miércoles, 25 de marzo de 2015

El joyero.

Las nubes desvelaron, 
en lo alto de los cielos, 
una luna llena de recelo 
ante lo que se avecinaba en 
esa calle de maestros joyeros.

Doblaron las campanas, invocando
sacando de una nada brumosa
la figura de una dama o quizás diosa,
envuelta en la oscuridad mas lechosa

Cada paso hacía que la piedra centenaria
dejara de lado su pasado y se sintiera infanta.

Y sonó la pequeña campanilla que anunciaba la llegada de un nuevo cliente. Aquel joyero de gran fama se encontraba inmerso en una obra detallada para un rey o quizás un marqués pudiente. Los grandes y ornamentados blasones a los lados del acceso de aquel humilde local, hablaban de la buena fe de grandes famlias que lo pudieron contratar. Y girose el buen hombre y descubrió ante él una aparición casi fantasmal. Como envuelta en sombras una mujer avanzaba lentamente hacia él, pareciendo que flotaba envuelta en las brumas de una noche clara, como del color de su piel, moribunda señal de estar a punto de pasar a otra vida. 

-Buen día tenga.-Dijo el joyero, un hombre delgado de rostro vulgar pero maneras educadas y de buen hablar.- Dígame ¿que desea la dama de este humilde servidor.
-Vengo por su buena fama de tasador.-Dijo la mujer, y al sutil trazo de una sonrisa blanca sencillamente el hombre observó la muerte misma ante él, pero esto no lo amilanó. Entonces la pálida dama extrajo un anillo de su mano izquierda. Sencillo para toda la pomposa y recargada joyería con la que venían reyes y emperadores a pedirle favores. Era de plata fina, y aunque provisto de siete gemas, estas eran discretas, bastante sencillas. 
Se rozaron entonces los dedos de ambos al llevar a cabo el intercambio y entonces sintió el orfebre la fría garra de la muerte, llevarse parte de su vida, dejando su alma a su suerte. Un escalofrio le recorrió el espinazo pero el dejó de lado ese momento aciago y con declarado y profesional respeto dedicó su mas amable sonrisa y procedió  examinar la joya con todo su acierto. 

-Es mas antiguo que el mas bueno de los vinos.-Dijo el joyero sin dudar, no dándole tiempo a la dama a demandar nada mas.-Pasó por quizás 30 generaciones de honradas mujeres, pero una de ellas se malogró e hirió de muerte la tradición de sus parientes.-Miró entonces el joyero a su última clienta, del día o quizás de la vida.-Desprende un aroma a sangre.- Sentenció aquel hombre valiente, pudiente y carente de todo sentido de superviviente.

-Sin duda vuestra fama no es un engaño de aquellos que se quieren dar importancia.-Dijo la dama y se acercó un poco mas, con inesperada calidez en unos labios rojos, llameantes de una crueldad que se quería desatar.-¿Cual es el precio de vuestros servicios?.
-Que me permitan una larga vida con mis vicios y sacrificios en honra a la profesión que mi familia ha practicado desde hace siglos.-Dijo el hombre.
-Un precio demasiado bajo. Os honraré con esto.-y en gentil y suave acto le dió el mas mortífero y cruel beso. Un beso no solo lento, sino dotado de todo el peso de lo divino, de lo perfecto.
El abrazo de la muerte fue solo doloroso por un instante, con testigos de lujo aposentados en los estantes, presenciado la conversión de su dueño a esos oscuros caminantes. 
Tras aquel ínfimo y eterno momento, los grandes ojos de la dama se dejaron ver como un amanecer de rojizo satén. Siendo llevaba por los instintos, tras una última caricia, dejó tras de sí una sorda melodía. 

Y sin testigos presentes, el joyero marchó al lado dela muerte, sin rumbo hacia una mejor suerte, sin infieno ni cielo que lo quisieran presente. 


miércoles, 25 de febrero de 2015

La hija de la Luna y el caballero oscuro.

La noche caía dulcemente y las estrellas titilaban cálidas, como luces de esperanza para los navegantes y viajeros. Sonreía la luna a su hija, alumna aventajada de Terpsícore, hija pródiga del Olimpo y envidia de Afrodita. La cascada rompía el murmullo nocturno, bañando en aguas de cristal puro el fondo lleno de criaturas imposibles. Peces de diamante, anguilas de zafiro y esmeralda, despertando y siendo contempladas por los árboles de maderas nobles y mas nobles historias que contar, se repartían en aquel lago y aquel claro respectivamente, esparciendo la vida silenciosa del bosque en el que una dama se bañaba. La brisa, enmudecida por la caída de agua, traía la primavera, la promesa de mas vida a las flores de metales preciosos que abrían sus pétalos a pesar de las horas para aspirar el aroma de la mas Dulce Flor de aquel lugar.

La dama, dulce gota de rocía oscuro hecho mujer, dejaba bailar a las gotas de agua y a las ninfas alrededor de su cuerpo. Las libélulas y pequeños pececillos la rodeaban de vez en cuando, curiosos, expectantes, ante cada fluido movimiento de río, de sus manos paseando por su cuerpo para quitarse una mugre inexistente, pues ella alejaba toda suciedad del cuerpo y el alma de quienes la contemplaban, quemaba en pasión la piel de quienes la tocaban y se sumían en pavoroso infierno aquellos que la ofendían. Sonreía, tarareando una canción milenaria, no tanto como la canción del amor, casi tan antigua como Gaia. Eran notas sueltas que los grandes sabios y músicos habían encontrado dentro de sus almas cuando la inspiración faltaba. Su cabello negro era una continuación sin estrellas de aquella noche dulce de primavera. Tiernamente, con movimientos que perdían el norte y se dirigían al sur la dama, como bien se dijo, limpiaba su cuerpo y su alma.

La soledad la acompañaba hasta la llegada al lugar de un ser extraño, demasiado común para ese mundo, pero sin duda capacitado y con el poder de encontrarse ante el mismo diablo o Dios y mirarlos a los ojos. Observó a la dama con un gesto inexpresivo mas a la vez batallando contra sus instintos por tocar el agua, enemiga acérrima el líquido elemento desde tiempos inmemoriales. Portaba un pelaje fino, negro, suave como el cabello de aquella mujer perfecta con defectos, diosa cálida en corazón y alma, Tras pensarlo optó por quedarse mirando, pensando en cosas demasiado sabias para ser escritas por los mas grandes eruditos. Con gran paciencia estudiaba el lugar. la cascada de agua sumergía en su perpetuo rugido cualquier otro sonido bello o desagradable y para colmo, tras sus aguas, náyades a cientos, bailaban entre gota y gota con farolillos de miles de colores. Aquel espectáculo habría explotado cualquier mente dotada de la genialidad para el arte. 

La luna fue entonces ocultada por las nubes y todo quedó a oscuras a excepción de los ojos del visitante, que se encendieron como dos farolas, como el faro que guía y pierde al buen y mal viajero. La deidad humana miró entonces a su alrededor, perdida, trastocada por esa repentina oscuridad. hasta la náyades habían perdido cierto brillo. las sombras comenzaron a llegar pero las garras de las pesadillas no se pudieron hacer con aquel alma tan dulce y pura, pues el caballero oscuro sencillamente abrió la boca...y maulló. 

