sábado, 9 de febrero de 2013

El escritor y la Musa



El vestido dejaba tras de sí un susurro de secreta alta factura, desolando la oscuridad y llenando el ambiente de luz. A su paso se sucedían las estatuas de grandes guerreros y hombres así como de elfos, duendes, hadas, ninfas, las musas de tantos escritores que han visto tanto en su realidad como en la realidad de otros una fuente de inspiración única. Los tonos azulados dejaban a su paso no solo el cálido y misterioso "frufrú" sino también una representación de un cielo que parecía en su ocaso, rozando ya la hora final, como si se tratara del último rayo de sol del día que dejara paso a la oscura y aterciopelada noche. Aquel lugar, bien conocido por la dama de gran belleza, era contradictoriamente nuevo, siempre tenía un detalle que añadir, que descubrir, que contemplar y del que maravillarse. Los pasos de sus zapatos eran los que se hacía escuchar por el lugar. No era un paso airado o furioso, sino tranquilo, quizás algo nervioso ante todo aquello que prometía la noche, Esa dama sonreía con calidez, haciendo a las estrellas volverse para mirar a su hermana perdida durante tantos años. La luna también la contemplaba, dejando a su paso el recelo de la que envidia a alguien mas bella que ella misma. Y aun así, en sus zapatos se veían piedras de luna, que eran regalo de la misma mujer pálida que contemplaba el pasar de los siglos entre las estrellas, sus queridas estrellas a las que tanto cuidaba.

Flanqueado por varias estatuas de escritores, por árboles vivos, en toda su plenitud de vida, por el brillo que se colaba en los cristales del techo, le esperaba el último tramo de aquel largo pasillo. A donde mirara podía ver rostros famosos de su mundo y de otros muchos. Un humilde monje de piedra miraba a los cielos en busca de esa respuesta sobre el origen del universo o un gigantesco lobo miraba con lo que pareciera ternura a una bella dama que le ofrecía lo que se asemejaba a un dulce. También había retratos de bellas mujeres que poseían cierto aire de maligna y consciente seguridad y al mismo tiempo atrayente como la luz para las polillas. Por allí lo que parecía un trono y al lado, retratado, aquel hombre que se sentaba en este con una voluptuosa criatura que emanaba tentación sentada en sus piernas, esmerándose en captar la atención del ser oscuro que se sentaba en el mencionado asiento. Sentada entre joyas como una reina, tumbada y cubriendo su desnudez por estas, una mujer de piel muy pálida era envuelta por los brazos de hombre de mirada salvaje que dejaba clara sus intenciones de intimidad para con aquella que resultara su acompañante.. Allí donde la luz de la luna que se filtraba por los rosetones del techo no llegaba, las sombras se hacían presentes siempre y cuando algún candelabro no desterrara la oscuridad a otro tiempo y lugar. En el mas colorido de los tapices se podía apreciar a dos amentes mirándose a los ojos, no existiendo nada mas que esos ojos que se miraban mutuamente, congelados en el tiempo y el espacio

La dama identificaba cada escena, cada pareja, cada detalle con todo aquello que alguna vez había sido y nunca dejaría de ser ni en su propia mente ni en el corazón de aquel que había creado todo lo que sus  ojos contemplaban. Los lánguidos pétalos de una flor azul caían a su paso como si quisieran superponer una segunda alfombra ante la que ya se encontraba presente, de un color rojo especial en extremo a los ojos del anfitrión. Todo ello sostenido por un suelo de mármol blanco como la sonrisa de aquella mujer que en su cuello portaba joyas que no necesitaba, ese mensaje físico de todo lo que pretendía expresar un corazón que la tenía como invitada siempre, cada día. Había tanto que explicar dentro y fuera de aquel lugar que tan bella historia entre dos personas nunca se llevarían a cabo a no ser que la eternidad amparara a quien la describiera. Las luces de las estrellas parecían vislumbrarse mucho mas brillantes, mas cercanas.Y así era, pues querían contemplarla a ella, a la que hoy celebraba su día de nacimiento. Se mostraban expectantes todas ellas, atentas a cada esto, cada respiración de aquella mujer de cabello oscuro que parecía seda elaborada del mismo manto de la noche y brillante, con luz propia.

Al final de aquel largo corredor se encontraban dos grandes puertas en las que se podía dar toda cuenta de actos heroicos y escenas no tan llamativas tales que una recogida de la cosecha o la creación de otra vida, saliendo del seno de una laguna de aspecto tranquilo, hecha del azul de lo que pareciera un zafiro. Pequeñas líneas de plata que se esparcían desde los bordes hasta la parte mas alta de la puerta parecían confluir como caminos hasta formar la raíces y el tallo de una rosa de color azulado que sorprendentemente se dejaba acariciar los pétalos por una brisa de origen desconocido, como una mano que delicadamente delinea los rasgos del rostro de un amante. Y ahí la rosa rompía en dos una inscripción que ocupaba todo el marco de la gran puerta: scriptoris in amore faciam vos vivamus per aeternum. Las figuras que se mostraban en la puerta comenzaron entonces a moverse, como dejando tras de sí a la mujer, dirigiéndose al fondo de aquel marco tan bellamente cincelado y haciendo una especie de gran fuerza. No había gesto de esfuerzo en sus rasgos sino que parecían hacer aquello diariamente. Y las puertas comenzaron a abrirse poco a poco para dar pasó al salón de baile en el que se celebraría la fiesta,

La gran sala ya se encontraba llena de gente qye la recibió con alegría por su amistad y con admiración por su belleza. Sus ojos reflejaban aquella luz de la felicidad que parecía dispuesta a no extinguirse nunca. Los buenos amigos se encontraban en aquel lugar y los fue saludando uno a uno. Aquel lugar, con sus amigos, se  antojaba perfecto. Extrañamente perfecto pues a la soledad solo rota por un elfa o una dama de locura y encanto sin igual, se unían sus amigos. Al tiempo que todo esto pasaba la música comenzaba a sonar y las personas se fueron apartando poco a poco sin perder la sonrisa para formar un pasillo hasta el centro de la pista de baile donde un hombre la esperaba. Solitario y de gesto grave, toda expresión de seriedad se fue cuando la vio aparecer. Con pasos tranquilos ella comenzó a caminar hasta el centro de la pista mientras la música sonaba. La sonrisa no se perdía en su rostro en momento alguno y el caballero hizo una profunda reverencia que la dama correspondió de forma cortés. Seguidamente el sonrojo de ambos se hizo notable y se abrazaron, encontrándose al fin la una en los brazos del otro. Las cristaleras llegaban hasta lo alto reflejando la gran altura en la que se encontraban, en medio de un monte que por donde se mirase daba una vista perfecta de los cielos.Y abajo las nubes hacían una alfombra blanca y pura en inocencia y belleza. La Luna los seguía observando y a ella se unieron los demás planetas que querían asistir como dioses e invitados de honor a aquel encuentro.

Él la sostuvo por su cintura mientras se posicionaban y con fluidez comenzaron los primeros compases de un vals durante el cual ambos se miraban a los ojos, Las sonrisas no se borraban y dejaban tras de si una de las grandes sensaciones que pueda recibir el ser humano dentro de su corazón y de su alma. Aquel hombre estaba exultante de felicidad por aquello que creía imposible de conseguir algún día. Que ella, motivo de cada, suspiro, cada pensamiento y cada verso estuviera entre sus brazos al fin, rodeada de amigos a los que había invitado de buena gana para hacer mas perfecta aquella velada. Ante los ojos de la mujer que tenía el afecto de las mismas estrellas, de los animales, mares, ríos y montañas las cuales habían sido creadas para albergar miles de historias que contar en un pasado y futuro próximos, sobre como dos almas se buscan, se unen y se envuelven la una a la otra con sábanas o abrazos llenos de calidez, ternura, afecto, deseo, pasión. Y ahí estaba ahora ella, entre los brazos de un hombre, de un ser humano que era mas feliz que nunca, que  se encontraba vestido en tela de un traje negro y caballeresco que resaltaba todo aquello que él tuviera ante los ojos de ella. La música los conducía por los recuerdos del pasado y los planes de futuro. Todo esto aderezado con una mirada del hombre que mostraba esa esencia que destacó en sus ojos la primera vez que vio aquellos ojos capaces de tantas cosas dentro de su alma

Con paso lento bailaban canciones que para ellos fueran importantes, dejando atrás todo lo demás, concentrándose en sus ojos, ignorando amistades , reinas y emperadores presentes. Por toda la sala la música iba llenando los corazones de un sentimiento de felicidad, de ternura. Los excelentes músicos dejaban que sus manos tocaran solas, algunos maravillados consigo mismos de lo bello que era el sonido que dejaban salir. Pero nada mas existía: ni las guirnaldas de plata o las estatuas de ninfas, la fuente de chocolate custodiada por una encantador guardiana, ni las joyas o las bellas facciones de algunas invitadas, ni la ausencia de dolor o el exceso de hilaridad. No había miedo o preocupación. Solo esos dos ojos que para el escritor de historias a veces ocupaban la totalidad de sus sueños, tanto cuando estaba dormido como cuando estaba despierto. En medio de aquel momento tan especial, el corazón del escritor juzgo entonces que era el momento de hablar pues mayor perfección no se podía alcanzar. 

