viernes, 27 de julio de 2012

Mañana fantasiosa

Las suaves mejillas estaban distendidas en una gesto de tranquilidad que reflejaba aquel armonioso rostro. A los pequeños detalles se podía uno remitir para darse cuenta de que estaba dormida, aun en los brazos de ese dios afortunado que cuidaba su sueño, una tarea que solamente estaba reservada para unos pocos. La encomienda de aquel noble guardíán que trataba por todos los medios de protegerla del mal externo estaba llegando a su fin, cuando ella despertara y le deleitara a él y al mundo con una de esas sonrisas que dejaban entrever el bien en los corazones de incluso los mas fríos y malvados. Los primeros rayos acariciaban su rostro y sus párpados estaban comenzando a abrirse a la par que unos dedos acariciaban con la máxima delicadeza aquel rostro. No paraba de mirar aquellos rasgos tan suaves, tan bellamente delineados por algún experto cincel de dios escultor. Aquella pequeña semidiosa, diosa completa o ángel de Dios despertaba y con su despertar comenzaba realmente para él el auténtico día. Miró aquellos ojos abrirse y escuchó aquella bella voz soltar un adormilado ´´hola´´ con esa medio sonrisa que lo enloquecía muchas veces. 

Siguió unos cuantos minutos mas en lo que ella se volvía a dormir por un momento con aquellas lentas caricias, con paseos constantes en esos finos rasgos que estaban formando un terreno conocido pero siempre nuevo ya que nunca se cansaría de demostrar de esa y otras tantas formas toda aquella ternura que deseaba transmitir en actos y gestos. Cuando abrió de nuevo los ojos, le dedicó esa bella sonrisa que lentamente llenaba su voluntad con ansias por abrazarla y susurrarle tiernos versos al oído. Con ternura posó sus delicados y blancos dedos en aquellos suaves labios, dulces como la misma miel, dejando una lenta caricia en estos y descendiendo con sus dedos hasta ese fino cuello, desplegando todo un reino de cariño y sentimientos dentro de ese pequeño territorio que era el cuerpo de ella. su cabello estaba totalmente desplegado sobre la almohada que había sido a su vez reposo de esa mente inteligente y tan fascinante, digna de conocer hasta el último roncón de su cerebro. Cada palabra que infundía conocimiento sobre su persona era algo digno de recoger en la memoria y guardarlo como un gran tesoro. Y a esa colección de conocimientos se unían la experiencia de su risa, de sus bromas, chistes y muchas otras pequeñas cosas que la hacían un ser lleno de maravilla. Con una nerviosa lentitud se acercó y sin tratar de no dar mucho temblor a su voz por al moción susurró en su oído. 


Vuela la esencia de una noche pasada
que promete una nueva y bella batalla.
Las caricias del sol con todo su arte
reclaman esa sonrisa como estandarte. 

Tan sencillos versos fueron dichos con cada latido de un corazón que estaba deseoso de mucho mas y aquellos dedos que estaban en su cuello, subieron a su mejilla, guiando a aquel rostro en un suave giro y posando los labios en su frente sonrió para volver a admirar aquel bello rostro, esa faz perfecta que carecía de un solo defecto a sus ojos de poeta, que encontraban cada centímetro de su cuerpo tan agradable como tierno o placentero. Ella sonrió un poco mas. Con unas pocas palabras de esa exquisita dama no pudo por menos que sonreír con mas amplitud que antes. Adoraba aquellas palabras dichas con su voz cristalina y tan dulce que podía adquirir una infinidad de matices en sus imaginaciones mas secretas y ocultas al mundo. LA miró mientras se estiraba y sus manos suavemente se deslizaban por sus alas, acariciándolas con extrema delicadeza, como si se fueran a romper en cualquier momento. Se miraron un instante, estremeciéndose las pieles por la cercanía y una lenta y suave caricia que recorría todo el pecho y el vientre de ella. Aquella suave piel era deleite de sensaciones nunca antes experimentadas por aquel hombre que tenía tanto que decir mediante gestos ahí donde no cabían las palabras. Con las miradas clavadas la una en la del otro y viceversa él rompió ese silencio:

-Necesitas muchas cosas, como todos pero yo quiero darte esto. Quiero darte cada mañana impregnada en una ternura que no has conocido de manos de nadie, que nadie mas que tu conocería. Y poder con suaves caricias darte un dulce desperar, vertiendo versos susurrados en tu oído, que insuflan en tu corazón el mas agradable sentir.-Le sonrió mirando aquellos grandes ojos que ahora le miraban totalmente despierta. Las alas se movieron levemente para dejar una caricia en todo ese cuerpo que tanto deseaba y al mismo tiempo era capaz de darle un calor que iría directamente al corazón y relajaría sus instintos mas depredadores.- Seré el mas galante caballero que hayas conocido nunca cada vez que esté en mi mano y no me domine la ira o los viejos demonios. Si estás cerca de mi no llegaran nunca siquiera a imaginar lo que supone dominarme.- Acarició aquel rostro lentamente quedándose en silencio, sin mas que decir que no fuera desde el corazón con la propia mirada, una caricia al alma y un beso al corazón dado con unos ojos llenos de una tristeza y oscuridad que se volatilizaba cuando ella estaba presente. Le debía tanto que no se podría compensar ni con todas las joyas del mundo. Los grandes tapices los contemplaban con tranquila y relajada felicidad, Algunas bailarinas iban de lienzo en lienzo junto a silfos y elfos, deleitando el lugar con algarabía y buenas visiones. Se deleitaron con el espectáculo de música y baile que se desarrollaba en las paredes de aquella amplia y majestuosa habitación en la que llovían pétalos de rosa. La reacción esperada y la cual así fue es que ella en seguida estaba fuera de la cama, vestida y perfectamente engalanada para ese baile. Y al son de aquella música silvestre comenzó a bailar con esas pinturas tan realistas. 

Se movía lentamente cuando había que moverse lentamente. En cada compás, representación ya sea del vaivén de los árboles y sus ramas o de las algas en el fondo del mar, ella era una planta mas que se agitaba al son de la música y el viento, con cada una de sus dos ramas que eran los brazos al son de la música. Sus ojos cerrados era la clara prueba de que ahora era parte de un bello bosque en el que las criaturas mas fascinantes mostraban su agradecimiento a los dioses con un nuevo baile que poco a poco se iba tornando mas animado, como la alegría que infundía cada rayo al alma cuando esta travesaba la tierra y daba en todas aquellas afortunadas criaturas con el privilegio de la vida. La dama era una de esas afortunadas criaturas, que tenía en sus mas bellos rasgos el de saber disfrutar cada momento como si fuera el último. Su cabello se agitaba como las ramas de los sauces llorones que crecían de vez en cuando a la vera de alguna laguna o zona similar en aquellos lienzos que estaban ya poblados por miles de seres que habían declarado ese día, ese momento bello de día como el despertar de la Musa, un momento de celebración.

 Aquel solitario caballero la contemplaba bailar, deleitándose en cada movimiento de ella. La amante Brisa entraba por la ventana abierta de par en par para unirse a esa fiesta en aquella habitación, seductora e incansable en sus intentos de envolver los sentidos en sentimientos mucho mas fríos y a la vez fascinantes. Llegaron los espíritus de los grandes danzarines de la lluvia y las estrellas con batir de tambores y ritmos de sus territorios, bajando así los cielos junto a una lluvia de pétalos azules que llenó todo al momento. Los grandes danzarines estaban pletóricos, en el mas sumido éxtasis de felicidad, de contacto con sus dioses. al espectáculo no tenía palabras con las que describirse. Ella estaba en el centro, bailando con toda la felicidad del mundo, escuchando las notas reiterativas, casi mántricas de aquellos que estaban destinados a traer baile y fortuna a las tribus. Los cánticos ascendían hasta lo mas alto de los cielos, expandiéndose por todos los lares de aquel y otros mundos. Aquellas notas hablaban de una criatura divina que cuando bailaba, podía encender los corazones de los hombres y al mismo tiempos sumirlos en el mas tranquilo de los lagos emocionales. Los animales que volaban y corrían fueron hasta aquel lugar, a ese amplio espacio en el que las enredaderas comenzaban a cubrir las posiciones verticales como paredes y columnas.

Las siguientes en acudir fueron las arenas de los desiertos, ardientes en todo momento del día y frías como el hielo por las noches. Trajeron hasta ella una cuantas notas que conoció al momento e hizo mover sus caderas al son de una música ben conocida. A sus oídos acudían los sonidos del laúd, del qanún y del nay siempre liderados por el sempiterno darbuka. Las voces de los grandes dioses de arabia se alzaban al viento, se mezclaban con los grandes nativos de las tierras mas áridas del oeste en sus pequeños cantos llenos de una seductor desgarro que invitaba a l unión de cuerpos y al éxtasis de esa danza en la que poco a poco se sumía cada uno de ellos. Ni las plumas estaban quietas, se movían junto al resto del cuerpo n una danza aérea que sumía todo aquello en una alegría infinita, imparable, que parecía no tener fin. bailaban y cantaban aquellas bellas formas de vida de los bosques élficos y las llanuras de los nativos. Las arenas del desierto establecían su reinado de seducción y lentos movimientos de cadera que aquella Musa lentamente regalaba al caballero que tan basto mundo reconstruía de forma constante. Las miradas se encontraron y se podía apreciar en ella una sonrisa que reflejaba cierta picardía un mensaje muy claro y seductor que decía´´acércate pequeño caballero, bailemos todo este día y la noche también´´. Un cambio de ritmo la hizo precipitarse en todo un vaivén del cuerpo que poco a poco los fueron acercando una vez los pies de aquel afortunado se posaron en la arena. Ya no había paredes aunque si aquellos seres mágicos que salieron de los cuadros para bailar y disfrutar. 

Las sedas que cubrían el cuerpo de ella, volaban libres alrededor de aquel cuerpo que deseaba fervientemente tener entre sus brazos. Su mas seductora mirada lo atrapó lentamente hasta que los ondulantes movimientos de ella se prodigaron a lo largo de aquel cuerpo delgado y pálido, lo cual le hizo estremecer. Lo invitó a seguir aquellas ondas acuáticas en forma de caderas y cintura que poco a poco hacían sentir su contorno contra el resto del cuerpo de ese afortunado. El baile lentamente se extendió por sus cuerpo y danzaron lentamente para separarse y ella dedicar unos frenéticos pasos circulares que la imbuyeron de una magia imparable. Haciendo crecer un sentimiento a su alrededor que no tenía nombre. La Brisa competía con ella y las ninfas y otras damas de los bosques, lagos, ríos, mares y montañas salvajes se unían a la danza lentamente. Los maches de aquellas especies tampoco se negaban al placer de la danza, creando así un bello y variado espectáculo. Algunos se quedaban extasiados con la Musa, la cual bailaba con aquella gracia tan envidiable y otros se empeñaban en superarla, algo solamente posible para unos pocos. En medio de toda una lluvia de pétalos multicolor se presentó la última invitada. 

La diosa Terpsícore hizo acto de presencia y se unió a su hija, a su alumna,  completando el plantel de aquella fiesta impregnada en magia y perfección. Así fue aquella mañana, que cierto caballero estaría dispuesto a regalarle cada día con tal de verla sonreír una y otra vez. Bailaron todos juntos al son de las mas maravillosas composiciones hechas por una gran orquesta de bosques y sonidos que la madre Gaia regalaba a sus hijos en cada momento del día, algo que no dejaba de ser bello por mucho que se repitiera. Fueron acariciados por las brisas, las hojas, las flores y cada uno de los elementos de las naturaleza con la fortaleza de la tierra, al fluidez del agua, la seducción del fuego y la ligereza del viento. 

Ya todo ello alrededor de ella, la Musa... 


viernes, 20 de julio de 2012

El juicio

Toda la muchedumbre estaba congregada para poder apreciar desde la propia persona aquello que iba a suceder en breve. Todo revelaba la clara tensión que se respiraba en el ambiente, incluso algunos tenían la mirada huidiza, como temiendo la ira de Dios o el gran juicio que este iba a desencadenar. Las tinieblas se hacían presentes debido a la escasa iluminación que solamente era sustentada por unos cuantos candelabros y multitud de antorchas que veían incrementado su efecto ante un ingenioso sistema que reflejaba la luz de forma algo precaria y no muy notoria, pero algo es algo como se solía decir. Unas cuantas ancianas de gesto osco estaban pendientes de darles aceite a los pocos y aparatosos faroles. A decir verdad la iluminación no era tan mala pero comparada con los grandes chorros de luz que se colaban por la habitación en lo alto del castillo pues era una pobre muestra de la tecnología humana que tenía mucho que mejorar. A ello se le juntaba que todos los presentes iban vestidos de negro, como si no conocieran otro color dándole al acontecimiento mas bien un aspecto de entierro antes que de juicio. La sala estaba, como ya se dijo, llena de gente pero esta vez acudían algunos nobles y ricos mercaderes. De pronto las puertas se abrieron dando paso al condenado que sería juzgado esa misma noche.


