Los ojos de la bestia estaban clavados en la puerta. Sentía que aquella presencia se acercaba y sabía que pronto daría con él. En medio de aquella noche no se podía sentir mas que una sensación de necesidad, de ansias por la consumación de un alimento que no iba a parar al estómago sino a la propia alma. Dos ojos salvajes permanecían clavados en la humilde hoja de madera que daba paso a aquel lugar casi en sombras, iluminado por unas velas rojas y un incienso que prometía impulsar las sensaciones y las ideas hasta la mas enloquecida de las resoluciones. En aquella habitación la seductora Brisa hizo acto de aparición pero fue desterrada rápidamente dejando una seductora caricia en aquella piel pálida de un cuerpo delgado que se encontraba cubierta por los pantalones, negros como la noche y poco mas, lo demás era estatismo puro y pensamientos llenos de un deseo casi maníaco. Su fino oído detectaba y filtraba cada sonido que procedía del exterior, pruebas intangibles de que había algo mas allá de ese micromundo que pronto ardería y el olfato traía las mas diversas esencias aun bajo el velo de las velas aromáticas y el incienso mas seductor, una fragante invitación en forma de ligera neblina que envolvía los sentidos y los aumentaba acrecentando las sensaciones recibidas. Flanqueando los costados de aquel supuesto caballero se encontraban dos alas, extendidas, uno de los motivos y alicientes que habían impulsado aquel encuentro inminente entre dos seres que se comprendían pero a la vez eran distintos en muchos aspectos. Y eso es lo que gustaba. Las velas arrancaban un brillo animal de su mirada que, pacientemente y a la vez con inquietud, se mantenía firmemente emplazada en dirección a la puerta.
Los sonidos iban de un lado para otro pero finalmente esos pasos se hicieron notar. Aquellos andares que estaba tan acostumbrado a escuchar, aproximándose con una tortuosa cadencia. Unos pasos lentos y tranquilos que guardaban cierta timidez en la actitud y ejecución de cada movimiento, como impulsados a avanzar contra una voluntad que no era propia de la dueña de las piernas que llevaban al resto del cuerpo a cruzar aquel pasillo mas finalmente lo cruzó y abrió la puerta, produciéndose en la estancia un efecto mágico y purificador que no tenía cabida en la mas ilustrada epopeya romana. La esencia de su piel se dejó escanciar por el olfato de ese depredador ansioso de la mas dulce extracto natural que se pudiera catar. En la habitación la iluminación se vio incrementada cuando aquellos ojos recorrieron en una mirada toda la estancia que pronto se llenó de oro y de joyas así como la cama aumentó su tamaño y todo se impregno de sedas, satenes, terciopelos, linos, algodones. Todo ello de un azul muy especial, aquel azul que la definía a ella y a nadie mas ante los juicios de su recuerdo, un azul entremezclado con la blancura de la luna que se colaba por los recién aparecidos ventanales que abiertos de par en par dejaban entrar un poco de brisa creando una temperatura ideal. Con todo, los vapores del incienso se empezaron a cernir suavemente sobre sus cuerpos, creando una tensión en la estancia que se salía de toda fría y calculada medición. Ella se apoyó en el dintel de la puerta en una postura que daba a mostrar de forma sutil cada centímetro de sus curvas. Ella sonrió de forma coqueta cuando sintió esos ojos voraces arrancándoles las vestiduras por lo que decidió acercarse lentamente. El contoneo de sus caderas era hipnótico, un baile constante de avance y conquista en el que el cuerpo del ser que estaba sentado a los pies de la cama ya sentía las primeras tensiones. Por su mente pasaban todo tipo de imágenes en las que las pieles ya estaban sudorosas en medio de un intenso encuentro. Aquel encuentro no se alejaría mucho de su mente tan imaginativa y cargada de deseo hacia aquella criatura perfecta y divina.
Cada paso era un toque sutil de aquellos pies descalzos sobre la madera y los reflejos de la luz en su cabello le hacían parecer una divinidad que fuera a recompensar sus años de adoración a un fiel siervo, aunque en parte eso era él, un siervo que deseaba rebelarse contra esa diosa y a la cual someter con el corazón. La dama sonrió consciente de saberse deseada por unas manos que pronto estarían acariciando su piel no sin antes unos cuantos jugueteos y sin dejar de lado el respeto y mil aspectos mas de aquella relación. A dos pasos de distancia y con movimientos lentos, haciéndose desear y sin quitar los ojos de los de ese deseoso hombre alado, un par de ataduras se soltaron y poco a poco la seda azul se fue deslizando dejando a su paso el susurro de la tela contra la piel, como si la seda lamentara en esa caricia desprenderse de tan excelsa maravilla. Ante la bestia se descubrió un espectáculo digno de retrato en la época de algún reinado de dioses. A los pies yacía muerta y sin vida la túnica de seda que cubría momentos antes un cuerpo lleno de curvas y bien proporcionado. Los ojos del caballero no sabían donde posarse y la suave sonrisa de la mujer que tenía frente a él se hizo mas amplia, sabedora de cuanto le deseaba, algo que en ciertos momentos parecía costarle aceptar. Pero ella era ahora una cazadora y así se lo haría ver. Con suaves pasos avanzó la poca distancia que los separaba y sin dudarlo dos manos se aposentaron en su baja espalda mientras una lengua ávida y lasciva lamía lo primero que se encontraba. El vientre fue la zona de contacto que saboreó de todo aquello que quería probar de ese banquete. El gusto exquisito y frescamente aromatizado de la piel recién bañada en exquisitas esencias y aun algo húmeda le impulsaba, junto a las curvas y las manos de ella enredándose en su cabello, a morder ligeramente, creando suaves sonidos por parte de esos labios que no eran ni muy gruesos ni muy finos, sencillamente perfectos y apetecibles en proporción al resto del cuerpo. Por ese suave y delineado camino fue dejando una cadena de besos, sobrepasando incluso el bajo vientre que daba acceso a un destino propio de leyenda. Suavemente el aliento se fue entremezclando con la poca saliva que esa lengua procedente de una boca seca estaba dejando a su paso y otro mordisco mas, este mas cercano a su precioso ombligo provocó un notable estremecimiento. Con delicadeza y suavidad pero decisión e intenciones similares a las de boca y lengua las manos se deslizaban por su retaguardia y laterales, deleitándose con el tacto y el bello relieve de aquellas caderas que cuando se movían podrían destruir la voluntad del mas casto hombre en la tierra. En aquella piel quería dejar el testimonio de la adoración que sentía por ese cuerpo y la dueña del mismo. Miró aquellos ojos alzando suavemente la cabeza y se los encontró de pronto con aquellas bellas mejillas sonrojadas pero un brillo extraño en la mirada. Aquellos dedos le seguían deleitando con caricias en el cabello y las manos acercaron mas ese cuerpo.
Con suavidad dos preciosas piernas se fueron situando con elegancia para dejar ese portentoso físico frente a él, ofreciendo una vista privilegiada del mismo, pasando los labios del vientre a sus senos redondeados y firmes, con delicadeza fue besando entre estos hasta que la garganta fue el siguiente destino alcanzado y en un suave movimiento las manos de ella, sintiendo la pasión por dentro amoldo sus labios de una forma lenta pero imparable a los de ese caballero que notó la tensión incluso en las plumas. Las pieles se comenzaban a prodigar suaves roces por el acto reflejo de aquellas caderas que se movían a un ritmo marcado, notando que la pelvis entraba en contacto con aquello que aun cubría las pocas prendas que el ser alado portaba. Los labios se amoldaban y bailaban una lenta danza en la que las lenguas posteriormente se encontraron, llenando los alientos de mil matices que enganchaban y llamaban a continuar ese beso hasta que las respiraciones no pudieran dar mas de sí. Corazón contra corazón las palpitaciones estaban a punto de hacer salir estos del pecho y un suave sonido, susurrante y sensual salió de esos labios tentadores, dulces y ardientes, una llamada a los instintos de unas manos que la adosaron mas a un cuerpo sediento y hambriento de aquella dama a la que llevaba deseando desde hacia mas tiempo del que nadie pudiera imaginar. Quizás mas que una vida. Aquella piel besada por el fuego de una tierra llena de pasión e inspiradora de romances milenarios se fue erizando con cada pequeño y notable roce de labios y manos cuando estas se deleitaban en el tacto de sus lugares favoritos. A un acto de pretendida confianza una sonrisa y una teatral mirada inquisitiva se hicieron en el rostro de la dama y la lascivia y deseo en el rostro de aquel supuesto caballero. Con brusquedad las manos de ella agarraron con fiereza pero sin causar daño ese delgado rostro y dieron un salvaje beso que sería capaz de robar almas para después empujarlo dejándolo completamente tumbado en la cama antes de cernirse sobre ese cuerpo que pronto fue cubierto por la luz de la luna y las manos de esa diosa con unos labios que eran acariciados por la propia lengua en un gesto de provocación. Se sentía estremecido por la lentitud y perfección con la que ella parecía deleitar sus propios sentidos a base de tentadores roces en zonas prohibidas a la par que se inclinaba y el beso volvía a iniciarse, intenso y casi suicida, asesino incluso, como si las bocas se quisieran arrancar de los rostros una a la otra. Las caricias de él provocaban esos gestos y ese arqueamiento de espalda que invitaban a recrearse en el movimiento de las caderas con las que estaba causando una verdadera revolución en contra de la cordura. La sensualidad en cada ondulación era tal que un suave suspiro y el susurro de su nombre se hizo perceptible al oído de cualquiera. Las pequeñas llamas de las velas estaban como únicos testigos de ese momento en el que lentamente las únicas prendas de ese ser abyecto desaparecieron. No se hizo esperar ese sudor cálido que era una caricia en si misma cuando las gotas se deslizaban brillantes por obra de las velas y la luna y se entremezclaba como dos gotas en ese bautizo de fuego lúbrico que los consumía.
Las bocas se exploraban y con intensidad se devoraban cuando labios o lenguas coincidían de forma casual por el peregrinaje en cuerpos ajenos batallando intensamente por una supremacía que no tendría ninguno de los dos. Un giro y ahora sería él quien dominara, el que viera aquellos ojos con el brillo de la oscura bestia que latía por salir y que poco a poco fue uniendo aquellos dos cuerpos, una invitación antigua, sencilla pero a la vez cargada de tensión, que unió dos cuerpos en esa noche de incienso y velas, luna y brisa. Un suave sonido se escapó de dos bocas que luego se estaban devorando segundos después de nuevo, embebidas en la droga de la pasión, de lo animal. Sus mentes ignoraban todo aquello que no estuviera estrictamente relacionado con el otro. No existía nada mas que la búsqueda de las miradas y la complicidad del momento en el que los labios poco a poco se fueron volviendo torpes a la hora de coordinar los movimientos de esas bocas voraces, ya nada era cordura o racionalidad, solamente se existía para ese momento donde ambos cuerpos, sudorosos y ansiando el mas brutal de los placeres estallara de forma espontanea en la búsqueda mas fervorosa de un fin a todo aquello que les había hecho volver a él y a ella a sus mas antiguas raíces en donde el color de la piel y la religión o la cultura no suponían diferencia alguna. La neblina de los inciensos se mezclaba con el olor de las pieles ardientes y los rostros reflejando emociones intensas como el fuego, las respiraciones y los corazones agitados y las plumas replegadas cubriendo el cuerpo de ambos.
La luna era testigo, a través de los ventanales, de todo aquello que había acontecido y con sus rayos de plata regalaba unas tiernas caricias junto a los dedos del caballero en el cabello de esa preciosa mujer, iluminada por las representantes terrestres de las estrellas: aquellos cientos de velas que desplegaban luz y tornaban su piel morena un sedoso campo de cultivo de pasiones y roces suaves y tiernos. Una rosa azul fue depositada en un roce suave sobre los labios de ella, que sonrió aun mas al ver la flor, algo que ya era símbolo definitorio de su persona llena de virtudes ante los ojos de quien momentos antes la estaba devorando con la mirada, labios, caricias y la deseaba con locura. Una flor para otra Flor que crecía entre las espinas del mundo. Con sencillez, exhaustos por el esfuerzo pero con la sensación que causa el éxtasis mas animal, unos labios suaves y delicados se amoldaron a una boca impía y llena de blasfemias que fueron contenidas por esa noche, acallados por esas muestras de infinito cariño mutuo, unos besos que fueron seguida e instantaneamente correspondidos con la mas entregada ternura, pues en ese momento no solo se besaban con labios sino también con el corazón
jueves, 8 de marzo de 2012
jueves, 1 de marzo de 2012
Carta a la Musa
Poderosa y divina Musa:
No escribiría esto de no ser por una necesidad y urgencia imperante en la que mis pensamientos no cesaban de divagar como buitres alrededor de la carroña. Pero lo cierto es que he estado pensando, muchísimo, quizás demasiado, y he descubierto que mis elucubraciones son pequeños focos de resistencia ante la guerra contra la depresióm cuando tu persona se cruza en el camino de estos. En ti depositaría toda la vida misma que me circula por mis venas y llena los pulmones, sencilla sangre y oxígeno que son sustitutos baratos a lo que quiero que circule por mi cuerpo. La sencilla mención de tu nombre hace que mi corazón palpite en vida y las necesidades de tenerte cerca se hacen mas y mas notables. Mi forma de sentir, de razonar me dice que contigo todo sería paz si los problemas no nos sacudieran cada uno a nuestras respectivas vidas, impregnadas en ese devenir constante de acontecimientos que es la vida y el libre albedrío. Cada consejo que me has dado, cada pregunta que me has formulado me ha hecho sentir pleno y querido, como si hubiera algo mas allá de lo que los sencillos mortales pudieran explicar y tu vieras en mí algunas cosas que ni yo veo. Contigo me siento poderoso y a la vez extremadamente débil, vulnerable, adicto a esa presencia protectora que a su vez alimenta mi instinto protector. Con palabras pretendo explicar aquello que recorre mi alma cuando estoy en tu presencia o bien cuando las cosas se truncan de forma inevitable y algo nos separa por un tiempo o supone un pequeño tropezón.
Verás, en todo el tiempo que te llevo conociendo pude descubrir muchas cosas de ti y tu de mi. Te he revelado cosas que creo nadie mas sabe y que con el tiempo quizás alguien mas conozca aunque para eso tendría que establecerse un vínculo de confianza en el que se te supere, virtudes y defectos (reales) incluidos. Eso seguramente tarde mucho tiempo. En ti me apoyo como una catedral habitada por una vampiresa se apoya en sus contrafuertes. Y confío que tu te apoyes en mi con la misma confianza. Cierto es que en mi procedencia, en mi sangre, se impone la sospecha al prójimo conocido y por conocer, y cierto es que prefiero guardar cosas para mí pero entre bromas y demás es como mejor se me da contarte todo aquello que me atormenta y a lo que tu le das una sabia y razonada solución. Me has ayudado incontables veces a tranquilizarme con palabras cuando era tu sencillamente presencia lo único necesario para calmar todo aquello que me castigaba de forma vil y perversa. Eres la causa de mis sonrisas involuntarias, de cuando algún recuerdo se cuela entre mis pensamientos fríos y calculadores. Me haces sentir bien, realmente bien, nadie mas podría con tan pocas palabras llevar a cabo un acto de tranquila bondad con la que sentir el alma en paz como lo haces tu.
La fascinación que despertaste en mi desde el primer momento es algo que todos saben pero que a la vez no es lo que la gente imagina por mucho que yo les cuente. En ti me fijé en un lejano día y con sus mas y sus menos siempre has aparecido. Cada vez que te veía aparecer te miraba desde la sombra, sentía en ocasiones la necesidad de hablarte pero el temor de interrumpir algo importante , y causar tu disgusto me acongojaba de forma feroz. En ocasiones sentía rabia y celos por muchos honrados ´´caballeros´´ que te rondaban y los ojos se me ponían totalmente verdes de envidia y maliciosas intenciones para con ellos, sin embargo quizás una fuerza mística me impulsaba a contener la rabia o quizás ese oportuno gesto o palabra hacia mi persona. Las semanas pasaban y había ocasiones, ya hace mucho tiempo, que trataba de elucubrar los momentos en los que aparecerías pero eras como una bendición, llegabas cuando menos me lo esperaba, y la sorpresa y alegría siempre eran las mismas que de saber la hora exacta en la que harías acto de aparición. Quise presumir de mi genio literario delante de ti y siempre sentí la mas profunda fascinación por tu forma de expresarte, tan correcta y a la vez sin pretensión de pedantería como es mi caso. Y pasado el tiempo, a día de hoy me arrepiento de no haber tenido aquel baile con cierta señorita de bonitos ojos y pálido rostro, cierto caballero lobuno nunca me lo perdonará. De ti hubo un momento que lo quise saber todo pero prefiero que sea el tiempo y las experiencias quienes te te hagan narrarme tus anécdotas y vivencias. No podría sentirme mas complacido en ese aspecto de poder disfrutar de tu compañía, que llenas con luz y mucha alegría, algo necesario para mi alma triste.
