lunes, 20 de marzo de 2017

Medicina prodigiosa.

   Una ciudad al lado de un bosque. Puede parecer algo sencillo, casual, hasta incluso bello como contraste y como pequeño contrapunto entre el hogar de Gaia y el mundo artificial del ser humano. El verde se mezclaba con lo gris, la vida mas auténtica con la existencia mas gris y a veces deshumanizada, como si fuera el propio hombre quien se quisiera desposeer de aquel maravilloso don que son las emociones y los sentimientos. Acompañaba a todo ello un cielo que parecía plomizo, que sentía la necesidad de estar descargando agua cada poco tiempo. Además,  todo el mundo sabe que al lado de un bosque siempre hay cientos de historias y leyendas sobre seres maravillosos. Aquellos seres a veces se mezclaban con la humanidad, entre aquellos que les consideraban extraños y a veces incluso malignos. Tiempo había pasado desde que un hombre sabio determinó y, mas importante aun, convenció a sus iguales de que aquellos seres en su mayoría no eran malignos. En su mayoría.


   El doctor se había levantado como cada mañana y se había despedido de su mujer, como cada día. Las grandes personas tenían grandes horarios, pero él no era un gran hombre, solamente un médico de criaturas fantásticas. Un tipo de especialista en seres no-humanos, criaturas vivientes, formas de vida no clasificadas, especímenes raros, entidades inefables y la lista continuaba. Como siempre, llegó puntual. Ah por cierto, que ese médico no era especialista exactamente en todo eso. Era doctorado en el cuidado y bienestar de las crías, bebés, cachorros o creaciones recientes de todos los entes anteriormente mencionados. Y mas, mucho mas. Poco tiempo había pasado desde que el primer par de hadas habían estudiado leyes en lo que se consideró uno de los grandes choques culturales entre la humanidad y la no-humanidad (El concepto "no-humanidad" aun estaba en debate entre muchos filósofos y biólogos). No duraron muchos años, apenas completaron un par de cursos pero la facultad de derecho tiene los mejores jardines de todo el país. A día de hoy los jardineros de la universidad cercana no se han tenido que preocupar por un solo pétalo.

   Llegó debidamente tranquilo, conforme a sus pacientes fueran llegando trataría de cumplir el servicio a la sanidad pública lo mejor posible y para casa. La consulta parecía normal, con sus lámparas, sus instrumentos y todo eso, pero si uno afinaba la vista veía de todo, y cuando se dice de todo es que es de todo. Se abrió la puerta y entró una madre con su bebé. esta parecía bastante alarmada y sinceramente a punto del ataque de nervios. La enfermera presente trató de calmarla mientras rápidamente el doctor, con su apacible tranquilidad se encargaba del niño. Era regordete, de sonrisa encantadora, manitas y pies muy activos, mirada inquieta y ojos grises. Sería todo un portento entre las damas. Aun no tenía los dientes. se le veía saludable. Midió pulso, temperatura... todo normal. El doctor alzó la ceja levemente, preguntándose a que venía tanto revuelo por parte de su madre. 
   -¡Doctor!.-Dijo la progenitora de la criatura.- ¡Mi hijo se ha vuelto verde!.-
   El médico se giró de nuevo al niño, que le devolvió una mirada brillante y llena de encanto:
   -Ah, pues sí.-Dijo con toda tranquilidad. Sonrió levemente.- Pues sí, es verde.  Tomó al niño en brazos y lo sentó en la mesa de las consultas, frente a él.- A ver, muchachito. Vamos hacer la prueba de fuego.
   Encima de la mesa había un jarrón con unas flores, para darle un toque alegre a todo lo blanco de aquel lugar. Tomó una de las flores y la puso al alcancé de la mano del niño. Este instintivamente la agarró y la flor, cerrada hasta ese momento, se abrió de golpe.
   -Señora...-Dijo el médico pero la mujer le interrumpió. 
   -¡Señorita, que soy soltera y muy orgullosa!
   No aguantaba a ese tipo de madres, preocupadas mas del título o estado civil que de sus hijos. 
   -Señorita.-Dijo el buen hombre tras tomar aire para tranquilizarse.-Su hijo ha sido bendecido por un espíritu venusiano, creadores innatos de vida. El color verde se irá haciendo cada vez mas pálido pero dejará una marca en alguna parte de su cuerpo. A partir de ahora nada de carne, solo alimentos vegetales y mucha fruta. 
   -Pero pero...-La mujer se quedó como en shock.-¿No será normal nunca mas?
   -Solo hasta donde el quiera serlo. Él y solo Él-Recalcó el "Él" muy bien, pues intuía de que pie cojeaba la señora- Puede decidir su destino. 
   El rostro de la mujer pasó de confusión a indignación, seguidamente a ofensa, y luego tomó a su hijo y se fue sin mucha educación. 
   
   El siguiente paciente no tardó mucho en llegar. Este sí que era preocupante. Desde lo que probablemente sería un embalse natural, un matrimonio de castorianos trajo a su hijo. Al momento estaba en la cama. Eran seres realmente curiosos, conservaban grandes rasgos humanos, podían caminar a dos patas pero tanto las manos como los pies eran palmeados. No llegaban a mas de un metro cincuenta y solían evitar las urbes. Salvo que fuera cuestión de vida o muerte. 

