viernes, 20 de enero de 2012

Su mirada

El velo de ternura cubría sus ojos, que lentamente se fue corriendo para dejar paso a la realidad. Y esa realidad no cambió nada pues sus ojos eran ciegos. En la medianía de esa aciaga noche nada era mas bello que el contemplar como el tiempo lenta y rápidamente pasaba ante sus ojos, entre ellos, que poco a poco se fueron desperezando. O mas bien ella que le regaló un bostezo. Sus cabello se encontraban desparramados a lo largo de toda su espalda y parte de su pecho como si quisieran cubrir el cuerpo de esa musa con el máximo pudor posible. No miraría su cuerpo con deseo, no era momento de ello y lo cierto es que cuando sus ojos se abrieron poco importaba ya el resto de la humanidad, con sus defectos y sus problemas, con virtudes y bendiciones. Dos milagros ante sus ojos, mirándolo fijamente como una pequeña infanta curiosa por saber o querer descubrir porque él la miraba de ese modo. Cuan maravillosa era la visión de su mirada, reflejos de una realidad que parecía ir mas allá de cualquier imaginación desquiciada de un buscador de miradas que fueran perfectas y maravillosas. Las pestañas perfectas, sus ojos oscuros que eran sinónimo de sinceridad. La luz de ese interior, de esos ojos que buscaba en sueños cada noche cuando dormía y en los rostros de otras personas cuanto salía al mundo exterior. 


Sencillamente se miraban en medio de una quietud pasmosa. Una magia imposible relajaba sus musculos, los problemas se olvidaban y nada mas importaba salvo el causar que esa sonrisa continuara viviendo. Esa sonrisa que ascendía de sus labios a su mirada. Cuan bella su mirada cuando sus labios sonreían, una visión imposible de plasmar con palabras y pinturas, mármoles y cerámicas. Nada existía en la noche cuando ella permanecía despierta, ni luna ni estrellas, a excepción de dos en su rostro perfiladamente perfecto, de piel suave y necesariamente coloreada por un leve sonrojo que causó un suspiro interior. Los ojos de ella eran el cuadro perfecto para ese marco carmesí en el que poco a poco se fue celebrando una nueva fiesta en la que unos finos y casi cadavéricos dedos rozaron suavemente su mejilla. Nada mas existía en ese momento, a esa hora tardía que el tiempo hacía pasar rápido por obligación mas que por querencia o deseo. Las suaves caricias se extendieron a su cabello y esa sonrisa se hizo mas grande. No podía ser posible su presencia ante la de él, ser abyecto de la naturaleza, lleno de deseos y frustraciones, traumas, malos recuerdos, demonios, fantasmas. Aunque todo eso era asesinado sin la mas mínima piedad por la mas bella musa que halla tenido el placer de conocer. Suavemente su mechón quedó oculto tras su oreja y la sonrisa se hizo un poco mas grande. 


En un repentino gesto ella se acercó mas y mas y se ocultó en su pecho a raíz de una timidez que surgió de pronto de su interior. Los dedos entonces se dedicaron a peinar suavemente su cabello, con paciencia, con la delicadeza mas extrema con la que la brisa acaricia la espuma del mar. Un mar negro como su cabello que suavemente se había apartado para dejar ver entre medias unos ojos que aun, mirando ligeramente hacia arriba le miraban y se volvían a esconder. Su fina mano ascendió por su pecho y la posó en la parte que el progenitor de ese miserable había definido como corazón de caballo. Con el suave gesto de ella ese corazón pasó a pararse un instante cuando de nuevo sus ojos reaparecieron tras esconderse en su huesudo cuerpo. Las formas de ella eran sencillamente armónicas, no existía ningún prejuicio a no ser que a los mismos ángeles ahora se les prohibiera estar en compañía de cadáveres andantes que tenían la capacidad de sentir emociones en demasía. Un brazo se deslizó suavemente por su cabello, negro como la noche que eran los tiempos en los que ella no se encontraba cerca de él. Con lentitud se fue acercando y dejó un sacrílego beso en su cabello. Ella de nuevo se escondió pero después miró de nuevo sus ojos y el mundo se paró por un momento para él. Esa musa de sus sueños, la que salía de sus labios incluso cuando el menos lo esperaba miraba sus ojos, no con asco sino con aceptación, timidez, curiosidad y la luminosidad de la inteligencia en ellos. 


No importaban ya tiempos ni espacios, ángeles o demonios, dioses y miserables, solamente importaba el querer que su sonrisa no desapareciera. Las luminosas esferas de su rostro se tornaron mas vívidas a medida que ese sueño se iba afianzando y ella con delicadeza movió sus labios, un susurro apenas audible que nadie mas alcanzó a comprender. Las mano que acariciaba su cabello seguía lentamente su rumbo de arriba abajo. No pudo evitar que los labios de un ser atormentado se posaran en su frente y con la delicadeza mas infinita fuera recorriendo esta rumbo a su sien, en donde yacía la esencia del pensamiento y bajaran, rozando apenas una de sus perfectas orejas, a veces decorada con joyas innecesarias para acentuar su alta belleza, para finalizar ese corto viaje hasta su mejilla, donde esos labios se deleitaron por un segundo con la suavidad de su piel. La noche era cada vez mas clara, símbolo de que el día debía de llegar en cualquier momento y lentamente se fue creando esa nueva atmósfera de renacimiento de la vida en el exterior. Sin embargo, en esa iluminada habitación, un hombre buscaba los ojos de una musa. Los ojos qu encontró cuando ella susurró de nuevo y besó sus párpados. El hombre abrió los ojos y vio sus ojos, y en ellos había luz, mucha luz, una luz que entraba por la mirada y bajaba hasta el mismo infierno interior, dejando que al guerra contra el bien y el mal finalizara dentro de él. Nada importaba, solo ella, y cuando ella aparecía entonces solo el tiempo era único invitado, pesado lastre para hacer eso perfecto. Una perfección basada en la eternidad. 


Una eternidad que gustaría de pasar en su mirada. Mirando sus ojos él quedó dormido. Fue lo último antes de despertar en su cama, en su habitación, con el tiempo corriendo...


...Y el deseo de ver sus ojos una vez mas... 

miércoles, 18 de enero de 2012

El segundo amanecer

Caía una suave llovizna en esa pradera suave y lisa como el mas exquisito suelo de un mármol verde, tela de una lenta evolución natural. Las pequeñas gotas se arremolinaban en la verdosa alfombra y nada mas yacía en ese lecho del color de la esperanza. Con la salvedad de que en medio de esa llanura verde, rica en vida y con el revoloteo de las mariposas, las nubes cubrían el cielo y nada mas que un hombre se encontraba ahí en medio de la pradera. Pecados muchos recorrían sus venas y pensamientos a millones en los que no hacían mas que entrelazarse la idea de dos bellos ojos. pensaba en esos ojos como principio y fin de todo y sonreía ante el recuerdo de su silenciosa sonrisa y de sus ojos, bellas esferas en las que adivinar mil matices y mil detalles que le invitaban a seguir pensando. Miró toda la extensión y la luz que poco a poco se iba apagando en el mundo para que la oscuridad se instalara en corazones y en las mentes de todos aquellos que habitaban el mundo que poco a poco las tinieblas iban devorando. Nada parecía tener ya solución y se necesitaba de aquello que fuera mas allá de lo imaginado por cualquier hombre o mujer, niños o anciano. 


Guardando su sonrisa y cambiando su rostro por una máscara de mármol blanco, salió de esa pradera. En su apariencia todo era destacable y a la vez rechazado por los grupos humanos de su gente. Los animales le acompañaban y su primer reto fue un bosque donde las miradas de ojos desconocidos y siniestros eran lo que mas abundaba. mas incluso que los propios árboles . la llovizna no llegaba a través de las copas de los árboles pero si que era la oscuridad y las ramas algo que podían perturbar el pensamiento con la ilusión de atacantes y de depredadores que le pudieran destrozar. Gruñidos lejanos, chillidos, algún grito de socorro lanzado por alimañas e incluso personas no lograron perturbar ni medio milímetro su rostro. mensajes de desesperanza susurrados por aire que se colaba entre las ramas eran lanzados, vertidos como el mas sibelino veneno a su determinación. Las serpientes y los insectos se afanaban en desviar su atención pero él continuaba su camino impasible. Era su propia esencia a lo que se enfrentaba. Las caricias de las ramas tenían el regusto amargo y dejaban heridas en su blanca piel, que como un moribundo, se enfrentaba pasiva a todas las inclemencias que le presentaban. 


