, que si algo que dijo Ángel, profesor de historia del instituto. A veces me deleita los oídos con algún aleccionamiento en historia del arte, contado con ese brillo que se le pone en los ojos. De Nina podríamos hablar de ese aura tan personal y especial que tiene, que "enamora" hasta al mas frío, de como aparece siempre precedida de su carpeta dando esa imagen de chica dulce e inocente, sin olvidar todo el reguero de hombres que hay detrás de su ansiada belleza. También de sendas criaturas destacaríamos como se complementan la una a la otra en las conversaciones, esa dualidad extrema que les podría llevar a una de las amistades mas completas que el instituto de Adormideras haya visto jamás. De ambas podría hablar largo y tendido pero aun no quiero sacar un best seller, Ver a una sin la otra es de las escenas mas extrañas, rozando lo preocupante, que yo pueda presenciar en mi día a día.
Me levanto cada mañana por la alta y bondadosa Iria, para saludarle con ese clásico "hola querida Iria" y recibir su ya también tradicional "Hola querido David" con esa sonrisa de medio lado que, lejos de resultar irónica o sarcástica o venenosa como en otras personas, forma parte de la rúbrica personal de una dama que se ha convertido en una buena amiga con la que poder compartir chismes de todo tipo o bien a la que escuchar, o por la que ser escuchado, en los momentos difíciles. También debo admitir que es todo un bálsamo tonificador para el espíritu cuando desea aprender algo sobre el LoL, que yo encantado le explico con toda dedicación y alegría. Y su fervor hacia la gente que quiere, no olvidemos esa capacidad para entregarse tan ciegamente a la defensa de sus seres queridos, bajo la circunstancia que sea.
Me levanto por Chechu y su particular estilo de aparecer en escena, con ese rostro de absoluta e inalterable tranquilidad junto alguna frase estilo "Eyyyy, que pasa con vuestro flow". Muy años 2000 pero aparte de ser todo un conquistador de corazones femeninos es una de las personas con las que mas disfruto hablando de Harry Potter o de historia. Me encanta sus visiones alternativas de las situaciones que se le plantean. Llegará lejos en la vida, probablemente como técnico de sonido de su grupo favorito, Amon Amarth. Podríamos comparar su calma con el Mar Mediterráneo, que parece casi inamovible en la superficie pero resulta enérgicamente inquieto en sus profundas corrientes. Ah y disfruto mucho de su capacidad para sorprenderse a veces de las cosas aparentemente mas banales. Esa cualidad es la que hace muchas veces a los seres humanos criaturas maravillosas.
Me levanto por la ingeniosa Inés, alias "gitana". No solo es toda una belleza, sino que unos minutos de conversación es todo un estímulo para cada parte del cerebro y un enriquecimiento casi espiritual. Quizás una de las mujeres mas intelectualmente atractivas que alguien como yo tenga la fortuna de cruzarse por la vida. Voy a conocer a pocas personas como ella, tan sincera, transparente, educada, sensible a la par que racional, apasionada de la cultura en ciertos campos e insaciable amante de todo aquello que deba ser sabido, ya sea para solucionar cualquier duda existencial que se plantea o sencillamente por incrementar sus conocimientos. Daría lo que fuera por una mujer con la centésima parte de su ácido humor plagado de referencias a la neurología, la sociedad o la vida. Y encima canta bien.
Me levanto por otra dama que también se llama Inés, Alías "Seni" o "la rubia". Al margen de un físico envidiable para algunas modelos de pasarela (aquí ella diría su clásico "No, mira, tengo chichita" pero ignoraremos eso último), es una persona con mucho carácter, una gran cantidad de energía y deseos de ver el mundo, de probar todos los deportes y demás experiencias físicas y emocionales así como quizás algún nuevo tipo de chupito. Es amante de la fiesta y de la noche. Tiene uno de los espíritus mas jóvenes que he visto, siempre tendiendo a la alegría y una visión desenfadada de la vida, que no se corta a la hora de expresar opiniones o ideas, sin ápice de vergüenza o miedo. Sus conocimientos en historia del arte son asombrosos y todos queríamos tener una profesora de dicha asignatura como ella.
Por supuesto, siempre al lado de una loca por la vida tiene que haber una loca de la vida y esa es Sara "la rubia". La conocí el mismo día que a Inés "gitana", en plena conferencia de terraza de un humilde servidor sobre física cuántica, sociedades secretas e historia de Europa. Es encantadora, educada y atenta, Admite sus defectos clásicos de una rubia con toda naturalidad, riéndose de sí misma, lo cual es un claro acto de sabiduría, y siempre se puede tener buenas conversaciones con ella. Aunque parezca que está loca también hay una persona llena de grandes sentimientos y un complejo mundo interior que desea adquirir datos para su propio enriquecimiento cultural, algo que casi nadie hoy en día desea o se ve impulsado a realizar.
Me levanto también por entablar alguna conversación o compartir algún momento con el ingenioso humor de Brais, "Kaly" para los amigos y allegados. Creo que es de esas personas que no dudan a la hora de tomar una decisión, tiene los pies en la tierra aunque evadirse en una buena fiesta es algo que también le pega bastante. En opinión es una persona que tiene las cosas bastante claras y aun mas claro es su humor, el cual siempre llega en el momento mas inesperado y hace reír a toda la mesa. Su aura de carisma le podría llevar lejos en algún momento de su vida. Guardo una gran y sincera admiración por él.
Salgo de la cama para encontrarme con la bella Bianca, con su particular estilo para echarme en cara que un día no le dije "hola querida Bianca", para conversar con ella a solas en algunas ocasiones y conocer un poco mas de su pasado, de lo que le ha hecho ser tan madura. Sus pensamientos llanos y sin cortapisas, sin puntas o recovecos que den lugar a confusión, facilitan mucho los intercambios verbales varios que podamos llegar a tener. Es una persona maravillosa y afortunado el hombre que tenga la suerte de compartir la vida a su lado.
La bella y dulce Tania es una de esas personas que llegan a engañar mucho. Puede parecer la típica niña rubia, ingenua y tonta pero doy fe de que no es así. Es mas, ni siquiera es rubia de verdad, creo. Cuando se le dirige un halago y contesta ese "gracias" con tan dulce voz seguido de esa bella sonrisa no puedo evitar sonreír en respuesta para mis adentros. Infunde a las personas con mis desequilibrios a concluir que aun queda bondad en el mundo, concretamente de esa bondad soñadora pero que tiene gran capacidad para la toma de decisiones importantes. Y que decir, es encantadora, con muchas ganas de vivir la vida, de experimentar nuevas sensaciones en cualquier apartado de la existencia. Todo un primor de niña que me alegro de ver por las mañanas.
Me levanto para contarle mis gilipolleces sentimentales y demás chorradas a Carlos, que tiene a veces algo de capullo, pero se ha mostrado fiel al concepto de amistad que yo tengo desde que le conozco. Su devoción por el anime y en especial los oppais y las pantsus no le ha restado tiempo para dedicarse a escucharme en los buenos y malos momentos. Se que gusta de contarme las cosas así como yo de contarle las mías y que no va a decir nada al respecto. Tiene una personalidad calmada, rayano en lo afable y eso resulta tranquilizador en medio de las crisis existenciales que me acucian muchas veces. Al igual que con todas las personas anteriores, agradezco su presencia.
Y detrás de un gran hombre hay una gran dama "kawaii", y esa es Sara, la actual novia de Carlos, una de las damas mas bellas y aleatorias que se pueda conocer. Y no solo eso. Permanecer en constante lucha contra los propios demonios es algo que poca gente ha logrado resistir, por lo general cayendo a lo mas profundo del pozo de la decadencia interior, de la tristeza y la auto compasión. Ella, sin embargo, con toda su aparente fragilidad, no solo posee una gran fuerza interior, sino también una capacidad casi sobrehumana para escuchar y aconsejar a las personas que necesitan de su madurez. Algún día prueben a conversar a solas con ella, es una experiencia enriquecedora.
Me levanto por la expresividad facial de la bella Alba y de sus ocasionales y raros pero siempre cálidos abrazos. Ya le dije un par de veces que si dicha cualidad fuera una persona, le pediría matrimonio una y otra vez hasta que aceptara, con todo el sarcasmo e ironía incluidos. Su amor por la música, como habla de las piezas clásicas, como si fueran personas a las que quiere con toda su alma, resulta un alivio para los tormentos interiores producto de tanto reguetón y pachangueo destroza-tímpanos. Me encanta su capacidad para sorprenderse, la claridad con la que habla y como da a entender, haciendo de nuevo referencia a su expresivo y bello rostro, cuando algo le gusta y cuando no. Recuerdo el día que prácticamente le leí la mente, algo que volvió a suceder no hace mucho. Tengo la esperanza de algún día escucharla tocar el violín.
Me levanto para, algún día, encontrarme de nuevo con una de las mejores amigas de Alba, Sara (para mi conocida como "Sara la de Alba"), y persona mas alegre y risueña que he visto en mi vida. La considero el ejemplo perfecto de como en la vida hay que quedarse con la lección que te da esta y seguir adelante. Nunca la vi ofenderse por absolutamente nada. En mi humilde opinión es de esas personas que cuando exploten hay que estar lejos, pero mientras tanto uno puede empaparse en su sonrisa fácil y vital determinación. Espero volver a verla pronto.
Me levanto para tener alguna ocasión de aprender un poco mas sobre las nuevas tendencias del feminismo actual, con el cual no comparto muchos puntos de vista, pero que Sergio hace de lo mas amenos y entretenidos tanto en la terraza como en su canal de youtube (Queer Avengers). Antes se me hacía una persona algo orgullosa y egocéntrica pero con el tiempo descubrí que tiene mucha conversación y siempre le saca una sonrisa a este encantador y risueño querubín que a ustedes, damas y caballeros, se dirige. Le espera un gran futuro como director, o coreógrafo o cualquier cosa que el se proponga, tiene de sobra los medios y el talento para conseguirlo.
Rebeca, con la cual no he hablado mucho, lo admito, me parece no solo una de las grandes bellezas de la terraza, sino también alguien con los pies en la tierra. Creo que su positivismo realista (contradictorio, lo se, pero plausible, créanme) es uno de los mejores ingredientes para darle algo de buen "feeling" a los recreos. Siempre alejada de malas vibraciones y con el baile presente en su vida, puede llegar a resultar toda una inspiración para muchas personas en un futuro seguramente no muy lejano.
Me levanto para escuchar o ser escuchado por Emma en mis divagaciones frikis a la vez que ella narra sus aventuranzas nocturnas del fin de semana anterior, o deleitarme con el agreste pero buen corazón de Eva, cuya defensa sobre mi presencia en clase de historia no tiene que envidiar a los mejores bufetes de abogados, aunque aquí tengo que hacer una acotación: la vez que dijo ese "y seguramente él prodría dar la clase mejor que muchos profesores" fue venirse muy arriba pero créanme que mi yo interior se sonrojó y todo. No se les puede discutir que su empuje y carácter, transparencia y sinceridad a la hora de hacer ver su conformidad o disconformidad con respecto a algo queda perfectamente reflejado en sus palabras, siempre directas, carentes de florituras pedantes como las de quien suscribe en este blogg.
También podemos decir que la presencia de la encantadora Paula es de agradecer. El sentido común y su risa tan sumamente explosiva son muchas veces un bálsamo de energía para comenzar la mañana. He podido escucharla un par de veces tocar el fagot y desde luego aquellos que digan que no tiene talento merece la mas horrenda de todas las muertes así, de buen rollo. Sus pensamientos bien estructurados acerca de lo bueno y lo malo, esa predisposición constante a la risa, su educación, la bella Paula tiene grandes virtudes que no deberían ser despreciadas y que agradezco poder contemplar cuando se presenta en el bien querido Amarante.
Me levanto para ver llegar a la parlanchina Andrea. Su maestría en el arte del maquillaje seguramente la podría llevar por las altas esferas de Hollywood. El bueno de Antonio, su novio, tiene a su lado a una mujer también dotada de buenas virtudes como la sinceridad, algo que cada vez escasea mas. Le deseo lo mejor del mundo en el futuro y se que lo logrará. Tiene una de las mejores fundas de móvil del instituto.
Me levanto para deleitarme con la elegancia de la bella Alejandra, una de las personas que mas ha escuchado las locuras de este arrogante y egocéntrico capullo. Si bien al principio hacía falta un sacacorchos para hacerle hablar, finalmente fue abriendo su cabecita de dorado cabello rubio (el cual me jodió una metáfora en cierta ocasión) para comenzar a brillar con luz propia ante mis ojos y ante los ojos de cualquiera que tenga algo de sentido de la realidad y la fantasía. Su paciencia para con este humilde servidor roza la santidad, Créanme que ver esos preciosos ojos suyos por la mañana es uno de los mejores "buenos días" no verbales que uno pueda experimentar.
Aquí también debemos de hacer una mención especial a Manuel, JJ y Sabrina, cuyo cálido acento de tierras venezolanas de esta última podría derretir en ternura hasta al mas pintado. Por otro lado Manuel se muestra muy comprometido con la defensa de la naturaleza y sus posibles dificultades actuales pronto serán superadas para dar pie a una persona firme y que no se corta a la hora de decir las cosas. Y JJ obviamente es un chaval muy majo, con el que no hablo mucho pero que sin duda tiene buen corazón... su glamour le llevará lejos.
No me levanto por él pero aparece muchas veces durante el día y bueno... tampoco es plan de ignorarle. Kassel, de nombre Dalmacio (que bellas son las tradiciones familiares) es una mezcla de ingenio, indiferencia, decadencia y risotadas casi histéricas a las 10:25 de la mañana. Si bien no destaca por su cultura política y sus bromas a veces me resultan un tanto incómodas, no tiene malas intenciones para con nadie a pesar de los hechos recientes. Todos los grandes hombres tuvieron momentos de luz y de sombra. Espero que Kassel venza pronto a esas sombras que tanto lo atormentan.
Me levanto para hablar con la bella Sara "Suchipuchi" (no se si lo he escrito bien) de temas con los que nadie hablo. Con ella intercambio diversos pareceres sobre el mundo de la música pop, del cual poco se, pero cuyas opiniones de ella me dan una idea de como puede ser ese mundo. aparte de que así no estoy tan desinformado sobre la juvenil modernidad musical que nos rodea en estos tiempos. Sensible, afectuosa, empática y siempre dispuesta a ayudar en la medida de lo posible a las personas que quiere, la tierna y mimosa Sara es un cúmulo de pasión, romanticismo y conversaciones enteras en inglés que me han enseñado mucho.
También es de agradecer la ocasional visita de nuestra querida Eva, con sus rastas, su risa un tanto influenciada por las experiencias con sustancias estupefacientes, Siempre estuvo ahí para escucharme y darle "Me gusta" a muchos de mis estados de Facebook. No, ahora en serio, su disposición siempre a sacrificarse por el bienestar de los demás junto a sus últimos consejos sobre como conquistar a una dama supusieron también una gran motivación, un pequeño empujón para para mantener la fe en la humanidad, y ella quizás es una de las personas mas humanas que conozco.
(La parte que viene ahora, correspondiente a Teresa, ha sido reconsiderada por mi parte en vista que no merece en lo más absoluto un juicio tan escaso de sus virtudes y tan amplio de sus defectos. He causado bastante revuelo y silencios incómodos en mi vida como para generar mas malos momentos. Como ya me han dicho, el daño esta hecho pero siempre se puede prevenir una nueva herida.)
Y obviamente no puede haber luz sin oscuridad, y ante la cálida presencia de Sara tenemos a la fría y teatral Teresa. Las mañanas con ella están llenas canciones que va desde "Anaconda" de Nicki minaj (o como se escriba) hasta temas musicales de los años 40 y 50. Su afán de protagonismo y ansias de destacar, así como la determinacion que desprenden sus bonitos ojos azules, la presentan como una persona educada y refinada, mas también ocultan muchas sombras, con amplios conocimientos en temas diversos de por medio. Con todas sus dotes interpretativas ha seguido mis desvaríos con absoluta naturalida. Es una de las mejores conversadoras con las que me he cruzado y me resultan de lo mas entretenidas y didácticas todas sus explicaciones e interpretaciones de su propio mundo y lo que ve en las demás personas.
Me levanto muchas veces para encontrarme a Jacob, nuestro estimado Jascha Heifetz gallego, una de las pocas personas con las que puedo hablar apasionadamente de política internacional, especial mención a la política española y estadounidense. Su pasión por al música lo va a llevar a los mas grandes escenarios de todo el mundo, con todas las buenas y magníficas orquestas y sinfónicas que por ahí pululan. Sus gracias e ingeniosas interpretaciones no tienen nada que envidiar a todos los años de teatro de la bella Teresa. Su imitación de Bill Clinton es calcada a la de Kevin Spacey.
Luego está Roca. Es majo. Las Ray-ban me quedan mejor a mi que a él pero bueno... se esfuerza. Seguramente le espere un futuro muy prometedor en las apuestas y con todos los millones podrá pagar de forma decente (y sin tantas palizas) a su equipo personal de arquitectos que cada mañana, antes de salir de casa, se encargan de que su tupé esté correctamente asentado sobre su cabecita. ¿Se acuerdan de la mención sobre el reguetón y pachangueo que hice cuando hablaba de la bella Alba? Roca es uno de los principales culpables. Es el perfecto híbrido entre Cristiano Ronaldo y un tipo muy majo al que le tengo bastante aprecio.
