Querida Amiga:
Tu dolor llegó a mi vida hace poco tiempo y lo cierto es que lo veo como una interesante forma de expandir mis ideas artísticas a mundos y a proyectos mas que rentables para lo que al sangre y el dolor merecen. En ti veo la posibilidad de llevar a cabo obras tan exquisitas que los ojos de los simples mortales se saltarían de su cuencas. No comprenderán nunca lo que supone recrearse en el dolor de una persona cuando esta grita o solloza ligeramente, cuando sus lágrimas saladas se convierten en el único maquillaje que ensalzará su belleza hasta puntos inimitables. No podrán comprender nunca cuan bella resultas, y no digamos atractiva y seductora con todo ese dolor rezumando por tus venas, llevando los mas negativos sentimientos y sensaciones por todo tu cuerpo des de la piel que poco a poco voy rajando, desgastando y maltratando con la mas suma y delicada sensibilidad. Me recreo en tu dolor sí, de formas bastante curiosas y lo cierto es que una vez finalizado una creación artística me siento mas deseoso de comenzar otro. Siento el día sin tus gritos como un bosque sin cantos de pájaros, totalmente antinatural, y la verdad es que no me agrada tener que mirar para todos lados sintiendo que algo me falta. Mi hedonismo se dispara deseando de nuevo poder tenerte entre mis brazos en ese afectuoso abrazo que me hace poder accedes a cada zona llena de cicatrices, en las que poder pasear mis dedos para poder sentir tus estremecimientos y tus contenciones de aire. Me deleito en el dolor que emanan tus pequeños gritos y sobresalto cuando presiono esa herida recién causada por el simple echo de poder corroborar que tu dolor, la esencia que se filtra por tu blanca y delicada piel, le da ese toque que podría enloquecer a mas de un adicto al dolor ajeno como yo. El bello lazo que nos une sin duda se ha fortalecido con esto y lo cierto es que mas se va a fortalecer pero nunca hasta los límites de esa locura que llaman amor pues como ya dijiste tu en una de tus múltiples ye inteligentes observaciones, amo tu dolor y eso según parece es hermoso. El concepto de amor aquí se distorsionaría ante el entendimiento de cualquier estúpido cerrado de mente. No entienden que el amor se puede sentir ante muchas cosas pero claro tiene que tener ojos y ser un ser vicio, no se puede mar una emoción. Son unos atrasados culturalmente hablando y emocionalmente ni te cuento. Siento una irresistible tentación de hacerte sufrir en cualquier momento del día y el cuerpo me pide no solamente la lujuria mas desenfrenad con alguna dama que se preste a ceder su cuerpo a mis ansias biológicas sino a poder hacerte soltar un par de esos gemidos tan bonitos que salen de tus labios, de los que expresan cuan doloroso resulta que tu piel empiece a desprenderse de tu cuerpo, que tus huesos se descoloquen de sus articulaciones, que la carne de tu cuerpo se queme sin desprenderse para dejar una huella imborrable por toda la vida. En caso de invertirse los roles, de ser yo el tatuado por tus fogosas artes se me subiría el rubor a la cara cada vez que viera la quemadura, pero da la casualidad de que no es así. Si hay algo que lamento es que siempre se me ocurran las mejores ideas después de haber terminado la obra, por eso me alegré de sobremanera cuando supe que tu cuerpo (o al menos gran parte de él pues intimidad todos tenemos) sería lienzo de una tortura aun mayor, de que podría llevar a cabo cientos de miles de proyectos y en la mente se combinan muchas cosas para poder deleitarme con el ultimo grito de dolor hasta que tu voz desaparezca. Me encanta esa escena de la luna entrando por la ventana de tu acostada a mi lado, como quienes casualmente han coincidido en la misma habitación, de tus bonitos ojos mirándome entrecerrados ocultando las lágrimas, queriendo ocultar al caída por obra de ese objeto que poco a poco te desgarra la piel hasta llegar al alma, paralizando a su paso los tendones y haciendo arder el sistema nervioso, que los gritos salgan impunemente nada me haría mas feliz pero esa manía de guardártelos solamente aumenta mis ansias de mas de tu delicioso dolor, de ese incienso que quemaría en mis oídos una y otra vez hasta que finalmente te desmayaras, te desangraras o lo que fuera. No malinterpretes esto ultimo, ya que tu muerte sería tan terriblemente dolorosa para mí que la locura por el dolor se haría conmigo. lo se, algo mas bien digno del amado que pierde a la amada pero sabes que soy muy sensible. Cambiando ligeramente de tema, las paredes aun huelen a ti, bueno mas bien tus gritos y a la esencia que desprendes, que se mezcla con el dolor y que me ha sonado de haber aspirado mas de una vez en alguna que otra sesión de fornicio con una amante. Creo que sabes de que hablo... De solo pensarlo una sonrisa se extiende por mi rostro y las ansias de seguir torturando tu cuerpo hasta la extenuación se acrecentan de una forma que ni podrías imaginar querida. Me despido cortésmente haciendo mi mas profunda y deleitosa reverencia y esperando a que tu presencia llene de nuevo mis aposentos para poder seguir con el deleite de tu dolor mas extremo.
Atentamente: tu sádico amigo
viernes, 18 de noviembre de 2011
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Proyectos nocturnos
En la noche mas fría de todo el año y movidas las cortinas de algunas de sus habitaciones de ventanales entreabiertos, se asomaba un castillo entre la bruma nocturna. La niebla densa de esa estación llena de tristeza y oscuras intenciones era un manto blanco que precedería a la nieve del frío invierno que ya estaba mas que aposentado pero parecía reticente a dejar la caer los primeros copos del año. Sus piedras negras podría contar miles de historia en las que el sexo y la sangre, el dolor y la agonía o las fiestas y las orgías se entremezclaban en miles de matices y combinaciones de espanto y a la vez cargadas de una fascinación inaudita para cualquier mente humana que se encuentre medianamente cuerda en este mundo asolado por locuras sin fin. Un silencio se cernía sobre el páramo sombrío, la vegetación muerta de los alrededores apenas despuntaría un poco antes de la caída del siguiente invierno. De todas formas nadie prestaría su vida para la exploración de la flora que crecía en los alrededores de ese lugar. Los gritos no permitirían a ningún herborista hacer algo digno y decente de su trabajo.
De los cientos de ventanales, ojos de buey y ventanucos destinados a inyectar un poco de luz en esas negras y tétricas entrañas de pasillos galerías, solo en uno de estos pequeños accesos que muchos recomendarían como poco útiles para acceder a las habitaciones si no bien la puerta sería mas sencilla de usar, la luz salía al exterior. Era una luz tenue, se podría deducir que de una chimenea. Una chimenea grande efectivamente estaba empotrada en una pared de la gran habitación en la que se encontraban dos figuras. Ropajes ni muy elegantes ni muy humildes, lo que sería definido como algo ´´normal´´ ante sus ojos. En sus rostros la contraposición mas obvia y capaz de lograrse entre dos personas. Las facciones de un caballero de rostro afilado estaban expresando en ese momento un infinito placer cuando sus dedos presionaban la parte sangrante del brazo de una acompañante femenina de delicado y bello rostro. Sus ojos negros y rasgados, los cuales le conferían un aspecto algo gatuno ante la imaginación de su torturador, emitían unas lágrimas, una de las múltiples formas de expresar el dolor que en esos momentos el cuerpo de la dama estaba experimentando. Los gemidos y los gritos contenidos estaban siendo un regalo para los oídos del dueño de un objeto afilado con la cuchilla adaptada para hacer cortes limpios en pieles mas o menos duras. Mas la piel de esa dama era delicada y fina, blanca y deliciosa al tacto, los labios y el olfato. Ese olor natural de la piel humana aderezado con la esencia y la especia mas fuerte del dolor le daba un aspecto que sinceramente era muy difícil de ignorar.
Deliberadamente en medio de su casual conversación el caballero de negro corazón pasaba los dedos por Unas heridas u otras con ánimo de causar un dolor que la ´´victima´´ no escondía en ningún momento. Un siseo hacía sonreír de vez en cuando al dueño de ese castillo negro como su alma. Era delicioso sentir como ella movía los dedos para relajar la tensión pero apenas lograba nada. De todas formas eran amigos? sí, y no saben como. Se querían? también, desde luego, los amigos se quieren. Perfectos amantes sería ellos. él proponiendo formas d hacerla sufrir, ella aceptándolo dentro de unos cánones. Sencillamente perfecto. Un dedo en una herida, un grito agudo, un gemido de dolor y una sonrisa complacida, satisfecha por la obra que llevaba a cabo en ese cuerpo. Una nariz que pasea por el cuello, un aroma que se cuela y un cuerpo que se estremece ante esa esencia, ante un dolor que de tan intenso que es, se puede detectar al otro lado del castillo, un reclamo perfecto para ese ser atormentado que disfruta de hacer sentir a su acompañante sensaciones tortuosas sin fin, desde un respeto y una afinidad pocas veces logradas. Y la poesía imperante.
Escrita de mil formas en miles de momento,en mil idiomas y con mil significados la piel de la dama estaba marcada por intensas y trabajadas cicatrices, bellos recuerdos que el poeta que estaba a su lado recordaría. Cada contracción de los músculos ante el dolor que el deliciosamente le proporcionaba, La piel rasgada, la casi incapacidad de hablar cuando el le solicitaba alguna respuesta a preguntas aleatorias que pasaban por su mente. Nada fuera de lo normal salvo las cicatrices y el dolor. Siempre ese dolor intenso que gustaba de causar en ella, sin saber ni como ni porque pero estaba seguro de que otras lo decepcionarían hasta limites insospechados. Era puro amor. Amor al dolor de ella. Cada gemido y cada grito eran tan dulces como los ´´te quiero´´ de una amante o de una novia. Cada lágrima sabía a mil veces mas gloria que la sangre de su adorable y bella acompañante. Sentía unas ansias casi enfermizas de poder comenzar a incendiar en sangre y dolor su espalda o quizás quien sabe las piernas o el otro brazo después de terminar con el otro. la idea lo llenaba de gozo y para que negarlo de excitación. Otra aspiración. Otra sobredosis de su dolor.
Entra en escena el rojo hierro, candente por los minutos en la fragua para que su calor sea mas que condenatorio y suficiente en el arte de dejar una impronta inolvidable en su improvisado lienzo humano. Los sentidos se disparan en ese momento. Los ojos se desencajan por la excitación de ver ese cuerpo tan elegante desgarrar las cuerdas vocales, patalear quizás. removerse desesperada, llorar, por supuesto, hasta que los ojos se sequen y el tenga que sacárselos pues quizás no le resulten útiles nunca mas. y ella lloraría sangre. El escalofrío de placer que le recorrió el espinazo ante eso fue mas que notable. Ese hierro al rojo sería la culminación del segundo proyecto lanzado hace un tiempo, Unos escaso días interrumpidos por desapariciones repentinas. Pero que terminaría desde luego. Se quedaba pensando el caballero que si se movía la obra quizás quedara mal. la tendría que atar a la cama quizás o meter su brazo en una prensa para sostenerlo bien. De nuevo otro pensamiento mas de como hacerla sufrir, de como llenar sus oídos con la deliciosa sinfonía de sus gritos de dolor, su olfato con ese mismo dolor y el olor a carne quemada seguramente no lo desagradaría. Los lobos aullaban y la luna estaba roja, el vello de la nuca estaba de punta
Un hierro al rojo con la letra Fi se acercó a su muñeca. Unas pocas palabras, una risa nerviosa ante lo que iba a suceder. La mirada de ella ea temerosa y en un amago de cordura y sentido común serpientes de cuero ataron a la joven y elegante dama. Tobillos finos, unas piernas largas como un día sin pan y bellas como sílfides en sí mismas, el bonito y destacable busto cubierto por ropas holgadas con otra cinta de irrompible cuelo por debajo de este. Manos y brazos amarrados. El hierro mientras tanto descansaba en la forja y entre palabras sobre romper huesos y demás se fue calentando hasta que su tonalidad pasó de rojo a blanco. La excitación embargaba al sádico hasta puntos en los que le era difícil ocultar algún gesto casi incestuoso de cara a esa hermana de aficiones y gustos que disfrutaba tanto como él lo que se experimentaba en esa noche. Tiempo había tenido ella de secar sus lagrimas y de dignamente colocarse cuan reina en el pequeño asiento. Su rostro estaba algo contraído pues las tiras de cuero pasaban por sus otras heridas. De ser otra persona la dama ya estaría mas que violada y desgarrada en su interior y exterior por miles de lacerantes cuchillas que buscarían dolor y suplicas de muerte por el fin de al agonía. El hierro al blanco de nuevo en la mano del torturador que tanto anhelaba ese néctar invisible que se deslizaba por las fosas nasales para embotar su mente con miles de imágenes. Las miradas se encuentran. Dos risas estallan en la habitación hasta que el hierro se estrella contra la muñeca de su bella acompañante y entonces el grito y los movimientos espasmódicos se suceden ante las oleada de dolor que le siguen en ese doloroso peregrinaje voluntario y morboso. En su interior los demonios del caballero negro bailan una danza macabra y su parte buena que algunos han tachado de angelical mira morbosamente, regodeándose en un dolor contra el que debería sentir asco pero que no puede evitar mirar con fascinante interés. Las lágrimas brotan como locas mientras la marca se hace algo mas notoria a cada segundo que pasa el hierro en la piel de la torturada víctima. Tres segundos se hacen una eternidad y a la vez demasiado cortos para los que ahí habitan, en medio de esas paredes que sangran placer cuando los gritos de ella excitan toda la estructura y los alrededores. El dueño de esas paredes contempla extasiado, hipnotizado y con unos dientes afilados como cuchillas el rostro de ella, como se desvanece casi por el dolor, como no puede moverse y como se retuercen todos sus sentidos ante sus ojos por ese dolor lacerante que se causa en sus oídos y que por motivo tiene el espantoso chillido de su adorable amiga. Cuando el dolor remitió lo suficiente para que pudiera articular unas pocas palabras siguió una conversación suave. Las correas desaparecieron y de nuevo la cama apareció, ahí se tumbaron y el olfato agudo de ese sádico caballero recorrió el cuello aspirando el aroma del dolor, extasiándose por esa y otras noches con la esencia del dolor. Era realmente adictivo sentir ese aroma que pronto volvería a experimentar sus sentidos. Ya estaba acordado de antemano.