Se encontró con el final del bosque y ahí podía verse un río en el que las corrientes eran tan poderosas que a lo lejos se vio como un caballero era arrastrado. La llovizna, de nuevo presente, había dejado el suelo lleno de barro y era todo resbaladizo y muy dificultoso en el trayecto. Pero ese gesto de piedra se seguía presentando en su rostro y a una sola mirada de poderosa ira y determinación el suelo se secó y el río se congelo al momento en que sus pies tocaron el agua. Las gritas que abría a su paso no sirvieron para amedrentarle, nada le haría rendirse a aquello que tenía dentro de su cabeza y que hacía latir el corazón. Los tenía grabados a fuego, el fuego de la voluntad humana de encontrar lo que se deseaba, caiga quien caiga. Nada lo haría detenerse. Ni el frío que encrespaba su largo cabello ni los lamentos de los muertos del cementerio que atravesó. Espíritus malignos que tenían por única meta en esa existencia entre dos mundos el de llevar a cabo las peores pesadillas de aquellos que se cruzaban en el camino de sus sádicas intenciones. Mas susurros de agobio, de agonía, una desesperación pútrida que se hacía presente desde dentro de las propias entrañas y las desgarraba en toda clase de formas y figuras, como si mil cuchillos de hielo tatuaran en su piel las mas grotescas e inspiradas pesadillas, ya fuere con palabras o con imágenes. 


Llego a la ciudad de los secretos muertos. Mas miradas, de sospecha esta vez, susurros a sus espaldas, al lado, miradas indiscretas. Ahí todo se sabía pero nada se decía. La duda se instalaba en los corazones de cualquiera que consultara a esas gentes, tergiversadoras de la verdad, envenenadoras de las palabras y creadoras de las discordias mas insalvables en las que diplomacia y educación perdían su significado mas banal. No fue suficiente para detenerlo, y los jóvenes rostros de algunas, adoptadas por la hipocresía no fueron suficiente para hacerle dudar en su empeño. Ellas no tenían aquello que él buscaba. No los miró aun escuchando las calamidades mayores del reino. No se dejó enturbiar la mente por muchas palabras contra la idea que hacía que se moviera a su destino que se recitaran.  Pero no mirarlos ni escucharlos no significaba dejarlos vivos. Con dos poderosas alas de fuego, bestias ígneas que salían de su espalda, arrasó todo el lugar, sin la mas mínima piedad, ni siquiera de ancianos y niños que estaban destinados a ser tan miserables como los que habían tratado de detenerle en esa ciudad de nombre borrado con dolor y llamas. Ni un músculo de agrado o diversión, tristeza o arrepentimientos movió el ser alado, que desvaneció sus alas con el próximo viento que se le acercó. 


Lentamente caminó pero con decisión, sin mostrar cansancio. Divisó la luna, la cual se mostraba pasiva ante la envidia que sentía porque nadie jamás lucharía así por una de sus miradas. siguió mirando al cielo, a las nubes, que lentamente se fueron espesando mas y mas y la lluvia comenzó a caer. Seguía la luna los pasos de uno de sus fieles servidores que largamente había luchado por el favor de la dama mas pálida y bella del mundo, exceptuando la misma muerte. Con delicadeza se fue la luna, de forma discreta y en medio de la nada surgía el nuevo amanecer que con prestancia, se empeñaba en lanzar los nuevos rayos al mundo. Con elegancia se siguió moviendo el caballero no prestando nunca mas la atención debida a esos acontecimientos. Sabía que estaba cerca de su destino. Y entonces surgió el segundo amanecer. 


Alcanzando ya la tarde, casi noche, cuando el sol, con un calor abrasador no le hizo abandonar tan peligrosa misión, vio a ese segundo sol salir de la nada, como si de una visión se tratara, de esos espíritus que fascinana  los viajeros y los llevan a la perdición y salvación por igual. Ahí estaba ella, con esa sonrisa que hizo resquebrajar en toda la máscara de mármol del caballero oscuro, de esa criatura que no necesitaba de mas que de su presencia. Se acercó a ella y miró sus ojos. Y descubrió la terrible verdad, la mas inmutable de todas. Suavemente sus manos tomaron las de él, el corazón se aceleró, las miradas no se separaban no aunque estallaran mil soles entre ellos. Con discreción la lluvia se marchó dejando paso al día mas maravilloso de la existencia de un ser atormentado que al fin había encontrado la luz. La mujer mas bella que un amanecer se encontraba ante él. Una flor decoraba su cabello. La sonrisa de él se hizo mas grande 






domingo, 15 de enero de 2012

La señora y el espejo

Acrecentado en virtud de su belleza y nada mas lejos de una realidad que se pueda exponer con palabras, tras finalizar un recorrido que se ha llevado vidas por delante en medio de numerosos peligros, se elevaba un castillo sobre un acantilado en el que las gaviotas daban rienda suelta a sus gritos incesantes y a toda clase de actos animales: la puesta de los huevos, la caza de pequeños peces, el rechazo de ataques de zorros y demás. Nada fuera de lo normal en ese exterior fresco, marítimo, innecesario de describir pues en todo ese esplendor algo le robaba el protagonismo a la escena. 


En lo alto de la torre de un castillo, los fieles siervos estaban acarreando un pesado de cuerpo entero que posaron frente a una bella dama. En esa habitación las ventanas estaban abiertas de par en par y la luz se colaba a chorros por entre los espacios que no tapaban las danzantes cortinas, que se agitaban hacia el lugar en el centro de la estancia donde esa mujer se exponía totalmente al descubierto a miradas y pensamientos lascivos. El aire que entraba llevaba el aroma de su piel a lo largo y ancho de todo ese castillo que era de su propiedad y solo era necesario medio gesto suyo para que se cumplieran sus caprichos. La manufactura de la decoración era esplendida, impuesta por los mas ingeniosos y afamados decoradores pero nada mas que en el resto del castillo tal gala se hacía presente, ya que esa habitación contenía a esos dos elementos: la mujer y el espejo. Hasta que entró el tercero en discordia. 


Fue caminando, ella lo vio al momento ya que ese espejo daba a la entrada pero se quedó quieta, sabedora de un delicado y sutil juego que debía de comenzar con un hechizo, el de unas palabras que serían solamente escuchadas por ella. Pudo ver en su rostro una sonrisa que pronto se borró por pura teatralidad. Sus pasos lentos se fueron acercando mas y mas hasta que el aroma de la piel de ella se hacía insoportablemente irresistible, y muchos ya estarían suplicando la mínima caricia. Pero solo lo harían los seres inferiores, y ellos estaban en el mismo nivel de superioridad en esos momentos. Lentamente unos dedos blancos se hicieron notar en la espalda de la dama que sonrió preparándose para lo que seguía mientras esos mismos y delicados, finos dedos se deslizaban por sus hombros lentamente y unos labios se acercaban a su oído para empezar una de las acciones que el mas disfrutaba:


-¿Que ven mis ojos? Una diosa mirándose en un espejo?- Suavemente los dedos se deslizaban por sus brazos recorriendo y sintiendo cada poro de su piel- Ese vulgar trozo de metal de aspecto tan caro no puede ni reflejar la milésima parte de lo que llena nuestros ojos con la sencilla visión de tu cuerpo, bella señora de este castillo y de las voluntades de tus siervos. Ese espejo es un pecado, una broma de mal gusto, una ofensa para los que son como tu y como yo. Solamente unos ojos que sepan observar serán capaces de vislumbrar toda la esencia de tu belleza.- Tranquilamente sus manos se acercaron al final de sus brazos, llegando a sus dedos y entrelazándose con estos un instante antes de seguir tu recorrido. Unas plumas sueltas acariciaron su piel de forma lenta, sutil, queriendo probar la veracidad de sus palabras. Continuó el ser alado:


- Eres señora indiscutible de este mundo y las señoras, las reinas, emperatrices de otros mundos te deben homenaje y bendecir el día que llegaron a rozar una pequeña gota de la gloria y la majestuosidad que te envuelve. Tu eres poder en estado puro, bendecida con la virtud del dinero, la fama, todo. Señores y reyes se disputan una sola de tus miradas, los he visto con desprecio desde las alturas discutir sobre la mejor forma de llamar tu atención. No saben que con una sola orden besarán lo que tu les ordenes. Miserable. Alimañas miserables llenas de pecado y tentaciones banales. Tu y yo somos mas que eso. Tientas con un solo gesto y yo bendigo las tierras y los corazones... Pero es bonito caer en la tentación contigo reina de reinas. Piensan tener el poder de convencerte alguna vez para que les entregues tu favor, y me río de los que peiensan que pueden someterte a ti, pero no saben que ellos todos están a tu servicio, te pertenecen, son lo que tu quieras, desde esclavos hasta juguetes. Eres poderosa... -dijo esto último en un susurro suave y sibelino, como una serpiente que acecha a un ratón. Solo que la serpiente acechaba quizás a una cobra.


Unos labios se arrastraron suavemente por la curva de se cuello fino y delicado que palpitaba en una sangre que escasamente había rozado los labios de ese ser abyecto y alado que buscaba uno de sus mayores placeres: llenar de vanidades inamovibles pero ciertas los oídos de esa reina aislada en esa torre que tenía el poder sobre todo y todos. El aroma de ella se colaba por las fosas nasales en torrentes tan arrolladores que podrían enloquecer a cualquier hombre o mujer. Un aliento ardiente se desparramó por su cuello antes de depositar en este un beso lento y suave a la par que dos manos finas y delicadas se deslizaban con libertad absoluta por su cuerpo. Sabía que podría tocar cuanto quisiera siempre que él lo deseara. O así lo deseaba él. 