La diosa se volvió, abrió aquellos ojos negros de bondad y maldad infinitas, de sabiduría y corrección excelsas y se acercó lentamente, con su desnudad de glorioso pecado a aquel caballero. Sus pechos fueron revelándose junto a su cintura de avispa, su vientre, planicie y pausa entre sus senos y el centro de su infinito placer. Quien viera aquella escena de gloria enloquecería, se dejaría llevar por el deseo mas puro y su corazón se consumiría en cuestión de segundos. Fue la frialdad de aquel caballero lo que le impidió explotar en ese mismo momento. Una vez fuera del agua, aquel caballero, con dos ojos naranjas, morados al momento siguiente, se acercó con sus cuatro patas y cola en alto, no tuvo tiempo de frotar en franco reconocimiento su lomo negro contra aquellos pies de dríade, raíces de cordura y razón, aladas con fantasía e iluminación, pues la dama tomó al felino y comenzó a acariciarlo suavemente. 

-¿Mi caballero oscuro viene a protegerme como en cada noche? ¿viene a vigilar mi sueño? y me trae bellos regalos.-Dijo con una sonrisa blanca, y fundente de voluntades aquella dama de las tierras del fuego, tomando la rosa azul que el caballero oscuro portaba entre sus pequeños dientes. Este se acomodó contra el pecho de la mujer de los cielos, del ángel mas bello de Dios emitiendo un aterciopelado ronroneo, constante, initerrumpido mas que para dar un beso en la nariz perfectamente esculpido por los dioses de aquella deidad superior. Fue entonces que la luna comenzó a brillar y todo pareció nacer de nuevo, lejos de las pesadillas o de los miedos. 





domingo, 15 de febrero de 2015

Pensamientos de escritor 20: "El amor o la Musa."

En todos mis largos años de vida, nada me ha parecido mas extraño que el amor. Por motivos que ignoro nací con un concepto anticuado del amor. El amor para mi es esa dulce sintonia, esa armonía y melodía inconfundible que ha hecho del mundo lo que en parte es hoy. Los amores pasajeros en mi opinión son sencillas relaciones quebradas. El amor verdadero es el que perdura incluso mas allá de la muerte. Cada pequeño pedazo de corazón que se une a otro pequeño pedazo de corazón de la persona ajena, es un acto que debe ser visto con todo respeto, decoro y admiración, pues la capacidad de sentir no todos la tienen. Solo hubo un caso de amor en el que mi ira fuera tremebunda pero de eso no hablaremos. Hablemos del motivos de cada una de las rosas azules que hay en mi blogg. 

La Musa, todos ya sabréis a estas alturas quien es, es el motivo de mis pensamientos en este y obviamente en todos los días. San Valentín para mi es un esfuerzo un poco mas alto de la media a realizar para que esa dama de ojos negros y cabello hecho de la mas suave noche sonría. La Musa, en este caso, es una dama física, que existe, que tiene sentimientos, problemas, virtudes y defectos. Y la responsable de haberme inspirado durante casi 6 años. Es la responsable de mi sonrisa, de muchas de mis risas y de  momentos de gran intimidad en los que parecía que la distancia no existía. Los grandes amantes de las historia, conocidos a través de la leyenda o la literatura, deberían de contemplar, a mi humilde parecer, con todo respeto la presencia de la Musa como una semejante, pues podría decirse que es una amante intelectual, sentimental, cálida, que rompe las fronteras físicas del cuerpo e intangibles de la mente para revelar que aun queda esperanza en la humanidad. Si es que es humana. 

Ella es luminosa y oscuramente bella, fascinante en sus maneras, educación y expresión, correcta en el trato a todos los hombres, mujeres y niños al margen de la raza, posición social o económica, religión o dogma de cualquier tipo que se practique. Tiene elegante caminar y mas elegante razonar para poder dejar contra las cuerdas a muchos rivales en debates varios que surjan para la ocasión. De gustos sencillos, ella es como un gato: A raíz de darle cierta independencia te devolverá ese respeto en su intimidad con una fiel amistad que nadie mas podrá superar pues es amiga de sus amigos.Estoy diciendo de todo y a la vez no estoy diciendo nada que tenga una cierta coherencia y cierto orden, pero esa es su esencia. Definirla es imposible en el plano del espíritu. Físicamente sí, desde luego. 

Ella es, como todos saben, muy especial para mi. La adoro y respeto hasta el punto de que corrijo a la gente cuando dice "tu Musa". No es mía (que mas quisiera mi parte oscura que así fuera pues solo la oscuridad del hombre quiere ser posesiva con otras personas), Ella es de este mundo oscuro lleno de muchas cosas malas a las que ella, con su carrera, trata de dar una cierta solución. También es obra de Gaia o de Dios, nunca se quien es el responsable. Todos los hechos que a su alrededor acontecen están teñidos de un tinte de aventura y cruda realidad que casi asemeja al realismo mágico que influyó en mi país durante unos años. 

Tengo muchas teorías sobre el amor pero ella es responsable de una en la que me encuentro constantemente sumergido a la hora de darle veracidad. Se basa en la siguiente: Si esa persona que está presente en tu vida con mas o menos asiduidad comienza a mostrarte sus defectos, sus virtudes y todo el conjunto de sus hechos, del concepto de los mismos, si logras ver el todo de esa personas, muy probablemente estás enamorado de esa personas. Ese momento en que te das cuenta llega en forma de "revelación", Un día me golpeó esa realidad mientras no pensaba en nada en concreto, sencillamente la vi de pronto en mi mente, sonriente, alegre, sensual, entristecida, festejando un logro ajeno o propio, furiosa. Sencillamente en cada una de esas actitudes deseaba unirme a ella, ser parte de ese todo. 

El amor es quizás para mi lo mas importante a pesar de mis constantes referencias al asesinato de tal o cual persona. Soy un hombre de fe. No una fe religiosa, sino fe de que las cosas saldrán bien y de que ella encontrará pronto la felicidad. Pues es lo que deseo de ella. Que sea feliz. Es cuando mas me inspira junto a esos momentos en los que puedo ver esos bonitos ojos negros tratando de hipnotizarme y, para que negarlo, lográndolo.

No se que mas decir que ya no haya dicho con anterioridad. ¿Que la quiero? ya lo sabe ¿que la deseo? ya lo sabe ¿que la amo? creo que lo sospecha. 

Resumiré diciendo que para mi el amor y la Musa son la misma cara de la moneda. 

Arrebatadoramente bella por fuera, sencillamente mágica por dentro. 


domingo, 8 de febrero de 2015

El vendedor de sueños.

Era un día de Diciembre y las grandes cortinas que cubrían las ventanas de la mansión ejecutaban su baile fantasmagórico contra las paredes revestidas del mas blanco mármol. Era luna nueva y la oscuridad solo era rota por unos cuantos candelabros puestos ahí y allá, precariamente sostenidos en aldabones de hierro centenario. Cada losa de piedra del suelo contaba la historia de truculentos sucesos, de almas rotas en medio de crueles desamores, traiciones impías y fratricidios demasiado numerosos como para ser contados en varias vidas, como las arrebatadas entre los tabiques de aquel lugar funesto. Por su pasillo, envuelta en sudor y sangre corría una joven. Su cabello revuelto estaba apagado en lo que antes era un brillo dorado y perfecto. Sus vestiduras estaban rasgadas y parte de su lechosa piel se adivinaba entre los rasgones y pruebas de la fatalidad. Los ojos azules estaban desencajados por el terror de aquello que habían contemplado. No había nada mas terrible; contemplar la muerte de cerca, para el inocente, era la ruptura con toda realidad y posible descanso.

