Aquella sonrisa se extendía por su rostro como nunca lo había hecho nadie en su persona. Sus pasos resonaban con apenas un murmullo por aquel campo tan vasto y lleno de bellas flores portadoras de colores y aromas nunca antes experimentados con ojos y nariz. En la cálida brisa se arrastraba el recuerdo de aquella noche mágica e intensa que no cesaba de rememorar aquella mente algo perturbada. Sus pies lo llevaban por instinto a donde ella estaría. A través de todo ese lugar repleto de una belleza única, justo en su centro estaría la mas bella Flor que jamás haya podido ver un ser humano, acariciar sus pétalos y seguir cerdo ante las sensaciones que despertaba el roce de su piel contra la piel. El rostro permanecía en una constante alegría y nerviosismos entremezclados en aquellas facciones no muy agraciadas pero que sin duda y por una vez no eran de mucho valor ante los ojos de aquella persona con la que se iba a reunir. Un suspiro salió de sus labios y trató de calmar aquellos pasos tan presurosos que amenazaban con hacerlo tropezar. En un caminar un poco mas pausado pudo apreciar cada detalle de cada flor que ahí crecía,
Había flores conocidas por todos aquellos que gustasen del arte o el conocimiento de las mismas o bien las plantas en general. Las margaritas estaban dispersas al igual que las petunias o los lirios. Las tigridias estaban totalmente abiertas de par en par exponiendo sus rojos flameantes y pausados violetas. Unos pequeños iris estaban diseminados mas allá de los dominios de aquellas plantas procedentes de la tierras de fuego. Por doquier se repartían también los girasoles, permanentes observadores del astro rey rivalizando con los jaguarzos. Las osadas gerberas, las austeras diplarrenas y los hibiscos del bañado también estaban presentes. Era un abanico tal de colores que habría sido el mas imposible de lo retos para un pintor el estampar de tal manera toda aquella variedad de colores con esa exactitud. Cada una de esas flores estaba dispuesta para que la belleza entre ellas fuera complementaria, creando un tapiz lleno de igualdad y al mismo tiempo una amplia diferencia. Cada pequeña flor era todo un mundo, un mensaje que dejaba claras las intenciones de expresión de aquel que caminaba entre las gardenias y los tulipanes. Sus deseos mas fervientes estaban puestos en cada flor, en cada pétalo resplandeciente que parecía una joya tan delicada como el mismo manto de los sueños. Y si fuera poco entre las flores las había de cristales variados en forma y color, depositados elaboradamente, como si Dios los colocara uno a uno para crear joyas únicas. Brillaban también algunas gemas como la dulce amatista, la apasionada cornalina, la camaleónica turmalina,
incluso la extraña moldavita, con su mas extraña procedencia. No faltaban los pétalos y tallos de diamante, zafiro, cristal de refinada factura austriaca. El poder del interior de la tierra se había unido fuertemente a los bosques, las praderas y los montes.
Entre tanta exquisitez inimitable en cualquier otro mundo una persona normal habría perdido el sentido, se habría desmayado ante tanta belleza. Pero él no era normal y hasta podría decirse que algo cabezota como para permitirse el lujo de frenar su avance. Algo mucho mas importante que contemplar unas pocas plantas le esperaba. Toda aquella magnificencia perdía sentido y valor cuando el objetivo auténtico se hacía valer por encima de los sencillos y banales entretenimientos. Solo se paró a contemplar la tranquilidad con la que la flor de loto permanecía en aquel pequeño lago, entre juncos y otros parientes lejanos de este. La inmensidad del universo podía concentrarse en aquello que tenía en mente, en aquel breve instante donde todo se dejaba atrás, no había ningún mal acechando y solamente las cristalinas aguas del riachuelo cercano a aquel lugar podía igualar el atemporal movimiento de los helechos o dos alas que a veces volaban mas rápidas que la luz a abrazar aquellas formas tan agradables, tan bellamente talladas en forma de cuerpo femenino, continente de una esencia fulgurante incluso para el mas frío de los corazones. Ni una sola nube pasaba en ese momento por encima de tan magnas obras de arte creadas por una entidad de humilde corazón.
La música llegó vagamente a sus oídos. Unas pocas cuerdas que soltaban notas en un trabajado azar, casi como si imitaran el cantar de rara avis musical, de prodigiosa ejecución. Aquel sonido venía de entre los árboles, de debajo de la tierra, desde los cielos. Tales acordes llenaba todo aquel espacio, hasta el último rincón, desatando una explosión de vida en las reinas vegetales de aquel lugar, cada una abriéndose al mismo tiempo para recibir debidamente aquello que el destino les regalaba. Una miríada de pájaros hicieron los compases de acompañamiento. Aquella música llegaba a lo mas adentro, con una fuerza tormentosa y a la vez una suavidad digna de sedas y terciopelos como los llevados en las cortes reales de reyes y emperadores. Cada segundo de aquella melodía ejecutada suponía una carga menos que se marchaba en dirección a donde soplaba el viento, muy lejos de ese remanso de paz prácticamente infinita. Poco a poco la música fue creciendo en lo que aquel rastreador buscaba el origen de esa música alta y clara, inconfundible para quien al escuchaba solo una vez pues esta se quedaría dentro de uno, resonando y regocijando a todo aquel que la recordara en los momentos malos y buenos. Buscaba el origen de aquella risa.
El origen se encontraba disfrutando de una agradable velada con criaturas de todo tipo, a la sombra de un gran árbol que regalaba constantes movimientos de sus ramas para hacer oír los susurros de la brisa, que narraba las historias de los ciervos y los lobos, los zorros y los peces, las ranas, los bisontes o los pumas. Otras tantas criaturas mas inofensivas estaban a su alrededor, acompañando con su presencia las expresiones de aquella veleidosa e inspiradora dama, símbolo inequívoco de que el ser humano se podía acercar mucho a la perfección. Estuvo mirándola un rato, viéndola disfrutar de aquellas compañías silvestres, sin nada ni nadie que la molestara, que le causara el mas mínimo problema. El sol se colaba entre las rendijas dejadas por las ramas, arrancando así unos brillos sobrenaturales a su cabello, danzarinas luminosidades que irradiaban en todas direcciones como si se tratase de la aparición de alguna diosa. Pero lo mas impresionante, aquello que no tenía descripción posible en lengua alguna eran aquellos ojos y esa sonrisa de cuento de hadas.
Aquella sonrisa unida a sus ojos era como si de pronto la luz decidiera dejar de cegar al hombre pero no por ello dejar de impresionarlo y se presentara cada pocos segundos en aquel bello rostro. Era mirar uno de los espectáculos mas bello del mundo, estar a los pies de un banco de luz de un abismo que, lejos de asustar, daba esperanza y fuerza para seguir adelante. En aquel rostro estaba presente una variedad tal de virtudes que no bastaría una vida humana para enumerarlas todas y mucho menos describir sus efectos en los corazones faltos de alegría y ganas de vivir, como estos parecen renacer, fortalecerse y avanzar raudos como la mas potente de las máquinas. Ante el parecer de él sus ojos eran de un esplendoroso aspecto que no por el color sino por lo que transmitían y eran capaces de hacer sentir, eran sin duda uno de los baluartes de la esperanza y la bondad, la seducción y la inteligencia mas aguda en un mundo decadente, diferente a aquel habitado por flores diamantinas o zafireas procedentes de mil y un mundos. Mirar esos ojos era encontrar El Dorado. Que esos ojos te miraran era la bendición de de una Flor con formas de mujer.
Tomando la última de las flores que delimitaban aquella extensión tan rica en colores, olores y matices, se acercó y con suavidad rodeó aquella cintura con ambos brazos. El contacto con el cálido cuerpo de ella lo enfrentó a su parte mas apasionada. Por un lado aquella pasión ferviente, aquel deseo de tenerla por siempre entre sus brazos, jugar ambos entre las sábanas incansablemente. Por el otro lado quería que el tiempo se congelara, que los caminos nunca se separaran porque no habría mas espacio que el que ellos ocupaban en ese momento. Ella parecía sonreír mas si cabe, sabedora de que aquel fiel guardián estaba presente, de que daría todo por aquella sonrisa que ya nunca mas pudo sacarse de la cabeza, al igual que su mirada, su voz, sus sonrojos. Posó sus finas manos sobre los pálidos dedos de él, tomando al mismo tiempo aquella flor azul entre sus manos, esa representante de algo que empezó como lo que aun seguía siendo: un mensaje que pretendía decir ´´eres tan única como esta flor´´. Sus brazos la envolvieron un poco mas y el aroma de su cabello impactaba en su nariz llenando su sentido olfativo de una fragancia exquisita. Sentí como se relajaba entre sus brazos. No había prisas ni problemas, todo estaba tranquilo y en equilibrio.
Junto a la Flor mas bella
lunes, 10 de septiembre de 2012
jueves, 30 de agosto de 2012
Tres manos.
Un suspiro quebró la noche. Los suaves roces de sus dedos dejaban una pequeña traza de oculto deseo a lo largo de aquella piel. Sin ningún tipo de pudor Unas manos afortunadas estaban tratando con toda confianza el cuerpo de aquella mujer deseada por sus instintos y pensamientos desde hacía tanto. Pareciera todo un regalo, como una compensación a alguna buena acción que el no recordara y que así se la hacía llegar el destino. La calidez de su piel estaba enterrada a la altura de algunas partes por la ropa interior que daba cierta intimidad y dejaba ver lo justo a la imaginación de unos ojos que ahora mismo adoraban su piel en completo silencio. No podía concebir tanta maravilla. Cada pequeño detalle de esa noche estaba destinado a su sonrisa. Ella era el motivo de aquella noche. Ella era la noche, era el motivo central, la invitada de honor, la reina, la zarina, la emperatriz, primera dama en aquella exquisita celebración y fiesta de sensaciones que se estaba llevando a cabo en su interior. Pudo ver por un momento su sonrisa en aquellos labios de aspecto tan dulce que dejaban salir palabras con gusto a miel y fuego, una primera señal de su comodidad y confianza puestas en él. No la defraudaría.
Ambos se encontraban en aquella cama, testigo de tantos actos de fervorosa entrega o ternura infinita, y con un anhelo implícito sus dedos comenzaron a examinar detalladamente aquella piel, dejándose llevar mas si cabe por la calidez de su cuerpo, refugio templado y asesino de voluntdes. Sintió la suavidad, el color, la viveza que desprendía. Apreció como se levantaban los poros de su propia piel ante el gusto que le producía adorar de esa forma aquella extensión de fantasías ardientes, aquel lienzo que nunca iba a recibir un trato casual por su parte. Con total cuidado y tino se embebió de la suavidad con la que la vida le había recompensado por ser una persona ejemplar en la vida anterior. Por su mente pasó la idea de las tantas veces que aquella piel se había rozado con la de otras personas en actos fortuitos, cotidianos y se prometió que le haría ver cuanta adoración era capaz de despertar en alguien como él. Lentamente sus dedos fueron presionando aquella espalda pero no se detuvieron ahí, llegaron hasta los hombros y se cerraron apretando y sintiendo cada músculos sin, por supuesto, hacer ningún daño a esa soñada y mil veces imaginada criatura de la Creación, una diosa a sus ojos casi ciegos pero que veían con el corazón. No tendría prisa en lo que ella apartaba su cabello dándole espacio libre y sintió aquellos músculos contra sus dedos, poniendo su piel el tope ideal para ese paraíso tan poco explotado pero muy deseado por propios y extraños.
Aquella dama expulsó un discreto suspiro suspiro al que él correspondió dejando en el aire un nexo de unión entre ambos y provocando al mismo tiempo una sonrisa mayor en los labios dulces, de suave terciopelo, de ella. Poco a poco fue acariciando y masajeando por igual en aquellos hombros que soportaban muchas cargas, aligerando paulatinamente la tensión que la vida le había dejado. Las pequeñas incursiones por cuello y nuca fueron constantes, dejando las sensaciones mas agradables que pudieran proporcionar aquellos dedos largos y hábiles para muchas tareas. Mientras los músculos se relajaban, el caballero estaba admirando cada uno de los pequeños trazos que componían su espalda sin dejar de prestar toda la atención posible a aquella zona a tratar, con su homogéneo relieve y tan sensible para muchos estímulos, como el aliento que dejó salir en un suspiro, cerca de su nuca para finalmente besar lo mas cerca posible de su cuello, dejando los labios por un momento en aquel lugar antes de pasar a otro igualmente sensible. Aquel beso duró unos pocos segundos pero lo suficiente, dejando un buen sabor de boca en aquel ser ansioso por el cuerpo de ella, deseoso de cosas que callaba con mucho esfuerzo.
Bajó hasta aquellos elegantes omóplatos que podrían sostener todo el peso del mundo sin quebrantar su sonrisa de Musa y divina criatura. Los lentos movimientos de sus dedos no dudaban en dejar todo aquello que era parte de un deseo profundo en cada uno de los pequeños círculos que formaban mientras los músculos de aquel templo de humanidad y muchas posibilidades de placer se iban relajando. Una sonrisa curvaba los labios de aquel humilde ser que estaba a las órdenes de lo que ella gustase desde el primer momento en que supo de su existencia. Los dedos por un momento dejaron de aplicar sus servicios para deslizarse por su espalda lentamente separándose en los costados y dejar que libremente exploraran aquella parcela depositaria de sensuales sensaciones. Llegados a la baja espalda presionaron de nuevo en perfecta sincronía a unos labios que devoraban con suavidad y arrasaban con aliento aquel camino sobresaliente de su columna y terminaban en los recónditos escondrijos de su cuello. Se separó nuevamente no sin antes dejar un suspiro muy cerca de su oído acariciando con una mano toda esa columna y pasar por uno de sus brazos con apenas el roce de los dedos hasta llegar a aquellos sus dedos que lentamente acarició antes de volver a sus quehaceres en el cuerpo de una diosa.
Bajó lentamente saltando el tentador reposo de su retaguardia pasando a sus piernas, las cuales masajeó lentamente, con tranquilidad y no reparó en detalles para dedicar todas sus atenciones a muslos, gemelos y pies, tanto por la parte interior como exterior. Tuvo especial cuidado de pasar muy cerca de una zona tan íntima como el momento mismo de entregarse en actos de pasión donde nadie mas que la luna observara. Colmó en besos aquellas piernas que se movían tan bien cuando bailaban. Primero empezó en lo alto y fue descendiendo lentamente con su boca hasta llegar a los talones sin dejar de mover las manos de músculo en músculo, relajando y bebiendo de los poros de aquella piel que la cubría y le hacía desearla con profunda devoción casi religiosa. No faltaron los suspiros en los que dejaba claras las decisiones que sería capaz de tomar sobre el destino de aquella piel, adorada durante tanto tiempo por los ojos de ese hombre que ahora tenía una libertad casi ilimitada en aquel cuerpo, en aquella anatomía fascinante, sensual, que era capaz de evocar las mas ardientes fantasías e imaginar pecados que no tengan un castigo suficiente en el infierno, que este se quedara corto cuando el diera rienda suelta a todo aquello que deseaba expresarle con palabras convertidas en la confesión de los cuerpos. Sus dedos presionaron las plantas de los pies desposeyendo cada nervio, tendón y hueso de la tensión acumulada. Y no faltaron besos a estos, suaves roces en los que se demostraba una vez mas el fuego que le corría por las venas.
Desde la espalda baja una boca ávida acompañada de dos manos iban ascendiendo lentamente por esta en un peregrinaje de adoración, de penitencia por pensar que el deseo no se podía hacer carne y hueso hasta que el templo que estaba adorando con suspiros y besos había aparecido en su camino. Cada beso iba ganando fuerza paulatinamente y los suspiros se liberaban, uno por cada vértebra recorrida con pinceladas de secreta pasión, las cuales delineaban las costillas con una presión suficiente como para demarcar cada espacio y así dibujar la geografía de la perfección. Aquel ser afortunado se recreó con el aroma de la piel, con la textura y el sabor, denotando que a cada centímetro recorrido se sentía mas que adicto a aquel recubrimiento de su alma y podría alimentarse de su sabor por toda la eternidad. En su imaginación le había susurrado miles de veces todo aquello que sentía, le contó todas las pequeñas ideas que le circulaban por la mente, como la haría sentir a la mínima oportunidad y respetándola en todo momento, convertirla en la diosa que era ante sus ojos, ser la única persona con la que compartir las pasiones mas intensas y pecaminosas, que la misma luna se sonrojara de verlos hacer actos llenos de fuego.
Finalizado ese lento trayecto por su cuerpo ella se movió dejándose llevar, ya las bocas cerca y unos dedos finos la incitaban a girar el rostro para hacer coincidir los alientos en un punto. Con lentitud se reclinó sobre ella sin presionar en exceso, pecho contra espalda, y miró aquellos grandes ojos que sentía que lo hipnotizaban y lo llevaban a otro mundo, en este caso a uno lleno de suspiros y confesiones dichas con el cuerpo, entre sedas y terciopelos. Los alientos comenzaron a bailar lentamente, primero con una timidez largo tiempo perdida y a continuación con mas ritmo, en cambios de tempo mas acordes a la pasión, lenta como la el magma que todo lo quema y fluida como el agua. En cada pausa le susurraba lo mucho que deseaba de hacer su cuerpo un templo de placeres, de sus labios un rosario en el que rezar con el aliento cada vez que tuviera miedo. Otra mano y otra mas, de él y de ella, se prodigaron las ansias del acercamiento mutuo. Unos dedos se deslizaban por aquel rostro y suspiraron un nombre casi inacabado. Se giró todo el cuerpo de ella y las miradas se encontraron en toda su plenitud. Él estaba en esa posición dominante que no dejaba de convertirlo en presa de aquellos ojos devoradores de voluntad. El deseo aumentaba en su cuerpo a cada segundo en que las bocas se volvieron a unir y poco a poco los juegos de las lenguas se sucedían uno tras otro. una mano de él se deslizaba por su vientre dando caricias que contaban aquellas querencias ocultas de forma tierna.
Tras separarse, las manos de ella se movieron dejando caer los tirantes con la mirada de su acompañante clavada en sus ojos, como un reto que indicaba hasta que punto llegaba su templanza. Tras la caída del segundo y arquearse ligeramente, los mechones de aquel largo y negro cabello cayeron como una túnica a los lados para dejar ver unos senos perfectos. Los labios se unieron de nuevo y una mano comenzó a acariciar aquel corazón frenético que latía al mismo ritmo que el suyo propio. El satén azul dejaba poco que ver a miradas indiscretas con piernas entrelazadas al igual que el resto de sus cuerpos, creando una confusión que se movía lentamente dejando por el camino prendas de vestir y exponiendo las blancas pieles al roce de la fría tela. Los cuellos fueron explorados y el con tino y lentitud fue descendiendo hasta aquellos senos Sin dejar de mirar aquellos ojos. Primero uno, al cual rodeó con los labios para poder apresar aquella aureola tan dulce y de sabor fuerte y adictivo. El paladar se llenó de aquella esencia solamente comparable al fuego líquido y transparente que manaba del sur de aquella poesía hecha mujer cuando la pasión los dominaba a ambos. La lengua no dejaba de cuidar con tiento y mimo aquellas cimas sobre las cuales dejó salir sendos suspiros una vez el sello alrededor de estos con una boca apetente se había cerrado. Saboreó aquel cuerpo, se regocijó en cada centímetro y en las reacciones de ella, las cuales lo incitaban a mas. A descender mucho mas.
Se desembarazó como pudo de aquella reciente adicción para poder seguir el camino ante el cual le esperaba un camino por su vientre hecho con pequeños pétalos que eran los besos de él, acariciando la tersa y morena piel en busca de aquello que anhelaba junto a su sonrisa o a sus bailes, una de tantas cosas que había probado una vez y no se cansaría de probar. Con un pequeño mordisco avisó de que había sobrepasado la frontera marcada por su ombligo y no tardó en entrar en contacto con las esencias que desprendían el cuerpo de ella, las cuales recogió con una sola y caricia con la punta de la lengua en los alrededores, mirando sus ojos con fuego en la mirada, diciéndole con sus ojos que esa noche bebería de ella, de su aliento, piel y pasión. Sus manos dejaban caricias por el cuerpo y masajeaban aquellos senos de ocasionalmente antes de descender y rodear sus muslos entre los cuales se encontraba ahora mismo su rostro, para volver a iniciar el recorrido. Una serie de besos en los alrededores precedieron a un nuevo ataque de una lengua que poco a poco fue insistiendo en sus tratos a esa zona tan sensible. Las esencias que bañaban su boca eran tan deliciosas que de lo mas profundo de su ser se liberó un audible acorde de placer que impactó contra aquel lugar secreto. Sus músculos tensos lo lanzaron a los labios de ella, de los cuales estaba sediento aun tras relamerse la última gota de aquel néctar secreto, devorándolos con una lenta pasión, enzarzando las lenguas en un pelea sutil y al mismo tiempo desesperada.
