viernes, 20 de julio de 2012

El juicio

Toda la muchedumbre estaba congregada para poder apreciar desde la propia persona aquello que iba a suceder en breve. Todo revelaba la clara tensión que se respiraba en el ambiente, incluso algunos tenían la mirada huidiza, como temiendo la ira de Dios o el gran juicio que este iba a desencadenar. Las tinieblas se hacían presentes debido a la escasa iluminación que solamente era sustentada por unos cuantos candelabros y multitud de antorchas que veían incrementado su efecto ante un ingenioso sistema que reflejaba la luz de forma algo precaria y no muy notoria, pero algo es algo como se solía decir. Unas cuantas ancianas de gesto osco estaban pendientes de darles aceite a los pocos y aparatosos faroles. A decir verdad la iluminación no era tan mala pero comparada con los grandes chorros de luz que se colaban por la habitación en lo alto del castillo pues era una pobre muestra de la tecnología humana que tenía mucho que mejorar. A ello se le juntaba que todos los presentes iban vestidos de negro, como si no conocieran otro color dándole al acontecimiento mas bien un aspecto de entierro antes que de juicio. La sala estaba, como ya se dijo, llena de gente pero esta vez acudían algunos nobles y ricos mercaderes. De pronto las puertas se abrieron dando paso al condenado que sería juzgado esa misma noche.


Flanqueando las puertas dos grandes y no muy inteligentes guardias arrastraban una especie de carro con un poste en el centro donde se encontraba firmemente encadenado el prisionero, sin nada a los lados que diera sustento en caso de que ese pequeño transporte volcara. Los clavos sostenían firmemente en un entramado de cadenas el cuerpo semidesnudo de aquel hombre que gozaba de una fama tenebrosa ante la cual se le acusaría delante de las grandes autoridades. Los murmullos no llegaban velados a sus oídos y escuchaba  cada una de las palabras. Cuan confiada era la gente cuando pensaban que nadie les escuchaba. El prisionero había estado en completo silencio, custodiado por aquellos dos grandes guardias que tanto respeto imponían y que ciertamente eran capaces de acarrear con una yunta de bueyes ellos solos. Ellos mismo eran una yunta de bueyes a decir verdad. La piel pálida del condenado parecía impresionar a unos cuantos de piel mas morena que en seguida hicieron gestos de repudia al diablo. Hipócritas. La cabeza de ese hombre estaba caída hacia delante y una larga cabellera lo cubría. Parecía inconsciente y curiosamente no tenía una sola marca en el cuerpo mas que unos cuantos arañazos, uno de ellos muy curioso en forma de N en un costado. En los interrogatorios había sigo preguntado mil veces por esa marca y por decir la verdad le habrían dado de golpes mas siempre algo los contenía. A lo largo de toda la cárcel que lo recluyó se hicieron presentes los rumores de muchas cosas que sucedían alrededor de aquel ser extraño.


Formando un pequeño semicírculo estaba todo el conjunto de personas que se encargarían de llevar a cabo el juicio. Apestaban a corrupción y a pecado en general, todos consumidos por una gran desdicha que nunca supieron curar. Estaban insatisfechos social, económica y sexualmente, embebidos en un falso poder del que creían ser poseedores pero del que también podrían hacer partícipes al pueblo llano. Aquellos pensamientos estaban lejos de ser siquiera escritos por un revolucionario. Los ojos del tribunal eran eran en conjunto unos cuantos pozos negros que no dejaban entrever emoción alguna o a veces mostraban una ira profunda hacia ese ser corrupto por pensamientos, ideas y acciones que estaban claramente en contra de su querida Biblia. Los murmullos se fueron haciendo mas y mas bajos cuando un mazo hizo un eco en la sala y el juez ordenó silencio. Todo el mundo se quedó callado y un largo pergamino se extendió, no era nada excesivo pero eso ya sirvió a mas de uno para poder suponer que ante ellos tenían a un auténtico criminal que perturbaba la paz. Se procedió a leer en voz alta todas las acusaciones. La voz del juez era rasposa, producto de años de mucho alcohol y consumación de actos impuros con gente joven a espaldas de su mujer a la cual llevaba una vez al mes a casa del gobernador (también presente) para comer y degustar unos cuantos y exquisitos manjares. La sentencia, precedida del nombre, rango, título o lo que fuere era la siguiente:


