miércoles, 17 de diciembre de 2014

Tango de fuego

El bosque se mecía lentamente al marcado paso que la brisa demandaba desde las mas altas cotas descendentes de las montañas. De entre sus nevadas cumbres bajaba el revitalizante aire que pronto convertiría en lágrimas puntiagudas y heladas a las gotas de agua del rocío. Aunque para eso aun quedaba. Muchas aves de vivos colores y de mas común y no tan vistosa ralea aun permanecían en sus hogares estivales antes de que el invierno llegara. Uno de esos pequeños señores de los cielos surcó el manso y perezoso aire hasta posarse sobre una ventana. A través de esta se veía una bella habitación.

En las paredes había cientos de fotos de bellos caballeros que posaban faltos de ropa. La iluminación era mortecina y sobresalían los tonos rojizos y rosados por todas partes, acompañado por un aroma dulce, muy dulce y a la vez que invitaba a despertar recuerdos gratos del pasado y crear unos nuevos. Los ojos del pájaro observaron que detrás de un biombo se ocultaba una figura que hablaba muchas cosas que tan delicado ser no entendía. Se la veía emocionada. Entonces el ser salió, dando a mostrar el cuerpo en su gloriosa y femenina forma y el pájaro en el mas literal de los sentidos... explotó. 

La mujer de exuberantes curvas miró las fotos y se preguntó a que se debía que no hubiera ninguno de esos hombres en la cama. En las zonas en teoría mas ocultas de su cuerpo se empezaba a despertar un calor intenso e insaciable. La bella dama agarró la carta de nuevo, aquel papel grueso cuya fortaleza no le había servido para ocultar las quemaduras de los bordes que se formaban cada vez que la mujer tomaba ansiosa la carta. A las doce en punto sería la cita con aquel admirador secreto que había impregnado su varonil aroma entre aquellas líneas. De solo imaginar como sería la mujer paseaba sus manos por su cuerpo de forma inconsciente sin dejarse un solo rincón. 

Sentándose en la cama para tranquilizarse dejó la carta a un lado, ya hecha casi cenizas y miró el reloj. ¿Como es que el tiempo pasaba tan condenadamente lento? Se dejó caer en la cama y paseó las manos por su cuerpo pensando que tan ardiente sería su acompañante y con la primera campanada de las doce este no le decepcionó. 

En las primera campanada unos brazos rodearon sus muslos. En la segunda abrió los ojos y su cuerpo casi se incendia al ver tan varoniles facciones y una sonrisa tan lasciva como llena de deseo. En la tercera campanada, sin apartar la vista de sus ojos el invitado inesperado saca la lengua y comienza suavemente a pasear por aquel monte de venus sin apenas una mácula, dando la sensación de haber estado intacto por siempre. Aquel simple contacto, acompañado de una fuerza sobrehumana hizo tumbar a la encendida dama en su lecho rojo y rendirse a las sensaciones, sin impedirle ello responder con caricias a un cabello peinado al estilo mas moderno y elegante. Una risotada se escuchó en la habitación, no se sabía de quien de los dos. 

Entonces aquella boca comenzó a ascender poco a poco , con las manos peinando cada centímetro de aquella ardiente piel. Las poderosas manos se fueron amoldando a cada espacio, siendo una sustituta de aquella traviesa lengua de hace unos momentos, dedicando cada caricia con un beso mas al norte que el anterior. Entonces las bocas se juntaron en la caricia lenta y ardiente del viento que pueda encontrarse cualquier aventurero en el mas cálido desierto. Se encontraron las lengua en una pelea funesta para la cordura y el pudor, quedando esto relegados del espacio y del tiempo. 

La dama se contorsionaba con gestos sutiles, exigiendo mas y mas hasta que ella reclamó aquello que por obvios motivos le pertenecía. Tumbó a aquel sujeto en la cama y con afiladas uñas le comenzó a arrancar la ropa sin miramiento alguno. Los cortes en la piel no parecían sino divertir a aquel demoníaco invitado que dejaba caricias aquí y allá por aquel cuerpo y jugueteaba con las zonas mas sensibles de aquella veleidosa diosa del placer. la mujer echó la cabeza hacia atrás como tratando de de la locura invasora rondante en sus pensamientos. 

Se miraron a los ojos sabores de lo que ambos querían y todo se volvió una retorcida batalla entre sábanas rosas y rojas que solo dejaban escapar el sonido de las mas turbias y desenfrenadas expresiones de placer. En cada movimiento se dejaba entrever todo un espectáculo carente de cualquier virtud citada en las escrituras. Se mataban entre ellos con bocas, manos gemidos y la gula del placer era saciada con el aliento del otro. Guerreraban las lenguas en todos los planos de la realidad y las palabras ya había dejado de tener sentido hacía mucho tiempo. Pero también había risas y alguna barbaridad expresada en voz bien alta con la sensual voz de aquella mujer o la profunda voz de él. aquel enviado del infierno para complacer a uno de los mas lujuriosos seres sobre aquel mundo. 

Y así bailaron hasta rociar en sudor cada centímetro de sus cuerpo y quemar en placer los pocos pedazos de cama que quedaron tras cientos de noches en aquel tango de fuego. 


Dedicado a la bella Francesca,

jueves, 4 de diciembre de 2014

Les hablé de tí.

Y es que no lo puedo ocultar por mas tiempo; les hablé de ti a cada persona que he conocido. Les hablé de la motivación de cada uno de mis versos, de la inspiración que me llena cada vez que te veo y cada vez que en mis sueños te siento. describí a aquella corriente, aquella brisa que llena y rejuvenece mi alma vieja cuando te presentas con todo ese halo de dichosa juventud. hablé de Gaia, de su enemigo, que es mi amigo, el fuego que prendes en mi y de la que podría ser la última chispa de luz en este mundo y en todos los que habitas. Sí, les hablé de tí. 