Me hechiza tu forma de ser, la sencillez y a la vez complejidad de tu personalidad. Como sientes vivamente cada emoción que te recorre pero contienes tu ira y todo aquello que te pueda afectar, pues eres madura, muy madura y la serenidad manda en tus acciones y en tu discurrir. Adoro esa sonrisa y esa mirada, como la luz de ambas se combinan y me impulsan a querer intensificar ese haz luminoso que da vida y brillo a mi propia existencia. En ti reside el poder de hacerme sentir bien, relajado, en armonía con el universo. Porque mi universo ya empieza a girar a tu alrededor y cada pequeño gesto de alegría o felicidad es la recompensa mas que justificada a todo mi esfuerzo por llevar a cabo esta bella historia en la que lo hay todo y no hay nada. A la ternura le siguen las incitaciones por mi parte y tus sonrojos, deliciosos sonrojos. Tu ternura y timidez han traspasado prácticamente todas las barreras de esta coraza que tenía ami alrededor, agradeciendo a día de hoy no haber hecho juramento alguno sobre la negación a todo esto, ya que matar el orgullo con una mentira no me agrada y mentir por orgullo tampoco. Me siento pletórico y sabes ya todos mis pensamientos como para suponer todo aquello que te diría y te haría en caso de ver esas dos preciosas mejillas colorearse de color pasión cuando alguna de mis múltiples palabras impregnadas de todo el cariño de mi alma pretende te encienden de un modo tan sedoso y adorable.
Me envuelve y seduce tu cuerpo. La suavidad de tu piel ya la tienen mis dedos en sus hábitos alimentarios, sintiendo el hambre cuando me faltas mucho tiempo. Cuando estoy sin verte, la boca se me seca de forma brusca si me falta la bebida de tu aliento contra mis labios o mi piel. Quiero sentir la totalidad de tu cuerpo contra el mío, que nos rocemos y lentamente dancemos aquel baile de Gaia que el ser humano practica para perpetuar a veces la especie o rendir culto a algún dios todopoderoso del placer mas febril y entregado. Quiero levantar los poros de tu piel en armas contra ti, poderosa deidad de la danza, quiero levantar esos gloriosos y perfectos poros en una revolución donde la formalidad muera, que las bestias se encuentren, que lobo y puma se cacen mutuamente pero se respeten en esa batalla donde todo sirve con tal de hacer enloquecer al otro. Con rapidez las ropas se desaparecerán y las únicas prendas serán las pieles con las que nacimos y nos predestinaron en un encuentro salvaje y profundo. Quiero un baile y una guerra justas. Tu sutileza contra mi pasión, tu seducción contra mi inocencia de escudero recién salido de la academia al que no preparan para maravillas como las curvas de tu cuerpo. Combatir en un mismo plano de la realidad bajo una misma luna y las pieles envolverse con detallada armonía al son de cada nota animal. Bailar con el rostro iluminado por la luna que se filtre por la ventana, acariciando aquel ritmo en tus caderas de náyade. Las miradas cruzarse unos instantes mientras con ternura y decisión se van formando esas primeras notas de una canción tan antigua como el mismo hombre. Quiero yacer en un lecho cómodo, sagrado, que solamente contemple los suaves movimientos en los que nos sumerjamos para que el placer nos recorra y sea lo único que respiremos. En cada bocanada se encontrará la contención de un suave sonido de aquellos labios que tanto me llevan atrapando cada vez que los veo moverse para hablar. Sentiré tus manos que recorrerán mi piel y como un artista que que se encuentra inspirado por la Musa, yo pintaré y escribiré en tu cuerpo con toda la ternura del mundo cada sensación que me produces. Lentamente caminaré y peregrinaré por tu cuerpo y lo haré de forma muy suave, sin perder esa entrega delicada pero a la vez con las mas salvajes de las intenciones: enloquecerte. Que te dejes envolver por alas, brazos y besos, que dejes que esta boca impía sucumba en una lenta caída al mismo centro de un universo en el que cualquier prenda sea desterrada del contacto de tu piel a mordiscos y dejando el camino libre hacerte extasiar con lentitud pues alcanzaré ese lugar de poder universal al cual dedicaré toda la atención del mundo recorriendo cada punto sensible, provocarte sensaciones únicas que nunca te hayan hecho sentir. En tus palabras sabré el momento justo de reencontrarme con tus ojos y suavemente posar mis labios en tu piel y llegar a tus propios labios mientras con ternura los cuerpos se unen en la danza mas bella del mundo, con la música mejor labrada de la historia de nuestras vidas. Juntos volaríamos a los mas alto del cielo y nos meteríamos de lleno en la batalla mas infernal. El inocente escudero será nombrado caballero con el juramento impuesto por el placer recibido y dado a tu cuerpo Bella entre Bellas. El éxtasis nos golpeará de pronto y caeremos rendidos, con el sudor perlando los cuerpos y haciéndolos brillar con intensidad.
Entonces, después de haber ese momento inolvidable posaré mis ojos en los tuyos y te miraré largo rato antes de decidirme a un beso lento y cálido que invite a relajar los cuerpos mas de lo que ya están después de esa tremenda explosión. Volveré a mirar tus bellas estrellas de nuevo y acariciaré tu rostro, te susurraré algo, quizás una pregunta, una aclaración, una promesa, a lo mejor cualquier tontería, pero será dicho con aquello en donde habitas.
Me hechiza tu forma de ser, la sencillez y a la vez complejidad de tu personalidad. Como sientes vivamente cada emoción que te recorre pero contienes tu ira y todo aquello que te pueda afectar, pues eres madura, muy madura y la serenidad manda en tus acciones y en tu discurrir. Adoro esa sonrisa y esa mirada, como la luz de ambas se combinan y me impulsan a querer intensificar ese haz luminoso que da vida y brillo a mi propia existencia. En ti reside el poder de hacerme sentir bien, relajado, en armonía con el universo. Porque mi universo ya empieza a girar a tu alrededor y cada pequeño gesto de alegría o felicidad es la recompensa mas que justificada a todo mi esfuerzo por llevar a cabo esta bella historia en la que lo hay todo y no hay nada. A la ternura le siguen las incitaciones por mi parte y tus sonrojos, deliciosos sonrojos. Tu ternura y timidez han traspasado prácticamente todas las barreras de esta coraza que tenía ami alrededor, agradeciendo a día de hoy no haber hecho juramento alguno sobre la negación a todo esto, ya que matar el orgullo con una mentira no me agrada y mentir por orgullo tampoco. Me siento pletórico y sabes ya todos mis pensamientos como para suponer todo aquello que te diría y te haría en caso de ver esas dos preciosas mejillas colorearse de color pasión cuando alguna de mis múltiples palabras impregnadas de todo el cariño de mi alma pretende te encienden de un modo tan sedoso y adorable.
Me envuelve y seduce tu cuerpo. La suavidad de tu piel ya la tienen mis dedos en sus hábitos alimentarios, sintiendo el hambre cuando me faltas mucho tiempo. Cuando estoy sin verte, la boca se me seca de forma brusca si me falta la bebida de tu aliento contra mis labios o mi piel. Quiero sentir la totalidad de tu cuerpo contra el mío, que nos rocemos y lentamente dancemos aquel baile de Gaia que el ser humano practica para perpetuar a veces la especie o rendir culto a algún dios todopoderoso del placer mas febril y entregado. Quiero levantar los poros de tu piel en armas contra ti, poderosa deidad de la danza, quiero levantar esos gloriosos y perfectos poros en una revolución donde la formalidad muera, que las bestias se encuentren, que lobo y puma se cacen mutuamente pero se respeten en esa batalla donde todo sirve con tal de hacer enloquecer al otro. Con rapidez las ropas se desaparecerán y las únicas prendas serán las pieles con las que nacimos y nos predestinaron en un encuentro salvaje y profundo. Quiero un baile y una guerra justas. Tu sutileza contra mi pasión, tu seducción contra mi inocencia de escudero recién salido de la academia al que no preparan para maravillas como las curvas de tu cuerpo. Combatir en un mismo plano de la realidad bajo una misma luna y las pieles envolverse con detallada armonía al son de cada nota animal. Bailar con el rostro iluminado por la luna que se filtre por la ventana, acariciando aquel ritmo en tus caderas de náyade. Las miradas cruzarse unos instantes mientras con ternura y decisión se van formando esas primeras notas de una canción tan antigua como el mismo hombre. Quiero yacer en un lecho cómodo, sagrado, que solamente contemple los suaves movimientos en los que nos sumerjamos para que el placer nos recorra y sea lo único que respiremos. En cada bocanada se encontrará la contención de un suave sonido de aquellos labios que tanto me llevan atrapando cada vez que los veo moverse para hablar. Sentiré tus manos que recorrerán mi piel y como un artista que que se encuentra inspirado por la Musa, yo pintaré y escribiré en tu cuerpo con toda la ternura del mundo cada sensación que me produces. Lentamente caminaré y peregrinaré por tu cuerpo y lo haré de forma muy suave, sin perder esa entrega delicada pero a la vez con las mas salvajes de las intenciones: enloquecerte. Que te dejes envolver por alas, brazos y besos, que dejes que esta boca impía sucumba en una lenta caída al mismo centro de un universo en el que cualquier prenda sea desterrada del contacto de tu piel a mordiscos y dejando el camino libre hacerte extasiar con lentitud pues alcanzaré ese lugar de poder universal al cual dedicaré toda la atención del mundo recorriendo cada punto sensible, provocarte sensaciones únicas que nunca te hayan hecho sentir. En tus palabras sabré el momento justo de reencontrarme con tus ojos y suavemente posar mis labios en tu piel y llegar a tus propios labios mientras con ternura los cuerpos se unen en la danza mas bella del mundo, con la música mejor labrada de la historia de nuestras vidas. Juntos volaríamos a los mas alto del cielo y nos meteríamos de lleno en la batalla mas infernal. El inocente escudero será nombrado caballero con el juramento impuesto por el placer recibido y dado a tu cuerpo Bella entre Bellas. El éxtasis nos golpeará de pronto y caeremos rendidos, con el sudor perlando los cuerpos y haciéndolos brillar con intensidad.
Entonces, después de haber ese momento inolvidable posaré mis ojos en los tuyos y te miraré largo rato antes de decidirme a un beso lento y cálido que invite a relajar los cuerpos mas de lo que ya están después de esa tremenda explosión. Volveré a mirar tus bellas estrellas de nuevo y acariciaré tu rostro, te susurraré algo, quizás una pregunta, una aclaración, una promesa, a lo mejor cualquier tontería, pero será dicho con aquello en donde habitas.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Reposo
Las nubes se agolpaban en medio de aquel cielo bajo el que se encontraban las grises edificaciones carentes de vida, tristes, frías, solitarias aun en la compañía que suponía la ciudad. Las personas seguían aquel tránsito reiterativo en el que siempre se hacía el mismo camino y se llevaba a cabo la misma triste tradición de levantarse de la cama, tomar un café y mil cosas mas, un ritual que no deja mas que la indiferencia y el automatismo como única señal de haber hecho las cosas de forma correcta. Las miradas perdidas se dirigían las una a las otras con la carencia propia de la emoción y nadie prestaba atención a las luces prendidas en otros habitáculos de hogares o casas de convivencia familiar. Los abrigos grises o negros protegían escasamente de esa lluvia fina que se colaba a través de la tela y que calaba hasta los huesos. La rutina era aquel demonio en el que cada momento que pasa se devoraba el alma de aquellos que alguna vez en su vida habían sido soñadores. Lentamente el tiempo pasaba y muchos perdían toda la convicción de seguir viviendo de forma libre, estaban completamente seguros de que no sabrían que hacer con tanta libertad. Aquella libertad era sentida solamente por los poderosos que en las plantas mas altas mandaban dentro de todo aquel laberinto de hormigas obreras carentes de voluntad y esclavas del capitalismo así como del todopoderoso papel con valor económico.
La ciudad estaba al lado de la costa mas brava de todo el continente. Era una un límite marítimo desangelado que únicamente recuperaba el animo cuando las corrientes mas furibundas golpeaban en los acantilados tratando de derribar el único obstáculo con el que inundar el mundo. En las inmediaciones de aquella costa se podía apreciar un faro, el mas antiguo del mundo que en funcionamiento se encontrara. Lo cierto es que nunca había fallado en una sola de esas noches o mañanas invernales en las que el sol a veces tardaba demasiado en salir e incluso no suponía una gran diferencia la temperatura cuando lanzaba los rayos de luz sobre esos rostros grises e impasibles, como de muertos pertenecientes a alguna película sobre los no-muertos. Las maravillas de aquel paraje verde y esplendoroso en tiempos antiguos había sido desolado hacía siglos por un progreso que resultó ciego ante la idea de mostrar misericordia con la madre naturaleza. En los espacios verdes no tardaba en verse toda una mole de edificaciones en las que nada podía apreciarse mas allá de aquellos muros regulares y eso ángulos rectos. Las calles estaban atestadas de alcantarillas por donde ratas e indigentes, deshechos de la sociedad se arrastraban en la búsqueda desesperada de algún trozo de comida. Con la mas inmunda ruindad a aquellos que padecían de pobreza se les apartaba para que no supusieran una incomodidad a aquellos buenos ciudadano con los que jugaban constantemente. Nadie escapaba al poder del dinero ni de la fría tecnología que tantos problemas solucionaba.
Sin embargo en una de esas cientos de miles de habitaciones había una excepción a esta norma y a este mundo, donde la libertad era total y la inmundicia no tocaba esa puerta humilde pero de prominente presencia. En la habitación se encontraban dos personas muy dispares y a la vez similares en algunos aspectos. Una pareja como otra cualquiera diría un observador casual y desconocedor de las circunstancias y las conversaciones o de los hechos y demás aspectos a tener en cuenta. Esos dos seres humanos (o eso parecía) se miraban mutuamente. Eran una pareja mixta, un hombre con los ojos impregnados en la ternura mas absoluta que aquella mujer que reposaba sobre su pecho inspiraba además de otras miles de cosas mas y el calor mas humano no cesaba de manar hacia esa criatura de femeninas formas que le correspondía a esa mirada con amabilidad, ternura y atención. Los finos dedos de ella paseaban distraídamente por el pecho desnudo de él. Ninguna otra prenda faltaba salvo su camiseta, dejada a un lado y abandonada en un rincón en sombras junto a su máscara de impasibilidad. Ella se acomodó y el roce de su cabello contra la piel desnuda hicieron estremecer a ese ser de buenas intenciones que solo tenía ojos para aquella deidad cuando estaba presente frente a él. Pareció detectarlo y la miradas se cruzaron de nuevo. El negro cabello de la dama estaba desparramado cuan cascada incontrolada sobre parte del torso de ese caballero que la respetaba y adoraba con todo su corazón. aquellos ojos tiernos y dulces que invitaban a confesar cada cosa que se le pasaba por la cabeza al caballero le miraban sin cesar. Y él adoraba sentirse observado por esos ojos felinos que podían expresar mil maravillosas ideas y emociones.
la pregunta esencial radicaba en un ¿que eran ellos? Todo y a la vez nada. La dama podía ver la bestia salvaje que latía por salir del interior de esa alma solitaria que a su vez irradiaba la luz de la inocencia y la ternura según el buen criterio de aquella mujer que reposaba sobre su pecho y le susurraba palabras tranquilizadoras cada vez que los tormentos acudían a la existencia de él. La sinceridad era total entre ellos al igual que al comprensión, No se imponían uno por encima del otro, la libertad los amparaba y no había ambición ni planes ni segundas intenciones ni promesas que se pudieran quebrar. ¿que eran ellos? amigos desde luego, el apoyo en la noche por parte de él y en el día por parte de ella. La oscuridad no daba tanto miedo cuando ambos estaban juntos y se dedicaban alguna palabra de ternura o quizás alguna confesión o algún chiste. Y entonces se hacían escuchar las risas. La risa de ella era como los coros de ángeles, cristalinos y potentes, llenos de gracia y nunca se cansaría el caballero de escuchar aquello. Otra nueva broma y los ojos de ella se entrecierran y él la abraza mas fuerte cuando hace gesto de irse sin dejar de reír. Aquellas viejas bromas sin duda nunca se cansaría de hacerlas. Gimoteante él se esconde en su cuello y mas enternecida la dama le dedica las atenciones mas maternales del mundo. Con ternura se abrazan y permanecen en silencio.
