martes, 22 de abril de 2014

Poemas al viento

La noche rompía su tranquila velada con el desgarro de la luna en dos partes. Un ensordecedor grito de agonía quebró con dantesca facilidad el silencio de aquel manto estelar de contemplación que eran las estrellas. En la cabeza de aquel hombre atormentado se abrían paso imágenes aterradoras, pesadillas que caminaban por el filo de la realidad, por la frontera de lo fantásticos y lo verídico. Las grandes olas negras golpeaban contra el acantilado junto a los fantasmas de un pasado oscuro, un presente incierto y un futuro negro como boca de lobo. Los trazos en tinta azul resaltaban en su brillo, marca de nacimiento inconfundible por parte de dos solitarias velas cuya llama era aporte de sensualidad velada a la noche resquebrajada. 

El grito se reprodujo de nuevo acompañado de un tormento paralizante, terrorífico, que se extendió a la mano del escritor, sentado frente al papel, con pluma en mano y ahora inútil por la punta rota en su ataque de desquiciada locura. Y de pronto se hizo la oscuridad. Y de pronto el fuego se hizo en ese pequeño cubículo apenas iluminado, depositario y confesor de locuras, de delirios. Los grandes cuadros ocupaban en pequeña cantidad toda la extensión de la habitación, recuerdos felices de un pasado que quizás nunca mas se repetiría. Cuando el dinero deja de fluir la felicidad paraliza su cauce, da menos motivos para sonreír, para contentar esa ambición y avaricia del ser humano que provoca tan falsa estima por uno mismo en lo tocante a lo material. Dos ojos se volvieron al foco de aquel fuego y una figura se erguía. 

Negra como la noche, la muerte lo observaba desde el fondo de una túnica. el miedo se apoderaba de quien contemplaba esa clásica guadaña con motivos macabros, pequeñas calaveras humanas pertenecientes a infantes que habían abandonado el mundo demasiado temprano. la luz parecía huir aunque ello no lo hacía en absoluto invisible. Sencillamente era la ausencia de todos los colores a excepción del negro mas desolador. No era el negro aterciopelado de aquella noche brillante, luminosa, sino el mas oscuro y opresivo mensaje final en forma de un color como era ese negro angustioso, desesperante y eterno. Se apreciaban de todo aquel ser dos manos blancas y finas, propias de una dama de la alta corte. Pero en lo mas absoluto irradiaba la frivolidad o el desencanto por lo banalmente pobre; al contrario, eran firmes y a pesar de su liviano aspecto, sostenían ese pesado instrumento segador de almas con una firmeza sobreentendia. 

-Vengo a por tu alma, ha llegado la hora de que abandones este cuerpo y esta vida. Tus horas han llegado a su fin por deseo del destino mismo.-Dijo con una voz similar al terciopelo pero con el invierno polar en cada sonido que emitía.

El hombre la observó, a la muerte perfecta, presente en cuerpo y eternidad delante de su estampa, esperando quizás una contestación, asombrado por el hecho de que la parca le avise de que ha llegado su hora, como el canto del gallo avisa al granjero de que es hora de despertar o la brisa marina al marinero de que se acerca la tormenta. Todo se hacía oscuridad y silencio con cada segundo que pasaba, debilitando la determinación del escritor a resistirse. Pero no del todo cedió y entonces habló. 

-Disculpe pero no puedo evitar expresar mi deseo de seguir apegado a la vida.Señaló entonces el papel que tenía en pleno escritorio.-lea usted lo que estoy escribiendo. está inacabado y me gustaría terminarlo. De lo contrario, si se me olvida o no lo escribo seré condenado y por tanto eso influirá negativamente en el peso de mi alma.-Dijo pero antes de que pudiera seguir hablando la muerte, expresando cierto escepticismo se rió.

-¿Como te van a condenar si antes de que termine esta noche estarás muerto?.-Esta dio un paso, o casi se podría decir que flotó sin causar siquiera el sonido del roce de esa tópica capa negra con el suelo. Todo era un silencio, como si nada mas pudiera alterar esa conversación.-¿A no ser que tu estés...?.-Entonces se respiró en el ambiente una sensación general de duda, como si cada objeto de aquel lugar se volviera inseguro en su posición, en su lugar. las mismas pinturas daban esa sensación de duda, de no estar seguros de lo que estaba aconteciendo cuando fueran plasmadas, quizás fruto de una duda del propio pintor que no pudo ser confirmada o corregida. 

-Lo estoy...-Dijo el escritor. No sabía a que se refería la muerte, solo era una vaga intuición e la que se basaba por tantos cientos de historias que su memoria recopilaba o que leía de libros viejos como el mismo Matusalén.-No puedo abandonar aun este mundo. Se que no soy nadie para negarme a los designios de la pálida dama pero necesito vivir un poco mas, el tiempo suficiente para poder ver sus ojos una última vez, y es cierto que soy humano y por tanto un perfecto insatisfecho, que quiero ver sus ojos cientos de veces, miles de veces, millones de veces recopiladas en vidas y vidas anteras...

De nuevo la muerte interrumpió. 

-Está bien, guarda silencio pues dictaré sentencia.-la muerte dio otro paso, sintiendo que el alma misma de aquel escritor se estremecía tanto como si la Musa le fuera a abandonar para no aparecer jamás siquiera en sus pensamientos, dejándolo vacía en una gran parte de su corazón para siempre.-Para prologar tu vida deberás pagar un tributo regular. Recitarás un poema que no escribirás, que susurrarás por la noche y que solo yo escucharé. Si no lo haces al menos una vez antes de cada luna vendré de nuevo a por tí a segar tu vida sin mas ni mas.-Dijo con fría determinación. Acto seguido la habitación quedó vacía de toda presencia extracorporea, tan solo con un alma temblorosa por la presión sufrida, tendida en el suelo y sin ganas de levantarse hasta que llegó el amanecer. 

Llegado el amanecer unas manos lo recogieron y lo tumbaron en la cama. Dos grandes ojos negros lo observaban con la preocupación pintada en cada cuenca llena de luz. Y así fue como el escritor nasrró a la Musa su aventura y esta le reconfortó. Pero eso es otra historia... 


sábado, 19 de abril de 2014

Sentencia (parte 2)

En medio del mar, un barco atravesaba tranquilamente sus aguas. El cielo se encontraba enturbiado por nubes que amenazaban tormenta, mas parecían indecisas en lo que a descargar las aguas se refería. Las olas moderadas sacudían la nave con un lento vaivén, penetrando en las aguas como un tierno amante de madera a su elegante y azulada acompañante eterna. En ese justo momento solamente soplaba una brisa que traía la cercanía de la tierra firme pues se encontraban a punto de entrar en puerto esa curiosa y mas que bella tripulación. Era una de las tripulaciones mas extrañas que se pudieran ver en aquellos tiempos, donde la piratería parecía un un mundo para los hombres. Las mujeres se veían relegadas al papel de prisioneras o amantes de dichos aguerridos y despiadados guerreros de los mares. Pero esta vez era al revés. Todas las bellas mujeres de aquella embarcación poseían un papel papel protagonista. 

Entre los tripulantes varones, el único que podía destacar entre esa masa de jóvenes atractivos y fuertes era precisamente el menos atractivo y fuerte. Sus ojos contemplaron el puerto y lo alternaron con la mercancía que llevaban a bordo, sencillos instrumentos de juegos sexuales que no tenían voz ni voto en aquel lugar. Muchos parecían poco interesados en ese hecho dada la impulsividad y la ardiente juventud y energía que corría por sus cuerpos semidesnudos. El elemento diferenciador de los demás sentía cierta pena y su machismo recalcitrante le estaba presionando contra el pecho, convirtiendo el sentimiento de circunspección en una rabia sorda, mas la razón se impuso de nuevo. Era su sentencia, su condena. Debía de enfrentar a los fantasmas del pasado, de toda su existencia. Él no era como ellos, o al menos dedicaba noches enteras a tratar de convencerse de eso. Muchas de aquellas mujeres apenas lo miraban a pesar de las atentas miradas que él les dedicaba de vez en cuando. Sabía que era consciente de que a su vez ellas tenían constancia de ser observadas pero no parecían ver nada especial en él. Y el resto de esclavos no es que fueran precisamente amables con él pero tampoco se metían con él. No en exceso.

Una figura se puso a su lado y emitió una especie de bajo gruñido. Una enorme pantera observa el mar junto a aquel humilde sirviente. La pantera no lo quería tampoco, lo despreciaba en la misma medida. Dejó salir un bajísimo suspiro, como si expresarlo en alto interrumpiera el frágil hilo de sus pensamientos. Su mente se encontraba en una cama, perdido entre curvas de mujer y acariciando esa piel a la que dichas formas pertenecían. Si le hubieran desatado habría sido mucho mejor para ambos. No fue así. Y pensando que se encontraría ahora en medio de un bosque terminó en aquellos lares. Todo era bastante triste e ese momento para él, demasiado rabioso, demasiado orgulloso para ser capaz de ver la diversión que sus inteligente compañeros tenían mas facilidad para segregar en sus ideales. Aunque no todo eran cosas malas. 

Ese momento era uno de sus momentos de asueto aunque sus cálculos le decían que era momento de volver al trabajo. Con la rapier que él mismo había tenido que elegir junto a unas cuantas joyas que le encantaría quitarse porque no era su estilo, fue empujado sin mucha delicadeza primero por un esclavo sexual y luego por la pantera, que juzgaba como muy lento su caminar y quería llegar pronto a su destino. Tras comprobar que todo estaba bien en su vestuario y sacar una leve sonrisa entró por detrás de la pantera en lo que era el camarote de la capitana. Esta era la mas bella de todas las mujeres, la mas deseada, lamas fuerte, inteligente, cruel y educada de todas damas casi salidas de un cuento. Tras unos saludos iniciales y una elegante reverencia la capitana le dio la lista de cosas que debía de hacer. Él se puso a ello en seguida no sin antes haberle recitado un poema que había pensado en las noches en vela, el cual decía tal que así:

"Caminante acuático
que se balancea firme.
La sirena en su canto
apenas se reprime.
Si el marino se acerca
que nadie la detenga.
Es la Dama de los Mares;
no hay quien la contenga"

Primero peinó el cabello de la capitana, a continuación le dio los retoques para que estuviera aun mas perfecta de lo que jamás podría estar una mujer tan aventurera y aguerrida como ella. Nadie podría superarla en belleza y elegancia. Al menos nadie en los siete mares, pues que él supiera, el motivo de sus inspiraciones poéticas no se había dado a la mar en momento alguno de su vida y se mantenía en tierra firme. Le preparó el desayuno, limpió y sirvió la comida a toda la tripulación, amantes incluídos, fue ofendido en su honor unas cuantas veces con frases de voces agudas y graves, limpió sables (de acero y metales diversos), esquivó unas cuantas peleas, pescó dos atunes y tres lubinas, le dio todo a la bella pantera para que comiera pescado fresco y se permitió un descanso de la duración (literal de un suspiro) antes de un sinfín mas de tareas. La noche llegaba cuando terminó todo lo que tenía que hacer. Y fue justo en la noche cuando todo sucedió. 