-Feliz cumpleaños Musa de mi inspiración. No se que mas decir aparte de gracias por cada día en el que la vida me permite compartir pequeños y grandes momentos llenos de lecciones y de sonrisas, de lágrimas que nos fortalecen y de risas que nos regocijen el alma. Esto es lo que te puedo regalar, historias humildes salidas de mi corazón, versos en la noche que no sean escritos para que solo tu seas la receptora de aquellos anhelos encriptados que tu creas dentro de mi ser. Te puedo dar mi cuerpo, mi alma, mi pensamiento y corazón aunque todo eso ya lo tienes y tengo la seguridad de que harás un gran bien de todo ello. Gracias a ti sonrío cada día y en mis momento de tristeza pienso en tu mirada y sonrisa para seguir luchando, extrayendo fuerzas del sondo de tu voz, de la inmortalidad de tu sonrisa que cuando desaparece, anochece en mi mundo y la tormenta se extiende. Te debo mil cosas que nunca podré pagarte y espero algún día igualar en actos todas las buenas acciones que me han hecho sentir tal cual soy ahora mismo contigo entre mis brazos, Tu has roto mi máscara de piedra.-Aquel hombre se quedó callado ante un pensamiento. Y entonces dijo, envolviéndola en dos alas de ópalo negro y acercándose a su oído- Puedo darte la inmortalidad... 

...Porque si un escritor se enamora de ti vivirás para siempre. 



jueves, 17 de enero de 2013

Pasión soñada.


Me levanté con ganas de la arquitectura divina de tu cuerpo, de la sensación de tu piel contra mi piel y de tus ojos tan brillantes mirando mis ojos llenos de todo tipo de emociones. Y me puse hasta nervioso pensando en ese cuerpo de diosa contra el mio, muy muy nervioso. Te deseo a mi lado, piel contra piel y aliento contra aliento, dejar salir los animales interiores de cada uno y conquistarnos de mil formas centímetro a centímetro de piel. Tengo sed de esos bellos labios que son dulces como la miel a mis ojos y en mis sueños deseo saborear por una eternidad. Si supieras todo lo que imaginé por unos minutos, dejando de lado la timidez y los nervios, como avanzaba por tu piel y me alimentaba de tu placer, emanando del centro de tu cuerpo entre los acordes de un concierto que dabas con tu voz rota entre las mas intensas emociones de casi lujuria. 

No creo que pueda llegar a igualar a las manos que yo poseía en esos sueños, avanzando sin peligro ni temor hasta puntos donde pueda llevarte hasta el cielo, donde pueda rendir tu voluntad y rendirme yo a tus deseos. Mis labios recorrer la curva presentada por tu cuello y que finalice en un pequeño mordisco en tu clavícula, para seguidamente volver a ascender y suplicar casi entre pequeños y sutiles gemidos o jadeos que te deseo entre mis brazos desde hace demasiado tiempo como para dejar correr esa oportunidad en la que ser uno solo. Y mis dedos explorando cada uno de esos rincones secretos que nuestras ropas acostumbran a cubrir y que cubrirían las sábanas o el pudor de tus manos entre nerviosas palabras de placer. Y de tantas ganas que tengo de ti me precipitaría sin duda contra tus labios de nuevo para poderte susurrar después contra estos aquello que tengo ganas de hacerte, de como la entrega de los cuerpos es totalmente prioritaria en ese mismo momento. Tus ojos me esclavizaban y a continuación estos se cerraban por mis artes amatorias, como si nada se pudiera sostener un tiempo determinado ni necesario para someter al otro. 

Tus ojos se mostraban inocentes, faltos de culpa o pecado que confesar, después eran dos ascuas encendidas, prendidas por el deseo de tener la esencia de otra persona estallando junto a ti. Y aquella persona era yo, ese caballero que entre sus alas te cobija para prodigarte los sentimientos y las sensaciones mas naturales del placer. A todo pienso recurrir para que te sientas cobijada, seducida, excitada, perteneciente por completo a esa situación que viven las pieles al rozarse, los alientos al bailar, las miradas al encontrarse y las lenguas acariciándose a deseándose encontrar en tanto que una de ellas explora las profundidades de un bella y lúbrica intimidad, extrayendo aquel tesoro, alimentando el motor de la pasión y el deseo que ahora mismo se encuentra al rojo vivo, deseando consumir toda la energía de ambos y quedar exhaustos en la cama, mirándonos a los ojos, desvelando lo que corre por las venas a través de dos miradas prendidas en sed de mucho mas tras una serie de interminables explosiones. Mis manos se muestran ingeniosos pinceles que dibujan en tu cuerpo las figuras, las historias, las formas de tus curvas que a veces me envuelven y atrapan hasta lo indecible. Esas curvas que cuando se mueven me enloquecen, me vuelvo sordo y ciego de resto del mundo, colo oigo el matiz sensual de tu voz y veo el contoneo de esas caderas, me sonrojo por tus senos pegados mi pecho y me estremezco con tus caricias en mi rostro.


sábado, 5 de enero de 2013

El guardián fiel.

La luna traspasaba aquellos cristales azules en forma de una rosa azul que dejaba brillar todo el interior de esa curiosa habitación con una luz que invitaba a la tranquilidad. Los libros de poesía, cuentos, historia, descansaban sobre las estanterías y no lejos de ahí se encontraban unas cuantas joyas a medio hacer esperando a ser robadas por una ágiles manos capaces también de provocar las mas delirantes sensaciones en todo cuanto hombre se depositaban. Seguramente algún brillante de todo el total faltara en aquella mesa de trabajo de orfebrería. Los vientos soplaban y las sombras se convertían en refugio de todo tipo de oscuras criaturas en las que dar un poco de confianza podría convertirse en la peor de las pesadillas o el mas bello de los sueños. No había rincón de aquella habitación que no estuviera impregnada en algún rastro de personalidad mágica y atrayente, como el rasgo de un rostro que lo hace único sin necesidad de ser una cícatriz o una mancha. La luz de una lámpara de bellos cristales se encontraba apagada. 

En la chimenea crepitaba las llamas danzantes, como los pasos de baile aprendidos de la pasional danza entre Terpsícore y algún afortunado acompañante en sus paseos llenos de expresión y vida. Por aquí y por allá se podía percibir un leve olor de vida salvaje, alguna marca de zarpas en el suelo o cerca de las paredes. Mas allá, como si esperaran pacientemente, los dulces derramados en una bolsa, dulces como los ojos de la dueña a la que pertenecían, alegre y a veces depresiva pero sin duda capaz de conquistar el corazón mas duro. Lejos de todo aquello, en un solitario jarrón, descansaba una rosa gris plenamente abierta de pétalos. Un curioso contraste para las armas cuyas formas causaban fascinación y temor por igual, hacían desear usarlas y al mismo tiempo respetar su quizás centenaria estancia en aquel lugar sin tiempo y sin espacio definido, un refugio vacío y a la vez lleno de mil experiencias y pensamientos, emociones y sentimientos. Una leve neblina de ternura se mezclaba con un deseo palpitante de lujuria incontenible. Sin duda un extraño lugar, lleno de lágrimas y al mismo tiempo de mucha diversión y alegría. 

Dormida en una cama e iluminaba por aquellos rayos de la luna, uno de los seres mas bellos de la creación dormía placenteramente. Su respiración se acompasaba casi al ralentizado tic tac de un reloj que midiera el pasar del tiempo inexistente en ese lugar. Su respiración era sumamente silenciosa, no alterando en nada a los vientos o las llamas de alguna que otra vela puesta a su alrededor acompañando a la flagrante chimenea. Los labios de ella, cerrados a cal y canto, al igual que el resto de su rostro, era un bello detalle para una expresión de paz profunda, tanto interior como exterior. Todo lo que la rodeaba se circunscribía a las pequeñas y delicadas caídas de pétalos que se producían a su alrededor. No había ventanal en aquel lugar que no dejara pasa un rayo que luz que besara aquel rostro maravillosamente armonizado con la naturaleza y el arte de los hombres y los dioses. La imaginación del que contemplara esos finos rasgos lo llevaría hasta los as profundo de un bosque o a lo mas alto de una montaña. Quien viera ese rostro juraría protegerlo por siempre, hacer sonreír a ese rostro sería la máxima de las recompensas dadas por esa criatura de los cielos. No era necesario en ese momento nada mas que pudiera ser de ayuda a ese rostro para tranquilizarse. Todo era equilibrado y claro, transparente y a un mismo tiempo lleno de mil detalles que explorar o tener en cuenta para entrar en sintonía con el lugar. 