Flanqueando las puertas dos grandes y no muy inteligentes guardias arrastraban una especie de carro con un poste en el centro donde se encontraba firmemente encadenado el prisionero, sin nada a los lados que diera sustento en caso de que ese pequeño transporte volcara. Los clavos sostenían firmemente en un entramado de cadenas el cuerpo semidesnudo de aquel hombre que gozaba de una fama tenebrosa ante la cual se le acusaría delante de las grandes autoridades. Los murmullos no llegaban velados a sus oídos y escuchaba  cada una de las palabras. Cuan confiada era la gente cuando pensaban que nadie les escuchaba. El prisionero había estado en completo silencio, custodiado por aquellos dos grandes guardias que tanto respeto imponían y que ciertamente eran capaces de acarrear con una yunta de bueyes ellos solos. Ellos mismo eran una yunta de bueyes a decir verdad. La piel pálida del condenado parecía impresionar a unos cuantos de piel mas morena que en seguida hicieron gestos de repudia al diablo. Hipócritas. La cabeza de ese hombre estaba caída hacia delante y una larga cabellera lo cubría. Parecía inconsciente y curiosamente no tenía una sola marca en el cuerpo mas que unos cuantos arañazos, uno de ellos muy curioso en forma de N en un costado. En los interrogatorios había sigo preguntado mil veces por esa marca y por decir la verdad le habrían dado de golpes mas siempre algo los contenía. A lo largo de toda la cárcel que lo recluyó se hicieron presentes los rumores de muchas cosas que sucedían alrededor de aquel ser extraño.


Formando un pequeño semicírculo estaba todo el conjunto de personas que se encargarían de llevar a cabo el juicio. Apestaban a corrupción y a pecado en general, todos consumidos por una gran desdicha que nunca supieron curar. Estaban insatisfechos social, económica y sexualmente, embebidos en un falso poder del que creían ser poseedores pero del que también podrían hacer partícipes al pueblo llano. Aquellos pensamientos estaban lejos de ser siquiera escritos por un revolucionario. Los ojos del tribunal eran eran en conjunto unos cuantos pozos negros que no dejaban entrever emoción alguna o a veces mostraban una ira profunda hacia ese ser corrupto por pensamientos, ideas y acciones que estaban claramente en contra de su querida Biblia. Los murmullos se fueron haciendo mas y mas bajos cuando un mazo hizo un eco en la sala y el juez ordenó silencio. Todo el mundo se quedó callado y un largo pergamino se extendió, no era nada excesivo pero eso ya sirvió a mas de uno para poder suponer que ante ellos tenían a un auténtico criminal que perturbaba la paz. Se procedió a leer en voz alta todas las acusaciones. La voz del juez era rasposa, producto de años de mucho alcohol y consumación de actos impuros con gente joven a espaldas de su mujer a la cual llevaba una vez al mes a casa del gobernador (también presente) para comer y degustar unos cuantos y exquisitos manjares. La sentencia, precedida del nombre, rango, título o lo que fuere era la siguiente:


-Se le acusa formalmente de tratos con el diablo, magia negra y actos impuros con seres oscuros y siervos de Satanás. También se añaden los cargos de ladrón e incitar a actos impuros contra los códigos establecidos por Dios Nuestro Señor.- No podía decirse mejor para que la muchedumbre se hiciera de nuevo un mar de murmullos en los que se comentaban todo lo que se había escuchado a lo largo de la plaza y de otros lugares rumorológicos.- Se le acusa de asesinato, homicidio en masa y la lista continua- dijo con cierto desdén aquel ser tan falto de la corrección y sentido del espectáculo. Le negaba a los pueblerinos analfabetos el conocimiento de aquello por lo que se le acusaba. -Como se declara?-Dijo en un gesto de autoritarismo aquel hombre chupado por los años y unas cuantas prostitutas de las zonas bajas.


El silencio se hizo presente esperando alguna reacción del acusado. Era un silencio pesado que poco a poco fue siendo sustituido por una especie de sonido profundo que venía de todas las direcciones y al mismo tiempo de ninguna. Una respiración lenta y profunda era aquel sonido, con una constancia templada, imparable y imposible de acallar porque se reproducía en las mentes de todos los presentes. Algunos de los presentes se llevaron las manos a la cabeza dándose cuenta de que no había forma de acallar aquella respiración que como cierto y afamado corazón que latía en la cabeza de un asesino famoso, estaba refugiado en los interiores de aquellas mentes sensibles y muy maleables, volubles o manipuladas. Esa respiración era cada vez mas pesada, mas trabajosa, haciendo su angustia por seguir viviendo la propia agonía de todos ellos. Mas de un gemido de dolor se fue haciendo presente cuando los pulmones se llenaban de un aire frío que quemaba por dentro. Todo cesó tras levantar el condenado la cabeza y mirar por primera vez al tribunal. En sus ojos había muchas cosas, desde la mas abierta ira y sarcasmo hasta una lujuria palpitante mezclada con una profunda melancolía. Las pedigüeñas del lugar y algunos amantes encubiertos sintieron la mas profunda de las confusiones, la cual desesperaba hasta el punto de entregarse a cualquier camino con tal de tener una guía. Al momento de cesar la respiración en sus cabezas parecía que ahora exhalaban aire las fuentes de iluminación, que aumentaban y disminuían la luz que expedían de una forma igualmente angustiosa. Al momento se calmaron y la sala quedó en silencio de nuevo. Aquello era realmente extraño y el cronista de la ciudad no dejaba de hacer anotaciones de todo tipo. 


Una distorsión sucedió a todos esos fenómenos cuando el condenado se enderezó y dejó ver la piel blanca. Aquella palidez era natural pero al mismo tiempo tenía una anormalidad de origen desconocido. Los ojos fueron pasando de rostro en rostro, viendo no solamente las facciones sino cada uno de los errores que habían cometido. Veían todas las infidelidades, pecados, crímenes que cometía cada uno de esos supuestos hombres de Dios. Una sonrisa se empezó a extender por su rostro al advertir el baile de las sombras que se extendía tras aquellos seres degradados y corroídos por mil pequeños detalles que los condenarían ante los ojos de cualquier dios que predicara el bien. Tal apreciación fue visible solo unos segundos pero eso ya le dio fuerzas y al mismo tiempo lo hastío lo suficiente como para poder dar una respuesta clara. La voz desprendía profundidad pero también una inesperada jovialidad que no era habitual en las situaciones de máxima tensión, como si la costumbre de cada día de aquel ser fuera la de ser juzgado y arriesgar la vida. 


-He sido ladrón señoría y he tenido tratos con un ser de las tinieblas. En realidad con dos o mas bien uno y medio ya que se trata de una voluptuosa criatura adoradora de los placeres carnales y una amazona de las sombras que gusta de burlarse de aquello que es digno e indigno. Mis manos ahora encadenadas se han asido a las joyas mas exquisitas que ha pasado a la propiedad de una dama de poderosa mirada y gélida piel cuya presencia supone una dura prueba incluso para el mas fiel de los hombres, al cual tienen aquí presente. Una lástima que aun no me hayan exigido tal fidelidad y sin embargo no puedo evitarla... -A una señal del juez un guardía le propinó una patada en todo el costado y el condenado tuvo a bien de no emitir queja alguna tomando eso como un ´´vaya al grano´´- Eso duele... no como cuando ves sufrir a la persona que mas quieres pero duele a fin de cuentas.- Tras decir esa frase un gemido se extendió por toda la sala, como una súplica por seguir viviendo. De nuevo cientos de manos se agarraron cientos de cabezas y algunos cayeron semiinconscientes al suelo.Una nueva sonrisa.-De que mas se me acusaba señoría? Mi memoria es pésima. 


El juez desenrolló de nuevo el pergamino y con sorpresa vio que las letras estaban teñidas en rojo. Sangre,; y la lista de pecados había aumentado en unos pocos mas. Con temor y voz temblorosa el juez leyó. 


-Se le acusa de tratos con Satanás y actos impúdicos con animales.- Miró el juez y todo el tribunal con temor renovado a ese hombre que estaba encadenado mas el juez parecía que algo le hacía gracia. -¿la cabra que se folló tenía nombre? 
-No tengo claro los estudios en zoología que tenga su señoría pero me parece que la única cabra a la que yo pudiera haberme tirado y aun así tendría que estar completamente borracho tiene el nombre y el aspecto de su mujer. -Un nuevo golpe y otro gemido que conmocionó a la sala no sin antes algunas risotadas por parte de la muchedumbre que casualmente estaba reunida- A ver si a la siguiente no tengo que llamar supuestamente a mi señor Satanás...
-Ha confesado ser enviado del Diablo. -dijo el notario jefe con su avanzada edad pero aun así su inquebrantable energía a la hora de hacer acusaciones.- que lo ahorquen. AHORA.-Dijo casi al punto del colapso aquel hombre.
-En seguida- dijo el gobernador- pero antes quiero a él todo lo que tenga que contarnos, parece que no tiene prisa por hacer una defensa coherente de su persona.- Una sonrisa cruzaba su rostro que decía ´´te tengo pequeño bastardo y vas a gritar lo que no gritaste en años´´- Hable por favor- dijo con una sibelina demostración de hipócrita educación, algo que hizo sonreír al condenado de forma igualmente educada y amable pero mas que nada ante cierto recuerdo. 
-Está bien lo contaré todo. No he tenido trato alguno con el diablo aunque ciertamente alguna de mis compañías son diabólicamente bellas. Lo mas cercano que he visto en cuestión a demonios es a una súcubo que tiene ciertas tendencias a llevar las manos por donde otras mujeres se alarmarían falsamente antes de devorarlas con sus bocas de criaturas impuras como muchas de las aquí presentes. -Un revuelo generalizado se hizo en la sala y unos cuantos martillazos fueron mas que suficientes para imponer el silencio. -El nombre y las formas de su cuerpo sin demasiado bonitos para pronunciarlo y describirlas respectivamente delante de ustedes morbosas y falsas marionetas del Señor pero les diré que me complací de su compañía y me deleitaba mas de una vez con las formas y las reacciones que mostraba cada vez que yo accedía a cometer esos pecados de los que se me acusa. Le hice tributos de todo tipo para ganarme su favor cuando se mostraba...iracunda- ´´o mas bien cuando andaba con berrinche´´ pensó el condenado de piel pálida.


´´También y como mencioné antes he llevado a cabo actos de magia pero si la magia tiene algún color pues que sea el negro, es un color elegante que a mi particularmente me sienta de maravilla bajo algunas condiciones de medida y forma. He hecho invocaciones de alguna bestia indómita que posteriormente ha sido compañera pasional de grandes mujeres ante las cuales me he hincado y he besado su mano en señal de pleitesía al igual que ellas correspondieron con una sonrisa. Y algunos trucos nunca me cansaría de repetirlos. Como este´´. Y al momento entre sus manos una rosa azul que emitía un extraño brillo se hizo presente en estas, causando una conmoción general. El revuelo duró varios minutos en tanto que le quitaban la rosa de las manos que al momento desapareció para ir a un lecho lejos de ahí a modo de regalo para la dama que en ese momento debía de estar descansando apaciblemente.


