miércoles, 17 de agosto de 2016

Un favor por un favor.

En medio de la ajetreada ciudad, se levantaba un lugar hecho para las grandes familias de inmigrantes que llegaban desde la bota europea. Dicho lugar se encontraba a los pies de una iglesia. Después de la misa, muchos creyentes temerosos de Dios iban aquel lugar para poder comer algo, tomar un refrigerio, descansar de la misa que daba el cura de la iglesia, un hombre bondadoso pero demasiado técnico y algo pesado en su insistencia por el amor a Dios. Eso al menos pensaba la niña que había llegado acompañada de dos adultos, presumiblemente sus padres. Estaba dotada de dos dones: el de la futura y arrebatadora belleza del norte de Europa y el de la mirada algo desconfiada hacia todo el entorno, por no mencionar una pequeña chispa de lo que parecía resentimiento o enfado. Sus acompañantes se habían sentado en una mesa, esperando a que les atendieran. Tras unos minutos llegó el dueño del establecimiento, un caballero atento y sonriente, entrado en carnes, de experimentado gusto para vinos, pastas, pescados, carnes y todo lo que se pudiera comer. Decían de aquel hombre que podía cocinar a una persona y sería el mejor plato caníbal que pudiera tomarse nadie en su vida.

   La escolta de la niña resultaba ser su tía y su padre, un hombre dado a las conversaciones cortas aunque cargadas de expresividad, genio de la medicina pero en absoluto arrogante, como mas de un compañero. Miraba a su hija con infinita adoración, observándola comer aquel enorme y generoso plato de pasta con la misma facilidad y rapidez con que se come unas pocas lonchas de queso. El hombre del grupo estaba también dando cuenta de su plato a la par que el local se iba vaciando y quedaba la clientela habitual, dejando todo regado de una maravillosa y discreta cacofonía de acentos italianos de diversas partes de aquel maravilloso país. Desde luego el acento de Lombardía no era igual que el acento del sur igual que el acento irlandés era distinto del escocés o el gallego del andaluz.

   Entonces entraron un grupo de cinco hombres, liderados por un sexto, el cual iba con un abrigo blanco. Contrastaba con las ropas mas discretas de sus acompañantes, en tonos marrones, grises o azul oscuro. La niña clavó sus ojos en las figuras. Todos eran altos, y a las claras mas fuertes que su padre, el cual nunca había destacado por un físico como el de aquellos señores. Todos estaban algo serios pero distendidos, menos el líder, que se mostraba ufano en todo momento, saludando a algunos clientes y siendo saludados con alegría por parte del dueño del local. la niña los miraba atentamente de vez en cuando, esperando ver que era lo que resultaba tan especial en aquellos hombres mas allá del aspecto amenazador de cinco de los seis invitados.

   Se sentaron a la mesa, en el rincón mas sombrío del lugar y aun así con una señal y un par de susurros junto a un "por supuesto, por supuesto", del bondadoso cocinero, camarero y dueño de ese lugar, retiraron un par de velas de los alrededores y la mesa se quedó un poco mas a oscuras. Al poco rato todos los comensales de esa mesa estaban degustando los exquisitos espaguetis, macarrones y raviolis con diversas salsas y bebidas para acompañar. Lo que la niña no vio es que el último en ser atendido parecía el líder de aquella curiosa panda de personas que parecían tener algo que ocultar.

   -Cariño.-Dijo entonces su tía, hasta ese momento callada, pues es de mala educación hablar cuando se está comiendo-Los vas a desgastar con la mirada. Además no son gente tan buena como puedan parecer.

   Su tía, aun con su edad, era una de las mujeres mas bella y elegantes de la ciudad, probablemente del país. Lo que ella decía siempre lo decía con toda educación, cuidado, respeto, sabiduría y sentido común. Cualquier prenda que se pusiera parecía hecha por uno de esos caros modistas europeos que vestían a reinas y reyes, e incluso a gente mas importante, si es que dicha gente existía. Su mirada siempre era serena, dulce, con una luz especial que había enamorado a mas de un hombre en los tiempos mozos y en los actuales.

   -¿Quienes son tía?.-Preguntó la niña, perfectamente enclavada en esa edad en la que se pregunta por todo. Su interés se acentuó mas y los volvió a mirar, dándose cuenta entonces de algo sorprendente. Uno de los hombres de la mesa le devolvió la mirada. La niña miró de nuevo a su tía.-Me gustaría saber quienes son. Por favor.-Dijo con un tono de voz de lo mas modesto y encantador.

   -Podría decirse que son unos señores que hacen favores a cambio de otros favores. No puedo decirte el tipo de favores que piden a cambio pero sí que hacen cosas no muy buenas. Al menos a corto, medio y largo plazo, hija.-Dijo su padre, mientras comía.- Es mejor que no te acerques a ellos.

Entonces de pronto se escuchó la voz del que parecía el jefe de aquella panda de criminales a los ojos del resto del mundo. Era una voz suave, pero igualmente poseía una gran proyección, como los buenos actores de teatro. El local, ya antes silencioso pareció callarse un poco mas mientras los hombres de aquel señor dirigían sus miradas hacia el dueño del establecimiento.

   -Luigi.-Dijo el hombre de blanco al dueño. Parecía algo contrariado-Me siento particularmente sorprendido en este día.
   -Signore, no entiendo que puede haber pasado.-Se disculpaba Luigi, sin siquiera saber cual era exactamente el problema, o si había incluso un problema en particular.
   -¡No! no quiero explicaciones-Le cortó el hombre, que al segundo estaba sonriendo- Bueno en realidad si quiero explicaciones de como es que no se me ha informado de tu mejoría en la cocina. Para empezar, ya me parecía la mejor pasta de la ciudad pero ahora me encuentro en estado de afirmar que podría ser la mejor pasta del país.

   El buen hombre, Luigi, suspiró de alivio. Aquel tipo de bromas por parte de los poderosos un día le iban a terminar pasando factura, así que sencillamente se dedicó a recibir el cumplido con toda modestia.

   -Signore Graziani, un día me va a dar usted un infarto.-Dijo entre risas y se retiró respetuosamente a la cocina.

   La niña se había quedado impresionada por aquella manera en la que aquel hombre estaba controlando toda la situación, como si el local fuera mas suyo que otra cosa. Tanto poder debía de provenir de algún tipo de fuente de origen. La preciosa damita era una asidua lectora de todo tipo de libros y entre ellos la fantasía era una de sus predilecciones. No era muy amiga de las delicadas princesas metidas en castillos protegidos por dragones, mas bien el gustaban las brujas, los hombres lobo y las grandes batallas entre el bien y el mal.

   Aun así la niña siguió comiendo, dejando a un lado sus pesquisas mentales. Los comensales seguían a lo suyo cuando de pronto otro estruendo en la mesa de los hombres peligrosos. Esta vez el hombre de blanco se llevaba las manos a la garganta y se estaba poniendo morado. Antes de que pudiera girarse a su padre para preguntarle que le estaba pasando, una sombra pasó por su lado, revolviéndole todo el cabello ante la velocidad a la que iba atender el caso de urgencia: su padre. Los siervos del hombre de blanco estaba mirando impotentes como su jefe moría.

   Y llegó el ángel salvador. El padre de la niña, aquel médico respetado entre los suyos, incluidos los arrogantes altos mandos de la medicina del país, tomó por la espalda al hombre que se ahogaba y practicaba una sencilla maniobra que había salvado miles, o cientos de miles de vidas a o largo de la historia. Al fin salió casi disparado, como en aquellas comedias del cine, la aceituna que estaba impidiendo respirar al hombre mas importante de la ciudad, y al mas temido. Todo el revuelo que se causó provocó que los hombres que acompañaban al de blanco se levantaran y que atendieran a su jefe en todo lo posterior a ser salvada su vida. Ya mas recuperado, tras beber un poco de buen vino, el hombre se dirigió al padre, ya con su hija y su cuñada al lado.

   -Usted...- Dijo el hombre de blanco, el señor Graziani, a su padre.-Usted me ha salvado la vida. Ha conservado el honor de la historia de mi familia al salvarme de una muerte tan vergonzosa. No puedo por menos que devolverle el favor así que le insto a que me pida lo que sea y haré todo lo que esté en mi mano para cumplirlo. No, no diga nada.-Dijo el hombre, recolocándose el abrigo que se le había caído al tenerlo suelto, únicamente colgando de los hombros al momento de sentarse.- ¿Hoy tienen algo que hacer?

   -No ha sido nada de verdad.-Dijo su padre, siempre tan modesto.-Es verdad que no todos los días se salva a un hombre de su porte, pero sin duda solo hacía lo que un médico debe hacer: salvar vídas o al menos hacerlas menos pesarosas.
   -Permítame que insista,buen hombre.-dijo el hombre vestido de blanco en aquel momento ya mas pálido, pues antes estaba azul.-Les invito a comer con la mia mamma.
   La niña miró a su padre, como recapacitaba sobre el hecho de ir a cenar con una persona algo peligrosa, por no decir mucho. Parecía bastante dudoso. Pero antes de que el buen hombre pudiera contestar de pronto la niña tiró del abrigo del hombre, del señor Graziani.
   -Señor. Hay algo que puede hacer por mi.-Dijo la niña, con sus grandes ojos. 
   En las caras de los súbditos de aquel hombre tan temido se formó una pequeña sonrisa. A muchos de ellos aquella niña probablemente les recordaba a su hija, o a alguna sobrina o quien sabe a que infante tan querida como temida ante sus relaciones. Uno de los hombres, quizás la mano derecha de aquel líder del crimen, hincó una rodilla en tierra y la miró largamente a los ojos. 
   -No creo que sea una agente encubierta jefe.-Dijo con una sonrisa algo mas acentuada.-Solamente quiere algo de venganza. 
   La niña miró desconfiadamente al hombre que había adivinado sus intenciones. 
   -Giorgio, no asuste a la pequeña dama con tus poderes psíquicos.-Dijo uno de los hombres mas grandes que la niña pudiera haber visto nunca, calvo, con un tatuaje que empezaba en el cuello y se perdía bajo la camisa arremangada de color pardo, continuando por los brazos hasta las dos manos.
   -¿Venganza?.-Dijo la mujer que era la tía de aquella pequeña criatura.-Cariño, no me digas que aun piensas en ese chico. 
   El hombre chasqueo los dedos y se dispuso a sentarse en el aire cuando de pronto había aparecido una silla que sus hombres habían corrido a poner debajo de sus poderosas posaderas. Colocó el tobillo de la pierna derecha sobre la rodilla izquierda, en una pose de lo mas distendida y se permitió de nuevo una sonrisa. 
  -Cuéntame tus desavenencias con ese...-El capo miró a la tía de la niña- chico
  -El muy estúpido...
  -Hija.-Se escuchó el tono de voz de su padre, muy inquisitivo.-Ese vocabulario
 -Perdón.-Dijo la niña rechinando los dientes ante la divertida vista de aquellos hombres tan grandes.-Un chico de mi colegio, con procederes muy poco educados, sustrajo de forma no muy educada mi bicicleta de donde se encontraba estacionada para a continuación perpetrar un acto de vandalismo tal que tirarla por un barranco cerca de donde nos encontramos.-La niña seguidamente suspiró tras el discurso. 
   -Caramba, tus padres te han dado una magnífica educación por lo que veo, pequeña ragazza.-Dijo el hombre de blanco. ¿Como se llama el pequeño vándalo que te ha hecho eso?
   -George Carlini.-Dijo la niña con algo de rabia en la voz. 
   -Le conozco.-Dijo el que supuestamente se llamaba Giorgio.

   A unas pocas calles, varios minutos después, el timbre sonaba en la casa de los Carlini. La señora Carlini, ama de casa de los pies a la cabeza, con una extraña tendencia a tontear con todo cuanto hombre se cruzaba sin que su marido se diera cuenta, abrió la puerta con su clásica sonrisa para recibir a quien fuera que viniera a su acogedora casa. la sonrisa se le borró cuando de pronto varios hombres, uno de ellos vestido de blanco y una niña agarrada de la mano del de blanco, se presentaron ante ella con toda educación y cortesía. 
   -¿Señora Carlini? ¿está su hijo George en casa? la bella Isabella dice que George ha hecho algo malo y querríamos aclararlo con él en unos pocos minutos. 

sábado, 23 de julio de 2016

En lo alto de la barricada.