Hablé sobre los versos que poco a poco enhebraba en medio de la oscura noche, observando aquellos retazos de inspiración que al principio se me hicieron confusos. El viento de la juventud los movía pero se veían tan iluminados, tan misteriosamente iluminados que decidí seguirlos. Y al ponerse el viento en contra ellos marcaban un camino y yo lo seguí mas admirado por la fuerza con que podría recitar cada línea que te dedicara. Aquellos hilos, papeles, libros, eran cada uno de tus suspiros y de los míos entremezclados en tiempos distintos pero dentro del mismo corazón unido por recuerdos en común. 

Hablé de mis temores de no encontrarte un día entre mis brazos, de que algo te pasara en la guerra contra la igualdad y la justicia, cuyo estandarte enarbolas con tesón y sin menguar en tus deseos de poder solucionar cada problema que te acontece. Mis temores se hicieron conmigo varias veces y pusieron en cada rincón de mi mente tu rostro lleno de infelicidad, y aquella imagen me atormentaba, me dejaba un sabor de sangre muerta y bilis diabólica. Estabas radiante y al momento triste ante una injusticia o un acto de cobardía de unos pocos sobre muchos inocentes. Y es que eres valiente al enfrentar el peligro pero mi corazón se encoge si me fío de mis grandes miedos. Les hablé, en concreto, de no poder ver nunca esos ojos negros en los que me gustaría morir un día para formar parte de su luz. 

Les hablé, como bien dije, de tus ojos negros, profundos, luminosos y a la vez misteriosos, fascinantes como los romances de dos amantes. Les hablé de tu cabello, seda de sueños pintada de noche sin luna pero cuajada, por su brillo, de estrellas danzantes, del deseo de mis dedos de perderse entre esas hebras para nunca encontrar una salida entre un beso de pasión y una caricia de ternura. Hablé de ese cuerpo de pecado del que tu eres su única dueña y a quien no vendes riquezas ni promesas, sino que entregas a quien ante tu juicio bien lo merece. Mis manos piensan y se preguntan si serían mis dedos, justos pinceles o plumas que pudieran escribir sobre tu piel la biblia que hable de como adorarte. 

Hablé de tu voz, cálida y teñida de miles de matices, que rondan desde la mas maternal ternura hasta la mas fría de todas las furias. Aquella voz plagada de goce es donde yo me recrearía y con tus susurros a mi oído poder decir que caminé por el aire de tus suspiros. Dejar que poco a poco aquella voz cantante sea lentamente sumergida en incoherentes palabras de placer, o acallarla en medio de unos de tus raptos de oscuridad con un dulce, tierno, apasionado, cálido beso que silencio las mentiras y la tristeza. Dije que era tu voz el canto de un ángel, la alegría de Gaia y la esencia que da vida a mi sonrisa. 

Les hablé de tu forma de bailar, de como a los arroyos de las montañas y a los oasis de Arabia les das cuerpo de mujer y los conviertes en lo mas necesario para este sediento poeta, que poco a poco sucumbe a las ansias de yacer cotigo unas veces o de unirme a tu baile y dejarme llevar por lo que el destino decida. En el movimiento de tus brazos alzas y juegas con el aire que te rodea, embebido de las respiraciones frenéticas o las exhalaciones tranquilas en las piezas lentas. 

Les hablé de ti como un profeta que tiene por religión a tu persona, que no importa que las puertas del cielo se le cierren con tal de poder morir y caminar hasta la luz de tus ojos, ser parte de ese cosmos que parece aguardar contenido, lleno de razones para vivir un segundo mas, para recitar un verso mas, para soñarte y crearte una vez mas... 

hablé de lo mucho que te amo... 


martes, 18 de noviembre de 2014

El mayordomo.

 

La cena estaba servida al igual que la luna servía todo un banquete de estrellas para quien gustara de mirarlas en silencio y dentro de sí mismo. La mesa de la gran casa estaba invadida por manjares capaces de hacer las delicias del mas exquisito de los reyes. Las carnes no tenían una sola gota de sangre en su interior, indicando que había sido cocinada en su punto. Los distintos tés se encontraban a la temperatura constante y exacta para dejar sentir todo su sabor a las papilas gustativas de quien lo degustara. Directas desde sus países de origen en donde son cultivadas con mayor éxito había un sinfín de frutas, tan comunes como extrañas y difíciles de encontrar hasta en los mercados mas exigentes. Todo ello aderezado y sostenido por una vajilla de plata y oro de las minas mas puras y un mantel de seda de la lejana China. Los grandes candelabros, también de plata, iluminaban el lugar, dando una atmósfera de gran intimidad. En ella se encontraban dos comensales, distinguidamente vestidos para la ocasión. 

  Con un vestido morado de factura italiana se encontraba una dama de ojos azules y mirada soñadora, que parecía maravillada con cada pequeño detalle de todo lo que tenía delante de ella. Había tardado bastante en bajar dado que la belleza de su vestido era algo que no la dejó respirar durante unos segundos y necesitó sentarse en la cama para poder recobrar la compostura. No estaba excesivamente maquillada pues desprendía una belleza y encanto naturales que no requerían de artificio alguno. En las lagunas azules de sus ojos podía uno hundirse dentro de un mundo lleno de dulce y alocada maravilla. Los nerviosos gestos de sus manos indicaba su inquietud y su curiosidad por la vida, por el simple existir. 

  Al otro lado había un imbécil con dinero.

  Controlando y satisfaciendo los requerimientos de ambos comensales se encontraba un mayordomo. Este había sido contratado para cuidar a la dama mientras su progenitor se encontrara en las afueras. Este sirviente, de humilde carácter y capacitado para las situaciones mas difíciles se encargaba de despertar a la dama, lavar su ropa, servirle el desayuno, la comida, la cena, calentar el agua a la temperatura ideal para que su blanca piel no se resintiera y una larga lista de tareas. En pro de las buenas maneras la dama miraba al mayordomo y este sencillamente parecía leer sus pensamientos. Su taza de té o su copa de agua o vino siempre estaba llena, leía exageradamente bien las dudas de la dama a la hora de escoger el tenedor que el mayordomo le indicaba con el mas sutil de los gestos, imperceptibles hasta para el mas observador, algo que no era el caso del comensal. Eso no implicaba que la dama fuera una de esas tontas recatadas e ignorantes. Todo lo contrario. Su animosidad a la hora de aprender y maravillarse con los mas pequeños detalles de la existencia era capaz de ganarse el corazón del mas frío asesino. 

