sábado, 8 de febrero de 2014

El gran día.


El general se alzó sobre el pequeño montículo de rocas que le permitía poder ver y ser visto por el resto de sus hombres, espada en mano y con la armadura puesta, observando todos los rostros hasta donde le alcanzaba la vista. El cielo era una alegoría de lo que quizás pasaría en breves instantes, pues estaba teñido de rojo como el mar de sangre que habían dejado todos aquellos hombres a su paso, el rojo mas oscuro de la sangre de los demonios mezclado con negros profundos carentes de la belleza que tiene habitualmente dicho pigmento. Los ojos de aquel hombre de extraño origen miraron a todos los hombres y mujeres que estuvieran dispuestos a luchar en nombre de lo sagrado. Habían recorrido miles de leguas persiguiendo lo soñado durante tantos años. Era el instante final de aquel largo camino de pérdidas y sufrimiento; habían construido puentes por donde pasaban los caballos blancos y negros, de crin rojiza como el atardecer y brunas como las noches mas oscuras y carentes de luna. El sol había contemplado el alzamiento y la caída de las flechas y los versos sobre los enemigos de aquella poderosa comunidad constituida por seres extraños, siempre soñadores, siempre trabajadores de la retórica, el saber, la lírica y la música, ahora armados contra su peor enemigo: el mal, la tristeza y la desesperación.

Se callaron los murmullos cuando la espada se alzó para dejar ver un brilló que inundó toda aquella planicie, todos esas caras esperanzadas. Un baño de luz que llenó los ojos y cada poro de la piel de cada hombre y mujer, tiñendo en blanco inmaculado su rostro y haciéndolos parecer dioses por un breve instante. Sonaron las primeras ovaciones que no tuvieron tiempo de extenderse, pues de pronto un silencio que fue impuesto por un trueno lejano. Se acercaba de frente una de las mas violentas oleadas de malévolos demonios que jamás hubiera contemplado hombre, mujer, niño o anciano alguno. El general observó lo que se acercaba y no dudó en dirigirse con voz clara, alzando de nuevo la espada con la que esa noche, igual que otras tantas, haría la justicia del bien:

-Esta es su sonrisa.- Dijo con voz potente, llena de una razón inmisericorde hacia cualquier cuestionamiento. Todo el mundo sabía que se refería a su espada, apodada con el nombre de la mujer que lo había traído hasta ese momento, hasta ese lugar.- Y esa sonrisa voy a verla esta noche porque al otro lado de esa colina se encuentra el motivo por el que tanto tiempo hemos luchado todos nosotros. Cada uno de vosotros tiene un sueño al otro lado de esa colina: la memoria de los muertos, la dulce caricia de vuestra amada, el abrazo de vuestros hijos, y esos malvados han secuestrado a las alegrías de nuestras vidas para no dejarlas escapar, para que se pudran en sus propios excrementos; pero les vamos a sacar de ahí. No dejaremos que les toquen o siquiera les miren. Yo lucho por la sonrisa de la mujer mas bella de mi mundo y hoy es el día en que la luna y las estrellas, el sol, los planetas, los grandes sabios celestes y Dios la enviaron a este mundo para rescatarlo de la oscuridad y que recuperará toda la gloria pasada, presente y futura de la creación poética. Nos atacarán con todo lo que tienen y nosotros le enviaremos todos y cada uno de los nombres de nuestros corazones en forma de fuego, hielo, acero, sangre, lágrimas de cristal bendecido, notas musicales, versos, historias, sonrisas, flores... en forma de cada uno de nuestros sueños cumplidos transformados en una forma nueva de alejar la oscuridad. Hoy es ese día.-Dijo con un grito potente.

Todo un bosque de armas extrañas se alzaron. Había espadas de metales extraños, de exóticas formas y materiales como tierra, madera o papel; lanzas ensortijadas en todo tipo de inscripciones en lenguas olvidadas con hojas temibles o aparentemente poco amenazantes, tridentes descomunales en cuyas tres puntas había otras tres puntas y afinando la vista se encontraban otras tres. Había arcos de maderas claras y oscuras, uno totalmente rojo que nunca fue pintado, otro naranja que estaba siempre candente al tacto empuñado por una mujer de piel rojiza. Había puñales de doble hoja o lo que en apariencia eran sencillos cuchillos de cocina. sin embargo había también libros, instrumentos musicales, astrolabios, cartabones. Las antorchas se alzaban dejando ver llamas de todos los colores y de algunas de color verdoso parecían salir ramas de árbol; de las azules podría decirse que estaban incendiadas en agua. Las miradas de todos aquellos y aquellas combatientes estaban puestos en el hombre que los había guiado hasta ahí, el cual en ese momento alzó el vuelo con dos grandes alas impregnadas en destellos multicolor, lanzando cientos de luces hacia la gran nube que se les aproximaba la cual se abrió y dejó ver lo que ocultaba.

Los grandes horrores se estaba abriendo paso a través de un pequeño bosque el cual quedó sumido en la mas completa desesperación. Criaturas deformes con varias manos, piernas, ojos u orejas avanzaban torpemente a través de la poca vegetación que quedaba viva. Todo lo que tocaban quedaba para siempre muerto en las manos de quienes desean el mal en este mundo y eso era para lo que venían el ejército de los caballeros poetas, de los músicos mercenarios, de los legionarios cantores. La nube se fue abriendo, mostrando los mas dantescos horrores, rodeando a todos aquellos buenos hombres y mujeres que parecían estar siendo devorados por el eterno abismo de la sempiterna oscuridad. Le acompañaba a todo aquel desastre los lamentos de las mujeres, niños, hombres, amores, que habían suplicado día y noche y llamaban a gritos a sus rescatadores, que en ese momento libraban una batalla contra la locura.No sucumbirían y no sucumbieron.

Dos alas se debatían furiosamente junto a otros camaradas alados, contra los pequeños y grandes dragones de fiero rugido que se lanzaban contra ellos, mientras un coro estaba afinando las voces y lanzaban una solitaria nota desde lo profundo de sus gargantas para ahuyentar la niebla tóxica de Desesperación. Donde antes se encontraba el general ahora un sencillo hombre de largo cabello movía la batuta llevando el compás de una melodía suave, concentrado pero al mismo tiempo consciente de todo lo que le estaba rodeando. Los poetas tenía sus libros abiertos y con una sonrisa elocuente, vivaz, unas veces pedante y otras humilde, recitaban los mas dulces versos que estaba dedicados a las mujeres de sus vidas. Al otro lado de aquella colina mujeres y niños parecían escuchar de fondo el murmullo y un dudoso "ese es mi marido" "ese es mi papá""suena como la flauta de mi amado" fue de celda en celda, causando la duda pero encendiendo las primeras llamas de la esperanza. Los niños estaban subidos a los hombros de sus hermanos o de sus amigos, contemplando el furioso batir de alas de un extraño ser de larga cabellera que portaba una espada con un nombre inscrito y que repartía mandobles y versos a partes iguales entre aquellas legiones oscuras:
Oh poderoso nombre de verdad
de luz esperanza, dulce beldad
no caeré en vuestra negra danza
Pues a Ella debo alcanzar

 Una mujer alzó su canto a las nubes que pronto empezaron a soltar una leve llovizna de tintes esmeraldas, un color muy esmerado, que hacía crecer la vida por donde quiera que esta hubiera estado.