La podredumbre cubría las calles, una crítica sutil de la propia naturaleza del hombre causada por el propio hombre. La ciudad se había visto castigada un día tras otro, una semana tras otra, un mes tras otro, por el sonido y el impacto de balas, el grito de los afligidos y los moribundos que invocaban a sus madres y a Dios para encontrar algo de consuelo. El tiempo, representado por nubes grises, parecía hacer justo homenaje a aquel enfrentamiento entre dos fuerzas tan iguales como diferentes en sus propósitos. En cada recoveco de la ciudad se sembraba la semilla de la conspiración, de la revolución o de la traición. En los grandes palacios, entre copas de plata y abrigos de vison, lo mismo pero dicho todo de forma mas pomposa y aderezado por antiguos rencores y envidias. Entre copas de caros alcoholes las sonrisas afiladas y las dagas se afilaban para echarle posteriormente la culpa a los de abajo, a la pobreza social e intelectual de los bajos fondos de la ciudad, de esa ciudad que hasta hace poco había vivido en paz y armonía.

Todo aquello no le pasaba desapercibido al encargado de placar a las masas, de darles el mas justo castigo a aquellos que contradecían la palabra del emperador. Era un hombre de rasgos duros, de corazón frío pero de cabeza clara y juicio justo. Ningún hombre lo contradecía, ninguna mujer se entrometía en su camino con guiños de ojo o trucos variados de seducción. Su claro objetivo era encontrar de nuevo la paz para el reino, para el hombre que estaba inmediatamente por encima de él e inmediatamente por debajo de Dios. El general encargado de aquella revolución armada por parte de las clases bajas, instigada por algunos interesados de las clases altas lo daría todo por la paz del reino, incluso la propia vida si era necesario.

Todo comenzó como comienzan las revoluciones, con hambre, con oídos sordos por parte de la nobleza y con los jactanciosos comentarios de un merecido destino para los pobres por parte de estos últimos. Entonces sucede lo inevitable, y un ciudadano anónimo de alta cuna que luego se descubre que es hijo de algún conde, marqués o duque, es apuñalado por la desesperación y el hambre de unos pocos "delincuentes" que lo encontraron en el momento y lugar equivocados para su vida. A los pocos días todo era un hervidero de riñas, trifulcas y los primeros disturbios comenzaron. Aquello al general no le gustó desde el primer día. Se encontraba conversando con una duquesa famosa por su ingenio e inteligencia así como por una curiosa tendencia a teñirse algunos mechones de algún color impropio de los tonos naturales, cuando un oficial entró para interrumpirlos. Una mirada fría taladró al pobre enviado, de apenas unos 20 años aunque con trazas de llegar a general con menos de treinta

-Señor.-Dijo el oficial mientras saludaba con una inclinación a la dama presente.-Se le requiere en la misa de esta tarde por la muerte del hijo de Marqués.
-Dile a los interesados que ahí estaré.-Dijo sin mas y siguió su conversación.
Una vez el subalterno se había marchado, la duquesa que hablaba antes con el general lo miró fijamente.
-No te gusta lo que estás haciendo.-No era una pregunta, era una afirmación.
-Es obvio que no, maldita sea- Le dijo a la que era una de sus mejores amigas.-Cada mañana, después de los enfrentamientos nocturnos, si con suerte hemos logrado echarlos de su posición, paseo entre los cadáveres. Los cuento uno a uno y me paro a ver sus rostros. ¿Sabes cuantos hombres hay entre esos cadáveres?
-No,- Dijo la Duquesa, acercándose un poco, prestándole algo mas de apoyo presencial.
-Tantos como mujeres, y del total una décima parte apenas pasa de los veinte años. Soy un asesino de niños.
-No eres ningún asesino de niños, No los aguantas, pero no llegarías al punto de matarlos-Le dijo la dama.- Por Dios dime que después de dos descargas con esos fusiles, por muy de chispa que sean, acertáis distinguir un hombre de un caballo a mas de quince metros entre todo el humo y te llamaré mentiroso con todas las de la ley.

El general no respondió nada, la duquesa en parte tenía razón. Muchas veces, después de los disparos se escuchaba los gritos de los rebeldes: "ese era mi hermano, malditos cabrones, me vengaré" o "Mi hijo no os hizo nada, solo era un niño".
-¿Como está la moral de tus hombres?
-Cada día un poco peor, no todos son hijos de gente rica, algunos son gente humilde que han llegado a la academia y han completado decentemente el entrenamiento. El otro día uno de mis consejeros tuvo el valor de enterrar a un familiar suyo que había muerto al otro lado de la barricada. me sorprendió que no lo capturaran.
-Eso quiere decir una cosa.-Dijo la mujer mientras tomaba un sorbo de una copa de bourbon.
-¿Que quiere decir?.-Preguntó con todo el interés del mundo.
-Que su líder tiene tanto respeto hacia el enemigo y los muertos como tú. No es una mala persona. Seguramente sea alguien carismático, con mucha cultura y don de gentes. Aunar a toda una ciudad es algo difícil pero aunar a los gremios bajos así como a los indigentes es algo casi de epopeya o leyenda.
-¿Como deduces todo eso?.-pregunto el general, entrecerrando levemente los ojos. No es que desconfiara de su amiga, pero tanta agudeza intelectual hacia que los hombres se le pusieran a la defensiva, algo que hasta hace poco le hacía cierta gracia.
-Intuición femenina y quizás algunos contactos.-dijo ella con una sonrisa a medias.
El general la miró durante largo rato. No le gustaba implicar a sus amistades no castrenses en la vida castrense y mas en los asuntos de Estado, y aquello no sería una excepción.
-Entiendo,-Dijo el general.-Es una pena que tenga que retirarme en estos momentos, tengo que sistir a una misa.
-Pero si es por la tarde, general.-Dijo la mujer.
-Necesito mucho tiempo para mentalizarme para estas cosas. la guerra es fácil, los rituales religiosos, una pesadilla. Creo en Dios pero se demasiadas cosas de la Iglesia para cumplir tales actos de hipocresía con entereza.

El acto fue como siempre, entre pan de oro, hilos de oro, altares dorados, todo lleno de humildad, se celebró el acto por la muerte de ese joven que había sido el inicio de todo aquello a lo que el general se tuvo que enfrentar. El general no fue precisamente al acto totalmente desinformado. Sabía que el pobre chaval era hijo de alguien realmente rico,acostumbrado a la riqueza, culto y trataba bien a los sirvientes del palacete que tenían cerca de la capital. Su apuesta estampa le había facilitado muchos encuentros de una o dos noches con mujeres de alta y baja cuna. Lo peor fue enterarse de cierta anécdota. Su espía, cuando se lo contaba se tomó un rato para decirlo.

-El chico quería pertenecer al ejército, general.- dijo la informante, una de las doncellas pertenecientes a familia afectada por la pérdida.- Aseguraba que tenía en alta estima a su persona, que deseaba entrar a sus órdenes e imitar todos sus actos y gestos de carácter histórico, aquello que le había dado la fama. Y también dijo que, en caso de morir...-la buena mujer tenía lágrimas en los ojos.-lo haría por el Emperador y usted estaría orgulloso.-Y acto seguido se echó a llorar.

El general en esos momentos no pudo sentir mas tristeza, mas pena por una vida que se desechaba por el acto cobarde de unos miserables. Siempre tuvo algunas discrepancias con la clase noble a pesar de ser un general, el mejor de su tiempo. Nunca entendió sus juegos de estrategias con palabras y control de otras personas a través de cartas, rumores o sencillamente veneno, no era honorable mas allá de un par de excepciones que manejaran la dialéctica y la oratoria de forma sublime en los debates sobre el Imperio. había visto cosas terribles en el campo de batalla, pero el campo de batalla siempre era sincero, demostraba quien estaba cualificado para seguir adelante en la escala de mando y quien no.
-Mi jefe dice que lamenta mucho el acto cobarde que sufrió el chico.-Dijo un hombre vestido con elegantes galas a su lado.
El general lo miró atentamente, justo cuando se disponían todos a rezar durante un minuto en completo silencio, justo antes de decretarse ese minuto. Miró su rostro, duro, con ojeras, como el hombre que debe esforzarse al máximo por alimentar a una familia. El resto de hombres en la sala eran gente que dormía sabiendo que la servidumbre le haría todo el trabajo. Y sus manos no tenían callos de espada, tenían callos de trabajar, de trabajar a la luz del sol mas inmisericorde y con el frío mas cruel delos inviernos en la región de la que fuera que viniera. Y su piel era morena por ese mismo sol. El hombre a su lado sonrió un poco. Le faltaban un par de dientes, algo inconcebible en aquella clase acomodada.

Mas tarde, en un lugar a solas, el supuesto noble le habló con todo respeto y confianza, tratándolo como si fuera una figura de máximo respeto y no un enemigo odioso.
-Quien me envía le asegura que los responsables han recibido su justo castigo, pero que lamenta que todo se haya desproporcionado tanto en sus consecuencias.
-Celebro la noticia pero no puedo evitar preguntarme como es posible que... -No sabía como seguir hablando.
-¿Como es posible que alguien de la baja ralea de mi persona vista así y se presente ante usted pasando toda la seguridad del perímetro? ¿De donde vienen todas las doncellas y algunas damas de compañía de los nobles que ahora nos rodean? Exacto, de las bajas calles mas allá del río, cuyos puentes son el paso entre el mundo de los vivos.-Dijo, señalándose así mismo.- y el de los muertos.-Afirmó haciendo un gesto a todos los presentes, pero sin incluir al general.-Usted es distinto.-Y sin mas dio media vuelta y se fue, despareciendo antes de que pudiera decir nada aquel hombre que servía al emperador y siempre tenía la última palabra, salvo en aquella ocasión.

Los meses pasaron con pequeñas escaramuzas por parte de ciudadanos y mercenarios o soldados del Imperio. El general se movía de una humilde cama a la sala de mando y de ahí de nuevo a la cama hasta que entraba algún despechado o mensaje urgente y tenía que volver a la acción. Todo era una lluvia de violencia que luego se veía reflejado en informes con números fríos que hablaban de caídos y desparecidos. hasta que llegó el día que el general conocería a su enemigo.

Fue durante unos disturbios en los que todo apuntaba a una alta concentración de tropas por parte de ambos bandos. El campo de batalla como siempre fueron las calles aledañas a los puentes de acceso entre ambos sectores de la ciudad. El Emperador en persona había pedido al general que acabara con ello de una vez por todas. O al menos eso es lo que la versión oficial aseguraba. 

Las calles habían sido vaciada s y cada uno de los residentes de la ciudad capital se habían metido en sus casas. Las filas del ejército avanzaban poco a poco en lo que se supone que era la calle principal donde los rebeldes se habían atrincherado con varias barricadas. Ya se habían producido escaramuzas y los primeros cadáveres de soldados y civiles se empezaban a amontonar a los lados de las calles.  De pronto un disparo, luego otro y seguidamente una ciento de ellos mas. Por todas partes estaban saliendo cañones de fusil, desde las ventanas o desde sótanos escondidos por toda al ciudad. Aquella encerrona no amilanó al general, que sacando su pistola y espada, se dispuso a luchar. Por todos lados salían enemigos, personas que podrían ser trabajadores de una panadería o encargados de la limpieza de algún castillo. ricos comerciantes (dudosamente) o sencillos granjeros (probablemente). Finalmente lograron repeler a la primera oleada, que se refugió detrás de una de las barricadas.

El general mandó hacer recuento de tropas aunque estaba haciendo ya su propia cuenta de toda la gente que había muerto. Aproximadamente mas de 40 personas en menos de cinco minutos. Y no discriminaban, pues uno delos fallecidos era un anciano de quizás sesenta años y mas alla un niño de catorce. la guerra era cruel, pero el general no se ablandaría, mas tampoco perdería lacabeza por vengar a sus hombres. Entonces lo vió. 