Al momento la danza de los mil placeres estaba siendo ejecutada por aquellos danzarines nocturnos, que entre movimientos ondulantes dejaban salir alguna palabra, el nombre de él o de ella, quizás algún apelativo único de la persona que tenían frente a sí. ella estiró completamente su cuello, exponiendo la garganta en cuya pequeña oquedad de la base hundió la lengua sintiendo el palpitar de la sangre antes de ascender con una profunda caricia de fuego hasta llegar a sus labios y devorarlos, acallando los suspiros, las palabras, los gemidos, el sonido que salía de sus bocas en medio de aquella danza tan similar a la que ella bailaba engalanada en sedas y terciopelos. La unión de los cuerpos y los pasos de aquel frenético y a un mismo tiempo sosegado mas entregado en cada gesto. El deseo cegó su racionalidad y las caricias eran pequeños fragmentos de placer que se acumulaban en las venas y corrían con la sangre ardiente de ambos en la búsqueda de la ascensión a los cielos desde el mas lúbrico de los infiernos. Y no se pudo terminar aquel gozoso baile de una forma mejor, tiñendo todo de un blanco radiante, un rojo apasionado y un baño de pétalos azules que todo lo cubrían,
Ambos se encontraban en aquella cama, testigo de tantos actos de fervorosa entrega o ternura infinita, y con un anhelo implícito sus dedos comenzaron a examinar detalladamente aquella piel, dejándose llevar mas si cabe por la calidez de su cuerpo, refugio templado y asesino de voluntdes. Sintió la suavidad, el color, la viveza que desprendía. Apreció como se levantaban los poros de su propia piel ante el gusto que le producía adorar de esa forma aquella extensión de fantasías ardientes, aquel lienzo que nunca iba a recibir un trato casual por su parte. Con total cuidado y tino se embebió de la suavidad con la que la vida le había recompensado por ser una persona ejemplar en la vida anterior. Por su mente pasó la idea de las tantas veces que aquella piel se había rozado con la de otras personas en actos fortuitos, cotidianos y se prometió que le haría ver cuanta adoración era capaz de despertar en alguien como él. Lentamente sus dedos fueron presionando aquella espalda pero no se detuvieron ahí, llegaron hasta los hombros y se cerraron apretando y sintiendo cada músculos sin, por supuesto, hacer ningún daño a esa soñada y mil veces imaginada criatura de la Creación, una diosa a sus ojos casi ciegos pero que veían con el corazón. No tendría prisa en lo que ella apartaba su cabello dándole espacio libre y sintió aquellos músculos contra sus dedos, poniendo su piel el tope ideal para ese paraíso tan poco explotado pero muy deseado por propios y extraños.
Aquella dama expulsó un discreto suspiro suspiro al que él correspondió dejando en el aire un nexo de unión entre ambos y provocando al mismo tiempo una sonrisa mayor en los labios dulces, de suave terciopelo, de ella. Poco a poco fue acariciando y masajeando por igual en aquellos hombros que soportaban muchas cargas, aligerando paulatinamente la tensión que la vida le había dejado. Las pequeñas incursiones por cuello y nuca fueron constantes, dejando las sensaciones mas agradables que pudieran proporcionar aquellos dedos largos y hábiles para muchas tareas. Mientras los músculos se relajaban, el caballero estaba admirando cada uno de los pequeños trazos que componían su espalda sin dejar de prestar toda la atención posible a aquella zona a tratar, con su homogéneo relieve y tan sensible para muchos estímulos, como el aliento que dejó salir en un suspiro, cerca de su nuca para finalmente besar lo mas cerca posible de su cuello, dejando los labios por un momento en aquel lugar antes de pasar a otro igualmente sensible. Aquel beso duró unos pocos segundos pero lo suficiente, dejando un buen sabor de boca en aquel ser ansioso por el cuerpo de ella, deseoso de cosas que callaba con mucho esfuerzo.
Bajó hasta aquellos elegantes omóplatos que podrían sostener todo el peso del mundo sin quebrantar su sonrisa de Musa y divina criatura. Los lentos movimientos de sus dedos no dudaban en dejar todo aquello que era parte de un deseo profundo en cada uno de los pequeños círculos que formaban mientras los músculos de aquel templo de humanidad y muchas posibilidades de placer se iban relajando. Una sonrisa curvaba los labios de aquel humilde ser que estaba a las órdenes de lo que ella gustase desde el primer momento en que supo de su existencia. Los dedos por un momento dejaron de aplicar sus servicios para deslizarse por su espalda lentamente separándose en los costados y dejar que libremente exploraran aquella parcela depositaria de sensuales sensaciones. Llegados a la baja espalda presionaron de nuevo en perfecta sincronía a unos labios que devoraban con suavidad y arrasaban con aliento aquel camino sobresaliente de su columna y terminaban en los recónditos escondrijos de su cuello. Se separó nuevamente no sin antes dejar un suspiro muy cerca de su oído acariciando con una mano toda esa columna y pasar por uno de sus brazos con apenas el roce de los dedos hasta llegar a aquellos sus dedos que lentamente acarició antes de volver a sus quehaceres en el cuerpo de una diosa.
Bajó lentamente saltando el tentador reposo de su retaguardia pasando a sus piernas, las cuales masajeó lentamente, con tranquilidad y no reparó en detalles para dedicar todas sus atenciones a muslos, gemelos y pies, tanto por la parte interior como exterior. Tuvo especial cuidado de pasar muy cerca de una zona tan íntima como el momento mismo de entregarse en actos de pasión donde nadie mas que la luna observara. Colmó en besos aquellas piernas que se movían tan bien cuando bailaban. Primero empezó en lo alto y fue descendiendo lentamente con su boca hasta llegar a los talones sin dejar de mover las manos de músculo en músculo, relajando y bebiendo de los poros de aquella piel que la cubría y le hacía desearla con profunda devoción casi religiosa. No faltaron los suspiros en los que dejaba claras las decisiones que sería capaz de tomar sobre el destino de aquella piel, adorada durante tanto tiempo por los ojos de ese hombre que ahora tenía una libertad casi ilimitada en aquel cuerpo, en aquella anatomía fascinante, sensual, que era capaz de evocar las mas ardientes fantasías e imaginar pecados que no tengan un castigo suficiente en el infierno, que este se quedara corto cuando el diera rienda suelta a todo aquello que deseaba expresarle con palabras convertidas en la confesión de los cuerpos. Sus dedos presionaron las plantas de los pies desposeyendo cada nervio, tendón y hueso de la tensión acumulada. Y no faltaron besos a estos, suaves roces en los que se demostraba una vez mas el fuego que le corría por las venas.
Desde la espalda baja una boca ávida acompañada de dos manos iban ascendiendo lentamente por esta en un peregrinaje de adoración, de penitencia por pensar que el deseo no se podía hacer carne y hueso hasta que el templo que estaba adorando con suspiros y besos había aparecido en su camino. Cada beso iba ganando fuerza paulatinamente y los suspiros se liberaban, uno por cada vértebra recorrida con pinceladas de secreta pasión, las cuales delineaban las costillas con una presión suficiente como para demarcar cada espacio y así dibujar la geografía de la perfección. Aquel ser afortunado se recreó con el aroma de la piel, con la textura y el sabor, denotando que a cada centímetro recorrido se sentía mas que adicto a aquel recubrimiento de su alma y podría alimentarse de su sabor por toda la eternidad. En su imaginación le había susurrado miles de veces todo aquello que sentía, le contó todas las pequeñas ideas que le circulaban por la mente, como la haría sentir a la mínima oportunidad y respetándola en todo momento, convertirla en la diosa que era ante sus ojos, ser la única persona con la que compartir las pasiones mas intensas y pecaminosas, que la misma luna se sonrojara de verlos hacer actos llenos de fuego.
Finalizado ese lento trayecto por su cuerpo ella se movió dejándose llevar, ya las bocas cerca y unos dedos finos la incitaban a girar el rostro para hacer coincidir los alientos en un punto. Con lentitud se reclinó sobre ella sin presionar en exceso, pecho contra espalda, y miró aquellos grandes ojos que sentía que lo hipnotizaban y lo llevaban a otro mundo, en este caso a uno lleno de suspiros y confesiones dichas con el cuerpo, entre sedas y terciopelos. Los alientos comenzaron a bailar lentamente, primero con una timidez largo tiempo perdida y a continuación con mas ritmo, en cambios de tempo mas acordes a la pasión, lenta como la el magma que todo lo quema y fluida como el agua. En cada pausa le susurraba lo mucho que deseaba de hacer su cuerpo un templo de placeres, de sus labios un rosario en el que rezar con el aliento cada vez que tuviera miedo. Otra mano y otra mas, de él y de ella, se prodigaron las ansias del acercamiento mutuo. Unos dedos se deslizaban por aquel rostro y suspiraron un nombre casi inacabado. Se giró todo el cuerpo de ella y las miradas se encontraron en toda su plenitud. Él estaba en esa posición dominante que no dejaba de convertirlo en presa de aquellos ojos devoradores de voluntad. El deseo aumentaba en su cuerpo a cada segundo en que las bocas se volvieron a unir y poco a poco los juegos de las lenguas se sucedían uno tras otro. una mano de él se deslizaba por su vientre dando caricias que contaban aquellas querencias ocultas de forma tierna.
Tras separarse, las manos de ella se movieron dejando caer los tirantes con la mirada de su acompañante clavada en sus ojos, como un reto que indicaba hasta que punto llegaba su templanza. Tras la caída del segundo y arquearse ligeramente, los mechones de aquel largo y negro cabello cayeron como una túnica a los lados para dejar ver unos senos perfectos. Los labios se unieron de nuevo y una mano comenzó a acariciar aquel corazón frenético que latía al mismo ritmo que el suyo propio. El satén azul dejaba poco que ver a miradas indiscretas con piernas entrelazadas al igual que el resto de sus cuerpos, creando una confusión que se movía lentamente dejando por el camino prendas de vestir y exponiendo las blancas pieles al roce de la fría tela. Los cuellos fueron explorados y el con tino y lentitud fue descendiendo hasta aquellos senos Sin dejar de mirar aquellos ojos. Primero uno, al cual rodeó con los labios para poder apresar aquella aureola tan dulce y de sabor fuerte y adictivo. El paladar se llenó de aquella esencia solamente comparable al fuego líquido y transparente que manaba del sur de aquella poesía hecha mujer cuando la pasión los dominaba a ambos. La lengua no dejaba de cuidar con tiento y mimo aquellas cimas sobre las cuales dejó salir sendos suspiros una vez el sello alrededor de estos con una boca apetente se había cerrado. Saboreó aquel cuerpo, se regocijó en cada centímetro y en las reacciones de ella, las cuales lo incitaban a mas. A descender mucho mas.
Se desembarazó como pudo de aquella reciente adicción para poder seguir el camino ante el cual le esperaba un camino por su vientre hecho con pequeños pétalos que eran los besos de él, acariciando la tersa y morena piel en busca de aquello que anhelaba junto a su sonrisa o a sus bailes, una de tantas cosas que había probado una vez y no se cansaría de probar. Con un pequeño mordisco avisó de que había sobrepasado la frontera marcada por su ombligo y no tardó en entrar en contacto con las esencias que desprendían el cuerpo de ella, las cuales recogió con una sola y caricia con la punta de la lengua en los alrededores, mirando sus ojos con fuego en la mirada, diciéndole con sus ojos que esa noche bebería de ella, de su aliento, piel y pasión. Sus manos dejaban caricias por el cuerpo y masajeaban aquellos senos de ocasionalmente antes de descender y rodear sus muslos entre los cuales se encontraba ahora mismo su rostro, para volver a iniciar el recorrido. Una serie de besos en los alrededores precedieron a un nuevo ataque de una lengua que poco a poco fue insistiendo en sus tratos a esa zona tan sensible. Las esencias que bañaban su boca eran tan deliciosas que de lo mas profundo de su ser se liberó un audible acorde de placer que impactó contra aquel lugar secreto. Sus músculos tensos lo lanzaron a los labios de ella, de los cuales estaba sediento aun tras relamerse la última gota de aquel néctar secreto, devorándolos con una lenta pasión, enzarzando las lenguas en un pelea sutil y al mismo tiempo desesperada.
Al momento la danza de los mil placeres estaba siendo ejecutada por aquellos danzarines nocturnos, que entre movimientos ondulantes dejaban salir alguna palabra, el nombre de él o de ella, quizás algún apelativo único de la persona que tenían frente a sí. ella estiró completamente su cuello, exponiendo la garganta en cuya pequeña oquedad de la base hundió la lengua sintiendo el palpitar de la sangre antes de ascender con una profunda caricia de fuego hasta llegar a sus labios y devorarlos, acallando los suspiros, las palabras, los gemidos, el sonido que salía de sus bocas en medio de aquella danza tan similar a la que ella bailaba engalanada en sedas y terciopelos. La unión de los cuerpos y los pasos de aquel frenético y a un mismo tiempo sosegado mas entregado en cada gesto. El deseo cegó su racionalidad y las caricias eran pequeños fragmentos de placer que se acumulaban en las venas y corrían con la sangre ardiente de ambos en la búsqueda de la ascensión a los cielos desde el mas lúbrico de los infiernos. Y no se pudo terminar aquel gozoso baile de una forma mejor, tiñendo todo de un blanco radiante, un rojo apasionado y un baño de pétalos azules que todo lo cubrían,
lunes, 13 de agosto de 2012
Delicadeza
Tomó su rostro de forma suave, tierna, acariciando aquellas mejillas con los fríos pulgares que al igual que sus manos querían poder recorrer toda esa extensión de piel que le regalaban los sentidos. La miraba a los ojos con el mismo carácter que sus dedos acariciando la piel de ese rostro inmaculado y terso, suave como la seda en cada una de las facciones, carente de esa dureza anti-romántica que muchas personas poseen. Le sonrió y ella correspondió tímidamente, levemente sonrojada ante aquella presencia que humildemente se presentaba ante ella con toda la buena intención. Ella era toda una mujer, toda una amalgama de experiencias que habían tenido un efecto visible solo para aquellos a los que le tenía la máxima confianza. No creía aquel hombre tanta belleza entre sus dedos, respirando el mismo oxígeno que él, como si de un sueño se tratara, incluso como ese tipo de sueño que sueñas una vez y querrías repetir toda la vida y la siguiente. Surgió de aquellos labios tan dulces una pregunta sobre lo que pasaba y él sencillamente se quedó en silencio con esa sonrisa, con esa ternura natural que salía de su ser con aun mas vigor cuando ella se encontraba cerca. De tanto que desearía mimarla temía que se convirtiera en miel por los restos de la existencia.
Su sonrisa se hizo algo mas amplia cuando el tiempo pasaba, sin creerse que ella estuviera ahí entre aquellos brazos que poco a poco fueron descendiendo con sus manos por el rostro, pasando al cuello y siguiendo por sus brazos, todo ello de forma lenta, acompasada, como si el tiempo no hubiera establecido ningún límite tras el cual se separarían. Con estoicismo resistió aquellas ganas de precipitarse y saltar de alegría, de una felicidad tremebunda que lo llenaba en cada célula cuando escuchaba aquella voz, cuando miraba aquellos ojos tan bellos que nunca han tenido un reflejo tal, en el que uno se podía reflejar perfectamente como si de un espejo se tratara. Quien los contemplara podía ver la esencia misma de una belleza natural que al mismo tiempo tenía casi pequeños trazos de una divinidad celestial. Y a ese rostro le seguía un cuello fino de dama distinguida por el que sus dedos y a veces quizás los labios habían soñado con caminar de manera parsimoniosa, deleitarse en aquel frágil tegumento para que poco a poco se fueran saboreando las esencias que desprendían aquel templo andante del deseo y la ternura. Con suavidad le fue rodeando la cintura, atrayendo todo ese conjunto de divinas proporciones mas cerca de su pálido cuerpo, arrastrándola al refugio mas seguro que un hombre pueda dar y que una vez en él nada le haría mal alguno. Dejó salir el aire de los pulmones tras haberlo contenido ante la calidez de aquella piel en la que se podía uno recrear en gestos, caricias sutiles que la hagan suspirar. Pero sin embargo optó por posar los labios sobre aquella frente que daba equilibrio a sus rasgos y piel morena.
Ese gesto los congeló en el tiempo, en la época donde muchos grandes amantes se reencontraban y así se demostraban las señales únicas de lo que sentía. Ella, entre sus brazos, Colocó aquellas perfectas manos sobre su pecho, como quien se da sustento contra una pared, pero a esa pared le dedicó suaves caricias en los que ella se acomodaba y apoyaba su cabeza llena de inteligencia y bondad sobre su pecho y se quedaba ahí, entre los brazos de aquel soñador, implacable a la hora de protegerla, de dar todo por ella. Ambos sonreían y con ternura una suave caricia se extendió por aquel brazo de ella y ella poco a poco movió la mano hasta que los dedos se entrelazaron en un gesto de complicidad, de compañía donde Se dedicaban el mas intenso de los calores a tan solo aquella temperatura propia en los simples humanos, se derretían con sencillez y fluído baile aquellas barreras que los habían separado. Ya eran pieles contra pieles aquellos dedos que se acompañaban, que no querrían que se mancharan y que nunca se iban a arruinar con el tiempo porque a sus ojos ella siempre sería bella. La sonrisa de aquel ser atormentado por el pasado se hizo mas grande, sincera y cerró los ojos ante aquella situación que llenaba de una luz especial aquella alma. No quería nada mas que no fuera aquello, aquel apretón de unas manos que poco a poco se hizo mas fuerte, seguro, impregnado de un ´´nunca te dejaré solo´´ dado entre dos razas, entre dos iguales y a la vez distintos entes que se prestaban la confianza y la compañía, el calor y el valor de seguir adelante.
El aroma de su cabello llenaba su olfato y la suavidad de la piel de su frente estaba siendo reflejaba en la sensibilidad de sus labios que fueron retirados poco a poco para separarse lo estrictamente necesario a la par que ella miraba a sus ojos alzando aquel rostro que para él resultaba de una belleza de cuento, como si fuera el hada o la criatura divina que viene a asombrar al mundo con su sola presencia. Con las miradas encontradas aquella dama de exquisitos gustos le compensó y deleitó con la suavidad de sus manos por su torso, palpando aquella zona del corazón, que latía tranquilo y a la vez alterado. Se miraban a los ojos con tranquilidad, sintiendo que no había prisa, que nada arruinaría aquella escena, que las advenedizas arenas del tiempo no los sepultaría porque no caerían de lo congeladas que se encontraban. Dulcemente posó una mano sobre su mejilla y caminaron los dedos hasta su cabello precioso y largo, negro como la noche y brillante como el día en que la vio por primera vez, suave como la seda de las mas exóticas tierras orientales de las que parecía proceder si el espectador no ponía atención. Aquellos ojos parecieron sonreír con ese brillo especial que se instalaba en su mirada cuando algo le gustaba mucho. Terminó por deslizar suavemente los dedos hasta con cariño posar la mano en su baja espalda y atraerla suavemente dejando a su piel al cargo de recibir todas esas suaves caricias que pronto se extendieron por lo largo de su pecho hasta su cuello y rostro, deleitándole con unas pinceladas que podrían sacar las lágrimas de emoción a quien los sintiera con el corazón. El cerró los ojos en un lento pestañeo y las guerras, las enfermedades, el hambre y la muerte dejaron de existir. Todo el mundo era aquella caricia que podía marcar un alma con el fuego de la paz, la tranquilidad, el placer, la bondad, la ternura, el sentimiento mismo en toda su extensión de la palabra.