La tormenta aun no se había decidido a descargar sus dulces aguas como las lágrimas de una santa, no había estrellas que se pudieran ver y no existía luna alguna en ese momento. Casi todos se habían echado a dormir pero ese servil ser no podía dormir, como era habitual en él. Era un ser nocturno, acostumbrado a estar noches despierto y días durmiendo, solo que esta vez se encontraban agotado que precisamente no podía descansar, sumido en su espiral de auto-odio y auto-compasión. Hasta que los escuchó al otro lado de la embarcación. Encontrándose él en un lugar bien oculto, donde sería difícil que lo descubrieran, una de aquellas mujeres parecía no muy cómoda con uno de los siervos sexuales. Este, realmente exudando ansias ocultas por ser castigado, tenía la mano sobre la boca de la señorita y con la otra la manoseaba de forma poco decorosa, muy vulgar a decir verdad. Entonces todos los poetas derramaron una lágrima cuando una frase salió de sus labios 

-Tu hoy follas conmigo ahora.-Soltó el muro, pues era excesivamente grande, musculoso y sí, guapo como todos los hombres a excepción del espía que los observaba.-Soy guapo y fuerte, todas quieren follar conmigo y tu no vas a ser una excepción zo...-No pudo terminar la frase pues un ruído lo alertó. 

Y ahí estaba un enclenque cadáver pálido y medio desnutrido, espada en mano, lágrimas de sangre en los ojos y determinación asesina en el corazón, fluyendo por todo su cuerpo, sediento del placer de la sangre, de la venganza y sobretodo sediento de algo que no tenía nombre. 

-Coño, pero si es la mariposita faldera de la capitana, mas inútil que la polla de su Santidad y mas débil que una hoja seca..-se rió el miserable mientras dedicaba tantas románticas ideas para su próxima obra de arte al humilde mayordomo, que veía su propia ira incrementada con cada halago.-Y encima viene armado-dijo mientras observaba la rapier en su mano, afilada, mortal si era bien usada.-No seas maricona, tira eso y enfréntate a mi como un hombre. 

-Tengo una idea mejor.-Dijo el sirviente con una ira fría como la escarcha que aparecía en los lugares mas helados...como por ejemplo bajo sus pies ahora mismo.-Me enfrentaré a ti como caballero alado a las órdenes y por la Luz de la Musa y en nombre de la capitana...-El primer puñetazo le calló en toda la mejilla izquierda, haciéndole ver las estrellas. 

-TU capitana, maricón miserable. Eres su siervo y ella TU capitana.-Dijo mientras se reía.-No tienes puta idea del mar. Tu capitana es MI capitana y estaba de follarme a MI zorra que por cierto ¿donde coño...?-Antes de acabar la pregunta un fuerte golpe le dio en la nuca al apuesto marinero pero este, a pesar de tambalearse se repuso rápidamente y estampó su puño contra la cara de la bella mujer, de ojos azules, labios voluptuosos y mirada tan perversa como clara en sus pensamientos.-Hija de... 

Entonces el torso desnudo de aquel apuesto, guapo, salvaje, maleducado y deplorable ser se convirtió en la espalda de un erizo a la inversa. Cientos de cuchillas lo atravesaron con la velocidad del rayo. Lo artísticamente mas cuestionable para una persona normal fue el momento en que todas esa cuchillas se separaron las unas de las otras sin retroceder, rápidas como un suspiro de impaciencia, desmembrando, triturando a ese miserable. De pronto la luna hizo su aparición y contempló como dos grandes alas aceradas estaban manchadas con tripas aun colgando y trozos de órganos. El siervo reprimió las ganas de bailar y reír, de expresar cuan exultante era su felicidad, de sentirse al fin realmente útil. El acero grisáceo que no se encontraba manchado era de una factura artesanal muy notable y de sobresaliente calidad. La mujer, algo impresionada pero con la respiración tranquila, las alas, el siervo, la luna y las piernas inertes, único retazo de ese bastardo, fueron los únicos testigos. 

La mujer y el siervo se miraron por un momento y ella preguntó, tratando de deisimular su incipiente miedo :

-¿Que eres?

Y el siervo, con una reverencia, provocando la caída de unos cuantos trozos de hígado y la mitad de una pleura pulmonar respondíó:

-Solo un humilde mayordomo... -Dicho esto, las alas desaparecieron, la mujer se fue a la cama, la luna se ocultó de nuevo, la lluvia apareció y una solitaria figura, en medio del vaivén de ese amante de madera a su amada acuosa, limpiaba la cubierta con tranquilidad pasmosa.-La capitana se enfadará conmigo...




jueves, 17 de abril de 2014

Sentencia (parte 1)

En un lejano lugar de un tiempo y espacio totalmente desconocido, se encontraba una habitación muy particular. Dicha estancia se encontraba atestada de imágenes que reproducían escenas llevadas a cabo entre parejas de amantes, algunos consistentes en humanos siendo seducidos por los mas bellos demonios. Por un ventanal se colaban nada mas y nada menos que tres lunas de un marcado tono rojizo que despertaba en el ambiente la musicalidad del placer. A pesar de estar cerradas las ventanas, en los alrededores se apreciaba el aroma de la lujuria liberándose por esa luz carmesí. Los instintos volvían a sus orígenes animales en los que el ser humano perdía toda piedad y no pensaba en moralidades o éticas inútiles para seres como el que justo entraba por la puerta. 

Sus ojos verdeazulados se colocaron sobre el cuerpo de su víctima, yaciente e indefenso en una gran cama hecha con perfecta elaboración artesanal. Las curvas de su voluptuoso cuerpo no ocultaron el regocijo de ver a ese hombre, condenado por un gran crimen imperdonable, ahora totalmente suyo por un periodo de siete días que sin duda no iban a ser suficientes para todas las ideas que tenía en mente, a cada cual mas perversa, oscura y placentera para ella; o quizás para ambos. La luz de las tres lunas le daba a esa depredadora un aspecto bastante siniestro pero al mismo tiempo la dotaba de un aura acorde a la de una divinidad del placer devastador placer, porque el placer puede devastar cuando se ignoran los límites. 

El condenado estaba asustado. La idea de estar atado era algo realmente contraproducente para lo que sus estándares del placer suponía. Si bien su mente perturbada había soñado con ataduras, estas desde luego no estaban en su cuerpo sino en la de alguna amante imaginada o quien sabe si real. Aquel criminal (porque cometió un cruento crimen) estaba a punto de recibir el castigo. Nunca su crimen sería revelado pues no existían palabras que pudiera describir con precisión la gravedad de sus actos. 

La criatura lo observó y de pronto se estaba abalanzando sobre su presa, desnudando ambos cuerpos y dejando que las pieles se rozasen mientras ella susurraba cada uno de los planes que tenía para aquel ser deplorable que hoy recibiría todo el peso de la justicia. Sus curvas se apretaban con con toda contundencia contra el torso pálido y desnudo, creando consecuentes y caóticas reacciones en su cuerpo, y es que no se podía negar que aquella escultural dama nocturna poseía las formas mas idóneas para el pecado mas perfecto. Desde su cabello liso hasta la punta de los pies eran una invitación a ser besados, acariciados, lamidos, a hundirse en todas las fantasías que cualquier mente caldeada pudiera idear.

-Por fin. Ahora eres solo mio delgadito buenorro.-Dijo la lujuriosa dama sin ocultar sus intenciones mientras deshacía poco a poco las inhibiciones conservadoras de su presa con besos a lo largo de todo el cuerpo, sin dejarse un solo centímetro de piel por el camino, de esa piel blanca y algo fría en un principio que ahora irradiaba ese calor tan característico de la excitación.

-Por esta semana... y al parecer tengo otros deberes que cumplir, querida.-Dijo la presa, atreviéndose por vez primera a hablar, mas cuando lo hizo, fue dicho con toda confianza y sin un atisbo de temor. Era la voz de alguien que acepta su condena abiertamente. y si bien no hay nada mas peligroso que un hombre sin miedo a morir, este no era el caso pues el futuro cadáver se encontraba atado, aceptando el plancetentero y lúbrico destino que le aguardaba. 

-¡NO! eres mío para siempre y podré...podré....-la mujer no terminó la frase pues se encontraba en un estado casi rayano en la locura. Frotñándose contra su cuerpo, mientras devoraba su cuello y el lóbulo de su oreja, la criatura le preguntó con una sensualidad que estremecería hasta al mismísimo San Pedro.-¿Unas últimas palabras antes de que se ejecute la sentencia?

Tan abrasados por dentro como estaban sus pensamientos, el condenado no tuvo tiempo antes de que una boca voraz como el mismísimo Leviatán se lanzara sobre la suya y lo besara con una pasión desmedida en lo que ambos cuerpos se unían en un lugar mu distinto entre sus bocas. Sus besos eran de fuego puro, de lava incandescente, de hierro fundido cayendo con aplomo en el molde que daría forma a una música tan antigua como el mismo mundo; o es sucedería cuando dejaran respirar al culpable del crimen. Lentos o desmedidamente rápidos, sus besos eran un constante asedio para sus sentidos. Y en el sur unas caderas con una curvatura perfecta se movían con ansias, con sed y hambre de lo que entre sus piernas estaba devorando lentamente unas veces y con frenesí casi animal otras. 

La criatura oscura estaba exultante, casi diríase que gloriosa mientras se movía salvaje, indomable con ese pobre diablo entre sus piernas, brindándole sin remedio un placer largamente perseguido, anhelado y que hasta el momento nunca había experimentado por parte de aquel que se encontraba atado, el cual deseaba poder participar de forma mas activa pero parecía una estipulación de la sentencia el no poder defenderse adecuadamente en aquel campo de batalla horizontal. Los ojos verdeazulados se clavaron en los orbes ni por asomo tan bonitos pero igualmente abiertos de par en par, mostrando a ese caballero caído en desgracia la visión de esa parte del infierno dedicada a uno de los pecados mas cuestionados de los siete yerros capitales. Las tres lunas iluminaban uno de sus perfiles al entrar todas por la misma ventana que daba a un espacio extraño habitado por extrañas criaturas, apartado del resto del mundo para que nada los molestara. Para que nada molestara a la depredadora lujuriosa que se cobraba a su ansiada víctima. 

Los cuerpos en tensión fueron una deliciosa alerta para avisar de que aquel punto y aparte llegaría pronto, haciéndolos estallar prontamente en placer, liberando toda una retaíla de de lascivas expresiones sin un significado concreto, sencillamente el reducto verbal por  la cual el placer de la lujuria reinante se liberaba por la grandeza de aquella sensación. Los fluidos mas íntimos se mezclaron y fueron la firma de que el primer encuentro de tantos que se darían a partir de ese momento por un periodo de siete días... 

Los ojos de la criatura oscura resplandecían triunfales, excitados, extasiados por haber por fin completado aquel ciclo que necesitaba como si fuera el aire que los sencillos humanos como aquel respiraban. Aunque poco duró la diversión pues cuando se acercaba el momento de una segunda vuelta, de un segundo asedio a la cordura y la decencia, las sombras envolvieron a a la presa y se lo llevaron de ahí, dejando en el ambiente el aroma de las dulzón libertinaje y un rugido de rabia. 