Su amiga tenía razón, a medias. Desde aquella distancia podría haber visto perfectamente de quien se trataba, haber distinguido sus rasgos para tener un rostro que perseguir y eliminar en nombre del Emperador, pero el humo y ese día una espesa niebla lo rodeaban todo. Aquella figura había sido quizás la responsable de todo aquello junto con él mismo, el líder que había guiado a toda aquella gente hasta la muerte por un sueño quizás imposible, pero con el suficiente carisma para empujarlos hasta la muerte sin dudar. Y el valor que demostraba subiéndose a lo alto de aquella barricada, alzando su rudimentaria arma en alto, la agitaba un poco por encima de la cabeza, como en señal de saludo. Aquel era quizás el mayor rival que jamás había tenido, y eso un caballero como él debía respetarlo, por lo que alzó la mano a la antigua usanza de los caballeros de hace siglos y ambos contendientes se retiraron a sus refugios hasta la próxima batalla.

sábado, 18 de junio de 2016

El caballero, la Reina y el hombre feliz.

En un reino muy lejano vivía una princesa con toda su correspondiente corte de doncellas y caballeros a su servicio. La princesa, si bien será la protagonista de esta historia, tenía a su madre, la Reina, en gran estima. Y la Reina veía todo el bien del mundo en su hija. Los grandes salones de aquel castillo había visto crecer a ambas en su momento. Los grandes tapices de aquel lugar había sido testigos de todos los encuentros y reuniones de clubes secretos infantiles con consignas como "No se admiten niñas" o "Los chicos son tontos y apestan". Obviamente,aquellos niños, amigos de la princesa, eran hijos de nobles mas o menos bien avenidos y que guardaban gran devoción por la Reina. Esta no solamente era sabia sino que además era muy bella, de humor ingenioso y a veces, cuando se daba la ocasión, con tintes picantes o ácidos. la princesa era todo inocencia, la pureza misma hecha persona en un cuerpo de una niña que ese día cumplía diez años.

Como en todo castillo o reino se establecía una jerarquía y todos tenían a la Reina y su hija por los dos eslabones mas altos de la cadena de mando político, económico, social y militar. En lo tocante a esto último el reino contaba con un muy eficiente ejército que podría entrar en combate en cualquier momento. En sus filas había estrategas, generales avezados y de gran fama y nobles caballeros que montarían sus caballos solo para ir hasta la otra punta del mundo a asistir a los aliados de la Reina si era necesario. Entre dichos caballeros había de todo: caballeros buenos, no tan bueno, ricos, "pobres", altos, bajos, listos,no tan listos, ingeniosos, galantes y un largo etcétera. Todos estos hombres se repartían a lo largo del reino aunque siempre procuraban estar lo mas cerca de la sala del trono geográficamente hablando. Además todos aquellos caballeros había tenido en frente de ellos a la Reina o a la princesa en alguna ocasión de sus vidas y todos mostraban sus mejores galas y sonrisas para poder ganarse el favor de aquellas dos damas. A excepción de una sola persona.

Aquella excepción ese día se había puesto una armadura mas ligera para poderse mover con libertad entre los invitados de la fiesta. No era ni mas ni menos que el día del cumpleaños de la princesa. Le habían confeccionado entre todas las grandes modistas del barrio mas lujoso de la ciudad capital uno de los vestidos mas bonitos, de color verde y dorado. Aquella excepción fue una de las primeras personas, junto a la madre de la princesa, en verla con ese vestido. Se la veía realmente feliz de tener uno de los vestidos mas bellos de todo el reino, si no seguramente el mas bello de todos en varias generaciones del futuro de aquel reino. Algunos hasta decían que seres mágicos habían participado junto a las costureras para darle un toque de inefable elegancia. La excepción no estaba de acuerdo. Aquella excepción sabía demasiado bien como iban las cosas. Cuando eres un caballero tan cercano a la Reina sabes muchas cosas.

El caballero era un hombre que había servido a unos cuantos reyes antes de llegar a aquel lugar y a aquel momento. Todo obedeció a dos sucesiones muy rápidas; primero murió el Viejo Rey, con mas de ciento veinte años. Todos le querían pero ciertamente sus últimas decisiones habían sumido al reino en un caos. El caballero en aquella época solo era escudero al servicio de un Lord que había apoltronado su culo y era amigo de mujeres licenciosas y los grandes ríos de alcohol delas fiestas. Murió aquejado de una enfermedad cuyos síntomas eran una mujer celosa y además adicta a la riqueza. Nadie se hizo cargo de él y no le quedó mas remedio que ingresar en la Academia de Caballeros Militares.

Al poco tiempo subió al trono el Rey Padre, de corazón bondadoso. En aquel momento el caballero, siempre serio, poco dado a la conversación salvo con sus camaradas de armas y poco mas, ya se encontraba en todos los eventos importantes con el Rey Padre, querido por su pueblo, pero rodeado de enemigos no tan interesados en el bienestar de la "plebe". La primera vez que el caballero lloró (algo que solo vieron unos pocos afortunados) fue por obra y desgracia de la muerte de ese buen hombre, tras solo seis años de reinado. Unos dicen que de muerte natural aunque las conspìraciones manaban por todos lados desde hacía meses. Entonces la Princesa fue Reina, se casó con un gran hombre, este murió en batalla y ahora la situación era la que se desarrollaba en esos momentos.

Todos los pensamientos del caballero se cortaron cuando la Princesa se presentó ante el,vestido dorado y verde en ristre y se puso a girar a su alrededor, riendo y bailando junto a unas cuantas amigas mas. Todos la adoraban y,aunque el caballero no movía un solo músculo de su rostro, miraba siempre hacia la Princesa cuando no hacia la Reina para asegurarse de que estaba cómoda. En ese momento, la máxima mandataria del reino se encontraba acompañada de un par de hombres, probablemente comerciantes por la forma de vestir, que trataban de agasajar a la Reina para que esta cediera su mano a uno de los dos. Siempre que presenciaba aquella escena el caballero llevaba una mano a la espada deforma muy sutil. Era perfectamente consciente de la incomodidad que pasaba a veces la Reina en compañía de gente tan interesada pero en absoluto interesante.

-Caballero.-Dijo de pronto la princesa. Al obtener su atención ella y todas sus amigas hicieron una reverencia y se marcharon corriendo entre risotadas.
El caballero la siguió con la mirada, observando como se relacionaba con los otros hijos de nobles y algunos hijos de gentes mas humildes.El caballero nose había opuesto a aquella idea pero cuando se le consultó le dijo a la Reina:

-Majestad, sin duda vuestro acto de generosidad se hablará mas allá de las fronteras de este reino.-Dijo el caballero, rodilla en tierra tras entrar en la sala de reuniones.
La reina lo miró con una pequeña sonrisa.
-¿Pero...? y no tenéis que arrodillaros, milord.-Dijo la reina en ese momento, hace unas pocas semanas, mientras bebía su té junto a su hija.
-Pero he estado en otras fiestas de la alta sociedad, majestad.-Dijo el caballero.-He visto a mas de un niño noble pegar a otro porque se creía en la capacidad de hacerlo al ampararle el poder de su padre. Invitar a niños de otros extractos sociales podría causar muchos problemas. Apoyo plenamente la propuesta pero como dijo una vez un hombre muy sabio: fuerza de la naturaleza mas destructiva que un niño noble consentido.
-Caballero.-Dijo la Reina tras tomar otro sorbo de té.-Estoy segura de que todos esos niños nobles vendrán de buena voluntad y dispuestos a compartir buenas experiencias con la gente de menor ralea.

Y ahí estaban, los hijos de muchos aldeanos y comerciantes. Los herederos de grandes fortunas o de una  simple casita en medio de la nada con unos pocos campos. Y asombrosamente se estaban comportando con una cierta decencia excluyendo algunos tonos de voz demasiado agudos, fruto de la infancia o prepubertad. El caballero iba paseando la mirada de rostro en rostro. A los pocos minutos de comenzar la fiesta ya había un par de ellos que no le hacían mucha gracia pero de momento no había causado un altercado mayor. Nunca tuvo facilidad para leer las caras, o para recolectar información importante. Él solo era una armadura, una espada y muchos buenos reflejos que le permitían interceptar ataques de otras armaduras con otras espadas.

Se abrió la puerta y entró todo lo que el caballero nunca sería. Aquel hombre que pasó por la puerta iba vestido elegantemente con las ropas mas oscuras de todo el salón de fiesta, algo totalmente necesario para su profesión. Se dirigió directamente hacia la Reina, a la cual dedicó una sonrisa afilada, ladina hasta decir basta; pareciera que estaba a punto de echarse sobre ella ey devorarla como un lobo se lanza sobre un carnero. Aunque seguramente sabría que podría dar el primer mordisco pero no el segundo. La Reina correspondió al saludo y ofreció su mano. El recién llegado se la besó. El caballero se ponía muy nervioso cuando veía ese tipo de actos. Algo que a la Reina no le pasó desapercibido.

-Milord.-Dijo la Reina con una reverencia.-Que honor teneros en la fiesta de cumpleaños de mi hija.Os había mandado a una misión lejos de aquí.
-Y la he completado, Majestad. El Reino puede descansar tranquilamente con respecto a las amenazas del este.
-Y tan poético como siempre. me complace que....¿Que ocurre, noble caballero?
-Muy bonito el halago majestad pero...-El hombre encargado de las misiones mas oscuras de la Corona se quedó en silencio.-Ahhh no, no es nada,solamente dos mujeres de avanzada edad criticando su vestido, Reina de los sueños de todos nosotros.
-Y tan halagador.-La Reina hizo una reverencia y su mirada se desvió hacia una damita que rápidamente se agarró a una de las piernas del caballero de negro.

El caballero compuso su mas pedante gesto y miró a la damita. Era la Princesa. Entonces el rostro cambió completamente.
-Mi dulce, encantadora y veleidosa princesa.-Dijo el encargado de las informaciones secretas. Al momento estaba arrodillado abrazándola y sacándose de una de sus mangas un pequeño bote de cristal con una sustancia que parecía cambiar de color constantemente.-Os he traído un regalo.
-¿Otro de vuestros mejunjes para causar diarreas?.-Dijo una voz a su espalda.
El espía se giró y se encontró con un hombre de armadura y espada enfundada, el caballero, que lo miraba con desconfianza.
-Vaya vaya, veo que tienes la habitual cara de estar divirtiéndote. No, no es un laxante, como se diría en términos mas científicos. Es mucho mejor. Prncesa.-Dijo el hombre de negro.-Confíeme su dedo.

La Princesa le confió el dedo y este hombre extraño metió el dedo de la princesa en el bote.
-Es viscoso.-Acercó un poco la nariz.-Aunque huele bien.
-Ahora piense en el color que quiera, concéntrese mucho en ese color y toque su vestido, Excelencia.-Dijo el que era considerado una especie de ángel dela muerte del Reino.

La Princesa hizo como el espía el enviado le ordenó, pensando mucho en el color de las hojas del otoño cuando estas caen al suelo.A la Princesa le encantaba pisarlas cuando se amontonaban a cientos o miles en el suelo de los parques del palacio. Entonces una mancha marrón tiño el vestido dorado y verde y se fue extendiendo por toda la tela hasta convertirlo en un vestido marrón y dorado,hasta dándole el aspecto quebradizo de las hojas del otoño.

-¡Me encanta gracias gracias gracias!.-Dijo la Princesa, abrazándose al considerado como encargado de los asuntos secretos del Reino.
-Todo por la felicidad de la Familia Real, Excelencia, con o sin laxantes.-Dijo el hombre vestido de negro, mirando de reojo al caballero. Aquella historia aun perduraba entre algunos integrantes de la Corte Real. El caballero había tenido que luchar mucho y había necesitado de las artes del hombre que en ese momento abrazaba a la Princesa para mantener la reputación intacta.
-Es sin duda un regalo acorde a las artes y capacidades de uno de mis mas fieles sirvientes, sin duda.-Dijo la Reina mientras acariciaba el cabello de su hija.- Para mi sería un placer poder...
-Majestad.-le cortó el hombre de negro.-Un paso a la derecha.