-Se le acusa formalmente de tratos con el diablo, magia negra y actos impuros con seres oscuros y siervos de Satanás. También se añaden los cargos de ladrón e incitar a actos impuros contra los códigos establecidos por Dios Nuestro Señor.- No podía decirse mejor para que la muchedumbre se hiciera de nuevo un mar de murmullos en los que se comentaban todo lo que se había escuchado a lo largo de la plaza y de otros lugares rumorológicos.- Se le acusa de asesinato, homicidio en masa y la lista continua- dijo con cierto desdén aquel ser tan falto de la corrección y sentido del espectáculo. Le negaba a los pueblerinos analfabetos el conocimiento de aquello por lo que se le acusaba. -Como se declara?-Dijo en un gesto de autoritarismo aquel hombre chupado por los años y unas cuantas prostitutas de las zonas bajas.


El silencio se hizo presente esperando alguna reacción del acusado. Era un silencio pesado que poco a poco fue siendo sustituido por una especie de sonido profundo que venía de todas las direcciones y al mismo tiempo de ninguna. Una respiración lenta y profunda era aquel sonido, con una constancia templada, imparable y imposible de acallar porque se reproducía en las mentes de todos los presentes. Algunos de los presentes se llevaron las manos a la cabeza dándose cuenta de que no había forma de acallar aquella respiración que como cierto y afamado corazón que latía en la cabeza de un asesino famoso, estaba refugiado en los interiores de aquellas mentes sensibles y muy maleables, volubles o manipuladas. Esa respiración era cada vez mas pesada, mas trabajosa, haciendo su angustia por seguir viviendo la propia agonía de todos ellos. Mas de un gemido de dolor se fue haciendo presente cuando los pulmones se llenaban de un aire frío que quemaba por dentro. Todo cesó tras levantar el condenado la cabeza y mirar por primera vez al tribunal. En sus ojos había muchas cosas, desde la mas abierta ira y sarcasmo hasta una lujuria palpitante mezclada con una profunda melancolía. Las pedigüeñas del lugar y algunos amantes encubiertos sintieron la mas profunda de las confusiones, la cual desesperaba hasta el punto de entregarse a cualquier camino con tal de tener una guía. Al momento de cesar la respiración en sus cabezas parecía que ahora exhalaban aire las fuentes de iluminación, que aumentaban y disminuían la luz que expedían de una forma igualmente angustiosa. Al momento se calmaron y la sala quedó en silencio de nuevo. Aquello era realmente extraño y el cronista de la ciudad no dejaba de hacer anotaciones de todo tipo. 


Una distorsión sucedió a todos esos fenómenos cuando el condenado se enderezó y dejó ver la piel blanca. Aquella palidez era natural pero al mismo tiempo tenía una anormalidad de origen desconocido. Los ojos fueron pasando de rostro en rostro, viendo no solamente las facciones sino cada uno de los errores que habían cometido. Veían todas las infidelidades, pecados, crímenes que cometía cada uno de esos supuestos hombres de Dios. Una sonrisa se empezó a extender por su rostro al advertir el baile de las sombras que se extendía tras aquellos seres degradados y corroídos por mil pequeños detalles que los condenarían ante los ojos de cualquier dios que predicara el bien. Tal apreciación fue visible solo unos segundos pero eso ya le dio fuerzas y al mismo tiempo lo hastío lo suficiente como para poder dar una respuesta clara. La voz desprendía profundidad pero también una inesperada jovialidad que no era habitual en las situaciones de máxima tensión, como si la costumbre de cada día de aquel ser fuera la de ser juzgado y arriesgar la vida. 


