domingo, 26 de febrero de 2012

Encuentro con la musa

Unos pasos rápidos devoraron la distancia de aquel conocido pasillo lleno de puertas de todos los colores y materiales que escapaban en ocasiones a la imaginación del ser humano o de cualquier trovador. Con un sencillo empujón las puertas de oro macizo se abrieron y ante el pudo ver que no había nadie en esa habitación salvo una poderosa criatura a la que temía y adoraba por igual. Ella le dirigió una sonrisa lasciva que habría helado la sangre mas que excitado y de no tener tanta prisa habría dedicado mil atenciones a esa dama de gran porte que podría tener la voluntad de un hombre o diez mil a sus pies con una mirada y unas pocas palabras. La fría piedra llena de tapices con todo tipo de escenas los contemplaban de forma impasible o curiosa pues mágicamente algunos se movían y las figuras de batallas y escenas forestales mostraban sus acciones de la mas fluida de las maneras. Las miradas se encontraron. En los ojos de él había inquisitivas preguntas sobre el paradero de la dueña suprema de esa habitación y prácticamente de todo el castillo. Miró a la derecha la dama y señaló la ventana. Con alarma el caballero se precipitó a la ventana y no vio nada. Una risotada se escuchó a su espalda. los metros que separaban a caballero y ser oscuro con la belleza de los ángeles mas oscuros se hizo presente en su oído. De un respingo se giró y se encontró de lleno con su mirada. Con fluidas palabras se encontró que la dueña de la habitación había salido, algo mas que evidente dado que la presencia de esta no era ahora notable en la habitación. Cuando ella no estaba no se podía presenciar la luz que ella destilaba con su natural elegancia y su luminosa sonrisa. Los finos y fríos dedos de la mortífera dama se pasearon por su mejilla y un delicado sonido que aseguraba placeres infinitos se estrelló contra su oído pero no contra su voluntad. perores pruebas había pasado por lo que sencillamente se dejó caer por la ventana y desplegó dos poderosas alas con las que echó a volar. Se quedó a unos cuantos metros mirando a la dama a cierta distancia y esta señaló un bosque. 


Ascendió todo lo alto que le permitió el oxígeno que poco a poco se disolvía con la altura. Las nubes se metían en medio de su camino y le impedía la visión por lo que debía de bajar considerablemente. En lo mas bajo la divisó. se podían distinguir sus movimientos llenos de gracia sobre el manto verde de la pradera. La contempló desde el aire durante un buen rato. Ella bailaba con la alegría natural que le caracterizaba. Con toda la elegancia de las bailarinas mas deseadas por anfiteatros enteros fluía como los arroyos mas puros y los manantiales mas cristalinos. Sus manos parecían acariciar al viento que circulaba a su alrededor y sin darse cuenta el ser alado miró a aquella dama con los ojos de quien admira la mayor obra de arte del mundo, contemplando y deleitándose con su compleja forma de ser, con su figura, con todo lo que la componía en su mínimo aspecto. Las nubes se despejaron y el sol dio de lleno en aquel paraje de donde empezaron a surgir las formas de vida mas extrañas  y fantásticas, las cuales querían contemplar aquella danza en la que la libertad mas absoluta se hacia presente. Su corazón estaba bombeando sangre de forma apresurada y desquiciada pues no podía contener a veces el impulso de acercarse, de tomarla de al cintura de susurrarle cosas, de ver aquel sonrojo. Sin embargo estaba mas que embelesado con los sutiles y a la vez enérgicos movimientos de ella. Así era como le gustaba verla. Adoraba verla moverse, sonreír ante algún compás que disfrutara especialmente de interpretar con el movimiento de sus caderas o la entereza de su cuerpo. Dos ojos llenos de melancolía y tristeza en esos momentos estaban inundados en la ternura y al timidez con la que un niño mira a la niña que le gusta. Disfrutaba mirándola desde aquella altura, aun sabedor de que de acercarse quizá no habría advertido su presencia. 


Le encantaba eso de ella, como se aislaba del mundo cuando bailaba, como parecía sentir la música en su cuerpo poseerla como un amante activo y salvaje que no le permitía ni recordar su propio nombre. únicamente el viento podría amoldarse a aquellos pasos que invitaban a unirse de forma adictiva. Pero la timidez y la vergüenza del caballero alado eran tales que ni por todo el oro del mundo se atrevería a sumir el riesgo de pisar un pie a la señorita que tenía ante sus ojos unos cuantos metros por debajo de su posición. Reparó aquel caballero de buena y educadas maneras pero con los pensamientos mas básicos del mundo que no se escuchaba ninguna canción. le pareció oportuno camuflarse entre las caricias del viento y deslizarse a través del espacio mas no del tiempo para poder alcanzar la posición y el lugar abierto y despejado en el que se encontraba aquella dama de elegantes formas y proceder. Raudo extendió un mensaje que sutilmente no pudo captar la atención de la dama danzante pues este mensaje se transmitió a través de las raíces de lo árboles. Quería darle una sorpresa y ver que tan bien era recibida por ciertos seres que conocía de hace tiempo. Las brisas llevaron su mensaje lejos, muy lejos. No importaba la distancia siempre llegarían muy rápido mas que el propio viento. El mensaje fue llevado a través de la tierra de los mares y de los vientos. El mismo viento llevó ese mensaje en el aleteo de los pájaros o en el de los murciélagos por la noche, acarició las hojas de los árboles y silbó a través de algunos acantilados cuando llegó a la costa y la sobrepasó. Atravesó los mares con la velocidad de un pez vela, el mas rápido jamás conocido y fue escuchado por sirenas y tritones que cantaron a la estatua de Poseídón para que una ola de información llegar a a los destinatarios. El dios marino se sorprendió poderosamente sobre aquello que estaba bailando en la tierra. Aquel mensaje también fue transmitido en las violentas cataratas y saltos de agua en los que el líquido elemento caía con la mas vertical de las libertades. Las náyades rieron ante la gracia de aquel mensaje y después se pusieron verdes de envidia. 


El mensaje llegó a todos los oídos que podría escuchar el canto de la tierra, que sintieron el crecer de las plantas minutos a minutos. hombres y mujeres sabios alzaron el rostro al cielo y miraron las estrellas que anunciaban la llegada de una nueva maravilla al mundo. El nombramiento de los que fueron caídos en batalla se cortaron de pronto en medio de las danzas rituales por pare de las antiguas tribus de los mas milenarios continentes. Los ojos de la sabiduría de distintos pueblos que estaban en comunión con la tierra miraron en la dirección en la que una dama danzaba libremente con una sonrisa en los labios y era observada por todas aquellas criaturas del bosque desde la distancia o bien demasiado cerca. las danzas de cortejo de los mas habilidosos guerreros que volvieron triunfantes de la batalla se interrumpieron también y el ritmo del mundo e centró en hacer llegar aquel mensaje a su destinatario. O mas bien destinataria. Aquella llamada de alegría, aquel deseo de que se celebrara algo bello en un mundo imaginado por un loco melancólico que veía la luz con la sonrisa de aquella dama, fluyó lento pero a la vez intenso, rápido pero a la vez sutil. Los volcanes estallaron creando la pirotecnia de la naturaleza, Los tornados que asolaban el mundo se extinguieron por ese día para poder dejar transmitir ese mensaje de forma eficiente. Entonces el mensaje llegó a los oídos de quien debía de llegar. Todo esto sucedía mientras solamente una persona, aquella dama danzante permanecía ajena a todo pues bailaba y bailaba. hasta que una nota de arpa se hizo escuchar por todo el lugar en el que la dama se encontraba. una nota pura y cristalina, sencilla pero magistral que llenaba la mente y los oídos. A esta la siguió otra nota mas y otra. Se encontraron los oídos de todo aquel que pudiera escuchar con el sonido de una flauta dulce. 


Entonces apareció ella. Una mujer de aspecto galante que fluía mas que caminaba, parecía flotar en la inmensidad de aquel lugar llenando toda la escena con una belleza y unos ropajes sencillos que a la vez no quitaban la comodidad en momento alguno. Al sonidos de esa canción de los elfos tocaban desde las rama de sus adorados árboles, la dama se acercó a ella, que había cesado sus movimientos al advertir que todo el bosque y aun sin saberlo el mundo entero estaba pendiente de aquel encuentro en el que el poder la danza y la belleza estaban a punto de tomar un rumbo nuevo. Con una sonrisa la dama que había llegado recientemente a aquel paraje lleno de esplendor miró al suelo y tomó una rosa azul de otras tantas que comenzaban a crecer de forma estrepitosamente rápida. Se la tendió a la dama que balaba momentos antes y acaricia suavemente sus pétalos por un momento con un dedo. En el rostro en forma de corazón de la criatura mas joven se encontraban miles de interrogantes a los que la mujer sencillamente respondió mirando hacia los cielos en los que dos alas de ópalo lanzaban reflejos y se encontraban unidas a una espalda bastante estrecha, la espalda de un joven que sonreía desde las alturas y el cual dirigió una sonrisa a la mujer mas bella del mundo. De aquel su mundo creado con la ayuda de su mirada, Ese mundo de dos soles que eran sus ojos. Ya descubierto por esas dos musas descendió y tomó la mano de aquella que llevaba de pensamientos de todo tipo su mente para a continuación depositar con la mas suave de las delicadezas sus dedos. Sin mas ceremonias la mujer recien llegada dijo. 


-Bailas de una forma que no tiene parangón musa de este alado caballero que nos escucha y que me ha hecho venir transmitiendo un mensaje a nivel mundial a través de la tierra, el viento y los mares. Ahora y sin ningún tipo de duda saben tanto animales como elfos el nombre de aquella que ha inspirado la creación de todo un mundo en el cual no tengo razón de ser, pues ante sus ojos no hay diosa que valga la pena mencionar si no tiene tu aspecto, tu nombre y tu forma de bailar. Baila, cuando tengas miedo o estés alegre y feliz, sencillamente baila, y si el cansancio físico te puede ya sabes a quien recurrir. Él te adora y estará dispuesto a arrasar nuestro Olimpo si algo te ocurriera. -Y con una dulce nota de la lira comenzó un baile lleno de gracia, el cual dirigió al bosque, entre cuyas ramas desapreció sin dejar rastro. 


Todo quedó en silencio mientras el mundo contemplaba a aquel caballero de alas grandes y oscuras que ahora brillaban con los mil y un tonos de ópalo negro abrazar aquella cintura y elevarse juntos por los cielos para bailar lentamente entre las nubes. Él sonreía porque ella sonreía. Aquella luminosa sonrisa que hacía brillar mas de un mundo interior. Los miedos eran olvidados, las angustias desterradas, las dudas asesinadas. Aquella dama, representante de la mismísima Terpícore en ese mundo donde solo podían verse dos estrellas estaba a su lado y así sería hasta que el destino lo decidiera. Entonces él hablaría seriamente con el destino para conocer el problema y llegar a una solución común. No quería que se alejara. Nunca. 


miércoles, 22 de febrero de 2012

El sueño





Recuerdo aquel sueño o mas bien aquella noche como si la hubiera vivido al igual que todas las noches desde que tengo uso de razón. El detalle mas mínimo no era capaz de escapar ante mis recuerdos, ante el análisis concienzudo de cada paso dado a lo largo de esa aventura. Pero ese sueño había sido solo una vez y aun así inolvidable. Aquel sueño era la conjunción perfecta entre fantasía, miedo, lucha contra el propio interior humano y enfrentamiento directo a la realidad y la locura entre otras muchas cosas. Todo ello rodeado de una atmósfera llena de matices que invadían los sentidos y hacían temer por la propia vida y a la vez desarraigarse de todo miedo o instinto de supervivencia que pudiera coaccionar carrera alguna por conservar la propia vida. Aquel sueño era algo que sin duda espero no volver a tener pero a la vez deseo con toda mi fuerza que se repita pues aun sin ser hombre de emociones fuertes, el sabor de la adrenalina se me torna una poderosa droga cuando las imágenes de esa ensoñación me invaden. Nunca me sentí tan vivo y a la vez temeroso de perder la propia vida y cosas mas preciadas por mi y despreciadas por la sociedad como la cordura e incluso mi alma. Sí, mi alma.