De los cientos de ventanales, ojos de buey y ventanucos destinados a inyectar un poco de luz en esas negras y tétricas entrañas de pasillos galerías, solo en uno de estos pequeños accesos que muchos recomendarían como poco útiles para acceder a las habitaciones si no bien la puerta sería mas sencilla de usar, la luz salía al exterior. Era una luz tenue, se podría deducir que de una chimenea. Una chimenea grande efectivamente estaba empotrada en una pared de la gran habitación en la que se encontraban dos figuras. Ropajes ni muy elegantes ni muy humildes, lo que sería definido como algo ´´normal´´ ante sus ojos. En sus rostros la contraposición mas obvia y capaz de lograrse entre dos personas. Las facciones de un caballero de rostro afilado estaban expresando en ese momento un infinito placer cuando sus dedos presionaban la parte sangrante del brazo de una acompañante femenina de delicado y bello rostro. Sus ojos negros y rasgados, los cuales le conferían un aspecto algo gatuno ante la imaginación de su torturador, emitían unas lágrimas, una de las múltiples formas de expresar el dolor que en esos momentos el cuerpo de la dama estaba experimentando. Los gemidos y los gritos contenidos estaban siendo un regalo para los oídos del dueño de un objeto afilado con la cuchilla adaptada para hacer cortes limpios en pieles mas o menos duras. Mas la piel de esa dama era delicada y fina, blanca y deliciosa al tacto, los labios y el olfato. Ese olor natural de la piel humana aderezado con la esencia y la especia mas fuerte del dolor le daba un aspecto que sinceramente era muy difícil de ignorar.
Deliberadamente en medio de su casual conversación el caballero de negro corazón pasaba los dedos por Unas heridas u otras con ánimo de causar un dolor que la ´´victima´´ no escondía en ningún momento. Un siseo hacía sonreír de vez en cuando al dueño de ese castillo negro como su alma. Era delicioso sentir como ella movía los dedos para relajar la tensión pero apenas lograba nada. De todas formas eran amigos? sí, y no saben como. Se querían? también, desde luego, los amigos se quieren. Perfectos amantes sería ellos. él proponiendo formas d hacerla sufrir, ella aceptándolo dentro de unos cánones. Sencillamente perfecto. Un dedo en una herida, un grito agudo, un gemido de dolor y una sonrisa complacida, satisfecha por la obra que llevaba a cabo en ese cuerpo. Una nariz que pasea por el cuello, un aroma que se cuela y un cuerpo que se estremece ante esa esencia, ante un dolor que de tan intenso que es, se puede detectar al otro lado del castillo, un reclamo perfecto para ese ser atormentado que disfruta de hacer sentir a su acompañante sensaciones tortuosas sin fin, desde un respeto y una afinidad pocas veces logradas. Y la poesía imperante.
Escrita de mil formas en miles de momento,en mil idiomas y con mil significados la piel de la dama estaba marcada por intensas y trabajadas cicatrices, bellos recuerdos que el poeta que estaba a su lado recordaría. Cada contracción de los músculos ante el dolor que el deliciosamente le proporcionaba, La piel rasgada, la casi incapacidad de hablar cuando el le solicitaba alguna respuesta a preguntas aleatorias que pasaban por su mente. Nada fuera de lo normal salvo las cicatrices y el dolor. Siempre ese dolor intenso que gustaba de causar en ella, sin saber ni como ni porque pero estaba seguro de que otras lo decepcionarían hasta limites insospechados. Era puro amor. Amor al dolor de ella. Cada gemido y cada grito eran tan dulces como los ´´te quiero´´ de una amante o de una novia. Cada lágrima sabía a mil veces mas gloria que la sangre de su adorable y bella acompañante. Sentía unas ansias casi enfermizas de poder comenzar a incendiar en sangre y dolor su espalda o quizás quien sabe las piernas o el otro brazo después de terminar con el otro. la idea lo llenaba de gozo y para que negarlo de excitación. Otra aspiración. Otra sobredosis de su dolor.
Entra en escena el rojo hierro, candente por los minutos en la fragua para que su calor sea mas que condenatorio y suficiente en el arte de dejar una impronta inolvidable en su improvisado lienzo humano. Los sentidos se disparan en ese momento. Los ojos se desencajan por la excitación de ver ese cuerpo tan elegante desgarrar las cuerdas vocales, patalear quizás. removerse desesperada, llorar, por supuesto, hasta que los ojos se sequen y el tenga que sacárselos pues quizás no le resulten útiles nunca mas. y ella lloraría sangre. El escalofrío de placer que le recorrió el espinazo ante eso fue mas que notable. Ese hierro al rojo sería la culminación del segundo proyecto lanzado hace un tiempo, Unos escaso días interrumpidos por desapariciones repentinas. Pero que terminaría desde luego. Se quedaba pensando el caballero que si se movía la obra quizás quedara mal. la tendría que atar a la cama quizás o meter su brazo en una prensa para sostenerlo bien. De nuevo otro pensamiento mas de como hacerla sufrir, de como llenar sus oídos con la deliciosa sinfonía de sus gritos de dolor, su olfato con ese mismo dolor y el olor a carne quemada seguramente no lo desagradaría. Los lobos aullaban y la luna estaba roja, el vello de la nuca estaba de punta
Un hierro al rojo con la letra Fi se acercó a su muñeca. Unas pocas palabras, una risa nerviosa ante lo que iba a suceder. La mirada de ella ea temerosa y en un amago de cordura y sentido común serpientes de cuero ataron a la joven y elegante dama. Tobillos finos, unas piernas largas como un día sin pan y bellas como sílfides en sí mismas, el bonito y destacable busto cubierto por ropas holgadas con otra cinta de irrompible cuelo por debajo de este. Manos y brazos amarrados. El hierro mientras tanto descansaba en la forja y entre palabras sobre romper huesos y demás se fue calentando hasta que su tonalidad pasó de rojo a blanco. La excitación embargaba al sádico hasta puntos en los que le era difícil ocultar algún gesto casi incestuoso de cara a esa hermana de aficiones y gustos que disfrutaba tanto como él lo que se experimentaba en esa noche. Tiempo había tenido ella de secar sus lagrimas y de dignamente colocarse cuan reina en el pequeño asiento. Su rostro estaba algo contraído pues las tiras de cuero pasaban por sus otras heridas. De ser otra persona la dama ya estaría mas que violada y desgarrada en su interior y exterior por miles de lacerantes cuchillas que buscarían dolor y suplicas de muerte por el fin de al agonía. El hierro al blanco de nuevo en la mano del torturador que tanto anhelaba ese néctar invisible que se deslizaba por las fosas nasales para embotar su mente con miles de imágenes. Las miradas se encuentran. Dos risas estallan en la habitación hasta que el hierro se estrella contra la muñeca de su bella acompañante y entonces el grito y los movimientos espasmódicos se suceden ante las oleada de dolor que le siguen en ese doloroso peregrinaje voluntario y morboso. En su interior los demonios del caballero negro bailan una danza macabra y su parte buena que algunos han tachado de angelical mira morbosamente, regodeándose en un dolor contra el que debería sentir asco pero que no puede evitar mirar con fascinante interés. Las lágrimas brotan como locas mientras la marca se hace algo mas notoria a cada segundo que pasa el hierro en la piel de la torturada víctima. Tres segundos se hacen una eternidad y a la vez demasiado cortos para los que ahí habitan, en medio de esas paredes que sangran placer cuando los gritos de ella excitan toda la estructura y los alrededores. El dueño de esas paredes contempla extasiado, hipnotizado y con unos dientes afilados como cuchillas el rostro de ella, como se desvanece casi por el dolor, como no puede moverse y como se retuercen todos sus sentidos ante sus ojos por ese dolor lacerante que se causa en sus oídos y que por motivo tiene el espantoso chillido de su adorable amiga. Cuando el dolor remitió lo suficiente para que pudiera articular unas pocas palabras siguió una conversación suave. Las correas desaparecieron y de nuevo la cama apareció, ahí se tumbaron y el olfato agudo de ese sádico caballero recorrió el cuello aspirando el aroma del dolor, extasiándose por esa y otras noches con la esencia del dolor. Era realmente adictivo sentir ese aroma que pronto volvería a experimentar sus sentidos. Ya estaba acordado de antemano.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Noche dolorosa
Su majestad la noche se presentaba una vez mas sobre las cabezas de sus siervos y en medio de un manto de estrellas la oscuridad todo lo devoraba. Era una noche fría de tantas otra en invierno pero carente de nubes y la vista era bella como el rostro de la diosa Caronte. Ahí estaban sentados tranquilamente dos buenos amigos, un caballero de dudosa reputación con muchos conflictos interiores y una dama de bello y elegante porte, largas piernas y bellos ojos negros que se había prestado, en un arranque de originalidad a llevar un proyecto largamente esperado. Recostados se encontraban estos dos individuos de curiosa mentalidad, ella sobre el pecho de él. Les unía una extraña hermandad que el caballero pervertía en su interior cada vez que podía siempre desde el respeto y por así decirlo la ternura y la amistad. No eran muy precisas las palabras salvo cuando el dolor entrecortaba la voz de la dama de bonitos ojos negros al sentir el filo de la cuchillas desgarrar la piel de su brazo. Los brazos del buen samaritano se ciñeron en su cintura y se deleito de forma mas que visible con el aroma de la piel de su cuello una ultima vez antes de que esta se impregnara en el afrodisíaco dolor de su querida y lejana pariente no consanguinea.
Las miradas se encontraban y tranquilamente divagaba el buen hombre ignorando los pensamientos, sin dejar de llevar a cabo el deber que tenía por delante. Lentamente movía el filo, a veces de forma tan tortuosamente profunda y lenta que los gritos de dolor eran inevitables. Pero la resistencia de la dama era admirable y a veces se permitía alargar la conversación o rebatir los argumentos sobre si mismo de forma muy elocuente. A veces era la mirada de rabia y odio por sus auto-torturas lo que el hacía convencerse al buen hombre de sanguinarias parafilías que ella no estaba de acuerdo y entonces una sonrisa asomaba en sus labios y sentía y pensaba cuanto la quería y la estimaba no solo por prestarse a semejante y hedonista deseo sino porque siempre que se veía en la capacidad de argumentar lo hacía de una forma muy coherente y de lo mas elegante. Los trazos fueron sucediéndose lentamente. Primero una ´´T´´ en dos trazos, uno lento y el otro rápido para que el dolor le golpeara de lleno. Esto hacía pensar al caballero que se había iniciado un peregrinaje a través de las sensaciones que poco podría tener que ver con la sanidad mental o los placeres de la lujuria y los pecados capitales. Eso era puro y sencillo sadismo. Y aun así, con el consentimiento y disfrute de ambos, él se sentía un monstruo. Mas no ponía mucho de su parte para curar sus trastornos y al fin parece que alguien disfrutaba al igual que el de sus tormentos interiores.
la sangre se iba derramando y su aroma se mezclaba con el dolor físico que emanaba la piel de ella. La nariz viajaba por su cuello aspirando, embriagándose de los aromas que le regalaba su querida hermana, pues eso eran o así se veían por ciertos motivos relacionados con la madre de él que no van a explicarse. las sensaciones de dolor que ella estaba transmitiéndole eran tan deliciosas que su cuerpo reaccionaba por momentos en contra de su voluntad. las palabras se sucedían, y a medida que corría la sangre también corrían los diversos argumentos para alejar de la mente de él que fuera una mala persona y también para conocer mejor el interior de ella. Cierto era que ese dolor no era mas que puro dolor físico anestesiado por un lazo de comprensión mutua y de amistad que pocas veces se había experimentado en los corazones de los sencillos humanos. La sonrisa sádica del oscuro y sádico caballero era un mensaje de ´´gracias por esto me haces sentir casi casi casi casi feliz´´. No eran necesarias las palabras. Bueno en realidad sí ya que el caballero de negro corazón encontraba un secreto placer en la voz entrecortada por el dolor de la dama y eso le hacía sonreír mas de lo que ya estaba sonriendo. Encontraba una oscura diversión al posar los labios en el cuello de ella mientras hacia un trazo mas en ese mensaje que ella tendría por siempre grabado en la piel y notar como los gritos de dolor eran contenidos a duras penas. Era todo tan delicioso. Entre letra y letra siempre había paso para saciarse la sed con un poco de la sangre que estaba derramando ese elegante y fuerte brazo.