Estas son solo unas de las pocas personas que cada mañana me saludan, a las que saludo, estimo y hasta quiero, que me inspiran de una u otra forma. Lamento si me olvido de alguien. Unos tienen mas virtudes que defectos y otros mas defectos que virtudes y los escucho y me escuchan, me sorprenden y deleitan con sus anécdotas del pasado o con sus dulces voces y alguna canción sobre temas varios. Algunos crecen espiritualmente, otros aumentan su cultura, o se quedan donde están. Se quieren y se odian entre ellos, o se desean y lo callan, pero las miradas siempre hablan.
Me levanto por verlos, por escucharlos, abrazarlos, por la ciencia, el arte, las letras, las humanidades, la cultura, el amor, la fascinación, la elegancia, la empatía, la ternura, la energía, la juventud pero sobretodo por disfrutar de su amistad.
viernes, 18 de marzo de 2016
El pintor y el lienzo.
La dama dormía plácidamente entre las sábanas de aquella cama que le pertenecía. Todas esa habitación le pertenecía. Había sido destinada para que pudiera descansar en ella cuando no se encontraba en proceso de ser una obra de arte. Sus sueños la llevaron a los momentos dela noche anterior, en la que había llegado a aquel lugar, después de mucho tiempo desaparecida a los ojos de aquel anfitrión que ahora la acogía de nuevo. Sus sueños se hicieron vívidos y ella llegaba entonces a donde había pertenecido siempre, a donde necesitaba y merecía estar; un lugar lleno de ternura, cariño, sangre y dolor. Y arte.
Había entrado por la puerta para ser recibida por la oscuridad, que apenas permitía, como es obvio, vislumbrar al amo y señor de aquel lugar donde siempre flotaba una atmósfera de opresivo placer o de angustiosa y dulce agonía. Lo primero fue el aroma que llegó a su nariz nada mas abrir las puertas: sangre, angustia, sexo y muerte. Quizás no en ese orden pero realmente se los podía distinguir. Su mente le hizo rememorar por escasos segundos el encuentro entre su anfitrión y la piel de ella, surcada de aquellas cicatrices mas visibles pero al mismo tiempo mas vistosas que las que portaba en su corazón.
Lo segundo que actuó en aquella escena onírica fue el oído. A lo lejos escuchó lo que parecían risotadas. Luego pareció escuchar algún sonido que parecía mas una expresión de placer y deseo que otra cosa. Recordó haber curvado sus labios en una sonrisa ante la fuerza del recuerdo. La lluvia caía a su espalda, dejando atrás la violenta tormenta que había estallado, como precediendo a su llegada. En aquel sueño sin embargo no tenía la ropa húmeda y pegada a su figura. Quizás demasiado tópico para una escena de semejante calibre. Así pues se dejó guiar por los sonidos hasta que descubrió algo en el suelo. Un rayo cayó del cielo y el trueno acompañó con un sonido oscuro la visión de un rastro de gotas de sangre. En el pasado no lo habría hecho pero en aquella ensoñación se agachaba y probaba la sangre tras recogerla en la punta de un dedo. Dulce. Realmente dulce. Quizás una inocente señorita había encontrado un abrupto final. Aunque los sonidos seguían llegando a sus oídos, y por el momento nada parecía estremecerse a través de los sentidos mas allá de las ventanas, sacudidas por la violenta tormenta.
Continuó caminando mientras cuadros y escenas se sucedían a ambos lados de aquel pasillo. Donde quiera que viera no paraba de ver cuerpos desnudos padeciendo todo tipo de sufrimientos. Monstruos consumiendo la carne de gente aun viva, objetos afilados clavados en las tiernas carnes aun calientes de personas "inocentes" que rezumaban maldad en sus miradas. De vez en cuando, el clásico vampiro o un licántropo hacían su aparición para fundirse con todo tipo de seres bellos y llenos de gracia, apresándolas entre sus garras y esparciendo tripas, dolor y muerte por todo el cuadro. En ningún momento perdió el rastro de sangre que le llevó frente a unas puertas de ébano negro con dos letras "A". A su vez, y aprovechando la forma de la letra, como situándose en las puntas se podía ver otras tres letras: una "c" una "d" y una "P". Dentro del triángulo que formaba la "A" había una letra griega, la letra "phi", destellando en un rojo sanguinolento.
La mujer sonrió al ver aquella bella referencia y no pudo evitar dirigir la vista a una de sus muñecas, donde una quemadura en el pasado, un rastro mínimo de la genialidad del artista que ahí vivía, se aposentaba finamente, formando esa bella letra. Antes de abrir la puerta se acercó para comprobar la hechura de aquellas marcas y cuando pasó la mano por el símbolo de phi sintió que esa parte de la puerta estaba notablemente mas caliente. La mujer de nuevo sonrió mientras echaba mano del picaporte, escuchando las risotadas y los sonidos de placer al otro lado. Entró en aquella habitación, la cual no contaba con su presencia desde hace años.
La luz de aquel lugar le permitió ver una estancia enorme pero humildemente decorada. En medio se asentaba un trono flanqueado por telas rojizas, en el cual un hombre se sentaba y sobre este, situada sobre sus piernas, una mujer de bellas formas, cabello largo rubio, ojos azules,cintura de avispa, largas piernas. Al verla entrar, unas cuantas miradas con mas o menos maquillaje se posaron sobre la recién llegada, como si fuera una instrusa. Otras mujeres la miraban con curiosidad y las que mas o las que menos con una cierta chispa de deseo. Abundaban todo tipo de prendas que realzaban los encantos y los colores para llamar ligeramente mas la atención. En ese momento parecía predominar la lencería. La recién llegada observaba solo al señor de aquel lugar, al acompañante junto al cual había creado aquel lugar.
-Dejadnos a solas.- Dijo el hombre en un tono calmado mientras las manos se retiraban del cuerpo de la rubia.
Todas aquellas siervas, o esclavas, o aperitivos se retiraron de la estancia. La dama las miró a todas a los ojos, entre desafiante y tranquila. No se movió un milímetro, ni siquiera ante unos cuantos roces de los mas accidentales y sugerentes de tan bellas anatomías andantes. Cuando se hubo cerrado la puerta el señor se quedó mirando a la única persona que quedaba en la habitación. Se miraron a los ojos largo rato. El hombre miraba a la mujer, el lienzo al artista, el cazador a la cazada y la cazadora al cazado. Entonces la mujer se dio cuenta de un extraño salto en el espacio y el tiempo. Al momento su cuerpo estaba sentado a horcajadas y ambos obtenían del otro lo que buscaban, o anhelaban o quien sabe que;
-Te echaba de menos.-Dijo la voz fría, tierna, sensible, dulce, oscura, dolorosa, sádica del anfitrión mientras sus afiladas garras se clavaban sobre las caderas de aquella mujer, remanso de paz para todas las hirientes ideas de su creador. A su vez unas grandes alas negras y rojas, muy ácratas para lo que la sociedad pensaba de él, cubrían la desnudez de la mujer, que había dejado la ropa atrás hacía tiempo, completamente confiada de su seguridad y bienestar.
-Nunca me fui.-Dijo ella, reprimiendo un gemido de dolor, mientras sentía el aliento y la respiración de su amigo, deseoso y lujurioso iniciador de tan magno proyecto y acompañante en muchas noches, en lo profundo de su espacio que formaban sus protuberantes pechos.
Luego se sucedió el salto mas importante, quizás el mas significativo, en el que la dama, en todo momento desde una primerísima persona vivía toda la acción , para después ver como una hoja plateada, fina, destellando a la luz de una luna recién salida tras las nubes de tormenta, comenzaba a hundirse en la piel de aquel lienzo magnífico a los ojos de su anfitrión.
La mujer abrió los ojos de par en par removiéndose y quedándose quieta al momento tras darse cuenta de que una figura estaba sentaba sobre ella, El "buenos días" fue apenas un susurro que luego se convirtió en un grito de dolor cuando algo se clavó en su espalda. La sangre pronto comenzó a brotar y mientras las viejas sensación y los buenos recuerdos volvían a su mente para grabarse a fuego una vez mas.
-Soñé contigo.-Dijo la mujer a aquel demonio, aquel creador, artista, científico, genio.
-Y yo contigo.-Dijo aquella voz tan llena de matices contenidos en solo tres palabras.-Ibas como con uno de esos trajes de cuero de motorista sexy ajustados. te bajabas la cremallera a tres centímetros de mi cara y luego...-El monstruo se quedó en silencio.
-¿Y lueg...?.-la dama no pudo terminar la pregunta ante el alarido de lacerante dolor que salió de su labios cuando la lanceta detalló una pluma mas sobre su espalda, dejando el consiguiente reguero de sangre, dolor y placer en el cuerpo de su objeto de deseo, de aquel lienzo andante que solo debería ser contemplado por los mejores hombres.y no había mejor hombre que aquel artista del ser humano.
Había entrado por la puerta para ser recibida por la oscuridad, que apenas permitía, como es obvio, vislumbrar al amo y señor de aquel lugar donde siempre flotaba una atmósfera de opresivo placer o de angustiosa y dulce agonía. Lo primero fue el aroma que llegó a su nariz nada mas abrir las puertas: sangre, angustia, sexo y muerte. Quizás no en ese orden pero realmente se los podía distinguir. Su mente le hizo rememorar por escasos segundos el encuentro entre su anfitrión y la piel de ella, surcada de aquellas cicatrices mas visibles pero al mismo tiempo mas vistosas que las que portaba en su corazón.
Lo segundo que actuó en aquella escena onírica fue el oído. A lo lejos escuchó lo que parecían risotadas. Luego pareció escuchar algún sonido que parecía mas una expresión de placer y deseo que otra cosa. Recordó haber curvado sus labios en una sonrisa ante la fuerza del recuerdo. La lluvia caía a su espalda, dejando atrás la violenta tormenta que había estallado, como precediendo a su llegada. En aquel sueño sin embargo no tenía la ropa húmeda y pegada a su figura. Quizás demasiado tópico para una escena de semejante calibre. Así pues se dejó guiar por los sonidos hasta que descubrió algo en el suelo. Un rayo cayó del cielo y el trueno acompañó con un sonido oscuro la visión de un rastro de gotas de sangre. En el pasado no lo habría hecho pero en aquella ensoñación se agachaba y probaba la sangre tras recogerla en la punta de un dedo. Dulce. Realmente dulce. Quizás una inocente señorita había encontrado un abrupto final. Aunque los sonidos seguían llegando a sus oídos, y por el momento nada parecía estremecerse a través de los sentidos mas allá de las ventanas, sacudidas por la violenta tormenta.
Continuó caminando mientras cuadros y escenas se sucedían a ambos lados de aquel pasillo. Donde quiera que viera no paraba de ver cuerpos desnudos padeciendo todo tipo de sufrimientos. Monstruos consumiendo la carne de gente aun viva, objetos afilados clavados en las tiernas carnes aun calientes de personas "inocentes" que rezumaban maldad en sus miradas. De vez en cuando, el clásico vampiro o un licántropo hacían su aparición para fundirse con todo tipo de seres bellos y llenos de gracia, apresándolas entre sus garras y esparciendo tripas, dolor y muerte por todo el cuadro. En ningún momento perdió el rastro de sangre que le llevó frente a unas puertas de ébano negro con dos letras "A". A su vez, y aprovechando la forma de la letra, como situándose en las puntas se podía ver otras tres letras: una "c" una "d" y una "P". Dentro del triángulo que formaba la "A" había una letra griega, la letra "phi", destellando en un rojo sanguinolento.
La mujer sonrió al ver aquella bella referencia y no pudo evitar dirigir la vista a una de sus muñecas, donde una quemadura en el pasado, un rastro mínimo de la genialidad del artista que ahí vivía, se aposentaba finamente, formando esa bella letra. Antes de abrir la puerta se acercó para comprobar la hechura de aquellas marcas y cuando pasó la mano por el símbolo de phi sintió que esa parte de la puerta estaba notablemente mas caliente. La mujer de nuevo sonrió mientras echaba mano del picaporte, escuchando las risotadas y los sonidos de placer al otro lado. Entró en aquella habitación, la cual no contaba con su presencia desde hace años.
La luz de aquel lugar le permitió ver una estancia enorme pero humildemente decorada. En medio se asentaba un trono flanqueado por telas rojizas, en el cual un hombre se sentaba y sobre este, situada sobre sus piernas, una mujer de bellas formas, cabello largo rubio, ojos azules,cintura de avispa, largas piernas. Al verla entrar, unas cuantas miradas con mas o menos maquillaje se posaron sobre la recién llegada, como si fuera una instrusa. Otras mujeres la miraban con curiosidad y las que mas o las que menos con una cierta chispa de deseo. Abundaban todo tipo de prendas que realzaban los encantos y los colores para llamar ligeramente mas la atención. En ese momento parecía predominar la lencería. La recién llegada observaba solo al señor de aquel lugar, al acompañante junto al cual había creado aquel lugar.
-Dejadnos a solas.- Dijo el hombre en un tono calmado mientras las manos se retiraban del cuerpo de la rubia.
Todas aquellas siervas, o esclavas, o aperitivos se retiraron de la estancia. La dama las miró a todas a los ojos, entre desafiante y tranquila. No se movió un milímetro, ni siquiera ante unos cuantos roces de los mas accidentales y sugerentes de tan bellas anatomías andantes. Cuando se hubo cerrado la puerta el señor se quedó mirando a la única persona que quedaba en la habitación. Se miraron a los ojos largo rato. El hombre miraba a la mujer, el lienzo al artista, el cazador a la cazada y la cazadora al cazado. Entonces la mujer se dio cuenta de un extraño salto en el espacio y el tiempo. Al momento su cuerpo estaba sentado a horcajadas y ambos obtenían del otro lo que buscaban, o anhelaban o quien sabe que;
-Te echaba de menos.-Dijo la voz fría, tierna, sensible, dulce, oscura, dolorosa, sádica del anfitrión mientras sus afiladas garras se clavaban sobre las caderas de aquella mujer, remanso de paz para todas las hirientes ideas de su creador. A su vez unas grandes alas negras y rojas, muy ácratas para lo que la sociedad pensaba de él, cubrían la desnudez de la mujer, que había dejado la ropa atrás hacía tiempo, completamente confiada de su seguridad y bienestar.
-Nunca me fui.-Dijo ella, reprimiendo un gemido de dolor, mientras sentía el aliento y la respiración de su amigo, deseoso y lujurioso iniciador de tan magno proyecto y acompañante en muchas noches, en lo profundo de su espacio que formaban sus protuberantes pechos.
Luego se sucedió el salto mas importante, quizás el mas significativo, en el que la dama, en todo momento desde una primerísima persona vivía toda la acción , para después ver como una hoja plateada, fina, destellando a la luz de una luna recién salida tras las nubes de tormenta, comenzaba a hundirse en la piel de aquel lienzo magnífico a los ojos de su anfitrión.
La mujer abrió los ojos de par en par removiéndose y quedándose quieta al momento tras darse cuenta de que una figura estaba sentaba sobre ella, El "buenos días" fue apenas un susurro que luego se convirtió en un grito de dolor cuando algo se clavó en su espalda. La sangre pronto comenzó a brotar y mientras las viejas sensación y los buenos recuerdos volvían a su mente para grabarse a fuego una vez mas.
-Soñé contigo.-Dijo la mujer a aquel demonio, aquel creador, artista, científico, genio.
-Y yo contigo.-Dijo aquella voz tan llena de matices contenidos en solo tres palabras.-Ibas como con uno de esos trajes de cuero de motorista sexy ajustados. te bajabas la cremallera a tres centímetros de mi cara y luego...-El monstruo se quedó en silencio.
-¿Y lueg...?.-la dama no pudo terminar la pregunta ante el alarido de lacerante dolor que salió de su labios cuando la lanceta detalló una pluma mas sobre su espalda, dejando el consiguiente reguero de sangre, dolor y placer en el cuerpo de su objeto de deseo, de aquel lienzo andante que solo debería ser contemplado por los mejores hombres.y no había mejor hombre que aquel artista del ser humano.
lunes, 8 de febrero de 2016
Dia de celebración.
Musa de Mis Versos mas Luminosos:
Acaricias las ideas de este genio loco con tu presencia, con la simple idea de un pensamiento, que deja de lado cualquier posible concepto de cordura y se hunde lentamente, pero sin temor, como saboreando cada centímetro de ese descenso al misterio del corazón. Apareces como una imagen fantasmal y de pronto dejas un rastro leve, una conversación entrecortada por el sonido del viento. Tientas con tus ojos a todos aquellos que son valientes para mirarlos, que dejan de lado cualquier ramalazo de cobardía para cazar esa luz que tantas veces se ha filtrado a través de gruesas y heladas paredes de corazones que olvidaron amar.