  -A mi padre y a mi nos ha llenado de deleite que se haya interesado tanto en invertir en nuestra humilde institución. Es algo que no esperábamos a estas alturas de la época..-Dijo la dama. Hablar con extraños la ruborizaba levemente. No podría estar mas apetecible para un ser carnívoro como el que tenía delante. 
  
-Para mi toda oportunidad de hacer avanzar la investigación sobre todo lo que desconocemos del cerebro es algo que no puedo dejar pasar, querida.-dijo con una sonrisa ladina y bastante malvada el benefactor. 
La conversación fue en un tira y afloja que la señorita sorprendentemente llevaba con mucha mas soltura de la que cabría esperar en un momento. El tiempo pasó y los postres llegaron. Los mas deliciosos pasteles y gelatinas fueron puestos sobre la mesa. La dama se preguntó de donde había salido todo aquel ejército de soldados del sabor y por que no se le había informado al respecto. 
  
-Señ....-fue a decir la dama y el mayordomo ya estaba a su lado a la espera de algún mandato. Solo atinó a decir "señor mayordomo" cuando este se encontraba realmente lejos de donde ella se encontraba. Se sonrojó a mas no poder cuando sintió la cercanía de este. Sus rasgos suaves y gesto amable ocultaban perfectamente todo rastro de desagrado, que parecía no existir en lo mas absoluto cuando atendía algún ademán impertinente.-¿Me pod...?- Antes de que acabara la pregunta ya tenía su copa llena de zumo de naranja. En verdad hacía algo de calor por aquellas fechas..-Gracias...-Y mas sonrojo al ver su sonrisa blanca y perfecta.
  
-Estoy a su entera disposición, milady.- dijo el mayordomo con una pequeña inclinación de cabeza.-Disculpe.-Dijo retirando las especias, un bote de sal y otro de pimienta.-Pido mil disculpas por no retirar las especias mucho antes. Lamento mi error.-dijo sin apenas poder contener la fatalidad en su rostro. 

  Fue entonces que cuando la dama iba a quitarle importancia a su error y a consolar su desdichado corazón el benefactor hizo un comentario que no será citado en esta historia,. Sin embargo lo que aconteció será contado hecho a hecho de principio a fin. 

  Unos inoportunos granos de pimienta molida cayeron sobre la nariz de la dama, que por motivos biológicos y químicos provocaron una irritación del nervio olfativo, precedente de un estornudo poco delicado y decoroso sobre el que no se detallará mas. A dicho estornudo siguió otro junto a un ráfaga de aire. Dado que para estornudad hay que cerrar los ojos la dama no vió ciertas acciones posteriores. Cuando esta abrió los ojos el mayordomo se encontraba con una amable sonrisa apoyado en la silla del benefactor y esta se encontraba girada. El codo del sirviente dejaba caer la mano a la altura de lo que habría sido la cabeza del comensal. 

  -¿Donde ha ido nuestro futuro benefactor?-Preguntó la dama, tímidamente. 
  -Al parecerse encontraba indispuesto y ha decidido marcharse, señorita. Si lo encuentro le diré que se reuna con usted en el salón de los invitados...¿ha escuchado eso?.-Preguntó de pronto el mayordomo.-ha sonado como la pisada de un gato sobre una cama de una habitación del piso superior en la que se encuentra un cofre lleno de dulces. 

  Abriendo los ojos de par en par y olvidando todo lo extraño de la situación la dama corrió hacia su habitación cuidando, eso sí, de que no se manchara el vestido. 

  Lánguidamente tumbado se encontraba un gato negro sobre la almohada de aquella cama. Tenía el aroma del cabello de la dama que ahí todas las noches dormía. Fue entonces que la puerta se abrió de par en par y el gato abrió los ojos. Entonces dos lagos azules se encontraron con dos campos de budelias y dos brazos blancos tomaron al oscuro caballero de cuatro patas y cola condescendiente y lo alzaron en el aire. Seguidamente la dama murió de felicidad. 

  Al día siguiente la dama despertó con el "nekito" sobre su pecho. La mirada con sus ojos morados y el mayordomo le informó de que el benefactor no estaba, que se había marchado y de forma poco decorosa había roto una de la sillas a la altura del cabecero de esta. 


martes, 11 de noviembre de 2014

El universo en una mirada.

El rostro de aquella dama poseía un rictus de concentración máxima mientras sus dedos finos y delicados, de amante experta, se deslizaban con el lápiz firmemente agarrado. En su cabeza había muchas ideas y ciertamente las quería plasmar todas, sin miedo a que quedara una insana locura o una reverenda obra de arte hecha a base de los desperdicios de ideas pasadas. La noche estaba cayendo en aquel momentos mientras la luna se filtraba por la ventana. Una luna llena enorme estaba presente, como siempre, en aquel lugar paradisíaco en medio de ninguna parte del espacio y del tiempo. Y aquello no le dejaba en el cuerpo una sensación de soledad. Todo lo contrario. En aquel lugar los pensamientos eran de tal fuerza que parecían formarse como identidades propias y acompañaban a a quien habitara en aquel lugar. El largo cabello negro suelto caía en aquel momento tapando levemente parte del rostro de la señorita, dñándole un toque de exuberancia francamente atractivo. 

Entonces una sombra tapó el nácar la luna. Dos ojos negros como dos pozos de luz alzaron aquellos luceros, hermanas de las estrellas enmarcadas en un marco de piel suave y cabello del color de ala de cuervo para observar a quien interrumpió su hilo de pensamientos. Se enderezó al reconocerlo. En seguida abrió la ventana y detectó lo que parecía un olor a lavanda mezclado con algo no tan agradable para el olfato humano. Unos ojos comunes, mas abiertos de lo que solían estar habitualmente la miraron. Ella entonces sonrío y llegó un segundo día a la tierra, o a lo que fuera aquel lugar. La criatura se quedó observando sus ojos antes de que por su lateral observara un movimiento y se tensara. Era la dama, que extendía sus dedos para tocar las dos grandes alas de aquel ser extraño y miedoso, feroz y a la vez tan frágil. la criatura se quedó quieta como si fuera él a espantar a la mujer y no al revés. Entonces ella se acercó y su otra mano se apoyó sobre el torso de aquel caballero oscuro y apoyó la oreja en su corazón, quedándose quieta durante unos momentos. 