La iluminación es escasa en aquella habitación pero todo lo que aquel hombre quiere ver es a ella, el remedio a sus males y a sus tormentos interiores, en la que deposita secretos y confianza, delicadas caricias y alguna palabra tierna o algún comentario pícaro. Pero ante todo la paz. Esa paz que no ha sentido con nadie en mucho tiempo o incluso nunca. Esa paz en la que no teme un giro brusco de los acontecimientos, ni una discusión ni una lágrima. Suavemente los dedos de ella se acercan de nuevo a su pecho y le acarician con ternura y delicadeza, con una sonrisa en los labios que irradia la luz necesaria para que los ojos de un ciego puedan ver incluso en la mas oscura de las noches. Un suspiro de tranquilidad sale de entre los labios impíos de aquel ser extraño y de malignas intenciones que nunca lleva a cabo sus planes pues ella saca lo mejor de él y no lo peor. Al volver a acomodarse, ella descubre por accidente un hombro que con toda la ternura del mundo besa ese hombre, pues eso se siente cuando está a su lado, un verdadero hombre, racional, capaz de todo, sencillo y complejo. Delicadamente los dedos del caballero apartaron un mechón del sedoso cabello de ella y miró sus ojos mientras acariciaba ese precioso rostro que adoraba mirar. Le parecía la cara mas bonita que había visto nunca en toda su existencia.
A los pocos minutos ambos estaban durmiendo apaciblemente, sedados por la mutua compañía y la tranquilidad que se transmitían. No necesitaban nada mas y sus cuerpos y almas estaban arropados con los brazos del otro. Entre ambos una rosa azul reposaba y sus pétalos brillaban con luz propia. símbolo de que las cosas marchaban bien y todo estaba en la mas absoluta paz.
La ciudad estaba al lado de la costa mas brava de todo el continente. Era una un límite marítimo desangelado que únicamente recuperaba el animo cuando las corrientes mas furibundas golpeaban en los acantilados tratando de derribar el único obstáculo con el que inundar el mundo. En las inmediaciones de aquella costa se podía apreciar un faro, el mas antiguo del mundo que en funcionamiento se encontrara. Lo cierto es que nunca había fallado en una sola de esas noches o mañanas invernales en las que el sol a veces tardaba demasiado en salir e incluso no suponía una gran diferencia la temperatura cuando lanzaba los rayos de luz sobre esos rostros grises e impasibles, como de muertos pertenecientes a alguna película sobre los no-muertos. Las maravillas de aquel paraje verde y esplendoroso en tiempos antiguos había sido desolado hacía siglos por un progreso que resultó ciego ante la idea de mostrar misericordia con la madre naturaleza. En los espacios verdes no tardaba en verse toda una mole de edificaciones en las que nada podía apreciarse mas allá de aquellos muros regulares y eso ángulos rectos. Las calles estaban atestadas de alcantarillas por donde ratas e indigentes, deshechos de la sociedad se arrastraban en la búsqueda desesperada de algún trozo de comida. Con la mas inmunda ruindad a aquellos que padecían de pobreza se les apartaba para que no supusieran una incomodidad a aquellos buenos ciudadano con los que jugaban constantemente. Nadie escapaba al poder del dinero ni de la fría tecnología que tantos problemas solucionaba.
Sin embargo en una de esas cientos de miles de habitaciones había una excepción a esta norma y a este mundo, donde la libertad era total y la inmundicia no tocaba esa puerta humilde pero de prominente presencia. En la habitación se encontraban dos personas muy dispares y a la vez similares en algunos aspectos. Una pareja como otra cualquiera diría un observador casual y desconocedor de las circunstancias y las conversaciones o de los hechos y demás aspectos a tener en cuenta. Esos dos seres humanos (o eso parecía) se miraban mutuamente. Eran una pareja mixta, un hombre con los ojos impregnados en la ternura mas absoluta que aquella mujer que reposaba sobre su pecho inspiraba además de otras miles de cosas mas y el calor mas humano no cesaba de manar hacia esa criatura de femeninas formas que le correspondía a esa mirada con amabilidad, ternura y atención. Los finos dedos de ella paseaban distraídamente por el pecho desnudo de él. Ninguna otra prenda faltaba salvo su camiseta, dejada a un lado y abandonada en un rincón en sombras junto a su máscara de impasibilidad. Ella se acomodó y el roce de su cabello contra la piel desnuda hicieron estremecer a ese ser de buenas intenciones que solo tenía ojos para aquella deidad cuando estaba presente frente a él. Pareció detectarlo y la miradas se cruzaron de nuevo. El negro cabello de la dama estaba desparramado cuan cascada incontrolada sobre parte del torso de ese caballero que la respetaba y adoraba con todo su corazón. aquellos ojos tiernos y dulces que invitaban a confesar cada cosa que se le pasaba por la cabeza al caballero le miraban sin cesar. Y él adoraba sentirse observado por esos ojos felinos que podían expresar mil maravillosas ideas y emociones.
la pregunta esencial radicaba en un ¿que eran ellos? Todo y a la vez nada. La dama podía ver la bestia salvaje que latía por salir del interior de esa alma solitaria que a su vez irradiaba la luz de la inocencia y la ternura según el buen criterio de aquella mujer que reposaba sobre su pecho y le susurraba palabras tranquilizadoras cada vez que los tormentos acudían a la existencia de él. La sinceridad era total entre ellos al igual que al comprensión, No se imponían uno por encima del otro, la libertad los amparaba y no había ambición ni planes ni segundas intenciones ni promesas que se pudieran quebrar. ¿que eran ellos? amigos desde luego, el apoyo en la noche por parte de él y en el día por parte de ella. La oscuridad no daba tanto miedo cuando ambos estaban juntos y se dedicaban alguna palabra de ternura o quizás alguna confesión o algún chiste. Y entonces se hacían escuchar las risas. La risa de ella era como los coros de ángeles, cristalinos y potentes, llenos de gracia y nunca se cansaría el caballero de escuchar aquello. Otra nueva broma y los ojos de ella se entrecierran y él la abraza mas fuerte cuando hace gesto de irse sin dejar de reír. Aquellas viejas bromas sin duda nunca se cansaría de hacerlas. Gimoteante él se esconde en su cuello y mas enternecida la dama le dedica las atenciones mas maternales del mundo. Con ternura se abrazan y permanecen en silencio.
La iluminación es escasa en aquella habitación pero todo lo que aquel hombre quiere ver es a ella, el remedio a sus males y a sus tormentos interiores, en la que deposita secretos y confianza, delicadas caricias y alguna palabra tierna o algún comentario pícaro. Pero ante todo la paz. Esa paz que no ha sentido con nadie en mucho tiempo o incluso nunca. Esa paz en la que no teme un giro brusco de los acontecimientos, ni una discusión ni una lágrima. Suavemente los dedos de ella se acercan de nuevo a su pecho y le acarician con ternura y delicadeza, con una sonrisa en los labios que irradia la luz necesaria para que los ojos de un ciego puedan ver incluso en la mas oscura de las noches. Un suspiro de tranquilidad sale de entre los labios impíos de aquel ser extraño y de malignas intenciones que nunca lleva a cabo sus planes pues ella saca lo mejor de él y no lo peor. Al volver a acomodarse, ella descubre por accidente un hombro que con toda la ternura del mundo besa ese hombre, pues eso se siente cuando está a su lado, un verdadero hombre, racional, capaz de todo, sencillo y complejo. Delicadamente los dedos del caballero apartaron un mechón del sedoso cabello de ella y miró sus ojos mientras acariciaba ese precioso rostro que adoraba mirar. Le parecía la cara mas bonita que había visto nunca en toda su existencia.
A los pocos minutos ambos estaban durmiendo apaciblemente, sedados por la mutua compañía y la tranquilidad que se transmitían. No necesitaban nada mas y sus cuerpos y almas estaban arropados con los brazos del otro. Entre ambos una rosa azul reposaba y sus pétalos brillaban con luz propia. símbolo de que las cosas marchaban bien y todo estaba en la mas absoluta paz.
lunes, 27 de febrero de 2012
Batalla de serie B
Suaves y cálidos vientos del oeste llegaban al valle de Los Diablos, esa región maldita en la que ejércitos enteros habían sucumbido a la miseria y la muerte por manos de sus enemigos y mas tarde de los carroñeros que se daba el festín del día de la semana del mes o del año en vista a los cruenta y la cantidad de muertos que hubiera de por medio. nadie se atrevía a pisar aquello salvo que los mapas les dieran la obligación de encaminarse a lo mas hondo de ese prado en apariencia tranquilo pero que era cementerio en una mínima área de muertos y mas muertos. Todos eran siempre pasto del terror cuando siquiera debían pasar cerca de esa extensión de tierra baldía que nada mas que servia para ser calentada por el sol o mojada por la lluvia, que acompañaba ese día al despertar de los soldados que se empezaban a desperezar o a poner nerviosos para los que ya llevaban horas despiertos. Las lenguas y las gargantas se secaban por la larga espera de las trompetas y los tambores que daban inicio a la formación de regimientos que se agrupaban en batallones y así todo el rato hasta las extensas legiones de infantería caballería y arqueros.
Todos preparados para una batalla mas en medio de ese mal agüerado lugar, mítico en las historias de terror que a esos buenos hombres les contaban cuando eran pequeños críos en medio de una aldea que soñaban con servir a las ordenes de un gran general y llegar a ser grandes caballeros. Ninguna sabia el futuro de su vida , y ese futuro volaba por encima de sus cabezas con alas de cuervo y buitre. nadie aventuraba mas de dos escasas palabras: -no falta mucho, estamos cerca- era lo que atinaba a decir como frase mas larga antes de sumirse de nuevo en el mas profundo silencio. Mientras seguían siendo mas y mas los regimientos dispuestos al otro lado se encontraba lo mas terrorífico de todo: nada , y eso en esas situaciones era peor que el mas repulsivo de los demonios.
Silencio, maldito silencio cargado de esa tensión que hace enloquecer con su simple presencia a los hombres mas aguerridos pero no se les podía negar que tenían el mejor de los entrenamientos, ya que con su voluntad soñaban con erigirse el mejor de los caballeros. Toda esta serie d pensamientos que también paseaban por las mentes de soldados arqueros y caballeros errantes se vio interrumpido por un retumbo bastante sonoro que no acertaron a descubrir en origen y distancia. Otro retumbo y ya había murmullos de conspiración contra lo que seria y como iban a derrotarlo y así sucesivamente. los capitanes y tenientes mantenían a voz en grito mediante ordenes y enseñas de animo lo que se supone debería definirse como moral alta y calma ante lo desconocido. Lo que salio de detrás de la ladera fue lo peor que se podrían haber imaginado
Cuando el primer minotauro asomo seguido de sus camaradas de a tribu de las montañas del norte, toda la pericia psicológica cayó en los mariscales que tuvieron que mover a sus coroneles que a su vez tuvieron que impulsar la moral de sus capitanes y estos a los tenientes. nada mas que una carga de minotauros les basto para que medio ejercito se rindiera de puro miedo pero antes de estos llegaran y teniendo todo previsto los piqueros, expertos en el ataque a caballerías y demás fueron los responsables de contener la carga minotaurica.
El apoyo de los arqueros fue esencial pero tuvieron que desviarse de su misión de ayuda a distancia para protegerse de los ataques de arpías que se sincronizaban mejor que nunca con las banshees. Todos le cuerpo de mando estaba medio loco ya por los chillidos cuando aun añadido a todo eso se encontraron a los enanos oscuros de las Minas Horror. Optaron por la retirada pero no era posible porque las mantícoras les habían cerrado el paso y estaban hostigando a la caballería del flanco derecho y central mientras que la del flanco izquierdo era seriamente castigada por los mercenarios de la tierras mas meridionales al Mar del Caos.
Entonces la situación era desdichadamente oscura, ningún soldado seria capaz de sobrevivir a no ser que...
En este pensamiento se hallaba uno de los capitanes jóvenes que aun estaban en materia de aprender a ser un buen general y mandar regimientos y batallones enteros. Tomó así como decidido estaba un arco y una flecha y se decidió a plantar cara a los enemigos pero de una forma que nunca se imaginaria nadie que ande en sus cabales y que llevó a cabo un acto incongruente. Lanzó una flecha al sol ... y haciendo caso a los cuentos de las viejas madres y abuelas que tanto hablaban de los guerreros del cielo, estos aparecieron en ayuda del desvalido capitán y sus hombres
mil jinetes elfos montados en hipogrifos dorados de alas rojas luminosamente candentes, pues las alas solares eran de fuego obviamente, bajaban en picado de la mas bella y poeticamente loca de las alturas tesando mil arcos en un solo movimiento. Este capitán sin duda no creía que fuera verdad la leyenda pero nada mas sentir las ráfagas y rastros de fuego de los hipogrifos ígneos, este supo que con la fe nada ni nadie podría ser detenido si su empresa era sincera y por el bien de todo aquello que nos rodeaba
Todo era un caos. Los jinetes de los hipogrifos proferían sus cánticos mientras 5 dragones dorados se afanaban en liberar a los arqueros de las garras de arpías y lamentos de banshees, dejando a su paso cortinas de fuego y llamas que no paraban de quemarlo todo a su paso. Los enanos, que sabían que podrían morir se retiraron cobardemente pero sucumbieron ante las flechas que llovían del cielo. Los mercenarios también siguieron ese lema de todo hombre que se vende ´´lucharé por ti pero no moriré por ti´´. Aun así y al igual que los enanos anteriormente citados estos perecieron por los dragones, que pronto se darían un banquete de regreso a su hogar el sol. Nadie sobreviviría a los representantes del sol eterno.
Y así concluyó una batalla mas, en ese paraje que por una vez durante unos días perteneció al Bien antes de que las tropas se retiraran, el capitán que desde entonces seria llamado como coronel Luz de Sol y donde la maleza y la naturaleza se erigiera como señora suprema de ese banquete de cuervos
Todos preparados para una batalla mas en medio de ese mal agüerado lugar, mítico en las historias de terror que a esos buenos hombres les contaban cuando eran pequeños críos en medio de una aldea que soñaban con servir a las ordenes de un gran general y llegar a ser grandes caballeros. Ninguna sabia el futuro de su vida , y ese futuro volaba por encima de sus cabezas con alas de cuervo y buitre. nadie aventuraba mas de dos escasas palabras: -no falta mucho, estamos cerca- era lo que atinaba a decir como frase mas larga antes de sumirse de nuevo en el mas profundo silencio. Mientras seguían siendo mas y mas los regimientos dispuestos al otro lado se encontraba lo mas terrorífico de todo: nada , y eso en esas situaciones era peor que el mas repulsivo de los demonios.
Silencio, maldito silencio cargado de esa tensión que hace enloquecer con su simple presencia a los hombres mas aguerridos pero no se les podía negar que tenían el mejor de los entrenamientos, ya que con su voluntad soñaban con erigirse el mejor de los caballeros. Toda esta serie d pensamientos que también paseaban por las mentes de soldados arqueros y caballeros errantes se vio interrumpido por un retumbo bastante sonoro que no acertaron a descubrir en origen y distancia. Otro retumbo y ya había murmullos de conspiración contra lo que seria y como iban a derrotarlo y así sucesivamente. los capitanes y tenientes mantenían a voz en grito mediante ordenes y enseñas de animo lo que se supone debería definirse como moral alta y calma ante lo desconocido. Lo que salio de detrás de la ladera fue lo peor que se podrían haber imaginado
Cuando el primer minotauro asomo seguido de sus camaradas de a tribu de las montañas del norte, toda la pericia psicológica cayó en los mariscales que tuvieron que mover a sus coroneles que a su vez tuvieron que impulsar la moral de sus capitanes y estos a los tenientes. nada mas que una carga de minotauros les basto para que medio ejercito se rindiera de puro miedo pero antes de estos llegaran y teniendo todo previsto los piqueros, expertos en el ataque a caballerías y demás fueron los responsables de contener la carga minotaurica.
El apoyo de los arqueros fue esencial pero tuvieron que desviarse de su misión de ayuda a distancia para protegerse de los ataques de arpías que se sincronizaban mejor que nunca con las banshees. Todos le cuerpo de mando estaba medio loco ya por los chillidos cuando aun añadido a todo eso se encontraron a los enanos oscuros de las Minas Horror. Optaron por la retirada pero no era posible porque las mantícoras les habían cerrado el paso y estaban hostigando a la caballería del flanco derecho y central mientras que la del flanco izquierdo era seriamente castigada por los mercenarios de la tierras mas meridionales al Mar del Caos.
Entonces la situación era desdichadamente oscura, ningún soldado seria capaz de sobrevivir a no ser que...