El caballero dejó a un lado la pluma y se centró en la vista que tenía ante sí. Cuan radiante estaba la luna esa noche. La vista era magnífica desde lo alto de aquella torre de piedra que había guardado los secretos de conspiraciones mas afiladas y las confesiones de amor mas entregadas y apasionadas de aquel mundo. Aquellas estancias estaban bellamente decoradas aunque podría haber sido todo mas elaborado, pero el caballero así no lo dispuso. La mesa era de madera, igual que la silla, algo protegida para no destrozar la espalda de quien la usara durante mucho tiempo, como era el caso de aquel hombre entregado a la lectura, la escritura, la batalla y el amor. Lo único que era un poco mas elaborado era la cama, y aun así estaba poco trabajada en las tallas de madera tanto del cabecero como de los pies. Las sábanas y todo lo demás eran de buena calidad. Se le había ofrecido la opción de un dosel pero la había rechazado. Las paredes tenían algún tapiz decorativo, pero tampoco eran grandes obras maestras de la artesanía. En verdad todo aquello era de lo mas sencillo, como la vida del soldado, o del poeta, o del santo. Aquel caballero se disponía a seguir con la carta cuando llamaron a la puerta y esta, de improviso, se abrió.
Entró entonces aquella mujer, que inspiraba los días y las noche de esa mente inquieta de conocimientos, sedienta de nuevas ideas que aplicar a su día a día a cada una de sus poesías o cartas de amor. Ahí estaba ella, como una aparición de fábula, como ese milagro que se persona en el momento mas terrible de la batalla, cuando el protagonista está a punto de morir, pero llega el ángel de Dios que ofrece su mano para salvar su cuerpo y su alma. Radiante como un amanecer, morena como la tierra de sus dominios del sur. El caballero se puso en pie, inmediatamente, mientras aquella figura mágica, esa mística sorpresa, avanzaba hacia él. Cada paso que daba era una invitación a avanzar por su parte y acompañado de ese movimiento de caderas los grandes ojos negros hipnotizaban a todo aquel que los mirara. Aquel caballero tan acostumbrado hablar se quedó mudo cuando ella se quedó quieta, con esa provocación en la mirada, frente a él, y extendió una mano suave y delicada hasta su rostro, el cual acarició con ternura, acechando sus ojos con atrevimiento, con sensualidad, con ternura, con deseo, con seducción, con dulzura.
El caballero se sorprendió a su mismo mirando aquellos ojos, congelándose el tiempo en el proceso, mientras rodeaba con sus brazos la cintura fina y al mismo tiempo tan bien dispuesta a sus manos. Las manos de ella tomaron el rostro de él y posaron sus labios contra los de ese hombre tan poco acostumbrado a esos gestos, solo a derramar sangre de enemigos ajenos a sus causa. Sintió como si el beso llegara hasta lo mas profundo de sus ser; esos labios no estaban besando sus labios,sino el interior de su alma. No la superficie, sino todo el interior, bañando su ser con una luz y una claridad de ideas tales que nada le pudo hacer pensar con tanta determinación durante mucho tiempo. De pronto la ropa fue despareciendo, no se sabe en que punto de aquel lugar destinado a contemplar el encuentro de los dos amantes pero la boca del caballero descendió desde los labios de aquella mujer, de aquella deidad del baile, hasta su cuello, arrancando un suspiro urgente, encendiendo las ansias del deseo. No se sabe tampoco en que punto estaban tumbados en aquella cama, con ella ofreciendo su cuerpo y él dejándose degustar por las manos de ella...
De pronto terminó el sueño. La luz de la mañana entraba por la ventana de una habitación bellamente decorada, con cientos o incluso miles de cosas dispares, tales que dulces o armas afiladas y originalmente diseñadas. Siete damas dormían en la misma cama, todas bellas, y unas mas vivas que otras. Quien había soñado tal despliegue de fuego y deseo no era otro que el único hombre de aquel lugar. Bueno, decirle hombre era quedarse algo largo o algo corto, según se viera. Aunque caballero era, no se le podía negar. El gato dormitaba hecho una bola de pelo negro sobre dos bonitos almohadones que eran parte de la anatomía de una de las damas. De pronto cantó un gallo en la lejanía. El sonido alertó al caballero de negro pelaje, que pronto se despertó y miró la hora en un valioso reloj de cuco al que le faltaban menos de 10 segundos para sonar. pasado ese tiempo, como es obvio, este comenzó a sonar, causando el animoso despertar de unas y el inalterable renacer de otras. Unas manos frías como el hielo tomaron al encantador caballero, que justo en ese momento se disponía a atacar al pájaro del reloj, dejándolo al cargo, momentáneamente, de una de las damas mas dulces del mundo, amable, de ojos azules, cabello rubio, sonrisa blanca, perfecta en todos los aspectos de la definición de "Bondad". El gato presentó batalla apenas cinco segundos hasta que otras manos le devolvieron a los almohadones en los que descansaba el gato, generosos como una buena cosecha yen los cuales cientos de bocas y manos masculinas habían caído con total entrega. Otras dos manos de nuevo lo sacaron de su asfixia para ponerle frente a el una bolsa de dulces para gatos. El caballero se comió unos cuantos pero no se podía entretener. Tenía una cita.
De nuevo se vio obligado a centrarse y descubrió que su traje ya estaba listo en el ropero. Entre dos de aquellas damas le acicalaron los bigotes, le recortaron con una elaborada y preciosa navaja de plata diseñada por una de las damas los pelos de su cuerpo que pudieran sobresalir y lo dejaron aun mas perfecto, si es que eso era posible. El traje, un esmoquin negro, estaba hecho a medida por una de las bellas asistentes con las que contaba y que habían sido creadas a partir de la mente de La Musa. Otra de las mujeres miraba todo desde la cama, con los ojos embargados en tristeza pero pronto se dejó llevar por el suave pelaje del caballero que saltó a sus piernas mientras le dejaban impecable y le ajustaban la corbata, algo que no le hacía gracia en lo mas absoluto. Se revolvió y se revolvió, sin moverse del lugar pero moviendo el resto del cuerpo, maullando de mala gana mientras las manos de una dama de alta mar trataban de ajustarle el nudo. Finalmente lo dejaron libre, abriendo las puertas de aquella maravillosa habitación para que pasara a buscar a la mujer mas bella de aquel mundo.
El señor caballero fue por los largos pasillos hasta donde se reuniría con la dama de sus ojos, justo a las dos de la tarde para comer juntos y deleitarse con su presencia. Llevaba el regalo de turno, obviamente, entre sus dientes y cuando llegó se sentó dejando este sobre la silla de él, la cual no iba a usar. El caballero había predicho acertadamente que la impuntualidad se presentaría ahí, frente a él, para darle conversación durante unos minutos. Unos cuantos encargados contratados para ese día le pusieron algo de beber y el caballero probó unos cuantos sorbos mientras movía distraidamente la cola. Con toda paciencia esperó hasta que las puertas se abrieron.
Entró aquella Musa, aquella divinidad, con un bello vestido color morado de lo mas ligero, el cual dejaba un vaporoso encanto tras de sí. La poca gente aun presente en aquel lugar se la quedó mirando, embelesada. El gato saltó al suelo y se fue a reunir con la dama, que se agachó con toda la alegría del mundo, abriendo los brazos para recibir al caballero mas encantador de todo el reino. Ni un solo pelo negro se quedó adherido a ese vestido cuando se abrazaron dama y caballero pues aquellas telas venían de los mas elitistas y mágicos telares de un bosque plagado de expertos elfos que en muchas noches lograron una tela mágica que repelía toda posible suciedad. La dama se fue a sentar y el caballero saltó de los brazos de su invitada para tomar la rosa azul entre sus dientes y entregársela con toda cortesía. La sonrisa que surgió de su rostro fue algo que pocos poetas podrían describir. Este le dedicó unas amables palabras, llenas de mucho sentimiento, amor pura y alguna que otra promesa de estar a sus órdenes. Dentro de un orden, claro.
Con un maullido, un camarero trajo una gran tarta de chocolate y de otro maullido otros tantos camareros trajeron mesas y sillas para que se unieran todas las invitadas correspondientes. Y ahí entraron de pronto las cuidadoras del caballero, creaciones de la dama, inspiraciones del poeta, gentiles sueños y a veces crueles pero didácticas realidades. Todas se aposentaron y recibieron un trozo de tarta no sin antes comer exquisiteces de tierras lejanas, dulces, carne cruda de animales también exóticos para una dama bastante menos humana y mucho mas antipática con sus cuatro patas y afilados colmillos. El caballero se sentía de lo mas a gusto en el regazo de La Musa, de aquella mujer que había inspirado mas de ciento setenta mil palabras, mas de las que muchos científicos, filósofos, escritores, generales, políticos o asesinos hubieran dedicado en sus vidas a cualquier tema. Se habló, se bailó y se luchó así como se maulló y gruñó durante toda una tarde y gran parte de la noche, entre bailes y jolgorio.
Entró entonces aquella mujer, que inspiraba los días y las noche de esa mente inquieta de conocimientos, sedienta de nuevas ideas que aplicar a su día a día a cada una de sus poesías o cartas de amor. Ahí estaba ella, como una aparición de fábula, como ese milagro que se persona en el momento mas terrible de la batalla, cuando el protagonista está a punto de morir, pero llega el ángel de Dios que ofrece su mano para salvar su cuerpo y su alma. Radiante como un amanecer, morena como la tierra de sus dominios del sur. El caballero se puso en pie, inmediatamente, mientras aquella figura mágica, esa mística sorpresa, avanzaba hacia él. Cada paso que daba era una invitación a avanzar por su parte y acompañado de ese movimiento de caderas los grandes ojos negros hipnotizaban a todo aquel que los mirara. Aquel caballero tan acostumbrado hablar se quedó mudo cuando ella se quedó quieta, con esa provocación en la mirada, frente a él, y extendió una mano suave y delicada hasta su rostro, el cual acarició con ternura, acechando sus ojos con atrevimiento, con sensualidad, con ternura, con deseo, con seducción, con dulzura.
El caballero se sorprendió a su mismo mirando aquellos ojos, congelándose el tiempo en el proceso, mientras rodeaba con sus brazos la cintura fina y al mismo tiempo tan bien dispuesta a sus manos. Las manos de ella tomaron el rostro de él y posaron sus labios contra los de ese hombre tan poco acostumbrado a esos gestos, solo a derramar sangre de enemigos ajenos a sus causa. Sintió como si el beso llegara hasta lo mas profundo de sus ser; esos labios no estaban besando sus labios,sino el interior de su alma. No la superficie, sino todo el interior, bañando su ser con una luz y una claridad de ideas tales que nada le pudo hacer pensar con tanta determinación durante mucho tiempo. De pronto la ropa fue despareciendo, no se sabe en que punto de aquel lugar destinado a contemplar el encuentro de los dos amantes pero la boca del caballero descendió desde los labios de aquella mujer, de aquella deidad del baile, hasta su cuello, arrancando un suspiro urgente, encendiendo las ansias del deseo. No se sabe tampoco en que punto estaban tumbados en aquella cama, con ella ofreciendo su cuerpo y él dejándose degustar por las manos de ella...
De pronto terminó el sueño. La luz de la mañana entraba por la ventana de una habitación bellamente decorada, con cientos o incluso miles de cosas dispares, tales que dulces o armas afiladas y originalmente diseñadas. Siete damas dormían en la misma cama, todas bellas, y unas mas vivas que otras. Quien había soñado tal despliegue de fuego y deseo no era otro que el único hombre de aquel lugar. Bueno, decirle hombre era quedarse algo largo o algo corto, según se viera. Aunque caballero era, no se le podía negar. El gato dormitaba hecho una bola de pelo negro sobre dos bonitos almohadones que eran parte de la anatomía de una de las damas. De pronto cantó un gallo en la lejanía. El sonido alertó al caballero de negro pelaje, que pronto se despertó y miró la hora en un valioso reloj de cuco al que le faltaban menos de 10 segundos para sonar. pasado ese tiempo, como es obvio, este comenzó a sonar, causando el animoso despertar de unas y el inalterable renacer de otras. Unas manos frías como el hielo tomaron al encantador caballero, que justo en ese momento se disponía a atacar al pájaro del reloj, dejándolo al cargo, momentáneamente, de una de las damas mas dulces del mundo, amable, de ojos azules, cabello rubio, sonrisa blanca, perfecta en todos los aspectos de la definición de "Bondad". El gato presentó batalla apenas cinco segundos hasta que otras manos le devolvieron a los almohadones en los que descansaba el gato, generosos como una buena cosecha yen los cuales cientos de bocas y manos masculinas habían caído con total entrega. Otras dos manos de nuevo lo sacaron de su asfixia para ponerle frente a el una bolsa de dulces para gatos. El caballero se comió unos cuantos pero no se podía entretener. Tenía una cita.
De nuevo se vio obligado a centrarse y descubrió que su traje ya estaba listo en el ropero. Entre dos de aquellas damas le acicalaron los bigotes, le recortaron con una elaborada y preciosa navaja de plata diseñada por una de las damas los pelos de su cuerpo que pudieran sobresalir y lo dejaron aun mas perfecto, si es que eso era posible. El traje, un esmoquin negro, estaba hecho a medida por una de las bellas asistentes con las que contaba y que habían sido creadas a partir de la mente de La Musa. Otra de las mujeres miraba todo desde la cama, con los ojos embargados en tristeza pero pronto se dejó llevar por el suave pelaje del caballero que saltó a sus piernas mientras le dejaban impecable y le ajustaban la corbata, algo que no le hacía gracia en lo mas absoluto. Se revolvió y se revolvió, sin moverse del lugar pero moviendo el resto del cuerpo, maullando de mala gana mientras las manos de una dama de alta mar trataban de ajustarle el nudo. Finalmente lo dejaron libre, abriendo las puertas de aquella maravillosa habitación para que pasara a buscar a la mujer mas bella de aquel mundo.
El señor caballero fue por los largos pasillos hasta donde se reuniría con la dama de sus ojos, justo a las dos de la tarde para comer juntos y deleitarse con su presencia. Llevaba el regalo de turno, obviamente, entre sus dientes y cuando llegó se sentó dejando este sobre la silla de él, la cual no iba a usar. El caballero había predicho acertadamente que la impuntualidad se presentaría ahí, frente a él, para darle conversación durante unos minutos. Unos cuantos encargados contratados para ese día le pusieron algo de beber y el caballero probó unos cuantos sorbos mientras movía distraidamente la cola. Con toda paciencia esperó hasta que las puertas se abrieron.
Entró aquella Musa, aquella divinidad, con un bello vestido color morado de lo mas ligero, el cual dejaba un vaporoso encanto tras de sí. La poca gente aun presente en aquel lugar se la quedó mirando, embelesada. El gato saltó al suelo y se fue a reunir con la dama, que se agachó con toda la alegría del mundo, abriendo los brazos para recibir al caballero mas encantador de todo el reino. Ni un solo pelo negro se quedó adherido a ese vestido cuando se abrazaron dama y caballero pues aquellas telas venían de los mas elitistas y mágicos telares de un bosque plagado de expertos elfos que en muchas noches lograron una tela mágica que repelía toda posible suciedad. La dama se fue a sentar y el caballero saltó de los brazos de su invitada para tomar la rosa azul entre sus dientes y entregársela con toda cortesía. La sonrisa que surgió de su rostro fue algo que pocos poetas podrían describir. Este le dedicó unas amables palabras, llenas de mucho sentimiento, amor pura y alguna que otra promesa de estar a sus órdenes. Dentro de un orden, claro.
Con un maullido, un camarero trajo una gran tarta de chocolate y de otro maullido otros tantos camareros trajeron mesas y sillas para que se unieran todas las invitadas correspondientes. Y ahí entraron de pronto las cuidadoras del caballero, creaciones de la dama, inspiraciones del poeta, gentiles sueños y a veces crueles pero didácticas realidades. Todas se aposentaron y recibieron un trozo de tarta no sin antes comer exquisiteces de tierras lejanas, dulces, carne cruda de animales también exóticos para una dama bastante menos humana y mucho mas antipática con sus cuatro patas y afilados colmillos. El caballero se sentía de lo mas a gusto en el regazo de La Musa, de aquella mujer que había inspirado mas de ciento setenta mil palabras, mas de las que muchos científicos, filósofos, escritores, generales, políticos o asesinos hubieran dedicado en sus vidas a cualquier tema. Se habló, se bailó y se luchó así como se maulló y gruñó durante toda una tarde y gran parte de la noche, entre bailes y jolgorio.
martes, 12 de enero de 2016
El emperador.
El emperador era un hombre poderoso y temido, rico comerciante de tierras vírgenes a veces y gran conquistador militar y poético otras. Sus ojos eran la esencia misma de un doloroso pasado, que había petrificado un corazón que prometía bondad, pero poco a poco se fue tiñendo del rojo de la sangre enemiga en el campo de batalla. Sus años de infancia fueron tan efímeros como la vida de su madre al traerlo al mundo, la cual había sido enterrada al día siguiente de su nacimiento. Su padre era la viva esencia de la ira, de la pérdida no superada, de la astilla del recuerdo aun a pesar de las últimas palabras de ella, amables, dulces, tiernas. El emperador recordaba con dolor, casi a cada momento los golpes, el aliento empapado en vino, correoso ante cualquier olfato.