Las formas de su cuerpo se adivinaban suaves y tentadoras, también proporcionadas en exceso. En exceso de perfección. Las caderas, la cintura, los hombros perfectamente alineados. las piernas perfectamente rectas y dispuestas a ponerse a bailar en cualquier momento. Cada uno de los dedos mostraba unas uñas limpias e impecables que si bien podrían ser usadas en los arrebatos de pasión o en defensa propia ante algún atacante. Su cuerpo estaba envuelto en la gracia de una suave tela que usaba para dormir y dejar cubierta toda la intimidad que muchos deseaban mancillar de alguna forma. De todas formas nadie la podría mancillar en aquel lugar, porque en ese mismo lugar ella era la adoración de quien la cobijaba entre sus alas cada vez que la tristeza acudía a su corazón o a su rostro, ahora tranquilamente dormido. Toda la fuerza de un gran sentimiento la cubría ante el mal del mundo y ella podría dormir siempre tranquila en aquella habitación sin espacio y sin tiempo definido, donde mil años podrían pasar y parecer un segundo y viceversa. Los vientos que soplaban ahí fuera no la enfriarían, le darían la fuerza necesaria para que pudiera ser mas resistente ante los temporales que la aguardaban. Aquellos vientos creaban un ojo del huracán que era en sí la calma de lo que producía en la conciencia de ese ser atormentado por miles de problemas hasta que ella llegaba con su sonrisa y todo se tranquilizada. Pudiera decirse, para mayor precisión, que el rincón en calma donde dormitaba la dama era el único remanso de paz en la conciencia de quien ahora la protegía desde la distancia, observándola entre las sombras aun sabedor del destino fatídico que supone estar en estas. 

Su vigilante se acercó con tranquilidad pasando cerca de la puerta de acceso a ese lugar, la cual de pronto se abrió y apareció ante él una criatura de dulce mirada llena de alegría y sonrojo al contemplar las brillantes alas del caballero. Pareciera que se quedó helada y seguidamente el caballero hizo un innecesario gesto de que guardara silencio, otro señalando a la dama durmiente y seguidamente una pregunta de que requería de esa habitación. Con total sonrojo, la bella dama que se mostraba nerviosa en exceso señaló los dulces antes descrito s en la mesa. Sin mediar mas palabras el buen guardían se acercó a la mesa y tomó los dulces entregándoselos a la pequeña dama que se comió uno y salió corriendo atravesando al momento el dintel de la muerta y desapareciendo en la curva del pasillo. Con un leve suspiro de alivio al observar que aquella dama durmiente no se despertó ni se removía lo mas mínimo o alteraba su respiración en algo, se siguió acercando hasta que se produjo la siguiente interrupción. Aun a pesar de ser tn solo la segunda le pareció algo irritable cuanto mas que se le molestara en medio de sus labores. Aunque todo se solventó tras haber recibido una lenta y pausada caricia por su pecho, un beso en el cuello y una mirada acompañadas de una sutil sonrisa que dejo turbadoras sensaciones a su paso. Una vez recuperado de ello y aparecido un amante para esa tentadora criatura, se acercó a la dama que llenaba muchas veces su pensamiento y tomó una rosa azul. 

Paseó la rosa por su rostro unos instantes antes de que este hiciera un leve gesto. El amanecer ya llegaba a esos lares y pronto se haría de día. Acostado a su lado, estuvo contemplando su rostro con detenimiento, aprendiendo cada rasgo de su rostro, como le gustaba hacer de forma continua, con una sonrisa en los labios y luchando contra la deliciosa tentación de despertarla con un beso y susurrarle tantas cosas desde el fondo de su corazón. Aquellos labios eran una auténtica llamada de "abrígame caballero" combinada con un "respétame y serás libre". Esta última frase se debía a que todos aquellos que besaran esos labios serían esclavos de estos en caso de hacerlo sin su permiso y rogarían de forma constante por otro beso. Sus ojos se posaron entonces en los ojos cerrados de ella. La luna ya no estaba alumbrando y los primeros rayos del día impactaron en su rostro. La luminosidad de su piel, tan suave y natural, cálida y acogedora en el calor que desprendía se fue haciendo cada vez mas evidente. El nuevo día obsequió a todos con una calma total y repentina en el exterior, sin viento alguno que aullara con furia. 

Poco a poco ella fue dando señales de estar despertando y los ojos de esa mujer, de esa dama, de esa Musa, se abrieron lentamente. Entonces el mundo pareció irradiar mucha mas luz de la que ya era dada por un sol benevolente. Los labios de aquel guardíán se fueron curvando poco a poco y de nuevo paseó la rosa por su mejilla, susurrando en su oído un tierno "buenos días Musa de mi inspiración" para acto seguido besar suavemente su mejilla. Una sonrisa de ella era lo mas bello que podían contemplar sus ojos y por un momento el brillo de esos dientes iluminó el mundo entero. Dejando la rosa sobre el pecho de ella unos dedos fríos y pálidos acariciaron su mejilla con infinita ternura a la vez que los ojos mostraban claramente el sobrecogimiento que experimentaba su corazón, todo su ser por entero al apreciar ese terciopelo que recubría aquella alma luminosa y grácil como el vuelo de una mariposa. Sin mas se acercó a sus labios y los besó con delicadeza, apenas rozándolos mientras dos mantos de mil colores los rodeaba y les daba intimidad en aquel lecho plagado de pétalos azules. 


martes, 1 de enero de 2013

Manu y Elvira

Son dos grandes personas a las que le tengo el mayor de los aprecios como pocas veces he sentido por alguien ajeno a mi familia. Son tan dispares pero al mismo tiempo se parecen en todo y en nada, como si juntáramos agua y aceite pero por obra y gracia de Dios o de quien sea, decidieran juntarse un poco y la mezcla es exquisita y deliciosa, o al menos produce unas ganas incontenibles de reír mientras uno abre su alma y corazón para acogerlos en su interior. Lo cierto es que ellos solos se meten dentro casi tocando el alma, seguramente sin darse cuenta y sin darme cuenta yo pero se agradece como pocas veces he agradecido semejante invasión a mi mundo interior.

Son, como ya dije, unas grandes personas a las que confiaría mi propia vida, pues han demostrado poder sobrepasar cualquier barrera impuesta por la vida e incluso mediante el cariño que demuestran a su manera, de una forma mas o menos transparente, han sido capaces cada uno por su lado de llegar a ser las personas que son hoy en día. La fuerza y el valor que han demostrado a través de sus actos frente a mi persona es algo que desde luego se merece mas de un capítulo en una historia aparte. Tienen una mente brillante, de gran capacidad de decisión cuyo resultado siempre es el correcto a pesar de los sacrificios que tengan que hacer y no menciono la facilidad con la que me hacen reír o decirles alguna "asquerosidad" que me suponga un "que asqueroso eres" por parte de la bella Elvira.

Elvira tiene ese rasgo tan típico y al mismo tiempo único como es el de ser una borde y mas seca a veces que una raspa de bacalao. La conocí en el discurso que yo había dado en fin de curso junto a ella.Sin embargo, ella dio otro discurso menos exitoso pero a fin de cuentas cargado de mil señales sobre su situación en ese momento que muy poca gente (no me incluyo) supo ver. Mas tarde comprendería toda la historia y eso me hizo admirarla mas ya que en ningún momento ha mostrado el mas leve signo de debilidad. He de decir que estaba muy guapa ese día y pude comprobar con el paso de los meses del curso siguiente que era una persona digna de admirar aun mas por la preocupación que demostraba hacia los demás a pesar de la cara impasible y el gesto seco. Mas tiempo pasaba y mas la iba conociendo hasta que llego a las conclusiones que siguen. Es una dama fuerte, transparente y fiel, que no se calla las cosas, buena persona y mejor amiga. Nunca pretenderá causar mal alguno de una forma voluntaria. Puede decirse que es toda una guerrera que nunca va a desfallecer, que se sacrificará por los demás si es necesario sin importar lo que haya que dejar atrás. Una mujer como dios manda que hasta en ese andar decidido se le ve, que aun a pesar de lo que se pueda ver en un primer momento tiene dentro de sí una sensibilidad inimitable siquiera por los grandes poetas del romanticismo. Carece de ignorancia y está sobrada en conocimientos con los cuales sobrellevar una conversación decente y fluida. Aunque a veces sea de palabra escueta, el tiempo que pueda dedicar a contarle los problemas está bien invertido porque hará alguna observación o compartirá contigo algún genial comentario que te haga ver las cosas desde una perspectiva mas liviana. Ya no hablemos de sus gestos repentinos como aquel abrazo por la espalda durante una época de gran crisis que tuve. Aunque no lo parezca en un primer momento es adorable, cariñosa, encantadora, sincera. simpática y la estima que le tengo nunca cambiará para menos, sino que irá a mucho mas.