´´Y he conocido a una dama que aun viéndose en al necesidad de alimentarse de sangre ha renegado a tal camino con valor y audacia. La exquisitez de sus maneras pueden despertar el mas instintivo deseo a cualquier hombre que se le antoje excitar o hacer caer en su trampa. Su poderosa mirada es algo que no tiene nombre ni descripción posible. Ella es un manjar que puedes mirar pero no tocar, casi todo lo contrario de aquella súcubo a la que les describí hace escasos momentos. Ella es la que te toca a ti si ella quiere, cuando ella quiere y como ella quiere. Ha sido mi compañía en algunas ocasiones y se ha deleitado libremente en mi piel con sus finos y gélidos dedos. Y podría dar otros tantos detalles que seguramente quedando en secreto conservarán ese dulce sabor como el de su piel- Un revuelo mas y de nuevo los martillazos los cuales comenzaban a taladrar los oídos del futuro ajusticiado dado su oído muy sensible.- Algún día espero tener el privilegio de bailar con ella aunque se que eso no es posible dada mi inminente ejecución y mi torpeza nata para el baile.´´


-Cállese y déjese los deseos frustrados cuando termine de confesar sus crímenes. Cíñase a los hechos y a lo que se le pregunta. -Dijo con todo su autoritarismo el juez que esta vez pareció aprender la lección al no ordenar que golpearan a la víctima.- ¿En que mas se incluyó?
-Eso de ser un zoofílico no se de donde lo sacan pero estoy trabajando en ello aunque la señorita es una borde y yo otro tanto- dijo con toda inocencia y desinterés el hombre que sonrió al escucharse una risotada en toda la sala. Una risa cristalina teñida de una burla sutil que promovía la rabia contra lo que fuera. Sin mediar palabra el hombre inclinó ligeramente la cabeza a un lado para notar al momento una lengua lujuriosa que se paseaba por su cuello y unas manos que bajaban demasiado rápido hacia una zona muy concreta. Una flecha se clavó en el poste cortando las cadenas y otra en el pecho de los dos guardias.-Miau...-Dijo con voz profunda aquel condenado que en seguida se vio envuelto en sombras dejando a su paso otro maullido, esta vez de mujer junto a lo que parecía el mas ansioso gemido de deseo, una expresión que provocó mas de una reacción masculina y femenina en el lugar. Muchos de aquellos hombres no se olvidarían de las formas de esa mujer en meses o incluso años, de los cadáveres asaeteados y las dos silfideas mujeres de orejas puntiagudas que salieron de la nada y eliminaron a otros tantos guardias para llevarse a esa misma nada a un hombre condenado que muchos jurarían portaba dos grandes alas opalinas las cuales no eran impedimento a esa súcubo para jugar con aquello que tanto parecía disfrutar.



domingo, 15 de julio de 2012

El beso de la Rosa II

Nota: primera parte del relato aquí

La noche era perfecta, nada la podía complicar en lo mas absoluto. Mientras que solo existieran el uno para el otro o al menos en aquel momento. Aquellos labios de sabor tan dulce estaban curvados en una sonrisa de especial nerviosismo y sus manos parecían buscar sustento en medio de la oscuridad que los rodeaba mas allá de la frontera creada por los rayos de la luna y los sentidos. Unos dedos que reflejaban ansia aprisionaron un trozo de tela que componía ese gran lecho testigo de una escena digna de figurar en las novelas mas apasionadamente fantasiosas de la literatura. Los labios se mordieron mutuamente en la contención de una expresión mas que evidente de placer. Los anhelantes dedos que pretendían un sustento comenzaron a bajar por la propia anatomía hasta llegar al destino del conflicto que se libraba al sur de su cuerpo. Antes de llegar un ataque inesperado le hizo arquearse, golpeada por las sensaciones que estaba experimentando, por aquella vil criatura que parecía no desear mas que consumar actos de todo tipo en su cuerpo.

Sus senos bajaban y subían apresurados en medio de la agitada respiración que la afectaba y le anulaba cualquier razonamiento y junto a las rápidas pulsaciones del corazón, pareciera que fuera a estallar ante la constante lluvia de sensaciones y estímulos que aquel ser le estaba regalando en esa noche de sábanas de satén y terciopelo. Las manos clamaban por abarcar toda la extensión de ese pequeño mundo que aun se había reducido mas de lo esperado ante el encuentro de los cuerpos, ardientes y deseando escapar de la cárcel que era el propio límite establecido por la piel. Aquellos ojos enormes estaban ocultados tras los párpados como involuntario gesto de rendición a los sentidos, que se turbaban ante lo desconocido de una emoción contenida y que no tenía palabras con las que ser expresada, ya menos aun el poema que fuera susurrado al oído de la amante entre los suspiros de la noche. El telón de aquella bella obra se había abierto momentos antes con el suspiro inicial de los amantes que se miran y se prodigan lentas caricias, mensajes secretos de presencia e intenciones lúbricas en un cambio de ternura por pasión y deseo. Y aquel telón tardaría en cerrarse de nuevo para dar fin a esa bella representación de lo que era la comunión entre dos almas. Ya el viaje se había efectuado y la guardiana azulada había caído. Solo restaba de saborear el botín de forma lenta, degustando cada rica muestra de ese néctar, un sensual perfume que colaba en la realidad y sueños para ser la obsesión que impulsara a caer hasta lo mas profundo. 


Arraigado en los mas intensos deseos y fantasías nocturnas, el cuerpo de ese amante ansioso del lienzo que era la dama estaba en tensión y a la vez disfrutando de un banquete digno de un rey. La ambrosía se derramaba en sus labios mientras una lengua invadía aquel delicioso monte de venus, una extensión pequeña pero muy rica en posibilidades de juego y deleite. Las manos repartían pinceladas e intenciones en todo momento, dejando claro cuales eran los puntos hasta los que estaba dispuesto a llegar. Aquel caballero movía lentamente su boca para acaparar toda la atención con el aliento que antes se había desparramado en la parte interior de aquellas piernas que parecían viento en movimiento cuando bailaban. Los besos le sucedieron y aquel beso inicial en el centro de su poder fue la tarjeta de presentación. Las manos se deleitaban con la suavidad de la piel morena de ella, de aquel manto de gloria que gustaba de acariciar cuando el destino y ella se lo permitía. La respetaba pero también la deseaba hasta puntos en los que la mínima oportunidad era depositaria de la pasión que podía nacer en el interior de aquel ser arrepentido de muchas cosas menos de aquella, en la que no tendría piedad a la hora de inyectar placer de todas las maneras posibles en ese interior ardiente y tentador.

Ella no cesaba de expresar las sensaciones que aquella lengua le estaba haciendo sentir, que se movía con lenta y cruel tranquilidad para después dejar clara las intenciones de conquista con un rápido movimiento que la llevaba a arquearse por los impactos que recibía ese delicado punto de su anatomía al encontrarse con una pequeña bestia roja ansiosa de un poder y la magia, de aquel elixir natural. Los labios a veces abandonaban ese improvisado sello para dejar lentas caricias en los alrededores de ese paraíso que tenía ante él y devoraba la piel con el aliento, aquel etéreo bailarín que sembraba calor a su paso. Los dientes se clavaban de improviso causando sorpresa a lo largo de ese reino de placer que satisfacían el ansia de piel en unas manos que paseaban por aquellos muslos, caderas, vientre y senos, masajeando con delicadeza cada centímetro de estos y volviendo a hacer todo el recorrido. Los dedos pálidos y delgados dejaban constancia de una adoración por aquel cuerpo que no se podía expresar de otra manera que no fuera esa. Se podía apreciar a través de cada caricia los músculos, los huesos, y mas especialmente el calor que emanaba aquel cuerpo que encendía su deseo, la pasión que lo consumia hasta escalas inimaginables.

La lengua continuó aquella guerra secreta entre las notas y las escalas musicales mas bellas y ancestrales del mundo, deleitando los oídos de aquel depredador que la devoraba sin compasión hasta que exhalara el último suspiro en medio de aquel éxtasis que parecía acercarse lentamente. Él podría estar toda la noche en aquel refugio de los sentidos, saboreando, degustando, totalmente entregado a hacerla arder, a que ella se rindiera, a que se redujera al nivel de los pensamientos mas primarios. Con gusto recibió los dedos de ella en su cabello que comenzó a acariciar mientras sus notables sensaciones sobresalían a cada nueva embestida, caricia o respiración de esa boca ávida de un placer que no era natural, que no era para nadie mas que para él en aquella noche. Sintió la leve presión que exhorta a mas, a sentir mas, a que la actividad se acrecentara mientras sus cuerpo estaba casi consumiendo una cama en llamas, un campo de batalla donde la muerte y la resurrección eran inmediatamente sucedidas. 

Las miradas se cruzaron un instante y ella pudo apreciar el estado de su amante. Estaba totalmente entregado a ella y a sus placeres, le decía con esos ojos hambrientos que iba a hacerla llegar hasta lo mas alto, la llevaría a alcanzar unas sensaciones que nunca nadie le ha hecho sentir. En aquella mirada se reflejaba una gran cantidad de deseos ocultos y oscuros que solamente tenían como consecuencia la oleada de gozo que estaría dispuesto a darle todos los días con tal de que no se fuera y que el disfrutaría tanto como ella. Con su mirada se coordinó un sonido animalesco, como el de un lobo que está a punto de atacar y aquella lengua se abrió paso a través del telón natural de aquel cuerpo para llegar a lo mas profundo, como si quisiera hacerle el amor con la misma lengua que antes parecía tan suave y dulce en los besos y ahora era inmisericorde y ansiosa por alcanzar el máximo punto pero sin perder la calma. El golpe de placer inminente hizo soltar una exclamación a aquella exquisita dama que echó la cabeza hacia atrás y soltó aquel suave gemido casi incontenido y de volumen algo elevado. Su respiración y aquel corazón que tan bien podía escuchar no dejaban de acelerarse a cada momento. Disfrutaría todo el tiempo del mundo hasta que murieran ambos para volver a nacer tras aquella aventura nocturna.

La sed no quedó satisfecha pero las ansias eran incontenibles y tras relamerse lentamente mirándola a los ojos de nuevo, disfrutando cada gota de aquel néctar sagrado para él y cualquier otro mortal, comenzó aquel suave recorrido de besos entregados y limpios que lo había traído hasta aquel lugar tan candente y tentador. Las ingles fueron las primeras en sufrir apasionados besos para después con la lengua viajas desde esa frontera prohibida hasta el ombligo el cual rodeó lentamente. Hizo sentir la respiración, aquella respiración de bestia sedienta de placer, hasta la base de aquello senos firmes que lentamente besó, con los que embelesó el sentido del tacto y el gusto, conquistando con todas sus placentera intenciones cada centímetro de ese cuerpo que deseaba tanto de complacer hasta el mas íntimo de los rincones tal como había hecho momentos antes. Degustó esos pequeños puntos que coronaban aquellos montículos recreándose en el dulce sabor que se desprendía. Deleitó con masajes y adoración aquellos senos y una vez descansado y pagado el tributo de un suave beso en la zona mas palpitante de su cuerpo prosiguió el viaje con una lengua que dejó su rastro de deseo a lo largo de su garganta para reencontrarse de nuevo con los adorados labios. Y los besó mientras se unían y bailaban una vez mas aquella danza.

Los movimientos lentos se acompañaban de la orquesta de sus corazones que estaban anhelantes de aquellas apreciaciones que solo ella podía prodigarle. Era el mas antiguo de los valses, el mas apasionado de los tangos y el mas tentador de los caprichos de los dioses, que miraban en forma de estrellas a esos dos entes físicos consumiéndose en pasión, lujuria, ternura, sentimientos, sensaciones, emociones. Ambos se decían con cada roce, cada suave movimiento y paso de baile todo aquello en donde las palabras eran sobrantes. Las manos de ella se paseaban por su cabello, refugiando aquel delgado rostro en el cuello para sentir la cálida esencia de los labios devorando la piel con suma delicadeza y una pasión que rozaba en el fervor por la divinidad. Lo impulsaba a saciar la sed y el hambre de su piel que lo acosaba desde hacía mucho tiempo, sin cesar los movimientos, el vaivén de esos cuerpos que poco a poco notaban la gloria misma producirse en su interior. El no cesaba de decir aquel nombre mágico que estaba en cada uno de su sueños. No había mas mundo que el del cuerpo del otro y los alientos que se entremezclaban en la explosión que fue acallada por un beso de fuego rojo y blanco.


martes, 3 de julio de 2012

La misiva

Siempre silenciosa caminaba una dama como única presencia viva de aquel callejón por el que transitar se hacía un gran peligro. La oscuridad implacable de la noche ocultaba a muchos hombres y mujeres que estaban dispuestos a todo por lograr unas pocas monedas con las que sustentar sus vicios y propios intereses, aquellos intereses que los destruirían poco a poco, que los exterminaría sin dejar recuerdo alguno en la memoria de la sociedad que tan selectiva se había vuelto. Los pocos seres inofensivos de la noche eran aquellos sencillos gatos, perros y ratas que peleaban día y noche por la existencia a través del robo de algún pedazo de carne en puestos comerciales ambulantes o quizás un poco de comida sobrante del rico señor o carnicero que se creía con derechos de desperdiciar la comida. Aquel rostro se mostraba impasible ante todo lo que sus ojos veían. Las delineadas y definidas facciones estaban en una pétreo gesto que no era de indiferencia sino mas bien de pasividad ante los acontecimientos y la nula existencia de estos. Aunque, extraña era la actitud de aquella elegante ´´señora´´ si así se la pudiera llamar. Pareciera que quería llamar la atención de alguna forma. Sus pasos no levantaban excesivo estruendo pero tampoco dejaban entrever cautela, al contrario, la seguridad era palpable en cada onda sonora que se desprendían de unos caros zapatos ocultos bajo un caro vestido confeccionado en una costosa tienda de primera calidad. Si uno echaba a volar la imaginación pareciera que llegaba tarde a algún lugar. Y así era pues aquellos ojos cautivadores miraron un reloj en una torre y los pasos se hicieron ligeramente mas presurosos pero sin perder aquella clase y aquella magia.