En aquel oscuro episodio de mi mente en su estado de mayor actividad siempre caminaba como el mas solitario de los humanos, indiferente ante todo aquello que me rodeaba y a la vez llamaba poderosamente la atención. En medio de la multitud solamente se veían sombras. La propia muchedumbre era una sombra en sí misma que se regia por sus propias leyes de movimiento y reacción ante mi presencia aunque para esto último siempre era la misma reacción: indiferencia. O ignorancia, como si yo me moviera en un plano de la realidad en el que no podían verme pero yo a ellos si. Si añadiéramos otra rareza mas sería que esas personas, o sombras o lo que fuere tenían todas un aspecto diferente pero a la vez bien definido aunque con matices que daba lugar a tratar de recomponer con la mente aquello que les faltaba. Si bien un detalle en común tenían todos. Sangraban. Sangraban sombras de su cuello. Se movían con total naturalidad pero esa sangre que no caía sino que se quedaba flotando en el aire se desprendía de su seguramente perforada vena yugular, pues surgía siempre de ese punto mortal en caso de cortarse o herirse de alguna manera. En los rostro medio ocultos por las sombras se apreciaba todo tipo de expresiones físicas pero la realidad era que muchos de aquellos rostros parecían lamentar su existencia, como si sobre ellos se abatiera una maldición peor que la propia rutina. Y aquellas edificaciones grises parecía avalar toda esa desdicha en la que se encontraban, como si toda posibilidad de alegría se hubiera esfumado.


Las sensaciones que en ese momento de mi peregrinaje entre los grandes gigantes de hormigón y esas pequeñas hormigas de sombras me invadían era como la de toda normalidad existencial. Sentía que eso estaba así porque tenía que estar, mi contemplación de la situación acaecida era pasiva. No había alegría ni pena, curiosidad o temor. Todo aquello formaba parte de una realidad en la que había nacido y justamente en ese momento todo se desarrollaba con total normalidad. La congoja de la soledad no me afectaba y nada parecía tener sentido pero tampoco se lo pretendía buscar. En ese tipo de sueños prontamente se lleva a cabo un cambio notable, ya sea a otro paraje y otras sensaciones o quizás sencillamente despertamos y nos volvemos a dormir. Pero en esa ocasión todo era bastante diferente. Nada cambiaba y a pesar de que mi mente, despierta y perfectamente lúcida en aquel sueño me decía que ya era momento de despertar, a la propia ensoñación parecía que no se le antojaba que yo despertara y volviera al mundo real. En ese preciso momento es cuando me dí cuenta de que este no iba a ser un sueño normal y en mi fuero interno deseé que todo terminara siendo tal deseo mi primera manifestación de consciencia en una realidad que no era la correspondiente o la habitual. Era como esas aventuras digitales en las que el protagonista podría estar dando vueltas alrededor de un mismo punto hasta encontrar el pasadizo. Así que entre sangre sombría y rostros atormentados comencé a moverme. Mis pasos no aceleraban ni se ralentizaban, no se notaba el cansancio, el hambre o el discurrir del tiempo eso era verdad pero cada segundo que pasaba me comenzaba a pesar como una gran carga moral sobre los hombros de un general que ha perdido a muchos hombres en la batalla. El primer cambio de esa rutina se produce cuando me doy cuenta de que mis pasos me llevan solos a un lugar muy especial.


Una iglesia en medio de esa urbe desolada y carente de alegría. Cierto es que esa iglesia era el punto que mas destacaba por encima de la oscuridad. Y mas cierto aún que destacaba por encima de los edificios mas altos. Mis conocimientos sobre arquitectura no son muy amplios pero aquella construcción religiosa sobrepasaba todo lo visto por los ojos del hombre en el mundo real. No había un rosetón ni dos ni tres sino cientos de ellos, de diferentes formas, a los largo de siete paredes altas como cualquier rascacielos moderno. En su exterior había toda una suerte de figuras, estatuas y representaciones en mármol blanco con alguna incrustación dorada de ángeles, demonios, seres fantásticos, gárgolas y mil sueños y pesadillas mas. Impidiendo la entrada con brillos de ambición y vanidad se podían apreciar unas puertas de oro de aspecto macizo, grueso y como todo aquello fabricado en oro, pesado. Todo se nubló por un instante y unas risas acudieron a mi mente. Eran risas cristalinas y estruendosas pero una sensación de bienestar se apoderó de mi por unos momentos en los que aquella risotada tan efímera se perdía en medio del hasta entonces inquebrantable silencio. En mi interior se produjo una sensación de extrañeza y desasosiego que no logré descifrar en todo aquel bello paraje que rodeaba el exterior del castillo. Una ansiedad y deseo de refugio latente se hizo con el control de mis pensamientos mas lógicos en su mínima expresión y me acerqué a las puertas de oro, algo deslustradas por la falta de agua y mantenimiento. Estas se abrieron mientras sonaba una música de arpa y flauta que evocaba la paz mas absoluta. Penetré al interior de esa gran edificación y me quedé sin aliento si es que en algún momento del sueño había respirado.


Ante mi se extendía algo que no se puede describir con sencillas palabras. las paredes estaban gastadas, ennegrecidas eso era verdad pero la antigua gloria de ese edificio parecía perdurar mas allá de la podredumbre y de los años que despiadadamente pasaban para todo. El gris de aquella ciudad era algo perfectamente comprensible. El interior de esa catedral contenía todo el color que pudiera albergar la paleta de colores con la que Dios pintaba el mundo. Mis ojos tardaron en acostumbrarse a tanta luz y lo cierto es que así fue durante un buen rato. Estos ojos, de ciego pues no observaban solamente miraban no dieron advertencia alguna de que faltara algún color. Las cuatro estaciones del años, los cuatro elementos, los siete pecados capitales y sus siete virtudes. Todo estaba representado en aquella enciclopedia ilustrada e iluminada. las luces se colaban por las cristaleras de los rosetones y en los contraluces así como en mil detalles mas. No había cúpula pero en lo alto caía un gran chorro de luz que daba en todo el centro sin desviarse. Si se usaba un metro para medir la distancia entre los vértices heptagonales se podría medir perfectamente cuando medía aquella cristalera emplazada a muchos metros de altura. Avancé unos cuantos pasos entre las bancas armoniosamente decoradas con motivos vegetales. Aquel sueño se estaba volviendo eso: un sueño de verdad donde solamente se podría encontrar calma y paz prometiendo que nunca despertaría y me quedaría ahí para siempre. La luz que se colaba a través de los cristales no podría ser mas nítida., se podía adivinar cada detalle de las cristaleras colocando la mano a la altura correcta y dejando que el reflejo de la luz revelara formas impresionantes, tan temibles como bellas. Se apreciaba la presencia de santos, caballeros, ángeles, demonios, gente con orejas puntiagudas, unicornios, Un gran dragón que me recorría de punta a punta de los dedos cuando ponía los brazos en cruz. Fascinando y movido por una intuición muy extraña me acerqué al cuadrado de luz que había en el centro para ver cual era el motivo principal de esa gran obra que se emplazaba ahí en lo mas alto, que era aquello que debía de filtrar la luz y derramarla sobre el suelo. Lo que me encontré fue tan maravilloso como desconcertante.


El color predominante era el azul. Un azul que a mi se me hizo en exceso familiar. Agradablemente familiar. Una sonrisa se instaló en mis labios al recordar aquello que motivaba a que ese color empezara a ser de mis favoritos, incluso mas que el rojo o el negro que yo tanto gustaba de vestir. Extendí una mano como había hecho con otros tantos dibujos y mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí en la palma de mi mano una bella rosa que se desbordaba ligeramente pues el radio de su corola era mas grande que la anchura de mi propia extremidad. No podía apartar los ojos de aquella bella creación y fui moviendo lentamente la mano dejando que esa rosa cayera eternamente al suelo para seguir descubriendo los detalles que tenían esa cristalera. No pude caber en mi de emoción cuando encontré otra rosa al lado de al primera sobre la que se habían posado mis ojos. y otra mas a su lado y otra enfrente o mas arriba según la perspectiva). Me encontraba maravillado ante aquella visión. Era como si esa iglesia tuviera impreso un mensaje para mi alma. El de que todo saldría bien, que todo sería paz y tranquilidad mientras me encontrara entre esas siete paredes. Miré entre mis dedos, contemplando como la luz se desparramaba entre los dedos y me centré uno de los detalles mas bellos de ese lugar. El suelo, quebrado por algún extraño incidente, estaba infestado de rosas azules. Pero no de luz sino auténticas plantas. No podía ser, me dije a mi mismo, es imposible ya que seguramente no han recibido agua en mucho tiempo o seguramente no podrían sobrevivir con la escasa humedad. No tenía ya lógica nada de lo que pudiera haberlo tenido en algún momento. De todas formas sentía mi alma en paz, mas que nunca, ante la presencia de aquellas plantas. Entonces cuando me dispuse a a seguir contemplando las rosas y extendí mi mano una sorpresa desagradable cayó sobre mi palma.


Una gota de sangre. No me asusté, no reaccioné de ninguna de las maneras. De todas formas no tuve tiempo pues cuando dirigí la mirada al techo sobre mí cayó algo que acerté a ver por unas décimas de segundo. Sin embargo cuando caí al suelo lo que se abalanzaba sobre mi no cayó sobre mi persona de forma inmediata sino que al abrir los ojos me encontré que ella estaba como flotando hacia mí. Terrible y a la vez divina, una mujer de sonrisa astuta y con cierto punto de lascivia se acercaba en medio de una suave brisa que me trajo el olor de las rosas. Lentamente se depositó encima de mi cuerpo y me sentí paralizado por un momento y el siguiente. No tuve escapatoria mientras sus ojos se clavaban en los míos y pude adivinar formas perfectas bajo sus vestiduras a medida que mis manos acariciaban de forma inconsciente su cintura y caderas, rodeando estas y ascendiendo por su espalda, aceptando aquella deidad que se había posado sobre mi. Ella parecía leer mis pensamientos pues su sonrisa se acentuó de forma estremecedora, hambrienta, catando la carne que parecía desear por encima de todas las cosas. Su cabello no se aposentó sobre su espalda y hombros sino que mas bien se quedó flotando como si una corriente de aire ascendente lo elevara de forma constante. En su mirada se encontraba el brillo del depredador que triunfalmente atrapa a su presa y la somete a su voluntad, la conquistadora que somete a todo un pueblo, y aquello me hizo sentir un miedo atroz. La debilidad debía de reflejarse en cada gesto que yo hacía, de escaso éxito a la hora de resistirme. Unos finos dedos se deslizaron por mi rostro, deleitándose con las formas de mi faz, como disfrutando la escasa humanidad que reinaba en esos lares llenos de sombras en su exterior. Me sentía paralizado por su mirada y lentamente ella fue acercándose mas y mas. Vi sus labios pintados en rojo y negro con gran maestría acercarse mas, mucho mas. Las pulsaciones de mi corazón estaban demasiado aceleradas, sentía que en breve me estallaría el bombeador de sangre que tenía instalado en el pecho. Sus labios susurraron unas cuantas palabras. Algo de un caballero y unas alas. Su voz era las campanadas de las iglesias, el rugir de los cañones , el sutil ronronear de los felinos mas salvajes y la suavidad del terciopelo. 