Se despertó entonces la dama bañada en gélido sudor, con los ojos impregnados en lágrimas pero vigilando de no emitir sonido alguno que despertara a su amada familia. Sus hermanos estaban junto a ella, respirando profundamente mientras, intranquila, se puso algo mas abrigado tras desasirse del abrazo del pequeño de aquella humilde, unida y honrada familia. Se miró en un espejo, su rostro era realmente bello, algo que no tenía muy en cuenta, a diferencia del resto de jóvenes de su edad, infatigables a la hora de tratar de impresionar a los caballeros que pasaban por esa vasta y encantadora ciudad llena de historia y leyendas. La pesadilla la dejó agitada. Se puso algo de abrigo y salió a tomar el aire, yendo a otra habitación y cerrando la puerta, abriendo la ventana y topándose con una inesperada visita.

Posado con majestuosa indiferencia al mundo, siendo su pata derecha lo mas importante en ese momento, en lo que se hallaba limpiándola con todo cuidado, la Luna le arrancó algún brillo al pelaje del gato posado sobre un pequeño saliente, obra de un defecto de construcción de la casa. Los grandes ojos del felino estaban cerrados, concentrados en su labor de súbita importancia e ignorando a la simple mortal que casi a su lado estaba. Esta lo contemplaba maravillada, sorprendida en parte por no verlo huir. como es natural en todo gato. En su trabajo, teniendo acceso a muchos libros de muchos tipos, los de cuentos eran de sus favoritos. Meterse en mundos fantásticos con ogros bondadosos y caballeros de oscura armadura y corazón, tristes por la pérdida de su amor. Cuentos había de gatos a cientos y casi todos parecían ciertos al ser escritos y leídos por la manos y ojos adecuados.

La dama contemplaba al esmerado cuidador de su pelaje. Era elegante, casi hecho de una sola pieza de un río negro que se hubiera helado y se estuviera derritiendo. Sus orejas se movían de vez en cuando, apreciando cada sonido que le rodeaba. La cola no se movía, fluía en el aire con un movimiento continuo carente de brusquedad en el cambio de trayectoria o de recorrido, como siguiendo una melodía, ya fuera la del viento o la interpretada por los silfos. No pensó que lo volvería hacer después de aquella pesadilla tan terrible, pero la dama sonrió y se sintió tentada de estirar la mano, mas no quería interrumpir la labor sagrada que aquel siervo de la noche y del sabio o la bruja estaba totalmente concentrado en consumar. Los ojos de la dama alternaban entre el cielo nocturno, la plaza a la que daba esa ventana, obviamente vacía por las horas y el gato que, en un ejercicio de originalidad, cambió de pata que limpiar, Su mente comenzó a divagar y con el cúmulo de emociones y preocupaciones de sus labios salió un suspiro.

Es curioso como en todo momento, al pesar del chirriar de la bisagra de la ventana, el viento agitando el cabello de la dama, esparciendo su aroma por todo el área circundante al gato y ella, este no haría reparado en la bella mujer hasta la liberación de ese aire rápido y preocupado, reflejo de miedos y vicisitudes diversas. La dama pudo ver, algo sorprendida, y quizás asustadas que los ojos del gato eran verdes. Este se le quedó mirando y poco a poco los nervios la fueron invadiendo. Eran dos esferas perfectas y amarillas los ojos de aquel gato tranquilo, superior a toda condición humana, dios en miniatura de la muerte, la vida, el misterio y la leyenda, mensajero entre mundos. Curiosamente al pestañear estas cambiaron a un amarillo mas intenso. la dama pensaba que estaba ofuscada pero al siguiente pestañeo eran verdes y entonces el gato saltó dentro de la habitación y salió corriendo por la puerta entreabierta.

La mujer, esa bella dama, echó a correr con toda gracia y elegancia, preocupada por el sueño de sus hermanos, casa adelante tratando de hacer el mínimo ruido posible. El gato entonces se puso en la puerta que daba a la plaza. Este gato era extraño, pues de pronto estaba sentado de espaldas a la puerta, como si la estuviera esperando. La luz apenas llegaba en la entrada de la casa y todo era sombras. Salvo los ojos de aquel gran gato negro, displicente en sus formas y coqueto en sus andares. La mirada fijamente y al reflejo de la lampara de aceite que la bella dama encendió, a esta le pareció ver por un segundo lo que podría interpretarse como una sonrisa demasiado... extraña.

-Gatito, no hagas ruido.-Dijo la mujer mas bella de aquella ciudad.-Mis hermanos duermen y deben descansar pues al madrugar deben alimentarse de comida y conocimientos en la escuela.-Dijo suavemente. Su voz era una caricia al alma. Los grandes ojos azules de ella vieron entonces que algo sonaba fuera y el gato se puso a rascar la puerta, inesperadamente emocionado por salir.

Eran sonidos de muchas cosas. Desde música hasta fuegos artificiales. Todo fue repentino, como llegado de ninguna parte y con destino a ninguna otra. La mujer, esa bella mujer que había cosechado mas suspiros que trigo todos los campos de su ciudad juntos, se aceleró sin casi reparar en el gato de brillantes ojos para saber lo que ocurría, temerosa de no poder impedir que sus hermanos, que toda su familia, que toda la ciudad se despertara. Fue entonces cuando abrió la puerta.

La plaza, momentos antes completamente vacía ahora estaba ocupada por una especie de feria ambulante. Quizás la mas grande de todos los tiempos de aquel lugar. Y la mas colorida y la mas variada. Aunque todo reconcentrado en un solo carromato de gran tamaño delante del cual, a la espera de clientes, se encontraba un solo vendedor. O director de pista, pues vestía como los grandes drigentes de los circos, con todas sus maravillas incluidas. Su sombrero de copa era de dos colores: una mistad negro y la otra blanco. Su traje era de muchos colores, todos en continua y sutil transición de una tonalidad a otra. La bella dama se fue acercando, sorprendida y cada vez mas confusa sobre el hecho de que de la nada surgiera todo ese despliegue de luz y de color. Expuestas a la venta había cientos o miles de cosas. La altura de aquel mostrador era de quizás varias decenas de metros. La encantadora criatura se paró a mirar aquellas maravillas. Y sus ojos entonces repararon en un libro. Su corazón se aceleró.

Ante sus ojos se encontraba uno de los libros mas fabulosos de cuentos de caballeros que nunca jamás habían sido escritos. Hacía siglos que se le había perdido la pista. La idea de poder llevarlo a la biblioteca era algo que no imaginaba. Obviamente, dado su humilde corazón, el reconocimiento de la comunidad le era indiferente. Ella solo quería que los demás niños se pudieran sumergir dentro de aquel mundo maravilloso al que ella solo tenía acceso en una de las pocas páginas que se conservaban, vetadas a los manoseos infantiles mas no a su memoria.