Carta a la Musa VII

Bella Musa de mis versos:

Estas líneas están escritas, como siempre, desde el mas entregado sentimiento que habita en mi corazón, cuyo nombre no me atrevo a pronunciar como si fuera a incurrir en un pecado mortal. Puedo asegurar que dicho sentimiento es legítimo, pero es bonito mantenerlo en una secreta obviedad, le da un toque de complejidad totalmente innecesario mas ya sabes como soy. Además la expresión del mismo creo que debería ser guardado para un intercambio de palabras en privado. Veo esta carta como la necesidad de expandir aun mas el hecho de que mis sentimientos buenos están inspirados por la existencia de tu sonrisa, el brillo de tus ojos, el sonido de tu voz y muchos elementos mas. Tu propia vida, las acciones que realizas en esta existencia, en este devenir de acontecimientos que nos moldean como las manos de un escultor a la arcilla, es digna de inspirar mis sentimientos hacia ti. Sufro y río contigo, con tus desgracias y tus alegrías respectivamente. Hay muchas cosas que puedo decir y de ahí que te escriba estas humildes líneas. 

El agrado que me produce tu presencia opaca con diferencia todo aquello triste que me puedas llegar a narrar. Este mundo no es una utopía y cada vez se parece mas al infierno de Dante, sin embargo eso no impide que cuando tu apareces, muchos de los problemas que tanto me agobian se queden a un lado, pues apareció la salvadora de mi día. Seguramente pensarás que exagero pero incluso cuando tu día también es malo me ayuda a distraerme de mis demonios. Tus problemas, si bien mas complejos que los míos, suponen un reto que me ayuda a cambiar la mente, a configurarla de otra forma para que puedan serte útiles mis palabras, que sea una herramienta para hacerte sonreír de nuevo. Me gustaría que la vida te diera todo regalos y dulces y joyas y mucha felicidad, pero al parecer eso no es posible en la vida de nadie por lo que tus complicaciones las veo como un reto que ayude a ambos a crecer, a ser mas sabios mas inteligentes y mas fuertes en la vida.

Tu presencia ilumina a la propia luz, extingue las llamas de ira y los ríos de tristeza que parecen invadir todo mi ser constantemente. Son pocas las veces en las que, estando triste y apareciendo tú, mi estado anímico hubiera quedado igual o peor que antes de que hicieras acto de aparición. La verdad es que no recuerdo nada concreto que no fueran fruto de la paranoia posterior que todo hombre inseguro tiene dentro de sí mismo. Cuando apareces es como si la luz fuera música, como si todo lo dominara por dentro y por fuera de mi mundo. Y mi mundo es la luz de tus ojos, la risa tan estridentemente linda que tienes, creándose así una bella paradoja donde la luz es creación de sí misma. Y es que tu te has hecho a ti misma a raíz de las experiencias que has vivido y a su vez creas un futuro determinado. Tu luz es mi alimento, la abierta forma de expresarte sin perder esa elegancia, esa compostura tan madura y sin perder calidez es lo que muchas veces me hace ver los problemas por su verdadera dimensión. Creo que no hay nadie mínimamente parecida a ti en ese aspecto, tan encantadora y bella, inteligente, educada, única...mágica. 

Tu belleza parece sacada de un cuento que los trovadores y cuentacuentos les cantan y narran a niños y mayores. Describirte es imposible. Hay tal cantidad de detalles en los que poder pararse durante horas a hablar que la eternidad es ridículamente corta. Cuando contemplo alguna imagen tuya muchas veces me quedo sin aliento, como si contemplara al ser mas perfecto del universo, Por encima de cosas tan banales como el color de las flores, que es lo que les da ese aura de perfección divina, o del mismo Dios. Se que eso último tal vez te ofenda pero es un símil para demostrar hasta que punto llegas dentro de mi corazón. Soy devoto de la causa de tu felicidad, de tu bienestar y de que seas una persona a gusto contigo misma, que no dudes en consultarme cuando necesites un hombro sobre el que llorar o un sesudo análisis de tu situación. Soy eso, un devoto todoterreno de la causa de tu felicidad, nada mas y nada menos. Con todas sus consecuencias. 

Me siento feliz de haberte conocido y de pensar que aun me queda tanto por conocer de ti. Eres una persona fascinante, llena de esa luz que ya mencioné y que parece siempre estar brillando constantemente. A día de hoy creo que eres una de las tres personas mas importantes en mi vida. hasta ese punto has llegado Musa de mi inspiración; puedes brindarme mas felicidad de la que te imaginas con el mas pequeño de los gestos. Quizás pienses que merezco mas y puede ser cierto o no, pero veo tanta belleza en tí, por dentro y por fuera, que siento que la cabeza me explotará de todas las cosas que deseo decirte a la cara, sin estos párrafos a la deriva en un mar de locura de por medio. Quiero llegar a ver de ti a todo tu ser, física, mental y espiritualmente. Quiero conocer toda tu vida, ser parte de ella sí, pero ser parte fundamental de tu felicidad, aun desde la sombra. Eres el cúmulo mas grande de razones por las que seguir con vida que he conocido jamás. 

Siempre me tendrás a tu lado. Aunque el sol se detenga junto a la luna y el tiempo; aunque la vida se extinga de este planeta y el resto de la galaxia. Voy a estar a tu lado, atento a tu aparición casi mariana en mi día para poder ayudarte, escucharte, consolarte o distraerte. Tu a cambio solo debes dejarte llevar y decirme que tan bien estoy realizando el hito de lograr esas sonrisa que se apagó por el motivo que sea. No me importa la causa, me importa que el resultado sea esa sonrisa radiante, enorme, preciosa, luminosa, inspiradora y a veces hasta seductora. nada seduce mas que tu mirada y tu sonrisa o esa actitud a veces tan etérea, sutil, que tee da un aura de fascinación irresistible en miles de ocasiones y solo negable en unas pocas. 

Y ese será el último punto de esta carta. lo mucho que a veces llego a desearte, como si no pudieras salir de mi cabeza hasta que pudiéramos yacer en algún lugar, me da igual cual lugar sea, para poder decirte con caricias y pequeños gestos aquello que provocas en mis mas bajas inspiraciones. De día, de noche, con o sin sol y luna, solo importaría vivir ese momento al máximo pues no se sabe cuando será el siguiente; quizás nunca. Te deseo con toda la pasión de mi pálido cuerpo de manos hábiles e intenciones ardientes como el infierno. Tu eres la inspiración de todo ese idilio que supone que dos personas pierdan la vergüenza y se demuestren deseo y sentimientos y actitudes múltiples como amor, deseo, confianza, complicidad... 

Espero que todo este cúmulo de ideas te hagan reflexionar o pensar pero sobretod sonreír. Todo es siempre dedicado a esa sonrisa... todo por esa sonrisa. 

Te añoro, te deseo, te necesito... 

Atte: un poeta ciego de vista pero no de corazón. 

lunes, 7 de abril de 2014

Rosa lunar.

Era una noche fría de invierno. La tormenta, mas allá de la frontera con la realidad que establecía un gran ventanal, era la tónica general de aquel día frío y triste, violento como el mar embravecido que unos metros mas allá batía contra el acantilado. La habitación apenas estaba iluminada por unas pocas velas. Los grandes y fastuosos candelabros y las complejas lámparas de araña del techo se encontraban apagadas. Demasiada luz le causaba cierta irritación al hombre que se encontraba escribiendo las locuras de su corazón y los sentimientos de su cabeza. O quizás fuera al revés. Su concentración era máxima. Su rostro era una máscara de piedra que solamente movía los ojos para fijar estos la la llama que poco a poco consumía una vela de cera roja y otra de cera blanca.

Con un trueno sonando en la lejanía lo acompañó un grito casi seguido de lo que parecía una risotada. El cuerpo del escritor se enderezó un poco y ladeó su cabeza, con máxima concentración, esperando escuchar de nuevo ese sonido. No pasó nada en absoluto, por lo que el escritor volvió a concentrarse, pensando que había sido su imaginación, el talento que le quedaba en pie y aun resistía a la locura; o que cada vez se entregaba mas a ella. Él podría llegar a vivir de su imaginación de no ser por una suerte de defectos que le impedían la concentración en los planes a largo plazo así como el hecho de ser víctima de sus emociones cada vez que estas trataban de imponerse.

Otro relámpago, el trueno, el grito y la risotada aunque esta vez con cierto tinto de angustia. El rostro de piedra se puso en pie junto al resto del cuerpo con brusca decisión y casi tiró la solla de madera en la que se encontraba aposentado desde hace bastante rato. las rodillas le recordaron su entumecimiento y todo el dolor le sacudió de arriba abajo pero no había tiempo para lamentos propios. Abrió la gran puerta y en la cama se encontraba un bulto, cubierto con todas las sábanas del lugar. Y por primera vez aquel rostro de piedra sonrió.Se acercó a donde se encontraba ella, la mujer mas bella del mundo, y de paso la mas temerosa a ese tipo de eventos atmosféricos. 

-Musa bella de mis versos... -Dijo con voz aterciopelada, llena de una infinita ternura, aquel hombre de rostro pétreo cuya máscara se había caído a pedazos.-No temas a los rayos y los truenos. Son las órdenes que Dios le da a sus ángeles para que cumplan bien su trabajo.-Dijo con todo convencimiento mientras acariciaba parte del suave cabello que se veía por encima de la ropa de cama. 

Poco poco sus ojos, tras unos cuantos centímetros de frente (nunca se sabrá cuantos), asomaron, y entonces la luz se hizo en la habitación. Aquellos focos de esperanza para la humanidad de su interior se hicieron dueños de toda la escena, de todo el mundo, del universo entero. Toda la rabia y los malos sentimientos dejaron de existir; todo el rechazo por lo bueno del ser humano se fue disolviendo y en su lugar, en el justo lugar donde antes reinaba casi el mismísimo diablo, ahora solo se encontraba ella, tan opuesta y tan similar a la mas tentadora de las criaturas existentes en todos los planos.

Con una voz indescriptible, tan suave aniñada y firme, un himno de luz hasta para los sordos, ella dijo:

-Es que me dan miedo. No se por que pero me dan miedo. Ya se que no me van hacer nada pero...-No dijo nada mas y se ocultó de nuevo cuando sonó otro rayo seguido de su correspondiente trueno. Quizás la vulnerabilidad era uno delos factores que le hacían quererla en cada día que pasaba, ignorando la vulnerabilidad propia que le causaban aquellos grandes ojos oscuros y expresivos que seducían y estremecían de miedo por igual. 

El rostro pétreo quebrado entonces fue hacia la ventana de otra habitación, pues lo que tenía planeado no debía llevarse a cabo en presencia de la bella Musa de sus sueños, y la abrió, por lo que todo el viento entró en la habitación, la lluvia y el sonido de los truenos aun mas terribles que antes. Tomó todo el aire que pudo y le habló a la tormenta con respeto, caballerosidad y confianza. 