   El pequeño estaba totalmente paralizado, con la mirada desencajada, como si estuviera viendo los mas grandes horrores. Sus dientes, tan útiles para morder la madera, estaban temblando. 
   -No sabemosh que le pasha a mi niño doctor.-la madre estaba al borde de un ataque de nervios. Quien hablaba era el padre, que se abrazaba a su desconsolada esposa. 
   El hombre encargado de aquel asunto descorrió las persianas. La ventana daba al mar. La visión del mar era buena para los castorianos y los tranquilizaba. Mismamente la madre y esposa, así como su marido parecieron sentir el influjo del vaivén de las olas. Con el fonendoscopio escuchó el corazón ty la respiración.La respiración fallaba. 
   -Señora.-Dijo el doctor.- Necesito que me diga lo mas rápida y completamente posible la vegetación predominante en su hogar.
   La memoria de los castorianos para lo que había y no había en su territorio era algo demencial:
   -Shietemil doscientos cincuenta eucaliptos, cuatrocientosh dos roblesh, ciento veintitresh abedulesh y...-la señora castoriana se puso pálida.-No...-La mujer miró a su hijo.-Le dije que no se acercara.
   -Enfermera, pinzas.-Dijo y sin ningún tipo de delicadeza, abrió la boca del niño e introdujo las pinzas en la garganta cuando aquella mujer se las alcanzó. El cuerpo del pequeño se sacudió, las manos palmeadas casi le arañan la cara. Los castorianos estaban acostumbrados a defender su territorio con uñas y dientes. Fueron minutos angustiosos pero al fin, en alto, las pinzas sostenían un fragmento de madera color pardo rojizo con un poco de sangre del pobre niño.
   Al momento el chico pareció despertarse de un mal sueño, estaba pálido y sudoroso, temblaba y parecía algo desorientado. Al ver a su madre, alargó los brazos entre lágrimas y padre, madre e hijo se abrazaron mientras el doctor depositaba la astilla en un tarro y lo cerraba. Les dejó un rato para que todos se tranquilizaran y una vez sentados cada uno en su lugar, con el niño refugiado en el pecho de su madre, les extendió un papel.
   -La dirección de un ferretero también especializado en maderas. Denle esto.-Acuñó y firmó el papel.-maderas blandas durante un mes, nada de exquisiteces como bog y bambú. Y ébano mucho menos.
   -¿Esho es madera blanda, doctor?.-preguntó entonces el niño mirando el tarro lleno de depresores de madera lingual.
   -Sí, pero creo que durante el proceso alguien fue acusado de acercarse a cierto árbol al que se le dijo que no se acercara..-Dijo el doctor.- Pero también soy consciente delo que es el miedo a este tipo de cosas así que toma.-Le dio un par de ellos.-Creo que eso es todo.-Dijo levantándose al mismo tiempo que los padres y el niño y acompañándolos a la salida.
   Nada mas salir, el rostro de ese hombre se volvió serio y anotó en un papel que debía de telefonear al departamento de guardas forestales para que tomaran cartas en el asunto. No se podía permitir nunca que un tejo estuviese en las cercanías de un bosque habitado por castorianos. Los niños podrían atragantarse.
   -Que pase el siguiente.-Dijo el hombre que se encargaba de curar a eso pequeños querubines.
   Cerca de él, donde se encontraban las flores en el jarrón, todas empezaron a florecer de repente. El médico se las quedó mirando un instante hasta que se abrió la puerta y la enfermera hizo pasar a los reyes del bosque.
   -Majestades.-Dijo el hombre poniéndose en pie y haciendo una reverencia, componiendo su mejor sonrisa.
   Los reyes del bosque eran los dos seres mas poderosos del bosque, los que estaban mas en armonía con la vida hasta el punto de hacer aparecer esta con solo su presencia. El Rey Fauno y la Reina Ninfa, la pareja mas bella del mundo. El mitad hombre y mitad cabra (se ofendía si le decían eso) siempre iba ataviado con sus ropajes agrestes, su orgullo y su absoluto deseo de que se le obedeciera en todo, aunque siempre era cabal y se sometía a las indicaciones médicas pertinentes. Reconocido internacionalmente como uno de los mejores músicos de la época, causaba la admiración de muchas y la envidia de muchos. La marcada virilidad de sus facciones eran a su vez el marco de unos ojos azules y de extrema frialdad. Todo ello estaba enmarcado con un cabello negro que parecía traslucir tonos verdes.
   La Reina Ninfa era casi el opuesto a su marido en carácter. Era bondad y belleza absolutas. Se decía que la misma muerte se había enamorado de ella y que por eso a ella ya su marido les había concedido la inmortalidad. A su estilizada figura se acompañaba un aura de algo que no se podía describir. La vida le rodeaba por todas partes. Dos orejas puntiagudas sobresalían por los lados de la cabeza, enmarcada en una cabellera similar a la de su marido pero con todos dorados. Cada paso era como si flotara. Sus ojos eran del color de la miel mas pura y la dulzura con que lo miraban todo era proporcional. Todos los ojeadores de belleza se fijaron en ella. Sus gestos destilaban pulcritud, dignidad y amor absoluto hacia todo aquello que fuera bueno. Su cuerpo estaba cubierto con un vestido de gasa blanco que confería pureza a toda la atmósfera. Era realmente complicado no quedarse estático ante la impresión de su estampa.
   Detrás de ellos estaban los pacientes. Una pareja mixta de gemelos que habían nacido hacia muchos años. Ella era un calco de su madre pero tenía los ojos de su padre, incluida la frialdad. El niño tenía pequeños cuernos en la cabeza, apenas unos puntos a ambos lados de la frente. El niño rezumaba felicidad, aunque se llevaba de vez en cuando las manos a los cuernos y componía una cara de dolor muy notable para el observador aunque discretamente disimulada por el orgullo. Su hermana una cara de pocos amigos como pocas se han visto en la historia de esa consulta. Nunca se separaban ambos hermanos.
   -Al Príncipe le duele la cabeza.-Dijo la niña al momento con sonrisa burlona.
   -¡No es verdad!.-Dijo el niño, llevándose al momento las manos a la cabeza.
   -¡Comportaos, no avergoncéis a la familia!.-Dijo el Rey mientras se adelantaba un paso. Un genio vivo de voz profunda.
   -No curre nada Majestad.-Dijeron el doctor y la enfermera al mismo tiempo. se miraron,sonrieron y el médico habló.-Veamos.
   El médico se acercó al niño, haciendo amablemente a un lado a la niña, bajo la mirada atenta de sus padres. Posó sus manos sobre la cabeza del niño. Palpó largo rato. Notaba la continuación de los pequeños cuernos. El niño miraba a la nada con su rostro teñido de dolor, dignidad y orgullo. Era un valiente, digno calco de su padre.
   -Bien.-Dijo entonces el doctor apartándose.- Si me permite, me gustaría que levantara los brazos lo mas arriba que pueda.-Dijo levantando él también los brazos, alcanzando una enredadera que había salido mágicamente del techo. El aura de vida de aquella pareja llegaba a los rincones mas inesperados.-Ahora estire.-El niño estiró todo lo que pudo mientras ignoraba el clavel que salía del suelo.-mas-
   -No puedo estirar mas, doctor.-Dijo el Príncipe. Ambos padres se habían encargado de que sus hijos no ostentaran su posición y trataran con educación y respeto a los profesionales de todos los empleos habidos y por haber.
   -Y ahora hace así.-Bajó los brazos de pronto sin dejar de tenerlos estirados, hasta parecer que era una momia de las clásicas películas de hace décadas.
   El niño lo imitó y entonces se produjo el milagro. Los cuernos salieron. Sin embargo eso trajo consecuencias; toda la sala explotó en vida y de pronto las pocas plantas que había empezado a germinar se multiplicaron. Esto fue apenas unos pocos segundos. El médico miró en todo momento el rostro del niño, que era la viva imagen del dolor y el placer. Mas dolor que placer. Cuando te sacan los cuernos de golpe no es precisamente algo fácil de asimilar. Unos flamantes cuernos con puntas rojizas adornaban la cabeza del príncipe. Esto no le impedía estar conteniendo un grito de dolor. Su madre se adelantó y se puso a su altura tras apartar un pequeño matorral.
   -Has sido muy valiente hijo.-Dijo con el infinito amor que le caracterizaba pero probablemente su corazón temblaba de tristeza al haber visto el dolor en uno de sus principales motivos de existencia.
   Quien se había quedado totalmente congelado era el progenitor. Miraba a su hijo con ojos desorbitados. No se creía lo que acababa de ver y luego dirigió la mirada al doctor.
   -¿Como lo ha hecho? ¿Como lo sabía?.-El Rey compuso de nuevo su gesto digno y orgulloso, el cual realmente nunca había perdido. No del todo.
   -Verá Majestad.-Dijo el doctor mientras escribía en un papel.- El primer día que vine aquí a trabajar me pusieron como primer caso una niña con gripe. No fue problema y la despaché pronto. Mi siguiente caso fue un niño, un bebé mas bien, que cuando estornudó desapareció delante de mis narices. Su madre se puso histérica porque nunca sabía donde iba a parar. Tuve que pensar rápido y entonces le pregunté cuales eran los gustos culinarios de su hijo. Ella empezó a decirme y descubrí que cerca de aquí hay una tienda de golosinas. Solo tuvimos que esperar y entonces cayó en la trampa.-El médico sonrió entregándole el papel.-Imaginación. Solo he usado la imaginación..
   El Rey Fauno inclinó la cornuda cabeza en señal de respeto y los niños, pegados a sus padres se marcharon también con digna reverencia. Algo unía a los gemelos que hizo que en el momento del latigazo de dolor, la hermana dejara la sonrisa burlona y abrazara a su hermano,susurrándole palabras tranquilizadoras. Probablemente a ella le esperaba el largo y lento proceso de crecimiento de las orejas, y siempre podrían contar con el doctor para cualquier problema.
   Entonces este se giró para hacer balance de daños. Se habían caído unos cuantos frascos, instrumental que fue directamente a la basura, pero nada grave. Era algo que muchas veces suponía un gran esfuerzo a las cuentas y al presupuesto. En ciertas ocasiones el propio doctor había tenido que poner de su bolsillo para mantener todo el material a punto y los aparatos en su sitio. Fue justo cuando ponía en una esquina la máquina de electrocardiograma cuando se dio cuenta de que aquellos seres apenas gastaban electricidad.
   La puerta se abrió de nuevo y encontraron un padre con su niña, ambos realmente pálidos. Se sentaron y el doctor miró al caballero y luego a la bella criatura, con una sonrisa. El hombre era realmente atractivo, de rasgos suaves, rezumaban confianza, autoridad, seducción. Tenía buen gusto para la ropa, como tratando con mucho éxito de mantener un toque clásico pero a un mismo tiempo estar a la moda. La niña traía un  La enfermera, fuera del campo de visión del doctor miraba a ese hombre, tan elegantemente vestido. La niña era un caso similar, de piel realmente pálida, ojos azul claro, como su padre. Se sabía que eran parientes por no solo el color sino por todo el contorno, la forma de mirar y un par de gestos muy característicos de su especie: reacción instintiva al sonido y análisis del entorno. Miraron a todos lados, como buscando una amenaza.
   -¿Y bien? ¿Que les trae por estos humildes lares, caballero y señorita?.-Dijo el doctor al ver que ninguno de los dos iniciaba la conversación o exponía el problema.
   -Verá doctor.-Dijo el padre.- Mi hija ha tenido un pequeño accidente. Vamos cariño, enséñale lo que tienes en la mano.
   La niña miró a su padre con algo que parecía resentimiento y futuros planes de venganza ante una ofensa que el doctor no captaba. Entonces, derrotada e impotente, alzó una de sus manos y el doctor se sorprendió al descubrir que en la extremidad faltaban dos dedos. En su lugar había dos muñones que echaban lo que parecía humo.
   -Oh, entiendo. Pues creo que...-Se interrumpió al irse la luz.-Pues vaya por dios.
   En aquellos días habías muchas tormentas y a veces la red eléctrica fallaba pero no solían ser apagones muy prolongados. A cambio, al quedar la habitación a oscuras se sabía que posición ocupaba el adulto y cual la niña porque en medio de la oscuridad se veía un par de esferas a mayor altura que otro par de haces de luz azul.
   -¿Ocurre algo doctor?-preguntó el padre, intrigado. Los vampiros no notaban en lo mas absoluto la diferencia entre oscuridad y luz artificial como la de los fluorescentes que se habían apagado de pronto.
   -Un apagón tan solo.-Dijo el doctor mientras rebuscaba en un cajón. Encontró un mechero y lo encendió. Prendió un par de velas de emergencia y las dejó a un lado para escribir una nota para el boticario. Los boticarios volvieron a resurgir tras ese contacto entre el mundo humano y el mágico.-Échele esto en la herida un par de días. En ese tiempo tendrá de nuevo los dedos bien.
   Las dos esferas mas altas y las dos mas bajas se elevaron un poco al mismo tiempo, indicando que se habían puesto en pie tras tomar el papel con toda delicadeza.
   -Gracias doctor. Que tenga buen día. - Y sin mas se fueron.
   -Gracias doctor.-Dijo la niña, pero su voz no sonó desde la puerta, sino justo en su oído, antes de que la fría presencia se desvaneciera.
   -A este paso me jubilo antes delos cuarenta.-Dijo el médico en medio de la oscuridad.-¿Alguien mas? O mejor aun, esperemos a que se restablezca el flujo de corriente, por favor.
   -Sí, doctor.-Dijo la enfermera mientras se acercaba a las velas para rellenar informes varios de pacientes.
   Tras volver la luz pasó el siguiente caso. Dos masas incorpóreas y oscuras llegaron a través de la pared. Iban seguidas de una tercera masa que era mas blanquecina y se mostraba remolona. Parecían emitir pequeños latidos y pulsos de calor. Para los días fríos eran perfectos aunque solían ser entidades muy independientes.Y ese era un día frío, como casi siempre en aquella ciudad (de ahí la presencia de vampiros). La masa mas pequeña, blanquecina, se mantenía al margen. Los fumus se situaron en dos lugares distintos de la consulta pero se observaba la unión de ambos con la pequeña masa blanquecina.
   -Muy bien, veamos que pasa.-Dijo el doctor, sacando de uno de los cajones de la mesa una linterna. Se dio cuenta entonces de que podría haberla usado en el apagón.-Soy tonto, pero que se le va hacer. Comenzó entonces a hacer señales de morse apuntando a ambas nubes oscuras.-enfermera encárguese de l niño, son mas propensos a atender a razones de mujeres.
   Como era posible que una entidad sin oídos ni orejas pudiera distinguir el género de una persona era extraño, todo un misterio, pero así era con los fumus. Al parecer la nube A era el padre y la B la madre. No había urgencia como tal, solamente el chequeo rutinario de la pureza.
   -Muy...bien...ahora ...procederé a... ver....como....está....el...chaval.-Dijo el doctor y se acercó a la nube blanca, a la que la enfermera estaba indicándole que se acercara a la camilla y se posara en ella. Porque decirle a una nube que se tumbara era muy relativo.
   El doctor se puso a mirar entre los frascos mientras la enfermera le indicaba a la nube blanca que se elevara un poco. Era un proceso complicado. Primero había que poner una placa de cristal debajo del paciente. Entonces el doctor eligió uno de los frascos de mas arriba. Contenía una mezcla de agua pura con colorante. Agitó un poco el frasco, llenó un cuentagotas y echó tres gotas sobre la nuba. Estas atravesaron limpiamente al fumus dejando tras de su un rastro vertical que se fue extendiendo, revelando lo que para muchos eran venas. En realidad era la maduración "cerebral" del individuo. Las tres gotas se deslizaban dejando su rastro en la sección central de la pequeña nube y se dejaron caer remolonas sobre la placa de cristal que fue recogida y depositada bajo el microscopio que esperaba en un rincón a ser usado. No había nada realmente preocupante. el doctor le reveló el diagnóstico a los padres o creadores de esa pequeña criatura etérea y se marcharon, dando por finalizada la sesión de consultas. Las entidades se fueron atravesando una de las paredes y se quedó todo mas frío pues la principal fuente de calor se había desvanecido.

   Una vez terminados todos los papeleos y demás, el doctor se dirigió a su casa. El día había sido realmente movido, lleno de pequeños inconvenientes pero todo había salido a pedir de boca. Por el camino reflexionó sobre algunos pequeños detalles como aquella madre tan...especial que no aceptaba que su hijo o fuera a ser "normal" nunca mas. Reflexionó sobre los vampiros, los zombies, los fumus, los silfos, elfos, faunos, ninfas y todo aquello que les podía aquejar. Pensó en aquella niña vampiro que tenía los dedos quemados. No la conocía, no sabía que deseos tendría en relación a los demás niños, si los quería conocer o prefería evitarlos. Aun se maravillaba de como se había producido el acercamiento entre aquel mundo tan gris, artificial, progresivo, tecnológico y dirigido por unos pocos con ese mundo lleno de color, magia, misterio, fascinación y equidad. Había una jerarquía pero los puestos en dicha jerarquía no los determinaba el dinero, sino la madre de todos. Gaia. 

martes, 24 de enero de 2017

Me lleva a ti.

Me lleva a tí tu calor, siempre me siento protegido cuando estás cerca. protegido y protector. Me pierdo en tu mirada, pozos dignos de hundirse en ellos, cielos donde surcar nubes, sombras de un duro pasado que luchas por desterrar. Veo que sonríes cada día, que sientes dentro de ti la fuerza de vivir y eso se me contagia, muevo los cielos y revuelvo la tierra por aquella señal de que algo vive dentro de nosotros que nos une. Porque la vida es una cosa maravillosa y siempre podría tener a mi lado a alguien como tú hasta que te lleven los dulces compases de un baile eterno. Armonía y frenesí, así te quiero a ti, veleidosa diosa, tierna dama, joven niña, encantadora y noble alma que me hace soñar. Besaría tus labios mil veces hasta familiarizarme con cada respiración, con cada sonrisa contra mis labios, con cada suave suspiro que siempre precede al baile de los alientos. Sí, te deseo abiertamente, no me importa reconocerlo, quiero unir nuestras carnes en una sola, que nuestra música milenaria sea los nombres de aquellos pecados que vamos a cometer: lujuria, ira, vanidad pero nunca envidia ni pereza, pues te apoyo, te siento cerca siempre y deseo darte todo, moverme en un infinito bucle de despertares donde solamente continuemos aquel sueño que dejamos después de hacer el amor.

Me lleva a ti tu luz, esa guía en la niebla del desconocimiento, de la circunstancia, del miedo. Acaricio la idea de tocar esa luz con alguna de mis apalabras de poder sentir cerca de mi corazón tu corazón, tan palpitante, lleno de vida, sencillo pero tan complejo en las motivaciones que le llevan a su irrefrenable tic tac natural, animado por la vida misma. Para mi no es un corazón normal, es un metrónomo, algo que me marca las horas, los días. Que el mundo se mueva con el ritmo de tu corazón por favor, que ese volcán tierno lance su lava en forma de abrazo a todos los que queramos permanecer a tu lado para verte brillar, para  maravillarnos con las explosiones de genialidad que tu cabeza expulsa al mundo. Bendita sea aquella vez que te vi sencillamente existir, liberarte, desatarte de todo lo que te mantiene con los pies en la tierra y te vi soñar en mil cuentos y tierras, entre versos y prosas románticas o dramáticas.

viernes, 20 de enero de 2017

Poca inspiración.