-Ahhhhh la dama tiene un excelente gus...to.-Dijo el vendedor pero cuando la dama dirigió su mirada de ojos azules a aquel hombre espigado y de sonrisa traviesa, misteriosa y quien sabe si velo de a saber que intenciones, este enmudeció por un momento.-Vaya. No me esperaba esto.-Dijo. El gato lo acompañaba montado en su hombro, dejando salir pequeños ronroneos, como cavilaciones milenarias

Entonces sacó aquel extraño individuo un reloj con nueve manecillas, que se movían de una forma extraña, unas daban vueltas completas, luego se paraban e iban en el otro sentido, otras estaban quietas del todo. Solo una permanecía en un movimiento constante aunque demasiado lento para ser los segundos y demasiado rápido para ser los minutos. La dama no había visto algo así en toda su joven vida. Sin duda no había visto muchas cosas en toda su vida. Otro descubrimiento importante era el hecho de que nadie mas hubiera acudido a la gran demostración de artificios y sonido de aquel extraño hombre. Ella estaba sola. Los nervios empezaron a fluir poco a poco por su cuerpo y sus ojos comenzaron a mirar la puerta de su propia casa con ánimo de correr hacia ella por si ocurría algo. No estaba segura de si se trataba de un sueño o quien sabe de que acontecimiento único.

-Hemos llegado en el momento exacto parece ser.-Dijo aquel hombre extraño de sonrisa afilada y algo animalesca. El gato maulló y parece que asintió ante aquel obvio hecho.-Mmmm veamos.-Dijo el hombre que de un salto muy, muy alto se encaramó a una tabla suelta de su puesto y empezó a ver que tenía.-Quizás esto...-Dijo el vendedor mientras aterrizaba limpiamente a escasos centímetros de aquel valioso libro. El corazón casi le da un vuelco a la encantadora mujercita y le provoca un desmayo. En la mano del hombre había una rosa verde, al parecer hecha de una sola pieza a partir de una esmeralda.-Quizás esto le interese a la dam...-pero el hombre en cuestión no pudo terminar pues el gato bufó y casi le da un zarpazo en la cara.-Bueno vale vale....-Dijo. Pero no contento con ello el gato soltó un larguísimo maullido acompañado de un par de bufidos mas.-Se me hace obvio que es lo que quiere.-le dijo este extraño acróbata de las mercancías al gato.-Ya se que la esmeralda le encanta... pero está bien. Se la entregaremos en persona. La pereza a veces me consume. Una fría rosa de esmeralda merece ser portada por las manos frías de la muerte... o por una bella difunda.

Aquel hombre estaba loco. Hablaba con gatos y sobre personas muertas. ¿Quien habría de querer entregar nada tan bello a una persona fallecida? Entonces a la bella damisela de plateada cabellera se le formó uno de los pocos cúmulos de valor que podría reunir en aquella noche cerrada y se atrevió a preguntar

-Disculpe.-Dijo lo mas educadamente posible.-¿Me podría decir el precio de...?

-¿Este bonito vestido?-Dijo sacando de su sombreros un sensual vestido que dejaba poco a la imaginación, de tonos rojizos y rosados. El gato volvió a bufar por el movimiento brusco del hombro sobre el que se hallaba y por su disconformidad sobre el posible regalo.-De acuerdo de acuerdo. Pero seguro que su novio, en caso de tenerlo, me agradecería muchas cosas.-Dijo moviendo las cejas y recreándose en el sonrojo de la deidad plateada hecha mujer.

-No, yo lo que quería era...-Comenzó de nuevo a decir la dulce bibliotecaria.-

-NO  me diga mas, encantadora damisela.-Dijo, haciendo énfasis en ese "No" inicial y sacando de entre sus manos una exorbitante cantidad de dulces que al caer al suelo parecían convertirse en diamantes y luego desparecían. Sacó entonces una gran saca, no sin esfuerzo, de detrás del mostrador, encima del cual salto de nuevo, provocando otro vuelco a su corazón.- veinte kilos de los mas dulces caramelos, gominolas y demás de todo este bello mundo, creadas por artesanos de poblaciones en cuya sangre corre el azu...-Pero el gato volvió a interrumpir.-Oh vaya. No me digas que tu podrías vender mucho mejor que yo. Vale está bien. Pero...- de pronto se interrumpió y los ojos color extraño de aquel hombre, antes verdes y ahora rojos en lenta transición al violeta, miraron la luna.-Mmmmmm...

Miró a la joven entonces mientras la mano de aquel "caballero" tomaba la de la dama. Vio a continuación en su rostro una sonrisa y cuando bajó al vista, algo avergonzada, de su mano pendía un anillo de plata con una rosa como motivo principal. Parecía que la rosa pudiera mover sus pétalos. El vendedor miró la rosa junto a ella, se acerco a este, sopló y los pétalos  en efecto, se movieron.

-Este bonito anillo está creado con los deseos de un hombre de ver feliz a la dueña de sus suspiros. Lo creó una vez un poeta con todos los sentimientos que guardaba por una dama a la que adoraba en secreto. Ella está lejos de...- Y el gato lo volvió a interrumpir con lo que parecía una señal de claro hartazgo.-Tu no dejas que me ponga romántico ni aunque te paguen con una tonelada de esturion.-El gato volvió a maullar con resoluta indiferencia.-Ya y luego cuando estás en su regazo bien contento que estás.-El gato entonces escondió la cabeza detrás del largo cabello del vendedor.-Cobarde...-Se volvió a la dama.-¿Por donde íbamos querida?.-Dijo retirando el anillo de su mano con toda suavidad.

-Yo...quería...-Temió de nuevo una interrupción y sencillamente se quedó mirando el libro.

El vendedor siguió la mirada de la dama y con un "oh, claro. Es obvio" seguido de un asentimiento dio una palmada al culo del gato ante lo que parecía una risotada de burla del propio felino. Tomó el libro entre sus manos. Lo miró y la miró. Seguidamente tomó el reloj y volvió a mirar la luna esta vez con unos ojos azules calco de los de la dama.

-Este libro fue escrito por las manos de un antiguo cuentacuentos que sin duda dejó una huella imborrable en los corazones de muchos niños. Cada una de las historias que se lean en estas páginas ensalzarán el espíritu. Él me lo regaló cuando combatimos codo con codo en una batalla ya olvidada hace muchos años. Demasiados. Me dijo que se lo diera a su pariente de corazón mas puro, que ella sabría cuidarlo. Ningún otro hombre ni mujer, solo quizás los niños, podrás valorar con toda la fuerza del amor por la lectura, lo que en este libro se cuenta. Así pues te hago entrega de tu herencia. Y no dudes sobre su destino pues tienes sus mismos ojos azules-Sonrió ampliamente.-Ah y feliz cumpleaños

Los ojos llenos de lágrimas, producto de la emoción, miraban el libro sin poder creérselo. Fuera locura o no, aquel libro durante tanto tiempo buscado, ahora estaba en sus manos. Corrió hasta donde estaba la biblioteca de aquella gloriosa ciudad, abriendo las puertas bruscamente, ignorando a los vigilantes que se ocupaban de que no robaran nada. Aquel libro sería lo que diera a muchos niños la inspiración para la ciencia, el arte, la literatura, el amor. La poesía. 

Apoyado ahora sobre dos grandes alas opalinas, el vendedor alzó el vuelo hasta donde la Luna le esperaba para dejarlo caer lentamente entre caricias de materno amor sobre una cama con sábanas de satén azul, portando una rosa azul con la que acarició el rostro de aquella que lo inspiraba a seguir respirando. Ella abrió los ojos y mirando aquellos ojos sencillamente susurró el mas dulce:

Feliz cumpleaños Musa de mis versos.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Tango de fuego

El bosque se mecía lentamente al marcado paso que la brisa demandaba desde las mas altas cotas descendentes de las montañas. De entre sus nevadas cumbres bajaba el revitalizante aire que pronto convertiría en lágrimas puntiagudas y heladas a las gotas de agua del rocío. Aunque para eso aun quedaba. Muchas aves de vivos colores y de mas común y no tan vistosa ralea aun permanecían en sus hogares estivales antes de que el invierno llegara. Uno de esos pequeños señores de los cielos surcó el manso y perezoso aire hasta posarse sobre una ventana. A través de esta se veía una bella habitación.