En este pensamiento se hallaba uno de los capitanes jóvenes que aun estaban en materia de aprender a ser un buen general y mandar regimientos y batallones enteros. Tomó así como decidido estaba un arco y una flecha y se decidió a plantar cara a los enemigos pero de una forma que nunca se imaginaria nadie que ande en sus cabales y que llevó a cabo un acto incongruente. Lanzó una flecha al sol ... y haciendo caso a los cuentos de las viejas madres y abuelas que tanto hablaban de los guerreros del cielo, estos aparecieron en ayuda del desvalido capitán y sus hombres
mil jinetes elfos montados en hipogrifos dorados de alas rojas luminosamente candentes, pues las alas solares eran de fuego obviamente, bajaban en picado de la mas bella y poeticamente loca de las alturas tesando mil arcos en un solo movimiento. Este capitán sin duda no creía que fuera verdad la leyenda pero nada mas sentir las ráfagas y rastros de fuego de los hipogrifos ígneos, este supo que con la fe nada ni nadie podría ser detenido si su empresa era sincera y por el bien de todo aquello que nos rodeaba
Todo era un caos. Los jinetes de los hipogrifos proferían sus cánticos mientras 5 dragones dorados se afanaban en liberar a los arqueros de las garras de arpías y lamentos de banshees, dejando a su paso cortinas de fuego y llamas que no paraban de quemarlo todo a su paso. Los enanos, que sabían que podrían morir se retiraron cobardemente pero sucumbieron ante las flechas que llovían del cielo. Los mercenarios también siguieron ese lema de todo hombre que se vende ´´lucharé por ti pero no moriré por ti´´. Aun así y al igual que los enanos anteriormente citados estos perecieron por los dragones, que pronto se darían un banquete de regreso a su hogar el sol. Nadie sobreviviría a los representantes del sol eterno.
Y así concluyó una batalla mas, en ese paraje que por una vez durante unos días perteneció al Bien antes de que las tropas se retiraran, el capitán que desde entonces seria llamado como coronel Luz de Sol y donde la maleza y la naturaleza se erigiera como señora suprema de ese banquete de cuervos
domingo, 26 de febrero de 2012
Magia
Se encauza el camino al escenario. Nervios a flor de piel, ganas de hacer de todo, desde gritar hasta llorar pasando por reír o abrazarse a un ser querido que pase por tu lado. Se prepara y ahí aparece ante el publico que mira curioso a un solitario hombre de traje que los mira a su vez con seguridad en la mirada y una pequeña sonrisa en los labios. Pocas palabras y aparece de la nada un rubí que por una magnífica obra y gracia se convierte en un ratón de un color perfectamente similar al objeto anteriormente mencionado .Una sonrisa un poco mas amplia se dibuja en el mago que deja que su cuerpo se acerque un poco mas al publico desconcertado ante el prodigio.
Se concentra nuevamente nuestro joven protagonista y saca una pluma negra que por arte de una bella y simple magia que todos poseen se convierte en un cuervo que cubierto a previa muestra a espectadores que podrían ser de numero variable entre uno y un millón de personas en ese curioso escenario, un bosque en medio de una montaña dejada de la mano de Dios que nadie conoce que y que solo el buen hombre invoca para sus números. Bésale el buen hechicero al cuervo cubierto y este desparece para aparecer en su lugar una bella ave fénix que vuela asta la eternidad de los tiempos de no ser porque los servicios de esta criatura inspiradora de mitos en miles de civilizaciones son requeridos para convertir en rápida sucesión en una dama con una bella túnica roja que se podría poner a bailar y mataría de envidia a grades personalidades del ballet.Le dedica una sonrisa a tan magnifico publico que no cabe en sí de asombro y aun asimilando la presencia de tan bella criatura desaparece en una larga y desenfrenada carrera a los bosques para no ser vista nunca mas
Siguen los milagros . Agua que se convierte en oro amoldado a la copa que la contenía. Una verdadera muestra de transmutación de materia que podría aperplejar a mas de un mravilloso alquimista. Quiérase pensar que no hay trampa y efectivamente no la hay pues es pura magia lo que se usa como ya se cita, una magia que todos conocen . Vibran de emoción las gradas y desea todo ser de los alrededores tener el poder de tan magnifico hombre de aspecto simple.
Y pregunta el mago ´´¿podría decírseme un color?´´ y alguien dice ´´el púrpura´´ y el mago ni corto ni perezoso en el simple gesto que supone un solo, único y conciso batir de palmas crea en su traje .antes negro el majestuoso y real color púrpura que podría vestir rey cualquiera. Exclamaciones de asombro que se convierten en gritos de emoción cuando el mago quitándose la chaqueta que de todos es sospecha que está trucada y la camisa perfectamente abotonada quedando torso al aire despliega en un elegante batir dos alas color purpura con bellas exquisitas y únicas plumas .Solicita el mago una segunda vez ´´que se me diga una piedra preciosa´´ y una voz femenina sale del público para solicitar el diamante, duro, transparente, lo mas fuerte que quizás la naturaleza pueda dar. Acaece entonces venida de la nada una lluvia fina que resultante del agua vertida desde los cielos pero que en contacto a las plumas de las alas resultan transformadas en diamantes puros que quedan ahí por siempre en eterno testimonio de lo que la magia puede hacer. Acaricia el mago una de sus alas perfectamente funcionales. Ni cables, ni cuerdas, ni artefactos de clase alguna agitan tales apéndices voladores
Tórnase seria la cara del protagonista de la función, que mira con gravedad al público y susurra aun audiblemente pues desea que aunque el gesto de su cara sea para atemorizar sus palabras sean escuchadas. Solicita el mago ´´que alguien del publico me haga el honor de decir un numero comprendido de forma entera y exacta entre el 1 y el 762347624´´. Desconcierto total del público que se queda dubitativo pensando cual será el objetivo de esa pregunta . Se atrevió una voz que sale en bella procesión a los oídos del mago sacándole una sonrisa. Observa un rostro que dubitativo dice ´´el 30000´´ , Se torna seria la cara del mago creando duda de peligrosidad en lo que suceda en el rostro del público.
....Y se hace el silencio y las nubes llegan oscureciendo el cielo y extiende los brazos el mago en cruz para caer en un rugido prácticamente ensordecedor dos rayos que parecen impactar en las manos de nuestro quizás pronto difunto compañero de obras mágicas. Pero se asombra el público pues está vivo y en donde los rayos estaban, estos ya no están y por sustitutas dos acerosas espadas de bello acero damasquinado, cuyas hondas características reflejan un inesperado sol que resucita o mas bien regresa tras la efímera tormenta anterior. Mira serio de nuevo el mago al público que, que a su vez no cabe en sí de la belleza de las espadas y de la aparición de estas y sin mas preámbulos y lanzando las espadas al aire en mortal trayectoria caen precipitándose sobre las alas de nuestro quizás pronto ´´desplumado´´ protagonista
Pero milagro de esta vida las espadas se clavan al suelo en un sonido metálico que le dejaría los pelos de punta a mas de uno .Nada se mueve salvo que en el roce con las alas una de las espadas logra cortar una única pluma que el mago ni corto ni perezoso recoge del suelo y en elegante caminar entrega una pluma de color purpura con diamantes incrustados y un pequeño numero inscrito... Un 30000 en dorado en dorado inscrito en la guía de los filamentos de esta a una dama para a continuación ser objetivo de los aplausos y vitoreos del público presente
Se concentra nuevamente nuestro joven protagonista y saca una pluma negra que por arte de una bella y simple magia que todos poseen se convierte en un cuervo que cubierto a previa muestra a espectadores que podrían ser de numero variable entre uno y un millón de personas en ese curioso escenario, un bosque en medio de una montaña dejada de la mano de Dios que nadie conoce que y que solo el buen hombre invoca para sus números. Bésale el buen hechicero al cuervo cubierto y este desparece para aparecer en su lugar una bella ave fénix que vuela asta la eternidad de los tiempos de no ser porque los servicios de esta criatura inspiradora de mitos en miles de civilizaciones son requeridos para convertir en rápida sucesión en una dama con una bella túnica roja que se podría poner a bailar y mataría de envidia a grades personalidades del ballet.Le dedica una sonrisa a tan magnifico publico que no cabe en sí de asombro y aun asimilando la presencia de tan bella criatura desaparece en una larga y desenfrenada carrera a los bosques para no ser vista nunca mas
Siguen los milagros . Agua que se convierte en oro amoldado a la copa que la contenía. Una verdadera muestra de transmutación de materia que podría aperplejar a mas de un mravilloso alquimista. Quiérase pensar que no hay trampa y efectivamente no la hay pues es pura magia lo que se usa como ya se cita, una magia que todos conocen . Vibran de emoción las gradas y desea todo ser de los alrededores tener el poder de tan magnifico hombre de aspecto simple.
Y pregunta el mago ´´¿podría decírseme un color?´´ y alguien dice ´´el púrpura´´ y el mago ni corto ni perezoso en el simple gesto que supone un solo, único y conciso batir de palmas crea en su traje .antes negro el majestuoso y real color púrpura que podría vestir rey cualquiera. Exclamaciones de asombro que se convierten en gritos de emoción cuando el mago quitándose la chaqueta que de todos es sospecha que está trucada y la camisa perfectamente abotonada quedando torso al aire despliega en un elegante batir dos alas color purpura con bellas exquisitas y únicas plumas .Solicita el mago una segunda vez ´´que se me diga una piedra preciosa´´ y una voz femenina sale del público para solicitar el diamante, duro, transparente, lo mas fuerte que quizás la naturaleza pueda dar. Acaece entonces venida de la nada una lluvia fina que resultante del agua vertida desde los cielos pero que en contacto a las plumas de las alas resultan transformadas en diamantes puros que quedan ahí por siempre en eterno testimonio de lo que la magia puede hacer. Acaricia el mago una de sus alas perfectamente funcionales. Ni cables, ni cuerdas, ni artefactos de clase alguna agitan tales apéndices voladores
Tórnase seria la cara del protagonista de la función, que mira con gravedad al público y susurra aun audiblemente pues desea que aunque el gesto de su cara sea para atemorizar sus palabras sean escuchadas. Solicita el mago ´´que alguien del publico me haga el honor de decir un numero comprendido de forma entera y exacta entre el 1 y el 762347624´´. Desconcierto total del público que se queda dubitativo pensando cual será el objetivo de esa pregunta . Se atrevió una voz que sale en bella procesión a los oídos del mago sacándole una sonrisa. Observa un rostro que dubitativo dice ´´el 30000´´ , Se torna seria la cara del mago creando duda de peligrosidad en lo que suceda en el rostro del público.
....Y se hace el silencio y las nubes llegan oscureciendo el cielo y extiende los brazos el mago en cruz para caer en un rugido prácticamente ensordecedor dos rayos que parecen impactar en las manos de nuestro quizás pronto difunto compañero de obras mágicas. Pero se asombra el público pues está vivo y en donde los rayos estaban, estos ya no están y por sustitutas dos acerosas espadas de bello acero damasquinado, cuyas hondas características reflejan un inesperado sol que resucita o mas bien regresa tras la efímera tormenta anterior. Mira serio de nuevo el mago al público que, que a su vez no cabe en sí de la belleza de las espadas y de la aparición de estas y sin mas preámbulos y lanzando las espadas al aire en mortal trayectoria caen precipitándose sobre las alas de nuestro quizás pronto ´´desplumado´´ protagonista
Pero milagro de esta vida las espadas se clavan al suelo en un sonido metálico que le dejaría los pelos de punta a mas de uno .Nada se mueve salvo que en el roce con las alas una de las espadas logra cortar una única pluma que el mago ni corto ni perezoso recoge del suelo y en elegante caminar entrega una pluma de color purpura con diamantes incrustados y un pequeño numero inscrito... Un 30000 en dorado en dorado inscrito en la guía de los filamentos de esta a una dama para a continuación ser objetivo de los aplausos y vitoreos del público presente
Encuentro con la musa
Unos pasos rápidos devoraron la distancia de aquel conocido pasillo lleno de puertas de todos los colores y materiales que escapaban en ocasiones a la imaginación del ser humano o de cualquier trovador. Con un sencillo empujón las puertas de oro macizo se abrieron y ante el pudo ver que no había nadie en esa habitación salvo una poderosa criatura a la que temía y adoraba por igual. Ella le dirigió una sonrisa lasciva que habría helado la sangre mas que excitado y de no tener tanta prisa habría dedicado mil atenciones a esa dama de gran porte que podría tener la voluntad de un hombre o diez mil a sus pies con una mirada y unas pocas palabras. La fría piedra llena de tapices con todo tipo de escenas los contemplaban de forma impasible o curiosa pues mágicamente algunos se movían y las figuras de batallas y escenas forestales mostraban sus acciones de la mas fluida de las maneras. Las miradas se encontraron. En los ojos de él había inquisitivas preguntas sobre el paradero de la dueña suprema de esa habitación y prácticamente de todo el castillo. Miró a la derecha la dama y señaló la ventana. Con alarma el caballero se precipitó a la ventana y no vio nada. Una risotada se escuchó a su espalda. los metros que separaban a caballero y ser oscuro con la belleza de los ángeles mas oscuros se hizo presente en su oído. De un respingo se giró y se encontró de lleno con su mirada. Con fluidas palabras se encontró que la dueña de la habitación había salido, algo mas que evidente dado que la presencia de esta no era ahora notable en la habitación. Cuando ella no estaba no se podía presenciar la luz que ella destilaba con su natural elegancia y su luminosa sonrisa. Los finos y fríos dedos de la mortífera dama se pasearon por su mejilla y un delicado sonido que aseguraba placeres infinitos se estrelló contra su oído pero no contra su voluntad. perores pruebas había pasado por lo que sencillamente se dejó caer por la ventana y desplegó dos poderosas alas con las que echó a volar. Se quedó a unos cuantos metros mirando a la dama a cierta distancia y esta señaló un bosque.
Ascendió todo lo alto que le permitió el oxígeno que poco a poco se disolvía con la altura. Las nubes se metían en medio de su camino y le impedía la visión por lo que debía de bajar considerablemente. En lo mas bajo la divisó. se podían distinguir sus movimientos llenos de gracia sobre el manto verde de la pradera. La contempló desde el aire durante un buen rato. Ella bailaba con la alegría natural que le caracterizaba. Con toda la elegancia de las bailarinas mas deseadas por anfiteatros enteros fluía como los arroyos mas puros y los manantiales mas cristalinos. Sus manos parecían acariciar al viento que circulaba a su alrededor y sin darse cuenta el ser alado miró a aquella dama con los ojos de quien admira la mayor obra de arte del mundo, contemplando y deleitándose con su compleja forma de ser, con su figura, con todo lo que la componía en su mínimo aspecto. Las nubes se despejaron y el sol dio de lleno en aquel paraje de donde empezaron a surgir las formas de vida mas extrañas y fantásticas, las cuales querían contemplar aquella danza en la que la libertad mas absoluta se hacia presente. Su corazón estaba bombeando sangre de forma apresurada y desquiciada pues no podía contener a veces el impulso de acercarse, de tomarla de al cintura de susurrarle cosas, de ver aquel sonrojo. Sin embargo estaba mas que embelesado con los sutiles y a la vez enérgicos movimientos de ella. Así era como le gustaba verla. Adoraba verla moverse, sonreír ante algún compás que disfrutara especialmente de interpretar con el movimiento de sus caderas o la entereza de su cuerpo. Dos ojos llenos de melancolía y tristeza en esos momentos estaban inundados en la ternura y al timidez con la que un niño mira a la niña que le gusta. Disfrutaba mirándola desde aquella altura, aun sabedor de que de acercarse quizá no habría advertido su presencia.
Le encantaba eso de ella, como se aislaba del mundo cuando bailaba, como parecía sentir la música en su cuerpo poseerla como un amante activo y salvaje que no le permitía ni recordar su propio nombre. únicamente el viento podría amoldarse a aquellos pasos que invitaban a unirse de forma adictiva. Pero la timidez y la vergüenza del caballero alado eran tales que ni por todo el oro del mundo se atrevería a sumir el riesgo de pisar un pie a la señorita que tenía ante sus ojos unos cuantos metros por debajo de su posición. Reparó aquel caballero de buena y educadas maneras pero con los pensamientos mas básicos del mundo que no se escuchaba ninguna canción. le pareció oportuno camuflarse entre las caricias del viento y deslizarse a través del espacio mas no del tiempo para poder alcanzar la posición y el lugar abierto y despejado en el que se encontraba aquella dama de elegantes formas y proceder. Raudo extendió un mensaje que sutilmente no pudo captar la atención de la dama danzante pues este mensaje se transmitió a través de las raíces de lo árboles. Quería darle una sorpresa y ver que tan bien era recibida por ciertos seres que conocía de hace tiempo. Las brisas llevaron su mensaje lejos, muy lejos. No importaba la distancia siempre llegarían muy rápido mas que el propio viento. El mensaje fue llevado a través de la tierra de los mares y de los vientos. El mismo viento llevó ese mensaje en el aleteo de los pájaros o en el de los murciélagos por la noche, acarició las hojas de los árboles y silbó a través de algunos acantilados cuando llegó a la costa y la sobrepasó. Atravesó los mares con la velocidad de un pez vela, el mas rápido jamás conocido y fue escuchado por sirenas y tritones que cantaron a la estatua de Poseídón para que una ola de información llegar a a los destinatarios. El dios marino se sorprendió poderosamente sobre aquello que estaba bailando en la tierra. Aquel mensaje también fue transmitido en las violentas cataratas y saltos de agua en los que el líquido elemento caía con la mas vertical de las libertades. Las náyades rieron ante la gracia de aquel mensaje y después se pusieron verdes de envidia.