Su majestad hizo caso y dio un paso a la derecha mientras el caballero miraba desconcertado al tipo de extrañas maneras, que justo en ese momento sacaba un objeto redondo y lo colocaba justo a la altura de donde momentos antes estaba el corazón de la Reina. al segundo una flecha se clavaba en el corazón exacto de la manzana Un atentado:
El vestido de negro se giró levemente y miró justo detrásde uno de los pendones que colgaba en lo alto:
-Te encontré pequeño pequeño hijo de...

El caballero no dudó un solo segundo en gritar un poderoso "¡Guardia a mi, Su Majestad está en peligro!" y al momento mas de cincuenta escudos y espadas estaban rodeando a la Reina y sacándola del lugar junto con su hija. Cuando se giró el caballero para localizar al tirador su otro interlocutor anterior ya estaba volando a través del sistema de poleas que sostenía una de las lámparas del salón del trono, en la cual se celebraba la fiesta y mientras la bella obra de arte descendía el cuerpo del otro "caballero" ascendía justo frente al asesino, o proyecto de asesino. En un abrir y cerrar de ojos otros quince hombres rodearon al que pretendía cometer regicidio y se le echaron encima como cuervos.

Mientras tanto el caballero acompañaba a la Reina y a la Princesa a lugar seguro. Todos los soldados ya estaban asegurando el perímetro y estableciendo las guardias.

-¿Que ha pasado, caballero? Todo ha sucedido demasiado rápido.-Dijo la Princesa mientras corría pasillo a través hacia las habitaciones de la torre mas alta, sencilla de defender y de proteger.
-Han intentado atentar contra la vida de vuestra madre, Excelencia, y contra la vuestra, dicho sea de paso- Dijo el caballero mientras abría la puerta de la habitación y se refugiaban dentro.-Iré a ver como están las cosas.
Una pequeña mano detuvo al caballero en ese momento.
-No, quédate, me siento mas segura contigo.-Dijo la Princesa, con esos grandes ojos mirándole desde abajo.
El caballero sentía que debía de ir,siempre le había llamado la batalla pero pocas cosas sepodían resistir a esos ojos,clavados a los de su madre, y su corazón no era una de ellas.

En el sitio donde transcurría la fiesta todos los invitados ya habían sido desalojados entre airados aspavientos y críticas a la seguridad de aquel castillo. Algunos señores juzgaban intolerable que se colara un truhán de semejante estofa entre la mas alta nobleza, que ellos lo habría hecho mucho mejor en sus castillos mucho mas defendibles. entre todos aquellos hombres también había gestos de preocupación, palabras de esperanza de que todo saliera bien. Los guardias que no habían escoltado a la Reina y su hija estaban coordinando la evacuación completa de todo el castillo. Entretanto, desde la sombra todos los informadores habían comenzado a moverse. No se les veía venir nunca, no eran un encantador caballero vestido de oscuro que portaba dos grandes dagas envenenadas y tenía aires de grandeza, como lo era su jefe. Ellos estaban bien entrenados, como su jefe, solo que eran mas discretos. Aunque ciertamente carecían del sentido del honor del que estaban provistos los caballeros que habitualmente rodeaban a la Reina. Lo cierto es que se decía, contaba la leyenda,que el jefe del servicio de inteligencia de aquel reino era un antiguo caballero caído en desgracia que había descubierto su verdadera vocación de servir de otra manera a Su Majestad.

En aquel mismo momento ese mismo caballero oscuro estaba ocupado hablando animadamente con unos cuantos de sus hombres.
-Chicos, se que sois muy responsables y os gusta aseguraros de que nadie salga herido.-Dijo el hombre señalando el maltrecho cuerpo del agresor de la Reina.-Le habéis desgarrado una mejilla, roto las dos piernas, tres costillas y cuatro o cinco dedos, ya ni yo lo se.
-Señor, usted nos dijo que mas vale un prisionero maltrecho que la Reina con una flecha en el pecho.
-Y eso es cierto.-Dijo el hombre sonriendo con unas maneras poco cómodas para mas de un sospechoso.-Comenzad la búsqueda por toda la ciudad de rumores, informaciones y demás. Yo me encargo de él..-Dijo, ya mucho mas serio, el encargado de los informadores.

Durante varias horas, las respuestas que proporcionaba el capturado eran de apenas una palabra a frases completas y luego discursos perfectamente declamados. Cada uno de sus músculos fue sometido a un tratamiento de belleza que mejoraría su aspecto con mucha fuerza expresada en cada facción de su rostro. 
-Todo el mundo piensa que este es el reino mas feliz del mundo.Y lo es. Gracias a mi, amigo mio. Por obra y gracias de mis amigas todos vosotros, tú y tus amigos, vais a morir de forma dolorosa, porque tocáis lo que no hay que tocar y tratáis de asesinar ya quien no hay que asesinar.-Decía mientras taladraba poco a poco una parte de su pierna, creando un agujero perfecto. Los gritos serían inconfundiblemente altos, demasiado dolorosos para ocultarlos a algunas personas de alrededor. de no ser por la mordaza que le tañaba la boca cuando se iniciaba una  nueva sesión de belleza.- Tratar de matar a la Reina y su hija, con lo dulces y buenas que son. Lo tuyo no tiene perdón.-Continuó mientras agarraba un par de pinzas. 

Y mientras todo esto se producía, el caballero se encontraba rodeado de niños ydamas de lacorte, escuchando alguna de sus anécdotas, con la Reina en su trono, mientras lafiesta, mucho mas calmada y tensa pero aun en marcha, seguía su curso. 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Pensamiento de Escritor 23: "Corazón de cristal"

Hace unos días me levanté bastante temprano para poder recibir los rostros de felicidad, lágrimas y demás señales de percepción de injusta indignación de muchos de mis amigos en el día de las notas. Dos bellas damas me abrazaron, felices por aprobar todas y por tanto pasar a lasiguiente fase de su vida estudiantil o laboral. Quien sabe.

Una de ellas me abrazó con mucha fuerza, provocando en mi se agradable dolor dela pasional alegría por una feliz noticia. Y yo le dije "Querida, que soy de cristal, ten cuidado". Obviamente, en un primer momento alguien pensaría en la enfermedad de los huesos de cristal y yo pensé en dicha y desafortunada dolencia que afecta a miles de personas en todo el mundo, pero luego estuve reflexionando y creo que soy víctima de una enfermedad que afecta a incluso muchas mas personas, sobretodo a jóvenes, como a esas personas, damas y caballeros encantadoras y dignos de alabanza, que hoy fueron a recoger los resultados de su esfuerzo.

A esa dolencia espiritual (entendiendo por espiritual algo mas bien metafísico o psico-sociológico) la bauticé como "síndrome del corazón de cristal."

Para mi esa enfermedad es uno de los grandes cánceres del mundo, del ser humano concretamente. Piensen en un corazón hecho de cristal que milagrosamente está vivo. La vida es un milagro en sí, una cuestión inexplicable para la ciencia a día de hoy. Bien, pues imaginen nuestro corazón hecho de cristal. Tendríamos que tener mucho cuidado en lo que comemos, en como nos movemos, en no recibir golpes muy fuertes a la altura del pecho para que este no se quebrara y morir.

En un nivel mucho mas profundo, mas intangible, es mas, casi inefable, el corazón de cristal es la dolencia que afecta a aquellas personas que emocionalmente son algo delicadas, es mas, que son muy delicadas, o incluso que temen al dolor de una formas casi enfermiza, que están llenas de temor por su propia seguridad sentimental, emocional y vital en casi todos los aspectos. Pero a mi lo que me tiene mas intrigado es esta dolencia en los jóvenes y como la tratan de esconder.

Algunos tratan de esconder su corazón de cristal reduciendo los latidos, quitando importancia a los actos de la vida que podrían enriquecerle, por ansias de no ser protagonista siquiera de su propia existencia, apagando su personalidad o sus problemas a los ojos de los demás.

Otros les ponen decoraciones que apenas pueden llegar a ser simple bisutería, los rodean y llenan de una vida oscura y pensamientos banales y llenos de superficialidad. Cuando se observa un corazón así, yo no puedo evitar sentirme un tanto confuso. Los corazones de cristal normalmente están llenos de algo realmente valioso pero al mismo tiempo frágil. Y tal ocultación de la verdad me parece cuanto menos abyecto.

Los hay que muestran un corazón astillado, por golpes duros de la vida, pero en vez de limarlo y arreglarlo lo mejor posible (nunca será igual,obviamente)le sacan punta a esas astillas, tratan de que todo aquel que intente tocarlo salga herido por su propio temor de ser herido de nuevo. Y no es raro ver una capa de silencio entre las espinas y muchísima indecisión.

Muchas personas recubren o meten el corazón de cristal en una caja de madera. Dicha caja de madera parece muy bonita, casi podríamos apreciarla como algo elaborado por un experto en la talla de dicho material, pero cuando nos fijamos vemos una cantidad insana de defectos. Esos defectos aparentemente tan bonitos son una sonrisa falsa y sobretodo ese orgullo y arrogancia tan cargante que solo es capaz de transmitir al cristal no solo una ausencia total de luz sino también toda una plaga de aflicción rayana en lo absurdo.

Los hay que se auto-convencen de un amor que no existe, que golpean el corazón como si en vez de cristal fuera acero y con todo el calor de la pasión o una engañosa y excesiva cercanía usan a las demás personas (generalmente con falta de autoestima) para afianzarse ellas en la autoconvicción de su sanidad sentimental cuando solamente son niños y niñas caprichosas que no saben lo que quieren en la vida.

Luego está el peor tipo de paciente de esta enfermedad, que tiene algo en común con todas las enfermedades del mundo. Entre todos los dolientes siempre está el que no quiere aceptar su fragilidad y mezcla todo lo citado anteriormente dando resultados curiosos como frías puntas que queman con gélidas ventistas de silencios tensos, cercanías opresivas que tras una sonrisa esconden un veneno compuesto de baja autoestima y sentimiento constante de amenaza así como un deseo absoluto de control sobre todo y especial mención a todos los que le rodean. Y así en un sinfín de complejas mezclas y monstruosos híbridos.

¿La cura para esto? Pues puede ir desde un "me gustas" hasta arreglar de forma madura el problema que se tenga con la pareja y no temer a amar o a vivir la vida junto a alguien. Si esa persona es normal nova a retenerte a tu lado nunca, sencillamante amará la libertad de la cual se enamoró.

Podrán encontrar la página de la talentosa 
y bella autorade tan magnífica imagen  aquí

lunes, 23 de mayo de 2016

Una luz herida (2ª parte)

Nota previa: la primera parte la podrán encontrar pinchando aquí

La recién llegada mostró su tarjeta de identificación al guarda de seguridad, que la miró taciturno, claramente harto del trabajo que le tocaba desempeñar en aquella cárcel de máxima seguridad. Las baldosas del suelo eran de mármol blanco y todo presentaba un aspecto de lo mas aséptico para tratarse de una prisión, mas bien parecía un hospital, el cual no dejaba de serlo. La doctora fue escoltada por aquel guarda, uno de tantos cientos de responsables de aquellos criminales o inocentes no probados. De vez en cuando se escuchaba algún lamento, alguna risotada, alguna especie de juramento de venganza. Estaban muy tranquilos ese día. La sola visión de una mujer los solía alterar bastante. Y mas con una persona como la doctora, que en su físico resaltaban las anchas caderas y unos rasgos de lo mas elegantes en su faz. Podría ser modelo de mas de un pintor o anunciar algún producto de maquillaje.