Entonces el emperador descubrió la grandeza de la lectura. Con ojos siempre teñidos en tristeza, exploraba las páginas de aquellos libros con ansias, cualquier cosa le servía. Su mente viajó desde cuatro paredes de una biblioteca cercana a su casa a través de mundos infinitos de colores vivos; estuvo al lado de los grandes científicos de otros tiempos cuando descubrieron las claves que hacían progresar al hombre a través de las pruebas y, en ocasiones, fatales errores que llevaban a lamentar vidas humanas borradas del mapa en menos de un suspiro. Aquello le entristecía, pero no dejaba de leer, no se rendía, buscando algo. Siempre atendido por una bella dama de cabello rubio y ojos azules, como los suyos, ella estaba permanentemente dispuesta a lograr que el niño, futuro gobernante, aprendiera todo aquello que se le antojara:
-Algún día seré grande, algún día seré recordado, quien sabe por qué motivo, pero habrá una estatua de mi en esa plaza..-Decía con fiera determinación en aquello ojos infantiles, ante la sonrisa maternal de la bibliotecaria y su acompañante gatuno.
Llegó entonces la pubertad, el interés por las mujeres. A veces los poemas aprendidos eran útiles, el beso se producía y muchas mujeres suspiraban pero de pronto encontró a una que se le resistió, pues era inteligente, y determinante en su vida. Llegó el amor. Aquello que le hizo morir ente los ojos de esa mujer fue el amplio conocimiento de poemas varios, y de números, y de arte. Aquellos ojos tristes por primera vez sonrieron. Ella también era huérfana, su nombre un secreto, su sonrisa un hechizo y su rostro un sueño. Ella se mostró reacia a las lisonjas de libros centenarios, hasta que un día cayó en la cuenta y le recitó un poema al oído. Ella se sonrojó, abandonando por un momento ese gesto de fría dureza que mantenía con los demás jóvenes de su edad:
-¿De quien es? no lo conozco,- dijo ella, con el rostro levemente girado, ocultando el claro sonrojo que asomaban a sus mejillas, alisándose un vestido comprado con sudor y arduo trabajo de su madre, hilandera en una fábrica cercana.
-Mio.-susurró aquel jovenzuelo, tan taimado para los conocimientos y tan tonto para otras cosas, pero determinado siempre a mejorar.-Lo compuse dentro de mi memoria, llevándolo desde de mi corazón, cada vez que pensaba en tí hacía un verso.
Y llegó la guerra. El que podría ser el último beso fue largo, con el petate a la espalda, todos los bártulos de medición y cálculo de distancias a la cintura y con la frialdad en los ojos. partía un joven ayudante de artillería y seguramente llegaría un guiñapo, una sombra de lo que fue. Ella esperó, largo tiempo esperó. Los días fueron semanas y ella ya estaba mas que curtida en los ríos de lágrimas que salían de su rostro tras esa última carta. Aquel hombre había desaparecido entre explosiones enemigas, gritos de fiera batalla y seguramente dolor. Llegó el invierno y ella, un día, escuchó cascos de caballo. Alzó la vista, y allí estaba, glorioso coronel, determinante caballero en la batalla, salvador de miles de vidas de aliados y de enemigos. Condecorado y con planes de futuro llevó a su esposa a un lugar muy especial.
Hubo mas batallas, y él siempre partía con esa determinación fría en los ojos. Un "te amo" siempre salía de sus labios tras un largo beso; luego, partía hacia el infierno mas desconocido para sus hombres pero perfectamente estudiado por la fría determinación del que, con temprana edad, era general de ejércitos. Fue mordido por bestias con piel de colores y garras de acero, por hombres desesperados ante el hambre, atacado por viles enfermedades engendradas de la maléfica mente humana. Sobrevivió a todo. Aquellos que le seguían ciegamente a la batalla le creían destinado a algo grande.
Entonces llegó otra guerra, pero esta vez entre hermanos, padres, hijos, conocidos, vecinos. Se impuso el orden con mano dura por parte de un triunfante general que había ganado todas las batallas, destronando a un rey enfermo y absolutista hasta la del amor. Y en ese rapto de autoridad o locura máxima, ante la mirada, por una vez temerosa de su amada, el general se coronó emperador entre austeras columnas casi milenarias de un un templo dedicado a un dios desconocido. Los testigos fueron todos leales a la nueva corona, al jefe supremo de ejércitos de tierras inhóspitas y de las civilizaciones situadas en cualquier punto cardinal del mapa.
El recién coronado emperador siempre estuvo al frente de la batalla política, militar, económica, planteando, pensando y ejecutando planes para cada dificultad. Visitó en un par de ocasiones el templo de la sabiduría que le había otorgado todo aquel poder: la biblioteca con aquella señorita, ya un poco mas mayor, pero igual de tierna. Por real decreto todas aquellas personas dedicadas al saber, como esa dama, no estaban obligadas a inclinarse ante el poderoso emperador.
Y ahí estaba el, en cierta ocasión, juzgando casos varios, tanto de la nobleza como de buenas y pobres gentes. Entonces, el encargado de anunciar nombres y títulos (cuando los tenían), soltó el nombre de la princesa. Sí, el emperador había tenía uno hija con aquella maravillosa dama que tanto años atrás había conocido. La princesa, con toda diligencia, explicó aquellos motivos que le habían llevado a infiltrarse en las cocinas imperiales y sustraer de forma inadvertida para la mayoría de los pinches de cocina del palacio una inocente y suculenta manzana. En asuntos del reino, el emperador era decidido y según algunos a veces quizás demasiado estricto, rayano en lo cruel. Pero el emperador tenía un punto débil: aquella criatura que, empequeñecida ante la enorme figura del cocinero jefe, miraba al hombre mas poderoso del mundo con la misma misma ternura con la que un hombre y una mujer se miraron hace tantos años a la luz de la luna.
Entonces el emperador descubrió la grandeza de la lectura. Con ojos siempre teñidos en tristeza, exploraba las páginas de aquellos libros con ansias, cualquier cosa le servía. Su mente viajó desde cuatro paredes de una biblioteca cercana a su casa a través de mundos infinitos de colores vivos; estuvo al lado de los grandes científicos de otros tiempos cuando descubrieron las claves que hacían progresar al hombre a través de las pruebas y, en ocasiones, fatales errores que llevaban a lamentar vidas humanas borradas del mapa en menos de un suspiro. Aquello le entristecía, pero no dejaba de leer, no se rendía, buscando algo. Siempre atendido por una bella dama de cabello rubio y ojos azules, como los suyos, ella estaba permanentemente dispuesta a lograr que el niño, futuro gobernante, aprendiera todo aquello que se le antojara:
-Algún día seré grande, algún día seré recordado, quien sabe por qué motivo, pero habrá una estatua de mi en esa plaza..-Decía con fiera determinación en aquello ojos infantiles, ante la sonrisa maternal de la bibliotecaria y su acompañante gatuno.
Llegó entonces la pubertad, el interés por las mujeres. A veces los poemas aprendidos eran útiles, el beso se producía y muchas mujeres suspiraban pero de pronto encontró a una que se le resistió, pues era inteligente, y determinante en su vida. Llegó el amor. Aquello que le hizo morir ente los ojos de esa mujer fue el amplio conocimiento de poemas varios, y de números, y de arte. Aquellos ojos tristes por primera vez sonrieron. Ella también era huérfana, su nombre un secreto, su sonrisa un hechizo y su rostro un sueño. Ella se mostró reacia a las lisonjas de libros centenarios, hasta que un día cayó en la cuenta y le recitó un poema al oído. Ella se sonrojó, abandonando por un momento ese gesto de fría dureza que mantenía con los demás jóvenes de su edad:
-¿De quien es? no lo conozco,- dijo ella, con el rostro levemente girado, ocultando el claro sonrojo que asomaban a sus mejillas, alisándose un vestido comprado con sudor y arduo trabajo de su madre, hilandera en una fábrica cercana.
-Mio.-susurró aquel jovenzuelo, tan taimado para los conocimientos y tan tonto para otras cosas, pero determinado siempre a mejorar.-Lo compuse dentro de mi memoria, llevándolo desde de mi corazón, cada vez que pensaba en tí hacía un verso.
Y llegó la guerra. El que podría ser el último beso fue largo, con el petate a la espalda, todos los bártulos de medición y cálculo de distancias a la cintura y con la frialdad en los ojos. partía un joven ayudante de artillería y seguramente llegaría un guiñapo, una sombra de lo que fue. Ella esperó, largo tiempo esperó. Los días fueron semanas y ella ya estaba mas que curtida en los ríos de lágrimas que salían de su rostro tras esa última carta. Aquel hombre había desaparecido entre explosiones enemigas, gritos de fiera batalla y seguramente dolor. Llegó el invierno y ella, un día, escuchó cascos de caballo. Alzó la vista, y allí estaba, glorioso coronel, determinante caballero en la batalla, salvador de miles de vidas de aliados y de enemigos. Condecorado y con planes de futuro llevó a su esposa a un lugar muy especial.
Hubo mas batallas, y él siempre partía con esa determinación fría en los ojos. Un "te amo" siempre salía de sus labios tras un largo beso; luego, partía hacia el infierno mas desconocido para sus hombres pero perfectamente estudiado por la fría determinación del que, con temprana edad, era general de ejércitos. Fue mordido por bestias con piel de colores y garras de acero, por hombres desesperados ante el hambre, atacado por viles enfermedades engendradas de la maléfica mente humana. Sobrevivió a todo. Aquellos que le seguían ciegamente a la batalla le creían destinado a algo grande.
Entonces llegó otra guerra, pero esta vez entre hermanos, padres, hijos, conocidos, vecinos. Se impuso el orden con mano dura por parte de un triunfante general que había ganado todas las batallas, destronando a un rey enfermo y absolutista hasta la del amor. Y en ese rapto de autoridad o locura máxima, ante la mirada, por una vez temerosa de su amada, el general se coronó emperador entre austeras columnas casi milenarias de un un templo dedicado a un dios desconocido. Los testigos fueron todos leales a la nueva corona, al jefe supremo de ejércitos de tierras inhóspitas y de las civilizaciones situadas en cualquier punto cardinal del mapa.
El recién coronado emperador siempre estuvo al frente de la batalla política, militar, económica, planteando, pensando y ejecutando planes para cada dificultad. Visitó en un par de ocasiones el templo de la sabiduría que le había otorgado todo aquel poder: la biblioteca con aquella señorita, ya un poco mas mayor, pero igual de tierna. Por real decreto todas aquellas personas dedicadas al saber, como esa dama, no estaban obligadas a inclinarse ante el poderoso emperador.
Y ahí estaba el, en cierta ocasión, juzgando casos varios, tanto de la nobleza como de buenas y pobres gentes. Entonces, el encargado de anunciar nombres y títulos (cuando los tenían), soltó el nombre de la princesa. Sí, el emperador había tenía uno hija con aquella maravillosa dama que tanto años atrás había conocido. La princesa, con toda diligencia, explicó aquellos motivos que le habían llevado a infiltrarse en las cocinas imperiales y sustraer de forma inadvertida para la mayoría de los pinches de cocina del palacio una inocente y suculenta manzana. En asuntos del reino, el emperador era decidido y según algunos a veces quizás demasiado estricto, rayano en lo cruel. Pero el emperador tenía un punto débil: aquella criatura que, empequeñecida ante la enorme figura del cocinero jefe, miraba al hombre mas poderoso del mundo con la misma misma ternura con la que un hombre y una mujer se miraron hace tantos años a la luz de la luna.

viernes, 27 de noviembre de 2015
Día de lectura.
La noche de luna llena llegaba a su fin, dejando tras de sí un rastro de canciones, alcohol, placer, suspiros, susurros, sueños, realidades. El sol poco a poco despuntaba, iluminando los rincones mas recónditos de aquella gran y magnífica ciudad, foco de resistencia de muchas personas con respecto a una gran crisis existencial y social del hombre. En el centro de aquella urbe se podía distinguir el ayuntamiento, la plaza del mercado, un importante centro de dinero y cultura, donde tantas razas y pensamientos se mezclaban para conformar una amalgama de acentos extraños y productos exóticos. Aunque para el despertar dela actividad mercantil aun faltaban unas horas. Algunos gatos se despertaban en los callejones y algunos guardas reemplazaban a sus compañeros de armas. Las ventanas de algunos edificios comenzaban a reflejar los primeros rayos de el sol y estos a su vez parecían impactar en una persona muy especial para la ciudad.
No era conocida por heroicidades en la batalla o por ser una dedicada artista que se paseaba de corte real en corte real, aunque mas de un héroe de leyenda y mas de un músico le habían dedicado alabanzas a mas no poder. No era una hechicera conocida por sus grandes poderes y conjuros, aunque sus ojos azules habían derretido con toda su magia mas de un corazón. Era una dama, siempre sonriente y educada, carismática, atenta, amable, sencilla en gustos y en vestir, pero sin duda cada prenda que se ponía era algo que dejaba sin habla a muchos y despertaba la envidia de muchas. Esa doncella, dulce a la vista como el beso de una madre, se encargaba de guiar a los nuevos visitantes de al biblioteca por sus interminables estanterías. Aquella mujer de largo cabello rubio,siempre impecable en todo momento de los pies a la cabeza disfrutaba, además, de la simpatía de todos los niños de la ciudad, que siempre acudían a ella por su forma de narrar cuentos y por otros elementos que ya se descubrirán.
Así pues, la dama dobló la esquina. se dirigió hasta donde se encontraba su puesto de trabajo,un edificio enorme que contenía el saber de todo aquel reino en continua batalla por sobrevivir. Ella era la dueña de la llave de la biblioteca pero ese día, a las horas en punto, estas se verían algo truncadas pues había un caballero en la puerta, esperando. Era alto, de gesto altivo, arrogante, mirada oscura, malvada, gesto ridículo en la sonrisa de autosuficiencia. Con todo su ego, aquella columna esmirriada se acercó y dejó una carta en las manos de la mujer tras escuchar una declaración sobrecargada en retórica y demasiado engolada para ser siquiera creíble. la dama sonrió y apenas pudo despedirse antes de que el "caballero" se diera media vuelta, seguro de su victoria sentimental sobre otros rivales por el corazón de aquella mujer.
Dejando la carta en el puesto que le correspondía como bibliotecaria, tras abrir la puerta de tan maravilloso e iluminado recinto, se dedicó a abrir las ventanas para que entrara algo de aire. Ese día, a pesar de lo temprano de la hora, prometía tener buen tiempo con una notable tendencia al calor. Eran muchas ventanas y en el proceso de nuevo se interrumpió ante una escena cargada de sensualidad.
En una de las mesas con pequeña lámparas, se encontraba el encargado de custodiar todos los tomos de saber de aquel edificio de reciente construcción pero no por ello exento de importancia histórica. Aquel guardia de la noche, amo y señor de cada una de esas estanterías cuando caía ya el manto de las estrellas y la luna, se encontraba tumbado boca arriba, entre varios libros que hablaban de batallas varias y de gran calado histórico y una copia de un poemario de cientos de años de antigüedad que narraba las venturas y desventuras de un caballero que se convertía en lobo y pretendía conquistar a unas cuantas damas de diversa reputación e índole espiritual.
La señorita miró al oscuro caballero con una sonrisa cálida como ese amanecer que ya llegaba a las casas de mucho buenos ciudadanos. Se acercó a él con cuidado, tratando de ser lo mas silenciosa posible. El vigía de vez en cuando movía la cola mientras sus patas trataban de agarrarse a algo que no existía en la realidad. Se escuchó un maullido por parte del cancerbero de esas sapientes instalaciones. Entonces el caballero abrió los ojos y se encontró con unas manos blancas y finas tendidas hacia el, algo que por supuesto el gato no dejó pasar por alto así que se lanzó hacia el regazo de la dama.
-Buenos días caballero.-dijo la bibliotecaria. Su voz era la calidad hecha sonido.- Una noche mas de trasnochar en medio de sabios y bellos pensamientos ¿cierto?.-Dijo con una sonrisa, mientras cerraba los libros con una mano que le quedaba libre y los dejaba en su sitio. El guardián de negro pelaje trataba de escapar por encima de su hombro pero la dama se arreglaba con una mano para tenerlo bien cómodo contra su pecho. En cuanto escuchó un par de latidos de ese corazón lleno debondad, el gato se dejó mecer tranquilamente. Eso sí, siempre en sus ojos había un brillo de inteligencia, alerta y cierta antipatía. Entre secos y agrios maullidos se dejó llevar hasta su cama legítima y ahí se quedó, sentado, lamiéndose una pata con toda elegancia.
La dama tenía detrás de su puesto de trabajo una especie de pequeña vivienda en la que perfectamente podría quedarse noche y noches enteras junto a su elegante acompañante de no ser porque sus hermanos la echarían de menos. Ahí era donde el caballero oscuro tenía su principal puesto de guardia. Luego ya estaban los huecos entre ejemplares o lo alto de las estanterías, excelentes puestos de observación de la actividad ratonil, decreciente a cada semana que pasaba gracias a su esmerada y siempre eficiente presencia.
-Oh mira.- Dijo la muchacha al darse cuenta de la carta que había dejado en la mesa.-Un apuesto caballero me ha entregado esto antes de trabajar. A ver que dice.
La dama se sentó en una silla que usaba para acomodarse en las veladas de leerle cuentos a los niños de la ciudad. A veces ella era quien se movía hasta un orfanato o las casas de familias pobres para que los pequeños tuvieran aunque fuera un momento para soñar despiertos con la narración que tan dulce voz les proporcionaba. Así pues la luminosa criatura comenzó a leer en voz alta:
-"Señorita de luminosa sonrisa; no sabe lo que me congratula la sabia decisión de su person..."