Manu es opuesto y al mismo tiempo parecido en exceso. Le puedes agitar la cabeza como si fuera una coctelera, dar toques en la mejilla y seguramente hasta clavarle un bolígrafo en la mano que él se mantendrá inmutable. Siempre parece reflexivo, sumido en un silencio constante hasta que de pronto abre la boca y la risa está asegurada. Seguidamente puede pasar de nuevo al silencio o a un frenesí de locura que asegura reír y reír. Pero ello no lo convierte en un payaso y la profundidad de su mundo interior es mayor que la de muchos antihéroes de novela. Las experiencias que ha vivido, al igual que las de Elvira, le han dejado grandes lecciones de vida, las cuales aprovecha y seguramente recuerda cada día para demostrar ser una persona que a pesar de las circunstancias se muestra justo y equitativo. Aunque en un principio parezca que todo se lo tome a broma, él siempre tendrá argumentos de gran madurez para con aquellos a los que estima entre los cuales creo encontrarme. Un ejemplo de ello es cuando en pleno momento de bajón me dijo tomándome del brazo y mirándome a los ojos"Ey, nunca vuelvas a hablar así de ti, porque eres una gran persona". Eso fue algo que nunca olvidaré junto al reciente interrogatorio para rastrear a un tipo que me amargó la vida hace tiempo y seguramente no decirle cosas agradables. Tiene sus defectos, claro que tiene sus defectos pero sin embargo él me ha ayudado mucho en tiempos de crisis interior y es de las personas que no pueden alegrarme mas el día de solo verle aparecer entrar con esa cara de "fua, otro día mas" en el Amarante, en clara contraposición con Elvira. No tiene esa nobleza de tonto de pueblo sino la nobleza de  un caballero que se me presentó con un apretón de manos y dijo un sencillo "Manu" que no era ni por asomo un átomo de todo lo que nos esperaba. Su creatividad, junto a la de Elvira, es uno de los mayores dones que he visto usar libremente, sin temor, com plena conciencia de lo que se hace a la hora de dejar trazos y mas trazos en el papel.

Separados con unos amigos increíbles pero juntos dejan todo lo que yo haya vivido por los suelos en cuanto a impacto en mi vida. A falta de una palabra mejor, me siento feliz, exultante, relajado. Siempre que alguien entra en ese lugar de risas y buen rollo miro para ver si es una bella dama o una noble montaña. Ellos son verdaderamente lo que podría llamarse mis mejores amigos a día de hoy, por encima de gente con la que llevo años hablando. han dejado en mi recuerdos maravillosos y los que quedan por vivir.

A ellos dedico la primera entrada del año, por el profundo impacto que han tenido en mi vida mañanera y nocturna. Son la belleza y la inteligencia por igual. Belleza tanto exterior como interior, dos mundos que se complementan de una forma maravillosa, una forma de ser que ha inspirado estas líneas y con las que pretendo hacer entender al mundo que mis amigos Manuel y Elvira son los mejores amigos que pueda nadie tener en el mundo.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Vuelo corto de felicidad.

Vuela alto dejando un glorioso haz
siente el calor del buen sol
y mueve la alas al mismo son
sonríe ante la calma,  la paz


En una mirada transparente

mostrando una vida, un sentido
bueno y semper perenne
como el soldado que es aguerrido


Lo sustenta la cálida brisa

También fresca por su juventud
Alegre como su alta risa
El recuerdo de ella le da plenitud



martes, 25 de diciembre de 2012

Carta a la Musa V


Bella Musa de mi inspiración:

Mis labios susurran de vez en cuando tu nombre para afianzar mi cordura. Esto es en sí una locura, lo se, pero es la única forma en medio de todo este frío de evocar la idea del calor que llegue con la suficiente fuerza como para poder seguir adelante. No paro de pensar en ti para tener un objetivo por el que luchar, un indicio de algo bueno que me ayude a seguir adelante. La imagen de tu sonrisa me devuelve la esperanza y me ayuda a tener una fe casi inquebrantable, que echa fuera de mi corazón a la desesperanza y las tristezas de los malos resultados. Te preguntarás porque no pienso en cosas mas cercanas, en gente que puedo tocar y cosas similares. Eso tiene una sencilla respuesta.

Porque yo te quiero. Porque sonrío al pensar en tus ojos mostrándome un mundo tierno, delicado, dulce, salvaje, seductor. Porque no puedo evitar preguntarme que se sentirá al rozar tu piel, sentir tu aliento o acariciar tu rostro cuando la luna sale a dar su paseo por los cielos. Por tonto que parezca me mata la curiosidad de querer saber como es el sabor de tus labios, morderlos y darles muchos mimos mañaneros. Quiero sentir el vaivén de esas caderas en medio de tus bailes llenos de sensualidad y pasión, de amor por la danza o buscando la evasión total. Quiero saber y saborear todo de ti, Exaltar nuestros ánimos juntos, donde la pasión funda incluso los metales mas resistentes al calor de los amantes. Me estremezco de la idea de poder acariciar ese cabello y girar contigo en algún momento para sentir todas tus formas sobre mi piel, deleitando a mis manos en caricias, a mis labios con besos, a mis oídos con susurros.

Quiero que tu sonrisa muera solamente cuando mis labios se amolden a los tuyos en el mas dulce y entregado de los besos, que nos haga olvidar toda la tristeza que rodea y cubre al mundo. Creo que será lo mas delicioso que haya saboreado en mi vida y no querré separarme de esos labios dulces, que cuando sean catados por mi propia alma me hagan soñar despierto, sentir que alcancé el punto mas alto de mi vida. No habría nada que me diera miedo si en cada mañana fueran tus labios mi desayuno y tu cuerpo el altar de una misa blanca, pura, con una santidad que residiera en la blancura de tu sonrisa al mirarnos a los ojos, esos ojos que echo tanto de menos. Tanto que te echo de menos que el otro día te vi.

Estaba yo en medio de mis pensamientos cuando de pronto veo a un lado y ahí estabas tu. Te acercabas, no eras real, yo eso ya lo suponía, pero te acercabas y me tomabas del brazo con suma delicadeza haciéndome sentir vulnerable, como si el viento me fuera a romper a mi en vez de a ti, antes de colocar tu cabeza sobre mi hombro. Susurré tu nombre y tu me mirabas, acariciabas mi rostro con una mano que dejaba grabada mi piel con tu ternura como el fuego puede hacerlo sobre la madera y el acero pero sin rastro de dolor, solo paz. Te decía que tenías el nombre mas bonito del mundo, que tus ojos eran mi luz en la mañana, la tarde y en la noche de estos tiempos tan aciagos. Tus labios se movían para decirme que yo era el caballero mas lindo del mundo y yo sonreía con mucha timidez, me sonrojaba levemente y entonces desaparecías, dejando en mi un recuerdo maravilloso.

Mi mente es así, te recrea cuando me faltas y no es una buena forma de sustituir tu ausencia. Esa ausencia negra y al mismo tiempo que supone prueba de fortaleza para mi subconsciente y a mi cordura. Hasta ese punto te quiero. Hasta el punto de que tu eres mi rosario, el aire que da sustento a mis alas y que me hace volar ante estas y otras muchas lineas. Rezar para mi es susurrar tu nombre y acompañarlo de un "te quiero" entre otras muchas palabras es la perfecta letanía. Ni yo mismo me hago a la idea de hasta que punto eres una especie de religión para mi, la sacrosanta forma de una divinidad que ha bajado a la tierra para darme algo de luz, de veracidad y pureza a mi mundo. Mi mundo, el cual consideraba muy lejos de la perfección pero que me brindaba ciertos placeres prohibidos, se vio mucho mas bello al chocar tu luz contra mi oscuridad, siempre latente pero ahora mucho mas vistosa.

No Tengo claro que decir ahora. No es el orden mi fuerte, ni las palabras elaboradas pero espero que quede lo suficientemente claro que para mi eres una de las personas mas importantes que me pueda encontrar. A ángeles, demonios y espíritus naturales que se han cruzado en mi camino les dejé clara una cosa. Que de tanto que te quiero, solo una noche sería suficiente para que me hicieras feliz toda una vida. Ni la carne tendría que mezclare ni los placeres de la pasión recrearse y hacernos estallar. Solo quiero una noche... a tu lado y con nada ni nadie mas. Mirar tus ojos, leer un cuento, cantarte con mi voz o sencillamente estar juntos. Solo eso pido.

Tu caballero de grandes y opalinas alas te manda una lluvia de pétalos azules y los mas blancos y transparentes sentimientos que pueda expresar alguien de mi condición.

Siempre tuyo, queriéndote hasta la locura:

tu caballero alado.


sábado, 22 de diciembre de 2012

La caída.

Ese hombre se encontraba para el incauto y poco observador en la gloria de los cielos pero las bellas formas de esas mujeres engañaban como nadie se pudiera hacer a la idea. Las lenguas paseaban por los puntos mas sensibles de su anatomía dejando un rastro de intenciones ocultas pero de seguro nada buenas. Cada una de sus curvas estaba diseñada para confundir los sentidos de cada incauto. Aquellas cazadoras no cesaban en halagar el oído y el cuerpo de ese hombre que, tumbado como estaba, encontraba sus ojos empañados por la visión de perfectas actrices que cautivaban de forma peligrosa a todo aquel que cayera en sus garras. Entre los placeres sentidos a lo largo del cuerpo, era difícil darse cuenta de que alguna uña era demasiado afilada y la sangre alimentaba bocas ajenas, de que alguna lengua era bífida y de que los clamores de mas placer algo exagerados incluso para la mas deseosa de las amantes. Las sombras ocultaban ese espectáculo, como un improvisado escondite en medio de una nada relativa, producto de a saber que pesadilla o bello sueño. 