-He sido ladrón señoría y he tenido tratos con un ser de las tinieblas. En realidad con dos o mas bien uno y medio ya que se trata de una voluptuosa criatura adoradora de los placeres carnales y una amazona de las sombras que gusta de burlarse de aquello que es digno e indigno. Mis manos ahora encadenadas se han asido a las joyas mas exquisitas que ha pasado a la propiedad de una dama de poderosa mirada y gélida piel cuya presencia supone una dura prueba incluso para el mas fiel de los hombres, al cual tienen aquí presente. Una lástima que aun no me hayan exigido tal fidelidad y sin embargo no puedo evitarla... -A una señal del juez un guardía le propinó una patada en todo el costado y el condenado tuvo a bien de no emitir queja alguna tomando eso como un ´´vaya al grano´´- Eso duele... no como cuando ves sufrir a la persona que mas quieres pero duele a fin de cuentas.- Tras decir esa frase un gemido se extendió por toda la sala, como una súplica por seguir viviendo. De nuevo cientos de manos se agarraron cientos de cabezas y algunos cayeron semiinconscientes al suelo.Una nueva sonrisa.-De que mas se me acusaba señoría? Mi memoria es pésima. 


El juez desenrolló de nuevo el pergamino y con sorpresa vio que las letras estaban teñidas en rojo. Sangre,; y la lista de pecados había aumentado en unos pocos mas. Con temor y voz temblorosa el juez leyó. 


-Se le acusa de tratos con Satanás y actos impúdicos con animales.- Miró el juez y todo el tribunal con temor renovado a ese hombre que estaba encadenado mas el juez parecía que algo le hacía gracia. -¿la cabra que se folló tenía nombre? 
-No tengo claro los estudios en zoología que tenga su señoría pero me parece que la única cabra a la que yo pudiera haberme tirado y aun así tendría que estar completamente borracho tiene el nombre y el aspecto de su mujer. -Un nuevo golpe y otro gemido que conmocionó a la sala no sin antes algunas risotadas por parte de la muchedumbre que casualmente estaba reunida- A ver si a la siguiente no tengo que llamar supuestamente a mi señor Satanás...
-Ha confesado ser enviado del Diablo. -dijo el notario jefe con su avanzada edad pero aun así su inquebrantable energía a la hora de hacer acusaciones.- que lo ahorquen. AHORA.-Dijo casi al punto del colapso aquel hombre.
-En seguida- dijo el gobernador- pero antes quiero a él todo lo que tenga que contarnos, parece que no tiene prisa por hacer una defensa coherente de su persona.- Una sonrisa cruzaba su rostro que decía ´´te tengo pequeño bastardo y vas a gritar lo que no gritaste en años´´- Hable por favor- dijo con una sibelina demostración de hipócrita educación, algo que hizo sonreír al condenado de forma igualmente educada y amable pero mas que nada ante cierto recuerdo. 
-Está bien lo contaré todo. No he tenido trato alguno con el diablo aunque ciertamente alguna de mis compañías son diabólicamente bellas. Lo mas cercano que he visto en cuestión a demonios es a una súcubo que tiene ciertas tendencias a llevar las manos por donde otras mujeres se alarmarían falsamente antes de devorarlas con sus bocas de criaturas impuras como muchas de las aquí presentes. -Un revuelo generalizado se hizo en la sala y unos cuantos martillazos fueron mas que suficientes para imponer el silencio. -El nombre y las formas de su cuerpo sin demasiado bonitos para pronunciarlo y describirlas respectivamente delante de ustedes morbosas y falsas marionetas del Señor pero les diré que me complací de su compañía y me deleitaba mas de una vez con las formas y las reacciones que mostraba cada vez que yo accedía a cometer esos pecados de los que se me acusa. Le hice tributos de todo tipo para ganarme su favor cuando se mostraba...iracunda- ´´o mas bien cuando andaba con berrinche´´ pensó el condenado de piel pálida.


´´También y como mencioné antes he llevado a cabo actos de magia pero si la magia tiene algún color pues que sea el negro, es un color elegante que a mi particularmente me sienta de maravilla bajo algunas condiciones de medida y forma. He hecho invocaciones de alguna bestia indómita que posteriormente ha sido compañera pasional de grandes mujeres ante las cuales me he hincado y he besado su mano en señal de pleitesía al igual que ellas correspondieron con una sonrisa. Y algunos trucos nunca me cansaría de repetirlos. Como este´´. Y al momento entre sus manos una rosa azul que emitía un extraño brillo se hizo presente en estas, causando una conmoción general. El revuelo duró varios minutos en tanto que le quitaban la rosa de las manos que al momento desapareció para ir a un lecho lejos de ahí a modo de regalo para la dama que en ese momento debía de estar descansando apaciblemente.