   Estaba anclado a un espacio blanco de inmensa extensión para los ojos del imaginativo. Miles de mundos se encontraban ante el, pero la insistente niebla blanca no cesaba en su empeño de ocultarle una verdad. Solamente era una hoja de papel, sí, pero aquella hoja de papel podía ser cientos de  cosas, tanto en su físico como en su espiritual concepto. Los ojos exploraban aquella blancura, pura pero insípida, poco atractiva. Un reloj sonaba, el tic tac continuo era su única compañía sonora. mas compañeras había sí, todas ellas concluidas hace tiempo en su creación o pendientes de ser terminadas. Todas aquellas obras, todas esas pequeñas páginas de tomos empolvados con tiempo y experiencias pasadas, aventuras reales o inventadas, miraba a su creador. No eran ojos de verdad, sino el mirar de quien contempla algo que es obvio pero que al interesado se le escapa, y dicha condescendencia de sus demonios le traía por la calle de la amargura.

   -¡Mil condenas asistan al olvido que se instaló en el corazón de Caliope, de Clio, Erato o quien sabe que musa, que ahora me abandona en medio de este torrente de emociones apenas expresadas en mi discurso!.- Expresó en voz alta el creador. Su desdicha era sin duda sustancial, era un sentimiento demasiado angustioso ese momento en el que la inspiración se marcha. Los grandes hombres siempre sostenían ante sí la idea, la agarraban, la despedazaban de mil formas o la cuidaban y hacían crecer como a un bebé. pero esta vez ninguno de los dos método le servía.-¡Condenación!

   Se levantó de la silla y se enfrentó al cuadro mas cercano que tenía. Una dama sostenía una bolsa llena de algo que no se alcanzaba a identificar. En su rostro una sonrisa y el fondo hacía una perfecta transición de tonos amarillentos a elegantes morados. El paisaje de fondo tenía como único elemento físico apreciable una gran mansión, o palacete, o quien sabe si una suerte de castillo pequeño. Parecía correr hacia ese lugar mientras su faz, a un poco mas que un observador avezado se atreviera a inquirir  mostraba dulzura y premura en una sola escena, como quien sabe que no hay peligro pero no desea bajar la guardia. Un vestido cubría su cuerpo, de color morado, como el fondo, en tonos mas fuertes. A pesar de ser una escena estática, la fidelidad en el detalle daba la impresión de que fuera a salir del cuadro, corriendo de verdad, para escapar de lo que sea que la persiga. El contemplativo visionario suspiró de frustración, echando de menos aquella dulce sonrisa, aquellos sonrojos, esa timidez que encandilaban.

   -Como me gustaría que estuvieras aquí.-Dijo tan solo el poeta, o escritor, o soldado, o quien sabía que.

   De nuevo vuelta a la silla. Sus ojos se clavaron en el cielo a través de una ventana que tenía justo en frente. El azul que normalmente reinaba en los dominios de la aves ahora estaba oscuro, pero el azul de dos ojos claros vino a su recuerdo. Entre precisamente muchos mas libros de los que había en aquel cada vez mas estrecho cubículo, imaginaba con toda elegancia y amabilidad atendiendo a los recién llegados, a los que deseaban adquirir conocimientos o sencillamente perderse en mundos creados por sus propios pensamientos. Esa segunda dama era todo encanto, un ángel en la tierra que mercería un reino que se sustentara solamente en el saber y en la lectura. Recordó aquellas formas finas, como si fuera a romperse de pronto pero sin perder salud en su espíritu. Imaginó sus manos y la afable forma de proceder con los que se perdían entre las estanterías. 

   Dos brazos se comenzaron a cerrar en torno a el, abrazándolo por la retaguardia. Las sombras invadían el lugar. Un aliento recorrió su cuello mientras unas manos hábiles acariciaban sus brazos y se volvían a cerrar en torno al creador. Decir que aquellos gestos lo dejaban tan frío como un témpano de hielo sería una flagrante mentira, pero logró controlarse, no perder los nervios. Solamente una lámpara de aceite posada en la mesa iluminaba aquel lugar, todo lo demás era devorado por sombras. la luz acertaba a dar en el reflejo de la ventana y a revelar a una peregrina de lo umbrío, de finos dedos, engañosamente fuertes, que recorrían su torso mientras los labios erizaban la piel del cuello con besos y unos cuantos "quizás". El humano dijo una palabra o dos, quien sabe, y dos ojos aparentemente normales pasaron a un color violeta intenso. Después de esos mas sombras y dos orejas puntiagudas perdiéndose en un rincón. Otro suspiro, frustración y manos algo temblorosas. las sensaciones de fuego no parecían querer desaparecer. 

   Sus ojos se posaron sobre una caja. Nunca la había abierto y no consideró que ese fuera el momento. Lo que ahí dentro había fue regalo de la mas voluptuosa de aquellas musas. Se le había advertido claramente que cualquier hombre que abriera esa caja, no se contendría lo mas mínimo en liberar su fuego de pasión. Solo había que recordar a la propietaria de aquella prenda para, por un lado ruborizarse y por el otro envalentonar las bajas pasiones hasta niveles absurdos. Pensaba muchas veces en aquella mujer, o mas bien espíritu tentador e iniciadora de la llama del deseo mas carnal. Aquellas hechuras siempre invitaba apartar la cordura, la razón, y entregarse libremente al deseo mas pecaminoso, hasta que ella estuviera plenamente satisfecha, algo sin duda complicado. mas no pasó por alto esos tintes de niña, de criatura que solamente busca ser comprendida pero que es todo impulso e instinto genésico. Se le asomó una pequeña sonrisa

   Pasearon entonces sus ojos hasta el otro lado de aquella mesa con hojas de papel en blanco, un tintero, una pluma, una caja de terciopelo, una bolsa llena de delicias tan dulces como su benefactora y un pequeño jarrón. En el creía una rosa. Dicha rosa tenía dos peculiaridades. El color de sus pétalos era verde y dichos pétalos no eran como los de cualquier rosa. Se componían de una superposición de pequeñas y finas láminas de lo que parecía esmeralda. A pesar de la clara peculiaridad con la que esa flor parecía dotad, quien la mirada unos segundos apreciaba que estaba viva. Es mas, un pétalo había caído recientemente, de forma pesada y se había deshecho con el paso de los días para dar lugar a un anillo con una esmeralda como adorno. No habría de pasar mucho tiempo hasta que un día se despertara y aquel anillo hubiera desaparecido, tomado para sí por la propietaria de unos poderosos ojos que habían hecho temblar los cimientos de su propia cordura. Aquella dama era tan especial para él que siempre guardaría para sí todos los buenos y exultantes recuerdos que había creado en su mente y alimentaban su espíritu. Desde la sutileza de su sonrisa hasta otros detalles mas íntimos pasando por la fría piel o el elegante proceder, siempre la tendría en un lugar muy especial y feliz de su recuerdo.

   Durante sus elucubraciones, el escritor no se dio cuenta de la presencia de una dama muy especial. Con sus cuatro patas fue apartando todo a su paso de forma pasiva, , indiferente del contenido de los volúmenes que ascendían desde el suelo hasta alturas imposible. Por fortuna apenas hubo derribos pero el estrépito de un grueso volumen de historia natural le hizo girarse y encontrarse con dos ojos brillantes. Un gruñido salía del lugar al que no llegaba ninguna de las velas. Una figura negra se acercó a el y lo ignoró hasta puntos insultantes para mas de un noble. Una larga cola se mecía y sus pisadas apenas dejaban salir un solo sonido que delatara a aquella cazadora de... dulces. Sin mucha educación la enorme pantera se abalanzó sobre la bolsa de dulces y se la llevó. Un tanto indignado, con un tintero a punto de derramar su molesta y caótica carga sobre lo escrito, el autor se fue tras la ladrona. 

   La persiguió por los pasillos de aquel palacio, o mansión o quien sabe que tipo de estructura. Era rápida pero aquel lugar era su reino, el imperio de aquel hombre era cada baldosa y cada suspiro que existía. Los pies se despegaron del suelo y dos alas le dieron sustento para alcanzar a la dama oscura. Los pasos eran amplios, llenos de obras de arte, símbolo no solo de poder sino de cultura también. le dio esquinazo al doblar por una especie de pequeño hall pero la alcanzó a escuchar colándose por la derecha, detrás de una puerta. Sabía perfectamente lo que había detrás de aquella puerta. Se dirigió con cuidado a ese lugar. Tocó tres veces. Le respondió un sollozo. Al otro lado había una mujer que había sufrido el mas grande de todos los males: un desamor. Y dicha traición le había apuñalado con tanta ferocidad que solamente algo la curaba. Entró en aquel lugar. La dama oscura de largos bigotes, grandes ojos amarillos y mortíferas zarpas, tenía su enorme cabeza apoyada en el regazo de la dueña de aquel espacio, regalo del afecto que le guardaba quien ahora ingresaba en aquella habitación. No encontró palabras para poderla consolar, es cierto, solamente acertó a sentarse cerca de ella y escuchar lo que tuviera que decir, si es que deseaba decir algo. Sobre la mesilla de noche, al lado de la cama, se encontraba una caja de música que comenzó a sonar misteriosamente. La mujer la miró, el escritor también y este se levantó, determinado a desterrar la tristeza de ese rostro. Con dos grandes alas a la espalda, el guardián de aquel lugar, creador de mundos, le ofreció a esa bailarina la oportunidad de sentir de nuevo la música llevándola a lugares ignotos de su espíritu.


domingo, 15 de enero de 2017

Desde la cama.

Te miro desde la cama, asombrado por toda tu presencia, por esa estampa de ángel caído en desgracia que ahora sabe que la tentación es el camino que debe seguir, renegando de Dios y todas sus leyes. Apareces con ese caminar fluido, como el de un felino, sin movimientos bruscos y dejas caer suavemente tu peso sobre mi cuerpo tras acercarte gateando con una mirada de fuego y sed. No hay criatura mas magnífica en este mundo y tú lo sabes, cazadora que puede ser presa y luego tomar justa venganza de aquellas ofensas a sus deseos. Venganzas siempre deseadas por aquellos a los que juzgas como merecedores de quienes han provocado tu justicia. Los primeros roces y me estremezco ante la frialdad de tu piel, pero mantengo el tipo lo mejor que puedo. 

Tomas esa iniciativa que tanto te corresponde. Tu haces y deshaces en los destinos como la tejedora hila y deshilacha aquellas piezas maravillosas que crea en su taller. Tus dedos me acarician y suavemente me envuelven tus brazos como ese preámbulo de quien abraza finalmente a la amante muerte. Tu rostro se refugia en mi cuello y siento esa profunda respiración de quien trata de distinguir todos los matices de un buen vino, pero eres discreta, aunque te conozco y se lo que te propones. Tus s manos buscan afianzarse en mi cuerpo y pronto sus labios pasean hasta mi oreja, sobre la cual noto un aliento gélido desparramándose y dejando una sensación casi eléctrica en mi cuerpo. Mis manos no se hacen esperar y esquivan los trozos de tela que componen tu bello vestido, de escandaloso escote pero portado con elegante dignidad y orgullo. Tu espalda está fría, como todo tu cuerpo y sus manos me congelan la piel a su paso mientras las mías te dan un calor que nunca llegará a su destino. 

Tus labios no se han detenido y han caminado suavemente hasta mis labios, besándolos con una suavidad de pluma y un calor de infierno. Todos mis sentidos se pierden, sintiéndome hombre y al mismo tiempo niño, pero feliz, dichoso de tu presencia. Por fin alguien como tú en mi día, o noche mas bien. Nuestras bocas danzan, acariciamos nuestros cuerpos mientras la ropa estorba. De pronto otro caprichoso cambio en el destino de tus labios. bajas por mi cuello, dejando paso libre a un suspiro que se abre paso entre mis antes bien atendido labios para perderse en el espacio de aquella semi-iluminada habitación. Dejas tu oído pegado a mi corazón, sabiendo ambos de que eso no es necesario pues con seguridad fueron mis latidos los que te trajeron aquí. Una de mis manos acaricia tu cabello, con el corazón acelerado, bombeando sangre a todas las partes del cuerpo. Alzas la mirada y te alzas un poco para que tus labios vuelvan a volar muy cerca de los míos, sin llegar a tocarlos. Unos ojos grandes, poderosos, me contemplan. Los ojos mas poderosos que he visto en este mundo donde me encuentro ahora. Tu mano se deslizó sutilmente, firme y decidida por mi torso, como apreciando la piel que había debajo de mi ropa. Se sentían los latidos de mi corazón contra tu mano blanca como la porcelana y el nuevo beso que surgió se fue intensificando mas y mas hasta que al momento la tela y las sábanas había desparecido. 