En las paredes había cientos de fotos de bellos caballeros que posaban faltos de ropa. La iluminación era mortecina y sobresalían los tonos rojizos y rosados por todas partes, acompañado por un aroma dulce, muy dulce y a la vez que invitaba a despertar recuerdos gratos del pasado y crear unos nuevos. Los ojos del pájaro observaron que detrás de un biombo se ocultaba una figura que hablaba muchas cosas que tan delicado ser no entendía. Se la veía emocionada. Entonces el ser salió, dando a mostrar el cuerpo en su gloriosa y femenina forma y el pájaro en el mas literal de los sentidos... explotó. 

La mujer de exuberantes curvas miró las fotos y se preguntó a que se debía que no hubiera ninguno de esos hombres en la cama. En las zonas en teoría mas ocultas de su cuerpo se empezaba a despertar un calor intenso e insaciable. La bella dama agarró la carta de nuevo, aquel papel grueso cuya fortaleza no le había servido para ocultar las quemaduras de los bordes que se formaban cada vez que la mujer tomaba ansiosa la carta. A las doce en punto sería la cita con aquel admirador secreto que había impregnado su varonil aroma entre aquellas líneas. De solo imaginar como sería la mujer paseaba sus manos por su cuerpo de forma inconsciente sin dejarse un solo rincón. 

Sentándose en la cama para tranquilizarse dejó la carta a un lado, ya hecha casi cenizas y miró el reloj. ¿Como es que el tiempo pasaba tan condenadamente lento? Se dejó caer en la cama y paseó las manos por su cuerpo pensando que tan ardiente sería su acompañante y con la primera campanada de las doce este no le decepcionó. 

En las primera campanada unos brazos rodearon sus muslos. En la segunda abrió los ojos y su cuerpo casi se incendia al ver tan varoniles facciones y una sonrisa tan lasciva como llena de deseo. En la tercera campanada, sin apartar la vista de sus ojos el invitado inesperado saca la lengua y comienza suavemente a pasear por aquel monte de venus sin apenas una mácula, dando la sensación de haber estado intacto por siempre. Aquel simple contacto, acompañado de una fuerza sobrehumana hizo tumbar a la encendida dama en su lecho rojo y rendirse a las sensaciones, sin impedirle ello responder con caricias a un cabello peinado al estilo mas moderno y elegante. Una risotada se escuchó en la habitación, no se sabía de quien de los dos. 

Entonces aquella boca comenzó a ascender poco a poco , con las manos peinando cada centímetro de aquella ardiente piel. Las poderosas manos se fueron amoldando a cada espacio, siendo una sustituta de aquella traviesa lengua de hace unos momentos, dedicando cada caricia con un beso mas al norte que el anterior. Entonces las bocas se juntaron en la caricia lenta y ardiente del viento que pueda encontrarse cualquier aventurero en el mas cálido desierto. Se encontraron las lengua en una pelea funesta para la cordura y el pudor, quedando esto relegados del espacio y del tiempo. 

La dama se contorsionaba con gestos sutiles, exigiendo mas y mas hasta que ella reclamó aquello que por obvios motivos le pertenecía. Tumbó a aquel sujeto en la cama y con afiladas uñas le comenzó a arrancar la ropa sin miramiento alguno. Los cortes en la piel no parecían sino divertir a aquel demoníaco invitado que dejaba caricias aquí y allá por aquel cuerpo y jugueteaba con las zonas mas sensibles de aquella veleidosa diosa del placer. la mujer echó la cabeza hacia atrás como tratando de de la locura invasora rondante en sus pensamientos. 

Se miraron a los ojos sabores de lo que ambos querían y todo se volvió una retorcida batalla entre sábanas rosas y rojas que solo dejaban escapar el sonido de las mas turbias y desenfrenadas expresiones de placer. En cada movimiento se dejaba entrever todo un espectáculo carente de cualquier virtud citada en las escrituras. Se mataban entre ellos con bocas, manos gemidos y la gula del placer era saciada con el aliento del otro. Guerreraban las lenguas en todos los planos de la realidad y las palabras ya había dejado de tener sentido hacía mucho tiempo. Pero también había risas y alguna barbaridad expresada en voz bien alta con la sensual voz de aquella mujer o la profunda voz de él. aquel enviado del infierno para complacer a uno de los mas lujuriosos seres sobre aquel mundo. 

Y así bailaron hasta rociar en sudor cada centímetro de sus cuerpo y quemar en placer los pocos pedazos de cama que quedaron tras cientos de noches en aquel tango de fuego. 


Dedicado a la bella Francesca,

jueves, 4 de diciembre de 2014

Les hablé de tí.

Y es que no lo puedo ocultar por mas tiempo; les hablé de ti a cada persona que he conocido. Les hablé de la motivación de cada uno de mis versos, de la inspiración que me llena cada vez que te veo y cada vez que en mis sueños te siento. describí a aquella corriente, aquella brisa que llena y rejuvenece mi alma vieja cuando te presentas con todo ese halo de dichosa juventud. hablé de Gaia, de su enemigo, que es mi amigo, el fuego que prendes en mi y de la que podría ser la última chispa de luz en este mundo y en todos los que habitas. Sí, les hablé de tí. 

Hablé sobre los versos que poco a poco enhebraba en medio de la oscura noche, observando aquellos retazos de inspiración que al principio se me hicieron confusos. El viento de la juventud los movía pero se veían tan iluminados, tan misteriosamente iluminados que decidí seguirlos. Y al ponerse el viento en contra ellos marcaban un camino y yo lo seguí mas admirado por la fuerza con que podría recitar cada línea que te dedicara. Aquellos hilos, papeles, libros, eran cada uno de tus suspiros y de los míos entremezclados en tiempos distintos pero dentro del mismo corazón unido por recuerdos en común. 

Hablé de mis temores de no encontrarte un día entre mis brazos, de que algo te pasara en la guerra contra la igualdad y la justicia, cuyo estandarte enarbolas con tesón y sin menguar en tus deseos de poder solucionar cada problema que te acontece. Mis temores se hicieron conmigo varias veces y pusieron en cada rincón de mi mente tu rostro lleno de infelicidad, y aquella imagen me atormentaba, me dejaba un sabor de sangre muerta y bilis diabólica. Estabas radiante y al momento triste ante una injusticia o un acto de cobardía de unos pocos sobre muchos inocentes. Y es que eres valiente al enfrentar el peligro pero mi corazón se encoge si me fío de mis grandes miedos. Les hablé, en concreto, de no poder ver nunca esos ojos negros en los que me gustaría morir un día para formar parte de su luz. 

Les hablé, como bien dije, de tus ojos negros, profundos, luminosos y a la vez misteriosos, fascinantes como los romances de dos amantes. Les hablé de tu cabello, seda de sueños pintada de noche sin luna pero cuajada, por su brillo, de estrellas danzantes, del deseo de mis dedos de perderse entre esas hebras para nunca encontrar una salida entre un beso de pasión y una caricia de ternura. Hablé de ese cuerpo de pecado del que tu eres su única dueña y a quien no vendes riquezas ni promesas, sino que entregas a quien ante tu juicio bien lo merece. Mis manos piensan y se preguntan si serían mis dedos, justos pinceles o plumas que pudieran escribir sobre tu piel la biblia que hable de como adorarte. 