Los tigres, bisontes, zorros, lobos, pájaros, perros, gatos, salamandras brillantes, topos cegatos se unieron a la batalla desde los bosques. Los enanos, con sus lenguaje tan poco elegante, empezaron a invocar sus propios hechizos protectores, llenando todo de una cacofonía de voces que daba un curioso sentido a todo aquello. El fuego caía de los cielos mientras el general de aquellas tropas, de aquellos hombres fieros, recibía un par de heridas de criaturas malvadas y bebedoras de sangre, libadoras de vida, enloquecidas por la ira, la desidia y de rostros tan bellos como fueron sus anhelos. Sus garras venenosas no llegaron a tocarle pero cayó y cayó hasta casi dar contra el suelo, siendo levantado por un trovador y un anciano cuentacuentos que depositaron en él una confianza ciega de cara a la victoria, al que hicieron alzar el vuelo con una canción sobre los ríos y un cuento sobre el mar y la luna. El Sol prestó su fuerza para que en cada una de aquella hojas de acero y de papel con tinta hubiera un nuevo brillo de esperanza. Sonaban por todas partes los instrumentos mas variados jamás vistos, unas veces tocando la misma canción y otras veces ramificándose en la fuerza mas devastadora del bien: la cultura y el folclore. Una dama de rostro salvaje e indómito enviaba con sus danzas bellos escarabajos de miles de colores y los gusanos y topos llevaron a cabo la mas excelente labor de zapador, devolviendo a varias de esas criaturas al abismo del que habían venido. Una sombra atrapó a un hombre que estaba a punto de ser aplastado por un ogro maloliente y horrendo, salvándolo de una muerte segura al aparecer unos metros mas allá, entre un tabernero y sus hijos los cuales querían rescatar a su esposa y madre. Los asistentes de campo se afanaban en atender a los heridos, que con unas vendas y la mirada de dos ojos azules volvían enardecidos al campo de batalla, enarbolando sus armas, instrumentos, papeles o voces; a veces, incluso solo una sonrisa.

La Bella Gente se unió bajo el estandarte triangular con una pantera de mirada algo antipática. La portadora de dicha enseña se lanzaba con dos mortíferas espadas para repartir elegantes, aceradas y mortíferas caricias entre los enemigos de la luz. Al lado de esa mujer iba otra dama, blanca como el mármol y vestida con tonos verdosos que hacían pensar un origen equivocada al que se le podría achacar. Pasando rauda y veloz entre un grupo de violinistas que mantenían a raya a unas cuantas harpías, la pálida dama iba montada sobre un gran lobo negro de mirada feroz y ojos anaranjados, que son total falta de cuidado y completamente lleno de seguridad se metió en el altercado entre varios poetas y espeluznantes híbridos entre hombres y arañas u otros insectos. Los furibundos rugidos y zarpazos barrían áreas enteras junto a los sutiles pero mortales golpes de la mujer que enarbolaba una espada y una daga de cristal verdoso, fino como el papel y cortante como el despecho de una dama. Los arqueros dispararon una lluvia de flechas para cubrir el cielo que tenían inmediatamente encima de ellos mientras terminaban dejando un reguero de patas y de cientos de ojos y cabezas, las cuales pronto eran convertidas en calabazas o en gruesos troncos de árbol que cubrían el cielo con sus frondosas y coloridas hojas. La dama blanca sonreía, exultante y gloriosa, ante los exabruptos de su lupino compañero en una lengua tan vasta como extensa a la hora de ofender verbalmente.

La batalla era dura, mas dura de lo que nadie habría podido imaginar, pero era realmente bella pues no existían los cadáveres, la sangre ni nada similar. Todo se convertía en vegetación, en rosas de todos los colores, en claveles, crisantemos, rododendros, orquídeos, tulipanes rojos y negros, violetas, amapola. El líquido de la vida seguía cayendo a finas gotas, terminando también con las nubes de oscuridad que trataban de alzarse por encima y hacer su devastadora voluntad de truenos y rayos. Un diablillo retorcido y cruel se lanzó, lleno de malignas intenciones, hacia un anciano sentado en un tocón. Cuando este anciano abrió los ojos azules, invidentes y sonrió con toda bondad, el demonio salió espantado de terror, dejando al anciano disfrutar de aquel sonido extraño junto a una bolsa de dulces que en ese momento estaba degustando en compañía de una dama que se mostraba encantada por el bonito gato que le devolvía la mirada de color morado. El lobo negro saltaba en ese momento para abrir en canal a un dragón (mas tarde un intrincado laberinto de ramas y claveles) que se había llevado la pata perteneciente a la señorita del gato.

El portador de aquel maravilloso verso estaba sumido en pleno vuelo cuando una flecha dio justo en el centro de su pecho, provocando una herida casi mortal que lo hizo caer y caer a través de una densa oscuridad. Movía las alas con energía pero seguía cayendo hasta lo mas profundo mientras la vista se le nublaba. Un golpe y de pronto la oscuridad. Desesperación sonrió con malicia pero se le congeló el gesto en el momento en que dos dagas atravesaban su pecho y destrozaban su cuerpo haciéndola soltar un último grito digno de su nombre, convirtiendose a posteriori en cientos de mariposas veloces. Tras una opinión rápida sobre los humanos y sus torpezas dos brazos delgados pero realmente fuertes arrastraron a aquel hombre hasta donde se encontraban los ojos azules que todo lo curaban junto a un anciano que antes había ahuyentado a un demonio con solo una sonrisa. Le extrajeron la flecha y como por arte de magia (o quizás realmente sí era magia) los pequeños sollozos cesaron, las alas resplandecieron de nuevo y de una explosión de felicidad y color la espada se transformó en una rosa azul que guió a los cielos junto al resto de su cuerpo, subiendo y subiendo hasta llegar a traspasar las mas altas nubes. Y sencillamente se dejó caer como quien se deja llevar por el mas abrumador sentimiento de alegría y bienestar al encontrarse frente a la mujer a la que iba dedicado ese regalo. Las alas quedaron pegadas al cuerpo como las del halcón que se abalanza sobre su presa y cayendo sobre su objetivo, una cristalera se rompió en mil pedazos que se fueron convirtiendo en granos de azucar para aterrizar en un camastro, ahora convertido en cama de plumas y una habitación con tapices majestuosos que ilustraban todo tipo de escenas.

Las dos alas y los dos brazos, ya libres de la armadura por arte de magia se cernieron sobre ese cuerpo tan magnífico, tan atrayente, tan equilibrado en sus divinas proporciones. Los ojos se acercaron aun mas a los de ella y la miró mientras con la rosa azul acariciaba su mejilla y susurraba suavemente contra esos labios que lo habían hecho suspirar y recitar cientos de poesías a la noche estrellada un dulce y tierno:


Sincero y calmado 
hoy me siento.
Cantando y riendo
mi corazón recuerdo.

Dulce tu risa de ensueño.
Aniquiladora de males,
da caza como sabueso
a las tristes banalidades

Eres la Musa de mis días,
de mis torpes pasos ;
de una letra sin bridas
que hace lo salvaje manso.

Por favor, toma mi mano
mira mis ojos humanos
volaremos muy lejos, muy alto 
hasta el sol con su reclamo.




sábado, 1 de febrero de 2014

Instante estático.

Nervioso. Su estado anímico era de nerviosismo puro al estar tan cerca de ella, mirando sus ojos negros, profundos, hipnóticos, que dejaban una huella en el alma. Contenía todos los arrebatos posibles y dejaba que el aliento entrara y saliera por su nariz y boca lo mas relajadamente posible. el sol empezaba a salir en ese mismo momento y desparramaba su larga cabellera de rayos dorados sobre la superficie del gran lago, en cuyas aguas tranquilas se reflejaban las montañas rodeadas por un bosque. Los árboles se mecían, unos acercándose a los ojos como si fueran personas murmurando entre sí, cuestionando que tan correcto sea el desarrollo de la escena que se llevaba a cabo. Algún pájaro en la lejanía estaba comenzando a afinar las cuerdas vocales mientras el ser observaba los ojos de la dama mas bella del mundo. Eran unos ojos especiales, realmente poderosos, que dejaban el corazón y el alma vulnerables, los sentimientos expuestos, las emociones se agolpaban en la garganta; en algunos casos hasta corrían las lágrimas por la emoción de tenerla frente a frente. 