-Tu cuerpo, querida, no es algo que se pueda representar con facilidad ni siquiera en el reflejo de un espejo como el que ahora mismo tenemos delante. Tu cuerpo debe reflejarse en la mirada de un amante que, sudoroso por el mas entregado de los encuentros sexuales, te mire con la devoción que mereces, que sacrifique la propia vida por complacerte hasta en el mas mísero de tus caprichos. Es una ley universal que la naturaleza debe de tener su equilibrio, pero es otra que tu puedes romper ese equilibrio a voluntad y hacer lo que tu mente demande. O quizás aquello que llaman corazón. Pero ese tema es peligroso y no lo tocaremos mucho...o tal vez zonas cercanas...  -Una mano se cerró suavemente en torno a un seno suave, blanco al tacto, que llamaba ser masajeado y adorado con manos y labios.- Tu cuerpo cada día es una aventura nueva, en él se descubren miles de cosas, hasta que restallan los gritos de un placer que pocos tienen derecho a probar salvo que los honres con esa esencia llena de calor de tu placer. 


Instantes después los cuerpos de ambos, en medio de los vapores del placer y al lujuria, se entremezclaban, dejando a su paso alguna gota de sangre, heridas leves y miradas que se cruzaban como animales a punto de desgarrarse. Reflejando esa realidad en una falsa ilusión causante de muchas depresivas visiones del mundo, un espejo. Y nada mas. 

sábado, 14 de enero de 2012

El sacrificio

Dejado de la mano de Dios, un pueblo estaba en la constante agonía y el acecho de una criatura que se encontraba en las pesadillas del pueblo llano desde hace siglos, ya que era un lobo que se aparecía en los sueños de las jóvenes del lugar. Siempre se despertaban con algún arañazo al despertar y eso causaba la preocupación de todo el pueblo. Los sabios del lugar estaban contrariados, no sabían que hacer y no recurrían a la iglesia pero sí que ofrecían ganado y ofrendas al lobo, desde algunas plantas los mas inocentes hasta algunos animales los mas inteligente, basándose en el hecho de que los lobos comen carne pero la carne de esos animales estaba entera a la noche siguiente, y a la siguiente, y a la siguiente. El lobo no quería animales por lo visto y encontraba mucho disfrute en perturbar la mente de las jóvenes del lugar con imágenes aterradoras, en las que se llevaban a cabo asesinatos y todo tipo de actos contrarios a la naturaleza de la Biblia. Con cada día que pasaba la preocupación aumentaba y temían que todas las mujeres del lugar enloquecieran. La inquisición también estaba metida en medio de todo esto, haciendo juicios por brujería. Nada parecía funcionar. 

Llegó al lugar un buen día una bella mujer que decía tener la solución. De bello rostro y ojos negros como la noche, decía tener pleno conocimiento del problema y ser una experta conocedora de la bestia que agriaba las jornadas de trabajo a los buenos habitantes del lugar. Decía ser una especie de cazadora de bestias en alguna pedestre definición. Las personas que se encargaban de cazar animales eran sin duda denominados cazadores y si eran bestias sádicas serían cazadores de monstruos. Tras muchos debates dieron su consentimiento de obra y en una reunión con el alcalde del lugar, hombre de aspecto cruel que no merecía favor alguno, la mujer dijo lo siguiente. 

-Esta bestia es un ser bastante interesante según me habéis contado. Se aparece en los sueños de las jóvenes y seguramente no toque a vuestro ganado porque lo que disfruta, ya que es un ser prácticamente humano en su discurrir, es a una mujer. Por tanto, uniendo varios cabos que son de obvia lógica, lo que se debe hacer si queréis frenar a la bestia es un sacrificio humano.- Dijo resueltamente la mujer. El revuelo fue inimaginable. Le llamaron desde bruja a palabras en su extraño dialecto que mejor no entender. Cuando las cosas se tranquilizaron la mujer de gran belleza y generoso busto continuó- Por supuesto cuando el sacrificio sea ofrecido y esa mujer se encuentre indefensa, yo en todo momento andaré al acecho de la bestia. Y por supuesto le daré caza. Morirá prácticamente al momento. 

Tras unos cuanto insultos y despropósitos mas que la buena de la mujer encaró con la mejor de sus caras sabiendo que cualquier contestación daría pié a un enfrentamiento, los campesinos y el alcalde accedieron. Preguntaron por el sacrificio, si debería de tener alguna característica en especial y la mujer señaló que sí pero que de eso se encargaría ella. Así que fue deambulando entre las mujeres del pueblo que la miraban con escepticismo unas y con curiosidad otras. llegó pues el día que se decidió por una joven de aspecto humilde (como todas las del lugar) que tenía fama de ser una mala influencia para todas. Con sus formas y maneras era un contagio de mala influencia, su mirada estaba llena de rebeldía contra lo establecido y era una de las personas mas detestadas y a la vez de las mas deseadas por los jóvenes y mujeres del lugar (y no respectivamente). Con su cuerpo gustaba de seducir a los hombres y un par de rumores sobre alguna joven que había caído ante sus artes de seducción. Con muchos argumentos destinados a seducir sus oídos y unos cuantos gestos de persuasión la criatura humana accedió. 

Horas después la cazadora y el sacrificio estaban andando a través de los árboles para alejarse del pueblo en el que se llevaría a cabo el sacrificio. se escogió una explanada en la que había buena visión del terreno y en la cual se podría intervenir nada mas apareciera la bestia dispuesta a comerse a su presa. Sobre el suelo había un improvisado lecho en el que tumbó a la joven y ató sus muñecas. Ante esto la rebelde se revolvió ligeramente y la cazadora le explicó de la forma mas educada sentándose a su lado y mirando alrededor. 

-El monstruo en cuestión se aprovecha de la debilidad del sueño para poder atacar cómodamente a sus víctimas. Al ver que estás ´´dormida´´ fuera de casa, se acercará por curiosidad. Por supuesto sé lo que le gusta a base de investigar: le gustan las mujeres, y se siente identificado con el plano de los animales, a lo que se suma su odio hacia los humanos. Y tu eres una mujer bella - no tuvo ni que mirarla para saber que la víctima estaba sonriendo con arrogancia creyendo y sabiendo que son ciertas tales palabras.- Sin duda enloquecerá cuando te vea, disfrutará de la idea de hacerte sufrir incontables torturas dentro de tu mente. Aunque aun falta añadir un par de cosas para que el señuelo sea realmente efectivo.

Antes de que el sacrificio pudiera decir algo, la cazadora sacó una daga. La mujer ya atada tras acceder a ser ´´sacrificada´´, se revolvió de forma evidente pero la cazadora sencillamente dejó un pequeño corte en su cuello que provocó un delicado gemido de dolor. La cazadora le tapó la boca al momento y dijo a escasos centímetros de su rostro. 

-No grites, no gimas, el dolor es su alimento también. Es casi insaciable en eso, por eso los cortes mañaneros, por eso las pesadillas que saquen lágrimas de dolor y miedo a sus víctima. Solo son tres cortes para hacerte mas apetecible a él y que no sea nadie mas que a ti a quien recurra la bestia, que no tenga otra coa en mente que hacerte suya. Créeme que la bestia mas temible del lugar estará prácticamente a a tus pies, se obsesionará con tu dolor. Le conozco bien aunque falta añadir algo mas.

-¿Y que es?- dijo al fin el sacrificio, ya que había estado callada todo el rato hasta que la curiosidad le mató. 

La cazadora sonrió y sin mas unió sus labios a los de la mujer sacrificada .Fue un beso lento, apenas un roce pero los rumores sobre sus tendencias se confirmaron cuando las miradas se encontraron, En los ojos del sacrificio había deseo, necesitaba mas de los labios carnosos de esa mujer tan peligrosa como ella, que conocía los mundos de los hombres y las mujeres por igual. Un roce mas notable se hizo presente en la mujer maniatada que poco a poco se fue sintiendo mas relajada y tensa a medida que los besos se sucedían. la impotencia de no poder moverse, de ser dominada por esa otra mujer era algo que le hacía sentir mas que deseosa de poder ser satisfecha. Con terror y a la vez deseo sintiendo como poco a poco una mano desgarraba sus ropas y otro corte se hizo por encima de su senos. Cada vez que peligraba un gemido en salir una de las manos de la cazadora le tapaba la boca no fuera que la bestia viniera prematuramente aunque no era fácil aguantar las ganas de expresar cuanto placer causaba ese cuerpo y esas manos que recorrían su piel, vestida hace solo unos momentos y que se habían desprendido de los ropajes que cubrían escasamente el cuerpo de esa mala influencia para las jóvenes del lugar. Su cuerpo desnudo era desde luego una mala influencia incluso para Dios. Poco a poco la hoja de la daga se fue deslizando hacia el sur y se llevó a cabo un tercer corte en la parte baja del vientre. Al trabajo de la daga le siguió el de una mano que lentamente extendió un poco la sangre hasta llegar a la zona mas intima de esa oscura criatura. Suavemente se fue derritiendo ella entre los brazos de esa mujer que la tenía completamente dominada. Dos lengua se encontraron y bailaron lentamente, profundizándose las caricias en el sur de esa perdición humana incluso para los mas castos y puros del lugar. Entonces se detuvo la cazadora y miró a su improvisada amante con cara de sorpresa.