Hablé de tu voz, cálida y teñida de miles de matices, que rondan desde la mas maternal ternura hasta la mas fría de todas las furias. Aquella voz plagada de goce es donde yo me recrearía y con tus susurros a mi oído poder decir que caminé por el aire de tus suspiros. Dejar que poco a poco aquella voz cantante sea lentamente sumergida en incoherentes palabras de placer, o acallarla en medio de unos de tus raptos de oscuridad con un dulce, tierno, apasionado, cálido beso que silencio las mentiras y la tristeza. Dije que era tu voz el canto de un ángel, la alegría de Gaia y la esencia que da vida a mi sonrisa. 

Les hablé de tu forma de bailar, de como a los arroyos de las montañas y a los oasis de Arabia les das cuerpo de mujer y los conviertes en lo mas necesario para este sediento poeta, que poco a poco sucumbe a las ansias de yacer cotigo unas veces o de unirme a tu baile y dejarme llevar por lo que el destino decida. En el movimiento de tus brazos alzas y juegas con el aire que te rodea, embebido de las respiraciones frenéticas o las exhalaciones tranquilas en las piezas lentas. 

Les hablé de ti como un profeta que tiene por religión a tu persona, que no importa que las puertas del cielo se le cierren con tal de poder morir y caminar hasta la luz de tus ojos, ser parte de ese cosmos que parece aguardar contenido, lleno de razones para vivir un segundo mas, para recitar un verso mas, para soñarte y crearte una vez mas... 

hablé de lo mucho que te amo... 


martes, 18 de noviembre de 2014

El mayordomo.

 

La cena estaba servida al igual que la luna servía todo un banquete de estrellas para quien gustara de mirarlas en silencio y dentro de sí mismo. La mesa de la gran casa estaba invadida por manjares capaces de hacer las delicias del mas exquisito de los reyes. Las carnes no tenían una sola gota de sangre en su interior, indicando que había sido cocinada en su punto. Los distintos tés se encontraban a la temperatura constante y exacta para dejar sentir todo su sabor a las papilas gustativas de quien lo degustara. Directas desde sus países de origen en donde son cultivadas con mayor éxito había un sinfín de frutas, tan comunes como extrañas y difíciles de encontrar hasta en los mercados mas exigentes. Todo ello aderezado y sostenido por una vajilla de plata y oro de las minas mas puras y un mantel de seda de la lejana China. Los grandes candelabros, también de plata, iluminaban el lugar, dando una atmósfera de gran intimidad. En ella se encontraban dos comensales, distinguidamente vestidos para la ocasión. 

  Con un vestido morado de factura italiana se encontraba una dama de ojos azules y mirada soñadora, que parecía maravillada con cada pequeño detalle de todo lo que tenía delante de ella. Había tardado bastante en bajar dado que la belleza de su vestido era algo que no la dejó respirar durante unos segundos y necesitó sentarse en la cama para poder recobrar la compostura. No estaba excesivamente maquillada pues desprendía una belleza y encanto naturales que no requerían de artificio alguno. En las lagunas azules de sus ojos podía uno hundirse dentro de un mundo lleno de dulce y alocada maravilla. Los nerviosos gestos de sus manos indicaba su inquietud y su curiosidad por la vida, por el simple existir. 

  Al otro lado había un imbécil con dinero.

  Controlando y satisfaciendo los requerimientos de ambos comensales se encontraba un mayordomo. Este había sido contratado para cuidar a la dama mientras su progenitor se encontrara en las afueras. Este sirviente, de humilde carácter y capacitado para las situaciones mas difíciles se encargaba de despertar a la dama, lavar su ropa, servirle el desayuno, la comida, la cena, calentar el agua a la temperatura ideal para que su blanca piel no se resintiera y una larga lista de tareas. En pro de las buenas maneras la dama miraba al mayordomo y este sencillamente parecía leer sus pensamientos. Su taza de té o su copa de agua o vino siempre estaba llena, leía exageradamente bien las dudas de la dama a la hora de escoger el tenedor que el mayordomo le indicaba con el mas sutil de los gestos, imperceptibles hasta para el mas observador, algo que no era el caso del comensal. Eso no implicaba que la dama fuera una de esas tontas recatadas e ignorantes. Todo lo contrario. Su animosidad a la hora de aprender y maravillarse con los mas pequeños detalles de la existencia era capaz de ganarse el corazón del mas frío asesino. 

  -A mi padre y a mi nos ha llenado de deleite que se haya interesado tanto en invertir en nuestra humilde institución. Es algo que no esperábamos a estas alturas de la época..-Dijo la dama. Hablar con extraños la ruborizaba levemente. No podría estar mas apetecible para un ser carnívoro como el que tenía delante. 
  
-Para mi toda oportunidad de hacer avanzar la investigación sobre todo lo que desconocemos del cerebro es algo que no puedo dejar pasar, querida.-dijo con una sonrisa ladina y bastante malvada el benefactor. 
La conversación fue en un tira y afloja que la señorita sorprendentemente llevaba con mucha mas soltura de la que cabría esperar en un momento. El tiempo pasó y los postres llegaron. Los mas deliciosos pasteles y gelatinas fueron puestos sobre la mesa. La dama se preguntó de donde había salido todo aquel ejército de soldados del sabor y por que no se le había informado al respecto. 
  
-Señ....-fue a decir la dama y el mayordomo ya estaba a su lado a la espera de algún mandato. Solo atinó a decir "señor mayordomo" cuando este se encontraba realmente lejos de donde ella se encontraba. Se sonrojó a mas no poder cuando sintió la cercanía de este. Sus rasgos suaves y gesto amable ocultaban perfectamente todo rastro de desagrado, que parecía no existir en lo mas absoluto cuando atendía algún ademán impertinente.-¿Me pod...?- Antes de que acabara la pregunta ya tenía su copa llena de zumo de naranja. En verdad hacía algo de calor por aquellas fechas..-Gracias...-Y mas sonrojo al ver su sonrisa blanca y perfecta.
  
-Estoy a su entera disposición, milady.- dijo el mayordomo con una pequeña inclinación de cabeza.-Disculpe.-Dijo retirando las especias, un bote de sal y otro de pimienta.-Pido mil disculpas por no retirar las especias mucho antes. Lamento mi error.-dijo sin apenas poder contener la fatalidad en su rostro. 

  Fue entonces que cuando la dama iba a quitarle importancia a su error y a consolar su desdichado corazón el benefactor hizo un comentario que no será citado en esta historia,. Sin embargo lo que aconteció será contado hecho a hecho de principio a fin. 

  Unos inoportunos granos de pimienta molida cayeron sobre la nariz de la dama, que por motivos biológicos y químicos provocaron una irritación del nervio olfativo, precedente de un estornudo poco delicado y decoroso sobre el que no se detallará mas. A dicho estornudo siguió otro junto a un ráfaga de aire. Dado que para estornudad hay que cerrar los ojos la dama no vió ciertas acciones posteriores. Cuando esta abrió los ojos el mayordomo se encontraba con una amable sonrisa apoyado en la silla del benefactor y esta se encontraba girada. El codo del sirviente dejaba caer la mano a la altura de lo que habría sido la cabeza del comensal. 