Era feliz, enormemente feliz aquel buen afortunado que no tenía deseos de mal mas que para aquellos que pudieran dañar a aquella dama, mujer, señor del castillo mas bella del mundo. Contemplaba el mundo a esos dos grandes seres que tanto habían sufrido y ahora nada existía en su interior que no fueran las ganas de sonreír, de decirle todo aquello que deseaba tanto tiempo decirle sin interrupciones, sin vergüenzas. Con suavidad los dedos dejaron de jugar en su cabello en aquel entretenimiento que era el perderse entre esa cascada de oscuridad tan bellamente contrastada con la luz de su alma en su mirada. Los dedos dejaron una tierna caricia hasta su mentón que no sobresalía ni se hundía en exceso, manteniendo ese perfecto equilibrio. Sus miradas seguían prodigándose una de las emociones mas intensas y los sensibles corazones de ambos latían desbocados como los caballos que ven ese atisbo de libertad, provocando las consabidas sonrisas nerviosas mientras la caricia a su barbilla se tornaba firme pero igualmente cuidadoso de no producirle el mas mínimo daño, mimando cada detalle de su rostro con los ojos de aquel que mira con un corazón lleno de devoción por una persona. Por aquella persona que ahora le devolvía la mirada a través del espejo del alma tan bellamente ornamentado que era su rostro. Con cuidado se acercó a ella y aquella mano suave y tan dulce en sus caricias pasó por aquel rostro desgraciado para posarse en su mandíbula.
En la unión de los labios pareció estallar un volcán que los llevó directamente a un colapso producido por la paz, la tranquilidad, los nervios que se han extinguido. Los colores saltan ante ellos como fuegos artificiales en un roce de apenas unos pocos segundos tras los cuales se separan solo un par de milímetros para sonreír con toda la sinceridad y el cariño del mundo. No se necesita mas, no son necesarios los grandes actos de pasión ni la lujuria. Volviéndose a mirar de nuevo, las caricias comienzan por los rostros y los cuellos de ambos, descienden por los hombros y ella vuelve a su posición de apoyo en su pecho sin despegar los ojos de los de él. Una de las mas tiernas sonrisas llegan a los labios de él, coronados con el sabor de los labios de ella, una esencia extasiante, un regalo de altísimo valor que se filtró a través de su aliento hasta correr por la sangre y su recuerdo, del cual nunca se fugará. De nuevo el silencio se hace y solamente se miran como el fin de un proceso que desencadena otro maravillosamente similar. Con suaves caricias adora a esas caderas que tan maravillosamente se mueve, ella está quieta, completamente quieta, dejándose hacer por esas manos que la adoran, que promueven un fervor inconmensurable hacia aquellas formas divinas de su cuerpo tan condenado por ella, tan adorado por él. Con suavidad él le susurró un ´´te quiero´´ y ella le miró con un brillo especial en la mirada, su forma de decir ´´yo también´´
Su sonrisa se hizo algo mas amplia cuando el tiempo pasaba, sin creerse que ella estuviera ahí entre aquellos brazos que poco a poco fueron descendiendo con sus manos por el rostro, pasando al cuello y siguiendo por sus brazos, todo ello de forma lenta, acompasada, como si el tiempo no hubiera establecido ningún límite tras el cual se separarían. Con estoicismo resistió aquellas ganas de precipitarse y saltar de alegría, de una felicidad tremebunda que lo llenaba en cada célula cuando escuchaba aquella voz, cuando miraba aquellos ojos tan bellos que nunca han tenido un reflejo tal, en el que uno se podía reflejar perfectamente como si de un espejo se tratara. Quien los contemplara podía ver la esencia misma de una belleza natural que al mismo tiempo tenía casi pequeños trazos de una divinidad celestial. Y a ese rostro le seguía un cuello fino de dama distinguida por el que sus dedos y a veces quizás los labios habían soñado con caminar de manera parsimoniosa, deleitarse en aquel frágil tegumento para que poco a poco se fueran saboreando las esencias que desprendían aquel templo andante del deseo y la ternura. Con suavidad le fue rodeando la cintura, atrayendo todo ese conjunto de divinas proporciones mas cerca de su pálido cuerpo, arrastrándola al refugio mas seguro que un hombre pueda dar y que una vez en él nada le haría mal alguno. Dejó salir el aire de los pulmones tras haberlo contenido ante la calidez de aquella piel en la que se podía uno recrear en gestos, caricias sutiles que la hagan suspirar. Pero sin embargo optó por posar los labios sobre aquella frente que daba equilibrio a sus rasgos y piel morena.
Ese gesto los congeló en el tiempo, en la época donde muchos grandes amantes se reencontraban y así se demostraban las señales únicas de lo que sentía. Ella, entre sus brazos, Colocó aquellas perfectas manos sobre su pecho, como quien se da sustento contra una pared, pero a esa pared le dedicó suaves caricias en los que ella se acomodaba y apoyaba su cabeza llena de inteligencia y bondad sobre su pecho y se quedaba ahí, entre los brazos de aquel soñador, implacable a la hora de protegerla, de dar todo por ella. Ambos sonreían y con ternura una suave caricia se extendió por aquel brazo de ella y ella poco a poco movió la mano hasta que los dedos se entrelazaron en un gesto de complicidad, de compañía donde Se dedicaban el mas intenso de los calores a tan solo aquella temperatura propia en los simples humanos, se derretían con sencillez y fluído baile aquellas barreras que los habían separado. Ya eran pieles contra pieles aquellos dedos que se acompañaban, que no querrían que se mancharan y que nunca se iban a arruinar con el tiempo porque a sus ojos ella siempre sería bella. La sonrisa de aquel ser atormentado por el pasado se hizo mas grande, sincera y cerró los ojos ante aquella situación que llenaba de una luz especial aquella alma. No quería nada mas que no fuera aquello, aquel apretón de unas manos que poco a poco se hizo mas fuerte, seguro, impregnado de un ´´nunca te dejaré solo´´ dado entre dos razas, entre dos iguales y a la vez distintos entes que se prestaban la confianza y la compañía, el calor y el valor de seguir adelante.
El aroma de su cabello llenaba su olfato y la suavidad de la piel de su frente estaba siendo reflejaba en la sensibilidad de sus labios que fueron retirados poco a poco para separarse lo estrictamente necesario a la par que ella miraba a sus ojos alzando aquel rostro que para él resultaba de una belleza de cuento, como si fuera el hada o la criatura divina que viene a asombrar al mundo con su sola presencia. Con las miradas encontradas aquella dama de exquisitos gustos le compensó y deleitó con la suavidad de sus manos por su torso, palpando aquella zona del corazón, que latía tranquilo y a la vez alterado. Se miraban a los ojos con tranquilidad, sintiendo que no había prisa, que nada arruinaría aquella escena, que las advenedizas arenas del tiempo no los sepultaría porque no caerían de lo congeladas que se encontraban. Dulcemente posó una mano sobre su mejilla y caminaron los dedos hasta su cabello precioso y largo, negro como la noche y brillante como el día en que la vio por primera vez, suave como la seda de las mas exóticas tierras orientales de las que parecía proceder si el espectador no ponía atención. Aquellos ojos parecieron sonreír con ese brillo especial que se instalaba en su mirada cuando algo le gustaba mucho. Terminó por deslizar suavemente los dedos hasta con cariño posar la mano en su baja espalda y atraerla suavemente dejando a su piel al cargo de recibir todas esas suaves caricias que pronto se extendieron por lo largo de su pecho hasta su cuello y rostro, deleitándole con unas pinceladas que podrían sacar las lágrimas de emoción a quien los sintiera con el corazón. El cerró los ojos en un lento pestañeo y las guerras, las enfermedades, el hambre y la muerte dejaron de existir. Todo el mundo era aquella caricia que podía marcar un alma con el fuego de la paz, la tranquilidad, el placer, la bondad, la ternura, el sentimiento mismo en toda su extensión de la palabra.
Era feliz, enormemente feliz aquel buen afortunado que no tenía deseos de mal mas que para aquellos que pudieran dañar a aquella dama, mujer, señor del castillo mas bella del mundo. Contemplaba el mundo a esos dos grandes seres que tanto habían sufrido y ahora nada existía en su interior que no fueran las ganas de sonreír, de decirle todo aquello que deseaba tanto tiempo decirle sin interrupciones, sin vergüenzas. Con suavidad los dedos dejaron de jugar en su cabello en aquel entretenimiento que era el perderse entre esa cascada de oscuridad tan bellamente contrastada con la luz de su alma en su mirada. Los dedos dejaron una tierna caricia hasta su mentón que no sobresalía ni se hundía en exceso, manteniendo ese perfecto equilibrio. Sus miradas seguían prodigándose una de las emociones mas intensas y los sensibles corazones de ambos latían desbocados como los caballos que ven ese atisbo de libertad, provocando las consabidas sonrisas nerviosas mientras la caricia a su barbilla se tornaba firme pero igualmente cuidadoso de no producirle el mas mínimo daño, mimando cada detalle de su rostro con los ojos de aquel que mira con un corazón lleno de devoción por una persona. Por aquella persona que ahora le devolvía la mirada a través del espejo del alma tan bellamente ornamentado que era su rostro. Con cuidado se acercó a ella y aquella mano suave y tan dulce en sus caricias pasó por aquel rostro desgraciado para posarse en su mandíbula.
En la unión de los labios pareció estallar un volcán que los llevó directamente a un colapso producido por la paz, la tranquilidad, los nervios que se han extinguido. Los colores saltan ante ellos como fuegos artificiales en un roce de apenas unos pocos segundos tras los cuales se separan solo un par de milímetros para sonreír con toda la sinceridad y el cariño del mundo. No se necesita mas, no son necesarios los grandes actos de pasión ni la lujuria. Volviéndose a mirar de nuevo, las caricias comienzan por los rostros y los cuellos de ambos, descienden por los hombros y ella vuelve a su posición de apoyo en su pecho sin despegar los ojos de los de él. Una de las mas tiernas sonrisas llegan a los labios de él, coronados con el sabor de los labios de ella, una esencia extasiante, un regalo de altísimo valor que se filtró a través de su aliento hasta correr por la sangre y su recuerdo, del cual nunca se fugará. De nuevo el silencio se hace y solamente se miran como el fin de un proceso que desencadena otro maravillosamente similar. Con suaves caricias adora a esas caderas que tan maravillosamente se mueve, ella está quieta, completamente quieta, dejándose hacer por esas manos que la adoran, que promueven un fervor inconmensurable hacia aquellas formas divinas de su cuerpo tan condenado por ella, tan adorado por él. Con suavidad él le susurró un ´´te quiero´´ y ella le miró con un brillo especial en la mirada, su forma de decir ´´yo también´´
Mirada contra mirada, mano contra mano y aliento contra aliento
permanecieron juntos mas allá de tierra, sol, luna y viento.
martes, 7 de agosto de 2012
Como sería...
Te habría estado contemplando toda la noche, estudiando cada rasgo de tu rostro y parte de aquello que las sábanas se gusten a revelarme. No habría prisa para realizar ningún plan, sencillamente dejaría el tiempo pasar con lentitud, como ese goteo incesante que se produce cuando una grieta en algún techo deja pasar el agua tras las lluvias, pero sin la pesadez que ello supone. Llenaría cada uno de esos segundos con mis ojos en tu rostro, estudiándolo en cada trazo de ese gentil pincel de aquel Dios que te diseñó así con la ayuda de la genética de tus padres. Almacenaría en mi memoria alguna que otra palabra que se escapara de tus labios en medio de los sueños mas profundos e incluso te susurraría al oído las historias mas bellas con las que iluminar esa senda por la que caminas acompañada de mi voz. Con suavidad mis dedos se deslizarían por esa suave mejilla y seguiría uno de ellos por la linea de tu armoniosa mandíbula, que es parte de la boca mas linda y apetecible del mundo, una de las protagonistas principales de esta escena. Con ternura ascendería por tu rostro para dejar lentas caricias en ese sedoso cabello que me encanta ver caer por tu espalda y hombros, enmarcando aquel cuadro sin autor mas que el de la fortuna y la naturaleza cuando diseña algo realmente bello. La brisa estaría presente, entrando por las ventanas abiertas de par en par para que el sol arranque los reflejos mas bellos a tu largo cabello y al mio, ambos brillantes en tonalidades muy diferentes.
La propia luz quizás fuera la que te sacará de ese letargo o a lo mejor soy yo que con suavidad susurraré cerca de tu oído una bella poesía salida de mi interior. Con seguridad y aun medio dormida no te enteres de nada pero no me importaría volvértela a repetir. Abrirías finalmente los ojos y con ternura mis caricias se expandirían hasta otros lugares como aquellos labios por los que pasearían dos dedos que dejarían su impronta de calor emocional dentro de mi propia alma ante el sencillo recuerdo de haberlos rozado con las yemas de los dedos. Girarías tu rostro y nos miraríamos a los ojos por un momento mientras tu aun sales de ese mundo que te echará de menos así como este te extraña cuando te vas a dormir. Tu voz medio adormilada seguramente me daría un escueto y enternecedor saludo con esa susurrante cadencia que a veces me vuelve loco y otras veces me alegra el día como no te haces a la idea. Con una sonrisa y conteniendo las ganas de comerte ya en el momento por todo ese cariño que nace en mi cuando escucho tu voz te devolvería el saludo junto a un beso en esa extensa frente y no te harías a la idea en toda la vida de cuan maravillado estaré observándote, quizás una medida no muy original pero ciertamente ni te haces a la idea de cuan maravillado me dejas con tu sola presencia en mi vida.
Y pensaría en todo lo bonito que me ha pasado en la vida. Pensaría en triunfos y derrotas, premios y castigos que he tenido que recibir y sufrir por mal comportamiento, el cual nunca tuve pero siempre he temido, a esa transformación en un ser oscuro que me aparte de todo aquello que quiero y me acerque al mal, a la soledad y a la muerte prematura por falta de motivos vitales a los que agarrarse. Pero ahí estarías tu, con tu sonrisa, tus ojos brillantes y enormes, mirándome y sintiéndome atrapar por esa mirada que a veces veo en medio de cualquier paraje en el que se puede dar fe de que no estás presente, pero como si lo estuvieras. Y te miraría con una ternura que ni te imaginas, que ni yo puedo llegar a imaginar en lo mas absoluto. Estaría tan bellamente acompañado por ti que nada mas me importaría, ni el tiempo importaría lo mas mínimo, o los planes o las prisas. Solamente tu y yo en esa bella zona de aquel gran castillo, en aquella gran cama siendo saludados por los rayos del Sol, la fresca brisa que poco a poco se iría refrescando mucho mas y acercaría los cuerpos en busca de calor. Me acercaría a ti haciéndole todo el caso del mundo al aire que nos rodea y suavemente deslizaría mis dedos por tu rostro, sin poder creerme tanta belleza junta, dentro y fuera de una sola persona. Mi mirada de adoración no se apartaría de tus rasgos que lentamente se volverían interrogantes, como siempre hacen. Y yo te diría que no pasa nada y te pediría una sola cosa . Que cerraras los ojos. Y si los cerraras con suavidad te daría tres besos.
El primero en la frente, queriendo expresar sentimiento de abierta protección. Nada te afectará en tanto yo esté a tu lado en los sueños y la realidad. Con ese beso te haría ver que no me importa como seas ni lo que seas, que tal y como te muestras siempre vas a ser especial para mi. En ese dulce tributo a tu frente pausaría los labios para que fuera un tributo al tiempo que lentamente pasaría pero no por afán de torturar, sino por concederme mas y mas tiempo, el suficiente al menos para que me dejaran demostrarte con gestos todo aquello que te quiero decir con palabras, dejar que los pequeños trazos de mis dedos dibujaran en tus mejillas pequeños ríos de cariño. Al son de los corazones pasarían los minutos, deliciosamente lentos. No se escucharía otro sonido que no fuera e de las respiraciones poco a poco alterándose por el continuo ir y venir de las manos en tu rostro y que descenderían por tu brazo para entrelazar los dedos, en ese gesto de apoyo, de ´´yo siempre voy a estar ahí, diga lo que diga el destino´´. En un deslizar cadencioso por tu rostro, mi aliento se encontraría por unos segundos con el tuyo y se llevaría a cabo la mas bella hazaña que nunca se pueda realizar. En un susurro te pediría que cerraras los ojos y así sería el momento.
Tus ojos cerrados me daría la suficiente intimidad como para acercarme sin temor a esos labios dulces como la misma miel, tentadores que parecen pedir besos a gritos en mis mas bonitos sueños. Me acercaría con cautela, con respecto, adoración y muy suavemente posaría mis labios sobre tu labio inferior, lo atraparía con sutileza y lo mimaría con la ternura con la que mi mano se desliza por tu rostro o la seda por una corriente de aire. De mil amores le daría cobijo al frío invernal de la angustia y la tristeza, de la soledad y los miedos. Te ofrecería el humilde refugio de mis labios para que te ocultaras de todo aquello que te da miedo. Entre suspiro y suspiro iríamos forjando esa armadura que nos haría invencibles, imparables ante las envidias, las mentiras o cualquier otro mal. Miraríamos al destino o la tragedia a los ojos y le diríamos con toda amabilidad ´´cinco minutitos mas´´. Crearía un mundo solo con las sensaciones de ese momento único que tendría lugar entre tus labios y los míos, lentamente bailando al compás de un lento pero a la vez enérgico vals. Mis dedos se enlazarían con los tuyos, dándose la unión por otro punto mas junto a los alientos y los labios. La textura de tus labios no haría mas que incitarme a seguir y seguir, dejando los problemas a un lado para que únicamente nosotros podamos llevar a cabo tan delicadas acciones.
En algún momento posterior una rosa en mi mano se deslizaría por tu mejilla. Nuestras miradas se dirían todo con respecto a las sensaciones que nos llenaran en ese momento tan dulce de un día largo y sempiternamente recordado. Por tu mejilla se deslizaría esa azulada caricia de inferior calidad a la de tu piel, tu delicada y cálida piel que me inspira los sentimientos mas bellos cuando la siento bajo la yema de mis dedos. El tiempo dejaría de tener sentido: ya no serían latidos ni nada por el estilo, sencillamente no habría tiempo, ni espacio, ni palabras con las que encuadrar este momento en una época. Yo te confesaría con miradas, con pequeños gestos aquellas bellas sensaciones que causaste en mi desde un primer momento y que nunca pensé que llegaría a expresarte de alguna forma. Te narraría con esa rosa cada uno de los detalles que te he dedicado en forma de nuevos gestos en los que recrearse de la mas dulce de las formas, con una total entrega a ese momento que por todos los medios volvería inolvidable para tu recuerdo.
La propia luz quizás fuera la que te sacará de ese letargo o a lo mejor soy yo que con suavidad susurraré cerca de tu oído una bella poesía salida de mi interior. Con seguridad y aun medio dormida no te enteres de nada pero no me importaría volvértela a repetir. Abrirías finalmente los ojos y con ternura mis caricias se expandirían hasta otros lugares como aquellos labios por los que pasearían dos dedos que dejarían su impronta de calor emocional dentro de mi propia alma ante el sencillo recuerdo de haberlos rozado con las yemas de los dedos. Girarías tu rostro y nos miraríamos a los ojos por un momento mientras tu aun sales de ese mundo que te echará de menos así como este te extraña cuando te vas a dormir. Tu voz medio adormilada seguramente me daría un escueto y enternecedor saludo con esa susurrante cadencia que a veces me vuelve loco y otras veces me alegra el día como no te haces a la idea. Con una sonrisa y conteniendo las ganas de comerte ya en el momento por todo ese cariño que nace en mi cuando escucho tu voz te devolvería el saludo junto a un beso en esa extensa frente y no te harías a la idea en toda la vida de cuan maravillado estaré observándote, quizás una medida no muy original pero ciertamente ni te haces a la idea de cuan maravillado me dejas con tu sola presencia en mi vida.
