sábado, 30 de abril de 2011

El anciano

Las sandalias sostenían sus pies maltrechos por el duro viaje que lo había llevado por aldeas y municipios, por ciudades y puertos a los rincones mas recónditos de ese mundo extraño poblado de criaturas mágicas y de gentes que tenían extrañas tendencias o rituales. Un bastón sostenía su anciano cuerpo a lo largo de ese camino duro y decisivo en el cual se había encontrado a viajeros a los que ayudar, enfermos a los que curar o ladrones a los que esquivar con todas las artimañas del mundo. La túnica del maestre escondía un centenar de secretos e historias, recuerdos de amistades pasadas con las que había entablado y compartido grandes relaciones y conocimiento respectivamente. Todos los días conocía por el camino a alguien nuevo, aunque fuera de pasada, aunque solo intercambiara ya fuera un objeto de mas o menos valor o unas pocas palabras, él siempre tenía a alguien con quien conversar. Una barba que reflejaba una gran sabiduría estaba ocultando todas la arrugas de la vida y la edad pero nada de lo que pudiera hacer por remediarlo seria hecho, ya que él se sentía orgulloso de su edad y de haber podido llegar tan lejos, a lugares en los que otros se habrían precipitado a la muerte o ahogado en el río de turno. Siempre había sido un luchador pero el cansancio a veces lo hacía tumbarse cada poco debajo de uno de esos muchos árboles que había visto crecer. Aun con todo su mirada no estaba para nada cansada. Los ojos seguían siendo de un vivo que no podían envidiar para nada la mirada de un bebe recién nacido que fija sus ojos por primera vez en un objeto o un progenitor a la espera de poder satisfacer su curiosidad. Esos ojos habían visto grandes cosas. 


Cuando era joven era un chico como todos los demás que gozaba de toda clase de juegos con los otros chavales hasta que llegaba la noche y debían de volver a casa para poder dormir y seguir al día siguiente. Fue ese chico que no soportaba escuchar al maestre soltar todos esos discursos sobre historia y sobre lo que se debía de hacer con un rododendro, como tratar correctamente una herida o quien había ganado la batalla de un valle cualquiera en un siglo muy anterior al que el anciano sabio vivía. Esto le hacía sonreír y pensar en ese maestro tan sabio al que siempre quiso emular en cuanto su visión del mundo cambió con los años y sus pensamientos se volvieron mas maduros. Ese hombre lo había instruido a él y a los otros niños del pueblo en un montón de cosas para entrenar no solamente su mente sino también su espíritu con esas oportunas frases que a él en especial le hacían pensar. Todas las carreras con los amigos poco a poco se habían ido reduciendo en progresión de zancadas para dar paso a las noches de estudio en las cuales un buen día se dio cuenta de que quería conocer mas del mundo, viajar y hacer amigos que fueran tan o mas sabios como el para aprender de ellos, y encontrarse a caballeros, condes, marqueses, reyes a los que instruir. Y la memoria de ese anciano divagó hasta el día en que su mentor murió sin haberle transmitido todos sus conocimientos. Recordó sus palabras cuando en el lecho de muerte el médico le mando llamar porque ese anciano que había sido instructor de este anciano del que ahora se habla, le quería decir algo. Le dijo lo siguiente a ese joven que miraba el rostro afectado por una grave enfermedad con lágrimas en los ojos


-Para que yo te pueda enseñar todo lo que se necesitaríamos un tiempo equivalente a mi vida pasada y a tu vida futura, y ninguno de los dos podemos disfrutar de tantos años juntos. Así es que quiero que te vallas de aquí con la cabeza alta y llena de conocimientos y luches en guerras, aconsejes en cortes, des miles de sermones a todos aquellos que únicamente quieran aprender. marcha ahora mismo porque ya llegas tarde a cumplir tu destino.- Y tomando la mano de su mejor alumno y su mejor amiga, una alta dama que se encontraba en la habitación con ambos, marchó al otro mundo,en compañía de las dos únicas entidades que había tenido por apoyo en su último hálito de vida y dejando todo un legado de sabios consejos a un joven que de pronto se vio indefenso ante la vida, ante el destino. 


Así es como partió raudo y veloz a buscar la aventura junto a los amigos mas fieles que siempre había tenido: los libros. Esos libros escogidos al detalle por todas las expertas descripciones topográficas y geológicas, por no olvidar que también se encontraban las mas detalladas descripciones de animales, plantas y hasta costumbres humanas de los pueblos del mundo que le esperaba por recorrer, Sus pasos le llevaron por pueblos en donde curaba a todo aquél que lo necesitara y con el tiempo fueron surgiendo proyectos mas grandes como construir capillas, casas, pequeñas tabernas de vigas bien rígidas y resistentes. Y sin pensarlo ni quererlo se vio enfrentado a un destino terrible. Se encontró con dos cosas que no esperaba. la amiga del anciano maestro de este anciano que es protagonista de esta historia y una guerra enorme entre reinos. 


Fue algo realmente impactante para el futuro anciano lo que vio en esa guerra. mujeres y hombres se enfrentaban por igual contra ese enemigo que los pretendía invadir desde un reino lejano por el mero propósito de expandir un imperio que se ceñía a las reglas de la avaricia y la ambición. Ese joven futuro sabio se vio obligado a arrebatar vidas en vez de a salvarlas y eso le hizo aprender grandes cosas. Codo con codo luchó junto a esa amiga del anciano que se movía con sorprendente agilidad. Era asombroso verla luchar de mil formas distintas para poder zafarse de los golpes y poderlos devolver. Al final de todas esas batallas, consumido por la tristeza de ver tantos cadáveres juró no matara nadie mas y esquivar bien los conflictos o bien aparecer cuando solo se necesitara ayuda de las cataplasmas y no de las flechas. Y los años siguieron pasando. 