Una sensación de éxtasis se extendió por mi cuerpo cuando de pronto esos labios, que en mi fuero interno pensé que serían fríos como el hielo resultaron ser cálidos como el mismo Sol. Aquellos rayos negros y escarlata se posaron lentamente en mi cuello y lo empezaron a acariciar mientras sus finos dedos me atrapaban con las mas suaves de las caricias. Mi mente atrapada en aquel sueño solamente podía corresponder a sus movimientos. Sentía su aliento golpear mi cuello de forma constante, respirando una y otra vez sobre mi piel, neutralizando la poca cordura que me quedaba. En mi voluntad se estaba formando una súplica de que todo terminara y otra de que no se detuviera. Me tenía totalmente atrapado y no había orgullo de hombre o caballero que valiera en ese momento. Sencillamente me dejé hacer por aquellas manos y esos labios, a veces mirando sus ojos, que se aseguraban de que mi voluntad no se revelara contra su deseos de tentarme poderosamente. Los reflejos de la cristalera que lanzaba sobre ella rosas y mas rosas azules le arrancaba unos brillos de ángel bendito con movimientos de la mas tentadora diablesa. Con un suave movimiento de caderas hizo ver un deseo que iba mas allá de cualquier ensoñación de loco o de obseso. Mis labios se abrieron y no salió ningún sonido cuando aquella criatura divina comenzó a bailar lentamente, tentando a mi cuerpo a unirse a esa danza. Pero ante la reticencia de mi cuerpo paralizado por una fuerza misteriosa, de nuevo volví a sentir sus labios, los cuales no advertí que se abrían y dejaban asomar dos colmillos que se clavaron con saña en mi cuello. 


Desperté sudoroso, incorporándome al momento y respirando de forma agitada. Mis ojos contemplaron a todos lados,. asegurándome de que estaba en aquella habitación que me había visto crecer y mas tranquilo me dejé de nuevo caer con la cabeza en la almohada. Lentamente dejé caer la cabeza a un lado y el asombró se hizo en mi mirada. 


Sobre el lado de la almohada que no ocupaba mi cabeza en ese momento yacía, solitaria como una dama de otra época del reino vegetal, espléndida y decorosa, sencilla pero a la vez luminosa, una rosa azul. 



domingo, 19 de febrero de 2012

La Dulce Flor

Un poderoso anhelo es lo que el caballero sentía en lo mas profundo de su alma  pues corazón, a sus ojos, no tenía, malherido por miles de batallas pasadas en las que había perdido vida y sentimiento a manos llenas. Sus ojos estaban colmados de aquella desesperación y aquella necesidad, un ansia viva en la que todo era inútil a la hora de desviar su atención para lograr algo de distracción. Aunque, todo sea dicho en aras de la verdad, lo conseguía los viejos vicios en los que se veía inmerso cuando menos lo esperaba. Acaecía una tarde solitaria en la mas profunda selva del amazonas. Nada mas se podría ver a partir de unos pocos palmos de densa vegetación verde, viva, salvaje e indómita. la búsqueda de aquello, fuese lo que fuese, no se podría hacer esperar mucho mas. La mente se encontraba desquiciada por esa fiebre amarilla que le invadía la mente de forma delirante. Las pocas pruebas de que alguna vez ese caballero había pertenecido a la civilización se esfumaron hace ya mucho tiempo y ahora se encontraba ahí, entre salvajes avances dados a marchas forzadas por una promesa de un supuesto y maldito hombre que le riquezas. Aquel rostro que veía mas allá del tiempo y el espacio, mas allá de la piel de uno de los conquistadores mas temibles de la tierra recién descubierta de casualidad. Recordaba aquellos ojos impregnados en un poder que ni los cañones mas atronadores podrían comparar, pues los cañones mataban el cuerpo pero esos ojos podrían doblegar el alma y fue la sencilla misericordia y bondad de aquel anciano lo que le salvó de ser quemado por esos ojos.


Como ya se había dicho ya no le quedaba nada de ese caballero noble y de nobles intenciones que estaba a la búsqueda de enriquecer a su patria y tener un nombre de gran fama entre sus semejantes, propios y extraños. No había ya pólvora en la que confiar para cazar un pequeño trozo de metal que abatiera a un pájaro o que asegurara una victoria contra un felino de gran tamaño. Nada quedaba de esa cantimplora ni de los bien cocinados víveres de principio de viaje. ya no había casco que cubriera del sofocante calor y la humedad infernal estaba destrozando poco a poco su mente haciéndole ver de vez en cuando cosas que quizás no estaban ahí, o que al menos él no desearía volver a ver nunca mas. Sus botas tampoco estaban como era lógico, perdidas en medio de un ataque de unos nativos salvajes que posteriormente le postraron ante los pies de aquel temible hombre de mirada sin par. En medio de danzas que él no comprendía le había gritado sus destino en una lengua que nunca había escuchado. En su fuero interno un mensaje se instaló dentro de él, Entre las retumbantes palabras de castigo de aquella entidad ´´humana´´ hubo cierto momento en el que pudo detectar, quizás en medio de delirios, como tregua a ese castigo para su cuerpo y espíritu, una pequeña nota de esperanza. Nada le sorprendería mas como lo que venía a continuación. Tomó sus manos y le dijo, cuando los delirios no podían ser soportados, algo que le hizo ver aquel momento como una ensoñación en momentos futuros:


-Has de encontrar en un largo camino al norte, pasando peligros inimaginables en los que dejes todas tus pertenencias por el camino, algo mas bello que el sol y mas valioso que todo el oro del mundo. Debes partir ahora mismo para poder llegar a tiempo de ver eso que te espera detrás de estos bosques y las montañas que siguen a esos bosques. Debes encontrarte con peligros, nunca los esquives ni retrocedas, aprenderás de esos peligros. Encontrarás lecciones en la brisa y en el rugido del viento, en el repiqueteo de la lluvia en las horas y sabrás que hacer cada vez que el silencio se haga en la selva, pero si este se prolonga mucho tiempo corre siguiendo la estrella polar. Corre, corre mas rápido que tus propios pensamientos hijo de la civilización sorda y muda y realiza todo esto que te digo hasta que el sol oscurezca en la noche que siga a otras tantas noches- Nada mas escuchar aquellas palabras en el idioma de la civilización y lo moderno, ese hombre que venía en busca de riquezas sencillamente se puso en pie y alabado por las multitudes de esa pequeña aldea dejada de la mano de Dios partió raudo y veloz, a una carrera feroz, llevado por fuerzas en las que nada podría explicar como esos pies se movían tan rápido, atravesó la espesura.


La carrera fue a través de aquel bosque y de las montañas, Se encontró con tribus temibles que comían a sus propios muertos y a los vivos también. Cruzó lagos llenos de sulfuro en cuya orilla había animales muertos. Temió por su propia vida tantas veces que no le llegarían ni los disparos de diez salvas de cien cañones para contarlos. Pero hizo caso al pie de la letra, no sabía el porqué de aquellas acciones tan descabelladas pero cuando la noche llegaba se tumbaba, cansado de correr y de caminar, nadar, trepar y cazar con sus propias manos y sencillamente escuchaba aquello que tuviera que escuchar. Escuchó tanto que ya distinguía si el mosquito era hembra o macho y por tanto si le iba a picar o no. Escuchó todos los sonidos de aquellas aves de brillantes colores que provocaron mas de una fantasía de querer hacerse un abrigo con sus plumas y mas tarde, desechando aquel pensamiento tan monstruoso, el de querer volar. Escuchó el siseo de la serpiente y el gruñir del puma así como su rugido a dos palmos de la cara. Escuchó el desgarrar de sus ropas cuando las zarpas de ese puma le arrancaron casi un costado entero. Escucho como la sangre salía a chorros de su interior y también escucho como la espesura le susurraba consejos de acerca de desinfectantes. Cayó. Muchas veces cayó para levantarse o ser levantado. Sus ojos siempre buscaban las estrellas en las que guiarse. Y a veces miraba esas estrellas sin pretensión de guía alguna, sencillamente soñaba. Como sería ver las estrellas mas de cerca. pensó en aquellos que en la moderna Europa observaban al cielo con los grandes telescopios. soñaba con ver esas estrellas de cerca e incluso tener dos guías estelares por si una se apagaba de pronto. Cuando el día llegaba se levantaba de golpe y comenzaba a correr o caminar, ya enloquecido por delirios y pesadillas. Desesperado llegó a caminar por el borde de un barranco casi enloquecido y entre risas histéricas. La locura se hizo con él hasta que apareció el último día de su travesía. 


Tras atravesar miles de kilómetros de selva, bosque, montaña, lagos que se encontraban a alturas imposibles, estar en territorios aliados y enemigos pasando desapercibido como una sombra tuvo aquella señal que llegó a su mente una buena noche de intenso frío. Primeramente pensó que había sido un sueño mas, una ilusión producida por alguna planta tóxica que se comiera por error pero la belleza que había ahí plasmada era algo que no podría pertenecer a ese mundo. Aquel hombre de esa tribu cuyos ojos nunca olvidaría le dijo que cuando despertara encontraría aquel tesoro que tanto buscaba. Que el color que debía de buscar era el de los cielos y los mares. Aquel tesoro tenía algo del color de la tierra mas pura y fértil y como última nota aquel hombre de ancestral sabiduría dejó en su mente un sencilla frase.


-Cuando veas aquello a lo que te he guiado olvidarás mis ojos y todas tus pesadillas dejarán de existir.Nada mas se dijo y cuando despertó se dispuso a correr con todas sus fuerzas. travesó una llanura en la que crecían unas flores de brillantes colores, vio sombras que le acechaban por todas partes. Las ignoró. No le temía a nada, estaba totalmente enloquecido por aquella persecución en la que un sentimiento de desesperanza y otra de gran fuerza interior luchaban por hacerse con el control de su mente. Los pies se movían como llevados por el viento y las alas se desplegaron en el último momento ante el grito salvaje que surgió de sus labios, ronco ya que no había hablado con nadie desde aquella última vez en ese pueblo que ya le parecía mas lejano que su propio nacimiento. Voló rápido como una flecha, como un disparo de cañón. Voló con y como el viento, desesperado. Entonces todo un muro de espinas le atrapó. No se esperaba encontrarse tal impedimento aun pudiendo volar pero ya no existía el dolor ni la preservación física. Ya nada existía mas que el poder lograr ver aunque fuera por un solo instante eso que tan valioso era, mas que el oro que los diamantes que el platino que la misma armada británica al completo. Ver. Solo quería ver aquello aunque fuera una vez sola vez en la vida. las espinas comenzaron a desgarrar a momento los pocos harapos que tenía y ese muro parecía infinito. Las lágrimas luchaban por salir pero no les dejaría salir. Entonces la luz se hizo y logró llegar al otro lado de aquel castigo que se le hacía eterno a sus ojos. Se puso en pié y no pudo creer lo que tenía ante sí. 


Su rostro en forma de corazón se volvió hacia el con la mas abierta curiosidad de quien ve una interesante pintura en uno de los múltiples museos de su ciudad natal. Se acercó con la cautela de un gato y a la vez con las ansias de hacer mas acciones que quizás sustentaran auxilio a ese pobre diablo que no podría levantarse en un buen rato. Su mente estaba agotada, débil, vulnerable. Totalmente entumecido por el frío se encontraba su cuerpo. Sencillamente miró sus ojos cuando estos se encontraron cerca, ignorando todo lo demás en el mundo. Ya no había mas mirada que aquella. Al susurro del viento llegó rápidamente el sonido de una risotada cristalina. Era Gaia que parecía divertirse con el castigo y a la vez con esa aventura sufrida por ese joven escritor que lo había dado todo por un tesoro mas valioso que el oro en el mundo entero. Y lo había encontrado sin duda. Apenas pudo limpiarse una mano sucia en la hierba verde y conducirla a esa delicada mejilla, palparla discretamente antes de deslizar sus dedos por esa piel morena besada por el fuego de una de las tierras mas bellas que se pudiera pisar con pies de humano. Le resultaba casi imposible aquello. Cuantas veces había pensado en mujeres bellas, cuantas veces había inventado a tales mujeres para recrear escenas de todo tipo. Cuantas veces había sentido fascinación por una mujer. Y ella le daba mil vueltas a todas. La inteligencia mas aguda brillaba en sus ojos, aquellos ojos. Dos estrellas faltaban esa noche en el cielo. Lo comprobaría en cuanto tuviera la oportunidad, pero de seguro en el firmamento faltaban las dos estrellas mas brillantes que pudieran contemplar los ojos del hombre. Contuvo la respiración mientras deslizaba los dedos por su mejilla y seguía inmerso en su mirada. Y esa sonrisa que surgió mas tarde. Creyó volverse ciego. No había duda de que era aquel el tesoro que buscaba desde hacía tanto tiempo. Y los sentimientos que afloraban en ese corazón resucitado no eran los clásicos ´´encaprichamiento´´ ni ´´amor´´. Iba mas allá. No necesitó señal alguna para saber que ella era mas valiosa que el oro y el diamante, el platino, la plata o el rubí.