Y pensaría en todo lo bonito que me ha pasado en la vida. Pensaría en triunfos y derrotas, premios y castigos que he tenido que recibir y sufrir por mal comportamiento, el cual nunca tuve pero siempre he temido, a esa transformación en un ser oscuro que me aparte de todo aquello que quiero y me acerque al mal, a la soledad y a la muerte prematura por falta de motivos vitales a los que agarrarse. Pero ahí estarías tu, con tu sonrisa, tus ojos brillantes y enormes, mirándome y sintiéndome atrapar por esa mirada que a veces veo en medio de cualquier paraje en el que se puede dar fe de que no estás presente, pero como si lo estuvieras. Y te miraría con una ternura que ni te imaginas, que ni yo puedo llegar a imaginar en lo mas absoluto. Estaría tan bellamente acompañado por ti que nada mas me importaría, ni el tiempo importaría lo mas mínimo, o los planes o las prisas. Solamente tu y yo en esa bella zona de aquel gran castillo, en aquella gran cama siendo saludados por los rayos del Sol, la fresca brisa que poco a poco se iría refrescando mucho mas y acercaría los cuerpos en busca de calor. Me acercaría a ti haciéndole todo el caso del mundo al aire que nos rodea y suavemente deslizaría mis dedos por tu rostro, sin poder creerme tanta belleza junta, dentro y fuera de una sola persona. Mi mirada de adoración no se apartaría de tus rasgos que lentamente se volverían interrogantes, como siempre hacen. Y yo te diría que no pasa nada y te pediría una sola cosa . Que cerraras los ojos. Y si los cerraras con suavidad te daría tres besos.
El primero en la frente, queriendo expresar sentimiento de abierta protección. Nada te afectará en tanto yo esté a tu lado en los sueños y la realidad. Con ese beso te haría ver que no me importa como seas ni lo que seas, que tal y como te muestras siempre vas a ser especial para mi. En ese dulce tributo a tu frente pausaría los labios para que fuera un tributo al tiempo que lentamente pasaría pero no por afán de torturar, sino por concederme mas y mas tiempo, el suficiente al menos para que me dejaran demostrarte con gestos todo aquello que te quiero decir con palabras, dejar que los pequeños trazos de mis dedos dibujaran en tus mejillas pequeños ríos de cariño. Al son de los corazones pasarían los minutos, deliciosamente lentos. No se escucharía otro sonido que no fuera e de las respiraciones poco a poco alterándose por el continuo ir y venir de las manos en tu rostro y que descenderían por tu brazo para entrelazar los dedos, en ese gesto de apoyo, de ´´yo siempre voy a estar ahí, diga lo que diga el destino´´. En un deslizar cadencioso por tu rostro, mi aliento se encontraría por unos segundos con el tuyo y se llevaría a cabo la mas bella hazaña que nunca se pueda realizar. En un susurro te pediría que cerraras los ojos y así sería el momento.
Tus ojos cerrados me daría la suficiente intimidad como para acercarme sin temor a esos labios dulces como la misma miel, tentadores que parecen pedir besos a gritos en mis mas bonitos sueños. Me acercaría con cautela, con respecto, adoración y muy suavemente posaría mis labios sobre tu labio inferior, lo atraparía con sutileza y lo mimaría con la ternura con la que mi mano se desliza por tu rostro o la seda por una corriente de aire. De mil amores le daría cobijo al frío invernal de la angustia y la tristeza, de la soledad y los miedos. Te ofrecería el humilde refugio de mis labios para que te ocultaras de todo aquello que te da miedo. Entre suspiro y suspiro iríamos forjando esa armadura que nos haría invencibles, imparables ante las envidias, las mentiras o cualquier otro mal. Miraríamos al destino o la tragedia a los ojos y le diríamos con toda amabilidad ´´cinco minutitos mas´´. Crearía un mundo solo con las sensaciones de ese momento único que tendría lugar entre tus labios y los míos, lentamente bailando al compás de un lento pero a la vez enérgico vals. Mis dedos se enlazarían con los tuyos, dándose la unión por otro punto mas junto a los alientos y los labios. La textura de tus labios no haría mas que incitarme a seguir y seguir, dejando los problemas a un lado para que únicamente nosotros podamos llevar a cabo tan delicadas acciones.
En algún momento posterior una rosa en mi mano se deslizaría por tu mejilla. Nuestras miradas se dirían todo con respecto a las sensaciones que nos llenaran en ese momento tan dulce de un día largo y sempiternamente recordado. Por tu mejilla se deslizaría esa azulada caricia de inferior calidad a la de tu piel, tu delicada y cálida piel que me inspira los sentimientos mas bellos cuando la siento bajo la yema de mis dedos. El tiempo dejaría de tener sentido: ya no serían latidos ni nada por el estilo, sencillamente no habría tiempo, ni espacio, ni palabras con las que encuadrar este momento en una época. Yo te confesaría con miradas, con pequeños gestos aquellas bellas sensaciones que causaste en mi desde un primer momento y que nunca pensé que llegaría a expresarte de alguna forma. Te narraría con esa rosa cada uno de los detalles que te he dedicado en forma de nuevos gestos en los que recrearse de la mas dulce de las formas, con una total entrega a ese momento que por todos los medios volvería inolvidable para tu recuerdo.
Y en aquella mañana nos perderíamos, entre conversaciones, risas, problemas olvidados y detalles... una infinidad de detalles.
viernes, 27 de julio de 2012
Mañana fantasiosa
Las suaves mejillas estaban distendidas en una gesto de tranquilidad que reflejaba aquel armonioso rostro. A los pequeños detalles se podía uno remitir para darse cuenta de que estaba dormida, aun en los brazos de ese dios afortunado que cuidaba su sueño, una tarea que solamente estaba reservada para unos pocos. La encomienda de aquel noble guardíán que trataba por todos los medios de protegerla del mal externo estaba llegando a su fin, cuando ella despertara y le deleitara a él y al mundo con una de esas sonrisas que dejaban entrever el bien en los corazones de incluso los mas fríos y malvados. Los primeros rayos acariciaban su rostro y sus párpados estaban comenzando a abrirse a la par que unos dedos acariciaban con la máxima delicadeza aquel rostro. No paraba de mirar aquellos rasgos tan suaves, tan bellamente delineados por algún experto cincel de dios escultor. Aquella pequeña semidiosa, diosa completa o ángel de Dios despertaba y con su despertar comenzaba realmente para él el auténtico día. Miró aquellos ojos abrirse y escuchó aquella bella voz soltar un adormilado ´´hola´´ con esa medio sonrisa que lo enloquecía muchas veces.
Siguió unos cuantos minutos mas en lo que ella se volvía a dormir por un momento con aquellas lentas caricias, con paseos constantes en esos finos rasgos que estaban formando un terreno conocido pero siempre nuevo ya que nunca se cansaría de demostrar de esa y otras tantas formas toda aquella ternura que deseaba transmitir en actos y gestos. Cuando abrió de nuevo los ojos, le dedicó esa bella sonrisa que lentamente llenaba su voluntad con ansias por abrazarla y susurrarle tiernos versos al oído. Con ternura posó sus delicados y blancos dedos en aquellos suaves labios, dulces como la misma miel, dejando una lenta caricia en estos y descendiendo con sus dedos hasta ese fino cuello, desplegando todo un reino de cariño y sentimientos dentro de ese pequeño territorio que era el cuerpo de ella. su cabello estaba totalmente desplegado sobre la almohada que había sido a su vez reposo de esa mente inteligente y tan fascinante, digna de conocer hasta el último roncón de su cerebro. Cada palabra que infundía conocimiento sobre su persona era algo digno de recoger en la memoria y guardarlo como un gran tesoro. Y a esa colección de conocimientos se unían la experiencia de su risa, de sus bromas, chistes y muchas otras pequeñas cosas que la hacían un ser lleno de maravilla. Con una nerviosa lentitud se acercó y sin tratar de no dar mucho temblor a su voz por al moción susurró en su oído.
Vuela la esencia de una noche pasada
que promete una nueva y bella batalla.
Las caricias del sol con todo su arte
reclaman esa sonrisa como estandarte.
Tan sencillos versos fueron dichos con cada latido de un corazón que estaba deseoso de mucho mas y aquellos dedos que estaban en su cuello, subieron a su mejilla, guiando a aquel rostro en un suave giro y posando los labios en su frente sonrió para volver a admirar aquel bello rostro, esa faz perfecta que carecía de un solo defecto a sus ojos de poeta, que encontraban cada centímetro de su cuerpo tan agradable como tierno o placentero. Ella sonrió un poco mas. Con unas pocas palabras de esa exquisita dama no pudo por menos que sonreír con mas amplitud que antes. Adoraba aquellas palabras dichas con su voz cristalina y tan dulce que podía adquirir una infinidad de matices en sus imaginaciones mas secretas y ocultas al mundo. LA miró mientras se estiraba y sus manos suavemente se deslizaban por sus alas, acariciándolas con extrema delicadeza, como si se fueran a romper en cualquier momento. Se miraron un instante, estremeciéndose las pieles por la cercanía y una lenta y suave caricia que recorría todo el pecho y el vientre de ella. Aquella suave piel era deleite de sensaciones nunca antes experimentadas por aquel hombre que tenía tanto que decir mediante gestos ahí donde no cabían las palabras. Con las miradas clavadas la una en la del otro y viceversa él rompió ese silencio:
-Necesitas muchas cosas, como todos pero yo quiero darte esto. Quiero darte cada mañana impregnada en una ternura que no has conocido de manos de nadie, que nadie mas que tu conocería. Y poder con suaves caricias darte un dulce desperar, vertiendo versos susurrados en tu oído, que insuflan en tu corazón el mas agradable sentir.-Le sonrió mirando aquellos grandes ojos que ahora le miraban totalmente despierta. Las alas se movieron levemente para dejar una caricia en todo ese cuerpo que tanto deseaba y al mismo tiempo era capaz de darle un calor que iría directamente al corazón y relajaría sus instintos mas depredadores.- Seré el mas galante caballero que hayas conocido nunca cada vez que esté en mi mano y no me domine la ira o los viejos demonios. Si estás cerca de mi no llegaran nunca siquiera a imaginar lo que supone dominarme.- Acarició aquel rostro lentamente quedándose en silencio, sin mas que decir que no fuera desde el corazón con la propia mirada, una caricia al alma y un beso al corazón dado con unos ojos llenos de una tristeza y oscuridad que se volatilizaba cuando ella estaba presente. Le debía tanto que no se podría compensar ni con todas las joyas del mundo. Los grandes tapices los contemplaban con tranquila y relajada felicidad, Algunas bailarinas iban de lienzo en lienzo junto a silfos y elfos, deleitando el lugar con algarabía y buenas visiones. Se deleitaron con el espectáculo de música y baile que se desarrollaba en las paredes de aquella amplia y majestuosa habitación en la que llovían pétalos de rosa. La reacción esperada y la cual así fue es que ella en seguida estaba fuera de la cama, vestida y perfectamente engalanada para ese baile. Y al son de aquella música silvestre comenzó a bailar con esas pinturas tan realistas.
Se movía lentamente cuando había que moverse lentamente. En cada compás, representación ya sea del vaivén de los árboles y sus ramas o de las algas en el fondo del mar, ella era una planta mas que se agitaba al son de la música y el viento, con cada una de sus dos ramas que eran los brazos al son de la música. Sus ojos cerrados era la clara prueba de que ahora era parte de un bello bosque en el que las criaturas mas fascinantes mostraban su agradecimiento a los dioses con un nuevo baile que poco a poco se iba tornando mas animado, como la alegría que infundía cada rayo al alma cuando esta travesaba la tierra y daba en todas aquellas afortunadas criaturas con el privilegio de la vida. La dama era una de esas afortunadas criaturas, que tenía en sus mas bellos rasgos el de saber disfrutar cada momento como si fuera el último. Su cabello se agitaba como las ramas de los sauces llorones que crecían de vez en cuando a la vera de alguna laguna o zona similar en aquellos lienzos que estaban ya poblados por miles de seres que habían declarado ese día, ese momento bello de día como el despertar de la Musa, un momento de celebración.
Aquel solitario caballero la contemplaba bailar, deleitándose en cada movimiento de ella. La amante Brisa entraba por la ventana abierta de par en par para unirse a esa fiesta en aquella habitación, seductora e incansable en sus intentos de envolver los sentidos en sentimientos mucho mas fríos y a la vez fascinantes. Llegaron los espíritus de los grandes danzarines de la lluvia y las estrellas con batir de tambores y ritmos de sus territorios, bajando así los cielos junto a una lluvia de pétalos azules que llenó todo al momento. Los grandes danzarines estaban pletóricos, en el mas sumido éxtasis de felicidad, de contacto con sus dioses. al espectáculo no tenía palabras con las que describirse. Ella estaba en el centro, bailando con toda la felicidad del mundo, escuchando las notas reiterativas, casi mántricas de aquellos que estaban destinados a traer baile y fortuna a las tribus. Los cánticos ascendían hasta lo mas alto de los cielos, expandiéndose por todos los lares de aquel y otros mundos. Aquellas notas hablaban de una criatura divina que cuando bailaba, podía encender los corazones de los hombres y al mismo tiempos sumirlos en el mas tranquilo de los lagos emocionales. Los animales que volaban y corrían fueron hasta aquel lugar, a ese amplio espacio en el que las enredaderas comenzaban a cubrir las posiciones verticales como paredes y columnas.
Las siguientes en acudir fueron las arenas de los desiertos, ardientes en todo momento del día y frías como el hielo por las noches. Trajeron hasta ella una cuantas notas que conoció al momento e hizo mover sus caderas al son de una música ben conocida. A sus oídos acudían los sonidos del laúd, del qanún y del nay siempre liderados por el sempiterno darbuka. Las voces de los grandes dioses de arabia se alzaban al viento, se mezclaban con los grandes nativos de las tierras mas áridas del oeste en sus pequeños cantos llenos de una seductor desgarro que invitaba a l unión de cuerpos y al éxtasis de esa danza en la que poco a poco se sumía cada uno de ellos. Ni las plumas estaban quietas, se movían junto al resto del cuerpo n una danza aérea que sumía todo aquello en una alegría infinita, imparable, que parecía no tener fin. bailaban y cantaban aquellas bellas formas de vida de los bosques élficos y las llanuras de los nativos. Las arenas del desierto establecían su reinado de seducción y lentos movimientos de cadera que aquella Musa lentamente regalaba al caballero que tan basto mundo reconstruía de forma constante. Las miradas se encontraron y se podía apreciar en ella una sonrisa que reflejaba cierta picardía un mensaje muy claro y seductor que decía´´acércate pequeño caballero, bailemos todo este día y la noche también´´. Un cambio de ritmo la hizo precipitarse en todo un vaivén del cuerpo que poco a poco los fueron acercando una vez los pies de aquel afortunado se posaron en la arena. Ya no había paredes aunque si aquellos seres mágicos que salieron de los cuadros para bailar y disfrutar.
Las sedas que cubrían el cuerpo de ella, volaban libres alrededor de aquel cuerpo que deseaba fervientemente tener entre sus brazos. Su mas seductora mirada lo atrapó lentamente hasta que los ondulantes movimientos de ella se prodigaron a lo largo de aquel cuerpo delgado y pálido, lo cual le hizo estremecer. Lo invitó a seguir aquellas ondas acuáticas en forma de caderas y cintura que poco a poco hacían sentir su contorno contra el resto del cuerpo de ese afortunado. El baile lentamente se extendió por sus cuerpo y danzaron lentamente para separarse y ella dedicar unos frenéticos pasos circulares que la imbuyeron de una magia imparable. Haciendo crecer un sentimiento a su alrededor que no tenía nombre. La Brisa competía con ella y las ninfas y otras damas de los bosques, lagos, ríos, mares y montañas salvajes se unían a la danza lentamente. Los maches de aquellas especies tampoco se negaban al placer de la danza, creando así un bello y variado espectáculo. Algunos se quedaban extasiados con la Musa, la cual bailaba con aquella gracia tan envidiable y otros se empeñaban en superarla, algo solamente posible para unos pocos. En medio de toda una lluvia de pétalos multicolor se presentó la última invitada.
La diosa Terpsícore hizo acto de presencia y se unió a su hija, a su alumna, completando el plantel de aquella fiesta impregnada en magia y perfección. Así fue aquella mañana, que cierto caballero estaría dispuesto a regalarle cada día con tal de verla sonreír una y otra vez. Bailaron todos juntos al son de las mas maravillosas composiciones hechas por una gran orquesta de bosques y sonidos que la madre Gaia regalaba a sus hijos en cada momento del día, algo que no dejaba de ser bello por mucho que se repitiera. Fueron acariciados por las brisas, las hojas, las flores y cada uno de los elementos de las naturaleza con la fortaleza de la tierra, al fluidez del agua, la seducción del fuego y la ligereza del viento.
Ya todo ello alrededor de ella, la Musa...
viernes, 20 de julio de 2012
El juicio
Toda la muchedumbre estaba congregada para poder apreciar desde la propia persona aquello que iba a suceder en breve. Todo revelaba la clara tensión que se respiraba en el ambiente, incluso algunos tenían la mirada huidiza, como temiendo la ira de Dios o el gran juicio que este iba a desencadenar. Las tinieblas se hacían presentes debido a la escasa iluminación que solamente era sustentada por unos cuantos candelabros y multitud de antorchas que veían incrementado su efecto ante un ingenioso sistema que reflejaba la luz de forma algo precaria y no muy notoria, pero algo es algo como se solía decir. Unas cuantas ancianas de gesto osco estaban pendientes de darles aceite a los pocos y aparatosos faroles. A decir verdad la iluminación no era tan mala pero comparada con los grandes chorros de luz que se colaban por la habitación en lo alto del castillo pues era una pobre muestra de la tecnología humana que tenía mucho que mejorar. A ello se le juntaba que todos los presentes iban vestidos de negro, como si no conocieran otro color dándole al acontecimiento mas bien un aspecto de entierro antes que de juicio. La sala estaba, como ya se dijo, llena de gente pero esta vez acudían algunos nobles y ricos mercaderes. De pronto las puertas se abrieron dando paso al condenado que sería juzgado esa misma noche.
Flanqueando las puertas dos grandes y no muy inteligentes guardias arrastraban una especie de carro con un poste en el centro donde se encontraba firmemente encadenado el prisionero, sin nada a los lados que diera sustento en caso de que ese pequeño transporte volcara. Los clavos sostenían firmemente en un entramado de cadenas el cuerpo semidesnudo de aquel hombre que gozaba de una fama tenebrosa ante la cual se le acusaría delante de las grandes autoridades. Los murmullos no llegaban velados a sus oídos y escuchaba cada una de las palabras. Cuan confiada era la gente cuando pensaban que nadie les escuchaba. El prisionero había estado en completo silencio, custodiado por aquellos dos grandes guardias que tanto respeto imponían y que ciertamente eran capaces de acarrear con una yunta de bueyes ellos solos. Ellos mismo eran una yunta de bueyes a decir verdad. La piel pálida del condenado parecía impresionar a unos cuantos de piel mas morena que en seguida hicieron gestos de repudia al diablo. Hipócritas. La cabeza de ese hombre estaba caída hacia delante y una larga cabellera lo cubría. Parecía inconsciente y curiosamente no tenía una sola marca en el cuerpo mas que unos cuantos arañazos, uno de ellos muy curioso en forma de N en un costado. En los interrogatorios había sigo preguntado mil veces por esa marca y por decir la verdad le habrían dado de golpes mas siempre algo los contenía. A lo largo de toda la cárcel que lo recluyó se hicieron presentes los rumores de muchas cosas que sucedían alrededor de aquel ser extraño.