Pof. Un bulto negro cayó sobre la carta, aplastándola bajo su cuerpo. Unos ojos de color cambiante pasaron a mirar a la encargada del lugar con un brillo anaranjado que pronto se convirtió en un color bastante parecido al de los ojos de cierta dama que el gato y ella conocían.
-Miau.- Fue todo el argumento, mas que suficiente, que el gato expresó para justificar sus acciones.
-Mi dulce caballero...-Dijo la dama,pero de nuevo fue interrumpida por otro miau.- Pero no se da cuenta de que quizás...-De nuevo otro maullido.- No me diga...soy todo oídos, entonces. Adelante.
El caballero asintió y se sentó muy derecho en el regazo de la dama, con una pose engreída para muchos pero sencillamente estaba mostrando toda la divina elegancia que le caracterizaba y comenzó a maullar un poema de amor sin duda mil veces mas bello que cualquier esquelética línea que cualquier otro sencillo humano le pudiera dedicar a ese ángel del cielo.
-Oh, mi elegante y bello guardián.-Dijo la dama, levantando al gato por todo lo alto y dándole un beso entre los ojos una vez depositado de nuevo en el regazo.-Sin duda no merezco tan bellas palabras.-En la sala se escuchó un leve bufido.-Bueno, es una opinión a respetar, como la de muchos, mi lindo centinela. Bueno voy hacer mis quehaceres. Pronto llegará un nuevo cargamento de libros, de una donación privada.-Dijo la dama, sonriente y feliz de tener mas libros en aquel lugar maravilloso lleno de sueños y de la representación de todo aquello que siempre ha fascinado, inspirado, atemorizado, envalentonado o entristecido a los seres humanos.Y a su caballeroso guardián de oscuro pelaje.
Un gran carruaje llegó y todos los libros fueron cargados al interior de la biblioteca. La mujer se encargó de ojearlos por encima para registrarlos y clasificarlos adecuadamente. El gato la ayudaba mientras algunos buenos ciudadanos entraban en al biblioteca para leer, investigar o soñar despiertos. Los instintos del gato se activaron cuando una niña se encontró un ratón y vino corriendo hasta donde estaba la bibliotecaria,a punto del llano, pues temía a los roedores. El gato, heroicamente, buscó y dio caza y muerte a la malvada criatura, recibiendo las compensaciones de caricias y halagos por parte de la niña, a la cual, para calmar su susto, le leyeron entre dama y gato un cuento sobre piratas.
Como bien se dijo, la bondad de aquella bibliotecaria era por todos conocida, y a la tarde, después de la merienda, un grupo nutrido de niños fue a deleitarse con las narraciones de aquella mujer, cuyo gato sabía tanto o mas que los libros que los contemplaban desde sus estanterías. Era extraño pero mientras que todos los seres humanos escuchaban maullidos, la dama escuchaba palabras, por lo que tan dulce criatura debía de hacer de traductora de aquel ser casi cercano a lo divino y a otros mundos. Cuando no era el gato el que narraba, este se quedaba en el regazo de la "señorita de los libros" (así le llamaban los niños) o se paseaba entre aquellos infantes con los que tenía confianza, fomentando el amor por los animales y la lectura al mismo tiempo.
sábado, 26 de septiembre de 2015
Noche de ópera.
La luz del sol entraba por la ventana de la gran mansión, mientras comenzaba la actividad en la gran ciudad en la que esta se encontraba. Dentro del gran emplazamiento había muchas habitaciones, decoradas con todo tipo de estilo y para todo tipo de gustos. En algunas había apenas un par de muebles, mientras que en otras podía apreciarse las mas exquisitas y variopintas decoraciones, como muebles antiguos, telares de principio del siglo anterior al anterior o posters de hombres atractivos y caramelos. En otras había grandes riquezas de imperios caídos hacía milenios, o expositores de todo tipo de armas. En alguna que otra habitación se encontraban amplias bibliotecas de libros de todo tipo, que contaban toda clase de aventuras e ideas muy sesudas que dormirían a una estatua, o que la derretirían a través de sensuales relatos. Todas esas habitaciones, como bien se dijo, estaban dentro de una gran mansión de fachada negra y gris, con un poco de granate. Los cantos de los pájaros no fueron esa mañana los que se ocuparon de despertar al señor de la casa, sino una bella dama que entró con un carro con el desayuno de la mañana.
La bella mujer estaba ataviada con un vestido blanco de lo mas sencillo y el carro en cuestión era llevado por ella hasta las estancias del señor de la casa, que justo en ese momento... no estaba en la cama. La mujer se sorprendió, no muy gratamente y tras un exhaustivo registro de la habitación que el caballero se encontraba sentado, o mas bien acostado, sobre la lámpara en lo alto del techo. La dama sonrió con toda amabilidad, iluminando la habitación. Ella irradiaba una pureza y perfección que harían envidiar a muchas deidades griegas.
-Señor.-Dijo la mujer mientras ponía el desayuno bien colocado en la cama.-Le traigo el desayuno. Se que es algo temprano pero hoy tiene un día atareado.-Baje a desayunar, por favor.
El señor de la mansión le dio la espalda, dejando ver una larga y elegante cola negra, como el resto de su pelaje. Aunque luego se lo pensó mejor, y bajó de un salto a la cama tras escuchar sus tripas sonando. Unas cuantas sardinas y un poco de leche le estaban esperando mientras la mirada felina se centraba en un punto indefinido. La cuidadora, o sirvienta, o particular cenicienta observó a su jefe con toda dulzura mientras este comía. Muchas veces estaba de lo mas huraño pero con un par de caricias se terminaba por amansar. Su apariencia era de tipo duro pero nada mas.
La puerta se abrió de nuevo y por ella entró una loca, con cierto encanto eso sí, cantando a pleno pulmón, sobresaltando al señor y haciéndole bufar ligeramente,. Esta se sentó al otro lado de la cama mientras sacaba una bolsa de dulces y le pasaba los periódicos que había recogido del cartero, muy guapo, por lo que el tránsito has la habitación del señor se alargó mas de 10 minutos en lo que se recuperaba del desmayo.
-¿Que le apetece que le lea al señor?-Preguntó la primera de las damas mientras habría el periódico.-¿Sociedad?¿economía? ¿nacional?¿internacional?.-Se escuchó un seco maullido.-Internacional pues.-Y la bella dama comenzó a leer mientras la encantadora y alterable loca se dedicaba a acariciar el pelaje del gato susurrando cosas para sí misma. El desayuno estaba delicioso, del mejor pescado de la ciudad y la leche de las mejores granjas.
En cierto momento de distracción,cuando la rubia criatura de intelecto sin igual y bondad sublime se giró, el gato corrió a la ventana, semiabierta en ese momento y saltó por ella, no queriendo vivir el día que le tocaba hoy. Por desgracia dos frías, delicadas y mortíferas manos lo atraparon en el aire y con sutil tono de mofa dijo, a la par que paseaba los fríos y blancos dedos por el pelaje de su señor:
-Vaya, pensé que los caballeros entraban por la ventana para recitarles poesía a la dama de su corazón.-El gato maulló, sin revolverse, en parte porque estaba de lo mas a gusto, en parte porque sabía que no podía escapar. Bufó entonces.-Lo se, a mi también me gustaría disfrutar de mis quehaceres diarios en lugares con objetos de gran valor, mi señor, pero tengo unas obligaciones y usted otras.
El gato se dejó llevar por la fría y elegante dama, pasando al lado de puertas de todo tipo. Se dejó depositar de nuevo en la cama, alegando un irrefrenable deseo de tomar algo de aire antes del arduo día que le esperaba por delante. En realidad solo haría una cosa,pero entremedias se vería expuesto a mucho trabajo de conversación, negociación y demás. Aquel caballero poseía grandes propiedades a lo largo del país, era culto, atento, educado, algo irascible,pedante, egocéntrico pero como era una gato pues todo el mundo lo quería. En resumen, que era un dios en la tierra. Tras leer el periódico se pasó al siguiente, el cual, en opinión del señor de la casa, estaba plagado de gente obtusa y algo disminuida mentalmente. Entonces llegó la hora del baño.
La bella mujer rubia,ante la mirada de la loca y la elegante y fría, llevó al señor a donde se disponía a bañarle. Entonces se abrió la puerta cuando la mujer llamó para asegurarse de que no había nadie. Frente al señor apareció una voluptuosa dama, sin ropa, que en seguida tomó al gato en brazos.
-Yo me ocupo de este sexy señor.-Dijo la mujer y desaparecieron de la vista de la amable ayudante, que sonriendo, sabedora de que estaba en buenas manos, volvió para ultimar los preparativos.
Durante mas o menos una hora el gato cambió pareceres con su mas expresiva y transparente cuidadora, dejando que entre sus grandes...ojos, descansara la cabeza del señor, relajándose ambos entre las burbujas y los sedantes masajes de la dama. Entonces se hizo la oscuridad y el gato estaba en el salón, mojado a mas no poder, chorreando agua por todos lados y con una señorita de orejas puntiagudas al lado.
-Hora de la reunión señor.-Dijo la mujer, en lo que se escuchaba un grito de indignación en el piso de arriba, una puerta que se abría e inmediatamente la voluptuosa encargada del baño se encaró con la provisional secuestradora.-Hola, querida.-Dijo la mujer de orejas puntiagudas en lo que sus ojos se ponían poco a poco de un color mas intenso, parecido al morado.
Tras una discusión en la que fuerzas mayores tuvieron que intervenir, el cuerpo inconsciente de la mujer desnuda fue retirado mientras que la elfa se sentaba de nuevo en la silla con unos cuantos mechones menos de cabello aunque sin duda igual de bella y atrayente. El resto de bellas damas se sentaron también para comentar el horario de ese día. Lo primero era una reunión con gente muy importante, de mucho dinero e influencia, para concretar unos papeles que suponían mucho capital tanto para el señor como para el Estado. El gato opinó acerca de mandar a todos esos hombres en el fondo del mar, pero un argumento mas sólido que una barra de hierro convenció al gato de no hacerlo y es que, si todas esas personas desparecían, todas ellas se pondrían tristes.
Llegó la reunión. Mucha gente pedante se frenaba para contemplar la belleza de aquellas mujeres mientras estas satisfacían hasta los mas mínimos caprichos del señor. Era todo parte de una representación para hacer ver el poder del caballero de negro pelaje, para que no se confiaran en exceso o le tomaran a broma cualquier proposición. Entre chistes, sonrisas y mas tarde algún gemido de placer así como objetos inesperadamente extraviados, se concluyó el trato de forma satisfactoria. Con una última taza de té (leche templada para el señor) todos los hombres importantes de la ciudad se retiraron. El señor estaba hasta las narices. Entonces se escuchó un grito en el piso de arriba y aquello despertó al héroe que el gato tenía dentro.
Al parecer a la responsable del baño le había despertado un bicho. El señor de la casa enfrentó al bicho con valor e incluso se lo comió, demostrando así una gran fuerza, elegancia en el combate y una predisposición a defender a todas las damas presentes. La señorita se lo agradeció con un gran abrazo y un beso en los bigotes de lo mas efusivo. El gato entonces fue a tomarse un baño frío, solo, en soledad, ante las emociones que lo asaltaban.
Y fue entonces cuando cayó la tarde y su acompañante de ese día lo llevaría a la ópera. Era uno de esos recitales dados íntegramente, por lo que menos de cuatro horas entre gente estúpida no estaría, seguramente sería muchísimo mas tiempo. La cuidadora mas dulce de todas ellas le ayudó a colocarse toda laropa,consistente en un frac, un monóculo y su sombrero de copa habitual. No podía estar mas lindo y encantador. El rostro denostaba una antipatía exacerbante que rayaba en el odio mas visceral hacia la sociedad pero se dejo hacer cuando en un arranque totalmente fuera del protocolo, la mujer de cabello rubio y ojos azules así como gran pureza de corazón, lo tomó en brazos y lo abrazó y besó entre las orejas.
-Siempre tan guapo,mi señor.-Dijo la dama.- El coche espera fuera. Será un paseo de lo mas agradable con este tiempo maravilloso.- Dijo ella. El señor de la casa se preguntó si había algo que no le pareciera maravilloso y luminoso a ella, pero no lo maulló en voz alta.
La señorita en cuestión no sería la única que le acompañara; la fría mujer de grandes y poderosos ojos también. Fue un paseo agradable que el señor pasó por alto, entretenido en uno de los pendientes de sus acompañantes. La dama de ojos azules se dejaba hacer mientras la zarpa trataba de alcanzar su objetivo. Luego le siguió un ramalazo de seriedad y mucha profesionalidad social cuando salieron del coche de caballos y toda la alta sociedad los observó adentrarse dentro del teatro. Se sentía de lomas cómodo entre los brazos fríos y sorprendentemente fuertes de la mujer de vestido verde, corazón muerto y escrúpulos escasos. Todos los caballeros giraron las mirada hacia esas dos bellezas que parecían salidas de un cuento de hagas, como viva contraposición al bien y al mal. Las dos mujeres dedicaron sonrisas y saludos a las personalidades mas importantes de la ciudad y quizás del país mientras el caballero ignoraba a todos y se dirigía a su lugar en el teatro, en una de las zonas altas, quizás en el lugar mas discreto de todo el teatro, lejos de miradas indiscretas.
Comenzó la ópera con el consabido prólogo, los personajes que entran, cantan, salen, vuelven a entrar y así durante muchas horas. El señor, si bien un tanto indiferente a todo, admitía que el elenco era de lo mas digno de su presencia, con lo mejor de lo mejor de cada casa y cada país. Desde lo alto podía ver a todos los personajes ilustres de abajo. Miró atentamente una araña que se deslizaba por la pared, cerca de él. Justo alargaba la pata para espantarla y provocar un escándalo cuando una mano fría y blanca lo detuvo. El gato se encontró con los dos ojos de la dama de mirada penetrante y el gato puso su mas encantadora mirada de absoluta inocencia con pelo y cola en perpetuo movimiento. Llegó entonces el descanso.
Los emperifollados miserables esos de riqueza en la cartera pero no en el corazón se deleitaron con la presencia de sus dos acompañantes. De nuevo la heroína del día fue la dama de gélida voz, que se llevó a lo alto del teatro al señor de la casa en la que la bella dama de ojos azules se distraía con unos cuantos herederos ricos. Por el camino el señor dejó clara su opinión sobre cada uno de los presentes. Cuando iba ya por el tercer conde de no se sabe que ciudad, la dama amante de las riquezas sacó de su bolso un ratón de felpa y el señor, al contemplarlo, olvidó todos sus pesares y se distrajo durante los quince minutos de pausa en total silencio.
Ya mas tranquilo, de nuevo se reunió con la bella y dulce dama de ojos azules, cada una sentada a un lado del caballero y contemplaron, encantados,las voces tan diáfanas de los intérpretes de aquella ópera, situada en tierras muy lejanas y en tiempos mas lejanos aun.
La bella mujer estaba ataviada con un vestido blanco de lo mas sencillo y el carro en cuestión era llevado por ella hasta las estancias del señor de la casa, que justo en ese momento... no estaba en la cama. La mujer se sorprendió, no muy gratamente y tras un exhaustivo registro de la habitación que el caballero se encontraba sentado, o mas bien acostado, sobre la lámpara en lo alto del techo. La dama sonrió con toda amabilidad, iluminando la habitación. Ella irradiaba una pureza y perfección que harían envidiar a muchas deidades griegas.
-Señor.-Dijo la mujer mientras ponía el desayuno bien colocado en la cama.-Le traigo el desayuno. Se que es algo temprano pero hoy tiene un día atareado.-Baje a desayunar, por favor.
El señor de la mansión le dio la espalda, dejando ver una larga y elegante cola negra, como el resto de su pelaje. Aunque luego se lo pensó mejor, y bajó de un salto a la cama tras escuchar sus tripas sonando. Unas cuantas sardinas y un poco de leche le estaban esperando mientras la mirada felina se centraba en un punto indefinido. La cuidadora, o sirvienta, o particular cenicienta observó a su jefe con toda dulzura mientras este comía. Muchas veces estaba de lo mas huraño pero con un par de caricias se terminaba por amansar. Su apariencia era de tipo duro pero nada mas.
La puerta se abrió de nuevo y por ella entró una loca, con cierto encanto eso sí, cantando a pleno pulmón, sobresaltando al señor y haciéndole bufar ligeramente,. Esta se sentó al otro lado de la cama mientras sacaba una bolsa de dulces y le pasaba los periódicos que había recogido del cartero, muy guapo, por lo que el tránsito has la habitación del señor se alargó mas de 10 minutos en lo que se recuperaba del desmayo.
-¿Que le apetece que le lea al señor?-Preguntó la primera de las damas mientras habría el periódico.-¿Sociedad?¿economía? ¿nacional?¿internacional?.-Se escuchó un seco maullido.-Internacional pues.-Y la bella dama comenzó a leer mientras la encantadora y alterable loca se dedicaba a acariciar el pelaje del gato susurrando cosas para sí misma. El desayuno estaba delicioso, del mejor pescado de la ciudad y la leche de las mejores granjas.