El mensaje llegó a todos los oídos que podría escuchar el canto de la tierra, que sintieron el crecer de las plantas minutos a minutos. hombres y mujeres sabios alzaron el rostro al cielo y miraron las estrellas que anunciaban la llegada de una nueva maravilla al mundo. El nombramiento de los que fueron caídos en batalla se cortaron de pronto en medio de las danzas rituales por pare de las antiguas tribus de los mas milenarios continentes. Los ojos de la sabiduría de distintos pueblos que estaban en comunión con la tierra miraron en la dirección en la que una dama danzaba libremente con una sonrisa en los labios y era observada por todas aquellas criaturas del bosque desde la distancia o bien demasiado cerca. las danzas de cortejo de los mas habilidosos guerreros que volvieron triunfantes de la batalla se interrumpieron también y el ritmo del mundo e centró en hacer llegar aquel mensaje a su destinatario. O mas bien destinataria. Aquella llamada de alegría, aquel deseo de que se celebrara algo bello en un mundo imaginado por un loco melancólico que veía la luz con la sonrisa de aquella dama, fluyó lento pero a la vez intenso, rápido pero a la vez sutil. Los volcanes estallaron creando la pirotecnia de la naturaleza, Los tornados que asolaban el mundo se extinguieron por ese día para poder dejar transmitir ese mensaje de forma eficiente. Entonces el mensaje llegó a los oídos de quien debía de llegar. Todo esto sucedía mientras solamente una persona, aquella dama danzante permanecía ajena a todo pues bailaba y bailaba. hasta que una nota de arpa se hizo escuchar por todo el lugar en el que la dama se encontraba. una nota pura y cristalina, sencilla pero magistral que llenaba la mente y los oídos. A esta la siguió otra nota mas y otra. Se encontraron los oídos de todo aquel que pudiera escuchar con el sonido de una flauta dulce.
Entonces apareció ella. Una mujer de aspecto galante que fluía mas que caminaba, parecía flotar en la inmensidad de aquel lugar llenando toda la escena con una belleza y unos ropajes sencillos que a la vez no quitaban la comodidad en momento alguno. Al sonidos de esa canción de los elfos tocaban desde las rama de sus adorados árboles, la dama se acercó a ella, que había cesado sus movimientos al advertir que todo el bosque y aun sin saberlo el mundo entero estaba pendiente de aquel encuentro en el que el poder la danza y la belleza estaban a punto de tomar un rumbo nuevo. Con una sonrisa la dama que había llegado recientemente a aquel paraje lleno de esplendor miró al suelo y tomó una rosa azul de otras tantas que comenzaban a crecer de forma estrepitosamente rápida. Se la tendió a la dama que balaba momentos antes y acaricia suavemente sus pétalos por un momento con un dedo. En el rostro en forma de corazón de la criatura mas joven se encontraban miles de interrogantes a los que la mujer sencillamente respondió mirando hacia los cielos en los que dos alas de ópalo lanzaban reflejos y se encontraban unidas a una espalda bastante estrecha, la espalda de un joven que sonreía desde las alturas y el cual dirigió una sonrisa a la mujer mas bella del mundo. De aquel su mundo creado con la ayuda de su mirada, Ese mundo de dos soles que eran sus ojos. Ya descubierto por esas dos musas descendió y tomó la mano de aquella que llevaba de pensamientos de todo tipo su mente para a continuación depositar con la mas suave de las delicadezas sus dedos. Sin mas ceremonias la mujer recien llegada dijo.
-Bailas de una forma que no tiene parangón musa de este alado caballero que nos escucha y que me ha hecho venir transmitiendo un mensaje a nivel mundial a través de la tierra, el viento y los mares. Ahora y sin ningún tipo de duda saben tanto animales como elfos el nombre de aquella que ha inspirado la creación de todo un mundo en el cual no tengo razón de ser, pues ante sus ojos no hay diosa que valga la pena mencionar si no tiene tu aspecto, tu nombre y tu forma de bailar. Baila, cuando tengas miedo o estés alegre y feliz, sencillamente baila, y si el cansancio físico te puede ya sabes a quien recurrir. Él te adora y estará dispuesto a arrasar nuestro Olimpo si algo te ocurriera. -Y con una dulce nota de la lira comenzó un baile lleno de gracia, el cual dirigió al bosque, entre cuyas ramas desapreció sin dejar rastro.
Todo quedó en silencio mientras el mundo contemplaba a aquel caballero de alas grandes y oscuras que ahora brillaban con los mil y un tonos de ópalo negro abrazar aquella cintura y elevarse juntos por los cielos para bailar lentamente entre las nubes. Él sonreía porque ella sonreía. Aquella luminosa sonrisa que hacía brillar mas de un mundo interior. Los miedos eran olvidados, las angustias desterradas, las dudas asesinadas. Aquella dama, representante de la mismísima Terpícore en ese mundo donde solo podían verse dos estrellas estaba a su lado y así sería hasta que el destino lo decidiera. Entonces él hablaría seriamente con el destino para conocer el problema y llegar a una solución común. No quería que se alejara. Nunca.
Ascendió todo lo alto que le permitió el oxígeno que poco a poco se disolvía con la altura. Las nubes se metían en medio de su camino y le impedía la visión por lo que debía de bajar considerablemente. En lo mas bajo la divisó. se podían distinguir sus movimientos llenos de gracia sobre el manto verde de la pradera. La contempló desde el aire durante un buen rato. Ella bailaba con la alegría natural que le caracterizaba. Con toda la elegancia de las bailarinas mas deseadas por anfiteatros enteros fluía como los arroyos mas puros y los manantiales mas cristalinos. Sus manos parecían acariciar al viento que circulaba a su alrededor y sin darse cuenta el ser alado miró a aquella dama con los ojos de quien admira la mayor obra de arte del mundo, contemplando y deleitándose con su compleja forma de ser, con su figura, con todo lo que la componía en su mínimo aspecto. Las nubes se despejaron y el sol dio de lleno en aquel paraje de donde empezaron a surgir las formas de vida mas extrañas y fantásticas, las cuales querían contemplar aquella danza en la que la libertad mas absoluta se hacia presente. Su corazón estaba bombeando sangre de forma apresurada y desquiciada pues no podía contener a veces el impulso de acercarse, de tomarla de al cintura de susurrarle cosas, de ver aquel sonrojo. Sin embargo estaba mas que embelesado con los sutiles y a la vez enérgicos movimientos de ella. Así era como le gustaba verla. Adoraba verla moverse, sonreír ante algún compás que disfrutara especialmente de interpretar con el movimiento de sus caderas o la entereza de su cuerpo. Dos ojos llenos de melancolía y tristeza en esos momentos estaban inundados en la ternura y al timidez con la que un niño mira a la niña que le gusta. Disfrutaba mirándola desde aquella altura, aun sabedor de que de acercarse quizá no habría advertido su presencia.
Le encantaba eso de ella, como se aislaba del mundo cuando bailaba, como parecía sentir la música en su cuerpo poseerla como un amante activo y salvaje que no le permitía ni recordar su propio nombre. únicamente el viento podría amoldarse a aquellos pasos que invitaban a unirse de forma adictiva. Pero la timidez y la vergüenza del caballero alado eran tales que ni por todo el oro del mundo se atrevería a sumir el riesgo de pisar un pie a la señorita que tenía ante sus ojos unos cuantos metros por debajo de su posición. Reparó aquel caballero de buena y educadas maneras pero con los pensamientos mas básicos del mundo que no se escuchaba ninguna canción. le pareció oportuno camuflarse entre las caricias del viento y deslizarse a través del espacio mas no del tiempo para poder alcanzar la posición y el lugar abierto y despejado en el que se encontraba aquella dama de elegantes formas y proceder. Raudo extendió un mensaje que sutilmente no pudo captar la atención de la dama danzante pues este mensaje se transmitió a través de las raíces de lo árboles. Quería darle una sorpresa y ver que tan bien era recibida por ciertos seres que conocía de hace tiempo. Las brisas llevaron su mensaje lejos, muy lejos. No importaba la distancia siempre llegarían muy rápido mas que el propio viento. El mensaje fue llevado a través de la tierra de los mares y de los vientos. El mismo viento llevó ese mensaje en el aleteo de los pájaros o en el de los murciélagos por la noche, acarició las hojas de los árboles y silbó a través de algunos acantilados cuando llegó a la costa y la sobrepasó. Atravesó los mares con la velocidad de un pez vela, el mas rápido jamás conocido y fue escuchado por sirenas y tritones que cantaron a la estatua de Poseídón para que una ola de información llegar a a los destinatarios. El dios marino se sorprendió poderosamente sobre aquello que estaba bailando en la tierra. Aquel mensaje también fue transmitido en las violentas cataratas y saltos de agua en los que el líquido elemento caía con la mas vertical de las libertades. Las náyades rieron ante la gracia de aquel mensaje y después se pusieron verdes de envidia.
El mensaje llegó a todos los oídos que podría escuchar el canto de la tierra, que sintieron el crecer de las plantas minutos a minutos. hombres y mujeres sabios alzaron el rostro al cielo y miraron las estrellas que anunciaban la llegada de una nueva maravilla al mundo. El nombramiento de los que fueron caídos en batalla se cortaron de pronto en medio de las danzas rituales por pare de las antiguas tribus de los mas milenarios continentes. Los ojos de la sabiduría de distintos pueblos que estaban en comunión con la tierra miraron en la dirección en la que una dama danzaba libremente con una sonrisa en los labios y era observada por todas aquellas criaturas del bosque desde la distancia o bien demasiado cerca. las danzas de cortejo de los mas habilidosos guerreros que volvieron triunfantes de la batalla se interrumpieron también y el ritmo del mundo e centró en hacer llegar aquel mensaje a su destinatario. O mas bien destinataria. Aquella llamada de alegría, aquel deseo de que se celebrara algo bello en un mundo imaginado por un loco melancólico que veía la luz con la sonrisa de aquella dama, fluyó lento pero a la vez intenso, rápido pero a la vez sutil. Los volcanes estallaron creando la pirotecnia de la naturaleza, Los tornados que asolaban el mundo se extinguieron por ese día para poder dejar transmitir ese mensaje de forma eficiente. Entonces el mensaje llegó a los oídos de quien debía de llegar. Todo esto sucedía mientras solamente una persona, aquella dama danzante permanecía ajena a todo pues bailaba y bailaba. hasta que una nota de arpa se hizo escuchar por todo el lugar en el que la dama se encontraba. una nota pura y cristalina, sencilla pero magistral que llenaba la mente y los oídos. A esta la siguió otra nota mas y otra. Se encontraron los oídos de todo aquel que pudiera escuchar con el sonido de una flauta dulce.
Entonces apareció ella. Una mujer de aspecto galante que fluía mas que caminaba, parecía flotar en la inmensidad de aquel lugar llenando toda la escena con una belleza y unos ropajes sencillos que a la vez no quitaban la comodidad en momento alguno. Al sonidos de esa canción de los elfos tocaban desde las rama de sus adorados árboles, la dama se acercó a ella, que había cesado sus movimientos al advertir que todo el bosque y aun sin saberlo el mundo entero estaba pendiente de aquel encuentro en el que el poder la danza y la belleza estaban a punto de tomar un rumbo nuevo. Con una sonrisa la dama que había llegado recientemente a aquel paraje lleno de esplendor miró al suelo y tomó una rosa azul de otras tantas que comenzaban a crecer de forma estrepitosamente rápida. Se la tendió a la dama que balaba momentos antes y acaricia suavemente sus pétalos por un momento con un dedo. En el rostro en forma de corazón de la criatura mas joven se encontraban miles de interrogantes a los que la mujer sencillamente respondió mirando hacia los cielos en los que dos alas de ópalo lanzaban reflejos y se encontraban unidas a una espalda bastante estrecha, la espalda de un joven que sonreía desde las alturas y el cual dirigió una sonrisa a la mujer mas bella del mundo. De aquel su mundo creado con la ayuda de su mirada, Ese mundo de dos soles que eran sus ojos. Ya descubierto por esas dos musas descendió y tomó la mano de aquella que llevaba de pensamientos de todo tipo su mente para a continuación depositar con la mas suave de las delicadezas sus dedos. Sin mas ceremonias la mujer recien llegada dijo.
-Bailas de una forma que no tiene parangón musa de este alado caballero que nos escucha y que me ha hecho venir transmitiendo un mensaje a nivel mundial a través de la tierra, el viento y los mares. Ahora y sin ningún tipo de duda saben tanto animales como elfos el nombre de aquella que ha inspirado la creación de todo un mundo en el cual no tengo razón de ser, pues ante sus ojos no hay diosa que valga la pena mencionar si no tiene tu aspecto, tu nombre y tu forma de bailar. Baila, cuando tengas miedo o estés alegre y feliz, sencillamente baila, y si el cansancio físico te puede ya sabes a quien recurrir. Él te adora y estará dispuesto a arrasar nuestro Olimpo si algo te ocurriera. -Y con una dulce nota de la lira comenzó un baile lleno de gracia, el cual dirigió al bosque, entre cuyas ramas desapreció sin dejar rastro.
Todo quedó en silencio mientras el mundo contemplaba a aquel caballero de alas grandes y oscuras que ahora brillaban con los mil y un tonos de ópalo negro abrazar aquella cintura y elevarse juntos por los cielos para bailar lentamente entre las nubes. Él sonreía porque ella sonreía. Aquella luminosa sonrisa que hacía brillar mas de un mundo interior. Los miedos eran olvidados, las angustias desterradas, las dudas asesinadas. Aquella dama, representante de la mismísima Terpícore en ese mundo donde solo podían verse dos estrellas estaba a su lado y así sería hasta que el destino lo decidiera. Entonces él hablaría seriamente con el destino para conocer el problema y llegar a una solución común. No quería que se alejara. Nunca.
miércoles, 22 de febrero de 2012
El sueño
Recuerdo aquel sueño o mas bien aquella noche como si la hubiera vivido al igual que todas las noches desde que tengo uso de razón. El detalle mas mínimo no era capaz de escapar ante mis recuerdos, ante el análisis concienzudo de cada paso dado a lo largo de esa aventura. Pero ese sueño había sido solo una vez y aun así inolvidable. Aquel sueño era la conjunción perfecta entre fantasía, miedo, lucha contra el propio interior humano y enfrentamiento directo a la realidad y la locura entre otras muchas cosas. Todo ello rodeado de una atmósfera llena de matices que invadían los sentidos y hacían temer por la propia vida y a la vez desarraigarse de todo miedo o instinto de supervivencia que pudiera coaccionar carrera alguna por conservar la propia vida. Aquel sueño era algo que sin duda espero no volver a tener pero a la vez deseo con toda mi fuerza que se repita pues aun sin ser hombre de emociones fuertes, el sabor de la adrenalina se me torna una poderosa droga cuando las imágenes de esa ensoñación me invaden. Nunca me sentí tan vivo y a la vez temeroso de perder la propia vida y cosas mas preciadas por mi y despreciadas por la sociedad como la cordura e incluso mi alma. Sí, mi alma.
En aquel oscuro episodio de mi mente en su estado de mayor actividad siempre caminaba como el mas solitario de los humanos, indiferente ante todo aquello que me rodeaba y a la vez llamaba poderosamente la atención. En medio de la multitud solamente se veían sombras. La propia muchedumbre era una sombra en sí misma que se regia por sus propias leyes de movimiento y reacción ante mi presencia aunque para esto último siempre era la misma reacción: indiferencia. O ignorancia, como si yo me moviera en un plano de la realidad en el que no podían verme pero yo a ellos si. Si añadiéramos otra rareza mas sería que esas personas, o sombras o lo que fuere tenían todas un aspecto diferente pero a la vez bien definido aunque con matices que daba lugar a tratar de recomponer con la mente aquello que les faltaba. Si bien un detalle en común tenían todos. Sangraban. Sangraban sombras de su cuello. Se movían con total naturalidad pero esa sangre que no caía sino que se quedaba flotando en el aire se desprendía de su seguramente perforada vena yugular, pues surgía siempre de ese punto mortal en caso de cortarse o herirse de alguna manera. En los rostro medio ocultos por las sombras se apreciaba todo tipo de expresiones físicas pero la realidad era que muchos de aquellos rostros parecían lamentar su existencia, como si sobre ellos se abatiera una maldición peor que la propia rutina. Y aquellas edificaciones grises parecía avalar toda esa desdicha en la que se encontraban, como si toda posibilidad de alegría se hubiera esfumado.