Formando un pequeño semicírculo estaba todo el conjunto de personas que se encargarían de llevar a cabo el juicio. Apestaban a corrupción y a pecado en general, todos consumidos por una gran desdicha que nunca supieron curar. Estaban insatisfechos social, económica y sexualmente, embebidos en un falso poder del que creían ser poseedores pero del que también podrían hacer partícipes al pueblo llano. Aquellos pensamientos estaban lejos de ser siquiera escritos por un revolucionario. Los ojos del tribunal eran eran en conjunto unos cuantos pozos negros que no dejaban entrever emoción alguna o a veces mostraban una ira profunda hacia ese ser corrupto por pensamientos, ideas y acciones que estaban claramente en contra de su querida Biblia. Los murmullos se fueron haciendo mas y mas bajos cuando un mazo hizo un eco en la sala y el juez ordenó silencio. Todo el mundo se quedó callado y un largo pergamino se extendió, no era nada excesivo pero eso ya sirvió a mas de uno para poder suponer que ante ellos tenían a un auténtico criminal que perturbaba la paz. Se procedió a leer en voz alta todas las acusaciones. La voz del juez era rasposa, producto de años de mucho alcohol y consumación de actos impuros con gente joven a espaldas de su mujer a la cual llevaba una vez al mes a casa del gobernador (también presente) para comer y degustar unos cuantos y exquisitos manjares. La sentencia, precedida del nombre, rango, título o lo que fuere era la siguiente:
-Se le acusa formalmente de tratos con el diablo, magia negra y actos impuros con seres oscuros y siervos de Satanás. También se añaden los cargos de ladrón e incitar a actos impuros contra los códigos establecidos por Dios Nuestro Señor.- No podía decirse mejor para que la muchedumbre se hiciera de nuevo un mar de murmullos en los que se comentaban todo lo que se había escuchado a lo largo de la plaza y de otros lugares rumorológicos.- Se le acusa de asesinato, homicidio en masa y la lista continua- dijo con cierto desdén aquel ser tan falto de la corrección y sentido del espectáculo. Le negaba a los pueblerinos analfabetos el conocimiento de aquello por lo que se le acusaba. -Como se declara?-Dijo en un gesto de autoritarismo aquel hombre chupado por los años y unas cuantas prostitutas de las zonas bajas.
El silencio se hizo presente esperando alguna reacción del acusado. Era un silencio pesado que poco a poco fue siendo sustituido por una especie de sonido profundo que venía de todas las direcciones y al mismo tiempo de ninguna. Una respiración lenta y profunda era aquel sonido, con una constancia templada, imparable y imposible de acallar porque se reproducía en las mentes de todos los presentes. Algunos de los presentes se llevaron las manos a la cabeza dándose cuenta de que no había forma de acallar aquella respiración que como cierto y afamado corazón que latía en la cabeza de un asesino famoso, estaba refugiado en los interiores de aquellas mentes sensibles y muy maleables, volubles o manipuladas. Esa respiración era cada vez mas pesada, mas trabajosa, haciendo su angustia por seguir viviendo la propia agonía de todos ellos. Mas de un gemido de dolor se fue haciendo presente cuando los pulmones se llenaban de un aire frío que quemaba por dentro. Todo cesó tras levantar el condenado la cabeza y mirar por primera vez al tribunal. En sus ojos había muchas cosas, desde la mas abierta ira y sarcasmo hasta una lujuria palpitante mezclada con una profunda melancolía. Las pedigüeñas del lugar y algunos amantes encubiertos sintieron la mas profunda de las confusiones, la cual desesperaba hasta el punto de entregarse a cualquier camino con tal de tener una guía. Al momento de cesar la respiración en sus cabezas parecía que ahora exhalaban aire las fuentes de iluminación, que aumentaban y disminuían la luz que expedían de una forma igualmente angustiosa. Al momento se calmaron y la sala quedó en silencio de nuevo. Aquello era realmente extraño y el cronista de la ciudad no dejaba de hacer anotaciones de todo tipo.
Una distorsión sucedió a todos esos fenómenos cuando el condenado se enderezó y dejó ver la piel blanca. Aquella palidez era natural pero al mismo tiempo tenía una anormalidad de origen desconocido. Los ojos fueron pasando de rostro en rostro, viendo no solamente las facciones sino cada uno de los errores que habían cometido. Veían todas las infidelidades, pecados, crímenes que cometía cada uno de esos supuestos hombres de Dios. Una sonrisa se empezó a extender por su rostro al advertir el baile de las sombras que se extendía tras aquellos seres degradados y corroídos por mil pequeños detalles que los condenarían ante los ojos de cualquier dios que predicara el bien. Tal apreciación fue visible solo unos segundos pero eso ya le dio fuerzas y al mismo tiempo lo hastío lo suficiente como para poder dar una respuesta clara. La voz desprendía profundidad pero también una inesperada jovialidad que no era habitual en las situaciones de máxima tensión, como si la costumbre de cada día de aquel ser fuera la de ser juzgado y arriesgar la vida.
-He sido ladrón señoría y he tenido tratos con un ser de las tinieblas. En realidad con dos o mas bien uno y medio ya que se trata de una voluptuosa criatura adoradora de los placeres carnales y una amazona de las sombras que gusta de burlarse de aquello que es digno e indigno. Mis manos ahora encadenadas se han asido a las joyas mas exquisitas que ha pasado a la propiedad de una dama de poderosa mirada y gélida piel cuya presencia supone una dura prueba incluso para el mas fiel de los hombres, al cual tienen aquí presente. Una lástima que aun no me hayan exigido tal fidelidad y sin embargo no puedo evitarla... -A una señal del juez un guardía le propinó una patada en todo el costado y el condenado tuvo a bien de no emitir queja alguna tomando eso como un ´´vaya al grano´´- Eso duele... no como cuando ves sufrir a la persona que mas quieres pero duele a fin de cuentas.- Tras decir esa frase un gemido se extendió por toda la sala, como una súplica por seguir viviendo. De nuevo cientos de manos se agarraron cientos de cabezas y algunos cayeron semiinconscientes al suelo.Una nueva sonrisa.-De que mas se me acusaba señoría? Mi memoria es pésima.
El juez desenrolló de nuevo el pergamino y con sorpresa vio que las letras estaban teñidas en rojo. Sangre,; y la lista de pecados había aumentado en unos pocos mas. Con temor y voz temblorosa el juez leyó.
-Se le acusa de tratos con Satanás y actos impúdicos con animales.- Miró el juez y todo el tribunal con temor renovado a ese hombre que estaba encadenado mas el juez parecía que algo le hacía gracia. -¿la cabra que se folló tenía nombre?
-No tengo claro los estudios en zoología que tenga su señoría pero me parece que la única cabra a la que yo pudiera haberme tirado y aun así tendría que estar completamente borracho tiene el nombre y el aspecto de su mujer. -Un nuevo golpe y otro gemido que conmocionó a la sala no sin antes algunas risotadas por parte de la muchedumbre que casualmente estaba reunida- A ver si a la siguiente no tengo que llamar supuestamente a mi señor Satanás...
-Ha confesado ser enviado del Diablo. -dijo el notario jefe con su avanzada edad pero aun así su inquebrantable energía a la hora de hacer acusaciones.- que lo ahorquen. AHORA.-Dijo casi al punto del colapso aquel hombre.
-En seguida- dijo el gobernador- pero antes quiero a él todo lo que tenga que contarnos, parece que no tiene prisa por hacer una defensa coherente de su persona.- Una sonrisa cruzaba su rostro que decía ´´te tengo pequeño bastardo y vas a gritar lo que no gritaste en años´´- Hable por favor- dijo con una sibelina demostración de hipócrita educación, algo que hizo sonreír al condenado de forma igualmente educada y amable pero mas que nada ante cierto recuerdo.
-Está bien lo contaré todo. No he tenido trato alguno con el diablo aunque ciertamente alguna de mis compañías son diabólicamente bellas. Lo mas cercano que he visto en cuestión a demonios es a una súcubo que tiene ciertas tendencias a llevar las manos por donde otras mujeres se alarmarían falsamente antes de devorarlas con sus bocas de criaturas impuras como muchas de las aquí presentes. -Un revuelo generalizado se hizo en la sala y unos cuantos martillazos fueron mas que suficientes para imponer el silencio. -El nombre y las formas de su cuerpo sin demasiado bonitos para pronunciarlo y describirlas respectivamente delante de ustedes morbosas y falsas marionetas del Señor pero les diré que me complací de su compañía y me deleitaba mas de una vez con las formas y las reacciones que mostraba cada vez que yo accedía a cometer esos pecados de los que se me acusa. Le hice tributos de todo tipo para ganarme su favor cuando se mostraba...iracunda- ´´o mas bien cuando andaba con berrinche´´ pensó el condenado de piel pálida.
´´También y como mencioné antes he llevado a cabo actos de magia pero si la magia tiene algún color pues que sea el negro, es un color elegante que a mi particularmente me sienta de maravilla bajo algunas condiciones de medida y forma. He hecho invocaciones de alguna bestia indómita que posteriormente ha sido compañera pasional de grandes mujeres ante las cuales me he hincado y he besado su mano en señal de pleitesía al igual que ellas correspondieron con una sonrisa. Y algunos trucos nunca me cansaría de repetirlos. Como este´´. Y al momento entre sus manos una rosa azul que emitía un extraño brillo se hizo presente en estas, causando una conmoción general. El revuelo duró varios minutos en tanto que le quitaban la rosa de las manos que al momento desapareció para ir a un lecho lejos de ahí a modo de regalo para la dama que en ese momento debía de estar descansando apaciblemente.
´´Y he conocido a una dama que aun viéndose en al necesidad de alimentarse de sangre ha renegado a tal camino con valor y audacia. La exquisitez de sus maneras pueden despertar el mas instintivo deseo a cualquier hombre que se le antoje excitar o hacer caer en su trampa. Su poderosa mirada es algo que no tiene nombre ni descripción posible. Ella es un manjar que puedes mirar pero no tocar, casi todo lo contrario de aquella súcubo a la que les describí hace escasos momentos. Ella es la que te toca a ti si ella quiere, cuando ella quiere y como ella quiere. Ha sido mi compañía en algunas ocasiones y se ha deleitado libremente en mi piel con sus finos y gélidos dedos. Y podría dar otros tantos detalles que seguramente quedando en secreto conservarán ese dulce sabor como el de su piel- Un revuelo mas y de nuevo los martillazos los cuales comenzaban a taladrar los oídos del futuro ajusticiado dado su oído muy sensible.- Algún día espero tener el privilegio de bailar con ella aunque se que eso no es posible dada mi inminente ejecución y mi torpeza nata para el baile.´´
-Cállese y déjese los deseos frustrados cuando termine de confesar sus crímenes. Cíñase a los hechos y a lo que se le pregunta. -Dijo con todo su autoritarismo el juez que esta vez pareció aprender la lección al no ordenar que golpearan a la víctima.- ¿En que mas se incluyó?
-Eso de ser un zoofílico no se de donde lo sacan pero estoy trabajando en ello aunque la señorita es una borde y yo otro tanto- dijo con toda inocencia y desinterés el hombre que sonrió al escucharse una risotada en toda la sala. Una risa cristalina teñida de una burla sutil que promovía la rabia contra lo que fuera. Sin mediar palabra el hombre inclinó ligeramente la cabeza a un lado para notar al momento una lengua lujuriosa que se paseaba por su cuello y unas manos que bajaban demasiado rápido hacia una zona muy concreta. Una flecha se clavó en el poste cortando las cadenas y otra en el pecho de los dos guardias.-Miau...-Dijo con voz profunda aquel condenado que en seguida se vio envuelto en sombras dejando a su paso otro maullido, esta vez de mujer junto a lo que parecía el mas ansioso gemido de deseo, una expresión que provocó mas de una reacción masculina y femenina en el lugar. Muchos de aquellos hombres no se olvidarían de las formas de esa mujer en meses o incluso años, de los cadáveres asaeteados y las dos silfideas mujeres de orejas puntiagudas que salieron de la nada y eliminaron a otros tantos guardias para llevarse a esa misma nada a un hombre condenado que muchos jurarían portaba dos grandes alas opalinas las cuales no eran impedimento a esa súcubo para jugar con aquello que tanto parecía disfrutar.
Flanqueando las puertas dos grandes y no muy inteligentes guardias arrastraban una especie de carro con un poste en el centro donde se encontraba firmemente encadenado el prisionero, sin nada a los lados que diera sustento en caso de que ese pequeño transporte volcara. Los clavos sostenían firmemente en un entramado de cadenas el cuerpo semidesnudo de aquel hombre que gozaba de una fama tenebrosa ante la cual se le acusaría delante de las grandes autoridades. Los murmullos no llegaban velados a sus oídos y escuchaba cada una de las palabras. Cuan confiada era la gente cuando pensaban que nadie les escuchaba. El prisionero había estado en completo silencio, custodiado por aquellos dos grandes guardias que tanto respeto imponían y que ciertamente eran capaces de acarrear con una yunta de bueyes ellos solos. Ellos mismo eran una yunta de bueyes a decir verdad. La piel pálida del condenado parecía impresionar a unos cuantos de piel mas morena que en seguida hicieron gestos de repudia al diablo. Hipócritas. La cabeza de ese hombre estaba caída hacia delante y una larga cabellera lo cubría. Parecía inconsciente y curiosamente no tenía una sola marca en el cuerpo mas que unos cuantos arañazos, uno de ellos muy curioso en forma de N en un costado. En los interrogatorios había sigo preguntado mil veces por esa marca y por decir la verdad le habrían dado de golpes mas siempre algo los contenía. A lo largo de toda la cárcel que lo recluyó se hicieron presentes los rumores de muchas cosas que sucedían alrededor de aquel ser extraño.
Formando un pequeño semicírculo estaba todo el conjunto de personas que se encargarían de llevar a cabo el juicio. Apestaban a corrupción y a pecado en general, todos consumidos por una gran desdicha que nunca supieron curar. Estaban insatisfechos social, económica y sexualmente, embebidos en un falso poder del que creían ser poseedores pero del que también podrían hacer partícipes al pueblo llano. Aquellos pensamientos estaban lejos de ser siquiera escritos por un revolucionario. Los ojos del tribunal eran eran en conjunto unos cuantos pozos negros que no dejaban entrever emoción alguna o a veces mostraban una ira profunda hacia ese ser corrupto por pensamientos, ideas y acciones que estaban claramente en contra de su querida Biblia. Los murmullos se fueron haciendo mas y mas bajos cuando un mazo hizo un eco en la sala y el juez ordenó silencio. Todo el mundo se quedó callado y un largo pergamino se extendió, no era nada excesivo pero eso ya sirvió a mas de uno para poder suponer que ante ellos tenían a un auténtico criminal que perturbaba la paz. Se procedió a leer en voz alta todas las acusaciones. La voz del juez era rasposa, producto de años de mucho alcohol y consumación de actos impuros con gente joven a espaldas de su mujer a la cual llevaba una vez al mes a casa del gobernador (también presente) para comer y degustar unos cuantos y exquisitos manjares. La sentencia, precedida del nombre, rango, título o lo que fuere era la siguiente:
-Se le acusa formalmente de tratos con el diablo, magia negra y actos impuros con seres oscuros y siervos de Satanás. También se añaden los cargos de ladrón e incitar a actos impuros contra los códigos establecidos por Dios Nuestro Señor.- No podía decirse mejor para que la muchedumbre se hiciera de nuevo un mar de murmullos en los que se comentaban todo lo que se había escuchado a lo largo de la plaza y de otros lugares rumorológicos.- Se le acusa de asesinato, homicidio en masa y la lista continua- dijo con cierto desdén aquel ser tan falto de la corrección y sentido del espectáculo. Le negaba a los pueblerinos analfabetos el conocimiento de aquello por lo que se le acusaba. -Como se declara?-Dijo en un gesto de autoritarismo aquel hombre chupado por los años y unas cuantas prostitutas de las zonas bajas.
El silencio se hizo presente esperando alguna reacción del acusado. Era un silencio pesado que poco a poco fue siendo sustituido por una especie de sonido profundo que venía de todas las direcciones y al mismo tiempo de ninguna. Una respiración lenta y profunda era aquel sonido, con una constancia templada, imparable y imposible de acallar porque se reproducía en las mentes de todos los presentes. Algunos de los presentes se llevaron las manos a la cabeza dándose cuenta de que no había forma de acallar aquella respiración que como cierto y afamado corazón que latía en la cabeza de un asesino famoso, estaba refugiado en los interiores de aquellas mentes sensibles y muy maleables, volubles o manipuladas. Esa respiración era cada vez mas pesada, mas trabajosa, haciendo su angustia por seguir viviendo la propia agonía de todos ellos. Mas de un gemido de dolor se fue haciendo presente cuando los pulmones se llenaban de un aire frío que quemaba por dentro. Todo cesó tras levantar el condenado la cabeza y mirar por primera vez al tribunal. En sus ojos había muchas cosas, desde la mas abierta ira y sarcasmo hasta una lujuria palpitante mezclada con una profunda melancolía. Las pedigüeñas del lugar y algunos amantes encubiertos sintieron la mas profunda de las confusiones, la cual desesperaba hasta el punto de entregarse a cualquier camino con tal de tener una guía. Al momento de cesar la respiración en sus cabezas parecía que ahora exhalaban aire las fuentes de iluminación, que aumentaban y disminuían la luz que expedían de una forma igualmente angustiosa. Al momento se calmaron y la sala quedó en silencio de nuevo. Aquello era realmente extraño y el cronista de la ciudad no dejaba de hacer anotaciones de todo tipo.
Una distorsión sucedió a todos esos fenómenos cuando el condenado se enderezó y dejó ver la piel blanca. Aquella palidez era natural pero al mismo tiempo tenía una anormalidad de origen desconocido. Los ojos fueron pasando de rostro en rostro, viendo no solamente las facciones sino cada uno de los errores que habían cometido. Veían todas las infidelidades, pecados, crímenes que cometía cada uno de esos supuestos hombres de Dios. Una sonrisa se empezó a extender por su rostro al advertir el baile de las sombras que se extendía tras aquellos seres degradados y corroídos por mil pequeños detalles que los condenarían ante los ojos de cualquier dios que predicara el bien. Tal apreciación fue visible solo unos segundos pero eso ya le dio fuerzas y al mismo tiempo lo hastío lo suficiente como para poder dar una respuesta clara. La voz desprendía profundidad pero también una inesperada jovialidad que no era habitual en las situaciones de máxima tensión, como si la costumbre de cada día de aquel ser fuera la de ser juzgado y arriesgar la vida.
-He sido ladrón señoría y he tenido tratos con un ser de las tinieblas. En realidad con dos o mas bien uno y medio ya que se trata de una voluptuosa criatura adoradora de los placeres carnales y una amazona de las sombras que gusta de burlarse de aquello que es digno e indigno. Mis manos ahora encadenadas se han asido a las joyas mas exquisitas que ha pasado a la propiedad de una dama de poderosa mirada y gélida piel cuya presencia supone una dura prueba incluso para el mas fiel de los hombres, al cual tienen aquí presente. Una lástima que aun no me hayan exigido tal fidelidad y sin embargo no puedo evitarla... -A una señal del juez un guardía le propinó una patada en todo el costado y el condenado tuvo a bien de no emitir queja alguna tomando eso como un ´´vaya al grano´´- Eso duele... no como cuando ves sufrir a la persona que mas quieres pero duele a fin de cuentas.- Tras decir esa frase un gemido se extendió por toda la sala, como una súplica por seguir viviendo. De nuevo cientos de manos se agarraron cientos de cabezas y algunos cayeron semiinconscientes al suelo.Una nueva sonrisa.-De que mas se me acusaba señoría? Mi memoria es pésima.
El juez desenrolló de nuevo el pergamino y con sorpresa vio que las letras estaban teñidas en rojo. Sangre,; y la lista de pecados había aumentado en unos pocos mas. Con temor y voz temblorosa el juez leyó.
-Se le acusa de tratos con Satanás y actos impúdicos con animales.- Miró el juez y todo el tribunal con temor renovado a ese hombre que estaba encadenado mas el juez parecía que algo le hacía gracia. -¿la cabra que se folló tenía nombre?
-No tengo claro los estudios en zoología que tenga su señoría pero me parece que la única cabra a la que yo pudiera haberme tirado y aun así tendría que estar completamente borracho tiene el nombre y el aspecto de su mujer. -Un nuevo golpe y otro gemido que conmocionó a la sala no sin antes algunas risotadas por parte de la muchedumbre que casualmente estaba reunida- A ver si a la siguiente no tengo que llamar supuestamente a mi señor Satanás...
-Ha confesado ser enviado del Diablo. -dijo el notario jefe con su avanzada edad pero aun así su inquebrantable energía a la hora de hacer acusaciones.- que lo ahorquen. AHORA.-Dijo casi al punto del colapso aquel hombre.
-En seguida- dijo el gobernador- pero antes quiero a él todo lo que tenga que contarnos, parece que no tiene prisa por hacer una defensa coherente de su persona.- Una sonrisa cruzaba su rostro que decía ´´te tengo pequeño bastardo y vas a gritar lo que no gritaste en años´´- Hable por favor- dijo con una sibelina demostración de hipócrita educación, algo que hizo sonreír al condenado de forma igualmente educada y amable pero mas que nada ante cierto recuerdo.