-¿En que habitación será la visita?-Preguntó la mujer, mientras caminaba haciendo el ruido justo con unos zapatos de tacón bastante discreto y color muy desapercibido para la vista. 
-En la insonorizada. Por motivos de seguridad del resto de prisioneros. La última vez que una mujer habló y su voz llegó a los oídos de varios reclusos se armó un escándalo que casi acaba en motín -El guarda la miró fijamente- por nuestra parte.
-Lo lamento.-Dijo la mujer.-Me alegro de que pudieran contener sus ánimos. Los de los prisioneros y los suyos propios. 
-Si bueno...-Fue lo último que dijo el guarda después de dejarle entrar en la habitación donde le esperaba su "paciente"

Las noticias habían ensalzado la figura del ser que tenía delante como uno de los asesinos mas sádicos de la historia del país. Si bien solo había cometido un crimen, fue de una brutalidad tan grande que ya se estaba pensando en rodar una película sobre el caso. No se había dado la imagen de aquel hombre por temor a que fuera el icono del siglo para los posibles imitadores aunque, visto lo visto, lo mas probable es que empezaran a surgir imitadoras. Apenas se dio detalles del juicio mas allá de un par de citas que los periódicos dejaban a la imaginación en su interpretación y lo tachaban de un loco sin sentimientos que muy acertadamente mató de forma casual a un violador. Lo que no se esperaba era que ella conociera al asesino. Y él a ella, mejor de lo que muchos esperarían. 

La mujer se quedó estática por un momento, entrando lentamente, impactada por el shock de ver aquel hombre esposado y tranquilamente sentado en una silla blanca, en aquella habitación también radiante de blancura. Se acercó poco a poco, como si no se lo creyera. Le parecía difícil imaginar a alguien de su talla y porte realizar la décima parte de lo que los periódicos y noticiarios decían que hizo. Y era un secreto a voces que se habían ocultado partes concretas a la opinión pública para no causar un escándalo mediático mayor. Frente a ella tenía al viejo amigo de la juventud. Aunque tanto tiempo no había pasado. Él seguía igual que siempre y ella no había cambiado mas allá de lo que el vestuario exigía para la ocasión.

-Buenos días. bella dama.-Dijo el asesino.-Le haría una reverencia pero al parecer hacen todo lo posible por prohibir o evitar cualquier tipo de comportamiento educado.
-¿Pero que...?.-Dijo la dama.-Digo vaya... no me esperaba encontrarle por estos lares.-Le siguió un gesto difícil de describir, como si se estuviera reponiendo de la sorpresa.

Algo comprensible Tenía delante a un amigo y un asesino.

-Yo tampoco esperaba encontrarme aquí. Me dirigía tranquilamente a hacerle una visita al hospital a una bella dama cuando de pronto se me echaron media docena de policías encima y como puedes ver por mi amplia musculatura.-levantó un brazo raquítico tras remangarse lo mejor posible.-Les hizo falta otra media docena. hay muy poca educación en el mundo. 
-Desde luego, la gente ya no sabe tratar a los seres humanos. 
-Monstruo, según los periódicos.-Y sonrió de una forma muy particular que arrancó en remedo de carcajada a la doctora. 

Tras pensarlo unos minutos la doctora miró a todos lados, tratando de afianzar un poco su posición, junto a la de su antiguo amigo y compañero de largas conversaciones. No había mucho que ver. La habitación era de un blanco nuclear, ciertamente ponía algo nervioso a cualquier con un poco de gusto por el color. Había un par de cámaras y en todo momento la mirada del guarda que la había escoltado estaba clavada en ella y en él, junto a un par de compañeros mas. Sin mas que hacer, se puso en modo profesional de la psicología y procedió a las pruebas. El procedimiento fue arduo pues sabía que probablemente nunca tendría una oportunidad como aquella de aplicar todos sus conocimientos en una persona de ese calibre. Quizás sí en una mas inteligente, quizás sí en una mas cruel o sádica pero no en esa persona que muchos consideraban, hasta hace poco, todo un caballero.

Entonces la buena mujer dejó todo a un lado y lo miró fijamente a los ojos tras todas las pruebas y estudios varios. Se lo quedó mirando largo rato. Él le sostuvo la mirada, algo poco habitual en el resto de personas, sabía que no le importaba lo que viera en sus ojos, Uno aceptaría del otro todo lo que se mostraran en aquel intercambio de miradas. La fría determinación, la sabiduría y el análisis contra las bajas pasiones contenidas, la genialidad y el amor por el arte y la lectura mas variopinta. Quien entrara en aquella habitación dudaría donde se encontraba el bien y el mal.

-Bien.-Dijo ella finalmente.-¿Algo que quieras decir?¿alguna pregunta? ¿hablar?¿desahogarte?
-¿Como está ella?.-preguntó de pronto, con un tono de voz completamente distinto, cálido, cariñoso, sumamente triste y preocupado.
La doctora, ahora amiga, sonrió.
-Si me hubieras preguntado eso antes de hacerte las pruebas me habrías ahorrado un montón de papeleo. Tu tono de voz te acaba de delatar.
-Confío en ti, mi armadura no sirve de nada y no me gusta llevarla cuando se que me pueden atacar con flechas de 2 metros de largo y punta de acero como en los castillos medievales. Y tus palabras son mas afiladas y letales... ¿como está ella?.-Insistió, ahora sí con una mayor determinación.
-Ella está bien. Fui a verla para saber como estaba.-Se acercó a él y dijo en apenas un susurro.-Te manda saludos.

Por una fracción de segundo, por apenas el batir de alas de una mosca, aquel ser abyecto que ahora los medios acusaban de monstruo se tornó un niño pequeño al que la chica que le gusta le da un beso en la mejilla. Al momento reapareció toda la dignidad y pedantería en su mirada, su rostro se tornó de piedra y su voz, con toda amoldada calma respondió:

-Oh que encantadora...-Tras la carcajada de su amiga, la cual no había perdido detalle de esa reacción añadió.- Hoy se van a enterar en las duchas como a alguien se le caiga el jabón.

Otra carcajada mas. El criminal rió con ella un buen rato mientras los guardias miraban, incómodos, a ambos. En verdad no se sabía quien estaba mas loco. La risotada terminó con una cara desquiciada de él, que arrancó otra carcajada a la mujer que finalmente se tuvo que agarrar la barriga de tanto reirse. Una vez estabilizados los ánimos tras un breve periodo de silencio él se puso hablar:

-Todo el mundo piensa que la amo con locura, que daría mi vida por ella, pero eso entonces supondría que amo a todas las mujeres del mundo. No me gustó su proceder con ella.-Dijo cambiando el foco de sus referencias repentinamente.

Otro momento de silencio.

-Fue tan cruel con su cuerpo, con su alma, con su genialidad. Todos sus nervios, su estabilidad mental, su bonita sonrisa, se borró por unos cuantos meses en el futuro. O al menos ahora le costará sonreír mas que antes. Aunque -Dijo, con un espasmo en la cara que siguió a esa sonrisa histérica- Él ya no hará daño a nadie mas.
-No, la verdad es que no. Yo no se que habría hecho en tu lugar.-Dijo ella, totalmente sincera.-Bueno sí, pero mis criterios de actuación prefiero dejarlos en secreto, no es precisamente el mejor lugar para hablar de asesinatos planificados.
-No sería tan bonito como lo que hice yo.-Dijo, tratando de alzar el dedo como el genio que da a entender una idea a sus compañeros de ciencia menos avanzados.-Por cierto ¿quien...? ya sabes.
-¿Quien...que?-Preguntó la bella y sabia mujer, algo confusa ante el cambio de tono.
-A ver como pregunto esto sin que se cause mucha tensión.-El preso lo estuvo pensando un rato hasta que se dio por vencido.-¿Quien me delató y lanzó a toda la policía sobre mi?
-Bueno, no lo se pero de todas formas no se me permitiría decirlo.-Dijo ella, con una leve disculpa en la mirada.
-Mmmmmm, bueno... -Volvió de nuevo esa sonrisa.-Me quedaron cosas por hacer. Quería que entendiera lo que se siente al atentar contra la libertad de una bella dama que está casualmente en medio de una maravillosa relación de amistad con un servidor. Una lástima que no sea algo mas pero no soy nadie para juzgar los gustos de las personas.
La mujer sonrió echándose hacia atrás.
-Estás celoso...
-Eso es mas que evidente, pero ¿Quien no estaría celoso incluso del mismo viento? poder deslizarse alrededor de esa persona especial...
-Tú estás enamorado.-Le cortó ella.
-Pues verás... he estado pensando bastante y no tengo claros mis sentimientos por muchas personas. A algunas claramente las quiero matar entre terribles sufrimientos. Todos hemos deseado eso alguna vez y el que lo niegue miente de forma tajante. Pero por ella... es una sensación extraña. Es como que una parte de mi no acaba de asimilar que ella y yo nos conocemos mutuamente. Que ella y yo hemos reído con lo que ha dicho el otro, aunque yo también me reía solo.- A esto le siguió una risotada maníaca seguido de esa cara de desquiciado mental.- No se, solo se que no se nada y que por ella o ellas haría lo que fuera. Ahhh por cierto, que me surgieron admiradoras.

La mujer mostró una gran sorpresa:
-¿En serio?.-Preguntó, totalmente intrigada.-Cuenta cuenta.-Ahora parecía la típica vecina cotilla.
-Bueno pues parece ser que hay muchas enfermas mentales por ahí suelta que encuentran mis crímenes y cito textualmente "sexys y atractivos". Luego otras aseguran que me quieren violar. Una me dijo "te comería la.." bueno ya sabes "...literalmente". A esa no le contesté porque creo que quiere comerme la... ya sabes. Las que me dicen que estoy para comerme no me dan buenas sensaciones. Creo que me quieren comer de verdad y eso duele. Otra no para de preguntarme cosas como porque lo hice o, mas exactamente, por que lo hice así.-Dijo el asesino, enfatizando la palabra "así".
-Justamente eso quería preguntarte en cierto momento pero se me olvidó.-Dijo la mujer.-quería preguntarte por el tema de los testículos cosidos a los ojos.
-Ahhhhh eso. Bueno -dijo el artista-Me pareció una buena referencia a la frase "los hombres solo piensan con la polla". Que esa es otra cosa que también me cabrea. No todos los hombres somos iguales. Matar, torturar y esas cosas están bien, "molan", "chanan mazo, neno", pero solo cuando la otra persona lo consiente. Y ese maldito miserable... ella no se lo consintió. Aquí es cuando hago la reflexión final de esta historia.
-Te escucho.-Dijo ella con una sonrisa y toda su atención puesta en él
-Considero que el mundo se va a la mierda en cuanto al amor se refiere o incluso al mas básico de los deseos que es el sexo. Condenan la esclavitud pero se pasan los rollos de una noche entre unos y otros sin tener en cuenta lo que la "mercancía" tenga que decir. Dicen amar pero si la otra parte de la pareja quiere dejarlo entonces hacen todo lo posible por mantenerlos a su lado, desde quedarse embarazadas hasta pegarle palizas. Afirman sentir un amor incondicional por la libertad pero las opiniones contrarias son atacadas con todo tipo de lanzas envenenadas y de recuerdos del pasado que no se aplican a esta época. El mundo inspira al artista y cuando yo me inspiro en el mundo tengo la mala suerte de infringir normas que gentes peores han infringido mas veces y con mas personas y siguen libres.Y yo aquí, sin poder cultivar mi arte, sin poder ver crecer una sonrisa. Probablemente serás mi única visita en lo que tengo de condena, y una de las pocas personas a las que aguanto sin problemas, Me arrepiento solo de una cosa: que ahora que estoy aquí no os veré evolucionar, equivocaros o crecer... 

¿Como era posible semejantes impulsos de sentido común y al mismo tiempo perder la cabeza y decir que matar es bueno o una forma de arte? Ciertamente aquel ser oscuro tenía mas educación y decoro que muchos autodenominados caballeros o "gente de bien" que luego engañaban a sus parejas o allegados para sacar provecho de la situación. Se produjo de nuevo un silencio. 