Sus dedos delicadamente pasearon una vez por la rosa azul que esa criatura casi imposible de imaginar tenía prendida en el cabello de una forma perfecta. Volvieron a su rostro el cual quedó algo sucio por la tierra que había en sus dedos tras una travesía en la que nadie mas podría haber resistido de no ser por la mas fuerte convicción. Se quedó en silencio y poco a poco fue sonriendo. era imposible no sonreír ante su presencia. Era imposible no doblegarse ante el sonido de su voz o de su mirada, que no irradiaba el mal en ningún momento. Era imposible toda ella, debía de ser un delirio pero la estaba tocando. Con sus propios dedos. No era una pesadilla, el dolor que sentía era físico y no emocional, Ambos dolores fueron remitiendo. Le estaba invadiendo una sensación de felicidad que no era normal. Sencillamente miró sus ojos y dijo:


sábado, 18 de febrero de 2012

La recompensa

Bella noche aquella, en la que con parsimonia el tiempo pasaba de forma lenta, sin apenas dejar huella a su destructor avance. Con la mas absoluta quietud reposaba, contemplando la noche aciaga de esa tristeza incomparable por ser estación de muerte y peligro, una bestia de grandes dientes y pálido rostro. En sus ojos la melancolía mas absoluta y la necesidad de expresar en llantos y lamentos toda su desdicha. Únicamente el consuelo de la soledad estaba a su alcance, que le hería con garras de hielo su mas ínfimo fortín personal de resistencia ante los quehaceres de la vida y sus cambios. Un triste suspiro salió de sus labios manchados en sangre enemiga cuando un sonido bien conocido llegó a sus finos oídos. En medio de aquel absoluto silencio en el que ni los pájaros tenían fuerzas para cantar. Una gota de agua llorada por las nubes, ejércitos de nubes que se concentraban en lo alto del firmamento estrellado, invisible en ese momento ante aquella legión pluviosa. Al sonido de esa gota le siguió otro y prontamente se encontró aquel ser de amplios colmillos deseando tener algo con lo que resguardarse pues sus ensangrentados ropajes se estaban mojando. A sus pies, como fríos y mutados testigos de lo que había acontecido momentos antes, los cadáveres guardaban y mostraban a tiempos iguales aquello que había transformado en terror absoluto sus rostro horas antes fieramente deformados para intimidar. El riachuelo de agua roja que se fue deslizando a un manantial de aguas cristalinas era quizás aquel último ritual funerario que expresara el deshonor con el que esos valientes dieron la vida. Aquella criatura llena de tormentos a miles pensó en el motivo de tal matanza. 


Pensó mucho sobre sus acciones, ante sus ojos todas ellas correctas. Debían morir, era la única opción por deshonrar el nombre mas bello que sus oídos jamás habían escuchado. Y no era el nombre de una de sus flores favoritas. Era el nombre de la Dulce Flor, de la Musa, de la Bella entre bellas. Dijeron cosas terribles y no debía de quedar así la cosa. Las sutilezas femeninas no le parecían correctas de llevar a cabo. Ese era momento para jugar a su juego favorito. Las batallas. Así es que llamó a todos aquellos que le eran leales y por tanto las primera en acudir fueron sus locuras. Siempre inquebrantables y volátiles en exceso. Abrazaron su cuerpo y le causaron mas de una herida antes de la batalla pero lo cierto es que una vez los objetivos quedaron entre ceja y ceja, nada las desvió de su camino para que los enemigos y los difamadores sufrieran una gran agonía. Eran locuras diestras en el arte de no contener los impulsos ni por un solo momento y a ellas se unió en aquel ataque contra los maleantes, contra los indignos de pronunciar su nombre. Le desquiciaba que dijeran su nombre aquellos que no lo merecían. Era un nombre demasiado bello, demasiado perfecto para que sus bocas llenas de pecado y blasfemias lo pronunciaran con tanta ligereza. La demencia se hizo con el en medio de aquel recuerdo y una risa maníaca se apoderó de sus labios de su mente, de aquella poca cordura que le quedaba. Innobles, innobles todos aquellos que dijeron su nombre maldiciendo su belleza y todo aquello que la hacía poseedora de grandes virtudes. 


Entonces vinieron todas las invocaciones que su mente tenía dentro de si misma. Vinieron los ángeles mas bellos y los demonios mas horrendos y seductores que marcharon a los hogares de mujeres, esposas, hermanas, y seres queridos para sembrar caos y destrucción. La colina de aquel castillo se pobló de pesadillas de cuatro patas y de dos, incluso quizás de tres o de nueve piernas. El caballero serpiente y todos sus oscuros compañeros aprovecharon su permiso para ofender mas allá de las lineas enemigas y sembrar destrucción y muerte en forma de pestes y arrancamiento de ojos. Nadie cantaba mas que con gritos su propia desgracia y los bardos que estaban presentes en medio de aquella contiendo, esos bardos lamentables que sencillamente querían seducir, fornicar y dejar tirada a las damas de castas maneras también debieron caer. La criatura de rostro ensangrentado miró por un momento a uno de esos lascivos e indignos miserables. De una patada le arrancó su mísera cabeza. Contuvo el impulso de emprenderla a patadas con el resto de los cuerpos y pasó por encima de estos impulsado por la seductora brisa que esa noche olía a gloria y muerte, dolor y sufrimiento. Esas esencias le hicieron pensar en aquella vieja amiga pero el núcleo de todo aquel enfrentamiento era otra persona. La sonrisa de lobo nadie se la quitaba mientras se elevaba por los cielos y dejaba en el suelo la melancolía para volar alto. Hasta las puertas de ese castillo algo derruido pero en reconstrucción. En tanto que el viaje se realizaba no pudo evitar mirar al suelo y recordar aquella carga de caballería gloriosa con sus jinetes mejor preparados y el caballero Lobo a la cabeza de la carga, arrasando con todo y siendo flanqueado por los arqueros ingleses y élficos, cuya tregua era por la sencilla razón de terminar con los difamadores y los miserables. Había sido una excelente batalla en la que se habían abierto hueco a través de las defensas enemigas al grito de ´´Por Gaia y la Musa´´, Sencillamente una epopeya. 


Llegó a esa entrada tan bien iluminada y decorada con cuadros de todos los grandes genios y artistas actuales y pasados, conocidos y desconocidos, productos de la imaginación y reales. Aquel cuadro de ella, con ese sencillo título honorífico que le daba la libertad mas absoluta en aquel mundo, no pudo evitar dirigir una sonrisa y una reverencia aun sabedor que ella dormía unos cuantos pisos mas arriba en la torre mas alta y bella, para que estuviera muy cerca de ese cielo del que había caído. Que bella estaba con su vestido confeccionado exclusivamente para ella por los mas habilidosos sastres de los bosques élficos. A ella le gustaban los elfos. A él le gustaban las elfas. Gustos en común. Las escaleras como siempre se le hicieron eternas y cuando recorría el iluminado pasillo en el que las flechas habían roto unos cuantos jarrones sin valor se encontró, frente a las puertas de oro con una figura inesperada. Los últimos metros los recorrió antes de quedar frente a esa entidad superior a muchas otras que había conocido y con las que se había relacionado. La procedencia de aquella figura era directamente de las capacidades creadoras de la Musa, que estaba al otro lado, reposando seguramente su cuerpo cansado e ignorante de todo aquello que se había desarrollado mientras ella descansaba. Con tranquilidad y sin temor que pudiera expresar su rostro siendo su interior otra cuestión a debatir se quitó lentamente la armadura, Aquel peto que se encontraba medio aboyado cayó al suelo produciendo un estrépito ensordecedor, permitiendo a las alas desplegarse mucho mas de lo que ya estaban, arrancando el amanecer brillos multicolor a sus alas. El silencio y la quietud se hizo. Sin mas ella miró sus labios y una sonrisa se hizo en su rostro. Esa sonrisa no denotaba nada bueno. Entonces se dio cuenta con la manga de la camisa se limpió los restos de sangre. Como agradecimiento, el sanguinario caballero le dio a la mortífera dama un anillo de diamantes que había encontrado en la mano de un conde al que había dado muerte. Un pago vacuo y banal pero sirvió de distracción como para que sutilmente se pudiera colar al interior de la habitación recitando el nombre de ella dos veces tras limpiarse las manos de sangre enemiga. 


Penetró aquel ser atormentado por mil pensamientos oscuros olvidando de pronto todo el dolor que le afligía. la contempló tan bella como siempre, con esas sábanas incorruptibles cubrir su cuerpo, únicamente impregnadas en su delicado aroma, tan natural y bello, agradable y dulce, tentador y tranquilizante al mismo tiempo. Quiso aquel día el destino que de nuevo ese hombro quedara al descubierto y deshaciéndose silenciosamente de su armadura y quedando cubierto por ropajes oscuros de mas humilde campesino, agitando las alas se concentró en sus ojos, cerrados, que seguramente ahora contemplaban el mundo de los sueños. A tiempo estuvo el caballero de atrapar un pétalo de rosa que caía justo en ese momento sobre su rostro. Con delicadeza apartó uno de los mechones de su oscuro cabello y aquello fue mas que suficiente para que amaneciera de nuevo en su mundo. La lluvia cesó de pronto y nada mas pudo alegrar el el día. servirle de recompensa, que sus ojos, mas allá de cualquier batalla imaginada, mas allá de la locura máxima en la que sumirse cuando la soledad muerte el corazón. Miró sus ojos con intensidad y el corazón comenzó a bombear sangre a sus mejillas de una manera indescriptible. Con mimo, con la ternura de un protector a su protegida, cernió su ala sobre su cuerpo y la delicadeza de sus dedos empezó a acariciar como la brisa aquellas plumas destinadas tan solo a su cuerpo. No se dijeron nada, tan solo se miraban mutuamente de una forma tierna, destinada a paralizar el tiempo y todos los acontecimientos de la historia. En aquel momento eterno donde se hizo una paz absoluta en aquel mundo mientras sus ojos permanecían en contacto visual. Una rosa azul fue invocada por un solo pensamiento en sus manos delante de sus ojos y con esta acarició sus labios delicadamente. 


-Buenos días dulce flor... -Acertó a decir el caballero ensangrentado y agotado por la batalla antes de quedarse dormido protegiendo al motivo de aquella guerra. La Musa. Lejos de ahí los cuervos y los bandidos daban buena cuenta del botín de los cadáveres, los necrófagos se daban el gran festín y las órdenes de no dejar un solo rastro de la batalla se repartían por doquier para que el paraje quedara impoluto cuando a ella se le antojara dar un paseo.


Y la recompensa a todo eso fue su mirada. Mas que justa y necesaria. 



lunes, 13 de febrero de 2012

San Valentín alado



En una noche de una estación indeterminada que bañaba todo el mundo creado para una dama, un alma errante estaba caminando apresuradamente por un reguero de luces que se posaban a sus pies. Las estrellas fabricaban para él, sumisas a sus mandatos, un puente sostenido por las constelaciones de luz que iluminaba el trayecto mas corto y cómodo hacia aquel castillo en el que habitaban todas sus inspiradoras ideas. Secretos y aspectos resultantes en un enigma para el mundo exterior. Con paso ligero aderezado por dos alas de color negri-azul a la vista de la escasa luz que daba en ellas y era absorbida por sus espesas plumas, fue caminando rápidamente hasta llegar a las puertas del castillo. Los nervios se hacían presentes, como cuando un niño esperaba ansioso el día de la sagrada Navidad y a través de las ventanas en medio de esa subida veía a la luna apremiarlo par que ascendiera mas rápido. El corazón latía en su interior como un tambor que sonara antes de un gran espectáculo en aquel sempiterno redoble que mantenía a lo largo de una vida cuando se trataba de ella. La distancia en ese gran castillo se le hizo eterna, al igual que el tiempo que no se contrajo sino que se expandió, ralentizando el momento de una forma tortuosa. Las brisas rozaban sus alas mientras las piernas empezaban a cansarse y la mente a perturbar con pensamientos de lo mas oscuros de derrota y cansancio, rendición e incluso muerte. Pero no. Esta vez no.