Sus bonitos ojos fueron los supervisores desde cierta distancia de una sonrisa que se fue mostrando poco a poco en los rostros de ambos. El reflejo del agua que llegaba alcanzar los árboles mas cercanos, inclinados como si estuvieran atentos al movimiento de las profundidades acuáticas, también alcanzaba la superficie de dos grandes alas, arrancando aun mas reflejos que daban a la escena una lluvia de brillos visible desde muchos pasos de distancias. Los animales no sabían si acercarse o alejarse de aquella escena, pues se sentían fascinados ante el brillo de las alas de aquella extraña ave que tenía cuerpo humano, alas de pájaro y mirada de niño, de fiero guerrero, de hombre sensible en extremo que podría quebrarse en cualquier momento, de taimado pensador pero ante todo de mortal. No era mas especial que muchos otros hombres buenos y malos, viles y honrados , hubieran pisado la tierra que ahora pisaban ambos. Su mirada era el motivo de miles de líneas, de cientos de versos, de caricias infinitas dadas en la oscuridad a un rostro invisible con el cual soñaba hasta bien entrada la mañana. Pero sus ojos...

Su mirada era el todo y la nada mas absolutos. Todo lo reflejaba y nada quedaba indiferente ante ella. Dos espejos de obsidiana que devorarían al mas pintado, que acobardarían al mas fanfarrón de los hombres o a la mas mentirosa de las mujeres. Dos lunas llenas de color oscuro que no ocultan nada a la vista de los que saben leer la mirada pero prometen todo un océano de secretos para quienes ignoran el misticismo ascético que promueve la luz de aquellos ojos. No eran baldíos de emoción y no despreciaban la mínima mota de conocimiento que pudieran leer. Enmarcados en aquel rostro jugaban el papel fundamental en el juego de la armonía mas perfecta; eran capaces de mezclarse sin desentonar con los colores de la sutil seducción, de la maternal ternura o de la mas elocuente verdad; colores que no son colores, igual que la perfección imperfecta de la dueña de aquellos ojos mágicos. 

Dejaba mucho que desear todo aquello que pretendiera parecerse a aquellos ojos tan llenos de luz, tan cálidos, tan aterciopelados en su mirar. No se podría perder aquel ser tan encandilado con ella en un lugar tan maravilloso como sus ojos. Quizás en el resto de su cuerpo, un templo de secretos placeres. Todo lo contado hasta el momento era nada para él, un poeta para unos y sencillo amigo para otros, que ahora olvidaba todo lo malo del pasado para centrarse en su belleza, en ese momento preciso donde sus manos rodeaban su cintura y se fundía con ella en un abrazo que ojalá durara toda la eternidad en la que poder susurrarle palabra a palabra, gesto a gesto, cada una de las ideas que había tenido sobre ese momento, sobre ese preciso instante en le que por fin tendría la oportunidad de apoyar la mejilla sobre lo alto de su cabeza gracias a su baja estatura, poder sentir el aroma de su cabello sedoso y negro, de su piel suave y tersa, cálida. No pudo evitar un estremecimiento de emoción, de incredulidad por lo perfecto de esos segundos que quizás se convirtieran en minutos. 

Entonces todo se quedó congelado en un sentido casi literal de la palabra. Todos los acontecimientos alegres y tristes de su existencia dejaron de tener sentido en su continua lucha por reinar en el alma de aquel supuesto poeta. Las mariposas y las aves de vivos colores se quedaron paralizadas en pleno aleteo o en el mismo momento en que observaban algo desde sus ramas y nidos; los vientos, siempre tan impredecibles adoptaron la mas sosegada de las calmas dejando cada brizna de hierba y cada flor completamente inmóviles. Al mismo tiempo cada uno de los elementos que les rodeaban, cada hijo de esos cuatro elementales básicos, parecían contener el aliento, como si esperaran algo tras ese instante que podría ver nacer y caer imperios sin perder siquiera un poco de todo su elegante y romántico lustre. Solamente se movían los corazones, siempre al mismo son y tocándose a través de las pieles y de as ropas o la distancia. 

Solo podría describirse el corazón de ese supuesto poeta en unos pocos trazos. Sus emociones eran complejas, un cúmulo de ideas, de planes, de deseos, de sueños que no casan los unos con los otros pero tenían el sentido necesario como para no sumirlo en la mas absoluta locura. Cada latido antes de aquel instante fue una plegaria y un paso para llegar y ahora era un tributo, un pago para poder quedarse por siempre abrazado a ella, que nada los separara en esa vida o en las que siguieran. Su corazón se estremecía una y otra vez ante su cercanía, dechado de virtuosas sensaciones que cumplían todas las expectativas. Era un corazón difícil de perturbar en su constancia pero que la mujer que se encontraba entre sus brazos podía matar a voluntad si ella así lo deseara, ya fuere por exceso de estímulos o por exceso de alegría. Aquel corazón estaba llameando por dentro, convirtiendo la sangre en la va que recorría todo el cuerpo, quitando el frío de la oscura soledad para llenarlo de su luminosa compañía. La adoraba por encima de casi todas las cosas, la alababa de la mejor de las maneras recitando su nombre en bellos poemas. Cada palabra que ella pronunciaba era una campanada de victoria, un sueño cumplido, la ausencia de una derrota, la marcha de una tristeza que abandonaba el lánguido caudal de la existencia. 

Cuando ambos se volvieron a mirar a los ojos mil noches y mil días habían pasado; los imperios habían nacido y muerto hacía siglos y los hombres habían engendrado generaciones y generaciones. Los primeros árboles desaparecieron o se hicieron mas altos y fuertes, la hierba dio paso a las flores mas bellas de los materiales y colores mas fascinantes. La Luna preparaba el peine de plata y el sol se ocultaba entre dos colinas como las que subían y bajaban en medio de aquella cálida y femenina respiración, No reparaban en nada mas que no fuera los ojos del otro. Ella observó a su acompañante dejando una mano elegantemente sobre ese corazón incendiado, devoto hasta la última gota de sangre y creyente sin duda alguna sobre el cielo en la tierra. fue subiendo la mano hasta acariciar suavemente su rostro, sin perder de vista esos ojos que la adoraban, que la necesitaban, que bebían de su mirada. 

Y ese instante se volvió a congelar. 


jueves, 16 de enero de 2014

Confesión.

Las paredes de la catedral estaban decoradas con las imágenes de los santos piadosos que inspiraban a la orden que la custodiaba desde hacía tanto tiempo. La luz entraba habitualmente por sus cristaleras de siglos de antigüedad y sin una sola mota de polvo que pudiera adherirse a todo aquello que había contemplado la caída de reyes o el casamiento de amantes y enamorados. Aunque ahora dicho edificio se encontraba vacío por ser la noche cerrada. Los creyentes se encontraban en sus camas, durmiendo con sus familias y la bendición de Dios. Sin embargo, un sacerdote se encontraba aun a esas horas rezando por la erradicación de los males del mundo. Aquel hombre fue apuesto en su momento pero la llamada divina le pudo mas que muchas tentaciones de la carne en la juventud, consagrando su vida a la obra de Dios, a sus palabras, a las enseñanzas de Jesucristo y sobretodo al amor al prójimo. La rectitud se mezclaba con la flexibilidad a la hora de impartir la justicia o padrenuestros. De sus manos colgaba el rosario que fue regalo de un gran hombre al que admiró por siempre y que ahora se encontraba a un lado del Señor.

Sus rezos se dirigían a los niños afectados por todos los males biológicos del mundo cuando un aleteo lo sacó de su pensamiento, de aquel mantra de cristiandad pura. Abrió los ojos y se encontró a Jesucristo, que lo observaba desde su cruz con expresión tierna. Sobre él, donde la luz no alcanzaba algo se movía y de pronto desapareció con ese aleteo que había escuchado inicialmente. Poniéndose en pie y aferrándose a la cruz de su pecho el buen hombre de Dios contempló las alturas de aquel templo dedicado al culto del Señor, con sus naves cruzadas y sus dos altas torres provistas ambas de campanas con las que llamar a los feligreses. Se quedó en silencio unos instantes pensando que el cansancio quizás le podía pero la reverberación de los sonidos le advirtieron que el característico sonido de las bisagras levemente oxidadas del confesionario se habían abierto y cerrado. Sus ojos se pasearon de nuevo por toda la estancia y sin mas se dirigió a donde el sonido de alas y de bisagras continuaba, como una especie de luz entre cerrar la puerta y no poder. 