-¿Con que ojos ves a una mujer?.-Preguntó la mujer, de pronto curiosa ante ciertos matices de conversaciones del pasado. 
El asesino la miró. 
-Sois el mas bello lienzo sobre el que un artista pueda trabajar. para bien (como yo) o para mal (como yo, también). Para mi las mujeres son una magnífica maldición bendita o una bendición maldita, depende de la personalidad de la señorita.
-Pero eso lo debes de aplicar a los hombres entonces. Hay hombres buenos y malos.
-Sí,-Dijo el ser arrepentido pero seguramente orgulloso de su obra.-le temo mas a la maldad de una mujer que a la de un hombre. un hombre rico manda matones, uno pobre te mete un navajazo. Yo por ejemplo soy un artista de lo humano, la belleza humana es algo que me apasiona hasta el punto de... bueno supongo que viste las fotos.-Dijo con una sonrisa. 
-Sí, vi las fotos.-Negó levemente con una sonrisa.-Se te fue totalmente la olla. 
-Mmmm sí y eso me añade encanto. Tenía que haberte traído unas cuantas cartas de mis admiradoras para demostrarlo. Pero a lo que voy. Un hombre puede matar de muchas formas pero una mujer, sea rica o pobre tiene dos cosas en este mundo que la haría dueña del universo: una maravillosa vagina y una maravillosa lengua unida a un cerebro plenamente consciente de la potencia deuna palabra despechada o venenosa. Obviamente hay hombres que son capaces de sufrir ataques de ambas partes y seguir en pie, pero eso sería como la resistencia en la Segunda Guerra Mundial, muy pocos y muy dispersos. 
-Pero la resistencia estaba bien organizada.-Cortó su amiga. 
-Algo que hoy en día es solo posible en revoluciones sociales y poco mas.-Dijo con toda tristeza en la voz.-¿Sabes esas típicas niñas de papá que se enfadan porque papi no las consintió con alguno de sus caprichos?
-Aggggg sí.-Dijo, pensando en un par de ejemplos de su vida pasada. 
-A una de esas me encantaría hacerle lo que le hice al cabrón ese pero lo disfrutaría incluso mas. El maldito hijo de puta trató de... de...-le comenzó a temblar todo de pronto pero se logró controlar.-Le trató de hacer mucha pupa. Las niñatas esas hacen daño con su mera presencia a toda la sociedad. Aunque esas son mas fáciles de torturar; les quitas la tarifa del móvil y ya van solitas a suicidarse. Me apetece escuchar a James Brown.
-No puedo darte plenamente la razón pero ya sabes como soy y lo que pienso de esa gente.-Dijo levantándose.-Por desgracia debo de marcharme, volveré lo antes posible para hacerte una visita. ¿Algún mensaje para alguien?-Dijo la mujer mientras se dirigía hacia la puerta.
-¿Has tenido la oportunidad de hablar con su esposa?-Dijo el artista de lo humano, mirando a la mujer con aires de loco, como un magnífico Benicio del Toro en Sin City
-¿Como sabes que tiene esposa? Bueno, que tenía.-Preguntó la mujer, desconcertada, acercándose inconscientemente, un tanto intrigada. 
-Solo dale un mensaje de mi parte, si te es posible claro, aunque no creo que una de las damas mas inteligentes del país tenga problema. Dile que alguien ahora mismo tiene un par de parásitos vaginales pululando por su cuerpo. 
-¿¿¿QUE???.-Se sentó de golpe de nuevo.
-Al señor le gustaba irse de señoritas.-Dijo en apenas un susurro aquel peregrino de la locura.-le investigué, obviamente, y pegaba a su esposa, era alcohólico pero se las apañó para dar la imagen de marido afable y tierno, y sobretodo fiel.
-Bueno, veré lo que puedo hacer.-Dijo, aparentando calma pero ciertamente sorprendida ante una evidencia: muchas veces los criminales tienen mas información que la propia policía.-¿Algo mas?
-Sí, envíale saludos de vuelta a toda su bella estampa.-continuó, cambiando de nuevo ese tono de voz, dando a entender a quien se refería.- Que me gustaría verla aunque entiendo que muchos de sus allegados a lo mejor le impiden dicha acción.-Entonces su vista se perdió en un punto y suspiró lánguidamente cuando era llevado a su celda.- Creo que se me olvidó comerme la mandarina. 

Fin... o no. 

domingo, 15 de mayo de 2016

Los cinco fragmentos.

En un lugar desconocido para todos los cartógrafos habidos y por haber, nació en su día un niño que pronto se convertiría en un caballero. El caballero estaba siempre dispuesto a a tender las súplicas de todos aquellos que requirieran de su ayuda, prestando espada conocimientos y demás a todos aquellos que tuvieran una buena acción que incorporara sus vidas para realizar algún menester honorable. Siempre estaba dispuesto a todo con tal de extender la idea del bien por el mundo, de la poesía, del amor, de la pasión, de la amistad, el valor. Cualquier cosa que fuera buena para el prójimo era bien recibida en la ayuda de aquel nombre caballero donde todos eran felices a su alrededor.

Un día se encontró, mientras paseaba por el bosque, con una mujer de gran sabiduría que le advirtió de una profecía. El caballero, siempre atento a las palabras de los sabios que habitaban los bosques, mucho mas tranquilos que las ciudades llenas de caos y bullicio, se dejó llevar por sus instrucciones. La mujer le dijo que el amor no llegaría a su vida hasta que una mujer no reuniera los cuatro trozos de su corazón que se habían desprendido de él mientras dormía la noche anterior. Aquel caballero, sorprendido ante la revelación llevó una mano a su pecho y comprobó, algo asustado, que su corazón apenas estaba latiendo por dentro, que apenas era una mínima parte de lo que en su momento fue.

Y ahí fueron los cuatro fragmentos,

Uno de los fragmentos viajó al otro lado de un océano, al regazo cándido y confortable de tierras cálidas, abrasadas a veces por el sol, otras veces frías e inmisericordes. En aquella tierra ocho mujeres de diversos mundos, con almas tan distintas vieron llegar aquel relámpago que se incrusto junto al corazón de una de ellas, la mas completa de todas esas criaturas femeninas dotadas de una genialidad, una bondad, maldad, elegancia y fascinación casi inviables en la realidad que rodeaba al caballero, tan lejos y tan cerca de ellas. Aquella mujer no era otra que la Musa, depositaria de pensamientos tan íntimos, tan buena amiga como dulce compañía y excitante oradora de palabras nocturnas prohibidas, tierna y enérgica amante de los gatos.

Otra parte de aquel corazón voló hacia un bosque otoñal donde asomaba una incipiente noche, como pintado por las maravillosas manos de un genio de la pintura. Aquel paisaje era sinónimo de maestría, de virtuosa agilidad cedida por los dioses. De naranja otoñal eran las hojas y en los troncos, entre las raíces o en sencillas madrigueras todos los animales convivían en una pacífica armonía. Los cielos, por otro lado, amenazaban tormenta constantemente pero el sol siempre terminaba reluciendo, con el alegre canto de los pájaros. Cerca de esta escena caminaba una dama, sobre un puente bajo el cual cruzaba un río de agua hecha de pintura azul, bordeado de juncos y lirios en flor. El río desembocaba en un lago, donde algún que otro transeúnte remojaba sus pies junto a los niños, o merendaban junto a sus amigos y familiares o amantes, o paseaba por la cristalina superficie en un pequeño bote de madera. La primera de las damas observaba la escena a lo lejos, sobre un puente bajo el cual crecían por igual Juncos y lirios en flor.

No lejos de ahí fue a parar el tercer fragmento del corazón de aquel caballero. O quizás una pequeña parte de su ser. Fue a un paraje que reflejaba una belleza sutil y contradictoriamente notable, como si fuera imbuida de un hechizo antiguo, con una energía maravillosa que se mantenía en tenso silencio, deseando salir, manifestarse a través del florecer de los campos o de la erupción del apasionado encuentro entre los amantes. Una dama silenciosa, como ausente, contemplaba todo aquello, pensando en ideas que nunca nacerían en forma de palabras, aunque puede que sí en forma de pintura. En lo alto brillaba un sol amarillo con todo su esplendor. A los pies de aquella receptora circulaba un río azul portador del brillo de las estrellas cuando la noche se presentaba, con aguas mansas Que bordeaban en una de sus orillas un campo de orquídeas rojas. 

El cuarto fragmento de aquel corazón viajó hacia el norte, donde el gélido invierno soplaba con inusitada calma. El blanco de la nieve y los destellos del sol se arrancaban por igual los colores de unas praderas verdes aun sin cubrir por aquel manto salvo cuando la noche llegaba. En aquella cima de la montaña se levantaba un castillo alto, con banderas de acuarela. El interior de aquel palacio era sin duda humilde, aunque no exento de elegancia, de pequeños detalles que eran recubiertos en el exterior por un muro de hielo imponente, Una única dama permanecía en su interior, coronada por la genialidad y el amor a las imágenes que grandes artistas plasmaban en imágenes móviles. Noble prueba de fortaleza y valor para aquel que lograra mirar las praderas desde lo alto de aquella montaña, detrás de aquel muro, al lado de aquella imperturbable dama cuyo corazón era ejemplo de cándida cerrazón al mundo.

El quinto fragmento fue a un lugar extraño. La niebla cubría todo aquel lugar, dejando en un completo misterio lo que habitara en aquellos lares. Cada pequeño retazo de blancura, sin embargo, escondía una pequeña historia de un conjunto disperso de realidad con un nexo en común. Aquel nexo no era otro que el de la vieja historia de un vestigio de romance que es seguido mas allá delo debido y termina en una inesperada fatalidad para el espíritu, donde mas de un caballero, poeta, valiente artista, se metió y terminó padeciendo consecuencias inesperadas. Los propios actos de aquel caballero acompañaron a esa parte de su ser,metiéndose entre la niebla, entre la confusa música que afloraba de todos lados y de ninguno a la vez. 


Así pasaría una eternidad hasta que una mujer llegó, o quizás está llegando, o llegará, para reunir todas las partes y completar al caballero que, una vez completo, será aun mas fuerte y poderoso que en cualquier tiempo pasado. 

lunes, 9 de mayo de 2016

Pensamiento de Escritor 22

Quiero amarte. No sabes lo que me gustaría amarte. Quiero tomar tu mano, sentir su calidez o su frío, pues eres humana y esos cambios suceden, y pasear contigo. Que rodees tu brazo con mi brazo o apoyar la cabeza en mi hombro. Quiero amarte en los momentos malos, buenos y neutros, si es que dicha neutralidad existe.  me llena de sentimientos realmente fuerte tenerte cerca, escucharte hablar de lo que sea, como miras en otras direcciones, sonríes o saludas a otras personas.

Quiero sentir tu tacto, notar tu cercanía tu aliento, tus abrazos, caminar, como ya dije, a tu lado, mirar tus ojos y no creerme que esté mirando esos ojos tan bonitos que tienes. Porque me gustas. Sí, aunque no te lo vas a creer en la puta vida me gustas. Me gustas mas de lo que puedan llegar a imaginar mucho, hasta mas de lo que pueda imaginar yo. Siento esta especie de opresión en el pecho y miles de veces tu mano está cerca y quiero besarla mas de lo que ya lo hago, mirar de nuevo esos ojos, ver esa sonrisa o esa mirada tierna o lo que sea que me dediques, pero ver un cambio en ti, una especie de luz brillante en esas pupilas y pensar "yo he logrado eso". Me gusta cuando hablas pero también cuando callas.

Tu cabello al viento cuando te veo pasar o cuando te veo marchar, como te das la vuelta cuando te despides con toda cordialidad o alegría. Los días cambian y tu rostro cambia delante de mis ojos, dejando en la memoria una especie de mancha entintada, de luminosa sensación de haber hecho algo bien, algo que no llegará a mas porque tu ojos no me miran como yo te miro pero si te hice reír, si te hice saber o conocer algo nuevo, si te conté algo que te divirtiera, entonces es un gran día. Y me da rabia cuando algo malo te sucede, cuando tu corazón no es tan brillante, cuando tu alma se ve apagada bajo esos párpados porque una decepción ha llegado a tu vida o te ha golpeado una mala noticia. Porque a veces me esfuerzo y solo se escuchar pero quiero hacer algo mas, como todo hombre de acción o todo caballero de capa blanca y brillante armadura.