Entonces dos mantos de azulada negrura se cernieron sobre la dama y la envolvieron en un abrigo mullido, suave, muy cálido y en lo mas absoluto claustrofóbico. Dulcemente se abrazaron por un momento. Un pincel de cinco blancas hebras con huesos se deslizaron lentamente, creando un contraste que habría encandilado al mas exigente de los pintores. Se miraron a los ojos y ella se disculpó dulcemente con el mas lento y suave de los besos, pues tenía cosas que hacer y en la desgracia de mundo que había ahí fuera, el amor no era la prioridad número uno. Él se colocó a su lado y sencillamente la observaba de vez en cuando cada vez que ella cambiaba de postura, cada vez que resoplaba, cada vez que tosía o estornudaba. 

La dama, como es obvio, poseía esos instintos aun latentes en los seres humanos tocados por la gracia de los dioses y era perfectamente consciente de los dos ojos mundanos que estaba presentes en ella, sobre ella, rodeándola y protegiéndola con un brillo de ternura y deseo, de cálido confort e infinita transparencia. Entonces, cuando tomaba aire para hablar suavemente fue rodeada por dosbrazos y la estrecharon con delicadeza por detrás y unos labios besaron con terciopelo su cuello. El estremecimiento la recorrió de arriba abajo pero mantuvo la formas dentro de lo posible. De pronto, sin darse cuenta, sus ojos se había cerrado, y ella estaba de pie, aun abrazada de esa forma tan ventajosa para su caballero pero con los ojos cerrados y el cuello libremente expuesto. Unos fríos dedos giraron su rostro y entonces se encontraron las dos miradas. 

-¿Que miras?.-Preguntó la dama. No era una pregunta imperativa o hastiada, al contrario, se notaba una cierta timidez en su voz. 

-Veo el tiempo en un solo espacio, la oscuridad en la luz y la luz en la oscuridad. Veo la muerte de un suspiro y un suspiro que es muerte para el engreído y amor para el justo. Te veo a ti y veo un universo dentro de un alma y un alma en un mundo que es mi religión. -Dijo la extravagante y críptica criatura. 

Y la besó con suave pasión, con un río, un mar y cientos de lagos de ideas alocadas y rezos que desparramar en su cuerpo. 

Dentro de aquella habitación, una solitaria rosa azul, era testigo del nacimiento de una huistoria de amor escrita sobre la cálida piel con la tinta del aliento. 


domingo, 2 de noviembre de 2014

Sangre en el asfalto

La luna salía poco a poco de su cobijo entre las montañas que se divisaba desde esa ciudad. Al lado de estas los cañones estaban apuntando al mar, como llevaban haciendo desde hacía unas cuantas décadas. Habían defendido la patria de los barcos enemigos que se acercaban por el noroeste y pretendieron tomar el puerto. Y nunca lo consiguieron. La ciudad seguía húmeda e indiferente a esa historia de heroicidad y gloria. La gente observaba aquellos cañones mas por su tamaño que por su historia. Monte abajo se encontraba la ciudad que custodian a día de hoy en la que todo parece bastante tranquilo en aquella noche. A excepción de un callejón en el que un hombre de mala reputación pretende tener entre sus brazos a una dama que se resiste. La peste alcohólica de su aliento denotan que tan nublada está su razón. Ella desde luego es bella y en aquella noche había decidido, contra todo pronóstico, vestirse de una forma realmente atrayente para los ojos de muchas personas. La mujer trataba de gritar pero una fuerte mano le tenía la boca tapada y casi la nariz por lo que le costaba respirar. Aquel hombre, o bestia, se había criado en la ciudad donde cometía sus fechorías por lo que conocía cada sonido de la ciudad. Estaba atento a la sirena de la policía o a los gritos de algún vecino que se hubiera percatado, pero a su espalda escuchó algo que no esperaba. 

De lo mas profundo de las tinieblas apenas esparcidas por la luz de la luna, una figura negra descomunal se alzaba tapando todo el ancho del callejón. La primera en captar su presencia fue la mujer y seguidamente ese ruin violador que se aprovechaba de la indefensión de sus víctimas para poder probar el fruto del placer carnal. El violador apuntó con su pistola a la criatura pero esta sencillamente fue avanzando, tirando un par de papeleras por el camino y entonces, como un rayo, dos ojos rojos estaban frente al individuo, ignorando a la mujer muda por el terror. Una gran zarpa estrelló al tipo contra una pared y la dama solo pudo escuchar un gutural y animalesco "corre". La mujer no hizo caso y se quedó petrificada al ver lo que no esperaba ver precisamente esa noche. Un gran lobo, negro como la noche, como el mar sin luna, como el corazón de satanás, arrancó un brazo al hombre que emitió un grito agudo. Entonces se produjo otro acontecimiento. 

Una tercera persona llegó a la escena. La mujer aterrorizada había mirado en busca de ayuda, pero no vio a nadie, sin embargo al segundo a su lado, se encontró con dos ojos preciosos que irradiaban un poder demasiado avasallador como para resistirse a nada de lo que dictaminaran. Una sutil sonrisa se extendió por aquel pálido rostro de la recién llegada y sencillamente susurró un "Váyase a casa y descanse. Olvide esto como si nunca hubiera sucedido". Se respiraba una autoritaria amabilidad en aquella voz angelical y en esos rasgos tan suaves, sabios, fríos y bellos. Entonces la mujer se levantó y comenzó a caminar tras colocarse un poco las ropas, ignorando los gritos del violador que recibió un zarpazo que lo dejó prácticamente inconsciente. 