Las sensaciones que en ese momento de mi peregrinaje entre los grandes gigantes de hormigón y esas pequeñas hormigas de sombras me invadían era como la de toda normalidad existencial. Sentía que eso estaba así porque tenía que estar, mi contemplación de la situación acaecida era pasiva. No había alegría ni pena, curiosidad o temor. Todo aquello formaba parte de una realidad en la que había nacido y justamente en ese momento todo se desarrollaba con total normalidad. La congoja de la soledad no me afectaba y nada parecía tener sentido pero tampoco se lo pretendía buscar. En ese tipo de sueños prontamente se lleva a cabo un cambio notable, ya sea a otro paraje y otras sensaciones o quizás sencillamente despertamos y nos volvemos a dormir. Pero en esa ocasión todo era bastante diferente. Nada cambiaba y a pesar de que mi mente, despierta y perfectamente lúcida en aquel sueño me decía que ya era momento de despertar, a la propia ensoñación parecía que no se le antojaba que yo despertara y volviera al mundo real. En ese preciso momento es cuando me dí cuenta de que este no iba a ser un sueño normal y en mi fuero interno deseé que todo terminara siendo tal deseo mi primera manifestación de consciencia en una realidad que no era la correspondiente o la habitual. Era como esas aventuras digitales en las que el protagonista podría estar dando vueltas alrededor de un mismo punto hasta encontrar el pasadizo. Así que entre sangre sombría y rostros atormentados comencé a moverme. Mis pasos no aceleraban ni se ralentizaban, no se notaba el cansancio, el hambre o el discurrir del tiempo eso era verdad pero cada segundo que pasaba me comenzaba a pesar como una gran carga moral sobre los hombros de un general que ha perdido a muchos hombres en la batalla. El primer cambio de esa rutina se produce cuando me doy cuenta de que mis pasos me llevan solos a un lugar muy especial.
Una iglesia en medio de esa urbe desolada y carente de alegría. Cierto es que esa iglesia era el punto que mas destacaba por encima de la oscuridad. Y mas cierto aún que destacaba por encima de los edificios mas altos. Mis conocimientos sobre arquitectura no son muy amplios pero aquella construcción religiosa sobrepasaba todo lo visto por los ojos del hombre en el mundo real. No había un rosetón ni dos ni tres sino cientos de ellos, de diferentes formas, a los largo de siete paredes altas como cualquier rascacielos moderno. En su exterior había toda una suerte de figuras, estatuas y representaciones en mármol blanco con alguna incrustación dorada de ángeles, demonios, seres fantásticos, gárgolas y mil sueños y pesadillas mas. Impidiendo la entrada con brillos de ambición y vanidad se podían apreciar unas puertas de oro de aspecto macizo, grueso y como todo aquello fabricado en oro, pesado. Todo se nubló por un instante y unas risas acudieron a mi mente. Eran risas cristalinas y estruendosas pero una sensación de bienestar se apoderó de mi por unos momentos en los que aquella risotada tan efímera se perdía en medio del hasta entonces inquebrantable silencio. En mi interior se produjo una sensación de extrañeza y desasosiego que no logré descifrar en todo aquel bello paraje que rodeaba el exterior del castillo. Una ansiedad y deseo de refugio latente se hizo con el control de mis pensamientos mas lógicos en su mínima expresión y me acerqué a las puertas de oro, algo deslustradas por la falta de agua y mantenimiento. Estas se abrieron mientras sonaba una música de arpa y flauta que evocaba la paz mas absoluta. Penetré al interior de esa gran edificación y me quedé sin aliento si es que en algún momento del sueño había respirado.
Ante mi se extendía algo que no se puede describir con sencillas palabras. las paredes estaban gastadas, ennegrecidas eso era verdad pero la antigua gloria de ese edificio parecía perdurar mas allá de la podredumbre y de los años que despiadadamente pasaban para todo. El gris de aquella ciudad era algo perfectamente comprensible. El interior de esa catedral contenía todo el color que pudiera albergar la paleta de colores con la que Dios pintaba el mundo. Mis ojos tardaron en acostumbrarse a tanta luz y lo cierto es que así fue durante un buen rato. Estos ojos, de ciego pues no observaban solamente miraban no dieron advertencia alguna de que faltara algún color. Las cuatro estaciones del años, los cuatro elementos, los siete pecados capitales y sus siete virtudes. Todo estaba representado en aquella enciclopedia ilustrada e iluminada. las luces se colaban por las cristaleras de los rosetones y en los contraluces así como en mil detalles mas. No había cúpula pero en lo alto caía un gran chorro de luz que daba en todo el centro sin desviarse. Si se usaba un metro para medir la distancia entre los vértices heptagonales se podría medir perfectamente cuando medía aquella cristalera emplazada a muchos metros de altura. Avancé unos cuantos pasos entre las bancas armoniosamente decoradas con motivos vegetales. Aquel sueño se estaba volviendo eso: un sueño de verdad donde solamente se podría encontrar calma y paz prometiendo que nunca despertaría y me quedaría ahí para siempre. La luz que se colaba a través de los cristales no podría ser mas nítida., se podía adivinar cada detalle de las cristaleras colocando la mano a la altura correcta y dejando que el reflejo de la luz revelara formas impresionantes, tan temibles como bellas. Se apreciaba la presencia de santos, caballeros, ángeles, demonios, gente con orejas puntiagudas, unicornios, Un gran dragón que me recorría de punta a punta de los dedos cuando ponía los brazos en cruz. Fascinando y movido por una intuición muy extraña me acerqué al cuadrado de luz que había en el centro para ver cual era el motivo principal de esa gran obra que se emplazaba ahí en lo mas alto, que era aquello que debía de filtrar la luz y derramarla sobre el suelo. Lo que me encontré fue tan maravilloso como desconcertante.
El color predominante era el azul. Un azul que a mi se me hizo en exceso familiar. Agradablemente familiar. Una sonrisa se instaló en mis labios al recordar aquello que motivaba a que ese color empezara a ser de mis favoritos, incluso mas que el rojo o el negro que yo tanto gustaba de vestir. Extendí una mano como había hecho con otros tantos dibujos y mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí en la palma de mi mano una bella rosa que se desbordaba ligeramente pues el radio de su corola era mas grande que la anchura de mi propia extremidad. No podía apartar los ojos de aquella bella creación y fui moviendo lentamente la mano dejando que esa rosa cayera eternamente al suelo para seguir descubriendo los detalles que tenían esa cristalera. No pude caber en mi de emoción cuando encontré otra rosa al lado de al primera sobre la que se habían posado mis ojos. y otra mas a su lado y otra enfrente o mas arriba según la perspectiva). Me encontraba maravillado ante aquella visión. Era como si esa iglesia tuviera impreso un mensaje para mi alma. El de que todo saldría bien, que todo sería paz y tranquilidad mientras me encontrara entre esas siete paredes. Miré entre mis dedos, contemplando como la luz se desparramaba entre los dedos y me centré uno de los detalles mas bellos de ese lugar. El suelo, quebrado por algún extraño incidente, estaba infestado de rosas azules. Pero no de luz sino auténticas plantas. No podía ser, me dije a mi mismo, es imposible ya que seguramente no han recibido agua en mucho tiempo o seguramente no podrían sobrevivir con la escasa humedad. No tenía ya lógica nada de lo que pudiera haberlo tenido en algún momento. De todas formas sentía mi alma en paz, mas que nunca, ante la presencia de aquellas plantas. Entonces cuando me dispuse a a seguir contemplando las rosas y extendí mi mano una sorpresa desagradable cayó sobre mi palma.
Una gota de sangre. No me asusté, no reaccioné de ninguna de las maneras. De todas formas no tuve tiempo pues cuando dirigí la mirada al techo sobre mí cayó algo que acerté a ver por unas décimas de segundo. Sin embargo cuando caí al suelo lo que se abalanzaba sobre mi no cayó sobre mi persona de forma inmediata sino que al abrir los ojos me encontré que ella estaba como flotando hacia mí. Terrible y a la vez divina, una mujer de sonrisa astuta y con cierto punto de lascivia se acercaba en medio de una suave brisa que me trajo el olor de las rosas. Lentamente se depositó encima de mi cuerpo y me sentí paralizado por un momento y el siguiente. No tuve escapatoria mientras sus ojos se clavaban en los míos y pude adivinar formas perfectas bajo sus vestiduras a medida que mis manos acariciaban de forma inconsciente su cintura y caderas, rodeando estas y ascendiendo por su espalda, aceptando aquella deidad que se había posado sobre mi. Ella parecía leer mis pensamientos pues su sonrisa se acentuó de forma estremecedora, hambrienta, catando la carne que parecía desear por encima de todas las cosas. Su cabello no se aposentó sobre su espalda y hombros sino que mas bien se quedó flotando como si una corriente de aire ascendente lo elevara de forma constante. En su mirada se encontraba el brillo del depredador que triunfalmente atrapa a su presa y la somete a su voluntad, la conquistadora que somete a todo un pueblo, y aquello me hizo sentir un miedo atroz. La debilidad debía de reflejarse en cada gesto que yo hacía, de escaso éxito a la hora de resistirme. Unos finos dedos se deslizaron por mi rostro, deleitándose con las formas de mi faz, como disfrutando la escasa humanidad que reinaba en esos lares llenos de sombras en su exterior. Me sentía paralizado por su mirada y lentamente ella fue acercándose mas y mas. Vi sus labios pintados en rojo y negro con gran maestría acercarse mas, mucho mas. Las pulsaciones de mi corazón estaban demasiado aceleradas, sentía que en breve me estallaría el bombeador de sangre que tenía instalado en el pecho. Sus labios susurraron unas cuantas palabras. Algo de un caballero y unas alas. Su voz era las campanadas de las iglesias, el rugir de los cañones , el sutil ronronear de los felinos mas salvajes y la suavidad del terciopelo.
Una sensación de éxtasis se extendió por mi cuerpo cuando de pronto esos labios, que en mi fuero interno pensé que serían fríos como el hielo resultaron ser cálidos como el mismo Sol. Aquellos rayos negros y escarlata se posaron lentamente en mi cuello y lo empezaron a acariciar mientras sus finos dedos me atrapaban con las mas suaves de las caricias. Mi mente atrapada en aquel sueño solamente podía corresponder a sus movimientos. Sentía su aliento golpear mi cuello de forma constante, respirando una y otra vez sobre mi piel, neutralizando la poca cordura que me quedaba. En mi voluntad se estaba formando una súplica de que todo terminara y otra de que no se detuviera. Me tenía totalmente atrapado y no había orgullo de hombre o caballero que valiera en ese momento. Sencillamente me dejé hacer por aquellas manos y esos labios, a veces mirando sus ojos, que se aseguraban de que mi voluntad no se revelara contra su deseos de tentarme poderosamente. Los reflejos de la cristalera que lanzaba sobre ella rosas y mas rosas azules le arrancaba unos brillos de ángel bendito con movimientos de la mas tentadora diablesa. Con un suave movimiento de caderas hizo ver un deseo que iba mas allá de cualquier ensoñación de loco o de obseso. Mis labios se abrieron y no salió ningún sonido cuando aquella criatura divina comenzó a bailar lentamente, tentando a mi cuerpo a unirse a esa danza. Pero ante la reticencia de mi cuerpo paralizado por una fuerza misteriosa, de nuevo volví a sentir sus labios, los cuales no advertí que se abrían y dejaban asomar dos colmillos que se clavaron con saña en mi cuello.
Desperté sudoroso, incorporándome al momento y respirando de forma agitada. Mis ojos contemplaron a todos lados,. asegurándome de que estaba en aquella habitación que me había visto crecer y mas tranquilo me dejé de nuevo caer con la cabeza en la almohada. Lentamente dejé caer la cabeza a un lado y el asombró se hizo en mi mirada.
Sobre el lado de la almohada que no ocupaba mi cabeza en ese momento yacía, solitaria como una dama de otra época del reino vegetal, espléndida y decorosa, sencilla pero a la vez luminosa, una rosa azul.
domingo, 19 de febrero de 2012
La Dulce Flor
Un poderoso anhelo es lo que el caballero sentía en lo mas profundo de su alma pues corazón, a sus ojos, no tenía, malherido por miles de batallas pasadas en las que había perdido vida y sentimiento a manos llenas. Sus ojos estaban colmados de aquella desesperación y aquella necesidad, un ansia viva en la que todo era inútil a la hora de desviar su atención para lograr algo de distracción. Aunque, todo sea dicho en aras de la verdad, lo conseguía los viejos vicios en los que se veía inmerso cuando menos lo esperaba. Acaecía una tarde solitaria en la mas profunda selva del amazonas. Nada mas se podría ver a partir de unos pocos palmos de densa vegetación verde, viva, salvaje e indómita. la búsqueda de aquello, fuese lo que fuese, no se podría hacer esperar mucho mas. La mente se encontraba desquiciada por esa fiebre amarilla que le invadía la mente de forma delirante. Las pocas pruebas de que alguna vez ese caballero había pertenecido a la civilización se esfumaron hace ya mucho tiempo y ahora se encontraba ahí, entre salvajes avances dados a marchas forzadas por una promesa de un supuesto y maldito hombre que le riquezas. Aquel rostro que veía mas allá del tiempo y el espacio, mas allá de la piel de uno de los conquistadores mas temibles de la tierra recién descubierta de casualidad. Recordaba aquellos ojos impregnados en un poder que ni los cañones mas atronadores podrían comparar, pues los cañones mataban el cuerpo pero esos ojos podrían doblegar el alma y fue la sencilla misericordia y bondad de aquel anciano lo que le salvó de ser quemado por esos ojos.
Como ya se había dicho ya no le quedaba nada de ese caballero noble y de nobles intenciones que estaba a la búsqueda de enriquecer a su patria y tener un nombre de gran fama entre sus semejantes, propios y extraños. No había ya pólvora en la que confiar para cazar un pequeño trozo de metal que abatiera a un pájaro o que asegurara una victoria contra un felino de gran tamaño. Nada quedaba de esa cantimplora ni de los bien cocinados víveres de principio de viaje. ya no había casco que cubriera del sofocante calor y la humedad infernal estaba destrozando poco a poco su mente haciéndole ver de vez en cuando cosas que quizás no estaban ahí, o que al menos él no desearía volver a ver nunca mas. Sus botas tampoco estaban como era lógico, perdidas en medio de un ataque de unos nativos salvajes que posteriormente le postraron ante los pies de aquel temible hombre de mirada sin par. En medio de danzas que él no comprendía le había gritado sus destino en una lengua que nunca había escuchado. En su fuero interno un mensaje se instaló dentro de él, Entre las retumbantes palabras de castigo de aquella entidad ´´humana´´ hubo cierto momento en el que pudo detectar, quizás en medio de delirios, como tregua a ese castigo para su cuerpo y espíritu, una pequeña nota de esperanza. Nada le sorprendería mas como lo que venía a continuación. Tomó sus manos y le dijo, cuando los delirios no podían ser soportados, algo que le hizo ver aquel momento como una ensoñación en momentos futuros:
-Has de encontrar en un largo camino al norte, pasando peligros inimaginables en los que dejes todas tus pertenencias por el camino, algo mas bello que el sol y mas valioso que todo el oro del mundo. Debes partir ahora mismo para poder llegar a tiempo de ver eso que te espera detrás de estos bosques y las montañas que siguen a esos bosques. Debes encontrarte con peligros, nunca los esquives ni retrocedas, aprenderás de esos peligros. Encontrarás lecciones en la brisa y en el rugido del viento, en el repiqueteo de la lluvia en las horas y sabrás que hacer cada vez que el silencio se haga en la selva, pero si este se prolonga mucho tiempo corre siguiendo la estrella polar. Corre, corre mas rápido que tus propios pensamientos hijo de la civilización sorda y muda y realiza todo esto que te digo hasta que el sol oscurezca en la noche que siga a otras tantas noches- Nada mas escuchar aquellas palabras en el idioma de la civilización y lo moderno, ese hombre que venía en busca de riquezas sencillamente se puso en pie y alabado por las multitudes de esa pequeña aldea dejada de la mano de Dios partió raudo y veloz, a una carrera feroz, llevado por fuerzas en las que nada podría explicar como esos pies se movían tan rápido, atravesó la espesura.
La carrera fue a través de aquel bosque y de las montañas, Se encontró con tribus temibles que comían a sus propios muertos y a los vivos también. Cruzó lagos llenos de sulfuro en cuya orilla había animales muertos. Temió por su propia vida tantas veces que no le llegarían ni los disparos de diez salvas de cien cañones para contarlos. Pero hizo caso al pie de la letra, no sabía el porqué de aquellas acciones tan descabelladas pero cuando la noche llegaba se tumbaba, cansado de correr y de caminar, nadar, trepar y cazar con sus propias manos y sencillamente escuchaba aquello que tuviera que escuchar. Escuchó tanto que ya distinguía si el mosquito era hembra o macho y por tanto si le iba a picar o no. Escuchó todos los sonidos de aquellas aves de brillantes colores que provocaron mas de una fantasía de querer hacerse un abrigo con sus plumas y mas tarde, desechando aquel pensamiento tan monstruoso, el de querer volar. Escuchó el siseo de la serpiente y el gruñir del puma así como su rugido a dos palmos de la cara. Escuchó el desgarrar de sus ropas cuando las zarpas de ese puma le arrancaron casi un costado entero. Escucho como la sangre salía a chorros de su interior y también escucho como la espesura le susurraba consejos de acerca de desinfectantes. Cayó. Muchas veces cayó para levantarse o ser levantado. Sus ojos siempre buscaban las estrellas en las que guiarse. Y a veces miraba esas estrellas sin pretensión de guía alguna, sencillamente soñaba. Como sería ver las estrellas mas de cerca. pensó en aquellos que en la moderna Europa observaban al cielo con los grandes telescopios. soñaba con ver esas estrellas de cerca e incluso tener dos guías estelares por si una se apagaba de pronto. Cuando el día llegaba se levantaba de golpe y comenzaba a correr o caminar, ya enloquecido por delirios y pesadillas. Desesperado llegó a caminar por el borde de un barranco casi enloquecido y entre risas histéricas. La locura se hizo con él hasta que apareció el último día de su travesía.