Nunca sabré donde estaba el elegante vestido que traías ni donde estaban las telas los tejidos que me cubrías pero mis labios estaban ocupados en los tuyos mientras mis manos recorrían tu figura de sílfide y ángel, de pecado y destino final de aventurero o del acaballero que da contra la perdición de toda su virtud. Sonríes contra mis labios y empujas a este caballero de nuevo para que se acueste, colocando las pernas a ambos lados de mis costados, mientras una mano se pasea por tu propia figura y la otra toma una de las mías y la guía hacia donde se encontraba una de tus menudas colinas, la cual palpo, siento que no rezumará néctar alguno que alimente algo que no sea la lujuria de algún afortunado. Y es que no me importa que estés muerta, que no haya calor, que no haya vida en ese cuerpo, Tú siempre me harás sentir como la primera ve que te vi, solo que esta vez con menos ropa.

Un simple mortal con una diosa oscura y victoria que abre sus alas comienza a besar la palpitante vena de mi yugular, bombeando la vida que se que tus instintos te invitan a arrebatarme. Te envuelvo entre mis brazos. En breves los notarás desfallecer por la falta de sangre pero es tal mi confianza en tí que mi vida pendiendo de un hilo me basta y me sobra como garantía de todo aquello que has inspirado y merecido, entregado por mi alma y ahora escrito con mi cuerpo en tu cuerpo. 


sábado, 14 de enero de 2017

Pensamientos de Escritor 26: Pensamientos sueltos.

   Creo que todos los que me conocen desde hace varios años como mínimo, y aquellos que leen de forma regular mi blogg han notado quizás una cierta diversidad de temas que a su vez se engloban en uno solo: la literatura fantástica. Me gusta imaginar, es una de mis mejores habilidades; no soy el mejor del mundo con ella pero sin duda es de mis mejores habilidades. Cuando tengo campo libre surgen los dragones, los demonios, los elfos o el amor. Dejo atrás uno de mis mayores lastres para avanzar en este mundo y una de las herramientas mas útiles para esta etapa tan oscura que estoy viviendo: la razón. Dejo de razonar para sencillamente dejarme llevar por aquello que me dicte lo primero que se me pasa por la cabeza. Siempre hay elementos comunes, como es obvio, y es algo normal, pues muchos elementos se repiten dentro de la narrativa o la creación artística de muchos pintores, escritores, poetas, cantantes, etcétera.

   No tengo muy claro porque estoy escribiendo esto aunque me gustaría felicitar el año a todo el mundo que tenga la amabilidad de leerlo. Pues eso, que feliz año a todos aquellos que me apoyan y espero que sea un buen año para cumplir todas sus metas. Y es que es importante tener metas y sueños. Una de las damas mas bellas y que mas quiero en este mundo me dijo el otro día, bajo una circunstancias realmente mala, que nunca abandone mis sueños, que escriba, que cree todo lo que yo quiera crear. Sin duda es una de las grandes mujeres de mi vida y su llanto me destrozó el corazón. Eso a su vez me lleva a pensar en otras circunstancias que me tienen mas preocupado pero que se relaciona con el principio de esta reflexión. No entiendo como otros escritores, que seguramente lo han pasado peor que yo siguen creando después de una muerte o de una gran herida emocional causada por personas que se quieren.

   Y ahora toca hablar de sentimientos. Nunca me he sentido tan temeroso y al mismo tiempo receptivo a los sentimientos y las emociones. Pareciera que ahora todo lo relacionado con el corazón se intoxica en seguida y la persona no lo sabe llevar a cabo de forma "normal". Veo a mucha gente que no se enamora porque según ellos no tienen tiempo, tienes cosas mas importantes que hacer, como una carrera universitaria o un FP o lo que sea. Y yo escucho eso y me pregunto que si tan organizada eres como persona, en tu campo profesional, si tan claras tienes tus metas pues oye ¿Por que no el amor? Pero a su vez los entiendo pero les compadezco porque tengo la idea de que un día a al menos una de esas personas les va a llegar el amor, lo van a ver pasar porque "tienen cosas mejores que hacer". Es algo que no me cabe en la cabeza.

   Por otro lado (ya no se cuantos lados tiene este laberinto de pensamientos) Me acabo de dar cuenta de una cosa a raiz de cierta anécdota que me contó una buena amiga, y es que hay que gente que, en efecto, hay gente que con el amor se distrae del todo, olvida ose desvía del camino y si la otra persona implicada es sabia le recordará que tiene su apoyo pero no tiene porque ir a buscarle cuando tiene cosas mas urgentes o planeadas de antemano a nivel profesional. Ahí ya cada uno con su criterio.

   Pero el caso es que siempre he sido un romántico. Por mucho que me empeñe en esconderlo siempre seré un romántico empedernido que a su vez fantasea con desollamientos y esas cosas sí, pero debo de ser el único ser del mundo que no ve nada malo en fantasear con eso, siempre y cuando no dañes a nadie de forma física o emocional. En mi entrada anterior mezclo esos dos conceptos. Mi buen amigo Manuel, con la encantadora Nuria como co-protagonistas de los delirios de su anfitrión, al que le disparan en la nariz (en la realidad la bala habría rebotado pero en fin, licencias), observan como una jauría de demonios destrozan a los perseguidores de estos, que pretendían silenciarlos para siempre por ser testigos de un asesinato. Amor y sangre.

   Otra observación mas es que me contengo a la hora de escribir. Sí, aunque no lo parezca me contengo. Veo la entrada, la repaso por todo lo largo, compruebo cuantas palabras hay en esta página y cuando ya he pasado de las tres mil es cuando me empiezan los sudores fríos, las preguntas ¿No me está quedando muy largo? ¿Estaré metiendo mucha paja sin darme cuenta? ¿Esto podría decirse de otra forma para que no haya tanto que leer?. Y siempre me llega tarde la misma respuesta: ¿que mas da? quien lo lea lo leerá entero porque le gusta lo que lee, quien no lo lea ya leerá algo que le guste y seguirá en entradas futuras o puede releer las que le gustaron anteriormente. Pero cuando se me viene esa idea a la cabeza, ya le di a publicar y simbólicamente eso es un punto sin retorno.

   Otro asunto que me gustaría comentar. Mi buen amigo Mateo, tan alto de estatura como grande de corazón, me dijo: "2016 es el año de las mil rupturas". Al principio no lo tomé en serio hasta que me puse a pensar y recientemente vi a una bella dama que había roto con un buen amigo mio, con el que hace tiempo que no hablo. Una de tantas parejas que parecen hechas la una para la otra y de pronto pof, cortan. Mi mente comenzó entonces a analizar todas las rupturas de este año. Todas realmente sorprendentes. Esto pretendía ser una correlación de hechos y esperanzas pero mejor me callaré pues no quiero ser una mala persona.

   Estoy un poco desconectado del League of Legends, ni siquiera las insistentes y encantadoras palabras de Raquel me convencen para que me una a una partida normal , aunque cierto abuso de la técnica por su parte también ha provocado que yo esté inmunizado (lo siento, querida, es lo que hay). Es un juego que no me canso de jugar, pero que debo dejar a un lado para que pueda reposar mi mente y mi cabeza, para encontrar algo de paz interior. No me gusta en lo que me transformo cuando pierdo o cuando nos encontramos al típico "flammer" o "feeder" que no acepta sus errores. Y esto me lleva a otro punto. No voy a dejar de jugar pero lo haré intermitentemente, hoy cuando publique esto puede que juegue alguna. Si me motivo un poco mas a ver si subo a Oro en esta temporada.

   Algo que mucha gente me ha escuchado decir cuando estamos metidos en una conversación es que las personas cada vez tienen menos sentido de la auto-crítica y casi nunca aceptan sus errores, o están a la que saltan con respecto a comentar ciertas cosas, o comentan cosas que no tengan nada que ver. No me refiero a que hablando de una cosa se les venga una idea distinta y la cuenten. la relación de pensamientos es cosa de cada uno. Me he encontrado con situaciones en las que yo por ejemplo menciono mis gustos musicales y la persona en desacuerdo salta con una estupidez. Es como por ejemplo que yo diga que me gusta Herbert Von Karajan y de pronto alguien salta diciendo que era del partido nazi. ¿Y?, ¿Eso impide que sea una de las grandes referencias de la música clásica?. Y todo el mundo se pone a la defensiva, da por hecho estupideces.

   Terminaré con pequeños detalles que me hacen tener fé en el mundo, o al menos en el mundo que me rodea. Me gusta conversar con la Musa, verla de fiesta de vez en cuando o verla bailar, como la última vez. Siempre me sorprende con sus llamadas un par de veces casi me fastidia un par de partidas pero nunca son mas importantes que las personas así que ella es una prioridad. Las conversaciones con grandes hombres y mujeres,  de las cuales algunas me hacen sentir como en los viejos tiempos, cuando las damas se agarraban del brazo del caballero. Y aunque ser caballero se considera machista, no deja de ser un detalle por parte de ellas y lo agradezco. Me gusta reunirme con mis amigos en el Sham o el Cassel y aunque sea estar yo en silencio, escuchando como poco a poco el alcohol hace su magia, eso ya me aporta mas que mis propios pensamientos en la soledad de mi habitación.

En estos días necesito la compañía de gente mas que nunca.

viernes, 13 de enero de 2017

Madre de demonios.

   En aquel barrio siempre cundía un poco el pánico, siempre alguien cometía alguna fechoría en la que los periódicos locales se recreaban en vista a la gravedad del asunto. Era un conjunto de edificios ni altos ni bajos, con viviendas varias y estas a su vez con su salón, su cocina, su baño y las habitaciones para dormir. Todas ellas tenían a sus correspondientes inquilinos. Las familias de aquellos hogares eran gente de clase media-baja, que tenía que capear los temporales de aquella crisis económica como mejor se les daba. Todos los hombres y mujeres de aquel lugar estaban pendientes de niños o ancianos. Todo tenían una vida, unas experiencias, unas creencias. Arriba o abajo siempre había vecinos que molestaban sí, pero ellos también tenían sus dificultades, su motivo de ser así. Menos en una de esas viviendas, que era algo distinta a las demás.

   Ahí no vivía ninguna familia o grupo de estudiantes que se repartieran gastos. El propietario de aquella vivienda se encontraba justo en ese momento sentado en un butacón bastante caro, mientras una chimenea recién construída soltaba todo el humo al exterior, a la calle bulliciosa que se fue silenciando según llegaba la noche. El hombre ahí sentado sonreía levemente mientras leía un libro, un tomo sobre historia antigua. No había muchas ilustraciones, pero cuando llegaba alguna la miraba detenidamente. Quien observara aquellas líneas, quien leyera toda esa sesuda información, pensaría que se trataba quizás del libro mas aburrido del mundo, pero aquel improvisado estudiante de vez en cuando soltaba alguna risotada. En especial en ciertas partes dedicadas al simbolismo. 

   Aquel libro no estaba solo, había cientos de compañeros mas a su alrededor, en altas estanterías que habían supuesto grandes esfuerzos para colocarlas. Cuando llegó a aquel lugar, a aquel barrio, a aquella calle, el despliegue de medios fue bastante discreto pero con el tiempo los ojos de los curiosos vieron llegar, a cuentagotas, un reguero de mobiliario y decoración que nada tenía que ver con aquellos habitantes mas pobres, mas dejados de la mano del Banco Central Europeo, al contrario, aquel ávido lector seguramente sería bien recibido en cualquier sucursal bancaria. A fin de cuentas, él tenía mucho que ver en un par de asuntos de alta envergadura. De todas maneras eso no era importante, en aquel barrio, en aquella calle, en aquel edificio, en aquella vivienda ricamente amueblada, llena de libros y con buenas habitaciones, producto de una intensa remodelación de la estructura, las paredes y demás. 

   El futuro anfitrión era delgado y pálido, de formas y maneras finas, educadas, hasta que entraba en confianza y se abandonaba ligeramente a ciertas licencias poco adecuadas para las grandes cortes o las suntuosas reuniones de Estado. Iba bien vestido, con un buen traje. Pareciera que fuera a salir a la ópera y solo estuviera esperando a que el chófer le indicara que el coche estaba listo. Sus facciones eran poco marcadas pero con cierto gesto animal cuando sonreía. Pasó una hoja mientras leía tranquilamente. Todo parecía de lo mas normal. Sonó entonces el timbre y una mano cerró un libro de historia antigua de un solo gesto, provocando el destierro del silencio en toda la habitación.

   Aunque no había llegado si quiera a la entrada de la casa, escuchaba unas voces al otro lado de la puerta. Una le era familiar, acompañada de temblor y nervios. Otra de las voces era una voz femenina, que nunca había escuchado. Desde el otro lado de la puerta le vino un aroma extraño. Belleza y miedo. Mucho miedo. Pero una fuerza se contraponía a ese miedo y parecía determinación. Los pasos se detuvieron a escasos pasos de la puerta, paralizado de pronto por una sensación familiar. Entrecerró los ojos mientras de su garganta salía un pequeño gruñido, un sonido extraño viniendo de alguien de tan buen porte y estampa. Siguió adelante.