Un estruendo y un gato negro salió a su paso y la miró fijamente. Extraño desde luego que aquel gato la mirara y no saliera corriendo, es mas, se acercó a aquella elegante criatura, se sentó sobre sus patas traseras y la miró largo rato. Tal gesto desconcertó interiormente a aquella entidad física que ahora mismo alzaba ligeramente esa perfectamente delineada ceja. Todas las criaturas vivas le huían pasara por donde pasara o fueran cuales fueran sus intenciones. Pero ese gato ahí permanecía, guardián insondable e inquebrantable, incorruptible de a saber que secretos o visiones, conocimientos o experiencias. En un rápido movimiento el gato se puso en pie y salió de debajo de aquellos bigotes una sola llamada que retumbó en esa mente tan sofisticada. Los movimientos de la dama parecieron ser automáticos al guiarse ella misma y sus circunstancias hasta lo profundo de aquel lugar cerrado que desembocaba en otra calle solitaria prácticamente igual a la anterior. Inesperadamente el destino de ambos era el mismo y una humilde puerta marrón fue lo que al frente se encontró la bella dama al poco trayecto. Sin mas la puerta se abrió y le recibió un hombre humildemente vestido, también de oscuros ropajes pero estos sin la trabajada factura de aquella dignataria de la fascinación. El hombre miró aquellos ojos con una cara de cansancio que avisaba del peligro de un desmayo inminente. Pero ahí estaba, en pie y con una sonrisa a media asta, con un gesto la invitó a entrar y ella pasó como una aparición fantasmal. Sin mas se miraron por unos momentos y la dama habló:

-Doy por hecho que la falta de presentaciones lo sitúan a usted como la persona a la que buscaba- Aquella voz irradiaba la tranquilidad de un lago, pero de un lago realmente frío que parecía no albergar vida de lo congelado que estaba. Sin embargo la sonrisa del buen hombre no pareció sufrió cambio alguno.-Necesito a un escribano hábil que sepa plasmar todo aquello que mi corazón siente pero mis palabras son incapaces de plasmar. Ese es mi gran defecto, no tengo el mas mínimo atisbo de imaginación. 
-Claro...será todo un placer lady...-El hombre tenía una voz normal, ni grave ni aguda. En realidad nada se salía de lo habitual en la compostura con la salvedad de algo de teatralidad en los movimientos-no se su nombre.-Ciertamente era rara la ocasión en que desconocía el nombre de sus clientes
-Lady Lafrange si usted gusta de llamarme así-Digo ella con esa frialdad que sin embargo no alteraba en nada el ambiente, como si fuera un elemento habitual de aquella estancia. Incluso se podría volver agradable para morir por congelación o dormir fresco en una calurosa noche de verano
-Un bello nombre cargado de mucha buena y antigua tradición.
-Así es.-Un atisbo de orgullo asomó en su voz inquebrantable y aun así aquel lago permanecía frío. 
-Que se le ofrece a la dama de gran y mágica belleza-Dijo con una especial acentuación en la palabra ´´mágica´´. 
La dama lo observó de nuevo. Poco habitual desde luego que un corazón como el humano permaneciera inalterable. Interesante desde luego. Pero eso podría esperar. Lo importante era el encargo.
-He venido a esta ciudad para gestionar un sin fin de papeles en los que me encontraré atareada durante unas semanas Y consultándolo con mis consejeros estos me han dicho que para calmar mi angustia podría mandar una carta Sin embargo los años y las variadas experiencias me ha dotado de todo tipo de conocimientos y facultades menos la de la imaginación y la empatía, la plasmación de los sentimientos.-Giró el rostro y miró aquellos ojos rebosantes de una calidez que no esperó encontrarse- pero los tengo. -Dijo con decisión. 
Una sonrisa mas definida cruzó el rostro de aquel escritor contratado para redactar una misiva de anhelo a un hombre enfermo. Sin duda esa noche sería muy productiva con solo escribir una sola linea. Y las cartas tenían mas de una linea. 
-No se preocupe le creo perfectamente aunque eso es cosa de usted, nadie entenderá mejor lo que siente que usted misma. - En su tono había tranquilidad y predisposición a lo que hiciera falta.- Lo ideal sería algo mas allá del nombre de su marido, algo que ya le haga sonreír. Esa chispa que encienda su rostro como una chispa hace encender el hidrógeno de uno de esos zepelín que se caen mucho últimamente. ¿Tiene su marido algún sobrenombre especial que solo usted use de cara a su persona?
-Bueno... -Dijo tras un brece momento de pensar-Su madre (y posteriormente yo con el permiso de su madre y él) le llamaba soldadito de plomo ya que él parecía duro y fuerte pero como bien es sabido el plomo se funde fácilmente y es muy blando. Él es muy sensible. Toda mi sensibilidad la tiene él. 
-´´Mi fuerte y sensible Soldaditode plomo:...´´-Escribió aquel hombre y comenzó a redactar haciendo preguntas de todo tipo- Cuantos años tiene su marido?
-Noventa y nueve-Dijo con toda tranquilidad la dama de elegante manera sentándose con toda su pompa y gracia en una silla al lado de aquel hombre que pronto comenzó a escribir
-¿cuando se conocieron?
-Hace noventa años
La pluma se detuvo por un momento y los ojos del escritor de nuevo se separaron de la hoja de papel para mirarla.la dama ya estaba acostumbrada a que la gente se sorprendiera al dar ese tipo de datos revelando una maldición a la que estaba sometida. Pero la dama no esperó las palabras del escritor. 
-Loable actitud Lady Lafrange, digno de admirar desde luego tantos años juntos y que el sentimiento no se haya extinguido porque me consta que no se ha extinguido en lo mas absoluto. Espero que ese sentimiento los haya protegido de todas las calamidades y las dificultades de al vida eterna y la vida finita a salvedad de la enfermedad que consume a su marido. 
La dama no daba crédito desde la máscara de piedra que era su rostro. Aquel hombre no se había asustado, no había contado con los dedos, no había abierto los ojos como platos ni le había puesto un crucifijo en pleno rostro gritando incoherencias en latín como otros tantos que habían sabido de su condición. Cuando le dijeron que aquel hombre no se sorprendía con nada es que no se sorprendía con nada. Durante un largo rato siguió escribiendo no sin antes preguntar procedencia, gustos, costumbres, disgustos, ideales, imaginaciones, escenas narradas y otras tantas cosas relativas a ese hombre que ahora yacía en una cama pensando en su amada y derramando una lágrima pensando si su Dama de Marfil estaba sana y salva. 
-Dígame joven- Dijo Lady Lafrage tras un rato de silencio.-Usted ha estado enamorado?
Una sonrisa acentuó el rostro de aquel hombre que por un rato no contestó, algo que la dama se esperaba mas no pensaba que fuera a responder al rato siguiente. 
-Dicen que si. -levantó la vista- Al igual posiblemente que usted ama a su marido. Y se que lo ama a pesar de al frialdad de su voz porque Veo preocupación en usted y seguramente su marido estará pensando como le estarán yendo las cosas, y de ahí el motivo de la carta. -Agarró otra hoja y se puso a escribir con decisión y firmeza- hoy ando inspirado para conmover corazones. -La miró por un momento y planteó una pregunta. -¿Usted lo habría sometido en algún momento de su relación a ese cambio que los pondría a la par?
-Nunca. Yo me enamoré de él por como era, por como es y por como será en sus últimos momentos de vida. lamentaré con profundidad su muerte, no volveré a ser la misma, lloraré o lo que sea que haga la gente de mi...clase.- sin darse cuenta se había alterado el tono de su voz. Tal era el amor que sentía por su pareja, por aquel valiente hombre que la hizo sonreír por primera vez hacía tantos años y tras muchos mas años de los imaginables sin sonreír que la posibilidad de dañarlo por dentro o por fuera la mataba hasta lo indecible y retorcía su corazón muerto con crueldad. 
-Y... -la miró pero or lo visto ella adivinó la respuesta y contestó
-No, el es el amor de mi vida y aunque no puedo predecir el futuro la huella que ha dejado en mi nunca se borrará. Hubo muchos hombres pero nadie como él, que me vio por primera vez en aquel bello día de hace noventa años y primero pensé en que era un niño encantador, después un joven apuesto y finalmente el amor de mi vida... 
-Seguro que ninguno se pudo resistir a sus encantos.-Dijo con una sonrisa
Con una sonrisa que correspondía a la de aquel hombre de pluma rápida y pensamientos incontenidos la dama se acercó a él susurrando en su oreja una vez este se puso a escribir de nuevo. 
-Y dígame joven... -se acercó un poco mas a él- Quien lo protege a usted. 
Y lejos de un estremecimiento, de un gsto de alerta, de rechazar cualquier posible ataque ante la cercanía de esa depredadora que desplegaba todas las armas de mujer ante una víctima inocente, producto de la sed y las ansias de alimento el escritor señalo con un gesto de pluma a un objeto y djo tan solo ella. 
-Ella.


Y ahí, señalada por una pluma creadora de mundos, versos y lineas salidas del corazón, reposaba el motivo de su tranquilidad ante la tentación, En un jarrón de no muy buena factura pero aun así con clara utilidad, reposaba una rosa azul, único adorno de aquella desvencijada mesa que había contemplado la conquista de imperios por la luz de una sonrisa. 




miércoles, 27 de junio de 2012

Carta a la Musa IV

Querida Musa:


Mis recuerdos vuelan aun alrededor del último momento en el que vi tu rostro, tu sonrisa y todo aquello que creo te hace buena para mi persona. Es ya lejano ese momento pero confío en podernos encontrar de nuevo bajo el brillo de esa bella luz que regalas al mundo y a este humilde siervo de ti con tu sencilla presencia. En mi mirada ha quedado grabado la última imagen que tuve de ti, de aquella vez en que tu sonrisa y esa bonita confianza, eso que nos une, se hizo mas fuerte con el sencillo encuentro entre nosotros dos. Me siento plenamente satisfecho de haber sido causa de bien, de haber visto aquella sonrisa por última vez antes de nuestro reencuentro. Porque nos vamos a reencontrar, de eso estoy seguro y con todo lo que nos depare la vida seguramente mas de un reencuentro seguido al que nos espera también lo vamos a tener. Y te estaré esperando cada día que pase hasta que nos volvamos a ver. Desde entonces mantendré tu recuerdo acariciando mi memoria con esa ternura que solo he sentido contigo. En esta carta plasmaré de nuevo todo aquello que me surge del alma ante tu pensamiento, de cada una de las emociones que tus palabras y actos causan en mi con todas sus consecuencias benignas.


El recuerdo de tu mirada se me clava en la memoria con el delicioso dolor de la extrañeza, sabedor de que voy a sonreír como no tienes una idea y a alegrarme sobremanera cuando me vea bañado por aquella luz divina de tus labios curvándose tan deliciosamente. Aquella mirada tan limpia que a mi me proporciona unas sensaciones tan contrarias y bellas como la tranquilidad o el estremecimiento que remueve en la intimidad de mi espíritu pensamientos no muy aptos para aquellos que gustan de la moral y aun así teñidos de una belleza indescriptible. No olvidaré el primer recuerdo que tengo de tu mirada, en el que pode sumergirme en un mundo del que desee no salir, es mas, del que quise formar parte, dejar algún recuerdo imborrable. Con una agradable sensación rememoro tu mirada intensa, que puede hacerme perder la cabeza, hechizarme y cortar el hilo de mis pensamientos, de las ideas que no sirvan para nada dejando a un lado todo eso para dejar paso a las palabras que te impulsen irrefrenablemente a sonreír en cada una de mis frases, de mis poemas sacados de la improvisación, en cada verso que se me ocurra decirte al oído. Aquellos ojos tienen la luz del destino mismo de la humanidad si toda tu te propusieras decidir sobre esta. Veo un poder enorme al que no temo pero al que presto la debida reverencia. De tus ojos haré las constelaciones que sean necesarias para poder guiarme a través del mundo que hay detrás de ellos para no perderme por siempre. Y aun así no temo ese destino.