Tras atravesar miles de kilómetros de selva, bosque, montaña, lagos que se encontraban a alturas imposibles, estar en territorios aliados y enemigos pasando desapercibido como una sombra tuvo aquella señal que llegó a su mente una buena noche de intenso frío. Primeramente pensó que había sido un sueño mas, una ilusión producida por alguna planta tóxica que se comiera por error pero la belleza que había ahí plasmada era algo que no podría pertenecer a ese mundo. Aquel hombre de esa tribu cuyos ojos nunca olvidaría le dijo que cuando despertara encontraría aquel tesoro que tanto buscaba. Que el color que debía de buscar era el de los cielos y los mares. Aquel tesoro tenía algo del color de la tierra mas pura y fértil y como última nota aquel hombre de ancestral sabiduría dejó en su mente un sencilla frase.
-Cuando veas aquello a lo que te he guiado olvidarás mis ojos y todas tus pesadillas dejarán de existir.Nada mas se dijo y cuando despertó se dispuso a correr con todas sus fuerzas. travesó una llanura en la que crecían unas flores de brillantes colores, vio sombras que le acechaban por todas partes. Las ignoró. No le temía a nada, estaba totalmente enloquecido por aquella persecución en la que un sentimiento de desesperanza y otra de gran fuerza interior luchaban por hacerse con el control de su mente. Los pies se movían como llevados por el viento y las alas se desplegaron en el último momento ante el grito salvaje que surgió de sus labios, ronco ya que no había hablado con nadie desde aquella última vez en ese pueblo que ya le parecía mas lejano que su propio nacimiento. Voló rápido como una flecha, como un disparo de cañón. Voló con y como el viento, desesperado. Entonces todo un muro de espinas le atrapó. No se esperaba encontrarse tal impedimento aun pudiendo volar pero ya no existía el dolor ni la preservación física. Ya nada existía mas que el poder lograr ver aunque fuera por un solo instante eso que tan valioso era, mas que el oro que los diamantes que el platino que la misma armada británica al completo. Ver. Solo quería ver aquello aunque fuera una vez sola vez en la vida. las espinas comenzaron a desgarrar a momento los pocos harapos que tenía y ese muro parecía infinito. Las lágrimas luchaban por salir pero no les dejaría salir. Entonces la luz se hizo y logró llegar al otro lado de aquel castigo que se le hacía eterno a sus ojos. Se puso en pié y no pudo creer lo que tenía ante sí.
Su rostro en forma de corazón se volvió hacia el con la mas abierta curiosidad de quien ve una interesante pintura en uno de los múltiples museos de su ciudad natal. Se acercó con la cautela de un gato y a la vez con las ansias de hacer mas acciones que quizás sustentaran auxilio a ese pobre diablo que no podría levantarse en un buen rato. Su mente estaba agotada, débil, vulnerable. Totalmente entumecido por el frío se encontraba su cuerpo. Sencillamente miró sus ojos cuando estos se encontraron cerca, ignorando todo lo demás en el mundo. Ya no había mas mirada que aquella. Al susurro del viento llegó rápidamente el sonido de una risotada cristalina. Era Gaia que parecía divertirse con el castigo y a la vez con esa aventura sufrida por ese joven escritor que lo había dado todo por un tesoro mas valioso que el oro en el mundo entero. Y lo había encontrado sin duda. Apenas pudo limpiarse una mano sucia en la hierba verde y conducirla a esa delicada mejilla, palparla discretamente antes de deslizar sus dedos por esa piel morena besada por el fuego de una de las tierras mas bellas que se pudiera pisar con pies de humano. Le resultaba casi imposible aquello. Cuantas veces había pensado en mujeres bellas, cuantas veces había inventado a tales mujeres para recrear escenas de todo tipo. Cuantas veces había sentido fascinación por una mujer. Y ella le daba mil vueltas a todas. La inteligencia mas aguda brillaba en sus ojos, aquellos ojos. Dos estrellas faltaban esa noche en el cielo. Lo comprobaría en cuanto tuviera la oportunidad, pero de seguro en el firmamento faltaban las dos estrellas mas brillantes que pudieran contemplar los ojos del hombre. Contuvo la respiración mientras deslizaba los dedos por su mejilla y seguía inmerso en su mirada. Y esa sonrisa que surgió mas tarde. Creyó volverse ciego. No había duda de que era aquel el tesoro que buscaba desde hacía tanto tiempo. Y los sentimientos que afloraban en ese corazón resucitado no eran los clásicos ´´encaprichamiento´´ ni ´´amor´´. Iba mas allá. No necesitó señal alguna para saber que ella era mas valiosa que el oro y el diamante, el platino, la plata o el rubí.
Sus dedos delicadamente pasearon una vez por la rosa azul que esa criatura casi imposible de imaginar tenía prendida en el cabello de una forma perfecta. Volvieron a su rostro el cual quedó algo sucio por la tierra que había en sus dedos tras una travesía en la que nadie mas podría haber resistido de no ser por la mas fuerte convicción. Se quedó en silencio y poco a poco fue sonriendo. era imposible no sonreír ante su presencia. Era imposible no doblegarse ante el sonido de su voz o de su mirada, que no irradiaba el mal en ningún momento. Era imposible toda ella, debía de ser un delirio pero la estaba tocando. Con sus propios dedos. No era una pesadilla, el dolor que sentía era físico y no emocional, Ambos dolores fueron remitiendo. Le estaba invadiendo una sensación de felicidad que no era normal. Sencillamente miró sus ojos y dijo:
Como ya se había dicho ya no le quedaba nada de ese caballero noble y de nobles intenciones que estaba a la búsqueda de enriquecer a su patria y tener un nombre de gran fama entre sus semejantes, propios y extraños. No había ya pólvora en la que confiar para cazar un pequeño trozo de metal que abatiera a un pájaro o que asegurara una victoria contra un felino de gran tamaño. Nada quedaba de esa cantimplora ni de los bien cocinados víveres de principio de viaje. ya no había casco que cubriera del sofocante calor y la humedad infernal estaba destrozando poco a poco su mente haciéndole ver de vez en cuando cosas que quizás no estaban ahí, o que al menos él no desearía volver a ver nunca mas. Sus botas tampoco estaban como era lógico, perdidas en medio de un ataque de unos nativos salvajes que posteriormente le postraron ante los pies de aquel temible hombre de mirada sin par. En medio de danzas que él no comprendía le había gritado sus destino en una lengua que nunca había escuchado. En su fuero interno un mensaje se instaló dentro de él, Entre las retumbantes palabras de castigo de aquella entidad ´´humana´´ hubo cierto momento en el que pudo detectar, quizás en medio de delirios, como tregua a ese castigo para su cuerpo y espíritu, una pequeña nota de esperanza. Nada le sorprendería mas como lo que venía a continuación. Tomó sus manos y le dijo, cuando los delirios no podían ser soportados, algo que le hizo ver aquel momento como una ensoñación en momentos futuros:
-Has de encontrar en un largo camino al norte, pasando peligros inimaginables en los que dejes todas tus pertenencias por el camino, algo mas bello que el sol y mas valioso que todo el oro del mundo. Debes partir ahora mismo para poder llegar a tiempo de ver eso que te espera detrás de estos bosques y las montañas que siguen a esos bosques. Debes encontrarte con peligros, nunca los esquives ni retrocedas, aprenderás de esos peligros. Encontrarás lecciones en la brisa y en el rugido del viento, en el repiqueteo de la lluvia en las horas y sabrás que hacer cada vez que el silencio se haga en la selva, pero si este se prolonga mucho tiempo corre siguiendo la estrella polar. Corre, corre mas rápido que tus propios pensamientos hijo de la civilización sorda y muda y realiza todo esto que te digo hasta que el sol oscurezca en la noche que siga a otras tantas noches- Nada mas escuchar aquellas palabras en el idioma de la civilización y lo moderno, ese hombre que venía en busca de riquezas sencillamente se puso en pie y alabado por las multitudes de esa pequeña aldea dejada de la mano de Dios partió raudo y veloz, a una carrera feroz, llevado por fuerzas en las que nada podría explicar como esos pies se movían tan rápido, atravesó la espesura.
La carrera fue a través de aquel bosque y de las montañas, Se encontró con tribus temibles que comían a sus propios muertos y a los vivos también. Cruzó lagos llenos de sulfuro en cuya orilla había animales muertos. Temió por su propia vida tantas veces que no le llegarían ni los disparos de diez salvas de cien cañones para contarlos. Pero hizo caso al pie de la letra, no sabía el porqué de aquellas acciones tan descabelladas pero cuando la noche llegaba se tumbaba, cansado de correr y de caminar, nadar, trepar y cazar con sus propias manos y sencillamente escuchaba aquello que tuviera que escuchar. Escuchó tanto que ya distinguía si el mosquito era hembra o macho y por tanto si le iba a picar o no. Escuchó todos los sonidos de aquellas aves de brillantes colores que provocaron mas de una fantasía de querer hacerse un abrigo con sus plumas y mas tarde, desechando aquel pensamiento tan monstruoso, el de querer volar. Escuchó el siseo de la serpiente y el gruñir del puma así como su rugido a dos palmos de la cara. Escuchó el desgarrar de sus ropas cuando las zarpas de ese puma le arrancaron casi un costado entero. Escucho como la sangre salía a chorros de su interior y también escucho como la espesura le susurraba consejos de acerca de desinfectantes. Cayó. Muchas veces cayó para levantarse o ser levantado. Sus ojos siempre buscaban las estrellas en las que guiarse. Y a veces miraba esas estrellas sin pretensión de guía alguna, sencillamente soñaba. Como sería ver las estrellas mas de cerca. pensó en aquellos que en la moderna Europa observaban al cielo con los grandes telescopios. soñaba con ver esas estrellas de cerca e incluso tener dos guías estelares por si una se apagaba de pronto. Cuando el día llegaba se levantaba de golpe y comenzaba a correr o caminar, ya enloquecido por delirios y pesadillas. Desesperado llegó a caminar por el borde de un barranco casi enloquecido y entre risas histéricas. La locura se hizo con él hasta que apareció el último día de su travesía.
Tras atravesar miles de kilómetros de selva, bosque, montaña, lagos que se encontraban a alturas imposibles, estar en territorios aliados y enemigos pasando desapercibido como una sombra tuvo aquella señal que llegó a su mente una buena noche de intenso frío. Primeramente pensó que había sido un sueño mas, una ilusión producida por alguna planta tóxica que se comiera por error pero la belleza que había ahí plasmada era algo que no podría pertenecer a ese mundo. Aquel hombre de esa tribu cuyos ojos nunca olvidaría le dijo que cuando despertara encontraría aquel tesoro que tanto buscaba. Que el color que debía de buscar era el de los cielos y los mares. Aquel tesoro tenía algo del color de la tierra mas pura y fértil y como última nota aquel hombre de ancestral sabiduría dejó en su mente un sencilla frase.
-Cuando veas aquello a lo que te he guiado olvidarás mis ojos y todas tus pesadillas dejarán de existir.Nada mas se dijo y cuando despertó se dispuso a correr con todas sus fuerzas. travesó una llanura en la que crecían unas flores de brillantes colores, vio sombras que le acechaban por todas partes. Las ignoró. No le temía a nada, estaba totalmente enloquecido por aquella persecución en la que un sentimiento de desesperanza y otra de gran fuerza interior luchaban por hacerse con el control de su mente. Los pies se movían como llevados por el viento y las alas se desplegaron en el último momento ante el grito salvaje que surgió de sus labios, ronco ya que no había hablado con nadie desde aquella última vez en ese pueblo que ya le parecía mas lejano que su propio nacimiento. Voló rápido como una flecha, como un disparo de cañón. Voló con y como el viento, desesperado. Entonces todo un muro de espinas le atrapó. No se esperaba encontrarse tal impedimento aun pudiendo volar pero ya no existía el dolor ni la preservación física. Ya nada existía mas que el poder lograr ver aunque fuera por un solo instante eso que tan valioso era, mas que el oro que los diamantes que el platino que la misma armada británica al completo. Ver. Solo quería ver aquello aunque fuera una vez sola vez en la vida. las espinas comenzaron a desgarrar a momento los pocos harapos que tenía y ese muro parecía infinito. Las lágrimas luchaban por salir pero no les dejaría salir. Entonces la luz se hizo y logró llegar al otro lado de aquel castigo que se le hacía eterno a sus ojos. Se puso en pié y no pudo creer lo que tenía ante sí.
Su rostro en forma de corazón se volvió hacia el con la mas abierta curiosidad de quien ve una interesante pintura en uno de los múltiples museos de su ciudad natal. Se acercó con la cautela de un gato y a la vez con las ansias de hacer mas acciones que quizás sustentaran auxilio a ese pobre diablo que no podría levantarse en un buen rato. Su mente estaba agotada, débil, vulnerable. Totalmente entumecido por el frío se encontraba su cuerpo. Sencillamente miró sus ojos cuando estos se encontraron cerca, ignorando todo lo demás en el mundo. Ya no había mas mirada que aquella. Al susurro del viento llegó rápidamente el sonido de una risotada cristalina. Era Gaia que parecía divertirse con el castigo y a la vez con esa aventura sufrida por ese joven escritor que lo había dado todo por un tesoro mas valioso que el oro en el mundo entero. Y lo había encontrado sin duda. Apenas pudo limpiarse una mano sucia en la hierba verde y conducirla a esa delicada mejilla, palparla discretamente antes de deslizar sus dedos por esa piel morena besada por el fuego de una de las tierras mas bellas que se pudiera pisar con pies de humano. Le resultaba casi imposible aquello. Cuantas veces había pensado en mujeres bellas, cuantas veces había inventado a tales mujeres para recrear escenas de todo tipo. Cuantas veces había sentido fascinación por una mujer. Y ella le daba mil vueltas a todas. La inteligencia mas aguda brillaba en sus ojos, aquellos ojos. Dos estrellas faltaban esa noche en el cielo. Lo comprobaría en cuanto tuviera la oportunidad, pero de seguro en el firmamento faltaban las dos estrellas mas brillantes que pudieran contemplar los ojos del hombre. Contuvo la respiración mientras deslizaba los dedos por su mejilla y seguía inmerso en su mirada. Y esa sonrisa que surgió mas tarde. Creyó volverse ciego. No había duda de que era aquel el tesoro que buscaba desde hacía tanto tiempo. Y los sentimientos que afloraban en ese corazón resucitado no eran los clásicos ´´encaprichamiento´´ ni ´´amor´´. Iba mas allá. No necesitó señal alguna para saber que ella era mas valiosa que el oro y el diamante, el platino, la plata o el rubí.
Sus dedos delicadamente pasearon una vez por la rosa azul que esa criatura casi imposible de imaginar tenía prendida en el cabello de una forma perfecta. Volvieron a su rostro el cual quedó algo sucio por la tierra que había en sus dedos tras una travesía en la que nadie mas podría haber resistido de no ser por la mas fuerte convicción. Se quedó en silencio y poco a poco fue sonriendo. era imposible no sonreír ante su presencia. Era imposible no doblegarse ante el sonido de su voz o de su mirada, que no irradiaba el mal en ningún momento. Era imposible toda ella, debía de ser un delirio pero la estaba tocando. Con sus propios dedos. No era una pesadilla, el dolor que sentía era físico y no emocional, Ambos dolores fueron remitiendo. Le estaba invadiendo una sensación de felicidad que no era normal. Sencillamente miró sus ojos y dijo:
sábado, 18 de febrero de 2012
La recompensa
Bella noche aquella, en la que con parsimonia el tiempo pasaba de forma lenta, sin apenas dejar huella a su destructor avance. Con la mas absoluta quietud reposaba, contemplando la noche aciaga de esa tristeza incomparable por ser estación de muerte y peligro, una bestia de grandes dientes y pálido rostro. En sus ojos la melancolía mas absoluta y la necesidad de expresar en llantos y lamentos toda su desdicha. Únicamente el consuelo de la soledad estaba a su alcance, que le hería con garras de hielo su mas ínfimo fortín personal de resistencia ante los quehaceres de la vida y sus cambios. Un triste suspiro salió de sus labios manchados en sangre enemiga cuando un sonido bien conocido llegó a sus finos oídos. En medio de aquel absoluto silencio en el que ni los pájaros tenían fuerzas para cantar. Una gota de agua llorada por las nubes, ejércitos de nubes que se concentraban en lo alto del firmamento estrellado, invisible en ese momento ante aquella legión pluviosa. Al sonido de esa gota le siguió otro y prontamente se encontró aquel ser de amplios colmillos deseando tener algo con lo que resguardarse pues sus ensangrentados ropajes se estaban mojando. A sus pies, como fríos y mutados testigos de lo que había acontecido momentos antes, los cadáveres guardaban y mostraban a tiempos iguales aquello que había transformado en terror absoluto sus rostro horas antes fieramente deformados para intimidar. El riachuelo de agua roja que se fue deslizando a un manantial de aguas cristalinas era quizás aquel último ritual funerario que expresara el deshonor con el que esos valientes dieron la vida. Aquella criatura llena de tormentos a miles pensó en el motivo de tal matanza.