El sacerdote pensó en mil cosas antes de hacer lo que hizo: pensó en un hombre borracho, en un desamparado, en un arrepentido. El arrepentimiento es algo que llega en el momento menos esperado y presiona el corazón, llevando al hombre a cometer cualquier acto a cualquier hora con tal de buscar la redención... o terminar con su sufrimiento. Aquella era una noche fría sin duda y seguramente fuera un vagabundo que buscaba un lugar caliente. Aunque cabía esperar algo mas dado que las puertas estaban cerradas desde hacía horas; como bien se dijo, era una noche demasiado cerrada y una noche muy tardía para que alguien pudiera entrar en la casa del Altísimo. Sin embargo el sacerdote miró el rosetón, recordando algo que había pasado hace tiempo, algo que le habían contado sobre otra catedral. No pudo evitar ese pensamiento, esa idea, por un fantasioso momento. Pero debía de encarar el hecho de que alguien se había colado, de alguna forma misteriosa, en la catedral y debía averiguar quien era. 

Sin mas dilación se dirigió a la otra puerta, donde el sacerdote se introducía para confesar a todos aquellos que desearan desahogar sus dolores espirituales y mentales en la medida de lo posible, personas a las que ayudaba de forma constante y desinteresada para poderles facilitar el camino y la senda de la luz. Abrió la pequeña puerta que daba a una rejilla en la que era posible escuchar aquellas voces a veces dulces, otras veces agrías, sufridas o frías. calmadas o enérgicas y alteradas, mas no podía ver su rostro de forma alguna salvo unos pocos trazos que permitían los cientos de pequeños agujeros. Encomendándose a las manos del señor el cura iba a comenzar a confesar a ese hombre desamparado cuandoeste , sorpresivamente, comenzó primero. 

-Lamento interrumpirlo en esta fría y oscura noche sin luna pero debo confesar aquello que remuerde mi conciencia, enloqueciendo mis sentidos, devorando mis ansias de bien para el mundo. No es un pecado estrictamente dicho, padre, pero debo confesarme ante todo aquello que me ha hecho dudar sobre mi naturaleza. Soy un hombre consagrado a una idea de bien que usted no compartiría en muchos puntos conmigo, pero se que es usted un hombre de justicia. Todos aquellos que a los que ha confesado lo dicen en susurros. Así que encomiendo aquello que me corrompe a sus manos y a su espíritu padre. Prometo ser lo mas breve posible.-Dijo el confesado con una voz que era apenas un susurro, el cual se escuchaba claramente, como si se lo estuviera diciendo a la oreja sin ningún tipo de barrera. 

-Te escucho hijo.-Dijo el sacerdote con toda tranquilidad y piedad en su voz. A lo largo de toda su vida había escuchado grandísimas atrocidades y a gente algo susceptible de lo que era un pecado así como a mucha otra que pensaba que la vida misma es un pecado si no se vive dentro de una iglesia.-Deja que tus palabras sean producto de la expresividad de tu alma, te ayudaré y aconsejaré en todo lo que me sea posi...-Se interrumpió el padre al ver que algo asomaba a través de los pequeños agujeros pero solo fue un segundo, mas juraría que era las trazas de una pluma. "La noche me afecta... o no. Sí, sí me afecta" pensó.-En todo lo que me sea posible.- dijo con un leve temblor de voz ante lo que pensaba que acababa de ver. 

-Soy algo parecido a lo que antes se llamaba caballero y ahora se llama persona educada y gentil. Así me gustaría considerarme a mi mismo. Soy fiel siervo de una religión que no es la suya pero guarda los mismos principios proteger al prójimo, de ayudarle, aconsejarle, como usted hace, y sobretodo desvivirse por esos bonitos ojos negros. Las oraciones no son largas cuando se le quiere rezar ya que solo consta en decir su nombre cada noche antes de dormir. Al menos en mi caso. Las ofrendas no son oro o dinero, son las noches y los días dedicando un latido del corazón a su sonrisa. Se llama...-Dijo su nombre con un calor, una ternura, una felicidad tal que muchas ordalías rebosantes de devoción habrían quedado opacadas por esa sencilla palabra, que pareció aumentar la luminosidad de aquel recinto a pesar de todas las velas apagadas.-... y yo por ella haría lo que fuera necesario siempre que no entraran en conflicto con la mayoría de mis principios.-Dijo y dejó una pausa para que el padre contestara.

-Todos debemos guardar una pequeña parte de nuestra fidelidad a nosotros mismos hijo mio... el fanatismo es algo que a muchos les parece la demostración correcta de orar y ofrendar, en caso de mis creencias, a un Dios que destruye pueblos enteros cuando, a mi parecer, lo mas correcto es predicar el amor y el respeto mutuo así como el aprendizaje de todo lo que nuestros hermanos de otras tierras, religiones y culturas nos puedan enseñar. Pero por favor continua hijo, el que se confiesa eres tú.-Dijo con toda amabilidad y simpatía aquel hombre extraño para todos aquellos que no eran fanáticos pues era comprensivo, flexible y abierto.

-Mi arma son las letras escritas y habladas, susurradas a su oído para que me honre con aquello que mas desea ver en ella; su sonrisa y a veces hasta escucho su voz que es la de los ángeles de vuestro cielo. Canta maravillosamente, ella es todo un canto de felicidad para los corazones que se permiten conocerla. Sin embargo cometí una falta ya que mis palabras, espada inmaterial ungida con ternura y todo aquello que pueda hacer a un hombre un siervo del bien, se clavaron sádicas y oscuramente en las tripas de un hombre que la daño profundamente. Soy amante de su sonrisa pero mas aun de aquella luz que desprende su mirada cuando se encuentra en un estado de gran felicidad. Mis palabras fueran hechas para dar esperanza, consuelo y consejo a su alma, y sin embargo yo fui infiel a ese voto de caballero...- por un momento parecía que iba a decir algo mas pero nada mas salió de su boca.

El sacerdote se quedó por unos momentos en silencio también mientras reflexionaba. Era una confesión extraña, desde luego, pero comprendía que muchas veces los hombres de la tierra y algunos hombres que viven en los cielos sentían el temor de haber hecho algún mal. Peor, a su parecer, era terminar con una vida humana que tuviera una larga vida por delante o acortarla mas de lo que era necesario para los deseos de Dios. Aquel confeso estaba claramente preocupado por haber matado en su cabeza a un hombre que había dañado a una mujer excelente que había provocado unos sentimientos tan inquebrantables como su juramento mismo, el cual el confeso veía roto pero él le haría ver que no había sido así. 

-Hijo, la venganza es un plato que se sirve frío pero también acompañado de sabores amargos y dolencias posteriores en el alma y sobretodo del vacío que supone haber cumplido dicho cometido y no saber que seguir haciendo. Pero tu cuentas con una fortuna con la que pocos hombres y mujeres vengativos han contado: el motivo de tu venganza está vivo. Has querido darle a esa mujer algo que necesitaba, le has ayudado a cortar los lazos que lo unían con aquel ser impío. Admito que consagrar las palabras a la luz de otra persona es algo que a veces resulta arriesgado pero por como hablas de ella, por lo poco que deduzco es una buena mujer. Pero sin pretender desviarme hijo, una muerte simbólica es mil veces mas fácil de expiar que una muerte física o espiritual. Las venganzas y el asesinato no llevan mas que al dolor y la culpa. Algo me hace deducir que ella sufrió pero tu sufriste igual o mas que ella al ver que el motivo de tus devotos rezos nocturnos fue mancillada con manos de arrogante pecador, malvado y poco deseoso a ser sacado de esa senda de oscuridad.-Dijo el sacerdote sin pretender nada mas que completar la imagen que poseía en su cabeza toda la situación. Sabía de eso, a fin de cuentas vio morir a todos aquellos ángeles de menos de diez años cuando el orfanato se quemó en el momento de la gran guerra. 