   -... Pero no podemos meterle en esto, se supone que es tu amigo y no quiero traerle problemas a nadie mas.-Dijo una voz femenina al otro lado de la puerta.
   - Tranquila.- Dijo mucho mas bajito la voz masculina.-Es una persona en la que se puede confiar la propia vida. No es mas peculiar que yo y para él este tipo de situaciones es sencillamente algo usual. es una persona un tanto teatral en ciertos aspectos, para el la vida es como una interpretación constante pero eso no implica falsedad, sencillamente es una de sus formas de desenvolverse. Te va a encantar. Ah, y se que es un poco tonto decirlo pero no toques nada hasta que él nos de permiso.

   Justo en ese momento el anfitrión abrió la puerta y los recibió con una sonrisa alegre que pronto se convirtió en un abrazo entre los dos amigos que se encontraban después de tanto tiempo. Era un buen contraste, uno tan alto, ancho de espaldas, un hombre realmente grande en comparación a otro, que era casi un gnomo en comparación, delgado, de palidez cadavérica y ojos llenos de una alegría melancólica.

   -Amigo Manuel.-Dijo el anfitrión y miró a la dama ahí presente e inclinó la cabeza de forma reverencial.- Usted debe de ser la maravillosa Nuria de la que tanto me ha hablado, aquella que desterró la tristeza de su corazón para convertirla en dicha. Que afortunados sois ambos..-Se los quedó mirando y recordó de nuevo el asunto que su olfato no paraba de recordarle.-Ha pasado algo.-      Dijo, mientras se le borraba la sonrisa.
   -¿Podemos pasar?.-Preguntó el buen hombre de gran cuerpo y gran corazón.
   -Por supuesto.-Dijo haciéndose a un lado y dejando pasar a la excelsa pareja.-Vayamos a un lugar mas apto para las reuniones con viejas y nuevas amistades.

   Los guió por un pasillo bastante amplio hasta una gran sala en la que se encontraba una biblioteca. En el centro una mesa y varias sillas. El propio anfitrión,como buen idem, se dirigió a ellos en todo momento con un trato de lo mas correcto hacia ambas partes y les trajo algo de comer y de beber.
   -Y bueno.-Dijo el caballero de ropas oscuras a sus dos invitados mientras apoyaba las yemas de los dedos las unas contra las otras y sonreía.-¿Que les trae a mi humilde morada?.-Hizo énfasis en la palabra "humilde" y soltó una pequeña risotada.
   -Antes de que te contemos nada debo hacerte una pregunta.-El amigo del anfitrión miró a la dama unos segundos. Ella le devolvió la mirada algo confundida. Tras ese breve periodo de tiempo su amigo miró de nuevo al anfitrión y le preguntó.-¿Has comido hoy?.
   Ciertamente era una pregunta extraña para la situación que se estaba atravesando en esos momentos, Aquellos dos recién llegados tenían imágenes en sus cabezas que desearían no haber visto en toda su vida. Ese día habían visto algo realmente terrible. Todo había comenzado con un día de fotografía como otro cualquiera y se había convertido en una pesadilla. Una sonrisa animal afloró en el rostro de aquel extraño personaje por unos segundos, la cual mas tarde se suavizó.
   -Sí.-Se limitó a decir.-Tengo todo el tiempo del mundo.
   -Pues esto va para largo.-Dijo ella.-Hemos visto como mataban a alguien y ahora mismo nos están persiguiendo.-En su voz había algo de nervios pero se mantenía serena.

   Le contaron toda la aventura relacionada con aquel día. Le contaron sobre el parque, sobre los niños, sobre el silencio, la noche y finalmente el sonido de un silenciador que sesgaba la vida de un hombre. Aquel lugar era amplio y los infantes seguramente no advirtieron la furgoneta que a varias decenas de metros se paró, de la cual bajaron varios hombres arrastrando a otro. El anfitrión, amigo de aquel buen hombre y ahora seguramente de aquella buena mujer los escuchaba, atentamente, alternando la mirada cuando hablaba uno y cuando hablaba otro, tardando siempre unos se segundos en cambiar de objetivo, como asimilando y analizando la información dada. Hubo preguntas. El paradero exacto de la escena y otros asuntos mucho mas banales como si eran hombres altos o bajos, el color de piel. Apenas habían probado bocado en lo que le explicaban toda la situación.

   -Tendré que hace unas cuantas llamadas. Esta noche os vais a quedar aquí conmigo. No llaméis a nadie y no hagáis nada fuera de este lugar. No salgáis y no mencionéis mucho el asunto. La carga psicológica es importante sacarla de encima si no se toca mucho el tema.-Dijo aquel extraño ser. Mientras tanto estáis en vuestra casa, se os permite hacer y deshacer en ella.
   Acto seguido se levantó y se fue directo al teléfono, dejando a la pareja sola en aquella biblioteca. Se quedaron en silencio por un momento y entonces dejaron salir el aire que habían contenido en sus pulmones durante todo ese rato, como si fuera la primera vez en horas que respiran. Se abrazaron, Manuel acarició la corta melena de Nuria, sus cabellos rizados, besó sus labios y acarició su rostro antes de mirar aquellos ojos.
   -Todo saldrá bien. Es un buen amigo por mucho que se condene y diga lo contrario.

   El tiempo pasó y la naturaleza les impulsó a comenzar a mirar aquella casa. Los libros de aquella biblioteca los había de todo tipo. Historia antigua y moderna, libros de arte, algún tratado de filosofía, literatura de todo tipo, desde el depresivo Poe hasta el imaginativo Lewis. Había lámparas que daban buena iluminación para que el lector continuara con su ejercicio toda la noche. Los pasos le llevaron fuera de aquel sitio y ella tomó su propio rumbo. Pasó por la cocina en la que había dos neveras (una de ellas con un candado puesto), fue recorriendo el pasillo por el que habían venido y llegó al salón donde se encontraba el anfitrión antes de la interrupción de sus buenos y nuevos amigos. la sala estaba ricamente decorada, con muebles que de seguro no había en el resto de viviendas de aquel edificio en aquel barrio.Y una chimenea. Y encima de esta un cuadro de una mujer. Dicha retratada se acercó un poco mas y se quedó contemplando el cuadro. Le devolvía la mirada dos ojos que parecía sondearla por dentro, de una belleza sabia pero al mismo tiempo temible. Se erigía sobre un trono aquella estampa, rodeada de seres difuminados pero de los que no se acertaba a darles una forma concreta. La atmósfera era sencillamente opresiva alrededor. De pronto Nuria sintió una presencia detrás de ella y se llevó un susto al comprobar que a su lado estaba el anfitrión. El corazón se le aceleró pero el rostro de aquel hombre pálido miraba con cierta tristeza el cuadro.

   -Me he quedado mirando el cuadro y creo que me ha robado toda la atención.-Dijo Nuria, ya mas tranquila. Era curioso que no lo hubiera oído llegar.
   -A mi me robó el corazón, como a todos aquellos que la quisimos. Y que la queremos.-Dijo con tristeza en la voz.
   -¿Quien es?.-Preguntó la invitada, aunque por sus palabras lo sospechaba.
   -Es una buena pregunta. A veces hasta yo me lo pregunto. Pero digamos que es el amor de mi vida y al mismo tiempo mi superior y mi madre.
   -Entonces esa mujer del cuadro y tu teneis una relación de lo mas peculiar.-Dijo Nuria, midiendo en todo momento no incomodar a su anfitrión.
   -No suena tan raro cuando luchas contra el jefe y este te destierra por tener ideas propias.
   -¿Como se llama?.-preguntó Nuria.
   De los labios de aquel anfitrión salió una sonrisa que no se asemejaba en nada a la sonrisa animal que mostró en la reunión, sino esa sonrisa de cuando recuerdas al amor platónico o una situación emocionalmente añorada.
   -Lilith.-Dijo en casi un susurro, pero esta vez había algo en su voz, una nueva voz, algo como un deje de deseo y desprecio.-Creo que te caería bien, pues Manuel me dijo que estás realmente implicada con estos temas.
   -¿Lilith?-Preguntó Nuria, con curiosidad.
   -Sí, la primera feminista dela historia. Algún día me deberías permitir contarte su historia. Es fascinante y todo un ejemplo a seguir.
   Nada mas terminar esta frase, entró Manuel claramente nervioso.
   -Los he visto. Por la ventana.-Dijo tan solo. No era necesario decir mas, pero añadió.-Hay muchos hombres con traje en furgonetas. Nos han encontrado.
   -Mmmmm.-El anfitrión pensó detenidamente mientras se acercaba a una de las ventanas.-Esto se torna interesante.-Y de nuevo otra vez esa sonrisa, algo entre la locura, la depravación y la diversión infantil. Tomó el móvil, hizo de nuevo una llamada.- Si soy yo de nuevo. Ya me encargo yo del asunto. 

   La ventana estaba justo encima de la entrada del edificio y se apreciaba claramente como un buen número de vehículos negros se acercaban y comenzaban a rodear todo el conjunto de viviendas. Por cada vehículo salían una media de cinco hombres, claramente armados. Al momento la gente se metió dentro de sus casas para que nadie saliera herido. Se respiraba el miedo, la angustia, infundían temor con solo su presencia. Todo aquello que se traslucían en la cara de los pocos viandantes no lo dejaba reflejar un rostro pétreo de cierto hombre que observaba la escena, el cual le daba refugio a dos buenas personas.
   -Bajaré a tratar con ellos.-Dijo de pronto el buen amigo de ambos, un sencillo y humilde servidor de la verdad y otra cosas.-Pase lo que pase no salgáis. Aunque me peguen un tiro, cosa que no creo que hagan porque estamos en una sociedad civilizada. 
   -¡No!-Dijo Manuel, tomándolo por el brazo. 
  Su amigo le miró detenidamente.
   -Tranquilo, amigo Manuel, que todo saldrá bien. Quien está en mi vida con un espíritu tan noble como el tuyo me da la fuerza de aguantarlo todo.-Dijo con una sonrisa que pretendía ser afable aunque el intento era un poco burdo.-Aunque antes voy a ir al baño. Con permiso 

   Así pues, a los pocos minutos, un hombre de largo cabello, traje negro y actitud despreocupada se dirigía a uno de los hombres, que al momento le estaba apuntando con un arma. No escuchaban nada pues había unos cuantos metros y hacía algo de viento, el cual golpeaba contra la ventana. Empezó a llover justo en ese momento. Otros hombres miraban tensos al anfitrión, ahora mediador entre las partes implicadas. Hubo un intercambio de palabras y al momento el que parecía el líder del grupo apuntó con su arma y le metió un disparo en toda la cara a su amigo.

   Manuel y Nuria contemplaron aquello como a través de un velo de irrealidad. El cadáver de su amigo estaba ahí, en medio de la calle, manchando con su sangre el pavimento. Los hombres avanzaron hacia la casa y trataron de abrir la puerta que daba al edificio. Al no encontrarla abierta en vista a que aquel barrio era bastante peligroso, trataron de empujar. Mientras aceptaban su destino, ambos amantes se tomaron de las manos, pensando que eran sus últimos momentos juntos, que pronto los silenciarían para siempre. Los ojos de Nuria se dirigieron de nuevo a donde yacía el cadáver y la sangre. Solo que había sangre, pero no cadáver.

   -¡ME HAN DISPARADO EN LA NARIZ! ¡ME HAN DISPARADO EN LA NARIZ LOS MUY HIJOS DE PUTA!.-Dijo entonces el anfitrión, su amigo, entrando como una furia en en aquel sitio donde se reunían los buenos amigos a los que protegía. La sorpresa no podía ser mas grande. Pasó entre ambos y tanto Nuria como Manuel acertaron solo a ver unos dientes afilados en varias hileras y una mirada totalmente oscurecida.