-Eres virgen... enloquecerá con eso- Sonría y le susurra en el oído- Virgen y excitada por una mujer, una de sus perdiciones. Quien sabe...quizás ya te esté observando en algún lugar,- y sin mas se levantó y se alejó de ahí para que la víctima, ese sacrificio aparentara vulnerabilidad. Con lentos pasos se alejó sin mirar atrás para que la ofrenda humana no viera la sonrisa en su rostro . 

Horas después los gritos se sucedían, lejos de ese pueblo que nunca volvería a saber de al bestia mientras una mujer de gran busto y ojos negros como la noche descansaba tranquilamente a la espera de la llegada de su hermano. Ese pueblo ya podía dormir tranquilo. Sin duda el oro no se lo darían por la muerte de una de sus mujeres pero de todas maneras el lobo no volvería a atacar esos lares. Un grito especialmente fuerte despertó a la cazadora y dos ojos se cruzaron con los de ella. había sido una pesadilla aquello último, una crónica de lo que había sucedido en ese claro. Sintió esa nariz recorrer su cuello, aspirar u aroma, sintió el olor de las hojas y de al sangre, de la virginidad rota, del dolor y el miedo. Ella tranquilamente acarició el cabello de ese lobo, humano en todo momento que recorría suavemente la cintura y caderas de la cazadora de bestias. 

-Gracias por el regalo hermana... tengo que contarte todo lo que hice con ella... 

viernes, 13 de enero de 2012

La habitación del castillo.

A lo largo del sendero se accedía a un castillo de aspecto tenebroso. Rodeando ese castillo, una sencilla llanura estaba extendiéndose una buena distancia. Su única señal de la mano del hombre era ese sinuoso camino, que como una seductora serpiente, seducía ese recorrido suave hasta llegar a las puertas del castillo, casi fortaleza, que en medio de ese paraje se encontraba. Pocos habían sabido de la existencia de ese lugar, ni siquiera la gente humilde los pueblos cercanos. Se decía que si ese castillo no quería aparecerse ante los ojos de los demás entonces no lo hacía. Pero era imposible que tal creación no se apareciera ante los ojos de su creador. En ese preciso momento iba la persona responsable de cada pared y cada mota de polvo recorriendo ese camino. Un largo camino que ciertamente le costaba recorrer a él, lleno de escombros, de baches e incluso algún cadáver humano. 


Con total impunidad fue recorriendo las curvas de ese trayecto tan accidentado. Los ojos miraban inquietos a todos lados pensando que quizás debería de haberlo llevado a cabo otro día, no por miedo pero sí por seguridad de uno mismo. La noche no había ni asomado, era pleno día, e incluso hacía calor, pero le decía la voluntad que debía de seguir porque si no ella se marcharía y eso no podía ocurrir bajo ninguna circunstancia.  Las curvas se fueron suavizando para después volver a ser de nuevo realmente cerradas ye incluso peligrosas, pues un tropezón podría arrojar a la gente por la colina y causarle contusiones como era el caso de alguno de los cadáveres que ahí se encontraban. En medio de su andadura vio a un par de agonizantes humanos que eran similares a él pero a los que no prestó atención, ni siquiera se molestó en pensar en que extraños sonidos llegaban a sus oídos. Nada mas importaba que el impedir que ella se marchara. Poco a poco fue avanzando cuando se debía de tener cuidado o el camino era accidentado pero con sencillez trató de enfrentar cada piedra, cada hundimiento, cada posible caída a la mas absoluta fatalidad. 


Con pasos algo mas inseguros recorrió los últimos metros que le pusieron delante de una gran puerta, negra, como el castillo entero. No dudó y empujó las dos inusitadamente pequeñas hojas de la entrada para poder pasar a una sala mas iluminada en comparación al austero exterior que ofrecía el edificio. Unas pocas velas estaban estratégicamente situadas para que la guía por ese lugar fuera correcta y nadie se accidentara con los pocos muebles que decoraban el lugar. Sin prestar atención a detalle alguno tomó las escaleras de la izquierda y empezó a ascender. Subió y subió hasta encontrarse con un oscuro pasillo. Un frío invernal le golpeó en la cara pero ante eso se le empezó a extender una sonrisa, todo lo contrario que habría causado semejante situación de frío y oscuridad en otra persona. Con lentitud se fue enfrentando a un viento que parecía empeñado en no darle tregua al siguiente paso que daba, incluso hubo peligro de ser derribado por la corriente que poco a poco le traía susurros y gemidos llenos de terror, que helaban la sangre. La sonrisa pasó a ser una cara de feroz determinación. 


Poco a poco se fueron apaciguando las ganas del propio castillo de revelarse contra él, su creador, El pasillo era largo y aunque las oleadas de aire eran cada vez menos intensas el frío estaba terminando con su voluntad. Aparecieron a los lados del pasillo puertas y mas puertas, todas diferentes: una de maderas nobles, otra de hierro, una que parecía maciza pero en la que se apreciaba que había fragmentos de esta, producto de la carcoma. Una de aspecto bastante bello, pintado con el color de la esperanza que transmitía la poderosa envidia a través de las bisagras excesivamente engrasadas. Miles de puertas prácticamente, unas tras otra se seguían las unas a las otras, guardando los secretos mas inconfesables, a las criaturas mas bellas y a las mas horribles, a las mas divinas y a las mas malditas que cualquier personas en el mundo se pueda encontrar. El frío seguía aumentando y eso ya era preocupante. El corazón se aceleró ante la idea de no lograr alcanzar el objetivo. Entonces pensó en el momento por el que venía ahí. El castillo lo supo y la ventisca regresó a ese pasillo, tratando de acabar con la creciente voluntad que estaba reuniendo. No sería suficiente ni toda el viento del mundo para hacerlo cejar en su empeño. 


Y llegó frente a la puerta, justo al final del pasillo. Lentamente fue avanzando pasando muchas dificultades pero la había alcanzado. El cruel viento y el frío mas mortífero no lo habían matado en el intento así que ya tenía el camino libre. Las puertas eran de oro, pesadas y macizas, mas grandes que las que daban paso al castillo mismo, fundidas y creadas en el mismo interior des castillo. La decoración de las puertas era sencillamente esplendida, con toda la gama de piedras preciosas, semipreciosas y minerales mas valiosos del mundo, Con metales de brillos que retan a cualquier escultor y orfebre a darles buen uso dándoles mas que merecida forma sin que pierdan la belleza. Era una puerta que al igual que todas las demás, era diferente pero con la salvedad de que esta puerta estaba ahí, que nunca se iba a corroer, ni oxidar, ni a manchar ni a ensuciar. Abrió con inusitada fuerza, como si el castillo se rindiera, y entró en la habitación mas bella que pueda uno imaginar. 


Era una habitación grande, mas grande que cualquier otra estancia de ese castillo lleno de rincones dignos de admirar y de temer según los pocos que habían caminado entre sus muros. En medio de esa estancia estaba un lecho, custodiado por miles de cosas: velas, armarios con ropa, estanterías de libros, había instrumentos musicales, dos grandes ventanas abiertas, que dejaban pasar una agradable brisa, Una chimenea apagada para el frío invernal. Todo un conjunto de objetos y maravillas: joyas, estatuas, cuadros, algún libro de poemas, de historias, algún libro lleno de dibujos que representaban escenas de todo tipo. Una sencilla maravilla para los sentidos era el hilo de oro, las paredes color azul, las vidrieras que en el techo lanzaban chorros de luz sobre el rostro de la dueña de ese lugar, que era de su propiedad a pesar de ser el castillo creado por otro. Sus ojos estaban cerrados en ese momento, dormía profundamente y parecía tener el rostro en una paz inamovible. Dormía plácidamente y como por arte de magia,, pétalos de rosa azul caían desde las vidrieras, que representaban todo tipo de cosas pero solamente (o al menos por el momento) era en los rosales ahí mostrados, en donde la pintura, los pigmentos daban paso a ese pétalo que caía suavemente sobre el cuerpo tapado en sábanas de lino de un blanco brillante, lienzo de los chorros de luz multicolor que bañaban su cuerpo. 