-Ella trato de ayudarle mil veces padre...trató de aportarle un poco de su luz pero ella se entristecía a cada momento que pasaba. La hizo soñar, ilusionarse para romper todo aquello en mil pedazos que a mi me llenaron de dolor con cada lágrima que derramaba sin ser estas de su mas excelsa felicidad. Cada cosa que me contó, y ni imagino tantas que guardó y algún día me cuente para desahogar mas su dolor y estar plena de forma espiritual, es una llamada a terminar con la vida de ese maldito. Pero como vos dijisteis, padre, la venganza solamente entraña dolor. ¿Que creéis que debo hacer con mi alma y mis juramentos?.-preguntó y por un momento la voz se tornó angustiada pero al mismo tiempo aceptaba todo aquello que se le encomendara. 

-No hagas nada que no quieras hacer hijo. Eres un ser que deja claras las intenciones para con ella, que se siente entregado a todo lo que compone a la mujer de sus sueños. La has visto sufrir, la has escuchado llorar y si ella es celosa de sus lágrimas, entonces estás haciendo correctamente tu trabajo, cumples con tu deber primero de amigo y luego de todo aquello que ella te permita. la respetas, la deseas, la amas. Pero ante todo la respetas, la admiras, la contemplas con los ojos del corazón y del espíritu antes que con los de la cara. Le has brindado algo fuera de lo normal pero se los has concedido para dar un motivo de calma a las tormentas de su espíritu. Creo que estás limpio de toda culpa pues nadie ha padecido sufrimiento, nadie ha extinguido su vida. Has actuado de forma sabia, consecuente. Tu parte oscura vio la luz por unos momentos, pero la puedes combatir practicando el bien, orando cada noche con su nombre en tus labios y en tu corazón, escribiendo para su sonrisa, para su luz. Si uno de cada diez hombre fueran como tú, quizás el mundo sería un lugar mejor. Te arrepientes y admites tus errores; y deseas corregirte y hacer feliz a alguien que no eres tu. Puedes ir en paz hijo, si bien tus creencias son otras yo te deseo que el Señor te guíe por su senda mas luminosa para que alcancéis ambos la iluminación. Todo aquellos que la haga feliz que te haga feliz a ti... y que Dios y todos sus ángeles os protejan. Puedes ir en paz hijo...

-Gracias padre. Haré una donación privada ahora mismo solamente para agradecer estos servicios que me ha prestado el mas fiel siervo de Dios.-Y sin mas se escuchó la puerta abriéndose y segundos después el silencio precedido de un aleteo. 

El sacerdote se puso en pie y no pudo evitar la prisa al salir y mirar a todas partes. Nadie estaba presente mas que él y Jesucristo en su cruz, que observaba los bancos vacíos y ya no tan llenos de feligreses cuando tocaba la misa. Se dirigió a él y se arrodilló para para preguntar si había obrado bien cuando reparó en que los ojos de este se dirigían, sorpresivamente, a un punto concreto y en su rostro había una pequeña sonrisa. Santiguándose siguió aquella mirada hasta donde se encontraba el rosetón. Este estaba perenne, sin rotura alguna pero justo en su centro, debajo de la cruz de Cristo, se encontraban una pluma y una rosa azul cruzadas. 

Justo en ese momento, lejos de ahí, la Luna hacía su aparición pues había terminado de peinar una larga cabellera hecha de noche y luz, perfilándose en su liz un ser alado que volaba para desear as buenas noches al motivo de sus oraciones. 



lunes, 6 de enero de 2014

El caballero feliz.

Del alba de su sonrisa destellaban mil colores en su alma. Las notas de una guitarra fantasmal dejaban en el ambiente Los sentimientos de un alma sensible que daba a entender todo aquello que anhelaba de una mujer con formas divinas como ella. Tomando sus manos y mirando aquellos grandes ojos se dejó llevar por la música mientras bailaban a la luz de la luna en aquella pradera alejada de otros hombres y mujeres, e incluso de mundos donde hubieran otros hombres o mujeres tan o mas unidos que ellos, sumidos en su propio interés de tener a la persona soñada frente por frente. Cerrando por un momento los ojos dejó que sus sentidos fueran invadidos por aquella risa de plata, por ese aroma dulce mezclado en esencia con la tierra del fuego, la inesperada flexibilidad del bambú y la alegría de los violines de Irlanda. 

El uno contemplaba los ojos de la otra con ternura dulce como si fuera miel de la incipiente primavera. Sentía aquella cercanía tan cálida que sentía que podría quemarse de un momento a otro tal como aquella cintura se amoldaba en el aire mismo antes de ser ocupado por una mano blanca de muerto pero viva de compañero de baile. Ella sonrió por un momento de una forma mas notable y guió la mano hasta la parte baja de su espalda, haciendo la corrección con infinita delicadeza. Lo volvió a mirar con esa luz y el aliento se le paralizó por un momento en los pulmones al ver las estrellas reflejarse en sus ojos de gacela delicada y firme, grácil y fugaz en sus sueños. Así la contemplaba en sus fantasías desveladas cada mañana, cuando despertaba de soñar con esa luz intensa de su ser reflejándose en tan bellos ojos. Se comenzaron a balancear suavemente, mágicamente ascendiendo por los cielos hasta llegar a las nubes mas blancas y mas altas de todo ese cielo. 

Todas las estrellas se habían congregado para darle un espectáculos de millones de colores a la protagonista de aquel sueño, a aquella bailarina. El magenta se alternaba con los anaranjados una veces y luego con los violáceos, dando paso después quizás a los rojos, azules o verdes. Era quizás lo único dejado al azar en aquella sinfonía de tonos suaves o fuertes, cálidos o fríos, tranquilos o temperamentales. Muchas estrellas explotaban, dejando supernovas con formas maravillosas, fascinantes, que leer durante siglos para desentrañar sus milenarios secretos. Anticipaba todo eso el sonido de campanas de cristal y luego de metales preciosos como la plata o el oro. Lucían sus cuerpos las vas bellas galas, cambiantes en su personalidad, en su colorido, en su divinidad. El vestido de ella era muchas veces multicolor, como su personalidad, capaz de ir de un lado a otro de su mente con la facilidad con la que era capaz de impresionar a su compañero. Lo miraba atentamente, de vez en cuando guiándolo con esa maravillosa voz en el camino por las estrellas que tenían encima y debajo de ellos, las cuales sostenían sus cuerpos en el aire. 

Él no daba crédito a tan radiante estampa. Ella, que era la culminación máxima de sus emociones, de sus sentimientos, de su inspiración, se encontraba entre sus brazos aleccionándolo sobre como moverse en aquel mundo mágico que había sido creado para ella a raíz de los versos recitados cada noche en su honor. La forma del compás, el dulce y armonioso violín que se unía o quizás la lenta y trémula flauta que al mismo tiempo aportaba una sincera alegría eran la orquesta. parecían venir de todos los rincones de otros mundos las canciones y melodías de grandes compositores que querían amenizar aquel baile con su propia aportación. De la misma madre Gaia llegaban ciervos, zorros, búhos, ardillas, perros, gatos, gallinas, liebres, búfalos, cigüeñas, estorninos, jilgueros, pájaros carpintero, garzas, faisanes, cisnes, peces, bellas mariposas y un sinfín de bellas criaturas mas para contemplar como público de honor aquel bello espectáculo de luz y de color que se desarrollaba ante sus ojos. 