En cierto momento de distracción,cuando la rubia criatura de intelecto sin igual y bondad sublime se giró, el gato corrió a la ventana, semiabierta en ese momento y saltó por ella, no queriendo vivir el día que le tocaba hoy. Por desgracia dos frías, delicadas y mortíferas manos lo atraparon en el aire y con sutil tono de mofa dijo, a la par que paseaba los fríos y blancos dedos por el pelaje de su señor:
-Vaya, pensé que los caballeros entraban por la ventana para recitarles poesía a la dama de su corazón.-El gato maulló, sin revolverse, en parte porque estaba de lo mas a gusto, en parte porque sabía que no podía escapar. Bufó entonces.-Lo se, a mi también me gustaría disfrutar de mis quehaceres diarios en lugares con objetos de gran valor, mi señor, pero tengo unas obligaciones y usted otras.
El gato se dejó llevar por la fría y elegante dama, pasando al lado de puertas de todo tipo. Se dejó depositar de nuevo en la cama, alegando un irrefrenable deseo de tomar algo de aire antes del arduo día que le esperaba por delante. En realidad solo haría una cosa,pero entremedias se vería expuesto a mucho trabajo de conversación, negociación y demás. Aquel caballero poseía grandes propiedades a lo largo del país, era culto, atento, educado, algo irascible,pedante, egocéntrico pero como era una gato pues todo el mundo lo quería. En resumen, que era un dios en la tierra. Tras leer el periódico se pasó al siguiente, el cual, en opinión del señor de la casa, estaba plagado de gente obtusa y algo disminuida mentalmente. Entonces llegó la hora del baño.
La bella mujer rubia,ante la mirada de la loca y la elegante y fría, llevó al señor a donde se disponía a bañarle. Entonces se abrió la puerta cuando la mujer llamó para asegurarse de que no había nadie. Frente al señor apareció una voluptuosa dama, sin ropa, que en seguida tomó al gato en brazos.
-Yo me ocupo de este sexy señor.-Dijo la mujer y desaparecieron de la vista de la amable ayudante, que sonriendo, sabedora de que estaba en buenas manos, volvió para ultimar los preparativos.
Durante mas o menos una hora el gato cambió pareceres con su mas expresiva y transparente cuidadora, dejando que entre sus grandes...ojos, descansara la cabeza del señor, relajándose ambos entre las burbujas y los sedantes masajes de la dama. Entonces se hizo la oscuridad y el gato estaba en el salón, mojado a mas no poder, chorreando agua por todos lados y con una señorita de orejas puntiagudas al lado.
-Hora de la reunión señor.-Dijo la mujer, en lo que se escuchaba un grito de indignación en el piso de arriba, una puerta que se abría e inmediatamente la voluptuosa encargada del baño se encaró con la provisional secuestradora.-Hola, querida.-Dijo la mujer de orejas puntiagudas en lo que sus ojos se ponían poco a poco de un color mas intenso, parecido al morado.
Tras una discusión en la que fuerzas mayores tuvieron que intervenir, el cuerpo inconsciente de la mujer desnuda fue retirado mientras que la elfa se sentaba de nuevo en la silla con unos cuantos mechones menos de cabello aunque sin duda igual de bella y atrayente. El resto de bellas damas se sentaron también para comentar el horario de ese día. Lo primero era una reunión con gente muy importante, de mucho dinero e influencia, para concretar unos papeles que suponían mucho capital tanto para el señor como para el Estado. El gato opinó acerca de mandar a todos esos hombres en el fondo del mar, pero un argumento mas sólido que una barra de hierro convenció al gato de no hacerlo y es que, si todas esas personas desparecían, todas ellas se pondrían tristes.
Llegó la reunión. Mucha gente pedante se frenaba para contemplar la belleza de aquellas mujeres mientras estas satisfacían hasta los mas mínimos caprichos del señor. Era todo parte de una representación para hacer ver el poder del caballero de negro pelaje, para que no se confiaran en exceso o le tomaran a broma cualquier proposición. Entre chistes, sonrisas y mas tarde algún gemido de placer así como objetos inesperadamente extraviados, se concluyó el trato de forma satisfactoria. Con una última taza de té (leche templada para el señor) todos los hombres importantes de la ciudad se retiraron. El señor estaba hasta las narices. Entonces se escuchó un grito en el piso de arriba y aquello despertó al héroe que el gato tenía dentro.
Al parecer a la responsable del baño le había despertado un bicho. El señor de la casa enfrentó al bicho con valor e incluso se lo comió, demostrando así una gran fuerza, elegancia en el combate y una predisposición a defender a todas las damas presentes. La señorita se lo agradeció con un gran abrazo y un beso en los bigotes de lo mas efusivo. El gato entonces fue a tomarse un baño frío, solo, en soledad, ante las emociones que lo asaltaban.
Y fue entonces cuando cayó la tarde y su acompañante de ese día lo llevaría a la ópera. Era uno de esos recitales dados íntegramente, por lo que menos de cuatro horas entre gente estúpida no estaría, seguramente sería muchísimo mas tiempo. La cuidadora mas dulce de todas ellas le ayudó a colocarse toda laropa,consistente en un frac, un monóculo y su sombrero de copa habitual. No podía estar mas lindo y encantador. El rostro denostaba una antipatía exacerbante que rayaba en el odio mas visceral hacia la sociedad pero se dejo hacer cuando en un arranque totalmente fuera del protocolo, la mujer de cabello rubio y ojos azules así como gran pureza de corazón, lo tomó en brazos y lo abrazó y besó entre las orejas.
-Siempre tan guapo,mi señor.-Dijo la dama.- El coche espera fuera. Será un paseo de lo mas agradable con este tiempo maravilloso.- Dijo ella. El señor de la casa se preguntó si había algo que no le pareciera maravilloso y luminoso a ella, pero no lo maulló en voz alta.
La señorita en cuestión no sería la única que le acompañara; la fría mujer de grandes y poderosos ojos también. Fue un paseo agradable que el señor pasó por alto, entretenido en uno de los pendientes de sus acompañantes. La dama de ojos azules se dejaba hacer mientras la zarpa trataba de alcanzar su objetivo. Luego le siguió un ramalazo de seriedad y mucha profesionalidad social cuando salieron del coche de caballos y toda la alta sociedad los observó adentrarse dentro del teatro. Se sentía de lomas cómodo entre los brazos fríos y sorprendentemente fuertes de la mujer de vestido verde, corazón muerto y escrúpulos escasos. Todos los caballeros giraron las mirada hacia esas dos bellezas que parecían salidas de un cuento de hagas, como viva contraposición al bien y al mal. Las dos mujeres dedicaron sonrisas y saludos a las personalidades mas importantes de la ciudad y quizás del país mientras el caballero ignoraba a todos y se dirigía a su lugar en el teatro, en una de las zonas altas, quizás en el lugar mas discreto de todo el teatro, lejos de miradas indiscretas.
Comenzó la ópera con el consabido prólogo, los personajes que entran, cantan, salen, vuelven a entrar y así durante muchas horas. El señor, si bien un tanto indiferente a todo, admitía que el elenco era de lo mas digno de su presencia, con lo mejor de lo mejor de cada casa y cada país. Desde lo alto podía ver a todos los personajes ilustres de abajo. Miró atentamente una araña que se deslizaba por la pared, cerca de él. Justo alargaba la pata para espantarla y provocar un escándalo cuando una mano fría y blanca lo detuvo. El gato se encontró con los dos ojos de la dama de mirada penetrante y el gato puso su mas encantadora mirada de absoluta inocencia con pelo y cola en perpetuo movimiento. Llegó entonces el descanso.
Los emperifollados miserables esos de riqueza en la cartera pero no en el corazón se deleitaron con la presencia de sus dos acompañantes. De nuevo la heroína del día fue la dama de gélida voz, que se llevó a lo alto del teatro al señor de la casa en la que la bella dama de ojos azules se distraía con unos cuantos herederos ricos. Por el camino el señor dejó clara su opinión sobre cada uno de los presentes. Cuando iba ya por el tercer conde de no se sabe que ciudad, la dama amante de las riquezas sacó de su bolso un ratón de felpa y el señor, al contemplarlo, olvidó todos sus pesares y se distrajo durante los quince minutos de pausa en total silencio.
Ya mas tranquilo, de nuevo se reunió con la bella y dulce dama de ojos azules, cada una sentada a un lado del caballero y contemplaron, encantados,las voces tan diáfanas de los intérpretes de aquella ópera, situada en tierras muy lejanas y en tiempos mas lejanos aun.
martes, 14 de julio de 2015
Te echaban de menos.
El pétalo de rosa cayó desde aquellas lagunas de cristal azul. Con leve danzar, movido por las brisas, o quizás por las manos de los ángeles, se posó en la piel desnuda, justo entre los senos expuestos de la mujer. La respiración constante del sueño cobró un nuevo ritmo y dos grandes ojos negros se abrieron poco a poco. Se estiró, dejando ver algo mas de una piel suave y delicada, muy tersa, agradable sin duda al tacto y al olfato. Miró a su alrededor, a las columnas que sostenían esa habitación de cristal, casi como un palacio en sí mismo, decorado con las grandes escenas de criaturas mágicas y leyendas muy antiguas de tierras diversas. Sus labios sonrieron perezosamente mientras se incorporaba. Se dio cuenta de su desnudez, su sonrisa se afianzó mas, y se quedó mirando la puerta con atrevida picardia. Sería bonito que alguien entrara para sorprenderlo en toda su gloria y envolverlo entre sus aterciopelados encantos y frescor casi inmaculado.
Se colocó unas pocas prendas ligeras, confeccionadas con sedas, terciopelos y satenes.
Una mezcolanza de telas curiosamente bien complementadas entre ellas en color y costura. Se dirigió a la puerta, mirando por última vez esa cama que, al abandonar aquella diosa la estancia, se deshizo en una explosión de color junto a todo lo demás. Salió a un pasillo colmado de ventanas, por las que el Sol entraba araudales. El suelo de mármol blanco era muy cálido para tratarse de un material tan frío y poco propenso a recibir con calidez los pies que lo pisen. Por el rabillo del ojo le parecía ver extrañas formas que la contemplaban. Eran las ideas del creador, o de lo que fuere que la retuviera de tan dulce forma. Estatuas de piedra decoradas con piedras preciosas flanqueaban las paredes del pasillo, todas ellas de hombres, mujeres y criaturas fantásticas que portaban un instrumento, o un arma o una expresión de enloquecedora dulzura junto a un cántaro de agua que expulsaba el líquido elemento en el suelo y que este parecía absorber al momento. Un fiero toro miró a la mujer con su piel de ébano y sus ojos de rubí, como si la fuera a embestir de un momento a otro. Se paró frente a la estatua de un caballero que ofrecía su mano para ser acompañada. Estaba hecha de mármol blanco y desprendía una cierta energía y algo de melancolía. La mano tendida era delicada pero el gesto sin duda, aunque estático, era decidido a que la interpelada aceptara su petición. La dama se encontró dando la mano a la estatua y de pronto todo cambió.
En un remolino de color y la sensación de vértigo por un segundo, la mujer se encontró en un bosque. La estatua estaba a su lado, con ese mismo además de invitación, pero esta vez sonrió y cuando la dama tocó su rostro la estatua se convirtió en miles de pétalos azules que fueron formando, por una extraña brisa, una alfombra sobre la verde hierba de aquel claro en el bosque. la mujer sonrió, bastante impresionada, y se internó entre los árboles, a la aventura de la magia y el color.
Entre las ramas y raíces de los árboles la mujer sintió una extraña sensación. Según avanzaba la tela de sus ropajes iba desapareciendo, siendo sustituida a su vez por una manto de verdor inmaterial que cubría poco a poco su nunca total desnudez. A donde mirara veía una flor o un animal único. Lo mas normal fue un unicornio que pasó como una exhalación frente a ella aunque se quedó a buena distancia para observar a la recién llegada. Una mariposa de oro y otra de plata bailaban a su alrededor junto a unos cuantos petirrojos. O mas bien petipúpuras de pico esmeralda. A sus pies muchas flores dejaban sentir sus pétalos en los pies de la mujer, desnudos desde el comienzo de esa aventura. Tres o cuatro ciervos verdes pardo, con ramas como cuerpo y un imponente ciervo macho cuyas astas eran las ramas de un sauce llorón le miró con ojos azules, vivos y orgullosos. Las ardillas parloteaban, admiradas por la belleza de la dama mientras sus colas de fuego dejaban una rastro brillante ahí por donde corrían. Muchos pájaros la observaban, como un cuervo y una urraca de ébano o un kiwi de madera común y pico anaranjado. Una libélula se movía entre charcos de agua cristalina, alrededor de los juncos y su cola y alas emitía destellos periódicos para hacerse notar.
Con su vestido verde de sustancia etérea, la dama asistía al espectáculo de una noche que llegaba rápido e iba cuajando el cielo de estrellas. Sus ojos brillaban también como dos estrellas ante la visión de una luna llena enorme que asistía a un espectáculo de millones de luces de distintos colores. Las hebras de una enredadera se aferraron poco a poco a la luna y el agua que se desprendió de esta circuló como un río hasta fusionarse con ese verdor del que estaba provista aquella mujer especial, a la que muchos habían amado. El bosque y la luna se fusionaron entonces alrededor de su cuerpo y colmaron de blanco y luz el vestido que tapaba de ojos inmerecidos ese cuerpo de pecado y sueño. El maravilloso y colorido viaje llegó entonces a otro claro.
En su centro había un gran árbol y la hierba era fresca. Los pétalos azules había terminado hace rato y la dama se había dedicado a vagar por entre los árboles mucho tiempo. Lo único que había en ese claro era un gran árbol, enorme realmente. Probablemente las raíces de aquel sabio árbol estaría profundas hasta casi tocar el centro de ese mundo. En sus ramas crecían todo tipo de frutos y en una de las mas altas había alguien observándola. Con rostro pálido y provisto de algo parecido unos pantalones confeccionados con ese verdor agreste e inmaterial, dos grandes alas opalinas se encontraban suspendidas en una lánguida cascada de plumas. La criatura humanoide la observó y descendió de un salto desde gran altura, ofreciendo un gran espectáculo de color al abrir las alas y reflejar estas los rayos de la luna. Voló alrededor de la mujer, que seguía al ser en todo momento con ojos maravillados, como aquella primera vez que lo había visto, tan tímido y a la vez presumido de sus alas enormes y cálidas.
Tras la breve exhibición, a la luz de la luna, el caballero alado tomó tierra y se acercó a la dama, con sus alas por delante envolvieron aquel cuerpo tan deseado, cárcel de irresistibles formas para un alma de luz, bondad y amor al color y la vida. Con una suave voz, cálida, llena de amor, el ser susurró en el oído de la dama, estrechándola entre sus alas:
-Te echaban de menos
Se colocó unas pocas prendas ligeras, confeccionadas con sedas, terciopelos y satenes.
Una mezcolanza de telas curiosamente bien complementadas entre ellas en color y costura. Se dirigió a la puerta, mirando por última vez esa cama que, al abandonar aquella diosa la estancia, se deshizo en una explosión de color junto a todo lo demás. Salió a un pasillo colmado de ventanas, por las que el Sol entraba araudales. El suelo de mármol blanco era muy cálido para tratarse de un material tan frío y poco propenso a recibir con calidez los pies que lo pisen. Por el rabillo del ojo le parecía ver extrañas formas que la contemplaban. Eran las ideas del creador, o de lo que fuere que la retuviera de tan dulce forma. Estatuas de piedra decoradas con piedras preciosas flanqueaban las paredes del pasillo, todas ellas de hombres, mujeres y criaturas fantásticas que portaban un instrumento, o un arma o una expresión de enloquecedora dulzura junto a un cántaro de agua que expulsaba el líquido elemento en el suelo y que este parecía absorber al momento. Un fiero toro miró a la mujer con su piel de ébano y sus ojos de rubí, como si la fuera a embestir de un momento a otro. Se paró frente a la estatua de un caballero que ofrecía su mano para ser acompañada. Estaba hecha de mármol blanco y desprendía una cierta energía y algo de melancolía. La mano tendida era delicada pero el gesto sin duda, aunque estático, era decidido a que la interpelada aceptara su petición. La dama se encontró dando la mano a la estatua y de pronto todo cambió.
En un remolino de color y la sensación de vértigo por un segundo, la mujer se encontró en un bosque. La estatua estaba a su lado, con ese mismo además de invitación, pero esta vez sonrió y cuando la dama tocó su rostro la estatua se convirtió en miles de pétalos azules que fueron formando, por una extraña brisa, una alfombra sobre la verde hierba de aquel claro en el bosque. la mujer sonrió, bastante impresionada, y se internó entre los árboles, a la aventura de la magia y el color.
Entre las ramas y raíces de los árboles la mujer sintió una extraña sensación. Según avanzaba la tela de sus ropajes iba desapareciendo, siendo sustituida a su vez por una manto de verdor inmaterial que cubría poco a poco su nunca total desnudez. A donde mirara veía una flor o un animal único. Lo mas normal fue un unicornio que pasó como una exhalación frente a ella aunque se quedó a buena distancia para observar a la recién llegada. Una mariposa de oro y otra de plata bailaban a su alrededor junto a unos cuantos petirrojos. O mas bien petipúpuras de pico esmeralda. A sus pies muchas flores dejaban sentir sus pétalos en los pies de la mujer, desnudos desde el comienzo de esa aventura. Tres o cuatro ciervos verdes pardo, con ramas como cuerpo y un imponente ciervo macho cuyas astas eran las ramas de un sauce llorón le miró con ojos azules, vivos y orgullosos. Las ardillas parloteaban, admiradas por la belleza de la dama mientras sus colas de fuego dejaban una rastro brillante ahí por donde corrían. Muchos pájaros la observaban, como un cuervo y una urraca de ébano o un kiwi de madera común y pico anaranjado. Una libélula se movía entre charcos de agua cristalina, alrededor de los juncos y su cola y alas emitía destellos periódicos para hacerse notar.