   Acompañado a eso, las luces comenzaron a parpadear la iluminación de la casa parecía estar opacada por algo denso, opresivo; la calle se quedó casi a oscuras, desconcertando a los hombres armados, que enseguida se dieron cuenta de la ausencia de una víctima por disparo en la cabeza. De todos lados surgía una especie de rumor, que fue creciendo hasta convertirse en voces, gruñidos, alaridos. Todo comenzó a temblar mientras su amigo, con la cara totalmente desencajada por la ira, por el rencor, el odio, el resentimiento y el deseo se asomaba a la ventana y gritaba una sola frase:

   -GRITA ¡DESVASTACIÓN! Y LIBERA A LOS PERROS DE LA GUERRA. -

   Todos los alaridos, las bestiales blasfemias dichas en mil idiomas, los gruñidos y aullidos tomaron forma, Por donde quiera que miraran aquellos cazadores "amateurs" de demonios había una bestia de gran tamaño que pronto se abalanzó sobre ellos, Y esto por cientos de ellas, de todos los colores y formas pero tenían dos rasgos en común: las varias hileras de dientes y el ingente tamaño de su fisionomía. Se lanzaron como animales salvajes contra todos los hombres impecablemente trajeados, que ahora manchaban sus caros ropajes con las propias tripas y los de sus compañeros. Manuel y Nuria contemplaban aquello desde una precaria distancia con respecto a su amigo que, sin pensarlo dos veces, saltó por la ventana mientras de su garganta salía un rugido triunfante. 

   Mas disparos, todos ellos inútiles. Dos de aquellas bestias se debatían por las piernas de uno de los asaltantes mientras que otras dos machacaban los huesos que pronto se descubrían al desgarrar la tierna carne de esos cuerpos jóvenes. Bestias con escamas y otras con pelo o plumas no paraban de atacar y devorar, inmisericordes ante las súplicas de aquellos que antes habían participado en la empresa de atemorizar a dos buenas personas. Entre toda esa multitud, el líder de la manada, hasta el momento siempre educado y muy decoroso, había perdido las formas. Tenía arrinconado a quien le había disparado, que quizás era el único que aceptó de buen grado su destino al desistir en disparar cuando tenía medio cargador vacío en el pecho de aquel joven que mostraba afilados dientes, ojos negros y ansias de sangre.

lunes, 26 de diciembre de 2016

El transcriptor.

Nota Previa: antes de leer este texto tal vez le interese leer a su predecesor

Al amparo de una buena mañana, al vida en aquel reino por fin despertaba y los primeros rayos de sol se colaban por los grandes ventanales de aquel majestuoso castillo, y minutos después bañaría todos los recovecos de la ciudad capital de aquel reino maravilloso y hasta hace poco en guerra. Los responsables de la vigilancia nocturna se marchaban a los barracones, se hacían los cambios de guardia, se daban las órdenes pertinentes y rutinarias. Los grandes celadores de la paz estaban constantemente alerta hasta el último paso y el último segundo. Lejos de ahí las puertas de la ciudad se abrían para aquellos que quisieran salir y entrar libremente, pasando eso sí, los pertinentes controles de las aduanas estatales. Aquella medida era reciente en vista a todos los susurros que se percibían en las sombras. Siempre alguien había que deseaba un profundo mal a la Reina y su adorable hija.

   Desde las primeras horas de la mañana ya suele haber un tráfico contundente, con algunos atascos de carromatos de comerciantes, estudiosos, mas comerciantes, compañías de caballeros libres, mas comerciantes aun y quien sabe si unas cuantas compañías de espectáculos ambulantes. Todas las personas eran tratadas con igualdad aunque siempre existe una pequeña diferenciación entre quienes ostentan el poder y quienes son meros campesinos. Pero aquello se trataba de dejar atrás. Un vivo ejemplo era el de un señor de alta cuna que ayudaba a sus siervos a descargar una carromato de maíz o un duque que ayudaba a un cazador, algo perdido en las primeras luces del alba, a llegar a una curtiduría o una buena posada donde vender sus piezas. Así pues transcurría con toda calma ese día hasta que un par de jinetes llegaron hasta donde se encontraba la guardia de la aduana. Una dama y un hombre. la dama se cubría con una fina túnica blanca y el caballero tenía los ojos de un lobo, el gesto recio y parecía nervioso por algo. las grandes multitudes nunca le habían agradado. Los caballos que montaban eran de buena raza, de porte noble y elegante, orgulloso y distinguido.

   La mujer, al acercarse el guardia de turno, se echó la capucha que la cubría hacia atrás y reveló un rostro de una belleza indescriptible, de piel blanca y ojos como el cielo, una sonrisa amable y sin duda desprendia por los cuatro costados una paz que hacia soñar con una vida ya de por si mejor de la que se vivía en aquellos tiempos.

   -Dama Luna.-Dijo el guardia al momento, haciendo una inclinación.-Bienvenida a casa.
   -Es bueno ser recibida de forma tan educada.-Dijo la mujer con una voz suave como un perfecto híbrido entre la seda y el terciopelo. Una sonrisa y el mundo pareció iluminarse.-No somos dados a la molestia pero me gustaría poder llegar lo antes posible al castillo para hablar con la Reina en persona.
   -Y rápido.-Dijo una voz grave, profunda, atiborrada y contenida en la rabia y el nervio que invade a la bestia a punto de atacar. El Caballero Lobo miraba a todos los presentes con ansia, nervios.
   -Mi amor.-Susurró ella mirando a su amado.- Se amable con estas buenas y honradas gentes.
   -No hay problema, mi señora.-Dijo el guardia mientras hacia una inclinación a uno de los guerreros mas temidos del reino y mas afamados por sus múltiples acciones militares.

   Al momento una escolta de caballería estaba tratando de abrir paso por aquellas calles a la Dama Luna y al Caballero Lobo, que cada vez se mostraba mas nervioso. Aquel hombre, mitad idem y mitad bestia, no aguantaba en lo mas absoluto las multitudes. Sus instintos estaban a la que saltaba y los olores y sonidos lo confundían. Entonces una mano blanca salvadora llegó y tomó la suya en un momento en el que los caballos no tuvieron mas remedio que casi pegarse el uno al otro. Aquella mujer era para él su todo, una absoluta y magnífica obra de arte que había llegado de otros mundos. Por mucho que la historia establecía perfectamente su línea de sangre, aquella mujer era para el Caballero Lobo como el ángel salvador del miserable o la diosa de la guerra para los hombres desmoralizados que alza su lanza y guía a los combatientes a la victoria. Un solo contacto de ella le imbuía de paz el espíritu. Mucha gente los miraba, por la belleza de ella o por la circunspección de él, pero ante todo el pueblo los envidiaba y admiraba a partes iguales. Ambos por separado era n guerreros formidables. Conocida era la puntería de esa mujer con su arco de cristal y temida y vociferada eran las andanzas de ese hombre, diestro con espadas, dagas, hachas y, siendo un secreto a voces, zarpas.

   La mujer saludaba a algunos conocidos desde lo alto de su caballo cuando notó que algo tiraba de su pierna. Al momento, temerosa deque estuviera a punto de atropellara alguien, se encontró con un grupo de niñas que le regalaron una corona de flores. la mujer sonrió, iluminando la pequeña plaza a la que habían llegado,y tomando la corona se la colocó en la cabeza,contentado así a las niñas y al pueblo, que empezó a aplaudir y a alabar la belleza de aquella mujer con mas ganas. El hombre que estaba a su lado sencillamente no salía de su asombro ante la fortuna que estaba sentada a su derecha. Continuaron el camino y pronto salieron a una calle mucho mas ancha, mas holgada para el tráfico, tan solo restaba un par de curvas a la derecha para entrar en la calzada principal, que atraviesa la plaza mas grande de comercio. Subiendo una cuesta de piedra blanca se encontraba el castillo. la escolta se retiró a los lados para dejar paso libre a aquellos recién llegados. Algunos jóvenes nobles que paseaban por la entrada o los jardines laterales estaban absortos en la belleza de aquella mujer, pero una mirada de su amado bastaba para que tomaran otro camino.

  Minutos después las puertas de la sala del trono se abrían para dar paso a aquellas dos leyendas andantes. Los pasos de ella eran de una elegancia inaudita, como si flotara, mientras los que él eran decididos como si en el siguiente tramo de suela fuera a saltar sobre alguien y a devorarlo. La Reina se sentaba en su trono y esta se puso en pie para recibir a los recién llegados, que se inclinaron ante Su Majestad y extendieron un pergamino. La máxima mandataria de aquel lugar, de aquel reino, era también bella sí, pero su belleza no venía de la elegancia de la Dama Luna, sino de la distinción noble que da una innumerable cantidad de generaciones de reyes y reinas. Los cuatro elementos con los que había sido forjada su línea de herencia corría por sus venas. Su pensamiento era fluido como el agua, bailaba en las fiestas de palacio como los espíritus del viento, era fuerte de corazón y estampa como la roca y según rumores una entregada, pasional y ardiente amante. Ambas damas eran distintas en todo lo relativo a lo físico pero iguales en sus ideales.

   -Majestad.-Dijo la mujer mientras entregaba la nota a la Reina.- Esto es todo lo que hemos concluido de la última misión y todo lo que hemos sacado en claro.

   La Reina estuvo leyendo durante un momento el papel pero con toda sinceridad era bastante complicado para alguien de su mente tan organizada y aquello parecía un caos. Todo eran vacuas referencias a la sangre, a los que sufren, a una mujer coronada en espinas. Pero sin embargo había algo que no le encajaba en todo aquello.
   -¿Que sucedió al final con los niños?.-Preguntó la noble mujer a dos de sus siervos mas fieles, plantados ahí, en medio de la sala del trono.
   -Les hemos dejado decidir por si mismos, Majestad. Aunque eran pequeños algunos y mas mayores otros, no apreciamos signo alguno de maltrato, mala alimentación o alguna atrocidad impura e impropia de los hombres civilizados..-Dijo el Caballero Lobo, como si contuviera la rabia por no haber tenido oportunidad de luchar contra un enemigo.-No me fié de él en ningún momento pero todos aquellos niños eran huérfanos o de padres de reputación dudosa en lo que a la crianza se refiere. Decidimos elegir el mal menor por ausencia de pruebas.
   -Considero que elegisteis bien pero esto último, esa supuesta profecía me intriga. Mas por favor, les invito a desayunar y reponer fuerzas después de un largo camino. Y no acepto un no por respuesta.-Dijo la Reina con gesto serio y se dirigió al comedor. Muchas veces ella misma se cocinaba la comida pero ese día le esperaba un duro día de reuniones y las decenas de manos que trabajaban en las cocinas eran mucho mas eficientes.
   -A sus órdenes, majestad.-Dijeron la Dama Luna y el Caballero Lobo.

   Tras el desayuno y unos cuantos intercambios de pareceres se llegó a la conclusión de que la supuesta profecía era incluso demasiado confusa para lo que establecen las profecías de por si, siempre llenas de juegos de palabras, dobles, triples o hasta cuádruples interpretaciones, dichas a trompicones por hombres que entregaron gran parte de su cordura a un conocimiento inabarcable e indescriptible.
   -Este supuesto profeta era un hombre bastante raro, Majestad.-Dijo la mujer de bello rostro blanco como la leche.-Normalmente esos autodenominados profetas son de dos clases. Los que profetizan sobre el futuro o los que... bueno....-Dijo la Dama Luna, no queriendo decir la palabra.
   -Los que están locos, los que han perdido la cabeza por conocer el nombre de otra planta mas.-Dijo el caballero lobo, tan tajante como siempre.-Este solamente parecía afectado por la clásica locura profética cuando dijo su adivinanza.
   -Mmmmmmm.-Dijo la Reina mientras le daba vueltas a las pocas palabras que habían quedado en su cabeza.-Es por la mañana y esto no creo que lo puedan resolver ni mis mejores alquimistas o magos. No tenemos profetas en la corte. Pero sí un transcriptor.
   -Cierto.-Dijo el Caballero Lobo, sin mas.-Su Majestad es sabia.-Dijo mientras atacaba un trozo de carne con sus dientes extrañamente puntiagudos.
   -Nada mas lejos de la verdad. Cuando terminen de comer quiero que descansen. las profecías pueden esperar pero veo en sus rostros que están algo agotados de tan largo viaje. Bajaría con ustedes pero lo cierto es que tengo una gran cantidad de reuniones durante todo el día. Así que me debo de retirar. Dama Luna, Caballero Lobo, permítanme.
   El Caballero Lobo y la Dama Luna se levantaron al hacerlo la Reina, como exige el protocolo y el servicio a su vez hizo una reverencia al paso de aquella respetada mujer, antes de que siguieran con sus quehaceres.