La debilidad estaba atenazando al hombre que había caído en la trampa hace mucho tiempo pero que para el no había sido mas de un instante. Las finas manos de afiladas uñas dejaban placer y dolor por igual cuando era necesario aplicarlo para inmovilizar a su presa en una espiral de confusión y desconcierto. Él acariciaba cuanto podía y cuando podía o se lo permitían sus captoras en caso de que ellas no demandaran sangre de sus brazos o de algunas otras partes en las que el palpitar era silencioso pero una gloriosa melodía para ellas. Se mostraban complacientes pero al mismo tiempo demandaban la posesión total con respecto a su alma, a su tiempo, a su mente. Aquel corazón latía cada vez de forma mas lenta por la falta de vida, la cual se iba resbalando por la garganta de una ninfa de ojos claros que ahora sonreía con la inocencia de una niña mientras deleitaba con lúbricas caricias a su invitado. Otra se mostraba totalmente entregada en reclamar la intimidad de ese joven, moviendo con la energía del mismo sol. ondeando sus caderas como si ese fuera un fin de los tiempos que nada mas sucediera a partir de ese momento. La sensualidad de una voz llenaba su mente infundiéndole ánimos de placer y ansias de mas de aquello que ahora recorría su cuerpo de arriba abajo. Las jugosas carnes no daban tiempo a ser devoradas porque antes de cualquier iniciativa el pensamiento mismo de dos ojos oscuros frenaban sus acciones. Había algo ahí, dentro de si que le hacía vivir aun mas. 

Las bocas parecieron volverse mas ávidas de los placeres. mil preguntas se fueron formando en su mente mientras esas lujuriosas criaturas trataban de exprimir cada una de las gotas de vida sin importar la forma o sabor que tuviera esta. Un largo y quejumbroso sonido llegó hasta lo mas profundo de su mente cuando una llamarada de fuego blanco se liberó y una de aquellas mujeres sonrió victoriosa, segura de haber logrado algo que nadie mas había logrado. Un solo susurro y de nuevo el cuerpo estaba tenso como una viga del mas templado acero. Templanza que ahora mismo no tenía. La mente se encontraba reblandecida por las sensaciones y los estímulos, por los violentos movimientos de cadera, por los cortes acompañados de complacientes recorridos de varias lenguas ahí por donde mas de uno podría imaginar, haciendo formas, dibujos que invitaban a pedir mas. Pero aquellos labios ni tiempo tenían de pedir mas en caso de quererlo. Cuando tenía el suficiente aire para poder respirar dentro de los pulmones, entonces otra lengua exploraba su boca buscando llegar hasta lo mas profundo y ahogarlo en un mar de sensaciones. Una lengua experta tras otra, que no permitían juzgar maestría alguna, invadían con deleite y deseo su propia boca, como si quisieran absorber el alma de aquel hombre a través de esa boca que ni hablar podía. 

Lejos de ahí unos ojos se abrieron. La luz que emanaban empujó a la luz de la Luna que en ese momento contemplaba el sueño de una dama, expulsando un intenso brillo a través de una cristalera bastante particular. Todos los tonos de azul fueron lanzados al mundo tras pasar esos cristales, envolviendo en una suave y tranquila manta luminosa al mundo entero. Los mismos ángeles cantaron, inspirados por aquella pureza que salía de todos los roncones del mundo. Aquel despertar fue un nuevo día para un ser extraño que ahora se encontraba mas que dispuesto a todo ya que la luz se había encendido en el mundo y al fin amanecía para él. Con una sola nota salida de mil bocas celestiales dos alas se abrieron de par en par, El azul se instaló en aquellas plumas y fueron mezclándose con muchos mas colores para dejar en claro que la luz era su esencia, que por muchos infiernos que pasara, él siempre sería fiel a la sonrisa de la dama que lo necesitara a su lado. La luz de aquella mirada rasgó las sombras de la confusión a su alrededor e incluso dentro de su mente. Un vuelo furioso fue emprendido acompañado de los coros de los ángeles que ahora bajaban del cielo para celebrar ese despertar cálido y la salida de un sol especial. 

La debilidad por la falta de sangre y energía no lo amilanaron en momento alguno, ni siquiera descubrirse siendo perseguido por las cazadoras que ahora se mostraban fieras en su determinación de lograr consumir ese alma que tanto había padecido, al igual que todos los seres humanos en la tierra. Pero él no se rendiría, sería mas fuerte, mas rápido, mas bondadoso en sus acciones. Las alas lo llevaban con el viento a favor hasta el destino, atravesando por el camino cielos, castillos, puentes, batallas, cielos e infiernos. Sus ojos, en plena huida alcanzaros a ver lo imposible: mares verdes, montes hechos totalmente de miles de cristales que destellaban como nada en este mundo, Pequeños lagos en los que criaturas de gran porte se bañaban desnudas como el día de su nacimiento, héroes caer por un sencillo error y tiranos caer por el mismo amor que los había ensalzado en lo mas alto. En su huida de esas siete damas fatales para cualquier mortal había visto el vuelo del águila, del hipogrifo y de las etéreas hojas y pétalos de flores regaladas por amantes entre promesas de un amor eterno. Vio nadar por los mares mas extraños a las mas extrañas criaturas dotadas de grandes cuerpos y grandes bocas que podrían tragarse islas enteras. Esquivó las garras de dragones y sus llamaradas no fueron impedimento para acudir hasta donde le reclamaba esa mujer especial para él y su pensamiento. Los pecados fueron comiéndole terreno y herido como estaba poco pudo durar hasta que finalmente quebraron una de sus alas y cayó, cayó y siguió cayendo. 

Durante ese instante vio claro todo aquello que deseaba, sobre lo pequeño que era en comparación al universo y lo grandes que podían ser los sentimientos de un hombre, su capacidad de cambiar las cosas en menos de un solo segundo para bien o para mal. Durante aquella caída que quizás supusiera su muerte tuvo un segundo para dedicarle a aquellos dos bonitos ojos, a esa sonrisa que había hecho amanecer todo un mundo. Pensó en todas las estrellas que había bajado de los cielos, en todas aquellas palabras que como soldados estaban dispuestas a luchar por la verdad ante cualquier juez para demostrar lo que decía una certeza tras otra, que no era un farsante mendigo de sentimientos ni inventor de historias que deleitaran oídos ajenos por amor al arte o al mal querer. Su cuerpo se relajó poco a poco aceptando aquello que era inevitable. Quizás fuera incluso mas interesante la muerte que la misma vida, una aventura con cosas nuevas que conocer o experimentar. Pero apartó aquel pensamiento para centrarse en aquello por lo que iba a morir entre los cantos de los ángeles, entre las risas que él mismo había provocado en amigos y gente que fuera mas allá de la amistad. Cayó, cayó y cayó. 

Un impacto, un sonido de cristales rotos y muchas gotas de algo muy frío que le daba de pleno en la cara y el cuerpo. El suelo estaba mas blando de lo que había esperado y pronto el dolor se hizo sentir. El ala rota, herida, casi abierta por la mitad y todos los cortes, rastros de saliva que poco a poco se iba filtrando en la piel para no dejar mayor huella de aquellas cazadoras que ya habían dado por perdida a su presa.. Sin saber si estaba dormido o a las puertas de la muerte, poco a poco fue abriendo los ojos cuando escuchó unos pasos. Giró el rostro, tratando de aclarar el juicio, la propia mente e incluso de dar algo de sustento a su cordura sobre el hecho de haber escuchado y sentido que su cuerpo rompía un cristal y no sentir los cortes. Se encontró entonces mirando dos grandes ojos azules y seguidamente otros pasos que se acercaban presurosamente. Una de las dos miradas era inocente, de dos lagos azules que no podían mas que producir deseos de proteger hasta la muerte. La preocupación se reflejaba en ese rostro que no podía tener malas intenciones ni aunque lo deseara. Pasó a la otra mirada, a las palabras nerviosas que soltaban unos finos labios. Se intercalaban con algo que parecía estar masticando. Los sonidos llegaron de la mano de un "quizás tenga un dulce para las caídas altas". No podía ser cierto... 

De nuevo la oscuridad en lo que parpadeaba y lo último que veía era un gran círculo en el techo. No era la clásica silueta de su cuerpo como tanto se veía en algunas representaciones cómicas. Era un círculo perfecto en un alto techo y de los lados, donde antes había cristal poco a poco caían unos pétalos azules seguidos de gotas., como si el cristal se fundiera antes de caer. Volvió abrir los ojos y una mirada poderosa lo observaba con curiosidad al mismo tiempo que una sonrisa sutil se extendía por su rostro. La dama de ojos azules le dijo a la de poderoso mirar que se retirara, que estaba herido aquel ser lleno de vagas sombras en su corazón y su mente. Antes de irse un dedo frío paseó por su torso, admirando la blancura de la piel casi cadavérica y la debilidad que esta transmitía ahora mismo al casi no poder respirar. la mujer de poderosa mirada se dispuso a retirarse y desapareció de la vista de todos como si nunca hubiera estado ahí. Las preguntas de la dama de los dulces eran constantes, al igual que el sonrojo producto de ver un cuerpo desnudo tendido en una cama que pronto fue tapado por un ala menos maltrecha. 