  -¿Donde ha ido nuestro futuro benefactor?-Preguntó la dama, tímidamente. 
  -Al parecerse encontraba indispuesto y ha decidido marcharse, señorita. Si lo encuentro le diré que se reuna con usted en el salón de los invitados...¿ha escuchado eso?.-Preguntó de pronto el mayordomo.-ha sonado como la pisada de un gato sobre una cama de una habitación del piso superior en la que se encuentra un cofre lleno de dulces. 

  Abriendo los ojos de par en par y olvidando todo lo extraño de la situación la dama corrió hacia su habitación cuidando, eso sí, de que no se manchara el vestido. 

  Lánguidamente tumbado se encontraba un gato negro sobre la almohada de aquella cama. Tenía el aroma del cabello de la dama que ahí todas las noches dormía. Fue entonces que la puerta se abrió de par en par y el gato abrió los ojos. Entonces dos lagos azules se encontraron con dos campos de budelias y dos brazos blancos tomaron al oscuro caballero de cuatro patas y cola condescendiente y lo alzaron en el aire. Seguidamente la dama murió de felicidad. 

  Al día siguiente la dama despertó con el "nekito" sobre su pecho. La mirada con sus ojos morados y el mayordomo le informó de que el benefactor no estaba, que se había marchado y de forma poco decorosa había roto una de la sillas a la altura del cabecero de esta. 


martes, 11 de noviembre de 2014

El universo en una mirada.

El rostro de aquella dama poseía un rictus de concentración máxima mientras sus dedos finos y delicados, de amante experta, se deslizaban con el lápiz firmemente agarrado. En su cabeza había muchas ideas y ciertamente las quería plasmar todas, sin miedo a que quedara una insana locura o una reverenda obra de arte hecha a base de los desperdicios de ideas pasadas. La noche estaba cayendo en aquel momentos mientras la luna se filtraba por la ventana. Una luna llena enorme estaba presente, como siempre, en aquel lugar paradisíaco en medio de ninguna parte del espacio y del tiempo. Y aquello no le dejaba en el cuerpo una sensación de soledad. Todo lo contrario. En aquel lugar los pensamientos eran de tal fuerza que parecían formarse como identidades propias y acompañaban a a quien habitara en aquel lugar. El largo cabello negro suelto caía en aquel momento tapando levemente parte del rostro de la señorita, dñándole un toque de exuberancia francamente atractivo. 

Entonces una sombra tapó el nácar la luna. Dos ojos negros como dos pozos de luz alzaron aquellos luceros, hermanas de las estrellas enmarcadas en un marco de piel suave y cabello del color de ala de cuervo para observar a quien interrumpió su hilo de pensamientos. Se enderezó al reconocerlo. En seguida abrió la ventana y detectó lo que parecía un olor a lavanda mezclado con algo no tan agradable para el olfato humano. Unos ojos comunes, mas abiertos de lo que solían estar habitualmente la miraron. Ella entonces sonrío y llegó un segundo día a la tierra, o a lo que fuera aquel lugar. La criatura se quedó observando sus ojos antes de que por su lateral observara un movimiento y se tensara. Era la dama, que extendía sus dedos para tocar las dos grandes alas de aquel ser extraño y miedoso, feroz y a la vez tan frágil. la criatura se quedó quieta como si fuera él a espantar a la mujer y no al revés. Entonces ella se acercó y su otra mano se apoyó sobre el torso de aquel caballero oscuro y apoyó la oreja en su corazón, quedándose quieta durante unos momentos. 

Entonces dos mantos de azulada negrura se cernieron sobre la dama y la envolvieron en un abrigo mullido, suave, muy cálido y en lo mas absoluto claustrofóbico. Dulcemente se abrazaron por un momento. Un pincel de cinco blancas hebras con huesos se deslizaron lentamente, creando un contraste que habría encandilado al mas exigente de los pintores. Se miraron a los ojos y ella se disculpó dulcemente con el mas lento y suave de los besos, pues tenía cosas que hacer y en la desgracia de mundo que había ahí fuera, el amor no era la prioridad número uno. Él se colocó a su lado y sencillamente la observaba de vez en cuando cada vez que ella cambiaba de postura, cada vez que resoplaba, cada vez que tosía o estornudaba. 

La dama, como es obvio, poseía esos instintos aun latentes en los seres humanos tocados por la gracia de los dioses y era perfectamente consciente de los dos ojos mundanos que estaba presentes en ella, sobre ella, rodeándola y protegiéndola con un brillo de ternura y deseo, de cálido confort e infinita transparencia. Entonces, cuando tomaba aire para hablar suavemente fue rodeada por dosbrazos y la estrecharon con delicadeza por detrás y unos labios besaron con terciopelo su cuello. El estremecimiento la recorrió de arriba abajo pero mantuvo la formas dentro de lo posible. De pronto, sin darse cuenta, sus ojos se había cerrado, y ella estaba de pie, aun abrazada de esa forma tan ventajosa para su caballero pero con los ojos cerrados y el cuello libremente expuesto. Unos fríos dedos giraron su rostro y entonces se encontraron las dos miradas. 

-¿Que miras?.-Preguntó la dama. No era una pregunta imperativa o hastiada, al contrario, se notaba una cierta timidez en su voz. 

-Veo el tiempo en un solo espacio, la oscuridad en la luz y la luz en la oscuridad. Veo la muerte de un suspiro y un suspiro que es muerte para el engreído y amor para el justo. Te veo a ti y veo un universo dentro de un alma y un alma en un mundo que es mi religión. -Dijo la extravagante y críptica criatura. 

Y la besó con suave pasión, con un río, un mar y cientos de lagos de ideas alocadas y rezos que desparramar en su cuerpo. 

Dentro de aquella habitación, una solitaria rosa azul, era testigo del nacimiento de una huistoria de amor escrita sobre la cálida piel con la tinta del aliento. 


domingo, 2 de noviembre de 2014

Sangre en el asfalto

La luna salía poco a poco de su cobijo entre las montañas que se divisaba desde esa ciudad. Al lado de estas los cañones estaban apuntando al mar, como llevaban haciendo desde hacía unas cuantas décadas. Habían defendido la patria de los barcos enemigos que se acercaban por el noroeste y pretendieron tomar el puerto. Y nunca lo consiguieron. La ciudad seguía húmeda e indiferente a esa historia de heroicidad y gloria. La gente observaba aquellos cañones mas por su tamaño que por su historia. Monte abajo se encontraba la ciudad que custodian a día de hoy en la que todo parece bastante tranquilo en aquella noche. A excepción de un callejón en el que un hombre de mala reputación pretende tener entre sus brazos a una dama que se resiste. La peste alcohólica de su aliento denotan que tan nublada está su razón. Ella desde luego es bella y en aquella noche había decidido, contra todo pronóstico, vestirse de una forma realmente atrayente para los ojos de muchas personas. La mujer trataba de gritar pero una fuerte mano le tenía la boca tapada y casi la nariz por lo que le costaba respirar. Aquel hombre, o bestia, se había criado en la ciudad donde cometía sus fechorías por lo que conocía cada sonido de la ciudad. Estaba atento a la sirena de la policía o a los gritos de algún vecino que se hubiera percatado, pero a su espalda escuchó algo que no esperaba. 