Frente a ella se sentía tan grande y a la vez tan indefenso, fuerte y débil, luminoso y oscuro, apenas una sombra insinuada en medio de todo aquel mar de luz que era ella para él. Ella parecía apreciarlo en aquellos ojos marrones de lo mas mundanos y quizás el sonrojo acudió a aquellos rostros por un momento al ser conscientes de todas aquellas colosales emociones. En la solapa de un bonito chaquet totalmente negro lucía una rosa azul que a veces era observada por esos ojos negros y parecía adquirir la viveza de la juventud como si estuviera recién cortada de los jardines del Edén. La luna quiso atraparla como precio a peinar aquel cabello negro cada noche con su peine de plata pero en un brusco y a la vez gentil movimiento se apartaron de sus dedos argénteos. Ella lo observó, acercándose un poco mas, dejándose sentir en todas sus formas bajo aquella tela de excelente calidad que cubría su cuerpo. Con suavidad y elegancia dejó caer su cabeza sobre el pecho de él, escuchando los latidos acelerados de aquel corazón. A continuación la mano de ella se posó sobre una de las mejillas de tan volador poeta que llenaba sus noches de versos cada vez que podía. Este se acercó a su oído y susurró:

-En noches como esta tu eres lo que mueve mi mundo, lo que me hace brillar, sentir, amar cada segundo de mi existencia. En este velo de oscuridad que tu iluminas es donde escribo muchas veces en susurros como estos aquello que mas anhelo, y son tantas las ocasiones en las que la brisa lleva tu nombre...-Dijo suavemente, henchido en ternura, en deseo, amor, sencillez, el humilde caballero.- Cada día un trozo de mi vuela hacia ti deseando refugiarse en tu cálido corazón, trayendo consigo una nueva razón de seguir viviendo. Y llegará el día, no muy lejano, en que todo mi ser esté dentro de ti, protegiéndote, aconsejándote, brindándote todos los motivos que estén en su mano para que sonrías por toda la eternidad.- Concluyó el caballero susurrante en el oído de la dama danzante. 

Ella sonrió y todas las luces de aquel cielo se apagaron un poco, asombradas por tal belleza, por esa luminosidad que embargaba el alma. No era solo la luz de una sonrisa, de una esperanza, de una bendición divina; era la luz de aquella persona que llenaba la vida con mas vida, pues pocas cosas dan mas fuerza o mas ganas de vivir que la sonrisa del ser que se adora por encima de todo lo habido y por haber. La delicada mano de ella seguía en su mejilla y con suavidad acercó el rostro para dar un beso dulce, lento, cálido, suave, tierno sobre los labios del caballero que cada noche estaba rezando por aquel momento con toda la fuerza de su corazón. Una vez pasado ese momento mágico la luz de ella brillaba en los ojos de él... era un hombre feliz. 


sábado, 4 de enero de 2014

Para mi eres...

Para mi eres el aliento de mis sueños, 
las caricias de mis noches, 
los susurros de mi calma,
las confesiones asomadas, 
la dulce esencia del rocío en la mañana. 

Eres el atardecer liviano
que me toma de la mano. 
Das fuerza de guerrero al que te contempla,
alma de poeta a quien te piensa, 
artes de amante a quien te descubre 
en tu bella esencia...

Lo se...no es perfecto, como la inspiración de mis versos lo es con sus imperfecciones, pero aun con todo sueño con ella en mis sueños de caballero y poeta.


martes, 26 de noviembre de 2013

Solo este mundo.

Cuando la encontró de frente miró aquellos grandes ojos que evadían su alma en mil cosas. Tomó sus manos como un acto entre reflejo, automático pero no exento de una delicadeza y ternura que fuera mas alla de todo lo imaginado. Caminó por ese mundo un rato, durante un momento mientras ella le interrogaba sobre aquellas ocultas intenciones que desbordaban por sus ojos pero que su boca no daba revelado en forma de palabra alguna. Ladeó levemente la cabeza, adivinando que algo pasaba por el pensamiento de quien sostenía esas delicadas manos. Avanzó un diminuto paso y apretó suavemente las manos de aquel ser para imprimirle confianza y que soltaba todo lo que tuviera que decir. Sonrió justo en el momento en que las palabras empezaron a salir:

-Solo tengo este mundo... no hay otro lugar al que poder ir para realizar todas las cosas y decirte todas las palabras que pudieran ser dichas en en el mas bello de los paisajes. Tus ojos complementan la belleza de cada rincón de humanidad que hay en las almas de las personas, las escudriña hasta que estas se sienten cobijadas y confiadas para abrir sus propios planos y dejar expandir cada una de sus facetas ante tus ojos. Y yo no soy mucho menos. 

Se quedó en silencio sin saber que mas decir, buscando palabras que le eran del todo imposibles usar para definir con precisión aquello que circulaba por su cabeza, un precipicio en cuyas paredes se podía ver miles de aves cantar en tonos de colores y mover unas alas que desprendían aromas y sonidos de otras tierras. Y en medio de toda esa algarabía se encontraba un polluelo asustado que aun no podía cantar oquizás nunca pudiera pues a lo mejor se había quedado para siempre sin la opción de cantar y volar cual era la definición exacta de aquello que por su alma corría libre como el viento. Miró de nuevo aquellos ojos tratando de ordenar los pensamientos, de adherirse a las estrofas de canciones o de poemas realizados en el pasado, pobres líneas que debían definir la grandeza de sus sentimientos pero a duras penas eran una pincelada en un lienzo grande como el mar. Hizo otro intento. 

-Recorro el mundo buscando tu luz, tu fuerza y la mía,haciendo que las gotas de lluvia de mi interior no silencien la canción de una sonrisa que mas de una vez pusiste en mi rostro. Muero por traspasar la barrera que nos separa en los mundos que nos odian, que no tienen por conveniencia el sentirte entre mis brazos, en mirar tus ojos y susurrarte un poema en las mañanas. Dejo libre cada una de mis ideas para que vuelvan mas fuertes y salvajes, llenas del arrojo del soldado y la sabiduría del erudito. Mi aliento quiere perderse entre tus cabellos cuando te abrazo y dejar libre mi corazón para que salga al encuentro del tuyo, acallando el galope desbocado que se provoca al cruzarme con tu rostro en medio de muchas realidades posibles. Siento la necesidad imperiosa de decir esas dos palabras que no son ni por asomo suficientes para definir la complejidad de mi pensamiento. 

<<Y sí, besaría tus labios una infinidad de veces pero se que a la larga no sería suficiente declararse de una forma tan física y necesitaría de algo tan íntimo como el alma para que observaras todo mi ser y decidieras caminar conmigo por estos y otros mundos...>>

Se quedó de nuevo en silencio... mudo y furioso consigo mismo ante la incapacidad de expresarse como un verdadero hombre lo haría aun estando en medio de aquel campo de rosas azules. 



miércoles, 23 de octubre de 2013

El guardián azul (2ª parte)

Su espalda se curvó en un arco de placer triunfal al experimentar un latigazo de sensaciones. Expandiéndose por toda su piel, el calor aumentaba poco a poco y las manos trataban de asirse a cualquier retazo físico de realidad y cordura que su mente ya no le permitía dibujar con coherencia. Las sábanas cubrían parte de su cuerpo pero se apreciaba perfectamente la silueta de sus caderas y de su pecho abultando los tejidos, subiendo al cielo y pretendiendo alcanzar este en medio de esa tormenta de emociones. Una mano se paseo por las dos aterciopeladas colinas que subían y bajan en medio de la agitada respiración y fue bajando hasta dar con el motivo de su alteración. Doblando  un poco las rodillas acomodó los muslos sobre los hombros encima de los cuales el amante ocupaba su boca en darle un placer infinito. 

Los finos dedos se enlazaron en el cabello de quien devoraba su intimidad con un fervor cuasi religioso, tratando de expandir el reino de gozo por todo el cuerpo a través de ese núcleo de poder femenino, de esa flor íntima que guardan las mujeres y permiten usar a quienes ellas creen que lo merecen de verdad. Los ojos estaban cerrados, rendidos a la evocación de todo aquello, mientras los cantos del mundo mas antiguo se expandían y casi hacían reverberar la habitación. Los dedos de esa mujer estaban desquiciados por la contraposición de deseos; por un lado quería apartar esa boca lujuriosa de su intimidad pero por otro habría querido asfixiar a ese hombre en el mar de sensaciones que producía su centro íntimo, su flor de mujer. A todo ello le acompañaba unas caricias suaves como plumas que devoraban cada centímetro de piel morena y exploraban cada poro de su piel, rezumante de un deleite líquido en forma de sudor que volvía pegajosas las pieles pero infinitamente mas adictivas. 