-Oh querida...-Dijo de forma trabajosa- tengo algo que pedirte.- Acto seguido extrajo la pluma menos manchada de sangre que tenía, impoluta a decir verdad y carente de toda mancha. Se la entregó a esa criatura de preciosos ojos y piel pálida.- Entrégale esto...- El caballero creyó que no eran necesarias mas palabras, de quien se refería, como debía de entregarla y que debía de decir para no preocuparla.-dile que estoy bien y que la quiero.-Se quedó en silencio medio inconsciente por todo aquel esfuerzo y la dama de los primeros ojos que vio le pidió que guardara silencio. Convencido y con toda la fe puesta en su corazón de que el mensaje llegaría. Volvió a quedar sumido en las sombras de la inconsciencia, siempre mas acogedoras que otras sombras bien conocidas por él y frecuentadas por una criatura bastante peculiar a su parecer. 

Pasaron los días entre sueños y pesadillas, entre juicios de conciencia y todo aquello que era capaz de procesar una mente casi enferma y al borde del delirio irreversible, entre profundos dolores de sus alas, huesos, músculos y alma. No había ruidos casi nunca que pudieran alterarlo. A veces venía esa cuidadora improvisada, otras veces una mujer de aspecto feroz y al mismo tiempo liviano. Incluso se presentaba en su lecho de descanso una criatura maravillosa llena de imparcialidad ante el estado de salud que parecía mostrar interés por sus alas y por su cama, de la cual a veces trataba de echarlo. Una bella dama silenciosa se lo quedaba mirando en muchas ocasiones sin decir una sola palabra. Vestía de gris y lejos de causarle temor o preguntas sobre si ese sería su último momento de vida, trataba de hacer el mas mínimo gesto que pudiera semejar a una reverencia de tanto respeto que le guardaba. Entre largas noches nada mas sucedía, muchas veces suspiraba, recitaba algún verso improvisado sin saber si le escuchaban o no. Sonreía ante cierta frase y repetía en alto siempre la parte final entre risotadas. Le encantaba. 

Despertando en una noche el golpe que recibió fue tan fuerte como agradable. Ahí estaba ella. Radiante pero con gesto preocupado por sus heridas, ya mas curadas que antes. sus dedos se deslizaron con una suavidad que dejaba estremecida toda la piel que tocaba y esto se extendía al cuerpo, profundizando en el corazón y llegando al alma. Aquellos ojos oscuros estaba observando los suyos y no se despegaron en momento alguno. No se dijeron nada, no eran necesarias las palabras. Una de sus manos deslizó los dedos por su cabello largo y negro, por los rasgos finos y dulces de su rostro que podía adoptar mil facetas, a cada cual mas fascinante. Sus ojos no se separaban de sus ojos y no supo cuanto tiempo pasó hasta que por fin pudo hablarle 

-Llevo esperándote esto tanto tiempo. Todo lo que hice ha merecido la pena y cada error del que aprendí también.-No supo que mas decir ya que las lágrimas caían silenciosas por su rostro y sencillamente la abrazó con todas las fuerzas que le permitían los maltrechos brazos.- Eres lo mas bello de mi vida y nunca podré pagarte todo aquello que...- se quedó callado al sentir el dedo de ella en sus labios, La sonrisa de ella se hizo mas notoria cuando el sonrojo en esas pálidas mejillas se hizo presente por un momento. Se acostó a su lado y le dedicó una caricia a su rostro lleno de pequeños cortes. Se miraron a los ojos hasta que se quedaron ambos dormidos en los brazos del otro, en paz, en medio del cómplice guiño de las estrellas y vigilados por la luna que se filtraba con su puro color blanco a través de ese rosetón destrozado. Con todo, aquella obra de arte tenía arreglo. Caer en las sombras y no encontrar la voluntad de luchar contra ellas por la gloria de esa sonrisa, despreciando todo lo bueno que ella le había dado, no. 


lunes, 10 de diciembre de 2012

El campo de rosas.

La luna desvelaba sus ojos como dos bellos faros en medio de la oscuridad. Los hacía brillar hasta el punto de parecer la aparición de un ser casi astral que ha descendido de los cielos para dejar una huella indeleble en aquel que ahora la tenía entre sus brazos. Las miradas que se dirigían estaban teñidas del sentimiento profundo que podía unir a esas dos personas y llamaban amor pero ellos o al menos él no quería usar esa palabra por motivos totalmente estúpidos, irracionales, infantiles y contaminados por muchas cosas oscuras. No había mas esencia que la de la magia flotando en el ambiente donde cada uno de los presentes (que eran dos) se dedicaban por entero el uno al otro. Tan inesperado había sido todo aquello, tan sorpresivo y sí, reiteradamente mágico, que aun la cabeza a ese hombre sencillo le estaba dando vueltas. Tanta había sido la espera y a la vez había pasado el tiempo como un relámpago. La ternura llenaba sus ojos, casi al punto de llorar de emoción. Los dedos repasaban ese fino rostro que a él le sobrecogía de tan bello que era, de tan proporcionado y exquisitamente esculpido que estaba. Esa diosa correspondía a su mirada mostrando la calidez de un día sin nubes en un eterno verano.

Los dedos continuaba su tarea de repasar cada rasgo, cada pequeña curva que definía a sus ojos la esencia misma de la belleza interior y exterior. No cabía en sí de la alegría misma de tenerla entre sus brazos, acompañándolo esa noche con su miada, su sonrisa, quien sabe si algún sonrojo por parte de él o de ella. A pesar de la quietud presente, de la calma del ambiente, no había señal de aburrimiento. Se miraban mutuamente en los que los dos se fueron quedando dormidos poco a poco. Acercándose inconscientemente para abrazarse, protegiéndose de los peligros que acechaban la noche. Aunque esa noche era muy tranquila nunca se sabía cuando las cosas se podían torcer. las estrellas destellaban enviando pequeños guiños de esperanza que podían dar algo de paz al corazón de los arrepentidos y mucha mas fe a los corazones nobles y libres de culpa. En aquel momento no necesitaba nada mas que su compañía y al tenerla se sentía completo.

No había mas necesidad de nada. Ni siquiera de respirar el aroma de las flores que los rodeaban en ese momento, todas ellas, unas bellas rosas azules que los ocultaban del mundo y solo los dejaría visibles antes esos brillos titilantes de las estrellas. No se esparcía en el ambiente otra cosa que no fuera la quietud mas absoluta entre aquellos dos seres durmientes, que compartían tantas cosas y al mismo tiempo eran tan diferentes. Los árboles de alrededor de ese campo de flores susurraban mas discretamente de lo habitual para no perturbar la paz de los durmientes, los animales habían callado para el mismo propósito. Todo era de una pureza antinatural, falto de pecados o de tragedia. Algo realmente bello. Todo desprendía un brillo propio, desde la hierba hasta los troncos de los árboles. Las dulces manzanas, naranjas y otros tantos deliciosos frutos de la naturaleza también emitían un brillo propio. Miraba la luna a tales criaturas y de su blanco rostro emergió una lágrima sola. Tanto que se había luchado por lo que ahora se desenvolvía frente a sus narices. Tanto sacrifico y algunas veces tantas lágrimas

Pero al fin estaban juntos, entrelazados las piernas y los brazos en un gesto de entrega mutua, frente sobre frente y momentos antes mirada sobre mirada. Y profundamente dormidos, soñando con a saber que cosas. O quizás soñando con nada. El tiempo pasaba con una lentitud pasmosa, casi la mas tortuosa de las condenas para el que va a ser ajusticiado o el que espera algo con muchas ansias. Los vientos no estaban presentes pero si la brisa que acariciaba el cabello de ella y de él. Una pequeña sonrisa se fue extendiendo en sus rostros como si compartieran sus sueños en ese segundo, dejando a los observadores celestiales toda cuanta hipótesis se pasara por su cabeza. Se acercaron un poco mas e inconscientemente él la envolvió mas entre sus brazos, protegiéndola de todo ese mal que los pudiera separar. Un dulce ´´te quiero´´ se escapó de los labios de ambos y al momento los ojos se fueron abriendo, encontrándose sus miradas en lo profundo de aquel lugar. Se miraron en silencio, con una sonrisa en los labios y compartiendo cada pensamiento sin una sola palabra, sin necesitar del habla para poder expresar con claridad los deseos mutuamente compartidos. La timidez los envolvía y sin embargo se sentían capaces de todo en ese instante. 

Los labios se unieron en un lento beso que no dejaba lugar a dudas sobre una adoración largo tiempo callada. Un aliento cálido se mezclaba con otro dejando notar en el interior de las bocas los hálitos de una respiración que se entrecortaba a medida que las pieles iban friccionando la una con la otra. Un brazo rodeó esa cintura que se movía a veces al son de la música con una sensualidad hipnótica como la serpiente que envuelve a su víctima y la devora antes de que el pobre animal se de cuenta de su fatal destino. Mas cerca, mucho mas cerca. Se necesitaba mas calor, mas oxígeno de esa boca que ahora se adaptaba como el hierro fundido al molde de una espada forjada entre los cuerpos de los amantes. Dejaba la calma y la quietud paso al deseo y el frenetismo de un reencuentro entre lenguas, entre manos con las pieles como campos de batalla sembrados de llamas infernales. Se consumía la cordura entre estertores de muerte y ahora era l pasión la que reinaba poco a poco. Todo alrededor de aquellos dos seres antinaturales, una por su belleza y otro por su deseo de ella, se movía como si el lugar hiciera el amor consigo mismo. 

