domingo, 21 de agosto de 2011

Reencuentro

Y ahí estaba la dama esperando a su señor, a ese caballero de buena figura que sencillamente podría pasar por el ojo de un alfiler de tan delgado que era. Su anatomía no era nada del otro mundo pero radicaba todo en las miradas que a lo largo de aquella noche se habían lanzado en medio de un lugar atestado de gente, miradas cómplices de miles de travesuras que compartir bajo una noche estrellada al abrigo de un techo que era el de la torre mas alta de ese lúgubre castillo. Cada uno tenía en mente como esas miradas se convirtieron en sonrisas y esas sonrisas en unos gestos de invitación a hundirse en medio de un peregrinaje de manos que recorrieran a lo largo de todo un cuerpo ajeno. Los demás invitados no existían para ellos y de pocas maneras se podía expresar un mayor deseo que no fuera por la mirada de esos dos solitarios que se habían cruzado uno en el camino del otro. Todas las miradas estaban puestas en esos dos ejemplares de lo que parecían seres humanos venidos de otro mundo , pues aunque sus ropas eran de esa época de apariencia en las cortes de los reyes, en sus miradas había una especie de reconocimiento que iba mas allá de toda sucesión de acontecimientos futuros, presentes o pasados. Había un entendimiento de algo que sencillamente parecían haber estado esperando durante siglos para poderlo llevar a cabo. La música en aquella sala de fiestas les era totalmente indiferente a pesar de que cierto violinista de unas tierras cuya geografía tenia forma de bota. Ellos mostraban una actitud de lo mas contradictoria en cuanto a la unión de sus personalidades pero desde luego la comunión era absoluta entre sus miradas, que se encontraron y se decidieron invisiblemente, de una forma casi mágica a alejarse de toda esa multitud de mentirosos, hipócritas, falsos, ladrones y asesinos. 


Ella era sencillamente una diosa de al belleza, una perfecta figura que serviría de inspiración a mas de un poeta, a mas de un escultor para poder crear las mas bellas obras de arte, ya sea en medio de quejumbrosos y delicados versos o mediante la fuerza de unos cuantos toques de cincel. mas de un pintor le habría querido pedir que posara para ellos pero la turbación por no poder captar cada exquisito detalle era tal que esa empresa, la de pedir el posado de al dama, se les hacía tarea imposible. Su busto era digno de admiración y en medio de su rostro brillaban dos fuegos de color marrón que eran ensalzamiento de un bello rostro, de una bella sonrisa que mas tarde se comprobó que poco asomaba por orden estricta de su dueña. En el brillo de su mirada se podía ver pasión, vida vivida al máximo en miles de emocionantes aventuras entre hombres, mujeres y quien sabe si algún dios que se prendara de sus encantos y que se lanzara a por su presa como un halcón sobre un ratón. El movimiento de sus caderas al lucir ese delicado y fluido caminar hacía centrar en ella mas de una mirada de deseo por parte de otros especímenes humanos. En su haber tenía a mas de una persona que la deseara y a la que deseaba pero en ese preciso instante nadie importaba mas que él. el caballero en el que clavó unos ojos de fuego e incontrolable deseo le devolvió la mirada. 


Él era un caballero, ni muy fuerte, ni con mucho renombre, mas bien de poca estatura social. nada destacable quizás de no ser por haberse convertido ese día en un afortunado que gozaría de los cuidados y las atenciones de una diosa del placer, que invocarían juntos a las bestias del averno mediante cánticos tan antiguos como el propio existir de la vida. De él se podría decir que no era aguerrido, ni valiente en exceso pero si que le gustaba de pensar y charlar siempre que no le sobreviniera su melancolía que el había dado la fama de triste, taciturno. Pero ese día la cosa cambió  en su mirada se equiparaba un fuego que nadie nunca sabrá si fue contagiado por unos ojos femeninos o sencillamente la luna estaba llena esa noche. Y esa noche nadie mas pudo hacerse con el control de ambos, porque era cierto que muchos andaban detrás de cada uno con sus razones y sus ambiciones de hacerles caer en trampas con las que no encontraran el camino de vuelta al hogar que eran el uno para el otro. La tranquilidad se había esfumado de sus maneras, la urgencia había reaparecido después de mucho tiempo dormida en el interior de ese caballero que ahora miraba a la dama con las ansias de un lobo que devora a su presa tras días sin comer. De su carácter destacaba que siempre había sido un hombre de buen llevar pero se rumoreaba su adicción al dolor ajeno y a la sangre, no si bien decían que también él buscaba la decisión no condicionada de su ´´víctima´´ de desear o de querer sentir unos cuantos objetos afilados en el cuerpo. 


Y ahí se fueron los dos, siendo observados por los buitres y los lobos, por los astutos zorros y sus ligeras esposas, que no se molestaban lo mas mínimo en ocultar sus identidades bajo máscaras de abolengo que nunca ha existido. Pasaron delante de gélidos ojos azules que pronto se tornaban en verdes por una envidia infinita hacía algo para lo que esas pequeñas criaturas que no habían vivido nada no tenían la mas mínima idea. Pasaron delante también de los rincones de oscuridad y tristeza que muchas de las personas invitadas traían consigo en todo momento y sencillamente salieron de ese lugar,dejando atrás a las personas que venderían su alma al diablo por un poco mas de poder, juventud, carisma, inteligencia o mas poder, ascendieron unas escaleras que se les hizo eternas en subir de tanta pasión que corría por sus cuerpos, de tantas ganas de reencontrarse el uno con el otro. 

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