De lo mas profundo de las tinieblas apenas esparcidas por la luz de la luna, una figura negra descomunal se alzaba tapando todo el ancho del callejón. La primera en captar su presencia fue la mujer y seguidamente ese ruin violador que se aprovechaba de la indefensión de sus víctimas para poder probar el fruto del placer carnal. El violador apuntó con su pistola a la criatura pero esta sencillamente fue avanzando, tirando un par de papeleras por el camino y entonces, como un rayo, dos ojos rojos estaban frente al individuo, ignorando a la mujer muda por el terror. Una gran zarpa estrelló al tipo contra una pared y la dama solo pudo escuchar un gutural y animalesco "corre". La mujer no hizo caso y se quedó petrificada al ver lo que no esperaba ver precisamente esa noche. Un gran lobo, negro como la noche, como el mar sin luna, como el corazón de satanás, arrancó un brazo al hombre que emitió un grito agudo. Entonces se produjo otro acontecimiento. 

Una tercera persona llegó a la escena. La mujer aterrorizada había mirado en busca de ayuda, pero no vio a nadie, sin embargo al segundo a su lado, se encontró con dos ojos preciosos que irradiaban un poder demasiado avasallador como para resistirse a nada de lo que dictaminaran. Una sutil sonrisa se extendió por aquel pálido rostro de la recién llegada y sencillamente susurró un "Váyase a casa y descanse. Olvide esto como si nunca hubiera sucedido". Se respiraba una autoritaria amabilidad en aquella voz angelical y en esos rasgos tan suaves, sabios, fríos y bellos. Entonces la mujer se levantó y comenzó a caminar tras colocarse un poco las ropas, ignorando los gritos del violador que recibió un zarpazo que lo dejó prácticamente inconsciente. 

-No me gusta que griten.- Dijo la bestia con una voz profunda.-No soporto que griten.- La gran cabeza de la bestia, casi la mitad del cuerpo del violador, se levó para encontrarse con esos ojos que eran tan sumamente poderosos y a los que no temía pero sí respetaba.
-Lo se.-Dijo en un tono sedoso y casi sedante la mujer mientras una fría y blanca mano paseaba entre las orejas de la gran bestia, algo que relajó la presión sobre el miserable pero que no le permitió levantarse en momento alguno. Se miraron. Sencillamente se miraron como si nada mas existiera en ese momento. Unos ojos rojos, contra unos ojos poderosos enmarcados en un rostro de ángel negro. Entonces ella se arrodilló al lado del hombre y empezó a susurrarle unas cuantas cosas sin dejar de mirar sus ojos en ningún momento. 
-Quiero matarlo... le hizo daño a esa dama.-de la garganta de la bestia salió un quejido acompañado de un gruñido que iba a ser un mordisco de no ser por las tranquilizadoras caricias de su acompañante.
-Lo que hará de ahora en adelante es mucho peor que la muerte que le daría mi oscuro caballero-Susurró la mujer levantándole la zarpa al lobo para que el hombre corriera de ese lugar despavorido.-Confesará su crimen y será castigo de diversas formas. Una vez alguien me dijo que a los violadores no les tienen mucho aprecio.-La mujer sonrió un poco mas y girándose salió de aquel lugar. El lobo hizo otro tanto acompañado por un manto de sombras. 

Un largo paseo los llevó a un descampado en medio del monte cercano a la ciudad. Lejos de las miradas la gran bestia se tumbó y observó a su acompañante. Ella notaba los ojos grandes casi como una de sus manos puestos en ella. Sentía desde hacía el calor, el deseo y una serie de emociones que ella a veces ignoraba para no sobrecargar su propio bagaje emocional. Ella observó a aquel gran animal, tan cambiado desde la primera vez que lo conoció pero siempre constante en sus maneras con ella. Ella sabía que tanto la deseaba y que tantas cosas haría por ella sin ella siquiera pedírselo. Lo de hoy era un ejemplo de ello. Con insuperable elegancia se acercó al lobo. Este la observó atentamente y entonces ella, desabrochando parte de sus lazos, dejó caer la ropa al suelo. La luna pareció volverse mas intensa en su brillo cuando las formas de mujer quedaron al descubierto. Ella se regocijó en ese inexpresivo rostro que a su vez lo decía absolutamente todo. Le recordaba a cierto caballero que tenía en común de amistad su peludo compañero y ella. Pero él era distinto. 

Con unos pocos pasos se acercó y se envolvió en el pelaje del gran lobo negro, que la acogió entre sus patas, dejando como final de una noche una escena idílica y perfecta.

Espero ver esos ojos tan poderosos dentro de poco. 

sábado, 18 de octubre de 2014

Confesión a la Musa.

Me gustaría poder expresar en palabras todas las grandes emociones que me recorren cuando se cruza por mi pensamiento por un segundo la oscuridad de tus luminosos ojos. Encierro en mi mismo los grandes momentos donde fueron tu sonrisa estandarte y tus palabras aliento ahogado contra mi aliento. Un dulce ahogo que se produjo en cientos de noches al encontrarme entre los setos con tus curvas insuperables por el sol o la luna. Me siento renacer entre el vaivén de tus caderas horadando la voluntad de mis ideas para dejarse vencer suavemente, con un dulce suspiro final y esa mirada de ojos negros en donde me refugio cuando tengo miedo. Y es que tengo terror a perderte un día, que todo haya sido un sueño tan dulce como imposible.

 Pero al día siguiente ahí permaneces. Ves despertar mis sueños y mis deseos, adivinas, o al menos intuyes que mis pensamientos se orientan en tu dirección te encuentres donde te encuentres como si se tratara de un girasol. Pasan las estaciones y estas son marco para la veraniega calidez de tu sonrisa y el refugio de los latidos de tu corazón en mis mas fríos inviernos. Los otoños, lejos de ser mustios, mortecinos, muestran el fuego escondido de las hojas al caer en esa lluvia de besos que desearía desparramar por todo tu cuerpo. Y la primavera es para mi el día a día de tu presencia en mi existencia, como esa Dulce Flor que eres, siempre aromatizada con las mejores esencias de la vida, brillante como el sol que la alimenta y colorida como todo el amor en el mundo, pues la vida no es color de rosa, sino de cientos de colores que a ti te fascinan. 

Desearía poder volar, sentirme libre de obrar en plena libertad para poder alcanzar tu vera, en el día tus risas y en la noche tu lecho, reposar en él, entre tus brazos y dormirme con los latidos de tu corazón. O mirarte con picardía, sonreír, dejarme envolver por tus maneras de mujer y sentir que mi cuerpo es una extensión de mi líquida alma, acongojada y plenamente animada por tu perfecta cercanía. Entre noche y noche besos de miel y entre día y día suspiros de placer, de un íntimo placer desenvuelto en los mas variopintos abanicos de miradas solemnes, tímidas, ardientes, intensas, dulces, tiernas. Pero eso sí, nunca vacías o tristes.Que si una lágrima se desprende sea con una sonrisa de felicidad y deje de ser puñal para ser pluma de cristal. 

 Y no sabría que mas decirte tras sentir tus labios. La imaginación es el único lugar donde convergen todas las lenguas y ninguna tiene una palabra exacta para definir la mínima idea de lo que siento al pensar en esos ojos negros. Vienen a mi cientos de tiernos momentos en los que fueron tu sonrisa la protagosnista, o tus miradas, o tus palabras. Hubo ciertos momentos en los que tus lágrimas y tus sollozos fueron a dar contra mi hombre en medio de noches frías de invierno. Y sencillamente en cada momento, bueno o malo, te quería mas y mas hasta el día de ese primer "te amo".