-No me gusta que griten.- Dijo la bestia con una voz profunda.-No soporto que griten.- La gran cabeza de la bestia, casi la mitad del cuerpo del violador, se levó para encontrarse con esos ojos que eran tan sumamente poderosos y a los que no temía pero sí respetaba.
-Lo se.-Dijo en un tono sedoso y casi sedante la mujer mientras una fría y blanca mano paseaba entre las orejas de la gran bestia, algo que relajó la presión sobre el miserable pero que no le permitió levantarse en momento alguno. Se miraron. Sencillamente se miraron como si nada mas existiera en ese momento. Unos ojos rojos, contra unos ojos poderosos enmarcados en un rostro de ángel negro. Entonces ella se arrodilló al lado del hombre y empezó a susurrarle unas cuantas cosas sin dejar de mirar sus ojos en ningún momento. 
-Quiero matarlo... le hizo daño a esa dama.-de la garganta de la bestia salió un quejido acompañado de un gruñido que iba a ser un mordisco de no ser por las tranquilizadoras caricias de su acompañante.
-Lo que hará de ahora en adelante es mucho peor que la muerte que le daría mi oscuro caballero-Susurró la mujer levantándole la zarpa al lobo para que el hombre corriera de ese lugar despavorido.-Confesará su crimen y será castigo de diversas formas. Una vez alguien me dijo que a los violadores no les tienen mucho aprecio.-La mujer sonrió un poco mas y girándose salió de aquel lugar. El lobo hizo otro tanto acompañado por un manto de sombras. 

Un largo paseo los llevó a un descampado en medio del monte cercano a la ciudad. Lejos de las miradas la gran bestia se tumbó y observó a su acompañante. Ella notaba los ojos grandes casi como una de sus manos puestos en ella. Sentía desde hacía el calor, el deseo y una serie de emociones que ella a veces ignoraba para no sobrecargar su propio bagaje emocional. Ella observó a aquel gran animal, tan cambiado desde la primera vez que lo conoció pero siempre constante en sus maneras con ella. Ella sabía que tanto la deseaba y que tantas cosas haría por ella sin ella siquiera pedírselo. Lo de hoy era un ejemplo de ello. Con insuperable elegancia se acercó al lobo. Este la observó atentamente y entonces ella, desabrochando parte de sus lazos, dejó caer la ropa al suelo. La luna pareció volverse mas intensa en su brillo cuando las formas de mujer quedaron al descubierto. Ella se regocijó en ese inexpresivo rostro que a su vez lo decía absolutamente todo. Le recordaba a cierto caballero que tenía en común de amistad su peludo compañero y ella. Pero él era distinto. 

Con unos pocos pasos se acercó y se envolvió en el pelaje del gran lobo negro, que la acogió entre sus patas, dejando como final de una noche una escena idílica y perfecta.

Espero ver esos ojos tan poderosos dentro de poco. 

sábado, 18 de octubre de 2014

Confesión a la Musa.

Me gustaría poder expresar en palabras todas las grandes emociones que me recorren cuando se cruza por mi pensamiento por un segundo la oscuridad de tus luminosos ojos. Encierro en mi mismo los grandes momentos donde fueron tu sonrisa estandarte y tus palabras aliento ahogado contra mi aliento. Un dulce ahogo que se produjo en cientos de noches al encontrarme entre los setos con tus curvas insuperables por el sol o la luna. Me siento renacer entre el vaivén de tus caderas horadando la voluntad de mis ideas para dejarse vencer suavemente, con un dulce suspiro final y esa mirada de ojos negros en donde me refugio cuando tengo miedo. Y es que tengo terror a perderte un día, que todo haya sido un sueño tan dulce como imposible.

 Pero al día siguiente ahí permaneces. Ves despertar mis sueños y mis deseos, adivinas, o al menos intuyes que mis pensamientos se orientan en tu dirección te encuentres donde te encuentres como si se tratara de un girasol. Pasan las estaciones y estas son marco para la veraniega calidez de tu sonrisa y el refugio de los latidos de tu corazón en mis mas fríos inviernos. Los otoños, lejos de ser mustios, mortecinos, muestran el fuego escondido de las hojas al caer en esa lluvia de besos que desearía desparramar por todo tu cuerpo. Y la primavera es para mi el día a día de tu presencia en mi existencia, como esa Dulce Flor que eres, siempre aromatizada con las mejores esencias de la vida, brillante como el sol que la alimenta y colorida como todo el amor en el mundo, pues la vida no es color de rosa, sino de cientos de colores que a ti te fascinan. 

Desearía poder volar, sentirme libre de obrar en plena libertad para poder alcanzar tu vera, en el día tus risas y en la noche tu lecho, reposar en él, entre tus brazos y dormirme con los latidos de tu corazón. O mirarte con picardía, sonreír, dejarme envolver por tus maneras de mujer y sentir que mi cuerpo es una extensión de mi líquida alma, acongojada y plenamente animada por tu perfecta cercanía. Entre noche y noche besos de miel y entre día y día suspiros de placer, de un íntimo placer desenvuelto en los mas variopintos abanicos de miradas solemnes, tímidas, ardientes, intensas, dulces, tiernas. Pero eso sí, nunca vacías o tristes.Que si una lágrima se desprende sea con una sonrisa de felicidad y deje de ser puñal para ser pluma de cristal. 

 Y no sabría que mas decirte tras sentir tus labios. La imaginación es el único lugar donde convergen todas las lenguas y ninguna tiene una palabra exacta para definir la mínima idea de lo que siento al pensar en esos ojos negros. Vienen a mi cientos de tiernos momentos en los que fueron tu sonrisa la protagosnista, o tus miradas, o tus palabras. Hubo ciertos momentos en los que tus lágrimas y tus sollozos fueron a dar contra mi hombre en medio de noches frías de invierno. Y sencillamente en cada momento, bueno o malo, te quería mas y mas hasta el día de ese primer "te amo".



domingo, 28 de septiembre de 2014

Pensamiento de escritor 19: crónica de un cumpleaños anunciado

Introducción:

https://www.youtube.com/watch?v=6dtPU2vNP-E


Crónica:


En fechas del día de ayer, en nuestra querida España, mas exactamente en un local embebido de fama sin par entre las gentes del pópulo así como de la élite, el Sham, se conmemoró a espacio previo de la oficialidad de la fecha, el día del nacimiento de Juanjo, un excelso ciudadano de la ciudad de La Coruña. Alcohol y amistades variopintas, de todos los procederes y condiciones se dieron cita en tan majestuoso lugar para poder brindar al cumpleañero una excelente velada que ensalzaría la gloria de su persona y lo haría sentir feliz entre aliados de batalla.


