jueves, 10 de marzo de 2011

La estrella

Un amanecer marrón se abría al cielo desde la tierra. En medio de la soledad, el dueño de esos ojos miraban el cielo en busca de la respuesta invisible y críptica a sus preguntas mas profundas con cuestiones que eran sencillamente imposibles de contestar. Con un poco de esfuerzo trató de sonreír ante los bellos recuerdos que le asaltaban la mente en todo momento. Su cerebro parecía empeñado en subirle el ánimo llevándole a los oídos desde el interior retazos de la voz de ella para que se animara aunque fuera solo un poco. la sonrisa poco a poco fue saliendo y el hombre se quedó ahí mirando las estrellas, que mostraban toda su luz en medio de esa negrura infinita que había inspirado poemas y mas composiciones artísticas a lo largo de la historia de la humanidad.


La luna salía poco a poco de entre las pocas nubes que entorpecían la visión del firmamento y con el tiempo las luces de las estrellas descendieron hasta acariciar el rostro y el cuerpo del caballero que se encontraba ahí, algo que lo hizo sonreír aun mas para que negarlo. Esas caricias le dieron recuerdos de caricias pasadas en los que dos manos le hacían estremecer con solo pensar en ellas. Una de esas manos muchas veces se desmandaba de la otra para poder abarcar mas terreno. Repasando a veces alguna que otra cicatriz que pasaba muy por lo general por su pecho, pues muchas de las espadas siempre se dirigía a su corazón, esas manos le daban el confort que necesitaba el cuerpo y la piel, uno para relajarse y la otra para alzarse a la procura de mas roces. Con tiento a esas manos les seguían dos labios que aveces se posaban en su cuello y se deleitaban con la cadente aceleración de su ritmo cardíaco. Esto le hizo sonreír un poco mas. Estando apoyado en un árbol, el hombre se dejó resbalar con una ligera sonrisa ante el recuerdo de su voz diciéndole las mas lindas cosas que se pudiera uno imaginar con una voz que asemejaba a las campanas del cielo repicando por la llegada de otro ángel mas al cielo o el nacimiento de uno. 


Su cuerpo estaba totalmente relajado y un manto de oscuridad se cernió sobre el pero sin tener en su mente amenaza alguna. Era que ella, la noche había llegado, y con ella su estrella mas brillante que solo mostraba a los puros de corazón. Con la delicadeza de las bailarinas, ella se posó el pecho de el y besó con rojos labios su corazón lleno de fuego y de pasión pero también de cálida dulzura. Él se quedó quieto y miró a esa estrella fijamente con el valor de los fuertes en la mirada, dejando a un lado todo deseo de guerra, de venganza o de lo que fuere que lo pudiera invadir. Teniéndola ahí, a esa bella estrella entre sus brazos, nada malo le podía suceder. Con ternura posó sus labios en los de ella y la besó con ternura. Simplemente se dedicó a amarla como no había amado a ningún ser tanto como a esa estrella que quizás un día se iría para nunca volver 

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