Dos bailarines encarnados en la forma de unos extasiados labios, de vez en cuando uno junto al otro y otras separados, exploraban el fino cuello que hacía notar la alteración en al sangre. Paralelamente dos bellas piernas hechas para un baile de mil danzas rodean una delgada cintura encimándola poco mas allá de las caderas del amante, atrapando a ese ser inmerso en el mas absoluto de los deseos, rozando la pecaminosa lujuria que ahora se tornaba una prohibición vana. El susurro de un nombre se expandió por todo ese mundo como un grito que clama y reclama una y mil veces lo innegable. Las pieles se acercan mucho mas, al borde de fusionarse uno con otro, un hecho no del todo imposible de seguir ese peregrinaje de besos que adelantan la coronación suprema de la devoción a la amante. Mil palabras incoherentes son susurradas en ese discurso inicial de pequeños sonidos, dos nombres solo escuchados por oídos de ambos no cesan de repetirse en todo ese claro, susurrados de igual modo por la brisa entre las flores prendidas en llamas de concupiscencia exótica. 

En la confluencia de una mirada mutua, el beso que sigue es la señal inequívoca del maravilloso acto ahí desarrollado. Dos universos se fusionan en medio de suaves y tentadores movimientos de cadera en los que nada es mas puro que ese acto de entrega total. Los dedos de aquel hombre pasean por el fino rostro de una diosa que ardía a su misma temperatura, consumando un acto de lento frenesí. las miradas no se separaban la una de la otra. Solo eran parte de aquello dos la ternura, la delicadeza, el respeto, el fervor, la adoración, el deseo. Los pasos no eran una tonta y sencilla rutina, se sucedían unos a otros entre pequeños jadeos y gemidos ahogados a veces por un lento y suave beso, seguido de una sonrisa prendida en el calor de esa pacífica batalla, como una antorcha que iluminara ese espacio sin tiempo aparente que pasara ni lento ni rápido. No los retenía la obligación, nada les ordenaba separarse. No era nada mas que aquello lo que corroía la apatía, la tristeza, haciéndola desaparecer en lo que el ritmo de ese baile aumentaba con el tiempo. 

La danza era un peregrinaje, y ese peregrinaje sin ruta era quizás el acto mas bello de entrega entre dos personas que se quieren, lo mas puro que puedan llegar a alcanzar dos amantes que largamente se han buscado entre uno y otro mundo, dentro y fuera de sus propios límites de realidad. Aquella mujer bendecida con el don de la confianza, la amistad y la pasión le regalaba un momento inolvidable que siempre quedaría grabado en la mente de ese guerrero dispuesto a morir por aquella sonrisa. El éxtasis súbito de todo aquello fue tensando los cuerpos incluyendo al templo de devoción de ese caballero que adornaba la perfección de su amante con extasiados besos y susurros, entregando versos llenos de verdad a sus oídos. Con una delicadeza y firmeza antinaturales entremezcladas, un beso apasionado fue la culminación de algo realmente bello en una explosión de placer que los hizo volar entre las nubes, llegando al sentimiento mas puro e indescriptible. Los alientos entrecortados se buscaron al igual que las miradas, que deseaban expresar lo mágico de esa sensación. 

Tumbados entre  las rosas azules, vigilados por las estrellas, dos amantes se prodigaban el mas puro sentimiento ente miradas y las mas agradable de las duermevela.



martes, 27 de noviembre de 2012

El maestro cuentacuentos.

En medio de un bosque de gran frondosidad, lleno de esa vida tan característica de tales lugares, unos caminaban por una linde que poco a poco fueron sobrepasando para llegar hasta lo profundo del bosque. No había otra cosa que no fuera emoción en sus rostros, los cuales mostraban el ansia por la aventura del tipo que fuera y estuviera dentro del abanico de cosas que un niño pudiera desear. El sentimiento de grupo los mantenía juntos en lo que el camino era recorrido metro a metro, dejando entrever nuevos secretos y formas por cada árbol que dejaban atrás. El tiempo era excelente: la luz del sol se colaba entre las ramas dejando una cálida caricia en el manto verde que se encontraba por encima de las cabezas de los pequeños aventureros. Entre niños y niñas eran un buen número que no es importante precisar y aun así eran buenos y obedientes y parecieran ser la mitad de los que realmente eran. no faltaban los emprendedores, los pioneros y los aventureros, los exploradores y los que se quedaban rezagados porque le tomaron especial cariño a una rama particularmente larga o un matorral especialmente florido de cuyas flores hacer una bonita corona de reina de los elfos.

Pero para eso tenían a su cuidador. Este cuidador era extraño entre los suyos pero por lo visto querido entre los pequeños. Se lo solía ver rodeado de plantas y muchos conocimientos que no le importaba compartir con habituales y extraños del lugar, viajeros, otros aventureros que antes fueron niños o bien sencillamente a quien tenga a bien de escucharlo. No era un hombre de grandes ambiciones y se desvivía por mantener limpio todo ese gran bosque que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Para el era suficiente con tener algo de las plantas que le permitieran comer y poco mas. Lejos de parecer un vagabundo se lo veía ataviado acorde a su tiempo y a un estatus ni alto ni bajo, aunque se diferenciaba de los feligreses de las tabernas cercanas en todos los papeles que portaba siempre o trataba de comprimir en pequeños cuadernos de notas. Naturalista decían que era y otros un tipo extraño que se quedaba tonto escuchando el viento o los grillos. Aquel hombre irradiaba felicidad cuando todo lo relativo a los campos que manejaba salía a la luz y se metía de lleno en la conversación, algo poco frecuente dado que los intereses de la mayoría eran otros. 

Y escribía. O al menos tenía una gran capacidad de sacar historias de lo mas increíbles que parecía vivir dentro de sus propias carnes cuando las contaba a la luz de una hoguera. Y ese día el bosque parecía ofrecer mil detalles para elaborar grandes historias y detalles sobre lo que realmente sucedía delante de los ojos ciegos de los adultos. Aquellas historias mas de una vez habían sido escuchadas por las madres de los niños que ahora le acompañaban y siempre habían visto en él un dejo de melancolía. Los rumores hablaban de un amor perdido, de una dama muerta a causa de una desgracia, de un corazón roto que con el pesar mas intenso se afanaba en seguir latiendo aunque fuera llenándose del amor a la naturaleza. Mas de una ama de casa generosa le había tratado de sacar alguna información pero él sencillamente miraba al cielo estrellado, dejaba salir un suspiro, le sonreía a la dama y dejaba la casa con un quedo ´´la cena muy buena señora, gracias´´

Pero volviendo a ese momento de la historia, el atardecer se hacía presente en el horizonte de un alto risco por el que los niños pasaban con la debida precaución. Serpenteando, se encontraba un camino que llegaba hasta un claro que aun a buena altura les permitía ver el atardecer. El cuidador (o en este caso maestro o profesor), generalmente callado con otras personas mas adultas y quizás mas sabias, no dejaba de dar pequeños datos como que tipo de seta tenían a medio metro frente a sus narices o si lo que oían era una upupa epops (abubilla) o una carraca (ambos del mismo orden). A menudo no era necesario sacar provisiones de los almacenes de las casas pues el bosque les proveía de todo aquello que necesitaban. Desde setas convenientemente conocidas y cocinadas hasta lo que pudiera comerse y no resultara muy desagradable. A medida que avanzaban decía que árboles estaban en mejor estado y cuales serían aptos para ser cortados o cuales eran muy jóvenes, algo no siempre apreciable con el ojo. Muchos pájaros que pasaban desapercibidos no escapaban al dedo aleccionador de ese hombre.

Por el camino encontraron muchas cosas pero momentos después la noche les impidió apreciar toda la magnificencia del bosque. Los niños cenaron tranquilamente muchas plantas que aunque de sabor extraño les llenaron la barriga rápidamente. La cocina no era el fuerte de aquel hombre pero ciertamente se esmeraba a la hora de dejarlos bien alimentados y con energías suficientes para despertar al día siguiente y seguir el camino.

-Mirad chicos. o mas bien escuchad lo que la naturaleza nos regala. Un búho cuenta su vida. No. Nos está contando una historia sobre sabios que debaten los orígenes de la vida.- Y con eso comenzó a narrar- Dos sabios se peleaban mucho ya que cada uno tenía la respuesta al origen de la vida pero diferente a la de su compañero...- Así estuvo minutos y minutos comentando los argumentos que cada sabio, entre caras extrañas y acentos exóticos, causando las risas de los niños, exponía acerca del origen de la vida según el testimonio del búho.- y todas las tonterías que decían se ceñía a que para uno la vida surgió del agua y para otros de cosas mas pequeñas que el mas pequeño de los insectos. ¿Que opinan ustedes, buenos caballeros y bellas señoritas?