El sabor fuerte de la sangre le llenaba de sensaciones pero mas intenso y mas adictivo era el dolor que aspiraba desde hace tiempo el olfato de ese hombre embelesado por el dolor de la dama. Sus lagrimas corrían ya por sus mejillas y el sabor salado de estas eran un ingrediente perfecto para aderezarlo con la sangre y con el dolor. Unas veces buscaba el dolor lento que se acumulaba pasando el bisturí muy poco a poco por la piel, otras veces era rápido y preciso y se quedaba quieto deleitándose con el dolor de ella.De nuevo un descanso, un poco de sangre, el sudor corriendo por la frente de ella, su rostro pálido por la falta de sangre y el rostro desencajado pro el dolor físico y no por el espiritual la hacía mas bella ante los ojos de ese ser abyecto lleno de oscuridad y a la vez de deseos de paz y bien para el mundo y sobretodo para la gente que le importa.
Durante unos días se estuvo dando ese espectáculo, esa sesión de dolor lacerante, de palabras sorprendentes y secretas aunque para nada comprometedoras ni peligrosas, sencillamente eran dos amigos hablando mientras uno se dedicaba a una cosa y el otro a padecer lo que el primero hacía con un estoicismo asombrosos. Muchos debates, muchas palabras, conversaciones, deseos y delirios. Muchos mas proyectos que los de esa índole, ya no se pensaba en palabras sino en imágenes, algo que al buen y sádico caballero lo lleno de ilusión y alegría. Ya veía símbolos tatuados en la espalda d ella, la sangre corriendo por los cortados. , quizás algo en el hombro o quien sabe si entre sus bonitos, magníficos y potentes...ojos. Se sentía extasiado el buen caballero con todo eso pero no quería hacerse demasiadas ideas o tendrían que cambiar de postura para no incomodar a la dama. La sangre era el condimento especial pero el plato principal era el dolor.
Ese dolor lacerante, físico, que al igual que los desamores o los sentimientos, dejarían una cicatriz para siempre con esas letras que ellos disfrutaron, uno en escribirlas y otra en sentir como se las escribirían en esa piel blanca y suave, aromatizada con un dolor que emergía de su piel por varios días, que cada vez que se encontraban él no podía abrazarse a ella, aspirar el aroma de su piel, detectar el dolor y sonreír de gusto, de placer, ante un placer por pocos entendido y que él no tenía tiempo para explicar porque sabia que nadie lo entendería.
Así termina esta historia tan poco inventada pero muy imaginada.
Las miradas se encontraban y tranquilamente divagaba el buen hombre ignorando los pensamientos, sin dejar de llevar a cabo el deber que tenía por delante. Lentamente movía el filo, a veces de forma tan tortuosamente profunda y lenta que los gritos de dolor eran inevitables. Pero la resistencia de la dama era admirable y a veces se permitía alargar la conversación o rebatir los argumentos sobre si mismo de forma muy elocuente. A veces era la mirada de rabia y odio por sus auto-torturas lo que el hacía convencerse al buen hombre de sanguinarias parafilías que ella no estaba de acuerdo y entonces una sonrisa asomaba en sus labios y sentía y pensaba cuanto la quería y la estimaba no solo por prestarse a semejante y hedonista deseo sino porque siempre que se veía en la capacidad de argumentar lo hacía de una forma muy coherente y de lo mas elegante. Los trazos fueron sucediéndose lentamente. Primero una ´´T´´ en dos trazos, uno lento y el otro rápido para que el dolor le golpeara de lleno. Esto hacía pensar al caballero que se había iniciado un peregrinaje a través de las sensaciones que poco podría tener que ver con la sanidad mental o los placeres de la lujuria y los pecados capitales. Eso era puro y sencillo sadismo. Y aun así, con el consentimiento y disfrute de ambos, él se sentía un monstruo. Mas no ponía mucho de su parte para curar sus trastornos y al fin parece que alguien disfrutaba al igual que el de sus tormentos interiores.
la sangre se iba derramando y su aroma se mezclaba con el dolor físico que emanaba la piel de ella. La nariz viajaba por su cuello aspirando, embriagándose de los aromas que le regalaba su querida hermana, pues eso eran o así se veían por ciertos motivos relacionados con la madre de él que no van a explicarse. las sensaciones de dolor que ella estaba transmitiéndole eran tan deliciosas que su cuerpo reaccionaba por momentos en contra de su voluntad. las palabras se sucedían, y a medida que corría la sangre también corrían los diversos argumentos para alejar de la mente de él que fuera una mala persona y también para conocer mejor el interior de ella. Cierto era que ese dolor no era mas que puro dolor físico anestesiado por un lazo de comprensión mutua y de amistad que pocas veces se había experimentado en los corazones de los sencillos humanos. La sonrisa sádica del oscuro y sádico caballero era un mensaje de ´´gracias por esto me haces sentir casi casi casi casi feliz´´. No eran necesarias las palabras. Bueno en realidad sí ya que el caballero de negro corazón encontraba un secreto placer en la voz entrecortada por el dolor de la dama y eso le hacía sonreír mas de lo que ya estaba sonriendo. Encontraba una oscura diversión al posar los labios en el cuello de ella mientras hacia un trazo mas en ese mensaje que ella tendría por siempre grabado en la piel y notar como los gritos de dolor eran contenidos a duras penas. Era todo tan delicioso. Entre letra y letra siempre había paso para saciarse la sed con un poco de la sangre que estaba derramando ese elegante y fuerte brazo.
El sabor fuerte de la sangre le llenaba de sensaciones pero mas intenso y mas adictivo era el dolor que aspiraba desde hace tiempo el olfato de ese hombre embelesado por el dolor de la dama. Sus lagrimas corrían ya por sus mejillas y el sabor salado de estas eran un ingrediente perfecto para aderezarlo con la sangre y con el dolor. Unas veces buscaba el dolor lento que se acumulaba pasando el bisturí muy poco a poco por la piel, otras veces era rápido y preciso y se quedaba quieto deleitándose con el dolor de ella.De nuevo un descanso, un poco de sangre, el sudor corriendo por la frente de ella, su rostro pálido por la falta de sangre y el rostro desencajado pro el dolor físico y no por el espiritual la hacía mas bella ante los ojos de ese ser abyecto lleno de oscuridad y a la vez de deseos de paz y bien para el mundo y sobretodo para la gente que le importa.
Durante unos días se estuvo dando ese espectáculo, esa sesión de dolor lacerante, de palabras sorprendentes y secretas aunque para nada comprometedoras ni peligrosas, sencillamente eran dos amigos hablando mientras uno se dedicaba a una cosa y el otro a padecer lo que el primero hacía con un estoicismo asombrosos. Muchos debates, muchas palabras, conversaciones, deseos y delirios. Muchos mas proyectos que los de esa índole, ya no se pensaba en palabras sino en imágenes, algo que al buen y sádico caballero lo lleno de ilusión y alegría. Ya veía símbolos tatuados en la espalda d ella, la sangre corriendo por los cortados. , quizás algo en el hombro o quien sabe si entre sus bonitos, magníficos y potentes...ojos. Se sentía extasiado el buen caballero con todo eso pero no quería hacerse demasiadas ideas o tendrían que cambiar de postura para no incomodar a la dama. La sangre era el condimento especial pero el plato principal era el dolor.
Ese dolor lacerante, físico, que al igual que los desamores o los sentimientos, dejarían una cicatriz para siempre con esas letras que ellos disfrutaron, uno en escribirlas y otra en sentir como se las escribirían en esa piel blanca y suave, aromatizada con un dolor que emergía de su piel por varios días, que cada vez que se encontraban él no podía abrazarse a ella, aspirar el aroma de su piel, detectar el dolor y sonreír de gusto, de placer, ante un placer por pocos entendido y que él no tenía tiempo para explicar porque sabia que nadie lo entendería.
Así termina esta historia tan poco inventada pero muy imaginada.
domingo, 6 de noviembre de 2011
El incendio caprichoso
Lamían las llamas las paredes del castillo, era toda una catástrofe digna de retratar en miles de cuadros pues aunque trágico, también era una verdadera maravilla ver ese espectáculo de color y de luz que mataba la oscuridad de la noche de una forma mas que sobresaliente. El humo era asfixiante en su máxima expresión y ni una bocanada de aire fresco se podría dar cuando este entraba con sus lánguidas garras dentro de la garganta de quien se encontrara en su camino ayudado por el viento. La luna había rehuido de mirar ese espectáculo tan intenso y luminoso aunque las estrellas asomaban entre las nubes para alarmarse y preguntarse cuantos habían sobrevivido. Los habitantes de los pueblos adyacentes que se encontraban en las cercanías se encontraban extasiados por el sentimiento de ayudar a apagar las llamas, corriendo de un lado a otro recurriendo a cada pozo que se encontraba en las inmediaciones. Todo el servicio del castillo al completo estaban mas que locos intentando luchar contra las llamas que se ponían mas que insistentes en hacerse dueñas de esa construcción. Luchaban contra el calor sofocante, contra el humo impregnado en productos de todo tipo por culpa de ciertos laboratorios que se extendían a lo largo de toda la amplia construcción. Era infernal todo aquello, sencillamente infernal. las mujeres llamaban por sus hombres, los niños a sus madres y los hombres a sus familias, para que digan que los hombres piensan con la entrepierna.
Y un caballero buscaba con abierto desespero a su familia, a su mujer embarazada de pocos meses pero embarazada a fin de cuentas y a su hija. La armadura lo estaba abrasando por dentro y decidido se la quitó quedando a pecho descubierto. Un erudito del saber estaba llorando desconsolado por todo el saber que se estaba perdiendo y confiaba en que su aprendiz, que había corrido desoyendo su consejo de protegerse se fue directo a la biblioteca a salvar todo lo que sus delgados brazos podían salvar. El pobre chaval no saldría con mas de dos o tres libros pero saldría con toa la fortuna de los dioses de su parte. La servidumbre estaba mas que entregada a la extinción de las llamas. Un par de magos se habían unido invocando la mayor de las tormentas de lluvia con la que apagar las llamas. Sin embargo el denominador común a las preocupaciones de todos aquellos que se encontraban presentes. El señor del castillo. Donde se encontraba lo ignoraban pero temían que con su muerte terminara el esplendor de esa bella comarca que tan bien mantenida por la sabiduría y la justicia había estado.
Lo que ignoraban es que en los aposentos reales el señor de ese castillo ignoraba a su vez las llamas que devoraban en castillo a pesar de que el incendio se había iniciado en las dependencias de ese poderoso lord que tan buen juicio pretendía tener en todo momento. Las miradas con su amante eran cruentamente intensas, se devoraban mutuamente como las llamas al castillo. Sus cuerpos ardientes estaban siendo el final de esa estructura de la cual ya no dependían pues únicamente se refugiaban en los labios y los besos del otro. Se mordían con crueldad, se decían todo tipo de obscenidades y de bellas palabras, se lamían las heridas mutuamente de una forma tierna, casi maternal, se besaban con pasión y dejaban que el sudor los cubriera en medio de los poderosos gemidos que emitían sus gargantas cada vez que un éxtasis de intenso placer invadía cada fibra de su ser, llevándolos mas allá de ese castillo llameante, de ese infierno que antes era un cielo, un paraíso de prosperidad. En el punto álgido que siempre precedía a esa bajada de ritmo sus labios se unieron de nuevo en un largo e intenso beso que poco a poco fue dando paso una ternura imposible de concebir en ningún tipo de composición artística.