Abogo por la luz en el mundo representada por tu gran sonrisa, esa sonrisa que cada vez que veo aparecer pienso que las estrellas en conjunto de estos y otros cielos me sonríen y me auguran un bello destino. Y es a su vez un templo que cierra sus puertas ante los males del mundo. Y esos son mis enemigos pero yo los desterraré de tu vida para que no pierdas nunca las ganas de sonreír. Su blancura es infinita y la luz que desprende cura todos los males que pueda habitar en el interior de alguna persona. Toada mi apatía desaparecerá cuando vea de nuevo esa sonrisa que tanto encandila a cuanto ser humano te sale al paso. Aquella sonrisa que vi por primera vez me hizo pensar ´´tengo que hacer que siempre sonría´´ porque siento tu luz muy dentro de mi cuando sonríes. Tu sonrisa es el aleteo de un ave en libertad, la alegría de un niño que siente que es querido, la sensación de bienestar cuando algo sale realmente bien. Tu sonrisa puede tener los mas beneficiosos efectos, como si fuera el remedio a los males del mundo, del cuerpo e incluso del alma. Tengo toda la fe del mundo en que si ha de existir para algo la eternidad, sea la luminosidad de tu sonrisa, la cual me has regalado en mas de una ocasión, la cual ha exterminado mis tristezas de una sola vez. Me impulsa también a sonreír para que tu sigas sonriendo, dándote apoyo hasta el final de esta vida y el comienzo de la siguiente, en la que tu luz guíe mis pasos una vez mas.


Recuerdo cada uno de esos pequeños gestos en los que está impresa tu huella dentro de mi. Cada uno de ellos que es rememorado, en cada palabra que escuchó de esos dulces labios puedo crear un soldado en forma de historia que luche por el bien del mundo. De este mundo que es el viento entre los árboles para igualar a tu voz, las cristalinas notas de los riachuelos para que representen a tu risa y el estallido de las estrellas para esa alegría demoledora que todo lo arrasa en forma de luz y color. Siento la bella sensación de haber creado una de las maravillas que nunca serán contempladas por mas que nosotros. No hay comparación a todo aquello que mi mente crea cuando aparece tu estampa entre mis pensamientos mundanos, logrando que estos adquieran un matiz irrepetible, único en todas sus diamantinas facetas. Cada uno de esos pequeños gestos es una gota de ambrosía de los dioses que me concedes a mi, este humilde siervo al servicio de tu persona, ante la cual ofrezco mi espada, alas y un sin fin de cosas banales para que las tomes a tu antojo y les des la utilidad que gustes. En la gran batalla de al vida me sirven a día de hoy pero quisiera compartirlas contigo para que juntos podamos derrotar todos los males interiores y exteriores a nosotros. Dejo a tus requerimientos estas tus alas a partir de ahora que nunca se van a despegar de mi pero que desde la primera caricia a tus plumas te han pertenecido de alguna forma y solo van a rodear tu cuerpo con esa tonalidad azulada y brillante que tantas motivadoras sonrisas te han arrancado.


Son esas mis armas y muchas mas que tengo en mi haber dulce Musa de mis versos. En cada noche digo alguna bella poesía, buena o mala pero salida desde lo mas profundo de mi ser para que el viento la lleve hasta ti y te acompañe en los sueños o te acaricie el rostro y el alma cuando estés triste. Podría navegar, volar o excavar a través de mares y tierras para sentir de nuevo aquella luz que me regalas con tu presencia, por la que pienso luchar hasta las última fuerzas en defensa de su eterno brillo, sin temor al error que me separe de ti porque bien sabes que todo aquello que hago lo hago de corazón y con la intención de hacerte el mas notable de los bienes. Una sola lágrima tuya es un puñal que asesina un bello motivo por el que existir en este mundo. Y yo secaré todas tus lágrimas cuando estén mi mano poder hacerlo. Te cuidaré con estas alas que esperan para abrazar tu cuerpo y estos brazos que pretenden envolver tu alma en una especie de capa de seguridad eterna. Mis labios ya están deseando acercarse a tu oído y susurrar el mas secreto y obvio de los ´´te extraño´´ con una suavidad que no iguale ni el terciopelo. Y si cuando nos encontremos buscas el reposo entre mis brazos, sobre mi pecho, donde dormir a gusto, entonces eso es lo que tendrás. Ofrezco este cuerpo y alma a la voluntad de tu descanso para que sea tu refugio mas seguro y así pienso repetirlo cuantas veces haga falta oh poderosa Musa.


Y aunque la batalla sea dura yo resistiré a la espera de que tu llegues a mi. O de que el destino me ponga cerca de ti y podamos separarnos solo tras el mas largo de los abrazos. Miraré tus ojos, besaré tus dedos y sentiré que al fin todo tiene un sentido especial en esta vida, que cada acierto y error confluyen en la delicada fragancia de tu piel, en la suavidad de tus gestos y la elegancia de tus pasos y movimientos. Todo eso será la confluencia de una corriente que llenará cada una de mis células de una energía rica en bondad, en buenos pensamientos. Quien sabe si regado por una negra cascada que es tu cabello sobre mi pecho y nuestras miradas dedicándose inconfesables palabras que no pueden ser dichas en idioma alguno. Partirán todas las razones por las que sonrío del castillo de blancas paredes de mi corazón hasta el puerto seguro de tu mirada.  Y volaré libre hasta que pueda verte en el horizonte y sienta esa poderosa sensación de querer abrazarte.


Me despido recordándote que eres la mas luminosa de las presencias en mi vida, que puedo respirar tranquilo sabiendo que algún día volveremos a vernos por mucho tiempo que pase. Aun así espero verte pronto y que me cuentes todo aquello que te tuvo ausente y yo pueda susurrarte algún versos suelto a tus lindos ojos a través de mi mirada.


Atte: Tu caballero alado que te quiere como no se hace ni el mismo a la idea. 


lunes, 18 de junio de 2012

Cuatro elementos

Esa noche siempre espléndida por su presencia lo era mas por un motivo muy especial. Su elegante persona estaba radiante, vestida con aquellas ropas que la hacían embellecer mas de lo que ya estaba, algo realmente imposible de concebir cuando se trata de mirar aquellos ojos. Sus labios estaban ligeramente curvados en esa pequeña sonrisa que lo enloquecía y por la que había luchado durante tanto tiempo hasta lograr verla y a la vez sin habérselo propuesto. Las estrellas brillaban en lo alto y las pequeñas luces flotantes se movían a su alrededor. No eran luciérnagas, sencillamente eran motas de magia luminosa que flotaban a su alrededor haciendo de esa noche aun una experiencia mucho mas bella. Sus labios estaban perfectos al igual que la bella sintonía de emociones que hacía con su mirada, que también sonreía. Él no pudo por menos que suspirar y alargar una mano a su rostro, repasando con un solitario dedo la linea de su suave mandíbula que no era ni ausente ni muy pronunciada. A ese camino se unieron unos cuantos dedos mas que se dedicaron a repasar y apreciar la suavidad de la piel en sus mejillas. Las miradas no se separaban en momento alguno.


Acercó su rostro al de ella y las sonrisas se volvieron algo nerviosas pero la prisa no era buena consejera por lo que sencillamente se quedaron así, mirándose mas de cerca y él tratando de asimilar ese bello y perfecto momento en el que con una de sus manos comenzó a propiciar caricias a aquella figura que tan sedcutora encontraba en sus momentos y en su quietud. poco a poco deslizó los dedos por su vientre en una subida constante y lenta, pasando por entre sus senos, como una caricia larga y lenta que trata de apreciar en esa pincelada toda la belleza y la suavidad d su piel. Sus dedos estaban vibrantes de emoción por querer hacer muchas otras cosas pero las ansias fueron reprimidas, no tenía que precipitarse, mirarla era ya todo un regalo de los dioses o de un solo dios, eso nunca lo sabría ni le daría excesiva importancia. Una profunda respiración culminó sobre aquellos labios ni finos ni gruesos pero de una suave y delicada textura en un suspiro de placer anticipado. Los dedos llegaron al cuello y suavemente pasearon de nuevo por la mandíbula y la mejilla con extrema delicadeza. A su forma de verla a ella, a aquel ser lleno de oscuridad le resultaba doloroso la idea de cuasarle daño con solo pensar con excesiva presión sobre su piel, como su de un solo roce de sus dedos se pudiera partir ese bello lienzo que se repartía a lo largo de todo su cuerpo. Los dedos de ella se posaron sobre su mano, cubriendo con una exquisita calidez aquel pincel frío y pálido que estaba en su rostro. Suavemente los dedos guiaron a esa mano de forma lenta a través de un viaje por el resto de su cuerpo.


Se conocían lo suficiente como para saber que puntos tocar o dejarse tocar. Ella lo guió a lo largo de su cuerpo tornando esa mirada tierna en unos ojos depredadores, penetrantes y terriblemente seductores que atraparon toda su atención, que lo pusieron nervios, en el papel de la presa que sucumbe ante el puma. La punta de su lengua se acercó decidida y repasó una de sus comisuras dando a continuación y tras una sonrisa una serie de siete besos lentos y muy suaves. Un suspiro, primer tanto a favor de aquella exquisita criatura, salió de los labios de aquel caballero que temía como nadie caer en desgracia pero olvidaba todo cuando se encontraba en su presencia, tranquilo o quizás excitado, alegre o pensativo, pero bien a fin de cuentas. Ella sonrió radiante, deslumbrando los ojos de aquella que era su mas clara señal de bien, estandarte de al cordura aun a pesar de los malos momentos. La mirada no cesaba de taladrar sus ojos con muchas pretensiones y los dedos guiaron aquella mano sobre su corazón, el cual se encontraba acelerado, algo mutuo entre ambos cada vez que las distancias eran mas y mas cortas. Un suave roce dado con curiosidad y divertimento supuso un primer beso de esa bella noche que los contemplaba con el brillo de las estrellas como un millar de ojos y las rosas azules creciendo a su alrededor a medida que aumentaban las sensaciones. Un segundo roce, algo mas notorio se hizo sentir en los labios de ambos, que se habían lanzado al ataque para saborear el aliento, el perfume interior que sale de entre aquellos labios tan deseados. Se llevaron los oídos el susurro de un nombre dicho contra esos labios tan tiernos y de sabor tan dulce.


Los ojos no se separaban los unos de los otros mientras poco a poco ella tomaba por un momento el control de esa mano y la guiaba a su corazón, dejando que se deleitara con los latidos de este. En su pretensión de que bajara los blancos dedos remolonearon pues aquel sencillo sonido era el mas maravilloso que se pudiera sentir en el oído o bajo los dedos, aquella piel subiendo y bajando constantemente sería algo de lo que nunca se cansaría, como aquellos ojos que tornaban la seducción en ternura al denotar como los ojos de aquel exiguo protector estaban ahora enternecidos por aquel sentimiento que le rodeaba cada vez que tales sonidos, esas notas perfectas y constantes se hacían mas y mas rápidas en su ejecución. Con sutileza, la piel morena condujo a la piel blanca a un lateral de su perfecto cuerpo, dejando sentir la textura de tan suaves y mullidas colinas en las que cualquier guerrero exhausto estaría encantado de poyar su cabeza para reposar por una eternidad. Aquel acto, aquella cata de manjares mediante un tacto que trataba de demostrar toda la seguridad del amante experimentado fue aderezado con un profundo beso que no dejó lugar a dudas de todo aquello que se acumulaba en lo profundo del mismo ser. Las lenguas, blandas y cálidas, en lo mas absoluto tensas por la situación se encontraron y con delicadeza comenzaron a reconocerse como iguales, a bailar una lenta danza que también tenía por participantes a los labios unidos en un sello sagrado de entrega y generosas acumulaciones de un placer incipiente.