A su lado surgió la figura de una dama de gran belleza que le sonrió de la forma mas tranquilizadora del mundo. En esa carrera mantenía su ritmo y no había arrogancia ni burla por sus infaustos intentos que acelerar la carrera en su gesto teñido de digna, regia pero cálida bondad. Sencillamente dijo ´´te queda poco noble caballero de ardiente corazón´´. Con el corazón en un puño aquel caballero despidió a la Hija de la Luna, la pariente y sierva mas bella de todas no sin antes pedirle un regalo que pudiera impresionarla, pues ello buscaba. Causar una buena impresión y hacer que se acordara de ese día por mucho tiempo. El rayo de luna, con sus blancos ropajes, toda su elegancia y rectitud le dijo que mandaría a peinar con peine de plata pura su cabello cada noche a partir de ahora cuando ella durmiera. Con esa promesa y una sonrisa se marchó en la siguiente ventana regresando con su madre La luna. Pensó en su cabello, aquel tejido de los sueños que se enhebraba de la forma mas grácil cuando era ligeramente colocado por sus finas manos de hada, de ninfa, náyade, dríade. Cuanto gustaría de peinar él mismo su cabello con delicadeza mientras duerme entorpeciendo el trabajo de los peines de plata mas fina que la luna empleara en dar mas brillo del que ya tenía a su sedoso cabello. Contuvo un suspiro ante la escena que se recreaba en su mente. Su plácido rostro durmiente y ella entre sus brazos con una sonrisa, siendo protegida por dos mortales alas que podían pasar de la mas delicada pluma al mas fiero metal si algo la perturbaba para mal. Aprovechando la altura del techo de aquel lóbrego pasillo por el que se colaba otras hijas de la luna, extendió las alas y se puso a volar pero su vuelo no duró demasiado tiempo pues una figura se abalanzó sobre él, una entidad que resultaba seductora como el aroma de las flores mas aromáticas que siempre arrastraba. La Brisa, desnuda a sus ojos susurró con la mas aterciopelada voz acusaciones de infidelidad, de que siempre sería ella la que alzara sus alas, que nadie mas lo haría. Con su desnudez acarició el cuerpo cubierto de negros ropajes del caballero alado que se vio tentado, mas esta vez no sucumbió. Con sencillez le dijo a la Brisa ´´Lo siento pero brisas como tu hay muchas en verano y primavera. Musas como ella solo una en la vida´´. La brisa a pesar de la ofensa dejó una última caricia en su rostro antes de desaprecer y susurró a su oído ´´Cuando abras las alas se escuchará mi canción bajo la forma de su canción. Ese es mi regalo para ella de parte de esa rival derrotada que acepta perder´´. La curiosidad lo embargó. 

Y pensó en su voz. La primera vez que había escuchado su voz había sido un momento inolvidable. Tenía la cadencia y armonía de las campanas que suenan cuando los ángeles recuperan sus alas. Como él las recuperó cuando ella le ayudó, aquella dama que había estado a su lado en lo bueno y lo malo para todo aquellos momentos en los que no se veía con fuerzas. Aquella voz le gustaba hechizaba, era tan dulce y a la vez firme y clara. Llenaba sus sentidos y los relajaba al igual que aquella cercanía que a pocas personas le permitía. No cercanía física sino cercanía espiritual. Era el oasis en el desierto, el silencio de la tregua en medio de esa guerra que es la vida, el ojo en medio del huracán. Y su risa. Oh deliciosa risa, que viajaba a través del tiempo y el espacio a sus oídos llenando su mente de luminosas escenas de esa dentadura blanca que era capaz de reflejar la luz en todos los colores del arco iris antes sus ojos de adorador de cada rasgo de ella. Podría decir mil cosas de su sonrisa. La escandalosa cadencia de esa risa era la primera en el mundo que no le molestaba, al contrario, la estaría escuchando por toda la eternidad. Ella era motivo de sus gracias y bromas solo por escuchar aquella risa deliciosa, señal de que algo en el mundo iba como debía de ir. Con una sonrisa en los labios el caballero esta vez sí tomó impulso y echó a volar. Fue mas rápido que nunca en su carrera aérea a través de aquel largo pasillo que de pronto se oscureció. La Noche había llenado el pasillo. Pero no cesó de volar a través de la oscuridad. Ciego y todo, nadie le haría retroceder con miedos y pesadillas. 

Pero estas atacaron sin contemplaciones. por todos lados. Los miedos que estaban mas adentró de aquel ser abyecto desgarraron sus entrañas. Empezaron a susurrar sus desesperantes tonadillas y diatribas con el objetivo de desesperar su mente y desquiciar hasta los límites mas insospechados. Atacaron sus puntos mas débiles sistemáticamente. Con ira y rugidos de lobo, los ojos inyectados en la mas fiera rabia, se deshizo de unos cuantos atacantes pero fueron la Tristeza y la Melancolía mas fuertes y le arrancaron con extrema y lenta crueldad esas alas que le pertenecían. Un ser humano cualquiera se habría tirado desde la torre mas alta. Él hizo algo mas aguerrido. Miró a sus miedos a la cara con los ojos de ella en la mente y les hizo ver todo aquel que bien que día a día aquella mujer depositaba en su alma. Sin mas, conteniendo rabia y todo lo necesario se dio media vuelta no sin antes dedicarles una sonrisa y la visión completa de su espalda sangrante. Sin embargo, mientras recorría el pasillo dos figuras, la de un caballero de rubios cabellos y la de un hombre proveniente de las mas oscuras tinieblas lo interceptaron pero no interactuáron con él, le pasaron de largo mientras se desenfundaba una espada y se extendían dos alas negras como la misma noche. La batalla en el pasillo fue terrible pero esa es otra historia. Entonces apareció Gaia. 

Vio a su mas fiel siervo y acogió su cuerpo con la espalda sangrante y desgarrada entre sus brazos. Cantó una canción de cuna en su oído. Una canción dulce como la miel y de extrema fluidez como los manantiales mas cristalinos y con la petición a todas las criaturas vivas curó sus heridas. Entonces, recuperando las fuerzas por la pérdida de sangre le habló de ella. De como ella era el movimiento de las mareas y los vientos, como era el latir de su corazón con cada día que pasaba. Le habló de sentimientos diversos sin tocar en ningún momento el del amor, el cual era un sentimiento y emoción demasiado pequeño. Se permitió el narcisismo de decir que con ella él iba mas allá del bien y del mal pero mantenía la humildad, que ella era el ente superior de sus pensamientos, de sus planes, de todo. La madre Gaia pensó y le preguntó una cosa. Su vástago le contesto con simpleza. Le dio unas nuevas alas y fortalecido momentos después echó a volar con la rapidez del rayo, luciendo dos bonitas alas. Totalmente diferentes a las anteriores con las que pidió encarecidamente a su mas fiel siervo que abrigara pues se merecía el abrigo de esas alas procedentes del seno de la misma tierra. No era la lava de los volcanes ni el marrón terroso de los suelos mas fértiles, sino algo mas bello. Mucho mas bello. Una esencia que se desprendía de la luz reflejada en uno de los materiales mas bello jamás vistos por el hombre y los ojos del propio universo se posaron en esas alas, regalo para una dama... 

Los últimos metros fueron recorridos mientras la Noche, herida y rendida cubrió con el mas excelente traje negro a su ofendido, ganador de aquella batalla contra sus miedos como premio por tan ardua resistencia. La tela, de excelente factura, podría superar a cualquiera jamás habida y por haber en aquel mundo. Se acercó a la puerta de oro y apoyó las manos en ella. Recitó su nombre, el de la veleidosa mujer que había inspirado cada rosa azul en los últimos tiempos, que le había hecho fortalecerse mas que cualquier bastión inexpugnable. Esas puertas se abrieron suavemente, dejando salir el aroma de las rosas y el brillo de las cristaleras en el techo.Por el rabillo del ojo vio a una elegante figura de pálido rostro así como a su lado una bella mujer que portaba una bolsa llena de dulces. Temió por su vida solo un instante cuando se cruzó con la mirada de la pálida dama pero aquel día sería perfecto. Tomando una rosa azul entre sus manos formada a través de los pétalos que caían desde aquel techo bellamente acristalado la contempló dormir durante un buen rato. Miró su cabello que la luna peinaba con peine de plata. Vio aquel rostro en forma de corazón que le encantaba con esa frente tan besable como sus mejillas o su nariz y ya no se hable de su inalcanzable alma. Ella se merecía mas esas alas que él, humilde siervo pobre de bolsillo y proletario de corazón. Él solo había luchado. Ella había sobrevivido a cosas terribles. La admiración que sentía por ella y mil cosas mas bombeaban en forma de cálida sangre por su corazón, que ardía y se enfriaba por momentos cuando ella estaba cerca. Rememoró mil momentos, mil frases, pensó mil ideas mas para hacer perfecto ese momento. Sin que se le ocurriera nada sencillamente abrió las alas y aquella canción sonó. Mientras susurraba en su oído a la par que los pétalos de la rosa rozaban su mejilla:



Ambas imágenes (Creadas por la bella Trisha) me parecieron esplendidas y no me pude decidir... así que aquí ambas. 




domingo, 12 de febrero de 2012

La danza de la alegría

Era de fuego su cuerpo y de agua sus movimientos. Cálidas y sensuales caricias se extendían por su piel, que era abrazada por los mas livianos ropajes en medio de aquella luminosidad mágica que siempre había sido un fuego encendido en una buena chimenea. Sus formas se revelaban pero nunca se mostraban de forma sutil, sutilmente insinuadas en cada paso, algo que sin duda hacía de aquella escena un verdadero regalo de los dioses. Con cadenciosa y virtuosa sensualidad iba siguiendo aquel camino que las notas marcaban a un ritmo capaz de embotar sin reversión alguna los sentidos y la guardia del mas aguerrido guerrero. Con delicadeza se movía pero a la vez con decisión y rapidez, como movida por los constantes cambios de las corrientes de aire que se provocaban al batir de unas poderosas alas extendidas a los costados de su único espectador. Unos ojos hambrientos la miraban  y a la vez no podían evitar contemplarla con la adoración del mas humilde siervo que recibía ese obsequio de las deidades mas generosas. Aquella seductora bailarina regalaba sus mas fieros y a la vez sutiles movimientos a los ojos de ese afortunado que cambiaría los restos de sus días por ver esa danza mucho mas de cerca de lo que ya la estaba viendo. Su cuerpo se mantenía relajado ahí donde otros muchos habrían perdido el concepto de moral o ética por no decir de respeto al sexo femenino e intimidad. Sus ojos a veces se encontraban cuando pasaba muy cerca y la participación de su cuerpo cerca del suyo era algo que con seguridad ponía a prueba la templanza de ese gratificado caballero que miraba con engañosa pasividad a ese deleite personificado de la diosa de la danza, no importaba nombre ni cultura asociada, ella era la diosa y lo sería ante los ojos de cualquiera que tuviera el sentido de la vista en buen estado. 

Se movía de un lado para otro con su cuerpo, pieza maestra de la arquitectura genética humana, o al menos eso parecía a simple vista, humana. Pero no era tal como se la podría representar en fríos papeles que constataran su nacimiento y logros, pues en ella estaba el poder que fluir como la música, como una gota de agua lo hace en un río a través de su curso mas rápido. Su cuerpo era en ese momento la música misma que bailaba, la interpretación de cada idea de las lejanas tierras de Arabia que ella glosaba para él, la ayuda a comprender mediante golpes rápidos de cadera, lentos movimientos de unos brazos que acariciaban el aire y a veces su propio cuerpo en la búsqueda de la mas ansiosa provocación a ese improvisado espectador toda la fuerza y magia de los dominios orientales de los que procedía cada nota. E incluso en los preliminares de la primera pieza nunca dejaba de moverse, sus caderas y su cintura se cimbreaban de una manera que no era normal, de ese mundo lleno de seres inferiores a la condición humana pero que compartían las mismas características físicas que estos. Ella era superior a la condición humana y divina de cualquier dios que quisiera retarla a un concurso de baile. Su figura estaba siendo visto bajo una luz totalmente distinta por esos ojos comunes y tristes que a ella tanto parecían gustarle. Detrás de esa máscara de piedra asomó una sonrisa tímida y a la vez que unas mejillas se sonrojaban los pensamientos de deseo empezaron a fluir de una forma rápida pero no descontrolada. Podría estar mirándola bailar toda una vida sin cansarse. Incluso quizás participar en algún baile de esos tan lentos que las parejas en ciertos eventos sociales llevaban a cabo. Aquellos ojos le miraban y a veces eran observados por la bailarina que desde luego lograba captar toda la atención con su cuerpo y en cada movimiento. 