-Disculpe señora tormenta, pero resulta que encontrándome en plena escritura de un poema para la mujer mas bella de mi mundo, sus truenos la despertaron y no la dejan dormir. Os teme por vuestra fuerza y poder, capaz de arrasar flotas enteras en los buenos tiempos del imperio de "El Prudente" y aun en los días que corren forzar el reposo de un barco sobre el lecho marino por toda la eternidad. me preguntaba si pudierais al menos dejar de impartir las órdenes por mandato de Dios. Se que no soy nadie para poder discutir los deseos del Altísimo pero es algo que pido con toda la fe de mi corazón. su sueño es mi sueño, su sonrisa mi luz que me guía, y cuando duerme se muestra bella como la Musa que es. 

De pronto la calma se hizo absoluta. Las nubes fueron deshaciéndose poco a poco y la luna emergió de entre estas. La dama pálida de los cielos le entregó entonces una rosa blanca que brillaba como ella. Sus pétalos estaban algo fríos al tacto pero mostraban una suavidad envidiable para la mayoría de rosas de aquel lugar. Aquel anestesista de tormentas se fue a la habitación donde uno de los motivos mas bellos para vivir dormía, ya mas tranquila porque los truenos habían cesado. la observó largo rato, con la rosa entre las manos. Se hizo mil preguntas pero ya serían todas contestadas con el paso del tiempo. 

Dejó la rosa en la elaborada mesita de noche, junto al libro que narraba las aventuras de un extraño grupo de individuos que debían portar una joya a un lugar lleno de sombras. Sin hacer ruído, el ser que habitaba aquel lugar, volviendo a su rostro de piedra, dejó dormir a uno de los mayores motivos de su sonrisa. 


jueves, 6 de marzo de 2014

Fuego elegante.

Pasión. Su corazón y cuerpo rebosaban pasión del aventurero que quiere conquistar los mundos que se pongan delante de él. Una pasión que lo quemaba y lo revivía; que lo curaba de todo aquello que le era ajeno o hiriente, dándole a entender que la vida está llena de ricos detalles, como los de aquellos ojos negros que se acercaban a los suyos. La fina tela oscura cubría las formas divinas de ella, de su anfitriona, que lo recibía de buen grado con esa sonrisa pícara, con esas intenciones tan transparentes como el agua de un riachuelo. Una de las piernas quedaba inevitablemente descubierta por el tajo que aquel vestido portaba. La sinuosa cintura estaba también descubierta, acompañada en su muestra por un escandaloso escote. Pero él solo atendía a aquellos ojos que miraban pícaros, hambrientos, sugiriendo ideas que ruborizarían a muchos hombres de lengua larga y escasa habilidad. 

La luna se filtraba a través de los grandes ventanales, desparramando una cascada de luz multicolor, perfectamente separada en todos sus espectros para pintar con maravillosos tonos esa estancia. Un paso tras otro, las luces teñían de diversos colores aquella tela, originalmente negra pero ahora azul, luego verde, a continuación amabarina. Dejó la copa que portaba a un lado, como si le causara mas interés aquel hombre que había entrado en su territorio, en su propiedad y que podría convertirlo, si así ella quisiera, en otra de sus múltiples posesiones materiales, en un amante que la saciara en todos sus deseos, que fuera libre con ella durante una eternidad en la que consumirse el uno al otro entre ruegos y súplicas de mas placer dichas con miradas y caricias. Pero le conocía lo suficiente para saber que no tendría que verse obligada a esas manipulaciones, a esos actos cargados de tintes mas oscuros que su vestido. 

Él se sentía nervioso pero a la vez seguro de cuales eran sus intenciones para con aquella criatura divina y tentadora, tan llena de luz y de misteriosas y fascinantes sombras. Por un momento quiso escapar de ahí, dejarlo todo atrás ante el corrosivo sentimiento de debilidad, tan paralizante, pero la conocía bien y sabía que ella jamás haría nada que lo molestase. La observó acercarse mas y mas, en medio de aquel torrente de colores, que poco a poco fueron desapareciendo pues la luna se ocultaba para no mirar lo que se iba a desarrollar en esa suntuosa estancia. Solo quedaron los candelabros de plata, las sábanas de satén, los tapices, libros, cuadros, joyas, y la cama. Y la cercanía, que cada vez era mas notable; tanto como la lejanía de la luna. Sintió unos dedos posarse con suavidad sobre su blanco torso, cubierto éste por un traje de buena factura. La oscuridad de sus ojos entonces se tornaron brasas ardientes sin que nada mas cambiara en aquella cautivadora dama y las llamas los envolvieron. 

Se observaban el uno a la otra, atentos a cada gesto del acompañante que tenían enfrente. Ella susurró el nombre de él con la sensualidad de una serpiente, la fluidez de un río y la cadencia justa para asemejar esa palabra tan mundana con una invitación a placeres nunca ante sentidos. Como contraataque unos labios algo burdos pero con claras y sinceras intenciones dijeron aquel nombre con un torrente de fervor casi religioso impregnados en esa sola palabra, aunque también acompañadas de calor, ternura, inocencia, parte del alma y calor; el  mismo calor que cada día quema por dentro a cientos de miles de amantes entregados a las bajas y altas pasiones del cuerpo y el alma encaprichada o enamorada. Sus manos blancas como la cera rodearon su cintura, que pronto se vieron conducidas por el resto de esa anatomía divina y perturbadora por lo excitante de sus formas. 

Entre pequeños gestos como besos, susurros, pequeños pasos de cercanía, palabras recitadas sobre los labios, alientos deslizados como un riachuelo sobre los cuellos de ambos, la ropa fue desapareciendo; eran una molestia, un insulto al decoro de la buena conversación que se desarrolla sin palabras, solamente con los actos de entrega y valerosa devoción. Las caricias no se dejaban ningún rincón que pudiera ser explorado, las sonrisas solo se borraban cuando se encontraban los labios en medio de un beso dulce a veces y mucho mas intenso otras, elaborándose de esa forma el néctar divino, la ambrosía de adictivo sabor que es el placer entre dos personas amantes. En cada mirada había una complicidad, una idea nueva que compartir con acciones tan libres como el vuelo de un pájaro y la gracilidad del corazón que una bailarina espectral, entregada a sus maravillosas y eternas danzas.

Con suavidad dieron el siguiente paso, en el que la dama, aquella mujer de formas celestiales y acciones deliciosamente placenteras, comenzó un baile lento, movimiento las caderas en perfecta comunión con las de su compañero, que la observaba en medio de su entregado torrente de ideas, paseando al mismo tiempo las manos y colocándolas en ambos laterales de ella, buscando un punto de realidad al que aferrarse. Quiso saborear sus labios y tomando el rostro de ella con suavidad posó los labios con delicadeza, ternura: podría decirse que hasta con una gentil caballerosidad, impropia de alguien que se encuentra en aquellos momentos experimentando la noche mas perfecta de su vida. Ella, correspondiendo con una sonrisa seguía proveyendo de placer a quien esa noche era suyo por derecho y por placer, entregándose en cada gesto que le regalaban con mas intensidad, con mas delicia, con mas felicidad implícita en cada caricia, dádose asi mismos, ambos unidos, por esa y otras muchas noches. 

La luna se atrevió a asomarse para no volver a esconderse nunca mas, impactada por los gestos de un abierto sentimiento de amor que él le regalaba a ella, la promesa de estar siempre a su lado a la mínima oportunidad que la vida le diera. Moviendo con mas energía, giraron muchas veces en la cama, creando un bello revoltijo de sábanas rojo pasión y negro cielo nocturno que reflejaban las estrellas parpadeantes en aquella bóveda celeste. Al amparo de la noche, del secreto, de la pasión, de la cómplice compañía, se entregaron en un último y sincronizado gesto dos seres que se mostraban mutuamente sus verdaderos seres, sin ningún miedo, sin ninguna duda a ser rechazados, conociendo cada una de las debilidades y fortalezas del otro. 

Finalizado aquel baile, se miraron, se susurraron unas palabras de buenas noches y finalmente se rindieron a un sueño reparador, abrazos bajo aquel cielo nocturno y l atenta mirada de miles de estrellas, expectantes y por siempre testigos de aquellos maravillosos momentos. 



viernes, 14 de febrero de 2014

Los múltiples rostros del amor.

Las estatuas miraban con sonrisas serenas y miradas bondadosas, astutas y maliciosas el rápido caminar del amante. Nervioso y apresurado, miraba de vez en cuando a través de las grandes ventanas que decoraban el pasillo y a través de las cuales la luz del sol se filtraba con toda libertad, sacando reflejos al mármol azulado que embaldosaba todo el largo pasillo. A los lagos las mencionadas estatuas portaban, arcos, espadas, bolsas de tela o garras muy afiladas, mostraban rostro dulces, tiernos, maternales, algo desquiciados, radiantes de placer o genuinamente maliciosos; Se encontraban vestidas con ropas de metales preciosos de colores verdosos, morados, azule verdosos, rosas rojizos muy escasos en esa extraña tela, blancos, grises, violetas o bien luciendo unas bonitas garras de ónice negro. Portaran libros, espadas o incluso nada todas esas estatuas guardaban algo vivo en la expresión pétrea, un perfecto calco de esas ocho personalidades tan misteriosas, fascinantes, benditas, malditas, elocuentes, silenciosas, dulces, agrias, saladas, ácidas, sarcásticas, crueles, generosas. Esas ocho damas ahora estaban cada una en una realidad distinta, enterradas u ocultas en el interior de un corazón tan bueno como profundo, herido, fascinante, cálido, seductor. 

Sus ojos iban de un rostro a otro pues varias veces se repetían esas estatuas realizando diversas actividades o mostrando diferentes actitudes, a veces reposando con un libro en las piernas, mirando a quien la contemplara de frente con intenciones tan oscuras como adictivas o incluso en pleno salto antes de asestar una certera y mortífera puñalada. Iba estudiando sus rostros, haciendo auto-análisis de cada experiencia con ellas, de cada una de las formas en que lo habían enternecido y provocado emociones tan fuertes a pesar de no tener una presencia física en el mundo real. Y eran parte de ella. Cuantas veces los habían enternecido, lo habían fascinado y hasta enamorado; cuantas veces lo habían deprimido y hasta atemorizado ante la posibilidad de tantas acciones que no tendrían repercusiones reales pero que aun así... aunque todo eso, desde luego no le quitó la sonrisa. 

Siguió caminando por el pasillo, por ese largo pasillo que llevaba  aun sinfín de puertas en diversos estados y hechas de muchos materiales. De una salían gritos de dolor, de otras sollozos y de otras sonidos propios de noches de pasión, de perversiones reprimidas que afloraban en cuerpos dispuestos a sentirlo todo y sin importar las consecuencias. De otras puertas salían olores nauseabundos, aromas deliciosos, chispas de colores o aromas exóticos y de lo mas mundanos. 

Pero ninguna de aquellas puertas captaba tanto la atención como la que tenía justo enfrente a una buena distancia. A los laterales había ocho puertas cada una de un color distinto. pasando por las primeras dos puertas una se abrió y una mano lo aferró y lo arrastró al interior de una habitación rojiza con muchas sedas y cojines cómodos, Una gran cama redonda era el motivo central y ahí fue a parar el amante. Con os ojos desorbitados fue casi desnudado al momento pero un segundo ser se abalanzó sobre la secuestradora de prominentes caderas, generoso busto y mirada prendida en la lujuria mas absoluta. La tercera persona presente, de cuerpo perfecto y pecador de mente, mirada y profesión susurró un "Feliz San Valentín querida" antes de devorar aquellos labios valuptuosos como el resto de su cuerpo. El secuestrado pudo salir colocándose la ropa y no haciendo mucho ruido.