Las pieles se rozaron un instante en toda la extensión de sus cuerpo. Las sábanas cubrían parte de los cuerpo en tanto que estaban a la vista aquellas bocas que lentamente se movían. Los ojos esta vez cerrados se entregaban al placer. Aquel viaje por el cuerpo de ella se reanudó de nuevo cuando en su recorrido aquella lenta, solitaria caricia ascendente se volvía descendente en compañía de esa delicada mano que tanto gustaba de besar en sus dedos cuando se veían a los ojos, cuando se tenían no tan cerca como en esa ocasión. A su memoria acudía el olor de su piel, la suavidad y el erizamiento que experimentaba cuando su nariz y labios aspiraban y saboreaban aquel delicioso manjar que no debía desprenderse del cuerpo, algo difícil de contener cuando se tiene el sabor de la sangre y la carne constantemente en los labios. Se sentía preso de sus ojos cuando los veía, de su aroma cuando lo olía, de su piel cuando la tocaba, de su mente cuando la pensaba o la imaginaba a su lado en las noches de soledad, incapaz de consumar otros actos que no fueran el de sonreír y soñar despierto, alzando la mano al aire y acariciando una imaginaria faz que tuviera sus perfectos rasgos. Pero ahí estaba, sintiendo el baile de los alientos, de las bocas que se separaban para tomar aire y volver de nuevo a la acción de aquellos movimientos mágicos sin cesar de mostrarse el cuerpo a través de esa caricia guiada por la sutileza de ella.


Un rápido movimiento y entre risas y miradas intensas ella lo miraba desde su posición dominante, hostigándolo con deseo y movimientos de cadera que no eran suplicantes, que no eran llamados urgentes al placer, solamente eran movimientos en los que se reflejaba el disfrute de aquellos dos seres que cruzaban sus caminos. Los pequeños movimientos, suaves y lentos hacían crecer mas y mas las ansias de consumarse en aquella danza apasionada. Ella tomó sus manos y suavemente las paseaba por su cuerpo, saltando oportunamente las zonas que mas demandaban el sentido del tacto de él. Un suave suspiro salió de sus pálidos y delgado s dedos y una sonrisa los colmó finalmente cuando sintió libertad y recorrió su cuerpo lentamente, acariciando cada detalle con una ternura que se aseguraría de que no sintiera con nadie mas, pues la adoraba en lo mas profundo, esas caricias eran prueba de ello, cada pincelada era una súplica de que se quedara solo un poco mas, algo que él nunca había hecho con nadie. Suplicar era de tontos y débiles pero sin las palabras siempre era mucho mas directo, mas sincero y tierno. Las miradas no se separaban y los movimientos de cadera no cesaban hasta que suavemente, aun en ese baile circular de su cuerpo, ella se inclinó y regaló un suave suspiro a los labios de su amante, que poco a poco se fueron uniendo en un profundo beso que desencadenó otro giro.


En los rincones mas secretos, las suaves caricias habían despertado ambos cuerpos, ambas almas que ahora se manifestaban en sus formas mas ancestrales como así había sido desde hacia tantos miles de años. Se encontraron las miradas y compartieron el inicio mas suave de ese momento íntimo comprendiendo cuanto les rodeaba y al mismo tiempo ignorando todo aquello que no fuera estrictamente relacionado con los ojos que tenían delante. Un suave movimiento y un suspiro, la intensidad de las miradas aumentadas por las sensaciones que ambos experimentaban. Otro pequeño paso de baile en esa pista rectangular que ni con toda extensión que se le pudiera dar alcanzaría a contener las pasiones desatadas en medio de sutiles movimientos, de caricias que no eran presurosas por el hecho de mantener encendida la llama de una pasión creciente que en ningún momento llegaba a quemar, a hacer perder el control o tal vez sí pero de una forma tan maravillosa que por nada del mundo se querría convertir esa bella celebración en algo mundano. Otra nueva nota se clavó en las mentes de ambos, dejando una huella indeleble en su vida. Y esa caricia sonora era acompañada de caricias de manos y labios que se paseaban libremente por la piel, prodigándose sensaciones prohibidas que trascendían la belleza de cualquier verso hecho nombre o canción.


Era todo un mundo el que ahí nacía en cada gesto, en cada tributo de placer y ese algo mas indescriptible. El lecho era el sustento menos importante y la tierra que sostenía la cordura del caballero era todo aquello de lo que se componía su compañera nocturna. Se sentía en perfecto equilibrio con el mundo En aquel cuerpo donde se hacían crecer las mas bellas sensaciones, donde los ríos buscaban un sendero seguro en forma de pequeñas pinceladas y las lluvias de besos lentos y suaves dejaban su flor con pétalos de sensación en la piel. Aquellos cuerpos eran arados para dejar una buena siembra, como en toda buena tierra, de frutos que saldrían a flor de piel con aspecto de suaves suspiros a través de los labios hechos desde un primer momento para besar, suspirar, susurrar y seducir. La cordura de aquel caballero, toda la razón de su mente se había reducido a dejar cada una de esas pinceladas siendo verso, a saborear la esencia de aquel cuello en forma de besos lentos. 


El aire ya no era mas que el de los alientos danzando en el aire cuando las bocas se encontraban y se devoraban con toda la avidez del mundo, como si respirar fuera una nueva y adictiva sensación entre los lentos y fluidos movimientos de los cuerpo. En sus bocas se intercambiaban aquellas esencias que ardían por salir presurosas. Los suspiros y susurros estaban presentes en cada paso de aquel baile ya mencionado que lentamente se tornaba mas rápido y enloquecido pero al mismo tiempo mas emocionante, mas único, mas sincero y expresivo desde lo profundo del corazón. No había una sola brisa que pudiera pasar entre los cuerpos de tan juntos que estaban y se sentía realmente bien que en cada roce una llamarada se desprendiera de aquellas entidades que se encontraban tras tanto tiempo. A las caricias de los labios seguía el aire del aliento que erizaba la piel y levantaba las sensaciones, ablandaba la resistencia y permitía la liberación de suaves notas de placer. El aire cálido los rodeaba, un aroma se desprendía de las pieles que se rendían a las sensaciones, a las caricias, tiernas demostraciones y suaves tributos en forma de aliento.


El  fuego se tornaba un elemento mas de todo aquello, que se repartía por igual en ambos cuerpos. Cada  lento paso de baile en aquellos dos elementos era una chispa que no parecía tener intención de apagarse, que se acumulaba a un excitante montón de llamas las cuales iban devorando lentamente el tiempo, lo consumían todo y a su vez lo hacían deliciosamente eterno. Aquel ser sentía sus alas arder ante ese cuerpo que estaba debajo de él. Las formas de su ardiente amante, una criatura que ahora desprendía ese mismo fuego por la mirada cuando pudo ver, de casualidad, aquellos ojos llenos de un poder inconmensurable. Se sintió inferior, pequeño pero al mismo tiempo fuerte y resistente al ser él causante de todas las emociones que reflejaba en su mirada de fuego aquella bella dama que había trascendido mas allá de su humanidad. Ahora no era una sencilla dama era un ser de fuego, de la tierra ardiente con piel morena de la que procedía. Ambos sonrieron al verse en aquella situación, en aquella igualdad de condiciones en la que los sudores, los suspiros eran ríos de azufre y alientos de fuego en la piel del otro. Eran dos dragones bailando una danza que se eternizaría hasta quedarse ambos satisfechos, desprendiendo las llamaradas de sus latidos acelerados hasta la saciedad absoluta. 


Y ambos fluían en perfecta sintonía como un sonido líquido que se iba desparramando por los sentidos, Un nuevo giro y esta vez ella estaba encima de él, mirándolo con sus grandes ojos oscuros, que lo hacían estremecer unas veces. Los labios fueron a desparramar su río de  fuego contra su corazón como una tierna daga ígnea que se clava en el pecho de la bestia a la que derrotar. Aquel líquido desprendido de la boca dejó un rastro frío en su piel morena y ascendíó hasta los labios que fueron besados tras incorporarse para luchar lentamente entre movimientos de cadera y suspiros de placer. Los ríos eran definidos con caricias en su espalda, en las espaldas de ambos se sentían la presión de los dedos, las caricias entregadas y el sentimiento de alunas uñas que apasionadas querían marcar su propiedad. Una mano en la baja espalda y otra en la nuca, acercándola mas a su boca, deseando mas de su fuego, de ese lugar que ella le ofrecía entre movimientos sensuales y ondeantes de cadera. Ellos bailaban como el agua en los remolinos, como el viento entre las hojas, como el lodo en las pendientes y la lava en los volcanes. Se mezclaban en todo, cuerpo, alma, esencia, raza, sangre, emociones, todo se mezclaba para formar algo infinitamente mas bello. Se desprendían las notas y seguía aquella danza acumulando una explosión final que los alcanzó con gran acierto y oportunidad. 


Las miradas se desviaron cuando se produjo aquel punto final, esa última nota que era símbolo de unión, de el final de una etapa y el comienzo de otra. Ambos miraron al cielo que les regalaba a una Luna completamente sonrojada y lentamente se volvieron a cruzar las bellas estrellas de ella y los ojos humildes y ansiosos de él. Se miraron mientras poco a poco los labios se rozaban de nuevo y se besaban en aquel tierno gesto, en aquellos pequeños detalles en forma de caricias, de confesiones, de lentos tributos. Unos cuantos movimientos, un par de estremecimientos. No había nada mas bello que aquellas noches a su lado. Extenuados y en la cama se miraron largo rato, abrazados los cuerpos y las almas en aquella bella noche. Él desconocía que pensaría ella pero no podía por menos que desear mucho mas de lo que había probado. Se sintió en equilibrio con aquel bello mundo que tenía delante. deslizó con delicadeza sus dedos por aquella suave mejilla y se unieron los labios en un tierno beso, apenas una caricia tímida, un precioso contrapunto a toda la acción experimentada. Permanecieron abrazados hasta dormirse al amparo de las estrellas y la noche ...


...tras haberse dicho con el cuerpo todo aquello en donde las palabras no eran suficiente. 



jueves, 14 de junio de 2012

La batalla del miedo

Como una macabra imitación de lo que en mil formas de placer se pudiera expulsar, un suspiro salió de entre dos labios que acostumbrados estaban a la soledad y el frío de las noches. Un ser miraba en la distancia, esperando ávido aquello que fuera que tuviera que pasar. Aunque con seguridad cualquiera que le conociera sabría que estaba esperando a una criatura que no tenía comparación con las demás. Sus ojos iban de la oscuridad a la noche estrellada, de esta a la luna y de aquella redondeada dama a la estancia en la que estaba esperándola. En sus ojos se adivinaban una emoción opacada por la preocupación de no ser lo suficientemente bueno para ella. Pero apresuradamente desterró aquellos pensamientos de su cabeza que lentamente se sumía en un bucle de pensamientos que anulaba la percepción del tiempo en aquella mente desquiciada por pensamientos macabros. Todos aquellos pensamientos tortuosos quedaron fuera y una pequeña sonrisa asomó a los labios que estaban ansiosos por recorrer de nuevo la piel. Los ojos vivos desprendían la luz de un nerviosismo casi infantil al saber de su presencia en las cercanías. Pequeños destellos dorados eran arrancados de su cabello mientras los ojos se clavaban en la luna. La piel expuesta de su torso dejaba entrever una blancura casi mortal, uno de sus mayores orgullos y vergüenzas.


Se despachaban historias en medio de la naturaleza salvaje con los aullidos de los lobos, el corretear de los ratones, el ululato de los búhos, el cri cri de los grillos y el constantes y agudo sonido de las cigarras. El batir de las alas era de vez en cuando una nota discordante. Antes de que aquella larga cabellera finalizara dos grandes alas formaban una capa de unas plumas muy llamativas no por la variedad en el color sino por la forma en que la luna, mas bella que nunca aquella noche, arrancaba los reflejos. Unos sonidos de cristal entrechocando con la máxima y armoniosa delicadeza se producía en cada rayo de luz de luna que impactaba contra aquellas curiosas alas. Los ojos, despiertos en la adormecedora noche, escudriñaron la oscuridad, aquella basta extensión de hierba que podía albergar a muchos ejércitos uno al lado del otro, enfrente y detrás del primero que formara. Sin duda una visión magnífica de la gloria y el poder de un reino el de un ejército que fuera leal a la corona o al poder al que sirviera en ese momento. La mente de aquel pensante y extraño ser repasó unas pocas batallas con infantería de linea y mamelucos por igual solo por distraerse de la larga espera en la que se veía atrapado. Otro nuevo suspiro al recordar aquella mirada seguido de una fuerte explosión. La tierra mostró su herida cruel por un gran boquete producto del proyectil.