Y el incendio los cubrió pero no los mató pues ellos eran mas ardientes que el fuego y cuando todo se hubo apagado, cuando todo hubo terminado, los caballeros, revisando los escombros se acercaron a esa cama de sábanas negras, intactas, sin una sola mancha de hollín o quemadura que se pudiera apreciar pues ninguna había, descubriendo los cuerpos de su señor y la amante de este, llenos ambos de algún que otro arañazo echo por el contrario, pero sonrientes y mirándose un instante con la mas infinita ternura y a la vez el mas apasionado deseo. La cara de estupefacción de los caballeros era algo digno de retratar sí, y mas aun la indignación de algún que otro religioso pero sin embargo el erudito, el mas sabio y anciano de todos los presentes se dedicó a sonreír y sencillamente decir a los presentes.
-Estos chicos de hoy en día. -Y sin mas se dirigió a lo que quedaba de al biblioteca a hacer revisión de lo que se había perdido y de los destrozos causados por el incendio que esos dos amantes fogosos habían causado.
Y un caballero buscaba con abierto desespero a su familia, a su mujer embarazada de pocos meses pero embarazada a fin de cuentas y a su hija. La armadura lo estaba abrasando por dentro y decidido se la quitó quedando a pecho descubierto. Un erudito del saber estaba llorando desconsolado por todo el saber que se estaba perdiendo y confiaba en que su aprendiz, que había corrido desoyendo su consejo de protegerse se fue directo a la biblioteca a salvar todo lo que sus delgados brazos podían salvar. El pobre chaval no saldría con mas de dos o tres libros pero saldría con toa la fortuna de los dioses de su parte. La servidumbre estaba mas que entregada a la extinción de las llamas. Un par de magos se habían unido invocando la mayor de las tormentas de lluvia con la que apagar las llamas. Sin embargo el denominador común a las preocupaciones de todos aquellos que se encontraban presentes. El señor del castillo. Donde se encontraba lo ignoraban pero temían que con su muerte terminara el esplendor de esa bella comarca que tan bien mantenida por la sabiduría y la justicia había estado.
Lo que ignoraban es que en los aposentos reales el señor de ese castillo ignoraba a su vez las llamas que devoraban en castillo a pesar de que el incendio se había iniciado en las dependencias de ese poderoso lord que tan buen juicio pretendía tener en todo momento. Las miradas con su amante eran cruentamente intensas, se devoraban mutuamente como las llamas al castillo. Sus cuerpos ardientes estaban siendo el final de esa estructura de la cual ya no dependían pues únicamente se refugiaban en los labios y los besos del otro. Se mordían con crueldad, se decían todo tipo de obscenidades y de bellas palabras, se lamían las heridas mutuamente de una forma tierna, casi maternal, se besaban con pasión y dejaban que el sudor los cubriera en medio de los poderosos gemidos que emitían sus gargantas cada vez que un éxtasis de intenso placer invadía cada fibra de su ser, llevándolos mas allá de ese castillo llameante, de ese infierno que antes era un cielo, un paraíso de prosperidad. En el punto álgido que siempre precedía a esa bajada de ritmo sus labios se unieron de nuevo en un largo e intenso beso que poco a poco fue dando paso una ternura imposible de concebir en ningún tipo de composición artística.
Y el incendio los cubrió pero no los mató pues ellos eran mas ardientes que el fuego y cuando todo se hubo apagado, cuando todo hubo terminado, los caballeros, revisando los escombros se acercaron a esa cama de sábanas negras, intactas, sin una sola mancha de hollín o quemadura que se pudiera apreciar pues ninguna había, descubriendo los cuerpos de su señor y la amante de este, llenos ambos de algún que otro arañazo echo por el contrario, pero sonrientes y mirándose un instante con la mas infinita ternura y a la vez el mas apasionado deseo. La cara de estupefacción de los caballeros era algo digno de retratar sí, y mas aun la indignación de algún que otro religioso pero sin embargo el erudito, el mas sabio y anciano de todos los presentes se dedicó a sonreír y sencillamente decir a los presentes.
-Estos chicos de hoy en día. -Y sin mas se dirigió a lo que quedaba de al biblioteca a hacer revisión de lo que se había perdido y de los destrozos causados por el incendio que esos dos amantes fogosos habían causado.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Todo se cumplirá
Por sus labios se desparramaba una sonrisa de arrogancia que le coronaba un rostro afilado y lleno de simpatía hacia todo lo que fuera inherente a la maldad. En su cuerpo se perfilaba el cuerpo de una deidad llena de pecado, que propagaba este mismo por el mundo hasta llegar al mas íntimo roncón del alma de cualquier hombre o mujer. Caminaba seguro por todo el lugar mirando a uno y otro lado, dejando entrever una sonrisa arrebatadora que podía perder en la mas intensa locura a mas de una despistada criatura que se cruzara en su camino o si peor aun en el camino de sus caprichos. Manos seguras y fuertes cuyos pulgares se metían en el cinturón eran las herramientas de tortura y de conquista de ese ser que por hedonismo puro solamente se entregaba a los placeres que se le vinieran a la mente. No había plan que no se le hubiera pasado ya por la mente y eso que sus años eran pocos pero mucha su imaginación. Nadie escapaba a su mirada, a sus ojos de un color indefinido, a la suavidad de su piel también indefinible en una comparación con un material mas electrizante. Sentía las miradas, olía las envidias, excitaba los sentidos, lamía las intimidades y mordía los egos con una fuerza y una entrega que nadie podría anotar en su haber como algo plenamente humano. Paseaba ese personaje por unas calles de la ciudad sin nombre, por las avenidas de un lugar decadente pero lleno de actividad que solamente resucitaba en luz cuando eran las farolas las guardianas de esa urbe tan llena de miles de pecados.
Sus pasos apenas podía despertar una mínima sospecha de lo que circulaba por su mente y muchas de las personas con las que se cruzaba a veces ni lo miraban pero era una sensación extraña la que les recorría cuando pasaba este ser abyecto a su lado. nada les hacía suponer que prontamente escogería a una víctima, la que mas se le viniera en gana y que poco a poco la estaría atrapando en la intimidad de un apartamento, en la casa de ella o quizás en algún callejón oscuro. Las manías de sus caprichos a veces eran tales que muchas veces debía de evadirse rápido antes de que descubrieran el cadáver pero esa noche algo le decía que no iba a ser tan drástico en la aplicación de sus artes amatorias. Se dirigió hacia el centro de la ciudad, hacia el centro de ese pecado hecho con casas que desde el cielo parecía tener forma de estrella invocadora del mal. Sencillamente entró en el primer sitio que le llamó la atención y miró analíticamente pero sin dejarse llevar por la frialdad y si por la excitación, el panorama del lugar.
Ante él se extendía un infierno lleno de pecados y maldades varias, todas ellas relacionadas con los pecados mas antiguos del mundo, en donde la carne era consumida por miles de vías y de miles de formas. En donde no se podía dar un paso sin escuchar un gemido de dolor y placer entremezclados en una gran sala ricamente decorada pero semi-oscura. Quién habrá de ser el dueño de todo esto, se preguntaba ese ser oscuro sediento de placeres que muy pocas estarían dispuestos a concederles. Continuó caminando buscando la típica barra con el camarero que le serviría quien sabe que bebida de lo mas insulsa y seguramente ya probada. En nada se parecía ese local tan amplio a un bar o un pub o una discoteca, ni siquiera a una orgía, pues sobrepasaba los limites tan vacuos de esta con mucha diferencia. Ante sus ojos había toda la expresión del pecado y el deseo posibles. Veía escenas de homosexualidad tanto masculina como femenina (algo que ese ser no consideraba pecado pero si incitante a el), pederastia, necrofilia, zoofilia. Vio a diosas de negros ojos sometiendo a sus deseos a pobres mortales que sumisamente aceptaban su papel como seres inferiores, vio actos de crueldad que siempre terminaban en el mas intenso orgasmo por parte de ambos integrantes del acto. En su mente se reproducía una escena totalmente sucía y llena de lubricidad, como imponiéndose a si mismo el reto de no encontrar lo que piensa, pero siempre esa idea surgía como por arte de magia ante sus narices. Debía hablar con el dueño de todo ese lugar.
Avanzó contemplando y excitándose ante miles de rituales paganos y de formas de expresar adoración al placer en sus mas repulsivas formas. Miraba con impresión a las esclavas que se ofrecían abiertamente a satisfacer las necesidades, caprichos y deseos de una forma totalmente entregada, como si en su alma no hubiera mas deber que el de llevar a cabo miles de soeces y brutales acciones. En su afán de experimentar se dejó seducir por una pareja de diosas que se entregaban y lo miraban con ansias de que se uniera a su pequeño mundo de placeres, pero antes debía de encontrar al dueño de ese lugar, debía de felicitarlo o de saber como se podía llevar a cabo toda esa orgía de muerte, sexo, sangre, y miles de elementos mas que solamente de pensarlo producían estremecimientos y repulsión a cualquier ser humano que se precie de si mismo mínimamente. Siguió avanzando a través de los cuerpos bellos y feos, jóvenes y viejos, lamentablemente débiles o extrarodinariamente fuertes. Otro detalle en el que no reparó hasta el momento, algo difícil teniendo en cuenta la escena.
No había música de ningún tipo mas no tardó en darse cuenta de que era imposible cualquier tipo de melodía, el desarrollo de los acontecimientos era una melodía en sí. Los gritos de placentero dolor, los lamentos, las súplicas de piedad por parte de los esclavos y las víctimas de viejos verdes o de asesinos, eran todo un regalo a los oídos del recién llegado, no tardó tampoco en darse cuenta de que no tardaría mucho en caer en la tentación. Sin mediar palabra, una dama se acercó a él y poco a poco fueron pegándose sus cuerpos. la hipnosis no era nada en comparación al acto de abierta doblegación de la voluntad que esa mujer podría causar en cualquier hombre, mas este oscuro caballero solamente se dejó guiar hasta una sala totalmente vacía en la que solo un hombre estaba sentado en una silla extraña que pronto descubrió que era un trono. Una sonrisa de complicidad se extendió por su rostro, como si fueran conocidos de toda la vida. Antes de que el recién llegado pudiera preguntar nada, el que se encontraba sentado en e trono (que era un calco de el mismo) se levantó
-Ahora que me ves, sabes quien soy, me reconoces y aceptas, eso lo se, y aun así dudas de al integridad de ti mismo, de tal manera que el trato es el siguiente. Nadie te echará en falta pues tu nunca has tenido en cuenta a nadie para tus propios deseos. Tu sencilla forma de ser es algo que nos vendría muy bien aquí, y como has podido ver, se cumplirían todos tus oscuros deseos. Cada ser que tienes delante de tí caerá rendido a tus pies y sencillamente serás dueño de todo lo que desees tener. Solo debes pagar con...
Se adelantó el seducido integrante de ese particular establecimiento
-...mi alma.
Sus pasos apenas podía despertar una mínima sospecha de lo que circulaba por su mente y muchas de las personas con las que se cruzaba a veces ni lo miraban pero era una sensación extraña la que les recorría cuando pasaba este ser abyecto a su lado. nada les hacía suponer que prontamente escogería a una víctima, la que mas se le viniera en gana y que poco a poco la estaría atrapando en la intimidad de un apartamento, en la casa de ella o quizás en algún callejón oscuro. Las manías de sus caprichos a veces eran tales que muchas veces debía de evadirse rápido antes de que descubrieran el cadáver pero esa noche algo le decía que no iba a ser tan drástico en la aplicación de sus artes amatorias. Se dirigió hacia el centro de la ciudad, hacia el centro de ese pecado hecho con casas que desde el cielo parecía tener forma de estrella invocadora del mal. Sencillamente entró en el primer sitio que le llamó la atención y miró analíticamente pero sin dejarse llevar por la frialdad y si por la excitación, el panorama del lugar.