Reanudando su camino, otra de las puertas se abrió y unos ojos somnolientos miraron al caballero secuestrado y ahora liberado. Vestida con un precioso y morado pijama, la señorita murmuró algo sobre criaturas ancestrales y milenarias con palabras mucho mas simples y tiernas que encandilaron el corazón del caminante por unos momentos. Al parecer la pequeña dama no podía dormir pues se sentía sola. El caminante se entristeció por un momento pero al momento se le ocurrió la gran idea; de sus manos salieron hebras de una negrura impenetrable que fueron formando una forma animal de buen tamaño. Al momento un gran lobo de peluche, del tamaño de la señorita aproximadamente  con un "Feliz San Valentín locuela encantadora" decorando su cuello y con el hocico en forma de corazón morado, a casi imagen y semejanza de un amigo que tenían en común. La pequeña y encantadora criatura se emocionó, agarró el peluche y durmió feliz soñando con piyotesaurios. 

Contento y reanudado el camino no pudo continuar mucho mas pues se abrió la tercera puerta. De ella salió una gran pantera negra acompañada de los sonidos de lo que parecía un gran e intenso reencuentro amoroso. Se podía detectar en el aire el aroma del agua salada y el sonido de las olas del mar. Con toda la mirada antipática del mundo la pantera ignoró de forma reiterada al pequeño e insignificante humano, no merecedor en lo mas absoluto de su atención mientras su gran y encantadora amiga se distraía y celebraba ese día por todo lo alto: sencillamente se tumbó a la entrada mientras pensaba en sus cosas. el humano la observó con una pequeña sonrisa en lo que la pantera sequía obviando su presencia, su mera existencia. la puerta se cerró mágicamente y el humano continuó. Pocos minutos después la pantera se metía en su propia habitación con una cama muy grande y cosas que tirar al suelo, un regalo reciente de cierto caballero. 

Se abrió la cuarta puerta y asomaron unas orejas puntiagudas en medio de una oscuridad impenetrable. Unas palabras en un idioma muy antiguo (aunque no mas antiguo que el amor) se fueron arremolinando en forma de sombras alrededor del joven de piel extremadamente blanca. Un montón de cuchillos, dagas, flechas, concretamente doce, se clavaron alrededor de aquel ser formando un corazón bastante macabro en el suelo. Sorprendido y algo atemorizado fue recogiendo los extraños obsequios o amenazas de muerte veladas. Cuando hubieron estado todas bien apretadas entre sus manos e ignorando un par de cortes, estas se convirtieron para seguramente fascinación y horror de la dama de las sombras en una docena de rosas violetas que le entregó con una elegancia reverencia. La tarjeta rezaba "Para una de las damas mas elegantes y mortíferas de este universo. Porque a veces quiero matarte pero sería matar una parte muy importante de este mundo". Dos ojos brillaron en la oscuridad con unos tonos violetas preciosos y desaparecieron. 

Se abrió la quinta puerta. Un rostro inexpresivo lo observaba con unos ojos preciosos pero que se encontraban enrojecidos por las lágrimas. El joven se sintió repentinamente triste, acongojado y no dudó en tomar las manos de esa mujer y acompañarla al interior de aquel lugar. Las paredes estaba decoradas con escenas de bailes y ricas fiestas, donde damas y caballeros elegantemente vestidos ejecutaban danzas que antiguamente tenían un gran prestigio. Escuchó aquellas palabras que ella le decía, sobre lo triste que se encontraba y susurró un nombre que el joven no llegó a escuchar. Tomando sus manos el joven la trató de consolar lo mejor que pudo hasta que unos brazos la rodearon por detrás y unos labios susurraron su nombre con un mimo, una ternura, un amor tan puros. Era mas que amor, era la devoción del creyente de Dios, era la fascinación del científico por sus experimentos, era la inspiración del poeta recitando. Solo fue una palabra, un abrazo pero pareció surtir un gran efecto. La Ominosa Dama Gris y el caballero sensiblero se miraron mientras una puerta se cerraba para dar intimidad. 

El amante fervoroso continuó su camino hasta que se abrió la sexta puerta. Salió de ella otro caballero bastante fornido, de porte galante y mirada marrón y muy limpia, con una luz soñadora en los ojos y torso al aire. Le contó su problema al caballero fervoroso: que la dama mas bella del mundo (para el caballero de rizos rubios), motivo de su sueños y suspiros, se encontraba ahora dormida como el mas puro e inocente de los ángeles y quería sorprenderla en tan maravillosas fechas. Sin dudarlo un momento el caballero fervoroso le dijo que fuera al invernadero y tomara una rosa blanca y un libro que le entregó con toda sencillez. El caballero inocente leyó por encima y el sonrojo acudió a sus mejillas. Con una sonrisa le dijo unas cuantas ideas de como presentar la escena con respecto a la ubicación de la rosa la que llamaron "el guardíán blanco" le llamó especialmente la atención. Sonrojado y contento el caballero fue a cumplir la misión de darle a la dama mas buena y bella del mundo un merecido regalo de San Valentín que no olvidaría en una buena temporada. Con una sonrisa pícara el caballero fervoroso siguió su camino. 

Se abrió la séptima puerta y apareció la que quizás sea una de las damas mas indescriptibles sobre la faz de la tierra o de ese mundo. Con su sonrisa siempre tan sutil, con esas intenciones tan abiertamente oscuras y al mismo tiempo indoloras reflejas en sus poderosos ojos, observó con fijeza, con todo lo que la compone, al servicial y encantador joven que siempre le hacía tan bello regalos. El se acercó y tendió su mano tras una gran reverencia. Ella acentuó apenas un milímetro la sonrisa y posó con toda delicadeza y elegancia su fría, fría y experta mano sobre la blanca mano del pequeño caballero. Con suavidad el caballero posó los labios en sus dedos y comentó lo radiantemente bella que se veía en ese día maravilloso. Comentó con total libertad aunque siempre con la mayor elegancia y educación todos los aspectos que la componían. Ella agradeció con esa voz fina como una campana de plata hecha por el mejor orfebre. Los ojos, llenos de poder, pasearon por sus facciones hasta que se encontró con la curva de su cuello, algo que el caballero fingió ignorar. Con toda teatralidad, en sus manos, tras unos movimientos de pluma fluida y firme espada, apareció un collar de esmeraldas presididas o representadas por un discreto pero sobresaliente corazón verde del mismo material que brillaba con prestancia. La dama contempló su regalo con una sonrisa discreta y alabó la exquisitez con la que había sido realizado. Se acercó a él y deslizó los dedos por su mejilla hasta su cuello, dejando un beso tan suave con seductor muy cerca de este antes de retirarse al interior de su espacio privado. 

Una vez recuperado tras las sensaciones de tan magistral y hechizante gesto, el caballero, amante, fervoroso creyente, joven y poeta se plantó frente a una puerta que formaba una bella rosa azul en cuyos pétalos había reflejadas multitud de escenas como bailes o batallas, miradas perdidas y encontradas. A su vez se preciaba un marco hecho de filigranas de plata que formaban volutas o motivos silvestres como flores primaverales o invernales. La forma de dos ojos se encontraban en ambas hojas de las dos puertas que había que abrir para que mostraran lo que había detrás. Se quedó observando aquella obra, reconociendo a los seres que le habían salido al camino, en actitudes tan características de ellas. Sonrió antes de entrar y encontrarse el espectáculo mas bello del mundo. 

Ella lo observaba con una mirada soñolienta. Era recién entrada la mañana y sus brazos cubría el cuerpo con las sábanas  negro.azuladas de satén que habían acariciado su cuerpo toda la noche. Los murales, cuadros, libros, poemas desperdigados y pétalos de ocho colores distintos hacían parecer aquel lugar como si hubiera pasado una ventisca, pero nada mas lejos de la realidad. Ella lo miró atentamente con una sonrisa radiante que provocaba serias dificultades a la hora de respirar. Sus grandes ojos oscuros reflejaban los trazos de un sueño reparador pero también algo de vergüenza dada su situación e intensa y apasionada seducción. Era un contraste inalcanzable y casi inimaginable hasta para los mas imaginativos, pero así era. Él se acercó con pasos lentos pero seguros, asimilando aquello que le ofrecían sus ojos, que no le engañaban. El brillo de su caballo color negro, la curvatura de sus caderas ocultadas por las sábanas y del resto de su insinuada figura desequilibraban los sentidos, la noción de realidad. Sin darse cuenta ya estaba muy cerca de ella. Le llegaba el aroma de su piel, el latir de su corazón, la luz de sus ojos. Ella era el ser mas preciado que había aparecido en su vida. Con una sonrisa a observó 

Una rosa azul se deslizó por una mejilla, rozó unos labios y siguió la curvatura de su cuello. Los ojos no se apartaban de ambos en lo que la rosa desfilaba sumisa entre dos colinas y pasaba una planicie con un pequeño oasis en el que podría descansar el peregrino. Finalmente, en medio de el mas dulce y apasionado beso, el guardián azul llegó al lugar indicado, a un lugar tan secreto y tan íntimo como un "te amo" susurrado en una noche de luna llena. Tan secreta e íntima como esa noche de luna llena en el día de San valentín. 


sábado, 8 de febrero de 2014

El gran día.


El general se alzó sobre el pequeño montículo de rocas que le permitía poder ver y ser visto por el resto de sus hombres, espada en mano y con la armadura puesta, observando todos los rostros hasta donde le alcanzaba la vista. El cielo era una alegoría de lo que quizás pasaría en breves instantes, pues estaba teñido de rojo como el mar de sangre que habían dejado todos aquellos hombres a su paso, el rojo mas oscuro de la sangre de los demonios mezclado con negros profundos carentes de la belleza que tiene habitualmente dicho pigmento. Los ojos de aquel hombre de extraño origen miraron a todos los hombres y mujeres que estuvieran dispuestos a luchar en nombre de lo sagrado. Habían recorrido miles de leguas persiguiendo lo soñado durante tantos años. Era el instante final de aquel largo camino de pérdidas y sufrimiento; habían construido puentes por donde pasaban los caballos blancos y negros, de crin rojiza como el atardecer y brunas como las noches mas oscuras y carentes de luna. El sol había contemplado el alzamiento y la caída de las flechas y los versos sobre los enemigos de aquella poderosa comunidad constituida por seres extraños, siempre soñadores, siempre trabajadores de la retórica, el saber, la lírica y la música, ahora armados contra su peor enemigo: el mal, la tristeza y la desesperación.