Una larga sombra se extendió a todo lo largo de aquella llanura mientras el gran dragón negro daba vueltas alrededor de las torres mas altas y poco a poco, por una extraña magia, reducía su tamaño y cambiaba su forma para poderse convertir en un aparentemente normal y sencillo hombre de buenas proporciones. Aquellos ojos denotaban la fortaleza y la crueldad, la lascivia y la ira mas abrumadoras. El ser alado, poseedor de una mirada contraria con solo unas pocas similitudes miró el perfil que le mostraba el visitante. Lo que antes eran escamas ahora era una piel descubierta que se encontraba en las mismas condiciones d desnudez que la de el primer habitante de ese balcón. Lo miró fijamente y contempló aquella sonrisa que no parecía prometer nada bueno. Entre las ramas de los árboles de un frondoso bosque se podía contemplar a la brisa con los ojos del observador y escuchar con los oídos del músico aquella bella melodía que regalaba a los sentidos. Pero había algo mas. Había gritos y angustia entre las ramas e ira, mucha ira. Un nuevo suspiro pero este de resignación. Su mirada se alzó hasta aquel rostro que se había formado en el aire, aquellas facciones conocidas que no se cansaba de ver en sus mejores sueños. la miró con anhelo, sabedor de que era una ilusión, producto de su mente, de que ella en ese momento no estaba ahí pero para él era real, la suavidad de su piel, el repaso constante que daba un pulgar a sus labios mientras la barbilla imaginada era sostenida delicadamente. La presencia oscura lo miraba con evidente ironía, sarcasmo, hipocresía, mostrando todo lo malo de la esencia humana. Su sonrisa se fue haciendo mas pronunciada en tanto que las hordas de demonios avanzaban. Los ojos de asediado se estrecharon en una leve rendija y las manos se crisparon en torno al mármol blanco que al contacto con sus pálidos dedos fue tornándose en un azul bastante notorio. Una última mirada a aquellos ojos que su mente recreaba para su locura le permitió ver casi el atisbo de aquella luz que no podía por menos que...


La nobleza misma se vio reflejada en cada uno de los movimientos de sus alas cuando lentamente, desplegándolas, alcanzó el máximo punto de extensión, suponiendo una destacable  coronación de la torre mas alta. Aquella torre que albergaba las dependencias de su merecedora dueña que poco a poco se fue adueñando del resto del castillo. Un castillo que antes era una verdadera ruina, que estaba prácticamente muerto, inservible incluso para las criaturas que moraran en las ruinas y esperaran a los viajeros para hacerse con sus cuerpos y almas de las que alimentarse. El silencio sobrecogedor se llenaba de la música y las risas de aquella que moraba entre sus paredes, que ahora podría estar en cualquier parte, afortunadamente ignorante de tal desastre que se avecinaba sobre las murallas del castillo. la criatura maligna seguía sonriendo sabedor de aquello a lo que se enfrentaría el anfitrión de aquellas murallas pero no se esperó la siguiente acción. Con las grandes alas desplegadas de par en par el viento recogió a su aliado para darle sustento en un vuelo casi mortífero para su propia persona que se dirigió directamente contra las hordas de demonios. En plena caída aquel ser lleno de maldad soltó un par de frases hirientes pero no cejó en su empeño de caer con toda la fuerza sobre sus enemigos, con toda la ira de los cielos a su espalda en forma de alas de color azul rey. En sus plumas el filo mas mortífero se desplegaba en cada batir de alas por todas partes cayendo en forma de acero sobre sus enemigos. 


No tardó en ser atrapado por pezuñas, garras, zarpas, manos humanas o inhumanas que lo apresaron firmemente. La Tristeza entró en lo mas profundo de su piel derramando con su frío aliento por debajo de esta, mezclándose en la sangre. la angustia poco a poco fue devorando su esperanza, la luz de la ternura se extinguió por la inmisericorde ira, que no respetaba al enemigo que se rendía. Desgarrando su alma estaba la Desesperación mas profunda, que le hacía ver ahora un vaso que jamás se llenaría. Aquella fatiga de seguir adelante se hizo mas pronunciada por la pereza y los ojos se fueron cerrando cayendo en un mar negro como el propio infierno cuando se apagara. A sus oídos acudían los lamentos de los moribundos y sus ojos habían quedado ciegos por lágrimas que se tornaron negra y después rojas. Finalmente los ojos se secaron. En su mente plagaba con toda su oscura intención la rendición, la claudicación de toda resistencia que pudiera elevar las alas de nuevo para volar. Su corazón poco a poco se fue apagando. Trató de recordar en que punto de su vida su corazón había dejado de latir una vez para volver a hacerlo mas acelerado. Recordó entonces algo... 


Y el corazón volvió a latir. Fue un latido fuerte, el mas potente jamas llevado a cabo por ese corazón que había caminado tantas leguas a lo largo de un camino que no tendría fin hasta que hallara el motivo de aquella señal de vida que parecía haberse detenida hace tanto tiempo. Los ojos se abrieron y los miedos temienron su fin al ver aquella luz que emanaba de unos ojos que en humildad podían destacar pero mas en algo que su sonrisa reflejaba. La luz se hizo mas brillante y la luna, en fiero asedio contra la oscuridad pudo penetrar hasta los mas profundo de las hordas y darle a su mas fiel siervo una bella armadura que lo envolvió. las alas batieron una sola vez desplegando ante los aterrorizados ojos de la oscuridad un gran manto de luz que se fue expandiendo por todo el territorio ocupado. Otro latido mas y esta vez el tiempo se congeló, como cuando dos amantes se miran a los ojos y no temen a nada de lo que pueda pasar entre las pieles que se entregan en suaves roces y susurros. Lentamente se fue poniendo en pie aquella criatura que había sido atrapada por la oscuridad, Aun aferraban sus piernas, pero no las iba a necesitar. Sin mas la Luna le dio mas y mas fuerza. Batió las alas una y otra vez hasta que los miedos se cayeron por si mismo,  voló alto, muy alto mientras las estrellas caían a su alrededor para dejar un rastro de destrucción por parte de un Dios que tenía que proteger a su manera la sonrisa de su mas bella enviada para salvar el alma de aquel que ahora volaba hasta lo mas alto de los cielos, como si buscara el rostro de Dios pero nada mas lejos de su interior. 


Las puertas del castillo se abrieron y salieron cabalgando como si los llevara el mismo Diablo una inmensa cantidad de jinetes que al grito de ´´por la Musa´´ se estrellaron contra las filas de los demonios, de los miedos y los anhelos profundos, de las desesperaciones y los defectos. Unos ojos se abrieron en el rostro de aquel ser alado encontrándose con la criatura maldita del principio. Sin mas se dejó caer de nuevo para prestar una bella batalla desde los cielos en la que desplegar la mas fiera lluvia de acero que los ojos de hombres y poetas hubieran visto nunca. A los mas rudos de aquellos caballeros se les veía pletóricos en lo mas profundo de la batalla, destrozando los miedos con la fuerza de sus espadas y de palabras de aliento, de poesías que clamaban al viento. Todos ellos entrenados para luchar por aquella sonrisa de la mejor de las maneras, espada y rosa en ristre. En sus monturas se podía adivinar los galones de altos tenientes pero también las procedencias mas humildes que luchaban por aquello que hacía bello a su pueblo, a su mundo. Así llovió acero y luz, escupida por la Luna que dio una espada reluciente a su siervo y una lanza. Una larga lanza que había sido cubierta con el mas puro cristal. No se sabe como pero ahí estaban las armas en las manos de aquel caballero que lo daría todo por la sucesora de la bella Terpsícore. 


Dura batalla fue aquella. Algunos aliados cayeron pero muchos mas cayeron por el apoyo de los mismos bosques de los que salieron en su momento. Los demonios poco a poco retrocedieron hasta las ramas y el linde de aquella espesa vegetación que fue decorada por los profundos aullidos, anuncios de búsqueda insaciable de gloria. las sombras mas viles provistas de afilados colmillos acudieron moviendo las cuatro patas con la misma velocidad del viento para presentar la batalla fiera en la que la carne de demonio regiría como ama y señora de aquella llanura, aquella planicie en la que ahora se desarrollaba la mas fiera batalla de todos los tiempos. Los gritos y las consignas eran recogidas por el viento que las expandía hasta mas allá de los límites de aquel mundo creado por y para ella, que tenía la sonrisa mas bella que jamás hubiera visto aquel primer caído y renacido con la sencilla visión de su rostro en la mente. En la lucha lo acompañaba la idea de ella, su imagen sonriente, aquella sonrisa que adoraba. Lanzó la lanza y cuatro demonios cayeron. y la volvió a lanzar y cayeron siete. La espada repartía senderos cortantes de luz en los que nada podía caminar sin que fuera puro de corazón. Sus alas se replegaban cuando tomaba tierra y se lanzaba acompañando en una carga a sus aliados o bien se desplegaban de nuevo para atacar desde los cielos. Heridas a cientos se llevó en la lucha. Los gritos pronto se fueron haciendo mas leves, poco a poco se dieron cuenta de que habían ganado cuando daban espadazos al aire. 


El ser alado contempló la tierra manchada de la sangre de demonio y sintió asco pero alegría a un mismo tiempo. habían ganado y habría que comunicarle la buena nueva. Cansado ante la batalla y mas aun ante la extenuación interior que sentía al enfrentar miedos, angustias y todo en un mismo punto de su día, se encaminó tambaleante con su gran armadura hasta donde se encontraba la dama de sus sueños. Voló dando una palmada en el hombro para consolar la llorosa alma que antes estaba tan segura con su sonrisa llena de malas intenciones murmurando en el camino ´´otra vez será´´. La luz pasaba a través de los cristales del techo derramando una cascada de color en los bellos rasgos de aquella a la que estaba profundamente agradecido de su presencia en su vida Se acercó secando la sangre de su mano en un trozo de tela que sobresalía por debajo de su armadura hecha por la bella Luna, reina celeste de los cielos. Y mas lunas que podría haber en el cielo y los ojos de ella serían los mas bellos del mundo. Una rodilla se rindió al peso de la armadura y la sangre brotaba desde unas cuantas heridas pero aquel rostro se pudo apreciar en toda su magnitud. Extendió los dedos hasta poder dejar un suave trazo invisible de poderosa ternura y adoración en aquel rostro tan bello. 


La observó fijamente por un momento, la miró hasta lo mas profundo del alma, de todo aquello que le permitieran las sábanas y las fuerzas. la miró dormir, sumergirse en los sueños mas bellos que él supiera inspirarle a través de las narraciones que llevaba a cabo. Como aquella que estaba finalizando que pronto ella leería, sabría de sus heridas y seguramente se preocupara pero él la tranquilizaría en un abrazo y con una sonrisa que solo ella podía hacer nacer desde lo mas profundo y atormentado de su alma, traspasadno las barreras de la tristeza para tornarlas en la mas sincera alegría al verla. 


Sin mas se dirigió a una pequeña mesa y metiendo una mano debajo de la armadura extrajo un trozo de flecha, sonrió y la tiró por la ventana que mas cerca tenía. Lo siguiente fue una rosa azul, impoluta y bellamente tallada en zafiro. 


Vigilando de no haber dejado rastros de sangre en aquella estancia y en sus armas, depositó estas en la mesa. Esa habitación necesitaba armas y esas serían las primeras. Un último vistazo y feliz de que ella estuviera bien desapareció. 


miércoles, 6 de junio de 2012

Un merecido tributo


Es bella, ahí donde no llega la luz imaginativa de mortal alguno llega la suya a lomos de Wagner o de una sinfonía similar de calidez y atenciones, pequeños detalles que quizás ella entiende pero ante los demás no deja de ser un bello espectáculo de aquella inspiración dada por las musas en las que depositan todos los artistas, pintores, escultores, escritores y poetas cuerpo y corazón para lograr ese paso mas que los lleve a la perfección en cualquier tipo de práctica. Mira a las estrellas en medio de una noche que alumbra el nacimiento de ese bello espectáculo celeste lleno de una fuerza imperiosa y milenaria. Cuanto gusta de sonreír en todo momento y dejarse llevar por la música y la visión de imágenes a miles que reproducir en lienzos a miles o escribiendo. 