Los niños se quedaron pensando. Aquello le gustaba a ese instructor. Contarles cosas que vayan mas allá del arado y de los animales de granja. Seguramente muchos de ellos estarían pensando en como sería el mas pequeño de los insectos o hasta que punto podría cambiar lo material. Quizás estuvieran pensando en como cambiar a su hermana por alguna buena cosecha de la temporada o en como cambiar la col de bruselas en muchas cosas dulces. y sin duda vinieron los torrentes de descabellados y fantásticos argumentos, ideas simples, no defendidas apenas de como había llegado la vida hasta los niveles que hoy en día tenía. Esto causaba una gran sonrisa en aquel hombre sencillo. De todos los niños unos estaba callado, como esperando a que todos callaran. Pero dado que no había quien callara entre tanto ajetreo y descabelladas ideas dijo

-Puede que venga de cosas muy pequeñas que estaba sobre el agua señor.- Dijo con toda sencillez y los demás se quedaron callados esperando la respuesta de su profesor, maestro y cuentacuentos. Este sonrió y asintió levemente. A continuación mostró su mano totalmente vacía, la cerró y al abrirla en la palma tenía una especie de colgante con una cabeza de búho que portaba por otro dos pequeños cristales verdes. Con gran ceremonia se lo puso al chico y esa cabeza quedó colgando cerca de su corazón. Los demás no salían de su asombro al ver el truco de magia y lo bonito de aquel detalle de cara a su pensativo amigo. No era la primera vez que tales detalles caían en manos de los niños y tales actos repetían una y otra vez el gesto de asombro de os niños. El cuentacuentos era también un mago.- Nunca esperé que yo fuera a...- pero antes de cualquier madura afirmación se lanzó a los brazos del mago y lo abrazó con fuerza.

Muchos de los niños tenían su colgante para unos, amuleto para otros u ofrenda para otros mas ambiciosos. Había un burro, símbolo de fuerza. Una ardilla, símbolo de su gran habilidad para trepar árboles. Había un halcón peregrino de ojos amarillentos hecho en una madera muy ligera que simbolizaba una gran vista para ese niño que podía ver los peces a altas profundidades. había una grulla para el que podía pescar sin caña con una facilidad que asombraría al mas experto pescador de caña. Muchos regalos daba el mago, el cuentacuentos, el profesor, maestro e instructor. Generalmente a ello seguía una conversación con los padres y les decía cosas que pocas veces pillaba desprevenidos a estos. Hablaba de la inteligencia, de la sagacidad, de la fuerza, de los dones cualesquiera que fueran de los niños y aportaba consejos y conocimientos, escuelas y lugares en donde podrían sacar un gran provecho. Y salieron de ese pueblo grandes científicos, médicos, biólogos, escultores, pintores, escritores, imitadores de animales, exploradores, nadadores, pescadores, gente de negocios, soldados, generales. Todos ellos unidos por un amuleto, una enseña única que guardaban como un tesoro.

Tras las felicitaciones habituales los niños se fueron a dormir. El cuentacuentos se quedó como siempre haciendo guardia. Nunca sobrevenía ningún peligro pero era una costumbre suya quedarse despierto en las noches para saber mas sobre el bosque y reunir detalles e historias. Los niños no tardaron en quedarse dormidos y el profesor en dedicarse a dar pequeños paseos alrededor del campamento observando que todos estuvieran bien, los que necesitaban poso de peluche con su oso de peluche y los que necesitaban demostrar su fuerza cerca de un roble para alimentarse de este. Una sonrisa surcó sus labios y pronto se borró cuando vio que una de las camas estaba vacía. Miró a todas partes, vio las pisadas y las siguió seguido de un zorro que se unió a la búsqueda. Los pájaros señalaron el camino entre vuelos rápidos y no lejos, a la orilla de un lago, la niña perdida fue descubierta. La Luna había salido en su plenitud y en aquella orilla a una prudente distancia la niña bailaba.

Aquella niña era la mas reciente y a la vez antigua miembro del grupo. Siempre sonreía y estaba dispuesta a ayudar a quien fuera. Tenía la habilidad particular de causar fascinación en sus compañeros que a su manera demostraban el afecto que sentían por ella. unos de una forma mas sutil que otros. Pero nunca aquel hombre la había visto hacer algo especial. ya que todo lo especial lo hacía con una normalidad pasmosa. Tantas cosas se le podría regalar y ninguna la definiría completamente. Su cabello negro y liso era de una suavidad exquisita y hasta muchas personas adultas la miraban con cierta envidia cuando pasaba por delante ondeando su largo cabello frente a sus ojos. Otras veces despertaba la admiración de sus iguales por la bondad que desprendía en los casos mas extremos donde hasta el propio profesor habría perdido los estribos. Incluso los árboles desprendían un aroma particular cuando ella pasaba cerca de ellos, dato que no revelaba a nadie pues había fuerzas oscuras que siempre acechaban.

La observó largo tiempo, con la admiración en los ojos por la forma en la que se movía. El zorro y los pájaros dejaron de hacer sus actividades, e incluso un par de lobos y otro mucho mas grande que los demás observaba a la niña bailando con total alegría, entregada a la música del bosque que este interpretaba para ella. Muchos pájaros en las ramas piaban aun no siendo la noche su horario de trabajo y los búhos dejaban a los roedores posarse bajo las ramas que ellos ocupaban para ver mejor el espectáculo que ofrecía. la única persona con aparente raciocinio era el cuentacuentos, que no salía de su asombro a pesar de su amplio repertorio de trucos, ilusiones y hechizos en toda su definición. El zorro que lo ayudó a buscar al aniña le dio un tirón a sus holgados pantalones marrón tierra y señaló el suelo que rodeaba a la niña. De la tierra crecían las flores ahí por donde se posaban los pies de la niña, dejaban crecer los tallos y abrirse los abanicos de colores mas brillantes que haya podido contemplar ojo humano alguno sin quedar cegado o loco. Y tan pronto como todo pareció comenzar, terminó cuando la niña tras un elegante giro se dio la vuelta y vio al cuentacuentos. Sus ojos se clavaron en los de él y este sencillamente no dijo ni hizo nada por un instante. A continuación el sonrojo se hizo presente en las mejillas tiernas y suaves de la niña y este cuentacuentos aplaudió.

No se demoró mas y acercándose con grandes y amplios pasos se arrodilló quedando frente por frente con esa bailarina excelente y tan habilidosa. Una de sus manos se posó en el corazón de ella y de la palma de la mano surgió una luz brillante que iluminó todo el área que los rodeaba. Poco a poco una tierras de luz fueron saliendo por dos lados y ascendiendo, rodeando el cuello de la niña que no salía en si de asombro. Una música hecha de notas del mas fino cristal ocultaba cualquier otro sonido, opacando con sutileza y fluidez cualquier otra tonalidad que no fuera la de esa sinfonía de ángeles cantando a coro por el gran momento que se estaba llevando a cabo. Tras lo que pareció una eternidad concentrada en un segundo el cuentacuentos retiró las manos y la niña vio su regalo.

Entre sus manos, colgando de su cuello, se encontraba una rosa azul sostenida por dos pájaros de oro. Debajo de esta rosa se encontraba una segunda rosa a modo de detalle secundario que era eclipsado por la primera. Con el silencio de por medio y las notas aun deshaciéndose en la lejanía, allá hasta donde pudieran alcanzar, el cuentacuentos al fin puso hablar tras haber controlado todo el torrente de emociones y palabras que se le habían formado tras aquel primer espectáculo de danza y magia.

-Tu destino es ser la Musa de poetas, pintores, escritores y bribones. Tu destino es llegar a hacer las grandes cosas que siempre haces con solo sonreír. Eres la rosa de la inspiración que crece poco a poco en el alma y el corazón de aquel que te contempla y se lanza a la aventura de conocerte. Eres la caricia y el abrazo maternal de una niña que protege y es protegida por los vientos, escuchada por los bosques, respetada por los lobos y zorros. Tu destino es hacer feliz a la gente, ser un escudo ante la tormenta de las desgracias sostenido por la amistad mas fuerte que puedan crear las personas entre si, la mayoría muy diferentes de ti.

Sin mas que decir (o sin mas que poder decir sin echarse a llorar de la emoción), el hombre se puso en pie y acompaño a la niña, que se encontraba feliz de su nuevo amuleto y haber recibido una descripción tan detalla y a la vez enigmática de su futuro a su cama. Entre las mantas los niños descansaron felices, custodiados por sombras y sutiles sonrisas, algún murmullo y quien sabe que placeres recurrentes en aquellos parajes. El cuentacuentos escuchó cada sonido con atención, sabedor de que muchos eran peligros pero por esos niños habría de dar la vida.

Y por la niña el alma.



jueves, 8 de noviembre de 2012

Ganas de ti es lo que tengo.

Ganas de ti es lo que tengo
ganas de ti, de tu cuerpo fiero,
dejar los claveles, las rosas
los grandes banquetes 
La fiesta de tu cuerpo deseo. 

Soy un fiel caballero, ilusionado
Apasionado buscador de tu calor,
mi laguna de placeres eres tu, 
la bella, tierna, Dulce Flor,

Mis sentidos están atrapados,
Abandonados a los recuerdos
Que inventados por Afrodita
me llevan a la lucha de los cuerpos

Llora mi angustia por su reino perdido
Porque me miras y sonríe mi alma
Mi cuerpo en fuego cae aturdido
vuela mi corazón al reposo, la calma. 

Mis pasiones son humildes, claman tu luz
Majestuosa reina de mis delirios
Dulce amante de las danzas y mis suspiros