La boca de ella era perfecta, digna de ser besada por horas o incluso eternidades enteras, acompañada de unos dientes blancos perfectos y complementada en un rostro dulce con rasgos que podían expresar gran variedad de emociones: alegría, deseo, fascinación, sospecha, ira, duda, misticismo, solemnidad, ternura, pasión. Mordiéndose un labio hasta el punto de casi hacerlo sangrar el rostro ahora reflejaba fruición, leve rubor y los ojos se abrían de par en par cuando una acción especialmente placentera de su amante le destruía los pocos esquemas de racionalidad que le quedaban. El mas pequeño roce con su punto mas sensible la hacía estremecer como una hoja en otoño, solo que no caería en al suelo. Caería en el lecho de la voluptuosidad, que ahora estaba envolviendo sus exaltadas emociones en una nube de perseverante placer. Sosteniendo aquel rostro con deseo de mas, unos leves movimientos involuntarios incitaban a aquel amante a darle mas y mas de aquello que hacía tanto tiempo que le estaba entregando. 

Diez suaves dedos, blancos como la cal pero ni por asomo fríos o rígidos, seguían en su periplo por ese cuerpo arqueado o casi convulso de sensaciones, en un estado crítico de respiración agitada cada vez que la punta de una lengua rojiza y sedienta se acercaba, con peligrosa lentitud y tranquilidad, a ese mágico punto de la feminidad universal que, bien tratado, elevaba a una mujer al reino de Dios desde el mas pecaminoso de los infiernos. Y aquel pecado lo repetiría el amante encantado una y mil veces. en un momento dado las manos se entrelazaron y establecieron un vínculo gradual donde las sensaciones se intercambiaron, fluyeron unas al lado de otras, permitiendo a ambos sentir lo que el otro. La racionalidad murió en aquel momento y los dos se entregaron, se dejaron llevar por el mar de lo sagrado en el cuerpo del ser humano. 

En un arrebato, dos manos tiraron hacia arriba del amante y las leguas se entrelazaron en un beso lleno de un deseo indescriptible. Exudando el placer, dos piernas que habían dedicado años al baile, rodearon las caderas de aquel hombre que le había dedicado tantas atenciones a su intimidad y con la mirada le dio una sencilla orden que él cumplió al momento. las uñas se hicieron sentir en la espalda cuando un fluido y suave movimiento transportó a ambos al cielo mismo, a la comunión entre las almas afortunadas de tenerse las unas a las otras. En el interior de ambos, al sensación de estar completo derribaba y dejaba por los suelos todo lo leído y sentido hasta el momento. Una boca rebelde dinamitaba todo a su paso con besos de lujuria en el cuello de aquella mujer bella como mil soles, radiantes como cientos de galaxias juntas. Y en esa misma espiral giraban ellos, uno con el otro, dos seres mas vivos que nunca en aquella habitación. Se rendían y luchaban por complacer al otro antes de volver a repetir ese ciclo infinito que alimentaba sus instintos mas animales y sus deseos mas antiguos. 

Una mano se asentó en las sábanas y los ojos se encontraron. uno de aquellos seres tocados por la gracia se permitió un paseo por el abismo de quien lo acompañaba. Aquellos ojos grandes, brillantes, deseosos, seductores, sensuales, dejaban un rastro indeleble en el alma de los hombres que de pronto caían dentro de ese agujero luminoso. Se miraron a los ojos mientras hacían el amor y se dedicaban confesiones, susurradas y entrecortadas por las músicas y los besos en la garganta cuando ella se arqueaba otro tanto. Rodeando su cuerpo, al pegó a él y dulcemente susurró tiernas palabras contra sus labios, entrecortadamente dichas. Ella lo calló con un beso voraz, depredador, sediento de alma amante y amada. Los dedos se perdieron en el cabello de aquel afortunado y lo acercó todavía mas, en medio de ese movimiento de caderas, de ese mar batiendo contra la firme roca, deshaciendo toda la realidad existente para crear un mundo desde el inicio de cada movimiento, pensado para llevarla a ella a tocar el mismo cielo. 

La tensión se hizo persistente y aumentó de golpe; un aviso del final de ese trayecto y en medio de aquella sensación, casi gritando de felicidad, unos labios se abrieron y susurrantes soltaron una delirante exclamación, tomando todo el aire posible tras soltarlo en el crescendo final de esa orquesta de brazos, piernas, alientos entremezclados, sudores perfectamente acompasados en sus proporciones por la alquimia de la dicha de sentirse completo. 

El beso final fue un robo de alma, la succión de la esencia misma, de la energía restante que contradictoriamente mantuvo prendidos los motores de la excitación y el deseo. Con una actitud felina ella se estiró de forma insinuante y arqueándose de nuevo dejó escapar un suave suspiro para a continuación pegarse a aquel hombre que había deleitado sus sentidos por largo tiempo y la había hecho tocar el cielo. Dos seres mas vivos que nunca, las dos únicas entidades vivas... junto a una rosa azul que descansaba en un lateral de la cama ya tiempo atrás había guardado un tesoro incalculable. 



viernes, 11 de octubre de 2013

Baño solar.

Una caricia suave es lo que tenía su voz cuando la noche fue rasgada en mil pequeños acordes de una felicidad contenida con mil llaves y mil secretos ocultos en dos miradas. Una suave caricia final fue la nota de una orquesta que callaba poco a poco en una trémula y dulce moraleja de una historia contada con el aliento pero casi sin voz. La luna perlaba los cuerpos de dos amantes que se encontraban bañados en sudor. Dos sonrisas se mezclaban entre beso y beso; una era amplia y despertaba temor y desconfianza. La otra era sencillamente radiante y se convirtió en ese gesto de ternura que derretía los mas grandes corazones aunque la negación estuviera detrás de esos labios tan tentadores. Dejando atrás toda la gala de la apariencia, que nunca había existido en el interior de esos dos amantes, las miradas se prodigaban todo aquello que estaba al alcance de la imaginación de quien haya yacido con la mas bella dama en una noche de luna llena y sabedor de que ambos corazones estaban latiendo al mismo tiempo. Una mano pálida se deslizó suavemente por entre dos senos que subían y bajaban con la harmoniosa cadencia de un baile que minutos antes habían llevado a cabo. Dos ojos oscuros, dos lunas negras grandes como soles, se cerraron antes de volverse a abrir con una pequeña invitación, con un gesto de placer en su expresión facial que invitaba a sumirse en ese baile mas antiguo que el pensamiento de los sabios y las notas musicales.

-Desearía estar siempre contigo, que el tiempo se congelara. Se que es un tópico pero es así como me siento ahora mismo.-Con suavidad esa mano pálida se comenzó ahora a deslizar suavemente por su mejilla, estremeciéndose ambos por el contacto con la persona a la cual habían tenido tan cerca durante tanto tiempo y con quien habían compartido el mas dulce de los encuentros.- No puedo dejar de mirar esos ojos tuyos, que como bellos faros le dan sentido y guía a mi vida. La adoración que les guardo ya es conocida hasta por el mas ignorante de los animales del bosque, y ya no citemos a los humanos.

La risotada de ella se escuchó en todo el bosque e hizo que los pájaros de alrededor respondieran al mismo tiempos, algunos de ellos echando a volar en busca de esa llamada tan femenina que los atraía de forma irremediable. La sonrisa se mantuvo en esos labios tan cálidos y de tacto tan suave que podían aportar muchas sensaciones con la mínima acción de estos sobre cualquier parte del cuerpo de aquel que ahora la abrazaba con un calor renovado de fuerza y cariño. Una mano gentil y algo mas morena que la de ese amante blanco como una nube y ligero como tal tomó la de este y la entrelazo suavemente antes de decir:

-Que dulce...

