domingo, 26 de junio de 2011

Altercado

Los primeros rayos del alba estaban iluminando el campamento donde todo el ejército estaba asentado. Esos rayos daban en los rostros de curtidos soldados que se preparaban para otro nuevo día e iluminaban las tiendas ordenadas en secciones cuadradas de donde emergían esos preparados hombres que en breve se enfrentarían al enemigo. Algún que otro gallo cantaba de forma tenaz para saludar al día que se abría paso entre las ramas de los árboles de los bosques cercanos. Al sur de podía oír al mar romper contra los acantilados cercanos a toda esa estructura militar perfectamente fortificada. Para los aldeanos del pueblo cercano era habitual la presencia de los soldados pero no los temían pues sabían que contaban con la protección de su general que era un hombre justo. De él dependía pedir los impuestos o los alimentos necesarios y entre las filas había buenos cazadores por lo que rara vez se les pedía a los aldeanos mas de lo que pudieran dar. Todo era aparente paz y tranquilidad pero esto se truncaría de un momento a otro cuando los enemigos del Este se unieran desde todos los lados de las montañas para hacerles frente a esos humildes campesinos a los que querían exterminar fuera como fuera.


En el centro del campamento se imponía ante todas las tiendas la mas alta de todas y la mas espaciosa en cuyo interior había una gran mesa, una cama de plumas y pocos muebles, los necesarios para poderse uno bastar solo en lo referente al vestuario y la disponibilidad de enseres. De su interior emergió una figura alta llena de medallas, obviamente con todo el uniforme colocado y a la altura en lustre de los mejores príncipes de las cortes reales. Unos ojos que abarcaban en un giro de cabeza todo el lugar hacía ver a los hombres que su superior estaba ahí presente e inmediatamente formaron en cuanto el primer toque de trompeta se hizo escuchar. Todos estaban ya formados y los nuevos que habían llegado antes incluso del amanecer también estaban formados. El general se acercó a estos últimos y los examinó mirándolos directamente a los ojos. Todos parecían bastante jóvenes pero nunca hay que fiarse de un alma de rostro joven, solamente hay que fiarse de sus desenvoltura en los campos de batalla o delante de los mapas mientras la gente muere en el campo de batalla y cada decisión es crucial. Sus rostros denotaban escasas trazas de convertirse en algo que no sea carne de cañón. Los había de todas las alturas y colores de cabello y ojos. Sin mas que decir o mirar volvió a su tienda hasta que fuera la hora de los ejercicios militares.


A las pocas horas cuando la trompeta sonó. los soldados cargaron todos los equipos y se dispusieron a salir para estirar un poco las piernas. Las raíces de los árboles los hacían tropezar constantemente pero se veía que estaban bien entrenados de la academia, a salvo de los peligros de lo salvaje y de la vida. El general siempre delante estaba mas que acostumbrado a andar en terrenos llenos de piedras y de ramas traiciones, de fosos habitados por todo tipo de criaturas y de emboscadas en zonas como cañones y desfiladeros. En las zonas mas altas se podía apreciar con toda facilidad quienes tenían miedo a las caídas mas fatales por lo que sería considerado un tropezón de lo mas desafortunado. pero seguían corriendo y en esos momentos al general se le dibujaba una sonrisa y aceleraba ligeramente el ritmo. A esto seguían las quejas de los soldados pero una mirada hacia atrás los acallaba a todos para que se esforzaran en seguirle y en no hablar tanto de lo asquerosa que era su vida y lo bien que estaban en su pueblo. Así estaban durante unas 3 horas antes de regresar al campamento llenos de sudor y agotamiento, enfadados por no haber tenido un solo descanso y por no poder regresar a sus hogares hasta que la guerra se acabara o el enemigo se retirara a otros lares que no fueran de su incumbencia.