Cuando estás cerca mi rostro es una piedra, una máscara de fría piedra gris que contienen un alma inmortal que no ve llegar el día de desprenderse de su cárcel de carne. Pero llegas tú, y mucho me cuesta contener esa pequeña mota de energía electro-química que adquiere la fuerza de un huracán, que haga que mi cuerpo se ponga a cantar, o a bailar. Aunque si algo quiero hacer de verdad es dar un paseo a tu lado, contener mis explosiones pero sin me nace, si en ese momento es lo que mas deseo, el poder besarte sería como un trofeo, como un tesoro inamovible, o mirarte mas tiempo del que ya te miro, embelesarme con tu belleza, no terminar de créeme nunca que alguien como tú hable con alguien como yo.

Y aquí es cuando me das a entender que no te crees la gran cosa. Bueno desde el primer día en que te vi sinceramente no fue un flechazo pero poco a poco vi como era tu interior. No hablaré de tu carácter en términos precisos, no quiero dar pistas a los lectores y ni a ti tampoco, pero me parece algo sencillamente maravilloso, que encaja a la perfección con tu forma de vivir la vida, sin forzarte nunca a hacer algo que no te guste. Es una de las mas sabias decisiones que se pueden tomar a lo largo de la vida, dejarse llevar cuando no se tiene ningún plan o perseguir el sueño que tienes dentro del corazón hasta la última consecuencia.

Y aquí yo cometo un error. Confieso algo que nadie debería de confesar en medio de una declaración de amor o de lo que sea este texto. Sencillamente confieso mi debilidad ante el hecho de que ya no estés un día de estos, de que te marches, de lo mucho de menos que te echaré.Que mi rostro seguirá siendo una máscara de piedra, sí, pero dentro de mi algo gritará por la angustia de tu ausencia, me sumiré en una sutil y elegante oscuridad que me irá engullendo como la soledad engulló a aquel poeta hace tanto tiempo. pero este resurgió al conocer el amor así como probablemente yo lo haga un día de estos. Mi cobardía, mi idea de que un "me gustas" causaría mas problemas que el hecho de aprovecharme de tí si te emborrachas (si algún se da esa circunstancia), me lleva a pensar que estas palabras serán la certeza de un deseo nunca cumplido. Muchos me dirán "el no ya lo tienes"pero yo les respondo que la negación no es lo que temo, lo que mas miedo me da es un cambio hipotético de lo que pueda suceder a continuación.

Tengo entendido que los que nacen bajo el signo de virgo pueden estar muriéndose por decir sus sentimientos a una persona por la que se mueren pero no lo dirán bajo ningún concepto... eso es una terrible putada en estos momentos.

sábado, 7 de mayo de 2016

Amantes queridos, amantes odiados.

Un suspiró quebró la noche, aquel silencio se había rasgado lentamente, dejando de lado toda la tranquilidad de la madrugada para levantar poco a poco una melodía de roces y notas tan antiguas como placenteras. La dama que se entregada al hombre dejaba entrever en aquellos intensos ojos una luz tan brillante como pícara. Bajo su corto vestido se adivinaba el destino final de una mano fuerte y decidida que rodeó un perfecto y torneado muslo hasta una retaguardia muy bien formada. Las manos se alzaron para entregarse a los gestos de deseo, a las intenciones maliciosas de un amante que ahora era solamente una delicada bestia, el conquistador de una tierra indómita, de un territorio inexplorado hasta esa noche. 

A veces el cabello de ella era rubio, otras veces negro como la noche mas oscura y alborotado como una tormenta de invierno, o castaño como las hojas de otoño. Sus labios eran finos o carnosos, de esos que piden a la fuerza un beso robado o consentido ante uso ojos rasgados o redondos, grandes y tiernos o mas fríos que el hielo, con poco o mucho maquillaje. Aquella mujer podría ser la representante de los cielos, del infierno, de la gloria y una dulce maldición para la cordura mas estructurada. las caderas se pronunciaban con la energía de tierras tropicales o se calmaban entre notas de música ambiental, como una orquesta de ángeles que pretendiera luchar contra esa multitud de fuerzas combinadas en una sola persona. Un risotada que sonó cálida acompañó a dos manos a atraer a su afortunado amante, al objeto de aquel deseo irremediable que cargaba inocencia y desesperación a partes iguales.

Las manos del hombre fueron eficientes. En aquellos ojos de la mujer se veía timidez, vergüenza que de pronto pasaban al atrevimiento mas desmedido y una mano fina paseaba entre las fronteras del pudor para perderse entre los abismos del placer por descubrir. La boca de aquel afortunado paseo por un cuello fino, que podría portar las joyas mas exquisitas, que palpitaba con toda la sangre circulando por aquel cuerpo de pecado inestable en sus formas así como en el carácter que encerraba. El hombre también cambiaba; a un cabello rubio le surgía uno moreno y seguidamente otro de color del fuego. las imperfecciones de ambos iban de aquí para allá y la barba de uno parecía convertirse en los abultados senos de la otra cuando esta desaparecía.

Las pieles se entremezclaban. De una fascinante palidez se pasaba a un sensual y exótico moreno criado por el sol o por la propia raza. Los músculos se contrarían y un movimiento fluido le siguió a otro, a aquella amazona que ahora paseaba sus manos por aquel torso delgado y fuerte, peludo y desprovisto de cualquier cabello. Los labios de ella sonrieron y dejaron salir el mas suave de los gemidos, como una nota de timidez que pronto se convirtió en un beso airado, furioso, rabioso, lleno de un veneno mortal para los sentidos. La violencia le surgió, de la ternura se pasó al deseo, la pasión la lujuria, las manos de aquel hombre al principio acariciaban, luego agarraban y mas tarde casi arañaban aquella fiel tan delicada y curtida al mismo tiempo. 

Todo era distinto a cada segundo, esos dos cuerpos solo se distinguían por el sexo, el dominante pasaba a sumiso y la dominante amazona se volvía tímida y delicada como un papel hecho ceniza. Giraban por aquella cama que luego era un camarote de barco, mas tarde un descampado y después un lugar entre las rocas del mar, a la parque este último y las caderas de aquella mujer batían con violencia contra ese cuerpo fuerte y frágil, causando embate tras embate a un corazón romántico y frío, sereno y apasionado. Los ojos verdes, negros, morados, naranjas del hombre paseaban por las formas de aquella mujer que le devolvía esa mirada ya mencionada, pícara, dulce, tímida, lujuriosa entre danzas suaves y delicadas hasta que uno tomaba las riendas volvían a girar. La boca de aquel caballero  fue entonces bajando hasta los profundos secretos de la aquella mujer dichosa y maldita. Unas manos taparon el sonrojo de un rostro redondeado para dar paso a uno determinado a sentir placer, pálido y algo mas delgado. Las manos exploraron las propias curvas para dar de lleno con el cabello de su príncipe de la noche que devoraba con ansias bajo el contraído vientre de su princesa luminosa, de su criatura tímida, de aquella reina del hielo y la noche. del sol y el fuego.

La mujer se arqueó ante lo que aquella boca de labios tan dulces y esa lengua tan hábil provocaba y despertaba por todo su cuerpo con apenas unos lentos movimientos nada constantes, que se volvían rápidos, enloquecidos, ansiosos. la mujer reía y lloraba de placer, sentía los nervios a punto de explotar, el cuerpo a punto de fundirse y su mente se derrumbaría pronto. Sus manos tocaron aquel cabello corto, largo, negro, rubio, liso, rizado, negro azabache y tiró de el para encontrarse de nuevo con aquellos labios, esa boca tan dichosamente hambrienta, insaciable, dotada de esa lengua capaz de esculpir placeres como el cincel del dios que creó a las musas de los poetas, de los escritores y cualquier soñador.

Ella finalmente alcanzó aquel delicioso éxtasis, ese clamor final a los cielos de que ese hombre le pertenecía, de que era suya por siempre y el caballero miserable, ese sádico poeta fue lentamente deshaciéndose aquellas largas y finas piernas que luego se transformaron en un tierno y cálido abrazo. 

-Te amo, te odio.-Susurraron ambos, boca contra boca antes decaer dormidos.

martes, 3 de mayo de 2016

Una luz herida.

La máquina que medía las pulsaciones y el oxígeno del cerebro no paraba de sonar cada cierto tiempo. En aquella habitación del hospital no faltaban las visitas para ver a la persona que en esta se encontraba desde hacía unos días. Todo era blanco, aséptico, aunque había algunas flores, algunos pequeños detalles que las personas tales que familiares y su pareja, un hombre de gran fortuna al compartir una vida con tan bella mujer, le habían traído hasta ahí casi todos los días. La criatura reposaba, durmiendo, tratando de escapar de las imágenes que su mente se empeñaba en no olvidar, fruto del trauma. El hombre con el que aquella mujer había decidido compartir parte de su vida mas íntima la observaba preocupado. Otra mujer había dejado su negocio para centrarse en el bienestar de su hija, la cual había sido atacada por un desconocido que la policía ya estaba buscando.

A sus mentes venían las preguntas de siempre: ¿Por que ella? ¿Por que tanta falta de humanidad en el mundo? ¿Cuanto tardaría en recuperarse? ¿encontrarían al miserable?. Y con la misma rapidez con que se planteaban esos interrogantes, estas eran sustituidas por un sentimiento de injusticia, de rabia, de rechazo hacia la situación que se estaba viviendo. La máquina seguía sonando y de pronto aquella dama abrió los ojos. El novio, un buen hombre, provisto de sombrero, junto a la progenitora de la víctima, se acercaron a ella, tomando su mano, mirándola con preocupación, con alegría de poder ver sus bonitos ojos verdes por fin abiertos tras esa larga y necesaria siesta en la que el inconsciente trata de asentar toda la realidad vivida días antes. No le preguntaron mucho acerca de lo que recordaba. En declaraciones pasadas solo acertó a decir que era de noche y de pronto fue atacada por una bestia sin sentimientos, sin ningún tipo de sentido de la realidad, de la justicia o de la humanidad.

La bella dama le preguntó a sus dos interlocutores si la policía sabía algo. Dijeron que no.

-Vino mucha gente a visitarte mientras dormías.- Dijo la mujer, responsable de un negocio propio del cual daba cuenta con mucha equidad y justicia.- Muchos de tus amigos, aunque hubo uno en especial  que...-Y la mujer miró al que en esos momentos era el único hombre presente en aquella habitación.
-Era un poco....-El novio de aquella señorita miró a los maravillosos ojos verdes de una de las mujeres mas bellas del lugar, y no solo eso sino también mas admirada y deseada.
-¿Pero como era? Físicamente, me refiero.-Interrogó la víctima de tal escarnio al concepto de decencia.

Tras una breve descripción de como era desde su rostro poco agraciado hasta sus gestos un tanto erráticos, siguieron los detalles de su actuación a lo largo de la visita.

-No parecía muy consciente del lugar en el que estaba. Dijo que había dormido poco. Cuando te vio su rostro pasó de la neutralidad a la tristeza, de la tristeza a la indignación y después a una especie de sonrisa. En todo momento se mostró muy educado, en especial con tu madre. Luego se acercó a tí, tomó tu mano, te miró durante largo rato, como si se planteara decir algo y seguidamente, sonriendo, se marchó- Dijo el buen hombre.

-Ya se quien es.-Dijo la dama, tan determinante así como escueta en sus declaraciones. Trató de incorporarse pero no pudo, la cabeza le daba vueltas y se decidió a quedarse tumbada. No tenía idea de cuanto había dormido y una sensación de atemporalidad le invadía.

-Es un amigo reciente, algo excéntrico pero muy bueno, educado, sincero. Es mas, es la persona mas sincera que he visto nunca.-Dijo, mirando a ambas personas.-Espero que no... O bueno...
-¿Que ocurre?.-Preguntó la madre.
-Nada nada..-Dijo la dama.-Mi móvil...
-Se rompió durante... los hechos.-Dijo el hombre.-Pero creo que podría funcionar.

La pantalla estaba partida en dos prácticamente con un montón de pequeñas grietas pero aun funcionaba. Entonces rápidamente fue a revisar la cuenta de cierta red social muy popular e los últimos años. Buscó un nombre. La dama no dijo nada, aun no quería decir en algo aquella corazonada que había cruzado su mente.