Se callaron los murmullos cuando la espada se alzó para dejar ver un brilló que inundó toda aquella planicie, todos esas caras esperanzadas. Un baño de luz que llenó los ojos y cada poro de la piel de cada hombre y mujer, tiñendo en blanco inmaculado su rostro y haciéndolos parecer dioses por un breve instante. Sonaron las primeras ovaciones que no tuvieron tiempo de extenderse, pues de pronto un silencio que fue impuesto por un trueno lejano. Se acercaba de frente una de las mas violentas oleadas de malévolos demonios que jamás hubiera contemplado hombre, mujer, niño o anciano alguno. El general observó lo que se acercaba y no dudó en dirigirse con voz clara, alzando de nuevo la espada con la que esa noche, igual que otras tantas, haría la justicia del bien:

-Esta es su sonrisa.- Dijo con voz potente, llena de una razón inmisericorde hacia cualquier cuestionamiento. Todo el mundo sabía que se refería a su espada, apodada con el nombre de la mujer que lo había traído hasta ese momento, hasta ese lugar.- Y esa sonrisa voy a verla esta noche porque al otro lado de esa colina se encuentra el motivo por el que tanto tiempo hemos luchado todos nosotros. Cada uno de vosotros tiene un sueño al otro lado de esa colina: la memoria de los muertos, la dulce caricia de vuestra amada, el abrazo de vuestros hijos, y esos malvados han secuestrado a las alegrías de nuestras vidas para no dejarlas escapar, para que se pudran en sus propios excrementos; pero les vamos a sacar de ahí. No dejaremos que les toquen o siquiera les miren. Yo lucho por la sonrisa de la mujer mas bella de mi mundo y hoy es el día en que la luna y las estrellas, el sol, los planetas, los grandes sabios celestes y Dios la enviaron a este mundo para rescatarlo de la oscuridad y que recuperará toda la gloria pasada, presente y futura de la creación poética. Nos atacarán con todo lo que tienen y nosotros le enviaremos todos y cada uno de los nombres de nuestros corazones en forma de fuego, hielo, acero, sangre, lágrimas de cristal bendecido, notas musicales, versos, historias, sonrisas, flores... en forma de cada uno de nuestros sueños cumplidos transformados en una forma nueva de alejar la oscuridad. Hoy es ese día.-Dijo con un grito potente.

Todo un bosque de armas extrañas se alzaron. Había espadas de metales extraños, de exóticas formas y materiales como tierra, madera o papel; lanzas ensortijadas en todo tipo de inscripciones en lenguas olvidadas con hojas temibles o aparentemente poco amenazantes, tridentes descomunales en cuyas tres puntas había otras tres puntas y afinando la vista se encontraban otras tres. Había arcos de maderas claras y oscuras, uno totalmente rojo que nunca fue pintado, otro naranja que estaba siempre candente al tacto empuñado por una mujer de piel rojiza. Había puñales de doble hoja o lo que en apariencia eran sencillos cuchillos de cocina. sin embargo había también libros, instrumentos musicales, astrolabios, cartabones. Las antorchas se alzaban dejando ver llamas de todos los colores y de algunas de color verdoso parecían salir ramas de árbol; de las azules podría decirse que estaban incendiadas en agua. Las miradas de todos aquellos y aquellas combatientes estaban puestos en el hombre que los había guiado hasta ahí, el cual en ese momento alzó el vuelo con dos grandes alas impregnadas en destellos multicolor, lanzando cientos de luces hacia la gran nube que se les aproximaba la cual se abrió y dejó ver lo que ocultaba.

Los grandes horrores se estaba abriendo paso a través de un pequeño bosque el cual quedó sumido en la mas completa desesperación. Criaturas deformes con varias manos, piernas, ojos u orejas avanzaban torpemente a través de la poca vegetación que quedaba viva. Todo lo que tocaban quedaba para siempre muerto en las manos de quienes desean el mal en este mundo y eso era para lo que venían el ejército de los caballeros poetas, de los músicos mercenarios, de los legionarios cantores. La nube se fue abriendo, mostrando los mas dantescos horrores, rodeando a todos aquellos buenos hombres y mujeres que parecían estar siendo devorados por el eterno abismo de la sempiterna oscuridad. Le acompañaba a todo aquel desastre los lamentos de las mujeres, niños, hombres, amores, que habían suplicado día y noche y llamaban a gritos a sus rescatadores, que en ese momento libraban una batalla contra la locura.No sucumbirían y no sucumbieron.

Dos alas se debatían furiosamente junto a otros camaradas alados, contra los pequeños y grandes dragones de fiero rugido que se lanzaban contra ellos, mientras un coro estaba afinando las voces y lanzaban una solitaria nota desde lo profundo de sus gargantas para ahuyentar la niebla tóxica de Desesperación. Donde antes se encontraba el general ahora un sencillo hombre de largo cabello movía la batuta llevando el compás de una melodía suave, concentrado pero al mismo tiempo consciente de todo lo que le estaba rodeando. Los poetas tenía sus libros abiertos y con una sonrisa elocuente, vivaz, unas veces pedante y otras humilde, recitaban los mas dulces versos que estaba dedicados a las mujeres de sus vidas. Al otro lado de aquella colina mujeres y niños parecían escuchar de fondo el murmullo y un dudoso "ese es mi marido" "ese es mi papá""suena como la flauta de mi amado" fue de celda en celda, causando la duda pero encendiendo las primeras llamas de la esperanza. Los niños estaban subidos a los hombros de sus hermanos o de sus amigos, contemplando el furioso batir de alas de un extraño ser de larga cabellera que portaba una espada con un nombre inscrito y que repartía mandobles y versos a partes iguales entre aquellas legiones oscuras:
Oh poderoso nombre de verdad
de luz esperanza, dulce beldad
no caeré en vuestra negra danza
Pues a Ella debo alcanzar

 Una mujer alzó su canto a las nubes que pronto empezaron a soltar una leve llovizna de tintes esmeraldas, un color muy esmerado, que hacía crecer la vida por donde quiera que esta hubiera estado.

Los tigres, bisontes, zorros, lobos, pájaros, perros, gatos, salamandras brillantes, topos cegatos se unieron a la batalla desde los bosques. Los enanos, con sus lenguaje tan poco elegante, empezaron a invocar sus propios hechizos protectores, llenando todo de una cacofonía de voces que daba un curioso sentido a todo aquello. El fuego caía de los cielos mientras el general de aquellas tropas, de aquellos hombres fieros, recibía un par de heridas de criaturas malvadas y bebedoras de sangre, libadoras de vida, enloquecidas por la ira, la desidia y de rostros tan bellos como fueron sus anhelos. Sus garras venenosas no llegaron a tocarle pero cayó y cayó hasta casi dar contra el suelo, siendo levantado por un trovador y un anciano cuentacuentos que depositaron en él una confianza ciega de cara a la victoria, al que hicieron alzar el vuelo con una canción sobre los ríos y un cuento sobre el mar y la luna. El Sol prestó su fuerza para que en cada una de aquella hojas de acero y de papel con tinta hubiera un nuevo brillo de esperanza. Sonaban por todas partes los instrumentos mas variados jamás vistos, unas veces tocando la misma canción y otras veces ramificándose en la fuerza mas devastadora del bien: la cultura y el folclore. Una dama de rostro salvaje e indómito enviaba con sus danzas bellos escarabajos de miles de colores y los gusanos y topos llevaron a cabo la mas excelente labor de zapador, devolviendo a varias de esas criaturas al abismo del que habían venido. Una sombra atrapó a un hombre que estaba a punto de ser aplastado por un ogro maloliente y horrendo, salvándolo de una muerte segura al aparecer unos metros mas allá, entre un tabernero y sus hijos los cuales querían rescatar a su esposa y madre. Los asistentes de campo se afanaban en atender a los heridos, que con unas vendas y la mirada de dos ojos azules volvían enardecidos al campo de batalla, enarbolando sus armas, instrumentos, papeles o voces; a veces, incluso solo una sonrisa.

La Bella Gente se unió bajo el estandarte triangular con una pantera de mirada algo antipática. La portadora de dicha enseña se lanzaba con dos mortíferas espadas para repartir elegantes, aceradas y mortíferas caricias entre los enemigos de la luz. Al lado de esa mujer iba otra dama, blanca como el mármol y vestida con tonos verdosos que hacían pensar un origen equivocada al que se le podría achacar. Pasando rauda y veloz entre un grupo de violinistas que mantenían a raya a unas cuantas harpías, la pálida dama iba montada sobre un gran lobo negro de mirada feroz y ojos anaranjados, que son total falta de cuidado y completamente lleno de seguridad se metió en el altercado entre varios poetas y espeluznantes híbridos entre hombres y arañas u otros insectos. Los furibundos rugidos y zarpazos barrían áreas enteras junto a los sutiles pero mortales golpes de la mujer que enarbolaba una espada y una daga de cristal verdoso, fino como el papel y cortante como el despecho de una dama. Los arqueros dispararon una lluvia de flechas para cubrir el cielo que tenían inmediatamente encima de ellos mientras terminaban dejando un reguero de patas y de cientos de ojos y cabezas, las cuales pronto eran convertidas en calabazas o en gruesos troncos de árbol que cubrían el cielo con sus frondosas y coloridas hojas. La dama blanca sonreía, exultante y gloriosa, ante los exabruptos de su lupino compañero en una lengua tan vasta como extensa a la hora de ofender verbalmente.

La batalla era dura, mas dura de lo que nadie habría podido imaginar, pero era realmente bella pues no existían los cadáveres, la sangre ni nada similar. Todo se convertía en vegetación, en rosas de todos los colores, en claveles, crisantemos, rododendros, orquídeos, tulipanes rojos y negros, violetas, amapola. El líquido de la vida seguía cayendo a finas gotas, terminando también con las nubes de oscuridad que trataban de alzarse por encima y hacer su devastadora voluntad de truenos y rayos. Un diablillo retorcido y cruel se lanzó, lleno de malignas intenciones, hacia un anciano sentado en un tocón. Cuando este anciano abrió los ojos azules, invidentes y sonrió con toda bondad, el demonio salió espantado de terror, dejando al anciano disfrutar de aquel sonido extraño junto a una bolsa de dulces que en ese momento estaba degustando en compañía de una dama que se mostraba encantada por el bonito gato que le devolvía la mirada de color morado. El lobo negro saltaba en ese momento para abrir en canal a un dragón (mas tarde un intrincado laberinto de ramas y claveles) que se había llevado la pata perteneciente a la señorita del gato.

El portador de aquel maravilloso verso estaba sumido en pleno vuelo cuando una flecha dio justo en el centro de su pecho, provocando una herida casi mortal que lo hizo caer y caer a través de una densa oscuridad. Movía las alas con energía pero seguía cayendo hasta lo mas profundo mientras la vista se le nublaba. Un golpe y de pronto la oscuridad. Desesperación sonrió con malicia pero se le congeló el gesto en el momento en que dos dagas atravesaban su pecho y destrozaban su cuerpo haciéndola soltar un último grito digno de su nombre, convirtiendose a posteriori en cientos de mariposas veloces. Tras una opinión rápida sobre los humanos y sus torpezas dos brazos delgados pero realmente fuertes arrastraron a aquel hombre hasta donde se encontraban los ojos azules que todo lo curaban junto a un anciano que antes había ahuyentado a un demonio con solo una sonrisa. Le extrajeron la flecha y como por arte de magia (o quizás realmente sí era magia) los pequeños sollozos cesaron, las alas resplandecieron de nuevo y de una explosión de felicidad y color la espada se transformó en una rosa azul que guió a los cielos junto al resto de su cuerpo, subiendo y subiendo hasta llegar a traspasar las mas altas nubes. Y sencillamente se dejó caer como quien se deja llevar por el mas abrumador sentimiento de alegría y bienestar al encontrarse frente a la mujer a la que iba dedicado ese regalo. Las alas quedaron pegadas al cuerpo como las del halcón que se abalanza sobre su presa y cayendo sobre su objetivo, una cristalera se rompió en mil pedazos que se fueron convirtiendo en granos de azucar para aterrizar en un camastro, ahora convertido en cama de plumas y una habitación con tapices majestuosos que ilustraban todo tipo de escenas.