   Tras descansar convenientemente y entregarse a un encuentro que distendiera los músculos de aquel hombre salvaje y apasionado en la batalla y el amor, los dos siervos del Reino se encaminaron a las mazmorras. Las estancias para los pocos presos del reino eran realmente poco dignas de la palabra "mazmorra", pero sí era verdad que al poco tiempo la atmósfera resultaba algo opresiva para el que no tuviera una mente despierta o se supiera distraer con los mas mínimos detalles. la Dama Luna iba pegada al Caballero Lobo, dejando entrever los delicados gestos con los que tranquilizaba a su amado, que de nuevo no se encontraba muy cómodo caminando entre paredes construídas por los hombres. El carcelero jefe era un hombre mayor, de mirada fría, talante adusto y se acompañaba casi siempre de tres ayudantes que le ayudaran a tener bien controlados a los presos, todos ellos hombres fornidos y curtidos en batalla.
   -¿Que les trae por estos lares a sus señorías?.-Preguntó el carcelero en tono algo seco, distraído con el vuelo de una mosca hasta que se posaron sus ojos sobre las dos esferas azules de la Dama Luna.-Mi señora, disculpe mi falta de educación.-Al momento estaba organizando a la tropa de ayudantes lo mejor que podía mientras leía las órdenes y permisos firmados por la Reina.-El transcriptor hoy tiene muchas visitas.
   -¿Visitas? ¿Quien ha estado antes que nosotros?.-Preguntó la Dama Luna con un poco de intriga y curiosidad en la mirada y la voz.
   -Quien ha estado no. Quien está, mi señora.-Dijo el carcelero jefe mientras les hacía una señal a los dos nuevos visitantes para que le siguieran.
   Bajaron y bajaron escaleras. habían estado en aquellas profundidades unas cuantas veces pero siempre les sorprendía lo realmente hondos que estaban los últimos calabozos construidos. Por la buena voluntad de los ciudadanos y un excelente sistema educativo apenas quedaban presos y normalmente eran delincuentes que habían cometido actos menores pero habían reincidido. Incluso para un gesto tan amable había siempre voces en contra, las cuales se callaban cuando se mencionaba al abuelo de La Reina y su gusto por la tortura. Las piedras agobiaban al Caballero Lobo pero contaban cientos y miles de historias, muy oscuras, y pocas de ellas con un final benévolo para el oído de los mas intrigados por los secretos que aquellas paredes escondían desde hacía siglos.
   Tras atravesar un largo pasillo se dieron de bruces con doce guardias de élite situaciones a los lados de la puerta. La Guardia de élite, como su nombre indica, era una selección de los mejores y mas comprometidos guerreros que velaban por la seguridad contante de la Reina y sus hija, A diferencia del Caballero Lobo, la Dama Luna y los demás caballeros de la compañía que servía a su Majestad, la Guardia nunca abandonaba el castillo cuando juraban protección eterna a la Reina y a las que le siguieran. Sin duda encontrarlos ahí, tan lejos del salón del trono era, cuanto menos, inesperado.
   -Venimos a ver al transcriptor.-Dijo la bella dama al capitán de la guardia, un hombre recio, de mirada fría y rostro impasible, que no hizo excepción alguna con ella.
   -Se encuentra en plena...-El capitán pareció dudar, y no era propio dela guardia dudar.- En plena función. Pero como gusten. No creo que la reina los haya enviado aquí por gusto y para una visita de cortesía.
   El caballero Lobo se adelantó un paso para encarara a quien le hablaba así a su amada. Ella, por su parte, tomó su brazo, lo atrajo hacia sí y lo abrazó, con una sonrisa que derretía el acero.
   -Se lo agradecemos, capitán.-Dijo la mujer al pasar por el lado de este cuando le abrieron la puerta.

   En efecto. Frente los dos recién llegados habia otros doce hombres armados junto a los diez niños nobles mas ricos de todo el Reino, incluyendo a la Princesa, en el centro de la comitiva, que se desternillaba con las marionetas, las cuales se daban de palos en un improvisado escenario que pretendía simular las dependencias de algún castillo de fantasía. O al menos hasta que el encargado de aquel espectáculo logró girar el fondo y entonces apreció un bosque de noche, con una gran luna llena. la Dama Luna escuchó los gruñidos bajos de su amado que pronto estaba mirando fijamente el trozo de papel blanco, recordando.
   -Entonces -Dijo el narrador- la luna mandó a su hija mas bella, a una mujer digna de alabanza por todos los poetas, de la que ya se han escrito cientos de canciones y sobre la cual aun se escriben. y la Luna le dijo a su hija "tranquila hija mia, pues no estarás sola". Y entonces a su mas fiel servidor, a un enorme lobo que siempre aullaba con toda pasión a la luna, le confirió el poder y la libertad de ser hombre y no causar revuelo.- En esto que las dos marionetas que imitaban a los recién llegados tomaron unos palos y se enfrentaron a muchos demonios de peluche.- Y siempre juntos, libres como la luz y el viento, enfrentaron a todos los peligros. Derrotaron ellos solos a ejércitos enteros. se curaron las heridas el uno al otro y se prodigan a día de hoy un amor que muchos quisieran contemplar en sus vidas.
   
Entre los niños había una pequeña damita que destacaba por encima de todos. No por su opulencia, sino por todo lo contrario. Vestía de forma sencilla, estaba sentada al lado de la princesa y el resto de niños se le unían a las carcajadas por igual pero se apreciaba realmente la diferencia de poder. La bella y pálida dama hizo un gesto a su amado para que se fijara y entonces el hombre o la bestia sonrieron, sus ojos se iluminaron. Era la Niña que había salvado a la Reina de su enfermedad hacia unos años. Había crecido, sin duda y prometía ser toda una encantadora criatura que traería de cabeza a mas de un maestre para que sus señores se centraran en las lecciones.
   -El cuento no acaba así.-Dijo entonces uno de los niños, un repelente conde o marqués que seguramente había adquirido la costumbre de molestar de su bien nutrido señor padre.-
   -Lo se.- Dijo entonces el marionetista, que resultó ser el transcriptor, asomando sus ojos de enferma locura por encima del escenario, entre las dos marionetas con palos.- pero cuando los protagonistas están presentes a veces hay que adecuarse al público.-Y sus ojos se dirigieron hacia donde se encontraban los recién llegados. 
   Al momento la Princesa se levantó y los siervos se inclinaron, levantándose como era debido, todos los demás niños. El transcriptor fue el único que se demoró un poco en levantarse. 
   -Princesa.-Dijo la mujer de bello rostro color luz de luna mientras hacia una elegante reverencia. Algunos niños la miraban sin disimulo pero al mismo tiempo se encontraban en la dicotomía de admirar la belleza de la mujer o alejarse de la fiera estampa de su amado.- La Reina nos envía para que hablemos con nuestro afamado transcriptor de asuntos importantes.
   -No se hable mas.-Dijo la Princesa.-La obra ha terminado, nos retiramos de aquí. damas, caballeros, hay asuntos importantes que atender afuera. Despídanse todos de dos de los miembros de la mejor compañía de caballeros de mi madre y partamos.- Todo esto fue dicho con cierta pomposidad producto de la edad y el deseo de reafirmar la autoridad. 
   Cuando uno a uno los niños se despidieron, la Salvadora fue la última y entonces el Caballero Lobo hincó una rodilla en tierra y le susurró.
   -Si alguno de estos niñatos te molesta no dudes en hacérmelo saber.-Dijo con sus ojos amarillos anaranjados brillando de emoción.
   -Todos se han portado bien.-Dijo la pequeña dama con una sonrisa.-Muchas gracias caballero.-Y haciéndole una reverencia a él y a la Dama Luna abandonó la estancia.

   Una vez solos, el transcriptor recogió muy afanosamente todos los bártulos de la obra y los fue depositando en otra habitación. la llegada de aquel hombre al Reino había sido caótica. Lo encontraron en un callejón mascullando cosas sin sentido. se le había considerado un loco y encerrado en una de las estancias de seguridad de los calabozos en vista a la agresión a un guardia que había cometido. Luego se descubrió que había sido el guardia el que había comenzado. Ante la disculpa de la Reina el loco que había sido encontrado aquella lejana noche se dedicó a seguir hablando incoherencias, se le dio por loco hasta que uno de los consejeros de la Reina, afamado médico, vio que existía un patrón en sus afirmaciones. Tras una investigación y un poco de tratamiento logró estabilizarse su mente y fue de gran utilidad para el Reino hasta la fecha. En lo físico era un hombre delgado, de mejillas chupadas, mirada inquieta y siempre pendiente de mil detalles poco importantes ante la mirada de los demás salvo para él. Le gustaba vestir de colores pardos u oscuros. Huía de los tonos vivos pero aceptaba el blanco en algunas ocasiones, siempre que fuera en cantidades discretas. Una vez se se hubo arreglado ya todo y la habitación principal estaba en condiciones, el transcriptor le dio una cálida bienvenida a la Dama Luna, besando cortesmente su mano y saludando con una reverencia al Caballero Lobo, que lo miraba con cierto toque desconfiado. 
   -Muy bien.-Dijo, tras sentarse detrás de la mesa.-¿En que les puedo ayudar?.-Preguntó el hombre pálido como la cera a los dos presentes. 
   Sin mas la mujer le extendió las notas que habían recopilado, el informe entero de la aventura. El hombre que tenían ante ellos se mostró dubitativo por un momento pero accedió tras servirse lo que parecía zumo de un color extraño. Era rojo y espeso y a la luz de las velas que estaban encendidas en ese momento tomaba toques anaranjados. Tras beber unos cuantos sorbos se dedicó a leer las notas con calma. De vez vez en cuando se tensaba y miraba a algún rincón en sombras, pero nunca había nada. Susurraba palabras inconexas. La Dama Luna permanecía tranquila, sonriendo cada vez que el hombre la miraba, tomando la mano de su amado por debajo de la mesa. Su salvaje caballero sin embargo no estaba tan cómodo pero mantenía su estampa fiera.
   -No es una profecía.-Dijo el hombre pálido, aquel loco que decían era un transcriptor. Miró a ambos con una sonrisa que se fue desvaneciendo tras ver sus caras de desconcierto.-¿he dicho algo malo?
   -En lo mas absoluto.-Dijo la dama con otra sonrisa.-pero nos desconcertó toda la situación. Los niños, su trance, sus ojos en blanco.Seque no son motivos de credibilidad pero...
   -Ahhhh no no no, no crean que se fueron con las manos vacías. Esto de aquí -dijo el hombre levantando la última hoja- nos habla de algo certero, que sucederá o está sucediendo pero es lejos de aquí. Una capacidad descomunal de visión la de nuestro amigo. Me gustaría conocerle algún día. 
   -¿Entonces de que se trata?.-preguntó el caballero presente en la sala. 
   -Es un perfil físico y psicológico. 
   Entonces el transcriptor leyó todo el contenido de la supuesta profecía. 

   <<Veo a una mujer sobre una barca de hierro que atraviesa un lago de agua salada. Sus formas son de ninfa, su mente de hombre y mujer, su corazón de acero y plata. En su cuerpo hay cicatrices que, si uno afina el oído, cuentan historia trágicas, algunas solo gritan, aunque todas son bocas cerradas hace tiempo, voces dispares que luchan pero no mueven nada en su interior, contando historias del pasado. En lo alto de su cabeza una corona de espinas hace caer la sangre por su rostro, apartándose sus riachuelos rojizos al llegar a los ojos, pues son estos parte de su poder. Su voz resuena en los corazones, atemorizando al cobarde traidor y dando valor al valiente guerrero que lucha con nobleza. Cada palabra es un mazo de un dios de la justicia que viene a poner orden en el mundo. las mujeres, hombres y niños toman sus manos, bendicen y ruegan. Ella acepta cada ofrenda, sonríe y se cuida de que ni una sola gota de sangre toque sus cuerpos.>>

   -La persona en cuestión es una mujer, eso es lo único que nuestro profeta nos ha dejado claro. Bella o de buenas formas por lo que se lee también. Aun criándose en este mundo ta maravilloso desafía el orden pensando como hombre y mujer al mismo tiempo. Eso es francamente fascinante. Es decir que si tiene que decir una palabra malsonante la dice y bebe o pega como el mas aguerrido de nuestros guerreros. La barca de hierro representa sus convicciones que, aunque sujetas a las corrientes del pensamiento actual, es difícil de moverlas salvo que le den un argumento de peso. Las cicatrices que cuentan historias son su pasado, ha tenido un pasado duro, realmente doloroso, ha perdido gente o quizás a seres amados, o ha visto lo mas terrible del ser humano delante de sus ojos a corta edad. Ahhh aquí lo dice, historias del pasado. La corona de espinas me tiene intrigado. Puede ser algo referente a sus orígenes. No. No es eso.-El transcriptor se quedó mudo durante unos minutos, se levantó, consultó un par de libros.
   Tras unos minutos se sentó de nuevo. Se quedó en silencio mientras murmuraba cosas y escribía algo en un papel. la Dama Luna aguzó la vista y vio que eran números, fechas y una casita dibujada en la esquina con su puerta y sus ventanas. 
   -Ahhh vale. ya lo tengo creo.-Sonrió a los dos siervos de la Reina presentes.- En su mente hay ideas muy arraigadas que le han dado mas de un dolor de cabeza. ha tenido que lidiar con el prejuicio y con sus convicciones mas de una vez. Aquello le provocó dolor, decepción pero entones tenemos la barca de hierro, que no tiene remero, sigue su camino, sin timón. Ella espera pero también busca y suele encontrar o arreglarse con lo que tiene. Es una luchadora y una superviviente.-Otra pausa.- 