El ente se quedó mirándola largo rato sin saber que hacer, hasta que recordó. Las palpitaciones de su corazón se hicieron mas fuertes a medida que avanzaba lentamente, tratando de no hacer ningún ruido. Con delicadeza rozó un mechón de su cabello, que apenas se movió unos centímetros y se dispuso a hacer lo que quería hacer desde hace tiempo, lo que merecía toda la andanza y la aventura que ella leería. Con delicadeza dejó sobre ese cuerpo yaciente, profundamente dormido, una rosa azul, como la de los pétalos que se desparramaban a lo largo de su cuerpo de forma tan discreta. Una rosa azul en la que previamente dejó un beso, sobre su pecho para que fuera lo primero que viera al despertar. 

martes, 10 de enero de 2012

Carta sádica V

Querida amiga:


En aras de una oleada de inspiración, metido entre ideas de aquí y de allá, en medio de la pérdida de una de mis mas entregadas amantes, no he podido evitar acumular las sensaciones de temor, y quizás podríamos decir que tristeza, ante la perspectiva de que un buen día decidas decir basta a esta bella relación nuestra en la que me entrego fervoroso a las tareas del dolor y la tortura a tu cuerpo. Navegando por el recuerdo no puedo evitar ver tu sonrisa y tus lágrimas de dolor cuando los primeros cortes se realizan. Decir que esta carta está de nuevo inspirada total y exclusivamente en ti, una de mis mas preciadas musas, de las mas deseadas quizás porque no he consumido tu cuerpo en vapores de placer y lujuria, quizás porque la hermandad da un halo especial a todo esto. Pero vamos al núcleo y no nos frenemos en los sentimentalismos producto de un deseo de incesto o quizás de algo mas que gritos de dolor, ya de por su placenteros en extremo.


Hoy recordaré todos esos pequeños detalles que hacen de nuestros encuentros algo muy especial. Podría decirse que todo lo que conlleva nuestras sesiones de dolor extremo son pequeñas cosas muy especiales. Aunque rectificando un poco quiero recordar esos pequeños detalles que a mi me parecen de una belleza solo superable por cierta dama y a la cual nunca pienso hacer tales cosas. Tu eres única para eso. No se por donde empezar, si por esas palabra inocentes, casuales, amistosas que preceden a todo. Tu cuerpo sentado en mis piernas o tu abrazándome. Mis manos paseando por tus cicatrices, mis oídos escuchando tus siseos y suaves gemidos de dolor, capaces de excitar al mismísimo marques de Sade. Son cosas como esas las que me hacen valorarte cada día que pasa. En cada segundo me siento mas seguro de poder decir que estaría dispuesto a luchar por esos pequeño detalles iniciales. Ver en tus ojos ese pequeño brillo en el que asoma posteriormente las lágrimas que después correrán como ríos, sentir tu piel bajo mis manos cuando recorro cada pequeño sendero creado por mí y bautizado sin ser tocado por la sal de esas lágrimas me da fuerzas para ver algo bello en la vida.


Sentir la sangre corriendo a veces entre mis dedos cuando quiero catalizar mas y mas ese dolor intensificado por la fina cuchilla de la lanceta, casi escuchando la carne abrirse y liberar ese delicioso néctar que a mi me enloquece, que resulta afrodisíaco a mis sentidos. No sabes como he de contener a la bestia que me grita posteriormente miles de ideas, de órdenes, pero esa bestia no saldrá, o quizás sí, pero no hoy y seguramente no mañana. Esa suavidad de tu piel que yo mancillo de forma sistemática, las cicatrices que dejo tras de mí en tu cuerpo. Cuando tus gritos son contenidos por esa férrea voluntad que no puede aguantar mas el dolor y se abre en gemidos y alaridos de dolor. Y mi mente ya delira, si supieras lo que he llegado a fantasear. Pero el cuerpo humano no soporta tener la sangre a mas de cien grados centígrados. He fantaseado con oleadas de dolor cada vez que tu corazón latiera, que tus pulmones se llenaran de aire, verter venenos en tu cuerpo que lleven a este a planos de dolor imposibles de lograr por mi mano a la par que esa mano mía desgarraba tu piel, se alimentaba de tu carne, se nutría del mas delicioso manjar que me pudieras ofrecer en esos momentos.


Otro pequeño detalle. Como se extiende el aroma de tu dolor por toda la habitación, casi pudiendo llenar todas las estancias de una fortaleza con esa exquisitez que los mortales solamente tienen en cuenta cuando los gritos salen al exterior. Pero yo me deleito como no tienes idea. Todo ese dolor, toda esa agonía y el sufrimiento es algo que no puedo describir en todas las lineas del mundo. Nunca podré expresarte lo que siento cuando se como estás sufrimiento al igual que quizás tu nunca puedas expresar como disfrutas del sufrimiento, aunque agradecería que lo intentaras algún día, después de que leas esta carta y dejes con el viento algún recuerdo bonito que te halla parecido destacable de nuestras sesiones. Me ayudará a hacer todo mas ameno y entretenido. Disfruto enormemente al reabrir un poco las heridas por el placer de hacerte sufrir y de que sangres, de que se escape esa deliciosa sangre por entre los pliegues de tu piel cortada. Es algo que de pensar ya me llena de ansias de placeres mas terrenales. Ver mis manos manchadas de tu sangre y lamerme los dedos como un niño que disfruta los últimos bocados de una comida deliciosa o de un pobre diablo sediento y agonizante que experimenta el éxtasis de saborear unas pocas gotas de agua. Ese delicioso dolor, llamada a los mas bajos instintos que solamente otra cosa puede superar.


La debilidad, tu deliciosa debilidad posterior. Cuando la sangre ya ha caído y se ha derramado lo suficiente tu debilidad y vulnerabilidad aparece. Es algo que late en mi, un impulso, una especie de necesidad que reprimo hasta límites que sin querer resultar narcisista, merece una medalla o algo. Adoro contemplar tu cuerpo, como un muñeco sin vida, sobre la cama, con las sábanas llenas de sangre y tu palidez cadavérica flotando en tu rostro como el fantasma mas bello del mundo. Tus ojos que apenas se pueden mantener abiertos por l peligro de desmayo hinchados por los ríos de lágrimas que dejó a su paso mi tratamiento a tu cuerpo, tratamiento que unos consideran monstruosidad, yo lo considero arte pero solo cuando ambas partes acceden. Adoró mira tu rostro, contemplar en este el resultado de mi obra, saber que hice un buen trabajo, que aunque no he inyectado plomo líquido en tu sangre si que he causado oleadas de sufrimiento. Me declaro abiertamente enamorado de tu dolor, de tu sangre y de tu debilidad. De tu dolor porque ofrece miles de sabores y matices mas intensos que muchas emociones. De tu sangre, porque verla derramarse por tu cuerpo, saborearla de miles de maneras con total libertad de movimiento y expresión, es algo que solo se compararía a ciertas ideas relativas a cierta dama de la que ya te hablé. Y de tu debilidad, porque en ese momento encuentro una parte de mi desconocida, que desea liberarse, porque me produce un inquietante morbo contemplar como apenas podrías oponer resistencia. Aunque si algo me impide abusar de ti no es la amistad, que también pero en un segundo plano, sino un instinto de contradictoria protección. Me gusta verte débil, no dependiente de mis pero si saber que hay mucho loco por el mundo que te podría dañar como a ti menos te guste. 


La inspiración para esta carta por desgracia se ha agotado y seguramente no sea lo mejor que hallas recibido pero seguro que te da ánimos para seguir creyendo que lo que hago en ti es una buena obra para este genio, este poeta y artista al que la sociedad no comprende. 


Atte: tu sádico amigo. 

jueves, 5 de enero de 2012

Musa...

El largo paseo había dado sus frutos y en medio de una densa neblina se fueron perfilando las torres de un inmenso castillo que poco a poco revelaba una historia entre los ladrillos y piedras que sus murallas teñidas en sangre, seducción. poder y dolor. Mucho dolor, pero también esperanza. La dama que caminaba rumbo a lo desconocido estaba vestida elegantemente, aunque cualquiera juzgaría que esa dama ya podría ser vestida con una tela de saco de patatas que seguramente le daría un toque campestre e igualmente bello. Pero ya no habría ocasión ese día para probar tal afirmación y el vestido que llevaba puesto era de la mas excelente factura. La noche, las estrellas y la luna, todo ese conglomerado de damas celestes e intangibles, que se movían en el tiempo como fugaces destellos de una estrella fugaz, miraban con envidia y celos a esa criatura tan insignificante a sus ojos, que estaban cegados por la celopatia y los airados gestos y comentarios inaudibles. Un lobo reía ante los comentarios llenos de envidia y celos. Ella continuaba caminando,


La brisa acariciaba su rostro y revolvía apenas su cabello, el manto de cabello mas suave y brillante, de un negro que la misma noche contemplaba con celo máximo. Un negro como el corazón que pronto se tornaría en luz cuando el anfitrión del castillo la viera. Las luciérnagas se acercaban para contemplar mas de cerca a toda esa elegancia que caminaba por el camino lleno de pétalos de rosa que se habían dispuesto para ella. Pétalos de rosa azul. Los grandes y bellos ojos de ella contemplaban con la mas exquisita y divertida curiosidad, sintiendo el pequeño revoloteo de la retaguardia del vestido que se levantaba ligeramente ante una corriente ascendente que hacía que los pétalos en ocasiones acariciaran su fino y bello rostro. la cara mas dulce y confiable del mundo, capaz de llenar de ternura y compasión al mas malvado de los seres. Sus pasos, testigos de la dedicación a algún tipo de baile, fueron acortando una distancia que su futuro anfitrión hasta el momento de ese encuentro creería imposible. Una sombra observaba cada uno de sus movimientos. Unos ojos ambiguamente tristes y a la vez esperanzados. esos ojos, en la lejanía de una torre que dominaba todo el paraje susurraron su nombre y una orden. Otra sombra y un gran lobo apareció a su lado. Temor pero momentos después el reconocimiento se asomó a su mirada.