-Está bien lo contaré todo. No he tenido trato alguno con el diablo aunque ciertamente alguna de mis compañías son diabólicamente bellas. Lo mas cercano que he visto en cuestión a demonios es a una súcubo que tiene ciertas tendencias a llevar las manos por donde otras mujeres se alarmarían falsamente antes de devorarlas con sus bocas de criaturas impuras como muchas de las aquí presentes. -Un revuelo generalizado se hizo en la sala y unos cuantos martillazos fueron mas que suficientes para imponer el silencio. -El nombre y las formas de su cuerpo sin demasiado bonitos para pronunciarlo y describirlas respectivamente delante de ustedes morbosas y falsas marionetas del Señor pero les diré que me complací de su compañía y me deleitaba mas de una vez con las formas y las reacciones que mostraba cada vez que yo accedía a cometer esos pecados de los que se me acusa. Le hice tributos de todo tipo para ganarme su favor cuando se mostraba...iracunda- ´´o mas bien cuando andaba con berrinche´´ pensó el condenado de piel pálida.
´´También y como mencioné antes he llevado a cabo actos de magia pero si la magia tiene algún color pues que sea el negro, es un color elegante que a mi particularmente me sienta de maravilla bajo algunas condiciones de medida y forma. He hecho invocaciones de alguna bestia indómita que posteriormente ha sido compañera pasional de grandes mujeres ante las cuales me he hincado y he besado su mano en señal de pleitesía al igual que ellas correspondieron con una sonrisa. Y algunos trucos nunca me cansaría de repetirlos. Como este´´. Y al momento entre sus manos una rosa azul que emitía un extraño brillo se hizo presente en estas, causando una conmoción general. El revuelo duró varios minutos en tanto que le quitaban la rosa de las manos que al momento desapareció para ir a un lecho lejos de ahí a modo de regalo para la dama que en ese momento debía de estar descansando apaciblemente.
´´Y he conocido a una dama que aun viéndose en al necesidad de alimentarse de sangre ha renegado a tal camino con valor y audacia. La exquisitez de sus maneras pueden despertar el mas instintivo deseo a cualquier hombre que se le antoje excitar o hacer caer en su trampa. Su poderosa mirada es algo que no tiene nombre ni descripción posible. Ella es un manjar que puedes mirar pero no tocar, casi todo lo contrario de aquella súcubo a la que les describí hace escasos momentos. Ella es la que te toca a ti si ella quiere, cuando ella quiere y como ella quiere. Ha sido mi compañía en algunas ocasiones y se ha deleitado libremente en mi piel con sus finos y gélidos dedos. Y podría dar otros tantos detalles que seguramente quedando en secreto conservarán ese dulce sabor como el de su piel- Un revuelo mas y de nuevo los martillazos los cuales comenzaban a taladrar los oídos del futuro ajusticiado dado su oído muy sensible.- Algún día espero tener el privilegio de bailar con ella aunque se que eso no es posible dada mi inminente ejecución y mi torpeza nata para el baile.´´
-Cállese y déjese los deseos frustrados cuando termine de confesar sus crímenes. Cíñase a los hechos y a lo que se le pregunta. -Dijo con todo su autoritarismo el juez que esta vez pareció aprender la lección al no ordenar que golpearan a la víctima.- ¿En que mas se incluyó?
-Eso de ser un zoofílico no se de donde lo sacan pero estoy trabajando en ello aunque la señorita es una borde y yo otro tanto- dijo con toda inocencia y desinterés el hombre que sonrió al escucharse una risotada en toda la sala. Una risa cristalina teñida de una burla sutil que promovía la rabia contra lo que fuera. Sin mediar palabra el hombre inclinó ligeramente la cabeza a un lado para notar al momento una lengua lujuriosa que se paseaba por su cuello y unas manos que bajaban demasiado rápido hacia una zona muy concreta. Una flecha se clavó en el poste cortando las cadenas y otra en el pecho de los dos guardias.-Miau...-Dijo con voz profunda aquel condenado que en seguida se vio envuelto en sombras dejando a su paso otro maullido, esta vez de mujer junto a lo que parecía el mas ansioso gemido de deseo, una expresión que provocó mas de una reacción masculina y femenina en el lugar. Muchos de aquellos hombres no se olvidarían de las formas de esa mujer en meses o incluso años, de los cadáveres asaeteados y las dos silfideas mujeres de orejas puntiagudas que salieron de la nada y eliminaron a otros tantos guardias para llevarse a esa misma nada a un hombre condenado que muchos jurarían portaba dos grandes alas opalinas las cuales no eran impedimento a esa súcubo para jugar con aquello que tanto parecía disfrutar.
domingo, 15 de julio de 2012
El beso de la Rosa II
Nota: primera parte del relato aquí
La noche era perfecta, nada la podía complicar en lo mas absoluto. Mientras que solo existieran el uno para el otro o al menos en aquel momento. Aquellos labios de sabor tan dulce estaban curvados en una sonrisa de especial nerviosismo y sus manos parecían buscar sustento en medio de la oscuridad que los rodeaba mas allá de la frontera creada por los rayos de la luna y los sentidos. Unos dedos que reflejaban ansia aprisionaron un trozo de tela que componía ese gran lecho testigo de una escena digna de figurar en las novelas mas apasionadamente fantasiosas de la literatura. Los labios se mordieron mutuamente en la contención de una expresión mas que evidente de placer. Los anhelantes dedos que pretendían un sustento comenzaron a bajar por la propia anatomía hasta llegar al destino del conflicto que se libraba al sur de su cuerpo. Antes de llegar un ataque inesperado le hizo arquearse, golpeada por las sensaciones que estaba experimentando, por aquella vil criatura que parecía no desear mas que consumar actos de todo tipo en su cuerpo.
Sus senos bajaban y subían apresurados en medio de la agitada respiración que la afectaba y le anulaba cualquier razonamiento y junto a las rápidas pulsaciones del corazón, pareciera que fuera a estallar ante la constante lluvia de sensaciones y estímulos que aquel ser le estaba regalando en esa noche de sábanas de satén y terciopelo. Las manos clamaban por abarcar toda la extensión de ese pequeño mundo que aun se había reducido mas de lo esperado ante el encuentro de los cuerpos, ardientes y deseando escapar de la cárcel que era el propio límite establecido por la piel. Aquellos ojos enormes estaban ocultados tras los párpados como involuntario gesto de rendición a los sentidos, que se turbaban ante lo desconocido de una emoción contenida y que no tenía palabras con las que ser expresada, ya menos aun el poema que fuera susurrado al oído de la amante entre los suspiros de la noche. El telón de aquella bella obra se había abierto momentos antes con el suspiro inicial de los amantes que se miran y se prodigan lentas caricias, mensajes secretos de presencia e intenciones lúbricas en un cambio de ternura por pasión y deseo. Y aquel telón tardaría en cerrarse de nuevo para dar fin a esa bella representación de lo que era la comunión entre dos almas. Ya el viaje se había efectuado y la guardiana azulada había caído. Solo restaba de saborear el botín de forma lenta, degustando cada rica muestra de ese néctar, un sensual perfume que colaba en la realidad y sueños para ser la obsesión que impulsara a caer hasta lo mas profundo.
Arraigado en los mas intensos deseos y fantasías nocturnas, el cuerpo de ese amante ansioso del lienzo que era la dama estaba en tensión y a la vez disfrutando de un banquete digno de un rey. La ambrosía se derramaba en sus labios mientras una lengua invadía aquel delicioso monte de venus, una extensión pequeña pero muy rica en posibilidades de juego y deleite. Las manos repartían pinceladas e intenciones en todo momento, dejando claro cuales eran los puntos hasta los que estaba dispuesto a llegar. Aquel caballero movía lentamente su boca para acaparar toda la atención con el aliento que antes se había desparramado en la parte interior de aquellas piernas que parecían viento en movimiento cuando bailaban. Los besos le sucedieron y aquel beso inicial en el centro de su poder fue la tarjeta de presentación. Las manos se deleitaban con la suavidad de la piel morena de ella, de aquel manto de gloria que gustaba de acariciar cuando el destino y ella se lo permitía. La respetaba pero también la deseaba hasta puntos en los que la mínima oportunidad era depositaria de la pasión que podía nacer en el interior de aquel ser arrepentido de muchas cosas menos de aquella, en la que no tendría piedad a la hora de inyectar placer de todas las maneras posibles en ese interior ardiente y tentador.
Ella no cesaba de expresar las sensaciones que aquella lengua le estaba haciendo sentir, que se movía con lenta y cruel tranquilidad para después dejar clara las intenciones de conquista con un rápido movimiento que la llevaba a arquearse por los impactos que recibía ese delicado punto de su anatomía al encontrarse con una pequeña bestia roja ansiosa de un poder y la magia, de aquel elixir natural. Los labios a veces abandonaban ese improvisado sello para dejar lentas caricias en los alrededores de ese paraíso que tenía ante él y devoraba la piel con el aliento, aquel etéreo bailarín que sembraba calor a su paso. Los dientes se clavaban de improviso causando sorpresa a lo largo de ese reino de placer que satisfacían el ansia de piel en unas manos que paseaban por aquellos muslos, caderas, vientre y senos, masajeando con delicadeza cada centímetro de estos y volviendo a hacer todo el recorrido. Los dedos pálidos y delgados dejaban constancia de una adoración por aquel cuerpo que no se podía expresar de otra manera que no fuera esa. Se podía apreciar a través de cada caricia los músculos, los huesos, y mas especialmente el calor que emanaba aquel cuerpo que encendía su deseo, la pasión que lo consumia hasta escalas inimaginables.
La lengua continuó aquella guerra secreta entre las notas y las escalas musicales mas bellas y ancestrales del mundo, deleitando los oídos de aquel depredador que la devoraba sin compasión hasta que exhalara el último suspiro en medio de aquel éxtasis que parecía acercarse lentamente. Él podría estar toda la noche en aquel refugio de los sentidos, saboreando, degustando, totalmente entregado a hacerla arder, a que ella se rindiera, a que se redujera al nivel de los pensamientos mas primarios. Con gusto recibió los dedos de ella en su cabello que comenzó a acariciar mientras sus notables sensaciones sobresalían a cada nueva embestida, caricia o respiración de esa boca ávida de un placer que no era natural, que no era para nadie mas que para él en aquella noche. Sintió la leve presión que exhorta a mas, a sentir mas, a que la actividad se acrecentara mientras sus cuerpo estaba casi consumiendo una cama en llamas, un campo de batalla donde la muerte y la resurrección eran inmediatamente sucedidas.
Las miradas se cruzaron un instante y ella pudo apreciar el estado de su amante. Estaba totalmente entregado a ella y a sus placeres, le decía con esos ojos hambrientos que iba a hacerla llegar hasta lo mas alto, la llevaría a alcanzar unas sensaciones que nunca nadie le ha hecho sentir. En aquella mirada se reflejaba una gran cantidad de deseos ocultos y oscuros que solamente tenían como consecuencia la oleada de gozo que estaría dispuesto a darle todos los días con tal de que no se fuera y que el disfrutaría tanto como ella. Con su mirada se coordinó un sonido animalesco, como el de un lobo que está a punto de atacar y aquella lengua se abrió paso a través del telón natural de aquel cuerpo para llegar a lo mas profundo, como si quisiera hacerle el amor con la misma lengua que antes parecía tan suave y dulce en los besos y ahora era inmisericorde y ansiosa por alcanzar el máximo punto pero sin perder la calma. El golpe de placer inminente hizo soltar una exclamación a aquella exquisita dama que echó la cabeza hacia atrás y soltó aquel suave gemido casi incontenido y de volumen algo elevado. Su respiración y aquel corazón que tan bien podía escuchar no dejaban de acelerarse a cada momento. Disfrutaría todo el tiempo del mundo hasta que murieran ambos para volver a nacer tras aquella aventura nocturna.
La sed no quedó satisfecha pero las ansias eran incontenibles y tras relamerse lentamente mirándola a los ojos de nuevo, disfrutando cada gota de aquel néctar sagrado para él y cualquier otro mortal, comenzó aquel suave recorrido de besos entregados y limpios que lo había traído hasta aquel lugar tan candente y tentador. Las ingles fueron las primeras en sufrir apasionados besos para después con la lengua viajas desde esa frontera prohibida hasta el ombligo el cual rodeó lentamente. Hizo sentir la respiración, aquella respiración de bestia sedienta de placer, hasta la base de aquello senos firmes que lentamente besó, con los que embelesó el sentido del tacto y el gusto, conquistando con todas sus placentera intenciones cada centímetro de ese cuerpo que deseaba tanto de complacer hasta el mas íntimo de los rincones tal como había hecho momentos antes. Degustó esos pequeños puntos que coronaban aquellos montículos recreándose en el dulce sabor que se desprendía. Deleitó con masajes y adoración aquellos senos y una vez descansado y pagado el tributo de un suave beso en la zona mas palpitante de su cuerpo prosiguió el viaje con una lengua que dejó su rastro de deseo a lo largo de su garganta para reencontrarse de nuevo con los adorados labios. Y los besó mientras se unían y bailaban una vez mas aquella danza.
Los movimientos lentos se acompañaban de la orquesta de sus corazones que estaban anhelantes de aquellas apreciaciones que solo ella podía prodigarle. Era el mas antiguo de los valses, el mas apasionado de los tangos y el mas tentador de los caprichos de los dioses, que miraban en forma de estrellas a esos dos entes físicos consumiéndose en pasión, lujuria, ternura, sentimientos, sensaciones, emociones. Ambos se decían con cada roce, cada suave movimiento y paso de baile todo aquello en donde las palabras eran sobrantes. Las manos de ella se paseaban por su cabello, refugiando aquel delgado rostro en el cuello para sentir la cálida esencia de los labios devorando la piel con suma delicadeza y una pasión que rozaba en el fervor por la divinidad. Lo impulsaba a saciar la sed y el hambre de su piel que lo acosaba desde hacía mucho tiempo, sin cesar los movimientos, el vaivén de esos cuerpos que poco a poco notaban la gloria misma producirse en su interior. El no cesaba de decir aquel nombre mágico que estaba en cada uno de su sueños. No había mas mundo que el del cuerpo del otro y los alientos que se entremezclaban en la explosión que fue acallada por un beso de fuego rojo y blanco.
La noche era perfecta, nada la podía complicar en lo mas absoluto. Mientras que solo existieran el uno para el otro o al menos en aquel momento. Aquellos labios de sabor tan dulce estaban curvados en una sonrisa de especial nerviosismo y sus manos parecían buscar sustento en medio de la oscuridad que los rodeaba mas allá de la frontera creada por los rayos de la luna y los sentidos. Unos dedos que reflejaban ansia aprisionaron un trozo de tela que componía ese gran lecho testigo de una escena digna de figurar en las novelas mas apasionadamente fantasiosas de la literatura. Los labios se mordieron mutuamente en la contención de una expresión mas que evidente de placer. Los anhelantes dedos que pretendían un sustento comenzaron a bajar por la propia anatomía hasta llegar al destino del conflicto que se libraba al sur de su cuerpo. Antes de llegar un ataque inesperado le hizo arquearse, golpeada por las sensaciones que estaba experimentando, por aquella vil criatura que parecía no desear mas que consumar actos de todo tipo en su cuerpo.
Sus senos bajaban y subían apresurados en medio de la agitada respiración que la afectaba y le anulaba cualquier razonamiento y junto a las rápidas pulsaciones del corazón, pareciera que fuera a estallar ante la constante lluvia de sensaciones y estímulos que aquel ser le estaba regalando en esa noche de sábanas de satén y terciopelo. Las manos clamaban por abarcar toda la extensión de ese pequeño mundo que aun se había reducido mas de lo esperado ante el encuentro de los cuerpos, ardientes y deseando escapar de la cárcel que era el propio límite establecido por la piel. Aquellos ojos enormes estaban ocultados tras los párpados como involuntario gesto de rendición a los sentidos, que se turbaban ante lo desconocido de una emoción contenida y que no tenía palabras con las que ser expresada, ya menos aun el poema que fuera susurrado al oído de la amante entre los suspiros de la noche. El telón de aquella bella obra se había abierto momentos antes con el suspiro inicial de los amantes que se miran y se prodigan lentas caricias, mensajes secretos de presencia e intenciones lúbricas en un cambio de ternura por pasión y deseo. Y aquel telón tardaría en cerrarse de nuevo para dar fin a esa bella representación de lo que era la comunión entre dos almas. Ya el viaje se había efectuado y la guardiana azulada había caído. Solo restaba de saborear el botín de forma lenta, degustando cada rica muestra de ese néctar, un sensual perfume que colaba en la realidad y sueños para ser la obsesión que impulsara a caer hasta lo mas profundo.
Arraigado en los mas intensos deseos y fantasías nocturnas, el cuerpo de ese amante ansioso del lienzo que era la dama estaba en tensión y a la vez disfrutando de un banquete digno de un rey. La ambrosía se derramaba en sus labios mientras una lengua invadía aquel delicioso monte de venus, una extensión pequeña pero muy rica en posibilidades de juego y deleite. Las manos repartían pinceladas e intenciones en todo momento, dejando claro cuales eran los puntos hasta los que estaba dispuesto a llegar. Aquel caballero movía lentamente su boca para acaparar toda la atención con el aliento que antes se había desparramado en la parte interior de aquellas piernas que parecían viento en movimiento cuando bailaban. Los besos le sucedieron y aquel beso inicial en el centro de su poder fue la tarjeta de presentación. Las manos se deleitaban con la suavidad de la piel morena de ella, de aquel manto de gloria que gustaba de acariciar cuando el destino y ella se lo permitía. La respetaba pero también la deseaba hasta puntos en los que la mínima oportunidad era depositaria de la pasión que podía nacer en el interior de aquel ser arrepentido de muchas cosas menos de aquella, en la que no tendría piedad a la hora de inyectar placer de todas las maneras posibles en ese interior ardiente y tentador.
Ella no cesaba de expresar las sensaciones que aquella lengua le estaba haciendo sentir, que se movía con lenta y cruel tranquilidad para después dejar clara las intenciones de conquista con un rápido movimiento que la llevaba a arquearse por los impactos que recibía ese delicado punto de su anatomía al encontrarse con una pequeña bestia roja ansiosa de un poder y la magia, de aquel elixir natural. Los labios a veces abandonaban ese improvisado sello para dejar lentas caricias en los alrededores de ese paraíso que tenía ante él y devoraba la piel con el aliento, aquel etéreo bailarín que sembraba calor a su paso. Los dientes se clavaban de improviso causando sorpresa a lo largo de ese reino de placer que satisfacían el ansia de piel en unas manos que paseaban por aquellos muslos, caderas, vientre y senos, masajeando con delicadeza cada centímetro de estos y volviendo a hacer todo el recorrido. Los dedos pálidos y delgados dejaban constancia de una adoración por aquel cuerpo que no se podía expresar de otra manera que no fuera esa. Se podía apreciar a través de cada caricia los músculos, los huesos, y mas especialmente el calor que emanaba aquel cuerpo que encendía su deseo, la pasión que lo consumia hasta escalas inimaginables.
La lengua continuó aquella guerra secreta entre las notas y las escalas musicales mas bellas y ancestrales del mundo, deleitando los oídos de aquel depredador que la devoraba sin compasión hasta que exhalara el último suspiro en medio de aquel éxtasis que parecía acercarse lentamente. Él podría estar toda la noche en aquel refugio de los sentidos, saboreando, degustando, totalmente entregado a hacerla arder, a que ella se rindiera, a que se redujera al nivel de los pensamientos mas primarios. Con gusto recibió los dedos de ella en su cabello que comenzó a acariciar mientras sus notables sensaciones sobresalían a cada nueva embestida, caricia o respiración de esa boca ávida de un placer que no era natural, que no era para nadie mas que para él en aquella noche. Sintió la leve presión que exhorta a mas, a sentir mas, a que la actividad se acrecentara mientras sus cuerpo estaba casi consumiendo una cama en llamas, un campo de batalla donde la muerte y la resurrección eran inmediatamente sucedidas.