Las dos alas y los dos brazos, ya libres de la armadura por arte de magia se cernieron sobre ese cuerpo tan magnífico, tan atrayente, tan equilibrado en sus divinas proporciones. Los ojos se acercaron aun mas a los de ella y la miró mientras con la rosa azul acariciaba su mejilla y susurraba suavemente contra esos labios que lo habían hecho suspirar y recitar cientos de poesías a la noche estrellada un dulce y tierno:


Sincero y calmado 
hoy me siento.
Cantando y riendo
mi corazón recuerdo.

Dulce tu risa de ensueño.
Aniquiladora de males,
da caza como sabueso
a las tristes banalidades

Eres la Musa de mis días,
de mis torpes pasos ;
de una letra sin bridas
que hace lo salvaje manso.

Por favor, toma mi mano
mira mis ojos humanos
volaremos muy lejos, muy alto 
hasta el sol con su reclamo.




sábado, 1 de febrero de 2014

Instante estático.

Nervioso. Su estado anímico era de nerviosismo puro al estar tan cerca de ella, mirando sus ojos negros, profundos, hipnóticos, que dejaban una huella en el alma. Contenía todos los arrebatos posibles y dejaba que el aliento entrara y saliera por su nariz y boca lo mas relajadamente posible. el sol empezaba a salir en ese mismo momento y desparramaba su larga cabellera de rayos dorados sobre la superficie del gran lago, en cuyas aguas tranquilas se reflejaban las montañas rodeadas por un bosque. Los árboles se mecían, unos acercándose a los ojos como si fueran personas murmurando entre sí, cuestionando que tan correcto sea el desarrollo de la escena que se llevaba a cabo. Algún pájaro en la lejanía estaba comenzando a afinar las cuerdas vocales mientras el ser observaba los ojos de la dama mas bella del mundo. Eran unos ojos especiales, realmente poderosos, que dejaban el corazón y el alma vulnerables, los sentimientos expuestos, las emociones se agolpaban en la garganta; en algunos casos hasta corrían las lágrimas por la emoción de tenerla frente a frente. 

Sus bonitos ojos fueron los supervisores desde cierta distancia de una sonrisa que se fue mostrando poco a poco en los rostros de ambos. El reflejo del agua que llegaba alcanzar los árboles mas cercanos, inclinados como si estuvieran atentos al movimiento de las profundidades acuáticas, también alcanzaba la superficie de dos grandes alas, arrancando aun mas reflejos que daban a la escena una lluvia de brillos visible desde muchos pasos de distancias. Los animales no sabían si acercarse o alejarse de aquella escena, pues se sentían fascinados ante el brillo de las alas de aquella extraña ave que tenía cuerpo humano, alas de pájaro y mirada de niño, de fiero guerrero, de hombre sensible en extremo que podría quebrarse en cualquier momento, de taimado pensador pero ante todo de mortal. No era mas especial que muchos otros hombres buenos y malos, viles y honrados , hubieran pisado la tierra que ahora pisaban ambos. Su mirada era el motivo de miles de líneas, de cientos de versos, de caricias infinitas dadas en la oscuridad a un rostro invisible con el cual soñaba hasta bien entrada la mañana. Pero sus ojos...

Su mirada era el todo y la nada mas absolutos. Todo lo reflejaba y nada quedaba indiferente ante ella. Dos espejos de obsidiana que devorarían al mas pintado, que acobardarían al mas fanfarrón de los hombres o a la mas mentirosa de las mujeres. Dos lunas llenas de color oscuro que no ocultan nada a la vista de los que saben leer la mirada pero prometen todo un océano de secretos para quienes ignoran el misticismo ascético que promueve la luz de aquellos ojos. No eran baldíos de emoción y no despreciaban la mínima mota de conocimiento que pudieran leer. Enmarcados en aquel rostro jugaban el papel fundamental en el juego de la armonía mas perfecta; eran capaces de mezclarse sin desentonar con los colores de la sutil seducción, de la maternal ternura o de la mas elocuente verdad; colores que no son colores, igual que la perfección imperfecta de la dueña de aquellos ojos mágicos. 

Dejaba mucho que desear todo aquello que pretendiera parecerse a aquellos ojos tan llenos de luz, tan cálidos, tan aterciopelados en su mirar. No se podría perder aquel ser tan encandilado con ella en un lugar tan maravilloso como sus ojos. Quizás en el resto de su cuerpo, un templo de secretos placeres. Todo lo contado hasta el momento era nada para él, un poeta para unos y sencillo amigo para otros, que ahora olvidaba todo lo malo del pasado para centrarse en su belleza, en ese momento preciso donde sus manos rodeaban su cintura y se fundía con ella en un abrazo que ojalá durara toda la eternidad en la que poder susurrarle palabra a palabra, gesto a gesto, cada una de las ideas que había tenido sobre ese momento, sobre ese preciso instante en le que por fin tendría la oportunidad de apoyar la mejilla sobre lo alto de su cabeza gracias a su baja estatura, poder sentir el aroma de su cabello sedoso y negro, de su piel suave y tersa, cálida. No pudo evitar un estremecimiento de emoción, de incredulidad por lo perfecto de esos segundos que quizás se convirtieran en minutos. 

Entonces todo se quedó congelado en un sentido casi literal de la palabra. Todos los acontecimientos alegres y tristes de su existencia dejaron de tener sentido en su continua lucha por reinar en el alma de aquel supuesto poeta. Las mariposas y las aves de vivos colores se quedaron paralizadas en pleno aleteo o en el mismo momento en que observaban algo desde sus ramas y nidos; los vientos, siempre tan impredecibles adoptaron la mas sosegada de las calmas dejando cada brizna de hierba y cada flor completamente inmóviles. Al mismo tiempo cada uno de los elementos que les rodeaban, cada hijo de esos cuatro elementales básicos, parecían contener el aliento, como si esperaran algo tras ese instante que podría ver nacer y caer imperios sin perder siquiera un poco de todo su elegante y romántico lustre. Solamente se movían los corazones, siempre al mismo son y tocándose a través de las pieles y de as ropas o la distancia. 

Solo podría describirse el corazón de ese supuesto poeta en unos pocos trazos. Sus emociones eran complejas, un cúmulo de ideas, de planes, de deseos, de sueños que no casan los unos con los otros pero tenían el sentido necesario como para no sumirlo en la mas absoluta locura. Cada latido antes de aquel instante fue una plegaria y un paso para llegar y ahora era un tributo, un pago para poder quedarse por siempre abrazado a ella, que nada los separara en esa vida o en las que siguieran. Su corazón se estremecía una y otra vez ante su cercanía, dechado de virtuosas sensaciones que cumplían todas las expectativas. Era un corazón difícil de perturbar en su constancia pero que la mujer que se encontraba entre sus brazos podía matar a voluntad si ella así lo deseara, ya fuere por exceso de estímulos o por exceso de alegría. Aquel corazón estaba llameando por dentro, convirtiendo la sangre en la va que recorría todo el cuerpo, quitando el frío de la oscura soledad para llenarlo de su luminosa compañía. La adoraba por encima de casi todas las cosas, la alababa de la mejor de las maneras recitando su nombre en bellos poemas. Cada palabra que ella pronunciaba era una campanada de victoria, un sueño cumplido, la ausencia de una derrota, la marcha de una tristeza que abandonaba el lánguido caudal de la existencia. 

Cuando ambos se volvieron a mirar a los ojos mil noches y mil días habían pasado; los imperios habían nacido y muerto hacía siglos y los hombres habían engendrado generaciones y generaciones. Los primeros árboles desaparecieron o se hicieron mas altos y fuertes, la hierba dio paso a las flores mas bellas de los materiales y colores mas fascinantes. La Luna preparaba el peine de plata y el sol se ocultaba entre dos colinas como las que subían y bajaban en medio de aquella cálida y femenina respiración, No reparaban en nada mas que no fuera los ojos del otro. Ella observó a su acompañante dejando una mano elegantemente sobre ese corazón incendiado, devoto hasta la última gota de sangre y creyente sin duda alguna sobre el cielo en la tierra. fue subiendo la mano hasta acariciar suavemente su rostro, sin perder de vista esos ojos que la adoraban, que la necesitaban, que bebían de su mirada. 

Y ese instante se volvió a congelar. 


jueves, 16 de enero de 2014

Confesión.

Las paredes de la catedral estaban decoradas con las imágenes de los santos piadosos que inspiraban a la orden que la custodiaba desde hacía tanto tiempo. La luz entraba habitualmente por sus cristaleras de siglos de antigüedad y sin una sola mota de polvo que pudiera adherirse a todo aquello que había contemplado la caída de reyes o el casamiento de amantes y enamorados. Aunque ahora dicho edificio se encontraba vacío por ser la noche cerrada. Los creyentes se encontraban en sus camas, durmiendo con sus familias y la bendición de Dios. Sin embargo, un sacerdote se encontraba aun a esas horas rezando por la erradicación de los males del mundo. Aquel hombre fue apuesto en su momento pero la llamada divina le pudo mas que muchas tentaciones de la carne en la juventud, consagrando su vida a la obra de Dios, a sus palabras, a las enseñanzas de Jesucristo y sobretodo al amor al prójimo. La rectitud se mezclaba con la flexibilidad a la hora de impartir la justicia o padrenuestros. De sus manos colgaba el rosario que fue regalo de un gran hombre al que admiró por siempre y que ahora se encontraba a un lado del Señor.

Sus rezos se dirigían a los niños afectados por todos los males biológicos del mundo cuando un aleteo lo sacó de su pensamiento, de aquel mantra de cristiandad pura. Abrió los ojos y se encontró a Jesucristo, que lo observaba desde su cruz con expresión tierna. Sobre él, donde la luz no alcanzaba algo se movía y de pronto desapareció con ese aleteo que había escuchado inicialmente. Poniéndose en pie y aferrándose a la cruz de su pecho el buen hombre de Dios contempló las alturas de aquel templo dedicado al culto del Señor, con sus naves cruzadas y sus dos altas torres provistas ambas de campanas con las que llamar a los feligreses. Se quedó en silencio unos instantes pensando que el cansancio quizás le podía pero la reverberación de los sonidos le advirtieron que el característico sonido de las bisagras levemente oxidadas del confesionario se habían abierto y cerrado. Sus ojos se pasearon de nuevo por toda la estancia y sin mas se dirigió a donde el sonido de alas y de bisagras continuaba, como una especie de luz entre cerrar la puerta y no poder. 