Los asistentes a tan magnífico evento tuvieron la fortuna de contar con la presencia de caballeros distinguidos como Nieto, tan genial y sociable como las crónicas lo describen. Acompañado de su sempiterna gorra, intercambió jocosas gracietas con el personal asistente en medio de un ambiente de total relajación. Mención al vestido blanco de su encantadora acompañante Celia, que según nuestra modista era discreto a la par que elegante. No queda atrás el llamativo color del cabello de la afamada Andy, de belleza sin igual y llena de una energía y alegría que desde luego daba fuerzas incluso al mas perezoso espécimen, como el que aquí suscribe. Todo ello lo aminizaba la multiespiritual presencia de Eva, regalando tan bondadosa mujer una pitillera al celebrante de la fiesta. 


El desfile de bellezas continúa y debemos hacer una nota especial a la por todos querida Camyla que deleitó a las buenas gentes con una escalada a una mesa y un chupito de jagermeister, algo que causó un revuelo de inesperado espectáculo entre los celebrantes de tan excelso acto. Continúa así un elenco de dama de probada virtud como los son la pasional Ana Miau, la gran actriz Teresa, la constante y bella Sara y la pizpireta Carla, que a previo descubrimiento de mi persona en el lugar no pudieron por menos que expresar su sorpresa de verme fuera de Adormideras. Sin perder el toque de lafeminidad, la calmada y reposada presencia de Mik fue el contrapunto de los ánimos exhalatados por el alcohol que los prsentes a la fiesta ya mpezaban a asimilar en sus organismos. 


Se dieron grandes eventos en tan mágica noche, como la fiesta improvisada en la que Musa y Camyla se ganaron una pegatina de Jagger. Hizo su aparición estelar Richi, acompañado, al igual que muchos de los invitados menos este humilde servidor, del espíritu de Baco y otras deidades de la fiesta en fecha pasadas donde el paganismo reinaba a sus anchas por la bella Europa.

En muy resumidas cuentas, un noche en la que quien suscribe no pudo sentirse mejor acompañado y el cumpleañero tener mejor compañía.

Viva España.

martes, 23 de septiembre de 2014

Cálido despertar.

El sol, en medio de un rubor inicial, despuntaba con majestuosa lentitud, dejando entrever esa puntas ígneas, reveladoras de la vida en el mundo. La multitudinaria hierba estaba embriagada por la noche húmeda en la que el rocío se había instalado a descansar de forma (si por él fuera) permanente. Dentro de una antigua casa de pájaros carpinteros que la madre naturaleza había ensanchado con bastante generosidad, un búho dormitaba tranquilamente, dejándose llevar por el manto del sueño matutino. Un último trazo de la luna, hecha en plata pura, dejaba su última caricia sobre el mundo, tan vacío de nada y lleno de todo. Esa luna redondeada en aquella noche que ya pasaba, dejó un último trazo, una delicada caricia de plata pura sobre el cabello con el caballo peinado a la bella criatura, tranquilamente tumbada entre pétalos de rosa azules y cientos de bellos colores. 

Las cortinas, impregnadas de detalles tan ínfimos como fascinantes, al igual que los tapices y los libros de las estanterías, se abrieron de paren par revelando un día por llegar y quizás muchas experiencias que vivir. Cuidadosamente la brisa llegó desde el norte para poder promover el baile entre las hojas de los cerezos, cipreses, pinos, castaños, eucaliptos y un sinfín de árboles, narradores en ocasiones de historias milenarias. El sabio ululato del búho dio paso a los alegres cantos de pájaros salidos de muchos cuentos, fantasías, historias, tratados antiguos y demás orígenes. Volaban describiendo desde el mas simple de los círculos hasta intrincados recorridos que nunca eran el mismo. Entre las ramas se movían las ardillas y descansaba algún murciélago sin tiempo para llegar a la cueva en la que reposaban sus familiares. Un lobo paseaba entre los árboles, olisqueando en busca de sustento para sus cachorros a la parque un responsable zorro se afanaba en lo mismo. Pasaban entre los refugios de las hormigas y bajo colmenas de abejas, que junto a las termitas, cigarras y los sempiternos grillos, representaban en extracto mas pequeño aunque también mas variado de la madre naturaleza. 

Entre todas esas muestras de formidable color y la maestría de la naturaleza para crear tantas formas de vida similares y distintas, Dos ojos negros se descubríeron tras el fino telón de unos parpados dubitativos a la hora de separarse y revelar tan bello tesoro al mundo. La negrura y brillo del plumaje de los cuervos no se comparaba al de sus ojos y su cabello era una extensión que la noche dejaba como testigo de su presencia en un tiempo no tan lejano; apenas unos pocos minutos. Los dulces cantos de los pájaros fueron una alegría para los oídos de la dama, estirándose justo en ese momento a la par que sus labios emitían un quejido que iba in crescendo hasta hacer vibrar todo el entorno que la rodeaba. El cabecero de la cama, bellamente decorado con motivos florales había sido la sujeción a la realidad en lo que aquel caballero de apasionadas intenciones predicó a lo largo de su piel tras la caída del sol. Una sonrisa se extendió por su rostro cuando unos dedos se deslizaron suaves como un suspiro a lo largo de su vientre y subieron hasta posarse en su rostro. Sintió la presión de unos labios contra los suyos. Recibió a su amante con similar ternura, amoldando los labios y causando un encuentro entre los alientos. 