A la tarde estaban de nuevo entrenando y cuando estos entrenamientos cesaban entonces era cuando gozaban todos ellos de algo de tiempo libre y se dedicaban al juego y a contarse historias. Pero este ejército era bien curioso porque muchos de esos solados también tenían por arma sus lenguas o sus habilidades poéticas y musicales. Algunos eran antiguos bardos y también juglares de dulces y melodiosas voces. pero también se concentraba toda la seriedad del ejército y la guardia nunca estaba baja. Era de lo mas hilarante ver a algún que otro espadachín profesional pelearse con un poeta que a su vez también sabía dominar todas las artes de la lucha. Todo eso era cosa del general y lo que el general mandaba se hacía aunque siempre a su debido tiempo pues el general respectaba los tiempos y era tremendamente paciente. De vez en cuando paseaba tranquilamente por entre las tiendas de campaña mirando a todos sus hombres que su paso se cuadraban para saludar pero a una mínima señal suya todos volvían a sus quehaceres habituales. Todos ellos eran habilidosos y contaban entre sus filas no solamente con los anteriormente citados sino que también había curtidores, herreros, zapateros, labriegos, botánicos, los obviamente presentes exploradores, grandes jinetes, algunos mas famosos que otros, miembros notables de al corte y caballeros solitarios que buscaban algo de fama. También se podían ver a los grandes manipuladores de sedas y de joyas, orfebres que se diría. 


Un buen día estando todos estos hombres y alguna que otra mujer entretenidos en sus tareas unos rebeldes se dignaron a hacer la vida imposible a un chico bastante joven perteneciente al último cargamento de reclutas que había llegado en uno de esos carros desastrados. Para ellos era otra diversión mas pero se veía que al joven no le estaba haciendo mucha gracia que la gente le mirara y riera a sus espaldas y en frente de e´l así que el dio un golpe a uno y lo dejó en el suelo pero recibió otros tres que lo dejaron a él en el suelo. A esto siguió una paliza de esas que a uno lo dejan sin sentido y con el chaval en el suelo los otros tres empezaron a reír sin advertir la presencia del general a sus espaldas. Un silencio mortal se hizo en el campamento y los otros tres no tuvieron tiempo de girarse o echarse a correr porque el general ya estaba encima de ellos devolviéndoles cada golpe.. Cuando vieron que los golpes pasaban a mas entonces veinte soldados se echaron encima del general. ´´Contrólese general, señor´´, ´´Son solos chavales general por lo que mas quiera´´ , pero nada el hombre quería matarlos de tanta rabia que sentía. 


-En mi ejército no se tolera eso malditas criaturas, soltadme, soltadme os digo no los quiero matar solamente quiero arrancarles las entrañas.- Decía entre rugidos mientras los otros tres salían corriendo- Que los traigan a mi tienda, es una orden- dijo después de un tiempo mucho mas calmado. Y así se hizo. Al rato los abusones y el abusado junto con el general estaban en la tienda al mismo tiempo que un cálido fuego ardía cerca de ellos, casi en el centro de la tienda, bailando sensualmente para el que tuviera el valor de desviar del general la mirada o la cobardía quien sabe. 


El general los miró a los cuatro y agarró un mapa que puso delante de las narices de cada uno. Les dijo que tenían un minuto para poner sobre ese mapa tordas las maracas necesarias que conllevaran a una victoria en caso de enfrentamiento contra un ejercito de treinta mil hombres. Los tres abusones daban la casualidad de que eran dos zapateros y un curtidor que no tenían idea de estrategia militar. Sin embargo en cuanto el general puso delante del abusado el mapa este empezó a señalar puntos con un carboncillo y lo empezó a llenar de anotaciones. Al rato el mapa estaba preparado para una victoria e incluso aparecía una estimación de la duración de la batalla y de cuantos soldados aliados y enemigos morirían en cada zona. Este mapa fue pasado por delante de las caras de los otros tres que con asombro miraron las anotaciones y a continuación al joven que las había puesto sobre el papel. Con fría voz les dijo el general a los otros tres. 


-Les presento a mi hijo señores... 

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