Ante él se extendía un infierno lleno de pecados y maldades varias, todas ellas relacionadas con los pecados mas antiguos del mundo, en donde la carne era consumida por miles de vías y de miles de formas. En donde no se podía dar un paso sin escuchar un gemido de dolor y placer entremezclados en una gran sala ricamente decorada pero semi-oscura. Quién habrá de ser el dueño de todo esto, se preguntaba ese ser oscuro sediento de placeres que muy pocas estarían dispuestos a concederles. Continuó caminando buscando la típica barra con el camarero que le serviría quien sabe que bebida de lo mas insulsa y seguramente ya probada. En nada se parecía ese local tan amplio a un bar o un pub o una discoteca, ni siquiera a una orgía, pues sobrepasaba los limites tan vacuos de esta con mucha diferencia. Ante sus ojos había toda la expresión del pecado y el deseo posibles. Veía escenas de homosexualidad tanto masculina como femenina (algo que ese ser no consideraba pecado pero si incitante a el), pederastia, necrofilia, zoofilia. Vio a diosas de negros ojos sometiendo a sus deseos a pobres mortales que sumisamente aceptaban su papel como seres inferiores, vio actos de crueldad que siempre terminaban en el mas intenso orgasmo por parte de ambos integrantes del acto. En su mente se reproducía una escena totalmente sucía y llena de lubricidad, como imponiéndose a si mismo el reto de no encontrar lo que piensa, pero siempre esa idea surgía como por arte de magia ante sus narices. Debía hablar con el dueño de todo ese lugar.
Avanzó contemplando y excitándose ante miles de rituales paganos y de formas de expresar adoración al placer en sus mas repulsivas formas. Miraba con impresión a las esclavas que se ofrecían abiertamente a satisfacer las necesidades, caprichos y deseos de una forma totalmente entregada, como si en su alma no hubiera mas deber que el de llevar a cabo miles de soeces y brutales acciones. En su afán de experimentar se dejó seducir por una pareja de diosas que se entregaban y lo miraban con ansias de que se uniera a su pequeño mundo de placeres, pero antes debía de encontrar al dueño de ese lugar, debía de felicitarlo o de saber como se podía llevar a cabo toda esa orgía de muerte, sexo, sangre, y miles de elementos mas que solamente de pensarlo producían estremecimientos y repulsión a cualquier ser humano que se precie de si mismo mínimamente. Siguió avanzando a través de los cuerpos bellos y feos, jóvenes y viejos, lamentablemente débiles o extrarodinariamente fuertes. Otro detalle en el que no reparó hasta el momento, algo difícil teniendo en cuenta la escena.
No había música de ningún tipo mas no tardó en darse cuenta de que era imposible cualquier tipo de melodía, el desarrollo de los acontecimientos era una melodía en sí. Los gritos de placentero dolor, los lamentos, las súplicas de piedad por parte de los esclavos y las víctimas de viejos verdes o de asesinos, eran todo un regalo a los oídos del recién llegado, no tardó tampoco en darse cuenta de que no tardaría mucho en caer en la tentación. Sin mediar palabra, una dama se acercó a él y poco a poco fueron pegándose sus cuerpos. la hipnosis no era nada en comparación al acto de abierta doblegación de la voluntad que esa mujer podría causar en cualquier hombre, mas este oscuro caballero solamente se dejó guiar hasta una sala totalmente vacía en la que solo un hombre estaba sentado en una silla extraña que pronto descubrió que era un trono. Una sonrisa de complicidad se extendió por su rostro, como si fueran conocidos de toda la vida. Antes de que el recién llegado pudiera preguntar nada, el que se encontraba sentado en e trono (que era un calco de el mismo) se levantó
-Ahora que me ves, sabes quien soy, me reconoces y aceptas, eso lo se, y aun así dudas de al integridad de ti mismo, de tal manera que el trato es el siguiente. Nadie te echará en falta pues tu nunca has tenido en cuenta a nadie para tus propios deseos. Tu sencilla forma de ser es algo que nos vendría muy bien aquí, y como has podido ver, se cumplirían todos tus oscuros deseos. Cada ser que tienes delante de tí caerá rendido a tus pies y sencillamente serás dueño de todo lo que desees tener. Solo debes pagar con...
Se adelantó el seducido integrante de ese particular establecimiento
-...mi alma.
martes, 1 de noviembre de 2011
El amante depredador
Dos ojos marrones paseaban la vista por el callejón, nerviosos ante cualquier sonido que pudiera alertar al resto de sentidos e hiciera dirigir la atención hacia ese punto de sospechas y de temores. El aliento entrecortado estaba mas que impregnado en temor y en una sensación de desasosiego que no había experimentado desde hacía mucho. Poco a poco sus pasos fueron caminando de forma rápida hasta el final de esta callejuela que Era mas que depósito de basuras pero también un oportuno atajo para llegar pronto a casa. Sus ropas estaban medianamente puestas después de la intensa noche de locura que había vivido su cuerpo y en especial algunas partes de su anatomía. Una mano fina se fe al cuello y palpó la pequeña herida, esos dos pequeños orificios. Una sonrisa inconsciente asomó a sus bellos labios, suaves como el terciopelo, una sonrisa llena de regocijo y de una diversión que solamente ella podría llegar a entender. Muchos la mirarían raro cuando llegara a casa o al trabajo al día siguiente pero los recuerdos la atenazaban con fuerza. No eran recuerdos para nada desagradables. Al contrario.
Recordaba cada detalle. El largo camino hasta ese lugar tan sombrío que le hacía estremecer. Las pinturas de escenas sanguinarias que la hacían estremecer aun mas. La bandera roja, blanca y negra que había visto hondeando en lo mas alto de ese mástil en el que se encontraba una punta al extremo mas alto y que estaba manchada de algo rojo. El aliento y la mirada desencajados que se le puso cuando entrando vio los tapices de miles de luchas perdidas en el tiempo y el espacio en lugares que sus ojos ni oídos jamás habían escuchado. Detalle al máximo en las muertes y en los íntimos detalles de otros tapices que narraban encuentros entre animales y entre personas, entre difuntos y entre los vivos. Recordaba el aroma de esos pasillos que poco a poco iba recorriendo siguiendo la voz de sus instintos animales y rechazando los consejos de su sentido común y de supervivencia. Camina, camina hasta lo mas hondo y después sumérgete en todo lo que te ofrezcan, le decían los instintos animales. No vayas, no des un paso mas, le decía el sentido común, ahí hay muerte y pecado. Pero algo le decía que debía de seguir caminando, no sabía el que y no eran tampoco sus instintos animales. A medida que iba avanzando una presión se fue instalando en su vientre y no tardó en soltar un leve suspiro cuando descubrió en su mente que las imágenes de su cabeza no eran suyas. Algo se las estaba induciendo.
Temor y deseo en sus pasos, en su forma de caminar, algo que al criatura que habitaba esas paredes estaba esperando a oír. Nada escapaba a su oído ni a su olfato. Pero no perdería la paciencia, poco faltaba para ser encontrado y de paso poco faltaba para poder afianzarse a esa presa que tanto tiempo llevaba esperando a que cayera voluntariamente en su trampa. Una sonrisa desdeñosa y arrogante se poso en sus labios. Sencillamente esperó a que ella siguiera avanzando a que las sensaciones se fueran acumulando en su interior y que los suspiros dieran paso a los jadeos y poco a poco a la incapacidad de poder dar un paso sin sentir una intensa oleada de placer que al recorría y la estremecía. Los labios en su cuello la acosaban, labios invisibles que la hacía dejar un pequeño suspiro en el aire y poco a poco fueron volviéndose mas audaces pues parecía que al ropa no era obstáculo para esos labios fantasmales que atravesaban la piel poco a poco. La saliva ya apenas podía pasar por la garganta. El anfitrión de esa morada llena de pecado y lujuria en el ambiente estaba regocijándose de lo lindo en el placer de su víctima que prontamente abrió la puerta y lo miró a los ojos.
Ella y él se miraron y todo sucedió demasiado rápido pues al momentos los cuerpos estaban desnudos y el sudor los atenazaba. Unas manos ávidas de placer recorrían la piel de esa mujer de cuerpo divino que podría esclavizar con un solo movimiento de caderas a quien quisiera. Los labios recorrían el cuello con insistencia, buscando con deseo ese río azul sensualmente palpitante que recorría ese cuello con deseo y con placer, queriéndole ofrecer las sensaciones que ningún otro hombre y criatura podría ofrecerle a esa diosa disfrazada de sencilla humana. Dos colmillos destellaban en la noche y seguidamente un grito de dolor y placer escondido se hizo patente en ese lugar lleno de placeres inagotables. La sangre fluía mientras el la tomaba por las caderas y la hostigaba una y otra vez, empujando todo el placer que ella deseaba expulsar por su centro de poder con la ayuda de su virilidad y su excitación sin poder evitar que los fluidos de ambos se iban mezclando, esas esencias ardientes que enloquecían al otro. Los pechos que llenaban la mano pero no la desbordaban dejaban paso libre a esa lengua lasciva cuando ella se entregó plenamente a los besos y caricias de ese amante que la llevaban esperando bastante tiempo. El sexo mas salvaje y la sangre se fueron mezclando de forma compulsiva y salvaje a lo largo de esa noche que poco a poco se iba cerniéndose sobre sus cabezas. Cuando el primero de muchos orgasmos los sacudió todos los lobos se pusieron a aullar desaforadamente. La sed y las ansias de placer los estaban enloqueciendo en cada caricia y era un sin parar, un circulo vicioso lleno de ese mismo vicio y de la búsqueda de una frontera que traspasar una y otra vez.
La cercanía a un orgasmo la sacudió cuando se encontraba casi regresando a casa pero no pudo evitar escuchar una voz que la impulso a mirar atrás y antes de que esto se llevara a cabo su cuerpo estaba contra una pared y ese cuerpo, esas manos y esa voz tan conocidas, les sondeaban la mente y el cuerpo con impúdica y lúbrica maldad, deshaciéndose de la ropa de ella. un susurro llego a sus oídos
-Quiero mas...- Ella accedíó levantando levemente las caderas y dejando ver claramente como su esencia se derramaba por su ropa interior a la espera de que la violaran tan deliciosamente.
domingo, 30 de octubre de 2011
Noche trágica
Las filas estaban cerradas y perfectamente colocadas, los años de entrenamiento habían servido para algo y por ellos el instructor daría la vida así como ellos la vida por el instructor. Ese hombre que los había entrenado estaba en un lateral de la primera linea de fuego, perfectamente visible, al igual que el resto de sus hombres, todos ellos a su izquierda. Se sienten confiados porque son campesinos el enemigo al que nos enfrentamos, pensó el capitán, no saben de lo que es capaz una turba enfurecida con hachas, hoces y miles de aparejos de campo cuya función desconozco. Su cara estaba tensa pero la noche le ocultaba un poco los rasgos y la estricta orden de mirar siempre para delante le daría ventaja a la hora de ocultar su temor. Eran buenos chicos los que estaban a su servicio y sería ideal que pasaran su vida de taberna en taberna después de los entrenamientos o con sus familia, pero los tiempos que corrían no permitían eso ya que al que no sabía ocultar su rango y caía en malas manos podía terminar degollado ´´en pro de la revolución´´. El motivo de tal agitación se encontraba a sus espaldas.
Se dio el lujo de una mirada ya que el como rango mas alto ahí presente podía permitirse esas libertades. A las espaldas de todos esos jóvenes soldados confiados en la fuerza de sus fusiles y lo afilado de sus bayonetas, se encontraba una gran casa, de las mas grandes que el capitán había visto en su vida. Aún se podía ver los reflejos de las velas, de la cientos o miles de velas que estaban destinadas a iluminar la fiesta que en su interior se estaba celebrando. Alguna ostentorea risa femenina salía de entre los ventanales que se abrían y cerraban para que la seguridad interior intercambiara alguna instrucción rápida con el exterior. Tras pensar un poco hizo avanzar a la linea unos cuantos pasos, previo aviso al coronel. Este dio su consentimiento y avanzaron hasta los límites de los jardines, tan grandes como cinco granjas de campesinos grandes. Tanto terreno malgastado en flores cuando el pueblo pasa hambre, pensó, y yo defendiéndolos. Pero sabía en toda su totalidad cual era el problema principal de todo aquello.
Al momento un grito sonó a lo lejos y muchas voces que se fueron alzando poco a poco. La tensión se apoderó de los cuerpos de los jóvenes combatientes. Miles de voces parecían, el capitán esperaba estar equivocado. Miró a un par de sargentos que estaban en las cercanías. Estaban pálidos como la cera aunque tenía por seguro que mantendrían su puesto hasta el final, así les fuera la vida en ello. El coro de voces fue aumentando y todo indicaba, en derivación a como crecía en fuerza ese canto a la libertad del pueblo, que la muchedumbre se dirigía hacia ellos. Un grito de orden llevo a la primera fila a hincar una rodilla en tierra. A pesar de lo fría que estaba la noche, una gota de sudor corría por su mejilla y otra por su frente. Tengo amigos que son del vulgo, me relaciono muchas veces con esos padres que están pendientes de que un pez caiga en las redes para alimentar a sus hijos, pensó temeroso el capitán, dios me libre de ver algún rostro conocido. Una rápida mirada tranquilizó su alma de soldado al ver que cada hombre estaba dispuesto, que ningún cañón de fusilero estaba temblando de miedo ante lo que se iban a encontrar. Estaban bien entrenados y estaba orgulloso de ellos y de sí mismo.