Abrió los ojos a la par que se separaban las bocas y unos ojos la observaban con infinita ternura, dejándose mimar por unos dedos blancos y nada fríos, todo lo contrario, llenos de una calidez que parecía que solo emanaban cuando era su piel la que recibía todas las atenciones. Ella se volvió a estirar, a punto de soltar otro rugido cuando un suave sonido de placer interrumpió la fabricación de tan deliciosa nota, al notar una tibia boca besar su cuello, rodeándose ambos de la presencia del otro. Embebidos en suaves caricias, se dejaron llevar entre sensaciones de dulce placer y pecaminosa y tentadora provocación. Una cacería donde dos cazadores se convertían en presas, donde primaba una exquisita igualdad:

-Mi caballero.-Susurró sensual la criatura mas bella sobre la faz de la tierra, aquel ángel que incitaba con sus maneras y suaves, calidas caricias a cometer muchos tipos distintos de pecados. Buscó sus labios pero estos comenzaron un lento descenso hacia terrenos conocidos pero demasiados fascinantes para visitarlos solo varias veces en una sola noche. 


Y ahí, entre rosas azules,
poemas susurrados al oído 
en medio de una lluvia 
de tiernos suspiros capaces
de derretir el hielo mas frío, 
como garras de aves rapaces,
los amantes se unieron de nuevo.


viernes, 12 de septiembre de 2014

Al fin.

La gente iba y venía por la calle empedrada y golpeada por el sol. La temperatura era agradable, acompañada de una vista que dejaba en calma los sentimientos mas negativos. Las mesas blancas atestadas de gente sostenía, como es lógico, todo tipo de comidas y bebidas en las que las personas se recreaban en su sabor. Aquel lugar, de los mejores de la ciudad, estaba siempre lleno de clientes, con la presencia de muchos turistas que bajaban en manada de los grandes transatlánticos. Todos los acentos estaban ahí presentes. Las grandes ciudades flotantes esperaban elegantes a que volvieran a llenarse de inflados turistas ingleses o chinos para ir al siguiente destino. La gente iba y venía dejando el dinero a la atenta camarera y luego marchándose para no perder el barco o para regresar a sus quehaceres. 

En una de las mesas había una pareja que tomaba algo tranquilamente. Las personas que estaban en las otras mesas, sobretodo los hombres, de vez en cuando miraban a la dama que tranquilamente tomaba un té. Las mujeres, ciertamente, no encontraban el mismo entretenimiento vidual en el caballero que se sentaba frente a la dama. En verdad a ambos no les importaba las miradas que despertaban o dejaban de despertar. se miraban fijamente mientras el tiempo pasaba. El cabello negro, precioso, de ella ondeaba ligeramente por acción de la brisa y constantemente su sonrisa estaba en lo alto, tranquila, sin preocupaciones que enfrentar. Miraba de vez en cuando hacia el puerto, donde había todo un bosque mástiles de barcos que tenían alguna historia que contar en las aguas oceánicas. Sus ojos negros eran penetrantes como dos lanzas de hierro oscuro. 

Él estaba vestido de traje negro y miraba a su acompañante con devoción.

Ella era el cúmulo de emociones mas dulce del mundo. Observaba cada detalle de lo que los ojos le permitían ver mientras ella a su vez miraba con completa ternura a dos niños jugando en las inmediaciones. Una de las niñas se le quedó mirando por un momento y ella, por instintiva reacción, correspondió a su curiosidad con una sonrisa que podría dar una nueva vida incluso a los difuntos. El mundo se iluminó por un momento, toda la terraza parecía no albergar ni una sola sombra. La niña volvió a sus juegos y la bella dama la siguió con la mirada por un momento hasta que se perdió de vista y volvió a mirar a su elegante caballero. Este la observaba con el asombro en su rostro, como si fuera la primera vez que la tenía delante. Ella bajó un poco la cabeza sin dejar de sonreír.

-¿Que ocurre?.- Preguntó con cierta timidez a la vez que curiosidad
-No....-Comenzó a decir aquel hombre tan elocuente pero ahora mas falto de palabras que de agua un desierto.-No sabes lo afortunado que me siento en tu presencia. 
-Oh vamos - Comenzó a decir la dama con tierna sonrisa pero el caballero interrumpió 
-A donde tu quieras ahí te seguiré, solo para poder ver esos ojos negros que me persiguen y me capturan en sueño, ante los cuales no siento temor. 

Ella sonrió un poco mas y se puso a beber de su taza de té sin mirar al caballero, halagada hasta lo indecible. Ella no comprendía a que se debía tanta adoración. A lo largo del camino para llegar a ese sitio, mientras paseaban, bellas mujeres ataviadas con vestiduras sin duda mucho mas atrevidas que la suya (un elegante vestido negro sin escote aunque si que resaltaba sus formas) había pasado por delante de ellos. Él en ningún momento había desviado la mirada ni la conversación. Ella era como la única mujer de toda esa ciudad ahora mismo. Quizás del mundo. No hacía ni referencia a amistades comunes. Solo callaba cuando la mirada de ella se posaba en la de él, el caballero lo advertía y dejaba paulatinamente de hablar. Se le iba el hilo y tenía que preguntar en que punto de la conversación iba. El caballero decía muchas tonterías, algunas incoherencias, locuras que solo él entendía pero ella reía igualmente. 

Y ahora estaban ahí, frente por frente, degustando un té y un batido de limón. Ella rezumaba elegancia, bondad, luz, carisma, ternura, afecto, inteligencia. Era un todo hecho mujer. Tan compleja de entender como fácil de ofender y aun así no perdía la sonrisa, con la que acuchillaba a sus enemigos y a los que le fallaban en la senda de la vida. El caballero no perdía de vista cada cosa que hacía, cada segundo que pasaba. No se perdía ni de contar cuantas veces se movía su garganta para tragar el líquido que espabilaba en sustitución del tradicional café. Un humilde colgante con una esmeralda decoraba con sencillez y elegancia el cuello de la dama, que había sonreído y casi saltado de alegría cuando lo vio sostenido en su cuello, colocado por el propio hombre que ahora estaba mirándola con adoración. 