Pensó mucho sobre sus acciones, ante sus ojos todas ellas correctas. Debían morir, era la única opción por deshonrar el nombre mas bello que sus oídos jamás habían escuchado. Y no era el nombre de una de sus flores favoritas. Era el nombre de la Dulce Flor, de la Musa, de la Bella entre bellas. Dijeron cosas terribles y no debía de quedar así la cosa. Las sutilezas femeninas no le parecían correctas de llevar a cabo. Ese era momento para jugar a su juego favorito. Las batallas. Así es que llamó a todos aquellos que le eran leales y por tanto las primera en acudir fueron sus locuras. Siempre inquebrantables y volátiles en exceso. Abrazaron su cuerpo y le causaron mas de una herida antes de la batalla pero lo cierto es que una vez los objetivos quedaron entre ceja y ceja, nada las desvió de su camino para que los enemigos y los difamadores sufrieran una gran agonía. Eran locuras diestras en el arte de no contener los impulsos ni por un solo momento y a ellas se unió en aquel ataque contra los maleantes, contra los indignos de pronunciar su nombre. Le desquiciaba que dijeran su nombre aquellos que no lo merecían. Era un nombre demasiado bello, demasiado perfecto para que sus bocas llenas de pecado y blasfemias lo pronunciaran con tanta ligereza. La demencia se hizo con el en medio de aquel recuerdo y una risa maníaca se apoderó de sus labios de su mente, de aquella poca cordura que le quedaba. Innobles, innobles todos aquellos que dijeron su nombre maldiciendo su belleza y todo aquello que la hacía poseedora de grandes virtudes.
Entonces vinieron todas las invocaciones que su mente tenía dentro de si misma. Vinieron los ángeles mas bellos y los demonios mas horrendos y seductores que marcharon a los hogares de mujeres, esposas, hermanas, y seres queridos para sembrar caos y destrucción. La colina de aquel castillo se pobló de pesadillas de cuatro patas y de dos, incluso quizás de tres o de nueve piernas. El caballero serpiente y todos sus oscuros compañeros aprovecharon su permiso para ofender mas allá de las lineas enemigas y sembrar destrucción y muerte en forma de pestes y arrancamiento de ojos. Nadie cantaba mas que con gritos su propia desgracia y los bardos que estaban presentes en medio de aquella contiendo, esos bardos lamentables que sencillamente querían seducir, fornicar y dejar tirada a las damas de castas maneras también debieron caer. La criatura de rostro ensangrentado miró por un momento a uno de esos lascivos e indignos miserables. De una patada le arrancó su mísera cabeza. Contuvo el impulso de emprenderla a patadas con el resto de los cuerpos y pasó por encima de estos impulsado por la seductora brisa que esa noche olía a gloria y muerte, dolor y sufrimiento. Esas esencias le hicieron pensar en aquella vieja amiga pero el núcleo de todo aquel enfrentamiento era otra persona. La sonrisa de lobo nadie se la quitaba mientras se elevaba por los cielos y dejaba en el suelo la melancolía para volar alto. Hasta las puertas de ese castillo algo derruido pero en reconstrucción. En tanto que el viaje se realizaba no pudo evitar mirar al suelo y recordar aquella carga de caballería gloriosa con sus jinetes mejor preparados y el caballero Lobo a la cabeza de la carga, arrasando con todo y siendo flanqueado por los arqueros ingleses y élficos, cuya tregua era por la sencilla razón de terminar con los difamadores y los miserables. Había sido una excelente batalla en la que se habían abierto hueco a través de las defensas enemigas al grito de ´´Por Gaia y la Musa´´, Sencillamente una epopeya.
Llegó a esa entrada tan bien iluminada y decorada con cuadros de todos los grandes genios y artistas actuales y pasados, conocidos y desconocidos, productos de la imaginación y reales. Aquel cuadro de ella, con ese sencillo título honorífico que le daba la libertad mas absoluta en aquel mundo, no pudo evitar dirigir una sonrisa y una reverencia aun sabedor que ella dormía unos cuantos pisos mas arriba en la torre mas alta y bella, para que estuviera muy cerca de ese cielo del que había caído. Que bella estaba con su vestido confeccionado exclusivamente para ella por los mas habilidosos sastres de los bosques élficos. A ella le gustaban los elfos. A él le gustaban las elfas. Gustos en común. Las escaleras como siempre se le hicieron eternas y cuando recorría el iluminado pasillo en el que las flechas habían roto unos cuantos jarrones sin valor se encontró, frente a las puertas de oro con una figura inesperada. Los últimos metros los recorrió antes de quedar frente a esa entidad superior a muchas otras que había conocido y con las que se había relacionado. La procedencia de aquella figura era directamente de las capacidades creadoras de la Musa, que estaba al otro lado, reposando seguramente su cuerpo cansado e ignorante de todo aquello que se había desarrollado mientras ella descansaba. Con tranquilidad y sin temor que pudiera expresar su rostro siendo su interior otra cuestión a debatir se quitó lentamente la armadura, Aquel peto que se encontraba medio aboyado cayó al suelo produciendo un estrépito ensordecedor, permitiendo a las alas desplegarse mucho mas de lo que ya estaban, arrancando el amanecer brillos multicolor a sus alas. El silencio y la quietud se hizo. Sin mas ella miró sus labios y una sonrisa se hizo en su rostro. Esa sonrisa no denotaba nada bueno. Entonces se dio cuenta con la manga de la camisa se limpió los restos de sangre. Como agradecimiento, el sanguinario caballero le dio a la mortífera dama un anillo de diamantes que había encontrado en la mano de un conde al que había dado muerte. Un pago vacuo y banal pero sirvió de distracción como para que sutilmente se pudiera colar al interior de la habitación recitando el nombre de ella dos veces tras limpiarse las manos de sangre enemiga.
Penetró aquel ser atormentado por mil pensamientos oscuros olvidando de pronto todo el dolor que le afligía. la contempló tan bella como siempre, con esas sábanas incorruptibles cubrir su cuerpo, únicamente impregnadas en su delicado aroma, tan natural y bello, agradable y dulce, tentador y tranquilizante al mismo tiempo. Quiso aquel día el destino que de nuevo ese hombro quedara al descubierto y deshaciéndose silenciosamente de su armadura y quedando cubierto por ropajes oscuros de mas humilde campesino, agitando las alas se concentró en sus ojos, cerrados, que seguramente ahora contemplaban el mundo de los sueños. A tiempo estuvo el caballero de atrapar un pétalo de rosa que caía justo en ese momento sobre su rostro. Con delicadeza apartó uno de los mechones de su oscuro cabello y aquello fue mas que suficiente para que amaneciera de nuevo en su mundo. La lluvia cesó de pronto y nada mas pudo alegrar el el día. servirle de recompensa, que sus ojos, mas allá de cualquier batalla imaginada, mas allá de la locura máxima en la que sumirse cuando la soledad muerte el corazón. Miró sus ojos con intensidad y el corazón comenzó a bombear sangre a sus mejillas de una manera indescriptible. Con mimo, con la ternura de un protector a su protegida, cernió su ala sobre su cuerpo y la delicadeza de sus dedos empezó a acariciar como la brisa aquellas plumas destinadas tan solo a su cuerpo. No se dijeron nada, tan solo se miraban mutuamente de una forma tierna, destinada a paralizar el tiempo y todos los acontecimientos de la historia. En aquel momento eterno donde se hizo una paz absoluta en aquel mundo mientras sus ojos permanecían en contacto visual. Una rosa azul fue invocada por un solo pensamiento en sus manos delante de sus ojos y con esta acarició sus labios delicadamente.
-Buenos días dulce flor... -Acertó a decir el caballero ensangrentado y agotado por la batalla antes de quedarse dormido protegiendo al motivo de aquella guerra. La Musa. Lejos de ahí los cuervos y los bandidos daban buena cuenta del botín de los cadáveres, los necrófagos se daban el gran festín y las órdenes de no dejar un solo rastro de la batalla se repartían por doquier para que el paraje quedara impoluto cuando a ella se le antojara dar un paseo.
Y la recompensa a todo eso fue su mirada. Mas que justa y necesaria.
Pensó mucho sobre sus acciones, ante sus ojos todas ellas correctas. Debían morir, era la única opción por deshonrar el nombre mas bello que sus oídos jamás habían escuchado. Y no era el nombre de una de sus flores favoritas. Era el nombre de la Dulce Flor, de la Musa, de la Bella entre bellas. Dijeron cosas terribles y no debía de quedar así la cosa. Las sutilezas femeninas no le parecían correctas de llevar a cabo. Ese era momento para jugar a su juego favorito. Las batallas. Así es que llamó a todos aquellos que le eran leales y por tanto las primera en acudir fueron sus locuras. Siempre inquebrantables y volátiles en exceso. Abrazaron su cuerpo y le causaron mas de una herida antes de la batalla pero lo cierto es que una vez los objetivos quedaron entre ceja y ceja, nada las desvió de su camino para que los enemigos y los difamadores sufrieran una gran agonía. Eran locuras diestras en el arte de no contener los impulsos ni por un solo momento y a ellas se unió en aquel ataque contra los maleantes, contra los indignos de pronunciar su nombre. Le desquiciaba que dijeran su nombre aquellos que no lo merecían. Era un nombre demasiado bello, demasiado perfecto para que sus bocas llenas de pecado y blasfemias lo pronunciaran con tanta ligereza. La demencia se hizo con el en medio de aquel recuerdo y una risa maníaca se apoderó de sus labios de su mente, de aquella poca cordura que le quedaba. Innobles, innobles todos aquellos que dijeron su nombre maldiciendo su belleza y todo aquello que la hacía poseedora de grandes virtudes.
Entonces vinieron todas las invocaciones que su mente tenía dentro de si misma. Vinieron los ángeles mas bellos y los demonios mas horrendos y seductores que marcharon a los hogares de mujeres, esposas, hermanas, y seres queridos para sembrar caos y destrucción. La colina de aquel castillo se pobló de pesadillas de cuatro patas y de dos, incluso quizás de tres o de nueve piernas. El caballero serpiente y todos sus oscuros compañeros aprovecharon su permiso para ofender mas allá de las lineas enemigas y sembrar destrucción y muerte en forma de pestes y arrancamiento de ojos. Nadie cantaba mas que con gritos su propia desgracia y los bardos que estaban presentes en medio de aquella contiendo, esos bardos lamentables que sencillamente querían seducir, fornicar y dejar tirada a las damas de castas maneras también debieron caer. La criatura de rostro ensangrentado miró por un momento a uno de esos lascivos e indignos miserables. De una patada le arrancó su mísera cabeza. Contuvo el impulso de emprenderla a patadas con el resto de los cuerpos y pasó por encima de estos impulsado por la seductora brisa que esa noche olía a gloria y muerte, dolor y sufrimiento. Esas esencias le hicieron pensar en aquella vieja amiga pero el núcleo de todo aquel enfrentamiento era otra persona. La sonrisa de lobo nadie se la quitaba mientras se elevaba por los cielos y dejaba en el suelo la melancolía para volar alto. Hasta las puertas de ese castillo algo derruido pero en reconstrucción. En tanto que el viaje se realizaba no pudo evitar mirar al suelo y recordar aquella carga de caballería gloriosa con sus jinetes mejor preparados y el caballero Lobo a la cabeza de la carga, arrasando con todo y siendo flanqueado por los arqueros ingleses y élficos, cuya tregua era por la sencilla razón de terminar con los difamadores y los miserables. Había sido una excelente batalla en la que se habían abierto hueco a través de las defensas enemigas al grito de ´´Por Gaia y la Musa´´, Sencillamente una epopeya.
Llegó a esa entrada tan bien iluminada y decorada con cuadros de todos los grandes genios y artistas actuales y pasados, conocidos y desconocidos, productos de la imaginación y reales. Aquel cuadro de ella, con ese sencillo título honorífico que le daba la libertad mas absoluta en aquel mundo, no pudo evitar dirigir una sonrisa y una reverencia aun sabedor que ella dormía unos cuantos pisos mas arriba en la torre mas alta y bella, para que estuviera muy cerca de ese cielo del que había caído. Que bella estaba con su vestido confeccionado exclusivamente para ella por los mas habilidosos sastres de los bosques élficos. A ella le gustaban los elfos. A él le gustaban las elfas. Gustos en común. Las escaleras como siempre se le hicieron eternas y cuando recorría el iluminado pasillo en el que las flechas habían roto unos cuantos jarrones sin valor se encontró, frente a las puertas de oro con una figura inesperada. Los últimos metros los recorrió antes de quedar frente a esa entidad superior a muchas otras que había conocido y con las que se había relacionado. La procedencia de aquella figura era directamente de las capacidades creadoras de la Musa, que estaba al otro lado, reposando seguramente su cuerpo cansado e ignorante de todo aquello que se había desarrollado mientras ella descansaba. Con tranquilidad y sin temor que pudiera expresar su rostro siendo su interior otra cuestión a debatir se quitó lentamente la armadura, Aquel peto que se encontraba medio aboyado cayó al suelo produciendo un estrépito ensordecedor, permitiendo a las alas desplegarse mucho mas de lo que ya estaban, arrancando el amanecer brillos multicolor a sus alas. El silencio y la quietud se hizo. Sin mas ella miró sus labios y una sonrisa se hizo en su rostro. Esa sonrisa no denotaba nada bueno. Entonces se dio cuenta con la manga de la camisa se limpió los restos de sangre. Como agradecimiento, el sanguinario caballero le dio a la mortífera dama un anillo de diamantes que había encontrado en la mano de un conde al que había dado muerte. Un pago vacuo y banal pero sirvió de distracción como para que sutilmente se pudiera colar al interior de la habitación recitando el nombre de ella dos veces tras limpiarse las manos de sangre enemiga.
Penetró aquel ser atormentado por mil pensamientos oscuros olvidando de pronto todo el dolor que le afligía. la contempló tan bella como siempre, con esas sábanas incorruptibles cubrir su cuerpo, únicamente impregnadas en su delicado aroma, tan natural y bello, agradable y dulce, tentador y tranquilizante al mismo tiempo. Quiso aquel día el destino que de nuevo ese hombro quedara al descubierto y deshaciéndose silenciosamente de su armadura y quedando cubierto por ropajes oscuros de mas humilde campesino, agitando las alas se concentró en sus ojos, cerrados, que seguramente ahora contemplaban el mundo de los sueños. A tiempo estuvo el caballero de atrapar un pétalo de rosa que caía justo en ese momento sobre su rostro. Con delicadeza apartó uno de los mechones de su oscuro cabello y aquello fue mas que suficiente para que amaneciera de nuevo en su mundo. La lluvia cesó de pronto y nada mas pudo alegrar el el día. servirle de recompensa, que sus ojos, mas allá de cualquier batalla imaginada, mas allá de la locura máxima en la que sumirse cuando la soledad muerte el corazón. Miró sus ojos con intensidad y el corazón comenzó a bombear sangre a sus mejillas de una manera indescriptible. Con mimo, con la ternura de un protector a su protegida, cernió su ala sobre su cuerpo y la delicadeza de sus dedos empezó a acariciar como la brisa aquellas plumas destinadas tan solo a su cuerpo. No se dijeron nada, tan solo se miraban mutuamente de una forma tierna, destinada a paralizar el tiempo y todos los acontecimientos de la historia. En aquel momento eterno donde se hizo una paz absoluta en aquel mundo mientras sus ojos permanecían en contacto visual. Una rosa azul fue invocada por un solo pensamiento en sus manos delante de sus ojos y con esta acarició sus labios delicadamente.
-Buenos días dulce flor... -Acertó a decir el caballero ensangrentado y agotado por la batalla antes de quedarse dormido protegiendo al motivo de aquella guerra. La Musa. Lejos de ahí los cuervos y los bandidos daban buena cuenta del botín de los cadáveres, los necrófagos se daban el gran festín y las órdenes de no dejar un solo rastro de la batalla se repartían por doquier para que el paraje quedara impoluto cuando a ella se le antojara dar un paseo.
Y la recompensa a todo eso fue su mirada. Mas que justa y necesaria.
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