´´Y he conocido a una dama que aun viéndose en al necesidad de alimentarse de sangre ha renegado a tal camino con valor y audacia. La exquisitez de sus maneras pueden despertar el mas instintivo deseo a cualquier hombre que se le antoje excitar o hacer caer en su trampa. Su poderosa mirada es algo que no tiene nombre ni descripción posible. Ella es un manjar que puedes mirar pero no tocar, casi todo lo contrario de aquella súcubo a la que les describí hace escasos momentos. Ella es la que te toca a ti si ella quiere, cuando ella quiere y como ella quiere. Ha sido mi compañía en algunas ocasiones y se ha deleitado libremente en mi piel con sus finos y gélidos dedos. Y podría dar otros tantos detalles que seguramente quedando en secreto conservarán ese dulce sabor como el de su piel- Un revuelo mas y de nuevo los martillazos los cuales comenzaban a taladrar los oídos del futuro ajusticiado dado su oído muy sensible.- Algún día espero tener el privilegio de bailar con ella aunque se que eso no es posible dada mi inminente ejecución y mi torpeza nata para el baile.´´


-Cállese y déjese los deseos frustrados cuando termine de confesar sus crímenes. Cíñase a los hechos y a lo que se le pregunta. -Dijo con todo su autoritarismo el juez que esta vez pareció aprender la lección al no ordenar que golpearan a la víctima.- ¿En que mas se incluyó?
-Eso de ser un zoofílico no se de donde lo sacan pero estoy trabajando en ello aunque la señorita es una borde y yo otro tanto- dijo con toda inocencia y desinterés el hombre que sonrió al escucharse una risotada en toda la sala. Una risa cristalina teñida de una burla sutil que promovía la rabia contra lo que fuera. Sin mediar palabra el hombre inclinó ligeramente la cabeza a un lado para notar al momento una lengua lujuriosa que se paseaba por su cuello y unas manos que bajaban demasiado rápido hacia una zona muy concreta. Una flecha se clavó en el poste cortando las cadenas y otra en el pecho de los dos guardias.-Miau...-Dijo con voz profunda aquel condenado que en seguida se vio envuelto en sombras dejando a su paso otro maullido, esta vez de mujer junto a lo que parecía el mas ansioso gemido de deseo, una expresión que provocó mas de una reacción masculina y femenina en el lugar. Muchos de aquellos hombres no se olvidarían de las formas de esa mujer en meses o incluso años, de los cadáveres asaeteados y las dos silfideas mujeres de orejas puntiagudas que salieron de la nada y eliminaron a otros tantos guardias para llevarse a esa misma nada a un hombre condenado que muchos jurarían portaba dos grandes alas opalinas las cuales no eran impedimento a esa súcubo para jugar con aquello que tanto parecía disfrutar.



2 comentarios:

  1. wow, como siempre, esta entrada es muy buena! lobete, no me paso muy seguido por tu blog pero SIEMPRE SIEMPRE leo lo que escribes en el mío. Cada uno de tus comentarios es un consejo muy valioso para mí, lo aprecio más que a cualquier otro en mi blog porque sé de quién vienen, sé lo que significan o a lo que quieren llegar, sé que lees mis entradas y las entendés y no sabes lo bien que me hace. En serio, mil veces agradecida por todas las que estuviste por mi foro dando tu apoyo incondicional de amigo y lobete, te quiero mucho !

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    1. Querida Mel:

      No sabes la gran ilusión y alegría que me causó leer este comentario en mi querido blogg tan lleno de rosas azules. Me parece estupendo que entiendas cada uno de mis amplios comentarios, los cuales tratan de salirse del orden habitual para así aportar algo nuevo, un nuevo punto de vista. NO sabes cuanto me alegro de ese bien mutuo que nos hacemos el uno al otro, haciéndonos mas sabios y fuertes.

      De veras gracias querida

      Atte: el lobete.

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