-Recordad todo lo que habéis aprendido, se os ha dado un arma e instrucciones, sabéis seguir esas instrucciones y sabéis usar ese fusil que tenéis en vuestras manos. habéis disparado ese fusil que ya es como parte de vuestro cuerpo y está unido a vuestra alma. No confiéis ciegamente en el fusil confiad en vuestros instintos y criterios. Estamos aquí por órdenes de alguien superior a mi, si por este pobre capitán fuera, estaríamos todos aprovechándonos de las damas presentes con alguna sonrisa para disfrutar de un buen banquete de comida y de carne. Tengo hambre y de seguro ustedes también pero pronto todo terminará. - El silencio se hizo cuando asomaron los primeros rostros
Esos rostros doblaron la esquina de la calle que tenían a sus pies y parecían una analogía de el propio grupo del capitán, armados con picas algunos, otros con azadas pero la gran mayoría con armas de fuego, ya fuera cañón corto o largo. El capitán no cabía en si de la sorpresa. Los campesinos iban ahora gritando de forma caótica, para que los improperios contra el poder llegaran a los oídos de las damas y caballeros que residían en esa casa que debían de proteger a toda costa. No quería pensarlo pero cada vez era mas patente que eso iba a ser una masacre en cuando se disparara el primer tiro, ya fuera por parte de ellos mismos o de los otros. Una señal hizo que los rifles de sus soldados apuntaran a la turba enfurecida con el aumento de los impuestos y con la escasez de comida. Tomó aire lentamente y lo soltó con fuerza antes de dar la primera orden de disparar cuando vio que la gente se lanzaba salvajemente contra sus hombres. Lo que no se esperó fue la explosión que le dio de lleno casi en la cara y lo dejó inconsciente.
Un pitido le sacudía los oídos de una forma cruel y la vista la tenia nublada, pero no sentía el duro pavimento de la carretera que salía de la mansión, sino un mullido lecho de plumas. Algo desconcertado sacudió la cabeza pero eso fue peor y un quejido de dolor se extendió a través de sus labios por toda la habitación ricamente decorada que él aún no podía percibir en toda su totalidad. A medida que los sentido se iban aclarando mas voces llegaban a sus oídos, pero muchas conocidas y por desgracia muchas exponían gemidos y gritos de dolor. Dolor, lo olía en el ambiente, dolor y muerte entre sus hombres. Quien diría que los campesinos atacaron un arsenal y un polvorín logrando hacerse con con cañones y demás armas. Un médico atendió su brazo roto, sus cinco costillas y un oreja que por desgracia había desaparecido con la explosión. Le dijeron que comandancia había hecho usar la mansión de la gente rica como hospital improvisado, que la defensa de la casa fue satisfactoria que la gente del vulgo se retiró.
-Esos malditos traidores, desagraciados nos han jodido bien y para colmo las señoritingas están lo mas ricamente enclaustradas en sus habitaciones haciéndose la manicura o que mierdas se yo.-Se quejaba un hombre que era de los mas expertos tiradores que había conocido. También el mas sincero y mas abierto a la hora de expresar su opinión.- Las muy zorras no quieren ver ni en sus propias casas la desgracia que hay entre sus parientes o entre los que viven por debajo de ellas. Nunca experimentarán el dolor de una pérdida. Yo pedí ahora mismo a mi mejor amigo.-Dijo mientras una lágrima se perdía entre sus cabellos ya que miraba casi mas al techo que a otro lado. se giró y el horror se apoderó de la mente del capitán. Le faltaba prácticamente toda una mejilla y se veía hasta la mandíbula.- Y a mi nunca mas me alagaran las mujeres.
-No todas están en la gloria, mi buen Serafín- Dijo el capitán al soldado que se llamaba serafín y señaló a la puerta pues escuchaba gritos desde el exterior. Al momento una dama de grandes ojos y de muy muy bello rostro, a la que había visto antes de salir a dar las instrucciones a sus hombres, había entrado en el lugar donde todos los hombres, muertos y vivos estaban tendidos. Esa dama era de gran belleza y había llamado la atención entre todas las mujeres presentes en esa fiesta. Cuando la vio pensó que tenía mas dulzura en una sola mejilla que la misma virgen María en todo su cuerpo pero también que era de esas a las que nada le importaba mas que su propio bienestar. Ella entró y se lanzó sobre el cuerpo de un difunto. Lloró y lloró, la histeria se adueñó de ella y las lágrimas caían. prontamente, la tensión y el dolor provocaron su desmayo.-Así que esa es la hermana de Bastian...tenía razón él, es muy bella.-Dijo entristecido el capitán mientras contemplaba como unos cuantos sirvientes que encargaban de llevar a la bella dama a sus aposentos. Cerró los ojos el capitán y tratando de ignorar el dolor que lo llenaba por dentro y por fuera se quedó rápidamente dormido.
Pero a pesar de lograr dormir, las pesadillas de esa noche trágica no cesaron de atormentarlo durante el reto de su vida.
miércoles, 26 de octubre de 2011
La princesa, el lobo y el manzano
Acariciadas por el viento, en medio de una soledad abrumadora, se encontraban danzando, las ramas de un manzano. No eran ramas especialmente fuertes y no era un manzano especialmente sobresaliente entre sus otros compañeros de bosque, que habían adquirido buena tonalidad por la captación mas que suficiente de los rayos del sol, que aportaban una especial dosis de vitalidad a sus hojas impregnadas en clorofila. Aún así, las manzanas de ese manzano iban a ser especiales ese día, ibas a tener un privilegio que pocos árboles podían tener. Nada parecía que fuera a perturbar la aburrida quietud del bosque, mas de pronto unos cantos amortiguados se fueron haciendo mas audibles. El bosque entero pareció quedarse en silencio para escuchar los cantos que prometían algo de compañía, compañía menos acostumbrada que la de las ardillas y los ratones, o los zorros y las comadrejas.
Por un sendero transitado por algún que otro comerciante en busca de aventuras mas que se negocio o por algún prometedor y venerado caballero, se acercaba una curiosa pareja que despertaría mas de una mirada curiosa a los ojos de quien se cruzara en su camino. La criatura que cantaba era una dama de mas o menos unos 5 años que tenía por costumbre ser bastante alegre y expresiva en lo referente a sus opiniones con respecto a diversos matices de al vida como los nombres de las personas si estos eran especialmente complejos o bien sobre la naturaleza de algunas criaturas de nombres un tanto exóticos que no serán narrados en esta historia. La pequeña dama resultaba tener unos ojos enormes que aportaban ya de por si gran belleza a su precoz y recién adquirida faz por obra y gracia del nacimiento. No era pues de sorprenderse que en un futuro muy lejano miles de pretendientes quisieran poseer el derecho exclusivo de sus ojos, de sus miradas de ternura y ensoñación. Alegremente iba la dama correteando por el camino y de vez en cuando tratando de subirse a su acompañante, no menos extraño que la criatura de 5 años. Cabe destacar antes de nada que la joven dama era en ese momento una mezcla perfecta de ternura y alegría pues con sus canciones podía llevar la felicidad a los corazones mas oscuros siendo catalizador de esto unas prendas muy bien escogidas destacándose un pequeño abrigo ni muy ceñido ni muy suelto, ya que empezaba a refrescar el tiempo.
La visión ya de por si extraña de una niña tan pequeña en la soledad de un camino era aun mas enrarecida por la presencia de su acompañante y escolta, Un lobo de color negro que sinceramente no tenía mucho de normal, pues hembra no era y así se perdía el motivo por el que pudiera estar al lado de esa niña sin comérsela. Macho era pues, y ante él nadie podía estar en desacuerdo con los mandatos de la pequeña criatura que estaba acompañando a lo largo de ese sendero como parte de un paseo que por objetivo tenía el despejar la mente y buscar la inspiración para quien sabe que composiciones poéticas o literarias. El negro pelaje hondeaba acariciado por el aire frío que empezaba a venir de las tierras heladas del norte. Un cierto tinte de algo oscuro venía con ese aire pero nada iba a desviar la atención que solicitaba la bella dama cada vez que se abrazaba a una pata o al cuello del gran lobo (cuando se daba la rara vez de que lograra alcanzar este último). Los grandes ojos de ella impregnaban de un abierto sentimiento de ternura el corazón del lobo aunque este tantas veces lo había tenido que disimular que ya era casi costumbre en él. Por las demás ocasiones que la dama no estaba envuelta en una lucha contra el pelaje del lobo, el rostro de este acompañante animal se volvía circunspecto, taciturno, pensativo, reflexivo en miles de temas que circulaban por su cabeza y unas veces eran motivos de tormento o bien motivos de otros asuntos mas sugerentes. En esas últimas ocasiones era mas abierta la sonrisa y en su mirada se instalaba un sentimiento que o era ni por asomo la ternura que desprendían sus rojos ojos cuando posaba estos en la efigie de la pequeña niña.
Los pasos de ambos eran tranquilos salvo algún ocasional correteo de la princesa que exhibía su corona de princesa y que cierto caballero de negra armadura le había regalado en una ocasión ante el asombro mágico de los presentes en la corte. En cuando el sendero se adentró en el bosque el lobo frenó en seco sus pasos y evaluó la situación que ante el se presentaba. Era un bosque desconocido, lleno de quizás mas de los suyos pero no tan civilizados ni tan grandes como él. Quizás hubiera ladrones o quizás alguna criatura maligna que le deseara mal a su protegida. Se sentó pes el lobo sobre las patas traseras pensando arduamente hasta que interrumpió su quietud física pero inquietud mental la joven dama. Venía corriendo con sus cortas piernecitas. Siempre le hizo gracia lo rápido que movía sus bípedas patas para enseñarle algo que había encontrado y de seguro podía ser la oportunidad de expandirse en amplias disertaciones. Pues era esta con seguridad tal ocasión cuando se presentó respirando agitadamente y dando saltos.
-Obitoooooooooooooooo- Decía ella en un tono y acentos que robarían mas de un suspiro a algún joven principito de los que el sinceramente se desharía son la mas mínima muestra de piedad cada vez que se acercaban a jugar con su querida protegida. Sin embargo estas ideas no fueron mostradas en ningún momento y el gesto de abierta tranquilidad y disponibilidad a la explicación se hacían patentes.- Mira que me cayó en la cabeza.-Con enérgico gesto puso delante de él un hoja de árbol. Largos años entre bosques y midiendo cantidades precisas de estas para asuntos de alquimia y de pociones o ungüentos le hicieron examinar con ojos crítico lo que le mostraban y no fue erróneo en su juicio.
-Una hoja de malus domestica mas conocido como manzano desde luego, lo cual me hace pensar con seguridad que si levantamos la vista encontraremos a dicho árbol amenazándonos con sus manzanas tan llenas de dulzura y conocimiento. -Efectivamente, un manzano sobre sus cabezas y amenazando con sus manzanas llenas de dulzura y conocimiento.-De buena calidad según juzgo. Maduras y de muy buena calidad sí -decía tranquilamente el buen lobo de negro pelaje y no tan oscuro corazón. Un pensamiento cruzaba su mente en ese instante aunque parece ser que la joven dama, ya sea de casualidad o por una oculta capacidad de lectura de mente, se adelantó a los pensamientos o mas bien pudiérase decir las palabras que iba a pronunciar el lobo de tranquila faz y elocuentes palabras.
-Quiero una quiero una- Decía dando saltos la pequeña infanta mientras miraba casi como si del Santo Grial se tratara las manzanas pendurantes por endima de sus cabezas.- Esa -Señaló y sin mas preámbulo se dio una escena digna de epopeya y de legendaria narración por trovadores y juglares de todos los reinos y castas, razas y sexos. En un arranque de energía La dama se precipitó al tronco del manzano y se esforzó con su máxima fuerza en trepar a ese nudoso tronco para alcanzar alguna de las mas bajas ramas. Este espectáculo era admirado con cierta diversión por parte del lobo que e esforzaba en no reír y mantener una dignidad comparable a la de los caballeros de aquella Isla que llamaban Inglaterra o esa gran planicie que llamaban Francia. Tranquilamente el lobo fue admirando la determinación de la princesa que poco a poco fue resbalando por el tronco y se quedó ahí un rato con la frustración en el rostro. Antes de cualquier otra reacción el lobo puso en pie a la dama con la ayuda de una de sus fuertes patas.