No fue un "te quiero" y mucho menos un "te amo" pero esa forma de decir aquellas dos palabras eran la causa de que el corazón de quien la abrazaba en ese momento estuviera a punto de explotar de alegría y casi ponerse a saltar por todo el bosque de felicidad incontenida sin tapar lo mas mínimo su desnudez. Sin mas la abrazó fuertemente y le susurró suavemente el el oído

-Lo mas dulce que hay en este bosque, en este mundo y en mi mundo, justo aquí- dijo mientras tomaba su mano y hacía que la posara sobre su pálido torso.- eres tu. Eres sencillamente maravillosa- E inclinándose hacia ella la besó con la suavidad con que se aprecia el tejido mas exquisito y car del mundo, con la ternura con la que se mima al propio hijo la madre que lo acaba de traer al mundo. Ese beso fue una declaración de lo que bullía por dentro desde hace un tiempo interminable, en el que las palabras no servían para expresar todo un torrente de sentimientos que sirvieran como argumento o como ley para crear una realidad donde solamente existieran ellos. Del tímido contacto rápidamente se pasó a una confianza mayor aunque difícil de creer dado lo que habían hecho escasos momentos antes. Se separó lentamente para mirar de nuevo sus ojos y quedarse totalmente inmerso en esos dos abismos que parecían tener una luz al final del túnel. Y fue mas y mas profundo, cayendo a cada segundo mas en aquellos ojos tan bonitos que mas de una oratoria completa le habían dedicado. Abrasaban en pasión cuando su intención era seducir, que el corazón del hombre afortunado que viera ese mirar explotara en llamas azuladas de deseo.

La luna terminó su danza por el cielo y juntos vieron como amanecía. Él abrazaba a ella por detrás y le regalaba algún verso a su oído cada vez que la inspiración lo golpeaba con la sutileza con que ella hacía algún gesto para poder acomodarse, causando el consiguiente roce de los cuerpos que los hacía estremecer y ruborizar como niños. El aroma de ella era un perfume que dejaba rastros de deseo por todo el espíritu, recuerdos agradables de su presencia que se perdían en el límite de la imaginación. El embriagador aroma de su piel penetraba mas allá del sentido del olfato para no marcharse jamás del recuerdo de aquel ser amante que dejaba pequeños besos en el cuello, susurros en su oído y confesiones secretas en cada beso, una intención expresada con la mesura de quien no desea que eso termine jamás y teme un final abrupto. Así permanecieron, abrazados y sintiendo el baño de luz que el Sol les regalaba. Dejándose cautivar, cada segundo era como una flecha de sensaciones que llegaban hasta donde pocos podían ser capaces de describirlo en su respectivo idioma. El deseo mas animal se entremezclaban con la ternura mas poética, con las estrofas mas cálidas y voluptuosas salidas de los labios de ese caballero que era poeta dedicado a la inspiración de la Musa que tenía entre sus brazos. No era una ilusión, realmente estaba entre sus brazos, envuelta entre flores y hojas de un verde espectacular. Y eso le hacía feliz de una forma indescriptible.

Juntos, perfectamente juntos, los dos amantes se dedicaron de nuevo toda la atención entre besos, caricias, miradas, juegos, risas, susurros, sensaciones, calor, música proviniente de rosas de cristal. Y con ternura se dedicaron cada segundo como si fuera el último de sus vidas.


jueves, 26 de septiembre de 2013

Pensamiento de escritor 10 "Sus ojos"

Sus ojos son una fuente de luz, una risa permanente, una esperanza dormida que se convierten fuego o maternal ternura. Tiene ese poder de penetrar en el alma de la gente, de forma profunda, intensa, como el movimiento de vaivén apasionado de do amantes. Cuando mira parece que está tratando expresar mil detalles de su personalidad que esas dos luces son incapaces de expresar a la vez. A fin de cuentas la luz es inexplicable para quien trate de describirla. Tiene muchas miradas en las cuales expresa un sinfín de aspectos de su personalidad que me encandilan hasta el punto de decir basta. Puede ser sutil como la caricia de la seda, sensual como la mujer que aman en la noche y olvida en la mañana sin mediación alguna del alcohol, cálida como la madre que cuida del hijo enfermo, tierna como el pequeño corderito que ves en la granja y te mira con cara de "adóptame"

Todos los corazones que toca pasan a poseer una pequeña marca de su paso, del impacto de esos dos planetas misteriosos en su paso por la vida de muchas buenas personas que la seguirían hasta el fin del mundo. Todo eso es lo que hacen sus ojos. A veces pienso que si los miro mas tiempo del normal todo mi cuerpo podría colapsar en una explosión celestial de gozo y felicidad, de sobrecogimiento y sensaciones de gloria que pocos han experimentado, a excepción de grandes conquistadores militares o sensibles poetas. Son la mañana, la tarde y la noche en relación a la forma en la que brillan, una invitación a gozar un buen momento siempre que la respetes, una melodía muda, un mensaje encriptado en pequeños destellos de fondo oscuro como la noche misma que es su cabello. Mirar aquellos ojos es entrar en la un campo de obsidiana que cae abruptamente en un abismo de misterio y fascinación, hipnotismo; es caminar por delante del peligro de perderla y quizás que ella no decida buscarte nunca: es enfrentar una alegría demasiado grande para ser asimilado por los corazones enfermos de envidia o de deseo de posesión material y espiritual.

Cuando esos bellos ojos negros, o en su defecto oscuros, se posan en mi, es como que nada mas existe. La voluntad se marcha totalmente enloquecida a tratar de recuperarse de semejante golpe de luz en medio de mis dilatadas pupilas, el mundo material deja de existir y el único aire respirado es el del espacio que hay entre nuestras miradas; dado que por los ojos noi se puede respirar entonces comienza a faltarme el aire, empiezo a ponerme nervioso y si ella acompaña ese momento de una sonrisa o del sonido de su voz, es como un mazazo utopía en este mundo destrozado por la decadencia, la desidia y el odio. En ese momento no existen las leyes de los hombres, no existe la naturaleza o lo artificial. No hay mares ni ríos, ni puentes que cruzar y dejar atrás en el camino. Todo se cierra, se repliega en una cascada de luz proveniente de un fondo negro que parece engullir los ojos de todos aquellos que le sostengan la mirada.

El leve alargamiento del rabillo de tan bellos ojos le da un toque animal que puede ser el acabose para la cordura de muchos hombres que la desean por encima de banalidades y de cosas importantes como el dinero o la vida misma. Pueden hacer que los demonios se arrodillen, que los lobos aúllen una canción mil veces entonada pero nunca terminada, que las noches mas frías se conviertan en un cálido hogar de brillante negrura. esos ojos son el destello de los primeros y últimos rayos de sol y de Luna, la chispa que prende mi pasión, que me lleva a desearla como si fuera la amante perfecta, pues me tiene e en sus manos y yo no dudaría en confiar mi vida a esos ojos tan sabios, inteligentes, astutos, dulces, tiernos, seductores y bordes cuando está de broma o se hace la arrogante. Dibujo mil veces la línea de sus párpados en mi cabeza pensando en la curvatura que debe adquirir para poder expresar todas esas cosas y muchas mas.

Sus ojos son, en definitiva, esa magia que parecía perdida, esa rosa de los vientos que guía al viajero a través del mar de la vida. Su mirada es lo mas fascinante y hundirse en esos ojos es una experiencia que nunca olvidaré, una experiencia que engancha a todo aquel que tenga la fortuna de cruzársela en el camino de la vida y dejar por unos minutos que esa magia llene su corazón.


domingo, 8 de septiembre de 2013

A la Musa.

En su reino oscuro
despierta la Luna
y sin ningún disimulo
forma una cuna.

En esa noche descansa
envuelta en dos alas
una figura delgada
vestida de pura lana

La arropa un Lord,
un siervo fiel a ella.
Se deleita con su calor
con esa dama bella.

Para ti Musa de sueño
te dedico este poema.
Y sin ser lo mas bello
lo puedo hacer mi lema