Volvió a retomar el camino, escoltada por ese fiel compañero de aventuras de su anfitrión, creador de esa bestia negra que se había dedicado todo el rato a observarla como guardián. Una nueva sombra y un rey, elegantemente vestido a pesar de la humildad de sus ropas se apareció al otro lado de la dama. Sus ojos y su mirada devoraban en crueldad y malignidad cada centímetro de su estampa pero un gruñido del lobo relajó los humos de la criatura que estaba destinada a ser el rey de los demonios en un pasado y un presente. La luna contemplaba a la comitiva de tres miembros que se dirigía al castillo, una ser abyecto, oscuro, lleno de sentimientos contradictorios de deseo, de paz y a la vez de guerra, de luz y a la vez de oscuridad, de sueño y a la vez de despertar, mirada a esos tres acercarse, y por el este se acercó el sol y el cuerpo integrante de la escolta de esa dama. En medio de la luz que inundaba el lugar se acercó y desmontó de su caballo un jinete pertrechado con espada y una sonrisa llena de bondad y buenas intenciones. Miradas de escepticismo y de desdén se le dirigieron a este por parte del lobo y el demonio pero no dijeron nada. Con una leve inclinación un beso fue posado en la mano de la dama, cuyo vestido de factura fantástica le daba un toque mágico.


  -Mas mágica que la propia palabra ´´amor´´ o ´´esperanza´´- Dijo esa sombra que contemplaba a los cuatro dirigirse hacia su castillo, a su morada repleta de secretos oscuros y a la vez de maravillas que jamás serían conocidas por mortal alguno. Miró a sus creaciones. -No le hagáis daño...no la asustéis  no la tratéis de seducir... ella merece algo mas grande que vosotros, incluso mas que yo. -Sus ojos la seguían y pronto vio que la distancia entre ella y la puerta era cada vez mas y mas escasa por lo que esperó a escuchar desde ahí, con su agudo oído el sonido de los goznes chirriar ligeramente cuando el caballero, el lobo y el demonio se esforzaron en abrir para ella esa pesada puerta de ébano negro.


Quedando en el otro lado de esa puerta los tres despidieron con un gesto de cabeza a la dama y volvieron a sus quehaceres: seducir, matar, robar y sembrar la esperanza y la caballerosidad en el mundo. La dama contempló con evidente curiosidad y quizás hasta fascinación todo ese hilo de oro, todos los grandes cuadros de héroes de épocas pasadas, desde Napoleon hasta Emilio Zapata, Rommel , Julio Cesar e incluso grandes pensadores, poetas, dramaturgos, escritores, escultores, inventores, ingenieros, duques, condes, marqueses, reyes, reinas y asesinos. Debajo de cada cuadro el nombre y debajo de cada nombre el oficio, cargo y hazañas u obras. la oscuridad se cernió de nuevo sobre la habitación de pronto y en lugar de esperar un cuadro de algún genio mas, apareció ante ella el de una dama de gran belleza y porte, aspecto elegante, y para sorpresa de la dama, con un vestido igual al suyo, al igual que el rosto, era ella. sin duda. Al amparo de las velas que pronto se encendieron al igual que la gran chimenea que presidía la estancia junto a ese cuadro, de esa dama de vestido único en el mundo. producto de los elfos...


Unos brazos rodearon sorpresivamente su talle, esa cintura fina, moldeada a la perfección por a saber que capricho de que escultor procedente del Valhalla o del Olimpo. Una rosa apareció ante ella, de un azul muy caracterísitco, igual que el azul de su vestido, que el azul de las alas que pronto la envolvieron y le hicieron sentir un calor producto de una sensación que solo ella despertaba en el anfitrión de ese castillo tétrico por dentro pero tan fanáticamente decorado por dentro.Esa rosa sostenida por unos dedos delgados y alargados, casi de cadáver acariciaron suavemente su cintura. Unos labios impíos y llenos de cosas que susurrar se acercaron a su oído dejando un efímero roce en la curva de ese cuello fino decorado con un colgante de un lobo que custodiaba su pecho. Susurraron su nombre y dijeron en un suave tono de voz el motivo por el cual estaba plasmad con esa gracia y esa belleza en medio de un paisaje de ensueño.


Una sola palabra salió de sus labios. Un título para él mas importante que el de rey o empezarod de occidente.


-Musa...



miércoles, 4 de enero de 2012

La señora del mundo

La podredumbre Se extendía por las calles, una suciedad infecta que se adhería a la piel del incauto que pasara con harapos mas limpios de lo habitual y se hacía señora de un cuerpo mas, sometiéndolo a la maldición de la peste, el cólera y miles de enfermedades mas. Las casas estaban repletas de seres humanos que mal vivían en medio de una pobreza casi extrema, Las pulgas y las moscas les traían a diaria alguna muerte entre sus familiares o conocidos. Los escombros de edificios derrumbados por la guerra estaban a los lados del camino, siendo testigos de como alguien mas caía muerto en esos montículos. Las mujeres y los niños muchas veces debían de servirse de la carne de otros animales de la calle, animales de la calle como lo eran ellos, que todo lo habían perdido. Las calles estaban repletas de cadáveres. La esencia misma de la muerte era un perfume que llenaba las fosas nasales con ese dulzón y pegajoso aroma, que se impregnaba a la piel como la suciedad que ya se ha mencionado. 


La iglesia estaba quemada en parte por obra y gracia de una revuelta que una muchedumbre organizó ya que no existía para ellos la justicia de un Dios que mandaba una plaga y una miseria tal a sus mas fieles adoradores. La creencia en los santos era mal vista entre esas gentes, nadie poseía ya nada de humildad, solamente desprecio por todo aquello que representara lo divino, lo que pudiera representar la salvación del alma. No se elevaban oraciones ya a los dioses o al Dios ese que había llegado hace poco a sus vidas y que veían como un extraño que daba falsas oportunidades, merecedor del mas abierto desprecio. No existía tampoco el respeto a las figuras religiosas, ni siquiera a sus representaciones humanas. Las vírgenes ya eran vendidas por sus familias para costearse algún dinero con el que pagar una comida por una semana. Entre lágrimas permanecía la hija, violada a veces, humillada y vejada otras veces, comiendo su propio salario producto de una venta contra toda moralidad. Tampoco nadie tenía el valor de clamar la presencia de abogados o jueces, y Satán les libre de las figuras de autoridad como guardias en las gastadas murallas. 


En medio de todo ese desorden, en medio de toda esa inmundicia, un palacio se alza imponente y muy poderoso, Sus paredes alternan el blanco del mármol con el negro del granito mas extraño que se pueda uno encontrar en cantera alguna. Diríase incluso que esas piedras era negras como boca de lobo. La misma luz que alegremente reflejaba ese mármol blanco y níveo, era tragada de forma voraz e inmisericorde por esa piedra oscura que parecía destinada a equilibrar las lumínica capacidades de su compañera blanca. Las altas torres estaban decoradas con motivos que también hacían llamamiento a la contradicción. Al lado de altos y elegantes ángeles e encontraban las mas deformes criaturas venidas del averno para recordar a los sencillos mortales que les esperaba si los pecados se hacían con el control de su alma y corazón. Los capiteles y contrafuertes eran de una belleza extremadamente antinatural. Parecía un vanidoso intento de algún dios por retar a la sabiduría de los hombres el descubrir como era posible tal edificación en medio de tanta miseria y que esta no perdiera ápice de belleza. Los interiores no habían sido vistos por ser humano alguno: decía la leyenda que era tal la belleza ahí expuesta que quien la contemplara y no perteneciera a un plano superior moriría, o al meno se quedaría ciego y lo matarían para que no revelara el secreto que ahí se guardaba. 