Los vientos de la imaginación recogen su cuerpo, no debe estar en la tierra o de lo contrario no se rendirá oportuno homenaje a su persona, aquella cálida persona que puede hacer del canto de los pájaros un manantial de aguas puras que purifiquen el alma. Existe en toda su totalidad siendo signo de aquel que es conocido por su comunicación, sensibilidad, imaginación y genialidad a la hora de plasmar todas aquellas aventuras o escenas que pasan por su mente historias a miles que ella podría crear de un solo retazo de tranquilidad. Los vientos la llevan como su mente, volando, hasta donde se albergan todo aquello grandes gestos que ha logrado. Un gran castillo blanco estaba esperándola. Los vientos la depositan en la entrada y esas grandes puertas que tiene frente a ella le permiten penetrar al edificio dando la espalda a la gran cabellera verde que es la pradera que se extiende alrededor de todo el lugar tan bellamente decorado. Son la mas destacada de las humildades traspasa los dinteles de aquellas grandes puertas hechas para dejar pasar con facilidad a tres gigantes uno al lado del otro. Las luces entran por las ventanas sin apenas cortinas que arrancan miles de brillos a través de los cristales de colores que poseen las ventanas imitando escenas de todo tipo. 


Como una caricia un susurro se hizo escuchar desde una dirección indefinida. No era de su derecha, no de su izquierda. Todo era confuso y el miedo la empezaba atenazar por la profunda voz, cavernosa, grave pero con el terciopelo impregnado. Decía su propio nombre una y otra vez a intervalos regulares en los que había una especie de familiaridad. Algo la impulsó a mirar a su derecha y pudo apreciar como la chimenea se encendía al fondo de aquella habitación donde le esperaba una extraña comitiva. Sentados todos ellos, unos cuantos pares de ojos la miraron durante un rato con una sonrisa en los labios. El susurro seguía persistente pero esta vez la voz no dijo su nombre sino que la exhortó a acercarse y ella obedeció dado el claro reconocimiento mutuo que guardaban anfitriones y visitante. Se advertían varios lugares y en especial uno que no fue ocupado en momento alguno. Un trono de oro con figuras de demonios estaba casi llenando toda la estancia con su brillo y ostentación, testigo de la estadía de un ser poderoso que había sentidos ansias toda la eternidad de poseer almas. Sin dar tiempo a mas la voz de nuevo habló esta vez a su oído, ateciopeladamente, pretendiendo lograr las máxima sensaciones biológicas posibles. 


-Querido sierva del infierno...-Comenzó el dueño de aquel trono- Fuiste una de las siervas mas leales y entregadas a la causa de un placer que no tenía mas fundamento que el placer mismo. Fuiste constante y obediente, promotora de que la llama de la pasión y la lujuria no se apagaran en aquellas largas noches de cama. Fuiste realmente valiosa para sustentar imaginaciones y pervertir con ideas de lo mas lascivas las mentes inocentes de todos aquellos que te encontraran en brazos de tu señor que aquí te habla. Tus hechizos, llenos de poder, invocaban a las criaturas mas temibles y la magia te rodeaba en todo momento, algo a tener en cuenta por parte de Dios pero mas de este servidor de las sombras, que las doma a placer cuando place de hacerlo. Las ansias de tu cuerpo nunca se despejaban ni se marchaban cuando tus provocaciones surtian tanto efecto en mi como las mias en ti. Fuiste bruja y sierva, entregada esclava de placeres que nunca podrñan ser igualados. Lucha por ello...-Los brazos soltaron el cuerpo de la invitada dejando ver por primera vez a un ser lleno de belleza que desprendia un aura de oscuridad implacablemente seductora. Una mirada perforante llena de astucia y malicia, deseo profundo y avaricia por el tener mas y mas en este miserable mundo se posó en los ojos de aquella que había sido encantada mil veces con caricias. El señor de los demonios se sentó en aquel trono de oro y calló. 


El siguiente en acercarse fue un joven de aspecto galante que no era ni por asomo la sombra del primero. En su mirada se destilaba la inocencia mas pura aunque también la ambición de la aventura y la emoción del viaje a caballo. Los rubios cabellos estaba sueltos como a él le gustaba y su armadura impecable. Como la de cualquier caballero que se precie, la espada se encontraba a un costado, dispuesta a ser desenvainada cuando fuera oportuno y el peligro o la aventura se presentaran. Una blanca sonrisa fue lo primero que relució, incluso antes que e blanco y brillante recubrimiento metálico que hacía ver escasamente su cuerpo bien proporcionado. Avanzando con un ligero tintineo hincó una rodilla en tierra y bajó la vista al suelo en señal de un profundo respeto y reverencial tributo a tan magna persona. Luego levantó la mirada y tomó su mano con suavidad mientras los grandes ojos casi de soñador y aventurero que podrían poseer los grandes pioneros de las tierras de procedencia de aquella dama se encontraban con los de ella. Entonces el caballero comenzó a hablar: 


-Eres un ser magnífico, que puede despertar muchas buenas sensaciones de tranquilidad aun en medio del caos, que sabe escuchar a todos aquellos que lo necesitan. Siempre guardas un abrazo para quienes lo necesitan y para quienes no lo necesitan también, al igual que para quien lo merece y para quien no. Eres valiente al enfrentar tantos problemas que podrían hacer retroceder a mas de uno. En mi espada pongo toda  la fe y el honor de la espada que me he forjado yo mismo para que estas sean verdades y que se prediquen por todo ese bello mundo que ha sido creado con la ayuda de tu imaginación. Tu creatividad me ha dado una casa en un paraje tranquilo que me ha permitido crecer, aprender y madurar entre niños y risas. Y ahora me ofreces ese mundo que recorrer con mi espada y unas cuantas pertenencias. Y poco camino he recorrido pero mucho he de recorrer y mil peligros me acechan lo se y con mil maneras los enfrentaré, ya sea con una sonrisa o con esto- y desenvainó la espada- Esto es la fuerza que da vida a mi brazo, es parte de mi cuerpo así como eres parte de una existencia, ya sea de una forma mas o menos sutil pero que nunca se va a diluir. Estás en la memoria de todos nosotros poderosa dama de grandes artes que aportan luz a todos aquellos que se encuentran faltos de inspiración, que desparramas tus artes con gracia y elegancia en mundos que me son ignotos. Estoy pues a tu servicio y espero ser de utilidad a la causa de tu sonrisa. Nunca pierdas esa energía que a muchos les falta. -Sin nada mas que añadir el caballero se puso en pie y se dirigió a su puesto inicial. 


El penúltimo de los seres avanzó. Ondeante el pelaje y amplia una sonrisa que denotaba las ansias de arrancar carne humana y a la vez la familiaridad de quien recibe a un ser querido en su hogar. La bestia avanzó lentamente y a medida que lo hacía sus formas se iban volviendo mas humanoides hasta que un hombre (o al menos eso parecía) embozado en unos pantalones y nada mas se acercó a ella y tomó con suavidad su mano dejando un pequeño beso en esta. Los rasgos fuertes enmarcaban unos ojos de un intenso color rojo que la miraba con una especie de demencia incipiente y también con calidez y ternura. Una voz con acento no se hizo tardar mucho mientras aquella mano permanecía sostenida por dos fuertes manos que podían acariciar las pieles mas delicadas con extrema ligereza sin causar daño alguno mas que la pérdida del control. La sonrisa estaba a pie y a caballo entre la del señor de los demonios y la del caballero de blanca armadura y motivaciones en la vida. No hincó una rodilla en tierra, gustaba mas de imponerse con su altura a aquella dama que despertaba en él todo el interés del mundo cada vez que la veía aparecer. Entonces aquel lobo con forma humana comenzó a hablar: 


-Querida, tu presencia en mi larga existencia siempre ha supuesto una chispa de diversión y de originalidad. Has dado grandes sorpresas a todos aquellos que te rodean y nos hemos esforzado al máximo por igualarte en tu genialidad, algo que nos ha sido del todo imposible. Mis zarpas están en deuda contigo y mis labios también por ciertas clases con cierta dama irlandesa de como besar. Has sido una excelente y bella pantera negra que ha hecho las delicias de todos aquellos que buscaban variedad en medio de la normalidad e incluso el aburrimiento incipiente. Siempre has tenido esos pequeños detalles en los que has depositado una sonrisa e incluso parte de un alma maravillosa con los que ni en mil vidas podríamos corresponder adecuadamente. Pero a cambio te prestamos nuestros servicios como caballeros, aventureros y muchas cosas mas que pueda obtenerse de los cielos mas tormentosos o del mas calmado de los mares, del mas profundo bosque y toda una amalgama de colores y materiales disponibles para hacer realidad sueños increíbles, emociones intensas y un sin fon de retos que cumplir. Tu presencia ha aportado energía y verte caer no es nuestro sueño por lo que estaremos cuando mas oportunidad tengamos de destruir aquello que te impide estar alegre en todo momento, sin piedad alguna, sea hombre, mujer, niño o barrera física, ya sea psicológica o física. Sabes que nos movemos por impulsos así que no dudaremos en actuar. -Una sonrisa surcaba aquellos labios que tantas pieles había lamido y besado a lo largo de una larguísima edad. El hombre semidesnudo se fue a su puesto no sin antes dirigir una última mirada a aquella dama y moviendo la cola contempló al último de aquellos extraños seres. 


El último de aquellos seres la mirada serio pero a la vez sonriente, como quien recibe en su casa a un allegado muy querido pero que pretende dar formalidad al asunto. Su cuerpo estaba cubierto En la cabeza por una larga cabellera que había despertado admiración y repulsión por igual. El resto de su cuerpo no se podía adivinar dado que se encontraba trajeado con la mas excelente de las telas. Su porte de galante caballero se hizo presente confirmando las habladurías de los barrios bajos y los altos castillos. Se acercó a ella y sin mas la abrazó con todas las fuerzas que sus delgados y blancos brazos le permitían. Entonces la sonrisa se hizo mas amplia. Tomó ambas manos de ella mirando sus ojos con todo el cariño del mundo, mirando aquella chispa de luz mortecina que luchaba por salir al exterior para impresionar al mundo. La observaba atentamente como si esperara lo que hacer pero al no recibir señal tan solo se puso a hablar como las otras variopintas criaturas anteriores con aquella voz que tanta admiración parecía causar: 


-Querida Fon, como bien has podido escuchar hemos dado el testimonio al mundo en estos precisos momentos de todo aquello que te compone y de seguro no es la mínima parte de todo lo que te compone en su totalidad. Eres una ser imaginativo que ha dado grandes ideas y aportaciones al mundo, que unas veces no ha sido escuchado y otras muchas veces fue escuchado y ha sido iluminado el mundo que ha tenido la gracia de tu presencia. Y yo te debo muchas cosas, demasiadas para ser enumeradas. Me has aconsejado sabiamente, me has aguantado el peor de mis estados de ánimo como una valiente luchadora que no se deja vencer ante nada. Tienes la capacidad de la innovación pues todos los mundos de los que vienen estos- señaló al grupo al completo- en su momento brillaron con luz propia por tus aportaciones, por tus donaciones de trocitos de alma. Me has mostrado pequeños detalles en cada palabra que me han asombrado o hecho gracia en su momento. Eres toda una bendición para aquellos que te tienen en alta estima. A tu lado tienes a gente que te quiere aunque algunos de nosotros no sepamos demostrarlo debidamente. Has dado grandes puntos de vista y nos hemos reído mucho solos o en compañía de otros que han tenido la fortuna de conocerte. Porque conocerte es una fortuna mas grande que todo el dinero del mundo, mas grande que cualquier estrella. Tengo una gran deuda contigo por ese pasado difícil en el que siempre estabas ahí hasta decir basta, en el que te pusiste seria conmigo y en el que pudimos llorar a gusto cuando era necesario, cuando el agotamiento o la angustia ya no nos dejaba respirar. Y ahí estaré con toda la efectividad y afectividad que me es posible sin que piensen que estoy loco. Eres especial querida Fon, parte de esa élite que se ha ganado un puesto propio entre mis afamadas alas.-Dicho esto Dos poderosas alas salieron de su espalda y la envolvieron en un manto de morado y oscura negrura que flotaban y se entremezclaban en volutas y finas tiras de algo que no era ni sólido ni líquido ni gaseoso. 


Así abrazados permanecieron antes de correr a la aventura del vivir y el batallar en la vida.