Las miradas se cruzaron un instante y ella pudo apreciar el estado de su amante. Estaba totalmente entregado a ella y a sus placeres, le decía con esos ojos hambrientos que iba a hacerla llegar hasta lo mas alto, la llevaría a alcanzar unas sensaciones que nunca nadie le ha hecho sentir. En aquella mirada se reflejaba una gran cantidad de deseos ocultos y oscuros que solamente tenían como consecuencia la oleada de gozo que estaría dispuesto a darle todos los días con tal de que no se fuera y que el disfrutaría tanto como ella. Con su mirada se coordinó un sonido animalesco, como el de un lobo que está a punto de atacar y aquella lengua se abrió paso a través del telón natural de aquel cuerpo para llegar a lo mas profundo, como si quisiera hacerle el amor con la misma lengua que antes parecía tan suave y dulce en los besos y ahora era inmisericorde y ansiosa por alcanzar el máximo punto pero sin perder la calma. El golpe de placer inminente hizo soltar una exclamación a aquella exquisita dama que echó la cabeza hacia atrás y soltó aquel suave gemido casi incontenido y de volumen algo elevado. Su respiración y aquel corazón que tan bien podía escuchar no dejaban de acelerarse a cada momento. Disfrutaría todo el tiempo del mundo hasta que murieran ambos para volver a nacer tras aquella aventura nocturna.
La sed no quedó satisfecha pero las ansias eran incontenibles y tras relamerse lentamente mirándola a los ojos de nuevo, disfrutando cada gota de aquel néctar sagrado para él y cualquier otro mortal, comenzó aquel suave recorrido de besos entregados y limpios que lo había traído hasta aquel lugar tan candente y tentador. Las ingles fueron las primeras en sufrir apasionados besos para después con la lengua viajas desde esa frontera prohibida hasta el ombligo el cual rodeó lentamente. Hizo sentir la respiración, aquella respiración de bestia sedienta de placer, hasta la base de aquello senos firmes que lentamente besó, con los que embelesó el sentido del tacto y el gusto, conquistando con todas sus placentera intenciones cada centímetro de ese cuerpo que deseaba tanto de complacer hasta el mas íntimo de los rincones tal como había hecho momentos antes. Degustó esos pequeños puntos que coronaban aquellos montículos recreándose en el dulce sabor que se desprendía. Deleitó con masajes y adoración aquellos senos y una vez descansado y pagado el tributo de un suave beso en la zona mas palpitante de su cuerpo prosiguió el viaje con una lengua que dejó su rastro de deseo a lo largo de su garganta para reencontrarse de nuevo con los adorados labios. Y los besó mientras se unían y bailaban una vez mas aquella danza.
Los movimientos lentos se acompañaban de la orquesta de sus corazones que estaban anhelantes de aquellas apreciaciones que solo ella podía prodigarle. Era el mas antiguo de los valses, el mas apasionado de los tangos y el mas tentador de los caprichos de los dioses, que miraban en forma de estrellas a esos dos entes físicos consumiéndose en pasión, lujuria, ternura, sentimientos, sensaciones, emociones. Ambos se decían con cada roce, cada suave movimiento y paso de baile todo aquello en donde las palabras eran sobrantes. Las manos de ella se paseaban por su cabello, refugiando aquel delgado rostro en el cuello para sentir la cálida esencia de los labios devorando la piel con suma delicadeza y una pasión que rozaba en el fervor por la divinidad. Lo impulsaba a saciar la sed y el hambre de su piel que lo acosaba desde hacía mucho tiempo, sin cesar los movimientos, el vaivén de esos cuerpos que poco a poco notaban la gloria misma producirse en su interior. El no cesaba de decir aquel nombre mágico que estaba en cada uno de su sueños. No había mas mundo que el del cuerpo del otro y los alientos que se entremezclaban en la explosión que fue acallada por un beso de fuego rojo y blanco.
martes, 3 de julio de 2012
La misiva
Siempre silenciosa caminaba una dama como única presencia viva de aquel callejón por el que transitar se hacía un gran peligro. La oscuridad implacable de la noche ocultaba a muchos hombres y mujeres que estaban dispuestos a todo por lograr unas pocas monedas con las que sustentar sus vicios y propios intereses, aquellos intereses que los destruirían poco a poco, que los exterminaría sin dejar recuerdo alguno en la memoria de la sociedad que tan selectiva se había vuelto. Los pocos seres inofensivos de la noche eran aquellos sencillos gatos, perros y ratas que peleaban día y noche por la existencia a través del robo de algún pedazo de carne en puestos comerciales ambulantes o quizás un poco de comida sobrante del rico señor o carnicero que se creía con derechos de desperdiciar la comida. Aquel rostro se mostraba impasible ante todo lo que sus ojos veían. Las delineadas y definidas facciones estaban en una pétreo gesto que no era de indiferencia sino mas bien de pasividad ante los acontecimientos y la nula existencia de estos. Aunque, extraña era la actitud de aquella elegante ´´señora´´ si así se la pudiera llamar. Pareciera que quería llamar la atención de alguna forma. Sus pasos no levantaban excesivo estruendo pero tampoco dejaban entrever cautela, al contrario, la seguridad era palpable en cada onda sonora que se desprendían de unos caros zapatos ocultos bajo un caro vestido confeccionado en una costosa tienda de primera calidad. Si uno echaba a volar la imaginación pareciera que llegaba tarde a algún lugar. Y así era pues aquellos ojos cautivadores miraron un reloj en una torre y los pasos se hicieron ligeramente mas presurosos pero sin perder aquella clase y aquella magia.
Un estruendo y un gato negro salió a su paso y la miró fijamente. Extraño desde luego que aquel gato la mirara y no saliera corriendo, es mas, se acercó a aquella elegante criatura, se sentó sobre sus patas traseras y la miró largo rato. Tal gesto desconcertó interiormente a aquella entidad física que ahora mismo alzaba ligeramente esa perfectamente delineada ceja. Todas las criaturas vivas le huían pasara por donde pasara o fueran cuales fueran sus intenciones. Pero ese gato ahí permanecía, guardián insondable e inquebrantable, incorruptible de a saber que secretos o visiones, conocimientos o experiencias. En un rápido movimiento el gato se puso en pie y salió de debajo de aquellos bigotes una sola llamada que retumbó en esa mente tan sofisticada. Los movimientos de la dama parecieron ser automáticos al guiarse ella misma y sus circunstancias hasta lo profundo de aquel lugar cerrado que desembocaba en otra calle solitaria prácticamente igual a la anterior. Inesperadamente el destino de ambos era el mismo y una humilde puerta marrón fue lo que al frente se encontró la bella dama al poco trayecto. Sin mas la puerta se abrió y le recibió un hombre humildemente vestido, también de oscuros ropajes pero estos sin la trabajada factura de aquella dignataria de la fascinación. El hombre miró aquellos ojos con una cara de cansancio que avisaba del peligro de un desmayo inminente. Pero ahí estaba, en pie y con una sonrisa a media asta, con un gesto la invitó a entrar y ella pasó como una aparición fantasmal. Sin mas se miraron por unos momentos y la dama habló:
-Doy por hecho que la falta de presentaciones lo sitúan a usted como la persona a la que buscaba- Aquella voz irradiaba la tranquilidad de un lago, pero de un lago realmente frío que parecía no albergar vida de lo congelado que estaba. Sin embargo la sonrisa del buen hombre no pareció sufrió cambio alguno.-Necesito a un escribano hábil que sepa plasmar todo aquello que mi corazón siente pero mis palabras son incapaces de plasmar. Ese es mi gran defecto, no tengo el mas mínimo atisbo de imaginación.
-Claro...será todo un placer lady...-El hombre tenía una voz normal, ni grave ni aguda. En realidad nada se salía de lo habitual en la compostura con la salvedad de algo de teatralidad en los movimientos-no se su nombre.-Ciertamente era rara la ocasión en que desconocía el nombre de sus clientes
-Lady Lafrange si usted gusta de llamarme así-Digo ella con esa frialdad que sin embargo no alteraba en nada el ambiente, como si fuera un elemento habitual de aquella estancia. Incluso se podría volver agradable para morir por congelación o dormir fresco en una calurosa noche de verano
-Un bello nombre cargado de mucha buena y antigua tradición.
-Así es.-Un atisbo de orgullo asomó en su voz inquebrantable y aun así aquel lago permanecía frío.
-Que se le ofrece a la dama de gran y mágica belleza-Dijo con una especial acentuación en la palabra ´´mágica´´.
La dama lo observó de nuevo. Poco habitual desde luego que un corazón como el humano permaneciera inalterable. Interesante desde luego. Pero eso podría esperar. Lo importante era el encargo.
-He venido a esta ciudad para gestionar un sin fin de papeles en los que me encontraré atareada durante unas semanas Y consultándolo con mis consejeros estos me han dicho que para calmar mi angustia podría mandar una carta Sin embargo los años y las variadas experiencias me ha dotado de todo tipo de conocimientos y facultades menos la de la imaginación y la empatía, la plasmación de los sentimientos.-Giró el rostro y miró aquellos ojos rebosantes de una calidez que no esperó encontrarse- pero los tengo. -Dijo con decisión.
Una sonrisa mas definida cruzó el rostro de aquel escritor contratado para redactar una misiva de anhelo a un hombre enfermo. Sin duda esa noche sería muy productiva con solo escribir una sola linea. Y las cartas tenían mas de una linea.
-No se preocupe le creo perfectamente aunque eso es cosa de usted, nadie entenderá mejor lo que siente que usted misma. - En su tono había tranquilidad y predisposición a lo que hiciera falta.- Lo ideal sería algo mas allá del nombre de su marido, algo que ya le haga sonreír. Esa chispa que encienda su rostro como una chispa hace encender el hidrógeno de uno de esos zepelín que se caen mucho últimamente. ¿Tiene su marido algún sobrenombre especial que solo usted use de cara a su persona?
-Bueno... -Dijo tras un brece momento de pensar-Su madre (y posteriormente yo con el permiso de su madre y él) le llamaba soldadito de plomo ya que él parecía duro y fuerte pero como bien es sabido el plomo se funde fácilmente y es muy blando. Él es muy sensible. Toda mi sensibilidad la tiene él.
-´´Mi fuerte y sensible Soldaditode plomo:...´´-Escribió aquel hombre y comenzó a redactar haciendo preguntas de todo tipo- Cuantos años tiene su marido?
-Noventa y nueve-Dijo con toda tranquilidad la dama de elegante manera sentándose con toda su pompa y gracia en una silla al lado de aquel hombre que pronto comenzó a escribir
-¿cuando se conocieron?
-Hace noventa años
La pluma se detuvo por un momento y los ojos del escritor de nuevo se separaron de la hoja de papel para mirarla.la dama ya estaba acostumbrada a que la gente se sorprendiera al dar ese tipo de datos revelando una maldición a la que estaba sometida. Pero la dama no esperó las palabras del escritor.
-Loable actitud Lady Lafrange, digno de admirar desde luego tantos años juntos y que el sentimiento no se haya extinguido porque me consta que no se ha extinguido en lo mas absoluto. Espero que ese sentimiento los haya protegido de todas las calamidades y las dificultades de al vida eterna y la vida finita a salvedad de la enfermedad que consume a su marido.
La dama no daba crédito desde la máscara de piedra que era su rostro. Aquel hombre no se había asustado, no había contado con los dedos, no había abierto los ojos como platos ni le había puesto un crucifijo en pleno rostro gritando incoherencias en latín como otros tantos que habían sabido de su condición. Cuando le dijeron que aquel hombre no se sorprendía con nada es que no se sorprendía con nada. Durante un largo rato siguió escribiendo no sin antes preguntar procedencia, gustos, costumbres, disgustos, ideales, imaginaciones, escenas narradas y otras tantas cosas relativas a ese hombre que ahora yacía en una cama pensando en su amada y derramando una lágrima pensando si su Dama de Marfil estaba sana y salva.
-Dígame joven- Dijo Lady Lafrage tras un rato de silencio.-Usted ha estado enamorado?
Una sonrisa acentuó el rostro de aquel hombre que por un rato no contestó, algo que la dama se esperaba mas no pensaba que fuera a responder al rato siguiente.
-Dicen que si. -levantó la vista- Al igual posiblemente que usted ama a su marido. Y se que lo ama a pesar de al frialdad de su voz porque Veo preocupación en usted y seguramente su marido estará pensando como le estarán yendo las cosas, y de ahí el motivo de la carta. -Agarró otra hoja y se puso a escribir con decisión y firmeza- hoy ando inspirado para conmover corazones. -La miró por un momento y planteó una pregunta. -¿Usted lo habría sometido en algún momento de su relación a ese cambio que los pondría a la par?
-Nunca. Yo me enamoré de él por como era, por como es y por como será en sus últimos momentos de vida. lamentaré con profundidad su muerte, no volveré a ser la misma, lloraré o lo que sea que haga la gente de mi...clase.- sin darse cuenta se había alterado el tono de su voz. Tal era el amor que sentía por su pareja, por aquel valiente hombre que la hizo sonreír por primera vez hacía tantos años y tras muchos mas años de los imaginables sin sonreír que la posibilidad de dañarlo por dentro o por fuera la mataba hasta lo indecible y retorcía su corazón muerto con crueldad.
-Y... -la miró pero or lo visto ella adivinó la respuesta y contestó
-No, el es el amor de mi vida y aunque no puedo predecir el futuro la huella que ha dejado en mi nunca se borrará. Hubo muchos hombres pero nadie como él, que me vio por primera vez en aquel bello día de hace noventa años y primero pensé en que era un niño encantador, después un joven apuesto y finalmente el amor de mi vida...
-Seguro que ninguno se pudo resistir a sus encantos.-Dijo con una sonrisa
Con una sonrisa que correspondía a la de aquel hombre de pluma rápida y pensamientos incontenidos la dama se acercó a él susurrando en su oreja una vez este se puso a escribir de nuevo.
-Y dígame joven... -se acercó un poco mas a él- Quien lo protege a usted.
Y lejos de un estremecimiento, de un gsto de alerta, de rechazar cualquier posible ataque ante la cercanía de esa depredadora que desplegaba todas las armas de mujer ante una víctima inocente, producto de la sed y las ansias de alimento el escritor señalo con un gesto de pluma a un objeto y djo tan solo ella.
-Ella.
Y ahí, señalada por una pluma creadora de mundos, versos y lineas salidas del corazón, reposaba el motivo de su tranquilidad ante la tentación, En un jarrón de no muy buena factura pero aun así con clara utilidad, reposaba una rosa azul, único adorno de aquella desvencijada mesa que había contemplado la conquista de imperios por la luz de una sonrisa.
Un estruendo y un gato negro salió a su paso y la miró fijamente. Extraño desde luego que aquel gato la mirara y no saliera corriendo, es mas, se acercó a aquella elegante criatura, se sentó sobre sus patas traseras y la miró largo rato. Tal gesto desconcertó interiormente a aquella entidad física que ahora mismo alzaba ligeramente esa perfectamente delineada ceja. Todas las criaturas vivas le huían pasara por donde pasara o fueran cuales fueran sus intenciones. Pero ese gato ahí permanecía, guardián insondable e inquebrantable, incorruptible de a saber que secretos o visiones, conocimientos o experiencias. En un rápido movimiento el gato se puso en pie y salió de debajo de aquellos bigotes una sola llamada que retumbó en esa mente tan sofisticada. Los movimientos de la dama parecieron ser automáticos al guiarse ella misma y sus circunstancias hasta lo profundo de aquel lugar cerrado que desembocaba en otra calle solitaria prácticamente igual a la anterior. Inesperadamente el destino de ambos era el mismo y una humilde puerta marrón fue lo que al frente se encontró la bella dama al poco trayecto. Sin mas la puerta se abrió y le recibió un hombre humildemente vestido, también de oscuros ropajes pero estos sin la trabajada factura de aquella dignataria de la fascinación. El hombre miró aquellos ojos con una cara de cansancio que avisaba del peligro de un desmayo inminente. Pero ahí estaba, en pie y con una sonrisa a media asta, con un gesto la invitó a entrar y ella pasó como una aparición fantasmal. Sin mas se miraron por unos momentos y la dama habló:
-Doy por hecho que la falta de presentaciones lo sitúan a usted como la persona a la que buscaba- Aquella voz irradiaba la tranquilidad de un lago, pero de un lago realmente frío que parecía no albergar vida de lo congelado que estaba. Sin embargo la sonrisa del buen hombre no pareció sufrió cambio alguno.-Necesito a un escribano hábil que sepa plasmar todo aquello que mi corazón siente pero mis palabras son incapaces de plasmar. Ese es mi gran defecto, no tengo el mas mínimo atisbo de imaginación.
-Claro...será todo un placer lady...-El hombre tenía una voz normal, ni grave ni aguda. En realidad nada se salía de lo habitual en la compostura con la salvedad de algo de teatralidad en los movimientos-no se su nombre.-Ciertamente era rara la ocasión en que desconocía el nombre de sus clientes
-Lady Lafrange si usted gusta de llamarme así-Digo ella con esa frialdad que sin embargo no alteraba en nada el ambiente, como si fuera un elemento habitual de aquella estancia. Incluso se podría volver agradable para morir por congelación o dormir fresco en una calurosa noche de verano
-Un bello nombre cargado de mucha buena y antigua tradición.
-Así es.-Un atisbo de orgullo asomó en su voz inquebrantable y aun así aquel lago permanecía frío.
-Que se le ofrece a la dama de gran y mágica belleza-Dijo con una especial acentuación en la palabra ´´mágica´´.
La dama lo observó de nuevo. Poco habitual desde luego que un corazón como el humano permaneciera inalterable. Interesante desde luego. Pero eso podría esperar. Lo importante era el encargo.
-He venido a esta ciudad para gestionar un sin fin de papeles en los que me encontraré atareada durante unas semanas Y consultándolo con mis consejeros estos me han dicho que para calmar mi angustia podría mandar una carta Sin embargo los años y las variadas experiencias me ha dotado de todo tipo de conocimientos y facultades menos la de la imaginación y la empatía, la plasmación de los sentimientos.-Giró el rostro y miró aquellos ojos rebosantes de una calidez que no esperó encontrarse- pero los tengo. -Dijo con decisión.
Una sonrisa mas definida cruzó el rostro de aquel escritor contratado para redactar una misiva de anhelo a un hombre enfermo. Sin duda esa noche sería muy productiva con solo escribir una sola linea. Y las cartas tenían mas de una linea.
-No se preocupe le creo perfectamente aunque eso es cosa de usted, nadie entenderá mejor lo que siente que usted misma. - En su tono había tranquilidad y predisposición a lo que hiciera falta.- Lo ideal sería algo mas allá del nombre de su marido, algo que ya le haga sonreír. Esa chispa que encienda su rostro como una chispa hace encender el hidrógeno de uno de esos zepelín que se caen mucho últimamente. ¿Tiene su marido algún sobrenombre especial que solo usted use de cara a su persona?
-Bueno... -Dijo tras un brece momento de pensar-Su madre (y posteriormente yo con el permiso de su madre y él) le llamaba soldadito de plomo ya que él parecía duro y fuerte pero como bien es sabido el plomo se funde fácilmente y es muy blando. Él es muy sensible. Toda mi sensibilidad la tiene él.
-´´Mi fuerte y sensible Soldaditode plomo:...´´-Escribió aquel hombre y comenzó a redactar haciendo preguntas de todo tipo- Cuantos años tiene su marido?
-Noventa y nueve-Dijo con toda tranquilidad la dama de elegante manera sentándose con toda su pompa y gracia en una silla al lado de aquel hombre que pronto comenzó a escribir
-¿cuando se conocieron?
-Hace noventa años
La pluma se detuvo por un momento y los ojos del escritor de nuevo se separaron de la hoja de papel para mirarla.la dama ya estaba acostumbrada a que la gente se sorprendiera al dar ese tipo de datos revelando una maldición a la que estaba sometida. Pero la dama no esperó las palabras del escritor.
-Loable actitud Lady Lafrange, digno de admirar desde luego tantos años juntos y que el sentimiento no se haya extinguido porque me consta que no se ha extinguido en lo mas absoluto. Espero que ese sentimiento los haya protegido de todas las calamidades y las dificultades de al vida eterna y la vida finita a salvedad de la enfermedad que consume a su marido.