<<"Hace caer la sangre por su rostro, apartándose sus riachuelos rojizos al llegar a los ojos, pues son estos parte de su poder". Tiene una mirada poderosa pero no es eso lo que aquí nos quiere decir, sino que las dificultades no le impiden ver con cierta razón y lógica, anteponiéndose ante el dolor. No paro de ver aquí lo mismo todo el rato pero con palabras distintas. No es una mujer que se calle las cosas pero es discreta. Ahhh y aquí tenemos algo de su entorno. Se rodea de buena gente a los que juzga como capaces de estar a su altura o que le aportan algo. No le vale cualquier persona y dichas personas no deben regirse por el poder político o económico, sino el poder de la sociedad misma. Y la parte mas interesante. Se sacrifica por aquellos que ama. Se cuida de que ni una gota de sangre toque a aquellos que se le acercan. Quiere evitar que su dolor se extienda a los corazones ajenos.>>

-Es todo lo que puedo aportar.-Dijo finalmente el hombre, mirando entre cansado y entristecido a los presentes.-Sinceramente me gustaría conocerla, tiene que tener una conversación excelente.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Pensamiento de Escritor 25: "Asclepio"

Mi padre ha muerto. Cualquier otra realidad es inviable en estos momentos con respecto a el. Su vida pasada son recuerdos en sus seres queridos y en quienes le conocíamos, para bien y para mal. Se me ocurren muchas comparaciones con respecto a su carácter, personalidad, virtudes, defectos y un largo etcétera. Aun así decir que el hecho de morir tranquilo, sin sufrimiento fue algo realmente consolador para quienes estuvimos compartiendo el día a día con el durante las últimas casi tres décadas de su vida. Esto que escribo será una contradictoria "subjetividad objetiva", pues fue ayer la cremación y hace ya tres días de su muerte y tengo muchas cosas dentro, por lo que trataré de ordenarlo todo un poco e ir soltándolo. 

Temporalmente solo puedo decir que estaba viendo unas cosas en Internet cuando de repente mi madre recibió una llamada de Caser, el geriátrico donde se encontraba mi padre desde hacia ya tres años. Al parecer la enfermera que se encargaba de echarle una pomada para la irritación que tenía alrededor del ojo lo vio realmente mal y su instinto y capacidad profesional ya le hizo pedir una ambulancia para llevarlo a urgencias. En este tipo de situaciones yo reaccionaba ante la noticia de forma pasiva, pero ese día no, ese día había algo distinto en la voz de mi madre, en su cara. No había tensión, había tristeza y un agobio pocas veces visto. No lo pensé y en seguida yo también fui a ver que sucedía. Llegamos antes que la ambulancia y se nos comunicó que estaba agonizando. Vi con mis ojos, entre las lágrimas de mi madre como la máquina que indica la actividad cerebral y cardíaca estaba prácticamente plana en sus gráficas. Le vi respirar, con mi mano sobre su cabeza y sobre uno de sus delgadísimos brazos. Giré mi cabeza hacia un lado para mirar una cosa y cuando me di cuenta ya no respiraba. Se había ido.

Mi madre estaba destrozada y llamé a Tita Ana, a la que muchos de los que lean esto seguramente ya conozcan de aventuras y desventuras anteriores. Se echó a llorar al momento de decírselo y vino desde la aldea muy bien acompañada. Mi madre y ella se abrazaron, lloraron largo rato y yo hice lo que pude por tratar de darles al menos mi presencia como apoyo, pues en estos momentos trágicos lo importante siempre es dejar que la persona llore, que se desahogue. Eso de que los hombres no lloramos es una estupidez, pero sinceramente a mi aun no me ha nacido el llorar, no se si porque yo anticipaba esto y lo tenía ya aceptado o que podría pasar pero desde luego tengo motivos para llorar y sin embargo no lo hago. Me acojo a la frase mas repetida de la gente cuando les comunico este dato: "ya llorarás". Se que voy a llorar en algún momento, eso está claro, mi único temor es como será y cuando y sobretodo que espero no hacer o decir ninguna estupidez en el proceso. Paranoias mías, no le hagan mucho caso a esto último. 

Los mensajes y llamadas de condolencia no tardaron en venir. La Musa y mi querida Alfonsina, desde México, que organizó u organizará en tan bello  país una misa por mi padre. prestaron sus manos y capacidades varias en los campos de la psicología y el espíritu para darnos apoyo. La Musa estuvo pendiente en todo momento como amiga y como psicóloga de todo aquello que yo pudiera necesitar. Deste rincones y ciudades de Venezuela y Argentina también llegó apoyo, buenos deseos para mi y para mi madre. Viejos amigos de España contactaron conmigo para transmitirme su pésame. Desde Caracas hasta Toledo, Desde Buenos Aires hasta Barcelona y alrededores. Los que no pudieron venir por la distancia o los estudios o el trabajo no os sintáis culpables, os tengo en el corazón igualmente y agradezco vuestras buenas intenciones de animarme. Elvira,

Entonces a lo largo de estos tres días empezaron a venir amigos. Se presentaron el "camaratten" Juanjo en primer lugar. Al parecer estaba de fiesta en ese momento y se tomó la molestia de presentarse ahí a las tantas sin avisar ni nada. Nunca le estaré mas agradecido. Al día siguiente vinieron prácticamente todos mis amigos del grupo de TS. Berhto con su discreción y respetuosa distancia, pero solícito a cualquier petición y Raquel, la viva imagen del consuelo y la cercanía mas absolutas,pendiente aun a día de hoy de que yo esté bien y preocupándose por mi estado, La bella, bajita y encantadora Mery (me encantó el color de su pelo), novia del tranquilo, reposado y lógico Alvaro alias "Stillich", el mejor scripter del mundo, Bruno alias "Maglor" que ya está en nuestros corazones por cierta anécdota y al que admito que casi le mando dar mas de un testarazo en ciertas situaciones pero solo hice uso de sus servicios como amigo y apoyo moral. Vino Johny, "Nakass" para nuestro particular círculo de frikis, mucho mas silencioso y que fue toda una alegría de ver para mi madre (todos lo fueron pero él tiene mas veteranía). Y hubo visitas inesperadas. Brais, antiguo diamante 3, una de las mas grandes personas que he conocido con un profundo mundo interior que merece ser conocido. Y las dos sorpresas de esa noche: Lamela y Anxo, alias Silvanov". El primero, por deferencia a mi persona, apartó un poco los vaciles habituales (siempre desde un inicial buen rollo) y trató de sacarme una sonrisa, la cual consiguió, acompañada de carcajadas y todo en ciertos puntos. Puede que acepte su invitación de ir a una casa "okupada" y todo, "por echarme unas risas". Anxo, el bueno y bajito de Anxo, qie me recuerda a un personaje histórico pero aun no recuerdo quien exactamente, se mostró realmente cercano, preguntando o hablando siempre desde un respeto casi reverencial. Que bien me cae y que mono es, por Dios. Todos ellos protagonizaron momentos encantadores y de gran motivo de sonrisa para mi, destacando cierta charla entre la encantadora Raquel y la bella Cristina, las cuales congeniaron desde el principio y no paraban de reír ante ciertos actos que se reproducían de forma casi constante en el lugar.Desde Santiago, Mario me consoló y me aconsejó, me dio su punto de vista con respecto a la muerte y el luto y ciertamente lo comparto. Es muy sabio en ese aspecto. No nos olvidemos tampoco de Santi "Tzaren", que también brindó un gran apoyo A ellos, desde mas lejos, se les unieron en la distancia, a través de sus mensajes los buenos de Cristian "Naes", Josep "Darak" y Sergi "Reedek".

A las pocas horas de marcharse este primer grupo de grandes amigos vino un segundo grupo. Mi querida, inteligente, bella, respetuosa y educada Inés, con la que daré un paseo en pocos días, a la cual nunca le podré agradecer lo suficiente su apoyo y predisposición trajo consigo a unos amigos del instituto de Adormideras. Con ella iban el siempre silencioso y discreto Brais, "Kaly" para los amigos. Admito que su presencia me sorprendió en verdad. Fue un golpe bastante grande en el buen sentido de la palabra. También el bueno de Sergio, alias "Chechu", que al fin tiene el pelo largo y le queda estupendamente (está soltero, chicas), mucho mejor que a mi y que a cualquiera, dotado de esa tranquilidad que desquiciaba a cierta profesora de arte al parecer pero que a mi siempre me aportó un gran equilibrio interior y siempre me hizo sonreír la participación y continuación en mis ocurrencias. Carlos "Cuqui", con su perilla y palabras lograron animarme, hacerme sonreír, al igual que todos los anteriores y los que siguen. Y se contó con la presencia de la teatral, sonriente,bella y dramática (estudia Teatro) Teresa, la Sarah Bernhardt de Coruña, la cual me permitió el honor de besar su mano, como corresponde la tradición en el trato a las damas de elegante porte y distinguida figura. En últimas instancias se nos unió el hermano de la bella Inés, al cual también le quiero agradecer desde aquí su presencia aunque solo hubieramos hablado un par de veces. 

El día siguiente fue el dia mas triste de todos, pues era ese momento que tan nervioso me estaba poniendo pero conté de nuevo con mas visitas de amigos. Vinieron la bella Cris y los insignes Juanjo, Maikel y Juancho, que en todo momento estuvieron a mi lado sin separarse un milímetro de mi. Durante los días previos conté con la presencia de Marisa, Eva y su hija Noe. Marisa me ganó con su expresividad y constante atención, Eva con su presencia y apoyo y Noe con su encanto y alegría en medio de la tormenta. También se presentó, durante los tres días, Fabiola, la alegre y racional hija de Tita Ana, a la vual de nuevo le doy las gracias por su presencia. Ana, la antigua camarera y cocinera del Amarante compartió los momentos de luto junto a nosotros junto a Jose, Jose Ramón, el leganrio Piño y un sinfín de personas mas. 

Y entonces una de las dos guindas posibles del pastel. Vino mi mejor amigo, Pablo Otero Rodriguez, que se presentó y se prestó en todo momento a escucharnos, deseándonos por su parte que ahora comenzara una nueva etapa, nos transmitió las condolencias de ese ángel que es su novia, la luminosa Leticia, que no se si es creyente pero Dios la guarde muchos años. Son de las mejores parejas que he visto en mi vida. Me dais envidia, lo reconozco, pero es una envidia sana. 

Aun recuerdo muchas mas cosas pero sinceramente es un auténtico laberinto de emociones, sentimientos, ideas, reflexiones y conclusiones demasiado complejo de recorrer y pasar a palabra escrita. Hubo cosas malas. Hubo cosas terribles, dolor, palabras hirientes, sangrantes, dichas con rabia, sin fundamento. Pero incluso de ahí saco algo bueno y es que me alegro de no ser como esas personas que vinieron a matar nuestro espíritu de lucha llevadas por los motivos que fueran a decir lo que se dijo. Hubo también intentos de chantaje, de imposición de condiciones, se tuvo que tirar todo atrás dos veces en búsqueda del consenso; un consenso que no se logró. La rabia y el sentimiento de injusticia pululaban por ahí cuando miraba a ciertas personas pero esas personas ya no creo que me vean nunca mas ni yo a ellos, así que todos felices y contentos. 

Quisiera darle un agradecimiento especial a Iván, un habitual del Sham Rock, que al parecer, por lo que se me comunicó, invitó a todo el mundo a una ronda de chupitos en honor a mi y a mi padre. Desde aquí le doy las gracias así como una vez mas a la cálida y hempática Alfonsina por esa maravillosa misa desde México. 

Ahora toca momentos de reflexión, de luto, de tristeza, de recordar y que esos recuerdos hagan llorar (aun no he llorado nada, conste) y de par paseos con amigos, verme con los que no vi en estos días y sencillamente seguir adelante.

Y sí, es verdad que no he dicho como era mi padre ni nada, así que solamente voy a decir lo que dije en el libro de formas y que cada uno saque su conclusión:

"Fuiste mi padre y como Asclepio, y no veo mayor motivo de orgullo"