Muchos pueblos volvieron a ser visitados y ese chico ya debía de tener los cuarenta años. Los niños salían con todas sus ganas a recibir a ese anciano que hacía muchos años que los había visitado para que les curara de algo. las madres agradecidas le invitaban a pasar y los ancianos de cada pueblo lo invitaban a sus charlas vespertinas a la luz de la hoguera para que se pudieran intercambiar consejos y trucos sobre como mejorar la cosecha. la cabeza de ese hombre no cesaba de atesorar conocimientos que le ayudaban en algún u otro momento para un futuro problema. Muchos jóvenes que aspiraban a lo que ahora el era también se acercaban para pedir y dar consejo. El anciano siempre estaba atento a lo que las jóvenes generaciones le dijeran pues estaban mas despiertos a detalles que los adultos no podían ver en algunas ocasiones. En cierta ocasión se le acercó un hombre para preguntarle porque hacía tanto caso a los jóvenes que a veces fanfarroneaban. Este respondió. 


-Te asombrarías de la capacidad de observación que un niño puede tener y la cantidad de impresionantes datos que mi mente podría verse sorprendida en asimilar.-A lo que después siguió una risa y un trago de su cantimplora, otra de sus mas viajas compañeras, que se vio afectada y reparada por una flecha perdida que unos cazadores le dispararon años después cuando se encontraba explorando y cosechando plantas en un bosque que captó su interés. Nada que seguir reseñado ya que la cantimplora salió bien y la flecha no penetró mucho en el interior del cuerpo del anciano. 


Los años siguieron pasando y los caminos bifurcándose. A sus pasos cada día algo mas lentos y menos enérgicos se sumaron los galopes de caballeros y jóvenes príncipes que se lo encontraban habitualmente por el camino. Cuando pasaba por un pueblo se encontraba los nombres de esos caballeros y príncipes recitados en las gargantas y las notas de los juglares y los trovadores que hacían saber las grandes hazañas de todos esos buenos y honrados caballeros. También encontró a malvados ladrones que mas de una vez le robaron las pocas monedas que llegaba a recolectar de alguna que otra voluntad que difícilmente había logrado templar. Pero el no contemplaba las riquezas como algo necesario, Siempre le importó mas lo que había dentro de las personas, de sus mentes, de lo que pudieran decir o compartir con el público. Y hablando de público, que también tubo grandes grupos escuchando sus palabras, ya fueran niños que quisieran un historia de caballeros, niñas que quisieran una historia de princesas y mas caballeros, o a los grandes pensadores , alquimistas, magos, brujos, aritmantes, a los que en su momento quizás a alguno le hubiera contado la historia de algún caballero o alguna princesa. Todos siempre le miraban de la misma forma en que él había mirado en su juventud, ya hacía muchos años a ese hombre que lo había encaminado por la pasión del saber. Así es como pasó gran parte de su vida. las mujeres a veces se le ofrecían como madre de sus hijos pero él no se veía capaz de abandonar la tarea de amigo y consejero para cuidara una única persona sabiendo las miles de personas que necesitaban consejo y curación. 


Y ahí estaba él, ese hombre al que todos apodaban ´´El Sabio´´, ese hombre que se había realizado a si mismo, que había compartido el pan con los pobres y había dado alimento a los ricos, el que había sido amigo de héroes de leyenda, el que había podido disfrutar de una noche a solas con unas tantas mujeres. Ese hombre que recorría los caminos en la pobreza mas absoluta pero en la riqueza mas alta. Ese ser que parecía algo mas que un sencillo humano, tocado como por la gracia de algún dios. Pero ante todo el siempre se considero amigo del Bien, que es la máxima meta que puede lograr el mundo y cada hombre, mujer, niño, niña y anciano. Sus pies lo llevaban lejos de una ciudad ante la cual se había topado mas de una vez con esa amiga de su anciano maestro y que ahora le esperaba al final del camino. Con una pequeña sonrisa miró a la mujer de pálido rostro. 


-Todos mis años me dediqué a preguntarme quien eras. He dedicado una vida a consejar a los grandes maestros de la ciencias que ahora circulan por el mundo siguiendo un ejemplo que siempre pretendí extender. Di consejo a los grandes generales que defienden las fronteras de este país en el que me encuentro, país de otros tantos en los que me he encontrado a mi mismo y mis pensamientos. He compuesto grandes canciones y curas para aquellos que sufren. He arrebatado vidas y no supe preservar otras. Me he equivocado miles de veces mas de las que cualquier otro torpe pueda contar. Y mi única hipótesis ahora mismo es la de comprobar que tu, oh bella dama de pálido rostro eres la muerte. Por tanto ven aquí abrázame y hazme sentir joven de nuevo. -Dijo el anciano y se quedó esperando la respuesta de la dama que se apartó y dejó ver que detrás de ella se encontraba su maestro, joven de nuevo.- Esto confirma dos cosas. Que usted es la muerte y que mi maestro está orgulloso de mí.- Sentenció con una pequeña sonrisa de orgullo en los labios


Y al amparo de un atardecer el anciano se fue a reunir con su maestro, allí en lo alto de las estrellas. 



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