La dama no daba crédito desde la máscara de piedra que era su rostro. Aquel hombre no se había asustado, no había contado con los dedos, no había abierto los ojos como platos ni le había puesto un crucifijo en pleno rostro gritando incoherencias en latín como otros tantos que habían sabido de su condición. Cuando le dijeron que aquel hombre no se sorprendía con nada es que no se sorprendía con nada. Durante un largo rato siguió escribiendo no sin antes preguntar procedencia, gustos, costumbres, disgustos, ideales, imaginaciones, escenas narradas y otras tantas cosas relativas a ese hombre que ahora yacía en una cama pensando en su amada y derramando una lágrima pensando si su Dama de Marfil estaba sana y salva.
-Dígame joven- Dijo Lady Lafrage tras un rato de silencio.-Usted ha estado enamorado?
Una sonrisa acentuó el rostro de aquel hombre que por un rato no contestó, algo que la dama se esperaba mas no pensaba que fuera a responder al rato siguiente.
-Dicen que si. -levantó la vista- Al igual posiblemente que usted ama a su marido. Y se que lo ama a pesar de al frialdad de su voz porque Veo preocupación en usted y seguramente su marido estará pensando como le estarán yendo las cosas, y de ahí el motivo de la carta. -Agarró otra hoja y se puso a escribir con decisión y firmeza- hoy ando inspirado para conmover corazones. -La miró por un momento y planteó una pregunta. -¿Usted lo habría sometido en algún momento de su relación a ese cambio que los pondría a la par?
-Nunca. Yo me enamoré de él por como era, por como es y por como será en sus últimos momentos de vida. lamentaré con profundidad su muerte, no volveré a ser la misma, lloraré o lo que sea que haga la gente de mi...clase.- sin darse cuenta se había alterado el tono de su voz. Tal era el amor que sentía por su pareja, por aquel valiente hombre que la hizo sonreír por primera vez hacía tantos años y tras muchos mas años de los imaginables sin sonreír que la posibilidad de dañarlo por dentro o por fuera la mataba hasta lo indecible y retorcía su corazón muerto con crueldad.
-Y... -la miró pero or lo visto ella adivinó la respuesta y contestó
-No, el es el amor de mi vida y aunque no puedo predecir el futuro la huella que ha dejado en mi nunca se borrará. Hubo muchos hombres pero nadie como él, que me vio por primera vez en aquel bello día de hace noventa años y primero pensé en que era un niño encantador, después un joven apuesto y finalmente el amor de mi vida...
-Seguro que ninguno se pudo resistir a sus encantos.-Dijo con una sonrisa
Con una sonrisa que correspondía a la de aquel hombre de pluma rápida y pensamientos incontenidos la dama se acercó a él susurrando en su oreja una vez este se puso a escribir de nuevo.
-Y dígame joven... -se acercó un poco mas a él- Quien lo protege a usted.
Y lejos de un estremecimiento, de un gsto de alerta, de rechazar cualquier posible ataque ante la cercanía de esa depredadora que desplegaba todas las armas de mujer ante una víctima inocente, producto de la sed y las ansias de alimento el escritor señalo con un gesto de pluma a un objeto y djo tan solo ella.
-Ella.
Y ahí, señalada por una pluma creadora de mundos, versos y lineas salidas del corazón, reposaba el motivo de su tranquilidad ante la tentación, En un jarrón de no muy buena factura pero aun así con clara utilidad, reposaba una rosa azul, único adorno de aquella desvencijada mesa que había contemplado la conquista de imperios por la luz de una sonrisa.
miércoles, 27 de junio de 2012
Carta a la Musa IV
Querida Musa:
Mis recuerdos vuelan aun alrededor del último momento en el que vi tu rostro, tu sonrisa y todo aquello que creo te hace buena para mi persona. Es ya lejano ese momento pero confío en podernos encontrar de nuevo bajo el brillo de esa bella luz que regalas al mundo y a este humilde siervo de ti con tu sencilla presencia. En mi mirada ha quedado grabado la última imagen que tuve de ti, de aquella vez en que tu sonrisa y esa bonita confianza, eso que nos une, se hizo mas fuerte con el sencillo encuentro entre nosotros dos. Me siento plenamente satisfecho de haber sido causa de bien, de haber visto aquella sonrisa por última vez antes de nuestro reencuentro. Porque nos vamos a reencontrar, de eso estoy seguro y con todo lo que nos depare la vida seguramente mas de un reencuentro seguido al que nos espera también lo vamos a tener. Y te estaré esperando cada día que pase hasta que nos volvamos a ver. Desde entonces mantendré tu recuerdo acariciando mi memoria con esa ternura que solo he sentido contigo. En esta carta plasmaré de nuevo todo aquello que me surge del alma ante tu pensamiento, de cada una de las emociones que tus palabras y actos causan en mi con todas sus consecuencias benignas.
El recuerdo de tu mirada se me clava en la memoria con el delicioso dolor de la extrañeza, sabedor de que voy a sonreír como no tienes una idea y a alegrarme sobremanera cuando me vea bañado por aquella luz divina de tus labios curvándose tan deliciosamente. Aquella mirada tan limpia que a mi me proporciona unas sensaciones tan contrarias y bellas como la tranquilidad o el estremecimiento que remueve en la intimidad de mi espíritu pensamientos no muy aptos para aquellos que gustan de la moral y aun así teñidos de una belleza indescriptible. No olvidaré el primer recuerdo que tengo de tu mirada, en el que pode sumergirme en un mundo del que desee no salir, es mas, del que quise formar parte, dejar algún recuerdo imborrable. Con una agradable sensación rememoro tu mirada intensa, que puede hacerme perder la cabeza, hechizarme y cortar el hilo de mis pensamientos, de las ideas que no sirvan para nada dejando a un lado todo eso para dejar paso a las palabras que te impulsen irrefrenablemente a sonreír en cada una de mis frases, de mis poemas sacados de la improvisación, en cada verso que se me ocurra decirte al oído. Aquellos ojos tienen la luz del destino mismo de la humanidad si toda tu te propusieras decidir sobre esta. Veo un poder enorme al que no temo pero al que presto la debida reverencia. De tus ojos haré las constelaciones que sean necesarias para poder guiarme a través del mundo que hay detrás de ellos para no perderme por siempre. Y aun así no temo ese destino.
Abogo por la luz en el mundo representada por tu gran sonrisa, esa sonrisa que cada vez que veo aparecer pienso que las estrellas en conjunto de estos y otros cielos me sonríen y me auguran un bello destino. Y es a su vez un templo que cierra sus puertas ante los males del mundo. Y esos son mis enemigos pero yo los desterraré de tu vida para que no pierdas nunca las ganas de sonreír. Su blancura es infinita y la luz que desprende cura todos los males que pueda habitar en el interior de alguna persona. Toada mi apatía desaparecerá cuando vea de nuevo esa sonrisa que tanto encandila a cuanto ser humano te sale al paso. Aquella sonrisa que vi por primera vez me hizo pensar ´´tengo que hacer que siempre sonría´´ porque siento tu luz muy dentro de mi cuando sonríes. Tu sonrisa es el aleteo de un ave en libertad, la alegría de un niño que siente que es querido, la sensación de bienestar cuando algo sale realmente bien. Tu sonrisa puede tener los mas beneficiosos efectos, como si fuera el remedio a los males del mundo, del cuerpo e incluso del alma. Tengo toda la fe del mundo en que si ha de existir para algo la eternidad, sea la luminosidad de tu sonrisa, la cual me has regalado en mas de una ocasión, la cual ha exterminado mis tristezas de una sola vez. Me impulsa también a sonreír para que tu sigas sonriendo, dándote apoyo hasta el final de esta vida y el comienzo de la siguiente, en la que tu luz guíe mis pasos una vez mas.
Recuerdo cada uno de esos pequeños gestos en los que está impresa tu huella dentro de mi. Cada uno de ellos que es rememorado, en cada palabra que escuchó de esos dulces labios puedo crear un soldado en forma de historia que luche por el bien del mundo. De este mundo que es el viento entre los árboles para igualar a tu voz, las cristalinas notas de los riachuelos para que representen a tu risa y el estallido de las estrellas para esa alegría demoledora que todo lo arrasa en forma de luz y color. Siento la bella sensación de haber creado una de las maravillas que nunca serán contempladas por mas que nosotros. No hay comparación a todo aquello que mi mente crea cuando aparece tu estampa entre mis pensamientos mundanos, logrando que estos adquieran un matiz irrepetible, único en todas sus diamantinas facetas. Cada uno de esos pequeños gestos es una gota de ambrosía de los dioses que me concedes a mi, este humilde siervo al servicio de tu persona, ante la cual ofrezco mi espada, alas y un sin fin de cosas banales para que las tomes a tu antojo y les des la utilidad que gustes. En la gran batalla de al vida me sirven a día de hoy pero quisiera compartirlas contigo para que juntos podamos derrotar todos los males interiores y exteriores a nosotros. Dejo a tus requerimientos estas tus alas a partir de ahora que nunca se van a despegar de mi pero que desde la primera caricia a tus plumas te han pertenecido de alguna forma y solo van a rodear tu cuerpo con esa tonalidad azulada y brillante que tantas motivadoras sonrisas te han arrancado.
Son esas mis armas y muchas mas que tengo en mi haber dulce Musa de mis versos. En cada noche digo alguna bella poesía, buena o mala pero salida desde lo mas profundo de mi ser para que el viento la lleve hasta ti y te acompañe en los sueños o te acaricie el rostro y el alma cuando estés triste. Podría navegar, volar o excavar a través de mares y tierras para sentir de nuevo aquella luz que me regalas con tu presencia, por la que pienso luchar hasta las última fuerzas en defensa de su eterno brillo, sin temor al error que me separe de ti porque bien sabes que todo aquello que hago lo hago de corazón y con la intención de hacerte el mas notable de los bienes. Una sola lágrima tuya es un puñal que asesina un bello motivo por el que existir en este mundo. Y yo secaré todas tus lágrimas cuando estén mi mano poder hacerlo. Te cuidaré con estas alas que esperan para abrazar tu cuerpo y estos brazos que pretenden envolver tu alma en una especie de capa de seguridad eterna. Mis labios ya están deseando acercarse a tu oído y susurrar el mas secreto y obvio de los ´´te extraño´´ con una suavidad que no iguale ni el terciopelo. Y si cuando nos encontremos buscas el reposo entre mis brazos, sobre mi pecho, donde dormir a gusto, entonces eso es lo que tendrás. Ofrezco este cuerpo y alma a la voluntad de tu descanso para que sea tu refugio mas seguro y así pienso repetirlo cuantas veces haga falta oh poderosa Musa.
Y aunque la batalla sea dura yo resistiré a la espera de que tu llegues a mi. O de que el destino me ponga cerca de ti y podamos separarnos solo tras el mas largo de los abrazos. Miraré tus ojos, besaré tus dedos y sentiré que al fin todo tiene un sentido especial en esta vida, que cada acierto y error confluyen en la delicada fragancia de tu piel, en la suavidad de tus gestos y la elegancia de tus pasos y movimientos. Todo eso será la confluencia de una corriente que llenará cada una de mis células de una energía rica en bondad, en buenos pensamientos. Quien sabe si regado por una negra cascada que es tu cabello sobre mi pecho y nuestras miradas dedicándose inconfesables palabras que no pueden ser dichas en idioma alguno. Partirán todas las razones por las que sonrío del castillo de blancas paredes de mi corazón hasta el puerto seguro de tu mirada. Y volaré libre hasta que pueda verte en el horizonte y sienta esa poderosa sensación de querer abrazarte.
Me despido recordándote que eres la mas luminosa de las presencias en mi vida, que puedo respirar tranquilo sabiendo que algún día volveremos a vernos por mucho tiempo que pase. Aun así espero verte pronto y que me cuentes todo aquello que te tuvo ausente y yo pueda susurrarte algún versos suelto a tus lindos ojos a través de mi mirada.
Atte: Tu caballero alado que te quiere como no se hace ni el mismo a la idea.
Mis recuerdos vuelan aun alrededor del último momento en el que vi tu rostro, tu sonrisa y todo aquello que creo te hace buena para mi persona. Es ya lejano ese momento pero confío en podernos encontrar de nuevo bajo el brillo de esa bella luz que regalas al mundo y a este humilde siervo de ti con tu sencilla presencia. En mi mirada ha quedado grabado la última imagen que tuve de ti, de aquella vez en que tu sonrisa y esa bonita confianza, eso que nos une, se hizo mas fuerte con el sencillo encuentro entre nosotros dos. Me siento plenamente satisfecho de haber sido causa de bien, de haber visto aquella sonrisa por última vez antes de nuestro reencuentro. Porque nos vamos a reencontrar, de eso estoy seguro y con todo lo que nos depare la vida seguramente mas de un reencuentro seguido al que nos espera también lo vamos a tener. Y te estaré esperando cada día que pase hasta que nos volvamos a ver. Desde entonces mantendré tu recuerdo acariciando mi memoria con esa ternura que solo he sentido contigo. En esta carta plasmaré de nuevo todo aquello que me surge del alma ante tu pensamiento, de cada una de las emociones que tus palabras y actos causan en mi con todas sus consecuencias benignas.
El recuerdo de tu mirada se me clava en la memoria con el delicioso dolor de la extrañeza, sabedor de que voy a sonreír como no tienes una idea y a alegrarme sobremanera cuando me vea bañado por aquella luz divina de tus labios curvándose tan deliciosamente. Aquella mirada tan limpia que a mi me proporciona unas sensaciones tan contrarias y bellas como la tranquilidad o el estremecimiento que remueve en la intimidad de mi espíritu pensamientos no muy aptos para aquellos que gustan de la moral y aun así teñidos de una belleza indescriptible. No olvidaré el primer recuerdo que tengo de tu mirada, en el que pode sumergirme en un mundo del que desee no salir, es mas, del que quise formar parte, dejar algún recuerdo imborrable. Con una agradable sensación rememoro tu mirada intensa, que puede hacerme perder la cabeza, hechizarme y cortar el hilo de mis pensamientos, de las ideas que no sirvan para nada dejando a un lado todo eso para dejar paso a las palabras que te impulsen irrefrenablemente a sonreír en cada una de mis frases, de mis poemas sacados de la improvisación, en cada verso que se me ocurra decirte al oído. Aquellos ojos tienen la luz del destino mismo de la humanidad si toda tu te propusieras decidir sobre esta. Veo un poder enorme al que no temo pero al que presto la debida reverencia. De tus ojos haré las constelaciones que sean necesarias para poder guiarme a través del mundo que hay detrás de ellos para no perderme por siempre. Y aun así no temo ese destino.
Abogo por la luz en el mundo representada por tu gran sonrisa, esa sonrisa que cada vez que veo aparecer pienso que las estrellas en conjunto de estos y otros cielos me sonríen y me auguran un bello destino. Y es a su vez un templo que cierra sus puertas ante los males del mundo. Y esos son mis enemigos pero yo los desterraré de tu vida para que no pierdas nunca las ganas de sonreír. Su blancura es infinita y la luz que desprende cura todos los males que pueda habitar en el interior de alguna persona. Toada mi apatía desaparecerá cuando vea de nuevo esa sonrisa que tanto encandila a cuanto ser humano te sale al paso. Aquella sonrisa que vi por primera vez me hizo pensar ´´tengo que hacer que siempre sonría´´ porque siento tu luz muy dentro de mi cuando sonríes. Tu sonrisa es el aleteo de un ave en libertad, la alegría de un niño que siente que es querido, la sensación de bienestar cuando algo sale realmente bien. Tu sonrisa puede tener los mas beneficiosos efectos, como si fuera el remedio a los males del mundo, del cuerpo e incluso del alma. Tengo toda la fe del mundo en que si ha de existir para algo la eternidad, sea la luminosidad de tu sonrisa, la cual me has regalado en mas de una ocasión, la cual ha exterminado mis tristezas de una sola vez. Me impulsa también a sonreír para que tu sigas sonriendo, dándote apoyo hasta el final de esta vida y el comienzo de la siguiente, en la que tu luz guíe mis pasos una vez mas.
Recuerdo cada uno de esos pequeños gestos en los que está impresa tu huella dentro de mi. Cada uno de ellos que es rememorado, en cada palabra que escuchó de esos dulces labios puedo crear un soldado en forma de historia que luche por el bien del mundo. De este mundo que es el viento entre los árboles para igualar a tu voz, las cristalinas notas de los riachuelos para que representen a tu risa y el estallido de las estrellas para esa alegría demoledora que todo lo arrasa en forma de luz y color. Siento la bella sensación de haber creado una de las maravillas que nunca serán contempladas por mas que nosotros. No hay comparación a todo aquello que mi mente crea cuando aparece tu estampa entre mis pensamientos mundanos, logrando que estos adquieran un matiz irrepetible, único en todas sus diamantinas facetas. Cada uno de esos pequeños gestos es una gota de ambrosía de los dioses que me concedes a mi, este humilde siervo al servicio de tu persona, ante la cual ofrezco mi espada, alas y un sin fin de cosas banales para que las tomes a tu antojo y les des la utilidad que gustes. En la gran batalla de al vida me sirven a día de hoy pero quisiera compartirlas contigo para que juntos podamos derrotar todos los males interiores y exteriores a nosotros. Dejo a tus requerimientos estas tus alas a partir de ahora que nunca se van a despegar de mi pero que desde la primera caricia a tus plumas te han pertenecido de alguna forma y solo van a rodear tu cuerpo con esa tonalidad azulada y brillante que tantas motivadoras sonrisas te han arrancado.
Son esas mis armas y muchas mas que tengo en mi haber dulce Musa de mis versos. En cada noche digo alguna bella poesía, buena o mala pero salida desde lo mas profundo de mi ser para que el viento la lleve hasta ti y te acompañe en los sueños o te acaricie el rostro y el alma cuando estés triste. Podría navegar, volar o excavar a través de mares y tierras para sentir de nuevo aquella luz que me regalas con tu presencia, por la que pienso luchar hasta las última fuerzas en defensa de su eterno brillo, sin temor al error que me separe de ti porque bien sabes que todo aquello que hago lo hago de corazón y con la intención de hacerte el mas notable de los bienes. Una sola lágrima tuya es un puñal que asesina un bello motivo por el que existir en este mundo. Y yo secaré todas tus lágrimas cuando estén mi mano poder hacerlo. Te cuidaré con estas alas que esperan para abrazar tu cuerpo y estos brazos que pretenden envolver tu alma en una especie de capa de seguridad eterna. Mis labios ya están deseando acercarse a tu oído y susurrar el mas secreto y obvio de los ´´te extraño´´ con una suavidad que no iguale ni el terciopelo. Y si cuando nos encontremos buscas el reposo entre mis brazos, sobre mi pecho, donde dormir a gusto, entonces eso es lo que tendrás. Ofrezco este cuerpo y alma a la voluntad de tu descanso para que sea tu refugio mas seguro y así pienso repetirlo cuantas veces haga falta oh poderosa Musa.
Y aunque la batalla sea dura yo resistiré a la espera de que tu llegues a mi. O de que el destino me ponga cerca de ti y podamos separarnos solo tras el mas largo de los abrazos. Miraré tus ojos, besaré tus dedos y sentiré que al fin todo tiene un sentido especial en esta vida, que cada acierto y error confluyen en la delicada fragancia de tu piel, en la suavidad de tus gestos y la elegancia de tus pasos y movimientos. Todo eso será la confluencia de una corriente que llenará cada una de mis células de una energía rica en bondad, en buenos pensamientos. Quien sabe si regado por una negra cascada que es tu cabello sobre mi pecho y nuestras miradas dedicándose inconfesables palabras que no pueden ser dichas en idioma alguno. Partirán todas las razones por las que sonrío del castillo de blancas paredes de mi corazón hasta el puerto seguro de tu mirada. Y volaré libre hasta que pueda verte en el horizonte y sienta esa poderosa sensación de querer abrazarte.
Me despido recordándote que eres la mas luminosa de las presencias en mi vida, que puedo respirar tranquilo sabiendo que algún día volveremos a vernos por mucho tiempo que pase. Aun así espero verte pronto y que me cuentes todo aquello que te tuvo ausente y yo pueda susurrarte algún versos suelto a tus lindos ojos a través de mi mirada.
Atte: Tu caballero alado que te quiere como no se hace ni el mismo a la idea.
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