El sacerdote pensó en mil cosas antes de hacer lo que hizo: pensó en un hombre borracho, en un desamparado, en un arrepentido. El arrepentimiento es algo que llega en el momento menos esperado y presiona el corazón, llevando al hombre a cometer cualquier acto a cualquier hora con tal de buscar la redención... o terminar con su sufrimiento. Aquella era una noche fría sin duda y seguramente fuera un vagabundo que buscaba un lugar caliente. Aunque cabía esperar algo mas dado que las puertas estaban cerradas desde hacía horas; como bien se dijo, era una noche demasiado cerrada y una noche muy tardía para que alguien pudiera entrar en la casa del Altísimo. Sin embargo el sacerdote miró el rosetón, recordando algo que había pasado hace tiempo, algo que le habían contado sobre otra catedral. No pudo evitar ese pensamiento, esa idea, por un fantasioso momento. Pero debía de encarar el hecho de que alguien se había colado, de alguna forma misteriosa, en la catedral y debía averiguar quien era. 

Sin mas dilación se dirigió a la otra puerta, donde el sacerdote se introducía para confesar a todos aquellos que desearan desahogar sus dolores espirituales y mentales en la medida de lo posible, personas a las que ayudaba de forma constante y desinteresada para poderles facilitar el camino y la senda de la luz. Abrió la pequeña puerta que daba a una rejilla en la que era posible escuchar aquellas voces a veces dulces, otras veces agrías, sufridas o frías. calmadas o enérgicas y alteradas, mas no podía ver su rostro de forma alguna salvo unos pocos trazos que permitían los cientos de pequeños agujeros. Encomendándose a las manos del señor el cura iba a comenzar a confesar a ese hombre desamparado cuandoeste , sorpresivamente, comenzó primero. 

-Lamento interrumpirlo en esta fría y oscura noche sin luna pero debo confesar aquello que remuerde mi conciencia, enloqueciendo mis sentidos, devorando mis ansias de bien para el mundo. No es un pecado estrictamente dicho, padre, pero debo confesarme ante todo aquello que me ha hecho dudar sobre mi naturaleza. Soy un hombre consagrado a una idea de bien que usted no compartiría en muchos puntos conmigo, pero se que es usted un hombre de justicia. Todos aquellos que a los que ha confesado lo dicen en susurros. Así que encomiendo aquello que me corrompe a sus manos y a su espíritu padre. Prometo ser lo mas breve posible.-Dijo el confesado con una voz que era apenas un susurro, el cual se escuchaba claramente, como si se lo estuviera diciendo a la oreja sin ningún tipo de barrera. 

-Te escucho hijo.-Dijo el sacerdote con toda tranquilidad y piedad en su voz. A lo largo de toda su vida había escuchado grandísimas atrocidades y a gente algo susceptible de lo que era un pecado así como a mucha otra que pensaba que la vida misma es un pecado si no se vive dentro de una iglesia.-Deja que tus palabras sean producto de la expresividad de tu alma, te ayudaré y aconsejaré en todo lo que me sea posi...-Se interrumpió el padre al ver que algo asomaba a través de los pequeños agujeros pero solo fue un segundo, mas juraría que era las trazas de una pluma. "La noche me afecta... o no. Sí, sí me afecta" pensó.-En todo lo que me sea posible.- dijo con un leve temblor de voz ante lo que pensaba que acababa de ver. 

-Soy algo parecido a lo que antes se llamaba caballero y ahora se llama persona educada y gentil. Así me gustaría considerarme a mi mismo. Soy fiel siervo de una religión que no es la suya pero guarda los mismos principios proteger al prójimo, de ayudarle, aconsejarle, como usted hace, y sobretodo desvivirse por esos bonitos ojos negros. Las oraciones no son largas cuando se le quiere rezar ya que solo consta en decir su nombre cada noche antes de dormir. Al menos en mi caso. Las ofrendas no son oro o dinero, son las noches y los días dedicando un latido del corazón a su sonrisa. Se llama...-Dijo su nombre con un calor, una ternura, una felicidad tal que muchas ordalías rebosantes de devoción habrían quedado opacadas por esa sencilla palabra, que pareció aumentar la luminosidad de aquel recinto a pesar de todas las velas apagadas.-... y yo por ella haría lo que fuera necesario siempre que no entraran en conflicto con la mayoría de mis principios.-Dijo y dejó una pausa para que el padre contestara.

-Todos debemos guardar una pequeña parte de nuestra fidelidad a nosotros mismos hijo mio... el fanatismo es algo que a muchos les parece la demostración correcta de orar y ofrendar, en caso de mis creencias, a un Dios que destruye pueblos enteros cuando, a mi parecer, lo mas correcto es predicar el amor y el respeto mutuo así como el aprendizaje de todo lo que nuestros hermanos de otras tierras, religiones y culturas nos puedan enseñar. Pero por favor continua hijo, el que se confiesa eres tú.-Dijo con toda amabilidad y simpatía aquel hombre extraño para todos aquellos que no eran fanáticos pues era comprensivo, flexible y abierto.

-Mi arma son las letras escritas y habladas, susurradas a su oído para que me honre con aquello que mas desea ver en ella; su sonrisa y a veces hasta escucho su voz que es la de los ángeles de vuestro cielo. Canta maravillosamente, ella es todo un canto de felicidad para los corazones que se permiten conocerla. Sin embargo cometí una falta ya que mis palabras, espada inmaterial ungida con ternura y todo aquello que pueda hacer a un hombre un siervo del bien, se clavaron sádicas y oscuramente en las tripas de un hombre que la daño profundamente. Soy amante de su sonrisa pero mas aun de aquella luz que desprende su mirada cuando se encuentra en un estado de gran felicidad. Mis palabras fueran hechas para dar esperanza, consuelo y consejo a su alma, y sin embargo yo fui infiel a ese voto de caballero...- por un momento parecía que iba a decir algo mas pero nada mas salió de su boca.

El sacerdote se quedó por unos momentos en silencio también mientras reflexionaba. Era una confesión extraña, desde luego, pero comprendía que muchas veces los hombres de la tierra y algunos hombres que viven en los cielos sentían el temor de haber hecho algún mal. Peor, a su parecer, era terminar con una vida humana que tuviera una larga vida por delante o acortarla mas de lo que era necesario para los deseos de Dios. Aquel confeso estaba claramente preocupado por haber matado en su cabeza a un hombre que había dañado a una mujer excelente que había provocado unos sentimientos tan inquebrantables como su juramento mismo, el cual el confeso veía roto pero él le haría ver que no había sido así. 

-Hijo, la venganza es un plato que se sirve frío pero también acompañado de sabores amargos y dolencias posteriores en el alma y sobretodo del vacío que supone haber cumplido dicho cometido y no saber que seguir haciendo. Pero tu cuentas con una fortuna con la que pocos hombres y mujeres vengativos han contado: el motivo de tu venganza está vivo. Has querido darle a esa mujer algo que necesitaba, le has ayudado a cortar los lazos que lo unían con aquel ser impío. Admito que consagrar las palabras a la luz de otra persona es algo que a veces resulta arriesgado pero por como hablas de ella, por lo poco que deduzco es una buena mujer. Pero sin pretender desviarme hijo, una muerte simbólica es mil veces mas fácil de expiar que una muerte física o espiritual. Las venganzas y el asesinato no llevan mas que al dolor y la culpa. Algo me hace deducir que ella sufrió pero tu sufriste igual o mas que ella al ver que el motivo de tus devotos rezos nocturnos fue mancillada con manos de arrogante pecador, malvado y poco deseoso a ser sacado de esa senda de oscuridad.-Dijo el sacerdote sin pretender nada mas que completar la imagen que poseía en su cabeza toda la situación. Sabía de eso, a fin de cuentas vio morir a todos aquellos ángeles de menos de diez años cuando el orfanato se quemó en el momento de la gran guerra. 

-Ella trato de ayudarle mil veces padre...trató de aportarle un poco de su luz pero ella se entristecía a cada momento que pasaba. La hizo soñar, ilusionarse para romper todo aquello en mil pedazos que a mi me llenaron de dolor con cada lágrima que derramaba sin ser estas de su mas excelsa felicidad. Cada cosa que me contó, y ni imagino tantas que guardó y algún día me cuente para desahogar mas su dolor y estar plena de forma espiritual, es una llamada a terminar con la vida de ese maldito. Pero como vos dijisteis, padre, la venganza solamente entraña dolor. ¿Que creéis que debo hacer con mi alma y mis juramentos?.-preguntó y por un momento la voz se tornó angustiada pero al mismo tiempo aceptaba todo aquello que se le encomendara. 

-No hagas nada que no quieras hacer hijo. Eres un ser que deja claras las intenciones para con ella, que se siente entregado a todo lo que compone a la mujer de sus sueños. La has visto sufrir, la has escuchado llorar y si ella es celosa de sus lágrimas, entonces estás haciendo correctamente tu trabajo, cumples con tu deber primero de amigo y luego de todo aquello que ella te permita. la respetas, la deseas, la amas. Pero ante todo la respetas, la admiras, la contemplas con los ojos del corazón y del espíritu antes que con los de la cara. Le has brindado algo fuera de lo normal pero se los has concedido para dar un motivo de calma a las tormentas de su espíritu. Creo que estás limpio de toda culpa pues nadie ha padecido sufrimiento, nadie ha extinguido su vida. Has actuado de forma sabia, consecuente. Tu parte oscura vio la luz por unos momentos, pero la puedes combatir practicando el bien, orando cada noche con su nombre en tus labios y en tu corazón, escribiendo para su sonrisa, para su luz. Si uno de cada diez hombre fueran como tú, quizás el mundo sería un lugar mejor. Te arrepientes y admites tus errores; y deseas corregirte y hacer feliz a alguien que no eres tu. Puedes ir en paz hijo, si bien tus creencias son otras yo te deseo que el Señor te guíe por su senda mas luminosa para que alcancéis ambos la iluminación. Todo aquellos que la haga feliz que te haga feliz a ti... y que Dios y todos sus ángeles os protejan. Puedes ir en paz hijo...

-Gracias padre. Haré una donación privada ahora mismo solamente para agradecer estos servicios que me ha prestado el mas fiel siervo de Dios.-Y sin mas se escuchó la puerta abriéndose y segundos después el silencio precedido de un aleteo. 

El sacerdote se puso en pie y no pudo evitar la prisa al salir y mirar a todas partes. Nadie estaba presente mas que él y Jesucristo en su cruz, que observaba los bancos vacíos y ya no tan llenos de feligreses cuando tocaba la misa. Se dirigió a él y se arrodilló para para preguntar si había obrado bien cuando reparó en que los ojos de este se dirigían, sorpresivamente, a un punto concreto y en su rostro había una pequeña sonrisa. Santiguándose siguió aquella mirada hasta donde se encontraba el rosetón. Este estaba perenne, sin rotura alguna pero justo en su centro, debajo de la cruz de Cristo, se encontraban una pluma y una rosa azul cruzadas. 

Justo en ese momento, lejos de ahí, la Luna hacía su aparición pues había terminado de peinar una larga cabellera hecha de noche y luz, perfilándose en su liz un ser alado que volaba para desear as buenas noches al motivo de sus oraciones.