Una nueva pieza musical sonaba, esta mas lenta incluso que la anterior, sin tanto cambio de ritmo. Era envolvente, como una serpiente que apresa a su víctima para lentamente dejarla a su merced. Los ojos del caballero no daban crédito y sabía que cualquier hombre ya estaría ardiendo por hacerla suya pero él iba mas allá de eso y no caería en los viejos,miserables, perdedores, bajos instintos. Una serpiente no se movería con mas sensualidad que ella, no atraparía la mirada con sus ojos como ella lo hacía con los de ese ser alado que miraba aquel cuerpo fluir como unas llamas que devoran el control sobre si mismo pero a la vez lo mantienen pegado a su asiento por no interrumpir esa demostración de divinidad danzante que se ejecutaba ante sus ojos. Lentamente se movía. muy lentamente, como si el propio tiempo dejara de transcurrir a ratos para centrarse en poner sus ojos de inamovible cristal en aquellas curvas peligrosas para cualquiera que la observara. Era extraño que el suelo que pisaba no se derritiera totalmente enamorado de sostener sus pies ligeros como las alas de una mariposa en un mundo creado para que ella fuera la estrella central del espectáculo. En su rostro se dibujaba una sonrisa y en ese juego de locura y placer en forma de movimientos de danza se tornaba su mirada salvaje, depredadora de almas, como si quisiera quemar hasta el último nervio con sus ojos, ahí a donde no pudieran llegar las caricias que daba al espacio y al tiempo con su cuerpo. En ese lugar secreto, compartiendo aquello tan bello y a la vez intenso se encontraban esas dos almas. Aquella aportación por parte de la bailarina de exóticos rasgos había borrado todos los lamentos y la tristeza o rabia de un plumazo mas salvaje que el viento mas huracanado. 

El fuego del infierno mismo vino en forma de mujeres, compañeras que se unieron a la danza, o quizás eran alucinaciones provocadas por la sensualidad y la cadencia de esas caderas que hipnotizaban, que moldeaban su voluntad a la voluntad de ella, provocando los mas impuros pensamientos. Con deleite de sus deseos ella se acercó mas y mas mirándole en todo momento como una pantera que se va a lanzar sobre su presa, paseando sus manos por el cuerpo, incitando a su débil determinación de quedarse quieto. Como gustaría de explorar aquella figura con sus manos y disfrutar con la suavidad de su piel, de no perder en medio de la pasión los papeles, de hacerlo todo lentamente, con esa sempiterna ternura que, sea la situación que sea, ella siempre despierta en él. Una bocanada de aire mas. Llevaba un buen rato sin respirar y hasta el corazón agradeció un poco de oxígeno en la sangre a la que hacer circular para que al consciencia no se perdiera. Ya con la mente mas despejada vio el fuego bailar alrededor de ese cuerpo prohibido para muchos hombres. La gracia con la que se movía podía acelerar y frenar el ritmo de la vida a su gusto ya que todas las estrellas tenían sus lascivos ojos puestos en ella. Se había roto en el interior de su luminoso ego la idea de que ya lo habían visto todo hasta que ella apareció. Y a medida que se iba acercando al objetivo de sus movimientos la luna se ponía verde de envidia y miles de gritos de rabia se extendían por los hogares de amantes propios y ajenos. 

Con sutileza y en un medio giro de cadera ella se cernió de espaldas sobre él de una forma lenta y suave como si unos brazos la fueran depositando sobre el cuerpo de su invitado a esa noche fría que se había tornado cálida, alegre, sensual. El cuerpo del caballero por fin reaccionó justo en el último compás de esa última pieza de música y rodearon esa cintura y acariciaron esas cadera que ahora iban a ser objeto de muchas mas ideas cuando al idea de escribir se le viniera a la mente. Su nariz se posó en el cuello mientras el cabello negro como el manto de la noche se desparramaba por encima de sus senos convenientemente cubiertos por esas prendas de seductor tejido. Sin soltarla dejó un suave beso en ese fino y delicado cuello de cisne, sintiendo el reposo de esa bella criatura sobre su cuerpo, en absoluto molesto por ser su lecho de descanso ante tanto baile por esa noche. 


viernes, 10 de febrero de 2012

Terciopelo azul

Por las medianías de un monte falto de toda alma humana, circunvalado por un camino que pocos se atrevían a recorrer, estaba, en la cima de una montaña, una gran y acogedora construcción en la que todo era resplandeciente. Algo sin duda increíble para quien en la distancia mirara aquellas paredes y piedras ennegrecidas y llenas de ceniza y escarcha por doquier. Pero por milagros de la vida aquel lugar tan lleno de esa sensación de miedo y angustia existencial, una claustrofóbica trampa para todo aquel que buscara emociones fuertes, el cual terminaría enloqueciendo en la mas profunda de las depresiones. Sin embargo, los milagros sucedían y ahora brisas de aire fresco recorrían cada pequeño rincón de ese basto lugar, ampliado recientemente por arquitectos de renombre, ingenieros, filósofos, poetas y escritores. Aquel lugar había estado bullendo en vida desde que todos los detalles habían terminado y ese había concluido la construcción del lugar mas bello en el que pudiera habitar un alma humana que no fuera el cielo ni el infierno. Con la mas profunda tranquilidad uno pecho forme y redondeado subía y bajaba en medio del apacible sueño que su dueña experimentaba. El trémolo ululato de un búho no fue capaz de despertarla, ni siquiera la salvaje criatura que había entrado por un rincón en sombras, al que no alcanzaba la reina luna, decidida a aportar luz a todo lo que rodeara ese rostro en forma de corazón, aportando a su faz un aura casi divina, poderosa y fascinante, atrayente incluso ante el mas frío de los corazones. 


Su cuerpo se encontraba cubierto por esa suave y delicada así como valiosa sábana de terciopelo azul que daba lugar al perfilado mas delicioso que se pueda llevar a cabo por parte de un elemento de abrigo. Un suave movimiento de giro reveló sus caderas y sus hombros, perfilados a la perfección por el suave y amoldado abrazo de ese tejido confeccionado para únicamente tener contacto con su cuerpo. Aquel cuerpo y aquella alma que era motivo central de esa construcción ahora tan luminosa desde fuera pero mas desde dentro. Su cadente respiración estaba presente en todo momento, afirmando que la tranquilidad llenaba su mente por influencia de aquella atmósfera expresamente creada para ella. Mientras tanto las caricias del viento entre los árboles y las mas perfumadas flores cernían sobre aquel abarrotado pero a la vez amplio y humilde lugar las mas delicadas notas del salvaje viento y el dulce aroma de la naturaleza, dedicado en este momento a relajar todos sus sentidos. Con secreto deleite ese allanador de la intimidad se acercó al cuerpo vulnerable de la dama y lo contemplo, perfectamente moldeado por el tejido de terciopelo de cara factura. Con disimulo una pequeña sonrisa se formó en su rostro y los vientos que se colaron por la ventana desplegaron sus alas y le llevaron volando hasta donde esa Musa se encontraba. En cuanto el aire se deslizó entre las plumas, armoniosos silbidos salían en procesión de entre sus alas creado una melodía que acompañara a su adorada brisa entre los árboles para acentuar la atmósfera de relajación. 


Vista desde arriba, ella se veía como una criatura a la que había que proteger, aportando por una vez un cambio de roles en esa bella relación. Mientras la contemplaba dormir amparada por ese manto del color de la noche que empieza a ser día, una sonrisa bobalicona se extendió por el rostro de aquel que decían era un adicto al dolor la sangre y la tristeza. En ese momento no era adicto mas que a esa criatura que tanto apoyo y buenos aportes había puesto. Ella era el motivo por el que aquel castillo arruinado volvía a mostrar toda esa gloria, aquella luz sobrenatural que no era ni por asomo tan bonita como la de su rostro cuando sonreía. Sin fijarse y cuando menos cuenta se daba él se había posado a su lado y na mano se posó con delicadeza en su cintura abrazando ese cuerpo por detrás, con delicadeza, como si mas que un brazo fuera una pequeña porción de brisa la que rodeara su liviana y a la vez equilibrada anatomía. La salvaje y magna criatura, temida incluso por si misma contempló ese perfilado de su faz que parecía sumida en la mas profunda de las tranquilidades. En aquella cabeza llena de enmarañado cabello castaño se estaba librando una batalla terrible entre los fuerzas del bien y del mas. Un ansia lo devoraba por dentro, necesitaba ver mas de aquel cuerpo que castigaba su curiosidad con la insinuación de formas perfectas mas allá de cualquier pensamiento humano. Por otro lado se encontraba la mas infinita ternura jamás sentida por un corazón humano que brillaba y latía vivamente cuando ella se encontraba cerca o los pensamientos se centraban en aquellos ojos de Musa Inspiradora. El tercero en discordia era el amante apasionado que quería, mediante sutiles gestos, despertar las pasiones de aquella figura divina. La batalla fue encarnizada pero con lentitud los elementos comunes de esas tres postura se fueron uniendo. 


Con delicadeza un ala se posó sobre el cuerpo de esa insigne criatura dotada de todas aquellas virtudes nuevas y conocidas por los mortales. En su lenta caída un suave susurro se fue extendiendo por toda la habitación hasta que finalmente cubrió ese cuerpo tan perfecto ante sus ojos, al cual deseaba provocar mas de una llamarada de pasión entre las pieles que se rozan, las bocas que se recorren lentamente pero con voracidad animal, en la búsqueda de la salida, de quemar el incienso del frenesí entre una nada sutil danza de la naturaleza en la que los instintos son lo primero. Y así es que con pasión, cuando ese cuerpo estaba cubierto por el ala, fue arrancada de cuajo pero a la vez con suavidad la sábana de terciopelo azul quedando la nada mas absoluta entre unas plumas negri-azules y una piel suave, morena, que cubría sus divinas formas. sin duda el vestido mas bello del mundo era la piel de una mujer y si ese vestido tenía aquella coloración tan suave y pertenecía a aquel ente ultraterrenal, pues mas aun. Con la suavidad y la delicadeza de ese terciopelo ya desaparecido, los ojos viajaron a la piel de ese seductor hombro que clamaba ser atendido y con la mas infinita de las ternuras, sin mas intención que la de decirle ´´aquí estoy, te estoy protegiendo de todo mal´´ depositó un suave beso en este, con su mano rodeando su cintura y protegiendo a esa criatura en  esa noche templada. Sin embargo ese día los acontecimientos quisieron que inconscientemente, ese cuerpo se girara y aun en medio del mundo de los sueños y se pegara completamente al suyo, tocando cada centímetro de su piel de Rosa Morena contra su torso y el resto de su anatomía. 