-Tranquila pequeña criatura, Yo me encargo de ello.-Exponiendo su mas lobuna sonrisa se acercó al manzano, se aclaró la garganta y con voz de lo mas dulce y aterciopelada le dijo al manzano.-Disculpa, oh venerable y antiguo manzano de este venerable y respetuoso bosque, somos viajeros cansados y fatigados por las millas recorridas y como escolta de la princesa que aquí puedes ver ante estos tus jugosos dulces y magníficos frutos, me preguntaba si ayudaría al menester de saciar el hambre de esta mi protegida por la que daría la vida gustoso si en peligro su vida se encontrara. Por favor os ruego la donación voluntaria de una de vuestras dulces y mas que apetecibles manzanas.-Y el lobo quedó callado como un muerto cuando en medio de un rebumbio de ramas el tronco empezó a encorvarse, señal de que la petición había dado sus frutos y nunca mejor dicho.
Ese manzano que no era ni el mas fuerte o antiguo, alagado por las palabras del caballero de negro pelaje inclino sus ramas para que la propia princesa tomara a manzana que mas deseara. Sin duda todo un ejemplo de retórica por parte de uno y de honrada humilde y mas que agradecida generosidad por parte de otro. El estómago de la dama fue deleitado con una gran y tierna manzana que fue devorada tras ser lavada en un arroyo cercano. El rumor de los árboles hizo pensar al lobo que esa dama abría corazones tanto humanos como vegetales pues al paso que iban ni un solo bandido y ni un solo depredador les salió al paso. Y así siguió tranquilo y sin problemas mayores que un poco de hambre el paseo de la dama y el lobo.
lunes, 24 de octubre de 2011
La dulce y negra noche
Noche perfecta, calma, estrellada, rodeaba su cuerpo en medio de la penumbra de esa habitación poco importante para ellos. Delicadas y sutiles caderas que se contoneaban al compás de una canción avanzaban peligrosas, malignas y dominantes, devorando en cada paso el terreno de lo que era ese corto recorrido hasta los labios del afortunado aventurero. En los ojos de ella deseo y dominación en los de él decisión y lujuria, también como en los de ella, en las que habitaban fervientes ganas de entrega para con su amante. Era la noche su ropa, ajustada a su cuerpo, lencería le decían los mortales, tejido enloquecedor pensaba el buen hombre que iba a ser atrapado por ese cuerpo hecho para el placer.
Dulce y poderoso era su perfume, que fue el mensajero que lo despertó cuando momentos antes esa oscura habitación solo se encontraba ocupada por un guerrero cansado que no pretendía mas que el de dejarse envolver en los brazos de la muerte o del sueño, quien antes acudiera. Su cuerpo estaba febril y el sudor corría por su frente, producto de una enfermedad que lo había postrado en esa cama. Pero nada mas lejos de sus intenciones de letargo temporal, ella suavemente hizo sonar unos tacones que eran sencillamente extranjeros de esa época y de ese lugar. Tacones malditos cuya única misión era hacer que los demás rostros que se había cruzado a lo largo del camino se giraran y compusieran una cara de alterado deseo. Una sonrisa arrogante se extendía por sus labios pero nada presagiaba que su víctima había de estar débil para que su juego resultara mas divertido. El perfume despertaba los mas viejos y antiguos instintos y nada se podía comparar a la idea de ser depositario de caricias y besos en ese cuerpo de pecado que avanzaba por las escaleras. Subiendo las escaleras trató de ser sigilosa sin lograrlo pero fue, como ya se dijo, ese perfume maldito el que despertó a esa víctima nocturna.
Y así llega el momento inicial en el que la puerta, sin que nadie la toque, se abre poco a poco, sin chirriar como habitualmente lo hace, como si esta fuera cómplice de un secreto encuentro entre dos entidades que se van a consumir, o que al menos una de ellas se consumirá para siempre en medio de los vapores del placer y la lubricidad. Los ojos desencajados de la sorpresa hacen que ella suelte una pequeña risa pícara que haría estremecer al mismísimo Dios y lo haría tentarse de la redondez de sus pechos, cubiertos por ese corsé que parece a la vez tan elegante y sencillo de arrancar en desgarros de brutal deseo. Sus caderas bailan al son del taconeo de lentos pasos que se acercan a él. Solamente el perfil derecho de su cuerpo se puede ver pues únicamente desde la ventana que se encuentra a ese lado de su cuerpo entra la luna llena dando de lleno en su escultural figura, que enloquecidamente lo va atrapando. Primero atrapó su olfato, lleno por ese perfume que fue llenando su mente de embotadores pensamientos, de oscuras fantasías que no hacían por mas que lo intentara que llenar sus pantalones de un abultamiento prominente. Su cuerpo estaba siendo periódicamente quemado por su cercanía que en un instante se había reducido al limite de la ropa de ambos. El torso desnudo de él reflejaba no solamente el asfixiante calor sino el deseo que estaba consumiendose en su interior y que no lo dejaría dormir.
Esa criatura pérfida y malvada no era ignorante de ello y poco a poco fue arrinconando a ese caballero desdichado contra la cama y sentándose sobre su vientre fue poco a poco arañando esa piel. Los labios llenos y delicados de ella se paseaban lentamente por su cuello, saboreando la piel. el sudor, la lujuria que desprendía el cuerpo de ese afortunado desgraciado. Las medias negras y el liguero estaban perfectamente colocados y las piernas estilizadas por el calzado de cazadora no hacía por mas que acrecentar unas sensaciones que deberían de estar prohibidas para los sencillos humanos como él. Un suave y malintencionado gemido se estrelló preciso y mortal para la cordura contra el oído de ese guerrero que sencillamente cedió al deseo y de un solo tirón deshizo las lazadas que ese corsé mas que odioso para poder deleitarse con la suavidad y el calor de su piel. Era tan sedoso su cabello y la piel de su espalda, todo en ella era perfecto. ´´Que estoy haciendo?´´, pensaba el hombre, ´´que hago aquí siendo cazado por esta criatura infame y deliciosa?´´.Pero nada mas que acertó a pensar eso pues los labios de ella recorrían su debil y delicado cuello, dejando pequeños mordiscos y en seguida ambos se unieron en un solo ser.
Al momento Estaban desnudos y ella de vez en cuando se hacía con el control de sus sensaciones dejando arañazos en su pecho, riendo de malicia y de lujuria, con depravación y descaro contra el cuerpo de ese humilde caballero que se reponía de una herida. La debilidad se había acrecentado y ella lo domaba poco a poco hasta que en un arrebato de placer ese suicida se rebelo contra su improvisada ama y quedando él encima de ella fue embistiendo, consumiéndose lentamente entre los muslos de la muer que lo había estado acosando hasta en sueños muchas noches antes. Sus miradas se encontraron muchas veces si pero esa era la batalla definitiva, Ambos estaban destinados a destruirse y a ser diferentes pero tan iguales. Tan segura de su victoria estaba la diablesa que se dejaba hacer tranquilamente pensando que en cualquier momento desfallecería su presa pero nada mas lejos de la verdad.
A medida que pasaba el tiempo la fuerza de este aumentaba y alguna que otra acción de lo mas inhumana y algo cruel se dejaba hacer el cuerpo de esa enviada de los infiernos. La mirada de él se había vuelto menos enfermiza hasta que al vitalidad y la actividad cubrió la luz de su mirada y de esta luz pasó a una oscuridad casi total que pilló por sorpresa a esa criatura malvada que iba a ser castigada por su atrevimiento. Los dientes de él paseaban y mordía por el cuerpo de la dama oscura, que gritaba y gemía repetidamente, desconcertada sorprendida y complacida por encontrarse algo que se salga de lo normal en esos tiempos tan llenos de entes débiles y desquiciados. Este tipo de razonamientos se fueron haciendo mas dificultosos en tanto que el ser que la estaba poseyendo ahora a ella iba tomando mas y mas fuerza en su interior y ahora era ella la que comenzaba a sudar. Era inaudito que un ser tan poderoso como ella se cansara de algo o que se sintiera abrumada o a congojada pero así era. No estaba acongojada pero si muy abrumada por las fuertes embestidas que le daba esa bestia que la miraba como un verdadero maníaco, como un cazador, y así fue ne los últimos instantes.
Nada mas golpearles a ambos un clímax que no por asomo lo dejó a el muerto entre los muslos de ella, do alas negras como la noche se desplegaron ante los ojos de la diablesa que tragando saliva contempló a su señor con una sonrisa en el rostro de este que solo presagiaba que ese juego había recién comenzado.
Dulce y poderoso era su perfume, que fue el mensajero que lo despertó cuando momentos antes esa oscura habitación solo se encontraba ocupada por un guerrero cansado que no pretendía mas que el de dejarse envolver en los brazos de la muerte o del sueño, quien antes acudiera. Su cuerpo estaba febril y el sudor corría por su frente, producto de una enfermedad que lo había postrado en esa cama. Pero nada mas lejos de sus intenciones de letargo temporal, ella suavemente hizo sonar unos tacones que eran sencillamente extranjeros de esa época y de ese lugar. Tacones malditos cuya única misión era hacer que los demás rostros que se había cruzado a lo largo del camino se giraran y compusieran una cara de alterado deseo. Una sonrisa arrogante se extendía por sus labios pero nada presagiaba que su víctima había de estar débil para que su juego resultara mas divertido. El perfume despertaba los mas viejos y antiguos instintos y nada se podía comparar a la idea de ser depositario de caricias y besos en ese cuerpo de pecado que avanzaba por las escaleras. Subiendo las escaleras trató de ser sigilosa sin lograrlo pero fue, como ya se dijo, ese perfume maldito el que despertó a esa víctima nocturna.
Y así llega el momento inicial en el que la puerta, sin que nadie la toque, se abre poco a poco, sin chirriar como habitualmente lo hace, como si esta fuera cómplice de un secreto encuentro entre dos entidades que se van a consumir, o que al menos una de ellas se consumirá para siempre en medio de los vapores del placer y la lubricidad. Los ojos desencajados de la sorpresa hacen que ella suelte una pequeña risa pícara que haría estremecer al mismísimo Dios y lo haría tentarse de la redondez de sus pechos, cubiertos por ese corsé que parece a la vez tan elegante y sencillo de arrancar en desgarros de brutal deseo. Sus caderas bailan al son del taconeo de lentos pasos que se acercan a él. Solamente el perfil derecho de su cuerpo se puede ver pues únicamente desde la ventana que se encuentra a ese lado de su cuerpo entra la luna llena dando de lleno en su escultural figura, que enloquecidamente lo va atrapando. Primero atrapó su olfato, lleno por ese perfume que fue llenando su mente de embotadores pensamientos, de oscuras fantasías que no hacían por mas que lo intentara que llenar sus pantalones de un abultamiento prominente. Su cuerpo estaba siendo periódicamente quemado por su cercanía que en un instante se había reducido al limite de la ropa de ambos. El torso desnudo de él reflejaba no solamente el asfixiante calor sino el deseo que estaba consumiendose en su interior y que no lo dejaría dormir.
Esa criatura pérfida y malvada no era ignorante de ello y poco a poco fue arrinconando a ese caballero desdichado contra la cama y sentándose sobre su vientre fue poco a poco arañando esa piel. Los labios llenos y delicados de ella se paseaban lentamente por su cuello, saboreando la piel. el sudor, la lujuria que desprendía el cuerpo de ese afortunado desgraciado. Las medias negras y el liguero estaban perfectamente colocados y las piernas estilizadas por el calzado de cazadora no hacía por mas que acrecentar unas sensaciones que deberían de estar prohibidas para los sencillos humanos como él. Un suave y malintencionado gemido se estrelló preciso y mortal para la cordura contra el oído de ese guerrero que sencillamente cedió al deseo y de un solo tirón deshizo las lazadas que ese corsé mas que odioso para poder deleitarse con la suavidad y el calor de su piel. Era tan sedoso su cabello y la piel de su espalda, todo en ella era perfecto. ´´Que estoy haciendo?´´, pensaba el hombre, ´´que hago aquí siendo cazado por esta criatura infame y deliciosa?´´.Pero nada mas que acertó a pensar eso pues los labios de ella recorrían su debil y delicado cuello, dejando pequeños mordiscos y en seguida ambos se unieron en un solo ser.
Al momento Estaban desnudos y ella de vez en cuando se hacía con el control de sus sensaciones dejando arañazos en su pecho, riendo de malicia y de lujuria, con depravación y descaro contra el cuerpo de ese humilde caballero que se reponía de una herida. La debilidad se había acrecentado y ella lo domaba poco a poco hasta que en un arrebato de placer ese suicida se rebelo contra su improvisada ama y quedando él encima de ella fue embistiendo, consumiéndose lentamente entre los muslos de la muer que lo había estado acosando hasta en sueños muchas noches antes. Sus miradas se encontraron muchas veces si pero esa era la batalla definitiva, Ambos estaban destinados a destruirse y a ser diferentes pero tan iguales. Tan segura de su victoria estaba la diablesa que se dejaba hacer tranquilamente pensando que en cualquier momento desfallecería su presa pero nada mas lejos de la verdad.