Aquello era cierto. En el interior de ese palacio se encontraba la belleza expuesta en todo su esplendor. Los ojos de esa belleza estaban en ese momento mirando a través de una pequeña ventana a las multitudes que se movilizaban de aquí para allá organizando guerras por un sencillo trozo de pan. El resto de ventanas de la habitación en la que se encontraba estaban abiertas y el cabello se le alborotaba de vez en cuando. Era un espectáculo divino para los ojos de cualquier mortal. Su poder estaba en su sencilla presencia, que llenaba toda la habitación con los aromas del poder, de la gracia, de la belleza y del deseo. Todas esas especias que condimentaban el plato de la mas divina criatura, diseñada para atrapar almas y cuerpos entre sus piernas. No necesitaba de ropajes ni nada parecido. Su desnudez, gloriosa y altiva en muchas ocasiones era un llamamiento al deseo, a la perversión que ella era capaz de ejercer en miles de seres de esas y otras tierras, del cielos e infiernos, de países y de continentes incluso de los mares si es que su capricho fuera encandilar al mismísimo Poseidón, dios de los mares. Sus labios estaban curvados en una pequeña sonrisa que siempre veían los ojos de alguno de sus mas fervorosos allegados. 


Dos manos se acercaron a ella y la tomaron suavemente por los brazos. Sus dedos finos fueron bajando lentamente por estos, recorriendo su piel, sintiendo que esta era cálida y perfecta, digna de ser besada en toda la extensión que conformaba el equilibrado cuerpo de ella. La mujer seguía quieta, gustaba (o eso creía él) de disfrutar las caricias de su amante. Los ojos de él, embargados en ira, lujuria, tristeza, en todas las emociones habidas y por haber de la humanidad se posaron en el pueblo llano, tan distante de unas pretensiones mas altas de lo que jamás soñarían. Dos negras alas flanquearon los laterales del cuerpo de la mujer, desnuda y visible pero a la vez inalcanzable. Unos suaves labios e posaron en su hombro, aterrizando como una suave pluma sobre su piel y deslizándose, llevado por el sencillo empujón de la brisa a su cuello. Esas manos que en un principio estaban en sus brazos por a poco pasaron a sus caderas, subiendo a la cintura y bajando de nuevo unas cuantas veces. Las mareas de deseo estaban empezando a alcanzar un punto de casi no soportarlo hasta que ese guardián y amante alado susurró en el oído de ella. 


-Tanto que los miras...quizás se vuelvan algún día bellos con el sencillo posar de tu mirar en sus inmundas personas. Tu eres superior a ellos, mírate, eres poder y fortuna, eres fama y dinero, eres deseo y perdición para toda virtud. No gastes tu tiempo, ni una mirada se merecen de ti, que si te vieran besarían tus pies y ni los tocarían pues morirían a mis manos. Has de tener adoradores por todas partes, en este mismo palacio puedes poseer lo que quieras y a quien quieras. Incluso a mi aunque solo sea por unos momentos. Ahora mismo me veo en la voluntad y capacidad de hacerte sentir sensaciones mucho mas intensas de las que te causan esos labriegos y esclavas, sumidos todos ellos en su propia perdición, pensando en sobrevivir. -Mientras esas palabras se derramaban ácidas pero sinceras contra su oído en cadentes y aterciopelados susurros, sus manos suavemente se fueron acercando a sus redondeados senos, adaptándose al contorno de esos por un momento y bajando una de sus manos por el sur, a lo largo de ese plano vientre que estaba cubierto por la suave piel del deseo.- Hueles a la misma corrupción de la tentación, a la misma perdición que supone la muerte de la ética y la moral. Hueles a la venganza mas exótica y comprendes cada cosa de una forma única que te hace ser mas y mas poderosa, llenándose tu cabeza de conocimientos e ideas que te hagan resultar mas irresistible a los sentidos incluso de lo ángeles de ese Dios que ahora es condenación de todos esos que ves abajo... sin sospechar siquiera cuan poderosa eres en comparación a Él. 


Caricias y susurros destinados a aumentar el poder de esa mujer fueron destellando desde la mente de uno a la mente de ella. Las manos recorrían el cuerpo lentamente, deleitándose con al suavidad de su piel, con su calor a pesar de las corrientes de aire. La sencilla contemplación provocaba el éxtasis de quienes posaban sus ojos en él. 


Tocarlo era sencillamente impensable para quien quisiera mantener intacta su cordura. 

lunes, 2 de enero de 2012

Querida Sam.

Mi querida Sam:

Antes de nada disculpas por no caer en al cuenta de que era tu cumpleaños. Cierto es que lo dijiste una vez pero la situación que yo andaba viviendo como que no me permitió recordarlo. Te fuiste de forma algo brusca pero confío no ser causante de tu marcha. Faltan 29 minutos para que acabe el día en el que una dama de gran porte y belleza que no hace mas que decir que es ´´resultona´´ (que casualidad como mis resultones cojones) ignorando la gran belleza interior que tiene afianzándola en que es ´´normal´´ o no se que leches nace hace unos cuantos años para darle al mundo un motivo mas en el que inspirar las obras de arte y todos los deseos fundamentados en la buena amistad. Cada noche que pasamos juntos es algo bonito y nuevo que se va descubriendo, hemos llorado, reído, cantado no porque eso lo hago cuando estoy solo, nos hemos lamentado y apoyado mil veces en mil batallas. No puedo describir tu físico porque tendría que verte desnuda y la evolución de este es por todos sabido que es mas que optima. Pero el punto fuerte a mi parecer es tu interior.

Es una de las mas bellas esencias las que desprendes cuando vas de un lado para otro, cuando hablas y asientes o niegas ante algo. Cuando estás alegre eres luz en medio de una oscuridad, que es capaz de levantar los mas bajos ánimos, bajos ánimos que ni todas mis amantes han logrado. Con tu presencia se aporta un toque extra de inteligencia, de intuición y demás, y a veces he llegado a pensar que puedes sacar incluso mucho mas de lo que dices pero precisamente es tu moderación lo que te da otro punto especial a los ojos de este humilde caballero. La forma en la que te expresas, razonas y sientes, en las que vives, en las que te partes el lomo a costa de tu propia salud. Poco a poco entraste en los corazones de muchos, saliste de los corazones de otros pero a ti te tengo como una hermana causante de a veces algún que otro incestuoso pensamiento que nunca me has prohibido ni nada, algo que la verdad agradezco. Eres de las pocas personas que me han aceptado tal y como soy con mis tormentos interiores continuos y mis lamentos. Necesariamente debería darte las gracias por cada buen gesto de que has tenido conmigo, por aportar objetividad de forma útil cuando la subjetividad de un amor inexistente me cegaba y miles de buenas acciones.

No olvidare muchas cosas como nuestro encuentro en los foros, el como se afianzó esa amistad a lo largo de los meses y como las pasamos putas muchas veces por situaciones varias en foros y en la vida real. Tu diligencia y aunque no siempre buena capacidad para contenerte te han permitido llegar lejos en el pensamiento de muchos, y la imposición de limites mediante formas no tiránicas ni despóticas es algo que no hace por mas que aumentar sensaciones ta como la de deseo de protección y demás. Eres una buena persona que se merece a una familia en condiciones que te cuide como debe de cuidársete. Así que aquí tienes a un hermano incestuoso y a mi madre que te manda saludos y felicitaciones varias.

Siento no ser tan esmerado como en tu ultima felicitación a tu persona pero lo compensaré de alguna forma algún día.

Atte: alguien con ganas de sangre y sexo continuas... y que te quiere mucho.

domingo, 1 de enero de 2012

doce campanadas

La estación fría auguraba tormenta pero nadie reparaba en eso.  a lo largo de todo el globo, en climas cálidos y en climas fríos, las grandes multitudes de gente se reunían alrededor de un televisor, alrededor de una hoguera en medio de danzas tribales milenarias o en el interior de una catedral o plaza para dar saludos cordiales a la nueva etapa, a ese nuevo año que unos celebran antes que otros. Las expectativas y deseos están a la orden del día y las charlas risas peleas y demás se suceden de la forma mas natural del mundo. Todos se reúnen en torno a ese gran reloj o en torno a ese ciclo lunar o solar para que la buena fortuna, en medio de hechizos y de supercherías se mas que evidente en cada acción que afecte al devenir de los acontecimientos. El fin de año llega y pasa dando lugar a ese nuevo periodo de trescientos sesenta y cinco días que tiene el año. Las fiestas y las risas se suceden unas a otras mientras un diablo mira en medio de las multitudes a su presa de la noche, ignorando las tradiciones y disimulos. De todas maneras nadie le hará caso. 


Se fue deslizando por el aire, entre las multitudes provocando las ansias mas lascivas, las iras y envidias mas poderosas e irrefrenables. No buscaba eso, tan solo se daba todo ese tipo de situaciones de forma sencilla por su mera presencia. Él buscaba algo que le pertenecía desde siempre y lo encontró dirigiéndose a su hogar. El hogar de ella. La siguió irrefrenable, ignorando toda mi rada de deseo o de rechazo. No quería mas que aquello a lo que estaba deseando llegar desde hacia mucho tiempo. La siguió y no paró de ir detrás de ella, acechándola, tornándose su mirada cada vez en una necesidad mayor que pronto dejó de apreciarse pues ella se había girado y le mirada con una sonrisa en la cama. Que rápido habían llegado, el tiempo se pasaba volando a la hora de perseguirla y de hacerle lo que iba a continuación. miró sus ojos negros atentamente y entre dulces palabras y halagos se fueron quebrando los huesos de ella. Pronto fueron surgiendo los gemidos cargados de un intenso dolor, dejando a esa criatura sedienta y hambrienta tomar su macabra versión de las doce uvas de algunos humanos. Poco a poco las cuchillas y el acero fueron cortando la piel y doce tiras de piel humana fueron consumidas por esa boca insaciable de su dolor. Los lugares en los que la piel desapreció esa noche fueron objeto de siniestros jugueteos dedicados a aumentar el dolor de esa criatura a la que estimaba por encima de muchas cosas. 