Nunca dos mejillas se prendieron tanto sin fundirse en la cara, un corazón latió tan fuerte sin estallar con la consecuente muerte y un alma tan atormentada y sedienta de pasión sintió semejante sensación de paz absoluta. 


miércoles, 8 de febrero de 2012

Y llegó el día



Al amparo de un 7 de Febrero carente de novedades en guerras y milagros, unos suaves dedos paseaban inconscientemente por un torso pálido y esquelético, acompañados por la brisa fresca capaz de hacer las delicias de mas soñador poeta. La noche amparaba a esos dos seres incomprendidos en su secreto por no haber palabras que definieran esa bella relación que tenían. Los cubría con su delicado manto y suavemente sentían las pieles erizarse. aunque él estaba completamente despierto y la miraba con profundidad y ternura infinitas, temeroso de despertarla o causarle alguna evocación desestabilizadora a sus sueños, fueran los que fueran en los que se encontrara sumida. Las alas negri-azules con pequeños toques de púrpura estaban cubriendo ese cuerpo que llamaba a proteger cada centímetro de su piel morena, que muchos buenos y honrados caballeros así como malvados villanos deseaban tener en su poder. Mas no había otro siervo que no fuera él, su protector, su Lord alado que nada mas tenía en mente que cuidarla mas allá de lo razonable pero sin rayar en la obsesión y ser el que se adelantara a todos con precisión de experto tirador a decir esas palabras tan suavemente recitadas a su oído que tan solo despertara una sonrisa en ella. Pocos minutos faltaban y la tranquilidad en ese paraje era idílico, utópico pero en esa ocasión posible solo por ella.


Miró su rostro, apaciblemente dormido, con el cuerpo recostado contra el suyo. Era la primera vez en su vida que sentía una piel contra la suya y no deseaba mancillar con actos carnales de ningún tipo. Al menos no en ese momento en que la contemplación de su espejo del alma aportaba la misma paz que la contemplación del mismo Nirvana. No concebía en ese mundo creado para ella nada mas bello que la propia faz de la mujer que le había dado las fuerzas necesarias y sobrantes para vivir toda una vida con solo su recuerdo. Cuanto admiraba a esa criatura que ahora descansaba tranquilamente, apaciblemente entre sus brazos, respirando con una cadencia lenta y tranquila. No podía evitar sonreír y rendir su mas tierna mirada a la delicada piel de ella, que paseaba sus dedos por su torso. Un ligero estremecimiento le recorrió pero se contuvo de cualquier gesto que arruinara ese momento que no podría ser descrito en mil trienios. Ella ya sabía que podría confiar en él para guardar el descanso necesario con el que despertar y regalarle esa mirada de principio de día a su persona. Con sosiego la brisa y la luna peinaban su cabello, lo único que junto a su rostro sobresalía por encima del emplumado manto que aseguraba su descanso con calor, aportando mas brillo a cada hebra de divinidad que se desparramaba por su espalda y pecho, casi extendiéndose por el delgado y pálido torso de ese guardián que miraba a todos lados vigilando que ese mundo permaneciera perfecto. El rey de los árboles mantenían sus lentas conversaciones sobre que regalarle a la dama de parte de toda la vegetación, la brisa recorría cada aroma de cada flor buscando el mejor perfume, la luna estaba ajetreada mirando entre toda la plata del mundo tallada por humanos y no-humanos algo que se asemejara a sus brillantes y pálidos rayos sin dejar de peinar con sus plateados rayos el cabello de esa Musa.


Con una sonrisa plagada de la mas entregada y moderada alegría miraba su rostro, contento de haberla conocido, de conocerla, de sentirla tan cerca, piel contra piel, sencillamente acompañándose en esa noche especial en la que se celebraba algo muy especial para el mundo entero. Hasta ese punto la respetaba, la quería, no necesitaba mas que su compañía y nada mas. Esa era la verdadera amistad y aquel secreto escondido y a la vez mostrado al mundo era lo mas bello que podría tener él de su parte para seguir adelante en la vida. Un pequeño movimiento y ella se acercó mas haciendo notar esa anatomía que podría atrapar mas de una mirada, logrando una sonrisa de niño que descubre cuan cálido puede ser el cuerpo de una linda damita en el rostro de ese pétreo y serio caballero. Por unos momentos contuvo las ansias, ansias que no estaban realmente presentes, pues ella era todo un mundo, la inspiración para que cada brizna de hierba se moviera y creciera como se mueve y crece en ese momento, de que cada aullido de cada lobo tuviera una historia que contar, de que cada rayo de luna tuviera ese brillo intenso que hacía que el rostro de esa Rosa Morena cobrara una belleza mística, mágica, pura, argéntea, sin perder esa calidez que la caracterizaba. Con discreción dejó salir un suspiro cerca de su cabello cuando un suave beso se posó en este, apenas un roce con el que quería hacerle saber que estaba ahí aun sin estar en sus sueños. Y con ternura apartó un par de cabellos que tapaban toda la belleza de su rostro, encargándose la luna de peinarlos con un peine de plata pura.


Ella lo era todo en ese momento, una luz brillante en medio de todo un universo de oscuridad capaz de iluminar ese mismo universo e incluso los universos adyacentes. Había tenido el detalle de conocerle en lo mas profundo de su mente y aún quedaba mucho por conocer, cierto, pero a ella le confiaba muchos secretos, conocimientos y confesiones. Era un remanso de paz para sus tormentos y no había despecho alguno en la posterioridad, no había situaciones incómodas en las que tenía que decir cosas muy sinceras que daban lugar a mucho dolor. Con ella podía ser él mismo, un alma atormentada a la que le ofrecían la posibilidad de sonreír, posibilidad que aceptó hace mucho tiempo pero solo si ella se lo pedía. Con su paciencia y calidez había demostrado una bondad mas allá de los imaginable y la madurez estaba de su lado en todos los aspectos. Mas a pesar de toda esa madurez podría ser capaz de ser tan adorable como la mas joven infante, extrovertida, sincera y sin embargo no hiriente. Delicada y muy dulce, culta y sensible a los cambios y situaciones empero sin llegar a derrumbarse, ella siempre le había dicho cosas que muchas personas ni en un millón de años podrían enunciar con tal maestría y recta definición de cada palabra. Le gustaba todo de ella, desde su cuerpo has el mas mínimo de sus gestos o la forma que tenía de ser ella misma, esa forma de ser que había atraído a los mas indeseables y a los mas admirados tiranos y caballeros respectivamente de cortes enteras para demostrar su valía frente a ella y ganarse su corazón. Y él se sentía ganador por una noche, nada mas que por una noche, dedicar ese tiempo a contemplarla, adorarla con los ojos, quieto como una estatua, sosteniendo el liviano peso de su cuerpo y la importante carga de su alma, de su sueño, de su vida. Mil gestos de ella habían sido mil regalos a su memoria, a su vista, que cuando miraba sus ojos ya nada importaba en la vida. Carente de maldad salvo que se le provocara siempre había dado sus mejores consejos para guiar los infortunios de ese oscurecido ente en la existencia de ese mundo que no era ni por asomo la mitad de bello de lo que lo era ella. La ternura de sus acciones, la dedicación de sus sonrisa le habían labrado esa armadura que lejos de parecer de piedra era del diamante y la luz de ese estandarte que era su mirada. A nadie mas había mirado así, con la devoción de un fiel a la estatua de la diosa. Y así mil aspectos mas hasta que el 8 de Febrero llegó.


Con la mas delicada y suave voz que le fue posible, conteniendo la emoción, la luna soltó doce rayos sobre su rostro que iluminaron su piel, embelleciendo la escena hasta límites insospechados. A la par que eso sucedía  los labios de él se acercaron a su oído y susurraron con la mas contenida emoción, piel contra piel, alma con alma, pétalo azul a pétalo azul que caía del cielo como señal de celebración:


-Feliz cumpleaños Bella Valyawen, Amada por Todos.


Lejos de ahí los lobos aullaban su tributo, las iglesias tañían sus campanas, los condenados por delitos que no fueran de sangre eran perdonados, los suicidas decidían vivir, los malvados se redimían, los ignorantes aprendían, cada músico del mundo dedicaba sus mas entregadas notas a algún aspecto de ella, su mirada, su sonrisa, sus manos, sus caricias, sus cejas cuando se alzaban coros y coros de ángeles elevaban sus cantos, los diablos suspiraban de frustración, en especial aquellas diablesas tentadoras que ni una mirada robaron a ese caballero entregado a la protección de la dama mas hermosa de su mundo.


Y mil acciones y mil tributos a esa sonrisa, esa mirada y esa dama, persona, amiga, secreta confesora y fidedigna mujer, una verdadera mujer llena de buenas y malas experiencias que la hacían un ser único ante los ojos de ese ser abyecto que guardaba una caricia, un beso un abrazo exclusivamente pensados para ella. Un par de pétalos se enredaron con maestría en el cabello de ella dándole una apariencia natural ,como si su progenitora fuera la madre naturaleza. Y arrastrado por el viento llegó un bello vestido liviano pero que cubría y daba calor, hecho con el fuego de los volcanes, la ligereza del viento, la resistencia de la tela de araña, la suavidad de la seda y la alta calidad de las prendas mas bellas tejidas por los elfos. Ella merecía eso y mas, desde humildes felicitaciones hasta los mas suntuosos regalos de reyes y emperadores. Y ese ser pobre de dinero pero muchos decían que rico de corazón deseo con creces que ella despertara para mostrarle todos aquellos regalos. 


El rocío se empezaba a acumular en las ramas de ese gran árbol que era rey de todos y había resultado de apoyo al cuerpo de esa dama criada en la cultura y las buenas artes. Las pequeñas gotas, recogiendo toda la esencia de esas hojas llenas de verdor por la presencia de tan magnífica criatura cayeron sobre las alas, sobre las plumas. A cada impacto una cristalina nota se hacía escuchar, era de una suave cadencia y tono que no se podría igualar a nada salvo al sondo de su voz y su risa cuando esta asomaba entre sus divinos y carnosos labios. La melodía poco a poco fue tomando complejidad cuando los primeros rayos de sol asomaban dando los buenos días a esa criatura divina que tenía su cuerpo carente de entumecimiento por el calor de su protector, muerto de ansias por decirle tantas cosas pero no encontraría nunca las palabras. Poco a poco ella fue abriendo los ojos, despertada y avisada por la armoniosa melodía de que comenzaba el gran día de celebración y aquel segundo amanecer, que era su mirada, iluminó el alma y el corazón de su protector.




A la bella Valyawen, Bella Doncella Divina Amada por Todos, que las alas de la felicidad te lleven alto y lejos en cada empresa que te propongas y la celebración de este día preceda a mil celebraciones mas con cada gesto que aportes al mundo. 

sábado, 4 de febrero de 2012

Alianza

En aquella magnífica ciudad era constante el revelo de gente que iba y venía de sus casas a los respectivos puestos de trabajo. Al amparo de un sol ausente en calor y mucho frío presente los ciudadanos cometían todo tipo de actos por el bien de su familia, empresa o bienestar propio. Las altas edificaciones grises eran gigantes que se alzaban mas allá de cualquier tipo de imaginación posible salvo para los afamados arquitectos que se encargaron de tan magno proyecto de superación en altura. Cuan diferente era todo aquello de los bosques verdes, al igual que su hierba, los verdes pastos de las praderas que alimentaban a toda suerte de pequeños y grandes animales de abultados estómagos, ya fueren comandados por pastores o bien independientes grupos de ciervos, alces y venados. Las gentiles mañanas del campo eran el sueño de muchos que en esa ciudad estaban mas que hatos de siempre la misma rutina. Quien sabe si algún explorador frustrado no disfrutaría de al menos una mañana solariega y cálida por entre los altos árboles, homónimos vegetales de esos fríos vientres de cemento que en las alturas se elevan para albergar a cientos o miles de pobres trabajadores que ya tienen problemas suficientes como estar atentos a la pobre flor que en medio de esa ciudad crecía. Esa flor solitaria que había decidido probar la experiencia de la supervivencia mas dura. 


Sus pétalos eran de un bello azul intenso en el que se podía ver incluso algún reflejo de la noche que pasaba a veces despierta en medio de miles de compañeras como ella, casi tan bellas como ella pero incapaces de superar a esa criatura viva que resplandecía con luz propia. El sol la miraba aun lejano y el frío se presentaba como importante enemigo para que esa aventura terminara con final feliz. Las costas mas lejanas estaban imposibilitadas por la distancia para alimentar con su sal esos pétalos tan bello que podrían ser solamente mas inspiradores si se les inscribiera alguna poesía en cada uno de ellos donde los aspectos mas bellos de la propia flor resaltaran. Ante la rapidez y el ajetreo de esa imponente ciudad en un continente rodeado por dos bellos océanos, nadie prestaba atención a esa flor que parecía languidecer por momentos pero se mantenía fuerte. Los recuerdos venían a la memoria de esa flor y lo cierto era qe la vida forestal parecía mucho mas calmada y peligrosa pero a la vez mas bella y fascinante. Echaba de menos a todas sus hermanas de color y de especie. Y no había mas esencia que captar que la del dióxido de carbono y otros gases mas pestilentes y nocivos producto de las expulsiones fabriles.