A medida que pasaba el tiempo la fuerza de este aumentaba y alguna que otra acción de lo mas inhumana y algo cruel se dejaba hacer el cuerpo de esa enviada de los infiernos. La mirada de él se había vuelto menos enfermiza hasta que al vitalidad y la actividad cubrió la luz de su mirada y de esta luz pasó a una oscuridad casi total que pilló por sorpresa a esa criatura malvada que iba a ser castigada por su atrevimiento. Los dientes de él paseaban y mordía por el cuerpo de la dama oscura, que gritaba y gemía repetidamente, desconcertada sorprendida y complacida por encontrarse algo que se salga de lo normal en esos tiempos tan llenos de entes débiles y desquiciados. Este tipo de razonamientos se fueron haciendo mas dificultosos en tanto que el ser que la estaba poseyendo ahora a ella iba tomando mas y mas fuerza en su interior y ahora era ella la que comenzaba a sudar. Era inaudito que un ser tan poderoso como ella se cansara de algo o que se sintiera abrumada o a congojada pero así era. No estaba acongojada pero si muy abrumada por las fuertes embestidas que le daba esa bestia que la miraba como un verdadero maníaco, como un cazador, y así fue ne los últimos instantes.
Nada mas golpearles a ambos un clímax que no por asomo lo dejó a el muerto entre los muslos de ella, do alas negras como la noche se desplegaron ante los ojos de la diablesa que tragando saliva contempló a su señor con una sonrisa en el rostro de este que solo presagiaba que ese juego había recién comenzado.
domingo, 16 de octubre de 2011
La alcoba
Unos ansiados labios de perdición, tentación y la devoción mas infinita Se encontraban perfectamente curvados en una sonrisa y susurraban una necesidad palpitante de saciar una sed milenaria en los de ese caballero que había llegado a sus aposentos y había colocado la armadura a un lado para poderse entregara esa dama, dueña de unos labios llenos y rojos como si la sangre acabara de teñirlos hace escasos momentos. De las comisuras de estos no salían ni arrugas ni nada que se le pareciera y pudiera arruinar ese rostro casi perfecto. Sus ojos estaban cerrados pero no dormía la dueña de ellos sino que sencillamente se estaba rindiendo como por una especie de juego ya conocido pero que nunca aburría a esos labios mas duros y mas severos, que acostumbraban a impartir ordenes en los campos de batalla. Pero en ese momento la rudeza y toda la brusquedad en las batallas se tornaba en susurrantes frases dichas contra los labios de terciopelo de esa amante que lo esperaba cada poco tiempo en la habitación mas ricamente decorada, entre sedas, terciopelos que no tenían nada que comprarse o envidiar a esos labios de la que habitaba en esa estancia y muebles exquisitamente decorados, pinturas de escenas que motivaban la imaginación mas ardiente de cualquier hombre y el sonrojo de cualquier mujer.
Habían desaparecido las ropas de ambos pero no había pasión, esta quedaba relegada a un según plano pues ese día la ternura los invadía a pesar de que alguna frase lasciva cargada en aliento de sulfuro se estrellaba contra esos labios prohibidos de la dama. Una mano poco a poco estaba acariciando su cabello y lentamente fue descendiendo para que así se pudiera llevar a cabo un peregrinaje secreto de fin cierto y sabido pero que siempre tenia unos resultados sorprendentes. Las palabras eran susurradas, solamente las podía oír ella de los labios de él, que estaba rendido al placer que ya deseaba experimentar cuando las llamas los envolvieran en medio de un apocalipsis de besos y de caricias. El vientre de ella se contrae al paso de esos cinco dedos que dejan caricias y sensaciones d cosquilleo en su cuerpo de diosa. Y su cuerpo ...
Su cuerpo es una perfecta conjunción de proporciones que fue no mas que el capricho de los dioses antes que una sencilla casualidad. Sus curvas estaban preparadas para contonearse en un paso decidido que atrapaba las miradas de hombres y mujeres por igual, que siempre tenían que sonrojarse por la fuerza y desviar la mirada turbadas en la envidia que sentían por no poder poseer el atractivo de esa dama que estaba por encima de las posibilidades de todos ellos, a los que muy pocos podían acceder. La voz que llegaba a sus oídos rendían su mente y poco a poco eran esclavizados por esa dama que podía tener a sus pies a cualquier ser o ente superior e inferior a al condición de ella. Sus largas piernas se movían juguetonas atrapando el cuerpo de su amante en ese instante y las miradas se encontraban. Los ojos d ella eran enormes, capaces de irradiar la ternura que mas cercana estaría a las de una madre, o la lujuria mas atrayente y excitante. Poco a apoco la cintura de él estaba atrapado por sus largas piernas y una sonrisa picara con mucha inocencia impregnada fue quemando la voluntad del caballero. Este se trató de vengar y susurrando suavemente el nombre secreto de ella quedó lentamente atrapado por el sensual abrazo de esa reina de sus suspiros de placer. Toda sus tentadora figura estaba atrapándolo de una forma inexorable e inevitablemente dulce, con ternura y a la vez decisión. El roce de las pieles despertaba chispas que prendían a veces las sábanas y que eran apagadas por el giro y el movimiento de los cuerpos.
Sus labios se unieron finalmente y los alientos se entremezclaron, dulces, cálidos y sedosos, entre los labios del otro que tenían frente a sí. Todas las caricias estaban siendo dispersadas a lo largo de la piel que ella que poco a poco dejaba algún arañazo en la espalda de él , señal inequívoca de que esa ternura poco a poco convertía en una pasión desmedida que podría quemar toda la habitación. El calor estaba siendo repartido entre esas dos entidades que se entregaban y los cuerpos no dejaban de lanzar esas señales imposibles de ocultar. Una mirada de necesidad en ella, un susurro suave pero lascivo de él, que había sido abandonado por su educación elitista y todos sus conocimientos sobre la guerra para ser poseído por un animal que solamente quería beber en la llanura de ese cuerpo, cuya hierba es una piel morena, suave, cálida, que gusta de hacer estremecer con suaves besos en su cuello y a lo largo del cuerpo cuando las ansias lo devoran por dentro. Lo besos fueron deslizándose por su piel, por esa piel tan tentadora que conocía bien y sus manos empezaron a extender las caricias por sus costados para que las sensaciones fueran mas y mas notorias.
Ella suspiraba y sus manos acariciaban el cabello de ese hombre atormentado en algunas ocasiones por sus propios conflictos mentales y su pasado cruel y y que lo había marcado pero en ese momento también ella era su bálsamo de salvación para que los problemas se marcharan. Los besos se fueron marchando poco a poco hacia el sur y los cuerpos desnudos se rozaban dejando salir llamaradas, aumentando la temperatura de esa estancia ricamente decorada para el disfrute de su dueña, Una sonrisa de complacida diversión se extendía por los labios de ella hasta que esta dama de cuerpo perfecto se mordió uno de forma picara y lasciva, mirando a ese hombre que poco a poco hundía los besos en un infierno poderoso de irresistible atracción, sediento por el placer que estaba empapando el cuerpo de ella. El cuerpo de la dama estaba dispuesto a todo y lo estaba disponiendo todo para enloquecer los sentidos de ese ser oscuro que tenía adicción a los fuegos que despertaban juntos cuando una sola mirada se cruzaba entre ellos.
Con paseos lentos y tortuosos de sus caricias y de una lengua sedienta, poco a poco se fue consumando un acto apasionado que terminó en una explosión de mil matices de sabor y de sonidos. Saciada la sed de uno y los deseos de otra, poco a poco y regresando con besos de adoración a lo largo del cuerpo de la dama hasta los labios de terciopelo de esta, se besaron y al ternura volvió a sus gestos y miradas.
Habían desaparecido las ropas de ambos pero no había pasión, esta quedaba relegada a un según plano pues ese día la ternura los invadía a pesar de que alguna frase lasciva cargada en aliento de sulfuro se estrellaba contra esos labios prohibidos de la dama. Una mano poco a poco estaba acariciando su cabello y lentamente fue descendiendo para que así se pudiera llevar a cabo un peregrinaje secreto de fin cierto y sabido pero que siempre tenia unos resultados sorprendentes. Las palabras eran susurradas, solamente las podía oír ella de los labios de él, que estaba rendido al placer que ya deseaba experimentar cuando las llamas los envolvieran en medio de un apocalipsis de besos y de caricias. El vientre de ella se contrae al paso de esos cinco dedos que dejan caricias y sensaciones d cosquilleo en su cuerpo de diosa. Y su cuerpo ...
Su cuerpo es una perfecta conjunción de proporciones que fue no mas que el capricho de los dioses antes que una sencilla casualidad. Sus curvas estaban preparadas para contonearse en un paso decidido que atrapaba las miradas de hombres y mujeres por igual, que siempre tenían que sonrojarse por la fuerza y desviar la mirada turbadas en la envidia que sentían por no poder poseer el atractivo de esa dama que estaba por encima de las posibilidades de todos ellos, a los que muy pocos podían acceder. La voz que llegaba a sus oídos rendían su mente y poco a poco eran esclavizados por esa dama que podía tener a sus pies a cualquier ser o ente superior e inferior a al condición de ella. Sus largas piernas se movían juguetonas atrapando el cuerpo de su amante en ese instante y las miradas se encontraban. Los ojos d ella eran enormes, capaces de irradiar la ternura que mas cercana estaría a las de una madre, o la lujuria mas atrayente y excitante. Poco a apoco la cintura de él estaba atrapado por sus largas piernas y una sonrisa picara con mucha inocencia impregnada fue quemando la voluntad del caballero. Este se trató de vengar y susurrando suavemente el nombre secreto de ella quedó lentamente atrapado por el sensual abrazo de esa reina de sus suspiros de placer. Toda sus tentadora figura estaba atrapándolo de una forma inexorable e inevitablemente dulce, con ternura y a la vez decisión. El roce de las pieles despertaba chispas que prendían a veces las sábanas y que eran apagadas por el giro y el movimiento de los cuerpos.
Sus labios se unieron finalmente y los alientos se entremezclaron, dulces, cálidos y sedosos, entre los labios del otro que tenían frente a sí. Todas las caricias estaban siendo dispersadas a lo largo de la piel que ella que poco a poco dejaba algún arañazo en la espalda de él , señal inequívoca de que esa ternura poco a poco convertía en una pasión desmedida que podría quemar toda la habitación. El calor estaba siendo repartido entre esas dos entidades que se entregaban y los cuerpos no dejaban de lanzar esas señales imposibles de ocultar. Una mirada de necesidad en ella, un susurro suave pero lascivo de él, que había sido abandonado por su educación elitista y todos sus conocimientos sobre la guerra para ser poseído por un animal que solamente quería beber en la llanura de ese cuerpo, cuya hierba es una piel morena, suave, cálida, que gusta de hacer estremecer con suaves besos en su cuello y a lo largo del cuerpo cuando las ansias lo devoran por dentro. Lo besos fueron deslizándose por su piel, por esa piel tan tentadora que conocía bien y sus manos empezaron a extender las caricias por sus costados para que las sensaciones fueran mas y mas notorias.
Ella suspiraba y sus manos acariciaban el cabello de ese hombre atormentado en algunas ocasiones por sus propios conflictos mentales y su pasado cruel y y que lo había marcado pero en ese momento también ella era su bálsamo de salvación para que los problemas se marcharan. Los besos se fueron marchando poco a poco hacia el sur y los cuerpos desnudos se rozaban dejando salir llamaradas, aumentando la temperatura de esa estancia ricamente decorada para el disfrute de su dueña, Una sonrisa de complacida diversión se extendía por los labios de ella hasta que esta dama de cuerpo perfecto se mordió uno de forma picara y lasciva, mirando a ese hombre que poco a poco hundía los besos en un infierno poderoso de irresistible atracción, sediento por el placer que estaba empapando el cuerpo de ella. El cuerpo de la dama estaba dispuesto a todo y lo estaba disponiendo todo para enloquecer los sentidos de ese ser oscuro que tenía adicción a los fuegos que despertaban juntos cuando una sola mirada se cruzaba entre ellos.
Con paseos lentos y tortuosos de sus caricias y de una lengua sedienta, poco a poco se fue consumando un acto apasionado que terminó en una explosión de mil matices de sabor y de sonidos. Saciada la sed de uno y los deseos de otra, poco a poco y regresando con besos de adoración a lo largo del cuerpo de la dama hasta los labios de terciopelo de esta, se besaron y al ternura volvió a sus gestos y miradas.
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