En otro lado del mundo, un diablo se sentaba en su trono, En sus rodillas descansaba una mujer de exuberante de rostro perlado en sudor que no podía casi ni mantener los ojos abiertos, Uno de sus pechos e encontraba en medio de un torrente de caricias. Las mejillas sonrojadas de ella acusaban un embarazoso sentimiento de vergüenza y de humillación que deseaba refrenar a toda costa pero sabía que resistirse conllevaría un castigo muy doloroso. Los labios del demonio, señor de toda la oscuridad estaba en torno a al otro pecho deleitándose con el sabor de su piel joven y casi ya carente en su totalidad de toda inocencia. Unos dedos delicados le acariciaban el cuerpo. El señor de las tinieblas, ahí en su trono, desnudo ante los ojos de sus siervos y mas de sus siervas, disfrutaba ese fin de año con doce pecados, en ese momento doce encuentro con el mas intenso placer que le proporcionaban los labios de una de sus mas fieles siervas acostumbrada en exceso a proporcionar placer a otros hombres y mujeres. Mientras un gemido prohibido se liberaba de sus labios ladrones de almas, su mano acariciaba la cabeza de su mas fiel esclava, a la que dedicó una pequeña sonrisa, y ella en medio de su sonrojo correspondió satisfecha de sus ataduras y de ser objeto de deseo de ese cuerpo ansioso y sediento de poseerla en muchas de las mas oscuras noches. 


No lejos de ahí, en ese mismo infierno, miles de aduladoras palabras por parte de doce bocas recorrían el cuerpo de una demonia, tentación de muchos inocentes e incluso ángeles que caían sin mas ni mas ante sus encantos mas absolutamente irresistibles. En su trono de riquezas sin par se erigía esa criatura de inmensa belleza mas allá de lo terrenal. Esos pobres hombres no sabían a lo que se arriesgaban, estaban perdidos en la idea de un sentimentalismo romántico sin saber que en el cuerpo y la mente de esa oscura entidad. Su cuerpo era depositario de caricias abocadas a provocar y satisfacer caprichos mas insignificantes. Disfrutaba de sus miradas lujuriosas, de como querían tocarle, de como deseaban sentirse sus dueños por un solo instante y en ella residía el completo poder de decidir quien era apto para ceder a su exclusiva esencia, a su poder, a los puntos mas ardientes y deseados por sus adoradores. Una sonrisa de satisfacción se extendía por su rostro mientras sus esclavos estaba a sus pies, besando estos o derritiéndose en palabras bellas destinadas a un corazón encerrado en si mismo que únicamente era habitante de un cuerpo dador y recibidor de placer. Las riquezas amparaban muchos de sus deseos y las palabras de sus fieles esclavos amparaban esa vanidad que gustaban de hacerle sentir en lo mas alto. Con deleite se envolvió entre los brazos de uno de esos amantes afortunados y se entregó a placeres que no podrán ser descritos nunca. 


En medio de una pradera, una pequeña niña se encontraba entre las patas de un lobo que la protegía de todo mal. la luna, en ese momento brillante por lo llena que se encontraba les daba en pleno rostro y los ojos enormes de ella reflejaban ala dama mas bella de la noche, mas incluso que la muerte. Mucho mas ciertamente. la pequeña mano de la pequeña dama se encontraba acariciando suavemente una de las enormes y mortíferas zarpas que su protector poseía. Una mirada seria se extendí a todo el alrededor por parte de unos ojos rojos como la sangre. El claro en el que se encontraban estaba infestado de flores y doce lametones se sucedieron en el rostro de esa joven criatura que se había ganado el corazón de tan magna bestia en alguna que otra ocasión. En medio de risotadas los ojos del lobo repararon en doce ciervos que cruzaron raudos y veloces el claro provocando alborozo y alegría en las acciones de esa criatura capaz de derretir el mas pequeño y pétreo corazón. Con un aullido estremecedor a excepción de para esa criatura, todos los lobos de al zona dedicaron un concierto de 12 minutos a esa pequeña princesa, de valor inestimable y carácter sagaz y perspicaz. Lentamente los ojo de la niña se cerraron, el mundo perdió brillo a medida que sus parpados caían y con suavidad el pelaje de ese gran ´´obito´´ negro le hizo de manta, arropándola de fríos y pesadillas. 


Los fieros cañonazos sonaban en la lejanía y mientras dos ejércitos se encontraban en medio de la nada para matarse los unos a los otros, un hombre con galones de general se encontraba con su adversaria de esa noche. Los labios no tardaron en devorarse, en desear acercarse mas los cuerpos, que cálidos por el pensamiento y el deseo de la posesión del placer del otro, se rozaban levantando llamaradas en medio de suaves susurros que animaban a elucubrar ideas destinadas a mas y mas salvajes acciones. las ropas pronto desaparecían, algunas rasgadas en medio de esa lucha empañada en la neblina de la lujuria que pronto se extendió por toda esa habitación bien iluminada. Sus pechos liberados de las ataduras textiles fueron devorados por una boca habituada a exquisitos sabores como ese, que su amante en una sonrisa dejaba entrever cuanto disfrutaba de su presencia. lentamente los cuerpos desnudos empezaron su danza de lujuria, esa danza de fuego casi infernal que no tenía nada que envidiar al señor de las tinieblas en su trono ahí, en las profundidades del infierno. La furia con que hacían los mas lujuriosos actos no había cama que lo aguantara. Doce advenimientos del clímax se sucedieron entre esos dos cuerpos entregados al placer eterno. 


Envueltos en una tormenta interminable una dama caminaba por los pasillos lóbregos de un castillo si cabe aun mas temible que la tremenda violencia meteorológica que se estaba desarrollando ahí. Los pasos de ella iban seguidos del suave baile de su cabello negro. Sus ojos exploraban con la mas extrema curiosidad cada roncón de ese castillo de negras paredes y cargadas de historia. Los pasos de ella resonaban con fuerza haciendo imposible cualquier ocultación de su presencia, aunque ella debía de saber que era siempre bienvenida a ese lugar que su anfitrión tenía preparado para ella desde hacia mucho. Atravesando unas gruesas puertas de roble avanzó hasta quedar cerca de una chimenea que iluminaba el salón principal del castillo, donde los invitados podía disfrutar de una buena lectura yo alguna copa. la sala, totalmente vacía solamente albergaba la presencia de esa dama que encontró una nota sobre la mesa. ´´quédate quieta un instante, no te muevas ni un solo milímetro´´. Antes de que hiciera nada una mano se posó en su cintura de forma delicada mientras una segunda mano se deslizaba por su brazos portando una rosa de color azul rey que dejó ante los ojos de esa criatura de piel morena. Mientras esta acción se llevaba a cabo un par de alas negras  brillos de ese mismo azulado envolvían ligeramente el cuerpo de tan fascinante criatura-. Su anfitrión, con delicadeza depositó un suave susurro en el oído de la invitada. El nombre de esta dama. con cadencia y terciopelo impregnado en la palabra se deslizo hasta el oído de ella. Nada mas susurrar ese nombre y entregar la rosa unos labios se pegaron a su cuello depositando un suave y discreto beso en este, a penas un roce. La rosa, mágicamente coincidiendo con miles de elementos, tenia doce pétalos. 


Reposando entre colores, mediando únicamente con el poder basto de su imaginación, una dama de gran talento, creatividad y para mas inri acuario con ascendente en acuario, se encontraba abrazada a un lobo gigante que le protegía de todo mal. Dos alas en el lomo de la criatura, unos bellos apéndices de color morado y negro cubría el cuerpo de la mujer que lentamente se fue quedando dormida sumergiéndose en sueños de doce horas donde doce legiones de demonios y ángeles luchaban por ella. Por obtener el favor de su creatividad. Los mas insignes comandantes se rendían a los pies de esa ninfa, dejando caer sus estandartes en favor de aventuras mas emocionantes que correr junto a una pantera, o quizás junto a una sabia matriarca de un clan de verdes tierras. Juntos estaban todos dispuestos a lograr lo que fuera por obtener la sonrisa de esa dama que merecía el título de reina suprema de la imaginación. A los ojos del mundo mortal era una mas, otra como ellos, pero ante los ojos de entidades superiores era una persona cargada de una sensibilidad y fuerza incapaces de ser superados. En ella residía una fuerza insuperable. Una fuerza que a veces se perdía pero que ese lobo haría que recuperara costara lo que costara.