Con su vestido verde de sustancia etérea, la dama asistía al espectáculo de una noche que llegaba rápido e iba cuajando el cielo de estrellas. Sus ojos brillaban también como dos estrellas ante la visión de una luna llena enorme que asistía a un espectáculo de millones de luces de distintos colores. Las hebras de una enredadera se aferraron poco a poco a la luna y el agua que se desprendió de esta circuló como un río hasta fusionarse con ese verdor del que estaba provista aquella mujer especial, a la que muchos habían amado. El bosque y la luna se fusionaron entonces alrededor de su cuerpo y colmaron de blanco y luz el vestido que tapaba de ojos inmerecidos ese cuerpo de pecado y sueño. El maravilloso y colorido viaje llegó entonces a otro claro.
En su centro había un gran árbol y la hierba era fresca. Los pétalos azules había terminado hace rato y la dama se había dedicado a vagar por entre los árboles mucho tiempo. Lo único que había en ese claro era un gran árbol, enorme realmente. Probablemente las raíces de aquel sabio árbol estaría profundas hasta casi tocar el centro de ese mundo. En sus ramas crecían todo tipo de frutos y en una de las mas altas había alguien observándola. Con rostro pálido y provisto de algo parecido unos pantalones confeccionados con ese verdor agreste e inmaterial, dos grandes alas opalinas se encontraban suspendidas en una lánguida cascada de plumas. La criatura humanoide la observó y descendió de un salto desde gran altura, ofreciendo un gran espectáculo de color al abrir las alas y reflejar estas los rayos de la luna. Voló alrededor de la mujer, que seguía al ser en todo momento con ojos maravillados, como aquella primera vez que lo había visto, tan tímido y a la vez presumido de sus alas enormes y cálidas.
Tras la breve exhibición, a la luz de la luna, el caballero alado tomó tierra y se acercó a la dama, con sus alas por delante envolvieron aquel cuerpo tan deseado, cárcel de irresistibles formas para un alma de luz, bondad y amor al color y la vida. Con una suave voz, cálida, llena de amor, el ser susurró en el oído de la dama, estrechándola entre sus alas:
-Te echaban de menos
viernes, 10 de julio de 2015
El general y el violinista.
Era un día algo lluvioso en aquella ciudad de la capital. Las nubes tapaban el cielo mientras ciudadanos con mas o menos tareas por cumplir iban esquivando charcos y a otros congéneres. Los claros del día anterior habían sido un extraño preámbulo climatológico de lo que se avecinaba en aquel momento. Aunque por el momento la lluvia estaba cesando, reduciéndose a una llovizna ligera y no demasiado aborrecible para los amantes del buen día. Los edificios revelaban las manchas de la humedad con bastante orgullo y algunos abandonaban sus refugios antipluviales para poder continuar, con cierta prisa, los quehaceres diarios.
En una de las calles de esa ciudad, dedicaba al comercio de productos bastante valiosos para niños mimados y para exigentes profesionales, que requirieran de los mejores productos para sus campos respectivos, había un músico ambulante. Tocaba el violín y de vez en cuando, a pesar de las luvias, la gente se quedaba a mirar y escuchar como aquel hombre se ganaba el pan de forma honrada. Fuera de la manera que fuera, el anciano, pues estaba mas en la senectud que en la juventud, tocaba de manera muy fluida, sin equivocarse ni una sola vez. Seguramente llevaba desde una temprana edad tocando ese instrumento que tanta magia había despertado en los corazones de las personas a lo largo de los años. Su rostro denotaba, eso sí, la máxima concentración para no equivocarse. Quizás, y solo quizás, fuera un hombre bastante perfeccionista, o sencillamente se exigía con todas las de la ley a mejorar hasta el último de sus días en ese mundo tan variopinto. Entonces su vida daría un pequeño giro.
Con alegre y saltarín caminar, coronada con una ristra de rosas azules, y a pesar del pesado día, una niña se acercó hasta donde se encontraba el músico. Al igual que otros niños, miraba con curiosidad y sorpresa al músico que había reparado en la niña. El anciano les dedicó una pequeña sonrisa a todos los presentes al acabar con una larga nota final. La gente aplaudió. Algunos transeúntes le dejaron unas monedas y se marcharon. La niña continuó ahí, esperando a que tocara algo mas. Todo esto lo observaban dos mujeres desde una cierta distancia, apoyadas en el alfeizar de una ventana:
-Quien conquistara a su padre.-Dijo una dama entrada en edad pero que sin duda mantenía una elegancia, saber estar y educación mas que dignos de cualquier cohorte.
-Yo acabo de llegar, señora. ¿Quien es su padre?.-Dijo una dama bastante mas joven, provista de una gran belleza y exuberancia física, pelo negro y ojos extrañamente claros que a mucho de sus acompañantes nocturnos dejaba en ocasiones sin habla.-El pichón va bien vestido.-Dijo observando las ropas de la niña.-Para conquistar a un hombre hay que conquistar a su madre o bien a su hija.
-Oh, créeme que casi todas tus compañeras, aquellas con el coraje o el ego suficiente, lo han intentado, pero ese hombre está enamorado hasta las trancas. Puedes tomar té con la niña hasta hartarte e incluso ofrecerte de cuidadora. Una de mis chicas estuvo un año aguantando las encantadoras risotadas de la niña. Vino enamorada de la criatura pero sin su padre del brazo. Como que cada año me pide un permiso de una semana y yo no tengo mas que dárselo porque sabe ponerse bastante irritante.
-Me intriga... ¿Quien es su padre, mi señora?.-Preguntó la jovenzuela, tapándose el exótico vestido de sedas y telas transparentes por causa del frío.
-Ahí lo tienes.-Dijo la mujer mirando en una dirección. La joven le siguió la mirada.
Tras la niña, vestida con un abrigo marrón y zapatos del mismo color, surgió una sombra. Varios de los niños que lo conocieran se apartaron ligeramente. Otros, imitando a sus padres cuando estaban con ellos y se cruzaban con aquel hombre, se cuadraron y saludaron, al igual que todos los guardias presentes. Ataviado con abrigo negro y ropa oscura en general, un hombre de gran palidez miraba al violinista. Su rostro era una máscara de piedra y en sus ojos una imperturbabilidad absoluta, acorde con su faz.
-¿Ese no es...?.-Preguntó la joven mientras la señora de la casa de entretenimiento sonreía y asentía.-¿Como pudo nacer un ángel como esa niña de la semilla de semejante monstruo?. Solo se conocen un par de anécdotas de lo que ha hecho en el campo de batalla pero lo suficiente para que la gente salga corriendo al verle.
-Créeme cariño cuando te digo que son anécdotas falsas. Un par de sus hombres, habituales clientes de este distinguido lugar. dicen que es un hombre bastante honorable, aunque fiero en la batalla. Y sobre tu pregunta, otro de sus hombres, también cliente de aquí, le preguntó sobre la contrapuesta alegría de su hija con respecto a su progenitor y el hombre dijo "A veces los ángeles de Dios se conmiseran de nosotros, los pobres mortales, y nos dan un regalo que ni todo el oro del mundo puede igualar"
-Si el general se entera de esto...-Dijo la joven.
-Al día siguiente el que lo contó fue destinado a una gran distancia de aquí, muy muy lejos. Podría haberlo ejecutado pero no lo hizo, según algunos porque se levantó con buen día y según otros porque tenía fiesta de té con su hija en unos minutos.
.Dios santo...-Dijo la joven mientras observaba la escena.
El violinista, obviamente, reparó en la presencia de ese poderoso hombre, algo delgado y de mirada y rostro congelados en el tiempo y la emoción. La niña tomó la mano de su padre, escoltada y vigilada en todo momento por un par de sirvientes y de los mejores guardias del reino, hombres capaces de reducir a varias personas con solo usar sus manos. El violinista comenzó una pieza realmente rápida y totalmente militar. Era de esas canciones que la tropa cantaba cuando tenía que hacer una larga marcha, para tenerlos entretenidos y mantenerlos con la moral alta si el enemigo no había sido especialmente combativo. Los guardias comenzaron a cantar por lo bajo la letra y todos los presentes con familia o pasado y presente militar también. El general seguía imperturbable. La niña tarareaba con una voz tan dulce que podría matar de ternura a cualquiera.
-Tiene buena voz.-Dijo una dama entre la multitud a su marido, ambos cantantes de ópera desde hace muchos años.
-No como el ángel con el que me casé.-Dijo el hombre, dando el mas dulce de los besos a su esposa.
La pieza finalizó y entonces el músico abrió los ojos, pues siempre los cerraba cuando se metía dentro de su mundo de música y sueños del pasado. Se encontró entonces al general, protagonista de sangrientas y crueles batallas y de actos heroicos y honorables, frente a él. La niña lo había arrastrado hasta donde se encontraba el violinista. Este por un momento pensó que su atrevimiento había sido demasiado, consciente de un par de anécdotas que se contaban sobre ese hombre. Aunque si iba a morir lo haría en pie, como muchos de sus compañeros de unidad habían hecho hacía tantos años. Entonces el general bajó la mirada a su hija, a ese ángel, producto del mas bello acto de amor que hubieran contemplado las paredes del castillo real entre la mas bella enviada de Dios y ese hombre inalterable, frío y poco hablador. El general sonrió.
-Esa niña se ha ganado el cielo.-Dijo la joven. La dueña de aquel distinguido local productor de entretenimientos varios y espectáculos muy motivadores para el hombre cansado y harto de la vida, asintió de nuevo con una sonrisa.
El hombre protagonista de ese par de habladurías, hincó rodilla en tierra frente a su hija, para estar a la altura de esta. Miró aquellos ojos que había heredado de su madre. Entonces dijo.
-Hija, este hombre ha alegrado mi corazón y a todos mis hombres durante muchos años. Fue teniente de caballería y fue a la reserva cuando...
-¿Que es la reserva, padre?.-Preguntó la niña. El general sonrió de nuevo
-Es cuando un soldado se hace mayor pero puede combatir. Si su nación le necesita tomará las armas para defenderte a ti y a todos estos señores que ves a tu alrededor.
La niña miró al músico. Este miró al general, sorprendido por ser reconocido después de tantos años de vagar por el mundo.
-También yo le saqué alguna melodía nocturna cuando ambos éramos mas jóvenes.-Dijo la jefa de las cortesanas. La joven soltó una risotada.
-¿Cuanto le damos a este hombre?.-Preguntó el general poniéndose en pie y haciendo un gesto a uno de los sirivientes que le acompañaban, este le tendió un sacó bastante abultado.
-Cien.-Dijo la niña con una gran sonrisa. la lluvia seguía cayendo pero el violinista en ese momento dejó de sentir el agua.
-¿Cien? ¿Cien que? ¿Cien granos de trigo?.-Dijo la joven cortesana que, en efecto, acababa de confirmar que era nueva en la ciudad.
-Cien...- El violinista vio con estupefacción como el propio general, de su propia mano, tomaba una bolsa bastante abultada de tela y se la ponía en la mano al hombre que tanto había dado por la nació. El violinista se quedó mirando la bolsa sin poder creerse lo que tenía en las manos.
-¿Quiere algo mas?.-Preguntó ese hombre tan temido por muchos y deseado económicamente por otras. En su voz había respecto, reconocimiento, humildad.
-Ah yo...-El violinista miró la bolsa tratando de no echarse a llorar.-Gracias...solo puedo decir gracias. Mi mujer se va a llevar una gran alegría.
-Compre algo bonito algo que la haga sonreír tanto como lo hace mi hija cada día. Me despido pues, tengo asuntos que atender con mi ángel.-Dijo aquel hombre mirando a su hija, que en esos momentos había reparado en la presencia de una tienda de dulces.-Un placer.-Se cuadró y saludó al teniente.
El teniente correspondió, cerró el estuche con las ganancias de ese día y se fue a darle la buena noticia a su mujer.
Y ese hombre, de nuevo con el rostro imperturbable, entró en la tienda de golosinas, donde su hija se había internado en afortunada expedición para los dueños del local.
En una de las calles de esa ciudad, dedicaba al comercio de productos bastante valiosos para niños mimados y para exigentes profesionales, que requirieran de los mejores productos para sus campos respectivos, había un músico ambulante. Tocaba el violín y de vez en cuando, a pesar de las luvias, la gente se quedaba a mirar y escuchar como aquel hombre se ganaba el pan de forma honrada. Fuera de la manera que fuera, el anciano, pues estaba mas en la senectud que en la juventud, tocaba de manera muy fluida, sin equivocarse ni una sola vez. Seguramente llevaba desde una temprana edad tocando ese instrumento que tanta magia había despertado en los corazones de las personas a lo largo de los años. Su rostro denotaba, eso sí, la máxima concentración para no equivocarse. Quizás, y solo quizás, fuera un hombre bastante perfeccionista, o sencillamente se exigía con todas las de la ley a mejorar hasta el último de sus días en ese mundo tan variopinto. Entonces su vida daría un pequeño giro.
Con alegre y saltarín caminar, coronada con una ristra de rosas azules, y a pesar del pesado día, una niña se acercó hasta donde se encontraba el músico. Al igual que otros niños, miraba con curiosidad y sorpresa al músico que había reparado en la niña. El anciano les dedicó una pequeña sonrisa a todos los presentes al acabar con una larga nota final. La gente aplaudió. Algunos transeúntes le dejaron unas monedas y se marcharon. La niña continuó ahí, esperando a que tocara algo mas. Todo esto lo observaban dos mujeres desde una cierta distancia, apoyadas en el alfeizar de una ventana:
-Quien conquistara a su padre.-Dijo una dama entrada en edad pero que sin duda mantenía una elegancia, saber estar y educación mas que dignos de cualquier cohorte.
-Yo acabo de llegar, señora. ¿Quien es su padre?.-Dijo una dama bastante mas joven, provista de una gran belleza y exuberancia física, pelo negro y ojos extrañamente claros que a mucho de sus acompañantes nocturnos dejaba en ocasiones sin habla.-El pichón va bien vestido.-Dijo observando las ropas de la niña.-Para conquistar a un hombre hay que conquistar a su madre o bien a su hija.
-Oh, créeme que casi todas tus compañeras, aquellas con el coraje o el ego suficiente, lo han intentado, pero ese hombre está enamorado hasta las trancas. Puedes tomar té con la niña hasta hartarte e incluso ofrecerte de cuidadora. Una de mis chicas estuvo un año aguantando las encantadoras risotadas de la niña. Vino enamorada de la criatura pero sin su padre del brazo. Como que cada año me pide un permiso de una semana y yo no tengo mas que dárselo porque sabe ponerse bastante irritante.
-Me intriga... ¿Quien es su padre, mi señora?.-Preguntó la jovenzuela, tapándose el exótico vestido de sedas y telas transparentes por causa del frío.
-Ahí lo tienes.-Dijo la mujer mirando en una dirección. La joven le siguió la mirada.
Tras la niña, vestida con un abrigo marrón y zapatos del mismo color, surgió una sombra. Varios de los niños que lo conocieran se apartaron ligeramente. Otros, imitando a sus padres cuando estaban con ellos y se cruzaban con aquel hombre, se cuadraron y saludaron, al igual que todos los guardias presentes. Ataviado con abrigo negro y ropa oscura en general, un hombre de gran palidez miraba al violinista. Su rostro era una máscara de piedra y en sus ojos una imperturbabilidad absoluta, acorde con su faz.
-¿Ese no es...?.-Preguntó la joven mientras la señora de la casa de entretenimiento sonreía y asentía.-¿Como pudo nacer un ángel como esa niña de la semilla de semejante monstruo?. Solo se conocen un par de anécdotas de lo que ha hecho en el campo de batalla pero lo suficiente para que la gente salga corriendo al verle.
-Créeme cariño cuando te digo que son anécdotas falsas. Un par de sus hombres, habituales clientes de este distinguido lugar. dicen que es un hombre bastante honorable, aunque fiero en la batalla. Y sobre tu pregunta, otro de sus hombres, también cliente de aquí, le preguntó sobre la contrapuesta alegría de su hija con respecto a su progenitor y el hombre dijo "A veces los ángeles de Dios se conmiseran de nosotros, los pobres mortales, y nos dan un regalo que ni todo el oro del mundo puede igualar"
-Si el general se entera de esto...-Dijo la joven.
-Al día siguiente el que lo contó fue destinado a una gran distancia de aquí, muy muy lejos. Podría haberlo ejecutado pero no lo hizo, según algunos porque se levantó con buen día y según otros porque tenía fiesta de té con su hija en unos minutos.
.Dios santo...-Dijo la joven mientras observaba la escena.