Y la tarde pasó y llegó la noche. Pasearon tranquilamente, con ella agarrada de su brazo y él en el cielo. Fueron a bailar y rieron ante todo lo bello que les ofrecía las calles de esa ciudad, gris en apariencia pero llena de motivos de alegría. Los músicos callejeros tocaban canciones, los vendedores estaban ocupados ofreciéndole lo mejor a aquella dama ante el ojo vigilante de un caballero que la protegía en cuerpo y alma. Unos cuantos amigos los saludaron. Miradas pícaras al joven y de amabilidad suprema a la buena mujer que había sido tan bellamente anunciada por tanto tiempo. Al fin había llegado en la ciudad y muchos vieron a ese caballero hacer algo que no le veían hacer muy a menudo: Sonreír. 

En la noche la fiesta se intensifico y una vez llegados a la habitación ella se acostó dejando por el camino un rastro de sinuosos pasos que encendían imaginaciones y relatos, poesías y caricias de alientos entremezclados en la imaginación de aquel caballero. Pero esa es otra historia. 

A la mañana siguiente, aquel mar de luz hecho mujer, amanecía cubierta por sábanas de satén azul y una rosa del mismo color entre ella y el caballero que la protegería ante todo y todos. 


sábado, 6 de septiembre de 2014

La reina de la noche.

La música sonaba descaradamente fuerte dentro de aquel lugar atestado de gente. Los sonidos inundaban cada parte del ser en medio de los ritmos mas frenéticos que pudieran ser asimilados por los pies de un ser ghumano. Las manos se alzaban al techo buscando sentir la vibración de la música por toda la extensión de cuerpos ataviados con ropas atrevidas unas y no tan provocativas otras. Los latidos del corazón se equiparaban en toda su frecuencia a los de aquel jinete del sonido que modelaba las ondas como un escultor a la arcilla, y sumía a la masa en un tumulto que se movía como una célula viva. 

Los grandes focos no se paraban en nadie en concreto, daban su nota de color a esa atmósfera donde los pensamientos mas profundos se ceñían a seguir en pie y bailando, riendo y disfrutando. Los grandes momentos eran brindar con los amigos por los triunfos o por la vida, a veces por el amor. En aquel amor residía la esencia de muchas cosas y dicho amor se daba de muchas formas. Había amores pasajeros, como los de aquel par de hombres que se besaban en una esquina y que se profesaban una pasión ciega algo nublada posteriormente por el alcohol. Existía el amor mas carnal de los seres que se conocen por un tiempo y el reloj de la pasión les impulsa a consumar actos mucho mas cercanos y mas carentes de ropa en los baños de aquel lugar atestado de almas festivas. El gran acontecimiento de la vida se daba por doquier entre aquellas cuatro paredes. 

Entre todas esas personas se encontraba la dama mas bella de todas. Era una belleza morena que para el momento se había decidido a lucir las formas de su cuerpo con ropa realmente sensual. Sus ojos oscuros estaban envueltos entre los láseres y la música la llenaba mas que todos los posibles pretendientes que pudieran reunirse a su alrededor en esa y en el resto de las noches de su vida. El discreto escote permitía apreciar, de poderse lograr fijar la vista, unos senos ni grandes ni pequeños, que podrían ser cubiertos por dos manos hábiles pero bien resguardados de aquellos que desearan hacer tal cosa. El vientre liso, de piel suave y blanquecina pero no pálida o cadavérica se insinuaba y cuando se estiraba mucho un azulado motivo pétreo decoraba su ombligo. El baile era continuo y su sonrisa estaba a la vista de todos los que tuvieran un segundo para respirar y encontrarse de frente con esa exuberante danzarina celestial. 

Todo era diversión. Los problemas del mundo no existían y nada estaba al alcance del mal. Otras tantas mujeres bailaban luciendo cuerpos mas o menos atractivos, pero ella era la estrella de la noche. Al menos así era a ojos de un discreto ser que la observaba sin dejarse distraer por todos los posibles acercamientos de mujeres que pudieran mostrar algún interés en él. Él era una clase de persona de las que no abundaban en aquel espectáculo de poco disimulado vicio. No pestañeaba ni cuando alguna luz le daba en los ojos muy directamente. Solo tenía ojos para ella y para nadie mas. Entonces se produjo un incidente y el caballero, dando un último sorbo a su bebida, se acercó a la escena. 

Un atrevido explorador y curioso de la anatomía femenina había escogido como sujeto de pruebas a la persona equivocada. Al momentos tres grandes montañas movilizaron a toda la gente alrededor hasta poder contener o detener al que había cometido el exceso con la danzarina celestial. Unos ojos de rechazo generalizado fueron clavándose periódicamente ante aquel depravado ser. Los brazos de la dama envolvieron el cuerpo del caballero y este, con una sonrisa amable, bondadosa, impregnada de una sincera y genuíra ternura hacia aquella criatura, por quien daría la vida, se desasió de aquella confortable y perfecta presa. 

-Solo vamos a hablar un momento reina de mis sueños. Tendremos unas palabras y entonces volveré para que bailemos toda la noche.-Dijo con una ternura en la voz, una dulzura extrema que revelaba el temblor en la voz de quien desea gritar o derretirse ante los ojos de la persona que ama. tomó sus manos y las besó con suavidad, sin dejar por un segundo de mirar esos ojos que nunca se cansaría de ver. Aun la preocupación estaba pintada en su perfecto rostro. Adivinó que ella pensaba que había causado una situación incómoda para todos los presentes y que no soportaba sentirse culpable. Antes de que ella expresara nada tomó su rostro y le acaricia la mejilla mientras unía sus labios a los de ella en un beso suave, dulce como la miel. de las manos del hombre surgió una rosa azul que entregó elegantemente a la interpelada. A lo lejos una voz un tanto afeminada decía "ya quisiera yo uno así para mi" y varios caballeros asentían. 

La bendita bondad e inocencia de la dama le hicieron soltar a aquel caballero que la halagaba cada vez que podía, que la aconsejaba y cuidaba y sobretodo que la adoraba con todo su ser. Y aun conociéndola no pudo evitar cierto gesto a sus aliados de batalla, que se llevaron al ser hasta un lugar algo mas apartado. Lo que aconteció nunca se supo pero quien se dirigía a la bella bailarina lo hacía siempre desde el respeto y la humildad cuando el caballero con fama de celoso estaba a su lado. Y cuando no estaba a su lado también.