Algunos pájaros traían mensajes desde los mas lejanos roncones para que los ánimos de a madre naturaleza fueran mas que recibidor. Alguna palabra de aliento en ese avance y resistencia contra la fría ciudad que se expandía por todos lados. Al norte, sur, este y oeste los trabajadores, exclusivamente dedicados al arte de la construcción de edificios ponían manos a la obra para masacrar algún terreno que estorbara a todos los esfuerzos del progreso del hombre por lograr sus objetivos de conquista. Eso la flor lo sentía en lo mas profundo de sus raíces a a través de las cuales llegaban los gritos desesperados de todas sus hermanas cayendo en el intento por sobrevivir y ella que estaba en el núcleo mismo de la destrucción natural estaba viva. Pero nada era mas sorprendente en todo aquel suceder de acontecimientos que la aparición de entre las grises y anónimas multitudes a otro ser anónimo que no era como los demás pues en su forma de ser no estaban los convencionalismos propios de una sociedad descerebrada que e deja guiar por marcas y estereotipos. Sin mas que el caminar de sus pasos se acercó ese desdichado atosigado por mil pensamientos a la flor y le dirigió una sonrisa y unas pocas palabras. 


-Que bonita eres, la flor mas bella de toda esta desgraciada e ignorante ciudad que no saben lo que pierden por no pararse un instante a conocerte. Desconocen tu presencia y tu aroma pero yo te veo aquí y ahora, fuerte y diferente en medio de la soledad y se que te esperan en mil roncones del mundo, desde poetas hasta escritores afamados y anónimos, desconocidos por siempre o quizás por un periodo. Y cantos querrían regalarte por la sonrisa de una dama. Y lo cierto es que no quiero arrancar tu belleza de golpe pero debo pedirte un favor... 


Y le habló de ella, de cada aspecto que la hacía un ser casi perfecto a sus ojos. De como había entrado en su vida y de como ella se había acercado sin el mas mínimo temor a él y sus locuras en forma de alas negras como la noche que amparaba los sueños que tenía sobre ella. Le habló de sus sonrisa brillante, de cada pequeños gesto que era como los pétalos de esa flor con la que conversaba: únicos. Le estuvo hablando horas de todo lo que sabía de ella desahogando cada palabra con una sonrisa en los ojos y la boca cuando surgía el nombre de ella, quizás la descripción de sus cabello o la forma de moverse, de hablar, algo que tenía grabado con el fuego de las forjas de los dioses en el lo mas hondo de su ser. Habló de sus sentimientos por ella, que los ignorantes llamaban amor y él ni siquiera sabedor de todas las palabras que conocía no podía definir con mas precisión tales sensaciones que despertaba cuando miraba sus ojos. Y aquellos poderosos ojos, esos ojos mil veces mas bonitos que todos los cielos, praderas, piedras, árboles y montañas o mares juntos. Capaz de llegar a lo mas efímero y eterno del ser humano: su alma. Tanto habló de ella que los músculos se le agarrotados por lo que pasó al tema importante y le dijo a la flor: 


-Te suplico por favor, en aras de sentimientos mas allá de todo lo descrito en poemas y lineas locas y diabólicas así como benditas e ignoradas por la historia que me dejes llevarte conmigo por siempre en mis alas, tiñendo el negro de estas con ese bello azul de una rosa que ha sobrevivido a mil aventuras mas allá de cualquier imaginación humana. Déjame llevarte en mil vuelos bella rosa de mil pétalos por un mundo en el que la conocerás, pues a ella te quiero mostrar, tu bello azul mas que a nada y aquí podremos ambos sacar provecho de esto. Sería el mayor detalle jamás aportado a un humano por parte de la naturaleza misma. 


Y así, sabedor del gran favor que hacía la flor a ese delicado y sensible ser natural y anónimo, se abrazó al negro de sus alas para partir a la búsqueda de la dama a la que va dirigido este bello relato.

jueves, 2 de febrero de 2012

Amanecer de satén

La noche peinaba su cabellos con plata pura de la mas fina factura. Los delicados y suaves acordes de las brillantes estrellas dejaba una sinfonía de dulces notas en los sueños de ella. Con gentil revuelo, sin pretender molestar su sueño, deslizándose como una sombra negra por esas sábanas de satén azul, un ser miraba su rostro fijamente. Al amparo de esa noche, nada aciaga cuando la sonrisa de ella aparecía, se dedicaba a mirarla en silencio esperando el mas mínimo movimiento. Los olores se sucedían. Las brisas estaban penetrando en la habitación trayendo el fresco aroma de todo lo salvaje, ignorando el olfato de esa delicada mujer lo cruel de al vida en ese momento, sumida en un mundo de sueños, necesarios para limpiar esa mente brillante, llena de luminosas ideas en las que todo es posible y perfecto. De los pétalos de las mas fragantes flores llegaba el perfume de la naturaleza seductora de Gaia, que conquistaba a sus propios siervos los insectos para que polinizaran el mundo y lo llenaran. extasiados por el aroma de esas bellas flores. Los conquistaba como esa delicada flor de diamante había hechizado su mente por el mero encanto de su existencia. A lo lejos el mar enviaba la vivificante esencia de la sal y el poder de este. En ese mundo de sueños debía de estar forjándose la mas bella aventura en la que todo era emocionante en verdad, donde nada faltaba y asta nada sobraba. El arpa sonaba mágicamente por todos los rincones de la habitación relajando la atmósfera y los intemperados nervios de ese ser oscuro y triste que solo recobraba la alegría pocas veces pero siempre cuando ella estaba presente.


Una mano gélida se extendió como por impulso a su rostro y no lo tocó por unos pocos milímetros pero lo justo para que la sensación de frío erizara ligeramente su piel a lo que inmediatamente apartó la mano asustado por perturbar su sueño. Unos ojos anhelantes se posaban en su rostro en todo momento y un leve encogimiento de esos finos y delicados hombros le hizo ver que tenía frío. Con la súplica en los ojos miró a todos lados y al no encontrar nada útil entre esos objetos maravillosos extendió un ala para abrigar ligeramente su cuerpo. Dieron las casualidades que tuvo que tumbarse a su lado y tenerla realmente cerca, temiendo resultar una perturbación negativa para el desarrollo de su aventura onírica. Un mando negro que salía de la espalda de ese ser abyecto ese cernió con la mas suave delicadeza sobre el cuerpo torneado divinamente por los dioses mas diestros en el arte de la creación humana. Y todos decían que ella no era humana, y la criatura oscura lo confirmaba. No concebía nada mas bello en ese mundo y otros, tan llenos de miseria y culpables, mentirosos, ladrones, asesinos y dictadores. Ella era símbolo de una libertad que nadie mas querría una vez mirara sus ojos.  un cuervo se posó a los pies de la cama. un dios del norte estaba a la búsqueda de amantes y él no permitiría que ella cayera en las manos de alguien que no merecía ni la décima parte de su atención. Espantó al cuervo con un golpe de ala. Craso error pues ella de pronto despertó.


Lo primero fue quedarse paralizado ante tan magno pecado que había cometido al espantar a una funesta ave de carroña, que se fue aleteando con burla y airosas formas de desprecio a la persona alada que había en ese lugar protegiéndola. Ella no vio a aquella forma de vida despreciable desaparecer por la ventana. Pero ante el gesto él se quedó algo aletargado cuando miró esos ojos posteriormente. No dijo palabra durante un buen rato en lo que ella se despejaba. Alegremente todo comenzó a florecer en rosas azules a su alrededor, algo que solo sucedía cuando ella abría sus ojos.  las luces del alba no habían aparecido pero la verdad era que no eran necesarias. Su sonrisa, en medio de esa oscuridad, se hizo presente y entonces la luz lo inundó todo. Era una luz mas allá de todo lo que pudiera ser atrapado por la oscuridad, la cual era asesinada irremediablemente por ese torrente lumínico que salía de entre sus labios cuando parecían las palabras correctas en sus oídos. Miraba sus ojos y sonrisa por igual ese ser ta lleno de una tristeza que había marchado en cuanto amaneció para él y sus ideas de terminar con el mundo conocido, las masacres y todo lo demás. Nada mas existía ya en ese mundo que no fuera su calidez y su luz propia. Y las palabra faltaban para describirla en historia poema y cuento alguno. No había nada como ella. La luna seguía peinando su cabello negro que ella suavemente se apartó para dejar ver un fino cuello, por el afán de al comodidad y contemplar los ojos animales y hambrientos de él. Pero no... ella iba mas allá de un mero instinto, de una sencilla idea de actos carnales mas allá de la imaginación.


Con suavidad, delicadeza y el mayor mimos jamás mostrado por mano humana alguna, unos dedos gélidos y blancos como los de un cadáver, temerosos de mancillar la pulcra belleza de esa rosa misma con forma humana, rozaron suavemente su delicada mejilla mientras una suave brisa se unía a esos cariñosos gestos. Con suaves palabras expresó todo aquello que sentía por dentro. Saludó a su sonrisa con otra sonrisa en la que no se veía mas que la alegría de tenerla tan cerca. Unas suaves palabras se fueron diciendo y después otras y otras. Una pregunta de por que no seguía durmiendo y una negación con esa sonrisa que a él personalmente le enloquecía. Los pocos gestos de ella eran guardados en una memoria que delicada exclusivamente a ella, en el interior de su alma que renacía de forma mas que evidente a cualquiera que mirara sus ojos, tan transparentes a la hora de reflejar emociones y los mas bellos sentimientos. En ese momento ella reparó en sus alas, negras y azules, esas alas que eran de ella y solo para ella, que no envolverían ni serian rozadas por cuerpo y manos algunas que no fueran la de esa musa inspiradora de los mas delicados versos y las mas entregadas palabras que pudieran ser recitadas por cualquier otro mas habilidoso en el arte de la palabra. Las abrazó delicadamente y dos palabras, tan bien conocidas y a la vez inesperadas. Él dijo lo mismo que ella referido al sentimiento de sus alas por ella. Su sonrisa lo era todo...


Con ternura fueron acercándose los cuerpos y ella se refugió en un pecho lleno de huesos y desprovisto de esa musculatura de héroe o de dios. Con fuerza, o al menos eso intentaba, sus brazos la protegieron de los males mientras con suavidad y picardía, sensualidad y seducción una mano dejó ver un delicado hombro. Ese gesto nubló los sentidos de su protector pero ante todo no pudo por menos él que depositar un suave beso en su piel suave, besada por el fuego, que era cubierta por unas sábanas de satén azul. Una risotada había acompañado a ese momento lleno de una entrega discreta a los instintos mas básicos que poco a poco se calmaron cuando vio esos ojos,.Poderosa mirada de gacela, de musa inspiradora de palabras y mas sonetos. Nada servia para ella, nada servia para emplazarla en un mundo acorde a oda esa belleza, pues ella eclipsaría al mismo Sol. no podía concebir su mirada nada mas bello que ella, que sus sonrisa, sus palabras, sus gestos mas pequeños y las risas mas altas, las caricias y los delicados momentos en los que nada era peligroso y todo sencillamente fluía por su mente y corazón saliendo hasta lo mas básico de su boca, con palabras que regalaba a ella. No servían ya amantes ni nada de eso. Ella era especial y le daba cosas como tranquilidad, esperanza, sensaciones positivas sin recurrir a la crueldad, la extorsión ni el victimismo. Nada era igual cuando ella desaparecía de pronto.


Y con delicadeza, el cuerpo y la cabeza bien asentados cerca de ese guardián que no dormía nunca, sus ojos se cerraron y amaneció para el mundo pero no para él hasta que ella despertara. Entonces ese amanecer sería el de su mundo y no el de los demás.