Lejos de ahí, en un lugar apartado, como si de una realidad separada se tratara, una solitaria luz iluminaba una habitación sucia y maloliente. Las paredes estaban manchadas de una sustancia roja que marearía a mas de un hemofóbico. Tan solo había dos sillas con dos personas sentadas en ellas y una mesa con todo tipo de objetos cortantes y objetos variopintos. Una estaba perfectamente bien, estaba hasta sonriente, aunque su rostro pronto pasó a la indignación cuando vio que su acompañante no daba despertado. El caballero que se encontraba esperando no pudo resistirlo y tiró lo que estaba comiendo a la cara del impuntual. El golpe le dejó unas pequeñas manchas de sangre en el rostro.

-Oh, vaya, buenos días pequeño cabroncete.-Dijo el ser al que se le denominará como anfitrión.

El saludado no podía hablar. Estaba amordazado y atado a aquella silla. Lo único que podía mover era la cabeza en todas las direcciones posibles. La luz lo cegaba un poco, la cabeza le daba vueltas, todo le era desconocido. Incluso el mas listo trataría de captar un sonido del exterior pero nada llegaba a sus sentidos.

-Creo que no nos conocemos.-Dijo con una sonrisa sanguinolenta y levantándose hizo una reverencia.-Te diría mi nombre pero eso no es relevante ahora mismo. Lo relevante es el motivo por el que estás aquí.-Y entonces el anfitrión soltó una especie de risotada histérica, la cual alguna que otra carcajada había arrancado a quien la había escuchado en mas de una ocasión entre las compañías que solía frecuentar.

<<Verás, te hablaré de la bella dama a la que has ofendido como mínimo con tus maneras y procederes. No he estado presente en toda su vida, solamente desde hace unos poquísimos meses, pero me ayuda a tener una idea de como debió de ser, por ejemplo, su nacimiento. Creo que ella fue el resultado de que el rayo de sol mas luminoso atravesara un campo verde con los primeros copos que anunciaban el invierno. De ahí explicamos esa piel tan pálida y esos ojos tan verdes, así como quizás su personalidad tan aparentemente tranquila. Pero claro, las ventiscas mas gélidas son posibles y ella no es una excepción, aunque de momento no me he encontrado con su ira o su mal humor, cosa que tampoco quiero encontrar. Es decir, una cosa es ser un loco y otra muy distinta es ser un suicida>>

A esto le siguió otra risotada maníaca. Entonces el anfitrión cambió de pronto su humor y tiró la silla a un lado, tomando de los hombros al miserable.

-Ella -Dijo con toda la tensión en la voz.- Ella merece ser respetada, como toda mujer, como toda persona. Y sin embargo no solamente le faltaste al respeto sino que la intentaste...la intentaste...LA INTENTASTE...-Continuó aquel discurso desquiciado. Entonces su irá pasó a afabilidad.- No voy a criticar tus gustos en torno a las mujeres, pero permíteme una pequeña observación sobre tus procederes. ¿Que?.-Se interrumpió.

El maldito e inhumano ser que había sido capturado se removía todo lo posible en la silla, tratando de liberarse. Había caído en un pequeño detalle. Cuando el anfitrión, de mala gana, arrojó parte de su almuerzo al rostro de su invitado, este no se había dado cuenta de que dicho manjar no era otra cosa que su mano derecha, la cual estaba ahora tirada sobre el suelo. Mirando entonces, como negándose a la dolorosa y brutal realidad, sus ojos viajaron hasta donde se encontraba un muñón sanguinolento. Apenas se pudo escuchar su grito por la mordaza.

-Ahhhh sí, perdona mi falta de educación, es que tenía hambre, pero que sepas -Continuó diciendo uno de los dos monstruos- que tienes la carne mas insípida y correosa que haya probado nunca.-De nuevo esa sonrisa enloquecida, ese toque de incoherencia con el propio discurso que le habían supuesto a tantos genios el título de "loco".-Ya no eres tan fuerte ¿verdad? ¿VERDAD?.-Se acercó a la mesa y tomó un bisturí, con esto pienso cortarte la polla que casi llegaste a usar no hace mucho con una de las criaturas mas bellas de mi entorno.-Tomó unas tenazas entonces,.Con esto te pienso arrancar los huevos.-Entonces tomó un objeto redondo, de color naranja. similar a una pelota. Cuando la acercó a la cara del tipo este se lo quedó mirando con miedo y mucha confusión- Y esta mandarina es para mi, porque tengo hambre, mayormente.

A esto le siguieron unos minutos de tensión psicológica en la que el invitado vio como su anfitrión deambulaba por la habitación dando vueltas, murmurando incoherencias de las que apenas distinguía algunas palabras: arte, poseía, ángeles, Dios, ira, pintar, escribir. Todo ello con mas frases de por medio que le daban un aire inconexo a todo lo que ahora se ceñía a la realidad ante los ojos del asustado malhechor. El hombre que había atacado a la dama ingresada se estaba arrepintiendo de haber siquiera pensado en realizar tal vil acto. No sabía que las cosas se iban a desarrollar así, atado a una silla, frente a un psicópata que ahora estaba frotando levemente la cara contra el lateral de un largo cuchillo como si fuera el rostro de alguna amante. No se cortó de milagro cuando se le dio por lamer la hoja.

-Perdón, ¿de que estábamos hablando?.-preguntó con toda suavidad el anfitrión.-No te preocupes, todos mis amigos dicen que se me va un poco la cabeza. Ahhhh sí, Ella. No te voy a contar toda su vida pero no puedo evitar muchas veces imaginarme aquellas situaciones que habrá vivido, muy duras o no tan duras, como las que vas a vivir tu en unos momentos. Ella a mis ojos es una elegante dama, de educadas maneras, gentil proceder en las conversaciones, atenta. No tuviste oportunidad de conocerla y no la tendrás pero te diré que es de difícil palabra. Algunas veces digo que hace falta unos cuantos sacacorchos para sacarle las palabras, lo cual me da una idea.-Dijo con una sonrisa, mirando un punto mas allá de la mordaza que tenía colocada el invitado.- Sin embargo tiene algo que atrapa, que me hace imaginar cosas de lo mas agradables. Tampoco te voy a decir cuales son, obviamente ni a ti ni a ellos.- Afirmó el posible artista de lo macabro, haciendo un gesto que abarcaba toda la habitación completamente vacía.

<<Cuando estoy con ella me siento tranquilo. No es que tenga esa dependencia de "si no es mía no es de nadie", para nada, es tan libre como el viento y eso la hace aun mas bella. Su signo del zodiaco dice que le gusta mucho el tema de la filosofía propia, hablar sobre temas que den para pensar, y ahí yo peco un poco de ego. Pero hace algo que pocas personas han logrado con toda plenitud. Me escucha, a veces con cierto temor, pero le echa un par de ovarios y no sale corriendo o da una excusa para marcharse. Le he contado tantas cosas. Me ha inspirado bastante aunque nunca escribí nada sobre ella. Y mírame, aquí estoy, haciendo la justicia poética que nadie mas hará porque hoy en día la gente no tiene sentido de la poesía. Justamente hace un rato acabo de venir del hospital. Sus ojos estaban cerrados, seguramente teniendo pesadillas sobre tí, pero ni la mitad de lo terribles que sean las pesadillas que tu tendrás conmigo.>>

Entonces el anfitrión se erigió en artista y comenzó a darle uso a todos aquellos instrumentos que tenía sobre la mesa.Unas tijeras fueron lo primero en aparecer, dejando al tipo completamente desnudo. Era una visión bastante desagradable. Luego hizo acto de presencia un bisturí cedido por una buena amiga y que empezó a cortar la carne mas tierna poco a poco, provocando los gritos ahogados del pecador. Todo su cuerpo se agitaba ante el dolor, sentía que por momentos perdía la cabeza y la sangre a chorros no ayudaba. Con las tenazas que había mostrado le agarró los rechonchos pezones y los arrancó de cuajo con la ayuda de una fina lanceta. Fue un proceso largo y doloroso. Las tiras de cuero con hebillas le impedían moverse de la silla, Aunque pronto se vio libre de eso...

...Cuando clavó pies y manos a la propia silla con unas largas escarpias de metal que amartilló con toda crueldad, riendo de vez en cuando ante los gestos de dolor. Pero el invitado no debía de preocuparse. A través del eficiente uso de unos tubos de goma y con unos buenos torniquetes, fue sintiendo en sus carnes como a base de un sencillo principio físico sus huesos fueron quebrados uno a uno en piernas y brazos. El sonido parecía deleitar al anfitrión, que tenía expresión de asco pero al mismo tiempo de deleite, era algo extraño. A veces se le daba por tararear una canción desconocida para ese pobre desgraciado. Luego levantó la vista y solamente dijo.

-Creo que necesitas adelgazar.-Y sonriendo se acercó con un bisturí a su barriga, algo prominente y comenzó a cortar la carne lentamente. Aquella acción parecía que era la que mas disfrutaba, no paraba de reír, de gritar de felicidad mientras el metal separaba la piel y esta caía al suelo con trozos de carne, dejando todo lleno de sangre en pocos minutos. El olor de la sangre, de la carne era lo único que detectaría cualquier olfato en ese momento, los aromas de la decadencia, del dolor, de la muerte que poco a poco se aproximaba, para cerrar su fría y gélida garra alrededor de aquel ser abyecto.

Antes de que las heridas fueran demasiado profundas cambió de objetivo al principal problema que había desencadena toda esa situación. Ahí fue cuando el invitado mas se revolvió a la par que las tenazas, esta vez al rojo vivo, se cerraron en torno a una parte muy pequeña de aquel cuerpo ya casi irreconocible. El alarido fue tal que hasta el "artista" se tuvo que tapar los oídos por un momento. Luego ese intento fallido de asaltante nocturno se desmayó ante las sensaciones recibidas, para nada placenteras. La otra persona presente sonrió entonces. Encima de la mesa había una bonita cámara de fotos con la cual se entretuvo inmortalizando el resultado de su obra, de todo su arduo esfuerzo. La sangre, los clavos, los ojos... los ojos... los ojos. Al momento una hoja muy afilada estaba cortando unos finos párpados que desvelaron un par de ojos aterrorizados y que lloraban sangre. Entonces en su lugar fueron cosidos, con un grueso hilo de acero, las dos pequeñas esferas que le habían sido extirpadas del cuerpo momentos antes. Otra nueva foto.

-Soy un genio.-Dijo con una sonrisa desquiciada y una risotada.-¿A que sí?.-continuó, mirando a la criatura deforme que ahora mismo se encontraba en la silla, aun inconsciente.-Bueno, hora de comer.-Y se dispuso a colocar la mesa para la cena de esa noche.


La noche caía y muchas personas visitaron a aquella magnífica criatura, dotada de grandes habilidades para el arte. Muchos le hablaban con cariño, otros con preocupación. Ella insistía en que estaba bien, agradecía con esa sonrisa lánguida y esas maneras tan etéreas todos los regalos que le llegaban a espuertas, todos y cada uno de ellos bien merecidos dado que ella era todo un regalo para la gente que le rodeaba. De vez en cuando sonaba el móvil, con llamadas de mas amigos y alguna que otra grabación de personas que por motivos varios no se podían personar en aquel lugar.

En cierto momento el móvil sonó, Unas cuantas fotos llegaron hasta esa pequeña pantalla que se apagaba como los televisores de la década de los noventa.

-¿Que ocurre?.-Preguntó uno de los amigos presentes en ese momento, al ver que la cara, ya de por sí pálida dela dama, se quedaba algo mas blanca, pero al mismo tiempo se le formaba una pequeña sonrisa.
-Nada, un amigo, que tiene una particular forma de animar a laspersonas que han pasado un mal trago.-Dijo con toda suavidad.
-Oh Dios ¿pero que...? Eso es una escultura hiperrealista ¿no?-Dijo una amiga que se había presentado por sorpresa, para alegría de la paciente.
-Sí... desde luego mover no se mueve o no podría.-Sentenció la bella dama que ante los ojos de la locura era todo un remanso de pacífica y dulce inspiración.