El violinista, obviamente, reparó en la presencia de ese poderoso hombre, algo delgado y de mirada y rostro congelados en el tiempo y la emoción. La niña tomó la mano de su padre, escoltada y vigilada en todo momento por un par de sirvientes y de los mejores guardias del reino, hombres capaces de reducir a varias personas con solo usar sus manos. El violinista comenzó una pieza realmente rápida y totalmente militar. Era de esas canciones que la tropa cantaba cuando tenía que hacer una larga marcha, para tenerlos entretenidos y mantenerlos con la moral alta si el enemigo no había sido especialmente combativo. Los guardias comenzaron a cantar por lo bajo la letra y todos los presentes con familia o pasado y presente militar también. El general seguía imperturbable. La niña tarareaba con una voz tan dulce que podría matar de ternura a cualquiera.
-Tiene buena voz.-Dijo una dama entre la multitud a su marido, ambos cantantes de ópera desde hace muchos años.
-No como el ángel con el que me casé.-Dijo el hombre, dando el mas dulce de los besos a su esposa.
La pieza finalizó y entonces el músico abrió los ojos, pues siempre los cerraba cuando se metía dentro de su mundo de música y sueños del pasado. Se encontró entonces al general, protagonista de sangrientas y crueles batallas y de actos heroicos y honorables, frente a él. La niña lo había arrastrado hasta donde se encontraba el violinista. Este por un momento pensó que su atrevimiento había sido demasiado, consciente de un par de anécdotas que se contaban sobre ese hombre. Aunque si iba a morir lo haría en pie, como muchos de sus compañeros de unidad habían hecho hacía tantos años. Entonces el general bajó la mirada a su hija, a ese ángel, producto del mas bello acto de amor que hubieran contemplado las paredes del castillo real entre la mas bella enviada de Dios y ese hombre inalterable, frío y poco hablador. El general sonrió.
-Esa niña se ha ganado el cielo.-Dijo la joven. La dueña de aquel distinguido local productor de entretenimientos varios y espectáculos muy motivadores para el hombre cansado y harto de la vida, asintió de nuevo con una sonrisa.
El hombre protagonista de ese par de habladurías, hincó rodilla en tierra frente a su hija, para estar a la altura de esta. Miró aquellos ojos que había heredado de su madre. Entonces dijo.
-Hija, este hombre ha alegrado mi corazón y a todos mis hombres durante muchos años. Fue teniente de caballería y fue a la reserva cuando...
-¿Que es la reserva, padre?.-Preguntó la niña. El general sonrió de nuevo
-Es cuando un soldado se hace mayor pero puede combatir. Si su nación le necesita tomará las armas para defenderte a ti y a todos estos señores que ves a tu alrededor.
La niña miró al músico. Este miró al general, sorprendido por ser reconocido después de tantos años de vagar por el mundo.
-También yo le saqué alguna melodía nocturna cuando ambos éramos mas jóvenes.-Dijo la jefa de las cortesanas. La joven soltó una risotada.
-¿Cuanto le damos a este hombre?.-Preguntó el general poniéndose en pie y haciendo un gesto a uno de los sirivientes que le acompañaban, este le tendió un sacó bastante abultado.
-Cien.-Dijo la niña con una gran sonrisa. la lluvia seguía cayendo pero el violinista en ese momento dejó de sentir el agua.
-¿Cien? ¿Cien que? ¿Cien granos de trigo?.-Dijo la joven cortesana que, en efecto, acababa de confirmar que era nueva en la ciudad.
-Cien...- El violinista vio con estupefacción como el propio general, de su propia mano, tomaba una bolsa bastante abultada de tela y se la ponía en la mano al hombre que tanto había dado por la nació. El violinista se quedó mirando la bolsa sin poder creerse lo que tenía en las manos.
-¿Quiere algo mas?.-Preguntó ese hombre tan temido por muchos y deseado económicamente por otras. En su voz había respecto, reconocimiento, humildad.
-Ah yo...-El violinista miró la bolsa tratando de no echarse a llorar.-Gracias...solo puedo decir gracias. Mi mujer se va a llevar una gran alegría.
-Compre algo bonito algo que la haga sonreír tanto como lo hace mi hija cada día. Me despido pues, tengo asuntos que atender con mi ángel.-Dijo aquel hombre mirando a su hija, que en esos momentos había reparado en la presencia de una tienda de dulces.-Un placer.-Se cuadró y saludó al teniente.
El teniente correspondió, cerró el estuche con las ganancias de ese día y se fue a darle la buena noticia a su mujer.
Y ese hombre, de nuevo con el rostro imperturbable, entró en la tienda de golosinas, donde su hija se había internado en afortunada expedición para los dueños del local.
lunes, 25 de mayo de 2015
El erudito y la visita inesperada.
Las velas en aquella sobria habitación eran los únicos elementos que portaban alguna claridad a aquella noche tan oscura. Sobre la mesa de madera maciza, provista a su vez de dos cajones para almacenar a saber que documentos de gran valor, se apreciaban desparramados otros tantos legajos de edad casi impensable para el sencillo y casual observador. Tales papeles fueron ordenados, por enésima vez, para dar algo de cordura y orden a esa noche de estudio que se cernía por delante. Los grandes cuadros que decoraban las paredes de esa habitación, tan falta de mobiliario, eran de una riqueza en detalles sencillamente sobresaliente. Los temas de tales obras eran variados, viéndose en ellos unos paisajes que conjuntaban cielos verdes con árboles rosáceos y animales imposibles en ese plano de realidad. Se avistaban en otros costumbres o festividades extrañas. Un par de ellos representaban figuras humanas llevando a cabo actos poco decorosos.
Frente a las crónicas de batallas milenarias se encontraba un hombre de afamada circunspección y escasez de palabras. La barba le confería toques de sabia y temible estampa, de esos individuos que solo temen la ira de Dios, y que miran a los hombres como sus iguales o sus eternos enemigos, obstáculos en la acumulación casi desquiciante de conocimientos. Los rasgos de su rostro estaban surcados de las arrugas que proporcionan los gestos de dureza a la hora de dar órdenes. La vista cansada ya le impedía ver las letras con toda claridad. Cuando comenzaba la lectura de algún sesudo estudio o análisis de otros autores, de su mismo o superior renombre, el tiempo pasaba con total indiferencia, por delante y alrededor de él, creando un extraño refugia de conocimiento atemporal. Al finalizar un párrafo y apartar una página de por lo menos doscientos años cerró los ojos y llevó la vista hacia uno de los cuadros.
Dicha pintura se encontraba enmarcada en madera de ébano y dividida en dos partes. En una se libraba una batalla entre seres de otros mundos, dotados de la genialidad, magia, perfección de los cuentos, carentes de defectos propios de los humanos. Estos peleaban contra los iguales de aquel sabio que se metía a menudo en esos mundos. Criaturas de rasgos faciales finos y muy nobles tomaban las armas, como un mortal mas, para enfrentarse a los estúpidos, bruscos y adaptables humanos. En aquella primera parte, de manera perfectamente distinguida, se adivinaba qué parte del campo de batalla correspondía a las criaturas no humanas y cuales a los sencillos humanos. sobre unos caía fuegos y flechas y sobre otros hojas de plata cortantes y rayos. Lo único que permanecía homogéneo era el suelo, cubierto indistintamente de cadáveres de los dos bandos.
En la segunda parte del cuadro los contendientes firmaban una paz que al parecer no iba a ser duradera del todo según las crónicas históricas. Poco a poco las fronteras se irían disolviendo por obra u gracia de escaramuzas de ambos imperios o por la gran influencia que músicos de una lado y comerciantes del otro ejercerían sobre sus opuestos. Mas en aquella segunda parte queda claramente reflejado las indisolubles diferencias. Desde la letra con la que cada uno de los máximos dirigentes firmaba hasta los fondos, representación de la atmósfera en la que todos los envueltos en dicha trama se movían. Un niño humano, hijo del rey iría cada verano a convivir entre los elfos y lo mismo haría el vástago de los elfos.
No tardó en surgir el amor entre unas especies y otras. A ellos le acompañaron las idílicas relaciones casi mágicas de unos con otros. También hubo celos, traición, batallas entre pequeños señores. Y así como la s fronteras se empzaron a diluir igualmente comenzaron a reforzarse los ejércitos. Y todo volvió a comenzar.
-Padre.-Se escuchó entonces por encima del sonido del viento. Aquella habitación producía bastante eco por al ausencia de mobiliario.- Tengo una noticia que darte.
El hombre estudioso se volvió con los ojos aun puestos en en el pasado al que había pertenecido, en el que había influido decisivamente junto a sus hombres. Sus ojos destellaron por un momento con la alegría de ver a aquella criatura que había engendrado en una noche de amor profundo con la madre de esta, la mujer mas bella y descorazonadoramente tierna que pudiera cualquier ser viviente conocer. Ambas cualidades las había heredado la pequeña y joven dama que tenía ante sí, con un bello vestido verde como las hojas del bosque, regalo de los elfos por sus contribuciones a la paz entre hombres y habitantes feéricos. En su cabeza lucía una corona de flores que al fijar la vista uno se daba cuenta de que eran rosas.
-Seguro que es mas importante que el estudio de fortalezas que solo yo he visitado.-Dijo el hombre poniéndose en pie para abrazar a la mujer mas bella (junto a la madre de esta) que cualquier humano, elfo o bestia de los elementos pudiera conocer.-¿De que se trata, hija mía?.-El hombre, aunque viviendo mas en el pasado que en el presente, era consciente del nerviosismo de su hija pero también de una cierta algarabía emocional.
Separándose de su padre se giró hacia la puerta y apareció por esta un joven espigado, de rostro delgado, facciones suaves y muy bellas, melena oscura y unas orejas endemoniadamente puntiagudas. Con aires elegantes y una cierta sonrisa tímida y ojos cargados de aun mas cierto temor, el muchacho avanzó hasta ponerse frente a ese hombre que había derramado sangre de ambas especies.
-Te presento a Eldoran, padre. Le conocí hace un tiempo y deseamos compartir una vida lo mas larga posible el uno con el otro.-Ella se abrazó a su pareja y este tendió su mano hacia el que sería su suegro.
-Encantado señor. Me llamo Eldoran. Soy hijo del general Derumel, duque, por extraño que parezca en alguien como yo, de las tierras bajas de los ríos que nunca habría visitado de no ser por la insistencia de su hija en que le conociera a usted.-Dijo mientras estrechaba la mano de aquel sabio hombre que probablemente ya no estudiaría ninguna fortaleza antigua en lo que restaba de día.
-Yo pelee contra tu padre hace treinta años y luego junto a él diez años después en aquellas colinas dejadas de la mano de Dios. Me habló de ti mientras se desangraba en mis brazos. Me dijo que eras un buen chico y bromeó, por raro que parezca en la gente de su personalidad con el hecho de que mi hija y tu pudierais...
-Él tenía visiones del futuro señor.-Dijo el chaval, visiblemente afectado pero al mismo tiempo tiñendo su voz de una curiosa nostalgia- Por eso aquel asedio de hace un par de siglos fue afrontado con tanta confianza por los caballeros de plata y mi padre.
-No llevas ni dos minutos en mi presencia y ya has tirado por tierra uno de mis estudios mas ambiciosos hasta la fecha. Te tengo que hacer una preguntas hijo.-El hombre miró a su hija, la cual estaba feliz por la rápida afinidad entre suegro y yerno.-Hija tráenos un poco de limonada con especias suaves. Esta va a ser una noche larga.
Y de nuevo, siendo visto por Dios y otras deidades de nombres largos o suaves y fluidos se estableció una nueva conexión en el telar del destino entre dos mundos.
Frente a las crónicas de batallas milenarias se encontraba un hombre de afamada circunspección y escasez de palabras. La barba le confería toques de sabia y temible estampa, de esos individuos que solo temen la ira de Dios, y que miran a los hombres como sus iguales o sus eternos enemigos, obstáculos en la acumulación casi desquiciante de conocimientos. Los rasgos de su rostro estaban surcados de las arrugas que proporcionan los gestos de dureza a la hora de dar órdenes. La vista cansada ya le impedía ver las letras con toda claridad. Cuando comenzaba la lectura de algún sesudo estudio o análisis de otros autores, de su mismo o superior renombre, el tiempo pasaba con total indiferencia, por delante y alrededor de él, creando un extraño refugia de conocimiento atemporal. Al finalizar un párrafo y apartar una página de por lo menos doscientos años cerró los ojos y llevó la vista hacia uno de los cuadros.
Dicha pintura se encontraba enmarcada en madera de ébano y dividida en dos partes. En una se libraba una batalla entre seres de otros mundos, dotados de la genialidad, magia, perfección de los cuentos, carentes de defectos propios de los humanos. Estos peleaban contra los iguales de aquel sabio que se metía a menudo en esos mundos. Criaturas de rasgos faciales finos y muy nobles tomaban las armas, como un mortal mas, para enfrentarse a los estúpidos, bruscos y adaptables humanos. En aquella primera parte, de manera perfectamente distinguida, se adivinaba qué parte del campo de batalla correspondía a las criaturas no humanas y cuales a los sencillos humanos. sobre unos caía fuegos y flechas y sobre otros hojas de plata cortantes y rayos. Lo único que permanecía homogéneo era el suelo, cubierto indistintamente de cadáveres de los dos bandos.
En la segunda parte del cuadro los contendientes firmaban una paz que al parecer no iba a ser duradera del todo según las crónicas históricas. Poco a poco las fronteras se irían disolviendo por obra u gracia de escaramuzas de ambos imperios o por la gran influencia que músicos de una lado y comerciantes del otro ejercerían sobre sus opuestos. Mas en aquella segunda parte queda claramente reflejado las indisolubles diferencias. Desde la letra con la que cada uno de los máximos dirigentes firmaba hasta los fondos, representación de la atmósfera en la que todos los envueltos en dicha trama se movían. Un niño humano, hijo del rey iría cada verano a convivir entre los elfos y lo mismo haría el vástago de los elfos.
No tardó en surgir el amor entre unas especies y otras. A ellos le acompañaron las idílicas relaciones casi mágicas de unos con otros. También hubo celos, traición, batallas entre pequeños señores. Y así como la s fronteras se empzaron a diluir igualmente comenzaron a reforzarse los ejércitos. Y todo volvió a comenzar.
-Padre.-Se escuchó entonces por encima del sonido del viento. Aquella habitación producía bastante eco por al ausencia de mobiliario.- Tengo una noticia que darte.
El hombre estudioso se volvió con los ojos aun puestos en en el pasado al que había pertenecido, en el que había influido decisivamente junto a sus hombres. Sus ojos destellaron por un momento con la alegría de ver a aquella criatura que había engendrado en una noche de amor profundo con la madre de esta, la mujer mas bella y descorazonadoramente tierna que pudiera cualquier ser viviente conocer. Ambas cualidades las había heredado la pequeña y joven dama que tenía ante sí, con un bello vestido verde como las hojas del bosque, regalo de los elfos por sus contribuciones a la paz entre hombres y habitantes feéricos. En su cabeza lucía una corona de flores que al fijar la vista uno se daba cuenta de que eran rosas.
-Seguro que es mas importante que el estudio de fortalezas que solo yo he visitado.-Dijo el hombre poniéndose en pie para abrazar a la mujer mas bella (junto a la madre de esta) que cualquier humano, elfo o bestia de los elementos pudiera conocer.-¿De que se trata, hija mía?.-El hombre, aunque viviendo mas en el pasado que en el presente, era consciente del nerviosismo de su hija pero también de una cierta algarabía emocional.
Separándose de su padre se giró hacia la puerta y apareció por esta un joven espigado, de rostro delgado, facciones suaves y muy bellas, melena oscura y unas orejas endemoniadamente puntiagudas. Con aires elegantes y una cierta sonrisa tímida y ojos cargados de aun mas cierto temor, el muchacho avanzó hasta ponerse frente a ese hombre que había derramado sangre de ambas especies.
-Te presento a Eldoran, padre. Le conocí hace un tiempo y deseamos compartir una vida lo mas larga posible el uno con el otro.-Ella se abrazó a su pareja y este tendió su mano hacia el que sería su suegro.
-Encantado señor. Me llamo Eldoran. Soy hijo del general Derumel, duque, por extraño que parezca en alguien como yo, de las tierras bajas de los ríos que nunca habría visitado de no ser por la insistencia de su hija en que le conociera a usted.-Dijo mientras estrechaba la mano de aquel sabio hombre que probablemente ya no estudiaría ninguna fortaleza antigua en lo que restaba de día.
-Yo pelee contra tu padre hace treinta años y luego junto a él diez años después en aquellas colinas dejadas de la mano de Dios. Me habló de ti mientras se desangraba en mis brazos. Me dijo que eras un buen chico y bromeó, por raro que parezca en la gente de su personalidad con el hecho de que mi hija y tu pudierais...
-Él tenía visiones del futuro señor.-Dijo el chaval, visiblemente afectado pero al mismo tiempo tiñendo su voz de una curiosa nostalgia- Por eso aquel asedio de hace un par de siglos fue afrontado con tanta confianza por los caballeros de plata y mi padre.
-No llevas ni dos minutos en mi presencia y ya has tirado por tierra uno de mis estudios mas ambiciosos hasta la fecha. Te tengo que hacer una preguntas hijo.-El hombre miró a su hija, la cual estaba feliz por la rápida afinidad entre suegro y yerno.-Hija tráenos un poco de limonada con especias suaves. Esta va a ser una noche larga.
Y de nuevo, siendo visto por Dios y otras deidades de nombres largos o suaves y fluidos se estableció una nueva conexión en el telar del destino entre dos mundos.
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